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Antón Castro

Temas aragoneses

EN URREA: CON EL CINE Y EL RECUERDO

EN URREA: CON EL CINE Y EL RECUERDO

No escribí ayer en todo el día. Salvo por la mañana, hacia las siete, un artículo sobre Goya y otro sobre Rada Panchovska.

 

Salí temprano para Urrea de Gaén, donde viví cuatro inolvidables años. Allí paseé a la orilla del río Martín, frecuenté a los paisanos, tuve un perro que se llamaba Pluto, nació mi cuarto hijo Jorge, entrené a varios equipos de fútbol y redacté más de media docena, entre ellos dos de mis favoritos: ‘Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados’ (DGA, 1992) Y ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Destino, 1995), que ya apareció cuando vivíamos en Cantavieja. Durante esos cuatros años vivimos diversas convulsiones: un kart estuvo a punto de dejar sin vida a Aloma, Diego soñaba con ser matador y recortador taurino, encendíamos el fuego todas las noches de otoño e invierno, y cosechamos muchísimos amigos. Luis Alegre y Miguel Mena recordaron ayer en ‘A vivir Aragón’, de Radio Zaragoza, que habían estado en Urrea con Miguel Pardeza, en un encuentro con alumnos. Esa noche, mi hijo Diego no me soltó una de mis orejas en toda la charla. Recuerdo que nos hicimos fotos entre los cañaverales.

 

Aquel fue un período inolvidable para mí. De contacto con la naturaleza. Salía todas las tardes a correr entre las higueras, los manzanos, las huertas y el cauce del río Martín, o en dirección a La Hoya del Moro. A veces, con los niños o yo solo, también corría hacia El Regadío, que es como el gran laberinto de plantíos, surcado por las acequias. Casi siempre corría con Daniel. A veces también íbamos en bicicleta e incluso monté por primera vez en moto con mi amigo Antonio Martín Martín, que había sido un goleador casi de leyenda del campo de fútbol de Urrea, donde se celebraban unas carreras estupendas de cross, en las que participaron, entre otros, José Antonio Adell y Celedonio García, que parecían mantener el aspecto y la enemistad de Steve Ovett y de Sebastian Coe.

 

Estuve en el Festival de Cine Rural de Urrea con muchos amigos en una maravillosa atmósfera de cariño y entusiasmo. El cine ha quedado estupendo. Mucha gente se acercó a ver los documentales; mucha más vio, por la tarde, los cortos de ficción. Se pasaron siete documentales y once cortos de ficción. Algunos de los directores andaban por allí: el jovencísimo Javier Macipe de ‘Cuídala bien’, que se rodó en Ariño y narra una historia de amor y celos en el ámbito rutal; Pilar Palomero, de ‘Niño Balcón’, ese delicioso cuento de ámbito musical y onírico; creo que Ignacio Lasierra, el director de ‘Salomón’, a quien no conozco, una buena película sobre la relación entre el trabajador negro que llega y la gente de un pueblo, etc.

 

Al final de la noche no me quedé a dormir. Volví pronto a casa, hacia las diez por una incómoda travesía de niebla. Saludé a muchos amigos: Félix el Carnicero, que estuvo cariñoso como siempre, Antonio Martín, Manolo el Canillas, etc. Etc. No me caben aquí tantos amigos ni el afecto acumulado a lo largo de los años. Cuando volvía a casa, le dije al alcalde Ángel Tomás que me acompañase a ver La Muela, esa encrucijada de calles, con plaza, donde vivimos. Está todo muy cambiado. Antes había un muro desde el que yo contemplaba el cielo, el cementerio, las casas de Albalate del Arzobispo a lo lejos. Desde allí escuchaba las historias de Tomás, el de las cañas, que me hablaba de su vida en el campo y de su sigilosa soltería. Ayer, con el cielo tocado aquí y allá de mínimas estrellas, volví a sentirme feliz y a recorrer tantas conversaciones y sueños y delirios de aquellos días. Alcé los ojos y vi la pequeña habitación, con terraza, donde había escrito en mi viejo ordenador McIntosh, donde le había dado vueltas y vueltas a las vidas de Félix de Azara, Francisco de Goya, Ramón Acín o a los primeros sueños de un fotógrafo llamado Patricio Julve.

 

Sentí que él no estuviera con nosotros, con Ángel y conmigo, y sentí que anoche me hubiese dejado la cámara fotográfica en casa. Eso sí, en ‘Fotografías veladas’ –ese libro de Xordica que resume tantas cosas de mi vida, tantos  afanes y quimeras de Urrea de Gaén, y de muchos otros sitios. Cada día le tengo más cariño a ese hijo que ha pasado más bien inadvertido- se habla de todo eso y se habla de nuestro perro de aguas, el azafranado Pluto, al que un día alguien dejó tuerto de un ojo como el fotógrafo Patricio Julve.

