Blogia
Antón Castro

Ilustradores

ÓPERA PRIMA DE ILUSTRACIÓN

Ópera Prima es la versión española del concurso para ilustradores noveles Premier Livre. La revista francesa Hors Cadre[s] viene convocándolo desde su primer número en el año 2007. Su objetivo es apoyar desde la revista el valor de los artistas por descubrir. Cada convocatoria propone un tema distinto en consonancia con el tema del número al que corresponde. En el último número de la revista (nº 10) se edita el trabajo de Chloé Perarnau ¿Cuánto tiempo?, última ganadora del concurso. Las imágenes que acompañan pertenecen a esta obra.

Ópera Prima y Premier Livre se ponen de acuerdo para convocar esta vez un concurso franco-español. La fórmula no cambia: la obra ganadora se editará en el próximo número de la revista (nº 11). Los lectores de ambos idiomas podrán recortar las tres últimas hojas de la revista plegándolas dos veces, para formar un mini-libro de veinticuatro páginas. En este minilibro aparecerá también una presentación del ilustrador con su contacto. La revista semestral distribuirá dos mil ejemplares de la versión francesa y mil de la española.

 

El tema del 11º concurso será Historia sin palabras.

Detalles técnicos: 

- 24 páginas (12 dobles páginas), incluida la portada, formato 10 × 15 cm. (doble página 20 x 15 cm.)

 

- Los proyectos deben ser inéditos y los autores no pueden haber publicado nunca ninguna obra.

 

- El jurado franco-español seleccionará al ganador en función de la originalidad del proyecto y de su dominio de la narración gráfica.

 

- El premio de 200 euros implica la cesión de los derechos de autor para la mencionada edición de 3.000 ejemplares.

 

- Los trabajos se enviarán para su evaluación en formato de doble página (20 x 15 cm.) en baja definición, archivo jpg a 72 ppi.

 

- El trabajo seleccionado como ganador se enviará posteriormente en alta definición: archivo tiff a 300 ppi.

 

Los ilustradores residentes en España que deseen enviar sus trabajos a Ópera Prima deberán hacerlo antes del 11 junio 2012 a la dirección fuerademargen@pantalia.es

 

Los trabajos se enviarán en formato digital de doble página. Para entender bien lo que se pretende, nada mejor que hacerse con una de nuestras revistas, recortar las tres últimas páginas y montarlas como se indica. 

 

 

 

*La información ha sido remitida por Pantalia. Las ilustraciones son de Chloe Perarnau.

MINGOTE, UN CHICO DE TERUEL

MINGOTE, UN CHICO DE TERUEL

[El domingo, en el suplemento de ‘Hoy domingo’ de Heraldo de Aragón, que coordina Picos Laguna, Luis Alegre publicó este espléndido artículo sobre Antonio Mingote, a quien conoció en 2008 para una entrevista en ‘El reservado’. Cuelgo aquí el texto, lleno de calidez, de cercanía, de secretos y con una sorpresa final llena de humanidad. La ilustración es de Luis Grañena, a quien vi este fin de semana en Valderrobres con el librero Octavi Serret.]

 

 

Antonio Mingote, marqués de Daroca, fue un genio del humor suave. Hasta los 25 años vivió en Aragón y sentía un profundo amor por esta tierra.

 

ANTONIO MINGOTE, UN CHICO DE TERUEL

Por Luis ALEGRE. Heraldo de Aragón.

 

Antonio Mingote ha muerto a los 93 años. Yo le conocí cuando tenía 90. Nunca tardé tanto en conocer a alguien que admirara tanto.

 

Pertenezco a una de las muchas generaciones de españoles que han crecido con Mingote alrededor. Tal vez lo primero que vi de él, muy de niño, fueron los decorados de “Historias para no dormir”, la serie de Chicho Ibáñez Serrador en la tele de finales de los 60. Mingote tenía entonces menos de 50 años y ya formaba parte del paisaje.

