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Antón Castro

HA MUERTO JOHAN CRUYFF

HA MUERTO JOHAN CRUYFF

 

[Ha muerto Johan Cruyff (1947-2016), uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Podría ser 'el holandés volador' (en recuerdo de un gol que le marcó a Miguel Reina), el jinete eléctrico, por su forma de jugar, marcada por la versatilidad, los cambios de ritmo, el cambio constante de posiciones y su visión...Y también fue 'el hombre orquesta' allá donde estuvo: en el Ajax, en el Barcelona, en el Feyenoord o, por supuesto, en la gran selección holandesa de los 70, aquella de: Jongbloed; Suurbier, Haan, Rijsbergen, Krol; Jenssen, Neeskens, Van Hanegem; Rep, Cruyff y Rensenbrink. Cruyff encarnó como futbolista y como entreñador eso que bien podría llamarse "el fútbol de autor" o "el fútbol como una de las bellas artes". Hace algún tiempo escribí este texto sobre él.]

 

CRUYFF, EL HOMBRE ORQUESTA

El fútbol moderno nació con Johann Cruyff. Más que con Pelé o con Di Stefano, que fue su precursor. Encarnó al futbolista dinámico e imparable que no se acomodaba a ninguna posición. Todo le iba bien: entraba por el centro, por la derecha, por la izquierda, era como una flecha de vértigo en el contragolpe, el director de música y el ejecutante de la sinfonía de un partido. Al principio, aunque le habían visto limpiar las botas, recoger las pelotas y colocar los banderines, desconfiaban de su físico enclenque, pero a menudo la gente se agolpaba en los campos o en el descampado para verle controlar el cuero.

Era filoso como un abeto sin ramas. Lo hicieron debutar en el Ajax, y pronto lo convirtió en el mejor conjunto de Europa y del mundo, y desarrolló una sociedad pública de espectáculo basada en “el desorden organizado”. Con el Ajax ganó tres Copas de Europa consecutivas, en 1971, 1972 y 1973.

En 1974, el mundo quedó estupefacto ante Holanda: todos atacaban y todos defendían, y Cruyff, que golpeaba como nadie con el efecto exterior y que cambiaba de ritmo y aceleraba como si tuviese un mecano en las piernas y en el corazón, fue el artífice, el mago, el estilete. Poseía talento, sed de triunfo, carisma y una visión del fútbol incomparable: Cruyff, acaso más que Alfredo Di Stefano incluso, jugaba y hacía jugar. Y aquella Holanda que estremeció el mundo fue bautizada como “la naranja mecánica”: practicaba el fútbol total. Atacaban todos, defendían todos, había un constante intercambio de posiciones. Los holandeses perdieron la final ante Alemania, aquel día en que a Cruyff le hicieron un penalti a los 50 segundos. Los holandeses eran los chicos modernos del fútbol, fumaban tabaco y tomaban algunas drogas, bebían lo suyo y se divertían con mujeres en las piscinas del hotel. Y eso hicieron la víspera de la final. Perdieron. Salieron las fotos del escándalo en la prensa. Y Cruyff le prometió a su mujer que nunca volvería a la selección de Holanda. Cuatro años después, los holandeses jugaron la final ante Argentina y también cedieron ante el equipo de Kempes. Cruyff ya no jugó.

Estuvo en el Ajax, en el Barcelona, en el Levante, en el Feyenoord. Y creó el ‘Dream Team’ del Barcelona: cuatro Ligas consecutivas, la primera Copa de Europa, y una forma de jugar basada en la posesión, en la velocidad y en la precisión de los rondos. Solía decir: “Salid al campo y divertíos”.

 

 

TERESA AGUSTÍN, UN DIÁLOGO

Teresa Agustín «La poesía es como una caja negra

de misterio: nunca se sabe qué va a salir»

Teresa Agustín*, la poeta turolense de las pequeñas cosas, homenajeada el domingo en Fraga.

 

«No había estado en Fraga en mi vida, pero estoy feliz. Sorprendida y agradecida por esta distinción. Sabía que Fraga celebraba una semana de la poesía y que tiene un paseo de los Poetas, donde moran Mariano Esquillor, Fernández Molina, Carmen Serna, Emilio Gastón, Ángel Guinda... Me siento querida en Aragón. Sé que hay un espacio modesto de cariño hacia mí», dice la poeta y traductora Teresa Agustín (Teruel, 1962), que el pasado domingo protagonizó la clausura del Marzo Poético de Fraga. Hoy es el Día Internacional de la Poesía.

¿Le ha sorprendido que se hayan fijado en usted?

Sí, claro. No me prodigo; a lo mejor en un principio pensé que en Madrid podría organizar mi carrera poética, pertenecer a grupos y revistas. Con el paso del tiempo, he descubierto que no estoy conectada y que tampoco quiero estarlo. Mi obsesión es escribir, no figurar. Quiero escribir y aprender. Crezco paso a paso, libro a libro, e incluso me he ido de las redes sociales.

¿Y eso?

Me estresaba. Lo he dejado todo. Solo me he quedado con el teléfono móvil porque tengo una hija adolescente, Daniela.

Es usted autora de cinco libros…

Sí. ‘Cartas a una mujer’, que publiqué en las PUZ en 1993 y fue el principio; luego apareció ‘La tela que tiembla’ en Olifante, en 1998: me percibía más poeta, y me sentí cuidada, mimada, importante. Tuve la sensación de que había dado un paso decisivo y que la voluntad de estilo se imponía.

¿Y luego?

Publiqué ‘Hombre con lirios, lilas y dos amapolas’ en Prames, en 2003. Y más tarde, ‘Dos pasillos’ (Huerga & Fierro, 2008)…

¿En recuerdo de su padre, no?

Sin duda. El libro empieza en un pasillo, cuando me notifican su enfermedad, y concluye en otro pasillo, cuando me anuncian su muerte. Puede imaginarse que fue un libro especial. Mi padre también lo fue.

¿En qué medida fue peculiar?

Tengo muchos familiares, exiliados, en Francia y yo misma viví cuatro años allí; mi padre, sensible, me apuntó a clases de francés. Cuando volvimos a Teruel, entre los 4 y los 14 años, tuve una profesora particular de francés: se llamaba Jeanne, había sido amiga de Maurice Chevalier y se casó con un hombre de correos de Teruel. Imagínese…

Me cuesta imaginarla…

Era una mujer que se pintaba las uñas de un modo especial y olía muy bien. Todo un espectáculo. Me enseñó a leer poesía en francés, a Jacques Prévert, en particular ‘La pluie et le beau temps’ (‘La lluvia y el buen tiempo’). También leí ‘Le petit Prince’.