 

*Esta foto no es de Urrea de Gaén ni de Patricio Julve. Es de Ansel Adams y me ha hecho pensar en los trabajos los días del Regadío y de la Hoya del Moro.

ESTA NOCHE, 'BORRADORES'

ESTA NOCHE, 'BORRADORES'

Actuación musical: TRÍO DE FLAUTAS Y DÚO DE SAXOS DE LA BASIAJ

Entrevistas en plató: MATEO GIOVANNI ADERI, ÁNGELA CENARRO Y FRANCISCO ORTEGA

 Reportajes: VISITA AL MUSEO PABLO GARGALLO, LAS FOTOS DE GABRIEL CUALLADÓ

 Entrevista-reportaje: CARE SANTOS Y ANTONIO LUQUE-SR. CHINARRO.

 

 

El programa ‘Borradores’, de la mano de Rafael Ordóñez, experto en la obra de Pablo Gargallo, propone una visita al museo del escultor, ampliado, renovado y mejorado. El artista aragonés (Maella, 1888-Reus, 1934) es, tras Goya, es probablemente el creador plástico aragonés más famoso en el mundo. Su museo, instalado en el palacio de los Argillo, cuenta con un nuevo gabinete de dibujo y nuevas dependencias para talleres, exposiciones y documentación.

 

Visitan el plató la historiadora Ángela Cenarro y el dramaturgo y escritor Francisco Ortega Suárez. Cenarro acaba de publicar ‘Los niños del Auxilio Social’ (Espasa), un libro sobre los ‘niños de la guerra’ o ‘los niños perdidos del franquismo’, que analiza los distintos escenarios donde residían estos ‘hijos de rojos’, que vivieron con un insoportable estigma en algunos casos hasta casi los años 70. Francisco Ortega publica ‘Miguel Garrido, ¿de qué color es el cielo de Hellín?’, un libro sobre el actor de mimo manchego que se formó en Alemania, trabajó en Sevilla y, sobre todo, en Zaragoza, en diversos montajes y en la Escuela Municipal de Teatro. Suárez recoge una vida marcada por la voluntad de perfección, el inconformismo y el drama final: Garrido, enfermo y abatido, se suicidó en 2008.

 

Además, ‘Borradores’ ofrece la exposición de Gabriel Cualladó en la capilla de San Martín, de la Aljafería. Son retratos de los 60 y 70, directos, llenos de candor y de expresividad, de un artista que sabía mirar y atrapar el secreto de las almas.

Por otra parte, se ofrece una entrevista con Care Santos, con motivo de su libro de relatos ‘Los que rugen’ (Páginas de Espuma), una colección de cuentos centrados en dos tipos de fantasmas: los literarios, los que proceden de la cultura; y los personajes, los que nacen de la pesadilla, de la intimidad, de la sombra, de la obsesión. Y Antonio Luque, Sr. Chinarro, habla de su doble condición de escritor y músico. Acaba de publicar ‘Socorrismo (Alpha Decay), y aborda sus temas, el surrealismo cotidiano y su necesidad de contar historias.

 

La actuación musical corre a cargo de un trío de flautas y un dúo de saxofones, jóvenes músicos de la Banda Sinfónica del Instituto Aragonés de la Juventud, cuyo director Matteo Giovanni Aderi explica los proyectos y la línea de trabajo del grupo, formado por músicos comprendidos entre los 18 y 26 años. (Esta foto es de Bruce Davidson).

 

AVANCE DE 'TIEMPO DESTRUIDO', DE VÍCTOR PARDO LANCINA

AVANCE DE 'TIEMPO DESTRUIDO', DE VÍCTOR PARDO LANCINA

UN FRAGMENTO DE ‘TIEMPO DESTRUIDO’

DE VÍCTOR PARDO LANCINA

 

Por Víctor PARDO LANCINA

Pasaban algunos minutos de las doce de la noche cuando Manuel Vicente, de uniforme, entró en el café, donde, a pesar de que la puerta y las ventanas permanecían abiertas, el humo era todavía denso y el ambiente estaba cargado. La verbena, en la primera planta, había concluido y los parroquianos se iban retirando, puesto que la amanecida estaba próxima y los trabajos del campo, el ordeño de las vacas y la tiranía del horario marcado por el sol no perdonaban. En la primera mesa, en la entrada del local, a la derecha, charlando animadamente se encontraban el secretario del ayuntamiento, José Senz Buil, y Ezequiel Gazo. Sobre la raída madera, varias tazas con restos de café enmarcaban una botella de coñac recién empezada, y las copas, próximas a las manos, daban cuenta de una velada placentera que se podía prolongar un buen rato. Hacía calor y el cabo, instintivamente, se llevó la mano al duro cuello de la camisa y la desabotonó con cierta fatiga. Senz lo invitó a sentarse y él aceptó saludando con una especie de mueca de agradecimiento.

