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Antón Castro

CROMOS DE LETRAS / 6: RUBÉN DARÍO

CROMOS DE LETRAS / 6: RUBÉN DARÍO

El pasado sábado se cumplían cien años de la muerte, en su ciudad de León, del poeta Rubén Darío (1867-1916). Apenas llegó al medio siglo. Cuando se repasa su trayectoria, sus mudanzas y sus ocupaciones -fue poeta niño, periodista, inspector de aduanas, bibliotecario, corresponsal de prensa en el extranjero, director de diario, secretario particular del director de Correos y Telégrafos de Buenos Aires, cónsul, etc.- parece que hubiese agotado varias vidas. Fue el gran poeta del Modernismo, el maestro de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, a los que conoció. Juan Ramón le dedicó un precioso retrato y dijo que «modelaba el verso en plástica de ola». El propio Darío resumiría de esta manera el movimiento que lideró: «El Modernismo no es otra cosa que el verso y la prosa castellanos pasados por el fino tamiz del buen verso y de la buena prosa franceses».
Ahí quedan ya fijados sus dos territorios estéticos: asumió la tradición poética española, el siglo de Oro, Bécquer, Zorrilla y Campoamor, y la renovó, y filtró como nadie la poesía francesa, especialmente la simbolista; conversó en uno de sus viajes a París con un alicaído Paul Verlaine. Su pasión por las letras del país vecino está bellamente definida en su libro ‘Los raros’ (1896. Tenemos edición en Libros del Innombrable, de Zaragoza), retratos y perfiles de poetas y escritores que enviaba a ‘La Nación’ de Buenos Aires. A la nómina gala añade otras dos figuras: el cubano José Martí (lo saludaría en Nueva York y escribió: «Era Martín de temperamento nervioso, delgado, de ojos vivaces y bondadosos (…) Arrastraba muchedumbres. Su vida fue un combate») y el norteamericano Edgar Allan Poe, reivindicado en Europa por dos grandes poetas como Stéphane Mallarme y Charles Baudelaire.
El huérfano nómada
Rubén García Sarmiento nació en Metapa (hoy Ciudad Darío ), Nicaragua, en 1867. Sus padres se separaron y se reunieron varias veces hasta que quedó en un estado casi de orfandad. Su progenitor se inclinaba por la vida bohemia, el alcohol y la prostitución, y su madre reharía su vida, pero ya sin él. Se crió con sus tíos abuelos, el coronel Félix Ramírez y su tía, hermana de su madre, Bernarda Sarmiento, a los que identificó como padres. Cuenta en sus memorias que a los tres años, según le habían dicho, ya había aprendido a leer. Pronto se sentiría inclinado hacia la poesía y la lectura. Anotó: «En un viejo armario encontré los primeros libros que leyera. Eran un ‘Quijote’, las obras de Moratín; ‘Las Mil y una noches’; ‘La Biblia’; los ‘Oficios’ de Cicerón; la ‘Corina’, de madame Staël...», entre otros. El desfile de la Semana Santa le inspiró sus primeros versos con diez años y con trece ya publicó sus primeros versos en ‘El termómetro’. Los periódicos serían capitales en su vida: escribió en ellos hasta prácticamente el final de sus días. Alguna vez, por sus opiniones y su talante liberal, conoció la cárcel.
Vivió en varias ciudades de su país: en León, en Granada, luego se trasladó a Valparaíso (Chile) y, por su tendencia a la bohemia y al desorden sensual, pasó por períodos duros de absoluto desamparo. Se afilió a la masonería, se interesó por el ocultismo y el hipnotismo, y siempre fue un joven ardoroso, inclinado al amor y al deseo. Amó mucho, desde muy joven, y sus versos rezuman erotismo y sensualidad. En sus memorias cuenta con gracia y desparpajo diversas aventuras de amor. Esta quizá sea la más sugerente: «… nunca había sentido una erótica llama igual a la que despertó en mis sentidos e imaginación de niño una apenas púber saltimbanqui norteamericana, que daba saltos prodigiosos en un circo ambulante. No he olvidado su nombre: Hortensia Buislay».
Algún tiempo después, cuando residía en Managua, protegido por el historiador Lorenzo Montúfar y el licenciado Modesto Barrios, vivió otra epifanía amorosa: «Una noche oí cantar a una niña. Era una adolescente de ojos verdes, de cabello castaño, de tez levemente acanelada, con esa suave palidez que tienen las mujeres de Oriente y de los trópicos. Me enamoré». Ese era su estado casi permanente. Se enamoraba y escribía versos, y sobrevivía como podía, de lugar en lugar, de oficio en oficio, con más escasez que opulencia, igual estaba en El Salvador, que en Lima o en Buenos Aires. Poco después de publicar su primer libro, ‘Abrojos’, apareció en 1888 en Valparaíso ‘Azul’, un libro de cuentos y poemas impregnado de belleza, pasión, un lenguaje nuevo y sonoro, de espíritu cosmopolita. El propio Darío dirá: «El azul era para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental».
Añadirá que ‘Azul’ es «una producción de arte puro» que contiene «la flor de mi juventud». El volumen pasó inadvertido en Chile pero tuvo buenas críticas en España de Juan Valera, que vio en él «una poderosa individualidad de escritor», algo que no tardaría en confirmar con ‘Prosas profanas y otros poemas’ (Buenos Aires, 1896), quizá su libro más ambicioso y perfecto, contemporáneo de ‘Los Raros’.
Pasiones y amigos españoles
Rubén Dario había vivido una gran pasión amorosa con «la garza morena» Rosario Murillo, pero por distintas razones se separaron y apareció en su vida Rafaela Contreras, con la que se casó en 1890 en El Salvador, donde le ofrecerían la dirección de ‘La Unión’, a la que vez que era corresponsal de ‘La Nación’ de Buenos Aires. Rosario Murillo volvería a su vida y se convertiría en su segunda esposa, aunque su gran amor sería una joven analfabeta de Ávila, Francisca Sánchez, con la que tendrá cuatro hijos y solo le sobreviviría uno. Esa historia la rescató la periodista Rosa Villacastín, su nieta, en una biografía novelada.
Rubén Darío amó España. Con locura. Viajó por ella, conoció a casi todos los poetas, frecuentó a Juan Ramón, a Machado, a Unamuno, a los escritores mallorquines, y uno de sus grandes amigos fue el zaragozano Mariano Miguel de Val, que le ayudó y lo acogió cuando las cosas le iban mal. También tuvo palabras de elogio para Mariano de Cavia: dijo que «es el caso rarísimo de un hombre de talento sin enemigos». En 1905 publicó su poemario ‘Cantos de vida y esperanza’, que arrancaba con una estrofa antológica: «Yo soy aquel que ayer no más decía / el verso azul y la canción profana, / en cuya noche un ruiseñor había / que era alondra de luz por la mañana». En 1915, contra todo pronóstico y contra los deseos de Francisca Aguirre, volvió a su país a morir. Su existencia fue tan intensa y tumultuosa como sus versos, en los que buscó las formas más sublimes y perfectas de la hermosura y la ciencia musical de la mejor poesía.

