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GARRAPINILLOS 2 -SANTA ISABEL 3

A nadie le gusta perder. Sobre todo tras un partido intenso y trabajando bajo un frío glacial. El Garrapinillos jugaba contra el Santa Isabel: habíamos bajado un peldaño y hemos bajado en el juego desde hace algunas semanas. En realidad, hemos perdido nuestra ventaja de cuatro o cinco puntos claros en cuatro partidos: hemos perdido en casa con el Picasso, con el Utebo, con el Perdiguera y hoy con el Santa Isabel. Demasiadas derrotas.
No se trata de buscar justificaciones: los rojillos de San Lorenzo han (hemos) experimentado un empeoramiento del juego, de los resultados, la suerte tampoco está con nosotros y las lesiones –alguna de última hora: la del capitán Lacabe será para un mes y media; la de Fran, para tres o cuatro semanas también; y hoy ha caído Pirri- nos persiguen. El parte es cada vez más abultado. A estas lesiones también se ha sumado, por segunda semana consecutiva, la de Jorge Rodríguez. Con todo, preparamos un equipo competitivo y sólido, al menos a priori: Luis; David Mateo, Jorge Beltrán, Enrique Romero, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Jorge Blasco (capitán), Alberto Luna; Óscar Ortiz y Eloy Mateo.
El escenario no era nada bueno: el viento empujaba con una furia antigua. Demoledora. Y el viento reventaba cualquier ánimo. El Santa Isabel jugó a favor del viento: al principio, no llegaba demasiado, a pesar del latigazo favorable, y nosotros no entrábamos en juego. Poco a poco, ellos se entonaron más: estaban más rápidos y más solidarios en las ayudas; y a nosotros nos faltaba dominio, combatividad y un poco de mentalidad. Las líneas estaban demasiado alejadas, a pesar de que jugábamos con un 4-4-2. En poco tiempo, marcaron dos tantos: uno, tras una espléndida jugada, de un inapelable zurdazo; y otro tras un fallo, sumado a la mala suerte y algunos despistes propiciados por el viento.
En el descanso, intentamos ajustar detalles. Esperábamos que el viento jugase con nosotros. Y esperábamos que nosotros nos viniésemos arriba. Ellos, para ponerlo todo muy, muy cuesta arriba, marcaron otro golazo: una buena volea desde fuera del área por la escuadra. El choque parecía muerto para nosotros. Y en cierto modo lo estaba. Hicimos cuatro cambios: entraron Alberto Rubio, que sería muy importante, Jesús Ángel, José Antonio ‘Pitu’ y Alberto Sancho. Al final, logramos llegar vivos a los últimos minutos: Alberto Rubio empujó dos veces el balón a la red. Y aún tuvimos alguna oportunidad de empatar, eso sí, más por presión, por la ayuda del viento, que por calidad de juego.
La casta apareció demasiado tarde. El nivel del grupo en esta ocasión fue regular tirando a flojo: hubo poco fútbol, aunque sí se trabajó, se peleó y acariciamos el empate. Habría sido el mal menor, aunque al final sufrimos un mal mucho mayor. Hemos perdido por quinta vez. Hemos sido los campeones de la primera vuelta, con 38 puntos, y en la segunda aún no conocemos la victoria. Pese a todo, seguimos los segundos, a dos puntos del líder, el Anento A Mesa Puesta.
GARRAPINILLOS CEDE EL LIDERATO

VILLANUEVA, 3 –GARRAPINILLOS, 3 (Eloy y Jorge Beltrán)
Uno de los campos más bonitos de la categoría, el mejor tal vez, es el del Villanueva de Gállego. Podría ser de Primera División quizá. Está encajonado allá abajo, con un espléndido césped artificial. Por la mañana solo había lluvia; después del mediodía se levantó el vendaval de los últimos días y pronto nos dimos cuenta de que íbamos a jugar contra el rival y con el viento. De nuevo tuvimos que ajustar la alineación e improvisar una nueva con Luis; David Mateo, Jorge Beltrán, Enrique Romero, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Jorge Blasco (capitán), Alberto Luna; Eloy Mateo y Óscar Ortiz. En la banda se quedaron Sergio Calvo, arquero suplente, y jugarían Alberto Sancho, Jesús Ángel y ‘Pitu’.
Antes del choque recordamos a un gran delantero centro: Enrique Castro ‘Quini’. Desde hace días necesitábamos goles. Y recordamos sus tantos, su forma de jugar, a su hermano Jesús, que murió ahogado tras salvar a unos niños que corrían peligro en el mar, a sus compañeros del Gijón y sus años en Barcelona. Y recordamos el secuestro, a su mujer de entonces Nieves, e incluso recordamos la novela que le dedicó Miguel Mena, con el detective Mainar. Escribimos en las paredes la táctica, anotamos sobre los azulejos algunos movimientos y nos conjuramos para intentar ganar: hoy era, y aún es, el cumpleaños de Óscar Ortiz, que acabaría haciendo un espléndido partido. Al final, cuando faltaba dos o tres minutos como mucho lanzó un disparo al palo: pensábamos que iba a ser el gran regalo, pero no fue así: su gran regalo ya lo había dado antes, a lo largo de 90 minutos, con un trabajo constante, con desborde, con carreras, con compromiso.
Fue un día extraño. El viento golpeaba un tambor invisible y rumoroso. Como de Semana Santa. Se estremecía todo. Ambos equipos salieron a calentar: el Villanueva trajo a su fotógrafo y se hizo la foto oficial; entre otros, reconocí a Víctor Domingo, a quien vi jugar en campo del San Gregorio cuando iba para estrella y era pretendido por el Real Zaragoza y el Villareal; por ahora se ha quedado, aunque quizá fuese el jugador con más calidad desde su puesto de mediocentro.
El partido empezó con claro dominio nuestro. Pronto nos pusimos por delante: quizá fuese un gol en fuera de juego, pero lo marcó Eloy. Y el propio Eloy, en una de sus mejores tardes, lanzó un trallazo a la escuadra que rebotó en la línea y no entró. A partir de entonces, el juego se mecanizó: el Garrapinillos robaba y se lanzaba a la contra, y tanto Óscar como Eloy rozaron el gol. El Villanueva se estiró: acabaría empatando de penalti, claro, y cruzando balones al área a favor de un viento casi invernal. En la segunda parte, con el viento a favor, pensábamos que todo iba ser un poco más fácil. Y no lo fue: Eloy lanza una falta contra la barrera, y los locales marcaron al contraataque. Cuando la cosa se había puesto dura, y no llegábamos con nitidez, se produjo una mano en el área del Villanueva. Eloy aprovechó para marca su segundo tanto de penalti, e igualó el partido. En ese instante, con el viento empujando contra los contrarios, la victoría parecía de nuestro lado. Sin embargo, al contragolpe, el Villanueva se puso por delante de nuevo: 3-2. Empató a la salida de un córner Jorge Beltrán, y en los dos últimos minutos fallamos ocasiones claras. Varias.
El resultado, con todo, fue justo. Nosotros no hemos estado bien del todo en defensa; aún así hemos recobrado el pulso del gol, hemos elaborado más que en los últimos partidos y hemos tenido empuje. Mucho empuje. El Villanueva es un buen equipo que aprovechó al máximo la bisoñez del colegiado con las pérdidas de tiempo; el Garrapinillos trabajó, no se dio por vencido, marcó goles, lanzó faltas, penetró por las alas, sobre todo por la izquierda y dio siempre la sensación de peligro. Jorge Blasco contagió su entusiasmo y su generosidad en el esfuerzo: él hace jugar mejor a sus compañeros. Y lo notaron Óscar y Eloy, lo notó Diego, que mejoró, y lo notaron Alberto Luna y Kike. El tono general, salvo algún que otro despiste en la retaguardia, ha sido prometedor. No debíamos haber perdido: hoy, tras tantas jornadas después, hemos cedido el liderato: el Anento A Mesa Puesta se ha puesto líder a un punto de nosotros, 40, que vamos igualados con El Salvador a 39.
La semana que viene, con un poco de suerte, recuperaremos a Pirri y a Lacabe; creo que a Jorge Rodríguez Gascón aún no.
[La foto es de José Antonio Melendo: Eloy mete gol.]
GARRAPINILLOS 0- UTEBO 2

GARRAPINILLOS, 0-UTEBO, 2
El Garrapinillos iniciaba hoy la segunda vuelta. Y lo hacía ante el Utebo en el campo de San Lorenzo. Conozco a muchos jugadores del Utebo: mi hijo Jorge jugó allí dos temporadas y una de ellas se proclamaron campeones de cadetes. Es un equipo con muchos jugadores, con un campo muy bonito y por lo regular sus jugadores se las saben todas. Sabíamos que iba a ser un partido difícil, de rivalidad inmediata: en el primer partido de la Liga nos ganaron por 3-1; la primera fue enteramente nuestra, pero no marcamos. Y en la segunda, ellos estuvieron más afinados de cara al gol y vencieron con claridad.
Hoy volvían tras haber mejorado mucho. Han pasado por diversas lagunas y resultados inciertos, pero en los últimos partidos habían mejorado. Nosotros hemos ido de menos a más, por eso nos hemos colocado líderes durante seis o siete jornadas, y en los últimos choques de más o menos. Hoy, por decirlo con suavidad, nos hemos embarrancado y perdimos por 0-2. Un análisis serio del partido podría hacernos pensar que el resultado es más bien injusto: de ellos fue la primera parte, más por eficacia que por juego, y nosotros aguantamos bien en la segunda, disparamos al travesaño (en una estupenda jugada de Eloy, que volvía de la nieve), fallamos dos ocasiones claras a saques de córner de Diego, pero no logramos nuestro objetivo: ni el empate, para poder soñar, ni siquiera un gol. La lesión de Óscar, por lesión para toda la temporada, y la de Jorge Blasco nos han diezmado notablemente de cara al gol.
No podemos buscar disculpas. Tuvimos dos fallos concretos a saque de falta, y ahí se puso todo cuesta arriba: en el primer gol, Dani Pequerul fue objeto de falta, clamorosa, pero el árbitro no lo vio. Y en el segundo, un jugador azulenco del Utebo sacó una falta cerrada, no encontró rematador, aunque amagó un delantero y se coló en la red. Así concluyó la primera parte y el partido.
Fue un choque bronco, sobre todo en la primera parte. Teatral incluso. Se jugó de poder a poder, con más empuje y vehemencia que calidad. A nosotros nos faltó dominio en la media y algo más de profundidad. En la segunda parte, no engarzamos jugadas pero ocasionamos peligro a balón parado. Jugamos de entrada así: Sergio Calvo; Dani Pequerul, Javier Lacabe, Jorge Beltrán, Eduardo Pirri; Diego Rodríguez, Alberto Luna, Kike Alcubierre, Fran Moreno; Óscar Ortiz y Eloy Mateo. También jugaron, Luisito, Quique Romero, Alberto Rubio y José Antonio ‘Pitu’. Pese a la derrota, el Garrapinillos se vació: trabajó, corrió, se desfondó y tuvo otro adversario: el viento. Dio la sensación de que el Utebo se manejó mejor contra el viento y un poco peor con el viento a favor.
No fue una tarde maravillosa, pero ahí seguimos intentando trabajar y mejorar. Nuestra ventaja ha descendido a un solo punto. Anento sigue segundo a 37 puntos y a dos puntos viene ya El Salvador.
GARRAPINILLOS: NUEVA VICTORIA
GARRAPINILLOS, 1- LA UNIÓN, LA JOTA-VADORREY, 0
Ganar cuesta cada vez más. Eso lo sabe muy bien Marcelo Bielsa: sus teorías, su percepción del fútbol, sus frases y su biografía fueron hoy la materia central de nuestra charla táctica. El Garrapinillos jugaba ante La Unión, La Jota-Vadorrey, que va por abajo, pero sabíamos perfectamente que nadie regala ni los goles, ni el juego, ni siquiera el balón. El Garrapinillos, con la lesión de Óscar Cambra y Jorge Blasco, la ausencia de Eloy (que se había ido a la nieve con su novia bien de mañana, y para ella eso, decía Eloy en broma, no era negociable) y la sanción de Fran, volvía a estar diezmado. Muy diezmado: hoy solo pudimos contar con cuatro suplentes en el banquillo. La tarde era preciosa: una tarde de anticipada primavera, llena de sol y de un viento incómodo: hoy empujaba furiosamente hacia el cementerio.
Como siempre, casi obsesivamente, camino de San Lorenzo sonaron varios temas de ‘Pearl’ de Janis Joplin. Ese disco es casi nuestra banda sonora; o cuando menos la mía. Hace días que no las tenemos todas con nosotros: parece que alguien nos mire mal, que alguien haya aojado al Garrapinillos: vaya, que exista un leve maleficio, podría decirse en broma. Ante las bajas, sabíamos que necesitamos el gol más: definición en ataque, disparos, creación de peligro, búsqueda de remate, incursión por las bandas.
Hicimos algunos cambios: por vez primera este año, hemos pasado de un clásico 4-3-3 a 4-2-3-1, con Eduardo García Pirri en punta y dispuesto a bregar, a rematar, a ejercer de pívot y de talismán para las llegadas de Diego y Jorge Rodríguez, de Quique Romero, que se descolgaría hacia la izquierda y de Alberto Luna, que arrancaría desde la medular.
Formamos así: Sergio Blasco; Mateo, Lacabe, Beltrán, Dani; Kike Alcubierre, Alberto Luna; Diego Rodríguez, Jorge Rodríguez, Quique Romero; y Pirri. Como suplentes, Pitu, Alberto Sancho, Jesús Ángel y Alberto Rubio. Nosotros vestíamos de rojo; La Unión, de blanco. El partido empezó bien: dominamos pronto, penetramos por ambas bandas, y en una internada en el área, Pirri fue derribado. Lacabe marcó de penalti. El equipo intentó seguir jugando con brillantez, tocando, triangulando, intentó jugar en la media, arrancar desde ahí, pero pronto sufrimos una importante baja: Jorge Rodríguez recibió una importante tarascada y tuvo que retirarse; ahora está en la clínica de Monte Canal y están intentando descartar una contusión renal u otras complicaciones. Está con gotero. Hizo lo que pudo en una nueva posición, de media punta con mucha movilidad, pero apenas tuvo tiempo de entrar en juego: recibió muchos golpes, y ante un equipo agresivo se resiente su menudencia, su fragilidad y, sobre todo, su juego vistoso. Mucho ánimo desde aquí: era un día importante para él.
En la segunda parte, el partido siguió trabado, con lances violentos, con intensidad. La Unión, que se quedó con diez jugadores, había venido a vender cara su derrota; a favor del viento, planteó algunos problemas en los balones aéreos, pero ahí tanto Lacabe como Beltrán estuvieron sobrios. Lacabe volvió a demostrar que es un gran central, un gran libre, y Beltrán es uno de los secretos de la zaga del Garrapinillos. Los laterales también estuvieron bien; Pequerul trabajó a destajo. Hubo un poco de todo hacia el final: ocasiones claras nuestras, sin duda, de Alberto Rubio, de Diego, de Pitu, y La Unión se encontró con un regalo inesperado en el minuto 90: una cesión de Mateo al arquero Sergio Calvo, que en realidad no había sido, nos llenó a todos de nervios. En esa tensión de colocación de la barrera, la defensa del Garrapinillos logró abortar el terrible disparo, y poco después moría el partido. Garrapinillos 1, La Unión 0. Debimos haber ganado con más claridad, pero también pudimos haber empatado. Para la semana siguiente, entre otras bajas, más que posible la de Jorge Rodríguez también, perdemos a David Mateo, nuestro lateral derecho, por acumulación de tarjetas. Cumple ciclo de cinco. El trabajo de todo el conjunto merece el elogio: Diego pareció más entonado; Kike Alcubierre intentó jugar con firmeza, Alberto Luna sigue creciendo, Pirri peleó hasta la extenuación, Rubio corrió y corrió, Jesús orientó el juego en el centro del campo tras su salida; Romero fue de menos a más...
El partido ha tenido, de nuevo, esa vibración con algunas brusquedades y esa emoción de los últimos partidos en casa. Nos cuesta mucho ganar. Muchísimo. Eso sí también encajamos pocos goles, y eso nos está permitiendo seguir ahí arriba. El Salvador y el A Mesa Puesta han ganado con claridad, y se mantienen al acecho. El Garrapinillos, mientras tanto, sigue trabajando martes, jueves y viernes para mejorar su juego, para resultar más competitivo, para llevar la iniciativa en el desarrollo de los partidos.
El domingo nos visita el Utebo. Se avecina otro temblor: es un duelo entre vecinos. Eso sí, perdemos a Jorge Rodríguez, pero vuelven Eloy y Fran, dos zurdos exquisitos.
PD. Jorge ya ha regresado a casa. Dicen que solo es un fuerte golpe. Tendrá que guardar reposo durante diez días; entonces, volveré a Monte Canal. Aquí lo vemos en una foto de archivo sacando un córner desde la derecha.
EL GARRAPINILLOS CEDE EN MONTAÑANA
MONTAÑANA 1-GARRAPINILLOS, 0. LOS AZULES FUERON MEJORES

Montañana es un campo que me gusta. Por allí vive mi amigo el pintor Carmelo Ramos Rebullida, tiene casa Ángela Labordeta, recordé el gran cuadro de Eduardo Laborda de la papelera... A pesar del olor reinante, pegajoso y desagradable, el campo tiene una atmósfera levemente romántica o quizá apocalíptica. Como si estuviera varado en un otoño perpetuo y floral. Con todo me gusta mucho: el año pasado, el Garrapinillos (dirigido por Carlos Molina) jugó allí un buen partido, se colocó 2-2, tuvo varias ocasiones de ensanchar el marcador, y al final el equipo azul, que se adapta muy bien al césped y a sus incómodos botes, resolvió con eficacia y venció por 4-2.
En un día neblinoso, el Garrapinillos volvió a esa cancha con 35 puntos, 17 más que su rival. Volvía con bajas claves: Óscar Cambra, Eloy, sancionado, Jorge Blasco, con fractura maxilofacial, Javier Lacabe, que está muy diezmado, Kike Alcubierre, con un golpe en el empeine, Pirri, lesionado en una muñeca y en el cuello... Etc. El partido se presumía difícil. E iba a serlo: la tarde era suave, de una neblina densa, de un olor envolvente. Formamos con un equipo inédito: Luis; David Mateo, Jorge Beltrán, Enrique Romero, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, que lució por vez primera la capitanía, Alberto Luna, Jorge Rodríguez; Alberto Sancho, que debutó en la titularidad, Óscar Ortiz y José Antonio Mochales, ‘Pitu’. En el banquillo quedaron Sergio Calvo (que pararía un penalti, tras la expulsión de Luis), el juvenil Jorge de Miguel, Jesús Ángel, Alberto Rubio, que había tenido una dura semana con anginas y ganglios, y el ya citado Javier Lacabe.
Empezó el partido. Y el Garrapinillos pareció tomar el mando: Alberto Sancho penetró por la banda, Óscar Ortiz disfutaría hasta de dos ocasiones, o tres, con cierta claridad, y el juvenil estuvo vertical y peligroso, Pitu también dispuso de algunas ocasiones, borradas de golpe por la señalización injusta de fuera de juego. Pero cuando parecía que la primera parte acababa 0-0 (los locales no se habían estirado con peligro hasta entonces), se encadenó una sucesión de fallos de los rojillos y el Montañana marcó en lo que pareció un claro fuera de juego. Así terminó la primera parte, y así concluiría el partido.
En la segunda, haríamos varios cambios. Buscamos mayor profundidad y algo más de juego arriba con la incorporación de Javier Lacabe, pero pronto nos quedamos con diez. En una confusa jugada, Luis salió a por un balón, llegó en el área grande antes que el delantero, se produjo un leve choque, y el árbitro señaló penalti y expulsión. Sergio Calvo paró la máxima pena, y el Garrapinillos, con uno menos de nuevo (igual que nos sucedió la pasada semana ante el Silos), intentó irse arriba. Generó algunas jugadas, pero la segunda parte, sobre todo en los últimos veinte minutos el Montañana pudo aumentar hasta tres o cuatro veces el tanteo. Sacamos al menos tres balones claros de gol. Si hubiéramos perdido por 4-0 o 3-0, no habría sido injusto. Los azules aprovecharon la superioridad numérica y le hecho de jugar a favor de marcador. Hicieron un buen partido, y nosotros no estuvimos a la altura de nuestra clasificación.
Nos volvió a faltar juego, triangulación, algo más de personalidad, de iniciativa y calidad, y peligrosidad arriba. Nos faltan nuestros goleadores (Óscar Cambra, que ha dicho adiós a la temporada con nueve goles, y Eloy, sancionado, que lleva ocho), aunque batallamos en todas las zonas sin dejar de buscar la igualada o un golpe de suerte.
Con todo, el Garrapinillos será campeón de la Primera Vuelta. Y habida cuenta de las aciagas circunstancias, quizá no sea para echar cohetes ni cantar victoria alguna, pero podemos estar un poco satisfechos. Tenemos que mejorar, sin duda, y recuperar el pulso que no llevó a estar once partidos invictos. Hay algunas señales importantes: el gran partido de Enrique Romero, su primer choque completo de la temporada, el crecimiento de Alberto Luna, cada vez más asentado, el rendimiento de Óscar Ortiz, que quizá no estuviera todo lo rutilante que él es, pero trabajó mucho y buscó afanosamente el gol y su mejor forma..., la seriedad de Jorge Beltrán en la zaga..., la entrega de todos, el coraje, el deseo de vencer o de vender cara la derrota. También probamos a Jorge Rodríguez de interior izquierda, aunque es mucho más peligroso arriba, cerca del área. O de media punta, a la manera de Silva. Corrió y corrió, pero no encontró el pase decisivo, igual que le ocurrió a Diego, que parece atravesar un ligero bache de juego desde su decisivo gol a Marianistas.
La semana que viene nos visita la Unión. Y, aunque sea un tópico, en esta igualadísima y tensa Liga de I Primera Regional, grupo I, no existe rival pequeño. Y eso lo vemos y lo sufrimos domingo a domingo.
SUFRIDA Y MÍNIMA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS ANTE EL SILOS 1-0

GARRAPINILLOS 1- SILOS 0
Las fiestas navideñas trajeron la dispersión entre los jugadores del Garrapinillos. Tuvimos cena para despedir el año, tras la victoria ante el Marianistas, donde nos quedamos sin Óscar Cambra para toda la temporada a consecuencia de una lesión de ligamento cruzado. Entrenamos tres días, pero no siempre todos: sabíamos por tanto que el partido de hoy ante el Silos en el campo de San Lorenzo, en un día luminoso, ventoso y casi primaveral, iba a ser difícil. Queríamos, además, dedicarle la victoria a Óscar y también a Néstor: ambos no volverán a jugar, probablemente, esta temporada. Por eso los chicos habían preparado una camiseta blanca de ánimo para ambos: Néstor no pudo venir, pero el exterior Óscar estaba allí. Como siempre. Como si fuera a lucir la camisola del 20, que hoy lució Alberto Sancho. Y que lucirá lo que resta de campaña.
Arrancamos con bajas y lesionados: a las suspensiones para Jesús Ángel y Fran, se sumaba la lesión de Javier Lacabe y la de Jorge Blasco, que se sentó en el banquillo. Jugamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Eduardo García ‘Pirri’, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Alberto Luna; Jorge Rodríguez, Eloy Mateo y José Antonio ‘Pitu’. En el banco se sentaron el arquero Luis, Alberto Sancho, Quique Romero, Alberto Rubio y Jorge Blasco. El partido empezó sin brillo. El viento jugaba contra los rojillos de San Lorenzo; con todo, la jugada mejor elaborada, e iba a ser casi la única, fue por la derecha, trenzada entre Jorge y Diego Rodríguez que acabó en un centro hacia Eloy y ‘Pitu’, que no encontró rematador. El Garrapinillos no encontró su sitio: ni administraba el balón, ni lograba profundizar ni generaba ocasiones; aún así, Eloy pudo marcar en un par ocasiones, en ambas partes. Por desgracia, no marcó: recibió dos tarjetas amarillas y dejó al equipo con diez y con un alarmante 0-0 hacia el minuto 20 de la segunda parte. Jorge Blasco sustituyó ya en la primera parte a Kike, con una lesión en el empeine; y nuestros jugadores, en lances claros, otros pueriles y algunos más que dudosos, recibirían tarjetas sin conocimiento: prácticamente hubo tarjetas para casi todos. Para David Mateo, Jorge Beltrán, Eduardo Pirri, Dani Pequerul, Jorge Rodríguez, Alberto Luna, Jorge Blasco...
Con diez sobre el campo, Jorge Blasco recibió un centro limpio desde la izquierda y se elevó sobre su marcador, y marcó en un testarazo limpio hacia atrás. El Garrapinillos mejoró un poco en la segunda parte, pero también el Silos se estiró y generó ocasiones claras que salieron fuera o que marró por poco. Hacia el final, Jorge Blasco recibió un terrible cabezazo, pareció fortuito, de una rival en el hueso maxilofacial, y aún no sabemos qué le ocurre. Otra baja importante. Al final, con mucho trabajo y mucha pelea, y la fortuna necesaria que se necesita cuando juegas con diez y has ido perdiendo jugadores claves, el Garrapinillos resistió y venció por uno a cero. Un resultado que premia no la brillantez de juego, ni el dominio, sino el pundonor, la intensidad, la búsqueda de la victoria, y que premia también algo que los jugadores querían hacer antes de empezar el choque: dedicarle la victoria a Óscar y a Néstor. Y también a Rafa, el lateral zurdo lesionado, y a Jaime, que deja el equipo porque se marcha para ingresar en el ejército, donde aspira a hacer carrera.
El equipo se ha quedado diezmado. Ha perdido a Jorge Blasco para algunos partidos, tal vez, a Eloy y a Jorge Rodríguez por acumulación de tarjetas, y quizá recupere al capitán Lacabe el próximo día.
Pese a todo hay que felicitar a los jugadores: no han brillado como otras tardes, pero han logrado el objetivo: jugar, aguantar el cierzo, marcar y vencer al Silos, que no dio mala impresión en ningún momento. Por ahora, seguimos líderes. Costó, costó, costó lo que no está escrito; el Garrapinillos esta vez acusó el relax navideño, las bajas y le faltó pegada. La pegada que había tenido en otros momentos. Con todo, seguimos ahí, en lo más alto, con los tres puntos de ventaja que teníamos sobre A Mesa Puesta-Anento, y con 35 puntos en 15 partidos, dos más que el año pasado en 34.
*En la foto de archivo, Diego Rodríguez. Hoy ha estado por debajo de sus posibilidades.
MARIANISTAS, 0-GARRAPINILLOS, 1 (DIEGO)

EL GARRAPINILLOS GANA A MARIANISTAS Y PIERDE A ÓSCAR CAMBRA
La derrota del pasado domingo ante el Picasso nos hizo mucho daño: Javier Lacabe y Jorge Blasco, los dos capitanes, estaban lesionados. David Mateo y Eloy Mateo fueron castigados con un partido de suspensión, Jesús Ángel arrastraba dos tras el choque con El Salvador y Fran Moreno ha sido penalizado con cuatro partidos por agresión a un contrario. Y por si fuera poco, el goleador Óscar Cambra también estaba tocado. De entrada, Óscar, Lacabe y Rafa, que volvía, se quedaron fuera para una urgencia. A esas bajas se le sumaban otras: Alberto Rubio, enfermo y tocado en la rodilla, Néstor, que quizá se haya perdido toda la temporada, Alberto Sancho, que ha estrenado su nueva ficha con una estancia en Miami, etc. Y con un equipo diezmado fuimos a jugar al campo del Marianistas, un campo que rara vez se le da bien al Garrapinillos. Formamos con otra alineación nueva: Luis; Quique Romero, Jorge Beltrán, Eduardo ‘Pirri’, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Alberto Luna; Jorge Rodríguez, Óscar Ortiz y José Antonio ‘Pitu’. De reservas, Sergio Calvo, arquero, y Jorge de Miguel, juvenil, Rafa, Lacabe y Óscar Cambra.
El campo de Marianistas es uno de los peores de la Liga. Es irregular, tiene baches y pozas, y en algunos sitios está muy blando. Recordamos a Laszi Kubala antes del choque, y salimos a jugar con pasión e intensidad. Tanta que a los 30 segundos Jorge Rodríguez falló un gol cantado ante el marco; seguimos dominando y penetrando por las bandas con vivacidad en una tarde de domingo melancólica y muy fría. Fallamos mucho en la primera media hora: arriba, Pitu hizo su mejor partido con el Garrapinillos, y los bajitos Jorge y Óscar Ortiz, aún juvenil, creaban ocasiones: de jugada elaborada, al contragolpe o en los córners. A medida que avanzaba el choque, el Garrapinillos pareció desfondarse un poco tras tantas oportunidades falladas, y el Marianistas se vino arriba, aunque no generó demasiado peligro. Tiene un equipo homogéneo y luchador, donde destaca su menudo número once: dinámico, listo y con muchos recursos. Dani Pequerul tenía que sobreponerse una y otra vez a sus internadas; en la media, perdimos un poco el control, aunque el balance total de los medios no sería malo.
En la segunda, seguimos trabajando. Ellos salieron algo más agresivos. Dominaron sin verticalidad incontrolable: en los balones altos, tanto Pirri como el arquero Luis resolvieron bien. Decidimos que entrase Óscar Cambra, nuestro goleador con Eloy Mateo. Y pronto le dio un impulso mayor a nuestro ataque: en una de sus internadas, centró y apareció Diego para marcar. Diego trabajó mucho pero no estuvo tan fino como otros días, pero esta vez no falló en el área pequeña. El equipo siguió trabajando, buscando ampliar el marcador, y en una de las internadas de Oscar por la izquierda, pisó mal y notó un dolor insoportable en la rodilla. Tuvo que abandonar el choque entre lágrimas. Entre lágrimas sí y con esa pesadumbre indefinible de quien se acaba de dar cuenta de que algo grave ha pasado.
El Garrapinillos dio entrada a Lacabe, que jugó arriba y estuvo a punto de marcar (también notó un tirón), a Rafa, a Jorge de Miguel, y peleando peleando, trabajando en todas las líneas, logró la victoria: 0-1. El equipo se había conjurado para dedicarle el triunfo a nuestro exterior. Seguimos ahí arriba, con tres puntos de ventaja sobre otro equipo muy fuerte: el Anento A Mesa Puesta, que venció a El Salvador por 2-4. Nosotros nos alejamos de los demás: el Salvador queda a ocho puntos y el Movera también ha perdido en casa.
Lo terrible ha sido la noticia que nos llegó a las 18.30 o algo después: Óscar Cambra sufre una lesión de ligamento cruzado. Tendrán que operarlo, claro, creo, y lo más seguro es que se pierda toda la temporada. Una auténtica pena por él, sobre todo, por nosotros y por el Garrapinillos: Óscar quiere mucho al equipo, es un futbolista determinante y hace piña. Uno de los secretos de nuestras diez victorias y dos empates es la unión del equipo y, entre otros factores, el olfato goleador y el talento de Óscar. Uno de los jugadores que marca la diferencia.
*En la foto de Josean Melendo, Oscar Cambra.
GARRAPINILLOS 1- PICASSO 2

GARRAPINILOS, 1 (Óscar)- PICASSO, 2
¡TENÍA QUE PASAR!
Sabía que tendría que pasar. Llevábamos once partidos invictos: nueve victorias y dos empates. Tras la laboriosa victoria ante El Salvador, probablemente el mejor conjunto de la categoría, nos visitaba hoy el Picasso. Otro buen equipo, de los de arriba. Se había caído, por lesión, Jorge Blasco. La verdad es que hoy no las tenía todas conmigo: hicimos un par de cambios. Alberto Luna tomó el relevo de Jorge y Alberto Rubio sustituyó a Jorge Rodríguez. La primera fue una sustitución forzosa; la segunda, una oportunidad de salida para Alberto, que ha entrenado muy bien todas estas semanas, y un descanso para Jorge, que tenía pequeños problemas de pubis. Formamos de salida así: Luis; David Mateo, Jorge Lacabe, Jorge Beltrán, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Alberto Luna, Fran Moreno; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Alberto Rubio. Entrarían a lo largo del partido Eduardo García Pirri, Kike Alcubierre, Jaime, Jorge Rodríguez y José Antonio Mochales ‘Pitu’.
Al Garrapinillos le costó entrar en el partido. Los azules del Picasso, muy bien situados, empezaron dominando. Además, pronto tuvimos un contratiempo muy importante: el capitán Javier Lacabe, nuestro cierre, tuvo que retirarse por lesión a los cinco minutos. Y de ese dominio nació su primer tanto. Los nuestros se estiraban y se estiraban, intentaban triangular en el centro y forzaron varias ocasiones de gol a las que respondían también los del Picasso; de repente, tras detener un contragolpe, Alberto Luna se hace con un balón en el centro del campo, ve la buena posición de Óscar, y le envía un balón medido: Oscar avanza por la izquierda y bate al portero.
En la segunda el Garrapinillos empezaba a adueñarse del choque. Ellos jugaban con seriedad, con dos jugadores: el cuatro, un veterano con calidad y un delantero centro, al que parecían llamarle ‘Canario’, realmente peligroso. Escurridizo, veloz, con buen control de balón. Los rojillos avanzaban y generaban ocasiones: el centro del campo con Diego, Luna y Fran empezaba a hacerse con el choque. Pero se produjo una tangana, y de ella salió David Mateo con la segunda amarilla. Nos quedamos con diez. Y poco después, en un otro lance en el que Fran fue objeto de falta, le soltó una tarascada a su adversario: roja directa. Con todo el Garrapinillos siguió peleando por la victoria. Siguió fajándose con internadas constantes de Óscar y de Diego, sobre todo, con los disparos y los córners de Jorge Rodríguez, pero hoy no era el día de nuestros goles, ni el de Eloy, poco afortunado de cara al gol. En un contragolpe, el Picasso marcó su segundo gol. Y aún buscamos el empate: de córner, de falta, al contragolpe, con ese componente de pasión y heroísmo de domingo vespertino. El Picasso también generó nuevas ocasiones, y el tiempo fue pasando pasando, en medio de la niebla, y acabó obteniendo la victoria por 1-2.
El Garrapinillos perdió su segundo partido. Tenía que pasar, pero lo cierto es que nunca debimos perder: lo hicimos, además de los méritos del rival, que aprovechó nuestra inferioridad numérica, por esos calentones que no conducen a ningún sitio. Ahora, el Garrapinillos tiene tres expulsados: Jesús Ángel, David Mateo y Fran Moreno, y varios lesionados: Javier Lacabe y Jorge Blasco, entre otros. Pero habrá que seguir. Todos pierden: también perdió el Madrid, eso sí, lo hizo con once jugadores, ante un equipo que jugó con sus armas.
Pese al varapalo, seguimos líderes con tres puntos sobre el A Mesa Puesta Anento, que ha vencido al Movera, y cinco sobre El Salvador, que ha empatado fuera. Nadie lo tiene fácil.
*Diego Rodríguez en una foto de Josean Melendo.
SÓCRATES O EL TALÓN DE DIOS
SÓCRATES
Hay futbolistas raros que flotan sobre el césped. Se mueven, zigzaguean aquí, amagan allá, bajan el balón y reptan con elegancia animal; hay un instante en que diríamos que parecen levitar. Que fundan un orden nuevo, una placidez, un deslumbramiento. Y eso ocurría con Sócrates, el centrocampista de cuerpo casi gigante, 1.92, y de pie breve, apenas un 37, que acaba de fallecer a los 57 años. El futbolista que se parecía un poco a su ídolo Che Guevara y que se reunió en el desierto con el atrabiliario Gadafi, cuando el tirano parecía un rebelde antisistema. Si lo veías, con sus pasos grandes de zancuda, sospechabas que era lento. Era tan esbelto que pensabas que iba a ser quebradizo, vulnerable a cualquier patada o empujón. Incluso tenía algo de hippie extraviado en un estadio: con aquel pelo ensortijado, con aquella cinta que reclamaba libertad y justicia como si fuera un Mesías de los pobres.
En sus días de gloria, los futbolistas llevaban un pantalón minúsculo y ajustado: hasta por eso reclamaba la atención el jugador del Corinthians. El doctor Sócrates poseía buen porte y nada hacía pensar que fuera un gladiador. Sócrates se buscaba a sí mismo y se encontraba en los demás. En el juego colectivo, en la arrancada, en el contragolpe, en el pase preciso, en aquella elegancia que empezaba por su actitud: siempre tenía la cabeza erguida. Se encontraba con los otros, con aquella media inolvidable que formaba con Falçao, Toninho Cerezo y Zico, empujados desde atrás por Junior; arriba los esperaba a todos el cañonero Eder. Sócrates era, con Zico, el líder del Brasil de 1982, que perdió ante Italia por 3-2: aquel equipo estaba llamado a hacer historia, pero le venció su excesiva facilidad, una cierta indolencia y la soberbia, y la pegada trasalpina, por supuesto. Rossi, con tres goles, lo mandó a casa y destrozó la leyenda futura de aquel conjunto, donde brillaba Sócrates.
Brillaban los demás, y brillaban mucho, pero Sócrates era especial: era un mago, un malabarista, un jugador táctico si era necesario, buen cabeceador y, ante todo, un centrocampista imprevisible. Desconcertante. De seda y de hierro, delicado y fajador. Siempre sabía lo que había que hacer. En 1986, en el Mundial de Maradona en México, Sócrates volvía a ser el mariscal del ‘jogo bonito’ de Brasil, pero también cayó cuando empezaba a librarse la batalla del título ante Francia en los penaltis.
Sócrates trajo al fútbol algo nuevo: el compromiso social, la defensa del paria, la exaltación de la libertad y de la república. Y dejó, y para ser centrocampista no es nada desdeñable, más de 200 goles. Nadie en la historia del fútbol ha golpeado de tacón como él: marcaba hasta penaltis. Si Maradona fue “la mano de Dios” y mucho más en el altiplano mexicano en 1986, Sócrates, el doctor Sócrates de balones, estrategias y almas de espectadores a la deriva, deberá pasar a la historia como ‘El tacón de Dios’. O, simplemente, ‘Talón de Dios’.
*Este texto, con leves cambios, apareció el martes en heraldo.es.
GARRAPINILLOS, 1- MOVERA, 1

Era un partido entre amigos y a la vez era un partido a cara de perro. El Movera fue de líder durante algunas semanas en Primera Regional y parecía uno de los gallitos de la categoría: cuatro ex jugadores del Garrapinillos juegan ahí, los hermanos Ángel y José Cambra, Fernando Larrosa, que parece vivir una segunda juventud, y Roberto, un medio centro fino, de toque, con buena dirección, pero también contundente, veterano y peleón. No se amilana y si hay que hacer una falta táctica, o algo más, ahí está. El Garrapinillos había empatado con diez en un campo difícil como el de Huracán, y esperaba este partido: era uno de los dos aplazados que podía modificar nuestra ventaja en la clasificación.
Ha sido un día especial: un día de luz primaveral. El campo estaba muy bien. Y en el partido pronto se vio que iba a estar reñido. Ellos, a pesar de sus dos buenos medios centros, juegan a la inglesa, sin apenas transiciones. Pronto firmaron una excelente jugada al contragolpe, que no halló rematador. Poco a poco, el Garrapinillos fue tomándole el pulso al partido y empezó a penetrar por las bandas, sobre todo por el costado izquierdo. Tras una jugada por la izquierda, el árbitro pitó una falta a nuestro favor, Jorge Rodríguez la sacó muy rápido y Óscar aprovechó para marcar de cabeza. Los rojillos siguieron atacando, pero la primera parte terminó así. 1-0. Y mucha intensidad, nervio, tensión de área a área; el Garrapinillos intentaba contener a José Cambra, su jugador más peligroso, que igualaría en la segunda parte tras una espléndida jugada por la izquierda que culminó con un centro muy preciso.
Los amarillos atacaron en pelotazos largos, intentaron desbordar por el centro con algún peligro, pero no inquietaron a Luis. El Garrapinillos siguió atacando y generando ocasiones: internada de Óscar, trallazo de Eloy, remate en la boca de gol de Pirri de cabeza, posibilidad de remate de Romero... El empate nos supo a poco, pero ha sido ante un buen rival. Nos reafirma en lo alto de la clasificación con tres puntos sobre el segundo, El Salvador, con quien nos enfrentamos este jueves a las once y media. Será, sin duda, un partido difícil. Muy difícil. El Garrapinillos había ganado ocho partidos consecutivos y ha empatado los dos últimos. Esta va a ser una liga muy dura. Todos los rivales son fuertes, y eso se ha visto hoy.
Hemos formado así: Luis; Mateo, Lacabe, Beltrán, Pirri; Diego, Alberto Luna, Fran; Óscar, Eloy y Jorge Rodríguez. También jugaron Enrique Romero, Kike Alcubierre, Alberto Rubio, Jaime y Pitu, que volvía tras su lesión de varios meses. Curiosamente, antes del choque hoy recordamos al Milan de Arrigo Sacchi, de finales de los 80 y principios de los 90 como emblema y símbolo de la idea de equipo y del fútbol total. Nos ha faltado brillantez, sobre todo en la segunda mitad, pero con todo el equipo ha trabajado mucho; muchísimo. Y se hizo acreedor a la victoria. Quizá esta vez el entrenador no estuviera afortunado del todo con los cambios, pero una norma no escrita es que en el Garrapinillos intentamos que jueguen todos. Recibimos cuatro tarjetas amarillas: Alberto Luna, Javier Lacabe, Jorge Rodríguez y Eloy Mateo.
*En la foto de Aloma, Óscar Cambra, de espaldas, y Diego Rodríguez.
HURACÁN, 1-GARRAPINILLOS, 1

Ayer por la mañana el Garrapinillos se ha enfrentado al Huracán de María de Huerva. El equipo amarillo y negro llegaba tras haber ganado con brillantez en el campo de Santa Isabel, uno de los gallitos de la categoría: 0-5. Nada menos. Antes del choque, en un campo más bien reducido, no demasiado ancho, se oían los comentarios de los locales: “A muerte, eh. A muerte”. Son frases que se escuchan en cualquier vestuario: son los comentarios de ánimo, la petición de intensidad. El equipo que no andaba muy bien en la tabla quería prolongar el buen partido del fin de semana pasado.
El Garrapinillos venía a mantener su liderato; a última hora, se cayeron Eduardo Pirri y Fran, por lesión e indisposición respectivamente. De salida formamos así: Luis; David Mateo, Javier Lacabe, Jorge Blasco, Dani Pekerul; Diego Rodríguez, Jorge Blasco, Alberto Luna; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Jorge Rodríguez. Esperaron su turno, Enrique Romero, Alberto Rubio, Jaime y Jesús Ángel, que disfrutaron de minutos, y Sergio Calvo, el portero suplente.
El partido empezó con un ritmo intenso: el equipo local se adueñó del campo a fuerza de balones largos. El Huracán realiza un juego muy inglés, sin transiciones. Poco a poco, el Garrapinillos estiró sus líneas y generó algunas jugadas de ataque; sin embargo, en un avance por la izquierda, David Mateo pugnó por un balón fuera el área, derribó a su adversario casi un metro fuera del área y el árbitro señaló penalti. Luis estuvo a punto de atrapar el balón. El Huracán se adelantaba. A partir de ahí el Garrapinillos empezó a jugar mejor, a controlar mejor los espacios, se asociaron sus jugadores, y en otro avance, el colegiado señaló penalti. Jorge Blasco empató el choque.
La segunda parte fue muy intensa: el Garrapinillos dominó en un primer término, generó varias ocasiones de gol, el Huracán respondió siempre, hasta que Jorge Blasco fue expulsado por doble amarilla. Y a partir de ahí, hubo reajuste de líneas, y el Garrapinillos tuvo que defenderse como pudo. Casi heroicamente, con un Luis soberbio y milagroso; si en la primera había tenido dos intervenciones casi inverosímiles, en la segunda, siguió en esa tónica. El Huracán, con más ganas y empuje que finura, buscó con ahínco la victoria y remató un balón muy limpio al palo: pareció gol, pero el poste repelió el esférico hacia las manos del arquero. Los rojillos siguieron estirándose con un jugador menos, hubo varios avances de Enrique, Diego y Alberto Rubio, sin demasiado éxito. Y al final, tras cuatro o cinco minutos de prolongación y de agonía, el resultado final no se movió: Huracán, 1-Garrapinillos, 1. No era lo que habíamos soñado, pero ganar en María de Huerva no resulta fácil, y menos si juegas con diez durante más de 25 minutos.
Este ha sido un partido más épico que otra cosa: de batalla, de intercambio, de fajadores. Intenso, trabado, con muchas interrupciones. Y muy emocionante porque el marcador fue incierto. Al Garrapinillos le ha costado mantener el resultado: esta vez, tras un intenso trabajo de contención, el primer empate sabe un poco a victoria. Podría haberse perdido. Y el domingo, ya en casa, jugamos nuestro primer partido aplazado contra el Movera, en el que juegan tres estupendos jugadores de Garrapinillos: Fernando Larrosa ‘Caspolino’, y los hermanos José y Ángel Cambra. Un equipo peligroso.
[Esta foto de David Mateo, nuestro lateral derecho, es de José Antonio Melendo.]
GARRAPINILLOS, 3- ARENAS, 0

El Garrapinillos, por distintas razones, llevaba dos fines de semana sin jugar: primero se suspendió el partido ante el Movera y la semana pasada ante El Salvador. El equipo se había aupado a la cabeza de la clasificación tras su victoria ante El Burgo y ante el Anento. Hoy nos enfrentábamos al legendario Arenas, el equipo en el jugó Tomás Hernández ‘Moreno’, el de la delantera del Barcelona que cantó Serrat (Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón), con el que habíamos jugado en pretemporada un vibrante partido que acabó 4-4. Recuerdo que el cineasta Antonio Artero siempre se confesaba, con un punto de nostalgia, del antiguo Arenas. El Garrapinillos tenía algunas bajas: a las ya consabidas de Néstor, Rafa, Pitu, se sumaron otras ausencias: Quique Romero, Kike Alcubierre y Jaime. El equipo no ha repetido formación en ninguno de sus partidos y hoy tampoco. Formó con: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Javier Lacabe, Dani Pekerul; Diego Rodríguez, Jorge Blasco, Fran Moreno; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Jorge Rodríguez. En el banquillo, esperando su turno, estaban Alberto Luna, Alberto Rubio, Eduardo García ‘Pirri’, Jesús Ángel y Luisito. Jugaron todos.
El Arenas pareció entrar mejor en el choque y generó una de esas jugadas al contragolpe que deciden una tarde: la salvó Sergio Calvo, nuestro arquero, y a partir de ahí el Garrapinillos empezó a jugar con comodidad y dominio. Abrió el juego a las bandas, combinó en el centro y pronto entraron en juego Eloy, Óscar y Jorge arriba. El equipo ganó muchos enteros cuando Jorge Beltrán tomó el centro del campo y disputó todos los balones por arriba. Los disputó, los ganó casi siempre y distribuyó todo lo que pudo. En una de las mejores jugadas de la tarde, con todo el bloque concentrado, David Mateo profundizó por la banda y centró para que marcase su hermano Eloy. Poco después, Óscar engancha un balón cerca de la media luna, desborda hacia la izquierda, burla con nitidez a tres rivales y le cruza el balón al arquero. Era el 2-0. Y el Garrapinillos enhebraba un buen balompié: de toque, de velocidad, de complicidad.
En la segunda parte, el equipo salió frío. Un tanto descentrado. A Jorge Blasco, hoy capitán (celebraba, además, sus 29 años), se le agotó el gas: en su lugar entró Alberto que iba a marcarse un gran partido en el eje del centro del campo. Alberto Rubio entró por Jorge Rodríguez, que también había hecho un buen partido... Ellos atacaban con más empuje que con peligrosidad; con todo Sergio realizó dos o tres paradas de mérito. La entrada de Luna, más fresco, le dio nuevo impulso al equipo, Óscar seguía generando ocasiones, igual que Eloy, y finalmente sería Diego quien sentenciaría con un tercer tanto. Al final, el Garrapinillos volvió a hacerse dueño del choque, sobre todo al contragolpe, y pudo aumentar la diferencia. Conclusión: Garrapinillos, 3 (Eloy, Óscar y Diego)-Arenas, 0.
Fue un partido redondo. Sobre todo en la primera parte, donde los rojillos alcanzaron lo que buscaban: solidez, intensidad, desmarque y buenas combinaciones. Y el equipo sigue ahí, trabajando domingo a domingo, con entusiasmo y con seriedad.
Al final, el cielo se volvió a cárdeno. Espeso. Como si escondiese detrás, en su corazón oculto, un gran temporal. No fue así: quedó una tarde estupenda, salpicada por lágrimas de llovizna. Curiosamente, a los jugadores del Garrapinilos les tocó, en el sorteo, el jamón. De ahí, algunos nos fuimos a votar.
*La ilustración es de Josema Carrasco.
VICTORIA DEL GARRAPINILOS 6-3

GARRAPINILLOS 6- EL BURGO 3
[El Garrapinillos vence a El Burgo de Ebro y se coloca líder en solitario, con dos puntos de ventaja, tras la derrota del Anento A Mesa Puesta y la derrota del Movera. El equipo rojillo logra su sexta victoria consecutiva.]
José Antonio Melendo, el fotógrafo, me anunció que iba a venir a hacerle fotos al Garrapinillos. Jugábamos contra uno de los equipos fuertes de la categoría: El Burgo. De poderío físico, con buenas cifras: dos victorias, tres empates y una derrota. En total nueve puntos. Durante la semana hemos tenido, como suele ocurrir con la llegada del mal tiempo, algunos resfriados. Anoche, cuando teníamos que descartar a un jugador, el centrocampista Alberto Luna me llamó para decirme que no podía jugar.
La tarde exhibía un abanico de luces: el sol aparecía y desaparecía, y con él una luz especial, a veces tamizada, a veces casi invernal. Cuando apareció José Antonio, me dijo: “Tenemos una buena luz para la fotografía”. Y para el fútbol, pensé yo. Estrenaba objetivos y creo que una cámara nueva. Me enseñó, mientras calentaban los chicos, las fotos que hace a modelos despampanantes en hoteles de Zaragoza y Huesca. Con su picardía lenta, susurró: “Algunas son menores de edad, pero están realmente bonitas y posan muy bien”. El campo estaba estupendo: en su apogeo, recién cortado el césped y con algún que otro presagio: en las porterías ya asoman las calvas, en el centro se multiplican los primeros baches, pero en las bandas está bien, como una alfombra doméstica, no como La Romareda que es maravillosa. Al final, tras solventar algunas dudas, jugamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Jorge Blasco, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Enrique Romero; Óscar Cambra, Eduardo Pirri y Eloy Mateo. Quedaron en el banquillo, y dispusieron de minutos, Jorge Rodríguez, Fran, Jaime, Jesús Ángel y Alberto Rubio. Este año montamos un sistema sencillo y clásico: el 1-4-3-3. Exige mucho trabajo a los medios, mucha pelea, mucho control de balón y mucha creación, pero también logramos ser más peligrosos arriba, marcamos más goles.
El Garrapinillos se plantó pronto en el campo y tomó las riendas del choque. El Burgo realizó algunas escaramuzas de ataque, sin demasiado peligro, buscando sobre todo su extremo izquierdo. Arriba tenía delanteros peleones. Hoy, por el centro, Jorge Beltrán y Jorge Blasco fueron dos torres; Mateo fijó su posición en el lateral derecho y Dani Pequerul se iba arriba con cierta generosidad, o quizá con alguna despreocupación, pero logró ir remontando. Poco a poco empezaron a llegar los goles. Marcaron Óscar Cambra, Jorge Blasco y Eloy Mateo en dos ocasiones. Con ese resultado nos fuimos al descanso. Todo había funcionado a la perfección: el equipo había controlado el centro del campo (estuvieron a gran nivel, otra vez, todos, Diego, que no para, Alcubierre, que se fue entonando y acabó madurando su posición de eje, Quique Romero, luego Fran...), había entrado por las alas y por el centro. Y había jugado como se sueña: con calidad, con tensión y con eficacia. Con sacrificio y con constancia.
En la segunda parte, Mateo dejó su sitio a Jaime, que es un jugador que crece día a día; no es un defensa, pero es polivalente y tiene una buena salida de balón. Y Fran relevó a un enfriado Enrique Romero, que cada día va a más: dispone de más minutos y posee una enorme clase. Y luego entró Jorge Rodríguez por Pirri, que lo intentó todo, pero no logró marcar. En la segunda parte, el Garrapinillos siguió jugando a su ritmo, desbordando al contragolpe, tiró peligrosos saques de esquina, Fran falló un cabezazo a bocajarro, Blasco un remate con el pie, pero también El Burgo se vino arriba: en la segunda parte se colocó 1-4; marcó Eloy el quinto y ellos redujeron distancias con su segundo tanto; Jorge Rodríguez marcó un espléndido gol desde la derecha (miró al cielo, elevó las manos y pensó en Félix Romeo, con quien ha comido tantos fines de semana, con quien ha discutido tan menudo de fútbol), y El Burgo redondeó su tentativa de remontada con su tercer tanto. Al final, Garrapinillos 6 (con tantos de Eloy Mateo, tres, Óscar, Jorge Blasco y Jorge Rodríguez), El Burgo 3. El partido fue realmente bonito: los ‘rojos’ de San Lorenzo no bajaron la guardia: siguieron buscando el gol y un claro triunfo hasta el final del choque.
Da gusto ver tantos goles, algunos maravillosos (un golazo de falta de Eloy, por ejemplo, el gol de Jorge Rodríguez al final, etc.) y da más gusto aún ver al equipo serio, compacto, imaginativo en muchos momentos, y con ambición de victoria. Da mucho gusto ganar así con tanto público en el campo; entre ellos, algunos componentes del grupo Voyeur o el pintor Lalo Cruces. Para el final, si no mienten los resultados que nos han ido diciendo, tras la derrota del Movera y del Anento A Mesa Puesta, el azar de los domingos reservaba una agradable sorpresa: el Garrapinillos se coloca líder, con dos puntos de ventaja sobre el segundo (Anento) y tres puntos sobre el tercero (Movera). Lo mejor, más allá de lo que dice la tabla de la clasificación, es la ilusión del colectivo, de los veintidós jugadores, y de la afición. El campo de San Lorenzo disfruta con su equipo, con este equipo de Primera Regional, y con todos los demás de categorías inferiores, ocho más, creo.
José Antonio Melendo hizo muchas, muchas fotos. “Capté todos los goles del Garrapinillos y también los que recibió el Garrapinillos”, dijo con su bondadosa sonrisa. El domingo, otro choque apasionante fuera de casa: Anento-Garrapinillos. Eso sí, regresa Javier Lacabe, que hoy estaba excluido por acumulación de tarjetas.
*En la foto de Archivo de Aloma Rodríguez, Diego Rodríguez pelea por un balón cerca de Óscar Cambra.
SAN MATEO, 1-GARRAPINILLOS, 3

Como decía aquel Vujadin Boskov ya inolvidable “fútbol es fútbol”. Claro que sí. Pero a veces en un partido se amontonan pequeños detalles, recuerdos, gestos. El Garrapinillos jugaba en San Mateo: allí, el año pasado, cuando nos jugábamos el descenso, contamos con un espectador de excepción: Félix Romeo. Ganamos 2-3 con mucho esfuerzo, y al terminar nos fuimos a la casa que compartía con Lina Vila, donde completamos una tarde muy bonita. Para mí el de hoy era un partido muy especial: íbamos bien, queríamos recordar a nuestro amigo (a la vez jugaba el Real Zaragoza, que acabaría venciendo por 2-0), y le recordamos antes del partido: leíamos fragmentos de su prólogo de ‘Cuentos a patadas’ y también leímos un texto de Víctor Juan Borroy sobre ‘El gol de Nayim’.
De entrada, el Garrapinillos formó con: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Javi Lacabe, Pequerul; Alberto Luna, Kike Alcubierre, Diego; Jorge Rodríguez, Pirri y Eloy. En el banco esperaban Óscar, Jorge Blasco, Néstor, Alberto Rubio y Jesús Ángel. De entrada, el Garrapinillos se hizo dueño del choque: mandó, generó ocasiones, lanzó varios córners, provocó dos jugadas que bien podrían haber acabado en penalti (en una de ellas, las más clara, el árbitro le sacó tarjeta a Jorge Rodríguez, tras un derribo que pareció bastante claro. El menudo exterior volvió a desbordar, a triangular y a lanzar muy buenos saques de esquinas), y acabamos la primera parte sin goles. El San Mateo, un equipo joven, peleón y honesto, apenas había generado otro peligro que lanzamientos largos, pero no había trenzado jugada alguna. En la primera parte, construyeron una muralla y se defendieron con nobleza bajo la dirección de su capitán, el número diez que acudió a socorrer a los defensas y jugó durante muchos minutos como un defensa escoba, más que como medio centro que parecía su demarcación.
En la segunda parte, el Garrapinillos pareció tomar el mando en los cinco primeros minutos, aunque pronto estiró sus líneas el equipo blanquiazul, logró más profundidad y atacó con vehemencia e intención al contragolpe. En una de esas jugadas infaustas, Luis, nuestro arquero, recogió el balón, y se le escapó. Gol: el mundo se venía abajo en una inesperada tarde de sol y dudas. El San Mateo se colocaba por delante, y parecía más entero. Más seguro de sus fuerzas. Contaba con el respaldo de su público. Y generó algunas ocasiones nuevas. Incluso reclamó un penalti: uno de esos contactos donde el delantero sale a trompicones. El Garrapinillos, con Jorge Blasco en el campo y lanzado al ataque con su considerable envergadura, empató. También entrado Óscar, que sigue pugnando por recomponer su tobillo. San Mateo seguía trabajando y marrando algunas oportunidades clarísimas; al menos dos. Y en ésas estaba el partido, vibrante, de área a área, tenso e intenso, cuando a la salida de una falta, acosó Eloy y un defensa local metió el balón en propia meta. Y cuando avanzaba inexorablemente el tiempo, Diego Rodríguez realizó una de sus jugadas habituales, desbordó a varios contrarios y cedió a Alberto Rubio, que firmó un espléndido gol. Era el 1-3. Cuando mejor había jugado el Garrapinillos no marcó, fue eficaz luego, cuando se habían torcido las cosas.
La respuesta del equipo fue correcta. Más eficaz que bella. Fuimos de más a menos y, con el marcador en contra, fuimos capaces de remontar. Hubo algunos fogonazos de suerte: el San Mateo tuvo dos goles clarísimos con el uno a cero, uno de los nuestros sacó el balón de la línea. No hay nada que reprochar a nadie: el rendimiento ha sido sólido por parte de todos. No hemos jugado con brillantez en la segunda, con las transiciones que ensayamos en los entrenamientos, con el juego fluido que buscamos, pero hemos tenido constancia, sentido de la oportunidad, fortuna, ambición, voluntad de triunfo. Me hacía mucha ilusión vencer. Era una forma de recordar al amigo que siempre, anduviera por donde anduviera, me escribía: “¿Cómo han quedado los críos?”, decía Félix. Cuando se daba cuenta de que ya no eran tan críos, rectificaba: “Amiguito, que no nos has contado cómo ha quedado el Garrapinillos...” Hoy, con Félix como talismán de nuevo, el Garrapinillos ha ganado su quinto partido consecutivo. Él pensaba que el fútbol de los domingos trabajaba por la felicidad. Y hoy su Real Zaragoza también ganó con goles del portugués Helder Postiga.
Son los pequeños detalles que, a menudo, se ocultan en la maraña de emociones invisibles de un partido de fútbol. Como quería Félix, alguno quiso ser Nino Arrúa y Carlos Diarte. O aquel Nayim, ‘el elegido’, que batió a Seaman una noche de París de la que todos, todos, tenemos el recuerdo.
*En la foto de Aloma Rodríguez, vemos a Eloy Mateo a punto de batir al arquero de San Juan de Mozarrifar con la derecha.
GARRAPINILLOS 3-PERDIGUERA 1