Encarnación Garanto, solícita, acudió al punto con un café humeante y una copa de grueso cristal que dejó sobre la mesa mientras sonreía con agrado al guardia, habitual del establecimiento. Las miradas de complicidad se cruzaron en ese momento, ya que Encarnación, joven viuda de 31 años, era una mujer resuelta, de buen carácter y muy atractiva. José Senz pidió una jarra de agua, quizá para hacer volver a la mujer hasta la mesa y verla nuevamente de cerca. Gazo sonrió y miró al cabo al tiempo que con un leve gesto subrayaba la picardía del secretario… «Es guapa Encarnación», dijo el médico. Pero el ruido apagó el murmullo de asentimiento con que respondió un punto circunspecto Manuel Vicente.

Hablaron sin prisas de muchas cosas y cada poco la charla se interrumpía para despedir o tener unas palabras con los que abandonaban el local y que indefectiblemente pasaban junto a esta tertulia de hombres principales próxima a la puerta. Hablaron del largo día de feria, del buen tiempo que disfrutaban, de los inescrutables negocios de los tratantes o de cómo animaba el pueblo la presencia de forasteros. El guardia lamentó que llegaran algunos gitanos a embarullar a los incautos vendiendo animales de dudosa calidad. Vicente no era muy amigo de los gitanos, y ellos, que lo conocían, procuraban evitarlo. Por el contrario, a Gazo los gitanos le parecían gente divertida y despreocupada. «Además —dijo mirando al guardia—, no hacen daño a nadie».

Se incorporó a la conversación Ambrosio Miranda, propietario del local que Encarnación regentaba en arriendo. La mujer, en aquel momento, aguantaba al fondo de la barra la pastosa conversación de dos vecinos algo más que achispados, aunque comedidos ante la presencia de la severa autoridad. Las copas se llenaban y se vaciaban con prontitud. El café, sobre la una de la madrugada, estaba casi vacío.

José Naval, noctámbulo sin prisas, despidió a un compadre con el que había pegado la hebra tras la verbena y se incorporó a la concurrida reunión que presidía una botella ya a punto de acabarse. Ezequiel Gazo, en ese momento, sin atenerse a ninguna prevención y ajeno al veneno de sus pensamientos, quiso hablar del curso de la guerra mundial, y lo hizo con parsimonia, como si hubiera ensayado la puesta en escena de su discurso con gestos suaves y un tono de voz apasionado pero sereno. Dijo que las cosas iban bien y que Túnez, al parecer, había sido liberado, que la marcha de los acontecimientos decantaba el final a favor de los aliados, que de eso no había duda y que era lo mejor que le podía pasar a España… Se hizo un silencio pesado, un silencio árido que nadie deseaba y en el que por ello parecieron resonar muy lejos los ecos de todas las conversaciones que habían rebotado en las paredes del Café del Centro a lo largo del día. El calor, los efectos del coñac, el cansancio del final de la jornada, la tensión sorda que comenzaba a golpear en las sienes, el miedo a escuchar aquello que estaba prohibido componían un decorado trágico que la mortecina luz resaltaba en las sombras de las caras.

Pero Ezequiel continuó desgranando sus impresiones sobre la gran guerra, las poderosas razones que asistían a los aliados frente a las potencias del Eje, la necesidad de acabar con el nazismo y la posibilidad de que finalmente ingleses, franceses y americanos ayudaran a la República y se reinstaurara la legalidad, de que los presos pudieran abandonar las cárceles y se acabara el terror, los fusilamientos…

«¿Qué es esto…?», acertó a señalar el guardia, sin poder evitar un temblor de ira en sus labios. Pero Ezequiel, ausente, proseguía con su monólogo, «… y con el triunfo de los aliados también en España, podrán regresar los exiliados, mis antiguos compañeros con los que viví momentos tan difíciles…».

Manuel Vicente, congestionado, con los ojos desorbitados, fuera de sí, golpeó con furia la mesa haciendo saltar tazas y copas, que a punto estuvieron de derramar la menguada cantidad de coñac que acunaban en el fondo. ¿Cómo es posible?, debía de preguntarse el guardia, incrédulo a pesar de todo. ¿Cómo era posible que alguien se atreviera a hablar así, y en su presencia? Había que cortar con aquello de inmediato. «Usted, Gazo, no está en sus cabales» dijo iracundo, desafiante.

