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Antón Castro

Músicos

ÁNGEL PETISME: PLACER Y POESÍA

“Soy hedonista pero no escapista”

 

 

[Ángel Petisme publicó, casi a la vez, un poemario ‘Fast food for freaks’ y un nuevo disco, ‘El ministerio de la felicidad’. Publiqué una entrevista con él en Heraldo de Aragón; aquí está el diálogo al completo, más del doble.]

 

-¿Con qué te sientes más identificado con la comida basura o los freaks? 

Sin duda con los freaks, criaturas huérfanas, expulsadas de la vida…Tanto en el libro como en el disco aparecen esos engendros: el Ecce Homo, Frankenstein, Polifemo, el faquir, hall 900,el ordenador de la nave de Space Oddity, etc. Todos somos un poco o muy freaks hoy en día, ¿no crees? Mitad humanos, mitad chatarra. No somos nada ya sin nuestras prótesis, móviles, ordenadores…No sabemos multiplicar sin una calculadora, movernos sin un GPS ni aclarar una duda sin Google.

 

-¿Por ese título? ¿Qué relación existe entre la vida y la poesía y la comida basura?

El título lo tenía pensado desde hace muchos años, es un juego fonético de cuatro efes que hay que pronunciar en estado sobrio porque si no, le ensalivas el alma al amigo de enfrente. Supongo que somos la basura y la merienda de los monstruos que nos gobiernan, esa minoría selecta de un 1% que toma las decisiones económicas y sociales del resto del 99% de la población mundial.

 

-Todo el poemario es una alegoría. ¿De qué, exactamente, de la identidad, del amor, del combate?

Sí, has dado en el clavo sin amor y sin identidad no hay posibilidad de luchar y cuidar de la vida. Temo que nos estamos convirtiendo en una generación de idiotas y muertos vivos, como decía Albert Einstein, porque la tecnología está sobrepasando nuestra humanidad.

 

-¿Qué es lo que hay que leer entre líneas? [Aludo a uno de tus versos]

Imagino que casi todo. Todo buen escritor, pintor, cineasta, te está diciendo mil cosas más de las que crees y ofreciendo múltiples lecturas de su obra. El lenguaje es también una criatura misteriosa y mágica que se puede pervertir con total facilidad en estos tiempos. Hay que leer entre líneas a los políticos y los periodistas. Hay que sospechar, desconfiar, estar muy alertas para no caer en el miedo y la confusión.

 

¿Cuáles son los capullos que más te incomodan?

Con los años nada de la mezquindad y la estupidez humanas me incomoda. No me sorprenden ya los que no te miran a los ojos ni te aprietan la mano con fuerza, los que van de algo, de  modernos, de hypster, de rojos o ácratas, payasos de salón, lo confunden todo, no han vivido nada de verdad. No saben, quieren estar a la moda para no parecer trasnochados pero en cuanto rascas un poco, no hay nada debajo. A un fascista se le ve venir, a un fantasma no, hasta que te ha echado la sábana encima.

 

-¿Qué vínculo hay entre la gastronomía y la pasión?

Uno ama como cocina. No hace falta ser un master chef pero sin imaginación, sin riesgo, sin intuición todas las comidas y los polvos te sabrán igual.

 

-¿Ya sabes quién es Ángel Petisme? [Te lo preguntas en un poema]

Estoy en ello. Le he puesto detectives porque no me fío nada de él.

 

-¿Qué es lo que has querido ser desde pequeñito? ¿Lo has logrado?

Quiero ser feliz humildemente. Sé que a la gente le jode mucho la felicidad de los demás, a veces casi hay que pedir perdón por ello. Intento no tomarme demasiado en serio, reír todos los días y no olvidar que soy hijo de una señora de la limpieza y de un campesino que en Zaragoza fue peón de albañil y tornero fresador de tercera.

 -En el poemario, hay una segunda parte: ‘Bengalas’. ¿Qué son fogonazos, epigramas, intuiciones, imágenes surrealistas?

Sí, son cositas  sueltas que uno va apuntando en libretas pensando que quizás el día de mañana se conviertan en canciones o poemas pero nunca les llega su mañana y al final se quedan en ocurrencias, aforismos, relámpagos sin tormenta.

 

Dices: “Pavese siempre. Vivir es mi oficio, soñar el beneficio”. ¿Qué le debes al poeta suicida?

Mucho porque yo estudié filología italiana para leerle. Pavese representa la gran tradición de la literatura italiana desde Dante. Sus poemas y relatos huelen a tierra húmeda, se oye el rumor del agua, es luminoso e inconmensurable como Ariosto, Ungaretti, Montale, Quasimodo. Pavese vio en los ojos de la muerte a la poesía; se podía suicidar porque había escrito unas decenas de versos inmortales.

 

Hablemos del disco. ¿Existe algún vínculo con el poemario? ¿Quizá su tono crítico, de denuncia y de crítica?

No sólo el tono crítico y de denuncia, sino es algo mas. Es poesía y canción limpia. Con los años sobra casi todo, eres mas libre. El vínculo de ambos es que he decidido que se vendan solo en pequeñas librerías, lejos de las grandes superficies y cadenas multinacionales que viven del entretenimiento electrónico. Evitando comisionistas, ambos tienen un PVP asequible y razonable. No me interesa el éxito,quiero como decía Buñuel que la gente no pierda dinero con mis películas.

 

¿Cómo es ‘El ministerio de la felicidad’? ¿Qué debería ser?

Ministerio viene del latín, minister. Significa siervo, criado. Lo menor por debajo de los magister, los maestros. Es curioso cómo se le ha dado la vuelta a la palabra y los ministros actuales son los que están robando la dignidad y recortando derechos y sueldos a los maestros, a los médicos, a todos los profesionales. El pequeño oficio de la felicidad es de lo que van casi todas las canciones del disco.Felicidad con minúsculas.La felicidad no ha que buscarla, hay que darla a espuertas y sin calculadora a aquellos que la merecen. No somos lo que vendemos como quiere hacernos creer el capital, sino lo que regalamos, como cito en el disco.

 

¿Qué sonido buscabas?

Verás, creo que cada canción tiene la vestimenta que nos pareció más adecuada y ha sido un trabajo cocinado a fuego lento, donde cada arreglo está meditado para que ni sobre ni falte. El alma del disco está en las composiciones y los textos. Éstos tienen entidad propia y la producción no ha hecho más que intentar potenciarlos y llevarme en volandas para contar ese puñado de historias con naturalidad y arrojo. Hay pura energía de rock en algunas canciones, hay sonoridades de jazz y chanson francesa, guiños a Gainsbourg, Tom Waits, Lou Reed…Hemos grabado con la guitarra original de Mauricio Aznar que nos prestó Gabriel Sopeña, una batería Radio King de 1920, un contrabajo Paztner de 1830, un órgano Hammond B3 y combinado los instrumentos más viejos con la mejor tecnología. Queríamos que el disco respirase, que crujiese, que fuese tan orgánico como los versos que salían de mis labios.  

 

 

¿Qué ha significado trabajar con un nuevo equipo y con Josu García y Santi Comet, en particular?

El disco lo ha producido Josu García, que lleva tocando conmigo desde 1996, y ha grabado en todos mis discos. Santi Comet forma parte del equipo pero debutó conmigo en 1998 como músico profesional en la gira de Cierzo y ya grabó en Buñuel del desierto hace 15 años. Parte del equipo nuevo han sido el batería Jose Bruno, la contrabajista Laura Gómez Palma y el ingeniero José María Rosillo que tienen un currículum y una excelencia como músicos impresionantes.

 

Desde un punto de vista musical, hay un cambio muy claro: pareces haber apostado por una música distinta, por un tono entre calmado y melancólico... ¿No?

Puede que la madurez y la paternidad hayan influido en que Mensaje al futuro o Mi gigante preferido, las canciones que dedico a mi hija, tengan un tono más reposado, pero quien escuche Además nos votaréis o Virgen de los peligros verá que no he perdido nada de "mordiente". Obviamente canciones como El mar color de vino, con ese tono homérico y evocador, o Una vela en la oscuridad que es una elegía, no puedes tratarlas como si fuesen la alegría de la huerta.

 

¿Qué significa el vino en tu vida? Le dedicas dos canciones...

El vino es mi infancia, las sopetas de vino y azúcar que me daba mi abuela, el melocotón con vino, el mostillo. Mi niñez y los largos veranos en Olvés, íbamos al amanecer con mi abuelo o mi padre en la mula a cuidar las viñas. Ahora esos plantaos dan exquisitas cerezas. José Luis Campos y la D.O. Cariñena contactaron conmigo y me propusieron hacer una canción dedicada a El Vino de las Piedras. Yo cogí el guante y compuse varias canciones inspiradas por una caja de caldos riquísimos. Algunas no aparecen en el disco. Les envié la maqueta de la canción, les gustó tanto al consejo de dirección que decidieron hacer de mecenas y cubrirme los gastos de la producción musical del disco. Les estoy muy agradecido.  