CUARTA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS, ANTE EL PERDIGUERA 3-1
Garrapinillos jugaba por segunda jornada consecutiva en el campo de San Lorenzo. En esta ocasión recibía al Perdiguera, uno de los equipos más fuertes de la categoría, al menos con fama de conjunto sólido. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Álvaro, padre de Raquel, nuestra taquillera, integrante de la directiva y mujer que realiza un sinfín de tareas en el equipo. Era una tarde de sol, una luminosa y caliente tarde que nos traía algún que otro desvelo: esta semana fueron las fiestas de Casetas y algunos las disfrutaron a tope.
Teníamos varias bajas, de diversa índole. Al final, armamos un equipo con cinco o seis jugadores que apenas habían jugado de titulares: Sergio Calvo; Jaime, Javier Lacabe, Jorge Beltrán, Pequerul; Alejandro Luna, Diego Rodríguez, Enrique Romero; Jorge Rodríguez, Jorge Blasco y Alberto Rubio. La media era completa inédita, y los tres delanteros aún no habían jugado juntos este año. En el último instante, por una pubalgia, Rafa tuvo que dejar su puesto de lateral zurdo. En el banquillo quedaron: Pitu, David Mateo, Fran, Néstor y Óscar Cambra, este tocado en su tobillo derecho. También se quedaron fuera Eloy, Pirri, Quique Alcubierre, Jesús Ángel (que está haciendo una importante labor como preparador físico y como jugador) y Luis, entre otros.
El Garrapinillos regó un poco el campo para que corriera más el balón. Le costó cogerle gusto al partido, pero acabó haciéndolo. El Perdiguera es un equipo sólido y trabajador, quizá algo débil en defensa, su capitán y central estuvo muy bien por encima del resto de compañeros de zaga, así como el número veintidós, que era la referencia del bloque en el centro del campo. Se adelantó el Garrapinillos con gol de Jorge Rodríguez, un gol raro donde se produjo un leve desencuentro entre el central y el arquero y donde hubo un gesto de astucia y de atrevimiento de nuestro delantero, señalado por la fortuna.
El Perdiguera no le perdía la cara al partido: con balones largos y aperturas a las alas ponía intensidad a la tarde. En un fallo defensivo, derivado de un mal bote del balón, los monegrinos aprovecharon para empatar. E incluso generaron dos o tres claras jugadas de pelibro. El Garrapinillos se vio sorprendido, especialmente al contragolpe. Y así nos fuimos al descanso: con empate.
En la segunda parte, el Perdiguera trianguló bien durante unos instantes, pero pronto iban a cambiar las tornas: la entrada de Óscar Cambra fue determinante: marcaría dos goles y serviría otro a Diego Rodríguez, que no acertó a enviar al fondo de la red. El Garrapinillos creó más ocasiones, imprimió un ritmo más vertiginoso, robó balones y se amarró a las internadas de Óscar, el despliegue de Diego R., los córners de Jorge R. y la seriedad de la media y la solvencia de la retaguardia. Jaime entró por vez primera de inicio y cumplió con creces, a pesar de jugar de lateral derecho cuando su puesto natural es el de volante derecho; Jorge Beltrán y Dani Pequerul mejoraron su rendimiento a medida que avanzaba el equipo. Javier Lacabe siempre es Lacabe: una referencia, da consistencia a la zaga y tiene calidad y sentido del pase para iniciar la jugada. La media se fue entonando cada vez más: Fran reemplazó a Enrique Romero, que se sacrificó al principio en tareas defensivas y se lanzó luego al ataque, Luna estuvo muy serio y sólido en su primer partido como titular y además completo, y Diego volvió a vaciarse, desde el puesto de medio centro y luego desde el interior derecho.
Arriba, volvió Jorge Blasco (uno de nuestros veteranos, veteranos jóvenes), que no había debutado en la Liga, y Jorge R. y Alberto R. trabajaron mucho y crearon diversas ocasiones. Imprimieron velocidad, desborde y ese entusiasmo invencible de los pequeños. Y el portero Sergio Calvo, que llevaba dos semanas sin jugar por las rotaciones, ha estado a un buen nivel.
El Garrapinillos mejoró de largo el partido de la semana pasada ante el San Juan, y sigue ahí sumando puntos. Lleva cuatro victorias consecutivas. Doce puntos y mira hacia arriba. El partido de hoy, por otra parte, arroja un saldo muy interesante: todos los jugadores pueden jugar sin que se resienta el conjunto, todos los jugadores están entrenando con mucha seriedad para disputar partidos intensos, trabados y emocionantes.
UN ONCE DEL GARRAPINILLOS

RETRATO DE EQUIPO: EL GARRAPINILLOS DE PRIMERA REGIONAL
Equipo de inicio del Garrapinillos de Primera Regional, en el campo de San Lorenzo. De pie y de izquierda a derecha: David Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa, Eloy Mateo y Luis. Abajo: Eduardo 'Pirri', Óscar Cambra, Javier Lacabe (capitán), Diego Rodríguez y Quique Alcubierre. Aloma Rodríguez, fotógrafa y escritora, vino a pasar el fin de semana a Zaragoza e hizo un extenso reportaje de casi todos los jugadores que iré colgando aquí o en el blog del equipo. El Garrapinillos venció por 4-3 al San Juan de Mozarrifar en un choque noble, intenso y muy reñido.
VICTORIA DEL GARRAPINILLOS, 4-3

IV CRÓNICA. GARRAPINILLOS, 4 – SAN JUAN, 3
El Garrapinillos regresaba al campo de San Lorenzo. Y lo hacía con mucha ilusión, con mucho ánimo. Ha sido una semana intensa de entrenamientos y de preparación física bajo la dirección de Jesús Ángel. Llegaba el San Juan de Mozarrifar, que había cosechado una derrota y dos empates. Llegaba con dos puntos. Nosotros teníamos un magnífico sabor de boca del partido con el Santa Isabel y queríamos ratificar el buen juego, la concentración, algunos hallazgos tácticos que deseábamos que fueran algo más que experimentos específicos de un choque. Hacía mucho calor. Se regó un poco el campo, durante el calentamiento; el árbitro, muy meticuloso, advirtió de la severidad de sus normas: solo cinco en el banquillo, con petos, y el delegado. Y el entrenador. Y ni una protesta.
El balón se echó a correr. Las fotógrafas hicieron el retrato de grupo: nuestro primer retrato de la temporada. Formamos como la semana anterior, era la primera vez que repetíamos equipo: Luis; David Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa; Enrique Alcubierre, Javier Lacabe (capitán), Diego Rodríguez; Óscar Cambra, Eduardo Pirri y Eloy Mateo. Se quedaron en la reserva: Alberto Luna, Alberto Rubio, Jorge Rodríguez, Enrique Romero y Jesús Ángel. El San Juan de Mozarrifar empezó algo peor, generamos varias ocasiones, pero ellos se hicieron pronto el mando del partido sin un dominio contumaz: al Garrapinillos le costaba mucho mantener el centro del campo. Ellos hacían acopio de balones, iban mejor de cabeza, parecían tener más hombres en la medular. Y en una jugada al contragolpe, con fallo nuestro incluido, se pusieron por delante. Durante todo el partido íbamos a estar un poco fallones: medíamos mal el salto, estábamos imprecisos en la salida del balón, a Lacabe le costaba entrar en juego, tendía a meterse entre los centrales (lo había para buscar el balón e iniciar el ataque), y a Diego y a Quique Alcubierre. Sin embargo, poco a poco nos fuimos haciendo con el partido y marcamos tres goles: Óscar, Eloy, con la derecha, y Pirri, con su peculiar sentido del remate. Así concluyó la primera parte.
Nos fuimos al vestuario tranquilos, aunque no demasiado convencidos del juego. Era mejor el resultado que la calidad del fútbol. No habíamos juego bien, pero habíamos sido efectivos. San Juan nunca dio nada por perdido. Y la prueba fue que logró ponerse 3-3 en la segunda parte: fallamos en pequeños detalles, perdimos la espalda y nos entraron por las bandas. Dos goles, no demasiado brillantes, pero dos goles. La tarde se puso vibrante. Hoy los revulsivos no funcionaban: ni Jorge Rodríguez, que buscó sus centros, lanzó buenos córners y faltas medidas, ni el regreso de Enrique Romero, que no había sido convocado hasta ahora, aunque se le ve con muchas ganas. Esta va a ser una buena temporada para él. Y Óscar Cambra volvió a pelearse con el larguero; aún así fabricó espléndidas jugadas que culminó en tiros con la derecha y con la izquierda que se fueron arriba por poco.
El que sí iba a ser revulsivo era Alberto Rubio. Fue el quinto cambio en lugar de Rafa; Enrique Romero retrasó su posición. Y cuando faltaban apenas dos minutos, Diego Rodríguez cogió un balón, se internó en el área, desbordó a dos o tres, e hizo el pase de la muerte: allí apareció Alberto Rubio, con el catorce a la espalda, que se anticipó a los defensas y al arquero. 4-3 para los locales: 4-3 para los rojillos de San Lorenzo. El Garrapinillos ganaba con mucho sacrificio, con mucho esfuerzo y con algo de fortuna.
El equipo no ha estado tan bien como el domingo pasado. Le faltó control, serenidad, mayor dominio del balón, precisión en los pases, y le sobraron errores defensivos: pérdida de colocación, disputas tibias de balón que se acaba llevando el rival, falta de concentración e intensidad, le sobró un poco de pasividad. Eso no quiere decir que sea solo impericia de la defensa: los demás tienen que robar, defender, fajarse. Con todo, ha habido signos positivos: el equipo mostró capacidad de reacción, sentido de la pelea, ambición de victoria; Óscar Cambra ha jugado probablemente su mejor partido; Diego Rodríguez sigue teniendo una velocidad secreta que no pierde ni cuando el partido está muriendo, Eloy, medio lesionado, marcó un golazo, Eduardo Pirri las busca todas por alto, Jorge Beltrán tuvo momentos muy buenos, Alberto Luna está cada vez mejor, Alcubierre trabajó a destajo como siempre, y hay, hay sed de victoria. La suerte, en esta ocasión, jugó de nuestro lado.
*El capitán y hoy, de nuevo, medio centro Javier Lacabe en una foto de Aloma Rodríguez del año pasado.
III CRÓNICA: VICTORIA DEL GARRAPINILLOS EN SANTA ISABEL

III Crónica. SANTA ISABEL, 1-GARRAPINILLOS, 2
El Garrapinillos de Primera Regional jugaba esta mañana a las once y media en el campo de Santa Isabel, un equipo que había ganado sus dos primeros partidos. Iba de líder con, entre otros, el Movera y el Perdiguera. Esta semana el equipo, a las órdenes del preparador físico Jesús Ángel, había trabajado muchísimo y algunos jugadores arrastraban molestias: Daniel Pequerul y Jorge Beltrán, atrás, Eduardo Pirri, arriba, y Óscar Cambra, que sigue peleando así con sus molestias de tobillo: parece que más que un tobillo tenga unas castañuelas. Eso sí: el jugador, un extremo profundo de excelente disparo y buen centro, está muy motivado: le cuesta correr, pero trabaja, remata, combina y es siempre un peligro, una amenaza.
El Garrapinillos ha vencido 1-2 en un choque de gran intensidad, que ha jugado con concentración, disciplina, buen sentido táctico y ambición. Quizá haya sido nuestro partido más completo. Sufrido, fajado desde el inicio, con profundidad por ambas bandas. Hicimos un leve cambio táctico: ausente Fran, que se había ido a Motorland, tenía un compromiso previo, Javier Lacabe, el capitán y nuestro central o libre habitual, subió al lugar del medio centro: era el enlace con los defensas Beltrán y Pequerul, y la primera referencia de creación en alianza con Quique Alcubierre, que firmaría su mejor partido, y con Diego Rodríguez, que volvió a vaciarse desde el minuto uno y a generar mucho juego y desborde. Y además, ha debutado Luis en la meta y ha regresado Eloy Mateo, un jugador exquisito que arrastraba dos partidos de castigo de la campaña anterior.
Formamos así: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa; Alcubierre, Lacabe, Diego; Óscar Cambra, Pirri y Eloy. Luego entrarían Jorge Rodríguez, Jesús Ángel, Alberto Rubio y Alberto Luna. En la primera parte se jugó con mucha tensión: los dos equipos concentrados al máximo y con mayor dominio del Garrapinillos; los dos equipos crearon ocasiones, aunque al Garrapinillos le anularon un precioso (y creo que absolutamente legal) de Eloy, que remató un centro en parábola de Óscar. No estaba en fuera de juego porque el balón rebasó al central y retrocedió levemente hacia la posición algo más retrasada de Eloy. La primera parte fue magnífica por las dos partes: bonita, trabajada, intensa, valga el tópico, de poder a poder. En el vestuario creíamos que podíamos y debíamos ganar.
Y así empezó a fraguarse la victoria. Jorge Rodríguez reemplazó a un disminuido Pirri: realizó una espléndida jugada a contrapié y sirvió un balón preciso a Eloy. Gol. Unos minutos más tarde, empató el Santa Isabel. El Garrapinillos no le perdió la cara al choque: siguió peleando, buscando la victoria, se defendió de las acometidas locales, se hizo fuerte por arriba en los balones cruzados desde las bandas o desde el córner. A raíz de una falta que lanzó Eloy, el lateral Rafa se adelantó levemente y remató con claridad. Rafa aún estuvo a punto de marcar de nuevo: el Garrapinillos había generado ocasiones de gol, había rematado a los palos y seguía ahí, resistiendo, con tensión y orden, desdoblándose en un juego de fuegos cruzados de defensa y ataque. Al final, victoria por 1-2.
Si el resultado es bueno, no ha sido peor en absoluto el comportamiento del equipo. Ha resistido, ha buscado el ataque, ha intentado ser profundo y eficaz. Lacabe, por lesión de Beltrán, regresó a su sitio, y en su lugar jugó Luna, que deberá ir ganando en fortaleza, intensidad y algo más de coraje. Alberto Rubio sigue trabajando bien por las bandas: es tan menudo como vehemente, a veces tiene alma de vela. Jorge Rodríguez desborda, crea ocasiones, es un jugador importante aunque sale desde el banquillo, etc. De todos los jugadores podría decir muchas cosas: están viviendo el equipo y el fútbol de los domingos con cariño y con pasión. Todo el equipo ha estado entero, comprometido, y ha buscado afanosamente la victoria.
II CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

II CRÓNICA: GARRAPINILLOS, 3-VILLANUEVA, 2
Garrapinillos, el barrio próximo al aeropuerto, está de fiestas. Hay vaquillas mañana y tarde. Hay alegría: la gente se reúne en peñas y se congrega luego en las terrazas de los bares con sus atuendos. Por la tarde había partido y se había anunciado con los pasquines y carteles. Había ambiente: el campo empezó a llenarse hacia las cinco, cuando llegaron las reinas de las fiestas. Venía a jugar el Villanueva, un equipo de futbolistas jóvenes. El Garrapinillos, de salida, formó con Sergio Calvo; Dani Pequerul, Jorge Beltrán, Lacabe, Rafa; Diego, Alcubierre, Fran; Óscar Cambra, Pirri y Alberto Rubio. Jugarían los cinco suplentes de hoy: David Mateo, Jesús Ángel, Néstor, Alberto Luna y Pitu.
Al equipo local, de rojo, le costaba entrar en el partido, aunque inicialmente creaba más peligro; poco después, en un contragolpe, se produjo una jugada confusa en el área local: la juez de línea señaló penalti pero el árbitro animó a que siguiese el juego. Y más tarde, el árbitro sí señalaría una pena máxima al Villanueva, que fue al travesaño. El Garrapinillos marcó primero con gol de Pirri. Dominó luego, creó varias jugadas de peligro, de Diego (que se plantó solo ante el portero, y este sacó una mano prodigiosa), de Pirri y de Óscar. Ellos empataron cuando finalizaba la primera parte. En la segunda parte, volvió a marcar Pirri, ellos volvieron a empatar y finalmente, con autoridad, Javier Lacabe, marcó el tanto definitivo del triunfo de penalti. Javier Lacabe, nuestro mejor jugador del curso pasado por elección de sus compañeros, volvió a hacer un partido espléndido, en todas las tareas. Es un auténtico mariscal que posee colocación, un espléndido salto y una buena técnica, y dirige a sus compañeros.
El partido no fue bueno. El equipo rojillo nunca se sintió cómodo. Le costaba adueñarse del balón y triangular. Le costaba armar el juego en el centro del campo, a sus centrocampistas no les era fácil combinar; el peligro, por lo general, nació de los pases en largo, de la apertura a las bandas o de la llegada por el centro más que de una segura construcción del juego. Sinceramente, podía haber pasado cualquier cosa, quizá el Villanueva –que jugó muy deportivamente con chicos muy jóvenes- habría merecido el empate. Los dos equipos trabajaron, con más pundonor e intensidad, con más brega que acierto, pero también con honestidad. De poder a poder.
El campo de San Lorenzo ha sido abonado de nuevo y el césped se había cortado para el balón circulase. Quizá corriese el balón con alguna lentitud, pero al final, en este caso sí, lo más satisfactorio ha sido la victoria (hacía algunos años que el Garrapinillos no ganaba en casa durante sus fiestas de septiembre), el compromiso de todos los jugadores, la pelea y la piña que se ha hecho. La victoria siempre es un estímulo, aunque a ese estímulo el Garrapinillos anhela sumar otro más: el del buen juego. La solidez defensiva, el control en el centro, el juego combinativo y la eficacia en ataque. Una gran noticia es que la semana que viene regresa Eloy, uno de nuestros mejores jugadores. Otra dos buenas noticias: Javier Lacabe ha recuperado su gran nivel y Pirri, que antaño jugó también en la retaguardia, ha recobrado su olfato goleador con dos tantos. En realidad, hay que elogiar la entrega, el esfuerzo, la disciplina y el deseo de vencer del bloque.
A los chicos del equipo les ha tocado el jamón que se sortea todos los domingos.
[Esta es una foto de archivo de Jose Antonio Melendo]
LO QUE LEE JORGE SANMARTÍN

Fernando Sanmartín me ha mandado una foto preciosa: la de su hijo Jorge Sanmartín, cierre de un equipo de fútbol sala e integrante de la selección aragonesa, que lee, antes de un partido, mi libro 'Los domadores del balón' (editado por Nacho Escuín en Eclipsados), dedicado al Mundial de 2006. A Jorge Sanmartín le dediqué uno de los libros míos que más me gustan: 'Jorge y las sirenas', ilustrado maravillosamente por Alberto Aragón y editado por Marboré. Él es el protagonista absoluto: él, una sirena. Jorge es un niño encantador y feliz que ha contagiado a su padre, apasionado por el ciclismo, la afición al fútbol y al Real Zaragoza.
I CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

I. EMPIEZA LA LIGA: UTEBO, 3-GARRAPINILLOS, 1
El Garrapinillos ha iniciado hoy la temporada en Utebo. Perdió 3-1. Se adelantó en el marcador con gol de Óscar Ortiz, dominó la primera parte, en la que empató el equipo local en uno de esos balones cruzados al área, volvió a dominar con claridad en los diez primeros minutos de la segunda parte, y acabó perdiendo con claridad en el último tramo de la segunda parte. Los rojillos no pueden estar contentos: el Utebo, vestido de azul y con un equipo joven, no fue mejor, pero acabó siendo más eficaz y fue de más a menos; el Garrapinillos, que dio una buena medida de sus posibilidades mientras tuvo fuelle, falló claras ocasiones en la segunda parte y lo pagó caro. Fue de más a menos. Los cambios, en esta ocasión, no fueron un revulsivo: ausentes por distintas razones (básicamente por expulsiones y tarjetas del año pasado) Pirri, Mateo, Jorge Beltrán, Eloy, Jorge Blasco, Alberto Rubio y Enrique Romero, el equipo no logró resolver el cansancio de jugadores importantes como Quique Alcubierre, Fran y Óscar Cambra. Más que resolver, no mejoró su aportación mientras tuvieron fuerzas. Ócar Ortiz, nuestro juvenil, tuvo que retirarse del campo tras un encontronazo: parecía más grave, pero por ahora le han vendado la pierna y estará en observación una semana.
El Garrapinillos ha cambiado el esquema este año. Ha recuperado un sistema clásico. El 4-3-3, aunque nuestro ariete, en este caso Diego Rodríguez, actuó de mediapunta e intentó conectar a los medios con los dos delanteros: Óscar Cambra y Óscar Ortiz. No lo logró del todo y jugó mejor en la segunda parte en el centro del campo. El Garrapinillos, que ha estrenado delegado, Félix Cambra (alternará esa función con Manuel Romero), formó así: Sergio Calvo; Jesús Ángel, Dani Pequerul, Javier Lacabe (capitán), Rafa; Néstor, Quique Alcubierre, Fran; Óscar Cambra, Diego Rodríguez y Óscar Ortiz. También jugaron José Antonio Pitu, Alberto Luna, Jorge Rodríguez, Jaime y Luis.
Pese a la derrota, que duele porque el equipo jamás le volvió la cara al choque ni naufragó en ningún instante (aunque pasó de presionador a presionado), el Garrapinillos jugó bien por instantes y mostró algunas de sus constantes: el intento de construir la jugada, la penetración por las bandas, la solidez en el centro con un recuperado Javier Lacabe, otra vez en su sitio de mariscal, el marcaje pegajoso de Dani Pequerul, y el intento de dominar el centro del campo con triangulaciones y sentido de la anticipación.
Queda mucho, mucho por hacer. Sobre todo mejorar la condición física, perfeccionar los pases en corto y las aperturas a la banda y la conducción de balón. Y, por ahora, el Garrapinillos tiene otro problema: tiene llegada por las alas, pero carece de ariete. Con todo, la nota media, algo inferior a un buen Utebo (joven, con recursos y un buen juego aéreo), sería la de un seis para el bloque. El entrenador piensa, eso sí, que esta no ha sido su mejor tarde. Se equivocó en algunos cambios: no tanto en los nombres ni quizá en las posiciones sino en el momento de hacerlos.
El Garrapinillos vuelve a los entrenamientos el martes, esta vez ya en el campo de césped natural de San Lorenzo. Y esta es la semana de fiestas de Garrapinillos. Esperemos que los jugadores mantengan la tensión y el compromiso.
*Foto de Archivo de la jornada anterior: Diego, Lacabe, Mateo y Sergio Calvo al fondo en un partido con Los Molinos.
ESPAÑA: LA GRAN VICTORIA
DIARIO DEL MUNDIAL // Óscar Tusquets dice que “todo es comparable”. También los futbolistas de España y Holanda: por eso aquí ofrecemos un retrato minucioso de los veintidós héroes de la final.

Once contra once:
quiénes son
y cómo juegan
Casillas-Sketelenburg. Iker Casillas es, en este momento, el mejor arquero del mundo. Sus dos rivales para ese título, Buffon y Julio César, cayeron pronto. Es un portero con grandes reflejos, elástico, concentrado. Empezó un tanto flojo, pero ha ido a más. Paró un penalti decisivo y ha tenido intervenciones espléndidas. Ha recuperado su carisma. Enfrente estará Sketelenburg, que no era el titular: su torneo, pese al gol de Forlán, es solvente. Va bien por arriba y se entiende con sus defensas.
Sergio Ramos-Van der Wiel. Son dos jugadores semejantes. El español posee una condición física admirable y algún que otro pájaro en la cabeza. Contra Alemania se portó como un auténtico extremo, capaz de arriesgar un regate, de disparar a gol y de acompañar el juego de los medios. Van der Wiel forma con Robben una banda muy peligrosa. Será el encargado de parar a Iniesta. Guardiola le ha echado el ojo para dar descanso a Dani Alves.
Piqué-Heitinga. Son los lanzadores de sus equipos desde atrás. Piqué ha sido comparado con Beckenbauer: es rápido, ágil, seguro y saca muy bien el balón. Posee un buen desplazamiento en largo. Heitinga no tiene su nivel, pero es la referencia defensiva de Holanda. Está irreconocible, si lo comparamos con su campaña en el Atlético de Madrid: toca bien el balón y busca a Van Bommel y a Sneijder.
Puyol-Matijsen. El español es un jugador vibrante, contundente, un ejemplo de entrega y de entusiasmo. Recuerda a Paco Gallego. Es el toro del equipo, un hurón de furia. Su gol ante Alemania lo define: Puyol todo corazón. Matijsen es correcto, va bien por alto, tiene experiencia y lleva años consolidado en esa posición. No es fino con la pelota, pero tampoco comete errores. Como Puyol, es expeditivo.
Capdevila-Van Bronckhorst. Experimentados, zurdos natos, con buen disparo, dispuestos a avanzar por el carril. Capdevila es un jugador sobrio, atento, capaz de centrar bien. Gio marcó uno de los goles más hermosos del Mundial. Es el capitán apacible y conciliador que está viviendo una segunda juventud.
Busquets-De Jong. Sergio Busquets ha dado constantes lecciones de veteranía y de colocación. Es el eje defensivo de España en la media. Protege, asiste, posee un estupendo juego en corto y en largo, y ejecuta como nadie la falta táctica. De Jong es un jugador oscuro y sacrificado, limitado de talento y poderoso en el despliegue.
Xabi Alonso-Van Bommel. Son dos jugadores muy distintos. Van Bommel es una referencia permanente: protestón, duro y bregador. Tiene llegada, sobre todo de cabeza. En su paso por España no sedujo a nadie; en Holanda es el recuperador, el jugador que está en todas las grescas. Los árbitros han sido condescendientes con él. Xabi Alonso está haciendo un gran campeonato. Combina bien, trabaja sin descanso y posee un buen toque en corto y en largo, magnífico en sus cambios de juego, y un excelente disparo. Ante Alemania olisqueó el gol varias veces.
Xavi-Sneijder. Los dos mandan. Xavi es el arquitecto de España, el hombre que dicta el ritmo del partido, el artista incesante. Es preciso, elegante y tiene una visión prodigiosa. Es el mejor organizador del juego del planeta: el balón en sus pies siempre está de paseo. El mejor fútbol sale de sus botas. El menudo Sneijder está viviendo el mejor año de su vida: deslumbró en el Inter y asombra en Sudáfrica. Se siente seguro de sí mismo y de su disparo. Es un cerebro muy completo y vertical. Genera constantes ocasiones de gol. Es uno de los grandes peligros de Holanda: su jugador más en forma, el más imprevisible. Es un tigre de peligro e inteligencia.
Pedro-Robben. Robben es imprescindible, es un extremo de los de antes que juega a contrapié. Descoyunta cualquier táctica ajena y tiene mucho gol. Es un puñal de velocidad y gambeteo. Pedro es un jugador con ángel: es trabajador y descarado, posee desmarque y una picardía de barrio. Se ofrece hasta el fin del partido. Ante Alemania jugó muy bien entre líneas. Puro talento con las dos piernas. La pelota está enamorada de él.
Iniesta-Kuyt. Iniesta encarna el malabarismo puro, la inteligencia, el control de balón. Para él nada es imposible. Es nuestro futbolista del aire: el brasileño de Albacete. Kuyt no había demostrado nada, pero se aferró al puesto y ahora es el jugador necesario arriba porque regatea, apoya a sus medios y presiona constantemente a la defensa rival.
Villa-Van Persie. El delantero del Arsenal es un jugador de carácter complejo y rebelde. Sabe a lo que juega: hurga y hoza en la defensa rival, y su cambio de posición resulta desequilibrante. Es técnico y fantasista. Villa es la reencarnación de Quini, el hombre del gol. Es rápido, ambicioso, sale regateando hacia los dos lados, y posee un disparo demoledor. Además, es vivaz y atrevido. Con él en el campo, el resultado nunca es inamovible.
DIARIO DEL MUNDIAL / 24. LA VICTORIA

Andrés Iniesta, entre la épica y el éxtasis
ANDRÉS INIESTA, ENTRE LA ÉPICA Y EL ÉXTASIS
España tuvo que pelear lo indecible para superar a una Holanda bien posicionada, correosa y experta en el contragolpe
España se corona en Sudáfrica con una generación deslumbrante que ama la belleza total del mejor fútbol
Andrés Iniesta, el futbolista del aire, el elegido de los dioses del fútbol, le dio el triunfo a España. Un triunfo agónico, peleado hasta casi el final de la prórroga, una victoria por la mínima, que confirma la calidad y la ambición de una generación deslumbrante que ha llegado más lejos de lo que nadie se podía imaginar: al Olimpo del balompié, primero en Europa y ahora en todo el planeta. Esta selección será recordada por su juego exquisito, por su querencia de balón, por una triangulación precisa y por esa imaginación inagotable que distinguió a la Hungría de Puskas y Bozsik, al Brasil de Pelé, a la Holanda de Cruyff, y a la Francia de Platini y Giresse. Y será recordaba, sobre todo, porque también a la hora de la verdad tuvo sentido épico. España ganó con la grandeza antigua del fútbol.
El partido fue tosco y trabado. España empezó muy bien: generó ocasiones de inmediato y dio la impresión inicial de que este era su partido. Iba a apabullar. Los holandeses, que buscaban la recompensa a tantos años del buen fútbol que trasvasaron al Milan o al Barcelona, y acaso a la propia España, estaban un tanto perplejos. Como desubicados. Como si la salida del rival y su abanico de pases en cortos, hilvanados con una regla de sastre, les metiera el miedo en el cuerpo. Era el momento de enmarañar el partido, y empezaron a hacerlo, especialmente con ese peón táctico, incansable y duro, que es Van Bommel. Así, a trompicones, con faltas y un juego sucio tan eficaz como taimado, Holanda paró a España e incluso obtuvo una pequeña conquista: una tarjeta a Carles Puyol. España pasó de dominadora absoluta a dominada, o cuando menos perdió la inspiración, se encontró ahíta, falta de ritmo, proclive además al encontronazo. Holanda salía al contragolpe y en el centro del campo proponía un entramado de marrullerías y de marcajes pegajosos. Lo mejor fue el descanso. España se desorientó en los minutos finales de la primera parte: quedó huérfana de brújula y de plan de ataque.
En la segunda parte, el partido siguió la misma lección. España se buscaba a sí misma, buscaba el control del balón, el arrebato de fantasía, y se encontraba con una Holanda bien situada y cada vez más segura. Arriba, Robben abría huecos y practicaba su regate favorito y esa carrera de amagos que se remansaba al borde del área, cerca de la media luna. Desde ahí engatillaba, pero Iker estaba concentrado. Sabía que el título empezaba en él: las lágrimas finales serían la prueba. España siguió a la suya: buscaba la luz y encontraba la oscuridad. El choque era tempestuoso, con desconcertantes alternativas. El gol podía caer de cualquier lado. De repente, Del Bosque hizo dos cambios: uno, quizá sorprendente, Jesús Navas por Pedro (el canario se extravió desde el principio y nunca volvió al camino) y otro más sensato: Cesc por Xabi Alonso, que había buscado el gol desde lejos, como lo buscó Xavi a través de varias faltas o en saques de córner. En una ocasión, Sergio Ramos falló la ocasión más clara: le pareció excesivo copiar el testarazo de Puyol ante Alemania.
La prórroga adquirió los tintes dramáticos de un resultado incierto. El respeto al rival y el miedo a perder se adueñó de los dos equipos. España sería superior en la prórroga: Xavi volvía a mandar, Iniesta se estiraba por todos los sitios con esa clase admirable que sólo él posee. Se convirtió en la pesadilla de los ‘tulipanes’ y en el foco del público. El espectáculo dentro del espectáculo de la final era él. Y en esas discurría el partido, con un pie ya en los penaltis, cuando recibió un pase de Cesc. Un pase inteligente. Ese balón que enciende el volcán de la emoción y del éxtasis. E Iniesta no falló: selló el triunfo de un bloque, de una apuesta, de unos maravillosos años con un gol antológico e inolvidable. El gol del título. El gol del título más grande. El gol inefable del mago, del virtuoso dulce.
*Estos dos artículos aparecieron en Heraldo de Aragón el once y el doce de julio de 2010. El día del choque y el días después de la victoria.
HA FALLECIDO CARLOS 'LOBO' DIARTE

[Acabo de enterarme de la muerte de Carlos ‘Lobo’ Diarte a consecuencia de un cáncer. Hace muy pocos días, uno de mis periodistas más admirados de deportes, Cayetano Ros, publicaba esta entrevista con él. Carlos Diarte se hizo famoso en El Real Zaragoza, en el equipo que formaba con Nieves o Irazusta; Rico, González, Royo o Blanco; Planas, Violeta; Rubial, García Castany, Diarte, Arrúa y Soto (o Juanjo o Simarro). Luego pasó al Valencia y también jugó en el Betis, entre otros equipos. Era un formidable jugador de área. Como digo, la entrevista pertenece a Cayetano Ros y a las páginas de ‘El País’, que celebra mañana sus primeros 35 años. ]

Diarte, retratado por Tania Castro para ’El País’.
Por Cayetano ROS. El país
Poderoso delantero de la Liga en los años setenta -jugó en el Zaragoza, el Valencia, el Salamanca y el Betis-, Carlos Lobo Diarte (Asunción, Paraguay, 1954) se refugia ahora en la escritura mientras trata de combatir un cáncer.
Pregunta. ¿Qué tipo de poesía le sale ahora?
Respuesta. Más melancólica. Tengo más tiempo para pensar. Es una pasión que estoy desarrollando.
P. ¿Se ha vuelto introvertido?
R. Sí, soy muy introvertido. Si no me riegas, no me sacas de la raíz. La soledad puede ser tan buena como perversa. Al final, aunque tu familia te acompañe, estás solo. Lo sensible te exprime. Cuanto más solitario, más esparces tus sentimientos.
P. ¿Qué expresa?
R. Lo más bonito es escribir a la belleza, que está en todas partes. Tengo 187 obras registradas en la propiedad intelectual de Valencia: poemas cortos y narraciones. Me gusta mucho la Generación del 27: Cernuda, Aleixandre... Leo a Ángel González, Josefina Pla y los microrrelatos de Augusto Roa Bastos. La inspiración te silba. Cada día escucho mejor.
P. ¿El fútbol tuvo mala fama?
R. Es un lápiz corto intelectual, pero siempre hubo jugadores preparados como Valdano, Pirri... Deberían coger esa estela porque ayuda mucho. Los clubes de Europa exigen formación.
P. ¿Pudo estudiar?
R. Para estudiar uno siempre encuentra tiempo. Terminé el Bachillerato. Fui uno de los mejores estudiantes. Mi madre era severa en eso y se lo agradezco. Una hermana es matemática, otra psicóloga, otro...
P. ¿Cuántos hermanos tiene?
R. Soy el menor de ocho. Mis padres se separaron cuando yo tenía dos años. Nos crió mi madre. La vida era muy dura. Todos trabajábamos en cualquier cosa: albañiles, panaderos... Paraguay venía de la guerra de la Triple Alianza, contra Brasil, Argentina y Uruguay, y de otra contra Bolivia. De un millón de habitantes nos quedamos en 300.000. El 70% eran mujeres: las residentas.
P. ¿Por qué le llaman Lobo?
R. Por la zancada rápida y larga. Me lo puso Mario Ribarola, del Olimpia. "Este parece un lobo", dijo. A los 16 años debuté en el Olimpia, el club más laureado de Paraguay, cuatro veces campeón de América. Fue una pequeña hazaña porque yo era un crío. Tenía velocidad, regate, iba bien por arriba... A los 17 años jugué con Paraguay en Maracaná contra el Brasil de Pelé, Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino... Conservo la camiseta. Siempre llevé el 9. Me gusta el fútbol en bloque y vertical, como ese Brasil del 70 o el del 82.
P. ¿Cómo era el fútbol de los setenta en España?
R. Había jugadores muy agresivos; en el Granada, Fernández, Aguirre Suárez y Montero Castillo. Fernández me decía: "Tranquilo, paisano, no te haremos daño", pero no me fiaba. Yo a los 11 años ya jugaba con mayores y allí te daban bofetones y patadas. El fútbol paraguayo y el uruguayo son los más duros. Solo me lesioné una vez aquí, en España, y dos en Paraguay. En mi mejor momento en el Valencia, Jaén, del Sevilla, me rompió los ligamentos de una rodilla con una plancha. Llevaba 11 goles en siete partidos. Tarzán Migueli también imponía mucho.

Gol de Diarte al Sevilla con el Real Zaragoza.
P. ¿Cómo llegó al Zaragoza?
R. Avelino Chaves me vio jugar en la selección y me eligió como sucesor de Felipe Santiago Campos; anteriormente vino Arrúa. También estaban Soto y Ocampo. Nos llamaban los Zaraguayos. El 9 de enero de 1974 llegué a Zaragoza, que pagó siete millones de pesetas. Sufrí el frío del Moncayo y la dureza de los entrenamientos. Pero pude salir adelante. Cobraba 35.000 pesetas al mes y una ficha de 750.000, que ya era dinero. Luis Cid Carriega, el entrenador, me ayudó mucho.
P. ¿Fue muy juerguista?
R. Mi norma era salir el lunes y descansar el resto: así tuve 18 años a gran nivel. Hay tres factores que debe dosificar un futbolista: salida, sueño y sexo. Tenía muchas fans, pero si te das a los placeres... Me casé pronto, me separé, me volví a casar y tengo cuatro hijos de los que estoy orgulloso.
P. ¿Probó las drogas?
R. Jamás. Un entrenador nos ofrecía pastillas, pero nunca acepté ni un agua antes del partido. Mi debilidad fue una buena comida y un buen vino con unos amigos. Una buena carne, aunque para mí sea ahora prohibitivo.
P. ¿Qué pintaba en la Nochevieja de 1976 en TVE?
R. Me gusta cantar y componer. Valerio Lazarov y Augusto Algueró nos invitaron a Becerra, en paz descanse, y a mí a cantar. Aprendí solo a tocar la guitarra.
P. En el Valencia formó una delantera fabulosa.
R. Nos faltó un director, un Claramunt. En casa ganábamos 5 a 0. Fuera, bajábamos porque el localismo imponía. Rep, Kempes y yo, Valdez de reserva. Rep desbordaba con regate largo; Kempes era potencia de tiro y conducción; yo podía jugar en el área, si el rival se cerraba, o a la contra. Me fui al Salamanca y coincidí con Juanito, Corominas, D’Alessandro y fuimos séptimos. Después, dos años en el Betis con Biosca, Cardeñosa, Morán... Jugamos la UEFA y la gente disfrutó.
P. ¿Su mejor gol?
R. Uno con el Betis al Athletic: arranqué en el medio del campo, le tiré un sombrero a un jugador, avancé en zig zag, llegué al central Goiko y la metí por la escuadra. Y el otro, de cabeza, desde fuera del área, con el Olimpia al River. Ya no hay cabeceadores. El último maestro fue Ayala. Antes estaban Santillana, Zamorano... Yo llegué a saltar dos metros. El cabeceo se ha perdido, se juega a ras de suelo.
P. ¿Su etapa de entrenador?
R. Entrenaba a la selección de Guinea cuando me llegó este mal: dolores en la espalda, se me hinchó un ojo. Me detectaron un tumor ilíaco y en la vértebra. Lo más duro son las sesiones de quimioterapia y el después. Cuando mejor estás, te golpea. Es duro luchar contra esta enfermedad.
P. ¿Ve mucho fútbol?
R. Sí, lo tengo pegado a los talones y de ahí me sube al corazón. Tengo debilidad por Iniesta.
P. Si ve un balón rodando...
R. Voy a entrenar con mis hijos, de 19 y 21 años, a las canchitas de al lado de casa.
'SIEMPRE LEO'. POR JORGE RODRÍGUEZ

[Anoche, cuando llegué a casa, mi hijo Jorge me dijo que había escrito un artículo sobre su ídolo Lionel Messi. Aquí está. Durante mucho tiempo, algunos años atrás, Jorge y su hermano Diego y Miguel ángel Gayoso, que trabajará este verano en Aragón Radio con Carlos Espatolero, mantuvieron un animado blog.]

SIEMPRE LEO
Por Jorge RODRÍGUEZ GASCÓN. 18 años
Como casi siempre Guardiola tiene razón. Messi hace que el Barça dé el salto de calidad que necesita. Es quien bebe del tarro de las esencias de Xavi e Iniesta, recoge los frutos del trabajo de Busquets y Mascherano, se nutre de la salida de balón de Piqué y se complementa con Alves del mismo modo que se asocia con Villa y Pedro. La final de la Champions es un ejemplo más y el argentino se corona como el mejor jugador del momento y se arrima a los mejores de la historia, y con 23 años. Su asignatura pendiente sigue siendo Argentina, pero creo que esa laguna esta por corregir y se debe a que no hay Xavis o Iniestas argentinos sino Verones y Banegas.
Para mí Messi siempre ha sido especial. Desde su primer gol en Liga contra el Albacete a pase de Ronaldinho, otro de mis ídolos, en este caso caído; me fijé en él y supe que algún día sería lo que es hoy. Lo vi en directo en La Romareda un día que el Zaragoza venció por 3-1 en la Copa del Rey, apeando al Barça de los cuartos. Cogía la pelota y encaraba con el balón pegado a la zurda, asumía demasiadas responsabilidades en el regate y se excedía en ocasiones, pero era realmente difícil quitársela y solía conseguir aquello que se proponía. Ahora eso lo ha mejorado, se asocia permanentemente y él decide cuando cambiar el ritmo. Y cuando lo hace, es realmente difícil pararlo, díganselo a Albiol y a Sergio Ramos en la semifinal de Champions, en el segundo gol, donde el argentino fue mucho más decisivo que Stark, el colegiado culpable de la eliminación para Mou.

El día que Messi comenzó a ser grande, también Mourinho habló, como casi siempre. Fue en Stamford Bridge el 22 de enero de 2006. Leo fue el mejor de su equipo y provocó la ira del rival con sus gambetas y una dura entrada de Del Horno, que se saldó con la expulsión del vizcaíno. Aquella noche Messi se consagró como el futbolista que hoy en día es, la pulga se hizo grande y fue capaz de toserle en la nuca a John Terry, Paulo Ferreira y Ricardo Carvalho, defensores experimentados pero que claudicaron ante la gambeta de Messi. Y así ha ocurrido casi con todo aquel que ha osado defenderle. Ese día mi padre me dijo: “Dirás lo que quieras de Ronaldo (así acostumbraba a llamar a Ronaldinho, en semifallo) pero bien se ve que el bueno es Messi”. No le faltaba razón, como a Guardiola.
Messi no tendrá un merecidísimo descanso sino que afrontará el reto de intentar conquistar la Copa América en su país, y callar así las bocas que anuncian que Messi no es el mismo con la albiceleste que vestido con la zamarra blaugrana. Para eso necesitan de un Messi implicado y decisivo, que sepa llevar el peso de la selección, que tire del carro (esa expresión que fue la sepultura de Raúl en la selección y por la que Messi deberá demostrar su fútbol).
Pero no nos equivoquemos, Messi tiene que estar al nivel de Messi del mismo modo que los demás integrantes de la selección tienen que demostrar su capacidad futbolística, seguramente si la albiceleste no gana, será Leo quien reciba las críticas pero eso no deja de ser un acto injusto (del mismo modo que lo es responsabilizar únicamente a Leo de las victorias del Barcelona). Argentina sabe que con el mejor Messi puede conquistar la Copa América ante su público, pero precisa el balón constantemente, asociarse con Banega y Pastore, sentir que no necesita decidir el partido cada vez que agarra la pelota sino cuando él lo considere. Sólo así se verá el mejor Messi. El del Barça, el que lleva 3 Champions conquistadas. El que hace historia cada vez que se calza las botas y sale a jugar. Al que Pep quiere siempre feliz para sacar su talento a relucir, y ya saben, Pep rara vez se equivoca.
ALFREDO EVANGELISTA Y SUS AMIGOS
MEMORIA DE ALFREDO EVANGELISTA, EL PEQUEÑO CLAY <http://antoncastro.blogia.com/2005/121601-memoria-de-alfredo-evangelista-el-pequeno-clay.php>
Hace más de cinco años publiqué un artículo sobre Alfredo Evangelista, al que acaba de grabar Antonio Cardiel para un proyecto sobre boxeadores en el que está trabajando. Antonio Cardiel trabaja en un libro que verá pronto la luz, con portada de Eduardo Arroyo, nada menos, y en un documental. Pues bien, a raíz de ese artículo sobre Evangelista, cuyo enlace pongo arriba, se está produciendo un bonito diálogo de familiares, de amigos, de parientes perdidos. Casi todos los días se produce ese diálogo. Cartas, cariños que van y vienen, recuerdos. Hoy mismo, Kerry ha escrito esto [sic]:
“OMAR, un gusto escribirme contigo. Tu fuiste a la Escuela 89 porque ibas de mañana, yo fui a la 118 porque lo hacia en la tarde y cambiaba de numero. Que recuerdos la Escuela de Algarrobo. Me acuerdo de la Escuelita, del Lulo y el Cebolla. Me acuerdo del castillo del parque Borras, del Kiosco de Carlitos en la parada del ómnibus de la escuela, de la Panadería de la esquina, de la Farmacia Miñor, de Quintas, de la Tiendita Star, del mercadito Municipal, que mi madre me mandaba a las 07 de la mañana a hacer cola para retirar la leche. Paaah, que recuerdos. Referente a Alfredo hace mucho tiempo que quiero saber de el y no e podido contactarme, por lo que tengo entendido esta bien, pero el no se ve, no se si esta en Uruguay o donde. Un gusto OMAR y a las ordenes”.
*Como se ve, la foto pertenece al archivo en internet de 'Todocoleccion'.
MONTECARLO, 3 - GARRAPINILLOS, 1

El Garrapinillos de Primera Regional jugó ayer en el campo José Luis Violeta del Montecarlo. Perdimos 3-1 en un partido intenso, donde se impuso la calidad y la fuerza física del rival. El Montecarlo es un equipo muy sólido, trabajado en todas sus líneas, con jugadores muy jóvenes, entre los 18 y los 21 años, que se enriquecen con el apoyo de un par de veteranos. Y juega a un buen nivel: posee una buena mecánica de pases, combinaciones y de paciencia. Ayer, además, el Montecarlo contaba con todo el bloque, algo que no nos ocurrió a nosotros: teníamos sancionados a Mateo y Said; estaban lesionados Ito, Quique Romero y Alberto, cinco jugadores muy importantes para el bloque, sin contar a Mario Martín, que este año se está pasando más de media temporada en blanco, ni a Álex Velilla, que estaba fuera. Además, ayer, Eloy (que había marcado por partida doble ante el Picasso y es una referencia constante en ataque) no pudo participar de entrada: salió, muy tocado, los últimos veinte minutos y revolucionó la delantera.
No es una excusa. Lo teníamos claro: salimos a ganar, pero nos faltó un poco de pegada arriba y nos sobraron los despistes defensivos: en un error en la permuta de los centrales y en dos fallos de marcaje marcó Montecarlo. Pudo haberlo hecho en un par de jugadas más elaboradas, sobre todo en el primer tiempo, que detuvo muy bien Sergio Calvo. Luego, Jorge Rodríguez realizó la mejor jugada del partido, burló a cinco o seis contrarios y con el arquero batido remató a la base del poste. Habría sido el 2-1 cuando finalizaba el partido: el azar o los dioses del fútbol no fueron generosos con el mejor detalle de la tarde con el jugador más joven y más pequeño sobre el campo: era el juvenil que habíamos pasado esa tarde al primer equipo. Y en la segunda parte, nos anularon un gol por fuera de juego, muy riguroso. Los jugadores del Garrapinillos creían que no lo había sido, decían en la caseta. Nada que objetar al choque ni al resultado: ellos estuvieron un poco por arriba, no demasiado a mi juicio, con la tranquilidad que da un resultado a favor y ese punto físico superior, y ganaron justamente. Eso sí: el Garrapinillos siempre buscó la posesión del balón, buscó el buen juego. Y el partido, cuando se puso cuesta arriba, también tuvo el valor de un ensayo sobre lo que pueden hacer en el Garrapinillos del futuro los hermanos Diego y Jorge Rodríguez Gascón.
Nosotros hicimos un buen partido, hecha la salvedad de algunos despistes defensivos, aunque nos faltó conectar más la línea de centrocampistas, conectar y desplegar hacia arriba, y nos faltó una mejor llegada de las alas. Formamos así: Sergio Calvo; Jesús Ángel, Javier Lacabe, Jorge Blasco, Eduardo Pirri; Quique Alcubierre, Diego Rodríguez; Francho Garza, Jorge Rodríguez, Alex García; Rubén. También jugaron el arquero Gayoso, Diego Royo y el citado Eloy. No ha sido un buen resultado para nosotros, interrumpe la buena racha que llevábamos, tres victorias en los tres últimos choques, pero seguiremos trabajando. Nos quedan cinco partidos. Ha cambiado el espíritu del conjunto, se ha renovado el clima de camaradería y se ha intensificado el compromiso, pero aún nos quedan muchas cosas que pulir para salir de la zona baja, tan peligrosa.
[En la foto de Aloma Rodríguez, Javier Lacabe, uno de nuestros capitanes (el otro es Jorge Blasco), que ayer también jugó tocado y realizó un buen partido. La temporada de Javier es estupenda: manda, corrige, resuelve el uno contra uno, y este año ha asumido mayor protagonismo en el equipo. Hace algo que sabe hacer muy bien: salir con el balón jugado, lanzar las faltas desde nuestro campo y colocar una y otra vez a sus compañeros. Es un modelo de jugador de equipo con una calidad espectacular. Posee y reparte confianza.]
PERICO FERNÁNDEZ: UN DIÁLOGO

Perico Fernández, en una foto de David Barreiros.
“Cuando estás arriba
crees que te quiere
todo el mundo”
El púgil, ex campeón de Europa y del Mundo de los pesos superligeros, sobrevive a su pasado de leyenda en una pensión gracias a su vocación de pintor y es objeto de un poemario de Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña
SUMARIOS
-“Ahora vivo en una fonda, pago quince euros por día y tengo que vender muchos cuadros para sobrevivir”
-“¿Pintar? Necesitaba distraerme, espantar la soledad, divertirme. He pintado siempre”
-“Pintar me relaja mucho, me gusta, me divierte y es la mejor manera que tengo para pasar el tiempo”
-“En el primer asalto Furuyama me rompió una costilla. Tóqueme. Aún la llevo desencajada”
-“He sido muy golfo. He fumado y fumo mucho, lo he bebido casi todo, y ahora lo estoy pagando”
ENTREVISTA
A Pedro Fernández (Zaragoza, 1952) no le sobra nada. Ni siquiera memoria. Para disculparse de la cabeza borradora del tiempo, dice: “Es que tengo azúcar en la sangre y se me van las cosas, los nombres y las fechas”. Quizá le sobre un cierto aire de desamparo y de perplejidad: los avatares de la vida le han dejado un tanto noqueado y con una mirada intensa, de asombro constante y de un candor que se alza desde sus ojos de agua. Conversamos en el restaurante El Mangrullo, donde su dueño Rogelio lo recibe, lo protege, “y me da de comer cuando no tengo nada, me ofrece sus mejores carnes. Es una persona maravillosa”. Perico siempre va de aquí para allá con sus cosas: los cada vez más desdibujados recuerdos del doble campeón del mundo de los pesos superligeros, algunas sombras del ayer –no siempre recuerda los nombres de sus mujeres, de las madres de sus cinco hijos-, su cajetilla de cigarrillos y sus cuadros: cuadros taurinos que suele hacer con pintura acrílica con un leve dibujo del toro y el torero y el estallido del rojo de la capa o del capote. Si algunas veces pudo parecer furioso, ahora Pedro Fernández -el Perico Fernández que venció a Kid Tano, a Tony Ortiz, a Lion Furuyama y a Joao Henrique, entre otros muchos, en las más de cien peleas que realizó- es un hombre apacible y tierno, con sentido del humor y una leve sonrisa de niño. Dicen de él –lo han dicho Mariano Gistaín y José Antonio Ciria en ‘La vida en un puño’; lo decía Alberto Maestro en ‘En esta esquina… Perico Fernández’- que siempre ha tenido alma de chiquillo, pícaro, indomable y sentimental: a veces había que buscarlo jugando con los niños, oyendo sus historias, contándoles sus noches de gloria. Para los escritores Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña en su plaquette ‘Perico Fernández que estás en los cielos’ (Libros del (a) Imperdible’ (2011), también es un icono pop, un rebelde, un ídolo que grabó un disco. Dice con humor: “Fue un single. Por una cara cantaba una canción de amor y por la otra pedía disculpas por haber cantado tan mal”.
Pedro, ¿le habría gustado conocer a sus padres?
No los conocí y tampoco quise saber nada de ellos. Nunca tuve curiosidad. Esa es para mí una historia dolorosa. Yo fui un niño de hospicio…
¿Qué prefiere decir: hospicio u Hogar Pignatelli?
Yo siempre hablo de hospicio. En un hospicio crecí: en Calatayud y en Zaragoza. Es muy duro ver cómo todos tus compañeros reciben visitas de familias que les traen lo que a ti te gusta, chocolate, pasteles, galletas, un cuento, y a ti no viene a verte nadie. Mis compañeros a veces me daban.
¿Tenía buenos amigos allí dentro?
Supongo que sí. Años después me he reencontrado con gente como el sastre José Calvo, un gran profesional. La vida allí no fue fácil: estudiaba poco y lo que más hacíamos era jugar al fútbol, que me gustaba mucho. Recibí bastantes palos. Poco después me dio por meterme en el boxeo.
¿Cómo le dio por ahí?
Les pegaba a todos, si hacía falta. Tenía cualidades.
¿Era el matón del lugar?
No, hombre, no. Era el más fuerte, el más flamenco. Sabía pelear y no tenía miedo. Si se metían con algún amigo, allí estaba yo para defenderlo. Y de eso allí se dieron cuenta. Un día, uno de los trabajadores de la ebanistería del hospicio, Manuel Lozano, me sugirió que a lo mejor era mi camino.
¿Y qué hizo?
De vez en cuando salíamos del centro. Y me fui a la calle Cánovas, al local de la Federación Aragonesa de Boxeo. Me gustó aquel ambiente. Era un refugio a los golpes que recibía con un palo de escoba. Recuerdo que me hice amateur y que cobré por algunos combates 200 pesetas. Le hablo de finales de los 60. Y eso me hacía mucha ilusión.
Allí tuvo su primer preparador: Juanito de la Parte, ¿no?
Ya no recuerdo todos los nombres.
¿Cómo entró en contacto con Martín Miranda?
Él venía a ver a los chavales jóvenes y era un enamorado del boxeo. Tenía un gimnasio con sus hermanos. Y un día me dijo si quería ir con él. Me daba consejos, intentaba enseñarme, aunque yo no siempre le hacía caso. ¿Qué podía enseñarme a mí, si yo ya sabía boxear?
Bueno, él había sido boxeador y era un estudioso del pugilismo.
Él era promotor de boxeo y no siempre jugó limpio conmigo, pero ya se murió hace algunos años y no quiero hablar mal de él. Me metió en casa con sus hijos, a los que quiero. Quería que entrenase y yo a veces no entrenaba, no me gustaba nada correr, y hacía cosas que no debía. Yo era así, terco, no quería que nadie me dijera lo que tenía que hacer. Yo estaba golpeando el saco o dándole al ‘puching ball’ y él me corregía. “Así no, Pedro, así…” Me volvía y le respondía de malas maneras: “¡Me vas tú enseñar a mí o qué!”.
Con todo, Martín Miranda fue decisivo en su carrera. En apenas año y medio pasó de ser campeón de España a campeón del mundo.
Visto desde aquí, resulta fácil, pero fue durísimo. Ni yo mismo me lo creía. Pero también sufrí lo mío: tuve peleas muy fuertes, rivales duros…
Por ejemplo, aquel cordobés batallador e incansable, Tony Ortiz, al que ganó el campeonato de Europa en abril de 1974.
Sí, claro. Él había dicho que me iba a ganar de calle. Luego no fue así, pero le digo una cosa: no recuerdo casi nada de aquel combate. En realidad, el combate más terrible que hice fue contra el brasileño Joao Henrique, en Barcelona, en la defensa del título del mundo. Era un boxeador muy bueno, un estilista. Sus golpes me hacían mucho daño. Estaba un poco desesperado, y salí a por él: quería cazarlo, lo hice en el noveno salto y lo mandé a la lona. Yo tenía una mano derecha mortal, un terrible golpe de crochet. Me felicitó en brasileño y me dijo que tenía mucho porvenir y una gran pegada.
Nos hemos dejado atrás el combate más importante de su vida: el 21 de septiembre de 1974, apenas dos meses después de proclamarse campeón de Europa ante Ortiz, peleó con Lion Furuyama en Roma.
Era un japonés durísimo. Aquello fue un milagro. En el primer asalto me rompió una costilla. Tóqueme, tóqueme aquí, por favor. Aún la llevo desencajada tantos años después. Yo me habría retirado: sentía un dolor insoportable, y se lo dije a Martín Miranda y a José Couto. Iba a abandonar. No podía ni quería boxear. Me dijeron que de ninguna manera debería hacerlo. Resistí. Resistí. Y aún no sé cómo lo hice, le metí una buena mano en el séptimo asalto y gané a los puntos.
¿Cómo vivía aquel ambiente, cómo vivió aquella noche?
Qué le puedo decir. Imagínese: había pasado del hospicio, castigado por las monjas, ya sabe que también me echaron luego por una pelea, a campeón del mundo. Había pasado del taller de pintura y de ebanistería a lo más alto. Y además había cobrado un millón de pesetas. Todos eran amigos y admiradores de Perico, hasta Franco.
¿Fue esa su mejor bolsa?
No, no. La mejor fue la de la segunda defensa del título en Bangkok, ante Saensak Muangsurin. Me pagaron cinco millones.
Esa pelea marcó un antes y un después en su trayectoria. Fue en abril de 1975. ¿Qué pasó?
No lo tengo nada claro. Míreme, mire cómo muevo los brazos todavía. Bueno, pues entonces, nada de nada. No podía moverme. Yo creo que me habían dado algo en la comida o en la bebida, porque ni podía moverme. Fue ‘la puta calor’ y algo más. Esa pelea para mí sigue siendo un misterio. El único que conoce el secreto es Martín Miranda. Y se lo llevó con él para siempre.
¿Recuerda cuándo empezó a pintar?
Yo había sido en el hospicio pintor de brocha gorda. Y en las concentraciones –en Torrelodones, en las instalaciones con lago de Jesús Gil y Gil, en Barcelona, en los hoteles…- me ponía a pintar. Necesitaba distraerme, espantar la soledad, divertirme. He pintado siempre: al principio pintaba de fotos, luego hice abstracción, luego he hecho muchas pinturas de toros. Siempre me han gustado los toros y los toreros, y aún los sigo haciendo. ¿Le digo una cosa?
Por supuesto.
No tengo nada. Ni aspiro a nada. Cuando estás arriba te lo crees todo: crees que te quiere todo el mundo. Rechacé una portería a un alcalde de Zaragoza. No quiero un piso en propiedad ni en alquiler, pero me gustaría que me dejaran un sitio para ir a pintar todos los días. Solo ambiciono eso: un espacio, un taller. Ahora vivo en una fonda, pago quince euros por día y tengo que vender muchos cuadros para sobrevivir. Hay días que solo tengo para un bocadillo, pero eso no me importa. ¿Es necesario que le cuente esto? Pintar me relaja mucho, me gusta, me divierte y es la mejor manera que tengo para pasar el tiempo.
¿Cree que hoy haría las cosas de otra manera?
Me he equivocado en muchas cosas. Hacía lo que me daba la gana, no me fiaba de nadie. He sido muy golfo. He fumado y fumo mucho, lo he bebido casi todo, y ahora lo estoy pagando. He tenido varias mujeres, y dejé a la única que me quiso de veras: Rosalía Núñez Tena. Me había cansado de ella. No sé por qué, porque era un golfo, un sinvergüenza. Nadie ha querido al hombre, al ciudadano Pedro y no al campeón, como ella. Un día me paró por la calle y me dijo: “Pedro, esa chica que va por ahí es tu hija y ese es tu nieto”. Ni lo sabía. He tenido cuatro mujeres y tengo cinco hijos.
Pedro, ¿cómo sueña su futuro, está bien en Zaragoza?
Me encuentro muy solo. Y no me gusta la soledad. Me gusta y no me gusta la ciudad. A veces pienso: “¡Con lo que yo he sido: ahora todo es lamentable! ¿Qué amigos tengo ahora?”. A veces me consuelo a mí mismo y me digo: “Menos mal que he perdido memoria”.