Manuel Vicente sudaba a pesar de tener la guerrera abierta y la camisa medio desabotonada. «Tendrá que responder por lo que está diciendo», dijo señalándole con el dedo, marcando un compás amenazante que infundía algo más que respeto. «Ustedes no deben tener cuidado —prosiguió Gazo con un aplomo inaudito en medio de la situación que se estaba desarrollando, como si no hubiera escuchado al colérico guardia civil—, ustedes son mis amigos y no tienen nada que temer. Cuando retorne el Gobierno legítimo yo responderé por todos».

El secretario municipal, Ambrosio Miranda, José Naval, los escasos rezagados que apuraban la última copa en el Café del Centro, todos contenían la respiración sin mover un músculo, como electrizados. Encarnación, que conocía el temperamento del guardia y la insolencia agresiva con que se había empleado en resolver en otros momentos algún conato de gresca en el bar, prefirió mantenerse al margen y dejar que los hombres arreglaran sus asuntos. Pero nadie se atrevía a decir una sola palabra.

Finalmente, Vicente sentenció: «Se lo advierto, Gazo, por mucho que usted sea el médico yo no tengo ningún inconveniente en llevarlo detenido al cuartel». «No hay motivo alguno para detenerme —soltó al fin el médico como volviendo a la realidad, en un tono que no ocultaba determinación y sonaba a desafío—, pero si lo quiere hacer, aquí estoy, no voy a escapar. Además, no tengo ningún miedo; bastante tengo ya vivido con ustedes…». La tensión se hacía insoportable.

«Mire, Gazo, arreglemos esto, porque aquí no hay ingleses, ni americanos, aquí solo hay España y vamos a terminar brindando por España». El guardia, que elevaba enfático el tono de voz a medida que sus sentimientos desatados venían a subrayar las palabras, poniéndose en pie cogió la copa con un gesto rápido que provocó que parte del líquido se desparramara por la mano manchando la bocamanga y el raído puño de la camisa. Dio un paso atrás para hacer partícipes de la irrenunciable invitación al brindis a los atónitos espectadores de la discusión. «¿Aún quiere usted brindar más por España? ¿No ha brindado ya bastante?…». El médico no se arredraba, a pesar del feo cariz que añadía a la situación su actitud nada contemporizadora. «Usted brindará por España, y quiero oírle decir ¡Viva España! —gritó el guardia, desaforado—, tiene que brindar por España o le juro que le pego un tiro». Manuel Vicente escenificó la amenaza sin vacilar, echando mano a la pistola.

Ezequiel Gazo se puso en pie mirando a los ojos al decidido agente de la autoridad, se llevó las manos al pecho, agarró las solapas de su americana y, mostrando el blanco inmaculado de su camisa, apremió con gesto grave, altivo: «¡Aquí me tiene! ¡Tire!».

En una milésima de segundo, en medio de una agitación trágica, se sustanció el crimen intuido. El secretario, José Senz, quiso intervenir para evitar lo que ya no podía pararse, al igual que Ambrosio Miranda, quien al ponerse en pie hizo que la silla cayera al suelo con estrépito. Gazo volvía a sentarse cuando el guardia, al otro lado de la mesa, desenfundó su pistola y disparó un solo tiro.

Ezequiel quedó sentado, los brazos yertos colgando a ambos lados de la silla, la cabeza ladeada sobre el pecho, hacia el lado derecho. Una mancha de sangre teñía progresivamente la camisa que había ofrecido al guardia como blanco. La bala había entrado por la cara, a la altura del pómulo derecho. Sus ojos permanecían definitivamente cerrados.

Todos habían salido despavoridos del café. Manuel Vicente Vicente estaba solo frente a su víctima, el médico Ezequiel Gazo Borruel, de 42 años. Tomó conciencia inmediata de la situación, guardó la pistola —una Star de 9 milímetros— en la cartuchera y se abrochó la camisa y la guerrera para después calarse el tricornio y salir a la calle, donde una suave brisa le hizo saber cómo el sudor empapaba su cuerpo. Dos perros famélicos acudieron al olor de la sangre y lamían con fruición el suelo del Café del Centro. Gazo ya era solo un problema administrativo, quizá de justicia militar, aunque ganaran los aliados la maldita guerra europea.

 

 

 

 

NOTA DEL EDITOR

*Tiempo destruido, de Víctor Pardo Lancina, recrea siete historias reales ocurridas entre julio de 1936 y el mes de marzo de 1958. Historias trágicas en las que la Guerra Civil y sus consecuencias impregnan la vida y la muerte de sus protagonistas, dejando además una huella indeleble en la memoria colectiva de los lugares donde se desarrollan los distintos dramas.

