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Antón Castro

PEDRO BOSQUED: UN CUENTO

PEDRO BOSQUED: UN CUENTO

PEDRO BOSQUED: UN RELATO CON 'LA GIOCONDA' AL FONDO

 
[Me escribe Pedro Bosqued, escritor, farmacéutico y zaragocista, le pido un texto y me manda este con una buena noticia: "Te mando un pequeño texto que formará parte de un libro de cuadros y microrrelatos que el grupo Calamita sacará el próximo otoño, con prólogo de Javier Sebastián". 

 

Por Pedro BOSQUED
Güelfos y Gubelinos. Épica. Giocondas y anacondas. Drama. Hogares y humedades. Lírica. Jacobinos y partisanos. Novela. Austrohúngaros y moldavos. Ensayo. Imperiales y troskistas. Poesía. Soviets y nazis. Cuentos. Monárquicos y republicanos. Microrrelatos.
Todos me habéis mirado, todos os habéis sentido insustituibles. Miradme bien porque cuando ya no estéis, yo seguiré mirando. Belleza.

EDMOND JABÈS EN TROTTA

EDMOND JABÈS EN TROTTA

TROTTA PUBLICA EL VOLUMEN PÓSTUMO DE EDMOND JABÈS,

'EL LIBRO DE LA HOSPITALIDAD'

 

"De ti, me despido, pero viviré de tu lectura. / Inconmensurable es la hospitalidad del libro". El sello Trotta publica ‘El libro de la hospitalidad’ de Edmond Jabès (El Cairo, 1912-París, 1991), autor de uno de los grandes libres de aforismos y poesía, como ‘El libro de las preguntas’. ‘El libro de la hospitalidad’ es un libro póstumo: apareció poco después de su muerte en 1991. Los textos que aquí se recogen pueden verse en el blog de Trotta.

La poesía de Edmond Jabès es escritura de escrituras, memoria insoslayable de la cultura y la letra, es decir, revisión obligada de la historia, relectura eterna de la memoria y cuestionamiento perenne de la identidad, de la equivalencia o la univocidad. Por eso la poética de Jabès enarbola uno de los más extraordinarios cantos de la diferencia en la poesía occidental contemporánea. Atravesada por el judaísmo y la existencia de los campos de exterminio, esta obra jabesiana recoge un texto póstumo repleto de emoción, de compromiso y de belleza: El libro de la hospitalidad, recientemente publicado por Editorial Trotta y del que ofrecemos a continuación algunos fragmentos. 

 

 

La espera en el umbral

Escribir, ahora, únicamente para dejar constancia de que un día dejé de existir; de que todo, encima y alrededor de mí, se volvió azul, inmensa extensión vacía para el vuelo del águila cuyas poderosas alas, con su batir, repiten hasta el infinito los gestos del adiós del mundo.

Sí, únicamente para confirmar que dejé de existir el día en que el ave rapaz ocupó solo el espacio de mi vida y del libro, para erigirse en dueño y señor, y devorar aquello que, una vez más, intentaba, en mí, nacer, y que yo trataba de expresar.

 

El desierto como lugar y la hospitalidad como criterio

«El desierto es mi lugar ―decía―. Y ese lugar es un puñado de arena».

Y añadía: «Dobles, como las Tablas de la Ley, son mis palmas y diez, como mis dedos, los caminos de mi raza».

El interior de la piedra está escrito.

Desde siempre y para siempre legible.

Variable espacio de la hospitalidad.

Duelo y, de repente, renacimiento.

«Te bendigo, oh mi huésped, mi invitado ―dijo el santo rabino―, porque tu nombre es: Aquel que camina.

»El camino está en tu nombre.

»La hospitalidad es cruce de caminos».

 

La hospitalidad de la lengua

¿Cambian las palabras cuando cambian de boca?

―¿A qué vienes a mi país?

―De entre todos los países, el tuyo es el que más me gusta.

―Que te guste mi patria no justifica tu presencia permanente entre nosotros.

―¿Qué me reprochas?

―Extranjero, tú, para mí, siempre serás un extranjero. Tu sitio está en tu país, no aquí.

―Tu país es el de mi lengua.

―Detrás de la lengua, hay un pueblo, una nación. ¿Cuál es tu nacionalidad?

―Hoy, la tuya.

―Un país es, antes que nada, una tierra.

―Esa tierra también está en mis palabras. Pero lo confieso, no es la mía.

―Por fin lo reconoces.

―En realidad, no tengo tierra. He hecho, del libro, mi lugar. Y tú lo sabes.

 

Una llamada desesperada

Esto es lo que soñé. Buscaba un folio. Me obsesionaba una frase y quería apuntarla. Escribía, aunque no tenía papel. Sufría por no escribir y escribía ese sufrimiento.