 

Hay una canción dedicada al ‘Ecce Homo’, pero el tono diríamos que es más bien contenido. ¿Has querido provocar o hacer un juego entre irónico y literario?

El fenómeno me hizo reflexionar, los verdaderos ecce homos fuimos nosotros, los torrentes, los morbosos que convertimos en trending topic una historia de una restauración inacabada. Sentí una inmensa empatía con Cecilia Giménez. La canción es el diálogo de la criatura con su creador. Ecce le da las gracias. Es una canción de amor. ¿Quién no se ha sentido abandonado y solo como el Ecce Homo original comido por la humedad y el abandono? Me declaro rotundo admirador de Cecilia, estuve hablando por teléfono más de horas con ella y el segundo videoclip del disco lo grabaremos juntos en Borja.   

 

¿Por qué le dedicas una especie de nana a Jean Seberg? ¿Qué ha significado para ti la actriz?

Me fascinó su belleza y su fragilidad desde que la vi de adolescente en Bonjour,tristesse y Á bout de souflee en los cineclubs zaragozanos. Me parece el contrapunto dentro del disco del personaje que no es que no pueda ser feliz sino que no quiere serlo. Su vida, su lado oscuro y atormentado, su pasión, la constatación de que el éxito y la belleza pueden conducir a la locura. 

 

La canción ‘Virgen de los Peligros’ es una canción contra los desahucios. ¿En qué medida está basada en una historia real, próxima a ti? ¿Cuál es tu visión de esa forma de injusticia y de miseria?

Es una vergüenza que el año pasado se produjesen 3500 suicidios de gente a la que los bancos y la justicia habían despojado de sus casas. Es una vergüenza que las palabras de la constitución sean papel mojado. Si nuestros políticos no pueden proteger a sus ciudadanos que se vayan al paro. Cualquier hijo de vecino con dos dedos de frente podría hacerlo mejor que ellos. La canción la compuse este verano cuando me cortaron la luz y el teléfono. Yo, como artista y persona dedicada a la cultura en este país con el IVA cultural más alto de todo el planeta, estoy entrando en esa bolsa del 28% de la población en riesgo de pobreza.

 

‘Una vela en la oscuridad’ es un homenaje a Félix Romeo Pescador. ¿Qué te dio, qué lloras de su ausencia?

Me dio, nos dio mucho, a mí la libertad de la amistad, la complicidad pero sobre todo la generosidad. No, no lloro su ausencia. Como escribo en Fast food for freaks cuando olvidas a tu gente es cuando se produce la verdadera muerte. Yo no olvido a Félix y  por ello no lloro su ausencia. Vive en mi mente y mi corazón.

 

¿Es, en el fondo, el amor el motor de tu vida, de tus canciones, de tu poesía?

Si por qué no,  resulta difícil entender que hacemos en este planeta sin amar. Amo lo que me rodea, amo el vino, las mujeres, los amigos, la lucha, la dignidad, la resistencia...y amo a mi perra y a la buena cerveza...me da miedo no amar y un día levantarme siendo una ameba.

 

¿En qué ha cambiado Petisme, el poeta, el cantautor, o podríamos decir que sigue siendo un hedonista?

La vida mas que cambio, es evolución. No he cambiado, simplemente mi capacidad de entenderme como ser humano que envejece y crece, me hace sentirme vivo. No soy un ser cambiante, soy un ser que fluye.

Y claro que sigo sintiéndome un poeta, un cantautor y porque no un hedonista porque rechazo el dolor pero mirándolo de frente, no solo el mío sino el del vecino. Soy hedonista pero no escapista.

 

 

 

ÁNGEL PETISME HOY EN VERUELA

[Esta tarde, a las 20.00, en el monasterio de Veruela, dentro del Festival Internacional de Poesía Moncayo, Ángel Petisme ofrecerá un concierto con su último álbum, ’El ministerio de la felicidad’. Recupero aquí una entrevista global sobre su carrera que se publicó, íntegra en ’Rolde’ y fragmentada en ’Heraldo’. Sirve para conocer mejor también al poeta. Y aquí dice que hay canciones que le gustan mucho como ’Una vela en la oscuridad’, dedicada a Félix Romeo.]

“Me gusta probarlo todo, conocer para amar, perder para cantar”

“Sólo hay felicidad en la sencillez y la alegría”

“El humor nos salva de la oscuridad”

 

SUMARIO:

“La música me ha permitido viajar y pisar Asia, África, América, conocer gente increíble, llenarme de la vida de otros en situaciones límite”

 

Antón CASTRO

Ángel Petisme (Calatayud, Zaragoza, 1961) es un artista especial: intérprete, compositor, poeta. Y un aragonés del mundo y un cosmopolita de Aragón, con parada y fonda en la región imaginaria de Bílbilis. Ha publicado más de una docena de álbumes, algunos tan destacados como ‘Turistas en el paraíso’, ‘Cierzo’ o ‘Buñuel del desierto’; y casi una veintena de libro, sustancialmente de poesía. La poesía y la música forman parte de un todo: de una forma de ver el mundo y de una forma de vivir, impregnado de cultura, de amor, de erotismo, de viaje, de compromiso y de solidaridad. Petisme acaba de publicar Canciones. Del corazón a los labios (Ediciones Hiperión, 2012), un volumen donde recoge los textos que se han convertido, a lo largo de un cuarto de siglo, en melodía, en grito, en afirmación obstinada de su rebeldía y de su vitalidad.  

-¿Cómo nace un cantante como tú? ¿Qué anécdotas te marcaron, qué músicas, qué intérpretes?

Poca música sonaba en mi casa cuando era niño. Debíamos tener un pequeño transistor Vanguard pegado a la oreja de mi padre para escuchar el fútbol los domingos por la tarde. Y recuerdo las cosas de la radio: La yenka, Borracho de Los Brincos, el Dúo Dinámico, Me lo dijo Pérez de Los Tres Sudamericanos y muuuuchas jotas. En fin, lo previsible. Con la televisión, las sintonías de Bonanza, El Fugitivo, El Santo, Los Chiripitifláuticos. Después pasé al canto gregoriano, al Kumbayá y Como brotes de olivo, cuando me mandaron a un internado de los escolapios, primero a Peralta de la Sal en  Huesca, y luego en el colegio Cristo Rey en Zaragoza. Recuerdo los largos dormitorios sin paredes del internado con trece o catorce años; por la noche nos ponían antes de acostarnos a Víctor Jara, Simon y Garfunkel, Labordeta y música clásica. También me recuerdo aprendiendo a tocar la guitarra con dos compañeros, Miguel Fustero y José Luis Briz (a éste último lo he recuperado por Facebook) y haciendo mis primeras canciones con 15 años: a los Monegros, la anarquía, incluso cantaba en un aragonés libresco y ortopédico. Mis padres me compraron una guitarra española en Musical Serrano que costó 15.000 pesetas con una beca que me dieron por aprobar el curso con buenas notas. Aún la conservo, bueno, se la regalé a los hijos de mi hermana y está en Mallorca.

Casi todo empieza por una guitarra...

También me veo subiendo por unos andamios y regresando de noche al internado. Yo me había echado una novia en el 77 mientras estaba en el seminario. La había conocido montando la función de teatro de fin de curso: Cargamento de sueños de Alfonso Sastre. Alguna hermana de un compañero de clase la trajo a un ensayo. Así que me escapaba al terminar las clases, íbamos a discotecas, mi canción asociada a ese primer amor era I Can Boogie de las Baccara. Esa novia luego fue vedette del Oasis. Y luego al abandonar el seminario los Sex Pistols, los Clash, Ramones y toda la avalancha de grupos británicos: Joy Division, The Cure, Aztec Camera, Echo and the Bunnymen, Spandau Ballet. Del gregoriano pasé al punk. Y de Labordeta a la nueva ola. Toda esa empanada y coctelera surrealista forman parte de mí, jajaja.     

 

-¿Cómo fueron los inicios propiamente, con la vocación ya decantada? Al principio parecía que ibas a ser un rockero con alma de showman...

