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MERCEDES ABAD Y SUS CUENTOS DE PLAGIOS

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Hace años, cuando la narrativa erótica estaba en auge, me impresionó la lectura de ‘Ligeros libertinajes sabáticos’ (Tusquets. La Sonrisa Vertical) por su frescura, su descaro, su imaginación y el ingenio en algunos lances como aquel del sombrero y los higos. Mercedes Abad (Barcelona, 1961), su autora, publica un nuevo libro de relatos en Alfaguara, título que se suma a otros como ‘Felicidades conyugales’, ‘Soplando el viento’ o ‘Amigos y fantasmas’, de factura excelente, con piezas magistrales, llenas de ironía, de perversidad y de conocimiento del mundo.

 

El libro gira sobre el plagio y sus variaciones y también sobre la inoportunidad de algunos acontecimientos.

 

Esto no es plagio exactamente, pero copio aquí el texto más corto del volumen de Mercedes Abad, a quien no tengo el gusto de conocer.

 

APROPIACIÓN INDEBIDA NÚMERO 10

 

Entre todos los animales de la creación, el cerdo quizá sea el que más nombres tiene: tocino, guarro, gorrino, cochino, puerco, marrano, chancho, lechón, y muchos que me dejo. Pues bien, del robo de Buenas noticias sólo puedo decir que ha sido una grandísima cochinada y que no tengo perdón. El resto, los abyectos detalles, por una vez no podrán ser saboreados con morbosa fruición por el curioso lector que, por cierto, al aventurarse hasta aquí, se ha hecho cómplice de todos mis delitos. Puerco lector, marranísima lectora, autora gorrina, cochino editor, somos todos un hatajo de cerdos. 

(El retrato es de Errol Flynn.)

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