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Antón Castro

Fotógrafos

QUEREMOS TANTO A ALBERTO Y JULIO SÁNCHEZ MILLÁN

QUEREMOS TANTO A ALBERTO Y JULIO SÁNCHEZ MILLÁN

Alberto Sánchez (Zaragoza, 1943) lo ha sido, lo es, casi todo en el cine en Aragón junto a su hermano Julio, 21 meses más joven: espectador, proyectista, animador de forum, programador, creador de ciclos, realizador, cinéfilo, fotógrafo, hombre de cineclubes, autor de varios libros. Es esencialmente un hombre de imagen. Alberto representa la parte más pública de estos gemelos imperfectos, pero Julio ha trabajado denodamemente desde Tempo como en un aparente segundo plano. Anoche, en la SCIFE, ambos recibieron un homenaje de un montón de amigos, que condujeron José Antonio Aguilar y Toni Alarcón. Julio y Alberto son dos gemelos inexactos, ya digo, pero Julio es padre de dos mellizas.

 

En mi pequeña intervención, quise recordar estas tres anécdotas, que me contó un día Alberto Sánchez Millán y que están recogidas en el libro Vidas de cine.

 

CINÉFILO DESDE LA CUNA

-Cuando yo era muy chico, casi niño de cuna, en mi cuarto había un ventanuco que se convertía en los días de sol en una cámara oscura y reproducía en el techo el tránsito de coches, personas, carros. Eran sombras animadas que me causaban sensación. Sé que parece increíble pero yo veía aquellas películas de fantasmas cotidianos desde la cama.

 

TODA UNA ESCAPADA DE CINE

-A los siete años mi abuela me dio una peseta para ir a ver El libro de la selva al cine Monumental. Vi las cuatro sesiones con su NO-DO correspondiente. Cuando salí a la calle, hacia la una de la madrugada, me estaban buscando la policía, mi familia y los vecinos. Fue mi primera escapada de casa.

 

QUINCE MINUTOS CON BUÑUEL

-Mis directores favoritos son Buster Keaton, que me gustó desde que empecé a proyectar cine, Dreyer, Chaplin, Joseph L. Mankiewicz, Howard Hawks y John Ford. Me encantaban sus películas de aventuras y del oeste. Y me encanta Luis Buñuel. Lo conocí durante quince minutos. Me lo presentó su hermano Leonardo en 1970, en una taberna de Zaragoza. Me dijo: “Éste es mi hermano Luis”. No le di importancia ni reparé en de quien se trataba, hasta que dijo: “Para picante el de México”. Miré a Leonardo y le dije: “Ah, éste es el que hace cine”. Estuvimos quince minutos hablando del aceite de Calanda, de los melocotones, de gastronomía. ¿No crees que es para pegarme un tiro?

*Alberto Sánchez recordó que iban al cine a enamorarse, a ver mujeres bonitas. Una de ellas, turbulenta y candorosa a la vez, fue Jean Seberg.

PABLO IGLESIAS: UN JOVEN FOTÓGRAFO GALLEGO / 2

PABLO IGLESIAS: UN JOVEN FOTÓGRAFO GALLEGO / 2

Traigo aquí otra foto de Pablo Iglesias, más vinculada con la poesía visual, la ironía y la mezcla de literatura y escultura. Pablo es un fotógrafo muy técnico y meticuloso, con un inequívoco sentido del juego y de la ironía.

PABLO IGLESIAS: UN JOVEN FOTÓGRAFO GALLEGO

PABLO IGLESIAS: UN JOVEN FOTÓGRAFO GALLEGO

Víctor Juan, en esta perezosa tarde de lluvia (iba a escuchar a Carlos Núñez en el Teatro Principal, pero me ha dado pereza y tampoco sé si quedan aún entradas), me envía una colección de fotos de un joven artista gallego, que me hace pensar en Joan Brossa y en Chema Madoz, en la poesía visual, y en su poética de la paradoja y del lenguaje de los objetos. Se llama Pablo Iglesias, es hijo de Luis Iglesias (el hermano gallego de Víctor Juan en la pedagogía, en el orujo, en los cuentos hasta el fin de la noche, en las historias de caballos), y bien se ve que posee talento, ingenio, sentido poético y vocación.