El año pasado aparecía otro poemario, quizá el más doloroso.

Si ‘Dos pasillos’ podía leerse como la crónica de la muerte de mi padre, ‘Lantanas’ (Huerga & Fierro) estaba dedicado a mi madre. Sufrió de alzhéimer; como soy hija única, pasó los últimos años de su vida en mi casa. El libro es una reflexión sobre la enfermedad, la muerte y la creación. Ha sido una experiencia muy reveladora, diferente. El alzhéimer es como una puerta directa al abismo…

Con todo, el libro también habla de la luz…

Sin duda. En todos mis libros hay una mirada hacia la luz y la esperanza. Creo que cada vez soy más luminosa. Están el tenebrismo y la incertidumbre y la búsqueda, pero también están la sorpresa y la creación. Cuando acabo un libro tengo la sensación de que no podría volver a escribir algo así jamás. Soy muy durasiana: me encanta Marguerite Duras, a la que he traducido. La idea está en la cabeza y se construye en el libro: el poemario se ordena como un puzle, puede parecer inconexo, sin hilo conductor, pero poco a poco todo va encajando.

Una de sus características más constantes es la fragilidad.

Sí. Es un poco inexplicable. A veces creo que me puede herir hasta el aire. Ja, ja, ja. Es curioso, en literatura quien me ha dado seguridad ha sido Félix Romeo (1968-2011). A mí me hacía sentir escritora. Tenía ese don. Nos conocimos de jóvenes en ‘Andalán’: yo tendría 20 años o así y el 16. Venía a buscarme, salíamos a charlar con mis amigos, hablábamos de literatura y siempre me decía: «Pero, ¿qué haces con este bobo?», ja, ja. Cuando se vino a la Residencia de Estudiantes, en Madrid, nos vimos mucho. En ocasiones sueño que me abraza. Y también frecuenté mucho a José Antonio Labordeta. Ambos fueron muy generosos conmigo.

Volvamos a la vulnerabilidad…

A veces tengo la sensación de que puedo quebrarme. Las palabras me fascinan y construyo mi poesía con la fragilidad misma del lenguaje, como si fuera cristal. Hay escritores que escriben de adentro hacia afuera y escritores que escriben de afuera hacia dentro. Yo soy de los primeros, como Marguerite Duras; a los segundos pertenecería Marguerite Yourcenar, que también me encanta. Soy incapaz de escribir una novela, ni de afrontarla… La poesía se hace con tiempo, con observación, sin prisa, es una terapia y una afirmación. La poesía es como una caja negra de misterios: nunca se sabe lo que va a salir. Escribo: «Distendida y frágil, azul, la lluvia / se suicida / desde el cielo».

¿Por qué le interesa tanto Marguerite Duras?

Jacques Lacan dijo una vez de ella: «Si supiera lo que ha escrito se moriría». Uno de los libros que más me conmueven de los suyos es ‘El mal de la muerte’, pero también ‘Escribir’. Tiene la facultad de convertir cualquier cosa insignificante en algo excepcional, como el relato de una mosca en el último momento de su vida.

¿Qué poetas le atraen?

Además de Duras y Yourcenar, me gusta mucho Virginia Woolf, que tampoco es poeta. Y Antonio Machado, Miguel Hernández y el Lorca de ‘Poeta en Nueva York’, y Yorgos Seferis. Y Antonio Gamoneda, que es una referencia para mí desde hace años. Y nuestro Ángel Guinda, que es un poeta de primer nivel nacional. Me gustan sus poemas: nunca me cansan.

 

*Esta entrevista abría el lunes la sección de Cultura de Heraldo de Aragón en la edición en papel.

 

**La foto de Teresa Agustín la tomo de aquí:

http://www.huesca-filmfestival.com/wp-content/uploads/_imagenes/imagesjurados/teresa-agustin.jpg

JEAN ANGUERA: UNA ENTREVISTA

JEAN ANGUERA: UNA ENTREVISTA

Jean Anguera tiene alma de filósofo y de soñador al que le apasiona el trabajo en el taller. Funde la naturaleza y el cuerpo humano y lo da casi todo por un rostro, cosido de incidencias, de líneas y de vida. Nieto de Pablo Gargallo, de niño, en París, se crio con sus esculturas: metía la mano en ‘El Profeta’ y pensaba que estaba en un teatro infinito.

  

Soy un escultor

intuitivo. Si no hay

misterio, no hay

creación”

  

  

  

Jean Anguera Gargallo (París, 1953) resume quince años de su obra escultórica en ‘Caminos de la escultura’ en la Lonja de Zaragoza. Obtuvo el título de arquitecto en 1978, pero el arte pudo más: es un artista del hombre en el paisaje y del paisaje emotivo que habita el corazón del hombre.

-¿Por qué decidió ser arquitecto con esa tradición escultórica que tenía detrás con su abuelo Pablo Gargallo y su madre Pierrette?

-Porque se me daba muy mal la lengua. No tenía facilidad ni me gustaba, era difícil para mí, y en cambio me encantaban las matemáticas y la física. Me gustaba mucho hacer cosas con las manos y jugar con mis soldados, con mis gigantes, hacer figuras, paisajes. No es que no me gustase la escultura: quería jugar con las formas.

-¿Y qué pasó?

-Mi padre, de origen español y médico, me decía: “la única cosa que te interesa es el arte. Elige bien”. Y al final concilié el interés que él tenía por las humanidades y el que yo tenía por la escultura en la arquitectura, que también aglutina la filosofía, la historia, muchas cosas. Ya me gustaba hacer hombres delgados y mujeres altas. Me abría camino en la arte, que era también como una fuga, una evasión, en un tiempo en que apenas tenía amigos.

-¿En qué momento fue consciente de que era nieto de Pablo Gargallo?

-Quizá de una manera más intensa, desde que se murió mi padre. Fue un golpe tremendo. Mi hermano mayor estaba furioso, henchido de cólera. Ni lo entendía ni quería entenderlo. Nos quedamos desamparados. Mi abuela Magali Tartanson ya no tenía fuerzas para divulgar la obra de mi abuelo, prácticamente desconocida aún, y fue mi madre quien se puso en marcha. Pierrette había sido escultora figurativa en España, había expuesto y fue muy feliz, aunque eran tiempos difíciles porque mandaba la abstracción.