Conocimos en 1983 a un manager catalán que andaba por Zaragoza; entonces mi amigo Paco Díez y yo (que tenía el bar Barrioverde en la Magdalena y con el que compartía buhardilla en la calle Espoz y Mina) andábamos ya con la idea de hacer un grupo experimental un poco en la onda de The Residents, Durruti Column y aquellas bandas que salían en La Edad de oro de Paloma Chamorro… Debutamos en mayo de 1983 en la plaza de toros de la Misericordia en un festival con grupos de la movida madrileña (Alaska y Dinarama, Aviador DRO, Polanski y el ardor, Parálisis Permanente, Derribos Arias) y dos grupos más de Zaragoza (Doctor Simon y los enfermos mentales del que saldrían Especialistas y Misión Hispana, Parkinson DC y nosotros, que nos llamábamos Qué es el optimismo?) y el bautismo de salivazos y botellas que nos tiraron fue espectacular. Luego se sumó Juan Casanovas con el bajo eléctrico, tocamos en algunos bares como La Vía Láctea, y creo que el BV 80, y nos fuimos a Madrid los tres. En 1984 y 1985 tocamos en el Rockola un par de veces; al grupo se sumó mucha gente, los optimistas éramos una tribu afterpunk y muy freak. Incluso montamos un grupo paralelo llamado Ciao, Michele con Elena, nieta de Ramiro de Maeztu (su hermana Miriam, actriz, era mi novia entonces). Tocamos en muchas salas y bares de Madrid con diferentes formaciones hasta que en el 86 Aute y Luis Mendo me convencen para que me haga solista, ya que todas las letras y músicas las escribía yo.

-¿Qué lugar ha ocupado la poesía en tu vida? ¿Qué ha sido, qué es la poesía para ti?

Fundamental, desde muy niño, empecé a escribir a los once años, devoraba toda la poesía que caía en mis manos, Machado, Tagore, Juan Ramón… La poesía completa de Miguel Labordeta, en la colección Fuendetodos, creo que la robé de la biblioteca que había en la Plaza de los Sitios, la quería sólo para mí. Luego alguien me la robó, claro. La poesía es mi cordón umbilical con el mundo, las raíces que me mantienen firme y alimentan, mi toma de tierra eléctrica con la realidad, también mi religión, mi forma de estar, de comprender el mundo y trascenderlo.

-En 1990, apareció ‘La habitación salvaje’. ¿Cómo se gestó aquel disco, qué tipo de álbum querías hacer?

Yo andaba allá por el 87 tocando por bares de Madrid temas míos con Petisme y Los Sin Techo, con Javier Vargas a la guitarra, y el sonido era muy guitarrero y cañero y yo parecía una mezcla entre Iggy Pop y Bowie, con el pelo teñido de zanahoria o rubio. Después Aute, uno de mis padrinos musicales, me pagó una maqueta de 3 temas muy comerciales para mostrarla en multinacionales. Estuve a punto de ser fichado por una de ellas pero afortunadamente a última hora se echaron atrás. Y digo afortunadamente porque aquello hubiese sido mi ruina ya que el perfil de artista que buscaban era un poco Miguel Bosé (¡ojo, respeto a todos los compañeros de profesión!). Entonces me dio por ir al zoo de Madrid, escribía pequeños poemas delante de las jaulas y poco a poco fueron creciendo y les fui poniendo música a Ardiendo en la oscuridad, Eros y Thanatos, El sueño del cazador, etc. Me compré un grabador de cuatro pistas, un ordenador Atari y un teclado y estuve casi un par de años aprendiendo a manejarme con ellos y experimentando con sonidos. Yo debía escuchar mucho a Tom Waits y Franco Battiato por esa época. También conocí a músicos de folk porque el sello que quería grabarme trabajaba con ellos. Quería hacer algo radicalmente diferente mezclando electrónica y caja de ritmos con instrumentos acústicos y antiguos como rabel, zanfona, violín, contrabajo, armónica…

-En ese álbum estaban muchos de tus temas: el amor y el deseo, el neorromanticismo y el regreso a la naturaleza, la canción himno, el diálogo sin tapujos con la cultura...

Sí, era mi primer disco en solitario y solté todo el arsenal hedonista de filias y pasiones. No guardé nada para después, jajaja. La cita que abría el disco era lapidaria, del poeta beatnik Jack Spiecer: “No veo razón para vivir si no puedo construir un paraíso en mi propia habitación.”

-Había una canción, ‘Insectos prisioneros en ámbar’, que era como una autobiografía de lecturas, de mitos y a la vez un bestiario que da una idea de gran libertad creativa y de ausencia de complejos. ¿Has intentado ser libre por encima de todo?

He hecho lo que he podido. No sé, soy capricornio, me he esforzado por ser chico bueno y someterme al rebaño pero enseguida me salía el instinto de cabra salvaje: saltar la valla del corral y echarme al monte, jajaja. He sido muy enfant terrible y rebelde toda mi vida. Respecto a la libertad, la he necesitado siempre como un valor primordial, sin ella otros valores no existen. Nunca he permitido que interfiriesen o presionasen en mi trabajo. Y eso puede que me haya creado enemigos. Sólo por respirar y salir a la calle ya te los granjeas pero a la gente le molesta mucho que vayas a tu aire. Seguro que he metido la pata muchas veces y habré ofendido involuntariamente. Pido disculpas si me leen ahora. No soy cerril ni rencoroso.         

-‘Turistas en el paraíso’ fue una apuesta por el pop más lírico y refinado.

Yo diría más rockero que pop, eran letras muy trabajadas, con imágenes casi como fotogramas o juegos surrealistas, donde dominaba la pasión pero ya aparece la mirada al dolor del mundo en temas como Belchite, Sueña conmigo o  la infancia, la inocencia perdida y el paisaje aragonés en Los trenes de septiembre o Trae contigo la lluvia. Conseguimos con la producción un halo de frescura y mucha fuerza. Ahí fue importante la amistad con Pedro Navarrete, de Teruel, (luego Santiago Auserón le llamó para Radio Futura porque yo les había presentado en el 83). Ahí volví a la formación de cuarteto de rock, estuvimos ensayando y arreglando en el local las canciones  antes de grabarlas.

-‘El Singapur’ era, en la línea de Battiato, un viaje físico y un viaje simbólico.

Puede que sí, algunas canciones las escribí en Chile en 1993. Recuerdo un concierto improvisado que dimos Mauricio Aznar y yo para turistas japoneses, tumbados con una botella de cachaça en el suelo del aeropuerto de Sao Paulo, porque se había estropeado el avión que nos traía de vuelta de Santiago a Roma. Está escrito durante la crisis de 1993-1994 y me impresionó mucho el hambre de belleza, canciones e imaginación que tenían en Chile (donde aún tutelaba Pinochet y el ejército), en general en toda Latinoamérica, respecto al cansancio de la vieja Europa. En ese disco comencé a componer  con acordes de séptima mayor muy propios de la música brasileira y salió Te amo, esclavo. Hay canciones dulces y evocadoras  como Los ríos de Venus o Amor y cartografía que escribimos Gabriel Sopeña y yo, pero también temas apocalípticos, duros y reivindicativos como Bailando en campos minados, Ciudades y mujeres, Llegan los bárbaros o Quién de mí. Había muy buenas canciones pero la producción fue accidentada y no me dejaron elegir al productor.  

 -Con el paso del tiempo, tengo la sensación de que tu mejor disco, un hito, es ‘Cierzo’. ¿Cómo lo defines: es tu mirada hacia Aragón, una narración que aspira a la totalidad en forma de canciones, la afirmación de una identidad, acaso un destello de la nostalgia?

Yo abandoné Fonomusic y el mundo de las discográficas tras El Singapur, cuando me propusieron presentarme al festival de Benidorm y se había medio pactado que lo ganaría. Fue cuando les dije que el día que quisiese suicidarme lo haría en privado y me di cuenta que no pintaba nada en la pura industria musical, que mi rollo no era ése. Estuve casi decidido a tirar la toalla y entonces salió Cierzo que es mi entrada en la madurez, en la órbita de Saturno. Lo compongo con 35 años, ahí está la pérdida de la juventud y por tanto de la inmortalidad, la presencia real de la muerte en Golpes de mar, Julieta, No somos nada, el amor ya no desbocado en Necesito de tu magia. Y supongo que también de esa crisis personal, de sentirme perdido, yo me inventé mi Macondo, ese viejo solar en Saturno que era pero no era Aragón. Recuerdo que me saltaban las lágrimas mientras componía y cantaba las estrofas de “Somos los hijos del cierzo, pinturas negras del cierzo…”     

-¿Cómo has mantenido el tono narrativo y el tono lírico y evocador? Pienso en canciones como ‘El Oasis’ o ‘Donde muere la carretera’.

No estoy dotado para la ficción, me cuesta mucho. Tengo una voz más lírica, pero creo que soy buen memorialista, por eso en las canciones con cierto tono  autobiográfico no me cuesta narrar.

-¿Que pretendías hacer con ‘El Tranvía Verde’: un himno, un canto coral, una vindicación de la historia de Aragón?

Lo medio compuse en Portugal, en el verano del 95, sentado en la terracita de mi hostal que daba a los tejados y las calles de Oporto, viendo los tranvías que bajaban o subían hacia el Duero. Eso me transportó a la línea 29, el tranvía que cogía en las Balsas del Ebro Viejo para subir a los escolapios del Cascajo. Jamás pretendo nada cuando hago una canción y menos escribir himnos. Salió así. Hay como una invitación a la autoestima, a subirnos todos a ese carro volador, a querernos y cuidarnos mucho, a descubrir lo grandes que hemos sido y podemos ser.