 

Antonio Mingote había llegado a Madrid a mediados de los 40 como teniente del Ejército. Hacía tiempo que había descubierto que la vida militar no era lo que le iba a hacer feliz. Sus mayores pasiones eran el dibujo y el humor y desde los años 50 pudo ganarse muy bien la vida con ellas. Su gracia fue convertir en una obra de arte su mirada aparentemente naif sobre la realidad. Uno de sus grandes amigos de la época era el escritor zaragozano Carlos Clarimón. Los dos pasaban muchas horas en el Café Varela. Allí Clarimón le presentó al entonces poeta Rafael Azcona. El flechazo entre Antonio y Rafael fue inmediato. Durante muchos años fueron inseparables. Antonio llevó a Rafael a “La Codorniz”, la mítica revista de humor de la época, y Rafael comenzó a ser alguien. Rafael evocaba siempre a Mingote con enorme afecto. Era una de sus obsesiones más agradables. Era muy rara la tarde con Rafael en la que Mingote no saliera en la conversación.

 

A mí me daba mucha rabia no conocer a Mingote y decidí hacer algo al respecto. Hace tres años le escribí un email a Isabel Vigiola, su amor, su mujer, su mano derecha y su mano izquierda. Mi intención era entrevistar a Antonio para Aragón TV. En mi carta subrayé tres cosas: mi amistad con Azcona, el que yo fuera de Lechago, Teruel, y el que la entrevista estuviera destinada a la tele aragonesa. Antonio había nacido en Sitges pero se sentía muy aragonés. No era para menos. Hasta los 25 años vivió en Aragón: en Daroca - el pueblo de su padre músico y de su íntimo Ildefonso Manuel Gil - en Calatayud, en Teruel y en Zaragoza. Yo sabía que lo de Aragón le iba a llegar al alma. Isabel tardó muy poco en responderme: aunque Antonio, con 90 años, dosificaba mucho su tiempo y sus energías y apenas concedía entrevistas, en este caso la aceptaba. La razón principal estaba clara: yo, como él, era un chico de Teruel. Y a un chico de Teruel no le podía decir que no.

 

En la entrevista Antonio estuvo delicioso. Me habló de sus padres, de Daroca y Calatayud -los lugares donde estaban sus primeros recuerdos- y, sobre todo, de Teruel, una ciudad a la que llegó con ocho años y que le marcó de arriba abajo. En 1932 envió un dibujo del conejo “Roenueces” al suplemento Gente Menuda de la revista Blanco y Negro y se llevó la alegría del siglo cuando lo vio publicado. En la parte inferior del dibujo firmo así: “Angel A. Mingote. Trece años. Teruel”. En Teruel le pasaron algunas otras cosas decisivas. Allí tuvo su primera novia, o lo más parecido a una novia, y me llegó a decir que creía haber sido el primero de Teruel en atreverse a coger a su novia del brazo por la calle. Y, allí, con 17 años, sufrió el estallido de la Guerra Civil, una experiencia atroz para un chaval que se había pasado la adolescencia devorando la poesía de la generación del 27. Pero todos sus abuelos eran carlistas y él se alistó en la guerra como requeté. “Qué iba a hacer”, me dijo. Antonio nunca olvidó una escena espantosa. Mientras le estaban cortando el pelo en una peluquería de la Plaza el Torico vio cómo unos pistoleros falangistas tiroteaban a un grupo de republicanos. “Luego me di cuenta que en el otro bando las cosas eran iguales. Perdí toda esperanza”. También rememoró en la entrevista cómo hacia el final de la guerra caminó en la noche, bajo la lluvia, durante 40 kilómetros, para llegar desde Barcelona a Sitges, donde estaba su madre, a la que no veía desde hacía tres años. Al llegar a Sitges se enteró de que esa misma mañana su abuelo Esteban había muerto y luego pudo abrazarse con su madre, emocionada y rota. Al acabar la guerra vino a Zaragoza y se matriculó en Filosofía y Letras. Se recordaba como un mal estudiante al que le gustaba mucho ir al Plata: “Después de lo de la guerra, para estudiar estaba yo”.