-La historia de la obra de Gargallo es muy curiosa…

-Desde luego. Tras la ocupación de los nazis de París se había quedado en las bodegas del Petit Palais, guardada en cajas de madera. Y no solo eso. El gobierno francés, en ese período, intentó proteger a los artistas y a alguien se le ocurrió llenar un tren con muchas obras de arte para que no fueran confiscadas por los nazis. El tren iba y venía y no paraba en las estaciones: parecía un tren fantasma. Es una historia bonita. Cuando mi abuela y mi madre regresaron a París, hallaron la obra, y el director del Petit Palais les dijo que iba organizar una exposición de mi abuelo… Hubo un instante en que mi abuela, no sé si decepcionada o qué, no sabía qué hacer con la obra de su marido. Con todo, ella y mi madre siempre que salía una escultura de Gargallo al mercado intentaban comprarla y darle coherencia a su fondo.

-¿Qué le debe usted a la obra de su abuelo?

-Supongo que el gusto por las deformaciones, su sensualidad, su sensibilidad. Su presencia. Piense que yo desde niño me crié entre sus obras. Ahí estaba ‘El profeta’ y metía la mano en sus huecos, en los lugares del vacío. Estaban sus mujeres hermosas. Era un mundo fascinante, infinito, que me permitía vivir en una fantasía: era como si estuviésemos siempre en una representación teatral. En un decorado. La obra de mi abuelo Pablo Gargallo me enseñaba la realidad de la imaginación y la habilidad de su proceso, su transparencia, su aspiración a la belleza.

-¿Considera que ahora ya tiene el reconocimiento público que se merece?

-Todo es mejorable. Tiene un museo precioso, su obra es conocida y estudiada, figura casi siempre entre los grandes escultores del siglo XX. Estoy contento. Hace unos años yo mismo sentí la necesidad de contribuir a su difusión: con el fotógrafo Jean Bescós, que es un artista de la luz, un poeta visual y un hombre que se dedica ahora a las ediciones de libros de artista, hicimos el ‘Libro Rojo de Gargallo’. Él fotografío sus esculturas, y de qué manera. Y yo escribía algunas notas sobre ella. Fue una experiencia muy bonita. Hizo las mejores fotos que conozco sobre Gargallo, las hizo muy amorosamente, como si fuera un enamorado. Jean Bescós hace algunos hizo, en Huesca, un libro de Antonio Saura.

-Regreso casi a la primera pregunta. ¿Cuál es su balance como arquitecto?

-En realidad, no he trabajado. He hecho planes, muchos dibujos, he concebidos casas e iglesias, algunos proyectos para el metro de París, pero no he tenido éxito. Y así, poco a poco, marcado por César Baldaccini y por otros creadores, la escultura adquirió protagonismo y se convirtió en mi obsesión.

-De algún modo, en su producción la escultura y la arquitectura se encuentran. ¿No?

-Desde luego. Yo no soy un hombre de teorías, ni un filósofo. Me gusta el trabajo de taller, la búsqueda de imágenes. Parto de lo pequeño para llegar al cosmos absoluto. Para del objeto, del hombre, del cuerpo, llego al edificio, a la ciudad, al mundo… Y llego a la gran función del universo que es la naturaleza. La vida es un espectáculo, es asombrosa. Magnífica. Fluye, con razón o sin explicación. Somos y no somos extraños en ella.

-De acuerdo. Explíquenos sus temas: ¿por qué sus montañas o sus moles se convierten en cuerpos o en rostros?

-Soy un escultor intuitivo. Sin intuición y gusto por la manufactura no se puede hacer escultura. Si no hay misterio no hay creación. Yo no tengo respuestas, pero es cierto que hay imágenes que se repiten, obsesiones…

-Por ejemplo, las cabezas. ¿Por qué?

-La cabeza significa muchas cosas para mí: es la posibilidad de soñar, es el lugar donde se concentran muchas líneas, relieves, arrugas, tensiones. A mí me encanta la cabeza: la cabeza, el rostro, la piel, veo que la cabeza me ofrece posibilidades infinitas y con ella abordo la complejidad. La cabeza es el continente más misterioso que existe; a veces pienso que, como una matriosca, tiene muchos cuerpos dentro. Abres uno y otro y otro y se cruzan, dentro y fuera, las apariencias con sus incisiones, heridas, cicatrices o relieves. A mí me gusta una escultura que refleje la experiencia de existir. El artista es un soñador.

-Si sus series son sugerentes y poderosas, sus dibujos no se quedan atrás. Hacen pensar en Giacometti, en Anselm Kiefer o Vieira da Silva.

-Posiblemente. Son artistas que me interesan mucho A los que admiro. Como a Pablo Serrano o a César. El dibujo es muy especial para mí: es autónomo y responde a un instante mágico. Mis dibujos no son los bocetos de la escultura. Los hago después, casi como la destilación de experiencias y vivencias tras haber hecho una escultura.

-Otro tema que le interesa: el camino, la idea del camino o del tránsito.

-Sí, es cierto. A veces tengo la sensación de que no soy yo quien busca paisajes, montañas, llanuras o un cuerpo que se ofrece, minúsculo, en medio del paisaje. Tengo la impresión de que las cosas del camino me buscan a mí. Salen a mi encuentro. El cuerpo es como un libro en el que se escribe la naturaleza. Caminar es un acto material; caminar es una actitud; caminar es estar en plena intemperie y percibir cómo se te acercan las cosas; caminar es dar una posibilidad al hombre curioso que mira. Entonces mi escultura puede definirse como un espejo de todo, un espejo rugoso, pero ya le digo que yo soy un filósofo. El mensaje de mi obra es una imagen: eso es lo máximo que podamos dar y ya me parece un magnífico logro cuando se obtiene algo rotundo o hermoso.

-En su obra también hay varias mujeres, que aluden a la maternidad y tal vez a la cópula.

-Ja, ja, ja. A veces me siento como Robinson Crusoe y pienso que la mujer es una isla y que estamos gozosamente prisioneros como en una cárcel de placer. Las mujeres son y han sido esenciales en mi vida. Mi madre Pierrete, mi esposa Laure, mi hija Camille, mi abuela Magali, aquella niña con la que iba a clase de dibujo y juntos, con muy pocos años, pintábamos a una modelo desnuda, y yo, a su lado, temblaba, sin atreverme a decirle que me había enamorado de ella…

-Ha citado a Laure de Ribier, su esposa, su musa, su ayudante, su cómplice. ¿Sigue siendo escultora?

Lo ha ido dejando poco a poco. Es una mujer silenciosa e inteligente. Para mí es Laure, Laura, decisiva en mi vida, y también es el oro de la vida. Me ayuda en ocasiones con las piezas más grandes y complejas y siempre está ahí. A veces se sienta en el taller y observa. Como una sacerdotisa. Dice algo, pocas veces, y le hago caso.

