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Antón Castro

RAÚL LAHOZ, HOY EN PORTADORES

RAÚL LAHOZ, HOY EN PORTADORES

“Me enseñaron que no hay nada más

bonito que hacer de tu pasión tu oficio”

  

Raúl Lahoz, por Aurelio Villuendas.

 

“Con el periodismo me sucedió como

cuando conoces a la chica de tu vida”

 

El redactor de Deportes Raúl Lahoz firma en Independencia, en Antígona, su primer libro, ‘Tinta en vena’, centrado en sus columnas, reportajes, crónicas y entrevistas en la contra de HERALDO

 

Tinta en vena. Raúl Lahoz. Edición de autor. Portada: Greg Pappas. Ilustraciones de Julia Serrano. Prólogo de Pablo Ferrer. Gráficas Vela. Zaragoza, 2012. 120 páginas. [Contenido. El libro está dividido en tres apartados: 1. Artículos de Opinión. 2. Reportajes y crónicas. 3. Entrevistas.]

 

 

 

-¿Por qué te hiciste periodista, qué te atraía de este oficio?

Dicen los que me conocen que siempre mostré inquietudes, deseos de observar y la necesidad de transmitir lo observado. Por ahí va el periodismo, ¿no? Ahora mismo me pilla paseando por el puerto de Flensburgo en Alemania, preparando la información sobre la semifinal de la Recopa de Europa con el Caja3 Aragon. Me introduje en el periodismo a través del deporte, que me apasiona. Iba a ver jugar al fútbol al equipo de mi hermano, el Montecarlo. Me telefoneaban desde los periódicos para dar los datos de las crónicas de los partidos. Decían que no lo hacía mal. Un día me llamó José María Ara y me comentó la idea de incorporarme al Heraldo. Me pilló en el Tourmalet. Eran los tiempos de Induráin. A los pocos días, ya en Zaragoza, fui a la redacción. Recuerdo que me presentó a Alejandro Lucea. Yo era un chavalito. Tenía aún flequillo y todo (sonríe). Nada más entrar en Heraldo, sentí la misma sensación que cuando conoces a la chica de tu vida. Como los sueños, como el amor, todo fue inopinado.

 

-Entre sus débitos habla con mucho cariño de dos nombres: Antonio Belío y Alfonso Zapater. ¿Qué les debes, qué te enseñaron?

Me gusta corresponder. Es una acción de reciprocidad. Fueron dos personas que siempre mostraron un extraordinario afecto hacia mí en el tiempo que compartí con ellos en Heraldo. Los dos nos han dejado. Los dos me enseñaron que no hay nada más bonito que hacer de tu pasión tu profesión.

 

-¿Cómo y cuándo decides ser un personaje de tus propios textos? Siempre apareces como un personaje lateral, como un observador, como un decisivo actor de reparto...

Es cierto que me gusta mutar en la perspectiva del narrador. Juego con el narrador omnisciente, el narrador observador, el protagonista, el secundario. Siempre desde el deseo de fijar la atención del lector, que a mi juicio es algo esencial. Además de escribir, es importante que te lean. De lo contrario, vale poco lo escrito.

 

-Pablo Ferrer dice que has encontrado un estilo. ¿Cómo definirías tu estilo, qué buscas en la escritura?

Pablo Ferrer es un pedazo de periodista, pero me quiere demasiado para hablar con objetividad sobre mi persona y los textos que aporreo en los teclados de los ordenadores. En cuanto a por qué escribo, la cuestión aglutina un carácter tan simple y a la vez trascendente como preguntar por qué respiro, por qué veo, por qué como, por qué meo, por qué amo… Porque, al menos en mi caso, representa una actividad vital.

-Vayamos directamente con ‘Tinta en Vena’ ¿Qué es eso, cómo nació ese proyecto? ¿Para quién está pensado?

Hace aproximadamente dos años, un señor me preguntó en el bar Gregorys de la calle Costa si la firma R. Lahoz correspondía con el ser humano que tenía ante sí. Y me dijo luego que seguía las entrevistas y crónicas de tal R. Lahoz y que debería hacer un libro para reunir las más interesantes. La idea gravitaba sobre mi cabeza hasta que en la pasada Noche Vieja decidí llevarla a cabo. Fue una noche especial que pasé en un hospital, una noche muy recomendable para quien quiera discernir lo esencial de lo accesorio de la vida. Esa noche fui a ver a mi tía Pilarín al hospital Miguel Servet. Acababan de diagnosticarle un cáncer de colon, temí lo peor y pensé que tenía que leer mi libro antes de que la dolencia fuera a más. Afortunadamente, todo fue bien. Le arrancaron 37 centímetros de intestino, pero ya se encuentra mucho mejor. El alto cuerpo de letra en que están escritos los textos está pensado para que no se canse su vista cuando lo lea, igual que mi tía Inmaculada. Ellas me educaron cuando quedé huérfano a los seis años. A ellas y a mi madre, Carmen, va dedicado el libro. Lo he hecho con celeridad, pues ante todo quería que estuviera para el Día del Libro y lo pudiera leer mi tía. Tanta prisa me he dado, que hasta voy a firmarlo antes de presentarlo, acto que realizaremos en unos días. Desde estas líneas pido perdón a los bastantes familiares y amigos que no les he dicho nada del libro. Ya nos veremos todos en la fiesta de la presentación.