 

En el verano de 2010 volví a llamar a casa de Antonio Mingote. Su mensaje de voz en el contestador automático era muy suyo: “Si tiene usted algo que decir, que no me extrañaría, hágalo después del pitido”. Mingote era el rey de la ironía suave. Mi intención era ésta: encargarle un cuadro que un grupo de amigos queríamos que fuera nuestro regalo de boda para Javier Bardem y Penélope Cruz. A Antonio le entusiasmó el encargo y pintó un cuadro magnífico alusivo a la pareja. Su gran amiga Pilar Bardem llegó a verse con él para contarle detalles que le pudieran servir de inspiración. Un sábado de septiembre fui a su casa a recoger el cuadro. Isabel me había anticipado el precio que Antonio solía cobrar por este tipo de trabajos y entre bastantes amigos logramos reunir la cantidad pactada. Pero Antonio se negó a cobrarnos un solo euro. Dijo que ese iba a ser su regalo de boda a una pareja que él admiraba profundamente. Pero él nunca presumió de ello y se empeñó en que no lo fuéramos contando por ahí. Ahora creo que es un estupendo momento para traicionarle: ese gesto retrata con mucha precisión su extrema elegancia. Discúlpame Antonio, pero lo tenía que contar. Ya sé que tú dirías que lo hago porque ya no me puedes regañar.

GAMÓN: ARTE, MÚSICA Y KLIMT

GAMÓN: ARTE, MÚSICA Y KLIMT

Alberto Gamón mezcla la música

con Klimt y los cinco sentidos

 

El ilustrador publica su álbum más ambicioso, ‘Cinco músicos en el quinto pino’, para celebrar el primer lustro del sello aragonés APILA. La presentación será el viernes 13, en la Escuela de Artes.

 

 

Alberto Gamón (Alcañiz, 1974) es uno de los grandes ilustradores aragoneses de los últimos años: figura en la exposición colectiva ‘Iluminar la palabra. Ilustradores aragoneses en el siglo XXI’, que coordina Carlos Grassa Toro, y ha pintado, con peces, uno de los proyectos ‘Esto no es un solar’. Uno de sus últimos libros se publicó en México, ‘Seis leones’, con texto de Daniel Nesquens, y ahora acaba de llegar a las librerías su trabajo más ambicioso: ‘Cinco músicos en el quinto pino’ (APILA), donde combina sus ilustraciones y un texto propio. Un álbum que sale en vísperas del Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil.

Dice el artista: “Cuando los editores de APILA me hicieron la propuesta de hacer ambas cosas, texto y dibujo, me pareció arriesgado, pero al final acepté. Querían que este libro coincidiese con la celebración del quinto aniversario de la editorial, por lo que me pidieron que tuviera presencia el número cinco. Una cosa me llevó a otra: cinco, cinco músicos, cinco músicos austriacos, y pensé que el mejor contexto era la Viena de principios del siglo XX con todo el movimiento cultural que allí se dio”. Y casi de un modo natural apareció el pintor Gustav Klimt, del cual se cumplen en julio 150 años de su nacimiento. El relato mezcla la música y los cinco intérpretes austriacos con los cinco sentidos.

Explica el ilustrador. “El de los cinco sentidos es un tema que me gusta trabajar en los talleres escolares. Aunque este libro más que de los sentidos habla de su ausencia y de la intolerancia hacia las personas que los van perdiendo: uno de los protagonistas del libro no oye bien, a otro le tiembla el pulso…” Otro no acierta al escoger la ropa, o ese cree la multitud que lo escucha en el teatro; otro presiente que el concierto va un poco mal y que alguien le está “tocando las narices”.