¿Y su madre, cómo está?

Es nonagenaria y vive en una residencia muy cerca de mis hermanos. Tiene algunos problemas de alzhéimer, pero hay una cosa maravillosa: lo que más le gusta todavía es hablar de arte, contar historias de artistas, recordar, explicar piezas, movimientos, recordar a Picasso y a su padre. Me lo paso muy bien con ella. El arte parece devolverle la lucidez. Y siempre ha sido mi mayor fan. Siempre, siempre me ha animado desde adolescente y aún lo hace.

-¿Qué supone esta exposición, en la Lonja de Zaragoza, para usted?

-Es un gran honor. Todo un sueño. Porque es Zaragoza, porque está muy cerca del museo de mi abuelo, por la acogida del Ayuntamiento, por la implicación de Rafael Ordóñez, un gran amigo de la familia, porque Zaragoza es muy importante para nosotros. España, para mí, es el país, es la casa, el lugar adonde me gusta retornar. España es el corazón y Francia es la razón.

  *La fotografía de Jean Anguera es de José Miguel Marco, de Heraldo.

'HACIA LA LUZ': RODRIGO VISTO POR VICTORIA KAMHI, EN EL PRINCIPAL

'HACIA LA LUZ': RODRIGO VISTO POR VICTORIA KAMHI, EN EL PRINCIPAL

‘Hacia la luz’ es un espectáculo en formato de concierto dramatizado que durante 65 minutos nos acerca a la figura de Victoria Kamhi, la mujer que fue durante más de 60 años pareja del maestro Joaquín Rodrigo. A través de los ojos y pensamientos de Victoria redescubrimos la figura y sobretodo la obra del genial músico y compositor invidente. Llega al Teatro Principal de Zaragoza el 30 de marzo.

Victoria fue una pianista de enorme talento y sensibilidad que sin embargo dejó su propia carrera y decidió ocuparse de su marido para que éste viera la luz y pudiera desarrollar su obra. La de Victoria Kamhi fue la lucha de una mujer audaz con talento, poco convencional y adelantada a su tiempo que tuvo que pelear frente a los prejuicios y discriminaciones que padecían las mujeres de su época.

Siempre tuvo muy claro el destino que quería tener convirtiéndose en el auténtico apoyo para su marido. Fue una vida de determinación e inspiración envuelta en cierto toque mágico. Durante el espectáculo Victoria Kamhi nos hablara de sus vivencias en Estambul, de la vida con el maestro Rodrigo que era ciego, de su experiencia en la Guerra civil Española, las consecuencias que tuvo en el entorno de su familia sufrir la Primara Guerra Mundial, los sufrimientos en la Segunda Guerra Mundial y toda la relación con el genio de la música que era su marido. En este espectáculo en el que prima el sentimiento la actriz Marta Juániz interpreta a Victoria Kamhi. La dirección escénica y la dramaturgia corren a cargo de Alex Ruiz Pastor. Adela Martín está en el piano, Eduardo Baranzano en las guitarras y Ariadna Martínez es la soprano. La iluminación es obra de Koldo Tainta y la producción corre a cargo de Raúl Madinabeitia

 

 

Programa del concierto:

-Aranjuez, ma pensée (letra Victoria Kamhi) Piano, guitarra y soprano Junto al Generalife Guitarra

-En los trigales Guitarra

-Cuatro madrigales amatorios Soprano y piano

-El vendedor de chanquetes Piano

-Canción del hada rubia Piano

-El negrito Pepo Piano

-Aranjuez, ma pensée Piano

-Canción de cucu. (Texto Victoria Kamhi) Soprano y piano

-Fantasía para un Gentilhombre. Guitarra y piano

-Españoleta

-Canario

Aquí la obra ‘Aranjuez, ma pensée’ interpretada al piano por Adela Martín http://youtu.be/xrpvLh5EM1s

Victoria Kamhi Arditti fue pianista y escritora turca nacida en 1902 en Estambul, esposa e inseparable colaboradora del compositor español Joaquín Rodrigo. Dejó su carrera para dedicarse a asistir en todo al compositor español, ciego desde la infancia, resultando su mejor colaboradora artística. Ella seleccionó los temas para ‘Fantasía para un gentilhombre’, una de sus obras más conocidas, basada en temas del compositor aragonés Gaspar Sanz. Revisó todos los manuscritos de Rodrigo. Victoria era políglota, realizó las versiones francesa y alemana de casi todas las canciones de su marido. En 1986 publicó una obra biográfica, ‘De la mano de Joaquín Rodrigo: Historia de nuestra vida’ (2ª ed. 1995), traducida al inglés con el título ‘Hand in hand with Joaquín Rodrigo: My life at the Maestro’s side’ (1992). También ha escrito poemas en varias lenguas. Tuvo la clarividencia y el acierto de acumular y conservar, a lo largo de más de 60 años de vida en común, todos aquellos documentos que dan testimonio del contexto histórico en el que Rodrigo desarrolló su carrera musical.

www.facebook.com/hacialaluzvictoriakamhi

 Web : www.raulmadinabeitia.com

Para descargar fotos, audio, dossier y otros materiales: https://www.dropbox.com/sh/fqwj2bqz7plco68/AABDkntLBZlT2sR1Y-vu

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE ALBERT VIGOLEIS THELEN

[El escritor, periodista y director de la Fundación Santillana publica en su sección ’Dietario de un cínico’ este artículo que se centra en el escritor Albert Vigoleis Thelen, autor de ’La isla del segundo rostro’, que publicó en España el sello Anagrama.]

 

DIETARIO DE UN CÍNICO / BASILIO BALTASAR

Artículo publicado en El país de Cataluña.

’El destino de las deudas olvidadas’. Recuerdo de Albert Vigoleis Thelen, autor de ’La isla del segundo rostro’.

En el enloquecido paradigma cibernético sólo un ciudadano obsoleto, recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas se puede encontrar una inevitable ambigüedad

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-Martes: Habrá que hacer a los líderes políticos otra concesión: nunca ocultan lo que piensan, siempre dicen la verdad. Nos conviene sostener la quimera de un gobernante incapaz de tergiversar su pensamiento. Por ejemplo: cuando les veamos negar con vehemencia lo que han hecho o prometer solemnemente lo que nunca harán, debemos eximirles de cualquier sospecha e imputar su distorsión moral al dogma de los nuevos tiempos. En la sociedad de la información la lógica de lo incierto sustituye al sentido común. Heisenberg finalmente triunfante sobre Aristóteles. A causa de la velocidad cibernética, los desmentidos preceden al error y los asuntos pierden su encanto en medio de una revuelta cognitiva: los acontecimientos podrán ser y no ser al mismo tiempo. En este enloquecido paradigma sólo un ciudadano obsoleto, voluntariamente recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas se puede encontrar una inevitable ambigüedad.