Esta pieza lleva por título o epígrafe: Cerdos copia.

NOTA DEL AUTOR

Pablo Iglesias nace en 1979 en A Coruña. Después de un pequeño periplo universitario, a los 23 años decide enfocar su carrera haci­a el arte. Primero estudia en la Escuela Pablo Picasso de A Coruña. Más taqrde se centra en la imagen y cursa en el Centre de la Imatge y la Tecnologí­a Multimedia de Cataluña la carrera de fotografí­a y creación digital.

 

3.000 FOTOS DE GERARDO SANCHO AL ARCHIVO MUNICIPAL

3.000 FOTOS DE GERARDO SANCHO AL ARCHIVO MUNICIPAL

[Ayer al mediodía, la concejala de Patrimonio del Ayuntamiento de Zaragoza, Lola Ranera, presentó la adquisición de 3000 fotos de Gerardo Sancho (1800 tiradas por él, más de 1000 que formaban parte de su colección de obras ajenas) para el Archivo Municipal, que dirige esa mujer encantadora y laboriosa que es Elena Rivas. Estuvo en el acto Dolores Lafuente, Lolita, viuda, compañera, musa, secretaria y segundo ojo del gran fotógrafo nacido en Navarrete del Río en 1911 y finado en Valencia en 2006, a los 95 años de edad. Me invitó Alberto Gascón para que hablase un poco de Gerardo Sancho, a quien entrevisté por extenso en 1994 y en el 2002. Recupero esta entrevista y la cuelgo aquí a modo de recuerdo y de homenaje hacia un hombre que no dejó de hacer fotografías hasta el día de su muerte prácticamente. Lolita contó anécdotas jocosas y humanísimas en torno a la vocación de su marido, y a su condición de ‘pupas’ que todo lo superaba, incluso un par de costillas rotas.]

 

-Su primera experiencia con la fotografía creo que no fue nada grata.
-Es cierto. Vino a Navarrete del Río un fotógrafo ambulante. Se enteró de quienes habíamos hecho la Primera Comunión y fue casa por casa para que nos vistiésemos de nuevo, todas las familias, y nos hacía las fotos. Pagamos todos por adelantado. Puso el artefacto, en realidad hizo el paripé. Pasó el tiempo y nunca recibimos nada. Estafó a toda la gente de Navarrete del Río. 


-¿Qué es lo que le llevó a ser fotógrafo?

-Yo no tenía ni idea de lo que era la fotografía. En 1923 nos vinimos a vivir a Zaragoza y mi tío, Juan Gonzalo Villarroya, era administrador de “Heraldo”. Me buscó trabajo en la imprenta, pero sólo quedaba un puesto como fotógrafo. En 1926 entré a trabajar como ayudante de Marín Chivite y de Martínez Gascón, que fueron mis maestros. Entonces ni sabía lo que era una cámara. Eran de placas y de fuelle y como flashes llevábamos unos aparatos de magnesio. ¡No sabe la cantidad de quemaduras que padecí!

-¿Y qué ocurrió?

-Al poco tiempo me mandaron al campo de Torre Bruil a un partido entre el Barcelona y el Zaragoza. El extremo Vicente Piera tiró un córner con tal perfección que me dio en la máquina y en mis narices. Me quedé sangrando en el suelo y él fue el primero en atenderme.

-Usted, desde niño, creo que no veía nada del ojo izquierdo...
-Es cierto. Pero nunca lo dije hasta mi jubilación en 1978. Fue mi mujer, Lolita, quien me animó a decirlo, pero el bueno también estaba defectuoso. Andando el tiempo padecí una amenaza de catarata. Sigo con mi relato: estuve en “Heraldo” de 1926 a 1931, luego pasé a trabajar en el laboratorio de Marín Chivite.