Asegura Alberto Gamón que durante la elaboración del álbum ha tenido que convivir con “la inseguridad que me provocaba escribir. Soy un ilustrador al que le propusieron contar una historia y aceptó el reto”. Los editores de APILA, el sello zaragozano que nació hace un lustro en la Escuela de Artes, le habían pedido un libro con mucho colorido, que fuera más exuberante que su libro anterior, ‘Seis leones’, “de un cromatismo muy limitado –indica-. Al final decidí aplicar el color por gamas. Me pareció que podía quedar más potente”. Alberto Gamón, que ha trabajado varios años en artes gráficas, advierte al final que ha utilizado “aplicaciones informáticas”, y confiesa: “Estuve una jornada entera en la imprenta, literalmente a pie de máquina, controlando cómo quedaban los colores y poniendo a prueba la paciencia del impresor. Me pareció que merecía la pena hilar fino con esto”.

El resultado está a la vista: ‘Cinco músicos en el quinto pino’ es un libro muy especial, sugerente, lleno de evocación y de sorpresas, divertido, todo un torrente visual de composición, de elementos y de atmósferas, dentro de ese tono suyo tan geométrico y limpio, que se aproxima al constructivismo y al neocubismo. “Me gusta sintetizar, simplificar las formas y qué mejor modo de hacerlo que desde la geometría. Pretendo contar las cosas de una manera sencilla, quitar todo lo superfluo. El mensaje siempre será más claro”. Una señora que pasa -y que parece salida de un cuadro lujoso de Gustav Klimt, que anda por ahí con sus pinceles y su gato- tiene un deseo: le gustaría oír la quinta sinfonía de Mahler. ¿Se atreverán a tocarla estos cinco músicos de Viena? 

MINGOTE, VISTO POR GRAÑENA

MINGOTE, VISTO POR GRAÑENA

[Este artículo apareció ayer miércoles en la edición de papel de ‘heraldo de Aragón’ con esta maravillosa caricatura de Luis Grañena]

 

 

Antonio Mingote, el Picasso del humor gráfico,

ha dejado de sonreír para siempre

 

 

-El dibujante, que vivió su infancia y adolescencia en Calatayud, Daroca y Teruel, era uno de los renovadores del humorismo gráfico español desde ‘La Codorniz’ y ‘ABC’, donde ha permanecido desde 1953 hasta su muerte

 

-Era académico de la Lengua desde 1987, y había sido todo un artista multimedia de la prensa, del teatro, de la radio, la televisión y el cine

 

Antón CASTRO / Zaragoza. Heraldo de Aragón, 4.04.2012.

Antonio Mingote solía decir que el humor consiste en ver la vida y sus circunstancias con claridad. Y él, que no era fanático de casi nada y que era más bien pesimista (es decir “un optimista bien informado”), tenía ese don: descubría de inmediato las paradojas, los vicios, las pasiones, las debilidades o el sentido de fatalidad de los seres humanos. Quizá por ello, Mingote era, ante todo, un periodista incansable de la estirpe del “trabaja idiota y no pares”: un artesano del trazo y un pensador que encerraba la vida en una viñeta o en un diálogo. Mingote acaba de fallecer a los 93 años en Madrid. En uno de sus últimos chistes advierte que si la cordura no lo remedia, y la política tampoco, acabaremos todos en el vertedero.

En el fondo, a su modo, así como quien no quiere la cosa, Mingote fue un moralista que no se sentía ni divertido ni ingenioso: el hombre está solo, parecía pensar, radicalmente desamparado, y él, el observador cotidiano desde su mesa de dibujo, era un ciudadano atónito que cantaba y contaba, con ternura seca, la existencia de los “don nadie”. Eso sí: provocaba la risa como pocos.