DESPIECE
Un campeón sin miedo y demasiado terrenal
Perico Fernández parece un personaje de García Márquez o de Ignacio Aldecoa. Cuando estaba en la cima del mundo, merced a su derecha tremenda y a su boxeo de guardia norteamericana y buena esquiva, era un auténtico ídolo: igual departía con Franco en El Pardo que efectuaba un saque de honor del Real Zaragoza y se abrazaba con Pelé, o agotaba las noches bohemias con Carlos Diarte o Saturnino Arrúa, las figuras de los ‘zaraguayos’. Y conversaba con José María García, con Mando Ramos -aquel púgil que se enfrentó en tres ocasiones a Pedro Carrasco-, con Alfredo Evangelista o con Pepe Legrá. Perico peleó hasta a los 33 años (en 1984 batalló ante Gianfranco Rosi por la corona europea sin éxito), tras haber sido varias veces campeón de España, campeón de Europa de superligeros y ligeros, y campeón mundial de los superligeros.
La vida de Pedro Fernández Castillejos está llena de anécdotas y de autoafirmación. Una de sus frases preferidas era: “Soy como soy. No puedo cambiar, y hay que aceptarme”. Confiesa que ha tenido muchas relaciones, pero que “jamás me he acostado con mujeres famosas, de esas que salen en las revistas del corazón. He salido muchas noches con los futbolistas Arrúa y Diarte, y bebía con ellos, pero poco más. No he estado en la cárcel: tantas cosas malas no habré hecho. He fracasado en el amor, y no supe distinguir a quien me amaba a mí y a quien quería estar con el campeón del mundo”. Asoman otros amigos, como Benito Escriche, tan hermanado en la vida y en el pugilismo. Y la pintura siempre es su norte: regaló muchos cuadros cuando era el mejor y luego, arruinado tras cuatro separaciones, ha vendido lo que ha podido. Este jueves, en el Teatro Principal, Perico Fernández, el hombre a quien Bunbury dedicó el disco ‘Flamingos’, vuelve a estar bajo los focos: Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña presentarán su poemario ‘Perico Fernández que estás en los cielos’. Ahora, el campeón tampoco tiene miedo y también está sobre la tierra.
DOBLE DUELO DE FÚTBOL Y EMOCIÓN ENTRE GARRAPINILLOS Y ZUERA

El Garrapinillos de juveniles y de modestos se jugaban dos importantes partidos este fin de semana. El equipo juvenil, que dirige Manu, se jugaba el ascenso automático ante el Zuera, y perdió 1-2 en un partido intenso y vibrante donde el mejor juego local se vio en la primera parte. Con ese resultado el Garrapinillos ha perdido sus opciones; solo queda un partido y ya es casi imposible el ascenso; con todo ha sido una estupenda campaña; ayer faltó mayor profundidad, más fortaleza en el centro del campo y que Jorge y Óscar interviniesen más en el juego. Y esta tarde, el Garrapinillos de Primera Regional se enfrentaba al Zuera de la misma categoría; los rojillos de San Lorenzo se pusieron por delante, 2-0; empató el Zuera en la segunda parte, y bien avanzado el segundo período Diego adelantó definitivamente al Garrapinillos. Si los zuferienses habían fallado una ocasión clarísima, al final fallamos nosotros hasta tres ocasiones claras: Said, Alberto y Diego. Todo el equipo ha estado a un altísimo nivel, el Zuera es un equipo correoso y experimentado, y Diego firmó uno de sus mejores partidos: marcó el segundo y el tercer gol y se vació; el primero fue de Ito, que se retiró lesionado, tras haber realizado 40 minutos estupendos. El Garrapinillos formó con Sergio Calvo; Mateo, Lacabe, Pirri; Enrique Alcubierre, Ito; Francho, Diego y Said; Jorge Blasco y Eloy. También jugaron Enrique Romero, Alberto, Óscar y Alex Velilla. En cinco partidos, hemos obtenido diez puntos y el equipo abandona la zona de descenso; rebasa a Ranillas, Zuera y Los Molinos, aunque el margen de puntos es tan escaso que todo puede suceder. Quedan siete partidos y habrá que seguir luchando sin descanso; el equipo ha mejorado en mentalidad, capacidad de lucha, entrena mejor y hay una ilusión renovada. El preparador físico Jesús Ángel sigue dando lo mejor de sí mismo para mantener el buen tono de preparación del conjunto. [La foto es de Aloma Rodríguez, y en ella se ve al gran capitán Javier Lacabe, que es un central espléndid; hoy ha vuelto a estar impecable.]
LA VOZ DE GALICIA: UNHA ENTREVISTA CON XESÚS FRAGA

[O pasado mércores, o escritor e xornalista Xesús Fraga publicaba en ‘La Voz de Galicia’ unha entrevista conmigo co gallo da aparición de ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante), o libro que se apresenta esta tarde en el Teatro Principal. ]
LITERATURA
Antón Castro: «Eu contradigo o tópico,
porque tiven moita sorte coa miña sogra»
O autor galego, afincado en Zaragoza, publica senllos libros sobre «o gran inimigo» e a bicicleta
XESÚS FRAGA / La Voz de Galicia
Influído quizais pola variedade que imprime o xornalismo, o seu oficio dende hai anos, a obra literaria de Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959) é igualmente un mostrario das máis variadas temáticas, mais sempre participada por unha ollada moi persoal. Un bo exemplo son os dous libros que veñen de confluír nos andeis de novidades: o poemario ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante) e o volume colectivo ‘Suegras’ (Nuevos Rumbos).
-No subtítulo deste libro cualifícanse as sogras como o «gran inimigo», pero en cambio o retrato que fai vostede da súa non pode ser máis admirativo.
-Si, eu debo de ser o caso máis raro e o que contradí o tópico. Eu cheguei a Zaragoza no ano 78 e coñezo a miña sogra dende o 80, e creo que a súa é unha verdadeira vida de santa. Xa sei que parece esaxerado, pero é a realidade. Tiven a sorte de ter unha sogra que sen agobiarte é como unha segunda nai. É certo que literariamente non dá tanto xogo, porque non hai conflito, pero é que non podía escribir sobre ela doutro xeito.
-No poema que lle dedica percorre toda a súa vida e así consegue retratar os grandes acontecementos do século na biografía dunha soa persoa.
-Eu marchei moi novo da miña casa, con 18 anos, sen madurez, sen case entender aos meus pais. Así que asistín á vida dos meus pais a través dos ollos dos meus sogros e aí estaban a Guerra Civil, os maquis, a posguerra... foron como un espello no que me miraba.
-En «El paseo en bicicleta» (Olifante, 2011) fala dunha paixón que xa lle vén dende a infancia.
-Ter unha bicicleta é un soño que tiven xa de neno, cando lla pedía aos meus pais pero non ma compraban porque dicían que me ía matar nela. Agora vivo no campo e grazas á bici descubrín os matices dunha paisaxe moi suxerente. Es máis consciente da natureza, do que te rodea, xa que dende a bici es quen de percibir moitos aspectos da vida. Este é un libro que nace da propia vida.
-¿Cidades como Amsterdam lle transmiten unha impresión moi civilizada precisamente pola profusión de bicicletas?
-A primeira vez que visitei Amsterdam quedei marabillado. Tiñas unha percepción do tempo diferente: había un aquel de acougo, sosegado, de tranquilidade. Eu adoito circular a vinte ou trinta quilómetros por hora e iso che permite ter a sensación de que dominas a paisaxe, de que absorbes a luz.
-Por volver ao seu desexo insatisfeito da infancia de ter unha bicicleta, ¿vostede vive como pai cos seus fillos o que non puido vivir como fillo cos seus?
-Cando vivín en Urrea de Gaén saía moito en bici co meu fillo maior, Daniel. Había unhas subidas fantásticas, pero logo había que baixalas e eu sempre baixei moi mal. E si, estaba facendo o que me gustaría ter feito co meu pai, pero como esa experiencia non a puiden ter, a puiden vivir co meu fillo.
*La foto es de Julio Foster.
PERICO FERNÁNDEZ: EL CAMPEÓN INOLVIDABLE O TANTAS VECES PEDRO

Pedro Fernández, nuestro Perico, el doble campeón del mundo de boxeo de los superligeros, se sienta en un rincón y mira y oye. Escucha los poemas, el sonido de la guitarra, el canto de Atahualpa Yupanqui en la voz de Raúl Terán. Pedro aún vive con el estupor de un niño asustadizo que buscaba el aire, la luz, y se encontraba la orfandad y el vacío. Pedro escucha los versos, las historias en la noche del Mangrullo, ese lugar donde Argentina reaparece a diario con un aroma de tango y los paraísos de la nostalgia armada. Luego, durante la cena, Pedro sigue observando: le interesa todo, las anécdotas, las miradas, los comentarios, aunque cuando aparece el boxeo –y con él algunos nombres: Clay, Joe Louis, que era su favorito, Firpo, Nicolino Loche, Carlos Monzón, o Pedro Carrasco, “a mí no me habría ganado”, dice-, se le suelta la lengua y la felicidad: recuerda a Lion Furuyama, su pelea magistral ante Joao Henrique, un combate con ‘Dum Dum’ Pachecho, en el que los dos fueron descalificados por falta de combatividad. Pedro habla de sus cuadros: abstractos o figurativos, tocados por el color o sombríos, cuadros taurinos, que son su gran pasión. Ahora le acaban de dedicar un nuevo libro –que se suma al de Ciria & Gistaín, al de Alberto Maestro, al disco ‘Flamingo’ de Bunbury-: ‘Perico Fernández que estás en los cielos’, que firman Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián, en Los Libros del(a) Imperdible, en el que le dan voz y leyenda, y glosan, en primera persona, su vida, sus sueños y sus naufragios. Estamos en el año de Gabriel Celaya y de Álvaro Cunqueiro, pero este es un buen libro para celebrar el Día de la Poesía y la ternura a la deriva de Pedro Fernández, el campeón inolvidable.
*Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón en mi sección 'Cuentos de domingo'. A su derecha, se ve la cabeza de Benito Escriche, uno de sus grandes amigos.
ISINBAYEVA GANA EN MOSCÚ CON 4.81


Yelena Isinbayeva ha retornado esta tarde a la competición y ha ganado, bajo techo, en Moscú con una marca de 4.81. Una de sus rivales, su compatriota Feofanova (ex campeona del mundo: yo siempre espero lo mejor de ella), solo saltó 4.61. 'La zarina del aire' falló tres intentos sobre 4.91. Le restó importancia a su marca ganadora: recordó que llevaba un año sin competir y aseguró que pronto volverá a ser la que fue. Yelena Isinbayeva tiene ahora 28 años y aspira a su tercera medalla olímpica en Londres 2012.

ISINBAYEVA: VUELVE LA ZARINA DEL AIRE

Yelena Isinbayeva, la mejor saltadora de pértiga de todos los tiempos, doble campeona olímpica, vuelve a la competición. Sus principales rivales serán la campeona del mundo Anna Rogowska y su compatriota, y más bien enemiga, la pelirroja Svetlana Feofanova.

EL GARRAPINILLOS JUVENIL SIGUE ARRIBA Y JORGE FIRMÓ UN HAT TRICK

Hace algunos días, quizá semanas e incluso algún mes, que no comento los partidos del Garrapinillos. Mi hijo Jorge, que juega su última temporada de juveniles, siempre me anima a que lo haga: quizá porque le apetece que cuente la espléndida temporada que está haciendo. Sus compañeros y él. Siguen imbatidos: han ganado todos los partidos, salvo un empate, y el próximo fin de semana se enfrentan al otro gallito de la categoría: el Zuera. El Garrapinillos manda en la clasificación por su mejor coeficiente goleador.
El equipo rojillo sigue teniendo como entrenador a Manu, y suele formar con un once muy parecido a éste: Rodrigo; Javier, Víctor, Diego Arturo, Andrés (o Aitor); Gabri, Santiago, Víctor, David; Óscar y Jorge. También entran en el conjunto, entre otros, Diego como arquero suplente, Darío, Adrián, Miguel Ángel, etc. El sábado el Garrapinillos se enfrentó en el campo de San Lorenzo, en un día neblinoso y londinense, al Ciudad de Zaragoza, y venció por 9-0. Jorge marcó tres goles, dos de ellos estupendos: uno de falta directa, desde la derecha, con sutileza y rosca por la misma escuadra, y el otro con una vaselina.
Solo hubo algo menos de un cuarto de hora de batalla. Pero pronto se estiró el Garrapinillos, y acabó la primera parte con cuatro-cero; Jorge fue objeto de un penalti que ejecutó Óscar, que lleva 23 tantos. Si todo el conjunto había jugado con corrección en la primera mitad, en la segunda no hubo color, y Jorge Rodríguez se marcó uno de los partidos más bonitos de su vida, más bonitos y sobrados. Desbordó una y otra vez, profundizó por las dos bandas, sirvió centros medidos... Se lució, jugó a sus anchas, combinó con los compañeros y estuvo a punto de marcar algunos tantos más. Todo le salió bien: a él, a Óscar, oportunista, vivaz y goleador insaciable, a Santiago, que se está asentado como medio centro, a Jaime, que marcó un auténtico golazo, a David, que penetró muy bien por las bandas e incluso a Adrián, que estuvo en un tris de marcar hasta en dos ocasiones.
El Ciudad de Zaragoza no fue rival. Se desfondó pronto. Y el Garrapinillos jugó gustándose. Con profundidad, con posesión de balón y con fantasía. El fin de semana se vivirá un gran partido en Zuera.
Diego, 20 años y estudiante de Tercero de Medicina, juega en el Garrapinillos de Primera Regional. El equipo descendió el año pasado y en esta campaña no levanta cabeza. En los primeros choques parecía que el conjunto tenía un aire distinto, que se trataba mejor el balón, que había una línea de pase, una estética sensata. Los días demuestran varias cosas: el equipo no acaba de asentarse, carece de pegada, se adormece a menudo en defensa, o cuando menos en tareas defensivas, y le falta fuerza física en la medular. Diego, titular en el puesto de mediocentro (hoy no jugó porque tiene anginas), está jugando una buena campaña, pero le está faltando suerte y remate (ha generado increíbles ocasiones de gol que ha fallado a menudo de manera increíble, todo hay que decirlo, como le sucedió contra el Montañana: burló a cinco jugadores, se quedó solo ante el arquero y mandó el balón fuera, muy lejos del marco. Y jugadas así las ha repetido como mínimo media docena de veces…) Lo peor de todo es que ayer el Garrapinillos volvió a perder, de nuevo por la mínima ante Marianistas, y ahora se ha quedado cuarto por la cola, lejos del quinto clasificado y en esa situación peligrosa, que tiende un puente inexorable hacia el abismo. Perdió 2-1.
El Real Zaragoza jugó bien a ratos pero perdió ante el Madrid. Era un resultado presumible. Ahora, ya de veras, empieza la Liga para el club de Aguirre.
VISIONES DE MARIANO JESÚS CAMACHO
Recibo un email del escultor y dibujante Steve Gibson, y una gran apasionado del fútbol.
Hola Antón
Te mando un link para un blog que igual te resulta interesante. Va de
futbol por supuesto.
http://cartasesfericas.wordpress.com/
Un abrazo. Steve
Entro en la página de Mariano Jesús Camacho y descubro, entre otros, este estupendo artículo que evoca la gran pelea de Sonny Liston y la de Cassius Clay, y la compara con el partido del Barcelona y el Real Madrid de mañana.

Por Mariano Jesús CAMACHO
El 25 de febrero de 1964 el Convention Hall arena de Miami Beach acogió el que está considerado como uno de los más legendarios combates de todos los tiempos. En una esquina del ring el consagrado y temido Sonny Liston, campeón del mundo y ejemplar prototipo de ello. Cuentan que un bombardero que derrotaba sin piedad a sus oponentes y además les hacía daño, humillándoles con aquellos KOs fulminantes… Poseedor del jab más devastador de la historia, -un golpe hacia arriba con el que levantaba a sus rivales del suelo- y unos reflejos soberbios acompañados de un buen control de los pies y de su rapidez. Toda una leyenda y considerado el boxeador más temido desde los tiempos de Joe Louis.
En la otra esquina el aspirante, Cassius Marcellus Clay Junior, un arrogante joven púgil que por fin había encontrado al entrenador adecuado -Angelo Dundee- capaz de manejar su arrogancia y sobre todo su enorme talento. Un genio que encontraba su mejor defensa en la rapidez, aquella insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse lo justo para que no le acertara, devolviéndolo de inmediato. Una eléctrica devolución cimentada en la envenenada trayectoria de sus golpes de izquierda, en aquellas vueltas de puntillas con sus manos colgando. Talento, velocidad, pegada y encaje, un genio que en alguna que otra ocasión hizo gala del “rope a dope”, una estrategia que consistía básicamente en apoyarse en las cuerdas y dejarse golpear hasta cansar al otro y en cuanto percibía una apertura, lanzar un contraataque, por tanto también inteligente sobre el cuadrilátero.
Un tipo muy peculiar, un provocador en potencia, capaz de llevar al extremo su particular habilidad para desquiciar al público y a los rivales con sus famosas guerras psicológicas. Como la que protagonizó con ocasión de aquel inolvidable combate, pues Clay llegó a pasearse por Londres con bombín y pajarita diciendo que Buckingham palace era “un pisito la mar de apañado” y solicitó el combate por el título persiguiendo a Liston armado con un tarro de miel, “para atraer al gran oso feo”. Cuentan que nada más concedérselo se trasladó a Denver para, a las tres de la madrugada, organizar un escándalo de proporciones bíblicas frente a la casa de Liston: -”¡Sal de ahí! ¡Te voy a machacar! ¡Ahora! ¡Sal a defender tu casa o echo la puerta abajo!”- …No sin haber llamado antes a todas las agencias de prensa de la ciudad.
Así afrontaron Liston y Clay el combate por los pesos pesados, en el que 8.300 privilegiados espectadores fueron testigos del nacimiento de una leyenda. Un duelo en el que un debutante muy bocazas como Clay derrotó a una máquina llamada Liston, que se dejó embaucar por la incontinente y provocadora verborrea de Cassius, tras la que se escondía el perfil de un campeón legendario.
A mediados del segundo asalto, el hombre más duro de la tierra sangraba abundantemente por su ojo izquierdo, aquel que el aspirante martilleaba convenientemente. Liston, el Rey, no le había podido alcanzar en una sola ocasión, y en el séptimo asalto arrojó la toalla aludiendo una lesión en el hombro, cediendo así su título a Clay, aquel polémico e insolente joven que poco después abrazaría al Islam y pasaría a ser conocido en el mundo entero como Muhammad Alí.

El próximo 29 de noviembre [mañana] de 2010, ni Liston, ni Alí, saltaran al césped del Nou Camp, en su caso lo harán, Messi y Cristiano Ronaldo, el Barcelona y el Real Madrid o lo que es lo mismo, Pep Guardiola y José Mourinho. Y aunque en ambos equipos podría encontrar características de los dos legendarios púgiles protagonistas de la historia que os acabo de relatar, la cronología histórica de los hechos que nos han llevado hasta este nuevo clásico nos recuerdan en gran medida a aquel histórico duelo de 1964.
El Barcelona podría encajar a la perfección con el perfil de Sonny Liston, pues sigue siendo el Rey vigente, y además de la pegada y el buen control de pies de Sonny, posee su rapidez. Aunque las vueltas, la circulación por el ring de puntillas con las manos colgando de Clay y su frase “vuelo como una mariposa y pico como una abeja” se asemejan un poco más al estilo azulgrana.
Por su parte el Real Madrid encajaría con el talentoso pero provocador perfil de Clay, el aspirante. No en vano Cristiano Ronaldo y Mourinho escenifican a la perfección -cada uno en su parcela- su arrogancia, pero también la disciplina, la pegada y el talento del controvertido púgil, que en su estilo único de boxeo poseía alguna de las virtudes que exhibe hoy el actual Real Madrid. Una defensa basada en la rapidez, su insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse en el momento justo, y devolverlo de inmediato. La eléctrica devolución de la envenenada trayectoria de sus golpes de izquierda y su temible contraataque, aquel “rope a dope”, apoyado en las cuerdas dejándose golpear hasta cansar al otro, para encontrar una apertura en la defensa rival.
Como dije el encuentro entre dos grandes pesos pesados, uno -el Barcelona- que ya es leyenda y no tiene nada que demostrar, y el otro -el Real Madrid- que ha encontrado a su Angelo Dundee -Mourinho- particular, capaz de ajustar y afinar la potencia, el talento y la pegada de un aspirante que ya había dejado sobradas muestras de su valía.
En aquel legendario combate el aspirante pudo con el campeón y logró abrir paso a una nueva época, pero en este caso me resulta muy complicado hacer ningún tipo de pronóstico, pues como pude leer a Santiago Segurola, una de las características que mejor definen al campeón azulgrana es la admirable resistencia que demuestra ante retos de cada vez mayor enjundia.
En cualquier caso esta es mi visión del que puede ser el combate del año, la visión de un lunes 29 de noviembre en el que -como dijo Pep- aunque lo parezca, el mundo no se acabará, pues cada uno de nosotros seguiremos con nuestro tránsito vital cuando el ocaso cierre la página luminosa de ese día para abrir paso a la noche y al nacimiento de uno nuevo, que vivirá su resurgir luminoso a la hora del orto, cuando un nuevo amanecer nos transmita su poderosa enseñanza, aquella que nos permita reconocer el verdadero valor de las cosas, la diferencia entre el juego y la vida.
RAMALLO VUELVE A ZARAGOZA
PROGRAMACION JUVENIL Y PÚBLICO ADULTO
TEATRO ARBOLÉ
presenta
10, 11 y 12 de Noviembre
a las 21 horas
RADIO RARA. Las fichas
Texto y dirección de Secun de la Rosa
Con la participación de Secun de la Rosa, Sandra Collantes, Fernando Ramallo, Carmen Mayordomo, Belén Cuesta y Fran Arraez.
Se trata de un texto del conocido actor y director Secun de la Rosa, “una comedia salvaje”, según sus palabras, inspirado en la película de Fassbinder “La ley del más fuerte”. El reparto de la obra está integrado por los conocidos actores Sandra Collantes, Fernando Ramallo, Carmen Mayordomo, Belén Cuesta, Fran Arraez y el propio Secun de la Rosa como narrador. Este montaje reflexiona sobre la capacidad de la televisión y el dinero para cambiar la vida de las personas.
Clara, una joven del extrarradio que se gana la vida como camarera, bailarina de strip-tease y prostituta ocasional gana una gran cantidad de dinero en un juego de televisión. Desde ese momento, su vida quedará trastocada para siempre y descubrirá el verdadero juego de la vida y la muerte. El sórdido mundo de la noche sirve de contexto vital a esta joven que reside en la periferia. Este personaje femenino compagina tres empleos habituales de la nocturnidad más miserable: camarera, bailarina de striptease y prostituta. De pronto, la cotidianidad de Clara da un giro 180 grados al ganar una alta suma de dinero en un programa de televisión.
Lo que sigue a partir de ese momento de inicial felicidad es el total desconcierto. A medida que va trascendiendo su nueva situación económica, conocidos y desconocidos van acercándose a ella atraídos como las moscas a la miel. La protagonista de esta historia irá descubriendo a fuerza de desengaños la enorme influencia del dinero dentro de las relaciones humanas, desde el propio seno familiar hasta el mundo de los negocios.
Secun de la Rosa sugiere al espectador que se deje llevar por los vericuetos más cicateros de esta “comedia salvaje”, declarando que “las escenas son muy íntimas y de relaciones intensas, por lo que exigen que te expongas, con un ritmo y un ‘tempo’ muy precisos”. Tal y como dejó escrito el genial poeta Francisco de Quevedo, “poderoso caballero es don dinero”.
Reserva de entradas: 976 734466 - arbole@teatroarbole.es - Precio de las entradas: 15,00 € - Bonificadas 12,00 €
UNA BICICLETA EN LA MANCHA

Jesús Marchamalo ha estado este fin de semana y ha encontrado esta bicicleta. Me la ha mandado con el afecto de siempre.
RAFAEL NADAL, CAMPEÓN EN USA

Rafael Nadal jugó un intenso y emocionante partido ante Novak Djokovic y se hizo con el título del Abierto de Estados Unidos. El resultado fue: 6-4, 4-6 (un set que fue interrumpido por la lluvia), 6-4 y 6-2. Ambos jugaron con ardor e inteligencia, Djokovic alcanzó su mejor momento en el segundo set, especialmente en los cuatro primeros juegos, y Nadal mantuvo siempre un nivel altísimo, falló algo con el revés, pero acabó triunfando con absoluta justicia. Y se convierte en el tenista más joven de la historia que obtiene los cuatro torneos del Grand Slam, tres de ellos en 2010, un año que ha sido tan bueno o incluso mejor que el inolvidable año 2008 en que Nadal ganó Roland Garros, Wimbledon y la medalla de oro de la Olimpiada de Pekín. Nadal consigue así nueve títulos de los ‘grandes’: cinco Roland Garros, dos Wimbledon, un Abierto de Australia y un Abierto de Estados Unidos. Ahí es nada. Figura ya entre los diez mejores tenistas de la historia en cuanto a títulos.
Nadal es un jugador de una especial intensidad, con un gran desarrollo físico, excelente golpeo de drive y una fortaleza mental asombrosa. Djokovic fue un adversario realmente duro: Nadal le dijo que pronto ganará en Estados Unidos. Este año Nadal ha ratificado ampliamente que es el número uno, y serlo en un tiempo en el que juega Roger Federer tiene un mérito extraordinario.
'ELEGÍA': A LAURENT FIGNON
Fernando Valls cumplió años ayer y lo celebró, en una terraza al sol, acompañado de la mujer de su vida: Gemma Pellicer, escritora, bloguera y editora; Gemma, un auténtica creadora de microrrelatos, publicará en Zaragoza su primer libro. El domingo, Fernando Valls tuvo un gesto de cariño y delicadeza: reprodujo este texto mío dedicado al ciclista Laurent Fignon, que aparecerá en mi próximo libro, que se publicará en la primavera de 2011.

ELEGÍA
Laurent Fignon (1960-2010)
A Miguel Mena, ciclista que escribe
en la radio de la vida.
Algunos campeones parecen surgir de la nada.
Descienden sobre la tierra como el águila de los montes
o como el rudo tejón dispuestos a conquistarlo todo:
la niebla de las cumbres, la lluvia de los descensos,
los peligrosos barrizales, los kilómetros del llano.
Laurent Fignon, como antes Coppi, Ocaña o Charly Gaul,
apareció de golpe con una pedalada insaciable,
con esa arrogancia juvenil que es desparpajo y desafío.
Era uno de los jóvenes pupilos del bretón Bernard Hinault,
al que llamaban el intratable señor de los bosques. El leñador.
Fignon apenas tenía 23 años. Surgió, demarró y tomó distancia:
voló hacia el Alpe d’Huez y La Plagne ante el estupor general,
voló hacia París a tumba abierta en plena insurrección:
aprovechó una caída de Pascal Simon y todas las escaramuzas
de Ángel Arroyo y de otro debutante: Perico Delgado.
Exhibió un talento innato y un gran sentido de la aventura.
Se convirtió en el campeón más joven desde hacía exactamente
medio siglo: desde que en 1933 venciese Georges Speicher.
Volvió a ganar en 1984 en otra carrera incontestable
y su jefe de filas no se lo podía creer. ¿Adónde va ese loco
con sus gafas empañadas y el cabello de oro deslucido?
¿Por qué me abandona en el fango, por qué me burla
en cualquier calzada, cómo se atreve a humillar al campeón?,
se preguntaba el ‘Caimán’ que a todo aspiraba, como Merckx.
Fignon estuvo a punto de vencer en 1989: perdió ante el renacido
Greg Lemond por ocho segundos en París. Lloró de dolor
y escupió al mundo su ira, su inesperado desdén de derrotado.
Aquella estuvo a punto de ser su resurrección, tras años de lesiones,
de insolencia, de placenteras y etílicas noches y de otros venenos.
Perdió el Tour agónicamente y la sonrisa, y ganó su único Giro.
Laurent Fignon fue joven e inconsciente y un ciclista romántico,
un ‘profesor’ de la ruta que amaba los gatos de Baudelaire.
La muerte lo sorprendió demasiado joven mientras ensalzaba
las gestas de otros y se aferraba al ciclismo para seguir soñando.
Poco antes de cerrar los ojos miró hacia las colinas del mediodía
y, con una voz aflautada, murmuró: “Maldigo mi enfermedad”.
Cedía para siempre el maillot amarillo que más codició.
Vivir.
MUERE EL CICLISTA LAURENT FIGNON

Ha muerto en París Laurent Fignon, un ciclista especial y combativo que siempre animó la carrera. Sin ser excepcional en ninguna disciplina, era un corredor estupendo, capaz de rendir muy bien en el llano, la montaña o en la contrarreloj. Irrumpió casi como un ciclón en 1983: ganó su primer Tour, cuando era uno de los jóvenes corredores del equipo de Bernard Hinault; al año siguiente volvió a repetir la hazaña, y en 1989, perdió el Tour ante un renacido Greg Lemond por ocho segundos. He leído los obituarios y los comentarios: la mayoría quería que ganase Lemond; a mí me ocurrió al revés. Yo iba con él y me dio mucha pena. Me hacía ilusión que alcanzase a grandes campeones como su paisano Louison Bobet, por ejemplo. Me gustaba su rebeldía, su pasión por la victoria, incluso esa insolencia que le hacía parecer antipático e irascible, su furia injustificable cuando escupió a una cámara de Televisión Española.

Fignon fue un ciclista de transición: apareció en un momento en que Hinault se acercaba a su ocaso, acosado por las lesiones, no obstante aún ganaría su último Tour en 1985, y a la vez estuvo entre Lemond, ganador de tres Tours, y la aparición de Roche, Perico Delgado e Induráin. Frente a él, deslumbraron en 1983 y 1984 dos corredores españoles, Ángel Arroyo, segundo en 1983, y Perico Delgado, que perdió el Tour de 1989, ante Lemond y Fignon, después de haber sido el corredor que menos tiempo había invertido en la carrera.

Fignon se peleó con sus compañeros de equipo: Hinault y Lemond, tuvo sus disputas con Cyrille Guimard, y acabó siendo un buen comentarista de France 2. Había suavizado su carácter y se había convertido en un seguidor entusiasta de Alberto Contador.

Su palmarés se completa, entre otros títulos, con el Giro de 1989. Perdió otro ante Francesco Moser. Se va, a los 50 años, un ciclista inolvidable, uno de esos que animaban las carreras, atrevido y desconcertante, ambicioso e incomodado con lo previsible.

UNA FOTO DE MONTPELLIER

Me escribe Javier Burbano y me manda esta foto:
Te mando esta que hice en Montpellier, en el barrio de Antigone, que diseñó Ricardo Bofill inspirándose en la Grecia clásica.
UNA BICI EN PRAGA

El poeta, narrador y escritor de esto y aquello –hermano de Perec, discípulo de Ramón Gómez de la Serna, nuestro embajador en Mérida- Elías Moro Cuéllar me envía esta foto y esta nota cariñosa.
Querido Antón:
Preciosas entradas de velocípedos -como antes se decía-. Te envío una que encontré en Praga, en el patio de una cervecería, hace un par de años.
Acaso de algún parroquiano que no podía tenerse en pie y la dejó allí olvidada.
LAS SALTADORAS DE LONGITUD


Ineta Radevica y Naide Gomes se disputaron el título de salto de longitud. La letona venció con 6.92, y la portuguesa logró idéntico salto. Radevica había saltado también 6.87 y Gomes 6.68, de ahí el veredicto final. La letona posó desnuda para 'Play boy'; la portuguesa impresionó por su clase y por su especial belleza. Fernando Valls, gran aficionado al atletismo, me escribió advirtiéndome de lo estupenda que había sido la prueba, aunque la marca esté lejos de Heike Dreschler, por ejemplo. Ahí fracasó estrepitosamente la antaño invencible campeona de heptalón Carolina Kluft. La sueca Kluft ha sido campeona olímpica en Atenas y triple campeona del mundo.


EMMA GREEN, PLATA EN ALTURA




Emma Green, la sucesora de Kajsa Bergqvist, medalla de plata ayer en Barcelona. Superó su mejor marca y voló hasta el 2.01.

En esta foto, Emma Green, Kajsa Bergqvist y Ebba Jungmark.
NURIA FERNÁNDEZ, CAMPEONA DE 1.500

Como Arturo Casado, Nuria Fernández ganó en 1500. Realizó una carrera limpia, sin llamar la atención, y de repente, en el último hectómetro, se encontró con la calle uno libre. La tomó, aceleró con un estilo impecable y con un poderío inmenso, y ganó a todas, incluida a Natalia Rodríguez, que era la gran favorita con la rusa Anna Alminova, y a la francesa Nehiba, que fue plata. Nuria estuvo pletórica y casi dio mucho gusto verla ganar: estaban entusiasmada y feliz. Llevaba muchos años buscando el título, y lo obtuvo con absoluta belleza a los 33 años.
En salto de altura, Tia Hellebaut solo pudo ser quinta. Ganó con claridad Blanka Vlasic con 2.03 y con esos impecables saltos de esfinge de ojos azules. Emma Green, la sucedora de Kajsa Bergqvist, venció al final a Ariane Friedrich y obtuvo la plata con 2.01. Ruth Beitia solo pudo quedar sexta: se quedó en 1.95. En salto de longitud, contra pronóstico, ganó el alemán Christian Rief con 8.47. Por lo demás, no fue la tarde de los españoles: ni de Pestano, menos de Casañas, ni de Méliz ni de Cáceres, ni de los corredores de 4x100. Eso sí, al final, apareció Carmen Valero, un turolense afincada en Barcelona y una gran pionera del atletismo femenino, para besar a Natalia y a Nuria. Esta bailó y bailó, entre lágrimas, y no estaba para atender a nadie: ni a Jordi Hereu ni a Carmen Valero.
*La foto es de agencias: es la del triunfo de hoy.
LAS CAMPEONAS DEL SALTO DE ALTURA

Dos retratos de Tia Hellebaut: en Pekín, y otro más artístico.

Una de las pruebas más interesantes de los europeos se dirime hoy: la final del salto de altura donde hay dos claras favoritas, Tia Hellebau, la belga campeona de Europa en 2006 y campeona olímpica en Pekín, y Blanka Vlasic, la croata que persigue desde hace tiempos títulos y el récord de Stefka Kostadinova, de 2.09. Ruth Beitia también tiene algo que decir pero por ahora está algunos centímetros por debajo de ambas. Tia Hellebaut, la mujer de 32 años que siempre salta con gafas, se retiró parcialmente de la competición tras su gran triunfo en Pekín para ser madre. La otra gran candidata es la alemana Ariane Friedrich, que se presenta en Barcelona en mejor forma que la campeona olímpica. Parece claramente una de las favoritas a la plata o al bronce.

Dos fotos de Blanka Vlasic.


Ruth Beitia en Pekín y en un aeropuerto.


LA CARRERA PERFECTA DE A. CASADO

El pasado viernes, en una preciosa y estupenda carrera, Arturo Casado, madrileño de 27 años, lograba un antiguo y buscado sueño: se coronaba campeón de Europa de 1.500. Fue una carrera espléndida con tres protagonistas españoles: Reyes Estévez, que corrió muy bien, estuvo en los puestos de cabeza y le faltó un poco, poquísimo, de velocidad final; Manuel Olmedo, que realizó una vibrante carrera con un increíble final que le permitió corregir su mala ubicación durante la carrera y obtener la medalla de bronce, se quedó en un tris, en dos centésimas, de la plata; y el citado Arturo Casado, un corredor cuya estampa evoca la de Sebastián Coe: rápido, de correr elegante y capaz de realizar los últimos 100 o 200 a un ritmo estupendo. El esprint final, poderoso y limpio, también nos hizo pensar en el gran triunfo de Fermín Cacho en la final olímpica de 1992. Cuelgo aquí la crónica de Carlos Arribas, de ‘El País’, un gran periodista de ciclismo también, autor de libros y de maravillosos artículos. El texto habla de Casado, de la carrera, de los entrenamientos del nuevo campeón y del clima de cariño y de superación que lo envuelve.
LA FE CORONA A ARTURO CASADO
Crónica de Carlos ARRIBAS / El País
Arturo Casado levantó los brazos después de la recta soñada y el bodoquismo rompió a llorar. El bodoquismo, por Bodoque, el masajista de Casado, de España, de Berlanas, de Juan Carlos Higuero, de otros buenos atletas, es la religión atlética de la fe y del compromiso, del trabajo, del sueño.El triunfo de su chico lo justificaba, claro. También que el estadio de Montjuïc se viniera abajo del éxtasis de los espectadores que, tras la frustración de Marta Domínguez, tras las expectativas de la explosión de Cáceres en la longitud, contemplaban al fin la primera victoria española de los campeonatos. También que el secretario de Estado, Jaime Lissavetzky, saltara a la pista como un aficionado feliz para abrazar al campeón.
Levantó los brazos Casado y rompió a llorar él mismo, tan grande, tan incontenible, tan liberado como en su última curva, cuando arrancó a 200 metros, el punto de los campeones, el punto exacto en el que otros años, en otros campeonatos, encallaba su carrera, el punto del miedo en el que su ambición se frustraba por perseguir a Baala, a otros campeones a los que quería superar, cuando corrió, el primero, por delante de todos, persiguiendo la victoria, como un potro fuerte y ancho, como un caballo desbocado. Poderoso. A punto de alcanzar el orgasmo, toda la adrenalina agolpándosele en el cerebro."Hay que creer, hay que creer", repetía la víspera Casado. "Este año, sí, este año, sí, estoy seguro", añadía. "Ya creo en mí". Fue el final de un año en el que apenas se prodigó en invierno, en el que renunció a la pista cubierta, en el que, desde el 1 de enero, solo pensaba en un día, 30 de julio, en una ciudad, Barcelona.
Por detrás de él, hombre de tanta fe tras tantos años en que solo se le recordaban las expectativas no cumplidas, la jauría lanzaba sus dentelladas, inalcanzable. Por detrás, Reyes Estévez, el veterano en su última carrera, trataba de defender la tercera plaza, el lugar máximo en el que le `podían dejar sus piernas, tan batalladas, tan poco frescas finalmente, después de una carrera que él mismo había conducido al tran-tran, lenta, lentísima (2m 37s, el 1.000; 3m 42,74s el tiempo de la victoria de Casado), confiado en su antiguo poder explosivo, ahora de más corto alcance que en sus tiempos de gloria cuando, elegante, en los últimos 300 metros era capaz de tres, de cuatro cambios de ritmo. Por detrás de Casado, tan enorme, tan feliz ya, Manuel Olmedo, el sevillano recién trasplantado del 800, hacía valer su punta de velocidad magnífica para, desde atrás, por fuera, remontar hasta, con el último aliento, arrancarle de las manos a Estévez por 13 centésimas el bronce. "Me falló la táctica", dijo Olmedo. "No esperaba una carrera tan lenta, pero he podido responder al final".
Cuando está bien, a Casado, de Santa Eugenia, un barrio de Madrid, de 27 años, licenciado en Ciencias del Deporte, con admiración le dicen: no hay quien te pase en la curva, eres tan ancho, controlas tan bien tu calle que para adelantarte hay que dar un rodeo tan grande que cuando queremos llegar ya has pasado. A Casado, seguro, en la curva, en la que con casi imperceptibles cambios de ritmo mantenía a raya los intentos de superarle del inglés Baddeley, le llegarían a la memoria esas palabras, y certificaría su verdad en la jungla del 1.500. Por fin. "Ha sido la carrera perfecta", dijo Casado. "Después de muchos años de quedarme con la miel en los labios, al final he conseguido todo por lo que lucha un atleta".
De Casado, hasta ayer, se recordaba su irrupción en el Europeo de Madrid en pista cubierta 2005, su trabajo como libre para su compañero de entrenamiento Alberto García, su quinto puesto en el Mundial de Helsinki, que tantas ilusiones levantó, por su irreprochable ética de trabajo, su seriedad... Desde ayer, ya se le recordará como el tercer atleta español campeón de Europa de 1.500 -Cacho, 1994, Estévez, 1998, pasaron antes que él-, como otro de los grandes del mediofondo español, como un chico con mucho futuro aún. Y mucha fe, claro.
*En la foto Arturo Casado y Manuel Olmedo. La foto es de la agencia AFP y ha sido publicada por 'El País'.
DIARIO DEL MUNDIAL / Y 25

DIARIO DEL MUNDIAL // España cierra un campeonato increíble e intenso. Tuvo que fajarse en todos los partidos y logró el título con un fútbol brillante que adornó con coraje y paciencia, con intensidad y furia.
El equipo armonioso que creyó en sí mismo
El fútbol, como la vida, discurre entre el ser y la apariencia. Argentina no había enamorado a nadie en las eliminatorias y, sin embargo, parecía que se enganchaba a la clase de Messi para convertirse en clara favorita. Una joven y descarada Alemania demostró al mundo que esa entrevista grandeza era fragilidad, desconcierto y cartón piedra. Otro tanto le sucedió a la máxima candidata: la selección brasileña del músculo y del pundonor que ejecutaba a sus rivales con dos o tres fogonazos pero sin conexión alguna con la leyenda del ‘jogo bonito’. En Argentina y Brasil las estrellas eran los seleccionadores: un Maradona incauto que no acertó a crear un bloque ni una estrategia ni el espacio idóneo para su sucesor (Messi llegó al Mundial en plenitud de forma: como un ciclón menudo e imparable), un Dunga cartesiano y rocoso que se encomendó a la tiranía del poderío físico.
Hasta Portugal se volvió facinerosa en su juego: Queiroz fue incapaz de acomodar a su delantero más célebre, Cristiano Ronaldo, y se marchó sin gloria alguna. Otro tanto cabría decir, con más razón, de Italia y Francia, y por supuesto de Inglaterra: Capello no supo ni pudo conjuntar a jugadores como Gerrard, Lampard y Rooney: los tres se han desvanecido, inanes y oscuros, en Sudáfrica. Ni Dunga, Maradona, Lippi, Domenech ni Capello acertaron a construir un combinado armonioso que respetase las características de sus jugadores y un plan específico, una idea del fútbol. Por faltarles les faltó hasta complicidad con el vestuario; en el caso de Maradona, le sobró arrogancia de profeta: creyó que él era el elegido, de nuevo, por los triunfos engañosos y por su condición de mito.
En cualquier caso, no conviene olvidar el axioma de Boskov: el fútbol es un torbellino de factores, de segundas oportunidades, de regates del azar, un amasijo de detalles y de circunstancias, y de pequeños milagros. Y ahí todo suma: suma que aparezca el manotazo salvador de Luis Suárez, que Gyan mande el balón al cielo en el penúltimo segundo, suma que Casillas detenga un penalti que significaba el adiós o que estirase unos milímetros su pie derecho ante Robben. En un Mundial el resultado pende de un hilo. Y la victoria depende de todo ese arsenal de causas y efectos que España ha barajado tan bien.
La selección de Vicente del Bosque llegó al torneo con la etiqueta de favorita. La realidad es que no empezó a serlo de veras hasta que tumbó a Paraguay: España pasó todos los partidos con el máximo esfuerzo y justa de dinamita. Ha sido, ha intentado ser, un equipo primoroso, de escritura automática, al que la faltaba gol: se abrazó al olfato de Villa (quien, extrañamente, no marcó en los dos últimos partidos), al talento de Iniesta y a la furia de Puyol. Ellos han sido los goleadores. Así, desfondándose y casi en alerta roja, superaba a los rivales. Parecía un equipo armado en todas las líneas, partidario de la fantasía y el toque, y a la vez un equipo sufridor, sin gas y alicorto de inspiración ante la presión de los rivales. Curiosamente, este conjunto se consolidaba con un gran sentido de la gesta. Sin volver la cara, aceptando todos los desafíos, los marcajes pegajosos, incluso las tarascadas. El inmutable Del Bosque parecía un enigma, un caracol de secretos cerrado a cal y canto: se fiaba de un Torres fuera de forma, condenaba a uno de los jugadores más exquisitos y trabajadores del bloque como Silva, tiraba de Navas y de Cesc y de Llorente, acudía a Pedrito. Confiaba ciegamente en su línea de defensas (el que despertaba más recelos, Capdevila, ha estado muy por encima de lo esperado), ensalzaba el trabajo oscuro y dinámico de un excepcional Busquets, se encomendaba a sus estrellas Xavi y Iniesta, los mejores medios del Mundial.

Fiel a un credo, sin perder la compostura, Del Bosque llegó hasta donde había soñado. A la final. Y en ella, el míster y España tuvieron el pundonor, la convicción, la firmeza, la paciencia y la lucidez de los grandes campeones para vencer al segundo mejor equipo del torneo: una Holanda de acero, durísima e indomable, que había aprendido la lección de los rivales de España y de la nobleza de Alemania, víctima de un baile increíble de pases y filigranas sin atreverse a dar ni una patada. España maravilló ante los teutones y se agigantó luego ante la adversidad, esa férrea ‘Naranja Mecánica’ de latigazos y coces: puso a prueba la verdad y la conmoción del fútbol, y ganó. El buen juego es su rasgo de identidad: el atributo esencial de su ser.
EL ZARAGOZA EN PARÍS EN 1927
Corazón
tan rojo

José María Serrano Sanz es un economista que comparte su pasión por la investigación y la edición con su amor al Zaragoza. En su biblioteca conversaba un delicioso documento: ‘Gran viaje deportivo turista a París del Real Zaragoza (Club Deportivo)’ que se realizó entre 1 y el 5 septiembre de 1927. En París el equipo aragonés tenía dos partidos contra el Stade Français y el Red Stard Olimpic. La expedición salió de la estación del Arrabal el día uno en un tren especial y llegó a la capital del Sena a las diez de la mañana del día siguiente, tras varias paradas en Irún y Hendaya, y comidas “en cestas frías”. Hizo una visita al Arco del Triunfo “para depositar flores y coronas en la ‘Tumba del soldado desconocido”. Ahora todo ese material -programas, folletos, entradas en el Centro Español; Heraldo actuaba de patrocinador- acaba de ser reeditado en una cuidada carpeta numerada, costeada por una docena de personas. Los 400 seguidores estuvieron en el Louvre, oyeron una conferencia, escucharon jota y vieron bailar a Paquita Pagán, y fueron objeto de un banquete. E incluso visitaron la redacción de ‘L’auto’ y ‘L’intransigeant’. En el programa de mano se decía que “desde la Torre Eiffel se darán diariamente varios partes radiados para que en España sepan constantemente la marcha e incidentes de la excursión”. Pepe Melero, Víctor Juan y el citado Serrano, tres forofos incondicionales del Zaragoza, recuerdan que esos aficionados del equipo ya intentaron conquistar París. La pasión por el fútbol empieza por lo pequeño, por lo cercano: el Real Zaragoza siempre ha tenido aficionados, sueños, y ha mirado al mundo, como el mundo miró al Real Zaragoza hace ahora quince años cuando Mohamed Ali Amar, ‘el elegido’, marcó aquel gol inolvidable. Así también el mundo mirará hoy a la España de Del Bosque en su partido más importante.

*El Arco del Triunfo que visitaron los zaragozanos que acompañaron al club en 1927; abajo una maravillosa foto de fútbol del inolvidable Martin Munkacsi. Este artículo apareció ayer, antes del partido de Holanda y España, en mi sección de 'Cuentos de domingo'.
DIARIO DEL MUNDIAL / 24. LA VICTORIA

Andrés Iniesta, entre la épica y el éxtasis
España tuvo que pelear lo indecible para superar a una Holanda bien posicionada, correosa y experta en el contragolpe
España se corona en Sudáfrica con una generación deslumbrante que ama la belleza total del mejor fútbol
Andrés Iniesta, el futbolista del aire, el elegido de los dioses del fútbol, le dio el triunfo a España. Un triunfo agónico, peleado hasta casi el final de la prórroga, una victoria por la mínima, que confirma la calidad y la ambición de una generación deslumbrante que ha llegado más lejos de lo que nadie se podía imaginar: al Olimpo del balompié, primero en Europa y ahora en todo el planeta. Esta selección será recordada por su juego exquisito, por su querencia de balón, por una triangulación precisa y por esa imaginación inagotable que distinguió a la Hungría de Puskas y Bozsik, al Brasil de Pelé, a la Holanda de Cruyff, y a la Francia de Platini y Giresse. Y será recordaba, sobre todo, porque también a la hora de la verdad tuvo sentido épico. España ganó con la grandeza antigua del fútbol.
El partido fue tosco y trabado. España empezó muy bien: generó ocasiones de inmediato y dio la impresión inicial de que este era su partido. Iba a apabullar. Los holandeses, que buscaban la recompensa a tantos años del buen fútbol que trasvasaron al Milan o al Barcelona, y acaso a la propia España, estaban un tanto perplejos. Como desubicados. Como si la salida del rival y su abanico de pases en cortos, hilvanados con una regla de sastre, les metiera el miedo en el cuerpo. Era el momento de enmarañar el partido, y empezaron a hacerlo, especialmente con ese peón táctico, incansable y duro, que es Van Bommel. Así, a trompicones, con faltas y un juego sucio tan eficaz como taimado, Holanda paró a España e incluso obtuvo una pequeña conquista: una tarjeta a Carles Puyol. España pasó de dominadora absoluta a dominada, o cuando menos perdió la inspiración, se encontró ahíta, falta de ritmo, proclive además al encontronazo. Holanda salía al contragolpe y en el centro del campo proponía un entramado de marrullerías y de marcajes pegajosos. Lo mejor fue el descanso. España se desorientó en los minutos finales de la primera parte: quedó huérfana de brújula y de plan de ataque.
En la segunda parte, el partido siguió la misma lección. España se buscaba a sí misma, buscaba el control del balón, el arrebato de fantasía, y se encontraba con una Holanda bien situada y cada vez más segura. Arriba, Robben abría huecos y practicaba su regate favorito y esa carrera de amagos que se remansaba al borde del área, cerca de la media luna. Desde ahí engatillaba, pero Iker estaba concentrado. Sabía que el título empezaba en él: las lágrimas finales serían la prueba. España siguió a la suya: buscaba la luz y encontraba la oscuridad. El choque era tempestuoso, con desconcertantes alternativas. El gol podía caer de cualquier lado. De repente, Del Bosque hizo dos cambios: uno, quizá sorprendente, Jesús Navas por Pedro (el canario se extravió desde el principio y nunca volvió al camino) y otro más sensato: Cesc por Xabi Alonso, que había buscado el gol desde lejos, como lo buscó Xavi a través de varias faltas o en saques de córner. En una ocasión, Sergio Ramos falló la ocasión más clara: le pareció excesivo copiar el testarazo de Puyol ante Alemania.
La prórroga adquirió los tintes dramáticos de un resultado incierto. El respeto al rival y el miedo a perder se adueñó de los dos equipos. España sería superior en la prórroga: Xavi volvía a mandar, Iniesta se estiraba por todos los sitios con esa clase admirable que sólo él posee. Se convirtió en la pesadilla de los ‘tulipanes’ y en el foco del público. El espectáculo dentro del espectáculo de la final era él. Y en esas discurría el partido, con un pie ya en los penaltis, cuando recibió un pase de Cesc. Un pase inteligente. Ese balón que enciende el volcán de la emoción y del éxtasis. E Iniesta no falló: selló el triunfo de un bloque, de una apuesta, de unos maravillosos años con un gol antológico e inolvidable. El gol del título. El gol del título más grande. El gol inefable del mago, del virtuoso dulce.
*Este artículo lo he publicado hoy en Heraldo de Aragón, en contraportada.
DIARIO DEL MUNDIAL / 23. LA FINAL
DIARIO DEL MUNDIAL // Óscar Tusquets dice que “todo es comparable”. También los futbolistas de España y Holanda: por eso aquí ofrecemos un retrato minucioso de los veintidós héroes de la final.
Once contra once:
quiénes son
y cómo juegan
Casillas-Sketelenburg. Iker Casillas es, en este momento, el mejor arquero del mundo. Sus dos rivales para ese título, Buffon y Julio César, cayeron pronto. Es un portero con grandes reflejos, elástico, concentrado. Empezó un tanto flojo, pero ha ido a más. Paró un penalti decisivo y ha tenido intervenciones espléndidas. Ha recuperado su carisma. Enfrente estará Sketelenburg, que no era el titular: su torneo, pese al gol de Forlán, es solvente. Va bien por arriba y se entiende con sus defensas.
Sergio Ramos-Van der Wiel. Son dos jugadores semejantes. El español posee una condición física admirable y algún que otro pájaro en la cabeza. Contra Alemania se portó como un auténtico extremo, capaz de arriesgar un regate, de disparar a gol y de acompañar el juego de los medios. Van der Wiel forma con Robben una banda muy peligrosa. Será el encargado de parar a Iniesta. Guardiola le ha echado el ojo para dar descanso a Dani Alves.
Piqué-Heitinga. Son los lanzadores de sus equipos desde atrás. Piqué ha sido comparado con Beckenbauer: es rápido, ágil, seguro y saca muy bien el balón. Posee un buen desplazamiento en largo. Heitinga no tiene su nivel, pero es la referencia defensiva de Holanda. Está irreconocible, si lo comparamos con su campaña en el Atlético de Madrid: toca bien el balón y busca a Van Bommel y a Sneijder.
Puyol-Matijsen. El español es un jugador vibrante, contundente, un ejemplo de entrega y de entusiasmo. Recuerda a Paco Gallego. Es el toro del equipo, un hurón de furia. Su gol ante Alemania lo define: Puyol todo corazón. Matijsen es correcto, va bien por alto, tiene experiencia y lleva años consolidado en esa posición. No es fino con la pelota, pero tampoco comete errores. Como Puyol, es expeditivo.
Capdevila-Van Bronckhorst. Experimentados, zurdos natos, con buen disparo, dispuestos a avanzar por el carril. Capdevila es un jugador sobrio, atento, capaz de centrar bien. Gio marcó uno de los goles más hermosos del Mundial. Es el capitán apacible y conciliador que está viviendo una segunda juventud.
Busquets-De Jong. Sergio Busquets ha dado constantes lecciones de veteranía y de colocación. Es el eje defensivo de España en la media. Protege, asiste, posee un estupendo juego en corto y en largo, y ejecuta como nadie la falta táctica. De Jong es un jugador oscuro y sacrificado, limitado de talento y poderoso en el despliegue.
Xabi Alonso-Van Bommel. Son dos jugadores muy distintos. Van Bommel es una referencia permanente: protestón, duro y bregador. Tiene llegada, sobre todo de cabeza. En su paso por España no sedujo a nadie; en Holanda es el recuperador, el jugador que está en todas las grescas. Los árbitros han sido condescendientes con él. Xabi Alonso está haciendo un gran campeonato. Combina bien, trabaja sin descanso y posee un buen toque en corto y en largo, magnífico en sus cambios de juego, y un excelente disparo. Ante Alemania olisqueó el gol varias veces.
Xavi-Sneijder. Los dos mandan. Xavi es el arquitecto de España, el hombre que dicta el ritmo del partido, el artista incesante. Es preciso, elegante y tiene una visión prodigiosa. Es el mejor organizador del juego del planeta: el balón en sus pies siempre está de paseo. El mejor fútbol sale de sus botas. El menudo Sneijder está viviendo el mejor año de su vida: deslumbró en el Inter y asombra en Sudáfrica. Se siente seguro de sí mismo y de su disparo. Es un cerebro muy completo y vertical. Genera constantes ocasiones de gol. Es uno de los grandes peligros de Holanda: su jugador más en forma, el más imprevisible. Es un tigre de peligro e inteligencia.
Pedro-Robben. Robben es imprescindible, es un extremo de los de antes que juega a contrapié. Descoyunta cualquier táctica ajena y tiene mucho gol. Es un puñal de velocidad y gambeteo. Pedro es un jugador con ángel: es trabajador y descarado, posee desmarque y una picardía de barrio. Se ofrece hasta el fin del partido. Ante Alemania jugó muy bien entre líneas. Puro talento con las dos piernas. La pelota está enamorada de él.
Iniesta-Kuyt. Iniesta encarna el malabarismo puro, la inteligencia, el control de balón. Para él nada es imposible. Es nuestro futbolista del aire: el brasileño de Albacete. Kuyt no había demostrado nada, pero se aferró al puesto y ahora es el jugador necesario arriba porque regatea, apoya a sus medios y presiona constantemente a la defensa rival.
Villa-Van Persie. El delantero del Arsenal es un jugador de carácter complejo y rebelde. Sabe a lo que juega: hurga y hoza en la defensa rival, y su cambio de posición resulta desequilibrante. Es técnico y fantasista. Villa es la reencarnación de Quini, el hombre del gol. Es rápido, ambicioso, sale regateando hacia los dos lados, y posee un disparo demoledor. Además, es vivaz y atrevido. Con él en el campo, el resultado nunca es inamovible.
*Este artículo aparecía esta mañana en Heraldo de Aragón. Tras los 90 minutos, donde Holanda ha hecho su partido, empate. Se está jugando la prórroga.
OTRA VISIÓN DEL MUNDIAL
El escritor y traductor Daniel Gascón publicaba ayer en su blog esta mirada distinta sobre el Mundial de Sudáfrica.
Puede verse aquí: danielgascon.blogia.com
Por Daniel GASCÓN
A media mañana del viernes 9 de julio todos los medios españoles y muchos medios internacionales anunciaban en primera página que un pulpo se había movido en un acuario.
La explosión que ha producido el Mundial habría resultado divertida, si no hubiera sido un poco desoladora. En los medios digitales, una franja enorme nos recuerda lo verdaderamente importante: la selección, los triunfos de Nadal, análisis y anécdotas deportivas que multiplican las oportunidades para la aparición de la irracionalidad. Como la selección española perdió el primer partido, se echó la culpa a la novia del portero. Cuando la clasificación de España parecía dudosa, Cuatro nos tranquilizó explicando que "los dioses de África están con la Roja". Un día antes de la final, ABC se muestra más grecorromano aunque a mi juicio poco católico: “Los dioses, con España”, dice, bajo una foto de Neptuno y Cibeles con la bandera española. Subtítulo: “La bandera nacional engalana las ciudades españolas a la espera de la final de mañana” (espero que el mundo rural no se sienta ofendido). Cruzcampo, que solo hace los anuncios peor que la cerveza, nos recuerda que "no somos una selección, somos un país". Los comentaristas ruegan a Dios y aplauden que los jugadores españoles cometan una falta no sancionada. Otros discuten que David Villa haga un gesto taurino al celebrar el gol. El pulpo no es la única superstición; como Marchena lleva un montón de partidos sin perder también nos dicen que es un talismán. El juego decepcionante de la selección durante los primeros días forzó el énfasis en una estadística generalmente irrelevante: el índice de posesión del balón, como si el fútbol fuera como el boxeo y pudiera ganarse a los puntos.
El Mundial se ha convertido en la primera noticia y el único tema de conversación. Los deportistas son el único modelo respetable. A mí me resulta incomprensible, aunque haya algunos jugadores que me caigan bien, o aunque esta selección juegue mejor y sea más simpática que otras. ¿Cómo puede ser un modelo de algo una persona que termina su carrera a los treinta años, cuando parece que tendremos que jubilarnos a los setenta? (Luego algunos encuentran trabajo en la corrupta Federación Española de Fútbol. Es el caso de Fernando Hierro, el hombre que, cuando le preguntaron por el último libro que había leído, respondió: “Ninguno”.) Pero esto, que parece una caricatura de las caricaturas que se hacían de algunos forofos argentinos, con la iglesia de Maradona y cosas así, no solo sucede en España: Francia, que había interpretado las victorias de su selección como el símbolo de un país multicultural e integrado, ha visto la derrota y la indisciplina de sus jugadores como las consecuencias de la falta de sacrificio, sentido del deber y respeto a la autoridad. Sarkozy convocó a Henry al Elíseo y pidió una reflexión nacional.
Ha habido algunas excepciones, pero el consenso es asombroso. Los suplementos culturales han hablado de libros sobre el fútbol. Los intelectuales hablan de fútbol. De hecho, yo no sabía que había tantos intelectuales en España hasta que llegó el Mundial. “Nuestro modo de jugar es también nuestra forma de vivir”, dice un cartel del Instituto Cervantes en Roma, una institución que yo creía que se dedicaba a la difusión de la cultura. Un lírico, Manuel Rivas, escribe sobre los jugadores de España:
No son depredadores. No son carnívoros. Disfrutan de la hierba. El balón se siente un compañero. Es un factor que no contemplan los críticos del llamado tiqui taca, nostálgicos del fútbol cabreado y taciturno. Campa la imaginación y el humor. Y las ideas tejen. Por fin las neuronas llegan a los pies. Por eso esta selección no se presta a una estridencia patriótica posesiva y excluyente. Pertenece a la gente de cualquier parte a la que le gusta el fútbol.
Si la profusión de banderas y exhibiciones de orgullo nacional puede inquietar un poco –como le ha pasado a Carod Rovira, y eso que Laporta dijo que en realidad el Mundial lo está ganando el Barça, mientras que La Razón titulaba meteorológicamente: “El tifón español arrolla al independentismo catalán”-, Rivas tranquiliza. Se puede apoyar a la selección española con la conciencia tranquila, aunque uno sea de izquierdas, nacionalista gallego o internacionalista céltico. Porque en el fondo, arguye Rivas, es una selección que nos redime de nuestra historia y desagravia a las víctimas de tantos siglos de destrozos contra la libertad, etcétera: “La que goza en la cancha es una España liberada de su losa: ‘Entusiasmo del odio, ojos del mal querer’ (Miguel Hernández). El contrapunto al ‘mal querer’ es la mirada de Del Bosque’”, continúa Rivas, entregado. Si hubiéramos sabido que íbamos a llegar a la final del Mundial, no habría hecho falta que se aprobase una Ley de Memoria Histórica.