¿Cuál ha sido la importancia del humor en tus canciones?

El humor nos salva de la oscuridad, de la extrema lucidez. Los sabios tienen que aprender a reírse de sí mismos y no tomarse demasiado en serio, si no, sufres y te devoras demasiado. Sólo hay felicidad en la sencillez y la alegría. El humor y la risa nos hacen inteligentes, son un espejo para que la muerte se mire en él y salga huyendo. Cuando veo que me pongo estupendo y plasta en una canción siempre me gusta meter algún detalle, alguna chispa irónica o somarda, algún juego de palabras que te ayude a relativizar y sonreír.

Hay también una exaltación de la vitalidad, de la alegría, del sexo salvaje... ¿De qué se alimenta un artista como tú?

No tengo kriptonita. La fuerza y la rasmia para levantarme cuando caigo y la pasión para gozar de cada instante me la regalaron mis padres en sus genes. Me gusta probarlo todo, conocer para amar, perder para cantar. Soy un politoxicómano de todo, de libros, películas, mujeres, tragos, de la vida. Mi viagra natural es el jengibre, un buen antibiótico para las cuerdas vocales y lo chupo despacito antes de salir a cantar; es un afrodisíaco además. Y nada mejor para tocar la vida, el cielo y beber zumo de flores
salvajes que tener un hermano pequeño juguetón, un Don Braulio, y una mujer hermosa con la sonrisa de Jean Seberg y un culo tatuado con un edelweiss que sepa llenarte de alegría.

Rindes homenaje a Luis Buñuel y al río Ebro. ¿Por qué?

Buñuel es la imaginación, la libertad creativa absoluta, la independencia, el valor de los sueños, el juego, el Rh  aragonés por excelencia: individualista, universal, terco, ilustrado. Me apasiona su cine y fui muy feliz preparando y haciendo ese disco. Río ebrio lo grabé en 2008 en el laboratorio de sonido del Centro Cívico Delicias, fue el último disco que se grabó allí, yo regresaba al atardecer a casa de mis padres dando un largo paseo y cruzaba por el puente de la Almozara. De niño jugábamos en las huertas de Ranillas, robábamos fruta y nos bañábamos en el río donde empezaba la Química. También me encantó buscar mi primera escuela en la calle San Pablo, la casa de la calle San Blas donde dormíamos mis padres, mi hermana y yo en la misma cama y mi madre sonámbula escribía quinielas en las paredes de cal. Por eso escribí canciones como El pozo de San Lázaro o Tierra roja.

En los últimos tiempos, en los últimos álbumes, tu música y tus canciones han evolucionado hacia el compromiso, a la defensa de los desheredados...

Creo que es una imagen distorsionada de mí. Si te fijas,  Metaphora  tiene 15 temas y sólo había una canción contra el trasvase Rasmia y una versión cañera que grabé con Labordeta del Canto a la libertad. En Amor entre las cuerdas sólo hay eso, amor. Río ebrio tiene 13 temas y sólo Rachel Corrie habla del conflicto palestino israelí. Y el último de 2010, Under woood songs, son 15 canciones inéditas que había compuesto entre 1987-1989, no hay ni una sola que se pueda calificar de comprometida, en el sentido del que hablamos. Probablemente mi activismo pacifista desde 2002 con los viajes a Iraq, Palestina, los campamentos saharauis, han podido crear ese espejismo y yo como artista no me he preocupado por separarlos o no he sabido aclarar mi postura.

De todas formas, y para zanjar este tema, hay personas que se creen muy modernas y les produce urticaria la palabra compromiso. Tener un hijo, educarlo, elegir una carrera, enamorarte, salir a la calle a buscar trabajo: todo es compromiso menos la muerte. Ser real es estar prometido a algo. De la piedad, de la compasión, del interés por el dolor de alguien que no es pariente nuestro, nacen el compromiso y la solidaridad. Y se puede ser radicalmente  moderno y a la vez lleno de humanidad. 

Sí que he escrito libros en los últimos años muy testimoniales, con una mirada casi de periodismo poético como El cielo de Bagdad, Insomnio de Ramalah, La noche 351…Pero ¿qué vas a hacer si vienes de los límites de la vida, donde nadie sabe si al día siguiente tendrá techo, comida o seguirá vivo? ¿Callártelo o contarlo? Labordeta me decía en los días del No a la guerra, del Prestige y la amenaza del trasvase que no había que tener miedo al panfleto y a hablar bien claro con la que estaba cayendo. Vivimos el día de la marmota, todo eso se está volviendo a repetir.  

 ¿Hay alguna diferencia entre un poema que se hace canción y un poema que solo aparece en los libros? ¿Cómo se relacionan el poeta y el músico?

La poesía y la canción son dos oficios artesanales y de riesgo, dos géneros y disciplinas tan distantes como la pintura y el cine. Ambas trabajan con imágenes pero tienen diferentes movimientos, técnicas y lenguajes. Una canción suele durar alrededor de 3 minutos por imposición de la difusión en radios, suele tener un lenguaje más sencillo y popular, van dirigidas a audiencias más masivas y una estructura repetitiva de estrofa, estribillo y puente. El poema contemporáneo suele ser en verso libre y con un ritmo más interno que formal, tiene más libertad de extensión y temas.

Hay poemas que no tienen una vocación oral, que fueron escritos para ser leídos en la intimidad y complicidad de un tú lector y un yo poeta. Hay otros sin embargo que se escriben con afán de trascender, de gritar, de buscar más eco y público. Puede haber vasos comunicantes entre ambos y hemos conocido a poetas como Machado, León Felipe, Quevedo, Neruda, Allan Poe, Dylan Thomas gracias a muchos autores cantantes. El poeta trabaja sólo con las palabras y más en soledad; a veces peligrosa porque te  desconecta de la calle. Esto exige una disciplina y una concisión que la canción no te pide. El oficio de cantar es muy colectivo, intervienen músicos, técnicos, mánagers, discográfica, distribuidores hasta que llega a la gente. En música trabajas con el texto en un 50%, el otro es melodía, ritmo, armonía.

 

Por cierto, ¿para qué sirve una canción?

Me lo pones fácil. En La última canción el estribillo dice: “De qué sirve una canción si no te hace temblar, de qué sirve una caricia si no hay electricidad”. Las canciones son pequeñas lecciones de vida, bálsamos, pócimas mágicas para ver -cuando los antivirus no funcionan y te viene el bajón- los vasos medio llenos y seguir levantándote cada mañana con ilusión.

Miras el libro, más de 200 páginas, más de un centenar de canciones, diez álbumes... ¿Cómo ves tu carrera?

Si tuviese que juzgarla desde fuera, y sólo como cantante, diría que ha sido irregular. Aunque he trabajado mucho y hay más de 200 canciones inéditas que no he grabado y no aparecen en el libro. Pero yo soy más indulgente conmigo mismo porque quería mantener mi vocación de escritor y seguir publicando libros a la vez que discos, que no estaba dispuesto a sacrificar una de ellas y si tenía un gran éxito o me dejaba llevar, al final me sentiría frustrado. En todo caso, en los últimos años he invertido más tiempo y apostado por el poeta. Piensa que desde 2008 he publicado seis libros, he ganado algunos premios de  prestigio, he vuelto a Hiperión y sólo dos discos.

En este momento del camino, has cumplido 50 años, ¿podrías decir quiénes son y quiénes han sido tus maestros...?

Maestros del cine, la literatura, la fotografía, la pintura: infinitos. En música sigo escuchando a diario a Elvis Costello, REM, Neil Young, Radio Futura, los Doors, Billy Bragg, Dylan, Caetano Veloso, Paolo Conte, Jacques Brel, Lucio Dalla, David Silvyan, Vinicio Capossela, Richard Hawley, Tom Waits, Dead can dance, Nick Cave… Y también descubro artistas nuevos como Matt Elliot, The Swell Season…  

¿Cuál es tu propia canción favorita? ¿El tema dónde estás más tú, el que evoca un instante irrepetible, el que musicalmente te parece el más feliz?

Los nadadores, Golpes de mar, Los sueños se revelan, Necesito de tu magia. Me gustan mucho canciones nuevas que he compuesto hace poco como Un millón de tiritas o Una vela en la oscuridad que está dedicada a Félix Romeo. Esta última me puse a escribirla como un tema de amor pero a los cinco versos sentí que alguien me estaba dictando al oído, y era Félix con su vozarrón, que me llamaba Petismón cuando nos juntábamos en Madrid. Y fue muy hermoso, irrepetible, el momento en que la escribí. Félix me dictó esa canción para que nunca le olvidase y abandonase, una canción bálsamo para que yo pasase a otra fase del duelo, más serena y luminosa.      

¿Qué canción o canciones te habría gustado componer, qué álbum?