PEPE MELERO & NACHO DEL RÍO: JOTAS Y COPLAS MÁS ANTIGUAS

PEPE MELERO & NACHO DEL RÍO: JOTAS Y COPLAS MÁS ANTIGUAS

NACHO DEL RÍO Y JOSÉ LUIS MELERO OFRECEN UN RECORRIDO ERUDITO POR LAS JOTAS MÁS ANTIGUAS Y DESCONOCIDAS EN IBERCAJA PATIO DE LA INFANTA

 

  • El primer recital se escuchará mañana, viernes 12 de febrero, a las 19:30h horas  

 

  • La rondalla estará dirigida por Javier Badules, Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota

 

 

ZARAGOZA.-  Nacho del Río, cinco veces ganador del Premio Extraordinario del Certamen Oficial de Jota, interpretará mañana en el monumento Ibercaja Patio de la Infanta, jotas aragonesas antiguas y desconocidas con los más hermosos y más puros estilos y tonadas. El recital irá precedido por una conferencia de José Luis Melero, escritor, bibliófilo y actual Jurado del Certamen Oficial de Jota, quien, desde su acreditada erudición, descubrirá a los asistentes coplas de jota aragonesa desconocidas hasta hoy y extraídas de libros raros y de casi imposible localización. Nacho del Río cantará acompañado de tres músicos a modo de pequeña rondalla dirigida por el maestro Javier Badules, Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota.

Conocer y disfrutar la Jota como una de las manifestaciones culturales más antiguas del pueblo aragonés es el objetivo del ciclo “La Jota Aragonesa en algunas de sus coplas más antiguas o desconocidas” que comienza mañana en Ibercaja Patio de la Infanta. El ciclo está dirigido por Nacho del Río y José Luis Melero, ambos académicos de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

 

Las coplas seleccionadas para ser interpretadas en este ciclo van desde el siglo XVIII hasta la actualidad y pretenden enriquecer el valiosísimo legado que los cancioneros históricos nos dejaron. El Ciclo comenzará mañana 12 de febrero con el recital titulado “Del Coplerillo zaragozano de 1783 a La pata de Cabra de Grimaldi”, que incluye coplas que Vicente Fernández de Córdoba y Alagón, Conde de Sástago, mandó recopilar e imprimir en 1783.

 

Las cantas que se interpretarán son las menos conocidas de la jota, pero tienen un enorme poso histórico y son la prueba inequívoca de que la jota se canta en Aragón desde hace siglos. El segundo recital, “De María Pilar Sinués a Miral y Domingo Martínez”, se podrá escuchar el viernes 17 de febrero. Incluye tres coplas de 1862 que la escritora zaragozana María Pilar Sinués incorporó a una de sus novelas, una que apareció en el Almanaque de El Diario de Zaragoza para 1874 y dos que Luis Royo Villanova -que fue en Madrid redactor-jefe de Blanco y Negro- inventarió en 1897 en el famoso “Homenaje a la jota aragonesa” celebrado en la capital de España.

El ciclo concluirá el 24 de febrero con un homenaje a los cantadores históricos. En este último recital se interpretarán dos coplas que llevaba en su repertorio Domingo Martínez, el cantador que le ganó a Miguel Fleta ese año el Certamen Oficial de Jota; una copla que el cubano José María Chacón y Calvo, una de las personalidades más relevantes de la cultura cubana del siglo XX, doctor en Derecho y Letras, presidente del Ateneo de La Habana, director de la Academia Cubana de la Lengua y creador de la Revista Cubana, escuchó en Sallent de Gállego y que recogió en uno de sus libros.

El ciclo pretende enriquecer la historia de la jota y  poner a disposición de investigadores y aficionados un material de primerísima calidad, no conocido en buena medida hasta hoy.  Aúna la expectación de oír cantar en vivo y en directo a Nacho del Río las viejas coplas aragonesas con la de oír hablar de la jota desde el mundo de la alta cultura y la erudición.