-Miércoles: Envié al responsable de la Marca España una carta que aún hoy sigue sin respuesta: “¿Podrías explicarme cómo lo has conseguido? ¿Cómo has convencido al Gobierno para hacer de España una marca? En las altas instancias, en los mentideros, en las tertulias y en las academias morales no dejan de lamentar que, para hablar de nuestro país, los nacionalistas periféricos utilicen el mote de “Estado español” (un eufemismo franquista, por cierto). Y a ti, sin embargo, te encargan que la conviertas en un logo. Se sabe que un experto en marketing puede vender lo que quiera, pero resulta asombroso que para esta mercancía hayas encontrado comprador. La benemérita satisfacción con que el ministro García-Margallo habla de la Marca España denota la influencia de tus habilidades. Dice el ministro, anticipándose a cualquier reproche, “nunca hemos querido que Marca España fuese un proyecto de relaciones públicas, humo y palabras huecas”. Se ve que una cierta idea de la magia publicitaria sí que la tiene. Ya veremos qué balance hacen el día que se desmonte, pero injertar en la política la jerga de la mercadotecnia es un logro del que debes estar orgulloso. Así que cuenta, ¿cómo lo conseguiste?”.

-Jueves: Cuando el recuerdo de Jaume Matas y el de sus secuaces se haya extinguido y nadie sepa ya cómo demonios podía uno embaucar a tantos durante tanto tiempo, permanecerá en la memoria de las generaciones el testimonio de Albert Vigoleis Thelen.

Antes de que Hitler subiera al poder, el escritor renano huyó de la Alemania nazi y encontró en Mallorca un perecedero refugio temporal. En su apabullante libro La isla del segundo rostro (Anagrama, 1993) cuenta sus memorables andanzas y evoca la fascinación que le produjo aquella extraña sociedad.

Aquí sobrevivió durante cinco años, agobiado por las penurias, pero deslumbrado por los personajes ilustres, excéntricos, picaros o ensimismados que amenizaban una existencia suspendida en las lindes del tiempo. Ningún otro libro supera la minuciosa, barroca, honesta y veraz memoria de aquella ciudad suprimida para siempre por la Guerra Civil. Vigoleis Thelen supo percibir como nadie la naturaleza del espíritu encarnado con tenacidad en una estirpe irónica y elegante. Cuenta el autor que, en cierta ocasión, doliéndole terriblemente una muela y sin una peseta en el bolsillo, acudió a la consulta de un dentista conocido. “No te preocupes, le dijo, ya me pagarás cuando puedas”. Años después, levemente restablecido en su economía de bolsillo, Vigoleis visitó al dentista y éste, sorprendido, respondió: “No puedo cobrar una deuda que había olvidado”.

 

Tomo la foto del escritor Albert Vigoleis Thelen de aquí:http://blocs.mesvilaweb.cat/wp-content/uploads/sites/1616/2011/08/VklHT0xFSVMw_202842_7098_1.jpg

 

UN DIÁLOGO CON CHUSÉ RAÚL USÓN

UN DIÁLOGO CON CHUSÉ RAÚL USÓN

Chusé Raúl Usón (Zaragoza, 1966) es editor y escritor en aragonés. Publica en Olifante el libro 'Candalieto (Piedra angular)', en edición bilingüe: un libro sobre la vida, el amor, el viaje, la memoria y el aragonés.

  

El aragonés es como una nieve

que aún no ha sido pisada”

  

El diario es un manera de enfrentarte

al inexorable paso del tiempo”

 

Me reescribo: la traducción literal no existe”

 

 

 

-¿Que dificultades o qué satisfacciones entraña escribir en aragonés?

Satisfacciones, todas. Cuando escribo en aragonés siento que por primera vez pueden ser escritas palabras, frases, sentimientos que nunca lo han sido hasta ese momento. Es como un campo que todavía no ha sido labrado, una nieve que aún no ha sido pisada. Me siento un doble creador. Y la sensación es muy placentera. Dificultades, todas. La lengua no está fijada, no hay un diccionario normativo, los campos semánticos no están muy fijados. Por no haber no hay ni una grafía consensuada…

-¿Cómo es su lengua, cómo se construye un imaginario lingüístico y literario, cómo lo has hecho usted?

El aragonés, al que conocí siendo niño y al que hice mío en mi adolescencia, se construye tomando como base Sobrarbe y el aragonés de esta comarca, que es el territorio en el que aprendí la lengua y al que regreso a menudo para reencontrarme con la lengua y conmigo mismo. Es un territorio mítico en el que se entremezclan mis sueños y mis vivencias. En aragonés no hay una tradición literaria en la que insertarse, así que creo que cada uno de los escritores en esta lengua intenta forjar su propio imaginario. Y en todos ellos hay mucho material autobiográfico.

-'Candalieto (Piedra angular)' parece un libro muy abierto… ¿Cómo se ha ido gestando?

Dede hace quince año trabajo en un libro, 'Libro d'as desilusions', una especie de novela total en la que tienen cabida el relato, el diario, los aforismos, los poemas, los fragmentos narrativos. Y de ese 'Libro d'as desilusions', hace diez años, preparé una selección de lo que consideraba más representativo de mi obra. Lo titulé 'Candalieto (Piedra angular)', puesto que ahí estaba la piedra angular de mi vida y de mi literatura. Lo publicó la editorial Cuatro de agosto en una plaquette.

-¿Cómo convive cada una de las tres partes con las demás?

Por un lado hay una serie de retratos, de semblanzas poéticas de gente que en algún momento de mi vida me ha servido de inspiración. Por otro lado están los autorretratos que, desde hace años, siento el impulso de realizar. Es una manera de hacer balance de mí mismo, de enfrentarme al espejo, de saber en lo que me he convertido. Leyendo esos autorretratos se puede entender mi biografía tanto personal como literaria. Y luego están los fragmentos narrativos, que son como pequeñas relatos o mininovelas.

-Este es quizá, de los suyos, el libro que tiene más retratos y autorretratos explícitos. ¿En qué medida es uste o es una creación literaria?

Podríamos decir que soy yo bajo el artificio de la creación literaria.