¡Serían tantas! Ahora te digo unas y mañana serían otras. Who by fire de Leonard Cohen, My generation de los Who, By this river de Brian Eno, A Hard Rain’s a-Gonna Fall o Knocking on heaven doors de Dylan, La javanaise de Gainsbourg... Álbumes completos: Rain Dogs o Closing Time de Tom Waits, Coles Corner de Richard Hawley, todo el Ne Me Quitte Pas de Brel, cualquier disco de Daniel Lanois….

Rescátanos algunas anécdotas muy especiales: ¿qué es lo más bonito que te ha ocurrido en la música?

La música me ha permitido viajar y pisar Asia, África, América, conocer gente increíble, llenarme de la vida de otros en situaciones límite. Gente que te escribe y te dice que cuando murió su abuelo pusieron en el acto de incineración Golpes de mar, conoces a un niño que se llama Noé porque a sus padres les encantaba mi canción Hola Noé! Un fan me pidió si podía ir a su boda y cantar en misa Yo cuidaré de ti como regalo para su esposa. Hace unos días me escribieron desde la capital de Tajikistán unos fans de Vitoria que iban de cicloviajeros haciendo la antigua Ruta de la Seda, sin ningún trasto para escuchar música, canturreando canciones mías por el valle del Surjandarya  en Uzbekistán. Creo que esos instantes de felicidad justifican tu paso por este mundo y hacen que todo haya valido la pena.

FERNANDO LUCINI ESCRIBE DE 'LAS UVAS DULCES' DE MARÍA J. HERNÁNDEZ

[Fernando Lucini, uno de los grandes especialistas en canción de autor, escribe del nuevo disco de María José Hernández, ’Las uvas dulces’, basado en canciones y poemas de José Antonio Labordeta y a la vez repasa la trayectoria del cantautor fallecido en septiembre de 2010. He conservado el formato de su página...]

http://fernandolucini.blogspot.com.es/2014/07/las-uvas-dulces-de-maria-jose-hernandez.html

’LAS UVAS DULCES’ DE MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ:

UNA BELLA DECLARACIÓN DE AMOR

Y DE ADMIRACIÓN A JOSE ANTONIO LABORDETA

Maria José Hernández. (Fotografía de Juan Miguel Morales)
MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ, cantautora aragonesa, acaba de publicar su último disco titulado «LAS UVAS DULCES» en el que interpreta trece canciones de JOSÉ ANTONIO LABORDETA«Este disco –nos dice– no es un disco homenaje, ni un recopilatorio, es mi manera personal de manifestar el profundo respeto y admiración que siento por un hombre excepcional que supo como nadie ponerle voz a los sin voz, y estremecernos con cada una de sus palabras».

A este nuevo disco –nuevo e imprescindible– María José le ha puesto como título el nombre de uno de los poemas más hermosos de José Antonio. Quizá no es uno de sus poemas más conocidos; pero, sin lugar a duda, es uno de los que nos desvelan –con evidente claridad– su gran sensibilidad y su calidad literaria. El poema se titula –como el CD de María José– "Las uvas dulces" y curiosamente Labordeta lo musicalizó y cantó en dos de sus discos con distintos arreglos musicales: Primero en 1981, en el disco "Las cuatro estaciones", y, doce años más tarde, en "Canciones de amor" (1993). (También está incorporado en el doble CD "Canto a la libertad"(2010) en el que tuve el placer de participar).
Antes de continuar comentando esta joya musical que María José Hernández nos ha regalado, creo que puede ser interesante –como pórtico– recordar y recuperar el poema-canción "Las uvas dulces" en la voz de Labordeta. Podemos hacerlo a través del enlace de "goear" que aparece debajo de la siguiente fotografía.


http://www.goear.com/listen/b0c01b9/las-uvas-dulces-jose-antonio-labordeta

«Cuando las uvas dulces
van por el aire,
el otoño revienta
de parte a parte.
Y sobre el corazón
que lo contempla
nacen palomas blancas
¡qué alto vuelan!.

Palomas que son hojas
y pensamientos
que, a la vera del cielo,
se van muy lejos.
Lejos como las tardes
de aquel verano
que entre solanas altas
tomé tus manos.

Tus manos son ahora
como nostalgias
que las brumas de otoño
me traen a casa.
A mi casa, cobijo
de la esperanza
de verte en los cristales
de mis ventanas.

Ventanas que se abren
hacia el principio
de tu rostro ensoñado
por los caminos,
veredas y paisajes
donde ambos fuimos
bebiéndonos la vida
hasta el olvido».

"LAS UVAS DULCES", nuevo disco de MARIA JOSÉ HERNÁNDEZ, nos ofrece 13 canciones que también "van por el aire", y que son como "palomas blancas que vuelan sobre el corazón de quien las escucha" –¡qué alto vuelan!–. Un bellísimo disco del que me gustaría destacar, en primer lugar, que ha sido un trabajo de cuidadísima selección por parte de María José sobre la extensa obra cantada del José Antonio. 
 Soy testigo de que María José ha escudriñado, canción a canción, toda la obra del gran cantautor aragonés –maestro de cantautores– dándole vuelo y libertad a sus propias emociones y a su sensibilidad a la hora de ir seleccionando cuáles de esas canciones compondrían su nuevo disco. En ningún momento María José se ha sentido tentada a cantar lo fácil, lo más conocido de Labordeta –y quizá por eso lo más comercial–, ¡no!...; María José ha buscado en la canciones del "maestro" la belleza, la emoción, la grandeza humana, los latidos y los sentimientos de aquel hombre tan vital, tan tierno, tan bueno, tan comprometido, tan divertido y tan radicalmente honesto. Y así fue naciendo "Las uvas dulces".


El resultado de ese minucioso y apasionado trabajo de María José, sobre la obra deLabordeta, ha producido en "Las uvas dulces" un doble y feliz resultado que me gustaría también destacar.
Por una parte, nos encontramos ante un disco que es una auténtica fotografía sentimental y humana de José Antonio...: ¡Es él mismo en trece canciones!... ¡Completo!... Como era y como le amábamos  –y le seguimos amando–: el hombre solidario, el eterno buscador de la libertad, el caminante esperanzado, el inconformista radical contra la injusticia, y el gran amante, el cantor que ha creado unas de las más bellas canciones de amor que se han compuesto en nuestro país.
Permitidme que haga uno recorrido por las canciones que Maria José ha incorporado a su disco siguiendo el itinerario temporal en el que José Antonio las fue incorporando a los suyos. Es elocuentemente hermosa –yo diría que impecable– la selección queMaría José ha realizado. Veamos:
• "Rosa Rosae" y "Caminaremos" de "Cantes de la tierra adentro" (1976).
• "Abrí todas las puertas" de "Que no amanece por nada" (1978).
• "Quién te cerrará los ojos" de "Cantata para un país" (1979).
• "Qué queda de ti, qué queda de mí" de "Qué queda de ti, qué queda de mí" (1984).
• "Mar de amor" de "Aguantando el temporal" (1985).
• "Guárdate" de "Qué vamos a hacer" (1987).
• "Nieve en abril" y "Con tu voz" de "Trilce" (1989)
• "Devuélveme" y "Si fueses como la aurora" de "Canciones de amor" (1993)
• "No me digas ahora" de "Paisajes" (1997)
• "Nadie", último poema de José Antonio musicalizado por María José.

Por otra parte, es claro e incuestionable, que todo ese tiempo, toda esa atención, todo ese respeto y todo ese cariño puestos por Maria José sobre la obra de Labordetaantes de grabar el disco, se han traducido en unas versiones verdaderamente hemosísimas –apasionadas– y maravillosamente interpretadas. 
Nos encontramos ante un disco bellísimo en el que también han intervenido Gonzalo Lasheras en la producción y dirección musical, y un formidable equipo integrado porSergio Marqueta (piano), Daniel Escolano (contrabajo y violonchelo), Julio Calvo(guitarra eléctica y mandolina), Joaquín Pardinilla (guitarra acústica) y Gonzalo Lasheras (guirarra acústica y eléctrica, pandereta y shaker). Destacar también la colaboración en el diseño y la imagen de Marta L. Lázaro, Juan Miguel Morales, Beatriz Pitach y Javier Polo.
Y voy concluyendo este "cuegue". Voy a hacerlo utilizando las mismas palabras con las que pienso iniciar la presentación que hoy mismo voy a escribir de MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ para su "cancionero" –elaborado por José Luis Martínez– del que ya podemos disfrutar en ese maravilloso portal y diario digital de la música de autorllamado http://www.cancioneros.com/ que dirige mi buen amigo Xavier Pintanel:

«A María José hace tiempo que la conozco a través de sus discos y de sus canciones. Recuerdo que la primera persona que me habló de ella fue José Antonio Labordeta, me dijo, más o menos, «no pierdas ni de vista –ni, por supuesto, de oído– a esta chica; ya verás como canta y como compone»... Fue en 1997, cuando me dió su disco"Paisajes" en el que interpretaba, a dúo con María José, la canción "A veces te descubro".