-Bueno, pero usted ha pasado a la historia también por ser el retratista de “Los Alifantes”.

-Se llamaban así por la estatura que tenían. Jugaban en el Campo de Torrero. Como fotógrafo de calle me pasaron muchas cosas. En 1934 hubo aquí en Zaragoza una concentración de anarquistas de toda España. De regreso a Valencia, en un camión, se produjo un accidente en el puerto de Paniza. Volcó el coche y hubo cuatro muertos. Durruti y Ascaso vinieron al estudio de Marín Chivite para que les tomase fotos. Como él no podía, fui yo, tomé las fotos de los muertos y de los heridos, a los que habían llevado a Cariñena, y esas fotos impresionantes estaban en el archivo de “Heraldo”. Durruti y Ascaso fueron muy simpáticos conmigo.


-Usted estuvo en diversos frentes en la Guerra Civil. ¿Pudo ejercer como fotógrafo?

-Sí. Recuerdo que en Pozondón, cerca de Albarracín, yo era fotógrafo de V División a las órdenes del General Ponte y Manso de Zúñiga. Había moros con nosotros. Estábamos en la fuente, ellos llenaron la tetera y se pusieron a preparar té; como no tenían filtros, cogieron un calcetín, probablemente de un soldado muerto, y lo colaron. Me dijeron que lo tomase. Yo no quería, pero no hacían más que insistir e intentaron obligarme. Iba con escolta siempre, aquel día con miembros de Renovación Española, entre los que estaba el jugador de “Los Alifantes” Tomás. Le llamé y él y sus compañeros tuvieron que empuñar los fusiles para que me dejasen en paz.


-Usted estuvo en Almudévar, en Belchite...

-Sí, con el ejército nacional siempre. En Belchite hice fotos de muertos de las Brigadas Internacionales, pero el editor de mi libro no las quiso publicar porque dijo que eran demasiado tétricas, y también cuando el pueblo estaba en llamas. Me licencié en Burgos y regresé para trabajar en “Amanecer”, aunque Antonio Mompeón quería que viniese a “Heraldo”. ¿A qué no sabe lo que me pasó a los pocos días?


-La verdad, no.

-En el paseo de la Independencia, en un pilar, habían dejado un cartel de propaganda electoral que ponía: “Votad al Partido Comunista”. El director, Francisco Villalgordo, me dijo: “Haz esa foto que vamos a hacer un comentario”. A la mañana siguiente, el Capitán General de la V Región Militar mandó retirar toda la edición, incluso hubo que requisarla de los trenes. Habían interpretado la foto como propaganda del Partido Comunista. Mandaron una patrulla para detener al director y a mí. Un compañero vino al Campo de Torrero y me lo explicó todo. Los Bomberos retiraron la pancarta, pero a nosotros nos estaban buscando. Nos fuimos al Servicio de Información de Falange, en Predicadores, donde pasamos la noche sin poder dormir. Habían llamado a Serrano Suñer y éste a Franco. Al comprobar que no teníamos ninguna filiación, nos soltaron. Eran las seis de la mañana. Eso sí, nos dieron un bocadillo admirable.


-Usted conoció a Eva Duarte y llegó a verla en privado a raíz de aquella foto en que parecía enseñar el culo y se trataba de la calva de un canónigo. ¿Cómo era de cerca?

-Imagínese el escándalo. Fui a Cogullada a verla para enseñarle la foto y explicarle que era un efecto óptico. Al principio me trató como si fuera una cualquiera... Había llamado a Perón y todo. Claro, daba la impresión de que estaba enseñando el culo. Le di la foto y quedamos tan amigos. Era guapa sí y hasta me pareció más simpática. Sólo estuvimos cinco o diez minutos.


-Sin embargo su foto más impresionante la tomó en Tarazona: una cogida casi mortal de Jaime Ostos.