La selección húngara de 1954 que perdió la final ante la Alemania de Rahn y los hermanos Walter formó así: Grosics; Busanky, Lantos; Lorant, Bozsik, Zakarias; Czibor, Hidegkuti, Kocsis, Puskas y Toth.
Otras interpretaciones nos aportan nuevas redenciones. Sebastián Fest escribía un artículo sobre los éxitos deportivos españoles, y lo titulaba, con modestos interrogantes, “¿El país perfecto?”. Arrancaba así:
España está a un paso de enviar la peor versión de su historia deportiva al baúl de la abuela, al rincón más polvoriento, oscuro y alejado que exista en la península.
Por eso el grito que inundó sus calles hasta bien entrada la madrugada; por eso el cántico de cientos de jóvenes borrachos de alcohol y de éxito en los húmedos bares de Durban: "¡Yo soy español, español, español...!".
Para que ese grito sea un rugido de éxtasis, España "solo" tiene que imponerse el domingo a Holanda en la final del Mundial de fútbol. Entonces será la envidia de medio mundo, algo muy parecido a "la nación deportiva perfecta". [Las cursivas son mías.]
Los políticos han usado el fútbol sin parar. Zapatero –ministro de deportes- dijo que el diferencial con Alemania se reduciría el pasado miércoles, y luego en el Parlamento Europeo le reprocharon que su presidencia fuera como el juego de Fernando Torres: prometedor al principio, pero luego decepcionante. En la reunión del G-20, los líderes se dedicaban a ver el fútbol. Al margen de ser una forma desconcertante de incentivar la productividad, la sensación que daban los medios cuando mostraban a Obama, Cameron o Merkel pendientes de la televisión, después de que durante días nos anunciaran esas reuniones y las protestas y la supuesta tasa a los bancos, es que todo era una gran chorrada. En todo caso, menos importante que un partido de la fase previa. En parte, creo que se debe a la necesidad de humanización e identificación de los políticos. Es una tendencia que retrató bastante bien la película The Queen, de Stephen Frears, donde la reina de Inglaterra se quedaba algo perpleja ante las demandas del pueblo, que le exigían que diera más pompa a los ceremoniales tras la muerte de la princesa Diana y Tony Blair le explicaba que para salvar la monarquía debía complacer la histeria de la masa. En Inglaterra hemos vuelto a verlo en la campaña electoral. Gordon Brown habló con una votante laborista que hizo una pregunta racista sobre los europeos del este. Tras hablar con ella, Brown dijo que era "bigoted" (intolerante). Sus palabras se oyeron y tuvo que pedir perdón ante la presión de los medios. Pero en realidad era evidente que era una mujer intolerante. Y no sé si los políticos deben complacer todo el tiempo los impulsos más primarios, aunque los triunfos deportivos les beneficien y sirvan como cortina de humo.

Disfruto leyendo a algunos periodistas y viendo algunos partidos. En mi familia se habla mucho de fútbol, y creo que, con un poco de ayuda, hasta mi hermana de 11 años podría recitar la delantera de la selección de Hungría en 1954. Aunque en general, con el fútbol me pasa como con el sexo: verlo es entretenido, pero practicarlo me pone de mejor humor. No sé qué pasará mañana y, como diría Reth Butler, francamente, me importa un bledo. Supongo que si gana España, me alegraré por los amigos que se alegren, y lamentaré que los alrededores del partido –imágenes de los comentaristas celebrando los goles o periodistas describiendo el ambiente indescriptible, por ejemplo- sean la única noticia durante unos días. Tampoco entiendo por qué me tiene que gustar más un deportista español que otro de fuera. Me gusta Contador, pero no quería que ganase Fermín Cacho, que miraba todo el tiempo hacia atrás, asustado. Si es una cuestión de patriotismo, me parece un patriotismo mal dirigido, mucho más cercano al vocerío nacionalista e histérico que otra cosa. Preferiría que hubiera alguna universidad española entre las cien mejores del mundo, por ejemplo. Prefiero la legislación pionera sobre el matrimonio homosexual. Preferiría que no liderásemos, con mucha más ventaja que cualquier deporte, la tasa de paro total y juvenil en Europa.
Dicen que el deporte es una forma civilizada de sustitución de la guerra. Produce menos víctimas. Que un juego atraiga la atención de millones de personas es una impresionante construcción humana; quizá necesitamos mitos, y el mito de la épica deportiva es mil veces preferible a los que postulan la maldad o la inferioridad de otras razas, por ejemplo; pero la gracia también está en que el juego siga siendo solo un juego. Pese a que siempre haya estúpidos como los que insultaron a mi novia -que es neozelandesa- pensando que era alemana, supongo que el nacionalismo deportivo es una forma de nacionalismo relativamente inocua, y que el éxito puede contagiar cierto optimismo. He visto el mismo espectáculo de pitidos, banderas y gritos en otros países, y aunque a veces envidie la relación de otros ciudadanos con sus símbolos nacionales y sé que la alegría es mejor que la tristeza, no logro compartir el placer que provoca ver a mucha gente vestida con la misma ropa. Nunca me han gustado las fiestas obligatorias. El otro día, cuando hablábamos del asunto, un amigo recordó una frase de Brassens: “La musique qui marche au pas/ Cela ne me regarde pas”. Quizá sea más clara la versión de Paco Ibáñez: “la música militar/ nunca me supo levantar”.
DIARIO DEL MUNDIAL / 22
DIARIO DEL MUNDIAL // La historia de los mundiales siempre muestra extravagancias y protagonistas insólitos. Sudáfrica cuenta con un pulpo adivino, con una ‘streaper’ y con dos musas
El profeta del mar,
las musas del torneo
y un poco de amor

Todos los mundiales tienen historias secretas. Hace no demasiado tiempo se revelaba que las andanzas de Mané Garrincha entre las suecas habían dejado descendencia. En eso el formidable extremo, ‘el pájaro solitario’, no fue un caso excepcional: unos años antes un señor tan serio como el Premio Nobel de Literatura, William Faulkner, guionista de cine, jinete y granjero, vivió allí una pasión convulsa en Suecia de la que nunca pudo olvidarse. El Mundial de Sudáfrica tiene muchos elementos exóticos. Por tener tiene hasta un pulpo llamado Paul que es el oráculo del torneo: hemos llegado a tanto -o vamos camino de nada, como decía Labordeta- que hasta un sinfín de medios de comunicación han retransmitido su elección del mejillón español. El fútbol es un escenario de supersticiones, y este fenómeno es tan pintoresco como simpático. Necesitamos la profecía para seguir viviendo o compitiendo, y este pulpo, que no tendría precio para hacerlo en caldeirada o a la feria, cumple perfectamente ese papel: como los dioses antiguos, rara vez se equivoca. Un pulpo infalible en sus veredictos, y más en el fútbol, es como una invención profética de Julio Verne.

Este mundial ha tenido sus musas. La primera fue la guaraní Larissa Riquelme, esa mujer que atrajo la atención del mundo porque ocultó el móvil entre sus pechos y luego dijo que se desnudaría en función del éxito de la selección paraguaya: ya no se sabe con certeza si afirmó que lo haría si el equipo se clasificaba para semifinales o si ganaba el título. En cualquier caso lo ha hecho, ha logrado más de 300.000 seguidores en facebook y ha seducido a los cazatalentos de ‘Playboy’. Las otras musas, enfrentadas a su pesar, han sido dos Saras: Sara Carbonero, la periodista de Telecinco que entrevistó en directo a su novio, Iker Casillas, algo inseguro en los choques iniciales, como todo el equipo, por otra parte. Algunos atribuían la inestabilidad del arquero a la joven que se paseaba por detrás de la red con un micrófono en la mano. Y Sarah Brandner, la novia de Bastian Schaweinsteiger, el pulmón bávaro. Una morena y una rubia. Al final, ganó la morena: Sara Carbonero desencadenó casi un debate nacional, cuando las cosas iban un poco regular, ocupó algunas páginas de primera plana en medio mundo, recibió denuestos, descalificaciones y elogios, y ahora se le ve más feliz que a un ocho: el capitán de la selección ha recuperado la forma y su condición de salvador, y la Roja está ante el gran momento de su historia. Ya casi nadie se acuerda de la bella modelo y presentadora muniquesa.

En otro orden de extravagancias, hasta parece que ha habido una especie de tácita aceptación de ese caprichoso y aleve balón, el ‘jabulani’, que en zulú quiere decir celebración. El fútbol, cuando se suceden las victorias, es una celebración incesante y un alivio contra la crisis, una cortina de humo, y un balón de oxígeno para Rodríguez Zapatero, que puede decir en público y en privado que los pupilos de Del Bosque siguen la poética preciosista del Barcelona, su equipo favorito, en el que, como en la selección, “Xavi es un reloj”, tal como ha dicho Van Nistelrooy.
El amor siempre ha estado presente en los mundiales. El amor y el desamor. En el Mundial de Alemania de 1974, el equipo anfitrión vivía en un auténtico polvorín, hasta el punto de que Helmut Schöen anunció que se archaba. Lo convencieron para que se quedara, aunque sería el capitán Franz Beckenbauer quien asumiría el mando (y asumir el mando significaba menospreciar al inolvidable Gunter Netzer, que apenas llegó a jugar) y quien vivió un apasionado romance con una periodista. El desamor llegó en el Mundial de España: el capitán Platini boicoteó al guapo y elegante Larios, que jugaría luego en el Atlético de Madrid, porque sospechaba que se entendía con su mujer.

Los holandeses -que eran como ‘los Beatles’ del fútbol: los modernos y la reencarnación de la Hungría de 1954- prepararon la final de 1974 en medio de una orgía con un poco de sexo y piscina, cigarrillos, ‘hierba’ y alcohol, y luego tuvieron que dar alguna que otra explicación a sus mujeres. Aquella ‘Naranja mecánica’ de Rinus Michels y los cuñados Johan Cruyff y Johan Neeskens era un equipo dinámico, de continuo intercambio de posiciones, que jugaba de memoria y aunaba la clase, la imaginación y la condición física. Si recordamos por un instante la Francia de 1982, formada en la medular con Tigana, Genghini, Platini y Giresse, y caracterizada por su magia inefable, la hermosa conducción de balón, la armonía de la puesta en escena… Si recordamos aquella Holanda de 1974 y aquella Francia de 1982, y las mezclamos, quizá podríamos encontrar el embrión de la actual España, que juega casi tan bien como las dos, con idéntica estrategia de seducción.

En las fotos vemos a Mané Garrincha, Larissa Riquelme, el pulpo Paul, Michel Platini en su esplendos y al jugador Larios. En la red, se comenta mucho la historia de ambos e incluso hay libelos contra Platini.
DIARIO DEL MUNDIAL / 22
DIARIO DEL MUNDIAL // El elegante Joachin Löw califica a los jugadores de España como “los maestros del juego”. Holanda, más pragmática que brillante, urde una alianza con el destino.
España deberá
burlar al tapado
del destino

Joachim Löw ha explicado la clave de la derrota de Alemania: España juega el fútbol más bonito del mundo en este momento, basado en la circulación de balón, la serenidad y la combinación casi automática de sus medios. Inteligente y generoso con el rival, Löw dijo que los suyos no habían estado tan bien como en días anteriores, echó en falta el fútbol vertical y el regate de Thomas Müller, y subrayó que le habría gustado que España marcase en una de sus primorosas jugadas más que en ese remate de furia y convicción de Carles Puyol. Al gran nivel de todo el conjunto de Del Bosque, hay que añadirle un elemento desestabilizador: la clase del menudo Pedro Rodríguez, un futbolista tocado por la gracia que se mueve entre líneas, que desborda con las dos piernas y que siempre encontraba a Xavi. Lo buscaba y lo encontraba, se buscaban y se hallaban, y, ahí, entre los defensas y los dos medios centros, realizó una tarea increíble: presionó, no se arrugó y se lanzó al ataque con un descaro inusual de un debutante. Incluso su fallo se ha magnificado más por eso: su partido fue tan extraordinario que parecía impropia de él esa tentación de rizar el rizo para cerrar el marcador. Él fue la figura en medio de un equipo de figuras, de artistas del oficio del gol.
Xavi, el maestro del pase, el hombre que ve el fútbol mejor que nadie, acabó recibiendo el trofeo al más jugador de la inolvidable semifinal y se coloca, a la altura de Villa, de Sneijder y de Robben para ser el mejor futbolista del Mundial. Hay otro medio español que enamora partido tras partido: Sergio Busquets, el pilar de contención que ha hecho olvidar a Marcos Senna. El preparador lo ha piropeado más a que a nadie: es el bastión, el jugador táctico, el asistente de infinita calidad que lo hace todo bien. Rasea el balón, corta, reparte y se proyecta hacia arriba. Es un auténtico pulmón a la vieja usanza, un veterano de apenas 21 años, la primera referencia de Piqué y el lugarteniente de Xavi. El domingo se va a necesitar su inteligencia para parar la movilidad y la estampida de Sneijder.

El fútbol mundial le debe un título a Holanda y los holandeses, que no estuvieron brillantes ante los uruguayos, quieren cobrar la deuda que han dejado en el aire Cruyff y sus múltiples vástagos. Pero España no debe pensar en ello ni en las profecías del pulpo. Holanda ya anunció ante Uruguay cómo va a jugar: con reservas, armándose atrás, y encomendándose a sus tres figuras: Robben, Sneijder y Van Persie, sin desdeñar el trabajo de Kuyt, que está realizando un torneo asombroso en compromiso y en sacrificio. Creo que nadie le había visto correr tanto nunca. Le ganó la batalla a Maicon a base de músculo y arrojo.
Holanda no es un equipo seductor, pero es muy práctico y tiene pegada. Defiende con solvencia y busca el contragolpe: Arjen Robben, en esa misión, es un auténtico peligro. Es el maestro del gambeteo, el heredero de Rensenbrink y de Pat Keizer, un extremo a pie cambiado, una tradición muy holandesa, que siempre busca la profundidad. Acuchilla los espacios, se muestra egocéntrico en ocasiones hasta el paroxismo casi, pero a la vez desborda muy bien hacia la media luna, y ahí, dribling tras dribling, encuentra el plantío natural para disparar a gol. Es un extremo vibrante que no desfallece, salvó este año la vida a Louis Van Gaal en el Bayern Munich, y tiene gol: con la pierna o con la cabeza. El tercer tanto ante Uruguay define su peligrosidad: el extremo se alzó por los aires, marcó todos los tiempos de un ariete clásico y ajustó el balón allá donde Muslera no iba a poder llegar ni siquiera volando.
En un equipo así, trabajado línea a línea, Robben es el artista. El hombre que improvisa. El galgo incesante. Y por atrás, basculando hacia derecha e izquierda, llega Sneijder, un centrocampista de muchos recursos: dirige, avanza, posee gol y astucia, y tiene una extraña habilidad para colarse, diminuto y vivaz, entre los defensas más altos. Así sentenció a Brasil. Con un toque ajustado que sorteó un revoltijo de piernas, le dio alas a Holanda ante Uruguay. Además, como le sucede a Diego Forlán, tiene un pacto secreto con el ‘jabulani’: quizá nadie sepa impactar en ese balón imposible como él. Holanda es un equipo antes que una constelación de figuras. Peleón y pragmático, sabe esperar y atacar en el momento oportuno. Posee otros rasgos de mérito: es agresivo y rara vez se rinde.
España es superior. Sin duda. Exhibe el gran fútbol de una generación de oro. La exaltación del toque. Pero no debe llamarse a engaño: Holanda es el tapado del destino. Está ahí para saldar una deuda histórica. Villa tendrá que volver a marcar: la victoria española debe edificarse sobre el respeto más escrupuloso y “la maestría del juego”, como dice Löw.
LECTURA DE 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'
Hace unos días, en andalán.es. Salvador Romero –seudónimo del catedrático de Historia Contemporánea Carmelo Romero, cronista de fútbol y biógrafo del Numancia- publicaba estas notas sobre mi libro ‘Los domadores del balón. Un diario del Mundial de Fútbol de 2006’, publicado por Nacho Escuín en el sello Eclipsados. Le agradezco mucho a Carmelo Romero su mirada y su generosidad
DOMADORES DEL BALÓN:
ACRÓBATAS DE PALABRAS
Por Salvador ROMERO. Andalán.es
Habremos de convenir que, sin Homero, Troya sería mucha menos Troya o que el Cid, sin su Cantar de Gesta, “Campearía” bastante poco. La literatura, entre otras cosas, agranda mitos y construye leyendas.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la literatura española referida a los espectáculos de masas prácticamente se limitó a los toros. La épica –y lo táurico la desparrama- siempre ha sido fuente generosa para la lírica. Y así, mientras los toreros levitaban en coplas, cuartetas y redondillas, el fútbol malvivía en crónicas del partido, con referencias tan sólo a tiros “lamiendo el poste”, a “paradones antológicos” y a los goles, con su minuto y hasta segundo correspondiente. Nada más antiliterario, en verdad, que aquellos cronicones en serie de incidencias puntuales y cronómetro en mano.
Al fútbol le costó mucho menos conquistar masas que ganarse literatos. O dicho de otro modo, atrapó mucho antes la historia que la leyenda. Claro está que a quien se hace dueño de la realidad, tarde o temprano se le terminan colocando cimientos para el mito. Todo es cuestión de tiempo. En este caso el necesario para que ciertas elites terminaran reconociendo, en lo que consideraban los garbanzos de la masa, sus propios manjares cotidianos. Y es que si las caídas de caballo, a lo San Pablo, suelen ser actos individuales, las “salidas del armario” acostumbran a ser acciones colectivas. De ahí que la lista de reconocidos escritores que han dedicado una parte de su trabajo e inspiración al fútbol sea hoy ya larga. Entre ellos, y por lo que aquí hace, Antón Castro, quien acaba de publicar (Editorial Eclipsados, 2010) “Los domadores del balón. Un diario del mundial de fútbol de 2006”. Se trata de una sucesión de textos que, como indica en el prólogo, publicó en Heraldo de Aragón durante el anterior mundial, jugado en Alemania.
En las vísperas del enfrentamiento de “la Roja” contra Alemania –el fútbol, como la vida, siempre ofrece nuevas oportunidades- he disfrutado, y mucho, leyendo esos viejos textos y este nuevo libro de Antón Castro. Entre otras cosas, porque, como en mi caso, el fútbol forma parte de sus sueños no de la infancia, sino desde la infancia. Y los sueños son un buen paso para la literatura, para la buena literatura.
Por este libro de Antón desfilan cientos de nombres: de Bobby Charlton a Gerrard; de Beckenbauer y Uwe Seeler a Klose y Ballack; de Kopa a Platini y de éste a Zidane; de Eusebio, Colunna y Torres, a Futre, Figo y Cristiano Ronaldo; de Zagallo, Garrincha, Rivellino y Pelé a Sócrates, Zico, Romario y Ronaldo; de Cruyff y Van Basten a Robben y Sneijder; de Meazza, Mazola, Riva y Rivera a Fachetti, Maldini, Cannavaro y del Piero; de Ardiles a Kempes; de Maradona a Messi; de Zamora a Casillas; de Luis Suárez a Xavi; de Del Sol a Lapetra; de Gainza, Basora, Puchades y Campanal a Di Stéfano; de Zarra a Marcelino y de éste a Raúl y luego a Villa….. Cientos de nombres y alguna que otra decena de animales –colibrís, ardillas, chacarés, leones, gacelas, guepardos, arañas, tigres, galgos, gamos, perros de presa, panteras, cobras…-, pues nada más habitual en las metáforas futbolísticas, ni quizás mejor, que la variedad de actitudes, movimientos y estrategias que la gran república del mundo animal ofrece.
Centenares de nombres, decena larga de animales, múltiples episodios ensartados, con primor de buena costurera, como cuentas de collar… Pero, por encima de todo, este libro de Antón Castro no deja de ser una continuidad de aquel niño gallego al que un tal Manín, que iba para figura del Deportivo, le empezaba a llenar la cabeza de sueños. De sueños de domadores del balón, con esperanzas, sin duda, de llegar también a serlo.
A ciertas alturas de la vida no sólo sabemos lo que no hemos sido, sino también lo que no seremos y es entonces cuando, antes que renegar de los sueños eternos, intentamos recurrir a la acrobacia de las palabras para, al recordar historias, acrecentar leyendas. El fútbol sigue siendo de los domadores del balón; su leyenda, afortunadamente, está ya en manos de los acróbatas de las palabras.
Para quien guste del fútbol y de la buena literatura, “Los domadores del balón” le resultarán, tanto si esta tarde se gana como si se pierde con Alemania, un buen manjar.
DIARIO DEL MUNDIAL / 21
El mejor equipo, el mejor rival, el mejor partido
DIARIO DEL MUNDIAL // Del Bosque tenía un arma secreta, Pedro Rodríguez, y su selección bordó el fútbol: culmina una utopía con un partido inolvidable.
VICENTE del Bosque, el hombre tranquilo, no creyó en la profecía del pulpo y decidió aplicar la inteligencia. Había hecho creer a todos que jugaría, de nuevo, Fernando Torres e hizo un cambio estratégico: dio entrada a Pedro Rodríguez, lo colocó entre líneas, y desplazó a Iniesta a su lugar natural en la izquierda. España salió así dispuesta a arrollar.
Alemania cedió terreno, colocó hasta ocho o nueve hombres por detrás del balón y se situó, con sus torres y sus poderosos medios Khedira y Schweinsteiger, a la espera. Como un equipo agazapado que presume que tendrá su momento. España impartió una lección inicial apabullante de dominio, de combinación y control: el balón seguía el dictado de las botas de Xavi. El ataque germánico moría en las botas de Busquets, inmenso una noche más, y el juego se esclarecía una y otra vez por las bandas. Como en él es habitual, Sergio Ramos mostró su poderío en defensa y en ataque. Y Pedrito era como la piedra angular, ese faro móvil que encuentra Xavi, el reposo para el toque de Xabi Alonso, el cómplice que busca Villa. Pedrito era como un imán con su insolencia juvenil: desconoce el pánico o el exceso de responsabilidad. Villa lo buscaba y lo encontraba, porque el canario exhibió tanto desparpajo que los mejores regates fueron los suyos.
El porcentaje de posesión no dejaba lugar a la duda: España era la reina del balón. Lo tenía; si lo cedía un segundo o dos, lo recuperaba de inmediato: tejía su juego más primoroso, y los alemanes -un equipo noble, honesto, que jamás renunció a nada- intentaban contener la precisión, la elegancia, esa caligrafía impecable del tuya-mía que apenas yerra. España jugaba como había soñado Del Bosque. España avasallaba como había temido Joachim Löw, un preparador muy inteligente y humilde que siempre tuvo clara su estrategia: el contragolpe, el envío del balón a Klose y los culebreos de Özil; el jovencísimo zurdo, en uno de sus despliegues con el jabulani cosido a la bota, casi fabrica un penalti.
No es que Alemania se transformase exactamente en un equipo defensivo o amarrón. Su táctica más constante es esa: contiene, cierra espacios, alza el muro, se adueña del balón y se encomienda al contraataque. Así fulminó a Inglaterra y a Argentina. El choque era intenso, nervioso, pero a la vez limpio, deportivo, de dos grandes bloques, cuyas estéticas se revelaban diferentes y acaso antagonistas. Alemania comprobaba que no poseía la calidad individual de los españoles, y estos empezaban a notar el poderío físico de los germanos. Eso sí, ante la paciente inventiva de sus adversarios, Schweinsteiger se encontraba sin argumentos, aunque no languidecía. Siempre halla oxígeno. Es puro corazón.
A España le salía casi todo salvo el gol: encendió el campo de volcanes. Llameaba la inspiración. Y Alemania se estremecía del susto. La segunda parte tuvo veinte minutos absolutamente maravillosos. España entraba por todas partes y lo hacía armoniosamente: con jugadas elaboradas como miniaturas de futbolín, con disparos lejanos, con avances desde las bandas. El equipo alemán parecía fundido, a punto de entregarse. Sin embargo, y de ahí deriva su grandeza y la majestuosidad del partido de anoche, los teutones consiguieron engancharse a la semifinal debido a tres factores: España no había marcado, y todo era posible en una semifinal de signo claramente épico, su carácter ganador y a su condición física.
Después de una exhibición deslumbrante, dio la sensación de que el conjunto de Del Bosque se había desfondado. Los indicios eran levemente alarmantes: Iniesta cedía balones fáciles, Pedrito había perdido frescura y profundidad, Xabi Alonso se había cansado de disparar y disparar sin suerte, Villa parecía exangüe.
En ese instante, cuando las sombras se cernían sobre el conjunto español y Del Bosque no se atrevía con los cambios, Xavi Hernández lanzó un córner desde la izquierda, y ahí, como un toro o como un tigre desmelenado, irrumpió Puyol en tierra de gigantes. Golazo. Si España había resistido los contragolpes, con un Casillas oportuno por arriba y por abajo, que había recobrado sus espléndidos reflejos, el equipo encontró nuevos valladares en Busquets, Piqué y Puyol, que defendieron con seriedad, firmeza y rabia. Pedrito pudo marcar el gol de la tranquilidad, pero quizá se arriesgase en exceso.
Aún así, mientras llegaban las oleadas germánicas, España fabricó nuevas ocasiones. Y con Silva de nuevo en el campo, rehabilitado al fin, listo y técnico, España culminó su sueño y un hito: accede a la final con su mejor juego, ante el mejor rival y en el mejor partido del campeonato hasta ahora. Del Bosque, el caballero inmutable del fútbol, había vuelto a triunfar.
*Esta es la nota que hice anoche tras la victoria de España: 1-0. La coloco ya aquí porque ya es una hora muy avanzada.
DIARIO DEL MUNDIAL / 20
DIARIO DEL MUNDIAL / España tendrá la oportunidad de su historia ante una selección alemana que combina el poderío y la belleza y que practica, como casi nadie, el contragolpe.
El contragolpe
o cómo batir
a Schweinsteiger

En una de las primeras notas de este ‘Diario’ escribí que este iba a ser un Mundial de estrellas más que de equipos. Gran error, creo. La ciudad de Durban está asociada para mí a una figura esencial de la literatura: Fernando Pessoa. Vivió allí entre los siete y los diecisiete años con su madre y su padrastro, y era un joven perfectamente anglófilo que leía a los poetas ingleses, que soñaba con piratas y barcos, y no sé si el fútbol, tan inglés, había logrado seducirlo. Hay una preciosa foto de Pessoa, el gran poeta portugués que siempre quería ser otro, firmada por W. B. Sherwood en la que él aparece junto a un tronco, sobre el cual reposa su sombrero de fieltro. No sé si alguien se acordará hoy, en Durban, de Pessoa (durante algunos fue un escritor de culto: leído y glosado; inspiró una espléndida novela de Saramago): él es una misteriosa figura de las letras. Su paisano Cristiano Ronaldo ha pasado sin pena ni gloria, cabría decir casi lo mismo de Messi, y por ahora en el Mundial las figuras son un tanto menores: buenos, grandes jugadores, pero no absolutamente geniales como Pelé, Di Stéfano, Beckenbauer, Platini, Garrincha, Maradona o Cruyff. A ellos, que encarnan el fulgor y la poesía del fútbol, se les unen algunos candidatos inesperados: Sneijder y Robben, Villa y Casillas, Schweinsteiger, Müller y Özil.
Hoy en Durban se enfrentan los dos equipos con mayor clase. España es un conjunto que aboga por el toque, por la hermosura y por la elegancia: en las botas de sus jugadores el gol casi siempre nace del buen juego, de la fantasía, de una deslumbrante forma de asociarse y de dibujar un laberinto cuya salida a la realidad es la red. Alemania ha sido un equipo casi siempre compensado o fronterizo: intentaba administrar a su poderío natural, a esa dureza germánica tantas veces exaltada, un poco de preciosismo. Si en la Eurocopa, demasiado pendiente de Michael Ballack, no logró alcanzar la excelencia de la sutileza, aquí es otra cosa. Los alemanes golpean como nadie: vapulearon a Australia, a Inglaterra y a Argentina con un juego soberbio, diferente: físico, sin duda, pero de factura técnica, maravillosamente armado en el contragolpe. Alemania necesita golpear pronto. Con el marcador a favor se explaya a sus anchas porque lanza a sus jugadores por las bandas, y siempre tiene a Miroslav Klose muy pendiente de todo: el ariete aspira a lograr más goles que nadie en un Mundial, y parece que este será el último. Así, en el fondo, ha ganado los partidos importantes: ante Inglaterra tomó nuevos bríos cuando el árbitro negó el empate a Lampard, ante Argentina ganó de la misma forma: marcó primero, resistió las embestidas, soportó la amenaza del empate y se alargó al contragolpe. Punto y final.

Posee un equipo sólido que ha crecido y ha hecho muy bien la transición de un fútbol pesado, sin ángel, a un discurso sugestivo que destaca por su eficacia y por su firmeza. He insistido otras veces en sus figuras como el falso displicente Özil, pero quizá no he sido justo del todo con Bastian Schweinsteiger: estuvo maravilloso ante Inglaterra y le dio una lección a Maradona y a Mascherano de intensidad, de posicionamiento y de despliegue. Eso sí, cuando Alemania estaba sin luces y sin huecos, disparaba desde cualquier sitio. Como si no supiera hacer otra cosa. Es un pulmón, no es un cerebro aunque dirija y se complemente bien con Khedira.
Quizá Alemania esté un punto por encima de España. Por encima de la España que hemos visto, atosigada en la salida del balón, presionada en todo el campo, aherrojada por una intensidad física del rival, rayana a veces en la violencia. Alemania no será una perita en dulce, pero hasta se le ve un equipo más noble, nada dado a la gresca. Y ahí, España tendrá la oportunidad de su historia: combina la clase, la juventud casi insultante con la madurez, posee un estilo definido y, curiosamente, en los dos últimos partidos pareció encontrar aire en el último tramo de partido, algo que no le había sucedido ante Honduras ni Chile. España tiene momentos de brillantez, encuentra esa caligrafía tan personal que evoca el juego del Barcelona o de la España de 2008, y sabe buscar el contragolpe. Hasta en eso Alemania y España se parecen un poco. Tiene más gol Alemania, mucho más, pero este partido tiene el sabor de un choque inédito (a pesar de tanta historia que nos precede) y a la vez parece que va a ser el gran partido del campeonato. Toda una final anticipada. La final de los poetas. La final que habría soñado, visto lo visto, Fernando Pessoa, aquel niño que miraba los barcos y a los primeros futbolistas en Durban a principios del siglo XX.
*Este artículo apareció ayer en Heraldo, antes de la victoria de España por 1-0, con el testarazo de Puyol.
DIARIO DEL MUNDIAL / 19
DIARIO DEL MUNDIAL // Uruguay posee dos títulos del mundo, y llegó a semifinales hace ahora 40 años. Es un país de fútbol. Como Holanda: la escuela ‘naranja’, la de Cruyff, Gullit o Van Basten, desea acabar con su maleficio.

Los hijos de Cruyff
se enfrentan a un
país de milagros
La selección uruguaya está acostumbrada a los milagros. Milagroso y maravilloso fue el combinado que ‘campeonó’ en las Olimpiadas de 1924 y 1928 y que luego ganó el título del Mundial de 1930; milagrosa e inesperada fue la victoria en Maracaná en 1950 ante la selección brasileña a la que le valía un empate: Obdulio Varela empujó a los suyos, autoridades incluidas, hacia un triunfo épico que ha dado mucha literatura para Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Cristina Peri Rossi o Jorge Valdano, e incluso para Roberto Fontanarrosa, al que le enloquecían los defensas rocosos, aquellos mariscales del fútbol como José Nasazzi. En medio de tantos éxitos, una pequeña adversidad: Uruguay se enfrentó en semifinales en 1970 al Brasil de Pelé con la ausencia de su estrella Pedro Virgilio Rocha; desde entonces los uruguayos –aficionados a los motes y al mate- suelen decir que no lograron su tercer título porque no estaba él para acompañar a Luis Cubilla, Montero Castillo e Ildo Maneiro, entre otros.
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Ahora, justo cuarenta años después, la selección de un país menudo, de poco más de tres millones de habitantes enfermos de fútbol y de héroes, ha vivido varios milagros en una única noche: la mano redentora de Luis Suárez, el ariete del Ajax; el fallo del penalti en el minuto 119 de Gyan, el jugador de Ghana, y el tanto antológico del ‘Loco’ Abreu, que convirtió la pena máxima a lo Panenka para dilatar su leyenda y situarse muy cerca, en goles ilustres, de Schiaffino y de Gigghia. Contra cualquier cábala, el conjunto del ‘Maestro’ Óscar Washington Tabárez está en semifinales para defender el honor del fútbol latinoamericano. A la Celeste la define la garra, la resistencia y un resorte oculto: saca fuerzas de flaqueza y sospecha que los dioses del juego siempre están con ellos. O al menos lo están a la hora de la verdad, como ya sucedió en la fase de clasificación.
Esta tarde, en Ciudad del Cabo, tendrán importantes bajas: su central y capitán Diego Lugano, a quien algunos por rango y mando ya comparan con Nasazzi y con Obdulio Varela, y Luis Suárez, que fue expulsado por detener con la mano el gol cantado de Ghana. No dejaría de ser otro regate del destino que Uruguay tumbase a Holanda y Suárez, trigoleador, igual que Forlán, pudiera plantarse en la final. Parece más que probable que sea Diego Forlán quien luzca el brazalete de capitán: en este equipo donde todos menos uno juegan lejos de casa, él es la referencia, la figura, el rematador. Uruguay es un elenco humilde y compacto, bien dirigido tácticamente, honesto, que ha solventado dos tandas de penaltis y que posee un instinto competitivo feroz. Uruguay respira fútbol por los cuatro costados: por tierra, mar, ríos y aire, y en las ruidosas habitaciones de la sangre. Es, como Holanda, un equipo simpático.

Dicen, con razón, que esta selección holandesa tiene un barniz español. Aquí han jugado los ayudantes y consejeros del míster Bert van Marwijk: Ruud Hesp, Philip Cocu y Frank de Boer. Aquí, durante cuatro años, Gio van Bronckhorst fue un estupendo lateral para el Barcelona de Rijkaard, y lo sigue siendo para los suyos; Van Bommel se proclamó campeón de la Champions con los azulgranas; y hasta otros cinco más han participado en la liga española: Heitinga (Atlético de Madrid), Robben, Sneijder, Huntelaar, defenestrados del Real Madrid (el error, sobre todo con los dos primeros, raya en lo calamitoso) y Van der Vaart, que sigue en el Madrid y ha perdido el sitio en Holanda con el retorno de Robben y con su falta de inspiración. Los hombres más determinantes son Sneijder, recuperado por Mourinho en el Inter, y Robben, que salvó la cabeza de Louis van Gaal en el Bayern y lo llevó a conseguir el título de la Bundesliga y a jugar la final de la Champions.
Holanda es un equipo sólido, no se ha atrevido con el 3-4-3 del Ajax de los últimos años, pero ha dado sensación de bloque en todas sus líneas. No tiene a Casillas en el marco, tiene a Sketelenburg; posee una defensa correcta con Van der Wiel, Ooijer o Mathijsen y Gio; en el centro, dos trabajadores como De Jong y Van Bommel le dan alas a Sneijder, y tienen de recambio a Elia y Van der Vaart; y arriba culebrean tres formidables jugadores: Van Persie, que posee una zurda maravillosa y una estupenda planta de futbolista, Robben, vertiginoso y genial, y Kuyt, que trabajó ante Brasil hasta la extenuación y aún tuvo arrestos para sentar al indomable Maicon. Si Uruguay está abonada al milagro; Holanda, hecha la salvedad del inolvidable equipo de 1988 (con Rijkaard, Gullit, Van Basten, Vanenburg y Koeman…), parece signada por el infortunio. Pese a ello, el fútbol es mejor porque ha existido Holanda. Y algún día querrá cobrarse la deuda.
*Este artículo apareció ayer en Heraldo de Aragón, antes de que se jugase el partido. Holanda ganó por 3-2; marcó primero Gio del más espectacular tiro lejano del campeonato, empató Forlán, y se adelantaron luego Sneijder y Robben. Finalmente, Uruguay logró reducir distancias y aún puso el alma en un puño a los holandeses que alcanzan así su tercera final. Esta Holanda es muy inferior a la de 1974 y 1978, que alcanzaron la final, y a la que ganó la Eurocopa de 1988. El partido de ayer no fue nada extraordinario, pero Holanda se planta en la final dispuesta a cobrar su vieja deuda. En las fotos Diego Forlán, el Loco Abreu y Robben, que disputará el título de mejor jugador del torneo a Sneijder y probablemente a Villa.
DIARIO DEL MUNDIAL / 18
DIARIO DEL MUNDIAL // España jugará la semifinal ante el equipo más imaginativo del torneo, el que más se le parece. Por una vez, parece que el elenco de Del Bosque se deshará del pressing catch al que la han sometido.

La semifinal de dos equipos casi clónicos
Viendo el formidable partido de Rafael Nadal ante Berdych en la final de Wimbledon, pensaba en los últimos campeones alemanes del torneo: un jovencísimo Boris Becker, que se alzó con el primero de sus tres títulos en 1985, hace ahora 25 años, y que luego jugaría cuatro finales más, una de ellas ante su compatriota Michael Stich, que le ganó en tres sets y contra pronóstico en 1991. Boris Becker siempre fue un seguidor de la selección alemana, hasta que los vientos de la polémica y los amores prohibidos le dejaron en un limbo de popularidad y olvido. Rafael Nadal es un gran seguidor de la selección española; su gran año, 2008, en el que fue campeón de Roland Garros, de Wimbledon y olímpico, coincide con el gran año de ‘La Roja’, que se proclamó campeona de Europa cuando se iniciaba la Expo Internacional de Zaragoza. Si sus éxitos tienen un paralelismo con los del fútbol podría ser que 2010 vuelva a ser un año mágico para ‘La Roja’, que acaba de dar un paso de gigante en sus aspiraciones.
Quizá el mejor partido de España, en el fondo, fuera el primero, ante Suiza, donde pecó de manierista y de perfeccionista. O quizá contra Portugal, en el que derrotó al equipo vecino con claridad, aunque fuera por la mínima, merced al oportunismo y a la inteligencia de Villa. España ha sido estudiada y observada por todos, ha sido analizada centímetro a centímetro en la pizarra, en el vídeo y en la moviola, y sobre el terreno. A veces, algunos equipos más que una disposición de juego, más que una táctica propia, tenían una estrategia para jugar contra España: desarrollaron un método de estrangulamiento, de estrechamiento de vías, casi de pressing catch.

Ahora espera Alemania, que quizá haya realizado el mejor fútbol del Mundial, junto a distintos momentos de magia y armonía de España. Joachim Low ni ha presumido de nada, ni siquiera se empecina en besar a los suyos: ha encontrado un equipo de partida y apenas lo ha cambiado, salvo la entrada del gigantón Boateng en la parte izquierda de la zaga. Sabía lo que quería, y en el fondo le ha favorecido la ausencia de Michael Ballack, un jugador arrogante, que iba a ser la gran estrella alemana y se ha quedado en una eterna promesa. Ha armado un equipo con un buen patrón de fútbol: atrás manda Neuer; Lahm, Mertesacker, Friedrich y Boateng componen la parte defensiva, que ha sido sólida por el centro y que ha contado con el despliegue, la alegría y el avance de Lahm, el menudo capitán que puede desbancar a Maicon en el equipo ideal. En la media juegan con dos pivotes complementarios: Schweinsteiger, un todo terreno que se ha centrado y que ofrece trabajo, pase, desborde en ocasiones aunque a menudo acusa falta de inventiva y pobreza de imaginación, y Khedira, que corre en doble dirección, especialmente hacia el área. La tercera línea está formada por Thomas Müller, un jugador rutilante y poco ortodoxo, capaz de burlar al más pintado y de abrir huecos en cualquier sitio, Ozil, que tiene algo de reencarnación de Tommy Hässler o de Hansi Müller, y Podolski, tan decisivo como impaciente. Y arriba, pelea, recibe, remata e incordia Miroslav Klose, que juega sus mejores partidos en los mundiales. Alemania no contará con Müller, y quizá lo sustituya Trochowski, que ya es el jugador número doce. El sistema de Alemania es muy claro: 1-4-2-3-1, frente al habitual 1-4-3-3 de España.
Alemania y España son los equipos que más se parecen. Son los más imaginativos: equipos de ataque, con maniobras secretas y jugadores que disfrutan con el balón. Esta Alemania no tiene nada que ver con las todopoderosas Alemanias de antaño: no tiene semejanza alguna con la de 1954, de Rahn y los hermanos Walter; no se parece a las de 1966, 1970 o 1974 lideradas por el mejor jugador alemán de la historia, Franz Beckenbauer; tampoco se parece a la Alemania de 1982, en la que convivían la fuerza del atleta Brieghel, la dirección metódica del ‘abisinio’ Breitner y el remate de Rummenigge; no evoca al equipo de los 90, donde mandaban Klinsmann, Matthaus y Brehme, ni tiene nada que ver con la del ‘panzer’ Ballack. Es una Alemania distinta: con poderío, sí, correosa y a la vez dubitativa, pero sobretodo divertida, vibrante, ambiciosa, dispuesta a dibujar jugadas al primer toque y al contragolpe sobretodo. Si tiene que humillar a Inglaterra o Argentina lo hace y se queda ancha y pancha.
Ante España todo será distinto. Hablan un fútbol semejante. Quizá Alemania, a quien no conté entre las favoritas, salga con algo de ventaja; pero lo más probable es que, como sucedió ante Rusia en la Eurocopa, este sea el mejor y quizá el partido más fácil de los pupilos de del Bosque.
DIARIO DEL MUNDIAL / 17
EN LOS mundiales no hay pronóstico que valga. Siempre aparece una selección dispuesta a provocar un incendio o a despertar un volcán. El viernes Brasil mostró sus carencias y quedó a merced de Holanda: una selección más ordenada que brillante que es capaz de administrar latigazos concretos, de Robben y Sneijder, y de marcar los goles que necesita. Y ayer, Argentina sucumbió de manera humillante ante Alemania. Ni Brasil ni Argentina sabían lo que era enfrentarse a selecciones compactas, ni en qué consistía un adversario serio y sin complejos; en cuanto lo hicieron, saltaron por los aires, y acabaron por dar la razón a sus detractores. Argentina, mucho más que Brasil, era puro espejismo. Tampoco es cuestión de ponerse ahora ventajistas: a priori, tanta la Canarinha como la Albiceleste habían dejado muchas dudas y, a la vez, habían demostrado poseer una incuestionable eficacia goleadora. A pesar de sus lagunas, parecían las máximas favoritas.
El gol y el fútbol directo

Cuando Brasil y Argentina tuvieron un equipo sólido enfrente, cedieron. Brasil por la mínima, pero pudo haber recibido cuatro o cinco tantos, sobre todo en los últimos minutos. Y Argentina vivió del fútbol directo, del arreón y de su pundonor, que se mezcla casi siempre con las marrullerías; Alemania se mostró como lo que es: un equipo ordenado en todas sus líneas, con hambre de victoria, un estilo airoso y con jugadores espléndidos como Ozil y Müller.

El equipo de Joachim Low, un preparador sensato y nada histriónico, tuvo un bache importante de más de diez minutos: igual que le sucedió con Inglaterra, pareció confiarse al contragolpe y se emborrachó de intrascendencia. Maradona se va a casa entre otras cosas porque no ha sabido aprovechar lo que tenía -ni Bolatti ni Pastore han jugado y el equipo necesitaba un creador como el aire, que pudo haber sido Banega o Cambiasso-, porque no ha tenido sentido táctico y porque solo ha sabido maniobrar con el resultado a favor; en cuanto se enfrentó a la primera adversidad, se vio su falta de luces, de recursos y de inteligencia. Messi ha estado todo el tiempo veinte metros más atrás de su espacio natural y el mejor jugador del mundo, igual que le ha sucedido a Cristiano Ronaldo, es posible que ni esté en el equipo ideal. Este torneo encarna el fracaso de Dunga y de Brasil, de Maradona (que tendrá que practicar la autofelación sin periodistas), de Argentina y de Messi, que volverá a ser cuestionado y que apechugará con otro 'marrón': no marcó ni un solo tanto en cinco partidos.
España: dolor y emoción

España salió al campo sabiendo todo eso, y se encontró de inmediato con un hueso. Fue un partido clónico de los que jugó ante Suiza, Honduras y Chile, sobre todo. Paraguay se posicionó espléndidamente y se puso a correr con criterio. Achicó el juego de los de Del Bosque. 'Los jugones' querían asociarse, buscaban la triangulación, pero no había manera. Torres volvió a pasar inadvertido, Iniesta no iba a aparecer hasta que pasase a la izquierda, que es su lugar natural, y la calidad de Xavi, Xabi Alonso y Busquets se enmarañaba entre las botas y el severo marcaje paraguayo. Había como un aire incómodo en el ambiente, un presagio, el amago antiguo de la fatalidad.
En la segunda parte, el penalti clamoroso de Piqué dio lugar a una espléndida parada de Iker, que ayer volvió a ser san Iker. El fútbol es apasionante e imprevisible como las tormentas de verano: unos segundos después España dispuso de otro penalti. Tras la repetición, Xabi falló. Había que volver a empezar.
Villa y Casillas: los salvadores
España dominaba, profundizaba, con Cesc y Pedrito, y al final, el salvador Villa, el 'dinamitero de Asturias', marcaba su gol. Su quinto gol que le hace pichichi. Iker recuperó su mejor pulso y se estiró en dos ocasiones: fueron dos paradas milagrosas y definitivas que cerraban un partido emocionante, intenso, jugado con más seriedad que calidad, de poder a poder, uno de esos partidos que reafirma la grandeza del campeonato del mundo Del Bosque volvió a desconcertar: Llorente, el triunfador ante Portugal, pasó de ser candidato claro a titular, con Villa, a no disponer de un minuto.
Si España sigue avanzando, si es capaz de tumbar a Alemania en semifinales, podría suceder que David Villa se convirtiese en el mejor jugador del Mundial de Sudáfrica. En cualquier caso, este equipo ya ha llegado más lejos que cualquier selección española de su historia (en Brasil 1950 se jugó una liguilla) y ha llegado más lejos que dos de las favoritas de casi todos: Brasil y Argentina.
*En las fotos Kuyt y Sneijder, abajo con el 25 Thomas Müller, y al final David Villa.
DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 7
[Los mundiales de fútbol siempre han contado con capitanes heroicos, capaces de estimular a sus compañeros y de sobreponerse a las adversidades: Nasazzi, Obdulio Varela, Fritz Walter, Puskas, Moore o Beckenbauer. Sudáfrica, por ahora, está huérfana de líderes así]
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José Nasazzi de Uruguay y 'Nolo' Ferreira de Argentina, 1930.
De Nasazzi a Casillas:
capitanes y reyes
“Ser capitán es un oficio distinto, un trabajo extra” sostiene Luis Villarejo, autor del libro ‘Capitanes’ (LID Ed.). Si vemos ahora el Mundial echamos en falta a esos capitanes que eran una referencia, que tomaban el mando en el campo y en el vestuario, y se echaban el equipo a la espalda ante cualquier adversidad. Uno de los grandes capitanes de todos los tiempos fue José Nasazzi Yarza, el central uruguayo que se proclamó campeón del mundo en 1930, y campeón olímpico en 1924 y 1928. Lo llamaban ‘el Mariscal’: era un portento físico, comparable al brasileño Domingos da Guia. Había trabajado de marmolista y más tarde en los casinos de Montevideo. Viril y caballeroso, nunca destacó por su técnica, pero sí por su colocación, por su energía y por su ascendencia sobre sus compañeros.

El 'Negro' Obdulio Varela.
El francés Alex Villaplane fue el primer capitán de un Mundial. Fue ejecutado por la resistencia francesa bajo los cargos de “asesinato, alta traición y connivencia con los nazis (en 1943, después de obtener la nacionalidad alemana, había sido nombrado teniente de las SS)”, tal como recuerda el cinéfilo y gran apasionado del fútbol Juan Tejero en su libro ‘Grandes momentos de los Mundiales de Fútbol, 1930-1974’ (T&B). Sin embargo, el gran modelo de líder fue Obdulio Varela, ‘el negro’ Varela, el caudillo de Uruguay que asestó el ‘maracanazo’ de 1950. Un directivo uruguayo bajó al vestuario y les dijo a sus jugadores que tuvieran la dignidad de perder por menos seis de goles. “Por cuatro estaría bien”, dijo.
Según una leyenda popular, Varela se dirigió a los compañeros y les mostró los periódicos deportivos brasileños que habían escrito en la portada, “Brasil, campeón”, y orinó sobre ellos. Y ya en el túnel, cuando empezaban a atisbarse los casi 200.000 espectadores de Maracaná, dijo: “No piensen en toda esa gente, no miren para arriba. El partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada. Nunca pasó nada. ¡Los de afuera son de palo!”. En el descanso, gritó: “No nos pueden ganar. Son japoneses”. Cuando marcó Friaça, Varela enfrió el partido: reclamó un fuera de juego, solicitó traductor y volvió a arengar a los suyos. Schiaffino y Gigghia –aquel que diría luego: “Solo tres personas han podido enmudecer al Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo”- le dieron la vuelta al choque, y Uruguay obtuvo su segundo título.
Por la noche, Obdulio Varela se mezcló con los derrotados. “La tristeza de la gente fue tal que terminé sentado en un bar bebiendo con ellos. Cuando me reconocieron, pensé que me iban a matar. Por suerte fue todo lo contrario, me felicitaron y nos quedamos bebiendo juntos”, confesó. En su país le regalaron un Ford, que le robaron en menos de una semana.
Los húngaros de 1954 tenían un capitán inolvidable: Ferenc Puskas, el jugador que dos años después, tras la invasión de su país, se vendría al Real Madrid y dejaría a su amigo de la infancia, el formidable medio centro Josef Boszik, para siempre. En la gran final con Alemania, Puskas jugó lesionado y su carisma y la clase de sus compañeros sucumbieron ante el empuje, el entusiasmo y el talento de Fritz Walter. Tenía 34 años y era el imprescindible director de orquesta teutón, empeño que también asumía en los ‘diablos rojos’ del Kaiserlautern.
La selección inglesa de 1966 tenía por capitán a Bobby Moore, el líbero del West Ham, uno de los defensas más elegantes de su tiempo. Beckenbuaer, el gran capitán de Alemania 1974 (reemplazaba a Uwe Seeler, que lo había sido en 1970), se fijó en él para convertirse en el jugador más fino y en el más decisivo desde la retaguardia. Moore poseía una técnica excelente, sosiego y sentido de la anticipación. En 1970 a Moore lo acusaron en Colombia de robar un brazalete de diamantes y esmeraldas cuando entró a una joyería, con Bobby Charlton, para comprarle un regalo a su mujer. Lo retuvieron cuatro días en la ciudad y cuando llegó a la concentración en México, el entrenador Sir Alf Ramsey lo recibió con esta frase: “¿Cómo estás, hijo mío?”. El día que Inglaterra cayó, en Guadalajara, ante Brasil en un partido memorable, por 1-0, Pelé buscó a Moore para intercambiar su camiseta con él. Reconocía así a un gran rival y a un defensa inmejorable.

Kazimierz Deyna, capitán de Polonia 1974.
Grandes capitanes también lo fueron Cruyff, Pasarella, Maradona, Deyna o Facchetti. En Sudáfrica no es fácil encontrar liderazgos tan determinantes: en Alemania manda Lahm; en Francia, Evra; en España, el tímido y buen tipo Casillas… Quizá el que más llame la atención sea Fabio Cannavaro, un gladiador ‘azzurro’ de casi 37 años.
¿POR DÓNDE VENDRÁ LA PELOTA?

Soledad, leyenda y fatalidad de los porteros de fútbol

Vladimir Nabokov fue muchas cosas en la vida: espléndido escritor, profesor de boxeo, cazador de mariposas y portero de fútbol en Cambridge. En ‘Habla, memoria’ recordaba: “Me apasionaba jugar de portero (…) Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por los niños en éxtasis (…) Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor”. Albert Camus, que también fue arquero en Argelia y en Francia, resumió: “Aprendí que la pelota no viene nunca por donde se la espera. Eso me ha servido en la vida”.
Quizá ninguna demarcación sea tan especial en el fútbol; Peter Handke encontró un título inolvidable que compendia el enigma del oficio de parar: ‘El miedo del portero ante el penalti’ (1970). Es la historia del mecánico Josef Bloch, un guardameta austriaco que una tarde pierde los papeles, se desconcentra y es expulsado; a partir de ese momento inicia una extraña peregrinación que lo lleva a caminar, a encontrarse con mujeres, a amar y matar a una taquillera de cine. Esa narración de aroma existencialista y de un antihéroe contemporáneo, hermano de Kafka y de Camus y primo del Bartleby de Melville, fue trasladada al cine por Wim Wenders en 1971.

Manuel Hidalgo escribió un cuento ‘El portero’ que narra la historia de un hombre que se gana la vida parando penaltis a quien acepte el desafío de tirárselos. Gonzalo Suárez llevó a la gran pantalla en 2000 esa narración limpia y precisa que transcurría en el contexto de la Guerra Civil y en la playa; él, que había firmado maravillosas crónicas deportivas con el seudónimo de Martín Girard, sabía mucho de porteros porque había redactado informes de equipos rivales para su padrastro Helenio Herrera, entrenador del Barcelona y del Inter.
Los porteros suelen vivir entre la gloria y el abismo. Estos días, más allá de la inesperada derrota de España, se habla mucho de fallos calamitosos de Green (se dice, en un arrebato sentimental del forofo, que su pifia podría derivar de la ruptura con su novia, poco antes del choque), de Chaouchi y de Justo Villar; se habla de excentricidades y rarezas: el bronco Chilavert llegó a marcar 62 goles de faltas y penaltis a lo largo de su carrera; de extremadas longevidades, como en el caso de ‘la Tota’ Carbajal, el mexicano de los cinco mundiales, de Dino Zoff, titular y campeón del mundo a los 40 en España-1982, el sempiterno Gatti, o de Peter Shilton, que cumplió 41 años en Italia-1990 y fue doblemente burlado por Maradona.

Una de las historias más literarias y dramáticas que existen es la del cancerbero Moacyr Barbosa, de la selección brasileña que perdió la final de 1950 en Maracaná ante Uruguay. Pocos días antes de morir, medio siglo después de la derrota, una mujer que lo vio pasar, le dijo a su hijo: “Ahí va el hombre que hizo llorar a todo un pueblo”. Otra forma de soledad: la del hombre repudiado por la multitud y la leyenda del tiempo.
*Este artículo apareció el pasado viernes en ‘La Vanguardia’, por gentileza de Miguel Molina, que fue portero de fútbol. En las fotos, vemos a Albert Camus (la foto es de Loomis Dean), Moacyr Barbosa, Carmelo Gómez en 'El portero' de Gonzalo Suárez y a 'La Tota' Carbajal.
DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 6
[A Francia no le ha servido de nada la mano de Henry ni la tozudez de Domenech. Salvo un milagro laico de último hora, los franceses regresarán a casa humillados y ofendidos]
El enemigo en casa o el arte del caos

Todo el mundo estaba contra Domenech: jugadores, aficionados, directivos, pero debía de haber alguien con mucho poder que confiaba ciegamente en él. A Domenech, y sobre todo a Francia, solo puede salvarlos un milagro. Los franceses, que siempre han sido grandes competidores, accedieron al Mundial por la puerta falsa: con un vergonzoso gol con la mano de Thierry Henry, el jugador que se vino abajo casi en un suspiro, a pesar de los esfuerzos de Pep Guardiola para darle ánimos y devolverle la confianza y la ambición. Además, por si faltara algo, pocos días antes del inicio del campeonato se reveló la doble vida del polémico Frank Ribéry y su peligrosa pasión por las prostitutas jóvenes. Metido también en ese embrollo, Domenech descartó para Sudáfrica a Benzema, que le habría venido de perlas, y a uno de los jugadores del año en Inglaterra: Nasri, el interior del Arsenal, llamado a ser el sustituto de Pires y, por qué no, de Zidane.

Es cierto, que Francia tampoco enamoró en el Mundial-2006 y llegó a la final, y que estuvo en un tris de ganarla. En una mirada rápida a la tradición, los franceses han tenido grandes selecciones: en 1958, con la revelación del goleador Just Fontaine, que logró trece dianas y aupó a su equipo a la tercera plaza; deslumbraron en España-1982, donde realizaron un juego excepcional, armado por cuatro centrocampistas irrepetibles: Genghini, Giresse, Tigana y Platini; y desde entonces, Francia, con algún que otro bache, siempre se ha ido enganchando a buenos futbolistas, llámense Papin, Deschamps, Zidane, Henry, Pires, Desailly o, ahora, Ribéry. En un lapso de ocho años, Francia fue campeona del mundo (1998), campeona de Europa (2000) y subcampeona mundial (2006).

Pero a Sudáfrica llegó desconcertada, sin sistema, sin bloque, sin un líder en el campo (no lo podía ser Evra, no lo ha sido Ribéry), con un entrenador hosco y tosco que no sabía si debía jugar Malouda, que hizo una gran temporada, Gouvou, Gourcuff, Anelka. Francia, en los dos partidos que le hemos visto, ha sido una escuadra desparramada, sin ideas, con los jugadores faltos de forma o fuera de sitio, a pesar del abrumador prestigio de los nombres. En ese conjunto todo parece estar dirigido por el enemigo, por un caprichoso seleccionador que no sabe qué quiere, qué tiene y cómo organizar su propio caos. Cuando se pierde no hay entrenador bueno, pero hay algunos que ni perder saben.
*En las fotos, Thierry Henry, Zinedine Zidane y Malouda.
LOS CAPITANES DE PEPE MELERO

Recibo hoy esta nota de Pepe Melero, a propósito del artículo sobre ‘Capitanes’ que escribo en ‘Heraldo’:

Bobby Moore jugó contra el Zaragoza en un partido europeo con el West Ham. Y yo estaba en la Romareda viéndolo. También jugó aquí otro al que citas, Uwe Seeler, con 36 años o así, cuando era capitán del Hamburgo, creo recordar, en el primer o segundo trofeo Ciudad de Zaragoza, cuando era cuadrangular. De él sí me acuerdo bien. Nuestro gran capitán se llamó José Luis Violeta y ya no ha habido otro igual.


*Bobby Moore y Pelé se intercambian las camisetas en el Mundial de México, 1970, había ganado Brasil por 1-0; abajo, Moore con la camiseta del West Ham; luego Uwe Seeler, capitán de Alemania de 1970, y el ídolo y amigo de Pepe Melero, José Luis Violeta Lajusticia: el ’León de Torrero’.
DIARIO DEL MUNDIAL / 5
Crónica póstuma
de Diego Lucero:
Lionel y los otros
Argentina siempre ha tenido apasionados y sabios periodistas deportivos. Uno de los más grandes fue Luis Alfredo Sciutto (1901-1995), que alcanzó fama con su seudónimo de ‘Diego Lucero’. Asistió a todos los campeonatos del mundo desde 1930 en Uruguay hasta el de 1994 en Estados Unidos, cuando contaba 93 años. Allí asistió a la exclusión de Diego Armando Maradona tras su dopaje, después de verle marcar por partida doble ante Nigeria. Diego Lucero jugó en Nacional de Montevideo y llegó a ser internacional con Uruguay. Vino a España durante la Guerra Civil y fue corresponsal. Fue detenido en la Casa de Campo de Madrid, lo recluyeron en la cárcel de Manises y estuvo a punto de ser ejecutado. Gracias a la mediación de la embajada de Estados Unidos, fue repatriado a su país. Diego Lucero había hecho una promesa: algún día iría a pie desde Valencia a la Basílica del Pilar, en Zaragoza. La cumplió en cuanto pudo, aunque eso no consta en una autobiografía de muy pocas líneas que redactó para alumnos de periodismo.
Hubo una época en que todos los periodistas argentinos querían “ser como Diego Lucero, ‘el señor Mundial’, el amigo de los futbolistas, el columnista de ‘Clarín’ y de la famosa sección ‘Minuto 91”. Diego Lucero, como Horacio Pagani, como Roberto Fontanarrosa, fue un acérrimo seguidor de su selección y contó sus grandes momentos.