«A veces te descubro
en el pequeño amanecer del viento,
en la frágil virtud de aquel objeto
o contra la temible impunidad del cielo:
A veces te descubro,
pero nunca te encuentro...
Si te encontrase un día
¿qué sería del mundo
y de mi vida?».

Recuerdo que aquella voz y su forma de cantar me impresionaron –¡hermosísimas!–. Poco tiempo después fue él mismo José Antonio quien me regaló el primer disco de Maria José"La línea del cielo", producido por Luis Delgado...».

 

ESTHER LAFUENTE PUBLICA UNA 'GUÍA PARA ENTENDER LA MÚSICA MODERNA'

Las claves de la magia de la música

 

Esther Lafuente publica ‘Guía para entender la música moderna’, donde analiza la historia, los discos y los intérpretes de 23 estilos

 

LA FICHA

Guía para entender la música moderna. ‘Un recorrido didáctico por los estilos musicales de nuestro tiempo’. Esther Lafuente González. Ilustrado con fotografías. Doce Robles. Zaragoza, 2014. 255 páginas.

 

Los libros nacen de la manera más inesperada. A veces, tras un manojo de fichas de trabajo para los alumnos de percusión. Esther Lafuente González (Zaragoza, 1966) es batería (integró grupos como Mestizos, Dos Lunas, Deveró o Dos Pasos), y es profesora en la Escuela Municipal de Música y Danza. Impulsada por las urgencias del aula, percibió que no existía una ‘Guía para entender la música moderna’ y durante cinco años redactó una que subtitula como “un recorrido didáctico por los estilos musicales de nuestro tiempo”.

El libro lo ha publicado Doce Robles y lleva un prólogo de Patricia Godes, que lo define como “un trabajo minucioso y completo, llevado a cabo con rigor y profundidad que va a ocupar un sitio de honor en nuestras estanterías y en nuestras mesitas de café. Ahora y durante muchos años venideros”. Patricia Godes y Juanjo Blasco ‘Panamá’, crítico de HERALDO, han sido dos de los asesores de una mujer laboriosa “que no se considera una especialista” y que ha trabajado en equipo con mucha gente: periodistas, productores, músicos, profesores, etc. “He buscado un cierto consenso nada fácil”, confiesa.

El libro recoge 23 estilos distintos, desde el blues hasta la world music. “El viaje tiene un sentido circular: África en el punto de partida y de retorno”, explica Esther Lafuente. Aborda, además de los citados, el jazz, el country, en rock & roll, el folk, el pop, el soul, la bossa nova, el rock, los cantautores, el funk, el hard rock, la salsa, el rock progresivo o sinfónico, la música disco, el reggae, el punk, la new wave, el hip hop, el flamenco, la música electrónica y el rock alternativo.

En cada capítulo sigue el mismo método. Realiza una introducción y describe los precedentes y el contexto social e histórico; analiza las características y las tipologías. Y en cada capítulo se arriesga y propone cinco nombres capitales. Además, para enriquecer el libro y ensanchar el campo de incitaciones, cita otros nombres del mundo y de España, e incorpora dos elementos novedosos: la sección ‘Los 10 temas esenciales de...’ (donde figuran críticos de HERALDO como Matías Uribe, Juanjo Blasco y Gonzalo de la Figuera; músicos como José Luis Arrazola, Joaquín Carbonell o Sho Hai; productores como Chema Fernández; programadores como Lluis Lles; DJ como Lord Sassagras, etc.)  y una selección cinematográfica, “que me sugirió mi hermano Javier, editor de Doce Robles, que es una gran enamorado del cine”, dijo Esther en la presentación del volumen.

No se acaban aquí las aportaciones: en cada estilo hay una selección de veinticinco discos esenciales “que definen un apartado imprescindible para entender la música. Grabaciones que marcaron una generación, portadas históricas, discos conceptuales”, señala Esther Lafuente. El libro, antes de la bibliografía final, añade una nómina de “los 50 discos que no deberías perderte” que han nacido de una encuesta entre los profesores de la Escuela Municipal de Música y Danza. “Han tenido en cuenta diferentes criterios: históricos, didácticos, de calidad, instrumentales y también sentimentales”, matiza Esther. Entre álbumes como ‘Kind of Blue’ de Miles David, ‘So’ de Peter Gabriel, ‘Transformer’ de Lou Reed o ‘Moondance’ de Van Morrison, aparece ‘De un país en llamas’ de Radio Futura, banda liderada por el zaragozano Santiago Auserón.

Un repaso del conjunto revela infinitos matices y curiosidades. Cada capítulo arranca con una frase. En el de jazz, se recoge esta frase de Miles Davis: “El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos”. A propósito del flamenco, el guitarrista Manuel Sanlúcar dijo: “La música es una casualidad. Lo primero es la angustia”.

Al respecto de los estilos podemos leer referencias muy variadas. En la sección de jazz se dice que “si la música clásica consagra a los compositores, el jazz lo hace con los intérpretes. No es el ‘qué’ tocan sino el ‘cómo’ y así lo demuestra el gran número de versiones diferentes que existen sombre un mismo estándar de jazz”. Para Esther Lafuente, aquí los cinco grandes son Louis Armstrong, Duke Ellington, Billie Holiday, Miles Davis y John Coltrane.

En el apartado de pop se dice que este estilo “refleja la modernidad, el momento presente, a la vez que rescata formas del pasado. La música de los 50 y 60 siempre ha sido la inspiración para los músicos posteriores (...) Las letras de las canciones reflejan esta ideología de lo cotidiano con claridad y sencillez, a veces con pinceladas de humor y toques infantiles. El amor sigue siendo el tema principal”. La autora exalta, en esta sección, a Phil Spector, The Beatles, The Beach Boys, The Kinks; a Michael Jackson y Madonna los llama “reyes del pop”. Si nos vamos al rock, los cinco elegidos son The Doors, Jimi Jendrix, The Rolling Stones, Bruce Springsteen y David Bowie.

La autora ha señalado que la ‘Guía para entender la música moderna’, ese laberinto de sonidos en el tiempo y en la emoción, quiere ser didáctica y entretenida y contagiar el espíritu y la magia de la música.

 

*Este artículo aparece hoy en Heraldo, en la sección de Cultura.

 

 

NACE EL INSTITUTO GASPAR SANZ

La Fundación Quílez Llisterri se dedica al fomento de arte y cultura en el Bajo Aragón. Ha impulsado la creación del Instituto Gaspar Sanz, centro de estudios musicológicos, dedicado a la creación de un Festival Gaspar Sanz dedicado a la guitarra barroca. Este año el Festival se iniciará el día 14 de Junio en Calanda, localidad natal del músico, con una conferencia inaugural y un primer concierto con la participación de Álvaro Zaldívar y  Xavier Díaz-Latorre. El Festival continuará en octubre con dos conciertos más. Colaboran de manera decidida en el Festival, el Ayuntamiento de  Calanda y la Comarca del Bajo Aragón.

En nuestra página web se da noticia más amplia del Festival y del Instituto. Aunque algunas instituciones musicales ostentan el nombre o hacen referencia a nuestro Gaspar Sanz, no nos consta que exista en Aragón ni en el resto de España, un centro dedicado al estudio y difusión  de su obra. El director del Instituto es Thomas Schmitt, profesor y musicólogo de la Universidad de la Rioja y experto estudioso de la guitarra  barroca.

*** 

El Instituto Gaspar Sanz (IGS) se propone recuperar el legado o patrimonio del pasado relacionado con el músico calandino Gaspar Sanz. Se trata, sobre todo, de difundir la obra de este maestro y sus contemporáneos a través de conciertos y de otras actividades que iluminen el trasfondo socio-cultural de su obra.

El eje es sin ninguna duda la enorme figura de Gaspar Sanz, y no sólo su repertorio sino, en general, la música instrumental (para guitarra o no) del siglo XVII, a nivel de interpretación y también de reflexión teórica. Como muestra de nuestros propósitos se han programado para junio de 2014 dos actividades:

La conferencia inaugural con el título ‘Del impreso al hombre: el misterioso gentilhombre Gaspar Sanz’ correrá a cargo de Dr. Álvaro Zaldívar que pretende aclararnos la repercusión de la figura de Gaspar Sanz no sólo en su época sino también en siglos posteriores.

Por otra parte tendremos el placer de escuchar un concierto a cargo del especialista en música antigua Xavier Díaz-Latorre dedicado a la música de Sanz y su contemporáneo Francisco Guerau, valorados ambos como los mejores representantes de la música para guitarra en el siglo XVII.