 

-En la primera parte, de columnas, muestras una vena mordaz y satírica: eres demoledor con Javier Bardem, con Pilar Miró, con Zapatero o con Víctor Manuel. ¿Qué te han hecho, qué te indigna?

No hablaré de Pilar Miró, pues se trata de una persona fallecida. En cuanto al resto, no todos, pero sí un elevado porcentaje de las personas que ha citado usted con anterioridad representan un reflejo fiel de la España que padecemos.

-A la vez resultas muy sentimental. Pareces conmovido con los trabajos y los días de Javier Planas...

Javier es un fenómeno. Está volcado con ASPANOA. Se deja la vida por ayudar a las familias que padecen cáncer infantil. Reconozco que me muestro especialmente sensible con esta enfermedad, pero creo a su vez que soy justo con una persona admirable como Javier Planas.

-¿Cuál es la clave de un reportaje deportivo? Por ejemplo el de Cani...

 

Alejandro Lucea me dijo el tercer día que pisé Heraldo que era fundamental que entendiera mis crónicas el portero de su casa. Además de redactar en un lenguaje sencillo para el lector (no sé si he conseguido satisfacer el consejo de Alejandro…), resulta esencial la perspectiva y el conocimiento del personaje, equipo o competición de que se trate. El caso de Cani fue punto de convergencia de otras circunstancias. Lo conozco desde que nació. Por tanto, disponía de muchísima información para elaborar su perfil.

 

-Para ti el periodismo está vinculado también a la noche. ¿Qué te ha dado la noche, qué te enseña? La noche de las tabernas, la noche del flamenco...

 

Entiendo que se refiere a las crónicas nocturnas del pasado verano aparecidas en Heraldo. Yo creo que surgieron porque el director, Mikel Iturbe, y los subdirectores, Ángel Gorri y Jesús Frago, querían que no les diera la paliza durante todo el mes, que ya se la doy bastante durante todo el año, y me enviaron a hacer unas crónicas por Zaragoza y Aragón. En serio: fue una experiencia bonita, enriquecedora. De noche también se puede disfrutar en vacaciones sin salir de Aragón. En cuanto a la noche en sí, ya dijo Goethe que la noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad. Con lo cortita que es la vida, vamos a vivirla enterita, ¿no?

 

-La última parte del libro está centrada en las entrevistas. ¿Cómo te planteas la entrevista, tienes una estética, una línea, te dejas llevar por la intuición?

Puedes obtener mucho más del personaje si se realiza cara a cara, si te concede el tiempo suficiente, si muestra predisposición, si se sincera. Desde luego, si no dice nada interesante, hay que incitarlo con algo. O seducirla, si se deja… Me gusta estudiar al personaje, saber de sus vivencias, de sus amigos, de sus pasiones. Si el diálogo es extenso, mucho mejor, pues así luego puedes extraer lo esencial, acabar y cerrar la entrevista con ideas que atrapen al lector. Me gustaban mucho las entrevistas que hacía Feliciano Fidalgo en El País. La contraportada de La Vanguardia también me parece excelente.

 

-¿Quién te ha impresionado como entrevistado, quién te ha enamorado por su brillantez, por su ingenio, por su humanidad?

Joaquín Sabina tuvo el detalle de concederme la entrevista tras un año y medio de silencio en los medios. Serrat también se portó sensacional, pues llegué tarde a la cita (las circunstancias las  contaré en el próximo libro) y me regaló una entrevista preciosa. A Mister España le apreté muchísimo y supo responder. Igual diría del arzobispo de Zaragoza. La capacidad intelectual de Eduardo Punset, sin duda, es sobresaliente.

 

-¿Quién ha sido el personaje más silencioso, más difícil?

Paco de Lucía. Con la guitarra en la mano está 25 años por delante del resto de los humanos, pero con las palabras es más bien parco.

-¿Qué lugar ocupa el humor en tus textos?

¡Pero si yo soy más triste que un panteón, hombre! El humor es una cosa muy seria: recuerde que existe para recordarnos que por alto que sea el trono en que uno se sienta, todo el mundo utiliza el culo para sentarse.

-Dices que Belío ni Zapater no están la Facultad. ¿Espera  que lo esté un libro como ‘Tinta en Vena’?

Belío y Zapater están en el cielo para desgracia de los que todavía quedamos en la tierra. En cuanto a ‘Tinta en Vena’, me comentaron que el reportaje ‘Y me diste de beber…’, esto es, la noche religiosa que pasé con Mila, una polaca que quitaba el sentido, fue utilizado en septiembre pasado para un examen de Bachillerato de análisis de texto en un colegio zaragozano. Aunque ya dije que con que mis tías Pilarín e Inmaculada lo puedan leer sin que se les canse demasiado la vista, y que mi madre piense desde allá arriba que la cesárea que le practicaron sirvió para algo, me doy por satisfecho. Si los lectores lo pasan bien conmigo, mucho mejor. Aunque debo confesarle que también lo escribí para que Antón Castro me hiciera algún día una entrevista…

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