¿Qué hubiera escrito hoy tras la goleada a Corea? No es fácil, pero Argentina siempre ha tenido una estructura semejante: suele organizarse en torno a una gran figura y a un lugarteniente de calidad; el resto por lo regular, son jugadores secundarios de calidad dispar. En 1966, Argentina estaba liderada por Antonio Ubaldo Rattin, que golpeó con premeditación y alevosía a Hunt y Charlton, escupió, desafiante, y se negó a retroceder para el saque de una falta; discutió con el árbitro y al final fue expulsado. El partido se paró durante diez minutos y Rattin salió escoltado por la policía. Aquel día, después de que Hurst marcase el único gol del choque, Óscar ‘Pinino’ Mas, episódico jugador del Real Madrid, le dio una torta a un recogepelotas. Sir Alf Ramsey, preparador del futuro campeón, diría luego: “Inglaterra sale a jugar al fútbol y no a actuar como animales”. Pensaba en ‘la Rata’ Rattin y puso en pie de guerra a la prensa argentina que criticó ferozmente “el vergonzoso insulto inglés”.

En 1974, el combinado albiceleste empezaba en Carnevali y concluía en el goleador Yazalde. Tenía buenos jugadores como Bargas, Babington, Brindisi Ayala o ‘Cacho’ Heredia, debutaron Kempes y el ‘Loco’ Houseman, pero sucumbieron con claridad ante Holanda y ante Brasil. Cuatro años después, en uno de los Mundiales más borrascosos de la historia, Argentino logró su sueño: “campeonó” con un equipo que todos se sabían de memoria: Fillol; Olguín, Galván, Pasarella, Tarantini; Gallego, Ardiles, Kempes; Bertoni, Luque y Ortiz. Había una gran estrella, uno de los jugadores más elegantes de todos los tiempos, el ‘matador’ Kempes, y dos lugartenientes de lujo: el ‘mariscal’ Pasarella en la retaguardia y Ardiles en la media, un centrocampista menudo e imaginativo, que poseía un intenso sentido de la dirección. Kempes era un zurdo imprevisible, dotado de una técnica extraordinaria. Cabría ver una línea de continuidad en las maravillosas zurdas de Kempes, Maradona y ahora Messi.

Maradona fue el líder absoluto de los equipos de 1986, 1990 y 1994. Entonces, el conjunto era “Maradona y diez más”. La selección que venció a Alemania en México 1986 estaba llena de jugadores medianos u olvidables: Cuciuffo, Olartiocoechea, Pumpido, Giusti, Enrique, Batista, Brown. La clase, más allá de Maradona, la ponían Burruchaga, y un voluntarioso Valdano, que se definía a sí mismo como “un jugador complementario”. Desde la despedida de Maradona, Argentina no había sabido ahormar un conjunto: Pekerman, con Riquelme y con un joven Messi, no pudo hacer nada en Alemania-2006.

Ahora, Argentina ha sido el primer equipo en clasificarse. O casi. Siguiendo la tradición, ha vuelto a reunirse en torno a una estrella, Lionel Messi, que hace de todo: defiende como el que más, recupera balones, busca apoyos, sirve al primer toque, improvisa, y es capaz de generar internadas a cada instante. Tiene alma de músico de jazz y de director de orquesta; atrás tiene a su lugarteniente Mascherano y delante a un insaciable goleador con arranque de caballo percherón: Gonzalo Higuaín. Cuando Messi se pone en movimiento, Argentina se balancea. A Maradona le viene grande el traje, pero se le ha quedado cara de líder espiritual de una secta. El nuevo dios del fútbol juega a su lado y juega como él y, a veces, casi mejor.
[En las fotos, Rattin, Kempes, Maradona y Messi, cuatro grandes jugadores de Argentina y del mundo].
DIARIO DEL MUNDIAL 2010/4

NAUFRAGIO Y MANIERISMO DEL ESTILO
El Mundial para España ha empezado de la peor manera posible. En un día aciago para los pupilos de Del Bosque, contra la historia y los pronósticos, los suizos han puesto punto final a una estadística adversa. Hasta ahora, jamás habían vencido a España. Y lo han hecho tras ensayar un 'catenaccio' que nadie podía preveer, aunque un entrenador como Hitzfeld, que es un maestro de la estrategia y un profesional cargado de prestigio y de títulos, se merecía el beneficio de la duda.
España cayó no por menosprecio del rival exactamente: se vino abajo porque incurrió en el manierismo del estilo. Se volvió barroca en las transiciones, ralentizó la circulación de balón y pecó de conformismo. Y a eso se sumó un ostentoso desacierto. Como algunos habían pedido paciencia, España decidió huir de la ansiedad, había que labrar y labrar y labrar el jardín de los pases precisos: creyó que el gol llegaría tarde o temprano, y que el primero abriría el camino hacia la red rival con la facilidad soñada.
Perdonas y pierdes
Se dispuso a lograrlo hasta que se descubrió impotente, desarmada de ideas y de chispa. En esas andaba cuando se produjo lo inesperado: el gol rival. Es un axioma habitual: perdonas, vuelves a perdonar, y pierdes. España siguió a lo suyo: exageró su poética preciosista del juego, sus triangulaciones, y se atoró de centrocampismo y de insignificancia. Verificaba, pase a pase, que se parecía más al combinado fallón que jugó ante Arabia Saudí y Corea que al brillante combinado que vapuleó a Polonia. España se afanaba y se moría en un deshilachado toreo de salón.
El equipo que sacó Vicente Del Bosque tiene algunas imperfecciones: Busquets y Xabi Alonso son dos jugadores repetidos en un partido como el de ayer. En choque donde el rival amontona defensores y barreras. El medio del Barcelona es un buen jugador, que defiende y asiste, sobre todo en corto, da salida al balón y está siempre ahí, para un roto o para un descosido, concentrado y presto a realizar la falta táctica a tiempo. A menudo, es incluso, un tanto gratuitamente, marrullero.
Xabi Alonso también es una catapulta, un faro: roba y defiende, es capaz de servir en corto y de participar aseadamente en los rondos permanentes que teje España; pero además tiene algo mejor que Busquets: posee desplazamiento en largo, sabe cambiar el juego con balones a contrapelo a las alas, y posee un estupendo disparo desde cualquier posición. Ahí empezaron, probablemente, los males iniciales del conjunto, ahí se enmarañó el discurso del fútbol artístico y espectacular. Y luego en esa línea de medios, o 'trescuartistas', como también se dice ahora, faltó agudeza, velocidad e implicación. Auténtica implicación en el juego ofensivo. Se abusó del toque para nada, de la combinación retórica, y el equipo se transformó en una orquesta desafinada y, si puede decirse así, amanerada.
Xavi, llamado a ser la figura del equipo, no estuvo en su mejor versión ni en el sitio tal vez; Silva no se asoció con su amigo Villa, que quiso y no pudo y anduvo desastido; Sergio Ramos trabaja y trabaja, avanza hacia arriba, lame la línea de banda, incluso se atreve a burlar a su par como un extremo acelerado, pero toma decisiones que no satisfacen a nadie. Parece que quisiera emular el golazo de Maicon cada quince minutos. Y la defensa se arrugó en un descuido: un equipo como España necesita cuidar los detalles, estar muy concentrada, debe mostrar poderío y contundencia atrás. Quizá se ha visto que es el momento de dar un poco de profundidad al conjunto, de acentuar la verticalidad y de revisar aspectos de la táctica. Jesús Navas o Pedro, al menos uno de entrada, tal vez debieran arrancar desde el principio: le dan otro aire, más verticalidad, tan necesaria, arrebato, algo menos de retórica.
Defender, atacar, golear
¿Qué va a pasar a partir de ahora? No puede perderse la calma. La alarma se ha encendido sola y está ahí, como una amenaza. Pero no es el momento de buscar heridas que no existían unas horas atrás, de descalificar el bloque, de despotricar contra el estilo que había seducido al mundo y que conquistó Europa anteayer.
Hay que volver a empezar, despojarse de artificiosidad y perfeccionar las transiciones y, ya de paso, la finalización de la jugada. España debe querer el balón siempre, pero no solo para manosearlo y pasearlo con cierta belleza: debe concluir cada jugada entre los tres palos. Y marcar goles. Y defender un poco mejor. Así nos evitaremos esta congoja y tendremos un resquicio para soñar.
PD. El uruguayo Diego Forlán ya lleva dos tantos: dos golazos. Es un delantero inmenso. (Esta foto de la desolación de los españoles, tras el gol de Suiza, es de J. C. Cárdenas de la agencia EFE).
DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 3
Inventario de pifias y de gestas del portero
[El fútbol tiene detractores y defensores. Borges se alía con los primeros; Camus, que fue portero, con los segundos. Breve historia de los mundiales desde Lucien Laurent hasta Green y Chaouchi]
Hay opiniones para todos los gustos. Jorge Luis Borges dijo: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Y añadió otra sentencia de las suyas: “El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. La frase, tras el choque contra Estados Unidos, adquiere un nuevo sentido: los ingleses aún echan en falta la inteligencia y el remate de Bobby Charlton. En cambio, Albert Camus anotó: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Como había sido arquero en Argelia y en Francia pudo añadir: “Aprendí que la pelota no viene nunca por donde se la espera. Eso me ha servido en la vida”.

Curiosamente, un portero ocasional de Francia asumió un insólito protagonismo en el primer Campeonato del Mundo de 1930. Se llamaba Lucien Laurent, logró el primer tanto de los mundiales ante México, ganaron los galos 4-1, y además recibió el único gol de los aztecas: hubo de sustituir al lesionado portero Thepot. Otro arquero que forma parte del paisaje mundialista es el mexicano Antonio Carbajal, alias ‘La Tota’, que jugó cinco torneos desde 1950 a 1966, siempre con un elevado rendimiento y en algunos choques como un semidiós casi imbatible. Era un pulpo. Como lo fue ‘el Chino’ Gordon Banks: Inglaterra siempre se ha sentido huérfana tras su retirada. Fue el gran arquero de 1966, se alzó con el título con el equipo liderado por Bobby Charlton y Bobby Moore, y destacó en México-1970, donde realizó una prodigiosa parada a un cabezazo de Pelé; aquella estirada imposible y con rectificado en el aire aún se recuerda como una de las mejores gestas de un guardameta.

Estos días, los ingleses han vuelto a acordarse de Banks tras la pifia de Green, y han recordado, seguramente, la pifia de Bonetti, su sustituto ocasional, y la inconsistencia general de sus sustitutos posteriores: Shilton, Clemens, David Seaman (el hombre que no pudo parar el zambombazo de Nayim en París en 1995), Robinson o ‘Calamity James’. La portería siempre ha sido una demarcación complicada, a la que Peter Handke le dedicó un libro inolvidable: ‘El miedo del portero ante el penalti’. Los porteros siempre usan amuletos y suelen tener su propio ritual. El caso más dramático es el de Moacir Barbosa, el cancerbero de la selección brasileña de 1950 que se jugaba el título en Maracaná ante el Uruguay de Obdulio Varela, Gigghia y Schiaffino. Su madre le había regalado una muñeca, que él alojaba en el interior del marco: cuando le batió Gigghia, el balón destrozó a la niña de trapo, y Barbosa supo que allí empezaba su martirio e incluso intentó suicidarse. Lo harían casi una veintena de aficionados tras la derrota.
Algunos años después, en Suecia-1958, Brasil iniciaría su cosecha de títulos con un juvenil Pelé: el diez del Santos jugó cuatro mundiales, se lesionó en Chile muy pronto (fue reemplazado con absoluto éxito por Amarildo), fue golpeado severamente en Inglaterra-1966 y dijo que no volvería a un mundial. En ese campeonato hubo un leñero profesional, Nobby Stiles, “es la mejor imagen publicitaria del negocio de su padre: una funeraria”, decían los propios ingleses, y un mediocampista argentino excepcional, de 1.91, Ubaldo Rattin, ‘la Rata’, que fue expulsado ante Inglaterra y desafió a la propia reina en Wembley al desfilar, calmoso e insolente, ante ella y estrujar luego una bandera británica. Felizmente, Pelé regresó en México-1970 para realizar un torneo fabuloso y para liderar a una de las mejores selecciones de todos los tiempos –probablemente hubo otras inolvidables que no lograron el título: la Hungría de 1954, la Holanda de 1974, la Francia y el Brasil de 1982…-, que se recitaba de memoria en los recreos de los colegios de España: Félix; Carlos Alberto, Piazza, Brito; Clodoaldo, Everaldo; Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelinho.

Brasil ha tenido siempre porteros más o menos correctos: Barbosa, que fue el mejor de su mundial, Gilmar, Félix, Leao, Taffarel y ahora Julio César; entre ellos, figura un garbanzo negro, aquel Valdir Peres que jugó en España-1982 y fue batido y abatido por la Italia de Rossi, Scirea y Antonioni, que tenía un veteranísimo cancerbero: Dino Zoff, cuarentón y sobrio. Los poetas y cantantes brasileños han dedicado poemas a sus ídolos: Joao Cabral de Melo al interior Ademir da Guía, que jugó 900 partidos con el Palmeiras y vivió a la sombra de ‘o rei’ en la ‘canarinha’; Carlos Drummond de Andrade a Pelé, y dice que “el genio del gol” se encarnó en Edson Arantes do Nascimento; aunque el jugador más exaltado por escritores, periodistas y cantantes (entre ellos Vinicius de Moares) fue Garrincha, el ángel de las piernas torcidas, los pies del viento, “pura danza”.
El argelino Chaouchi ha cometido la segunda pifia importante del Mundial de 2010. Como se ve, en el fondo tenía razón Jean-Paul Sartre cuando escribió una sentencia de Perogrullo, que no tiene en cuenta las “cagadas” (Andoni Cedrún dixit) de los poretos: “En un partido de fútbol, todo se complica por la presencia del equipo contrario”. Era su manera de decir que el infierno son los otros. Y a veces se suma algún árbitro, como pensarán los australianos tras el tanto de Lukas Podolski. Eso sí, Alemania se suma a la lista favoritos.
*He puesto tres jugadores: Gordon Banks, Moacyr Barbosa y Garrincha.
MAÑANA PRESENTO EN ARAGÓN TV 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'

Queridos amigos:
Os invito a la presentación de mi nuevo libro, 'Los domadores del balón. Un Diario del Mundial de Fútbol de 2006', publicado por el sello Eclipsados. Estaría encantado de que pudierais y quisierais pasaros. Será esta martes, a las 19.00, en el auditorio José Luis Borau de Aragón Televisión. Participarán en el acto Pepe Quílez, Paco Ortiz Remacha y yo mismo.
Un abrazo. Antón Castro
Los domadores del balón
Un diario del Mundial de Fútbol de 2006
Antón Castro. Eclipsados. Zaragoza, 2010.
[El libro analiza los partidos del Mundial, ofrece algunas crónicas y a la vez es una mirada sobre la historia de los Mundiales, de sus jugadores y de sus goleadores, y de las grandes selecciones de la historia: la Hungría de Puskas en 1954, el Brasil de 1958 y de 1970 de Pelé, la Holanda de 1974 de Cruyff, la Alemania de 1974 de Beckenbauer, y a la vez se narran historias sociales del fútbol, e incluso se habla de las vinculaciones con el fútbol y la poesía, ]
El Mundial de Fútbol de 2006 lo organizó Alemania, como había hecho en 1974, cuando el equipo de Franz Beckenbauer venció contra todo pronóstico a la “naranja mecánica” que lideraba Johan Cruyff, el hombre orquesta, el futbolista moderno. España cayó, como casi siempre, demasiado pronto ante Francia, aunque ya mostró la línea de trabajo que le conduciría dos años, en 2008, después a conquistar la Eurocopa ante la Alemania de Michael Ballack. Los anfitriones perdieron en semifinales ante Italia, y habrían de conformarse con la tercera plaza. Francia eliminó a Portugal y se plantó en la final. Los italianos, liderados por Gianluigi Buffon y Fabio Cannavaro, ganaron a los penaltis. Fue el adiós, sin gloria, de Zinedine Zidane, y el día de la ira (le dio un cabezazo a Materazzi, que habría insultado gravemente a su familia), y el despertar de jóvenes figuras como Cristiano Ronaldo, Messi, Villa. Estos textos fueron un ‘Diario del Mundial de Fútbol de 2006’, aparecieron en Heraldo de Aragón, gracias a la gentileza de Mikel Iturbe y José Miguel Tafalla y a los compañeros de la sección de Deportes, y son la crónica de algunos de los encuentros más importantes y una mirada a la historia de los Mundiales y de sus grandes protagonistas. Se recuerdan a los futbolistas del aire de Brasil, la Inglaterra de 1966 liderada por Bobby Charlton, la pasión por el fútbol de países como Argentina, Holanda e Italia, y, entre otros muchos detalles, el libro también viaja a la infancia y a la adolescencia cuando el fútbol se vive casi como una forma de vida y una estación de paso coronada de héroes.
DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 2
Leo, entre la lentitud y la nada

Argentina es una de las canteras universales del fútbol: Stábile, Carrizo, Pedernera, Labruna, Di Stéfano, Sívori, Kempes, Ardiles, Maradona y, ahora, Messi. Lionel Messi, formado lejos de los potreros, es la centella minúscula y gambeteadora. La pulga eléctrica que desentona en un equipo que manosea el balón hasta marearlo o aburrirlo. Irrumpe el diez y acelera la tarde del sábado. Messi cose el balón a su bota y provoca el temblor de África entera. Argentina jugó ayer con fuego ante un equipo de hombres de piedra, tan primitivos como un socavón; a Nigeria solo le faltó rugir: sus jugadores desentumecían el choque con bruscas acometidas y la elasticidad de los mejores danzantes de la selva. Pero en el otro lado, estaba Messi, tan entonado e imprescindible como Maradona antaño, tan desenvuelto como el aire. Recibe siempre: acaricia, desborda en arrancada, regatea a dos o tres o cuatro en un palmo de césped, cambia de ritmo, tira caños, busca al compañero y, sobre todo, se atreve a rematar, quizá con un punto de egoísmo. O de codicia de eternidad: este es su primer Mundial de veras. Ayer, Argentina estuvo algo mejor de lo que había estado en las eliminatorias y peor de lo que se le supone a un candidato: es un equipo lento, sacrificado, calculador, de barruntos, que se pasea entre el abismo, la lentitud y la nada. Eso sí, cuando Messi se pone en marcha, se desordena el tedio. Tuvo varios goles cantados, pero le faltó una brizna final de lucidez y temple. Ha puesto la emoción en medio del insoportable zumbido de las flautas.
*Dos de los mejores zurdos de todos los tiempos: Lionel Messi y Diego Armando Maradona.
DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 1
La pelota no quema o los cinco favoritos
12/06/2010
[Se inició la fiesta del fútbol con más entusiasmo que brillantez. Los favoritos son Brasil, Italia, Argentina, Inglaterra y España, elogiada por todo el mundo. Parece claro que será, ante todo, un campeonato más de figuras que de selecciones.]
La pelota no quema. Esa es la estética de España, y quizá no le sirva para ganar el Mundial más abierto de los últimos años. Así, de entrada, a osada vista de pájaro, parece más un campeonato de individualidades que de selecciones. Los favoritos, en el fondo, lo son por defecto: Brasil, Italia, Inglaterra, Argentina y España podrían ser el quinteto mejor situado, visto ya el arranque más bien apático de una Francia rutinaria. El orden es aleatorio hasta las semifinales, claro.

El Brasil de Dunga es el equipo con menos arte y talento en la estirpe de los 'futbolistas del aire' en mucho tiempo: es un conjunto compacto, más físico que malabarista, con alma de cemento armado y sin los colibríes (Garrincha, Bebeto, Muller) ni los leopardos del área (Ronaldo, Romario, el ignoto Ademir): Julio César, en la portería, Maicon de lateral insaciable en sus pruebas de velocidad, Felipe Melo y Gilberto Silva en la dirección, Robinho, etc. Ellos son sus estandartes. Dejamos bajo sospecha a Kaká, atribulado.
Italia es favorita por pura tradición y por espíritu: llega con un equipo envejecido (Buffon, Zambrota, Cannavaro, Camoranesi, Gatusso), más bien impersonal, sin figuras y sin clave de juego; eso sí, los 'azzurros' levantan la empalizada, ponen el buzo de faena y se la juegan en los penaltis.
Con Inglaterra cuentan más los futbolistas rivales que los aficionados o la prensa. Tiene su columna vertebral en Terry, Lampard, Gerrard y Rooney, y tiene, muy especialmente, un míster rocoso (el hombre que anticipó a Mourinho) que juega feo, pero que es práctico; la fase de clasificación les otorga un resquicio de esperanza, un amago de luz.

Argentina es la gran incógnita: se clasificó de milagro, no convenció a nadie, y al parecer ahora Diego Maradona, el ventajista diez de Dios, va a cambiar el sistema para darle aire a Messi y espacios a Di María y galones arriba a Higuaín. A Argentina se le espera desde el Mundial de 1990 o 1994, por lo menos. Eso sí, ahora vuelve a tener al artista más genial de la tierra: el artista Messi.
España empieza a ser considerada entre las favoritas. Y no solo por sus incondicionales o por la necesidad de crear un espejismo que ahogue las decepciones políticas y sociales que genera el incierto señor Zetapé: en este caso, el cielo son los otros. Son ellos, los rivales, quienes encumbran al equipo de Del Bosque, el hombre tranquilo. España no debe oír cantos de sirena: un Mundial se gana no solo con juego, sino con entereza, combate, convicción, calidad, madurez, y suerte, mucha suerte. La formación, de entrada, es equilibrada: maniobra de memoria, con un sentido incomparable de la fantasía y del ritmo, y puede improvisar dos o tres suertes en el ataque. Con todo, las pruebas han sido poco convincentes, salvo la de Polonia; Del Bosque deberá hallar pronto el punto de equilibrio, de dinamismo y de robo de balón que exhibía Marcos Senna, y algo más de rapidez y de potencia. El equipo está cojo en el lateral izquierdo: sin recambio en tareas de ataque.

Más que un campeonato de selecciones -hace lustros que no vemos una Brasil-70, una Holanda-74, una Francia-82, una Italia-82- parece fácil suponer que será un Mundial de jugadores con Messi a la cabeza, con Cristiano Ronaldo, con Rooney, con Ribéry, con Robben si se recupera, con Casillas y Xavi, con Iniesta y Villa. Estos cuatro últimos, los nuestros, no van a ganar el Mundial, pero lo van animar mucho, muchísimo, hasta el penúltimo suspiro.
*En la sección de deportes de Heraldo, gracias a la gentileza de José Miguel Tafalla y los compañeros de la sección, empecé ayer un Diario del Mundial 2010. En las fotos, Luis Fabiano de Brasil, Messi de Argentina y Wayne Rooney. Argentina ganó por la mínima a Nigeria, con gol de Heinze, e Inglaterra empató con Estados Unidos; por los británicos marcó Steve Gerrard.
LITERATURA Y FÚTBOL

Las historias literarias del balón
[El fútbol ha generado una importante literatura y auténticos especialistas como Javier Marías, Gonzalo Suárez, Peter Handke o el poeta aragonés Paco Úriz. Con el inicio del Mundial, se multiplican las novedades].
La literatura y el fútbol forman un constante binomio de creación. Javier Marías lo define como "la recuperación semanal de la infancia" y como "la memoria del alma", y recuerda en su libro, ampliado ahora, ‘Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol’ (Alfaguara, 2010) que él jugó de extremo izquierdo, a la vez que evoca a dos clásicos universales como Vladimir Nabokov y Albert Camus, que jugaron de porteros en su niñez, Camus en concreto en Argelia y en Francia. El fútbol no solo ha marcado a un sinfín de escritores (desde Delibes, que fue comentarista en sus inicios, a Benet; desde García Hortelano, forofo hasta la sinrazón, a Vila-Matas o Martínez de Pisón), sino que ha sido un inequívoco motivo de inspiración. Además de los citados, pensemos en los latinoamericanos Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Mario Benedetti, que han dado lo mejor de sí, probablemente, en textos sobre el balompié. Pensemos en Eduardo Galeano, autor de ‘El fútbol a sol y sombra’ (Siglo XXI), un libro que se reedita continuamente y que ensaya pequeños y evocadores microrrelatos sobre los goles, los jugadores, los partidos, los árbitros y los aficionados. Pensemos en europeos como Alessandro Baricco, Peter Handke, Antonio Tabucchi o en Nick Hornby, autor de ‘Fiebre en las gradas’, acaso el mejor documento redactado por un hincha, en este caso del Arsenal, el conjunto británico al que batió el Zaragoza en la Recopa, en París, en 1995, hace ahora quince años.

Paco Buyo cuando jugaba de portero en el Huesca con un compañero.
El equipo español también escribe
Entre los españoles podemos citar, sin ánimo de exhaustividad, a Wenceslao Fernández Flórez, Camilo José Cela, Gonzalo Suárez o, más recientemente, David Trueba, con su novela ‘Saber perder’ (Anagrama, 2007); la lista se haría infinita. Por ejemplo, un equipo como el Real Betis tiene su propio volumen de ficciones: ‘Relatos en verdiblanco’ (Almuzara, 2007), donde destaca la participación de Fernando Iwasaki. Y mucho más ambicioso y completo es el que tiene el Real Zaragoza: ‘Cuentos a patadas’ (Fundación Real Zaragoza, 2007), en el que veintiún escritores y veintiún ilustradores recrean la historia del club a lo largo de 75 años. Estos días, Tropo edita ‘El Huesca. 100 años de fútbol’, un libro realmente hermoso y sugerente donde distintos escritores (Ismael Grasa, Víctor Juan, Petón, Carlos Castán, Óscar Sipán, Javier Tomeo?) se unen a futbolistas, directivos y periodistas para trazar una crónica que tiene dos hitos simpáticos: la presencia del guardameta Buyo y la del internacional y ex barcelonista Tomás Hernández, Moreno. Ismael Grasa dice algo muy bello: "Carlos Castán ha sido siempre de los del fútbol. Para mí, en cambio, el fútbol es la búsqueda de un clasicismo tardío y de una felicidad nueva".

El Barcelona que ganó las Cinco Ligas. Al lado de Kubala, a su izquierda Tomás Hernández, 'Moreno'.
Novedades para el Mundial
Cuando comienza un Mundial de Fútbol, se disparan las novedades de fútbol. Quizá nunca haya habido tantas novedades para todos los públicos: estudios, monografías, libros de narrativa y de poesía (como sucede con ‘Un rectángulo de hierba’, del zaragozano Paco Uriz, en Libros del Innombrable), tebeos, como el dedicado a Fernando Torres, y diversas colecciones y diversos volúmenes de literatura infantil y juvenil en sellos como SM, Bruño o Salamandra, entre otros. Para el público juvenil es muy recomendable ‘El portero de la selva’ (Salamandra) de Mal Peet, la historia de Gato, "el mejor portero de todos los tiempos" que contó con un misterioso personaje, allá en el corazón de la selva, que le enseñó los secretos del fútbol.
Por su carácter totalizador, podríamos recomendar ‘La historia de los Mundiales’ (T&B) de Víctor Giménez, un libro ilustrado repleto de datos, anécdotas e historia, y Pablo Nacach es el editor de ‘Libro de fútbol’ (451), donde hay textos, nada menos, que de Homero, Shakespeare, Calderón o Lewis Carroll, junto a otros autores ya citados aquí. Uno de los ilustradores es Eugenio Ampudia, formado en Zaragoza. La selección española ha generado varios títulos, entre ellos ‘Los secretos de La Roja’ (Timún Mas) de Miguel Ángel Díaz. ‘Capitanes’ (LID Editorials Notes), de Luis Villarejo, es un libro sobre el influjo del capitán en un conjunto. El libro más impresionante quizá sea ‘366 historias del fútbol mundial que deberías saber’ (Temas de Hoy) de Alfredo Relaño, donde se recogen varias notas del Real Zaragoza, entre ellas la del milagroso gol de Nayim. Y el de Javier Marías, ‘Salvajes y sentimentales’, está lleno de reflexiones, de narraciones y de confesiones: quizá sea la mejor autobiografía, oblicua, del autor de ‘Negra espalda del tiempo’.
Entre los libros de recuerdos y de homenajes, destaca uno realmente emocionante e insólito: ‘Sin arte’, del húngaro Péter Esterházy, que cuenta la pasión de su madre por el fútbol y especialmente por futbolistas irrepetibles como Boszik, Czibor, Kocsis o Puskas, “cañoncito pum”: el capitán de la Hungría de 1954 y el diez del Real Madrid era su ídolo.
*La foto de Nayim celebrando la victoria en la Recopa de 1995 sobre el Arsenal es de Oliver Duch, uno de los grandes fotógrafos de 'Heraldo de Aragón'.
HOPPER, EL MOTORISTA SALVAJE

A los 33 años, Dennis Hopper emprendió una de las aventuras más bonitas de su vida: rodó, dirigió e interpretó ‘Easy ryder’ (Buscando mi destino), una de esas películas que abren una espiral a la leyenda, que se convierten en un icono de la modernidad más peligrosa. Aquellos motoristas, más bien existencialistas, eran dos aventureros, dos tragamillas, que parecían escapados de las novelas de Keroauc o de los poemas de Allen Ginsberg. Hopper, que había actuado en películas como ‘Rebelde sin causa’, ‘La leyenda del indomable’ o ‘Gigante’, acabaría por convertirse en un actor casi maldito e inquietante, capaz de encarnar a los dementes, psicópatas, asesinos, locos de amor, exploradores de los abismos del mal. Entre otras muchas películas, recuperó su perfil más inquietante en ‘Terciopelo azul’, al lado de Isabella Rossellini, tan vulnerable ante sus avasalladores ojos. En realidad, en casi todos sus filmes Hopper tenía una mirada turbadora, esa que lo emparentaba con Jack Nicholson, con Paul Newman, Edward G. Robinson o John Garfield. Consumidor habitual de estupefacientes y ciudadano desconcertante, Hopper poseía un lado creativo subyugante. Le apasionaba la pintura y la música, dirigió hasta cinco películas, se comprometió con algunas causas sociales y, además, era un excelente fotógrafo que fue expuesto y elogiado en Europa por sus reportajes, retratos, rodajes. Captó a Ike & Tina Turner, a Jaspers Johns, a Paul Newman... Desde hace meses se sabía que este actor diferente -radical, excesivo a menudo, gamberro, versátil- era víctima de un cáncer de próstata. Acaba de fallecer. Seguro que antes de hacerlo el viento, la lámpara de su habitación o la última enfermera que le tocó la cara palidecieron un instante. Este hombre cortaba la respiración al mirar: su lucidez helaba la sangre.

VENUS O EL ARDOR DE UN DESNUDO

Venus Williams, la larga de las hermanas norteamericanas, es una gran enamorada de la moda, y quizá de la provocación. Ha ganado siete torneos del Grand Slam, concentrados entre Wimbledon y Australia. Intenta ganar en París, y lo hace con un deslumbrante atuendo o traje que juega con la ilusión del desnudo. La foto es de Reuters.
HOY FIRMO 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'
Esta mañana, a partir de las once y media o doce, voy a estar en la caseta del sello Eclipsados, frente a Correos pero al otro lado, en la Feria del Libro de Zaragoza. Ignacio Escuín Borao me dio ayer los tres primeros ejemplares de mi nuevo libro: ‘Los domadores del balón. Un Diario del Mundial de Fútbol de 2006’, que publica en una nueva colección titulada ‘Zona Cesarini’, término que alude a la parte final del partido, y alude especialmente al jugador italo-argentino Renato Cesarini, que formó en la Juventus, y que tenía la habilidad de marcar goles determinantes en los últimos partidos en los años 30.
El libro recoge una colección de artículos que fueron apareciendo en Heraldo entre junio y julio de 2006. Se trata de un volumen de un centenar de páginas que efectúa un recorrido por ese campeonato, que ganó Italia, tras el famoso cabezazo de Zidane a Materazzi, y por la historia de los campeonatos y de algunos de sus jugadores más destacados.
Selecciono aquí un par de textos:

9 de junio
Imagen primera de la eternidad
En Galicia, un día, la orquesta Bellas Farto atacaba un tema melódico. Yo tenía diez años, era verano, había palmeras en el jardín contiguo a la pista hexagonal de baile y los niños soñábamos con un primer amor y poníamos adjetivos a tal o cual muchacha que iba vestida de novia. Pero casi todos teníamos en la cabeza otra cosa que estaba a punto de comenzar: en una hora, Brasil e Italia saltarían al campo para jugar la Final de la Copa del Mundo en México. Antes de haber visto ese torneo, yo ya tenía mis recuerdos inventados: un tal Manín, algo mayor que nosotros y que iba para figura del Deportivo, sobrino de Arsenio Iglesias, nos reunía a todos en una esquina del campo de fútbol y nos contaba historias de futbolistas de leyenda: Del Sol y Luis Suárez, “que jugó en este campo”, pero también Reija, Marcelino y Lapetra, que habían participado en los Mundiales de 1966. Manín nos llenaba la cabeza de sueños, de cabezas sangrientas anudadas con un trapo, de balones durísimos como pedernales y de partidos y jugadores: quizá fuera él, antes que nadie, quien me hizo reparar en Franz Beckenbauer, un volante de ataque, ligero y delicado, capaz de frenar a Bobby Charlton y de dirigir el ataque de Haller, Uwe Seeler y Emmerich hacia el arco de Gordon Banks.

Pues bien, en aquel domingo en que el mundo esperaba el gran choque, yo aún tenía el corazón herido: iba con Alemania a muerte y había deseado que ganase en la épica semifinal contra Italia: Beckenbauer, aún de volante de dirección, había jugado con un brazo en cabestrillo si perder un ápice de elegancia y de vértigo. Sin embargo, la tosca Italia, que se permitía dejar en el banquillo al formidable y fino Gianni Rivera medio tiempo, había ganado 4-3. Sospechaba que dentro de unos minutos iba a recibir su merecido. Aún no teníamos televisor en casa, y vi el encuentro como tantos otros en Cafetería Sanchís. Brasil, que había deslumbrado en todos sus choques y sufrido ante Inglaterra, ganó con facilidad en una sesión inolvidable. Pelé realizó un partido primoroso y lo coronó con un pase final a Carlos Alberto -el lateral que prefiguró a Nelinho, Jorginho, Leandro y Cafú-, que remató con fuerza y precisión lejos de las manos de Albertossi. Aquel cuarto gol quizá sea uno de los tantos más hermosos de la historia de los Mundiales: participó todo el equipo brasileño y Pelé, que había inaugurado los goles de la tarde con un limpio testarazo, aguantó la eternidad máxima que puede conceder el fútbol, y cedió bellamente al lateral. Aquel partido para mí tenía el sabor de una venganza y me parecía el desenlace justo que venía a reparar una injusticia. Alemania se había resarcido, también en la prórroga, de la derrota ante Inglaterra en la final de 1966, y había jugado con otra belleza y potencia que Italia en la semifinal. Al menos así lo percibía un fanático niño de 10 inclinado hacia los teutones.

Pero aquel partido era también la consumación de un rito iniciático: ahora ante Manín, en la esquina del Campo de los Bosques, podría opinar y apostillar. ¿Cómo le iba a discutir hasta entonces cómo había jugado Reija o si Carlos Lapetra, como solía decir, apoyándose en su tío Pepe “Lañas”, conductor de autobuses y entrenador de fútbol modesto, era mucho mejor que Gento y Collar juntos? Tras la final, cometió un error al recitar la alineación de la Alemania que venció al Uruguay de Ildo Maneiro, y se lo advertí. “Beckenbauer, lesionado, no jugó”, dije. Ojalá no le hubiera dicho nada: “Y a ti, mocoso de mierda, quién te ha dado vela en este entierro”. Dejé de acudir a sus reuniones en la banda y me acostumbré a leer el “Dicen” y el “As color”. Un forofo no soporta que le mientan respecto a sus ídolos.
Los domadores del balón. Diario del Mundial de Fútbol de 2006. Eclipsados: Colección Zona Cesarini. Zaragoza, 2010. 110 páginas. Firma esta mañana de 11.30 a 2 en la caseta de Eclipsados.
EL GARRAPINILLOS: ADIÓS A TODO ESO...

El Garrapinillos de Regional Preferente jugaba hoy su último partido y su última oportunidad de salvar la categoría. Casi nada le favorecía: su posición en la tabla, las combinaciones y, aún menos, las bajas y expulsados propios. Se desplazaba a Calamocha, que posee un campo excelente para la práctica del fútbol. En el Hotel Fidalgo, en compañía de José Luis Campos, el presidente del club nos dijo que el equipo tenía 130 fichas. El césped es maravilloso, parecía de Primera División, impecable; las instalaciones me parece que dejan algo que desear: no existe una sola tribuna para días, como los de ayer, de lluvia, y todo da una cierta sensación de desaliño.
El Garrapinillos formó con Sergio; Francho, Juanda, Vallestín, Camino y Adrián Segarra; Diego, Mario Martín, Oscar; José y Adrián Pérez. Al principio, parecía que los visitantes se hacían con el ritmo del partido y que incluso generaban dos claras ocasiones de gol, a servicios de Diego. Pero en uno de esos balones cruzados al área, el Calamocha tomó ventaja. El partido desde entonces fue de toma y daca; los locales triangulaban bien, defendían bien su posición con una línea de cuatro, y el Garrapinillos zozobraba en el centro, en la zaga y se mostraba impreciso y fallón arriba. Óscar Zambra marcó desde lejos con un disparo que le botó al portero y que mereció este comentario en la grada: “El gol que le marcaron a Arconada en la Eurocopa de Francia”. Oí eso textualmente.

Cuando moría la primera parte, apareció la lluvia. Una lluvia suave que amainaría poco a poco y dejaría salir un suave sol de primavera. En la segunda parte, el Garrapinillos parecía más entonado; en los diez primeros minutos jugó a su gusto, atacó, pareció dominar la situación. De un balón perdido en la media luna rival, derivó un contragolpe largo y bien trabajando del Calamocha, tan vertiginoso como preciso, que acabó en gol. Poco después, el Calamocha (ayer los rojillos; los visitantes iban de blanco) incrementó su ventaja en dos ocasiones: se colocó 4-2. Jorge Rodríguez entró en el campo en lugar de Camino, y Quique reemplazó a Segarra; este fue el tercer choque en el que coincidió con su hermano Diego en el equipo principal de Garrapinillos. El equipo pareció mejorar: Jorge, menudo y vivaz, jugó muy bien en el corte y subiendo el balón; se alió con Mario Martín y con Óscar. Incluso fue aplaudido por el equipo y el público rival. Luego entrarían Pirri y Néstor, reduciría diferencias de nuevo Óscar, que falló otros dos ‘mano a mano’ con el arquero, y así acabó el partido. 4-2, victoria del Calamocha y descenso a Primera Regional del Garrapinillos. Diego volvió a correr metros y metros sin conocimiento en el puesto de mediocentro, estuvo mejor en la recuperación que en el pase, especialmente en la segunda parte, pero derrochó esfuerzo y, de nuevo, en su sexto o séptimo partido completo, demostró que puede jugar en el equipo, que necesita hacerse más fuerte en las disputas y que debe mejorar la conducción de balón y, sobre todo, el pase en corto y en largo. Sin duda, debe asumir más responsabilidades en la recepción del balón desde la defensa y precisar sus impactos.
Fue una lástima el descenso. Hacía muchos años que no veía un equipo tan de cerca, un equipo de Regional quiero decir –desde mis años como masajista del Penouqueira, desde mis años como jugador del Atlético de Arteixo…-, y me ha impresionado la tensión, la pelea, la desesperación, el espíritu de lucha, el afán de quedarse en la categoría. El Garrapinillos ha intentado hacer una piña con sus jugadores, han organizado cenas, encuentros, pero al final no se ha encontrado la fórmula para sobrevivir. No se han cuidado algunos detalles: demasiadas protestas, demasiados enfados contra los árbitros que rara vez rectifican, quizá también se jugó demasiado en largo y dándole muchos metros a los rivales. Han pesado mucho las expulsiones, mucho más que las lesiones. El equipo empezó con un 4-4-2, o con un 4-3-3, y acabó jugando de otro modo: con tres centrales, dos carrileros largos, dos medios y tres puntas, uno de ellos con mucha libertad, Óscar, que ha sido el goleador del equipo.

En este partido se despedían algunos jugadores y se despedía, especialmente, el entrenador Ismael ‘el Bola’, que intentó dejar el conjunto en la categoría en que logró situarlo tras la magnífica campaña anterior.
*Entre el viaje en autobús y el descanso acabé de leer el nuevo poemario de Justo Navarro, ‘La vida social’ (Pre-Textos. La cruz del Sur), un libro realmente personalísimo, cada poema es una metáfora en sí mismo, un enigma, una historia sugerida que plantea un sinfín de interrogantes. Hay poemas espléndidos al miedo, dos o tres, al padre, poemas de amor, relatos con suspense, y algunos que reflejan un extraño clima onírico y a la vez muy cotidiano de los secretos de familia.
[En la foto, el Garrapinillos de la campaña anterior que ascendió; abajo, Diego, el primero desborda, y Jorge. que marca un gol en el campo del Salvador.]
DIEGO Y JORGE JUEGAN JUNTOS SIN SUERTE

Garrapinillos, 1 - Ebro, 5 (El Ebro se proclamó campeón de su categoría y asciende a Tercera Regional)
El Garrapinillos de Regional Preferente volvía a jugar un importante partido para eludir el descenso. Tras los diversos percances el pasado fin de semana ante el Santa Anastasia, lesiones y expulsiones, hoy recibía al Ebro, líder con seis puntos de ventaja, con algunas bajas. El preparador Ismael, tras su viaje por París, alineó a: Sergio; Francho, Camino, Lacabe, Vallestín, Ito; Mario, Diego, Sagarra; Adrián Pérez y Bolo. El Ebro se mostró de inmediato como un equipo muy sólido, no exactamente brillante, pero sí ordenado, bien colocado sobre el campo y con todos los jugadores muy concentrados. Poco a poco se veía que llegaban mejor, que trenzaban mejor las jugadas y así empezaron a llegar los goles: tres goles muy semejantes y tempraneros en balones bajos, cruzados al área. 0-3. Ya todo parecía imposible. Redujo diferencias Mario en un pequeño barullo en el área, y parecía que los rojillos del Garrapinillos se entonaban un poco más.
El Ebro, que intentaba proclamarse campeón, seguía estirándose. Al árbitro se le paró el reloj y decretó el final con seis minutos de antelación. Se lo advirtieron desde el banquillo local, y los jugadores regresaron al campo. Ojalá no lo hubieran hecho: el Ebro, profesional y compacto, marcó dos goles más, tras un fallo defensivo en cadena y una pérdida de balón en el centro, y sentenció por completo el choque. Diego volvió a esforzarse como en él es habitual pero estuvo al nivel de todos sus compañeros: más bien bajos en general. Faltaba intensidad y control. La media, por varias razones, se iba desarbolando.
En la segunda parte, Sagarra y Bolo fueron relevados por Óscar y por José, dos de los mejores jugadores del equipo. Óscar llegó un poco tarde y José sigue entre algodones. Poco más tarde, entró al campo Jorge Rodríguez, el capitán del Garrapinillos juvenil, hermano de Diego. No hubo más goles, pero el partido fue más igualado. El Garrapinillos dispuso de varias ocasiones, también el Ebro (Sergio, el arquero, recobró su mejor nivel y paró cuanto se acercó a su área), y Jorge debutó con los mayores con un buen juego: tocó balones, profundizó, trabajó, lanzó balones desde la izquierda, combinó con Óscar, con José y con Adrián, e incluso remató a puerta en dos ocasiones. Fue un debú valioso, tan valioso como inútil para la suerte del Garrapinillos. También jugó Jaime, del juvenil. [El gran Pirri, del segundo equipo del Garrapinillos, alcanzó ayer 28 goles.]
Por ahora, siguen ahí, cuartos por abajo y en el foso los jugadores del Garrapinillos: si no lo remedian ante el Real Zaragoza y el Calamocha perderán la categoría.
CARA Y CRUZ DEL GARRAPINILLOS

Jorge y Diego jugaron dos partidos apasionantes el fin de semana. Jorge, con el Garrapinillos juvenil, se midió al Movera en su campo estupendo, que tiene un aire casi de Arcadia dichosa, muy soleado sí y a la vez protegido por una exigua arboleda. El Garrapinillos había perdido a Víctor por lesión, su medio centro defensivo, uno de los jugadores más batalladores y fuertes, y tenía al central Diego Arturo entre algodones. El joven colombiano se resintió con el primer balón: faltó determinación, faltó entendimiento, sobró lentitud en el despeje, y de inmediato el Movera marcó el primer tanto. De inmediato, el Garrapinillos pasó a dominar el juego, merced al buen juego de Jaime y al despliegue de Jorge, que acabaría jugando un partido espléndido, sobre todo en las labores de creación, de pases medidos y de buenos lanzamientos tanto a Adrián como a Oscar. Este, tras un buen lanzamiento de Jorge, empató. Y así quedó la primera parte. Mandó más el Garrapinillos, pareció superior, pero no acertó pese a disfrutar de ocasiones claras. En la segunda parte, el Movera marcó en dos ataques y se puso por delante: 3-1. En dos nuevas jugadas del Garrapinillos, volvieron a empatar los visitantes. Marcó un nuevo gol, y fallaron los rojillos varias veces. Al final, Jorge hubo de retirarse lesionado, y apenas se generaron más ocasiones. Jorge está de nuevo lesionado, con el malestar –y el huevo- en su muslo izquierdo, el que le impidió jugar media temporada. Pese a todo, hizo uno de los partidos más completos: creó juego, disparó desde lejos, algo menos que en otras tarde, desbordó una y otra vez, y sirvió excelentes balones. Dos de ellos de gol. Y tuvo una doble ocasión con el 4-3; su disparo cruzado lo rechazó el portero y volvió a repeler un segundo disparo.
Su hermano Diego jugó por segunda semana consecutiva en su puesto: de medio centro con el joven y veterano Jorge Blasco, ‘Petit’. El Garrapinillos se medía al Cella y formó así, con su sistema habitual de 1.5.3 y 2. Sergio; Francho, Juanda, Lacabe, Camino, Ito; Teté, Diego, Petit; Oscar y Adrián Pérez. Luego entrarían Vallestín, Bolo, José y Eloy. El Cella y el Garrapinillos se encuentran por la cola, intentan zafarse del descenso. Los separaban apenas dos puntos, a favor de los locales. Los domingos en San Lorenzo tienen el sabor de la vieja épica del fútbol modesto con los espectadores enfrentados, con los gritos incesantes. El Garrapinillos marcó en la primera mitad, Óscar, de nuevo (pese a su lesión en el talón de Aquiles), y luego, en la reanudación, golazo con la izquierda de Adrián Pérez. En la primera parte, el Garrapinillos mereció más, Diego jugó muy bien, como todo el equipo; y en la segunda parte, tras el segundo tanto, el juego se embarulló y el balón pasó a las botas del Cella. Se pasaron algunos apuros, pero una vez la seguridad de Sergio (un portero excepcional), el trabajo y el sentido del cruce de Lacave y el sacrificio de Diego brillaron especialmente dentro de un equipo sólido, donde hubo una magnífica respuesta global e individual.
El Garrapinillos está a un punto del Monzalbarba, con quien se juega la salvación, y lo esperan el Ebro, el Zaragoza y el Santa Anastasia. Son tres finales. Tres choques a cara de perro. Al final, en el bar, el entrenador Ismael me dijo: “¿Cuántos kilómetros habrá hecho hoy Diego?”
*En la foto, salto hacia atrás de Diego. Cerca de él, Teté.
PACO BUYO EN SUS DÍAS DE HUESCA

Tropo Editores va a publicar próximamente un libro sobre los ‘Cien años del Huesca’.
Y esta mañana, mientras releía cosas de Miguel Delibes que acaba de fallecer, recibo del escritor, editor y amigo Óscar Sipán esta foto de Paco Buyo, la temporada que estuvo en el Huesca. De allí pasó al Coruña, al Mallorca, al Sevilla y finalmente recaló en el Real Madrid.
Jugué en infantiles una temporada con Paco Buyo, y entrené con él. En realidad, debuté en el Ural en un partido de pretemporada en aquel Ural de Quique, Buyo, Gerardo, Berto, Pintos, Pombo, Amor, Cedeira… etc. Conmigo debutó un estupendo interiores: Liñares, un jugador de Sigrás, finísimo, un auténtico artista al que yo he comparado luego con Scifo, Míchel. Un artista de la banda derecha, un interior de creación, cuando se jugaba con un 4-3-3.
*Como digo, esta foto pertenece al libro que prepara Tropo sobre los 'Cien años de fútbol en Huesca'.
MELENDO Y TRIUNFO DEL GARRAPA

José Antonio Melendo, el fotógrafo, salió esta mañana en compañía de su madre hacia el campo de Vadorrey. Pensaba que jugaba allí el Garrapinillos juvenil, que jugó en los campos de la Federación, y ganó 2-5, con un realmente fenomenal de todo el equipo y estupendo de Jorge (marcó un golazo soberbio), que jugó su mejor partido de la temporada. Además, marcaron Óscar, por partida doble, Gabriel (que se está afirmando en la banda derecha como un extremo de recorrido y llegada) y Adrián, que salió en los minutos finales. Melendo aprovechó para realizar algunas fotos y, con su habitual generosidad, me manda una de sus fotos. Aquí está.
Diego jugó en Teruel con el equipo del Garrapinillos de Regional. Perdieron los nuestros por 1-0 en el último tramo del partido. Diego jugó el partido completo, cada vez está más asentado en el equipo titular, y vivió una de las experiencias más graciosas. Uno de los rivales contrarios se le acercó y le dijo: "Chaval, deja de perseguir al diez (la figura local) por todo el campo que dice que hueles muy mal". Es un chiste y también podría ser un microcuento.
FERNANDO ARCEGA POR MELENDO

Hace ya mucho tiempo que no veo a José Antonio Melendo. Él sigue haciendo sus fotos, de bodas, sobre todo, de reportajes, de paisajes y de reportero esencial que está en casi todos los sitios y que tiene una amplia presencia en facebook y en sus redes infinitas de amigos. Anoche me escribió y me mandó esta foto de Fernando Arcega, emocionado, que recibió hace unos días un merecido homenaje en la Gala del Deporte Aragonés.
TRASPIÉS Y EMPATE

Doble partido del Garrapinillos este fin de semana, por lo que afecta a nuestra casa. Jorge Rodríguez Gascón, número diez y capitán de los juveniles, se enfrentó con sus compañeros al Valdefierro en el campo de San Lorenzo. El equipo visitante pugna, con el Utebo, por la primera plaza, pero por ahora tiene ventaja nuestros vecinos. El Garrapinillos contaba con dos bajas importantes: la de sus mediocentros Víctor, castigado con cuatro partidos en una gresca en la que él fue el agredido (a él le metieron cuatro partidos, y media España se peleó por los dos a Cristiano Ronaldo. ¡Vivir para ver!, como decía Amestoy), y Jaime, que estaba de viaje. Él conjunto rojillo se resintió de esas ausencias: sus jugadores no lograban generar ocasiones. El Valdefierro trabajaba y trabajaba sin una superioridad abrumadora; los locales no tenían un cerebro en la dirección por más que lo intentasen Jorge y Óscar. Cuando finalizaba la primera parte, el Valdefierro marcó el 0-1. En la segunda parte, no hubo color: el Garrapinillos falló mucho en defensa, perdió por completo el control de balón, se desarmó en todas sus líneas de contención y el Valdefierro incrementó su goleada hasta el 7-0. No es fácil destacar a nadie: los locales quisieron y no pudieron, y pasaron de una primera parte digna al descontrol. Igual que la semana pasada, tampoco fue el partido de Jorge, aunque ayer estuvo mucho mejor: quizá no estuvo bien ubicado y sus jugadas individuales se perdieron como, en general, casi todas las tentativas del Garrapinillos.