¿Acerca de qué escribía? No sabría decirlo. Escribía que no sabía acerca de qué escribía. Escribía incluso que no sabía si escribía.

«Crees que escribes ―me dijo un visitante que me observaba, desde hacía algún tiempo, sin que yo me diese cuenta―. Tú ya has escrito todo, y todo lo has olvidado».

Sin duda, se trata de eso, pensaba yo. Escribo sobre el olvido o, más bien, escribo sobre el olvido y, a medida que lo escribo, olvido lo que escribo.

¿Quién leerá lo que no se puede leer? Leo para cada lector ingratamente frustrado. Leo para todos.

Y mi lectura es una llamada desesperada.

 

La hospitalidad del libro

Recapitulemos.

No tanto para vosotros como para mí mismo.

He apoyado, desde siempre, la pregunta y me he dejado llevar por el libro.

Me he enfrentado a la semejanza y he asumido la subversión.

Me he dedicado a delimitar lo real y lo irreal; la ausencia y la presencia; la vida y la muerte, la palabra y el silencio.

He extendido el diálogo y he definido qué es compartir. He hecho balance.

De ti, me despido, pero viviré de tu lectura.

Inconmensurable es la hospitalidad del libro.

 

 

 

PASEO DE CUENTO A MEDIANOCHE

PASEO DE CUENTO A MEDIANOCHE

A PLENO SOL / 3. Nacho Arantegui es un artista que se preocupa por los bosques de ribera. Solo o con el equipo Trarutan organiza veladas con esculturas e instalaciones y una atmósfera de fábula como la que se cuenta aquí.

 

 

El paseo de medianoche

por una chopera de cuento

 

Torres de Berrellén está en fiestas. Es viernes, 18 de julio. Un viento caliente sacude las terrazas y enciende una música obstinada en el corazón de la chopera que se alza a orillas del Ebro, a escasos kilómetros de la población. El artista zaragozano Nacho Arantegui, un creador y divulgador de arte medioambiental, confiesa que cuando era niño venía, con otros compañeros de Casetas, a este lugar mágico de la ribera. Entonces exploraban el espacio, lo recorrían, jugaban y, casi sin querer, empezaban a familiarizarse con el canto de los pájaros, con las pavorosas sombras y esos tallos que crecen y crecen y “se alargan hacia el cielo como catedrales, como auténticas catedrales góticas”, dice.

Esta noche de misterio y de sonidos, Arantegui ha invitado a catorce personas a conocer su proyecto ‘La fantasía de los árboles’: un paseo sosegado por este soto ideal donde ha ido colocando esculturas, refugios, raíces o piezas de ‘land art’. Son casi las once y arriba, en un cielo que se entrevé ceniciento y claro, lucen pequeñas estrellas. Un instante antes de presentar su trabajo, dice Nacho: “El bosque ha sido generoso con nosotros. Nos ha revelado sus secretos y nosotros hemos creado un itinerario y le devolvemos sus enigmas”.

        La atmósfera es de cuento. De los hermanos Grimm o de las fantasías de E. T. A. Hoffmann. Quizá haya fantasmas al acecho (“en un lugar así siempre los hay y, a menudo, se suman a los que nosotros llevamos dentro”); en las ramas se esconden los autillos y quizá los ruiseñores, y entre los matorrales, sin ánimo de salir, se ocultan los zorros y una hembra de jabalí que está criando. La primera parada se llama ‘El nido’. El soto está bellamente iluminado. Hay un camino circular que recorre su imprecisa circunferencia y un sendero central, dibujado por diversas luminarias. Podría ser la noche de los fuegos fatuos o de la Santa Compaña. El artista colabora con el colectivo Trarutan, de Arte, Naturaleza y Aventura. Y a todo el grupo, sentado en pequeños troncos, le recuerda que el bosque tiene un tiempo distinto, un ritmo de contemplación y de silencio. Ante el nido, de dos metros de diámetro, cuenta que ha sido construido con ramas y con el algodón que van soltando los chopos hembra. Arantegui es un fotógrafo de las estaciones, un escultor y un amanuense que cree en el poder de las instalaciones en el paisaje.

De ahí se va a la segunda parada por un lugar intrincado, lleno de ramas. Casi un laberinto o una emboscada. Los visitantes, con linternas, se abren paso hasta un abrigo romántico, protegido por lianas y guirnaldas y por la amabilidad creciente de la noche. Se sientan. Desde el fondo de la oscuridad irrumpe una voz que ensaya diversos sonidos, un monólogo gutural, canciones ininteligibles. Al final, el actor-rapsoda se acerca y ensaya un cuento ante el chopo centenario, grueso y arrugado: recuerda que cerca de allí está el río Ebro y que todas las noches un anacoreta sale a pescar en su barca; una noche pesca a un gran pez y cuando le va a quitar el anzuelo, el pez, como si fuese el rodaballo de los cuentos (al que Günter Grass glosó en su novela ‘El rodaballo’), le habla. García Lorca, en su ‘Romance sonámbulo’, dice: “Grandes estrellas de escarcha / viene con el pez de sombra / que abre el camino del alba”.  La noche se ha llenado más que nunca de hechizos.