El golpe de Estado del 18 de julio y el terror desatado en la ciudad de Huesca en las primeras semanas de la contienda por los militares sublevados constituye el argumento de «Huesca, verano de 1936», relato que abre el libro. Los fusilamientos de republicanos en Santa Eulalia de Gállego —o Santolaria, como también se conoce este lugar de la Galliguera— o la muerte alevosa del cura de Loscorrales son reconstruidos con precisión por el autor, que no ahorra detalles de las biografías de los más caracterizados ejecutores al servicio del nuevo régimen. El linchamiento en Abiego de un ex preso anarquista o las circunstancias que rodearon en 1943 la muerte del médico Ezequiel Gazo a manos del jefe de puesto de la Guardia Civil de La Puebla de Roda abundan en el interés de la crónica negra recogida en las páginas de Tiempo destruido. Cierran el volumen dos sucesos ocurridos en Tardienta: el asesinato múltiple consumado por el aparejador José Espada Royo y la misteriosa muerte en el cuartel de la Guardia Civil de un minero asturiano que interrumpió su viaje a Barcelona en la estación de esta localidad.

Entrevistas, diarios personales, correspondencia, documentos guardados en archivos públicos o privados, prensa y una ingente bibliografía, así como obras inéditas, conforman el soporte documental de este enorme trabajo de investigación que participa tanto del género periodístico del reportaje como del ensayo histórico y la narración literaria. Esta foto está tomada en Fraga por Robert Capa.

 

 

DESDE HOY, 'EL EXILIO REPUBLICANO'

DESDE HOY, 'EL EXILIO REPUBLICANO'

Les hacemos llegar la información de la quinta edición del Encuentro Historia y Compromiso, este año, coincidiendo con el 70 aniversario del final de la Guerra Civil, se celebrará bajo el título El exilio republicano de 1939 a lo largo del jueves 12 y viernes 13 de noviembre en la Biblioteca de Humanidades María Moliner (Pedro Cerbuna, 12 - Zaragoza), en el campus de Pza. San Francisco.


    En el mismo, participarán ponentes de reconocido prestigio como Ángeles Egido, Eloy Fernández Clemente, Antonio Peiró o Benito Bermejo. Se van a abordar diferentes aspectos del exilio: itinerarios, campos de concentración, peculiaridades del exilio científico o perfiles biográficos de aragoneses exiliados.


    En la presentación, el jueves 12 a las 10:00 h. en la Biblioteca, participarán: José Luis Corral (Vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras), Ana Oliva (Coordinadora del Programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón) y José María Ballestín (Director de la Fundación Rey del Corral de Investigaciones Marxistas - FIM Rey del Corral)

   
    Los coordinadores del Encuentro son los historiadores Manuel Ballarín y José Luis Ledesma (profesor de la Universidad de Zaragoza - tel. 636650189)



    Creemos que esta información puede resultar de interés y les rogaríamos que realizasen algún tipo de cobertura y/o difusión del Encuentro.


  Muchas gracias y saludos cordiales,


Fundación Rey del Corral de Investigaciones Marxistas (FIM Rey del Corral)
c/ Mayor, 55, local - 50001 - Zaragoza - fimaragon.administracion@nodo50.org - Tel. 976 200 256 - Fax 976 399 651

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V ENCUENTRO HISTORIA Y COMPROMISO.
El exilio republicano de 1939.

Zaragoza, 12 y 13 de noviembre de 2009. 

*Una foto de Francisco Boix: españoles trabajando en las cantares de Mauthausen.

MANIFIESTO Y CONCENTRACIÓN: DÍA 12

MANIFIESTO Y CONCENTRACIÓN: DÍA 12

Queridos compañeros y compañeras: en los próximos días se van a
presentar para su aprobación los presupuestos generales del Ayuntamiento
de Zaragoza y de Gobierno de Aragón. Como podéis suponer el recorte a
cultura va a ser enorme, más si se tiene en cuenta que ya era uno de los
más menguados. Creemos que es importante dar una contestación pública
para que a la hora de debatirlos tengan en cuenta el sector cultural
como una fuente de trabajo y riqueza en muchos sentidos,
patrimonial, artística, cultural y también económica. Es una situación
que puede afectarnos gravemente a todos los que trabajamos en esto.
Por ese motivo estamos organizando, junto con otros sectores de la
cultura, artistas gráficos, plásticos, músicos, escritores etc., una
concentración pública para el día 12 de noviembre en las escaleras del
Paraninfo a las 20h (antigua Facultad de Medicina). Allí leeremos un
manifiesto que os envío para que sea firmado por el mayor número posible
de gente. Es importante que estéis allí, con vuestras familias y amigos
para hacernos oír. Si no podéis venir por favor enviadnos un mail
confirmando vuestra firma.