-Le cito. ¿Qué tiene Chusé Raúl Usón de embaucador?

Todo y nada. En la comedia de la vida todos representamos el papel que nos imponen e intentamos, sin suerte, representar el que a nosotros nos gustaría.

-En el libro, con cierta sutileza, también se acerca al tema de los bestiarios: 'El búho nival', el 'Autorretrato IV'. Sobre todo hay una pieza especialmente conmovedora: 'Tasmania'. ¿Cómo nace, tiene algo que ver esa peripecia con la propia historia del aragonés?

Queda explicado en el propio poema. Me interesan los últimos especímenes, los últimos representantes. En ellos se condensa la existencia de todos sus predecesores, pero también de todos nosotros. 'Tasmania' surgió de un programa de televisión. Y está emparentado con el poema 'El erizo', de Bernardo Atxaga, aunque me di cuenta a posteriori.

-¿Qué quiere ser el poema 'Le petit Trianon': un diálogo con los padres, una autobiografía con Labordeta al fondo, un poema impresionista…?

'Le petit Trianon' es el retrato de una época, de los años setenta. Mis padres eran jóvenes, yo era un niño. Se estaba produciendo un cambio brutal en Aragón y en España y, como digo en el poema, “nadie sabía nada”. Pero también es otro autorretrato.

-Crea un personaje y una amante o compañera como Dominica o Domi. El libro tiene diversos hilos de continuidad, narrativos… ¿Por qué?

En 'Libro d'as desilusions', a pesar de su aspecto fragmentario, en el que se entremezclan los géneros, se cuenta una historia, a través de unos personajes (Domi es uno de ellos), y tiene un comienzo y un final. Me atrevería a decir que es una novela.

-Otro tema: he tenido la sensación como lector de que me enfrentaba a un diario… ¿Sería esa una lectura posible?

Sí, el formato literario del diario está muy presente en 'Libro d'as desilusions,' y por tanto también aparece aquí, en 'Candalieto'. El diario es un manera de enfrentarte, gracias a la literatura, al inexorable paso del tiempo.

-Uno de los textos mas hermosos del libro es 'Hermanas', que parece nacido del azar. ¿Han sido importantes la intuición y la casualidad en la escrituta de 'Candalieto'?

'Hermanas' surge de la observación y de una frase que oí a mi querido Felix Romeo. “Vivir, escribir sin elipsis”. En la literatura, como en la vida, la intuición es muy importante, pero yo no la tengo. Y la casualidad es una manera de explicar aquello que no logramos explicar con la razón.

-¿Qué supone la autotraducción?

Me interesa más bien verter al castellano mi experiencia literaria en aragonés, aunque algunas veces es necesaria la reescritura. La traducción literal no existe. 

-¿Quiénes son los poetas que lo acompañan más a menudo?

Últimamente no leo mucha poesía, la verdad. Mis referentes son los mismos de hace treinta años: Rimbaud, Pessoa, Cavafis, Carver.

 

 

JESUSA VEGA ESCRIBE DEL BOSCO

JESUSA VEGA ESCRIBE DEL BOSCO

La 'Mesa de los pecados capitales'

no es de El Bosco (y no pasa nada)

La autoría del pintor flamenco sólo le importa a quienes se lucran de él. El juego de las atribuciones destroza la historia y la obra de arte.

 

Por Jesusa VEGA. El español.com

Hace unos días nos desayunamos con la noticia de que el Bosch Research and Conservation Project (BRCP) ha decidido retirar unilateralmente la autoría a dos obras paradigmáticas del pintor flamenco: la Mesa de los pecados capitales y Las tentaciones de San Antonio. De nuevo la presencia de la historia del arte en los medios de comunicación se reducía a cuestiones de atribucionismo y, por extensión, de mercado.

Evidentemente es una disciplina cuya evolución debe ser inexistente para el gran público al que solo le llegan las cuestiones derivadas de la autoría, donde suele reinar la frivolidad, con frecuencia liderada por los museos (por ejemplo, la situación de Goya en el Museo del Prado); y los precios alcanzados en las ventas y en las salas de subastas. ¿Cómo explicar lo que está pasando ahora con El Bosco? Para ello parecen necesarias algunas consideraciones previas.

La década de los sesenta del siglo XX es referencial en el devenir europeo. La crisis de entonces es la que abrió un tiempo nuevo al estado del bienestar pero también posicionó al científico y su objeto de estudio ante sí mismo y su propia historia. En esa crisis participaron las disciplinas científicas que viven, o mejor diríamos malviven, bajo la etiqueta de humanidades. Hubo que aprender a aunar rigor y protocolo con la no existencia de una única verdad. En otras palabras, se desvanecieron los valores absolutos, se comenzó a dar voz a los silenciados y olvidados, y se problematizó tanto la multiplicidad como la validez de los discursos construidos y por construir.

Se desvanecieron los valores absolutos, se comenzó a dar voz a los silenciados y olvidados, y se problematizó tanto la multiplicidad como la validez de los discursos construidos y por construir

Como consecuencia de lo expuesto, la renovación metodológica que abrió la historia del arte hacia otras problemáticas transformaron la disciplina pero también la obra de arte. Así dejó de ser un ente autónomo cuyo criterio de apreciación era exclusivamente estético, para ser considerada un artefacto cultural resultado de prácticas, conocimientos, habilidades y usos.

En definitiva, los métodos asentados sobre la autonomía del arte también debían ser superados, entre otras razones, porque el formalismo —con sus propias reglas para significar las potencialidades estéticas de la obra—, y el criterio filológico —que clasificaba y establecía tanto filiaciones como características—, se habían convertido en fines en sí mismos y no en medios de conocimiento, hasta el punto de enarbolarse como señas de identidad del imaginario colectivo de los historiadores del arte.

CAMINAR CON EL PASADO

Se precisaban otros métodos que dieran respuesta a las nuevas demandas sociales pues, como es obvio, la ciencia y sus métodos se desarrollan y evolucionan a la par que la sociedad, y la Historia del arte no podía ser menos.

Pero es un sinsentido criticar, juzgar o imponer nuestros prejuicios y exigencias al pasado desnaturalizándole; por el contrario, tenemos que aprender a andar con el pasado para entenderle, explicarle y aprender de él. Hablando de la historia del arte, fue en el siglo XIX cuando se desarrollaran esas metodologías porque las necesitaba la sociedad pues daban respuesta al proceso de valorización de los vestigios materiales del pasado como partes integrantes de nuestra cultura.