        La tercera aventura permite descubrir la senda central. A la izquierda del camino se ven unas figuras estilizadas, como esculturas de Alexander Calder, Pablo Serrano o Alberto Carneiro: tienen su propia armonía en el espacio. La chopera ha sido regada por la mañana y el suelo está encharcado. Nacho Arantegui señala que pronto se verá el color levemente anaranjado que adquiere y recuerda que la plantación de las choperas se ha hecho en forma reticular. ‘Los guardianes del bosque’ resultan inquietantes: quizá formen parte de una danza macabra con su ojo de vidrio. Se regresa al camino, Arantegui y su equipo –que graban todo cuanto sucede- piden a los visitantes que miren. De repente, sale un hombre o un espectro envuelto en un chisporroteo de centellas y se pone a bailar. Es como la danza del fuego. Había fantasmas y ya han salido.

Hay más estaciones de paso o refugios. Por ejemplo, el artista muestra el ‘Árbol-Templo’, que se ha construido con un tronco herido o enfermo en cuyo interior habían morado los pájaros. Solicita a los visitantes que abracen los árboles y apliquen el oído a la corteza. Es una sensación gozosa. Parece que cada chopo tiene distintos sonidos en su interior y que la tierra tiembla. Más adelante hay una suerte de esqueleto arcaico de ballena varada que han hecho con un árbol que arrastraba el río y con muchos hilos. La última estación de esta velada es una suerte de caverna que las ramas han construido en medio de la espesura. “Es un recinto espontáneo, pero con muchas posibilidades: acogedor, mágico, idóneo para oír la música de la calma”, dice Nacho Arantegui. Algunos pegaron la oreja a la tierra, otros soñaron, otros creyeron estar en un mundo fuera del mundo, mecidos por una suave percusión. Hacia la una y media, concluyó la velada. El Ebro decía palabras intraducibles a una pradera sombría y a la luna desmigajada.  

 

EL ANECDOTARIO

 

El bosque desconocido. El alcalde de Sobradiel participa en esta expedición. Cuenta entre parada y parada: “Recuerdo que un día, hace ya varios años, apareció Nacho con su aspecto de hippie por el ayuntamiento. Venía a contarme un proyecto de arte y ecología. Me pareció raro, extravagante. No sabría cómo decirlo. De repente, me enseñó unas fotos de la chopera de Sobradiel, de un trabajo universitario que había hecho, y me quedé sorprendido. Eran mis bosques, los conocía como la palma de la mano, pero yo nunca los había visto así, tan bellos y evocadores. Parecían otros. Así me ganó Nacho. Me contó su apuesta. Creo que su trabajo no está reconocido. Es increíble y aquí se está viendo”.

 

Doce años. Cada doce años se cortan los chopos y se vuelven a plantar. “Los chopos tienen unos doce años de vida, explica el artista, y para los pequeños ayuntamientos son centros de vida, de futuro, pero también suponen muchos gastos. No es fácil que alguien que se dedica a la política le vea rentabilidad a algo que se alarga tanto en el tiempo. Tres períodos políticos”, dice Nacho Arantegui. El artista y el equipo de Trarutan, Arte, Naturaleza y Aventura, han empezado en Torres de Berrellén y en Sobradiel, y ya preparan proyectos específicos con los niños. Les ofrecen bosques de fábula y una invitación a desarrollar la imaginación en medio del paisaje.

 

*La fotografía es de Nacho Arantegui.

MINGOTE O EL HUMOR LIBRE

[Con este texto inaguraba el pasado domingo la serie 'A pleno sol' en 'Heraldo de Aragón, a propósito del libro 'Mingote reservado' que publica Edad, con edición de Isabel Vigiola, viuda del artista, y del periodista Antonio Astorga.]

 

A PLENO SOL. Aparece un libro del ilustrador y dibujante aragonés que recoge diarios, apuntes, bocetos, cartas y dibujos inéditos, censurados y prohibidos. El artista, además, recuerda sus años en Aragón.

 

Mingote

El arte de hacer el humor libre

 

Antonio Mingote fue, según dijo Paco Umbral, «el Picasso de los periódicos». Desde su ingreso en ‘ABC’ en 1953, hasta su muerte en 2012, publicó 25.000 dibujos. Realizó muchos más, para la revista ‘Blanco y negro’, para ‘La Codorniz’, en la que ingresó en 1941 cuando la dirigía Tono y permaneció con la llegada de Álvaro de la Iglesia, y en muchas otras publicaciones, sin contar sus libros o proyectos que hizo para ilustrar a Cervantes o la trilogía que firmó con José Manuel Sánchez Ron.