Antonio Mingote nació en Sitges en 1919. Su niñez, llena de hechizos y de secuencias que glosó con feliz memoria, transcurrió en Calatayud, en Daroca, la villa encantada y medieval de su padre, el músico Ángel Mingote, y de su amigo del alma, Ildefonso-Manuel Gil, y en Teruel. Allí descubrió la intimidad de la plaza del Torico, que recordaría inundada de tanquetas, el sexo y el primer amor, el teatro y su condición como tiple solista. Y por descubrir hasta descubrió la rigidez de la religión, que le llevaría a decir: “¿Cómo vas a hacer caso al infierno cuando eres joven y tienes a tu lado a una preciosidad de mujer? ¡Además, eso del infierno es un invento perverso!”. En Teruel también leyó a la generación del 27 y del 98, y nació el dibujante autodidacta. En 1932, mandó un dibujo del conejo ‘Roenueces’ al suplemento ‘Gente menuda’ de ‘Blanco y negro’ y se lo publicaron, igual que le publicarían otro en ‘ABC’ en 1936. Fue casi una premonición: ingresaría en el diario madrileño en 1953 y permanecería en él hasta su último adiós. Sería su mayor cronista visual de la actualidad, un editorialista lúcido de humor gráfico.

Antes de instalarse en Madrid, Mingote vivió dos años en Zaragoza y aquí hizo dos cursos de Filosofía y Letras sin demasiada afición. En cambio escribió novelas policíacas como ‘Ojos de esmeralda’, firmada por Anthony Mask, y novelas del oeste. Cuando llegó a la capital de España, fue acogido por los humoristas de ‘La Codorniz’, con Álvaro de la Iglesia al frente, y estableció una complicidad particular con Rafael Azcona y con el aragonés Carlos Clarimón. Y con otros artistas como Tono, Mihura o Edgar Neville, con cuya secretaria viviría, Isabel Vigiola, la pasión de su existencia. Dirigió revistas como ‘San José’ y firmó la novela ‘Las palmeras de cartón’ (1947), que ilustró uno de sus maestros: Goñi.

Antonio Mingote iría convirtiéndose en un auténtico hombre multimedia: redactó guiones de radio y de cine, trabajó mano a mano con el productor José Luis Dibildos, firmó comedias musicales, fue figurinista, portadista, cartelista (su último cartel fue para la película de José Luis García Sánchez, basada en la obra de Azcona, ‘Los muertos no se tocan, nene’), condujo programas radiofónicos con Luis del Olmo, intervino en televisión, y nunca dejó de  publicar sus viñetas en libros: ahí están proyectos inquietantes como ‘El hombre solo’ (1970), ‘El hombre atónito’ o, entre otros, los 600 dibujos que hizo de ‘El Quijote’ de Cervantes, que para él era “el padre de todo el humor español”.

Antonio Mingote era clásico y moderno, delicado y bronco, irónico, satírico y lírico, tenía un trazo suelto y sencillo, era un narrador y un filósofo perplejo, y afirmaba que El Prado era su mejor banco de imágenes. Rindió homenaje una y otra vez a Picasso, a Velázquez y sus ‘Meninas’, rindió homenaje a Goya y sus ‘Caprichos’ y ‘Disparates’. Con el artista de Fuendetodos compartía el lema “Aún aprendo”, aunque Mingote lo decía de otro modo: “Yo no sé nada. Soy un aficionado hambriento de actualidad”. Jamás renunció a la modernidad: asumió la llegada del fax, de internet y de Photoshop.

José Luis Cano, dibujante de HERALDO, valora así su magisterio: “Creo que mi carácter se forjó con la siniestra o romántica pareja que dibujaba Mingote en ‘La Codorniz’. Y mi manera de mezclar el humor con la estética, también”. El catedrático de literatura Jesús Rubio Jiménez señala: “Era un buen dibujante y tenía puntos de vista agudos y personales a la hora de juzgar la realidad, llenos de sentido común. Poseía gran cantidad de registros en sus viñetas, y casi nada le era ajeno. Lo mismo analizaba las costumbres que el mundo político o el mundo de la cultura”. Eso sí, este liberal enamorado de los animales, el académico de la risa desde 1987, el husmeador incansable del alma humana, decía que lo que había dado sentido a su vida era el amor. Ese fue el mejor premio de un hombre que los obtuvo casi todos, incluido el fervor de los lectores.