 

-http://gasparsanz.org/index.php/festival-de-guitarra-barroca

 

-La foto de Xavier Díez-Latorre la he tomado de aquí: 

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e5d3a1d4a39ab948a40962eaf7542167.jpg

 

 

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, ESTA NOCHE EN ARBOLÉ, CON 'IMPERFECTO'


[Esta tarde del viernes, a las 21 horas, en el Teatro Arbolé, Tuco Requena presenta su nuevo disco, 'Imperfecto', que ha editado con gusto y con mucha profesionalidad en un USB, en un pendrive. Es un disco más sereno, con sus ecos habituales de rumba, menos humorístico que otros pero igualmente entrañable y hermoso. He conversado con Tuco y me cuenta que esta es una de sus intenciones:]
"Con la música busco expresarme, dar salida al ego que llevo dentro y sobre todo divertirme. La melodía me parece mágica porque posee el don de la conexión con la gente. El Pop es el género que mejor lo ha entendido. Una bonita melodía es una herramienta de conexión brutal con el receptor y conseguir eso tiene muchísimo mérito porque es hacer casi magia. Esto, algunos no lo entienden, pero es una realidad aunque no guste. Por otra parte, con las letras busco que la gente piense, que se haga preguntas. Es la única manera de intentar alimentar el espíritu y de contribuir a no crear zombies culturales".

PILAR BAYONA: UNA MUJER INOLVIDABLE AL PIANO

PILAR BAYONA: UNA MUJER INOLVIDABLE AL PIANO

Pilar Bayona (Zaragoza, 1897-1979) poseía una “insaciable curiosidad musical”, tal como escribió Federico Torralba, una absoluta pasión por la música y una memoria prodigiosa, que la llevaba a realizar conciertos incomparables, llenos de riesgo, de sutileza y de energía interpretativa. Perteneció a la Generación del 27, y tocó en la Residencia de Estudiantes, con Gerardo Diego y con Federico García Lorca; este, fascinado con su talento, le dedicó el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ con sumo afecto. Desarrolló, con tanto fervor como intensidad, una espléndida carrera sin renunciar nunca a residir en Zaragoza y a participar en la vida cultural de la ciudad a través de sus numerosos conciertos y de su vinculación con la Sociedad Filarmónica, el grupo ‘Sansueña’ y Radio Zaragoza, donde solía tocar con mucha frecuencia.

Pilar Bayona fue la pianista de Zaragoza por excelencia: cabe decir que optó por quedarse en su ciudad, por impartir clases en ella y en el Conservatorio de Pamplona. Visitaba, casi todos los días el Pilar, como un rito íntimo, con su hermana Carmen. Fue una mujer menuda y hermosa, de cabello rizado y rubio, que despertó diversas pasiones: desde Luis Buñuel, que estuvo enamorado de ella un año o dos, hasta José Camón Aznar, Luis García-Abrines o el periodista Manuel Casanova, director de HERALDO. Tenía la facultad, casi inconcebible, de atrapar la música al vuelo: la atrapaba, la retenía y luego la interpretaba con frescura y viveza como si hubiera estudiado horas y horas aquella literatura. Joaquín Turina la calificó como “maestra del decir, de sonoridades exquisitas”.

Se ha dicho una y mil veces que con Luis Galve y Eduardo del Pueyo formó esa trilogía de magníficos intérpretes de piano que ha dado el siglo XX en Aragón. Los tres eran muy distintos y grandes amigos: Del Pueyo fue un reconocido profesor desde Bruselas y un sólido pianista de Beethoven, entre otros; Luis Galve realizó una importante carrera profesional que le llevó a desplegar tres mil conciertos a lo largo de más de 60 países. Y Pilar lo hacía casi todo: deslumbraba con sus repertorios, igual tocaba con primor a Guridi, Granados, Esplá o Albéniz, a quienes grabó, que a Debussy, Cesar Frank o a Maurice Ravel, al que conoció y trató en Zaragoza.

 

El vuelo libre de la música

Nacida en Zaragoza en 1897, Pilar Bayona demostró muy pronto un talento especial hacia la música. Asistió a las clases de los hermanos José y Ángeles Sirvent y actuó, con cinco años, en un festival benéfico patrocinado por el monarca Alfonso XIII. Hizo su presentación a los diez años en el Teatro Principal con el cuarteto Ballo. Y a partir de ahí, con doce años, inició su carrera de concertista. Apostó por la música española contemporánea, muy especialmente, y realizó giras por distintas ciudades, sola o en compañía del violinista Manén. En la segunda década del siglo XX creció, perfeccionó su técnica y estableció numerosos vínculos con los compositores nacionales: desde Usandizaga a los Halffter, Mompou o Esplá, aunque tocaba a los rusos, a los impresionistas y a Mozart.

Algunos le dedicaron sus partituras y soñaron con que ella tocase sus obras. Actuó en Stuttgart y Berlín en 1924 y en 1928 estrenó el ‘Concierto valenciano’ de López Chávarri e incorporó a su repertorio al maestro Mingote. Poco a poco, iría cobrando fama y sería requerida por doquier: por fotógrafos, por los poetas del 27, entre ellos su paisano Tomás Seral Casal, por artistas (Sanz Lafita, Honorio García Condoy, Javier Ciria, Bayo Marín; después Guillermo o Paco Rallo), y estaría presente en la foto legendaria del grupo del 27 que rindió homenaje a Hernando Viñes.

Tras la Guerra Civil, continuará su quehacer: tocará en toda España, en distintos lugares de Francia, Portugal y Marruecos. Entrará en contacto con con el poeta y crítico de arte Juan Eduardo Cirlot, entonces músico y soldado en Zaragoza, que le dedicará dos composiciones y su libro ‘Pájaros tristes’, y con Julián Gállego, Alfonso Buñuel o Eduardo Fauquié, entre otros. Grabaría ‘Iberia’ de Albéniz, siete de las doce piezas, y dejaría en todos los foros una impresión de mujer de talento apabullante. Pilar Bayona fue una pianista apasionada, personalísima e incansable. Fue agasajada una y otra vez por su ciudad, con una calle, con el título de Hija Predilecta e incluso con el premio San Jorge.

En noviembre de 1979 dio su último concierto en el salón de actos de la CAI. Fue un recital vibrante, ya padecía escoliosis y andaba levemente encorvada. ¡Nadie lo habría dicho! Muy pocas semanas más tarde, al cruzar la calle, un coche se la llevó por delante y murió pocos días después. En 1981 Plácido Serrano recuperó algunas de sus grabaciones en un disco y en 2004 las Cortes de Aragón, en colaboración con el Archivo Pilar Bayona –que dirigen su sobrino Antonio Bayona y Julián Gómez-, organizó la muestra ‘Pilar Bayona. La pasión de la música’. El Auditorio de Zaragoza le rinde un homenaje con un ciclo que lleva su nombre y con un concierto internacional específico, cada trece de diciembre, que coincide con la fecha de su muerte.

 

*La foto es de Ducker y pertenece al Archivo Pilar Bayona.

 

ADIÓS A JOSÉ ANTONIO NOAIN

ADIÓS A JOSÉ ANTONIO NOAIN

 

María Ruiz-Calvente, gran amiga y antigua alumna de José Antonio Noain, hermano de La Salle que tradujo las memorias de Rubinstein, al que le publiqué una entrevista en HERALDO: http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/artes_letras/rubinstein_fue_musico_integral.html me escribe y comunica que acaba de fallecer. Dice María: “Fue mi profesor de Latín durante el Bachillerato en el colegio La Salle Franciscanas Gran Vía (ubicado en la Plaza San Francisco). Ayer recibí una triste llamada de otro hermano de La Salle, exprofesor mío, diciéndome que se lo encontraron ayer por la mañana en su cuarto... Llevaba un tiempo más delgado y débil y creen que tendría cancer pero como era muy reservado se lo callaba...

El funeral se celebrará esta tarde en San Asensio (La Rioja) a las 16.00h. Y el domingo a las 12.00h habrá una misa en el colegio La Salle Gran Vía (plaza San Francisco)”.

 

Reproduzco aquí la entrevista de nuevo.

 

 

 

¿Qué es lo que le atrajo de Arthur Rubinstein? ¿Era uno de tus pianistas favoritos o algo así?
Le ‘conocí’ en Salamanca en 1958 oyendo su vinilo del concierto ‘Emperador’ de Beethoven. En Eibar, tres años después, volví a escucharle en otros vinilos con los conciertos de Grieg en la menor y el número 2 en do menor de Rachmaninov. Pero le descubrí verdaderamente cuando tuve en mis manos el disco con los ‘Scherzos’ y ‘Baladas’ de Chopin. Entonces casi sólo se oía hablar de él y de Wladimir Horowitz. Éste era arrebatador; Rubinstein sin serlo menos, añadía un touché aterciopelado y conseguía hacer cantar al piano como nadie. Era totalmente contrario a considerarlo un simple instrumento de percusión, según Stravinski.