Mingote fue, ante todo, un trabajador incansable que pertenecía al gremio de los «trabaja idiota, no pares», tal como solía decir. En el fondo, pintar, dibujar e ilustrar eran su pasión. Solo una vez estuvo con Franco y el dictador le dijo que no acertaba a entender cómo tenía tantas ocurrencias todos los días. Muchas de sus sugerencias tenían efecto inmediato en los consejos de ministros. Franco, siguiendo la tira, conminaba a que se acelerase la construcción de los Nuevos Ministerios.

        No todo lo que dibujó, pintó y abocetó Antonio Mingote (Sitges, 1919-Madrid, 2012) se publicó, como se ve en el libro ‘Mingote reservado. El taller desconocido de un genio’ (Edaf, 2014), que han preparado su viuda Isabel Vigiola y el periodista Antonio Astorga, que conversó con él y le grabó en su estudio y captó su afán de «explicar el mundo». El volumen es un recorrido por los «apuntes, bocetos, inéditos, censurados y prohibidos». Hay muchos materiales secretos: los cuadernos que llevó durante los tres años de Guerra Civil, algunos diarios con dibujos de la posguerra, cuentos inéditos ilustrados, muchos bocetos, una carta conmovedora de su madre. Y, por supuesto, hay una importante sección de dibujos y viñetas censurados: los editores reproducen el original, a veces con la cruz roja que le ha puesto el censor o la dirección (a veces se agrega: «En consulta») e incorporan la carta de censura. Dedica una viñeta a los procuradores, donde se lee: «Y tenemos que remediar importantes omisiones. Por ejemplo, hasta ahora no hemos hablado ni una sola vez de la batalla de las Navas de Tolosa». La carta de negativa dice: «Madrid, 3 de diciembre de 1968. “Imposible. Veto máximo. Vivamente lo siento. (...) La Dirección entiende que no es oportuno publicarlo. Un cordial abrazo. Pedro de Lorenzo, director adjunto de ABC”». La censura afectaba a todo: a la religión, a la sociedad, al cine. Dos mujeres conversan y dicen: «A mí me gusta ver las películas extranjeras para darme cuenta de lo decentes que somos en España». Entres sus bocetos hay muchas mujeres desnudas: una vieja debilidad gráfica, que se repite en el apartado ‘Dibujos y apuntes’, en el que hay cuidados retratos, un autorretrato con modelo en cueros que se transforma en árbol sinuoso en el lienzo, y diversas sirenas.

         A lo largo del libro, se recuperan textos inéditos, entrevistas, pregones, álbumes fotográficos con voluntad cronológica. Así, el lector viaja por la biografía de Mingote y conoce mejor sus vínculos aragoneses. Mingote solía decir que «la amistad es la mayor riqueza del hombre». Quiso mucho a los escritores Ildefonso-Manuel Gil y Carlos Clarimón y al galerista Tomás Seral, tenía inmejorables recuerdos del guionista riojano Rafael Azcona. Su infancia en Daroca, su estancia en Calatayud y sus años de adolescencia y de primera juventud en Teruel y luego Zaragoza. A través de  la figura de su padre, «un romántico, un darocense», Ángel Mingote («Mi padre fue un músico bondadoso pero malhumorado», dice), recuerda el paraíso perdido de Daroca, donde se hizo su primera cicatriz: «El colegio estaba enclavado en dicha parte de la muralla. Forma parte de ella. Por eso lo recuerdo tan vivamente y no se borra de mi imaginación. Para mí, el castillo era de fantasía, de leyenda». Hacía teatros de cartón, dibujaba «decoraciones» y, con su hermana Mercedes, «también dibujaba películas en rollos de papel, que luego pasaba por una ventana que había construido con una caja de zapatos».

Dice que apenas tenía recuerdos bilbilitanos, pero sí muchos de Teruel. Empezó un pregón fiestas de Teruel de 1985 así: «Érase un Teruel antiguo y prodigioso. Era tan prodigioso que el cine, que era mudo, se puso a hablar como es lógico de pronto y, lo que es más sorprendente, a cantar. Una ciudad maravillosa». No fue buen estudiante, se enamoró del baile y de algunas muchachas, con las que se hacían manitas, y con el pintor turolense Ángel Novella alimentó un sueño: «Yo quería ser pintor de los buenos». Con 17 se va al frente, se hizo militar y alcanzó el grado de capitán. Un día decidió dejarlo todo por el dibujo y el humor. Resume: « Soy un hombre de suerte. Voy a la guerra y sobrevivo, vengo a Madrid y triunfo».