Podeis reenviar este mail a todas las personas que les pueda interesar.
Un abrazo. María López.

Malos tiempos para la lírica

 

“Ya sé que sólo agrada

quien es feliz. Su voz

se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.”

 

Bertolt Brecht

 

Como decía el poema de Bertolt Brecht parece que se avecinan “Malos tiempos para la lírica”. Tampoco debe sorprendernos, con la que está cayendo, pero no debe dejarnos indiferentes.  En tiempos de crisis y tribulaciones la cultura no debe tener un menor peso sino un mayor grado de compromiso e implicación. Y aunque nuestros políticos y representantes institucionales van refiriéndose a nosotros con mayor frecuencia como los generadores de la identidad y el cuarto sector económico; y aunque los estudios socioeconómicos van recogiendo cifras que colocan nuestra actividad como una de las de mayor futuro y mejor inversión productiva, a la hora de los recortes presupuestarios la cultura, junto con la investigación, parecemos ser el lugar más propicio donde meter la tijera.

 

Una vez más pasamos a ser las artistas de la gorra. Una especie de pedigüeños a los que echar mano en celebraciones, eventos y fastos varios. Sin pensar que podemos y, de hecho, muchas veces somos la inversión productiva que genera mayor valor añadido. Ahora que ya sabemos utilizar el lenguaje de los banqueros, que de ser los mayores cantantes del mercado libre han pasado a ser los primeros receptores del dinero público, podremos permitirnos decir que recortar los presupuestos institucionales de la actividad cultural no es sino un flaco favor, no sólo a los artistas que no vivimos del aire, sino a la situación económica de la sociedad en el futuro.

 

¿Cómo queremos aspirar a ninguna capitalidad cultural o situarnos frente al mundo en un nuevo marco socioeconómico, sostenible y creativo, si no se mantienen las pequeñas líneas inversoras que se habían ido consolidando en los presupuestos? ¿Qué espacio nos queda si a lo poco con lo que se contaba se le quita un 30%? ¿Es social, política, económica y culturalmente competente abocar a un sector en ciernes, generador de una creciente riqueza estructural y material, a su desmantelamiento y desaparición?

 

Los tiempos de crisis son necesariamente tiempos de reflexión, un espacio temporal en el que las personas o las sociedades nos acabamos enfocando hacia nuevas perspectivas. Es por ello que el consumo cultural aumenta en periodos de aflicción. Por todo ello es el momento de que las instituciones hagan una mayor, y no una menor, apuesta por la cultura porque, parafraseando el poema de Gabriel Celaya, somos “un arma cargada de futuro”.

 

*MANIFIESTO DE DEFENSA DE LA CULTURA ARAGONESA, REDACTADO POR ALFONSO PLOU.

*La foto es de Irving Penn.

ARTE, MÚSICA Y FOTO, HOY EN 'BORRADORES'

ARTE, MÚSICA Y FOTO, HOY EN 'BORRADORES'

[El menú de  Borradores de este domingo incluye la presencia de los niños de Menuda Jota, que tocan tres temas, el músico Luis Antonio González Marín, director de Los Músicos de su Alteza, y de José Orna y Rosa Blanca Miguel, autores del álbum ‘Me gustan los abrazos’. Se ofrecen reportajes con la pianista Rosa Torres Pardo y las exposiciones ‘Metus’ de los fotógrafos Peyrotau  & Sediles, y ‘La palabra iluminada’ de manuscritos. Borradores se completa con un reportaje sobre el cuento.]

 

El trío Menuda Jota visita el programa Borradores este domingo. Compuesto por los niños Ánchel, Olga y David, Menuda Jota acaba de grabar un disco con 30 jotas bajo la producción musical de Sergio Aso, que acompaña a los cantantes a la guitarra. Ánchel interpreta la canción ‘Somos’ de José Antonio Labordeta; Olga y David la pieza ‘Va por delante de su mandre’, y los tres juntos despiden el programa con ‘Épila del alma mía’.

 

Como invitados acuden al plató Luis Antonio González Marín, clavecinista y director del grupo Los Músicos de Su Alteza, una formación de música antigua y barroca de proyección internacional, fundada en Zaragoza en 1992, que acaba de grabar un nuevo disco, en Francia, ‘La vida es sueño’, dedicado al músico Joseph Ruiz de Samaniego, que fue maestro de capilla en Tarazona y en el Pilar. González Marín repasa la trayectoria del grupo, sus investigaciones en archivos zaragozanos y sus próximos proyectos, entre ellos la grabación de dos discos dedicados al compositor bilbilitano José de Nebra. José Orna y Rosa Blanca Miguel hablan de un espléndido libro: ‘Me gustan los abrazos’, que es un volumen tierno y sentimental, compuesto por pequeñas frases afectuosas y con dibujos, a la acuarela, en tonos suaves.