ANTONIO MINGOTE HA MUERTO

Mingote o el amor a los ‘don nadie’

 

Antonio Mingote tenía algo de gamberro y de aventurero en su infancia. Y un inequívoco sentido del humor. Nació en Sitges en 1919, pero sus primeros años los pasó en Aragón: primero en Calatayud, donde conoció el embrujo del castillo, la fuerza del paisaje y el enigma de la nieve. Luego residió en Daroca: era la villa de su padre, Ángel Mingote, compositor y pianista, y en ella descubrió los misterios de la Edad Medieval y de una ciudad llena de pasadizos y murallas. Un día, al atravesar una puerta, se dio un golpe en una piedra y le quedó una marca para siempre en la cabeza.

Daroca era un paraíso inefable, también lo fue de su gran amigo Ildefonso-Manuel Gil. Y en cierto modo también lo fue Teruel: allí se descubrió dibujante y pecador (se confesó, largamente, por desacato al sexto mandamiento), y descubrió que la fuerza de la sangre y la naturaleza son incontenibles. Ante la belleza de una mujer no hay espíritu religioso que valga. Al final de sus días, recordando la falta de la libertad y los rigores eclesiásticos tal vez, diría: “No soy religioso”.

Desde la ciudad mudéjar, en 1932, remitió un dibujo del conejo ‘Roenueces’ a la revista ‘Blanco y Negro’ y se lo publicaron; y años más tarde, en 1936, también le publicarían otro dibujo en ‘ABC’. Durante la Guerra Civil conoció diversos frentes, y luego volvió a Zaragoza, donde trampeó con dos cursos de Filosofía y Letras. Aquí, con seudónimo, firmó novelas policíacas y del oeste.

En 1944 se trasladó a Madrid, que sería la ciudad de su vida. De la bohemia inicial, a la sombra de la revista ‘La codorniz’ y de las amistades de Carlos Clarimón y Rafael Azcona, pasaría a ser un activo hombre de orden de vida más bien desordenada. El futuro humorista también tenía madera de escritor, y en 1947, con ilustraciones de Goñi, “a quien tanto admiraba”, publicó su novela ‘Las palmeras de cartón’.

En Madrid, con Mihura, Álvaro de la Iglesia, Tono y tantos y tantos otros, forjaría un carácter, un punto de vista, una mirada sobre el mundo. Le interesaban los ciudadanos corrientes, las mujeres exuberantes y algo pijillas, las burguesas próximas a escandalizarse, el hombre escindido, el trabajador, le interesaban las voces de la calle y de la taberna, etc. A partir de su ingreso en ABC en 1953, apenas pararía: hizo alrededor de 25.000 ilustraciones. Aunque, en realidad, Mingote, irónico y metafísico, goyesco y velazqueño a la vez, encarnó al artista multimedia: escribió para el cine y la televisión, hizo radio, publicó libros de ilustraciones como ‘El hombre solo’, por ejemplo, ilustró ‘El Quijote’ con 600 dibujos, fue figurinista, cartelista y decorador, y solía decir que, en el fondo, era un copista del Museo del Prado: en sus viñetas, variadas casi siempre y a la vez muy personales, en sus dibujos, rendía homenaje a Velázquez y a Goya y a la gran pintura española con su trazo enérgico y sutil a la vez, con el bocadillo-chiste que descubría las paradojas y la rebeldía de los “don nadie”.

Fue un observador (“Yo no sé de nada. Son un aficionado”, decía) y un editorialista, alguien que miraba la realidad y la concentraba en unos cuantos rasgos y en un diálogo, más irónico que desabrido, más elemental que político, aunque no hay nada tan elemental como la política. Su estética consistía en “razonar hasta más allá de lo razonable”, con ingenio y un poco de mala. Pesimista y vitalista a la vez (“yo no soy divertido”, repetía), cronista de vidas y sentires con un gran sentido común, trabajador incansable (solía repetir que pertenecía al gremio de “trabaja idiota y no pares”), al final de sus días decía que lo más determinante de su vida había sido el amor. El amor a su mujer Isabel, a los suyos, a un periódico, a la necesidad de comunicar y, sobre todo, a tantos y tantos seres anónimos que pueblan sus viñetas y que a veces estaban tan amenazados por un sistema injusto que, tal como pintaba y decía Mingote, no tenía escrúpulos en arrojarlos al vertedero o en convertirlos en esclavos.