 

CORTE

EL ANECDOTARIO

 

Caricatura y realidad. “Es claro que no se puede hacer caricatura de lo que no existe. Sin embargo, los dibujantes españoles somos proclives al surrealismo que fue durante mucho tiempo -toda la primera época de 'La Codorniz'- la única posibilidad para el humor. Ahora, todavía el sobreentendido, la insinuación, la elipsis, la reticencia son condicionamientos obligados en la aproximación a la realidad”.

 

El humor. “Lo mío creo que no es vocación, ni carrera, ni oficio; simplemente tengo humor. El chiste da para comer. Lo que pasa es que yo tengo un oficio que, en este país, es como ser torero en Suecia. Es decir, que caes simpático, pero no te dejan torear (…) El humor sale de pronto. Uno no lo tiene, ni puede decidirlo por sí mismo. Es ajeno a la voluntad, pero surge haga lo que haga. Según Camón Aznar, hay un humor aragonés que es vivo, permanentemente vivo y actual. Congénito a la tierra y empieza, y se apoya en un espíritu crítico exacerbado, agudo y directo”.

El amigo borde. “Yo ya sabía que tú no eras gracioso -me dijo mi amigo sinceramente apenado-. Pero no comprendo ese interés tuyo en que se entere el resto de los españoles”.

 

*La foto, reproducida en el libro, la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-b38c846a4f42a1d2c3fc6a19aea3ccde.jpg

 

 

EL COLECCIONISTA DE ADIOSES

EL COLECCIONISTA DE ADIOSES

CUENTOS DE DOMINGO / Antón Castro

 

El coleccionista de adioses

 

Antonio Tabucchi es uno de mis escritores favoritos. Sobre todo por dos libros, ‘Dama de Porto Pim’, que sucede en las Azores con un fondo de amores tumultuosos y de ballenas, y ‘Sostiene Pereira’, donde cuenta la historia de un hombre viudo que habla a su mujer cada noche y malvive redactando necrológicas en un periódico. Pereira, al que encarnó Marcello Mastroianni, tenía algo perturbador: padecía la enfermedad portuguesa de la saudade y a la vez tenía algo de nihilista y absurdo; hace pensar en Bartleby, el personaje que imaginó Melville que anticipa a Kafka. Conozco a alguna gente que lo primero que hace es leer las esquelas, fijarse en la eufonía de los nombres y en la edad. Y no solo eso, pueden hacer chistes o juegos de palabras con los apellidos del finado. En Pedrola, o quizá sea en Torres de Berrellén o Sobradiel, no me quedó claro, vive un coleccionista de necrológicas, que no un escribidor. Compra dos o tres diarios, especialmente cuando se produce una defunción. El domingo finaba Lorin Maazel, uno de los grandes directores de orquesta de la historia; él anotó en su cuaderno de defunciones que también había dicho, como Zubin Metha, Baremboim o Teresa Berganza, que el Auditorio de Zaragoza posee la mejor sonoridad del mundo. Al día siguiente moría la escritora Nadine Gordimer, Premio Nobelde 1991: publicada y querida en España; sus libros, valientes e intensos, defienden la libertad, la tolerancia y la convivencia en Sudáfrica. Mandela pedía que se los llevaran a la cárcel. También falleció Johnny Winter, el ‘bluesman’ albino que recogió el legado de Jimi Hendrix, en cierto modo, y grabó discos espléndidos: de versiones y originales, con energía y un sonido desgarrador y apasionado. Se fue Alice Coachman Davis, la primera mujer negra que logró una medalla de oro olímpica. Saltó 1.68 de altura, en Londres-1948. Le hicieron un gran homenaje en Albany, aunque los blancos y los negros estaban separados. Han matado a medio centenar de niños inocentes en Gaza. El coleccionista de necrológicas también había puesto en su agenda granate: “Adiós al Real Zaragoza”. Ha tachado y, con tinta roja, ha escrito: “Hay esperanza”.

 

VALERIA BERGALLI Y MINÚSCULA

VALERIA BERGALLI Y MINÚSCULA

[La editorial Minúscula de Valeria Bergalli cumple quince años. Cuando cumplió cinco conversé con la editora en el Hemisferio, al lado de Cálamo. Recupero un pequeño texto que nació de aquel diálogo.]

Valeria Bergalli nació en Buenos Aires, residió en Italia y en Colonia, y se afincó en Barcelona, donde creó hace ahora una década la editorial Minúscula con el afán de publicar "libros que hagan compañía, de pequeño y cuidado formato, que puedan llevarse en el bolso o un bolsillo y que sean elegantes en el papel, en la tipografía o en las solapas; libros singulares, de autores que tienen una mirada especial sobre las cosas y el mundo".