Hablamos de nuestra memoria colectiva, de nuestro patrimonio. Para conservar y transmitir antes era preciso conocer, recuperar, proteger y guardar. Las herramientas básicas para llevar a cabo este proceso eran el inventario —registro de existencia, genera patrimonio—, y el catálogo —proceso de estudio, genera conocimiento. Estas herramientas siguen vigentes porque son enormemente valiosas. No parece necesario incidir en esto, basta recordar el servicio que presta el historiador del arte a la comunidad ante el riesgo de pérdida: en los conflictos bélicos, por ejemplo, su pericia es necesaria para salvaguardar; cierto que esa misma pericia sirve para expoliar, pero toda actividad humana es susceptible de ser perversa.

EL HISTORIADOR DE ARTE SE IMPONE

Por otro lado, también en la década de los setenta era innegable que la realidad que rodeaba a la obra de arte se había transformado. Hablamos del sistema del arte. El primero que se atrevió a poner en palabras la nueva organización fue Achille Bonito Oliva, una figura que todavía estará en la memoria de algunos por su activo papel en la irrupción y éxito de la Transvanguardia (movimiento italiano de los ochenta que sacudió la actividad artística y acabó con las ilusiones de la administración socialista de una proyección internacional del arte español).

El diseño del sistema del arte teorizado en 1972 por Bonito Oliva se puede resumir así: artista que crea, crítico que opina, galerista que expone, coleccionista que invierte, museo que concede la pátina histórica, los medios de comunicación que divulgan y público que contempla. Desde su enunciación este sistema se ha visto reajustado, entre otras razones por la pujante presencia del comisario/curador, figura donde encuentra su acomodo el historiador del arte. Éste, en su condición de ideólogo y seleccionador, ha ido ganando terreno, no siendo raro que se imponga sobre los artistas y las obras de arte.

Otro aspecto que también tenemos que considerar son los resultados derivados del estudio de la materialidad de la obra de arte, desarrollados en gran medida para garantizar la buena conservación de las mismas. Hoy estamos acostumbrados a escuchar que tal o cual pintura ha sido sometida a estudio en el laboratorio. Los procesos de análisis nos resultan familiares aunque no lleguemos a penetrar de verdad el pleno alcance de su significado: radiografía, cromatografía, expectometría, análisis, etc. Esa familiaridad tiene un principio explicativo que va más allá de la terminología.

TECNOLOGÍA DEL ARTE

El enorme avance que han supuesto estas pruebas para el diagnóstico médico —a partir de ellas se pueden emitir opiniones, a veces incluso contrapuestas—, los hacemos valer en su aplicación al arte. Esta práctica fue casi paralela en ambos campos desde un comienzo: Conrad Wilhelm Roentgen, fascinado con su descubrimiento sobre los rayos X, lo aplicó a todo tipo de materiales y, entre otros decidió en 1896 someter una pintura a sus efectos. Ese acto señala el comienzo de un campo de trabajo que no ha dejado de crecer desde entonces; hoy se ha propuesto que sea un campo de especialización dentro de la disciplina, su denominación sería “Tecnología del arte”.

En este contexto de la crisis de los sesenta-setenta, de la reformulación del sistema del arte, de los avances que habían tenido lugar en los sistemas de documentación y análisis de laboratorio y del desarrollo de las nuevas metodologías es donde debemos situar la creación del Rembrandt Research Project (RRP), antecedente del BRCP. Fue en 1968 cuando, con el patrocinio de la Asociación Holandesa para el Avance de la Investigación Científica, se creó el RRP con el objetivo de individualizar la mano del maestro y separarla de su taller. Se pretendía establecer un corpus que permitiera fijar, en términos absolutos, la autoría de Rembrandt.

Huelga decir que este empeño respondía a los intereses del sistema de las artes del siglo XX, que no tenía nada que ver con el del siglo XVII donde la relevancia del taller era la garantía del cliente, y el tamaño y capacidad de negocio reportaban la fama, es decir, el triunfo económico y social del propietario. Pero, en nuestra sociedad capitalista había que “limpiar” a Rembrandt aun a costa de actuar contra la historia. Lo importante era establecer unos criterios comparativos, unos patrones para la expertización, por los cuales se pudiera regir el mercado.

En otras palabras, establecer una única verdad que funcionara con suficientes garantías como valor a futuro. Para ello era preciso disfrazar la subjetividad que comporta todo juicio humano y, de nuevo, en un gesto anacrónico, pretendieron la quimera de dotar de objetividad al reconocimiento del producto a través del mito de la imparcialidad desapasionada del laboratorio.

REMBRANDT, IDENTIDAD Y DINERO

Lo que se pensó que ocuparía diez años se fue alargando en el tiempo, a la par que generaban una enorme polémica porque los criterios por los que se regían no resultaron ser ni tan objetivos, ni tan fiables. Treinta y tres años después uno de los responsables admitía el fracaso. Tuvieron que revocar algunas decisiones porque, según declaraciones hechas en 2002 por Van der Wetering, que acabó dirigiendo el proyecto, en el que comenzó como ayudante, habían convertido a Rembrandt en un artista que no era y habían descrito una evolución estilística que no se podía sostener.

También reconocía el peligro que comportaba dedicarse al “juego de las atribuciones” porque, al final, de lo que se estaba hablando era de sumas de dinero. Pero en mi opinión, el mayor peligro es que en medio de ese proceso lo que se pierde es la historia del arte —ni que decir tiene que aquellos que no participan de este juego que nada tiene que ver con la ciencia parece que no saben hacer su trabajo—, y, lo que es peor, la obra misma de arte.

En tiempo de El Bosco la cuestión de la autoría ni existía. El «yo» del artista es una construcción cultural del Renacimiento italiano y la figura del genio se crea en el siglo XIX. Demandar esa condición a este pasado es como pedir cuentas a los inventores de la máquina de vapor sobre la contaminación que ha traído su uso y aplicaciones. En cuanto a la obra, la Mesa de los pecados capitales sea de quien sea es un objeto excepcional, un mueble único donde podemos aprender sobre la moral y las costumbres, los hábitos de la vida cotidiana, los problemas de representación, la iconografía, el gusto…, y además sentir un enorme placer estético.

Nada de esto se pierde, devalúa o desvanece si El Bosco no la hubiera pintado, todo lo contrario ganaríamos la existencia de otro gran pintor al que, no me cabe duda, el mismísimo Bosco envidiaría por ser autor de semejante obra.