Esta tarde, en Regional Preferente, el Garrapinillos se enfrentaba en un partido importantísimo al San José. La tarde empezó un poco mal: por los altavoces se anunció la muerte de Aurelio Blasco, padre del arquero Sergio Blasco. Así, el Garrapinillos formó con: Sergio (el segundo arquero); Ballestín, Juanda, Lacabe, Bolo; Diego Rodríguez, Teté, Petit, Mario Martín; Rafa y Adrián Pérez. El Garrapinillos juega con un sistema de 5-3-2, o 3-5-2, en ambos casos los carrileros, Diego hoy y Bolo, tienen mucho terreno por delante y un trabajo sacrificado. El Garrapinillos es un equipo muy físico, con un jugador más determinante que los demás: Óscar, que saldría en la segunda parte.
El partido empezó de poder a poder. Uno de los fallos que tiene el Garrapinillos es que es un conjunto que es demasiado defensivo, que desconfía de su capacidad goleadora y que da muchos metros al rival. Se peleó de un sitio para otro, sin demasiada brillantez por ningún lado. Adrián Pérez parecía más entonado que otras tardes, pero no acaba de encontrar su puesta a punto, a pesar de su afán. Ayer se observó una importante mejoría en su juego; falló un cabezazo que era más de medio gol. Sin embargo, se adelantó el San José. Correcto, trabajador, oxigenado, pero tampoco deslumbrante.
En la segunda parte, el dominio fue para el Garrapinillos. La media entró mucho más en juego; Diego, que había corrido metros, hectómetros y algún kilómetro sin conocimiento, penetró más por la derecha con la incorporación de Caspolino, combinó con Óscar y de una jugada entre ambos (él colaboró con un magnífico movimiento que despejó la empalizada) llegó la igualada. Golazo de Óscar. El Garrapinillos siguió atacando, y el San José también contraatacaba, en uno de sus contraataques pudo desequilibrar el marcador. Pudo ganar cualquier de los dos. Al San José a lo mejor le sirve el resultado pero al Garrapinillos no. Necesita más fútbol, más control de balón, más orden en el centro del campo en el doble sentido de creación y contención, y una vocación ganadora que en este momento no tiene. Aún así, fue un partido meritorio, tan meritorio como insatisfactorio. El Garrapinillos sigue entre los conjuntos que descienden, cuarto por la cola. Y el Monzalbarba se ha escapado a cinco puntos.
*Jorge Rodríguez lanza un córner en un choque de la temporada pasada.
PREMIO PARA FERNANDO ARCEGA

Fernando Arcega, premio de honor al Deportista Legendario
en la Gala del Deporte de Aragón
La gala, que tendrá lugar en el auditorio Eduardo del Pueyo
de Zaragoza, se celebrará el 19 de febrero
El comité organizador de la Gala del Deporte de Aragón decidió esta semana que el premio de honor al Deportista Legendario 2009 sea otorgado a Fernando Arcega, pívot del CAI, doble campeón de la Copa del Rey y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. El galardón será entregado en el transcurso de la XIII Gala del Deporte de Aragón, que tendrá lugar el 19 de febrero, en el Auditorio Eduardo del Pueyo de Zaragoza.
Este evento anual tiene como objetivo reconocer el mérito de los deportistas aragoneses, entregando numerosos reconocimientos en diferentes modalidades y categorías: al mejor y a la mejor deportista de Aragón del 2009; al mejor y a la mejor deportista promesa; a los mejores deportistas discapacitados; al mejor equipo; al deportista legendario y algunos premios especiales.
Las federaciones deportivas son las que proponen a sus candidatos y el comité organizador elige a los ganadores. En la reunión de esta semana, el jurado eligió a los cinco finalistas tanto en la categoría femenina como masculina que optarán a ser los mejores deportistas del año en Aragón. Entre estos candidatos, el comité elegirá al ganador el mismo día de la gala.
En ediciones anteriores han sido elegidos como mejores deportistas desde Ana Galindo y Fernando Escartín en 1997, hasta Marta Alejandre o Víctor Rivera en 2008 (ver foto adjunta), pasando por Sheila Herrero, Eliseo Martín o Luisa Larraga, entre otros.
Galardón merecido
Fernando Arcega Aperte nació en Zaragoza en 1960. Jugó al baloncesto en el Centro de Natación Helios de Zaragoza entre los años 1979 y 1981. Al año siguiente recaló en el CAI, donde jugó hasta su retirada. En su palmarés destacan las Copas del Rey de 1984 y 1990. Jugo con la selección español de baloncesto 121 veces y entre sus logros destaca la plata de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, la plata del Eurobasket de 1983 y un bronce en esta competición en 1991.
*Esta información pertenece al gabinete de comunicación del Gobierno de Aragón.
GARRAPINILLOS: DOMINGO DE FÚTBOL

GARRPAINILLOS 2 (Alex Navarro y Jorge) -EL GANCHO 1
Por la mañana, con una excelente y neblinosa mañana, jugaba el Garrapinillos contra el Gancho de juveniles. El equipo rojillo formó con Rodrigo; Santiago, Diego Arturo, Javier, Andrés; Alex Navarro, Jaime, Darío; Jorge, Óscar y Adrián. De entrada, parecía que El Gancho iba a ser superior: parecían jugadores más curtidos y de mayor empaque físico. Dio la sensación de que apretaban más al principio y de que estaban mejor ordenados. Fue una sensación fugaz: pronto marcó Alex Navarro, que remató una jugada de ataque, y poco después, algo antes de concluir la primera parte, Jorge marcó su segundo gol.
El Garrapinillos jugaba con seriedad y orden, e hilvanaba buenas jugadas de ataques por ambas bandas. Óscar, que se vaciaría a lo largo del partido, mientras tuvo resistencia, disparaba; Jorge servía balones envenenados al área. En la segunda parte, tomó el mando de nuevo el Garrapinillos, y los titulares del campo de San Lorenzo, muy castigado este fin de semana, dominaban con autoridad: Jorge estuvo en un tris de marcar en dos ocasiones. El Gancho también creó sus ocasiones, especialmente por alto y en balones cruzados al área. En uno de sus ataques recortó distancias, de penalti, y el choque se convirtió en un auténtico toma y daca. Los rojillos creaban mucho peligro al contragolpe, conducido por Jorge y Óscar, pero sin demasiado acierto. La delantera falló algunas jugadas con nítida ventaja. Mientras, los verdes del Gancho atacaban, con más entusiasmo que orden, y ponían en peligro a los atacantes.
El arquero Rodrigo iba a erigirse con espléndidas paradas en el gran salvador de un resultado que -pese al achuchón final, más que meritorio, del adversario- debió ser algo más amplio para los nuestros. Al final, el Garrapinillos logró su segunda victoria y se mostró sólido. De nuevo, Diego Arturo realizó un estupendo partido atrás: jugó con valentía, por arriba y por abajo, y demostró de nuevo cuánto ha crecido en el eje de la zaga, donde volvió a estar muy bien acompañado por Javier, y por los laterales, Santiago aguantó bien a su par y Andrés incluso se permitió lanzarse al ataque. Jorge Rodríguez, el capitán, volvió a realizar un estupendo partido, aunque perdió el ataque de sus botas. El Garrapinillos estrenaba su casillero de victorias el pasado sábado ante el Fleta y hoy venció de nuevo con trabajo y entusiasmo. Uno de los espectadores que sigue al equipo desde el principio decía: “¡Cuánto ha crecido este equipo, cuánto ha mejorado! Da gusto verlo jugar ahora”. Rodrigo se portó como un auténtico jabato.
REGIONAL PREFERENTE
GARRAPINILLOS 1 (Óscar) - LA ALMUNIA 1
Por la tarde, el Garrapinillos de Regional Preferente recibía también en San Lorenzo al La Almunia de Doña Godina. Diego volvió a jugar de titular y se mantuvo en el campo durante todo el choque. Le asignaron el carril del diez, y en la primera parte, corrió mucho por su banda, muchos metros, pero además se prodigó en ataque sin demasiada suerte. Óscar adelantó a los locales. En la segunda parte, jugó algo más retrasado, estaba más pendiente de la llegado del siete y se retrasó al puesto de lateral izquierdo. El Garrapinillos intenta amarrar atrás con cinco y seis defensas. Llegó el empate en un gol invisible, de esos que no se sabe con certeza si atraviesan la línea. El árbitro no vio el gol y se fió de la opinión del linier: así, en un barullo, empataba La Almunia, que generaba peligro en los saques de falta y en balones a la olla. Ahí los defensas y especialmente Sergio estuvieron inmensos. En varias jugadas al contraataque, el Garrapinillos pudo desequilibrar la balanza, pero no estuvo fino en la culminación.
Con todo, en un partido vibrante, de intercambio físico, jugado de poder a poder, pudo haber ganado. El empate quizá no sea injusto con nadie. Diego trabajó bien en su nueva posición, salió de zona siempre que pudo y no notó que tenía que jugar a contrapié. Además del gran arquero, Sergio, hay que destacar el brío del conjunto: la seguridad de Lacabe, los arreones de Óscar y de Adrián Pérez en la segunda parte, la veteranía de José y el desgaste constante de Teté y de Jorge Blasco. De haber vencido, el Garrapinillos habría escapado del cuarto puesto por la cola que le sitúa aún en zona de descenso. Mario Martín jugó pocos minutos, y ya es lástima porque es un estupendo jugador, con clase, buen toque de balón y un repertorio futbolístico un poco diferente al de muchos de sus compañeros.
*Esta es una foto de archivo de un partido del año pasado. Diego intenta penetrar entre dos contrarios. La foto es de José Antonio Melendo.
RETRATO DE DIEGO

Diego Rodríguez lleva el dorsal número doce en el Garrapinillos de Regional Preferente. Esta foto, realizada por su hermana Aloma, corresponde a la segunda parte. Este año realiza el segundo curso de Medicina.
Diego jugó su primer partido completo y rindió, como todo el equipo, a un excelente nivel. Cerca de él, de espaldas, el ariete José. O Josecico, según le llaman a veces cariñosamente sus compañeros.
GARRAPINILLOS 3-CALAMOCHA 2

El Garrapinillos de Regional Preferente ascendió esta temporada y pugna por mantener la categoría. Mi hijo Diego, 19 años, dio el salto: fue el único jugador de juveniles del conjunto de la pasada campaña con el que ha contado su entrenador, Ismael. Por ahora había jugado poco. En los dos últimos partidos no había estado convocado. Pero hoy, con su número 12 a la espalda, salió desde el inicio. Y jugó en el sitio en que se encuentra más cómodo: de medio centro con proyección al ataque. El Calamocha es un buen equipo en la categoría y venía por la victoria. El Garrapinillos anda cuarto por la cola.
Pronto se pusieron las cosas favorables para los locales de San Lorenzo: tras una jugada rápida, al contragolpe y una excelente combinación arriba, Óscar recibió un balón sobre la línea del área grande y marcó de un zurdazo ajustado. El Calamocha tardó unos minutos en empatar, creo que de una jugada de cabeza. Y cuando se moría la primera parte, el Garrapinillos volvió a adelantarse: marcó, peinando hacia atrás, otro de los medios. El operador de cámara y fotógrafo David Barreiros captó el gol en todo su desarrollo con su cámara Canon.
El Calamocha en la segunda parte azuzó lo suyo. Y, tras la expulsión del defensa Angelito, logró marcar, por bajo, en una jugada en la que Diego, cerca de su propio poste, estuvo a punto de despejar: el habilidoso delantero le sorteó y marcó. En ese instante, Diego había sido desplazado al lateral izquierdo: con espacio y con físico aún penetró por la banda y sirvió un bonito balón, elevado y a lo Laudrup, al ariete José. Las espaldas estaban en todo lo alto, y el árbitro y el linier recibían todo tipo de improperios, que se acentuaron cuando señaló un penalti que pareció claro contra el Calamocha. Marcó Jorge Blasco, que había salido en la segunda parte en el reajuste de líneas. Blasco suele ser titular y uno de los jugadores clave del equipo por su poderío físico y su envergadura en el área rival.
El Calamocha siguió trabajando. Tuvo el control del balón en varios instantes, aunque al final también se quedó con diez. Y cuando faltaban pocos minutos el Calamocha marcó un gol, que anuló el linier por falta al portero Sergio. El Garrapinillos, al final, venció por 3-2.
Fue el primer partido completo de Diego. Había jugado otro de titular, pero hasta ahora no había tenido continuidad: diez, quince, veinte minutos, algo más en ocasiones. Hizo un estupendo partido en todos los órdenes: con control de balón y pase, laborioso en la recuperación, sereno en la disputa y con ambición una y otra vez, bien posicionado. Como si fuera consciente de que era el día en que tenía que convencer al míster. Y se sintió arropado por jugadores veteranos como Caspolino, Lacabe, José, entre otros. Jugó todo lo que pudo y supo, y realmente estuvo a un buen nivel, como todo el equipo. El Garrapinillos se fajó y creyó en sí mismo. El otro rival decía una frase curiosa: “Hay que creer. Hay que creer” [en la victoria, en la remontada…]
Fue su partido más maduro. El entrenador confió en él y lo dio todo. Tiene la facultad de atreverse a jugar en cualquier puesto con honestidad y esfuerzo. Incluso de defensa izquierdo.
El partido fue intenso, vibrante, reñido, e incluso discutido: en el campo y en la banda.
*Esta foto es de la pasada campaña de juveniles. Diego, de rojo, pugna con un rival. Aútoría: José Antonio Melendo / Aloma Rodríguez.
PRIMERA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS

Jorge Rodríguez, delantero del Garrapinillos juvenil, regresó hace unos días al campo, en Zuera. Jugó la segunda parte, no estuvo mal, pero el equipo perdió 5-1; en la primera parte, perdía por 4-1. Llevaba sin jugar desde, precisamente, un partido la campaña anterior en Zuera. Padeció varios tirones, acudió al fisioterapeuta, estuvo en tratamiento y finalmente pudo empezar a corretear. Ayer, jugó el partido completo con el Garrapinillos ante el Fleta, en un campo embarrado, ideal para la épica, las brusquedades y el desfondamiento.
El Garrapinillos juvenil solo había empatado un partido. Iba por la cola, va por la cola. El nuevo entrenador, Manu, se ha encontrado con un equipo muy joven, con varios jugadores que aún son cadetes y otros de primer año. Ayer nada más salir al campo, en apenas diez segundos, el Garrapinillos recibió su primer gol. Y antes de los diez minutos, el segundo. El Fleta perdió el dominio del balón luego, pero se estiraba pronto y con mucha peligrosidad al contragolpe. En la primera parte, el Garrapinillos, poco a poco, merced al gran trabajo de Víctor y de Jaime, y a la clase de Óscar y de Jorge, fue haciéndose con el dominio del partido, pero no generaba auténticas ocasiones, salvo varias en saques de esquina desde la derecha que lanzó Jorge con rosca. Jorge corrió mucho hacia arriba, abusó del regate y hubo un momento en que parecía desfondado, fuera de forma, a punto de pedir el cambio. En una serie de driblings en el área pareció ser objeto de penalti, que el árbitro no señaló.
En la segunda parte, todo cambió. El Garrapinillos generó muchas ocasiones, remató a gol, y dominó de principio a fin. Jorge fue determinante en el control de balón, en la profundidad del juego y en el avance por ambas alas, aunque se sintió más cómodo en la izquierda. Óscar marcó los primeros goles; Jorge realizó una estupenda jugada pegado a la línea y cedió a Adrián: el Garrapinillos remontaba. Muy avanzada la segunda parte, se produjo una falta fuera del área. Sacó Jorge de rosca, y marcó un gol tremendo, por la escuadra, tras lamer el larguero. Y el quinto tanto se produjo tras otra internada suya: el diez del Garrapinillos superó a uno, a otro, y el tercero lo derribó en el área. Óscar tiró y marcó su ‘hat trick’, y el Garrapinillos ganaba por primera vez este año y en esta campaña. Por fin una victoria, y un total de cuatro puntos. Que son pocos, muy pocos.
La lástima fue que expulsaron a uno de sus puntales en el centro del campo: Víctor, tras una tangana en el área. Al Fleta también le expulsaron a dos jugadores, a uno por protestar el lanzamiento de falta de Jorge (dijo que era indirecta y se encaró con un colegiado que dilató el partido hasta casi los 55 minutos) y a otro por la pelea en el área.
Fue un estupendo partido de los visitantes, que pasó de un marcador adverso, 2-0, a un abultado e inesperado resultado final: 2-5. Por el Garrapinillos, además de los citados, destacó el bloque, que creyó en la remontada.
Fleta-Garrapinillos. 2-5. Goles de los rojillos: Oscar, 3, Jorge y Adrián. Primera victoria de la temporada 2009-2010, en tercera juvenil. (Esta foto es de archivo: corresponde a un partido de la temporada pasada).
YELENA ISINBAYEVA: LA REINA DEL VUELO

No pude seguir ayer la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias. Conocí hace años a Graciano García, comimos juntos en Oviedo, y siempre los he contemplado con mucho cariño. Igual que a él. Desde que lo conocí y desde que sé algo cómo se organizan, incluso más.
Varias personas me preguntaron ayer si había visto a Yelena Isinbayeva. Hasta Jesús Marchamalo, el estupendo escritor de ‘No hay adverbio que te venga bien’ y próximamente de ‘44’ (Siruela), quiso saber si había subido alguna foto al blog.
He visto los vídeos, algunas imágenes y estuvo espléndidamente bien: con su vestido de princesa de cristal, con su vestido de Cenicienta, con el rostro encendido de emoción y de gratitud.
Hacía tiempo que no se veía a alguien tan luminoso, tan feliz, en esa ceremonia de por sí luminosa, con glamour, y con premiados casi siempre muy acertados. Yelena parecía la reina del vuelo, la princesa del aire, y a la vez una mujer de carne y hueso dispuesta a gustar y a gustarse en el Teatro Campoamor. Y el vestido, que tanto da que hablar en Internet, parecía salido de una de las ficciones de Andersen. (La foto es de la agencia AFP).
JORGE RETRATA A PEDRO*

Hace dos años, durante la pretemporada en Irlanda del Barça, me fijé en un chico que había llevado Rikjaard, Pedrito. Me sonaba de haberlo visto en alguna convocatoria pero no estaba seguro.
Estaba ilusionado por el equipo que había hecho el Barça, con Titi Henry como fichaje estrella, y seguí aquella pretemporada esperando el debut del francés con un gol de penalti, creo recordar.
Antes de que sacaran a Henry estaba jugando ese tal Pedrito y volvía locos a sus adversarios con bicicletas y salidas hacia los dos lados.
Le decía a mi hermano: “Ese tío es muy bueno” y él me respondía “Que va, si no sabe si es zurdo o diestro. Le he visto un par de partidos y todavía no sé con qué pierna le da, yo creo que él tampoco lo sabe”. Un par de años después, con la confianza de Guardiola y ficha del primer equipo, Pedrito, como quiere él que le sigan llamando, ha marcado goles importantes y con ambas piernas, algo que le recuerdo siempre que puedo a mi hermano. Para mi sorpresa Pedro es zurdo, pese a haber marcado tres de estos cuatro goles con la diestra.
Anotó frente al Athletic en la Supercopa de España, contra el Shacktar en la Supercopa de Europa de Mónaco, contra el Dinamo en Champions y frente al Almería en el último partido de Liga.
*Jorge Rodríguez Gascón ha vuelto a abrir su blog: http://grandesdeportes.blogia.com. Uno de los artículos que ha escrito, entre otros, es este retrato de Pedro, el extremo del Fútbol Club Barcelona.
OTRO MILAGRO PARA MARADONA

Creo que nunca ha habido un futbolista que me gustase más que Diego Armando Maradona. Me fascinaba. Lo admiraba con auténtica locura y me hizo muy feliz muchos días, muchas tardes. Lo tenía todo: una clase casi sobrehumana. Poseía regate, toque, visión de la jugada, era capaz de fácil lo imposible.
Desde hace unos meses entrena a la selección argentina, que no ha levantado cabeza, seriamente hablando, desde su marcha. Maradona jugó maravillosamente bien en 1994, ante Nigeria, cuando dio positivo; acababa de marcar dos goles. Luego su existencia ha sido un poema un tanto patético en casi todos los órdenes.
Quiza porque es una leyenda, el dios laico de Argentina, le dieron la dirección de la gran religión del país: la selección de fútbol. Y ahí, partido tras partido, ha ido de naufragio en naufragio. No ha sabido crear un bloque, organizar un sistema, no ha sabido recordar cómo se jugaba cuando él estaba. Ha ido de desconcierto en desconcierto. Y, prácticamente, nadie le ha aplaudido. Es más, para no criticar a Maradona, se ha criticado a Messi. Aún así a Maradona le dolieron algunas críticas, algunos comentarios. El país sentía más la incertidumbre de su selección que la grave crisis mundial.
Hace unos días, Martín Palermo le salvó la cabeza, y ha pasado a ser San Martín Palermo. Su gol llegó de milagro en el minuto 94, creo, pero llegó. Y ayer, en feudo uruguayo, Argentina marcó un solitario tanto de Bolatti cuando se moría el partido. Suficiente. La selección blanquiazul, que juega muy por debajo de la presunta y de la objetiva calidad de sus figuras, estará en el Mundial de Suráfrica.
Maradona insultó a todos los periodistas. Los insultó gravemente, con apabullante obscenidad y menosprecio. Igual que hicieron algunos futbolistas. Aquel desafuero podría ser fruto de la pasión, de la ansiedad y de los nervios. Al fin y al cabo, Maradona estuvo lidiando desesperadamente con el fracaso y ha salido adelante por dos golpes de suerte, no por la calidad de su juego, ni por el empuje ni por el contagio de su furor antiguo de ganador.
En la rueda de prensa volvió a expresarse en los mismos términos. Aún peor, con el mismo odio, con la misma falta de deportividad. Dijo: "A los que no creían, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando. Yo soy o blanco o negro. Gris no voy a ser en mi vida. Ustedes me trataron como me trataron, sigan mamando". Solo le faltó invocar “la concha de la madre” de los periodistas. Maradona ha sido un decepcionante seleccionador. Malo, sin ideas, atragantado, dubitativo; rara vez acertó con el bloque. La victoria de ayer y la de anteayer le han dado el respiro que deseaba.
Julio Grondona le ha justificado y le ha perdonado. Eso sí: lo que tenía que haber hecho, probablemente, es haberle dicho: “Muchas gracias, Diego. Objetivo cumplido por los pelos, con más pena que gloria. Ahora, relájese”. O mejor aún: “Váyase a casa. No lo eche todo a perder”.
DE ANDRÉS Y UNA FOTO DEL IBERIA

El escritor y editor Óscar Sipán me envía esta foto que, a su vez, le remitió a él Fernando de Andrés, el maravilloso y escurridizo extremo derecho del Atlético de Madrid, que fue olímpico en Munich-72. Sospecha Fernando que esta foto es del Iberia, que luego, tras la fusión, derivaría en el actual Real Zaragoza. Abajo va un retrato, mini entrevista, con Fernando de Andrés, realizado por Óscar Sipán, que fue discípulo suyo cuando jugaba al balonmano allá en Huesca, hace no demasiados años.
RETRATO DE FERNANDO DE ANDRÉS
Por Óscar SIPÁN
Con 18 años debutó en la selección española. "Se interesó por mí el Atlético de Madrid y me fichó". Con los colchoneros estuvo dos temporadas y después pasó sus mejores años en el Barcelona, donde fue olímpico en Múnich en el 72. "La experiencia en los Juegos fue dual. Era la primera vez que España se clasificaba para unos Juegos modernos. Pero deportivamente fue un desastre, puesto que estrenando unas zapatillas de balonmano me lesioné y me hice una luxación en un hueso del pie". Solo jugó la mitad de los partidos que tenía previstos. "Estuve cojo por allí como un alma en pena", recuerda. España, que era entrenada por Domingo Bárcenas y Antonio Roncero, terminó la decimoquinta.
Con el Barcelona y el Atlético Madrid ganó cuatro Copas y dos Ligas. Jugó en todos los puestos, pero se hizo famoso por sus cabalgadas por el extremo derecho. Le llamaban el tigre por su casta y velocidad. "Me puso ese mote el seleccionador del equipo rumano", apunta. Se retiró a los 30 años.
EL CAMPEÓN JACK LOVELOCK

Daniel y yo compartíamos, cuando él era niño, desde los siete, ocho o nueve años, la pasión por el atletismo. Luego salimos a correr juntos durante muchos años: en Zaragoza, en Cantavieja, en Ejulve, en Urrea de Gaén y en La Iglesuela del Cid. Eran otros tiempo y yo pesaba algunos kilos menos. Seguíamos las marcas, los mítines de verano, leíamos de cuando en cuando la historia de los atletas, nos parábamos en los viajes en los bares de carretera a ver algunas pruebas que nos sorprendían de camino: los 100 de Merlene Ottey y Gwen Torrence, los 1600 de Morceli y Fermín Cacho, una competición de Bubka, una nueva intentona de Tamara Bykova, etc.
Daniel acaba de regresar de Nueva Zelanda y me ha traído un libro muy bonito sobre el primer campeón olímpico del país: es ‘As If Running On Air. The Journals of Jack Lovelock’, editado por David Colquhoun para el sello Craig Potton Publishing, un libro repleto de fotografías y de recuerdos de la época. John Edward Lovelock nació en Crushington en 1910; pronto se reveló, en el colegio, como un excelente boxeador y un maravilloso púgil. Corría por el puro placer de hacerlo, hasta que sus marcas deslumbraron a todo el mundo. Y hasta que llegó a vencer a grandes corredores de su tiempo. Combinó la medicina con el atletismo. En 1934 se trasladó a Londres. En 1935, en la que se denominó ‘la milla del siglo’, ganó a dos grandes corredores norteamericanos: Bil Bonthron y Cunningham. En los Juegos Olímpicos de Berlín, los Juegos de Jesse Owens, ganó la medalla de oro de los 1500 metros, merced a un gran acelerón en los últimos 300 metros, en los que venció limpiamente, de nuevo, a Glenn Cunningham, bautizado por la prensa con ‘The Iron man’. Y no solo eso: batió el record del mundo y lo fijó en 3.47.08.
En 1947se trasladó con su familia a Brooklyn, Nueva York, donde trabajó como asistente del director de medicina física y director de la rehabilitación en el Hospital de Nueva York para Cirugías Especiales en Manhattan. El 28 de diciembre de 1949 cayó a la vía de un tren del metro de Nueva York. Murió de inmediato. Tenía 39 años de edad. [En algunos lugares se dice que no fue un accidente su muerte, sino un suicidio]
*Foto de la victoria de Jack Lovelock: vence a Glenn Cunningham y al italiano Luigi Beccali, que había sido campeón de Europa.
YELENA ISINBAYEVA: UN PREMIO ESPAÑOL

La atleta rusa Yelena Isinbayeva ha sido distinguida el Premio Príncipe de Asturias: venció en la votación final, por mayoría, a Roger Federer, probablemente el mejor tenista de todos los tiempos, y al jugador de baloncesto Pau Gasol, que este año ganó el anillo de la NBA con Los Angeles Lakers. Y también a otro favorito tan incuestionable como Usain Bolt. Yelena Isinbayeba, a quien muchos ya presentan como ‘Bella Isinbayeva’ sin más, nació en Volvografo en junio de 1982. Fracasó en los Mundiales de Berlín, donde no logró rebasar ninguna altura, y a los pocos días, en Zurich, logró un nuevo récord del mundo y lo fijó en 5.06. Era el récord número 27 de su carrera. Es doble campeona del mundo, en 2005 y 2007, y doble campeona olímpica, en Atenas y en Pekín, donde batió el récord del mundo en el último salto con 5.05. Isinbayeva dicho hoy que estará "encantada de acudir en octubre" a Oviedo para recibir el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, que ha calificado como "de renombre mundial”. Espera el momento con gran ilusión. Dijo que “me sorprendió mucho recibir la llamada telefónica de Samaranch -presidente del jurado- en persona, porque soy una gran fan suya. Creo que ha hecho mucho por el deporte".
"En un principio me chocó –dijo la pertiguista-, pero después también me sentí halagada, puesto que tantas personas importantes han recibido el galardón con anterioridad, incluyendo mi mentor, Sergei Bubka, quien asimismo ha conseguido logros fantásticos para el atletismo". En este momento, a pesar de su fracaso accidental en Berlín, Yelena Isinbayeva es la atleta más carismática del circuito. Otras como Sanya Richards o Allyson Félix han logrado dos medallas de oro en Berlín, pero no poseen su fama, ni siquiera Blanca Vlasic, que apunta, tantos años después, al título de Stefka Kostadinova en salto de altura, fijado en 2.09. Blanca ya ha realizado varias tentativas de 2.10. Entre los hombres, el rey del atletismo es Usain Bolt, que logró tres oros en Berlín, uno más que el gran mediofondista Kenenisa Bekele, campeón de 5.000 y 10.000 metros.
ISINBAYEVA, 5.06: LA REINA DEL AIRE

Con lágrimas en los ojos, estupefacta y desgarrada, Yelena Isinbayeva dijo que tendría que centrarse más en su trabajo: saltar con la garrocha. Estar más concentrada, olvidarse de la moda y de algunas fiestas. Lo dijo ella tras perder, inesperadamente, en Berlín: no fue capaz de realizar ninguno de los tres saltos. Empezó tarde y, tras el primer fracaso, elevó aún más el listón. Si lo hubiera saltado, creo que eran 4.80, habría sido campeona del mundo, como lo fue en 2005 y 2007, como fue vencedora en las Olimpiadas de 2004 y 2008.
Pues bien, Yelena Isinbayeva no estaba en crisis. Tuvo un mal día en los Mundiales. Como le pasó a Bubka en Barcelona-1992, como les pasa a todos los campeones, que a veces padecen de suficiencia o se olvidan de que al lado hay rivales exasperados, grandes profesionales que también sueñan con la victoria. Casi le pasó a Bolt ante Asafa Powell; este, en Zurich, dedujo que su paisano tampoco es invencible: solo pudo ganarle en los últimos metros. Fue precisamente ayer en la Golden League de Zurich, cuyos organizadores pasarán a la historia también por no haber permitido correr a Natalia Rodríguez (la gran mujer del momento en 1.500), donde Yelena Isinbayeva logró el más difícil todavía: saltó un centímetro por encima de su récord del mundo, 5.06, y estableció una nueva marca.
Primero dejó fuera con cierta tranquilidad a la campeona mundial Anna Rogowska, la polacae se quedó en 4.76, y a la brasileña Fabiana Murer, 4.70, y compitió sola, a su antojo, en busca de una nueva cifra que estremeciera la noche y que la redimiera. Voló como siempre, con su técnica impecable, con esa elasticidad de gimnasta, con esa energía final que le permite salir a cazar estrellas. Al final, descendió con una sonrisa y con una satisfacción íntima: seguía, sigue siendo la reina del aire impulsada por la pértiga. La derrota en Berlín fue un accidente, que la hace tan vulnerable como todos y felizmente humana.
*Zurich, casi un año después del último récord de 5.05 en las Olimpiadas de Pekín: Yelena Isinbayeva se eleva hasta los 5.06.
NATALIA GANA, Y PIERDE, EL ORO

Natalia Rodríguez, la gran corredora de 1.500, ha vivido las dos caras del atletismo en pocos segundos: ha pasado de ser campeona del mundo a ser descalificada. Natalia Rodríguez corrió a su modo, muy segura de su gran momento de forma. Empezó atrás, dejó que Nuria Fernández fuese siempre mejor colocada. En la tercera vuelta ya se hizo notar: corría con su elegancia habitual; de repente, en uno de esos movimientos de las atletas, vio que había espacio y se metió por la calle uno. Ya era el momento de situarse; delante, también por la cuerda, iba a la etíope Gelete Burka que pareció dejar un pequeño hueco para pasar. Natalia lo intentó, en la tele se percibió un gesto un poco brusco y probablemente innecesario, al menos esa fue mi primera impresión, y Burka se vino al suelo. Natalia también estuvo a punto de caer, se rehízo y siguió. Y en la recta final, impuso su esprint ante la que muchos consideraban la favorita, Jamal. Natalia fue abucheada por el público y no se atrevió a celebrar el título. En todo momento, a la hora de la verdad, dio la sensación de que era la más rápida, la más fina, la que había llegado con más fuerza. Natalia se dirigió a la atleta etíope, que lloraba en el suelo, la abrazó, la consoló y le besó la mano.
Los jueces la descalificaron, a parecer ningún país presentó reclamación. Tampoco se atendieron las alegaciones españolas. Realmente fue una pena, y posiblemente una decisión excesiva porque la corredora tuvo que rehacerse y también salió tambaleante del choque. La sensación inicial que tuve durante la carrera es que el movimiento de Natalia era un poco precipitado, innecesario, casi suicida. Había mucha pista por delante y ella iba tercera o segunda en ese momento. Aún así, la decisión es tremenda para una mujer a la que hoy le sobraban las fuerzas y el talento y el sentido de la estrategia en el último hectómetro. Qué amargura le espera a esta atleta de la que dicen que es tímida e introvertida. Muy callada.
Kenenisa Bekele ganó el 5.000, y sumó su segunda medalla ante el norteamericano Bernard Lagat. Antes había ganado con más suficiencia todavía el 10.000. Es uno de los grandes atletas del Mundial.
*Natalia Rodríguez, en esta foto de la agencia AP, se dirige a disculparse y a consolar a la etíope Burka.
OTRA GRAN NOCHE DE ALLYSON FELIX

Allyson Felix (Los Ángeles, 1985) bate a Veronica Campbell en la final de 200, doble campeona olímpica. La joven campeona, que deslumbró en Osaka, partía como favorita y ganó con absoluta limpidez: es una corredora armoniosa, de estupenda técnica, que parece medir cada zancada, que parece deslizarse con extrema delicadeza. Encarna a la corredora de la suavidad: es la gacela del aire, la levedad, la belleza en movimiento. A su lado, Veronica Campbell, una clásica, es otro tipo de atleta: más baja, de gran fortaleza física, claramente explosiva, con una gran experiencia. En Berlín, hoy nunca amenazó seriamente a la joven norteamericana. Allyson Felix fue campeona del mundo 2005 y 2007, en Helsinki y en Osaka.
Hay pruebas que van hacia abajo. Pruebas cuyos récords se quedan estancados: es el caso, por ejemplo, de la altura masculina. Javier Sotomayor no ha tenido aquí sombra alguna. Ni él ni Sjoberg, ni siquiera el más reciente Stefan Holm. Ganó Ribakov, que es un clásico, con 2.32, porque realizó menos tentativas que sus compañeros. Hasta tres atletas más Ioannou, Spank y el joven polaco Sylwester Bednarek saltaron lo mismo que él. Ribakov fue de los cuatro el que dejó mejor sensación: pudo saltar en sus dos últimos saltos el listón, pero pareció que lo golpeaba con el talón, especialmente en la última tentativa.
En 400 metros lisos masculinos, la prueba en la que deslumbró Michael Johnson anteayer como quien dice, la ganó La Sawhn Merrit ante su compatriota Jeremy Wariner. Ambos iban igualados hasta el tercer hectómetro, pero al salir de la curva Merrit tomó la delantera y venció con comodidad. Los comentaristas recordaban una y obra que Le Merrit le ha tomado la medida a su rival, y no solo eso: le ha comido la moral. Wariner, es cierto, se ha estancado en las marcas.
USAIN BOLT: LA VELOCIDAD DE LA LUZ

Usain Bolt ha agotado todos los calificativos: genial, galáctico, estratosférico, asombroso. Nadie había hecho nunca lo que ha hecho él con esa suficiencia: demoler, centésima a centésima, las mejores marcas de 100 y 200. Creo que ni Carl Lewsi ni Michael Johhnson. Si en 100 contó con el estímulo y la ambición de Tyson Gay como acicate, como peligro real, ayer por la tarde se enfrentó ante todo a sí mismo: salió como la centella, tomó la cabeza de inmediato y se aplicó a correr y a sostener el esprint como nunca: apuró, apuró al máximo, elevó las rodillas y parecía coger más aire, más bríos, en cada metro: al final, victoria apabullante y nuevo récord del mundo: 19.19. Once centésimas menos. Nadie como él: ni Carl Lewis, ni Frankie Fredericks, ni Pietro Mennea, ni Michael Johnson. Nadie.
Al parecer estos días, ante el unánime asombro universal, se habla de dopaje en el entorno general del atletismo. Esperemos que no lo sea: ha sido tan hermoso, tan incontestable, tan ambicioso, que sería un latigazo de decepción para este deporte. Un fiasco insoportable. Bolt, además, es arrollador, histriónico con dulzura, y posee elegancia, potencia, capacidad de ir un poco más allá, una pasmosa seguridad en sí mismo. Y en este momento es el monarca absoluto del atletismo. Lo sublima, le da una nueva dimensión, nos hace creer a todos que siempre se está en el camino, que las marcas irán reduciéndose una a una, que lo imposible puede hacerse probable y, al final, cierto.
Ayer también fue, tanto tiempo después, la noche de Blanka Vlasic. La croata de altura interminable, 1.92, se sabía acosada o presionada por la rusa Anna Chicherova y por la alemana Ariane Friedrich, que siempre ha parecido arrogante. O muy segura de sí misma. Y por otras tres mujeres que han competido: la bella Emma Green (de la escuela de Kajsa Bergqvist o Patrick Sjoberg, entre otros), Antonia di Martino y la cántabra Ruth Beitia. Ruth Beitia se quedó en 1.99 y se quedó quinta, su mejor clasificación. Anna Chicherova pareció en un maravilloso estado de forma: saltó con limpidez, voló con dulzura y con una perfecto talonamiento, hasta que se clavó en 2.04. Friedrich quiso y no pudo, y Vlasic logró lo que anhelaba: se le escapó el oro en Pekín, pero aquí ha confirmado su gran nivel. Eso sí, a pesar de lo que se había escrito, todas, todas han estado muy lejos de Stefka Kostadinova, cuyo récord se ha eternizado. Vlasic se ha atrevido tres veces en vano.
*Varios amigos, seguidores del blog, me advierten que había escrito “elevó las rodillas hacia arriba”. Limo la redundancia final, quizá debería suprimir la frase entera, y ajusto otros matices. Republico el texto completo porque el sistema, tras el fallo de sistema, no admite correcciones. Gracias. La foto de Usain Bolt pertenece a la agencia AP.
BLANCA VASIC: UNA MUJER DE ALTURA

Blanca Vlasic, hija de atleta, había sido campeona en Osaka, fue medalla de plata en Pekín y hoy recuperó su vieja corona ante Chicherova. Esta es la foto de celebración del triunfo.
MUNDIAL DE BERLÍN.7.

Mayte Martínez ya había dicho que tenía muy poco que hacer en la carrera de 800. En realidad, se clasificó con apuros por tiempos y, en cierto modo, ya había cumplido. Aunque de su pundonor, de su explosivo final y de su gran capacidad de lucha podía esperarse todo. La de 800 fue una carrera con poca historia. Y sorprendente. Desde la salida, todo fue rapidísimo, con una velocidad de vértigo, tanta que cuando salieron a la cuerda Mayte llevaba varios metros de retraso. Alucinó, sin duda, con todas: con Jennifer Meadows, con Jepkosgei, con Piccione y sobre todo con Caster Semenya. En los segundos 400 metros, la surafricana arrolló por completo: imprimió una velocidad impresionante y ganó de calle. Mayte parecía condenada a la última posición: reaccionó levemente, rebasó a una rival y firmó el séptimo tiempo, con el mismo crono que la sexta. Semenya ganó con aplastante autoridad. Mi favorita, derrotada Jelimo en semifinales, era Jepkosgei: otra mujer alada y ligera como una gacela.
En 100 metros vallas, Brigitte Foster-Hylton no tuvo rival: ganó con claridad. Lo más sorprendente es que la norteamericana Dawn Harper, que había deslumbrado en la pruebas clasificatorias y que partía como la gran favorita, sólo pudo ser séptima.
La otra gran carrera del día, a mi juicio, fueron los 1500 metros, con un resultado extraño: ganó Kamel, hijo de Billy Conchela, fue segundo Mekonnen y tercero Bernad Lagat, que había sido campeón. Fue una carrera embarullada, muy táctica, donde destacó el estrepitoso fracaso de Medhi Baahla, el corredor francés que había realizado la mejor marca del año.
*Foto de archivo: Brigitte Foster y Dawn Harper pelean por la victoria. Hoy, arrolló la jamaicana con facilidad.
MUNDIAL DE BERLÍN.6. SANYA RICHARDS

Sanya Richards, una jamaicana nacida en 1985 y nacionalizada estadounidense, es la gran reina de los 400 metros lisos de los últimos tiempos. Había bajado 36 veces de los 49 segundos, rivalizada con la inolvidable Marita Koch, y ha realizado una impresionante temporada de mítines. Hasta el momento se le resistía la medalla de oro, en un campeonato del mundo o en una olimpiada. Hasta hace un instante: ganó con absoluta autoridad en una carrera limpia en 49.00 exactos y se quita fantasmas de su cabeza. No quería ser la nueva Marlene Ottey, la campeona sin medallas de oro, la mujer del maleficio. Sanya Richards es joven, ha superado a Allyson Felix, que pasa un pequeño calvario de marcas, y ha probado sobre la pista que es la mejor del momento en esa durísima carrera de los 400 metros.
Ha realizado una carrera segura de principio a fin. Salió bien, tomó el mando pronto y en la segunda curva decidió acelerar y poner tierra por medio. Tiene un correr acompasado y potente, prodigioso de técnico, espléndido en elegancia y precisión. Entró luminosa y feliz, con un gesto de rabia, sombras fuera parecía decirse, con esa belleza radiante que la caracteriza. Detrás, venían la diminuta jamaicana Shericka Williams, plata en Pekín el pasado año, que realizó 49.32, y la rusa Antonina Krivoshapka, que firmó 49.71. Fue una carrera preciosa: los 400 son durísimos pero ahí se han forjado corredores como Marita Koch, Alberto Juantorena (que también corría 800), Félix Sánchez, Jarmila Kratochvilova, Michael Johnson, Marie-Jose Perec o, ahora, Wariner, entre otros muchos.
Anoche, por cierto, Kenenisa Bekele, el mejor mediofondista del momento, ganó el oro en 10.000: dejó que Fadese marcase el ritmo, que estirase la prueba, hasta que ambos se quedaron solos. En la última vuelta, Bekele aceleró y realizó una de sus finales espléndidos, de zancada menuda, vivaz y segura.
YELENA ISINBAYEVA. CASI UN POEMA

Había apostado por ti, como siempre.
Para mí eres la atleta del aire, la cazadora de estrellas,
Para mí eres la trapecista,
Ese espíritu alado y poderoso que sube y sube
Más allá del cielo, en busca de un nuevo límite.
Eres fuerte, orgullosa, casi altiva.
Después de ti, todas las demás.
Después de ti, los ecos de la belleza vencida,
El vuelo imperfecto, la impotencia, la caída precipitada.
No las tenía todas conmigo. Es cierto.
Recuerdo cuánto disfruté en Pekín: eras intratable,
Trepabas en el viento cálido, subías,
Conquistabas las alturas como si solo
Te perteneciesen a ti. Pronto te deshiciste
De las rivales y te quedaste a solas, como una reina,
Dispuesta a seducir: dispuesta a ser la única diosa
De la noche y de mil noches más.
Hasta hoy. No las tenía todas conmigo.
Siempre hay un mal trago, un bajón, una lesión
Mal curada, un desaire del destino.
¿Qué te ocurría a ti? ¿Por qué te había vencido
Anna Rogowska en Londres, de ese modo, tan lejos tú de ti misma?
Hoy lo ha vuelto a hacer. Ella estuvo a su altura:
En el nivel exacto de su comedido talento.
Pero tú no apareciste siquiera. No eras tú.
Lo elegiste todo mal: los pasos y la pértiga.
La estrategia y el desafío. La tentativa inicial del pájaro.
Cuando te vi vencida y humillada pensé:
“Esa atleta desmoronada no es Yelena Isinbayeva”.
Salí fuera del estadio, entre lágrimas.
¡Cuánto, cuánto y de qué modo habrás llorado tú!
*Redacté anoche, tras su derrota, este texto dedicado a la campeona olímpica y campeona mundial de salto de pértiga Yelena Isinbayeva desde la posición del espectador apasionado que habría podido estar en Berlín. En Pekín, en su último salto, alcanzó los 5.05. Ayer no logró saltar ninguno de sus tres intentos y quedó la última en la clasificación; hace poco había perdido en Londres con Anna Rogowska. Ayer, contra todo pronóstico, volvió a sucederle a la mujer que había logrado 26 récords mundiales. Fue un accidente, sin duda, propio de cierta altanería o suficiencia de quien se siente invencible, como le sucedió a Bubka, en alguna ocasión, en concreto en las Olimpiadas de Barcelona 1992. Es la atleta más carismática del atletismo mundial (la heroína de Pelín con Usain Bolt), que será eclipsada por Shelly Ann Fraser o Semenya Caster, entre otras. La mayor parte de las visitas de hoy son búsquedas en Google sobre ella y su derrota.
MARTA DOMÍNGUEZ VENCIÓ EN EL 3.000

Marta Domínguez, sin duda la mejor atleta española de todos los tiempos, acaba de proclamarse campeona del mundo de 3.000 obstáculos. Llegó con magnífica preparación, aguantó bien el primer kilómetro liderado por Galkina, no perdió comba en un segundo más tranquilo y al final, bien situada como siempre y con su ambición inagotable, percibió que era su día: vio que las rusas flaqueaban un poco, que Galkina (la campeona olímpica) no iba a ser rival, y se lanzó a por el título; el último obstáculo era Yuliya Zarudneva. Vio que ganaba al menos 30 metros antes de llegar a la meta. La suya había sido una carrera prodigiosa: inteligente, atrevida, poderosa, y con un portentoso final. Entró en la meta con la cinta rosa de su abuela en la mano y un espléndido registro: 9.07.32, que supone el récord de España y la mejor marca mundial del año. Quizá la cinta ya no sea la de su abuela porque está como más coloreada, pero es lo mismo. Es la segunda mujer española que se proclama campeona del mundo; antes lo hizo en Sevilla, ante Fiona May, la cubana nacionalizada Niurka Montalvo.
Fue una tarde extraña: cayó Pamela Jelimo y ahora la gran favorita parece Semenya Caster, una atleta que tiene algo de tanque femenino y arrollador; Mayte Martínez logró meterse en la final y será una de las ocho elegidas. Aspira a todo: por veteranía, por pundonor y por clase, todo puede lograrlo.
Cayeron los dos atletas de 1500: Reyes Estévez y Juan Carlos Higuero. Y cayó, y fue el gran fracaso del día y probablemente del Mundial, Yelena Isinbayeva. Ha pasado de ser campeona olímpica y récord del mundo en el último salto a no aparecer ni siquiera en el palmarés: no realizó ninguno de sus tres saltos. Eligió mal, le faltó humildad y sentido de la estrategia, y se reservó no se sabe para qué. Al final, la polaca Ana Rogowska, que le había ganado hace muy poco, se hizo con el oro con un salto discreto, mucho menos discreto, eso sí, que el de Yelena Isinbayeva, que no pudo saltar ni 4.65, ni 4.70 ni 4.80. Parece que ni ha llegado en buen momento y tampoco jugó bien sus bazas.
*La foto es de Alberto Estévez de la agencia EFE.
MUNDIAL DE BERLÍN.3 / USAIN BOLT VOLÓ

Escribí esta mañana que Usain Bolt no parecía estar en su mejor momento. Nada más lejos de la realidad. Es un gran actor, simpático, seguro de sí mismo, un poco histriónico. Si al principio parecía no aplicarse demasiado a la faena, en el momento de la verdad estuvo inmenso: fue tan veloz y potente como el viento. Él sí es el hijo oscuro del viento, el atleta vertiginoso que desconoce los límites. Poseía el récord del mundo con 9.69; en el hectómetro más impresionante de todos los tiempos rebajó esa marca en once centésimas y lo dejó en 9.58, lo cual se dice pronto, en el lugar donde triunfó Jesse Owens en 1936.
Usain Bolt hizo un amago de boxear con Asafa Powell, bromeó con la cámara, jugó a hacer caritas, ora serio, ora simpático, mientras el serio y tímido Tyson Gay parecía reconcentrado y sediento. Apuró do so tres veces su botellín de agua, y lo dejó sobre el tartán. Y en esto comenzó la carrera: Usain Bolt desde prácticamente la salida, salió como una centella, con las rodillas alzadas, la vista al frente, armoniosos los abrazos y con una seguridad apabullante. Lo quería todo: el récord, la gloria, la inmortalidad, la victoria más maravillosa. Tyson Gay corría como un loco, con los tendones convulsos, con el rostro a punto de quebrarse, y otro tanto hacía Asafa Powell. Usain Bolt pulverizó la marca y culminó una carrera increíble, bellísima, explosiva y rítmica a la vez, pura elegancia de selva. La exaltación de la intensidad y del cuerpo. Y Tyson Gay estuvo fenomenal: hizo una marca maravillosa, 9.71, que hubiera sido la segunda mejor de todos los tiempos, y el propio Asafa Powell estuvo realmente bien con sus 9.84.
Esta carrera del Mundial de Berlín ya será un hito. Eso sí, y no es fanfarronería, se vio que Bolt aún puede sostener algo más su elevadísima velocidad en los dos o tres últimos metros. Es decir, tarde o temprano, este atleta excepcional, la gran figura del atletismo mundial, podría fijar su marca en 9.50. Y si no al tiempo. Él, aglutina y supera a Valery Borzov, Carl Lewis, Mo Greene, Donovan Bailey, Linford Christie, Ben Johnson y el propio Gay, y se coloca a la cabeza de todos ellos.
Ha nacido el viento de Jamaica hecho atleta, Usain Bolt, el hombre más rápido de la tierra.
*La foto es de AP, de Michael Sohn.
MUNDIAL DE BERLÍN.2

La corredora rusa Olga Kaniskina ganó con absoluta autoridad la medalla de oro de 20 kilómetros marcha, por delante de la rival irlandesa Olive Loughnane y la china Liu. María, a las que sacó alrededor de un minuto. María Vasco hubo de retirarse y Beatriz Pascual acabó haciendo una excelente carrera: fue de menos a más, hasta tal punto que les pasó inadvertidos a los comentaristas, y se clasificó en el sexto puesto, lo cual no deja de ser un magnífico puesto.
Maite Martínez, a su modo, corriendo con auténtico frenesí en los últimos 30 metros, entró tercera en su serie de 800 y pasó a semifinales. La que vuelve a estar radiante, concentrada y con esa ligereza deslumbrante, es Pamela Jelimo. Ella es la gran favorita: es una corredora, campeona olímpica en Pekín a los 18 años, que no parece tener rival: es leve y poderosa, posee fluidez, energía, cambios ocultos y una potencia increíble. No corre: vuela, se eleva, huye y deja una estela de oscura y estilizaba belleza en sus huellas. Ella, si no hay alguna sorpresa inesperada, será la campeona de 800 metros. Parece muy superior a todas sus rivales.
MUNDIAL DE BERLÍN.1

1. USAIN BOLT BUSCA EL ORO ANTE TYSON GAY
2. PAQUILLO ABANDONA Y GANA EL RUSO VALERY BORCHIN
3. CANTWELL GANA AL POLACO MAJEWSKI EN PESO
4. ISINBAYEVA SE CLASIFICA SIN ESFUERZO
Ayer apareció Usain Bolt y demostró que viene a ganar, a pesar de la amenaza de Tyson Gay, que parece algo más tenso. Usain Bolt, en una de sus carreras, incluso dejó ganar a un rival, tal como se aprecia en esta foto: son como dos colegas. Uno le dice al otro: “Venga, gana tú. Ahora. Mañana lo haré yo”. Esta tarde, a las 21.35 Usain Bolt.
Ayer fue preciosa, y de resultado un tanto inesperado, la final de 10.000 metros: ganó la keniata Linet Masai de 19 años. Meselech Melkamu y Meseret Defar, ante la ausencia de la bella y menuda Tirunesh Dibaba, se jugaron en la última vuelta el título: Defar parecía con fuerza, Melkamu se acercaba peligrosamente, y al final, en un esprint agónico y suficiente, Masai ganó en los últimos tres o cuatro metros. Según la foto finish, venció por una décima a Melkamu y por algo más a la campeona olímpica en Atenas 2004 (en 5.000 metros), Meseret Defar, una de las grandes del medio fondo. Diez años después, Kenia vence a Etiopía.
Por otra parte, en una estupenda y emocionante final de peso, el norteamericano Christian Cantwell venció, prácticamente en el último tiro, al polaco Tomasz Majewski, que acusó la derrota. Fue una prueba muy reñida y por escasos centímetros; 21.91 había logrado Majewski y ya acariciaba el oro; Cantwell se fue hasta los 22.03. Manuel Martínez no estuvo en la final. Sus mejores días ya han pasado, pero ahí queda su magnífica trayectoria. Igual le ocurrió a Paquillo: decepcionó por completo en los 20 km marcha; ya lo había anunciado, que no estaba bien, y Valery Borchin, el campeón olímpico ruso, demostró a todos que es el sustituto natural de Jefferson Pérez. Paquillo, pronto, muy pronto, dará el salto a los 50 kilómetros marcha. La suya parecía una medalla segura. Su abandono en kilómetro once ha sido algo más que un leve batacazo.
En pértiga, vimos fugazmente a Yelena Isinbayeva, que no parece en el mejor momento de su carrera, o al menos no parece con una puesta a punto demasiado fina. Y también vimos a la bella Ana Battkee, la esperanza alemana. Otra mujer realmente hermosa que pasó a la final.
*La foto es de Reuters.
SANYA RICHARDS: REINA DEL GOLDEN LEAGUE DE ROMA

Ya ha vuelto el atletismo al verano. Iba a ir mañana a Arteixo-A Coruña a buscar a mi madre, pero al final, por un enfriamiento y otras cosas incómodas, he decidido dejarlo para la semana que viene. Tenía mucho trabajo para el fin de semana, pero así he podido aplazarlo suavemente: estoy preparando un artículo sobre Ricardo del Arco y la fotografía para el lunes.
Me he tomado un instante de relax y me asomé a la Golden League de Roma: he visto fallar en Yelena Isinbayeva en 4.95, he visto fallar a Irving Saladino (campeón del mundo y campeón olímpico) ante Dwight Phillips, un clásico, en una bonita prueba de salto de longitud (por ahora no hay recambio de Carl Lewis, Mike Powell e Iván Pedroso), y me he quedado con una preciosa carrera de 400 metros, donde Sanya Richards, probablemente una de las mejores corredoras de la categoría (lleva 36 carreras invicta en esas pruebas de la Golden League), venció a Allyson Felix, desconocida como en Pekín, y a la esperanzadora Libania Grenot, una espectacular italiana, por ahora más hermosa que buena atleta. Al menos, hoy, se desfondó. Los últimos cien metros de Sanya fueron realmente preciosos: parecían un huracán o la hermana mayor de Usain Bolt.
En 1500, Higuero y Casado estuvieron bien, entre el sexto y el décimo, y Mayte Martínez volvió por sus fueros: pareció que iba a ganar en 800, pero al final quedó tercera. Los comentaristas recordaron una y otra vez que no estaban las seis mejores del mundo: con todo, Mayte es una maravillosa competidora que se ha resucitado a sí misma, tras diversas lesiones. Posee un gran sentido competitivo, se coloca estupendamente, y en ejecuta unos últimos 50 metros estupendos. La carrera de 800 es, por lo regular, bellísima.
VENCIÓ ROGER FEDERER, UN TENISTA PARA LA LEYENDA

Por palmarés, el suizo Roger Federer se convierte en el mejor jugador de tenis de todos los tiempos. Ha ganado en cinco sets a un correoso y peleón Andy Roddick, que probablemente haya hecho el mejor partido de su vida, en el estadio Wimbledon, y obtiene así quince títulos de Grand Slam y el sexto de Wimbledon. Pete Sampras, con gafas negras, asistía en primera línea a esa gesta: con el título de esta tarde, Federer, que igualó su marca de catorce grandes en Roland Garros, le supera por uno, con una importante diferencia: Sampras nunca logró ganar en Francia y Federer, aprovechando un bajón y una lesión de Rafael Nadal, su verdugo el pasado año en Wimbledon, conquistó el torneo de tierra batida semanas atrás y ahora culmina su gran sueño. Ser el mejor de los mejores.
No fue el partido más brillante de Federer, pero obtuvo casi 50 aces y mostró golpes maravillosos, excepcionales, propios de un tenista de su elegancia, de su virtuosismo y de su asombroso juego de muñeca. A veces, en algunos gestos, Federer recuerda al gran Ilia Nastasse, que también estaba en primera línea, igual que John McEnroe, que realizó tareas de comentarista y parecía desesperado por momentos, o Bjorn Borg. Federer, que pareció vulnerable, se defendió como nadie con su servicio, y aprovechó un instante de flaqueza y de cansancio de Roddick para tumbarlo. Su único ‘break’ le sirvió para conquistar el título. Roddick tuvo su oportunidad pero malbarató un 15-40. Luego, con obstinación, magníficos impactos y un primer servicio apabullante, siguió oponiéndose y plantó cara al campeón, que temblequeó, sin duda, y mostró lagunas. Con todo, en un choque a cinco sets, el último inacabable, puede ocurrir cualquier cosa y sucedió lo previsible.
Esta vez, el que lloró de amargura fue Roddick. Nunca antes había mostrado tanta alma de campeón.
FEDERER: CAMPEÓN ENTRE LÁGRIMAS EN ROLAND GARROS

Francia ya tiene el campeón de Roland Garros que siempre había soñado: Roger Federer.
El público del torneo nunca tuvo la clase necesaria para reconocerle a Rafael Nadal sus inmensos méritos, ni siquiera cuando le venció Soderling; sin embargo, como ha recordado hasta Santoro, y soñaba con la victoria del suizo, más que con la de ninguno de los suyos, Monfils incluido.
Al final, el suizo ganó con cierta facilidad y lo celebró como más le gusta: con abundantes lágrimas. Mirando al cielo con los ojos empañados. Es el hombre sensible y sensual en la victoria y en la derrota. Y eso a Francia le encanta. Ahora, este maravilloso jugador ha igualado el récord de Pete Sampras, que nunca logró ganar en París, y es en muchos años, después de Agassi, el primer jugador que logra todos los torneos de Grand Slam.
Soderling no estuvo a la altura de la tarde que venció a Nadal, hace ahora una semana. Al fin y al cabo, en cierto modo él ya había cumplido su cometido: eliminar a Nadal. Una nueva final Nadal-Federer habría sido otra cosa. Y a lo mejor, por una vez en la arcilla roja de París, hasta hubiera ganado el gran Federer, que, dicho sea de paso, es un jugador prodigioso. Todo lo hace bien.
RAFA NADAL SE DESPIDE DE ROLAND GARROS

Me ha dado mucha pena. Soy fan de Rafael Nadal desde hace algunos años, pero hoy no pudo hacer nada: Robin Soderling le ganó con absoluta claridad. El número uno del mundo cayó ante el 23, tras 31 victorias consecutivas sobre la tierra batida y cuatro títulos de campeón: 2005, 2006, 2007 y 2008.
Rafael Nadal se enfrentó a un sueco en estado de gracia: el gigantón Soderling sacó más rápido, tuvo golpes más demoledores, creyó más en sí mismo y se vio, pese a su altura, más rápido de piernas. A Nadal le faltó rapidez y contundencia, le faltó visión y aquella gama de passing shot que desarbolaban, sobre la red, a Roger Federer. Nadal ganó el segundo set en el tie break, y eso fue todo: perdió el segundo tie break en el cuarto set y se fue a casa, antes de tiempo, del que era su gran torneo. Había algo muy claro hasta ahora: Nadal era el mejor jugador sobre tierra batida, era prácticamente invencible. Caídos Novak Djokovic y él, el torneo inicia una nueva andadura. Federer tampoco anda sobrado: parece solvente, es cierto, más que nunca, y ahora habrá recibido una inyección de moral. Con un poco de suerte, y la colaboración de Murray (otro gran tenista: dará mucho que hablar y ganará importantísimos torneos, seguro), está en condiciones de igualar el récord de Pete Sampras: conquistar catorce títulos de Gran Slam y obtener el primero sobre tierra batida. Algo que no lograron, por poner algunos ejemplos, ni John McEnroe ni Pete Sampras.
Esta vez, desde Mallorca o desde una pista de entrenamiento, Nadal no estará en la final en el primer domingo de junio. Quizá deba reflexionar, tomárselo con un poco más de calma, y mejorar su servicio, sobre todo. No le favorece mucho ser el rival a batir; con todo, salvo la derrota ante Federer hace unos días, había ganado casi todos los torneos sobre tierra.
ADIÓS A LAS TARDES DE FÚTBOL EN SAN LORENZO

GARRAPINILLOS 1- MARIANISTAS 2
El pasado sábado, en el campo del Amistad, nos quedó un terrible sabor de boca. Perdimos claramente y realizamos un partido lamentable. Nadie se salvó de la quema. Nadie. Hoy nos visitaba el líder y campeón Marianistas. El equipo de blanco. Llegaron con los jugadores justos; nosotros teníamos hasta cuatro cambios. Intentamos jugar con un equipo sólido; salvo Gayoso, estábamos todos, con Diego mermado. La alineación fue: Stalin; Jaime, Alfredo, Marcos, Aitor; Diego Cali, Diego Rodríguez, Mario, Adrián Serna; Jorge Rodríguez y Pirri. Entraron luego Alex Velilla, Alex Fernández, Diogo y Miguel Garcés.
Desde el primer instante, con mucho orden y ambición, el Garrapinillos se adueñó del partido y creó las mejores ocasiones. Fue un toma y daca constante. Nuestra mejor jugada fue un avance de Jorge, con varios desbordes y un disparo espléndido que se fue fuera por poco, por encima de la escuadra. Los dos equipos se respetaban al máximo: ellos tenían un magnífico central, un estupendo mediocentro y un extremo derecho que jugaba a pie cambiado: era zurdo. En una excelente jugada, de convicción y desborde, sorteó a Aitor desde de la derecha y preparó un balón que superó a Stalin. En la segunda parte, en un remate de cabeza, el Marianistas volvió a marcar. Pareció que el choque estaba sentenciado.
Nada más lejos. El Garrapinillos seguía llevando la brújula del choque. Adrián Serna marcó un gol estupendo, poco después fue objeto de un clarísimo penalti (nos arbitró un colegiado con tan escaso talento como interés por el fútbol y ausencia total de respeto hacia los jugadores: con todo fue tan noble el choque que tampoco fue determinante su ineptitud, hecha la salvedad del penalti) y tuvimos varias ocasiones. El equipo trabajaba para empatar, pero la igualada no llegó. Acabamos perdiendo por 1-2, pero el Garrapinillos volvió a jugar ante Marianistas un partido serio, intenso, emocionante, y se atrevió a llevar la iniciativa y a mandar. Fue un partido serio, solvente. En una tarde como ésta, mientras el Real Zaragoza apuntillaba por 3-0 al Celta, no hay nada que reprochar a ningún jugador. La defensa estuvo muy bien; mejoramos por la banda izquierda con la incorporación de Alex Velilla, más entonado defensivamente, y perdimos a Pirri por agotamiento.
Este partido ha sido el de nuestra despedida del campo de San Lorenzo, que esta vez, sobre todo por la parte central, fue nuestro enemigo. Una de las mejores noticias ha sido la recuperación de Diego Rodríguez: no tiene la fuerza que en él es habitual, juega con algún miedo o inseguridad, pero volvió a darse una inmensa paliza y equilibró el centro del campo, donde estuvieron a buen nivel Diego Cali, Mario y Adrián Serna, que acabó de delantero centro. Quizá nuestro jugador más peligroso, sin fortuna en el gol, fuese Jorge, que volvió a firmar un gran partido, aunque a veces le sobrase algún regate y le faltase algún pase.
El próximo fin de semana despedimos la Liga en el campo del Zuera. En San Lorenzo, jugamos un partido emocionante: en el último suspiro empatamos de penalti. Hoy se demostró que con todos los jugadores, sin las expulsiones y la inoportuna lesión de Diego, habríamos estado arriba, en los puestos de ascenso. Marianistas no fue, en ninguno de los dos partidos, aunque los ganase, superior a nosotros. O sí fue superior porque marcó un gol más y luego fue más regular ante los demás. Nos parece un justo campeón.
A punto de decir adiós al fútbol como entrenador, pese a algunos sinsabores, ha sido una hermosa experiencia. (Hoy hemos vuelto a ver correr y desbordar a Diego como en la foto. La instantánea es de José Antonio Melendo y corresponde al partido de la primera vuelta).
COMIENZA HOY EL FORO DEL DEPORTE ARAGONÉS

Comienza el Foro del Deporte Aragonés en Aragón Radio
Os recordamos que hoy miércoles día 6 de mayo tendrá lugar en el Auditorio de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión la primera sesión del Foro del Deporte Aragonés organizado por Aragón Radio en colaboración con la Asociación de la Prensa Deportiva de Zaragoza, en el que participarán Víctor Fernández, Alberto Belsué y Jesús García San Juan.
Previamente, a las 18:45 horas, el director general de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, Ramón Tejedor, la directora de Aragón Radio, Rosa Pellicero, y el presidente de la Asociación de la Prensa Deportiva de Zaragoza, Paco Ortiz Remacha, atenderán a los medios de comunicación para explicar el contenido del convenio de colaboración entre ambas instituciones. El objetivo del acuerdo es promover los valores y principios que comporta el deporte y la práctica deportiva, y contempla, además de la organización de encuentros con personajes del deporte aragonés, la creación de un Museo Virtual del Deporte Aragonés, alojado en Aragonradio2.com, y que recogerá contenidos cedidos por la Asociación de la Prensa Deportiva de Zaragoza.
A continuación, a las 19:00 horas, Paco Ortiz Remacha, director de Deportes de la Radio Autonómica y presidente de la Asociación de la Prensa Deportiva de Zaragoza, dará paso a este primer encuentro con deportistas históricos aragoneses, que coincide con el 14 aniversario de la victoria del Real Zaragoza en la final de la Recopa de 1995 frente al Arsenal. Los oyentes de Aragón Radio podrán conversar con Víctor Fernández, Alberto Belsué y Jesús García San Juan asistiendo como público al encuentro. La primera sesión del Foro podrá escucharse en directo en todo el mundo a través del segundo canal de Aragón Radio, exclusivamente en Internet, www.aragonradio2.com , y posteriormente, íntegro, en la sección de podcast o radio a la carta en el mismo canal.
El encuentro con Víctor Fernández, Alberto Belsué y Jesús García San Juan será la primera acción organizada por Aragón Radio en colaboración con la Asociación de la Prensa Deportiva de Zaragoza tras la firma del convenio de colaboración entre ambas instituciones.
FORO DEL DEPORTE ARAGONÉS
DIA: Miércoles 6 de mayo
HORA: 18:45 horas
LUGAR: Auditorio de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión (María Zambrano, 2-Zaragoza)
CONFESIONES DE SEVERIANO BALLESTEROS DE NOCHE