El libro forma parte del universo de esta mujer políglota que descubrió, a los cinco años, la figura compleja de su abuelo materno, el pintor, dibujante e ilustrador Athos Cozzi, que le mostraba, en Buenos Aires, sus dibujos de cuentos de hadas o de Dumas, sus bocetos y acuarelas, y le decía: "Esto que aquí ves volverás a verlo, dentro de unos días, de otra manera". Esa manera era el libro, encuadernado, cosido, con sus letras y "con otra presencia: la del autor del texto. Me impresionó la edición ilustrada que hizo de 'La isla del tesoro' de Robert Louis Stevenson, que es un autor decisivo en mi vida. Es uno de mis autores favoritos, junto a figuras como Kafka, Anton Chejov o James Joyce, pero con el paso del tiempo lo que más me fascina de su obra son sus ensayos".

Aquella edición -"la conversión de un proyecto en materia, en un objeto fascinante"- la marcó mucho, como la marcarían los libros que alimentaron su formación como lectora. "Esa transformación de unos folios, de un disquete o de un pdf en libro me sigue pareciendo un deslumbramiento". El deseo de ser editora se iba cociendo a fuego lento porque "la lectura ha representado la mayor compañía de mi vida y las lenguas han representado para mí un desafío, un instrumento y un juguete".

Alemanes, singurales y raros

Durante su larga residencia en Colonia, Valeria descubrió a un puñado de autores cuya vida y cuya escritura fue interrumpida por la experiencia del nazismo o de complejas convulsiones sociales: Joseph Roth, Anemarie Schwarzenbach, por citar algunos nombres.

"A mí me ha preocupado ir creando un catálogo coherente con autores singulares que, además de su indudable calidad literaria y de la búsqueda de la excelencia, tengan una cierta marginalidad. Me gustan los raros de la literatura". Minúscula posee tres colecciones: Alexanderplatz rinde homenaje a la novela de Alfred Döblin, 'Berlín Alexanderplatz', pero también a la novela urbana y es una manera de "ir directo al corazón de una urbe que es el otro corazón de Europa. Uno es París y el otro es Berlín, una ciudad que se truncó con el nazismo. Era el ámbito de la filosofía, de la creación, abría ventanas a una Europa distinta. Ahora Berlín es una ciudad infinita, inagotable e indomable, es la ciudad de la creación y de los ámbitos de la libertad que atrae a los jóvenes".

La segunda colección es Paisajes narrados, de viajes, impresiones y relatos con un punto de vista original centrado en países, regiones o espacios imaginarios, como 'París Francia' de Gertrude Stein, 'Guía de Mongolia' de Basara, 'La tierra retirada' de la aragonesa Mercè Ibarz. Y Vuelta de hoja es la colección más reciente de libros que indagan en zonas polémicas o poco conocidas a través del ensayo o la autobiografía.

"Como editora me resulta difícil definirme, pero creo que hay algunos mojones o hitos en nuestras publicaciones como 'Verde agua' de Marisa Madieri, que plantea el exilio y la experiencia de frontera, un tema recurrente en nuestras colecciones", señala.

Valeria Bergalli cita otros títulos, en ralidad los citaría todos: 'La lengua del Tercer Reich' de Victor Klemperer, sobre la manipulación del lenguaje; 'El sexo y el espanto' de Pascal Quignard, “la mejor obra de no ficción de un gran narrador”; 'El mar no baña Nápoles' de Ana María Ortese, redactado con una "escritura histérica" que habla de la ciudad y que le obligó a la autora a salir corriendo de ella. "Y, para acabar -señala la editora- me gustaría subrayar 'El amor del adversario' de Hans Keylson, una novela espléndida que aborda la atracción irresistible de un personaje terrible como Hitler".

 

Minúscula. Editorial que cumple 10 años y lleva publicados unos 70 títulos. Se presentó hace unos días, con una gran fiesta, en la librería Cálamo de Francisco Goyanes. (Esta foto es José Miguel Marco).

TRES DÍAS DE CINE CON ÁLEX ANGULO

TRES DÍAS DE CINE CON ÁLEX ANGULO

[Jorge Rodríguez Gascón trabajó con el fallecido Álex Angulo en el corto ’El hueco de Tristán Boj’ (2008), de Paula Ortiz, en 2005. Tras enterarse de su muerte, ha querido recordar aquellos tres días de rodaje, de afecto y de complicidad del actor nacido en Erandio en 1953.]