 

UZCUDUN Y GAZTAÑAGA: EL DESTINO TRÁGICO DE DOS PÚGILES

Hay quien considera que el boxeo no es deporte, pero durante años ha sido una actividad física que seducía más que ninguna otra: más que el fútbol incluso o las carreras. Y en algunos países de modo desbordado: pensemos en Estados Unidos. Allí, durante décadas, el campeón de los pesos pesados tenía mayor poder que el presidente. Ahí están casos como los de Joe Louis, ‘el Bombardero de Detroit’, Rocky Marciano o, sobre todo, Cassius Marcellus Clay, el célebre Muhamad Alí.

Una parte importante de la historia de España del siglo XX podría contarte a través de sus púgiles (Ara y Alís, Folledo y Galiana, Velázquez y Carrasco, Perico y Tony Ortiz...), como acaba de hacer Joxemari Iturralde (Tolosa, 1952) en ‘Golpes de gracia’ (Malpaso), una novela, un reportaje o una crónica novelada que tiene como protagonistas a Isidro Gaztañaga, que se hará famoso como Isidoro Gaztañazaga o Izzy Gaztañaga, y a Paulino Uzcudun, que fue tres veces campeón de Europa y que se batió con los grandes púgiles de su tiempo: el gigantón y carnicero Max Baer, pelea que glosó Bernardo Atxaga, el italo argentino Primo Carnera, Max Schmelling (se pelearon varias veces y se zurraron de lo lindo y siempre mandó el alemán que odiaba a Hitler) y Joe Louis. Este, pletórico y afianzándose día tras día como el nuevo héroe de América, le propinó una soberana paliza. Pero esa es otra historia, y tampoco parece importarle mucho a Joxemari Iturralde, a quien, según ha confesado, no le apasiona el boxeo.

¿Por qué escribió este libro, breve, intenso, de muchos diálogos, cuyos capítulos se titulan como las amantes que Gaztañaga y Uzcudun tuvieron? Al autor le habían contado tantas historias de uno y de otro que le resultaba fascinante su aventura. Y lo es: fascinante, compleja, suicida e incomprensible. Y, como dice Ignacio Martínez de Pisón en el prólogo, es una historia que se inclina hacia el fracaso. Hacia el vértigo de la nada.

Uzcudun y Gaztañaga eran casi vecinos. Nacieron a diez kilómetros de distancia. Y los dos leñadores. Aizkolaris. Uzcudun había nacido en Errezil en 1899; Gaztañaga en Ibarra, en 1905. De formas muy diferentes demostraron su fortaleza. Paulino Uzcudun se iría a París, aprendería a boxear, debutaría a los 23 años y poco a poco, con sufrimiento, gran capacidad de encaje y buena pegada, empezaría su escalada. Un día descubrió que por un combate podía lograr 2.000 pesetas (doce euros de hoy).

El aprendizaje de la seducción

Gaztañaga lo seguirá a París, se conocerán y vivirán buenos momentos juntos. Ambos, amaban las mujeres, y eso quiere decir que no perdían ocasión para tener sexo, saltar a camas ajenas, divertirse como salvajes, conquistar mujeres casadas y ricas, entenderse con actrices -entre ellas en el libro, más o menos, se entrevén Lupe Vélez, de vida infausta, Dolores del Río, compañera de Orson Welles un tiempo, Clara Bow…-, pero también con cocineras, con prostitutas. O a veces mantenían historias románticas con la primera novia del pueblo que seguía esperando. Si había que mantener a dos enamoradas a la vez, lo hacían.

De esta forma de vida y de otras afinidades, se acrecentó una gran amistad. Es una parte importante del libro: ver cómo se fragua la complicidad, el cariño, cómo comparten los sueños. Y el gran sueño, además de grandes noches de amor y parranda, madrugadas etílicas y de grandes comilonas (aquí son importantes los clubes gastronómicas y alguna cocinera), el gran sueño era el título de campeón de los pesados de Europa o del mundo.

El que estuvo más cerca de lograrlo fue Uzcudun , que también parecía el más fanfarrón, el más ufano de sus hazañas. Un día en Nueva York, tras una victoria trabajada, como casi todas las suyas, surgió la enemistad, algo que también era muy importante en el boxeo. El odio entre los rivales azuza al público y los promotores empezaron a soñar con una pelea entre ellos. Si Uzcudun era poderoso con sus puños, primitivo e incontenible, Gaztañaga no le iba a la zaga: decían que con su mano izquierda, que le sirvió para ganar muchas peleas, podía romper el puente de Brooklyn. La prensa agudizó su rivalidad, y algunas infaustas declaraciones hicieron que naciera el odio. O tal vez la indiferencia y el desprecio.

Joxemari Iturralde no repara demasiado en los combates. Da pequeños datos, recuerda veredictos, explica parrandas y cabezonerías. La insolencia del abatido. Y certifica que nunca llegaron a enfrentarse.

La pelea de la Guerra Civil

Paulino Uzcudun fue republicano, pero cuando estalló la Guerra Civil se pasó a la Falange y protagonizó varios momentos sórdidos, confusos y un tanto raros: el más anómalo fue la tentativa de salvar a José Antonio Primo de Rivera, algo que fue prácticamente radiado y que acabó mal. En su deambular por el frente, estuvo en Zaragoza y en San Juan de Mozarrifar. Gaztañaga se sentía republicano y, ante la actitud de su examigo, mucho más. Estaba por Estados Unidos, por Latinoamérica, seguía viviendo a la desesperada: entre el alcohol, los combates, ya sin entusiasmo y mal entrenado, ganando sin brillo o perdiendo con indignidad, y las mujeres. Las mujeres casadas seguían siendo su debilidad y en la frontera entre Colombia y Argentina, en una noche en que pensó que iba a poder defenderse a mamporrazos, recibió varios balazos de un marido celoso., que siempre se arrepentiría.

Contaba 38 años. Gaztañaga tenía algo de tipo simpático, diría luego el homicida. ‘Golpes de gracia’ habla de la amistad traicionada, de los sueños rotos, de la indolencia, de la enemistad y , en el fondo, de las dos Españas.

 

-’Golpes de gracia’. Joxemaria Iturralde. Malpaso. Barcelona, 2016.

*La foto de Paulino Uzcudun la tomo de aquí.

http://estaticos03.marca.com/blogs/ni-mas-ni-menos/imagenes_posts/2014/04/25/99232_570x770.jpg

** La de Gaztañaga de aquí: 

https://1.bp.blogspot.com/-t2zZbWWyo8Y/UOMVa7hq8RI/AAAAAAAAB4o/3tcKf1VmQMU/s1600/1935+antes+de+pelea+con+Loe+Louis.jpg