Volvía anoche tarde a casa, hacia las doce y media de la noche. De repente en ‘El Larguero’ se dejó hablar del Barcelona, que se enfrenta esta noche al Chelsea de Lampard y Drogba, para trasladarse a Pedreña: allí esperaba Severiano Ballesteros, recuperado de un tumor cerebral tras cuatro difíciles operaciones. El ex golfista, con voz serena y quizá más preciso que nunca (a pesar de aludir en varias ocasiones a condición de ‘descerebrado’), contó todo lo que había vivido desde el pasado seis de octubre, cuando sufrió un desmayo en Barajas. José Ramón de la Morena, que disfruta mucho con esas entrevistas de plano corto, intimistas, hizo un viaje al corazón doliente de un hombre que se vio más muerto que vivo. Dijo que vivía en un pequeño paraíso, que la salud es lo más importante (si hay salud, puede haber todo, puede haber lucha), recordó con insistencia que había aprendido a ver la vida de otro modo, que ahora lo más importante eran sus hijos y que, sobre todo, había aprendido a disfrutar del canto de los pájaros al alba y de esos pequeños placeres que antes casi le pasaban inadvertidos: caminar por la playa, golpear con el palo de golf, montar en bici, correr, notar de nuevo el movimiento del brazo izquierdo, recuperar la vista de un ojo… Y dio, por supuesto, gracias a la vida: que le había dado fortuna, amigos y éxitos, y dijo que la vida es como el deporte: a veces juegas y juegas y no sabes ni la distancia y dónde está con exactitud la meta. Dijo que la tras la operación, lo primero que hizo fue comentar un partido importantísimo de golf en el que, en la tercera vuelta, “la decisiva”, se jugaba un título. Subrayó: qué extraño es el subsconciente. Al final hasta estuvo ingenioso: dijo que el Barcelona había jugado ante el Real Madrid “como en la Plastation”, y recordó que no había que ser ingrato con los blancos: durante muchos años habían paseado el fútbol español por el mundo con absoluta brillantez. Y agradeció muy especialmente las 250.000 cartas que recibió de todo el mundo, aunque quizá nada le impresionó tanto como la llamada de Miguel Induráin, de quien se declaró fan. Y elogió a Jesús Neira, que le había llamado esa misma mañana: el profesor que fue brutalmente agredido por un tipo que maltrataba a su compañera. Me gustaba tanto la entrevista que cuando llegué a la altura de casa, seguí conduciendo un rato hasta el Canal Imperial. La noche estaba preciosa. Paré a la altura de Torre Medina y creí oír, yo también, el canto del ruiseñor en la enramada. La radio siempre me produce emociones maravillosas. A veces, me sueño en un programa de radio nocturno oyendo y contando historias mientras suena una caricia de música. Poco después, con Macarena Berlín, entraría Juanma Frasquet, que también ha debido pasar por un periodo de hospitales y que pone inolvidables bandas sonoras a la madrugada.
*Severiano, en sus mejores días días de golf y de éxito, cuando rivalizaba con Gary Player, Bernard Langer o Jack Niclaus, entre otros.
VICTORIA DEL GARRAPINILLOS ANTE EL SALVADOR 3-1

En la primera vuelta de la Liga de Juveniles, de Segunda, el Garrapinillos había ganado nueve partidos consecutivos. Y, aupado a la segunda posición, a un par de puntos del líder, Marianistas, se enfrentaba a El Salvador en su campo. El primer tiempo transcurrió más bien anodino, al menos para nosotros: ellos jugaron mejor, dominaron algo más, aunque nosotros tuvimos ocasiones claras también. Terminamos cero a cero en el primer tiempo; en la segunda, durante muchos minutos, no hubo demasiadas novedades: inicialmente volvió a dominar El Salvador, durante quince o veinte minutos el Garrapinillos mandó y se puso por delante, 0-1, falló al menos tres ocasiones claras para ensanchar el resultado, y finalmente cayó, tras varios errores defensivos, por 3-1. Jamás pensé que íbamos a perder aquel choque. El Salvador ganó bien, merced a sus aciertos y, sobre todo, a nuestros errores defensivos, incluido un penalti, y a nuestros fallo en ataques: fallaron clarísimas ocasiones Pirri y Diego, entre otros.
Esta tarde, bajo un sol de justicia, nos enfrentábamos a El Salvador de nuevo. Yo tenía muchas ganas de vencer. Esa es la verdad. Después de los últimos fracasos –Escalerillas y Juventud-, intentamos darle solidez al centro del campo: queríamos un equipo que defendiese muy arriba, con dos hombres, y que dominase el centro con cuatro mediocampistas en línea. Hicimos algún cambio: Aitor jugó de interior izquierdo clásico, Adrián se volcó hacia la derecha, y arriba trabajaban Jorge y Pirri, que marcaría su tanto 26. Formamos así: Stalin; Jaime, Marcos, Alfredo, Alex Velilla; Adrián Serna, Diego Cali, Mario, Aitor; Pirri y Jorge Rodríguez. Jugaron también Alex Fernández, Miguel Garcés, Alex Navarro y Diego Rodríguez, que jugó apenas diez minutos después de su rotura de peroné. Estuvo bien: oportunista, peleón, incontenible como él es: estuvo a punto de marcar en dos ocasiones.
El Salvador apareció en el campo con los jugadores justos, y eso también lo notó. Al Garrapinillos, cuyos jugadores habían estado de parranda hasta deshoras en Casetas, no le sobraba nada. Eso sí, intentamos jugar con mucho orden, con cada jugador en su sitio, presionando arriba y controlando en el centro. En la primera parte, marcamos dos goles, Pirri y Diego Cali; apuntillamos en la tercera con un tanto de Miguel, que entró por la derecha en la segunda parte, en lugar de Adrián Serna.
El Garrapinillos jugó un buen partido. Más sobrio y solvente que brillante. Tomó siempre la iniciativa y fue a por la victoria. El equipo respondió bien en todas sus líneas; estuvo concentrado en defensa, por arriba y por abajo, los centrales salieron con garantías a apoyar a sus laterales y estuvieron siempre prestos al cruce y al combate. Los medios -especialmente Diego Cali, que peleó sin ahorrar esfuerzo- complieron estupendamente, incluso Adrián Serna, que se estiró muy hacia la vanguardia del ataque y falló, por precipitación, dos ocasiones clarísimas. Solo aguantó un tiempo. Jorge Rodríguez jugó uno de sus mejores partidos: disfrutó, condujo hacia arriba, sirvió a sus compañeros y acarició el gol en varias ocasiones, y además se lució (se recreó) con regates lujosos en distintos ángulos del campo; fue castigado severamente por los rivales con zancadillas, empujones y algunas patadas de diversa índole. Por eso, para protegerlo un poco, fue cambiado por su hermano Diego. Y Pirri, como siempre: es un axioma de este conjunto: marcó su gol y ensancha su cuenta goleadora. Lleva 26 tantos. Siempre le recuerdo el día que le anuncié que iba a jugar de ariete (antes lo hacía de lateral izquierdo) y que iba a marcar de una veintena de goles. Me dijo: “Que no Antón, que no, que fallo mucho ahí arriba”.
Ahora vamos a intentar que el equipo esté lo más arriba posible, entre los cinco primeros sería estupendo, y que Pirri alcance los 30 goles.
Después de nuestro choque seguimos el del Real Zaragoza. Después del temprano gol de Ander Herrera, nos las prometíamos felices: todo iba ser y cantar. Nada más lejos. 1-1, y sigue la incertidumbre, aunque el Tenerife es uno de los equipos que van a ascender con el Real Zaragoza. Seguro.
Y luego ese bella obra de arte futbolística que fue el partido Madrid-Barcelona. El Barça se encontró con un gol en contra, tiene una defensa muy frágil por alto (se vio a lo largo del partido, y por ello va a sufrir con el Chelsea; Hiddink habrá tomado buena nota), y a partir de ahí sacó lo mejor de sí mismo: ese balompié poético, trabajado con triangulaciones, toques precisos, búsqueda del hueco y un increíble sentido del control, y una presión muy arriba. Así tomó la delantera, 1-3; cuando el Real Madrid parecía meterse de nuevo en la pomada con 2-3, Henry volvió a marcar, y ese cuarto gol, tan oportuno, fue como un arreón para la victoria final. El 2-6 es justo, a lo mejor a la luz de las ocasiones perdidas un pelín corto, y el conjunto de Guardiola demostró que es una extraordinaria formación, que juega al fútbol con una técnica primorosa, una técnica primorosa que el Chelsea en Zaragoza no le dejó exhibir. A Guardiola solo cabe felicitarlo, aunque yo le pondría una objeción menor: creo que el miércoles próximo jugará de central Martín Cáceres; con 2-4 a favor, era el momento de darle la oportunidad de medirse y de asumir responsabilidades tan importantes en un estadio tan impresionante como el del Real Madrid.
*Foto de archivo de Diego Rodríguez, en el anterior partido ante el Salvador en su campo de hierba artificial. La foto es de José Antonio Melendo.
EL GARRAPINILLOS PERDIÓ CON EL JUVENTUD: 2-5

Hace varias semanas que apenas comento los partidos del Garrapinillos juvenil. No es que hayamos perdido la ilusión, pero hemos pasado de un gran rendimiento y de la opción de ascenso a una situación un tanto anodina y desconcertante. Hace un par de semanas, empatamos a cero en el campo del Olivar en un partido donde nos faltó ambición, algo más de juego y definición. El pasado sábado, mientras estaba en Benasque, el equipo perdió ante el Escalerillas: el Garrapinillos, dirigido por Manolo en esta ocasión, se puso 3-1 en el inicio de la segunda parte, pero el equipo rival (que había perdido con nosotros a domicilio por 3-7, creo), le dio la vuelta al choque y acabó ganando por 3-4. Recuerdo que llamé a Aloma, que estaba tomando algunas fotos, y no me podía creer el viraje del partido.
Hoy visitábamos el campo de unos de los gallitos de la categoría: el Juventud. En nuestro campo, les vencimos con claridad por 5-3, con dos estupendos goles de vaselina de Jorge. Desde entonces, han pasado muchas cosas: el maleficio se inició con la lesión del arquero Gayoso, que ya no volvió a jugar por la lesión en un dedo; luego perdimos a cuatro jugadores y por si fuera poco se lesionó Diego Rodríguez: tuvo una fractura limpia de peroné y es más que improbable que regrese, y ya es lástima porque era decisivo para nosotros y estaba en su mejor campaña.
A las ausencias de Diego y de Gayoso, se sumó hoy la inesperada de Diego Cali. Jugamos así: Stalin; Jaime, Marcos, Alfredo, Aitor; Alex Velilla, Mario, Adrián Serna, Jorge; Pirri y Alex Fernández. Entrarían luego Jorge David en lugar de Aitor; Miguel en lugar de Alex, finalmente Diogo por Pirri. Ellos marcaron muy pronto; en la primera parte, fallamos bastante en defensa, y se pusieron pronto con un franco 3-0. Nos colocamos con 4-1, al final del primer tiempo, y apuramos el 4-2. Al final, batieron a Stalin y vencieron con claridad por 5-2. Nosotros tuvimos rachas: fallamos en varios balones cruzados, hicimos un penalti y no encontramos una buena dirección de juego. Adrián Serna y Jorge lo intentaron, pero no acababan de situarse bien. Y algo así ocurrió en la primera parte, donde hubo algo más de juego. El Garrapinillos, con todo, no le perdió la cara al partido, y hasta que ellos sentenciaron claramente con el 5-2, hubo tensión, peligro en las dos área, equilibrio, e incluso algún instante de belleza.
Al Juventud que subirá con el Marianistas no se le puede discutir su triunfo ni su superioridad. Les vencimos en el primer partido y hubiéramos podido dar algo más de sí hoy si hubiésemos defendido con más rigor y concentración en la primera parte. Stalin, hay que decirlo, jugó en la segunda parte el mejor partido que ha jugado con nosotros. Detuvo balones increíbles. Él también se sumó a nuestra mejor segunda parte.
Querría hacer notar un detalle importante: Eduardo 'Pirri', en la foto, logró hoy su gol número 25.
JOSÉ ANTONIO: EVOCACIÓN DEL BOXEO EN ZARAGOZA

Una de las páginas que más comentarios ha recibido de este blog es un post dedicado al púgil Alfredo Evangelista y a su combate con Cassius Clay. Familiares y amigos de Evangelista se han ido reencontrando entre ellos y también con familiares de Avenamar Peralta y con amigos de Madrid o de Móstoles. El pasado octubre, recibí este comentario, que está en ese post. Lo he editado un poco y lo traigo aquí porque es muy sugerente y evocador. Recuerda una segunda edad de oro del pugilismo en Zaragoza, en los años 90, tras el gran momento del inolvidable Perico Fernández. Hace algunos años, cuando José Ramón Escriche, hijo de Benito, logró el título de campeón latinoamericano lo bauticé en una entrevista como ‘El vendaval del Ebro’. Estuve con él en el gimnasio y me habló de Nana Konadu, de Azuman Nelson, de su padre, de Clay, de Julio César Chávez, el gran campeón mexicano, y por supuesto de ‘Búfalo’. Poco después, José Antonio López Bueno, que también entrenaba muy cerca de él con un afán sobrehumano, conquistaba el título: ganó en Zaragoza al mexicano Rubén Sánchez, un 23 de abril de 1999. Hace ahora diez años. Ilustro esta nota con el póster de la pelea Clay-Evangelista; venció el 'Loco de Louisville' a los puntos en quince asaltos.
Escribe José Antonio, púgil de Zaragoza:
Hola, me llamo Jose Antonio, soy de zaragoza. Yo tuve la oportunidad de hacer guantes con Alfredo Evangelista en el Boxing Club de Zaragoza en la calle Oriente. Qué recuerdos de aquellos guantes con un gran campeón! A pesar de la diferencia de peso y altura, era muy bonito: Alfredo se movía y sacaba manos para no hacer daño, yo lo encorría por todo el ring para hacerlo mover, cuando terminábamos me decía: “Muy bien, chaval”, ya que yo tenía unos 17 años, ya que yo llevaba 5 años entrenando bajo la tutela de un buen preparador, Jesús Couto. Qué tiempos con Alfredo, Perico Fernández, Benito Escriche y el gran ‘Búfalo’ que me ayudó en mi aprendizaje. Ya después de la muerte de ‘Búfalo’ y luego Benito Escriche, el Boxing ya fue en decadencia ya que solo entrenábamos los de siempre y estaba cerrado al público. Actualmente entreno en Zaragoza en el gimnasio de López Bueno, campeón del mundo del mosca en 1999. Ojalá el tiempo volviera hacia atrás para recordar esos momentos de satisfacción cuando ‘Búfalo’ trajo a Azuman Nelson y a Nana Konadu, qué máquinas de esquivar, nunca les pude meter una mano. Azuman me esquivaba todo y me daba siempre una palmada en la nuca, nunca me dio un golpe, era una buena persona y un gran entendedor de lo que era el entrenamiento con chavales como yo. Bueno, gracias a todos ellos, que me hicieron pasar momentos muy bonitos y todavía los paso cuando lo recuerdo. Gracias por leerlo y un saludo a todos los boxeadores.
EL GARRAPINILLOS SALVA EL MALEFICIO DEL DOMINGO

OLIVAR, 0 - GARRAPINILLOS, 0
Los domingos por la mañana el Garrapinillos juega peor. Sobre todo a las diez de la mañana. Hoy, tras las dos últimas derrotas de domingos (ante el Stadium Venecia, 1-0; ante La Jota, 5-2; felizmente el sábado pasado vencimos por 7-1 al Atlético Delicias), volvíamos a jugar por la mañana. Miguel Garcés, en su tercera ausencia consecutiva, y Diego, por lesión de peroné, fueron las dos bajas. Jorge David y Aitor estaban tocados: tenían grandes dolores de cabeza. Adrián Serna, uno de los más noctámbulos, fue de los primeros en aparecer por la plaza. A Alfredo y a Pirri se les durmieron las sábanas.
Jugábamos contra el Olivar en su campo de tierra, levemente regado, pero en buen estado. No es una maravilla, pero se puede jugar. Y se jugó en algún instante. Formamos con Stalin; Jaime, Alfredo, Marcos, Alex Velilla; Mario, Diego Cali; Diogo, Jorge, Adrián Serna; y Pirri. El dominio fue nuestro en casi toda la primera parte, fabricamos varias ocasiones de gol, hubo momentos de buenas combinaciones y de peligro por ambas bandas. Pirri no se encontraba cómodo: recibía muchos balones, los disputaba, pero no acertaba a combinar. Arriba, Adrián Serna, escorado hacia la banda, realizó algunos acercamientos sin toda la claridad que necesita; Jorge entraba desde atrás, especialmente desde la banda derecha y realizó buenos saques de esquina (peor que otros días, dicho sea de paso), Mario remató un potente trallazo a gol, que detuvo un buen arquero. Al término del primer tiempo, tablas. Nos faltaba intensidad, profundidad, nos faltaba convicción en la victoria, y sobre todo nos faltó alegría, ambición, desenfado con el balón en los pies. Y en la segunda parte, introdujimos dos cambios muy pronto: Adrián Serna dejó su sitio a Alex Fernández, y Diogo cedió su lugar a Aitor, que ocuparía más tarde su demarcación habitual y se incorporaría a la banda derecha Alex Navarro. Finalmente, cuando moría el partido, Juan entró por Diego Cali.
La segunda parte fue intensa y tediosa a la par, sin ritmo. Se jugó de poder a poder. El Olivar pareció dominar algo más en los primeros minutos, pero pronto volvimos a hacernos con el mando del choque. Volvimos a fallar ocasiones claras, pero también es cierto que desaparecimos un poco hasta los diez últimos minutos. El Olivar se quedó con diez y el Garrapinillos dio un último arreón: Alex profundizó varias veces, a Pirri le faltó acierto en los últimos metros y en la mejor jugada del partido Jorge, en un avance por la izquierda, mandó el balón fuera por muy poco. Cuando él participa en el juego, el equipo se estira con peligro. Ahí se murió el choque y nos quedamos con un palmo de narices: cero a cero.
No fue un buen partido por nuestra parte. Nos faltó combinación, constancia, alguien que se asumiese el mando, nos faltó mayor intensidad en el juego de ataque. En cambio, hay que ponderar el trabajo de la defensa, que se mostró concentrada, expeditiva y seria en todo instante. Brillaron todos a buen nivel, pero especialmente Alfredo, que realizó un partido impresionante, pletórico de energía, de rasmia, de coraje. Stalin realizó en mejor partido desde que está con nosotros, y Mario y Diego Cali estuvieron mejor en las tareas defensivas que en la construcción del juego de ataque. El Olivar fue un equipo honesto y deportivo; celebró el empate casi como un triunfo.
Hemos roto, aunque solo a medias, el maleficio de los domingos. Imagen de archivo: Adrián Serna disputa un balón ante El Salvador.
LAS BOTAS DE TACOS DE ALUMINIO DE JORGE

Aloma, sin saber que su hermano Jorge estrenaba botas nuevas, le hizo esta foto. Me la envió de madrugada. Y aquí está.
BUEN PARTIDO Y VICTORIA ANTE EL MOVERA: 5-2

Jorge Rodríguez Gascón, el número diez del Garrapinillos, el más menudo tal vez, quería comprarse unas botas de tacos de aluminio. El campo de San Lorenzo está algo resbaladizo después de ser regado y percibía que sus botas Nike 90, doradas y negras, zozobraba en exceso. Como le había sucedido en algunos encuentros a otros compañeros: recuerdo especialmente el partido contra el Zuera en el que Marcos parecía hundirse en el barro y en la imprecisión. Finalmente, tras buscar y buscar en Inter Sport y en Inter Zone, dimos con un par estupendo en Base, en Plaza. Ya de paso, casi por azar, vimos a la periodista Ana Aínsa, a su marido Francho y a sus dos hijos pequeños. La vendedora le dijo a Jorge que adquiría unas espléndidas botas, que sentaban muy bien en el pie y que eran las botas que usaban Leo Messi y David Villa. Ahí es nada.
Jorge Rodríguez Gascón ha estrenado hoy las botas. Su deseo era poder dedicarle la victoria y un gol al menos a su hermano Diego, que acudió al campo, puntual, con sus muletas.
Jugábamos contra el Movera, diezmado también tras el partido contra La Puebla de Alfindén. El Movera y nosotros nos presentamos con lo justito: ellos con once jugadores, entre ellos dos cadetes, y nosotros con doce, y el jugador número doce era Miguel ángel Gayoso, que debutó esta campaña –pese a su dedo herido- con un gol. Al margen de los expulsados y lesionados, Alex Navarro, Juan y Jaime se han ido de viaje de estudios a Niza, Venecia y Roma. Por aquello de los paralelismos, nosotros también contamos con dos jugadores cadetes: Diogo, el interior portugués que se ha incorporado al equipo hace tres o cuatro partidos, y Alex Fernández. Formamos de salida así: Stalin; Jorge David, Pirri, Alex Velilla, Aitor (que ya había cumplido sus dos partidos de sanción); Diogo, Mario Calvera, Adrián Serna, Jorge Rodríguez; Miguel y Alex Fernández. En el vestuario, el equipo se conjuró para vencer: se quería rendir un homenaje a Diego Rodríguez Gascón, el pulmón que ha sufrido rotura de peroné, y además se quería seguir ahí, mirando hacia arriba, con vistas al segundo puesto.
El campo parecía estar bien: ni duro ni resbaladizo. Con algunas calvas o pardas quemazones en el centro, pero correcto. El Garrapinillos se adueñó del partido desde el pitido inicial: el conjunto jugó con orden, presionó, y tanto Mario como Adrián Serna lanzaron el balón a las bandas. Alex Fernández estuvo especialmente incisivo, generó ocasiones, se desmarcó y tuvo varias oportunidades de gol, y casi lo mismo puede decirse de Miguel Garcés. Diogo penetró por su banda con mucha autoridad y peligro: centró bien, pero el gol no llegaba. Jorge Rodríguez adelantó un poco su posición de interior izquierda y buscó la banda izquierda y la línea de fondo con más profundidad. En una de sus penetraciones, centró con mucho peligro y el lateral de Movera marcó en propia meta. Poco después remató un centro desde la izquierda que no había acertado a cabecear Alex Fernández. Dos a cero. Poco más tarde, un poco antes de que se terminase la primera parte, el Movera realizó una estupenda jugada por la derecha, centró su interior y su ariete se adelantó muy bien a Alex Velilla y al arquero Stalin, que realizó un estupendo partido. Stalin está cada día más seguro.
En la segunda parte, ajustamos algunas líneas y seguimos. Apenas se había cumplido en primer minuto cuando Jorge Rodríguez lanzó un córner desde la derecha, cerrado y preciso, con rosca y al segundo palo, y marcó Mario Calvera, el capitán. El partido se esclarecía un poco. El Garrapinillos seguía atacando y generando ocasiones. Adrián Serna, reventado de correr y de trabajar a destajo (cuando estaba fresco puede decirse que casi hizo olvidar a Diego), pidió el cambio. Lo dejamos jugar algo más, y en una espléndida jugada dejó sentados hasta a tres rivales y chutó con la derecha ajustado al poste izquierdo: el balón golpeó en la parte interior y entró. Golazo. Adrián Serna es un jugador con carisma y con una calidad incuestionable. Poco después, salía entre aplausos y le reemplazaba Miguel Ángel Gayoso con el siete a la espalda, que ocuparía la demarcación de delantero centro con Alex Fernández. Hoy, como se ha visto en la alineación, jugamos con 1-4-4-2.
El Movera aprovechó un despiste defensivo y redujo diferencias con un disparo ajustado al palo derecho. El Garrapinillos siguió jugando con orden y con ambición, con sed de victoria. Miguel jugó un instante en el sitio de Adrián Serna, pero poco después sería Jorge quien se ubicaría en el puesto del doble pivote con Mario Calvera, que volvió a realizar un partido muy serio. Jorge lanzó otro córner desde la derecha y en medio de un barullo, donde pasó de todo (manos, empujones: el Garrapinillos cometió varias irregularidades en ese lance), Gayoso marcó el 5-2 definitivo.
El Garrapinillos jugó un buen partido. Sólido atrás, correctos todos, con momentos y salidas espectaculares de Eduardo Pirri, que trabajó a destajó y estuvo a punto de marcar. Alguien, detrás de mí, dijo que le recordaba a aquel líbero inolvidable del Real Zaragoza que se llamaba Radomir Antic en su primera temporada. Si flaqueó en algún instante en el juego defensivo Aitor en la primera mitad, llevado sobre todo por su incuestionable talante ofensivo, en la segunda parte se vino arriba y firmó un excelente partido en la zona de retaguardia. La media estuvo bien: combinó, abrió el juego a las bandas y sirvió balones en abundancia a los delanteros, que muchas veces fueron penalizados con rigurosos fueras de juego. Jorge jugó un gran partido, quizá fuese algo intermitente, pero puso finura, desborde, calidad y mucha precisión en los pases, y sobre todo en los córners. Diogo es un jugador que crece día a día: es trabajador, se atreve a desbordar y a veces es imprevisible: para los compañeros y para el rival, lo mismo centra que dispara con contundencia. Solo le falta aplicarse un poco más en tareas defensivas y no olvidar que es uno de los centrocampistas de esa empalizada de cuatro que colocamos ante el adversario cuando éste tiene el balón.
Arriba, Alex Fernández y Miguel estuvieron a buen nivel. Les faltó fortuna en el remate, fortuna, ambición, eficacia y algo más de intención, tal vez, pero el balance final es bueno. Jugaron un buen partido y abrieron huecos. Y de esos huecos y de su trabajo vinieron muchas ocasiones.
El próximo domingo nos enfrentamos al Stadium Venecia. Otro partido importante para seguir ahí, cerca del Juventud, que es segundo. Tras ese choque recuperaremos a nuestros centrales: Diego Cali, Marcos y Alfredo. (En esta foto de archivo, Pirri remata. Hoy jugó de central de nuevo y encontró huecos para irse hacia el marco contrario.)
VICTORIA POR LA MÍNIMA Y FRACTURA DE PERONÉ DE DIEGO
Jugábamos, en el campo de San Lorenzo de Garrapinillos, otro partido importante. Desde la derrota con Marianistas sólo habíamos conocido las formas del infortunio, hecha la salvedad del choque con el Zuera, que igualamos en el último instante de penalti. Perdimos de malos modos con La Puebla de Alfindén y caímos más bien estrepitosamente en los últimos minutos con San Mateo de Gállego. El primero equipo que nos venció en la primera vuelta había sido Pina de Ebro, que ha hecho una buena campaña, que la está haciendo. Esperábamos este choque con temor y con esperanza. En la comida familiar, Diego dijo que esperaba cualquier resultado salvo la victoria, que la veía muy difícil. En nuestra cabeza había un detalle psicológico que nos hacía mella: nos ganaron por su veloz juego arriba, nos rompieron en la segunda parte al contragolpe por velocidad, y nosotros acusamos no solo la palidez defensiva sino la ausencia de Pirri, nuestro delantero centro cuando todo iba bien. Pirri es nuestro máximo goleador: lleva 17 goles.
Solo teníamos trece jugadores disponibles, y formamos así: Stalin; Diogo, Pirri, Alex Velilla, Jorge David; Miguel, Diego, Mario, Jorge; Alex Navarro y Adrián Serna, que reaparecía tras muchos partidos en el dique seco por lesión. De suplentes, contamos con Jaime (iba a salir de titular pero sufrió un pinchazo) y Juan. El partido fue intenso desde el primer minuto: intenso, deslavazado y sin un ritmo continuado. Ellos empezaron tomando el mando, levemente, con sus jugadores fornidos, altísimos; los delanteros amenazaban, se les veían modos, pero apenas entraron en juego. Tuvieron, no obstante, una oportunidad clara que dio en el palo, pero pronto pasamos a dominar sin la necesaria mordiente. Era una tarde ventosa. Nos costó imponer nuestro juego, pero poco a poco lo fuimos logrando con trabajo, con ambición, con buenas combinaciones y mejor trato del balón que el rival. La línea defensiva se mostró rocosa y segura en todos sus flancos; el arquero Stalin jugaba su mejor partido (ahora ya nos han confirmado que Gayoso probablemente no podrá jugar más este año por su fisura en un dedo y por el premioso periodo de recuperación), y los demás se manejaban con esfuerzo, con compromiso. Alex Navarro realizaba su tarde más completa (le favorece su altura y una cierta sensación de que toma soluciones impredecibles), pugnaba por doquier, generaba incertidumbre en sus marcadores. En la primera parte acabamos cero a cero. Podía pasar cualquier cosa, pero yo ya sabía algo: el Pina no era tan fiero como lo habíamos pintado. Podíamos, debíamos vencer. Llegó el gol: sacó Jorge Rodríguez desde la derecha con ese efecto tan demoledor que le da y marcó Mario Calvera.
Perdimos a Adrián Serna, que sufría en los gemelos y en el pecho. Y poco después saltó la gran alarma: Diego disputó con excesiva suavidad un balón con su voluminoso capitán y recibió un impacto tremendo. ¡Crack! Tuvo que retirarse de inmediato: no podía andar, y ahora está en la Clínica Montpellier con su madre. Aguantamos, generamos alguna ocasión, nos defendimos y, al final, logramos lo que tanto anhelábamos: una victoria de nuevo. Queríamos deshacer el maleficio, volver a comportarnos como un equipo que pelea todo lo que puede, que intentar ser ordenado. Queríamos recobrar la confianza y demostrarnos que podemos… Así, además, rebasamos al Pina de Ebro en tres puntos y volvemos a estar por ahí, cerca del segundo puesto, que es nuestro objetivo para ascender.
Fue un partido trabado, sin brillantez, que se resolvió del lado del equipo que anheló algo más el triunfo. Fue una victoria del bloque. A ningún jugador se le puede poner objeción alguna. Los defensas estuvieron en su sitio, Pirri solventó su tarea con entrega, compromiso, actitud y buenos modales. E intentó cabecear varios córners peligrosísimos. Ahora tenemos 35 puntos. Y la próxima semana, con un montón de bajas de nuevo, sospecho que la de Diego, nuestro pulmón, nos enfrentamos al Movera. (En la foto, Diego a trompicones burla a un contrario).
PD. Ya está confirmado. Diego Rodríguez, nuestro mediocentro, ha sufrido fractura de peroné y tiene para varios meses. Quizá diga adiós a la temporada y también a su etapa de juveniles.
EL GARRAPINILLOS: TROPEZÓN INESPERADO, 1-4, EN CASA

GARRAPINILLOS, 1- SAN MATEO, 4
Campo de San Lorenzo.
En pocos días, bastante funestos, el Garrapinillos juvenil ha iniciado un importante bajón, cuando no descalabro espero que pasajero. El pasado sábado tocamos fondo por motivos propios y ajenos: un arbitraje pésimo, sin mano izquierda, ante La Puebla de Alfindén, y nuestra impulsividad; las dos cosas, mezcladas y amasadas, han arrojado un resultado catastrófico. Perdimos a cuatro jugadores (toda la línea defensiva, casi: Diego Cali, Alfredo, Marcos y Aitor) y, en los últimos instantes, un partido que habíamos aguantando con 1-0 a favor por un definitivo 1-2, que se solventó en torno al minuto 89 poco antes de la invasión del campo de San Lorenzo. Esta ha sido una semana de agitación, de disputas en los despachos, de actas y contractas. Y todo en vano: a Marcos, por devolver una patada sin balón (tras recibir un feroz impacto de tacos metálicos en la espinilla), le han castigado con cuatro partidos; lo mismo a Alfredo, que insultó gravemente al árbitro; lo mismo a Diego Cali, que lanzó al aire un manotazo, y éste dijo que había sido un intento de agresión, y dos a Aitor, que fue expulsado por dos amarillas y despidió al árbitro al grito de “eres un payaso”.
Hoy contábamos tan solo con doce jugadores, dos de ellos, cancerberos para enfrentarnos al San Mateo, con el que íbamos igualados a puntos. Nos pareció que debíamos dar una oportunidad a Stalin, que había entrenado con entusiasmo y con absoluta generosidad bajo las órdenes del gran preparador de porteros Pedro. Juan lo había hecho muy bien en todos los partidos anteriores. Salimos al campo con un equipo raro: Stalin; Jaime, Alex Velilla, Pirri y Alex Fernández; Miguel, Mario, Diego, Diogo; Alex Navarro y Jorge. En la primera parte, el partido fue de poder a poder, con mayor dominio de ellos en el primer tramo. A consecuencia de ellos, marcaron dos goles en sendos balones cruzados al área. El Garrapinillos nunca entró del todo en el partido. Los entradores del San Mateo pronto recordaron a los suyos que el pulmón de nuestro equipo es Diego Rodríguez, y le pusieron un muro en un calculado marcaje por zona. Los demás tampoco acababan de entrar en juego, aunque la defensa, hecha la salvedad de las dos ocasiones materializadas, no había sufrido muchos apuros. Con todo, nos fuimos al descanso 1-2, y Alex Navarro estuvo a punto de igualar con un cabezazo al palo tras un fallo de la retaguardia blanquiazul. El árbitro dirigía el choque con corrección y el clima fue, en todo momento, de exquisita deportividad.
En la segunda parte, realizamos algunos cambios tácticos. Stalin; Diogo, Alex Velilla, Jaime, Alex Fernández; Miguel, Diego, Mario, Jorgte; Alex Navarro y Pirri. El más determinante fue que Pirri, nuestro goleador, pasó de central a su posición natural este año: ariete. Generó varias jugadas, Jorge estuvo a punto de marcar en un par de ocasiones, en dos vaselinas a contrapié. En un saque largo, nuestros centrales, Jaime ahora y Alex, se tragaron el bote del balón y el delantero contrario apuntilló el marcador: 1-3. Cuando moría el partido, se produjo el único fallo claro del arquero Stalin y sentenciaron el partido: 1-4. Y no solo eso: nos superaron en nuestro gol average privado. En su campo habíamos ganado 4-2, a pesar de habernos quedado con nueve jugadores.
El partido nos dejó una sensación muy amarga. Acariciamos el empate, dominamos los primeros veinte minutos de la segunda parte pero nos faltó punch, juego, combinación, potencia, personalidad, sensación de dominio. Salimos derrotados antes del duelo en un choque que tenía algo de duelo por los expulsados. Y lo peor no es solo eso: nos queda una sensación de incertidumbre y de caos. A mí especialmente. Una de las claves de nuestros buenos resultados –nueve partidos ganados consecutivamente, ocho de ellos oficiales- era la solidez de la retaguardia. Hoy, en momentos puntuales, naufragamos, pero sobre todo naufragamos en juego, en bisoñez, en carácter, en resistencia y en ambición. No hubo nada de lo que solemos exigirnos: pelea, orden y talento.
Sólo nos queda seguir ahí: recobrar el entusiasmo, mejorar nuestros entrenamientos, disfrutar más con el balón y enderezar el rumbo con personalidad y sacrificio, con buenos pases y determinación. Si no lo hacemos así, la Liga habrá terminado para nosotros y el sueño elaborado en una primera vuelta magnífica.
No debemos decir, por nada del mundo aún, adiós a todo eso...
(En la foto, Pirri, que hoy jugó de central y de delantero centro. Le hago caso a mi admirado y querido Javier Quiñonez y modificó el titular.)
RAFAEL NADAL VENCE Y HACE LLORAR A ROGER FEDERER

He visto hoy gran parte de la final del Open de Australia. Iba con Rafael Nadal, como casi siempre. Soy un incondicional de su tenis: siempre me deja perplejo de dónde saca algunos golpes inverosímiles. Trallazos de furia y precisión. Rafael Nadal no es tan buen jugador como Roger Federer: ni es tan elegante, ni saca tan bien, ni posee esa demoledora armonía del suizo, que a veces, como no se cansan de repetir los cronistas, no parece humano. Sin embargo, lejos del mecánico Pete Sampras, a quien superará en breve (lo superará con sangre, sudor y más lágrimas. Roger nos ha salido llorón), Federer es pura belleza, ritmo, facilidad. Roza la perfección, hace posible lo imposible, y siempre tiene respuestas. Rafael Nadal le vence porque corre más que él, porque asume riesgos y no se amilana, le devuelve el tanto seguro, por decirlo así, y parece tener una ligera ventaja psicológica sobre él. El partido de hoy ha sido de nuevo excepcional, con momentos preciosos: un tanto que parecía ganado, rematado después y aún corroborado en un tercer impacto, ha exigido cuatro o cinco golpes demoledores más. Al final, en cinco sets, venció Rafael Nadal que logra a los 22 años un puesto entre los grandes de la historia: ya ha conquistado seis torneos de Grand Slam. Se dice pronto, pero bajo el reinado del probablemente el jugador más exquisito de la historia (aunque yo prefiera a John McEnroe todavía), tantos títulos son muchos, muchísimos. Hoy El País publica un precioso reportaje de Juan Ríos que añado aquí para recordar que los tenistas también lloran. Cuando ganan y cuando pierden. Rafael Nadal ganó así: 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2.
JUAN RÍOS / El País
Las lágrimas de Federer empañaron de dramatismo la celebración del primer Grand Slam australiano para la historia del tenis español. La tensión del momento, el vértigo de ver que toda una etapa de leyenda se resquebrajaba por los raquetazos de Rafael Nadal, pudieron hoy con el suizo, el mejor tenista de la historia. Le superaron. Derrotado dentro de la pista, Federer se vació ante el público de la Rod Laver Arena en el momento de su discurso. Vaciló ante el micrófono, y en el momento de hacer síntesis, la emoción no le permitió murmurar más que cinco palabras. "Dios, esto me está matando". En su mano, la bandeja plateada le devolvía, como una metáfora, la imagen distorsionada de un tenista honorable que luchó, falló, gritó de alegría y de rabia y sucumbió ante el empuje de un mallorquín incansable de 22 años.
El trofeo le acreditaba como subcampeón del Abierto de Australia 2009 y le arrebataba de un plumazo el sueño de igualar a su ídolo, Pete Sampras. El suizo tiene 13 grandes, el estadounidense 14, y Rafa todo el empeño en que no consiga emular a al tenista que estuvo seis años en lo más alto del ranking mundial. Ahora sólo queda una superficie en la que Nadal no ha escrito su nombre: el Abierto de Estados Unidos.
Al no poder pronunciarse, miró hacia atrás y se encontró con Rafa. El de Manacor le había destronado en uno (otro) de sus feudos; era su sucesor y su verdugo, pero también su amigo. Las lágrimas no dejaban de brotar. La fuerza del momento compungió incluso al público, que respondió aclamando a su ídolo. A partir de ahora, jugar en Australia seguirá siendo como jugar en casa, pero hacerlo en la Rod Laver será hacerlo en terreno Nadal.
Detrás del suizo esperaba Rafa. Paciente, contenido, humilde, con la mirada siempre baja, reverencial ante quien ha sido su mayor enemigo en la pista, el español esperó su turno antes de despedirse del público. La alegría de ganar su primer Abierto en Melbourne, de abrir el palmarés español en tierras australianas y extender su leyenda, aún joven, se chocaron de frente con el rostro compungido de su rival. Guardó silencio, pero no pudo disimular su nerviosismo cuando subió al estrado. Las lágrimas del campeón le conmovieron, y se quedó sin palabras. Dijo "hola", y poco más. Federer seguía teniendo el protagonismo.
"Roger, siento lo de hoy. De veras sé cómo te sientes. Es muy fuerte, pero recuerda que tú eres uno de los mejores de la historia. Espero jugar muchos más partidos contigo", continuó luego. Nadal trataba de consolar a su rival, pero no logró sino arrancarle más lágrimas. El público lo agradeció y aplaudió al español, que cerró su discurso con palabras de cariño a su familia, su entrenador, su equipo médico y todos los allí presentes. Si había emociones, las disimuló. Quizá las guardaba para el vestuario. Quizá a solas también haya llorado Nadal.
(La foto de Rafael Nadal es de Reuters. Me ha pasado una cosa muy bonita: he visto parte del partido con el poeta y narrador gallego, afincado en Madrid, Manuel Pereira).
EL GARRAPINILLOS EMPATÓ EN EL DESCUENTO: 3-3

GARRAPINILLOS, 3-ZUERA, 3 (Tantos locales: Pirri, 2; y Mario, de penalti).
Tengo que empezar la crónica del partido Garrapinillos-Zuera casi donde dejé el del pasado domingo: el Marianistas ganó tras el último segundo, y hoy, nosotros, los rojillos del Garrapinillos, empatamos de penalti, no sé si después del último segundo, o poco antes de que se acabasen los tres minutos de descuento. El magnífico arquero zufariense le hizo penalti a Adrián Serna y Mario Calvera, de un disparo potente y esquinado, igualó un partido que se puso cuesta arriba desde el primer minuto. Poco más se llevaría, o quizá aún no se habrían cumplido los 60 segundos del choque, cuando el portero rival lanzó de puerta, desde fuera el área, Marcos falló en la recepción del balón, el delantero rival se anticipó al arquero Juan y marcó. Durante cinco o seis minutos, el Garrapinillos tomó el dominio del partido, fabricó varias ocasiones claras, pero no logró empatar.
El campo estaba en mal estado. Para ellos y para nosotros, pero daba la sensación de que a nosotros nos afectaba más su inestabilidad. O por lo menos nos mostramos más inestables. Antes de los diez primeros minutos, un disparo lejano del Zuera fue repelido por Juan, la defensa no acudió al rechace, el portero quizá pudiera hacer algo más para proteger su propio desvío, pero otro delantero contrario se adueñó de la indecisión y puso el marcador 0-2. Así fue como acabó el primer tiempo. El Garrapinillos quiso y no pudo: fabricó ocasiones por las bandas y por el centro, Pirri erró varios balones, igual que Jorge y Diego, y el Zuera fue tomándole aún más la medida al partido y a nuestra débil defensa hoy: contragolpeó con mucho peligro y acarició, casi tanto como nosotros, el tercer gol. Felizmente no se produjo. Estábamos poco precisos en el marcaje por los costados, había inseguridad por el centro, inseguridad, zozobra y resbalones continuos, la media no contenía el juego del adversario (no fue el mejor partido ni de Jorge ni de Diego; Mario se cansó de lanzar faltas a la olla y acarició el travesaño en una falta), pero el susto –que ya era abundante, casi mayúsculo- no fue a mayores.
Ajustamos algo las líneas en la segunda parte. Intentamos corregir algunos errores el marcaje y recordamos que necesitamos el balón. Que teníamos que apurar la recuperación, triangular con precisión, asociarnos en corto. Apelamos a nuestra coordenada: combate, pelea o brega; orden y talento. No nos sobraba de nada de ello. Y en la mejor jugada del partido, que inició Diego, y en la que participó casi toda la delantera, Alex Fernández centró con precisión para que Pirri marcase su tanto 16. Aún nos quedaba un mundo de fútbol. Más de 35 minutos. Cuando parecía que íbamos a igualar, el Zuera ensanchó su ventaja. Pero aún logramos reducir la diferencia al 2-3, de nuevo Pirri marcó. Ellos estuvieron a punto de sentenciar en un fallo del arquero Stalin, que sustituyó a Juan, pero su jugada acabó en el palo, algo que parecía más difícil que marcar. La suerte ahí acudió a nuestro lado, y volvió a favorecernos cuando moría el partido en forma de penalti en un lance entre Serna (que quizá arrancase en fuera de juego) y el espléndido portero, que jugó como un veterano. Fue, por otra parte, su mejor líbero, su mejor central y, si me apuran (y con ello no quiero desdeñar al conjunto contrario en absoluto ni a sus medios, que pararon a los nuestros bastante bien), su mejor centrocampista de empuje. A Mario no le tembló la pierna. Disparó a la derecha del portero, seco y duro, con la máxima superficie de empeine como exige el canon, y gol. El arquero intuyó el lugar y se tiró muy bien, pero el disparo era imposible de atajar.
El Garrapinillos tuvo el premio al coraje, al esfuerzo, a la convicción, cosechó el galardón a esa oscura fe de no dar el partido por perdido nunca. No se desmoronó anímicamente, aunque no brilló. La suerte, y esa constancia ciega, arregló el desaguisado. El Zuera es un equipo serio y trabajador, sólido en todas sus líneas, no se vino abajo nunca, ni siquiera cuando parecía estábamos en un tris del empate. Sus jugadores vieron que hoy teníamos un problema: la mayoría de jugadores no llevan tacos de aluminio, y el campo estaba especialmente difícil, un tanto impracticable por el centro. Y eso lo acusamos. El campo esta tarde fue el segundo adversario: tras el rival, el Zuera, el campo de San Lorenzo. El partido acabó con expulsión del arquero y con gran enojo del entrenador. Lo puedo comprender perfectamente. A nosotros nos pasó el otro día en un partido importantísimo ante el líder.
Nosotros no encontramos hoy el sitio de manera sostenida. Hubo destellos, buenas jugadas, combinación, pero el tono general fue más bien irregular, de un aprobado justo. Solo nos podemos sentir satisfechos, y levemente orgullosos, de la honestidad de nuestro trabajo, pero no de nuestro fútbol.
Formamos con: Juan; Alex Velilla, Alfredo, Marcos, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Diogo, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; Pirri. También jugaron el portero Stalin (que debutó y permaneció bajo el marco 25 minutos, más o menos), Jaime, Alex Navarro, Jorge David y Adrián Serna. Diogo, el interior portugués, otro (no Diego Cali, que estaba enfermo), también debutaba hoy y realizó un buen partido en el juego de ataque; por ahora le falta sentido táctico, pero su debú ha sido más que correcto.
El partido de hoy era el último de la primera vuelta. Creo que quedamos terceros, por detrás del Pina de Ebro, segundo, y del Marianistas, primero, holgadamente destacado. Nuestro balance podría haber sido algo mejor: hemos ganado diez partidos (ocho de ellos de manera consecutiva), hemos empatado dos y hemos perdido tres. En total llevamos 32 puntos. El próximo sábado o domingo, nos enfrentamos a La Puebla de Alfindén.
(En la foto de archivo de José Antonio Melendo, Mario Calvera, el capitán, lanza una falta ante el Marianistas).
EL GARRAPINILLOS PERDIÓ 3-2 TRAS EL ÚLTIMO SEGUNDO

Miguel Ángel Gayoso, con una fisura en el dedo meñique, buscó un titular para el partido de esta mañana en el campo de Marianistas: “Victoria con sufrimiento y suerte del Marianistas”. Nosotros dimos la cara hasta varios segundos después del último: el árbitro, un muchacho joven, muy joven, prolongó el tiempo y el Marianistas, líder en solitario, marcó un gol inesperado. Era el 3-2 definitivo; unos segundos antes, el colegiado había anunciado la última jugada: el equipo local sacó una falta al borde de la medialuna que no rebasó la barrera, iniciamos el contrapolge, con Diego y Jorge y Alfredo, que perdió el balón. Y así, cuando todo estaba concluido prácticamente, los blancos ganaron con un gol de zurda que nuestro arquero Juan –que se estrenaba y había estado espléndido- no logró atajar.
El Marianistas, que había sufrido muchísimo, tanto como nosotros sin duda, se encontró ahí con el golpe del líder que se escapa en solitario para ser campeón.
Hasta ahí el partido fue intenso, vibrante, jugado de poder a poder, con mucho trabajo por ambas partes, y con un tiempo para cada equipo. El primero tiempo fue para nosotros: vencíamos por 1-2 en el descanso, tras los goles de Alex Velilla y de Pirri, que ya lleva 15 tantos en la liga; y luego, empataron de penalti, para mi gusto muy riguroso: Aitor llegó justo al balón y lo tocó, y en ese contacto también intervino el extremo derecho del rival que cayó el suelo. Juan nada pudo hacer. Y desde ese instante se cruzaron las alternativas: Eduardo Pirri tuvo tres remates nítidos, especialmente un cabezazo a saque de Mario Calvera, y ellos también tuvieron varias jugadas claras, más claras aún. Pero hay que decir que ellos estuvieron mejor en la segunda parte, especialmente con más fondo físico en los últimos minutos.
Formamos de partida así: Juan; Alex Velilla, Marcos, Alfredo, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Diego Cali, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; y Pirri. Luego intervinieron en el juego, Jorge (peruano), recién incorporado; Jaime y Alex. El arquero Stalin no llegó a debutar, y el interior Miguel Garcés, que había jugado un estupendo partido el pasado sábado con dos tantos, no compareció.
Marianistas es un equipo correoso, compacto, que no pierde el sitio ni se pone nervioso cuando va con el marcador en contra. Es un conjunto físicamente imponente, bien estructurado, y con buenas individualidades en todas las líneas. Destacan sus centrales, sus dos medios centros, que intentaron apagar a Diego Rodríguez y mitigar los culebreos de Jorge, y uno de sus delanteros, el siete, pero todo el conjunto es bueno. Son trabajadores, se asocian, pelean hasta el último instante y tienen conciencia de equipo: bregan, pasan, cambian el juego constantemente y son conscientes de su poderío físico.
Sin embargo, hoy se encontrarán con la horma de su zapato. El Garrapinillos jugó con seriedad y sin complejos: quiso el balón, buscó la portería contraria y no se desencajó en ningún instante. Y así, poco a poco, fue haciéndose con el partido: marcó el 0-1, volvió adelantase con 1-2, y finalmente, cuando había cedido un poco más al empuje del rival aunque sin naufragar, sucumbió, tras haber hecho una defensa numantina, con el tiempo vencido ampliamente, aunque el árbitro dijese lo contrario. Nos perjudicó en tres lances específicos, sin duda, pero pese a todo el arbitraje ha sido más o menos correcto.
El Marianistas puede ser un justo vencedor, como lo habríamos sido nosotros, como habría sido justo, más justo tal vez, el empate. Con el empate para nosotros aún habría Liga y posibilidad de alcanzar el liderato; ahora, a ocho puntos, parece que lo más sensato es pensar que tendremos que luchar sin descanso por la segunda plaza y por lograr los puntos que dan acceso al ascenso directo. Ahora, a falta de saber que ha ocurrido hoy, ya nos habrá igualado Pina de Ebro en la segunda plaza, en caso de que haya ganado. O de que ganase ayer, que no lo sé todavía.
El Garrapinillos regresó dolido. Desespera perder cuando ya sabes que todo ha concluido. El partido fue excepcional: de batalla, de pura épica de domingo calmo y luminoso, de una bella y trabada intensidad. Un padre del equipo rival dijo: “Así da gusto. El Garrapinillos es el primer equipo que le planta cara seriamente. Si no es así hasta resulta aburrido venir al campo”. Con todo, Marianistas había perdido aquí un partido en los últimos instantes.
*Escena que veo desde la ventana, mientas escribo la nota: Sale Diego Rodríguez, el ocho, de casa con la cabeza gacha, con una especie de melancolía, con una sensación de pérdida. Quiero pensar que le ha dolido profundamente perder así. Ha jugado bien, con menos brillo que otras veces, hasta desfondarse, pero hoy se ha enfrentado a los dos mejores medios centros, con él, creo, de su serie. Y ellos tienen más envergadura física. Entre los dos, lograron minar su resistencia, sus avances y sus cambios de ritmo. Hoy el partido, incluso a él, se le ha hecho largo.
[Foto de archivo del choque Garrapinillos-Juventud. Vaselina de Jorge]
LA VIDA EN UN CUENTO / 8 [EL ARQUERO STALIN]

Hace unos días, Miguel Ángel Gayoso, el único arquero del Garrapinillos juvenil, sufrió un golpe en un dedo durante un partido universitario. No le hizo demasiado caso, aunque notaba el dolor y notaba, sobre todo, cómo el meñique adquiría una deslavazada forma. Esta misma semana se intensificó el dolor y acudió al médico. Tenía el dedo rotor por varios sitios y debía guardar reposo, como mínimo, durante cinco o seis semana. Este domingo jugamos un partido importante, ante el líder. Compungido, Miguel Ángel Gayoso comunicó a su entrenador que no podría jugar y que se planteaba, muy seriamente, retirarse del fútbol. Estudia periodismo y querría ser reportero deportivo lo antes posible.
El entrenador habló con el presidente. Éste acudió a una bolsa de contactos de jóvenes de futbolistas y a algunos amigos. Ayer mismo le dijo a su entrenador que había conseguido un arquero juvenil, ecuatoriano, que llevaba algunos meses sin jugar pero que tenía experiencia y diecisiete años.
“Eso sí: te dejo que me digas cien o doscientos nombres y no aciertas el suyo”. El entrenador dijo algunos: Wenceslao, Ladislao, Leoncio, Rosalío… El presidente afirmó, desde el otro lado del hilo, sin temblarle la voz: “Se llama Stalin”.
Anoche, Stalin se puso bajo los palos del Garrapinillos en el entrenamiento. Había lloviznado suavemente y se quedó una noche cárdena y apacible. [La foto es de Gordon Banks].
EL ONCE TITULAR DE AYER DEL GARRAPINILLOS

Éste es el equipo del Garrapinillos juvenil que salió hoy al campo. Arriba, de izquierda a derecha: Alfredo, Alex Velilla, Pirri, Marcos, Gayoso. Abajo, Jorge, Aitor, Alex Fernández, Miguel y Diego. La foto es de Aloma y de David Barreiros.
EL GARRAPINILLOS JUVENIL VENCIÓ 10-1 AL MIRALBUENO

Nos dolió perder el pasado sábado con El Salvador B. No jugamos bien, pero además cuando teníamos el partido un poco en el bolsillo fallamos estrepitosamente, arriba y abajo. De alguna manera, hoy nos habíamos conjurado todos para ganar al Miralbueno, un equipo joven con juveniles del primer año prácticamente. Antes de salir (contábamos con la ausencia de Adrián Serna, tocado en una rodilla), hablamos de dedicarle la victoria a Modesto Calvera, padre de Mario Calvera, el capitán, que fue operado ayer.
Formamos de inicio con Gayoso; Alex Velilla, Marcos, Alfredo, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Miguel, Jorge y Alex Fernández; y Pirri. Jugaron luego Alex Navarro, Jaime, Diego Cali y Juan. Pronto se vio que éramos superiores: marcamos de inmediato por medio de Alex Fernández y Alfredo, a un saque de córner de Jorge, que se hinchó de servir centros letales desde el saque de esquina. En la primera parte ganábamos 7-0, y en la segunda apuramos hasta un definitivo 10-1. Dentro de un buen tono general, al que se sumó la escasa resistencia del Miralbueno, hay que destacar el gran primer tiempo de Miguel y de Alex Fernández, y los buenos movimientos de Eduardo Pirri. Al final los goleadores fueron: Alex Fernández, 2, Pirri, 2, Miguel, 2, Jorge Rodríguez, Diego Rodríguez, Alfredo y Alex Navarro. Se disfrutó de principio a final y el partido constituyó un buen entrenamiento para el partido del sábado ante los líderes destacados, Marianistas, que han tomado ventaja después del traspiés del pasado sábado. Hubo momentos de estupendas jugadas y también de fallos clamorosos. Esta semana volveremos a coger los entrenamientos con entusiasmo. Por cierto, Pirri ya lleva catorce goles.
*En la foto de David Barreiros /Aloma Rguez. Gascón, Miguel Garcés intenta remata a gol, y obtiene el tanto.
ADRIÁN SERNA: LANCE CON UN JUGADOR DEL SALVADOR

Adrián Serna no ha hecho el mejor partido de la campaña, pero rindió bien. Pugnó por su banda; especialmente en la segunda parte estuvo inspirado. La buena noticia para nosotros es que intenta serenarse, acoplarse al equipo y que se siente importante. Así lo vio, durante la primera parte, el fotógrafo José Antonio Melendo. Adrián Serna penetró por la banda izquierda, aunque de vez en cuando permuta su posición por Jorge. Le cuesta aguantar 60 minutos, y de eso también se resiente el Garrapinillos.
EL GARRAPINILLO PERDIÓ CON EL SALVADOR: 1-3

El Garrapinillos juvenil ha perdido hoy, tras acumular ocho victorias consecutivas (y una más, en el amistoso ante el Montecarlo de Carlos Arnal), ante el Salvador B. Se jugó en su amplio campo, de césped artificial, y el equipo local venció por 3-1, tras remontar el gol de Jorge Rodríguez, que remató una espléndida jugada de su hermano Diego. Dos fallos defensivos y un penalti, que pareció innecesario, fueron el premio acaso excesivo para el conjunto jesuita.
El partido tuvo cuatro fases: la primera parte del primer tiempo, el Salvador fue superior: dominó el centro del campo, jugó un fútbol aseado y con buenas transiciones, aunque no generó demasiado peligro. A partir del minuto 30, el Garrapinillos recuperó el pulso, llegó arriba con nitidez y Pirri malogró un gol cantado. En la segunda parte, hasta el minuto 20 o 25, Garrapinillos se adueñó del partido: generó el gol, generó varias jugadas de mérito, Diego volvió a hacer una impresionante jugada, dejó atrás a todos y en el duelo contra el portero, ganó éste: rechazó y abortó una espléndida jugada e impidió el 0-2. Poco más tarde, Pirri lanzó al larguero y marró, y Jorge realizó un desborde por la izquierda que mereció ser gol: el pase hacia Pirri se paseó a puerta vacía y acabó cerca del poste y fuera.
De golpe, un poco más allá del ecuador de la segunda mitad, se produjo la reacción del Salvador: se aliaron su buen juego y dos despistes defensivos del Garrapinillos, para ponerse por delante; más tarde, una falta de entendimiento entre Alfredo y Miguel Ángel Gayoso derivó en un penalti, que el delantero del Salvador lanzó con maestría.
No hubo mucho más. El Salvador tomó el pulso al choque, provocó más ocasiones, y el Garrapinillos dependía básicamente de las jugadas de Diego, de algún que otro avance de Jorge y de Pirri, que no tuvo ayer su mejor día.
El Garrapinillos jugó a ráfagas, con intensidad y desvalimineto, pero pecó de falta de efectividad en los momentos determinantes y adoleció de condición física. Esta semana no se entrenó y eso, al final, se pagó caro. El resultado pudo haber sido otro perfectamente, pero tampoco hay que restar mérito alguno al triunfo del Salvador. Estuvieron mucho mejor en el arreón final. El Garrapinillos formó así: Gayoso; Alex Velilla, Alfredo, Marcos, Aitor; Diego, Mario Calvera; Miguel, Jorge, Adrián Serna; y Pirri. Entraron en la segunda parte Jaime, Alex Navarro y Juan.
José Antonio Melendo acudió a hacernos fotos con su nueva cámara. Y entre los espectadores estaba el gran Jorge Melero, que bajó un instante a saludar. Poco después, un gol de Braulio (otra vez) le daría la victoria al Real Zaragoza y el liderato de la Segunda División.
*El gran José Antonio Melendo apareció por el campo con su cámara nueva, que adquirió en La Casa del Fotógrafo de Jacinto, padre de nuestro delantero Juan (de lo que me he enterado hoy), y captó así el momento en que Jorge marcaba nuestro único tanto.
NUEVA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS JUVENIL