La música clásica está llena de grandes maestros. ¿Cómo definiría al pianista polaco?
Ante todo es un músico integral. Él mismo se considera así. No tocó exclusivamente obras escritas para piano solo sino que dominó de memoria grandes óperas, transcripciones de sinfonías, de obras para órgano, de operetas, algunas de ellas realizadas por él mismo. Wagner estuvo en su punto de mira desde que era jovencísimo estudiante en Berlín a sus diez años. Padecía de ‘wagneritis’. ‘Tristán e Isolda’ fue la obra que le produjo la mayor satisfacción en aquella temprana edad. Rubinstein era absolutamente contrario a clasificaciones en el mundo de la interpretación, y se enfadaba cuando en alguna entrevista le consideraban el mejor pianista de la historia. Es muy interesante la entrevista que le hizo en inglés Robert McNeil, titulada ‘Rubinstein at 90’.

Rubinstein tiene una pequeña leyenda zaragozana: dicen que fue determinante en la carrera de Luis Galve, tocó varias veces en Zaragoza, en el Teatro Principal.
Llegué a Zaragoza el 31 de julio de 1964. Llevaba ya seis años siguiéndole la pista, pues. Tocó en el Teatro Principal en 1973 pero me fue imposible escucharle en directo; no conseguí entrada, ya que entonces yo no era socio de la Filarmónica. En la Sala Rono hay (o, al menos, había) una fotografía del gran pianista dedicada a Mariano García. En Zaragoza he adquirido, sin duda, el 95% de las interpretaciones de Rubinstein grabadas en diversos soportes, más de 200 obras diferentes.

¿Cómo llegan a tus manos sus memorias?
Iba yo detrás de ellas desde que me enteré de su existencia a través de una emisión de 50 programas en RNE de 45 minutos de duración cada uno. Hay que remontarse a 1980-1981. En esas emisiones se intercalaban textos de las ‘Memorias’ con interpretaciones de Arthur. No creo que sobrepasaran las cinco páginas de texto cada vez. A partir de ahí fui tras la totalidad de las mismas. Enseguida supe que no estaban traducidas al español, pues el propio Rubinstein lo dice en el segundo de los tomos de la edición inglesa, ‘My many years’, y en una entrevista posterior; sin embargo, indica: «Pero ya saldrán». Y mira por dónde tuve finalmente la suerte de hacerme con los tres tomos de la edición por medio de una profesora de francés del Instituto de idiomas de nuestra Universidad, que conocía a personas francesas poseedoras de esos volúmenes. Nunca agradeceré suficientemente su gestión. La autobiografía completa estaba en mis manos en enero de 2010.

¿Qué ocurrió cuando vio la edición francesa?
Lógicamente, leí con avidez los tres libros, casi 1.400 páginas muy densas, unas 2.000 en una edición actual al uso. Mientras lo hacía, me rondaba insistentemente la idea de traducir. Fue en abril cuando comencé la versión al español, y a principios de octubre, tras cuatro relecturas, la traducción completa era un hecho. Siempre tuve presente que Rubinstein fue quien de verdad dio a conocer por el mundo entero la música clásica española, con algunas obras emblemáticas que prácticamente llevaba siempre en el zurrón de sus programas.

¿Qué tipo de memorias son, qué destaca de ellas? ¿La pasión, la memoria, la minuciosidad, el hecho de que Rubinstein conociese a casi todo el mundo, su inmensa curiosidad?
Todo eso y algo fundamental: la vitalidad. Él lo decía y lo repetía de sí mismo: «Soy el hombre más feliz que he tenido la suerte de encontrar». Ya en su vejez muy avanzada, dos periodistas franceses hicieron una película sobre él, totalmente espontánea, pues se dedicaron a seguir simplemente sus pasos fuera donde fuera; el filme se tituló ‘L’amour de la vie’. Estuvo varias semanas en los cines comerciales de muchas ciudades, con gran éxito de público. También en Zaragoza. Eran otros tiempos.

Recuérdenos las tres partes y háganos una pequeña síntesis...

La primera corresponde íntegramente al primer volumen en inglés, ‘My young years’, que en francés han titulado ‘Les jours de ma jeunesse’, ‘Los días de mi juventd’. Termina en 1917, a sus treinta años, a punto de acabar la Primera Guerra Mundial. Habla de su infancia en Polonia, de cómo creció en Berlín, de un largo periodo en que estuvo prácticamente solo en la vida entre París, Londres, Polonia, Estados Unidos, Italia, España, aunque, paradójicamente, muy rodeado de gente, buena en general, pero no siempre.

¿La segunda?
La segunda parte de la edición inglesa es ‘My many years’, que en francés la han dividido en dos volúmenes: ‘Grande est la vie’, (‘La vida es grande’) y ‘Ma jeune vielleisse’ (‘Mi joven vejez’). En el primero se describen los años locos de la posguerra, la disipación del virtuoso para quien todo se le presenta demasiado fácil, tanto la existencia como el arte. Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo, México, New York, París, Londres, España de nuevo ... En el torbellino de fiestas, mujeres e innumerables conciertos, Rubinstein descubre la disciplina en la soledad, lo que hizo de él el gran artista que hemos conocido. Llega hasta el comienzo de los años 30.

Vayamos con el tercer volumen...
En el último libro, se casa con Nela, asienta definitivamente la cabeza. Hay en él medio siglo de vida. Estamos ante un músico que vive la guerra. Como judío, le afecta en gran medida la persecución nazi, pues muchos de sus familiares (hermanos, cuñados, sobrinos) perecieron en los campos de concentración. El suyo es un testimonio contra el holocausto judío. A pesar de todo, ‘Mi joven vejez’ es una magnífica lección de optimismo, de fe en la música, que abre los oídos de los hombres y los lleva a entenderse. Y aún mejor que el amor de la vida, la fidelidad a la vida.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de Rubinstein era que siempre ha tenido una vocación asombrosa, desde que se va a Berlín con su madre.
Fue un músico innato, que confió enteramente en sus condiciones naturales. Él dice que no le gustaba trabajar, sobre todo porque las obras que le obligaba a preparar su profesor berlinés Heinrich Barth le parecían muy poco interesantes, rutinarias, una pérdida de tiempo. Tuvo una vocación asombrosa hacia la cultura en general, no exclusivamente la música. Le encantaba y le enseñaron de muy niño a leer obras importantes clásicas, frecuentaba los teatros, visitaba las exposiciones pictóricas o escultóricas, todas las pinacotecas importantes, hablaba con normalidad ocho lenguas, le encantaba el latín, entendía el serbio y el croata por su parecido con el ruso y el polaco respectivamente... Aunque se le atragantaban las matemáticas.

Rubinstein y España. Hay un libro que se titula así de 1990. ¿No se ha llevado una decepción al ver qué poco habla de España?
No creo que hable poco de nuestra nación. Hay que tener en cuenta que visitó los cinco continentes y que siempre tenía algo que decir sobre los países y ciudades donde se encontraba, lo que hacía con gran generosidad y detalle. No sólo existe España. Sobre ella, su música e identidad “hablaba” suficientemente a través de las obras de Albéniz, Falla, Granados, Mompou, que constantemente tenía en dedos y en programas.

Rubinstein tenía fama de ser muy mujeriego...
Lo de mujeriego se sustancia sobre todo en el primer volumen. Arthur tuvo la “desgracia” de contarlo. Hay un artículo periodístico de 1980 del gran musicólogo padre Federico Sopeña titulado ‘Las cochinadas de Rubinstein’ referidas al asunto. Acababan de publicarse las ‘Memorias’ ya completas en ocho idiomas. Resumir los centenares y centenares de páginas de las mismas con ese título no sólo no las reflejan adecuadamente sino que es coger, como se dice vulgarmente, el rábano por las hojas. Se casa en 1932 y, sí, Nela, su esposa, pone orden en su vida, tienen cuatro maravillosos hijos, y ella le inspira y acompaña con mucha frecuencia.

Ha traducido del francés. ¿Cómo fue la experiencia, qué dificultades ha tenido?
De haber conseguido las ‘Memorias’ en inglés, las habría traducido una persona de mi confianza con mi constante apoyo por el conocimiento que tengo del personaje y de la música en general. Cuando las leía yo en francés me parecía muy problemática la versión española. Al ponerme a ello, no es que todo fuera un camino de rosas pero sí mucho más sencillo de lo que pensaba. He sido profesor de francés y, sobre todo, muchos años de latín, por lo que estoy acostumbrado a traducciones de libros originales. No me parece ninguna hazaña lo que he hecho. Si algo hay que valorar es el empeño en la labor.

¿Y ahora qué? ¿Cuál es su sueño: publicarlas, colgarlas en la red? ¿Qué se aprende de una tarea titánica como esta?

Pretendo publicarlas con motivo del 30 aniversario de su muerte. Habrá que hacer previamente el trabajo de campo necesario: permiso de quien tiene los derechos de explotación, con lo que eso supone, editor que se anime a hacerlo, etc. ¿Colgarlas en la red? El tiempo lo dirá. He aprendido que no hay nada imposible y que con constancia y adecuada preparación se puede conseguir todo.