 

TRES DÍAS DE CINE CON ÁLEX ANGULO

Por Jorge RODRÍGUEZ GASCÓN

 

Mi afición por el cine no tiene mucho que ver con Álex Angulo. A los 12 años era un obseso de las películas del oeste y me sabía los diálogos de las grandes películas de John Ford. Estudiaba la ficha técnica de las películas y aún recuerdo el año de realización y el reparto de muchas de las obras del western. Solía vestirme de vaquero y tenía un colt 44 que acabé por romper en uno de mis tiroteos ficticios. Veía las películas de un modo enfermizo. Mi madre estuvo cerca de prohibirme ver Centauros del desierto cuando le recité los diálogos en gallego. Creo que fue en ese momento cuando decidí que quería ser actor como John Wayne o Henry Fonda.

Mi hermano mayor se movía en un entorno cinematográfico. Había escrito algunos cortometrajes y observaba con curiosidad mi obsesión por el cine. No sé si llegué a decirle que quería ser actor. En cualquier caso, se lo comentó a su amiga Paula Ortiz, que me dio la oportunidad de trabajar en dos cortos: El rostro de Ido y Fotos de familia. En el primero era un extra que daba toques al balón en una de las escenas y en el segundo era una especie de niño de la calle que cuidaba de su gato.

En mi tercera participación Paula Ortiz me dio un papel importante y la oportunidad de aprender de un actor veterano: Álex Angulo. Trabajamos en el Centro de Tecnologías Avanzadas, en un corto detallista en el que sucedían dos historias paralelas. La primera era una historia de amor entre marionetas, en la segunda el dueño de la tienda (Álex Angulo) le mostraba la realidad de la vida a un niño caprichoso que solo quería la avioneta más nueva.  

Recuerdo la llegada de Álex Angulo al centro. Para mí era lo más parecido a una estrella de cine que había visto. Llegó con una gorra y la barba sin recortar. Arrastraba una maleta por el suelo del plató y nos enseñó con ojos emocionados la foto de una niña oriental a la que acababa de apadrinar. Me saludó con un firme apretón de manos y una amplia sonrisa. Casi sin tiempo para presentarnos, fuimos a ensayar. Nos metimos en un aula amplia y en dos frases Angulo ya parecía llevar toda una vida como dueño de una tienda de marionetas. Cambió el tono de voz y no tardé en echarme a reír. Era divertido y sencillo, te miraba intensamente a través de unas gafas demasiado bajas.

Reconozco que durante unas horas sus palabras me imponían mucho respeto. Pero cuando empezamos a grabar me ayudó en todo lo que pudo. A su lado tuve la sensación de que nunca llegué a ser actor, pero su complicidad fue clave para no destrozar el corto. Le sorprendía mi afición por el western.

Me hablaba muy bien de los cortometrajes y me decía que el teatro es uno de los grandes barómetros para los actores. “Te encuentras solo en un escenario ante un público que en pocos segundos te muestra su opinión acerca de tu trabajo, no hay nada más real que eso”. Me decía que en la televisión estaba la pasta y que en el cine era el lugar en el que más te aproximabas al arte. Me hablaba con gratitud de Álex de la Iglesia y me decía que no debería limitar mis conocimientos cinematográficos al western. Cuando acabó el rodaje me dio la sensación de haber asistido a un curso de interpretación. Álex Angulo se despidió de mí con una sonrisa y un abrazo. Se marchó con la misma gorra con la que llegó, esta vez con la barba bien recortada y arrastrando una maleta aún más pesada.

En el estreno sentí cierta vergüenza de mi interpretación: no me gustaban mi voz ni mi aspecto ni mi entonación. Sentí también mucha admiración por Álex Angulo. En la pantalla me impresionaron sus gestos y su voz firme. Le agradecí a Paula Ortiz la oportunidad que me concedió. Pero quizá al ver a Ángulo ante las cámaras tuve la sensación de que yo no servía para el cine. Me alejé de ese mundo, y le perdí la pista a Álex Angulo.

 

Ayer estaba viendo Celebrity, de Woody Allen, uno de los directores que Angulo me recomendó, cuando mi padre me dio la mala noticia. Álex Angulo falleció en un accidente de tráfico en las cercanías de la localidad de Fuenmayor. Venía en dirección a Zaragoza, el lugar en el que coincidimos hace 7 años. No había vuelto a verlo. Pero siempre que le veía en pantalla intentaba imitar esa sonrisa con la que se había despedido de mí.  

 

*Esta foto es cortesía de Ignacio Estaregui. Álex Angulo estaba trabajando en ’Bendita calamidad’ con Gaiza Urresti, acababa de hacerlo con Ignacio Estaregui en ’Just&cia’, también lo ha hecho con Alejandro Cortés y había trabajado con Paula Ortiz en ’De tu ventana a la mía’. Le daba la réplica a Luisa Gavasa. Y la amaba en silencio.