 

Además, Borradores ofrece una entrevista-reportaje con la pianista Rosa Torres Pardo, que ha grabado la ‘Integral’ de Isaac Albéniz y ha participado en un sinfín de proyectos en torno al compositor catalán nacido en 1860 y fallecido en 1908: montajes flamencos, recitales poéticos, películas de cine de José Luis López Linares y de Carlos Saura. Rosa Torres Pardo habla de todo ello y de un estuche con tres libros sobre el músico, que incluye un libro de viajes.

 

Borradores visita la exposición ‘La palabra iluminada’, que se exhibe en la CAI. El comisario Miguel Hermoso Cuesta explica en qué consiste esta técnica de iluminación de los manuscritos, repasa la historia de los libros que se conservan en archivos y bibliotecas de Aragón, y recuerda quiénes eran los artistas de esta técnica que evoca el universo de ‘El nombre de la rosa’ de Umberto Eco. Aránzazu Peyrotau y Antonio Sediles sostienen que unos de los sentimientos más antiguos y más intensos es el miedo, y a él le dedican su última exposición que puede verse en Caja Madrid: ‘Metus’, una visión misteriosa, gótica y sombría de los sentimientos.

 

El programa se completa con un reportaje sobre una sesión de elogio y vindicación del cuento que se organizó en Ámbito Cultural de El Corte Inglés. David Jasso y Roberto Malo, entre otros, se acercan al arte de contar e incluso narran un relato de inspiración popular a dos voces.

 

Borradores se emite esta noche a las 23.55 por Aragón Televisión. Canal Satélite Digital, 97. Imagenio, 187. Esta foto pertenece al proyecto 'Metus' de Aránzazu Peyrotau y Antonio Sediles que puede verse en Caja Madrid.

 

 

PEPO PAZ: EL OTOÑO EN GALICIA

PEPO PAZ: EL OTOÑO EN GALICIA

TIEMPO DE OTOÑO Y CASTAÑAS EN GALICIA

 

Por Pepo PAZ*

Cuando era pequeño mi padre solía contarnos de dónde procedía nuestro primer apellido: Paz. Bello y utópico, el apellido. Al parecer provenía de un antepasado originario de algún lugar desconocido de la provincia de Ourense que había acabado en Madrid ganándose la vida muchas décadas atrás. Supongo que su oficio sería el de carpintero (pero esto es sólo una suposición: mi bisabuelo y mi abuelo lo fueron luego, cuando los oficios se transmitían de padres a hijos). No sé si esto explica, en cierta forma, las querencias familiares por el noroeste peninsular, por el azote del viento frío en la cara, por el mullido sonido de las pisadas al caminar a través del bosque umbrío, por los horizontes verdes y azules. Lo cierto es que cada vez que el trabajo me lleva a Galicia disfruto doblemente. Estos tres últimos días he recorrido parte de las comarcas que bañan los ríos Arnoia y Limia, entre Allariz y Maceda -por un lado- y Celanova y la Raya portuguesa, por otro. También la vasta llanura que rodea Xinzo de Limia. Una pequeña porción del suroeste de la provincia orensana. La tierra natal de Celso Emilio Ferreiro. Me he aventurado por imposibles carreteras secundarias que conducen hasta remotas aldeas donde todavía pervive, en cierta forma, ese mundo ancestral en el que palpita buena parte del espíritu que reflejara Castelao. Quedan, de este viaje, la personas con la que he charlado estos días: Javier y Rosa, del Hospedaxe Rosa Castelá, en el casco velho de Allaríz. También Julio y Pilar del hotel O Portelo Rural (en la rúa Portelo, de Allaríz), Javier -cocinero y encargado- de la Rectoral de Ansemil y Héctor, del Pazo A Fábrica, en Celanova. Luigi y Mari Carmen, del restaurante Pallabarro (Allaríz). Ana, de la Casa Rosa de Maceda. Y Ramón, de la Rectoral de Candás. También quedan paisajes inolvidables, como el Ecoespacio de Rexo (en Requeixo de Allaríz), donde sobrevive el bosque pintado por Agustín Ibarrola junto al cauce del Arnoia (en el mismo lugar en el que se se rodaron algunas de las escenas de la película con la que José Luis Cuerda escarallou el libro de relatos de Manuel Rivas La lengua de las mariposas). Castromao y la torre de Vilanova dos Infantes. Los vestigios romanos que cincelan el trazado de la vía nova de sur a norte, desde el punto fronterizo de la Portela do Homme, en el Parque Nacional de Peneda-Gêres, o las humeantes aguas balnearias de Lobios. Y queda, sobre todo, una inmersión mágica en el otoño gallego: en la vida que alienta, en silencio, en las entrañas de sus bosques. Os dejo algunas fotografías tomadas durante este fin de semana como botón de muestra (para verlas mejor hay que pinchar en las imágenes). Y un aviso: el próximo fin de semana se celebra en Allaríz la Feira de Outono (Feria de Otoño). Por si alguien se anima.