Nacho del Río es también Académico correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis y miembro de la Comisión Asesora para la declaración de la Jota Aragonesa como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Cinco veces ganador del Premio Extraordinario del Certamen Oficial de Jota, es en la actualidad, junto con Vicente Olivares, el cantador más laureado de la historia del Certamen. Grabó con Beatriz Bernad los tres disco-libros de La jota ayer y hoy y recientemente ha publicado su último CD: Batebancos. Fue coordinador general de la Jota en la Exposición Internacional de Zaragoza 2008. Cantó en 2009 en el Palau de la Música de Barcelona y ha participado en los más importantes festivales nacionales e internacionales.

 

Nacho del Río bebe en la tradición del gran cantador Jesús Gracia, otro gran maestro que también se tomó siempre la jota muy en serio, y que la estudió, defendió y dignificó en unos años muy difíciles. Esa pasión por hacer las cosas bien se la transmitió Jesús Gracia a su discípulo más dilecto y de él le viene a Nacho del Río su obsesión por el perfeccionismo. Nadie como él representa hoy el esfuerzo por hacer del  canto de la jota una de las señas de identidad más importantes de todos los aragoneses de cualquier signo y condición.

José Luis Melero es miembro del Consejo Aragonés de la Cultura y de la Comisión Asesora para la declaración de la Jota Aragonesa como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Académico correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Bibliófilo y escritor, ha publicado más siete libros y ha participado en otros cincuenta publicaciones colectivas.  Fue uno de los fundadores del Rolde de Estudios Aragoneses y de la revista Rolde, de cuyo Consejo de Redacción forma parte desde entonces. Fue Secretario de Dirección de la Colección “Poemas” de libros de poesía entre 1983 y 1986 y es columnista de Heraldo de Aragón.

Fruto de su pasión por la jota aragonesa (ha sido en nueve ocasiones miembro del Jurado del Certamen Oficial de Jota de las Fiestas del Pilar de Zaragoza) son los tres disco-libros que publicó en Prames,  La jota ayer y hoy,  y su colaboración en los disco-libros de algunos de los cantadores más relevantes de Aragón como Roberto Ciria, Yolanda Larpa o Beatriz Bernad. Ha participado en los programas de Aragón Televisión “Música & Patrimonio: la jota ayer y hoy”, “Dándolo todo jota” y “Se escribe con jota”; y ha colaborado en los dos últimos grandes suplementos que Heraldo de Aragón ha dedicado a la jota (2011 y 2015). Ha formado parte del Jurado del I y II Concurso de Cuadrillas de Rondadores “Ronda del Gancho” (2014 y 2015) y de diferentes Certámenes de Jota Aragonesa. Recientemente ha prologado el libro que recoge las coplas que se cantan en la Ronda de San Martín del Río.

 

RECITAL: DEL COPLERILLO ZARAGOZANO DE 1783 A LA PATA DE CABRA DE GRIMALDI

Día 12 de febrero a las 19.30h en Patio de la Infanta

http://obrasocial.ibercaja.es/zaragoza/recital-del-coplerillo-zaragozano-de-1783-a-la-pata-de-cabra-de-grimaldi

 

*Esta nota es del gabinete de prensa y comunicación de Ibercaja.

 

MARÍA PILAR CLAU Y 'PÉTALOS DE LUNA': "AÚN SE PUEDE MORIR DE AMOR"

Esta tarde, a las 19.00, en la Casa del Libro, en la calle San Miguel, la periodista y escritora oscense María Pilar Clau presenta su primera novela en solitario, ‘Pétalos de luna’ (Booket), una reflexión sobre el amor (y la muerte por amor a través de la relación entre Héctor y Noelia), la amistad, la muerte, la incertidumbre y el desempleo, pero también las traiciones, la promiscuidad y las cartas de amor, que a veces más que ridículas, como decía Fernando Pessoa, son afectadas. Acompañarán a la escritora Luis Alegre (aún no se sabe si cantará Noelia de Nino Bravo) y Antón Castro.

-¿Qué es, qué quiere ser 'Pétalos de luna’ (Booket)? 

“Pétalos de luna” es una novela y eso es lo que quiere ser: una novela que llegue a muchos lectores porque contiene un mensaje para cada persona que a mí me parece vital. Es un mensaje que no se puede compartir sino que cada uno ha de recibir de forma íntima cuando lee. A grandes rasgos el mensaje es que se puede matar y morir de más maneras y por más motivos de los que acostumbramos a considerar. Pienso que hay muchas personas que matan de ese modo o mueren por esas causas y, sin embargo, en ningún momento son conscientes de ello. Los sentimientos son auténticas armas con las que podemos cometer un homicidio o con las que podemos suicidarnos. La diferencia entre estas armas y las otras (las que conocemos más) es que acostumbramos a emplear las primeras de manera inconsciente, y solo la conciencia nos puede salvar. Quizá eso es lo que quiere “Pétalos de luna”, despertar la conciencia.

-¿Aún es posible morir de amor o es más bien una licencia literaria que te permites en la ficción? 

Se puede morir de amor, igual que se puede morir de angustia, de miedo, de dolor... Los sentimientos son poderosísimos y, si nos dejamos dominar por ellos, acaban teniendo consecuencias en nuestro cuerpo. Decimos que alguien ha muerto de infarto, de cáncer... Pero, ¿cuál ha sido la causa de esas enfermedades? En algunos casos los motivos son físicos; pero en otros, las causas tienen que ver con nuestros sentimientos, con nuestros pensamientos, con nuestra alma... Creo que si somos conscientes de ello podemos, en algunos casos, prevenirlas o curarlas.

Parece que no te sientes cómoda en el epíteto: novela romántica. ¿Sería una novela psicológica, una novela negra, sobre las pasiones traicionadas?