-Entonces ya trabajaba para Europa Press y “El Noticiero”. Fui por mi cuenta. No tenía que trabajar ese día. Yo pienso como Robert Capa: “Si quieres sacar buenas fotos, ponte cerca y permanece atento”. Vi que algo raro pasaba. El viento le levantaba la muleta y se produjo la cornada: la capté, también retraté a la gente que bajaba para las transfusiones de sangre. Imagínese la cantidad de sangre que había perdido que volví a casa con los zapatos encharcados a pesar de que había echado varios sacos de serrín. Ostos estaba totalmente amarillo, medio muerto, y yo esperaba allí a que se muriese para dar la noticia. El doctor Valcarreres me dijo: “Sólo un milagro puede salvarlo”. Y el milagro se produjo.


-Ya, pero usted sacó la foto más impresionante...
-Sí. La querían “Paris Match”, que me puso un cheque en blanco, la “Gaceta del Norte”, me la pidió Ramón Salanova para la agencia EFE, pero yo me debía a Europa Press. La mandé, pero alguien la robó para “Pueblo”, que la sacó en primera página, muy grande. Tuve que dar explicaciones a mi empresa.


-¿Qué ha sido la fotografía para usted?

-Ha sido esencial, justifica mi existencia. Si volviera a nacer, volvería a ser fotógrafo. Y eso que, como ve, me ha pasado de todo. Recuerdo que durante una huelga de camioneros, unos infiltrados me cogieron la cámara, la destruyeron y jugaron al fútbol con ella en el Café Madrid.

 

PLOSSU ESCRIBE DE ALBARRACÍN

PLOSSU ESCRIBE DE ALBARRACÍN

ALBARRACÍN, UN PUEBLO CUBISTA

 

Alrededor de Albarracín, los paseos son sin fin.

 

Albarracín, el esplendor de una naturaleza potente, ahí, en lo alto.

 

Respirar, mirar las plantas, olerlas, y sobre todo no cogerlas, caminar sin meta, de un cerro a otro, entre las hierbas secas doradas por el sol y cimbreadas por el viento, estar de repente en ningún sitio…

 

Albarracín, no cabe duda, es uno de los más bellos lugares del mundo. No es una broma, bien sé lo que digo, llevo cuarenta años por unos y otros continentes.

 

El pueblo ocre, castaño y almagre, rodeado de barrancos, con sus murallas y sus árboles anaranjados a lo largo del río en otoño: incomparable!

 

Las esquinas cubistas de las calles que se cruzan en líneas de fuerza. Pueblo a la Fra Angélico o a lo Pierro della Francesca, pero con el rojo de la tierra que recuerda lo áspero del suelo. Ahí casi te olvidas de donde procedes, mientras vas paseando por callejuelas medievales…

 

¡Maravillosamente conservado y restaurado, aquel pueblo a 1100 metros de altitud es indudablemente una de las joyas más hermosas de nuestro planeta!

 

En el prólogo de su libro sobre Albarracín, Bernard Plossu publica este texto. Esta es la versión al castellano, realizada por Jean Pringent.

 

 

BERNARD PLOSSU: ACTA DE UN DIÁLOGO A MEDIANOCHE

BERNARD PLOSSU: ACTA DE UN DIÁLOGO A MEDIANOCHE

 

 