 

*Pepo Paz retorna de Galicia, donde ha quedado fascinado por el otoño y los castaños. Y me manda este artículo, que ha llevado a su blog. Y también me manda esta foto. de un roble de Allariz.

LUISA GAVASA Y M. VILAS, HOY EN 'BORRADORES'

LUISA GAVASA Y M. VILAS, HOY EN 'BORRADORES'

[Borradores recibe esta noche, a las 23.35, a José Antonio Aguilar, director de la SCIFE, a la actriz Luisa Gavasa, que recibirá el premio 'la Dama de Fuentes', y al escritor Manuel Vilas. Además, se ofrecen reportajes sobre los escritores Fernando Schwartz y Alfredo Mozas García, y el cineasta Daniel Sánchez Arévalo, y se visitan las exposiciones de grabados de Maite Ubide y de collages de Pedro Avellaned. La actuación musical corre a cargo del grupo Kiev cuando nieva, que interpreta ‘Sal’ y ‘Procedimiento’.]

 

 

El programa cultural Borradores, de Aragón Televisión, recibe esta noche en el plató a la actriz Luisa Gavasa, que ha merecido el premio ‘La Dama de Fuentes’, y a José Antonio Aguilar, director de la SCIFE. Gavasa repasa su trayectoria: sus años en el teatro universitario, sus montajes con el Teatro Estable de Zaragoza, de Mariano Cariñena, y su presencia en televisión, en series como ‘Amar en tiempos revueltos’, y en películas, entre ellas ‘Entre tinieblas’ con Pedro Almodóvar. Aguilar explica qué ha significado la Semana de Cine, recuerda el programa de este año y explica la implicación popular de la población, desde los ancianos a los niños, en el paquete de propuestas.

El otro invitado al plató es el poeta y novelista Manuel Vilas, que acaba de publicar ‘Aire Nuestro’ en el sello Alfaguara. Una novela collage, donde todo es posible, sobre una televisión de once canales, por los que desfilan personajes tan diferentes como Johnny Cash, Elvis Presley, García Lorca, el Che Guevara, Fidel Castro o Juan Carlos I. O incluso un Juan Carlos III.

 Borradores ofrece distintas entrevistas con Fernando Schwartz, que acaba de publicar ‘El príncipe de los oasis’ (Espasa), una novela de iniciación sentimental a través de un viaje por el desierto, protagonizada por el joven Yakub, que descubre el amor, la complicidad y un peculiar vínculo con su padre, el preceptor del rey Faruk; también se entrevista a Daniel Sánchez Arévalo que acaba de estrenar ‘Gordos’, película que se proyectará en la SCIFE.  El joven escritor aragonés Alfredo Mozas García asoma a la pantalla por vez primera, y publica su primer libro: ‘Odio tener que contarlo’. 

Además Borradores visita dos exposiciones: la de grabados de Maite Ubide, ‘Las playas de la vida’, una de las grandes profesionales del género en Aragón que ha tenido en la calle Princesa un taller de referencia, y la de collages de Pedro Avellaned, actor, fotógrafo y director de cine amateur.

 

La actuación musical corre a cargo del grupo oscense Kiev cuando nieva, formado por los hermanos Jorge y Carlos Aquilue, y Antxón Corcuera. La banda toca dos temas: ‘Sal’ y ‘Procedimiento’.

 

Borradores. Realización: Teresa Lázaro. Ayudante de Realización: Yolanda Liesa. Redacción: Ana Catalá Roca. Producción: Isabel Alcaine. Producción: Chip. Horario: domingo, a las 23.35. Aragón Televisión. Canal Satélite Digital: 97. Imagenio: 187.

[Este fin de semana he estado en Rubielos de Mora, y allí, entre otros amigos, coincidí con el fotógrafo Vicente Almazán. Me preguntó por la fotógrafa Michelle Magdalena. Pongo aquí una foto suya en su honor. Vicente es un fotógrafo incansable y minucioso. Todo le interesa. ¡Y de qué modo!]