Sí que me siento cómoda. ¡Me gusta! Lo que ocurre es que me sorprende. No pretendía escribir una novela romántica; pero, ahora que lo pienso, ¿hay algo más romántico que morir de amor? Me parece bonito que sea una novela romántica. Aún así, creo que la novela tiene otros componentes que me hacen poner en duda esa clasificación: la otra historia, la de Clara, por ejemplo; incluso la propia complejidad de los sentimientos de Héctor y Noelia. A mí me parece que es una novela realista.

-Son muy importantes aquí las cartas de amor en forma de emails. ¿Crees que hay una resurrección del género? ¿Son todas las cartas de amor cursis?

 No creo que haya una resurrección del género epistolar, más bien al contrario, cada vez hay más canales que invitan a comunicarse de modos distintos, más rápidos, más directos.

Las cartas de amor no tienen por qué ser cursis. Además, eso depende de la percepción de cada uno. Las cartas de Héctor son cursis para Clara, pero en absoluto lo son para Noelia. Tampoco lo son para mí. Pienso que son narcisistas. Héctor se recrea en su propio estilo, en su conocimiento, en su vocabulario. Son una exhibición.

-¿Sería Héctor un modelo de Don Juan?

Si respondo a esa pregunta me arriesgo a desvelar algo que no debería. Solo al final se sabe si lo es o no. Solo diré que a él le gusta sentirse así algunas veces y esa es una de las facetas que exhibe en sus cartas, pero solo una.

-Me interesa mucho la amistad entre las dos protagonistas: la muerta, Noelia, y la que escribe la historia, Clara. ¿Sería esta una novela de amistad también? ¿Cómo es Clara, que pierde su empleo?

 La amistad es uno de los temas de “Pétalos de luna”. Toda la narración se basa en una relación de amistad, y en cada acontecimiento, por pequeño que sea, hay una reflexión sobre la amistad y sobre la tremenda y a la vez preciosa responsabilidad de la amistad. No solo está la amistad entre Clara y Noelia, sino también entre Manuel y Clara, Silvia y Rafa, y otros personajes. Clara se pregunta constantemente hasta qué punto pudo haber evitado la muerte de Noelia y si no fue una buena amiga por no haberlo hecho, se pregunta si debe o no tener piedad y acoger a quien fue la causa de los sufrimientos de su mejor amiga... En “Pétalos de luna” hay amistades que nacen, otras que se rompen, otras que se confunden con amor, incluso con nostalgia o con venganza...  

Clara escribe la historia de Noelia en 2011, en plena crisis. La empresa para la que trabaja se queda sin subvenciones oficiales y tiene que despedir a algunos trabajadores, entre ellos Clara. Pienso que refleja bien lo que en ese momento está sucediendo a muchas personas. El paro es un drama, una lacra social muy grave que no solo tiene repercusiones económicas. Me pareció oportuno ponerlo en evidencia. 

-¿Qué importancia tienen para ti las ciudades? Hay una constante defensa de Zaragoza…

Las ciudades son importantes en la medida en que lo son las personas que viven en ellas. Zaragoza es escenario en el que se desarrolla “Pétalos de luna”. Me encanta Zaragoza no solo porque me parece una ciudad preciosa sino, sobre todo, porque aquí vive mucha gente a la que quiero mucho. También hay más de un guiño a Huesca.

 -¿En qué tipo de lector has pensado? ¿A quién te diriges?

En cualquiera que le guste disfrutar de la lectura, que le guste reflexionar, descubrir, ahondar en la complejidad y en la intensa fuerza y debilidad de lo humano.

-¿Qué preocupaciones tienes de estilo? ¿Qué autores te marcan o te interesan?

Me gusta cuando me dicen que tengo un estilo propio y aspiro a identificarme con él cada vez más y, como en todo, a mejorarlo. No sé si eso suena muy pretencioso, pero creo que lo sería más intentar parecerme a alguien. Me interesan los clásicos, siempre he releído mucho a los clásicos. Me interesa y disfruto con literatura del siglo XVI, con la del siglo XIX: releo mucho a Clarín, a Galdós... Me gustan Magdalena Lasala, Alejandro Dumas, Flaubert, Goethe, Kafka, Dostoievski ... Me encantan Ignacio Martínez de Pisón, Faulkner, Scott Fitzgerald, y también Sándor Márai, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Álvaro Pombo, Carmen Martín Gaite, Mariano Gistaín...

 -Hasta ahora habías escrito con Mariano Gistaín… ¿Cómo te has sentido al escribir en solitario?

 Más sola, pero a la vez, más entregada a los personajes, a su intimidad.

¿Qué leeremos de María Pilar Clau en el futuro?

Espero que muchas cosas porque estoy escribiendo unas cuantas a la vez y confío en sacarlas todas adelante. La próxima novela está ya bastante avanzada.

 

*Tomo la foto de Pilar Clau de aquí: 

https://lh3.googleusercontent.com/proxy/R83TqkAYTX-uPz1yGUIVau0Q5Uc87rByPeV9g4x_BbiVtSQ2ziYFkNdV1h0on2_Dc_j3HWfMcQNXv3zeX54ZQ3DqHCKHXsiW7GvUmnx94KzH=w506-h591

 

'VIDA EN FICCIONES' CON DIEGO GALÁN Y MARÍA LUISA SAN JOSÉ

'VIDA EN FICCIONES' CON DIEGO GALÁN Y MARÍA LUISA SAN JOSÉ

El ciclo ‘Vida en Ficciones’ está diseñado desde una doble función en tanto en cuanto se ha concebido como una actividad de proyección cultural y social hacia la ciudad de Zaragoza, organizada desde la Universidad y abierta al público en general. Al mismo tiempo se trata de un seminario asociado a las asignaturas  Historia del cine y otros medios audiovisuales, Géneros Audiovisuales y Cine Español del Grado en Historia del Arte y también al módulo Lenguaje y cultura audiovisual: interpretación y análisis dentro del Master Universitario de Estudios avanzados en Historia del Arte. El ciclo está coordinado por la profesora titular Amparo Martínez Herranz, especialistas en el Teatro Principal, los cines y teatros de Zaragoza y actualmente prepara una gran investigación sobre Luis Buñuel.