Quien se acerque por aquí de vez en cuando, habrá reparado alguna vez en mi profunda y sincera admiración hacia el fotógrafo francés Bernard Plossu, nacido en Vietnam, residente en México, en Estados Unidos, en Níjar y desde hace algún tiempo en los alrededores de Marsella. Bernard Plossu, un hombre alto y delgado, asombrado a cada instante por los gestos de la vida, ha hecho de todo: retratos de escritores, paisajes abiertos, instantáneas de lo cotidiano, siempre con un gran sutileza: con peculiares encuadres, con difusores y sombras, fotos aparentemente movidas, fotos siempre con una mirada peculiar y poética, llena de sutilidad y de extrañamiento. Anoche me llamó el pintor cubano Rafael Torres y me dijo que un puñado de amigos –vinculados con el arte, con la creación, con el teatro, etc.- me esperaban en la calle Manifestación 13, donde había vivido José Martí, el hombre que amó a la aragonesa Blanca Montalvo. Para convencerme del todo, me dijo: “Berrnard Plossu ha venido y quiere conocerte. Te ha traído algo”. Llegué a las once y media de la noche; desde Garrapinillos a Zaragoza escuché el disco “Incubando” de Carmen París, y puse dos o tres veces el corte seis, dedicado a José Martí y su estancia en Aragón, con homenajes a Ludmila Mercerón y Pablo Milanés.

 

Llegué y había alegría, tertulia, un poco de baile y los dos o tres rincones para las confidencias. Una joven y bellísima actriz, a la que no llegué a saludar, enseñaba pasos de baile mientras sonaba Juan Luis Guerra. Era tan elegante que parecía no moverse, pero sí se percibía el danzón de sus caderas, la elocuencia de sus piernas sobre los vaqueros. El anfitrión de la casa es Agustín, un poeta, rapsoda, cuentacuentos y actor cubano. Hubo un instante en que, tras los saludos, se puso a cantar y a recitar, y contó preciosas historias, entre ellas la del compositor “Quiéreme mucho”, inspirada en un amor imposible. Bernard Plossu, tocado ahora el cabello de plata y nieve, se rió a su antojo, con verdadero placer. Estábamos sentados al lado, encuadrados en el interior del marco de una puerta, y yo sentí una gran emoción: es un hombre cotidiano, sencillo, afable, pero me emocionaba estar ahí, a su lado; él llevaba su cámara Nikkormart al cuello y de vez en cuando tiraba alguna foto, sin flash, por supuesto. Una cámara, me dijo, que lo acompaña desde hace 30 años. Bernard Plossu no ha sucumbido a la cámara digital.

 

Las fotos de Bernard Plossu tiene una atmósfera de intemporalidad. Concentran una mirada peculiar, un detalle, un laberinto de matices, un fogonazo desdibujado de contrastes. Me ocurrió algo precioso: me hizo varias fotos, cinco o seis, casi como fotos robadas, yo hablaba y hablaba, y él buscaba. A veces, la velocidad era relativamente rápida, otras oías el clic y pensaba que esa foto saldría o movida o borrosa, como si emergiese en el papel desde una cabeza borradora. Hablamos de todo un poco: de su libro de Albarracín, realmente deslumbrante, de fotógrafos a los que admira como Nacho López y Héctor García, de su colega Luis Baylón, y hablamos, sobre todo, de la gran exposición que se le va a hacer en el CDAN para abril con un libro-catálogo espectador.

 

Había hablado por teléfono con Bernard Plossu. Había escrito varias veces de sus fotos. Vi su muestra del palacio de Montemuzo y de la galería Finestra, estuve en las tres últimas que hizo en Spectrum. Y me ha encantado conocerlo al calor de los versos de José Martí y pasear por la calle, con él y con otros amigos (Rafael Torres, Carolina y Daniel…) por las calles de Zaragoza mientras la gente iba y venía y tomaba las calles hospitalarias.

 

Bernard Plossu, maravillado, preguntó: “¿Y cuál es el plan de toda esta gente?”

*Esta foto de Bernard Plossu, una de las más famosas, está realizada en 1979.

MICHEL COMTE: UN RETRATO CAUTIVADOR

MICHEL COMTE: UN RETRATO CAUTIVADOR

Me ha gustado mucho esta foto de Michel Comte, el mejor fotógrafo que ha tenido nunca Carla Bruni.