*Este artículo lo he escrito hoy para la edición de heraldo.es.

ALBERTO GAMÓN, KLIMT Y LA MÚSICA

ALBERTO GAMÓN, KLIMT Y LA MÚSICA

ALBERTO GAMÓN, KLIMT Y LA MÚSICA.

APILA CUMPLE CINCO AÑOS

Alberto Gamón. Retrato de Vicente Almazán.

 

Ayer, tras la presentación de ‘El reencuentro’ (Chiado, 2011) de Bosco Esteruelas (Zaragoza, 1951), lo conocí ayer en ‘La Reserva’ y comimos juntos, vi el nuevo libro de Alberto Gamón en Los Portadores de Sueños: ‘Cinco músicos en el quinto pino’ (APILA, 2012). Me lo llevé. Y esta noche lo he mirado dos veces: antes de acostarme y a la hora de levantarme. Es, con mucha diferencia, el mejor libro de Gamón: ha dado un salto de calidad impresionante y es de las pocas veces en las que él asume la autoría del texto. El libro es muchas cosas: es un homenaje al número cinco, a los cinco sentidos, a la música, a Gustav Klimt, que es un personaje recurrente, con su gato, y es un homenaje al color, y al delirio de la imaginación. Es un libro sugerente, imaginativo, de un concepto muy libre, donde todo ha sido muy pensado: la historia, el humor, la distribución del texto, los elementos musicales, la escenografía que envuelve todo, la capacidad de síntesis (pienso en la escena del teatro y esas cabezas), la sensación de movimiento y el empleo de frases hechas.

Alberto Gamón (Alcañiz, 1974) es un ilustrador personalísimo: trabaja la geometría, un neocubismo visual, la estructura y el colorido. Y en este trabajo logra una obra obra redonda. ‘Cinco músicos...’ desarrolla los cinco sentidos y todas sus derivaciones, resueltas con ingenio y con un feliz dominio de la armonía, la tensión y el cromatismo. También tiene ese aire mágico y quizá naïf: la ilustración en sí misma constituye una poderosa alegoría, una vigorosa narración. Si no lo han visto, si les gustan los álbumes ilustrados, si quieren ver, al modo aragonés, a Klimt (también hay un homenaje a uno de sus retratos femeninos), este es su libro. Una auténtica maravilla: una de las primeras sensaciones de plenitud de la nueva primavera. Gamón, además, aquí explora sus propias posibilidades con el arte digital y la informática. Es un libro inolvidable, que parece haber sido concebido en estado de felicidad creativa.

 

*Veo en la página de APILA que el volumen se presenta el día 13, viernes y trece de abril, en la Escuela de Artes. APILA ( y son Raquel Garrido, Ramón Aguirre y Edu Flores) cumple cinco años.

ILUSTRAR EN LA ERA DIGITAL

ILUSTRAR EN LA ERA DIGITAL

MAX, ARNAL BALLESTER Y ISIDRO FERRER

DEBATEN EN EL JOAQUÍN RONCAL


Tertulias Gráficas y FADIP lanzan una nueva convocatoria para hoy
jueves, 16 de febrero, en el Centro Joaquín Roncal, Sala 1 a las 19:30.