 

En esta VI edición de Vida en ficciones, se propone un ciclo de conversaciones sobre la corriente cinematográfica Tercera Vía. Se trata de una tendencia impulsada por el productor José Luis Dibildos, que apostó por películas a medio camino entre el cine comercial y el cine intelectual. Resulta interesante observar el papel que desempeñaron estos planteamientos en los años setenta, ya que aportarían toda una serie de comedias que incluían una cierta perspectiva crítica.

 

-La sesión de hoy, que en realidad es la primera (por enfermedad de Manuel Gutiérrez Aragón, no se pudo celebrar el diálogo entre él y Agustín Sánchez Vidal el pasado jueves 4), corre a cargo de María Luisa San José y Diego Galán Fernández, que disertarán sobre Dibildos y su visión del cine.         

Los ponentes son dos de las personalidades más importantes de la tendencia: María Luisa San José (actriz fetiche de la misma) y Diego Galán (periodista que, desde la revista Triunfo, apostó por la corriente). Biógrafo de Pilar Miró, dirigió durante años el Festival de Cine de San Sebastián y es asiduo columnista cinematográfico de ‘El País. Ambos darán su testimonio en primera persona de lo que supuso la Tercera Vía en aquellos años. 

 

 

 

DIÁLOGO CON RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, PREMIO BIBLIOTECA BREVE

DIÁLOGO CON RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, PREMIO BIBLIOTECA BREVE

ENTREVISTA CON RICARDO SALMÓN

 

[Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) ganaba ayer con ’El Sistema’ el Premio Biblioteca Breve de 2016. El veredicto se hizo público y en una rueda de prensa y en una comida ayer en el Museo Marítimo de Barcelona.]

Nada en su prosa es casual, todo tiene su razón de ser. ¿Cuál es el origen del pseudónimo Juan María Brausen, con el que ha concurrido al Premio Biblioteca Breve?

Juan María Brausen es el agente publicitario que protagoniza ‘La vida breve’, mi novela preferida de Onetti. Lo peculiar del personaje es que, durante el desarrollo de la acción, funda Santa María, el territorio de ficción en que transcurre la mayor parte de la obra del maestro uruguayo. Sin embargo, en los textos posteriores a ‘La vida breve’, Brausen ya no aparece como un personaje de carne y hueso, sino como una instancia mí- tica, una especie de demiurgo al cual incluso se rinde culto. Acerca de ese carácter demiúrgico del lenguaje se reflexiona en ‘El Sistema’ a través de personajes como los Ideólogos y los Forenses, y a través de una institución como la Boca. Hasta ahora ha situado sus novelas en lugares reales, países nombrados o intuidos, momentos concretos de la Historia.

¿Cómo decidió escribir sobre un mundo futuro y qué diferencias ha encontrado a la hora de situar la trama en ese contexto?

Este mundo futuro, que adopta la forma de archipiélago, posee muchos elementos del nuestro, que le ha servido de inspiración y hasta cierto punto de modelo. Lo interesante de escribir sobre un mundo que no existe, pero que es plausible, es que obliga al escritor a conciliar la imaginación, que es su mayor potencialidad, el ámbito más puro de su libertad, con el horizonte del tiempo en el que vive y con sus experiencias personales, con todo aquello que lo constriñe necesariamente. Siento que con ‘El Sistema’ he añadido, al placer de la creación de los personajes y de la trama, el placer de la creación de un espacio ficcional único: un mundo dentro del mundo.

‘El Sistema’ es una novela híbrida, ¿de qué fuentes literarias y artísticas bebe?

Sería imposible mencionarlas todas. En la novela se advierte el influjo de autores que reflexionan sobre la velocidad imparable del presente (Ballard, DeLillo, Houellebecq), el ascendente de los maestros de la parábola (Borges, Kafk a, Lem), la importancia de pensadores que indagan en la evidencia del lenguaje como mecanismo de control por antonomasia (Foucault, Nietzsche, Orwell). También está presente la pregunta por la imagen, con especial atención a la representación pictórica y a una pintura en concreto, ‘La lección de anatomía del doctor Tulp’, la obra de Rembrandt, que en la novela se convierte en una suerte de aleph para su protagonista, el Narrador.

 

El arte es uno de los temas fundamentales de su obra. En esta novela, el arte traspasa las «fronteras realistas» y adquiere una dimensión casi de cábala. ¿Cuál es el papel del arte en el destino del Narrador y por lo tanto de la humanidad?

En ‘Niños en el tiempo’ se menciona una idea de Robert Filliou que sigo considerando decisiva. Según Filliou, el arte es la única actividad humana que enseña que la vida es más importante que el propio arte. Y lo es porque es la parcela que con mayor claridad nos permite reconocer nuestro lugar en el gran ecosistema de las edades históricas y en el gigantesco mapa del tiempo cósmico. Quizá ése sea el verdadero carácter cabalístico del arte: mostrar que en él se encierran todas las posibilidades de interpretación de la realidad, las factibles y las incongruentes, las probables y las aberrantes. Que el propio arte es a la vez contingente e imprescindible, descorazonador y liberador.