BUSUTIL O LA PASIÓN LÚCIDA

UNA LECTURA DE ’NOTICIAS DEL FRENTE’

 

Guillermo Busutil es granadino nacido en 1962, vive en Málaga y suele trabajar en Sevilla, es director de la revista ’Mercurio’, aunque colabora en La Opinión de Málaga tanto en reseñas de libros como con artículos de fondo y en otros medios, en radio y televisión. Es un periodista cultural, comprometido hasta el tuétano, y es un creador de ficciones. Su último libro, ’Vidas prometidas’ (Tropo, 2011), era una colección de relatos donde recomponía su agitada infancia y adolescencia: la pasión por el cine (en particular por ’El día de la ira’ con Lee Van Cleef y Giulianno Gemma), la pasión por Lorca, la atracción hacia los paisajes y la inmersión en la memoria. El editor Óscar Sipán dijo en Madrid que había dos autores a los que publicaba ciegamente, incluso sin leerlos, porque confiaba en ellos de manera absoluta: Carlos Castán y Guillermo Busutil.  

Por eso ’Noticias del frente’ aparece en el sello Tropo. Es muy distinto a ’Vidas prometidas’. Es un libro de denuncia y de vindicación, un libro contra la censura, de exaltación de la libertad y de la necesidad de un periodismo cada vez más libre, más auténtico. Se trata de un libro consciente que se escribió, domingo a domingo, con vocación de libro en la citada ’La Opinión de Málaga’. Tanta coherencia se veía en su trabajo que un día el director lo llamó y le dijo: “¿Me puedes decir que estás haciendo?”. “Un libro”, le dijo, y le dio algunos caracteres más, más de 6.000, más de 1.000 palabras. ’Noticias del frente’ tiene algo de catón de las buenas prácticas. Por ello dice que “el periodismo es hoy un combate, una batalla diaria”, que estamos en guerra. Guillermo Busutil, que reivindica a dos maestros como Albert Camus y Kapuscinski, pero también a Manuel Alcántara y a Manu Leguineche, parece tener claro otra definición de este viejo oficio: “El periodismo debe ser incómodo al poder”. Esta vena, desarrollada en múltiples detalles y anécdotas, es una de las columnas que sostienen este conjunto, organizado también cómo se organiza un periódico. Es un libro crítico sobre la España actual: es severo con la clase política que se ha abandonado a la irresponsabilidad y a la corrupción, denuncia a los bancos, denuncia el estado general del país. Por ejemplo se lee: “A plomo sigue oliendo el periodismo. Ya no viven Michael Herr ni Hunter S. Thompson, y ahora Saigón es Siria, Ucrania. También este país está perdiendo los frentes de la economía su clase media, el empleo digno, la dignidad, la política democrática, la ética de la justicia, la cultura contra el temor de los monosílabos. Ninguno de los maestros puede enviarnos sus crónicas de batallas, pero a diario conocemos un despacho de guerra”.


Guillermo Busutil también ilustra con imágenes la debacle. Por ejemplo se percata de que ya apenas suenan los despertadores como antes porque la gente no tiene trabajo. Todo le sirve para extraer una lección, para ofrecer una advertencia, para transmitir una decepción. Con todo, con la crudeza de las situaciones, el lector (y los jóvenes profesionales) siempre encontrarán un atisbo de esperanza. De ahí otra de sus frases felices: “El periodismo es el futuro del periodismo”. 

Guillermo Busutil es un maestro del estilo. Sus textos nacen de una voluntad artística: son elaborados, metódicos, parecen dispersos y que abarquen muchos asuntos y personajes, y poco a poco todo se va cerrando hacia un desenlace con unidad de efecto. Busutil es un periodista que piensa pero que jamás renuncia a la narración, a una concepción del artículo -en este caso mucho más extenso de lo habitual: Camba, Umbral, Alcántara, González-Ruano, Millás, etc., están en su cabeza- y es un prosista que mezcla lo coral con lo individual, el guiño hacia su padre (que siempre le decía que llevase los zapatos limpios) o el recuerdo de un amigo taxista. 

Le gustan los deportes -ha sido atleta y boxeador accidental y se percibe de algún modo-, le interesan maestros como Truman Capote, Cortázar o Borges. Le interesa la poesía y, muy especialmente, le apasiona la fotografía, a la que le dedica páginas, pequeños ensayos y algunos recuerdos. ‘Noticias del frente’ es uno de esos libros que están cargados de detonaciones, de lucidez, de denuncia y de compromiso constante con la belleza, la poesía y el tiempo que vivimos.

 

Noticias del frente. Guillermo Busutil. Tropo editores. Zaragoza, 2014. 240 páginas. [Este libro se presenta en diferentes ciudades españolas; en Zaragoza, se presentó en la librería Los Portadores de Sueños.]