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ANTONIO IBÁÑEZ EVOCA A FÉLIX

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Recibo este correo de Ángel Petisme, a propósito de un artículo de Antonio Ibáñez sobre Félix Romeo Pescador, el amigo inolvidable. [Querido Antón, hay un artículo precioso de Antonio Ibañez sobre Félix, que escribió cuando estaba de vacaciones en Argentina y le sorprendió la noticia, que no has colgado en tu blog:

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/felix-romeo_706354.html

Es de recibo, hermano, porque quería a Félix como todos nosotros y Felix nos quería a todos mucho. Un besazo. Ángel.]

  

 FÉLIX ROMEO

 

Antonio IBÁÑEZ 09/10/2011

Se comió la vida a bocados y se nos ha ido inesperadamente, dejándonos noqueados. Sin saber qué hacer ni qué decir, sin volver a entender por qué la muerte nos sacude de forma tan cruel y nos arranca despiadadamente a un amigo. Félix Romeo se ha ido y la Zaragoza que tanto quiso y disfrutó se ha quedado muy vacía. Fue un precoz escritor interesado por las personas, que nos regaló a muchos parte de las cosas que hacen más preciada la vida: el sentido de la conversación, de la amistad, de la literatura, de las noches de juerga, del amor, de un partido del Real Zaragoza, de la generosidad, del afecto... del intentar, en definitiva, que la gente fuera feliz.

Creyente del individuo, de la libertad y de la pasión, la misma que puso en todo lo que hizo, Félix Romeo es ya una parte imprescindible de la historia de la cultura y un recuerdo imborrable para quienes le quisimos. Félix fue un hombre curioso que lo sabía casi todo. Que escribió pocas novelas pero imprescindibles, que fue un notable traductor, que hizo extraordinaria y abundante crítica, que modernizó los espacios culturales de la televisión y que tuvo buenas ideas para agitar la coctelera cultural de Zaragoza sin encontrar demasiado eco entre los políticos, más preocupados por otras cosas. Fue maestro de una extraordinaria generación de escritores, aragoneses y de fuera, y uno de los hombres de la cultura más querido por su arrolladora vitalidad y su desprendido afecto. Con una vida tan corta, pero tan intensa, fue el más brillante de una generación joven que rejuveneció además a otra anterior.

Hizo de puente entre ambas y fue la pieza integradora, sin exclusiones y dispuesto siempre a ampliar los círculos. De curiosidad sin límites, no olvidaba nunca un nombre, y era capaz de someter a intensos interrogatorios a su interlocutor movido por su ansia por saber. Un hombre grande en todos los aspectos que bajo sus atuendos negruzcos escondía a un excéntrico inconformista, a un niño pequeño y a veces ingenuo, siempre desbordante, a un auténtico líder.

A Félix le admiramos y quisimos mucha gente. Y brillantes autores. Algunos tan jóvenes como Daniel Gascón; otros tan míticos y más mayores que él como Javier Tomeo y, sobre todo, José Antonio Labordeta. Las dos últimas décadas han sido las más prolíficas e intensas de la literatura escrita por aragoneses, y se debe al ímpetu de Félix, que fue capaz de aglutinar en torno a él a un buen número de autores a los que con su arrolladora pasión empujaba a escribir.

Ahora que muchos lloramos su ausencia, incluso a miles de kilómetros, separados por el océano y en misteriosas ciudades que él tanto amó, poco importan sus virtudes intelectuales, su imborrable legado o que fuera uno de los hombres más inteligentes que ha dado esta tierra.

Poco importa ahora todo eso, cuando maldecimos su muerte y todavía somos incapaces siquiera de escribir algunas líneas con sentido. Si Félix no hubiera existido, muchos habríamos tomado caminos distintos a los que elegimos. Si nunca le hubiéramos conocido, nuestras vidas serían ahora un poco menos ricas. Por eso ahora, y a pesar de que no volveremos a contar con su llamada, su correo o su presencia en la librería, la taberna o la calle, y su ausencia será atosigante, sirvan estas líneas para expresarle el cariño y gratitud como él siempre quiso que se hiciera: escribiendo y disfrutando con rabia de cada instante de nuestras vidas.

 

*Antonio Ibáñez es periodista de 'El Periódico de Aragón', gran amigo de Félix y biógrafo de Miguel Labordeta. Esta foto me la envió Lina Vila: es de un reciente viaje de Félix a Venecia con Lina, con Vicky Méndiz y Víctor Forniés.

 

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