El Garrapinillos juvenil jugaba ayer un partido importante ante uno de los equipos más serios de su categoría. El Juventud, que venció 3-4 al que dicen que es el gallito de la serie: el Marianistas. Es un conjunto clásico, con larga trayectoria en todas las categorías. El choque era a las doce de la mañana, en casa, en el campo de hierba natural de San Lorenzo. Hacía una espléndida mañana de sol que despedía así, con un bello fulgor de primavera, el otoño. Al principio, solo contábamos con doce jugadores. Nos extrañó la ausencia de Adrián Serna: le llamamos varias veces y no respondió al móvil. Debía seguir de parranda o inmerso en las pantanosas zonas del sueño o de alguna resaca.
En el vestuario todos teníamos clara una cosa: era un partido crucial para seguir arriba, iba a ser difícil, iba a ser intenso, apasionante, y lleno de tensión. Y así fue: ellos, de naranja, venían con un montón de jugadores y con un montón de padres, que animaron lo que pudieron. Nosotros, como casi siempre, con lo justo. Y además, nuestro arquero tenía averiado el dedo meñique. Lo probamos en el calentamiento, y pareció no resentirse. Gayoso es titular indiscutible, porque es el único que tenemos, porque está muy metido en la campaña y porque es único también. Su campaña es sobresaliente y tiene una clara influencia sobre sus compañeros.
Formamos así: Gayoso; Alex Velilla, Alfredo, Marcos, Aitor; Mario, Diego Rodríguez; Diego Cali, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; Eduardo Pirri. En el banquillo solo contábamos con Juan, y luego se sumó Adrián Serna. Ambos jugarían y colaborarían en la victoria.
El Juventud dio la impresión de que era un equipo sólido, bien asentado, peligroso, aunque fue sorprendido muy pronto por los nuestros: pared entre Jorge y Diego, éste cedió a Pirri, que remató con elegancia y precisión. El Garrapinillos mandó y dominó, generó alguna ocasión más, aunque en un leve encadenamiento de errores, se produjo el empate. Poco después, en un remate de pícaro que no da una por pérdida, Pirri adelantó al Garrapinillos de nuevo. Ya en la segunda parte, Jorge lanzó un córner, se generó un pequeño lío en el área rival, y Pirri marcaba el tercero de la mañana tensa y su gol número doce de la temporada. Algunos minutos después, en una falta cerca de la medialuna, un delantero del Juventud acortó distancias. Y entonces, ya con Serna en el campo y Alex Fernández (de nuevo una expulsión rigurosa y confusa, excesiva para la categoría), el Garrapinillos consolidó su juego y el triunfo con diez jugadores: Adrián Serna lanzó dos pases en profundidad de a Jorge, que éste solventó del mismo modo: con dos precisas y plásticas vaselinas. Las dos muy similares y realmente bonitas.
El Juventud acusó el golpe, y aún recortó distancias con un nuevo gol, pero ya no había tiempo para la reacción. El triunfo del Garrapinillos fue justo y brillante, porque el partido se jugó de poder a poder, con pasión, con concentración, sin descanso. Éste es el octavo triunfo consecutivo de los rojillos. El equipo estuvo muy bien en todas las líneas: excelente Gayoso, sobrios y asentados sus defensas quqe ayer volvieron a demostrar que el equipo está donde está porque la defensa está dando un gran rendimiento; Mario ejerció de bastión, Diego corrió sin cesar, robó constantes y generó ocasiones y abrió espacios con desborde y potencia; Pirri realizó un partido de una gran efectividad y entrega; Diego Cali probó una nueva demarcación con seriedad y pareció sentirse a gusto; Alex estuvo bien y Jorge realizó un partido muy completo, de continuo trabajo, de lanzamientos a sus puntas, y se mostró como un buen ejecutor en los metros finales.
Los chicos estaban realmente contentos al final. Y con razón. Salvo el partido de Pina, en la tercera jornada, no hay nada que reprocharles. Eso sí, creo que el de ayer ha sido su mejor partido.
*Así captó Aloma Rodríguez el momento en que Jorge, el 10 del Garrapinillos, marcaba el quinto gol con su segunda vaselina.
VILA-MATAS Y EL 'FÚTBOL HABLADO' DE GUARDIOLA
[Enrique Vila-Matas ha escrito hoy, en El País, un espléndido artículo sobre el partido del fútbol del sábado. Ha reparado en uno de los hombres más brillantes del choque: Pep Guardiola, que pronuncia frases para la historia: "El balón es quien ordena a los equipos". ]
EL FÚTBOL HABLADO
Por Enrique VILA-MATAS
Seguramente no se comentó nunca tanto un Barça-Madrid. La explosión mediática, los comentarios en torno al partido, fueron de una intensidad feroz desde el lunes mismo de la semana pasada. Para quien no le haya interesado nunca ese deporte, o simplemente no le atrajera el partido del siglo de este año -que prometía, como así fue, un Madrid cosiendo a patadas los tobillos de Messi- tiene que haber sido una tortura todo el fútbol hablado que se ha vivido en la calle y en los medios.
La primera vez que supe de la existencia del fútbol hablado fue allá por los tiempos de Helenio Herrera, días de 1958, cuando se dio por televisión un Madrid-Barça y por primera vez se habló del partido del siglo, sobre todo por ser la primera vez que se televisaba en el país un encuentro futbolístico. Por aquellos días, la gente en Barcelona iba a Canaletas -el famoso entorno que existió muchísimo antes de que Cruyff lo descubriera- para participar en las animadas y para mí algo extrañas tertulias que tenían lugar junto a la fuente. Ignoro si perduran todavía esas reuniones -intuyo que sí-, pero recuerdo que entonces eran reuniones excepcionales y que aquella semana de hace medio siglo, antes precisamente del primer partido del siglo, fue el delirio. Pero no el delirio descomunal y desorbitado de estos últimos días, sino una locura contenida, rara, de una serenidad violenta que nunca he podido olvidar. En Canaletas eran todo un espectáculo los extraordinarios egocéntricos, sabios parlantes siempre en busca de discrepar del último que hubiera hablado. De ahí creo que nació la peor pero también, al mismo tiempo, y en una dirección bien distinta, la mejor literatura de fútbol de todos los tiempos y de la que el periodista Martín Girard, entre otros, fue un pionero.
Del bombardeo mediático de la última semana, con tanto culé enloquecido ante la expectativa de la goleada estratosférica -en un bar llegué a oír hablar de un once a cero-, aprecié especialmente algunas opiniones breves y sensatas. La de Valdano, por ejemplo: "Espero que el Real Madrid acepte su debilidad y que salga con una actitud más conservadora. La dificultad del Barça radica en cumplir con todas las expectativas creadas". Certeras palabras, porque eso fue lo que sucedió el sábado bajo la lluvia, aunque en el tiqui taca de la retransmisión de la Sexta en la que participó Valdano parecían creer que a Messi se le podía lapidar y que la gran jugada del partido la había hecho el velocista Drenthe.
De todo el despliegue abrumador de la semana pasada me quedo con las palabras siempre medidas y comedidas de Guardiola, que si hace quince días se descolgó con una escueta frase que seguramente quedará -"El balón es quien ordena a los equipos"-, días antes del partido con el eterno rival se quejó precisamente de las expectativas creadas: "Muy bien, ya hemos ganado cinco a cero, ahora vamos a jugar el partido".
Suenan siempre nobles las palabras de Guardiola en medio de un entorno de tergiversaciones chulescas (Michel Salgado diciendo que en el Barça celebran ya la Liga), lenguaje cañí, culto al insulto, amenizado por las chorradas sempiternas de los presidentes. Aunque no fuera bueno en su oficio, nadie podría ya quitarle a Guardiola haber conseguido en poco tiempo haber mejorado el fútbol hablado. Pero es que, además, resulta que está dando señales de querer mejorar también al fútbol y de ser un entrenador extraordinario.
EL BARCELONA GANÓ SIN BRILLO: 2-0

Ganó el Barcelona con algo de suerte en los minutos finales. El Real Madrid realizó un espléndido partido defensivo y le faltó algo de mordiente al contragolpe. El conjunto blanco salió al campo con la idea inicial de atemorizar a Messi, y lo logró a base de faltas y caricias en los tobillos. El argentino apenas realizó su fútbol: en la primera parte estuvo muy bien marcado, y en la segunda él mismo se extravió entre la muralla blanca por el centro. Ahí el Barcelona volvió a verle las orejas al lobo: el choque tenía toda la pinta de inclinarse hacia el Madrid. Sergio Busquets le devolvió el buen trazado al conjunto culé y el Barcelona marcó cuando nadie se lo esperaba. Al menos así: de córner, de rebote y con la rodilla de Eto’o, que había fallado un penalti. Luego Messi dio otro ejemplo de clase al picarle el balón a Casillas, que ayer estuvo bien, magnífico, claro, pero también un poco desquiciado e insultador.
Luis Alegre mandó a medianoche un mensaje al ‘exégeta de Messi’ y una frase lapidaria. ‘Mucha suerte’. Eso sí, desde el otro lado, confirmó: “Yo pensaba ya que la victoria iba a ser para el Madrid”. Me ha prometido que hoy o mañana, entre risas, comentará el partido con Guardiola.
MESSI. EL FANTASISTA INAGOTABLE

Hemos comido, con un puñado de amigos, en Calamocha, en la casa de José Luis Campos y Mari Carmen. Ellos son unos estupendos anfitriones: preparan ternasco al horno, ensaladas, buenos vinos, champán y licores, magníficos postres, y se pasa una velada espléndida. José Luis Campos ha instaurado esta comida desde hace varios años: es una bella manera de conversar y de hacer risas. Su casa es un refugio de confidencias y de cariño. Una casa abierta a la amistad donde no se pretende arreglar el mundo, ni la crisis, ni nada semejante. Se come y se bebe, se charla y, sobre todo, se ríe al calor del Cariñena…
Hace unos días, en Casa Emilio, tras la presentación de Fotografías veladas, Luis Alegre –enamorado del Barcelona de Guardiola, como casi todo el mundo- me preguntó qué pensaba de Leo Messi. Como si hablara totalmente en serio, y no sé aún si lo hacía, le contesté: “Ése no es un jugador de fútbol”. Vaya desafío, qué metedura de pata, pensó él con bastante razón. Esta misma mañana llamó a Pep Guardiola para desearle suerte, y le dijo lo que yo había dicho. Pep le preguntó: “¿Lo decía en serio?”. Luis replicó: “Totalmente en serio”. Pep sentenció con bastante sensatez: “Dile que se dedique solo a escribir, que lo hace mejor”.
Pep Guardiola tenía razón, claro. Y Luis detesta a los cenizos. Lo recuerda casi siempre en sus estupendos artículos del ‘As’, aunque hay que decir que Luis Alegre es un hombre lisonjero que nunca ha escrito ni ha hablado mal de nadie. Si tiene que hablar mal del Zaragoza lo hace sin herir, sin rencor, con dolor; y volverá a hablar con una herida oculta tras la derrota en Vigo. Eso sí, su inclinación a la lisonja no le arrebata ni un fragmento de lucidez. Sé que es un gran lector y mil y una cosas más: está en el mundo dispuesto a ser seducido por él y a encontrar la fuerza del matiz, el turbión de la paradoja, el deslumbramiento del talento.
Leo Messi es un jugador grandioso. Un mago. Quizá el futbolista que más se acerque a Maradona. Es un prodigioso individualista que desarbola rivales y estrategias. No es Sabih, el artífice de la combinación y del juego colectivo: es un gambeteador inagotable, un fantasista imparable, un futbolista sin límite aún. Sé que el Barcelona es mejor, y que Messi es el mejor. Sin duda. Pero viniendo hacia casa, con Daniel, hemos incurrido en la estética ceniza de la que tanto abomina Luis: esta es una noche con trampa para el Barcelona. O podría serlo. A lo mejor no se produce la tan esperada goleada. Eso, sí, siempre anda por ahí Messi. Un jugador, por cierto, que hizo temblar un par de veces a Guardiola: una vez porque desoía su ruego de que se abriese a la banda, de que ensanchase el campo por las alas y de que fuese algo menos egoísta y pensase en el destello del bloque, en el acabado final del conjunto, y otra porque Messi había recuperado lo mejor de sí mismo y era imprescindible en la Liga española y en la Champions. Cuando el Barcelona acusa dependencia de Messi, y abotargamiento, aparece él y lo esclarece todo.
El jugador que más feliz me hizo sobre un campo de juego fue Diego Armando Maradona. Me hacía llorar de felicidad. Con Messi aún no siento ese afecto, sí el asombro, pero todo llegará…
GARRAPINILLOS 4 - OLIVAR 3. AHÍ SEGUIMOS

No pude estar ayer en el partido Garrapinillos-Olivar de juveniles. Estaba con algunos amigos –Teresa Garbí, Ramón Acín, Rosendo Tello, Emilio Garrido, Ángel Gracia, Vicente Ibáñez y otros…- en el bello pueblo de la serranía: Montanejos, que se hermanaba culturalmente con Rubielos de Mora. Ejerció de entrenador Manolo, el míster del pasado año y en éste segundo, delegado y mil cosas más como siempre. Este cántabro de larga barba y madrugador lleva el fútbol inyectado en vena.
La crónica del encuentro, según mi hijo Diego, podría aproximarse a esto. El Garrapinillos salió un tanto confiado porque el Olivar iba por abajo, en penúltima posición. Al poco tiempo, tras dos fallos defensivos, el rival se adelantó en dos ocasiones. Nubes negras, cuajadas de agua, se cernían sobre el campo de San Lorenzo y sobre el cementerio. En los últimos 20 minutos de la primera parte, el Garrapinillos se adueñó del partido y marcaron, no sé si por este orden, Serna, Diego Cali y Pirri. La segunda parte fue de dominio casi total del equipo local, pero hacia el minuto treinta o algo más, en uno de los escasos acercamientos a puerta, igualó el Olivar. Poco después, cuando moría el partido y se encendían los faros, Jorge sacó un córner que acarició, en medio de una gran confusión, Mario Calvera. Resultado final. Garrapinillos 4-Olivar 3.
Diego dice que se les apareció la Virgen, o alguno de sus mensajeros, y que habían fallado mucho, mucho. Con este resultado apurado, el Garrapinillos sigue mirando hacia arriba. Ahora ya suma 19 puntos. Y este es el quinto partido consecutivo que gana: Movera, Picasso, La Jota, Delicias y Olivar.
EL GARRAPINILLOS JUVENIL VENCIÓ AL SAN MATEO 4-2

El Garrapinillos juvenil jugó ayer en Ontinar de Salz, ante el San Mateo de Gállego, su segundo partido. Formó de salida con Gayoso; Alex Velilla, Alfredo, Marcos, Aitor; Mario Calvera, Diego; D. Uruguayo, Jorge, Adrián Serna; y Pirri. Estuvieron en el banquillo Jaime, Alex Fernández, Juan y Alex Navarro.
Desde el inicio prácticamente, comenzó dominando y generando ocasiones el Garrapinillos. Pronto marcaría en dos ocasiones Diego Uruguayo, en una vaselina y en un disparo con la izquierda; a punto de finalizar la primera parte, marcó el tercer tanto Pirri, que antes jugaba de lateral izquierdo y arriba demuestra que posee olfato, velocidad y una gran capacidad para combinar. Aprovechó un buen pase de Mario. En la segunda parte, Jorge le sirvió en bandeja un excelente pase que acabó en gol. Luego, el Garrapinillos siguió controlando el juego unos minutos, hasta que se embarulló el juego: Pirri se hizo con un balón, pugnó con uno, con dos, con tres contrarios, y tras varios empujones y faltas, perdió el control y soltó una mano a un rival. El árbitro, un joven dialogante, lo mandó a la caseta. El San Mateo redujo diferencias. Un poco más tarde, Marcos, en otro lance confuso, creyendo que era falta, cogió el balón con las manos en el área. Penalti y expulsión, y gol del San Mateo. El partido ganó en emoción, los últimos minutos fueron de ataques continuos, de constantes alternativas. No peligró el resultado, entre otras cosas porque tanto Jorge como Diego generaron ocasiones, y el equipo se concentró al máximo. Al final, con nervios y con esa tensión habitual provocada por la ardorosa sangre de los juveniles, el Garrapinillos venció 2-4, porque ejercía de visitante.
No fue un partido tan brillante como el del pasado sábado. El equipo dominó más, tuvo ocasiones y las materializó, pero faltó algo de brillantez y de combinación. Eso sí, mostró una característica perceptible: trabajó a destajo, quiso el balón, buscó el área rival e intentó acabar las jugadas. Se notó que estamos en fiestas y que algunos no habían dormido, como Alex Velilla o como el propio Diego, que trabajó a destajo pero no tuvo la claridad de otros días. Pirri será el gran goleador del equipo, y Diego Uruguayo volvió a ser determinante, como lo fue ante el Monzalbarba. Parece lento, parece despistado, parece descentrado en los apoyos y en la tarea defensiva, pero profundizó, se zafó en varias ocasiones de su marcador y marcó por partida doble. El primero tras un rechace del palo, a remate de Pirri; el segundo, fue un zurdazo inesperado desde fuera del área. Adrián Serna realizó un gran partido y estuvo a punto de marcar: el balón se le fue al poste y salió fuera. Jorge hizo otra gran jugada personal y se le escapó levemente una estupenda vaselina.
Debutaron dos nuevos jugadores: Juan, que jugó de interior derecha, en lugar de Diego Uruguayo, y Alex Navarro, que reemplazó a Mario, algo lesionado.
Ahora llega una semana de vacaciones. El equipo, en esta ocasión, jugó de rojo.
*A partir de ahora las crónicas y novedades del Garrapinillos juvenil tendrán su propio blog: garrajuvenil.blogia.com. Esta foto tan sugestiva es de uno de mis fotógrafos favoritos: Martin Munkacsi, del que se acaba de realizar una impresionante exposición en Berlín.
MARCHAMALO, ISIDRO FERRER Y PIPPI TETLEY

[Esta mañana, Isidro Ferrer, el mago de los objetos, el ciclista cotidiano de Huesca, inauguraba su exposición del Libro de las preguntas de Pablo Neruda en la sala de CajaMadrid. Es una muestra deslumbrante, poética, artesanal, de una rara e inagotable invención, próxima al mundo de Torres García, del surrealismo, de los ebanistas de antaño, de los orfebres de lo minúsculo. Isidro estuvo acompañado del escritor y periodista Jesús Marchamalo, autor de un hermoso texto de su catálogo, colgado aquí, y de libros cuidados y repletos de imaginación, de conocimiento y de continuas magias: ahí están Las bibliotecas perdidas, Palabras en el Bosque. Diálogo de Lobos y Preposiciones, y 39 escritores y medio, ilustrado por Damián Flores. Jesús va a iniciar un libro del mismo estilo sobre escritores internacionales: se llamará 44. Hablamos y hablamos de esto y aquello los tres, y de repente Jesús, que lo sabe casi todo, dijo que era un seguidor absoluto del blog de Pippi Tetley. Incluso se atrevió a conversar con ella a través del móvil. No es broma. He llegado a casa, he ido al blog de la escritora y diseñadora de joyas y he encontrado esta nota.]
Amistad
Mi amigo gallego me llamó por la tarde del 20 de agosto para decirme que el neozelandés Nick Willis había ganado una medalla de bronce en la final de 1500 de los Juegos Olímpicos. Le alegraba mucho hablarme de una victoria neozelandesa. Habíamos visto juntos la final femenina de 10000 metros juntos el sábado 16. Yo pensaba que la corredora neozelandesa Kimberley Smith iba en tercera posición, y todos la animamos.
El negro y el blanco son los colores deportivos de Nueva Zelanda. También se muestra el símbolo de un helecho plateado sobre el corazón. La corredora estadounidense Shalene Flanagan también iba vestida de blanco y negro, era rubia como Kimberley y yo confundí el símbolo de Nike con el helecho plateado. Me sentí triste cuando perdimos. Igual que el miércoles 13 cuando el equipo de chicos de hockey de Nueva Zelanda perdió contra España.
Mi amigo gallego también fue testigo de otro brote de decepción nacional el 20 de mayo de 2007. Ese día el equipo de Nueva Zelanda perdió una carrera contra los españoles en la Copa América. Dan y mi amigo llegaron a casa mientras veía la carrera en Internet. Casi no los saludé y volví a la carrera, que íbamos perdiendo. Estaba enfadada y no tenía ganas de hablar. Cuando perdimos me eché a llorar. El nuestro era un equipo ganador que había venido a España a recuperar la Copa América. No tenía sentido que perdiéramos contra el inexperto equipo español.
Así que a mi amigo gallego al que le encantan todos los deportes y tiene una memoria enciclopédica de nombres y partidos y resultados le alegraba mucho tener la oportunidad de felicitarme por la victoria de mi compatriota. Yo estaba encantada con la noticia, pero secretamente decepcionada porque la medalla no fuera de oro.
Friendship
My Gallician friend called me in the afternoon on the 20th of August to tell me that the New Zealander Nick Willis had won bronze in the Olympic 1500m final. He was very happy to tell me of a New Zealand victory. We had watched the women’s 10,000 meters together on Saturday the 16th. I thought NZ runner Kimberley Smith was in third place, so we were all cheering for her.
Back and white are the sporting colours of New Zealand. The symbol of the silver fern is displayed over the heart. The American runner Shalene Flanagan was also dressed in black and white, was blond like Kimberley and I mistook the Nike swoosh for the silver fern. I was upset when we lost. Just as I had been on Wednesday the 13th when the New Zealand men’s hockey team lost to Spain.
My Gallician friend also witnessed another bout of national disappointment on 20th of May 2007. The day that the New Zealand team lost a race to the Spanish in the Americas Cup. Dan and my friend arrived home while I was watching the race on the Internet. I barely greeted them and went back to the race, which we were loosing. I was angry and not in the mood to talk. When we lost I started crying. Ours was a winning team who had come to Spain to reclaim the Americas cup. We had no business loosing to the inexperienced Spanish team.
So my Gallician friend who loves all sports and has an encyclopedic memory of names and games and scores, was very happy to finally have an opportunity to congratulate me on my fellow countrymans achievement. I was delighted at the notice, but secretly disappointed it wasn’t gold.
*La corredora rubia que corre por la calle exterior es Kimberley Smith.
NADAL GANA EL PRÍNCIPE DE ASTURIAS DEL DEPORTE

Tres Masters Series, Roland Garros, Wimbledon y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, junto con una escalada que la llevado a lo más alto del tenis mundial esta temporada, la Fundación Príncipe de Asturias ha premiado a Rafael Nadal con el Príncipe de Asturias de los Deportes sobre el resto de candidatos, entre los que se encontraban Michael Phelps, Usain Bolt, Yelena Ysinbáyeva y la selección nacional de fútbol.
Nadal, que sucede de esta forma al piloto alemán de Fórmula Uno Michael Schumacher, ganador de la pasada edición, ha sido galardonado con 18 de los 24 votos después de que el jurado en su reunión de hoy descartara sucesivamente a los otros finalistas, la selección española de fútbol, la pertiguista rusa Yelena Isinbayeva y el atleta jamaicano Usain Bolt.
El galardón convierte a Nadal en la décima candidatura española en lograr el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, siguiendo los pasos de la selección española de baloncesto (2006), Fernando Alonso (2005), Manel Estiarte (2001), Arantxa Sánchez Vicario (1998), el equipo nacional de maratón (1997), Miguel Indurain (1992), Sito Pons (1990), Severiano Ballesteros (1989) y Juan Antonio Samaranch (1988).
"Rafael Nadal es deportista ejemplarizante. Tanto en la victoria como en las escasísimas ocasiones en que conoce la derrota, se manifiesta como gran deportista. Es particularmente impecable su reacción en los triunfos más importantes y el modo en que destaca la labor de sus oponentes. Recientemente ha creado, además, una Fundación que lleva su nombre, de carácter benéfico, destinada a la asistencia social a colectivos desfavorecidos y a la cooperación al desarrollo", recoge el acta del jurado.
Rafa Nadal sucede en el palmarés al piloto alemán y siete veces campeón del Mundo de Fórmula 1, Michael Schumacher. El premio está dotado con 50.000 euros, la escultura creada y donada expresamente por Joan Miró para estos galardones, un diploma y una insignia acreditativos. Además, el manacorí se convierte en el cuarto representante del mundo del tenis que logra este galardón, el primer hombre tras los conseguidos por las tenistas Martina Navratilova (1994), Arantxa Sánchez Vicario y Steffi Graf (1999).
De esta forma, Nadal se vestirá de gala el próximo mes de octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, para recibir el galardón de la mano de don Felipe de Borbón. La categoría de Deportes del Premio Príncipe de Asturias se entrega desde 1987 y ha distinguido la carrera de estrellas del mundo del deporte como Carl Lewis, Michael Schumacher, Lance Armstrong, la selección brasileña de Fútbol, o Sergei Bubka, entre otros.
El de los Deportes será el séptimo de los ocho galardones internacionales que convoca anualmente la Fundación Príncipe de Asturias, y que este año alcanzan su XXVIII edición. El jurado está presidido desde su primera edición por Juan Antonio Samaranch y estará integrado, además, por el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, por ex deportistas como Arantxa Sánchez-Vicario y Enrique Castro "Quini", y por responables de las secciones de deportes de medios de comunicación nacionles. El año pasado, el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes recayó en el piloto de Fórmula 1 Michael Schumacher, y en 2006, en la selección española de baloncesto.
*La crónica corresponde a la Agencia EFE. La foto corresponde a Vassil Donev y está tomada en el torneo de Wimbledon de ese año, donde Nadal venció a Roger Federer.
RENÉ HOUSEMAN: EL GOL DE UN BORRACHO. 1974

[Me acuerdo perfectamente de la selección argentina del Mundial de Munich: jugaban Carnevali, Wolf, Bargas, Perfumo, Pancho Sa, Roberto Telch, Cacho Heredia, Ratón Ayala, Brindisi, Yazalde (creo), Mario Alberto Kempes y, entre otros, un jovencísimo extremo con alma de mago del dribling, otro artista del gambeteo: René Houseman, el Loco Houseman. Argentina se fue pronto a casa, y cuatro años después ganaría el Mundial. Un Mundial un tanto apañado bajo la larga e indigesta y homicida sombra de Videla y sus generales. Hace un mes, Mario Ornat, el gran cronista del fútbol, de los viajes y de la música, gran cinéfilo, ponía en su blog esta cita del propio Houseman donde narraba el gol de un borracho. Houseman pertenecía a la estirpe de Garrincha, George Best, Johnstone o de Leo Messi, entre otros.]
"Una tarde me presenté en el estadio para jugar el partido directo desde un cumpleaños de la noche anterior, con por supuesto un estado de ebriedad total. Cuentan que me hicieron duchar como una decena de veces... y tomar varios de litros de café. Jugábamos de local contra River. Entre lo que más o menos recuerdo y lo que me contaron... Cero a cero el partido, cuarenta y un minutos del segundo tiempo: parece que fui a buscar una pelota, proveniente de un pase de Russo…avanzando en diagonal de derecha a izquierda eludí a uno (a Héctor Osvaldo López), la tiré larga entre los dos defensores centrales (uno era Perfumo y el otro Ártico) y cuando desde el arco me salió Fillol en el mano a mano, amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Luego dicen que quedé tirado en el piso riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui directo a dormir a mi casa. Comentan que la gente (ignorando inclusive mi situación de ese momento) me despidió con su tradicional: “Y chupe, chupe, chupe… / No deje de chupar… / El Loco es lo más grande / del fútbol nacional'… ¡Hice un gol borracho!".
René 'el Loco' Houseman, extremo derecha de Huracán y de Argentina, recuerda un partido de 1974.
NADAL: EL MEJOR DEPORTISTA ESPAÑOL. Por SANTANA

Me gustaría escribir un artículo sobre Rafa todos los días de la semana, todas las semanas del año, todos los años... Naturalmente, si lo hiciera, usted lector podría terminar dudando si estoy loco o no. Yo le puedo contestar ya mismo a esa cuestión: sí, estoy loco; estoy loco por Rafa. He vivido todos sus triunfos cerca o lejos, la mayoría de ellos muy cerca, pero le aseguro que ninguno me ha hecho vibrar como el de ayer (si exceptuamos Wimbledon, por razones obvias).
Y entre tanta vibración me arriesgo a asegurar que Rafa es ya para mí el mejor deportista español de todos los tiempos. Intento dejar a uno y otro lado el especial cariño que siento hacia él desde que era un chavalín y la admiración por su familia; y caigo en la cuenta de que mi adoración no disminuye para nada una realidad que para mí es incuestionable: el oro olímpico se produce sólo seis años después de que se convirtiera en el tenista del mundo más joven en ganar un partido en un torneo ATP.
Entre estos dos logros, las enormes toneladas de éxitos extraordinarios que para mí le catapultan ya mismo hacia otra medalla de oro (al mérito deportivo) y, por supuesto, al Príncipe de Asturias. ¿Hay otro deportista español que haya logrado tantas cosas en tan poco tiempo? ¿Hay otro que haya superado con tanta contundencia, regularidad y sencillez a los mejores de su época?
Ahora que ya es número uno del mundo deberíamos caer en una cuenta quizá injusta: la carrera descomunal de Rafa y la voracidad con que elimina rivales y récords apenas permite un momento para reflexionar sobre la brutalidad de lo que está haciendo.
La obtención de un oro en los Juegos debe ser, desde mi humilde opinión, el instante adecuado para echar un ratito la vista atrás: produce vértigo, pone los ojos como platos y los pelos de punta. Es complicadísimo lo que ha logrado, porque el suyo es un mundo muy difícil. Es muy grande lo que ha logrado porque en su universo hay tipos muy grandes. Y cada paso que suba en esa escalera dorada tendrá más valor.
La verdad es que me atrevo a decir, y yo le bromeo con eso, que en el fondo tiene algo de suerte, la suerte de que no haya un Rafa Nadal a la vista y que le apriete por detrás. Y es precisamente esto lo que imprime a Rafa una imagen que a mí me parece única en la historia del deporte español. Hecha esta pequeña reflexión tras lo que ha logrado, lo que puede venir es impresionante. Si lo consigue y alguien sigue dudando de que es el mejor deportista español de la historia entonces es que ya no sólo yo estaré loco.
Rafa se marcha hoy mismo hacia el US Open, y se marcha para intentar ganarlo. Ese invierno tendrá la Copa Masters y la final de la Copa Davis. ¿Se imaginan? Por supuesto que tengo en la mente a Severiano Ballesteros, a Miguel Indurain, a Ángel Nieto... A esos elegidos de mi país que durante una época asombraron al mundo. Con toda mi admiración y mi respeto hacia ellos, creo que Nadal ya ha excedido aquellos asombros, aquellas glorias.
Y también creo que pasarán muchos años hasta que el deporte español vuelva a mirar y a sentirse tan orgulloso como se siente hoy, y desde hace ya tiempo, de este genio humilde y maravilloso. Dice el espectacular Michael Phelps que su mejor recuerdo de estos Juegos no son sus ocho medallas, sino cuando Rafa le fue a visitar en la Villa Olímpica para felicitarle. Y es que ser el mejor deportista no sólo tiene que ver con los títulos o los oros, sino también con la forma de encajar en tu entorno. Y es que Rafa convierte en oro todo lo que toca. Por algo será.
[Nota mía: No las tenía todas conmigo antes de la final de ayer. Rafael Nadal había jugado seis veces contra Fernando González, y se habían repartido las victorias. Daba la sensación de que el chileno le había tomado la medida. Ante Djokovic, Nadal contó con algo de suerte en los últimos juegos: parecía que el serbio iba a ganar. No ganó. Y ayer, Nadal jugó un tenis arrollador: variado, intenso, con continuas aperturas, con numerosos golpes definitivos. Sinceramente, nunca me pareció Nadal tan bueno, con la raqueta en la mano. Con esa variada suerte de golpes, de todos los colores: un prodigioso passing, una búsqueda constante de las crucetas, el constante cambio de golpe, hasta pareció que sacaba mejor. La de ayer fue una victoria pletórica: Nadal, ante un González nada desdeñable, sobre todo en el segundo set (que se anotó el español por carisma, concentración, clase, una pizca de fortuna y una inmensa fe en sí mismo), realizó un partido magistral. No sé si es el mejor deportista español de todos los tiempos, pero sí tiene la facultad de incrementar su palmarés un día sí y otro también y de rozar el más difícil todavía. Es de la pasta especial y misteriosa de los grandísimos competidores.]
*Este artículo de Manuel Santana aparece hoy en el suplemento especial de las Olimpiadas de El mundo.
CRÓNICAS OLÍMPICAS. 2 / FEDERICA PELLEGRINI Y OTROS

Mientras en España celebrábamos la medalla número 100 hace un par de días, Italia ha conquistado más de 500. Y esta mañana, entre otros títulos, la nadadora Federica Pellegrini ha ganado la prueba de 200 metros libre y ha batido el récord del mundo, que estaba en su poder, y lo ha dejado en 1.54.82.
Por otra parte, otra de las heroínas de los juegos, la australiana Stephanie Rice, ha vuelto a imponerse en 200 metros estilos, y ya lleva dos medallas de oro.
Phelps, el tiburón norteamericano de Baltimore, el campeón que apenas duerme, sigue conquistando medallas: ya lleva cinco de oro. Ha batido el récord del mundo de 200 mariposa, 1.52.03, y se ha proclamado campeón de relevos 4 x 200 metros libres. Solo esta a dos triunfos para igualar a Mark Spitz, y ya se ha colgado 10 medallas de oro en su participación en las Olimpiadas.
Alberto Contador y Samuel Sánchez han realizado una buena contrarreloj, pero no han obtenido medallas. Contador, que midió mal sus esfuerzos, empezó maravillosamente bien y se desinfló en el tramo final, perdió el bronce por once segundos. Ganó el suizo Cancellara, que había sido bronce en la prueba de ruta.
CRÓNICAS OLÍMPICAS. STEPHANIE RICE: MUJER DE AGUA

La natación está resultando apasionante. El domingo por la mañana veíamos el carretón increíble de Michael Phelps batiendo por varios segundos el record del mundo de 4 x 100 estilos. El tiburón norteamericano no parece tener rival: se desliza en el agua con una increíble potencia, a pecho descubierto, como si no tuviera límite. En la piscina se pulverizan constantemente los récords del mundo: quizá sea el deporte donde más se baten, prueba a prueba. Y a veces, como sucedió con Estados Unidos y Francia en los relevos de 4 x 100, suceden milagros o finales más que apretados, inolvidables, emocionantes. Phelps se veía a punto de perder la primera batalla por el récord de ocho medallas que persigue, pero el compañero de la última posta, Jason Lezak, estuvo increíble. Francia había dominado claramente el tercer relevo y vencía con cierto desahogo en los últimos diez metros. Y entonces ocurrió lo inenarrable: una “pasada”, como decía una y otra vez comentarista.
La natación femenina no le va a la zaga a la masculina. Ya no está Inge de Bujin, pero sí están Stephanie Rice, Kirsty Conventry, la sempiterna Dara Torres (cinco olimpiadas y ya ha cosechado una medalla de plata en relevos 4 x 100 con Estados Unidos), Laure Manaudou o la gran Katie Hoff, que ha venido a Pekín a perder su vitola de invencible.
En 400 metros estilos, la australiana Stephanie Rice se ha convertido en campeona y ha bajado de los míticos 4.30. Se quedó en 4.29.45. Rice es un todo un espectáculo, una poderosa ondina de melena oscura y veinte años envidiables. Es un terremoto constante: copa las portadas de las revistas australianas –por su radical hermosura, por su operación de esófago, por su ruptura sentimental con el corredor Eamon Sullivan, por su complexión de modelo…- y luce constantemente su exuberante cuerpo. Lo más parecido en Europa a ella es Laure Manaudou. Kirsty Conventry ha obtenido la medalla de plata y ya es un modelo a seguir para sus compatriotas de Zimbabue a los que les ha dedicado su galardón. Realizó una prueba vertiginosa, bajó también de los 4.30. Por cierto, es tan buena que ha batido en semifinales el récord del mundo de 100 metros espaldas, donde ha vencido a Laure Manaudou, nada menos. Y Katie Hoff, a pesar de los elogios de Mireia Belmonte, no parece estar en su mejor momento: solo fue tercero en 400 metros estilos.
Quedan aún muchas carreras. Y la emoción se cuece y se recalienta en el agua.
LAS OLIMPIADAS / 7. LARISSA LATYNINA

Si hay una criatura realmente extraordinaria en la historia de las Olimpiadas, por encima de casi todo el mundo, esa es Larissa Latynina. La gimnasta ucraniana Larissa Latynina es la única mujer que ha conquistó nueve medallas de oro en unos Juegos Olímpicos. Y esa proeza la consumó en Tokio 1964, tras sus excelentes actuaciones en Melbourne-1956 y en Roma-1960. En las pruebas masculinas le igualan Paavo Nurmi, Mark Spitz y Carl Lewis. Solo los cuatro tienen, por ahora, nueve medallas de oro.
En los Juegos Olímpicos de Melbourne-1956 causó sensación tanto por su esplendida técnica como por su armonía, la elasticidad, la belleza y su gracia natural, que mezclaba la simpatía, el candor y una versatilidad increíble. A los 22 años, se adjudicó cuatro títulos olímpicos (all around, por equipos, caballo de salto y manos libres), así como una plata en barras asimétricas y un bronce.
Cuatro años después, en Roma 1960, mantuvo su capacidad competitiva y su elevada calidad al ganar tres pruebas (all around, por equipos y manos libres). Se en tanto quedó segunda en barra de equilibrio y barras asimétricas; y bronce en salto de potro.
En su última presencia en unos Juegos Olímpicos, Tokio 1964, ganó dos medallas de oro y dos de plata. El oro lo cosechó en competición por equipos y en ejercicios de manos libres. Sigue siendo la deportista que más medallas ha ganado en unos Juegos Olímpicos: nueve de oro, cinco de plata y cuatro de bronce.
Tras su retirada, Larissa Latynina fue durante algunos años la responsable del equipo de la URSS; luego, integró el Comité organizador de las pruebas de gimnasia artística de los Juegos de Moscú 1980.
LAS OLIMPIADAS / 5 bis. JENNIFER STUCZYNSKI, SU RIVAL

Jennifer Stuczynski, la pertiguista norteamericana de origen polaco, nacida en Freedonia (Nueva York) en 1982, que desafía con absoluta naturalidad a Isinbayeva. Ella también ha puesto el listón en 5.04. Por ahora, lo ha puesto en vano...
LAS OLIMPIADAS / 5 BIS. YELENA ISINBAYEVA Y EL RÉCORD

Yelena Isinbayeva sigue deslumbrando al mundo desde lo alto de la pértiga. Ayer, en Mónaco, tras un intenso concurso –empezó con 4.71 y tuvo dificultades en todos sus saltos-, batió por un céntimo su propio record del mundo: se elevó hasta 5.04, un centímetro más que la marca que obtuvo en Roma hace 18 días. Isinbayeva quiere parecerse a Bubka, quiere forjar una leyenda: ya ha batido 23 veces la mejor marca del mundo. Le ha salido una importante rival, hay que decirlo, y por ahora no es la bella Allison Stokke ni su enemiga Svetlana Feofanova, sino una norteamericana de Nueva York, nacida como ella en 1982, que ya ha superado los 4.92: hablo de Jennifer Stuczynski, de origen polaco. Quizá nunca nadie la ha amenazado tan en serio. A pesar de sus éxitos, de su ascenso centímetro a centímetro, euro a euro, Isinbayeva se siente presionada y quiere obtener su segunda medalla olímpica. Sabe que deberá esforzarse más que nunca. Jennifer Suczynski no se anda por las ramas: hace pocos días pidió que le pusieran el listón un centímetro superior al récord del mundo. Exactamente en 5.04. Isibanyeva dijo: “Demostró que estaba muy confiada y que no tenía miedo de mí. Es muy interesante. Soy muy orgullosa. Me gusta estar en la cima".
Stefka Kostadinova, en altura, y el propio Bubka han mordido el polvo en las Olimpiadas, a pesar de ser los grandes favoritos y de poseer, de largo, la mejor marca. Se avecina otro apasionante duelo.
LAS OLIMPIADAS / 6. STEFKA KOSTADINOVA

Una de las mejores saltadoras de altura de la historia, aunque no siempre la más regular, fue la búlgara Stefka Kostadinova (Plovdiv, Bulgaria, 25.03.1965), que se convirtió en la mejor del mundo ya en 1985, algo que ratificó en 1987: en Roma, un 30 de agosto, batió el récord del mundo, lo dejó en 2.09, y ganó la medalla de oro en los campeonatos del mundo. En Seúl fue plata con 2.06, igualada con la sorprendente norteamericana Louise Ritter, que saltó la misma altura pero con menos intentos, y el bronce fue para Tamara Bykova. En Barcelona fracasó estrepitosamente, ni siquiera logró medalla alguna. Venció la alemana Heike Henkel. Y a partir de ahí, pasó por una época llena de decepciones. Decidió casarse, fue madre de su hijo Nikolai, y en 1995 consiguió el oro en los campeonatos del mundo de Goteborg. Y en Atlanta-1996, por fin, logró el título que se le escapaba en una olimpiada.
Posteriormente, debido a distintas lesiones, decidió retirarse. Era una saltadora elegante y esbelta, de una altura inacabable, que poseía una técnica exquisita y una ejecución rebosante de belleza, tersura y armonía. El récord del mundo sigue en su poder, más de veinte años más tarde, y ahora la amenaza seriamente otra extraordinaria saltadora: Blanka Vasic, que ha tomado la senda de otra extraordinaria campeona como Kajsa Bergqvist (campeona del mundoen Helsinki 2005 y solo bronce en Sydney 2000, y dos veces campeona de Europa), que se ha despedido de la competición con una inequívoca maldición: fue la mejor durante varios años y sin embargo nunca pudo vencer en una Olimpiada.
En los últimos años, entre otras, las ganadoras del salto de altura en las Olimpiadas han sido Rosemarie Ackerman (1976, usaba el rodillo ventral), Ulrike Meyfarth (ganó en 1972 y en 1984), Sara Simeoni (1980), Heike Henkel (1992), Louise Ritter (1988) y Yelena Slesarenko (2004).
ALLISON STOKE / Y 2

Me escribe Ángel Valero, secretario de ayuntamiento y viejo/joven amigo desde hace más de una década, la siguiente nota, sobre la saltadora de pértiga Allison Stokke, nacida en 1989:
[Hola Antón. Seguramente todos estamos de acuerdo con tus comentarios, pero hay mucha gente que opina que la saltadora de pértiga más bella de la historia es Allison Stokke. Esta chica no ha hecho todavía nada destacable en la disciplina, pero tiene innumerables fans en la red. Busca en google y verás por qué. Un abrazo.]
ALLISON STOKE: BELLEZAS DEL DEPORTE SIN TÍTULO

NOTA DE “EL PAÍS” SOBRE LA PERTIGUISTA ALLISON STOKE
Un día después de que el diario The Washington Post revelase el pequeño calvario por el que pasa una estadounidense de 18 años, Allison Stokke, que se ha hecho famosa simplemente por su belleza, esa información parece haber multiplicado el efecto que Stokke intenta evitar: la fama. Y es que fueron decenas de medios de comunicación los que se hicieron eco de las palabras de la joven: "Puede que todo esto no sea ilegal, pero resulta humillante".
En apenas unas horas su nombre se convirtió en uno de los 10 términos más buscados en Google (a la hora de elaborar esta información ocupaba el sexto puesto), y pese a que allisonstokke.com, una de las páginas más visitadas sobre la joven, cuyos autores se autoproclamaban miembros del Club de Fans no-oficial de la saltadora de pértiga, ha dejado de prestar servicio ("perdón por haber contribuido a tu fama no buscada", decían hoy), lo cierto es que la Red se ha llenado de referencias a ella.
Fotos, videos de sus competiciones, y su nombre por todas partes. Ese es el rastro que ha dejado tras de sí en 24 horas un fenómeno que, si tenía cierta importancia residual en la blogosfera estadounidense, ha provocado que los admiradores (de la clase que sean) de Allison no dejen de aumentar. Y todo, gracias precisamente al diario que denunciaba la situación de desamparo por la que pasaba.
BIOGRAFÍA DE WIKIPEDIA
Allison Stokke es una atleta estadounidense de 18 años, que se convirtió en un fenómeno del Internet cuándo su imagen apareció en un blog, recibiendo entonces mucha atención debido a sus atributos físicos.
En mayo de 2007, Matt Ufford, un blogger del sitio Web WithLeather.com, puso un imagen de Stokke en su blog. Poco después, un video de Stokke fue puesto en YouTube.[3] Después, Stokke recibió miles de mensajes por correo electrónico y por MySpace de sus admiradores.
Stokke no tuvo una reacción positiva a su fama. Dijo: "Puede que todo esto no sea ilegal, pero resulta humillante".
Stokke vive con su familia en Newport Beach, California.
Su caso ha sido muy controvertido en los medios, llegando incluso a aparecer en publicaciones en España, Alemania, Australia y otros países. El 31 de mayo de 2007 Stokke hizo una entrevista con la canal de television CBS.
*Querido Ángel: Nunca había oído hablar de esta señorita. Bien se ve que no estoy en el mundo. Gracias por tu amable corrección. ¿No sabrás también cuál es su mejor marca en pértiga? Un abrazo.
LAS OLIMPIADAS / 5. YELENA ISINBAYEVA

Quizá sea un poco pronto traer a esta serie a Yelena Isinbayeva (3.06.1982), la gran campeona de salto de pértiga nacida en Volvogrado, Rusia. Desde 2004, no ha perdido una competición importante y es el equivalente, sin rivales y con idéntica ambición, a Serguei Bubka. Isinbayeva es una atleta prodigiosa: leve y fuerte a la vez, elástica y poderosa. Posee una técnica prodigiosa y un deseo de vencer constante: ha batido el récord del antiguo salto de garrocha una veintena de veces. Ha sido campeona de Europa, dos veces campeona del mundo, en 2005 y 2007, al aire libre, tres veces campeona del mundo bajo techo, y campeona olímpica en Atenas en 2004. Se pasa la vida mejorando sus propios récords, una vez que ha fulminado a casi todas sus rivales, entre ellas su compatriota y enemiga feroz Svetlana Feofanova, que fue campeona del mundo en 2003, subcampeona olímpica en Atenas y récord del mundo bajo techo con 4.80. Hace pocos días, en la Golden League de Roma, Isinbayeva voló más alto que nunca: rebasó los 5.03 con un salto limpio y bellísimo, tejido con gracia, elegancia y potencia.
Además, probablemente sea la saltadora de pértiga más bella de la historia. En las Olimpiadas de Pekín, salvo que se pase de lista, algo que también le ocurría a Serguei Bubka, es la favorita, la gran favorita, la favorita prácticamente invencible.
Copio aquí, de nuevo, un poema de Nacho Tajahuerce, que se titula “Saltador de pértiga”, que viene muy bien para Yelena Isinbayeva.
SALTADOR DE PÉRTIGA*
Nadie me pregunta qué es lo que pasa por
mi cabeza
desde que sujeto la pértiga
con las manos escuchando los ánimos del público
hasta que la apoyo en el cemento y
tomo impulso
para volar por los aires y
acercarme a Dios.
Nadie se lo pregunta,
tan solo esperan que supere
el listón.
*De Manual de oficios (Aqua, 2008) de Nacho Tajahuerce (Zaragoza, 1980). II Accésit del Premio de Poesía Delegación de Gobierno de Aragón.
PAQUILLO, SASTRE, NADAL, SARA EN LA PISCINA...

-Ha sido un domingo, en cuanto a deportes, casi tan brillante como otros recientes. El sábado vi algunas pruebas de los campeonatos nacionales de atletismo (siempre está ahí Ruth Beitia, que ganó altura con 1.98 y alejó a Marta Mencía a 1.86, aunque anda muy lejos de la maravillosa y rara Blanca Vlasic), pero las de hoy han sido mejores. Paquillo Fernández ha rebajado la plusmarca mundial de 10 kilómetros marcha, que poseía el campeón olímpico Ivano Brugnetti, casi en cinco segundos. La ha fijado en 37.53.09, ahí es nada, récord que lo coloca como gran favorito en la prueba en Pekín. Fue apasionante el 1.500, que ganó limpiamente Arturo Casado, bien situado por la cuerda, y con un poderoso final. Higuero nunca se sintió cómodo; casi sobre la línea fue rebasado por un rejuvenecido Reyes Estévez. En 110 metros vallas, Josephine Onya ganó con claridad a Gloria Alozie, con increíble superioridad incluso. Y en 5.000 metros, se lució con comodidad Jesús España por delante de Alberto García y de su propio hermano. Manuel Olmedo ganó con claridad en 800, igual que Margarita Fuentes-Pila, que batió limpiamente a Isabel Macías, tan feliz de ser segunda que alzó los brazos al cielo de alegría cuando rebasaba la línea de meta. El otro gran competidor fue Mario Pestano: lanzó 69.50 en un tiro bajo y largo, sorprendente para todos, que supone un nuevo récord de España. Otra de las bonitas noticias de los campeonatos ha sido el resultado de Eliseo Martín: ganó en 3.000 metros obstáculos y obtuvo la mínima para Pekín. Creo que acudirá a su tercera Olimpiada; en las dos anteriores fue finalista olímpico.
-Carlos Sastre triunfó en el Tour. Es un trabajador del ciclismo, un hombre de montaña, regular, que se desfonda, que pelea, que tiene sentido de la estrategia y un corazón de león. Es leal que con sus líderes y siempre está ahí, pugnando por lo más alto del podio. Este año demarró desde muy abajo en Alpe d’Huez e hizo una etapa prodigiosa: venció en la cima, tras las 21 curvas casi suicidas (que visité hace poco en coche con mi cuñado Paco Gascón) y volteó casi por completo la clasificación. El sábado enfrentó la contrarreloj con algunos datos en contra: Cadel Evans tenía muchas posibilidades de sacarle un par de minutos. Sin embargo, Sastre realizó una carrera espléndida y se presentaba ayer en París para ser coronado, el tercer español consecutivo en los últimos tres años, tras Pereiro y Contador. Sastre tuvo algunos gestos muy deportivos y emocionantes: reconoció la labor de su equipo y de sus técnicos y mecánicos, y recordó a esa figura imposible que era el Chaba Jiménez, un hombre que le enseñó mucho, que le dio mucho, porque además era su cuñado (Sastre está casado con su hermana Piedad Jiménez) y fue, intentó ser un gran escalador, un maestro un tanto alucinado e imprevisible del demarraje. En eso, curiosamente, se parecían: la etapa de Alpe d’Huez es el mejor homenaje a José María “Chaba” Jiménez.
-Rafael Nadal ganó su séptimo torneo del año en Toronto ante Nicholas Kiefer, un buen tenista que tiende a despistarse y a fallar en exceso. Apenas hubo partido, salvo en el quinto juego del segundo set. Se jugadon hasta seis o siete “deuce”, y al final venció, a favor de saque, Nadal. A partir de ahí puso la directa y ganó con comodidad. Fue un partido extraño y errático, de esos que no hacen demasiada afición. Si no estuviera el manacorí pasaría inadvertido. Nadal ganó casi sin despeinarse, sin demasiada concentración, y Kiefer decepcionó por completo. Aunque mucho más decepcionó, en esta ocasión, Roger Federer que había caído ante una promesa como Gilles Simon. Por cierto, acaso el mejor partido del torneo fuese el de Nadal ante Gasquet, un formidable jugador galo al que le falta algo más de constancia, resistencia y concentración, pero tiene golpes de auténtico genio.
-Hacia las diez y media, en plena oscuridad, mi hija Sara se tiró a la piscina. Me encanta verla ahí, como una sirena, en medio del agua transparente y azulenca, más bien fría. De vez en cuando los pinos tiemblan entre el pequeño oleaje y oigo su rumor igual que cuando era un niño allá en Galicia, cuando tenía miedo de los bosques y de su extraña y sibilante música.
*Esta foto corresponde a Sally Gall.
LAS OLIMPIADAS / 4. NADIA COMANECI

Quizá la mejor gimnasta de todos los tiempos sea Nadia Comaneci (Onesti, Rumanía, 12-11.1961). Sus padres se inspiraron en una película rusa, Nadezhda, que significa Esperanza, para su nombre. Entrenada por Bela Karolyi y su esposa Marta, deslumbró desde muy niña y mostró siempre un carácter muy especial. Su gran momento, ya conocida en Europa, coincidió con la Olimpiada de Montreal: allí conquistó cinco medallas, tres de oro –la absoluta, en barra de equilibrios y en paralelas asimétricas-, una de plata por equipos y una de bronce en suelo. Todo el mundo la recuerda porque parecía un ángel o una diosa saltimbanqui: menuda y hermosa, con una elasticidad increíble, pura elegancia, belleza y armonía. Parecía volarse, doblarse, saltar sin estridencia, con un vértigo exacto y deslumbrante. Logró siete veces la máxima nota y quizá jamás fue tan hermosa y apasionante la competición de gimnasia. Cuatro años después, en Moscú-1980, Nadia Comaneci, con 18 años ya, arrastraba distintas lesiones y enfermedades. Pese a todo, cedió apuradamente el título individual a Yelena Davidova por poco, y ganó el oro en barra de equilibrio y en suelo. Y aún obtuvo una cuarta medalla, de plata de nuevo, con Rumanía en la competición por equipos. Un año después, en los Campeonatos Mundiales Universitarios, que se celebraron en Bucarest, logró cinco medallas de oro; los especialistas consideraron excesivos tantos triunfos porque se acusó a los jueces de parcialidad. Posteriormente, tras ejercer de entrenadora del equipo de su gimnasia de su país, se fugó a Estados Unidos. Desde 1994 al menos vive con Bart Connert, gimnasta norteamericano, con quien se casó en 2006. A los 45 años fue madre de su primer hijo y es autora de un libro que mezcla la autobiografía con una serie de consejos y confidencias: Cartas a una joven gimnasta. Por ejemplo, es ahí donde revela que en las Olimpiadas de Moscú-1980, Yelena Davidova fue mejor que ella.
Ahora, sigue promocionando la gimnasia, publica distintos libros y artículos, y se realiza numerosos gestos de solidaridad.
LAS OLIMPIADAS / 3. PAAVO NURMI

Uno de los atletas más grandes de todos los tiempos fue Paavo Nurmi (Turku, 1897-Helsinki, 1973). Siempre deseó ser corredor. Tras la muerte de su padre, cuando él contaba trece años, inició su sueño, aunque hubo de trabajar muy duro para ayudar a su madre y a sus hermanos. Pronto destacó en la pruebas de medio fondo y fondo, y con 17 años ganaba a corredores mayores que él. Su ídolo, casi desde sus comienzos, fue Hannes Kolehmainen, que ganó tres medallas de oro en Estocolmo en 1912 y una, en maratón, en las Olimpiadas de Amberes. Ahí, precisamente, empezó a destacar Paavo Nurmi: ganó la medalla de oro de 10.000 metros, y otras dos más por equipos, y fue plata en 5.000. En las Olimpiadas de París sucedió un auténtico milagro: ganó cinco medallas de oro, en 1.500, 3.000 por equipos, 5.000, y 5.000 cross county, individual y por equipos. Su capacidad era prodigiosa: por ejemplo corrió las carreras de 1.500 y 3.000 con un intervalo de 29 minutos. En 1928, ganó la medalla de oro en 10.000, y las de plata en 3.000 vallas y 5.000 lisos. Su sueño era presentarse en 1932, con 35 años, a correr la maratón, pero el Comité Olímpico consideró que había cobrado en algunas carreras y ya no pudo volver a competir. Con nueve medallas de oro y tres de platas es uno de los corredores más laureados de todos tiempos y uno de los mediofondistas realmente legendarios.
LAS OLIMPIADAS / 2. WILMA RUDOLPH II

Wilma Rudolph fue un dechado de simpatía, de solidaridad y de compromiso.
Dentro y fuera de las pistas. En su carril fue un prodigio de agilidad y tersura.
Hace algún tiempo vi un documental sobre ella y rebosaba humanidad.
LAS OLIMPIADAS / 2. WILMA RUDOLPH

Wilma Rudolph nació en 1940 y murió en 1994. Era la hija número 20 de una familia con 22 vástagos. De pequeña sufrió poliomielitis y estuvo coja de una pierna. Posteriormente practicó baloncesto y se inclinó hacia el atletismo. Participó en las Olimpiadas de 1956 en Melbourne, donde logró una medalla de bronce en relevos. En 1958 fue madre, y dos años después se convertiría en “la gacela negra” de la Olimpiada de Roma. Venció en 100 y 200 metros libros, y en el relevo de 4x100. Nadie había corrido hasta entonces con esa sensación de ligereza y de gracilidad, con tanta elegancia. Daba la sensación de que ni pisaba el suelo: era como si la arrastrase el aire. Alta y hermosa, avanzaba con sus larguísimas piernas con una sonrisa en la boca. Su final era explosivo y de una incomparable belleza. Poseyó el récord del mundo de 100, y lo fijó 11.20, y también fijó el de 200 en 22.90. Se retiró a los 22 años, e hizo un poco de todo: se dedicó a sus labores domésticas, ejerció de entrenadora y fue una luchadora por la igualdad entre razas y por la igualdad de la mujer. Murió en 1994 a consecuencia de un tumor cerebral.
OLIMPIADAS / 1. FANNY BLANKERS-KOEN, III

Una de las fotos más conocidas de Fanny Blankers-Koen, en pleno esfuerzo: fuerza, convicción y un decidido deseo de vencer.
OLIMPIADAS / 1. FANNY BLANKERS-KOEN, II

Otra instantánea de Fanny Blankers-Koen, que logró todo tiempo de medallas en distintos campeonatos. Me ha gustado esta imagen: acaba de correr y vencer bajo la lluvia en Londres.
OLIMPIADAS / 1. FANNY BLANKERS-KOEN

Fanny Blankers-Koen (26.04.1918-25.01.2004) debutó en las Olimpiadas de Berlín con 18 años, y solo obtuvo un discreto quinto puesto. Doce años después, en Londres-1948, tras el parón de la II Guerra Mundial, madre de dos hijos ya y con 30 años, cosechó cuatro medallas de oro: en 100, en 200 metros lisos, en 80 metros vallas y en el relevo de 4x 400. Desde entonces fue conocida como “La holandesa voladora”. Llevaba el dorsal 692, camiseta clara y pantalón naranja, y ganó sus pruebas con comodidad. En 100 venció con un supremo esfuerzo, por centésimas; en 200, dio una lección increíble, y le sacó más de seis metros a la segunda clasificada. También habría participado en salto de altura y de longitud, pero entonces solo podía participarse en tres pruebas individuales. Era una corredora portentosa y versátil, de larga zancada, más enérgica que elegante, muy concentrada y con un admirable afán de victoria. Conquistó otros muchos títulos y fijó hasta 20 récords del mundo. Poco antes de morir, fue proclamada “la mejor atleta de todos los tiempos”.
*Fanny vence en los 100 metros lisos. Llega a la derecha de la imagen, con la boca muy abierta.
TENIS, ORENSANZ Y LAS OLIMPIADAS

Ayer, muchos años después de un inolvidable peloteo y partido en el Parador Nacional de Teruel, volví a jugar al tenis con el médico Pedro Abad, que además es primo del bibliófilo y escritor José Luis Melero. Nos conocimos en Cascante del Río, luego coincidimos en Híjar y finalmente hemos seguido viéndonos, ya un poco menos, en Zaragoza. Y un día quedamos a jugar en Teruel: Pedro es un tenista, que juega varios días a la semana. Jugamos bajo un sol insoportable y terrible de seis y cuarto a siete, tras la gesta de Carlos Sastre en Alpe d’Huez. Peloteamos largo y tendido, por el puro placer de golpear la bola. A pesar del calor y del cansancio inevitable, me lo pasé de cine. Me encanta jugar al tenis. No podría ganarle a Pedro, en modo alguno, pero aún conservo un poco el viejo toque. Hace años, con Miguel Presa, jugaba dos o tres días por semana junto al río Huerva, y aquellos días de tenis y tertulia, forman parte del puñado de buenos recuerdos que uno tiene. Como aquel partido en Teruel, como el entrenamiento de ayer en Stadium Casablanca.
Anoche, hacia las dos de la mañana, me llamaron de la Fundación Ángel Orensanz de Nueva York para que hablase de su obra, de su personalidad y de su lugar en la escultura en Aragón y en el mundo. Hablé durante unos doce minutos porque a esa hora –con la presencia de Jesús Pedro Lorente, que acaba de publicar un libro sobre él, y de Eduardo Capapé, entre otros muchos- se le rendía un homenaje en su fundación. Dije, entre otras muchas cosas, que Ángel Orensanz encarna el artista espectáculo: es un torrente de ideas, de conceptos, alguien que encarna el poder y el desorden de la imaginación. Y recordé sus cuadernos de trabajo, donde hay dibujos de animales, de seres humanos de ojos asombrados, aforismos, números de teléfono, bocetos de esculturas monumentales; en los últimos tiempos, con absoluto entusiasmo, Orensanz hace dibujos expresivos y expresionistas que hablar del tormento del hombre.
Y a esa hora, antes de acostarme, se me ocurrió encender la televisión. En La 2 acababa de empezar un programa monográfico sobre la historia de los Juegos Olímpicos. Soy un enamorado absoluto de las Olimpiadas desde hace años. Las sigo desde Munich. Anoche, contaban cómo surgió el movimiento olímpico, cómo lo concibió Coubertain, cómo se desarrollaron los distintos juegos, y se hacía especial incidencia en los Juegos de Berlín de 1936, donde triunfó Jesse Owens. También se hizo un inventario más o menos rápido de campeones y de instantes inolvidable, se analizó el tema del boicot en Moscú y Los Ángeles, y se abordó la incorporación de la mujer a los juegos, algo que no quería Coubertain. Finalmente, uno de los capítulos más impresionantes fue la relación entre el cine y la televisión y los juegos; ahí se abordó la importancia de la figura de Leni Riefensthal, que rodó mejor que nadie unos juegos olímpicos, con todo tipo de efectos y de cámaras, con los procedimientos más profesionales e ingeniosos. El programa recordó que la realizadora hizo apología del nazismo y ella dijo que con sus cámaras habían trabajado hasta seis meses antes para realizar Olympia. El programa se detuvo en el modo en que los cámaras captaron la tensión de los músculos y las fibras de Owens: era un ejercicio preciso y naturalista de captación del esfuerzo y el afán de victoria. Y, por cierto, se contó la camaradería entre Jesse Owens y su amigo, el saltador alemán Lutz Lang, que le aconsejó como batir para no quedar eliminado en las pruebas de calificación. Lang fue castigado luego por Hitler y murió en combate creo que en 1943.
Me quedé con muchas figuras, pero una de las que más me impresionó fue la velocista Fanny Blankers-Koen, que obtuvo cuatro medallas de oro en Londres en 1948. Con ellas inició una pequeña historia de los campeones olímpicos.
*Jesse Owens, que conquistó cuatro medallas de oro en Berlín 1936, acaba de vencer en una de sus pruebas y es captado minuciosamente por el equipo de Leni Riefenstahl, que está tendida en el suelo con una cinta en el pelo. Desde luego, nazi o no, no se le ve contrariada ni ofendida, sino hondamente interesada en las reacciones del campeón negro.