 

‘El Sistema’ es su novela más extensa, y sin embargo mantiene la densidad filosófica y el tono mítico que vemos en sus novelas. ¿Qué lugar ocupa ‘El Sistema’ en su obra?

El lugar de un esfuerzo acentuado y de un reto asumido. Había llegado el momento de probarme en términos de pergeñar una historia con más meandros e implicaciones, sin por ello perder la densidad presente en libros anteriores. El reto era escribir una novela tan intensa como podía ser ‘Medusa’ pero sostener esa intensidad en un esfuerzo dilatado, casi agonístico. En ese sentido, ‘El Sistema’ es la culminación de una década de aprendizaje, de afianzamiento en un estilo, la constatación, en términos de ideas pero también de páginas, de cuanto me ha venido convocando como creador desde que en 2006 publiqué ‘La noche feroz’.

 

En un momento de la novela, el Narrador dice que la escritura está reservada a los más débiles, y que es un acto de insumisión y de insubordinación. ¿Son el lenguaje y el discurso artístico la única defensa ante el abuso de los poderosos?

Una característica inmutable del poder es sospechar de la cultura. A lo largo de la Historia la literatura se revela como una actividad incómoda para el poder, cuya constante tentación es prohibirla o, al menos, domesticarla. El odio a cierta literatura es, pues, un índice paradójico pero fenomenal de su valor. Todo gran libro, desde esa óptica, es una mala noticia para el poder. Y cuando pienso en el poder como generador de discurso, pienso también en el poder de la banalidad literaria, en la dictadura del mal gusto, en la imposición de las modas y de sus corifeos. También todo gran libro propone un contradiscurso frente a esa esterilidad del mercado que a menudo nos ahoga.

 

‘El Sistema’ está narrada desde distintos puntos de vista y en todas sus formas está presente la idea de la escritura como impostura desde el momento en que el impulso creador cobra forma, es decir, la autoconciencia como límite. ¿Puede explicar esta idea tan delilliana?

Es una convicción que se encuentra en el centro de mi trabajo. La literatura esconde un doble movimiento: fracaso y éxito; renuncia y hallazgo; aporía y solución. Al inicio el escritor trabaja desde la impostura, pues en su pretensión por aprehender el mundo debe confesar que nunca alcanza su objetivo, que la literatura no es una red que pueda lanzar sobre la realidad para atraparla; pero luego llega una revelación, y es que en el proceso de ese movimiento fallido el escritor descubre que la vida nunca es tan coherente, comprensible e inteligible como en sus representaciones literarias. Dicho de otro modo: que cualquier vida sólo adquiere sentido como relato.

 

Siendo ‘El Sistema’ la historia de una alucinación colectiva, transmite una tremenda soledad, ¿es intencionado?

Existe un factor biográfico que afecta a la novela y ayuda a explicar esa sensación. Redacté la mayor parte de ‘El Sistema’ viviendo en Alemania, en unas condiciones excepcionales para la creación pero que me obligaron a una relación difícil con mi entorno. Estar apartado un año de mi propia lengua acentuó cierta vivencia del exilio. Hablo de un exilio más emocional que intelectual, pero que se trasladó con inusitada fuerza al texto. No en vano, y hasta cierto punto, ‘El Sistema’ es la narración de un hombre solo en medio de un mundo que se desmorona y que no entiende, un hombre que posee un único instrumento para interpretar esa situación: la escritura. La identidad, la independencia, el control político, los refugiados, el poder destructor de la tecnología, la crisis económica, los atentados terroristas, la inseguridad, el colapso del sistema capitalista...

 

¿Por qué ha escogido una distopía [una sociedad ficticia indeseable en sí misma] para narrar la realidad?

Por dos razones. La primera es la urgencia con la que la realidad se desplaza y cambia desde hace unas décadas. Entendía que, en este caso, la velocidad de crucero de la realidad era mucho mayor que la de mi ficción, así que necesitaba anticiparme un poco a los calendarios para no resultar obvio, ingenuo o ambas cosas; la segunda razón es que uno de los temas que aborda la novela, y que en cierto modo la corona y culmina, es el poshumanismo, la superación de nuestra especie, pero no planteada como una quimera o como alimento para elucubraciones más o menos edificantes, sino como una certeza irrebatible. 

 

*Esta entrevista con el ganador del premio Biblioteca Breve la ha realizado el gabinete de comunicación y prensa de Seix Barral.

 

**Esta foto tan bella la tomo de internet, pertenece a Antonio Heredia, la publicó ’El mundo’ y el autor de ’La ofensa’ o ’Derrumbe’ está en la librería Central.

RAFAEL BERRIO, HOY, EN LAS ARMAS

RAFAEL BERRIO, HOY, EN LAS ARMAS

EL CRONISTA RAFAEL BERRIO

Hace algunos años me hablaron de Rafael Berrio, un cantante donostiarra que tenía alma de poeta melancólico. Cantaba con una vez lenta, casi arrastrada, con la certeza de que lo esencial era la emoción habitada de su canto: las palabras nítidas, poéticas, extrañas, casi inquietantes, entreveradas de rock. Primero publicó ‘1971’ y luego ‘Diarios’. De él se decía que era un tipo diferente, entre excéntrico y sigiloso, que se inspiraba ante el enigma del mar. Le gustaba la poesía del Siglo de Oro, pero también Jaime Gil de Biedma o el Fernando Pessoa de los heterónimos, en particular aquel Ricardo Reis, imaginario, que le dictó a José Saramago una de sus mejores novelas: ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’.