Os proponemos una mesa de debate a la que no podéis faltar. (Este espléndido retrato del Diseñador Isidro Ferrer es de A Photo Agency y Colectivo Anguila).
FADIP organiza, esta vez en Zaragoza, y con la colaboración de Tertulias Gráficas, la mesa redonda “LOS RETOS DE LA ILUSTRACIÓN EN LA ERA DIGITAL”, mesa de debate centrada en las nuevas perspectivas que se abren ante los ilustradores, con el fin de aclarar, de arrojar un poco de luz sobre el desconocimiento, la incertidumbre, los nuevos problemas que traen consigo los medios y los soportes digitales. Para ello reúne a tres grandes profesionales del sector. Max, Arnal Ballester e Isidro Ferrer nos transmitirán las conclusiones que se redactaron en el último informe del Observatorio de la Ilustración, informe que se editó con el fin de “crear una herramienta para situarnos profesionalmente en el siglo XXI, una base para la reflexión sobre los problemas que tenemos que resolver ante los nuevos retos”.
Max, Arnal Ballester e Isidro Ferrer son tres de los ilustradores más significativos del panorama nacional e internacional. Referencia indiscutible para ilustradores de generaciones posteriores no sólo por la calidad de sus obras sino también por su compromiso con la profesión. Moderará la mesa Carlos Velázquez, profesor de Diseño e Ilustración de la Escuela de Artes de Zaragoza.

 

PELIGRA EL SALÓN DEL CÓMIC DE ZARAGOZA

Recibo esta carta de Carlos Pérez, XCAR de la Asociación Cultural Malavida.

 

Peligra el Salón

del Cómic de Zaragoza


Ayer se celebró una reunión con los actuales responsables del Salón del cómic de Zaragoza en la que estuvimos presentes miembros de varios colectivos relacionados con el cómic.
Tristemente se nos comunicó que este año el Ayuntamiento (y más concretamente el vice alcalde Fernando Gimeno y el consejero de cultura Jerónimo Blasco) ha decidido cancelar el Salón del Cómic de Zaragoza.

El salón del cómic de Zaragoza iba a celebrar su 10ª edición. El presupuesto que tradicionalmente se destinaba a su celebración era muy escueto, y en esta ocasión, debido a la crisis, se iba a recortar inicialmente en más de un 60%. Aún así, las asociaciones y colectivos relacionados con el mundo del cómic, estábamos más que dispuestos a trabajar aún más si cabe para que siguiera adelante. No en vano llevamos trabajando gratis o por un precio más que simbólico todos estos años, animados por la gran pasión que sentimos, y compensados de sobras por el apoyo de la ciudadanía.

Es triste que se decida su cancelación precisamente este año en que iba a cumplir su décimo aniversario. Estamos en el mejor momento para los autores de cómic aragonesés (la gran cosecha de premios recibidos en Barcelona o la avalancha de novedades de gran calidad que nos esperan antes de fin de año -porque todas las editoriales aragonesas tenían previsto publicar en las fechas del Salón, con el daño económico que conlleva su no celebración- son dos simples muestra de ello). La cantera aragonesa es una de las más destacadas del estado, sin contar además con apoyos económicos de ningún tipo, a diferencia de lo que ocurre en otros municipios y comunidades (salvo el salón, que ahora parece que quieren que desparezca también).

 

El año pasado acudieron al salón más de 16.000 personas, muchas de ellas aficionadas a los tebeos, pero también familias, amigos, y gente de cualquier tipo y condición que se acercaban por el hecho de que se había convertido en una cita de referencia, una forma divertida y distinta de pasar un fin de semana, y con actividades para todo tipo de público. Todo eso se va a borrar de un plumazo a pesar de la disposición de todos los colectivos que tradicionalmente apostamos por él con nuestro trabajo, dedicación, tiempo y sobre todo cariño.

Recientemente acabábamos de hacer público el cartel de esta décima edición, y afrontábamos con mucha ilusión el reto de conseguir que el público asistente disfrutara lo mismo o más si cabe de él, a pesar de los drásticos recortes que nos habían impuesto.

Todavía estamos a tiempo de pedir a nuestro dirigentes que rectifiquen, por favor no destruyáis de un plumazo lo que durante 10 años muchas personas han disfrutado y seguirán disfrutando, que es la pasión por los tebeos y el placer de compartirla. Si finalmente decidieran apoyar este evento, aún estaríamos a tiempo de levantarlo, la ilusión que durante tantos años nos ha acompañado a los autores, editores y aficionados en general no nos la van a quitar tan fácilmente.

 -Asociación cultural Malavida, de amigos del tebeo.

Carlos Pérez XCAR