DEL VIII SEMINARIO DE FOTOGRAFÍA DE ALBARRACÍN

DEL VIII SEMINARIO DE FOTOGRAFÍA DE ALBARRACÍN

VIII SEMINARIO DE FOTOGRAFIA Y PERIODISMO

 

Fundación Santa María de Albarracín. Albarracín (Teruel)

 

 

 

Dirección y coordinación: Gervasio Sánchez

 

Dirección de la Fundación Santa María: Antonio Jiménez

 

Teléfono de contacto: 978 71 00 93

 

 

SÁBADO, 18 DE OCTUBRE  

 

09.15 h.    Inauguración del seminario 

 

9.45 h.      Bernard Plossu, Albarracín visto por….

 

11.00 h     Colita, La mirada voraz. Conversación con Laura Terré

 

13.00 h     Mesa Redonda con seis autores becados en 2007

                 

16.00 h.    Sesión práctica con los profesores de los días 20 y 21de octubre.

                 Los alumnos se dividirán en grupos reducidos.

 

19.30 h.    Inauguración: Exposición de Bernard Plossu 

 

20.00 h.    Proyecciones audiovisuales en la Iglesia-Auditorio de Santa María

                                               

                 Colita, Yo no soy un espejo

                 

                 Patricio Simón, La mirada de Pato

                

                 Edición de Almudena Caso y Paula González, Detrás de la cámara

                

                 Gerardo Custance, Perímetro

 

                Autores  becados en 2007: Damián González, Arturo Laso Merino,

                Antonio Miñán López, Aurelio David Ortiz Cañete, Lurdes Rodríguez Basolí              

       

 

DOMINGO, 19 DE OCTUBRE

 

09.15 h     Eduardo Momeñe, Algunas palabras sobre mi trabajo

 

11.00 h  Paul Hanna, Fotoperiodismo de la Agencia Reuters: Pasado, presente y futuro

        

12.30 h.     Leopoldo Pomés, Imágenes heterodoxas: de 1955 a 2008

            

16.00 h.    Sesión práctica con los profesores de los días 20 y 21 de octubre

 

18.45 h.    Documental La sombra del iceberg, de Hugo Doménech y Raúl Riebenbauer

 

20.00 h.    Proyecciones audiovisuales  

 

                

                 Eduardo Momeñe, Las fotografías de Burton Norton                

                  

                 Agencia Reuters, Mira al Mundo

                

                 Paul Hanna, Imágenes y momentos

 

                 Andrea Comas, Palestina

 

                 Juan Medina, El muro del Atlántico    

                

                 Leopoldo Pomés, Heterodoxas de 1955 a 2008                  

 

 

LUNES, 20 DE OCTUBRE

 

09.15 h.    David Jiménez, Atrapar el sueño

 

11.00 h.    Manel Esclusa, Oscuridad, sombras y otras luces

                

12.30 h.    José María Mellado, Reinventando la fotografía

 

16.00 h.    Sesión práctica con los profesores de los días 22 y 23 de octubre

 

20.00 h.    Proyecciones audiovisuales

                  

                 David Jiménez, Lo que queda

                 

                 Manel Esclusa, Silencios Latentes

            

                 José María Mellado, El Silencio y la Luz     

  

                 Jordi Esteva, Más allá de Marraquech                   

 

                 Pilar Pequeño, Naturaleza, Fragmentos

 

 

MARTES, 21 DE OCTUBRE

 

09.15 h.   Jordi Esteva, Mundos que se van 

 

10.45 h.    Pilar Pequeño, Naturaleza, una mirada

 

12.30 h.    Conclusiones del seminario

 

13.15 h.    Entrega de becas y diplomas

 

14.00 h.    Comida de clausura.

*En esta foto de Josep Garcia puede verse a Gervasio Sánchez, director

 del Seminario de Fotografía y Periodismo, e invitado el jueves al programa, "Aquí un amigo" de Luis

del Val, en Aragón Televisión, y a Bernard Plossu, un extraordinario fotógrafo, del que he escrito en

varias ocasiones. Plossu muestra su último proyecto: su historia de amor con la villa medieval de

de Albarracín.