El peculiar Berrio, quizá con timidez de cantautor minoritario, hablaba de amores indecisos, del desencanto, de crisis a las que no le es fácil ponerle adjetivos, escribía canciones que parecían cuentos de hadas. Proponía viajes a su propio corazón de náufrago varado en su árida añoranza. Y poco a poco, con aire entre desgarrador y escéptico, fue contagiando sus melodías. Se había educado con los cantantes franceses: Serge Gainsbourg, Charles Trenet, Leo Ferre, Brel, Brassens, poetas del escenario, rapsodas graves que están siempre a punto de reírse hasta de su sombra. También le interesaban Lou Reed y el filósofo Cioran. Algunos músicos le pidieron temas: Mikel Erentxun, Sole Jiménez, La Oreja de Van Gogh. Y él se hizo de rogar solo lo justo. Ignacio Escuín publicó un volumen de sus canciones-poemas en Eclipsados. A la vez multiplicaba su lista de fans y se hacía acreedor a una definición: “Berrio es el cantante que aman los músicos”. Tal vez. Pero también el público: el lúcido, escéptico (“me da lo mismo que sea hoy o mañana”), que siempre halla metáforas, instantes, frases felices, confesiones un tanto arriesgadas como cuando dice que fue “crisálida indiferente hasta ayer” o recrea “las lindes del edén, las lindes del infierno”.

Rafael Berrio entregó el pasado año ‘Paradoja’, un disco contundente e inquietante, agrio y lírico, intenso y hermoso, con el que llega hoy a Las Armas, a las 22.00. Su álbum es una apuesta por el rocanrol, es un corazón que se abre y revela sus paradojas y su perplejidad, y bien podría ser una crónica de esta España incierta, donde “nadie encuentra su lugar ni de perfil” y hasta el porvenir “pocas trazas tiene de buen fin”.

 

*De la serie ’Cuentos de domingo’. Se publica hoy en Heraldo de Aragón. 

La foto es de Gema Amiama.

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

 

EL POETA, EL MAGO, EL CHAMÁN

 

Xoán Abeleira traduce la antología ‘Pleamargen’ para Galaxia Gutenberg

 

Xoán Abeleira es poeta, apasionado del arte y traductor. Cada vez que trabaja sobre un escritor lo hace con intensidad, con voluntad de escrutar su poética, su existencia y los versos hasta sus últimas consecuencias. Lo hizo, pongamos por caso, con Robert Desnos y Arthur Rimbaud (para Hiperión), con Sylvia Plath y Ted Hughes (para Bartleby), y acaba de hacerlo con André Breton (1896-1966), al que define como uno de los grandes poetas del siglo XX.

Lo califica así y lo explica en un prólogo de más de un centenar de páginas, amasadas con referencias, citas, opiniones y con su propia percepción expuesta con veneración y con rigor; el volumen incluye una amplia selección de notas que ofrece el esclarecimiento de los poemas, casi a verso a verso. El libro se titula ‘Pleamargen. Poesía 1940-1948’ y lo ha publicado Galaxia Gutenberg en una colección que dirige el gran poeta y traductor Jordi Doce.

 

Poesía extraña, radical y única

De las casi 500 páginas del tomo, solo 200 son de la poesía, toda en bilingüe, salvo dos textos en prosa: ‘Arcano 17’, un poemario inspirado en el tarot (lo estudió en Nueva York, gracias al pintor Kurt Seligmann), y en concreto en La Estrella, que nació de su relación con la pianista chilena Elisa Bindhoff, a la que conoció en 1943 en el café Larrés de Nueva York y con quien se casó en 1945, y ‘Calados’. Esa cifra de páginas da una idea de la labor del traductor: es una apología entusiasta. 

Abeleira utiliza una cita del poeta, «normando, criado como bretón», en su primera página: «No ser nada, ser todo, abrir el ser», y asegura que su su poesía «es extraña. Es marginal. Es inquietante. Es radical. Es única». Tras elegir el término superrealismo frente a surrealismo, recuerda que Henri Béhar, que transcribió el poemario ‘Arcano 17’, dijo que las tres obsesiones de Breton fueron: «conseguir la mayor precisión semántica y sintáctica posible (“la palabra justa en el lugar justo”), evitar repetir un término en el mismo párrafo o en la misma estrofa e incluso en la misma página, y armonizar el ritmo, siempre el ritmo». A partir de ahí el traductor analiza algunas de las constantes del escritor, que sintió un gran interés por la filosofía analógica y la hermética, «los secretos mistéricos» y el ocultismo (que «fue para Breton un crisol donde someter al baño María sus propios materiales»), e identificó al poeta con el mago, algo que avanzó Novalis, otorgándole tres cualidades: la de vidente, la de mago y la de sanador.

André Breton iba para médico, pero lo dejó. Con todo, tocado ya por el ángel de la poesía, en 1915 fue movilizado en la I Guerra Mundial en sanidad y aprovechó el lapso de treguas para leer, sobre todo a Arthur Rimbaud, interiorizó su verso «Yo soy otro». A esa referencia se irían sumando otras: Stéphane Mallarmé, Guillaume Apollinaire e incluso Paul Valéry. Pero también le apasionó Sigmund Freud, que le daría algunas claves para desarrollar el superrealismo y firmar en 1924 el ‘Manifiesto surrealista’. Para entonces ya era amigo de surrealistas y vanguardistas como Tristan Tzara, Paul Eluard, Louis Aragon, Philippe Soupault (con quien firmará su libro ‘Los campos magnéticos’ en 1920) o Francis Picabia.

Aunque en apariencia Breton no haya sido el surrealista más leído, sí quizá fuese el más influyente. En 1927, con sus colegas, se afiliaría al Partido Comunista, militancia que interrumpiría en 1935. Entre tanto no dejó de publicar: se casó con Simone Collinet, con Jacqueline Lamba, con quien tuvo una hija. Fue llamado a filas en 1939 como auxiliar sanitario en Poitiers.

La selección de textos abarca desde ‘Pleamargen’, una pieza de 80 versos, sigue con ‘Fata Morgana’, que arranca con este bello despliegue de imágenes -«Esta mañana la hija de la montaña sostiene en sus rodillas un acordeón de murciélagos blancos»-, entroncadas con un rasgo que no se le escapa a nadie: la escritura automática. ‘Fata Morgana’ fue redactado en diciembre de 1940 en Marsella, en la villa Air Bel, en un momento en que los Estados Unidos protegían a los intelectuales de los nazis; Breton hacía recelar al infame Gobierno de Vichy. El escritor declararía que con este extenso poema quería afirmar «su resistencia, más intransigente que nunca, a las tentativas masoquistas que, en Francia, tienden a restringir la libertad poética o a inmolarla en el mismo altar que las otras».

 

El amor de Elisa Bindhoff

‘Pleamargen’ incluye una de las piezas más brillantes del conjunto, y quizá de toda la obra bretoniana, la ‘Oda a Charles Fourier’, un poema épico de exaltación, matizado por la libre asociación de imágenes. Otro texto es ‘Los Estados generales’, que puede leerse como una síntesis de sus grandes asuntos: el amor, la libertad, el sueño, el poder de adivinación, la presencia femenina. Sin duda, el poema más conmovedor del volumen  es el ya citado ‘Arcano 17’, porque revela una historia de amor y de angustia (Elisa Bindhoff acababa de perder a su hija y había intentado suicidarse; Breton se había separado de Jacqueline Lamba) y, sobre todo, compuso una historia sobre la eterna juventud y el mito de la resurrección; al fin y al cabo, Elisa y Breton resurgían los dos de distintos dolores. Escribe Breton en un texto complejo y rico, lleno de elementos confesionales: «Tú bien sabes que, al verte por vez primera, te reconocí de inmediato sin la menor vacilación. Y de qué confines terribles, los más custodiados de todos, no vendrías. (…) Cuando te vi, aún flotaba en tus ojos toda aquella niebla de una especie indecible».

‘Pleamargen. Poesía 1940-1948’ es, ante todo, una invitación emotiva para conocer mejor a André Breton. Y a sentirlo, a intentar entenderlo y a reubicarlo con precisión. A veces, lúcido y entrañable, confiesa: «Existe en el hombre, antes que nada, una terrible necesidad de infancia que pide ser colmada».

 

 

*André Breton y Elisa Bindhoff. Este texto pertenece a la serie que se publica todos los jueves en ’Artes y Letras’ de Heraldo. Por ahora han aparecido Marcel Schwob, Harry Kessler, Camilo José Cela y Karen Blixen.

MARTÍN CAPARRÓS: 'LACRÓNICA' EN CÁLAMO

MARTÍN CAPARRÓS: 'LACRÓNICA' EN CÁLAMO

En el libro ‘Lacrónica’ de Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), el escritor publica una selección de 23 crónicas, comentadas o con elementos teóricos y autobiográficos (lo cual, además, resulta de mucha utilidad), y entre ellas figura una cita con el polaco Ryszard Kapuscinski, a llama El Maestro. Reacio a las entrevistas, el texto es enjundioso. El reportero le dice a Caparrós:

-1. La crónica es literatura construida a partir del material de la realidad.

-2. [¿‘Territorio comanche’?] Todo eso es falso, completamente falso. Yo nunca encontré un periodista como los de ese libro: nosotros teníamos miedo, tomábamos todas las precauciones. Lo de Pérez Reverte son puros inventos.

-3.  Yo nunca en mi vida hice una sola entrevista. Nunca jamás. A mí me hacen entrevistas, pero yo nunca hice ni una sola. (…) Sí, cada vez hay más, y es un género despreciable.

-4. Para ser periodista hay que ser, ante todo, un buen hombre o una buena mujer: buenos seres humanos. Una mala persona nunca puede ser un buen periodista (…) El trabajo del periodista es como el del misionero, tiene que abrir caminos para que los pueblos se conozcan. La misión del periodista es hacer algo bueno por los otros: una obligación ética. Yo tengo una visión muy idealista de esta profesión.

-5. Yo empecé como poeta, lo primero que publiqué fueron poemas, y todavía escribo poesía. Los únicos que realmente se ocupan del idioma son los poetas: para ellos el lenguaje es lo más esencial. Por eso, si se quiere tener un buen idioma, escribir de una manera bella, hay que leer constantemente poesía: no hay otra fuente de belleza, de riqueza, de frescura para el idioma. Por eso yo desde hace años no leo ninguna novela, pero sigo leyendo poesía.

 

-Del libro ‘Lacrónica’ de Martín Caparrós, publicado por el sello Círculo de Tiza, que se presenta esta tarde en Zaragoza, en la librería Cálamo, en compañía de la profesora María Angulo. Marrtín Caparrós recibirá el día cuatro de marzo uno de los premios Cálamo en una gala, en el Teatro Principal, que conducirá la escritora y periodista Lara Siscar.

 

*La foto de Martín Caparrós la tomo de aquí:

https://eloficiodenarrar.files.wordpress.com/2012/01/caparros-martin.jpg