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Antón Castro

DOLORES REDONDO, AMAIA, EL BAZTÁN

DOLORES REDONDO, AMAIA, EL BAZTÁN

QUÉ BELLO ES VIVIR. Dolores Redondo publica la segunda entrega de la inspectora Amaia Salazar: ‘Legado en los huesos’

 

UNA MUJER INTRÉPIDA EN EL BAZTÁN

Dolores Redondo Meira tiene una infancia marinera. Nacida en San Sebastián en 1969, conoció muy de cerca el universo del mar de Pasajes, el aroma salobre del puerto, la agitación de los muelles con sus grúas y sus historias de navegantes. Además, tiene una abuela gallega de la zona de Laxe, en la Costa de la Muerte, que le llenó la imaginación de historias del más allá: de aparecidos, de sendas tenebrosas en el bosque, de faros y mareas, de esa frágil relación entre lo real y lo fantástico. Su existencia la llevó después a Navarra y empezó a dedicarse a la literatura. Su primera novela era un libro sobre el duelo: sobre la pérdida, en su niñez, de una hermana por leucemia infantil: ‘Los privilegios del ángel’. Poco después escribió otra novela, ‘El guardián invisible’ (Destino, 2013), donde creaba una inspectora de la Policía Foral, Amaia Salazar, que tiene otras dos hermanas y una complicada vida familiar, llena de sombras, de desolación y de ese clima inquietante y sutil que a menudo suelen crear las mujeres.

Ahí presentaba el universo mitológico navarro a través de una criatura, el ‘basajaun’, que encarna el espíritu del bosque y que, eso creen algunos, era capaz de ensañarse con los humanos. La primera novela contenía muchos elementos turbadores: crímenes rituales de muchachas, psicologías complejas y un sinfín de enigmas. ‘El guardián invisible’ tuvo mucho éxito y la autora, asombrada del interés que suscitó en toda Europa, anunció que era el primer volumen de una trilogía que tenía por escenario el valle del Baztán y el pueblo de Elizondo. Acaba de aparecer la segunda entrega, ‘Legado en los huesos’ (Destino, 2013), que arranca prácticamente donde concluía la anterior: con el juicio contra el padrastro de la joven Johana Márquez.

Ahora hay algunas novedades importantes: Amaia Salazar está embarazada de su marido James, un escultor tranquilo de origen norteamericano, y asistiremos a su parto. Le habían anunciado que iba a ser una niña, pero será un niño: Ibai. En la nueva entrega, Amaia vivirá distintas aventuras, muchos momentos de tensión, que se suman a su afán de llegar a tiempo para darle el pecho a su criatura. De ese hecho se derivarán algunos conflictos, o malentendidos, con su marido, que la sorprenderá con un regalo inesperado: una casa en el lugar donde nació y donde nacen tantos recuerdos, no siempre apacibles.

En ‘Legado de los huesos’ convergen varios hechos: tres suicidios un tanto extraños donde los tres muertos dejan un mensaje con una única leyenda: ‘Tarttalo’. El ‘tarttalo’ es un cíclope de la mitología popular navarra. La autora cuenta su historia y su vínculo con un pastor y un lago, y su voracidad. Pero, además, hay otro hecho que enturbia la convivencia del Baztán: la profanación de la iglesia de Arizkun. El hecho podría estar vinculado un grupo religioso llamado de los agotes, “el mismísimo Camilo José Cela se interesó por el tema” y obtuvo el silencio de la población. Un joven, que tiene un blog, también podría estar detrás de este hecho que conmueve al párroco y a las autoridades eclesiásticas.

Amaia Salazar es una mujer de armas tomar: es obsesiva, minuciosa, apasionada, es inteligente y tiene un mundo interior complejo. Aquí vemos cómo se relaciona con sus compañeros, vemos qué reivindicativa es y su voluntad de llegar hasta el fondo de las cosas. Tiene un sexto sentido. La novela plantea otro asunto: la difícil convivencia de la maternidad con una profesión tan fascinante y tan esclava como la suya. Dolores Redondo ensancha una y otra vez su campo de acción, y en su novela hay denuncia, enigma, esoterismo, miedo, personajes complejos y mucha tensión. Y muchos personajes. El peso del pasado irrumpe una y otra vez con sus múltiples matices. Por haber aquí incluso hay un intento de seducción del juez Markina, tan atractivo como ambiguo. Esta novela les atrapará. Piensa la inspectora: “La calidez de la luz solo consigue mostrar el horror con toda la crueldad de una herida abierta”.

 

*Dolores Redondo en una foto de ABC de Jaime García.

ANA JUAN: DIÁLOGO DE ARTE Y VIDA

ANA JUAN: DIÁLOGO DE ARTE Y VIDA

ANA JUAN. Ilustradora. Nacida en Valencia en 1961, obtuvo el Premio Nacional de Ilustración. El pasado firmaba en Antígona 'Amantes’ (Contempla /Edelvives) y ‘Otra vuelta de tuerca’ (Galaxia Gutenberg), entre otros títulos. [El retrato de arriba es de Vicente Almazán.] 

 

“Cada historia de amor es única

e irrepetible como la creación”

 

-¿Qué se siente más, pintora o ilustradora?

 Soy ilustradora, podríamos decir que pinto cuando ilustro e ilustro cuando pinto.


-¿Cómo le ha marcado el expresionismo y en particular la obra de Marc Chagall?

Todo aquello que he amado y amo me ha marcado en un momento u otro de vida y lo llevo cargado en la mochila de la inspiración. De alguna forma u otra aparece en mi trabajo de forma consciente u inconscientemente. Chagall puede emocionarme como Brueghel, los Prerrafaelitas o las pinturas de Pompeya... No es más referente que muchos otros.

-¿Cómo se logra un estilo propio, reconocible, cómo lo ha hecho usted?

Teniendo sinceridad con uno mismo, con la honestidad de aceptar lo que uno es y como quiere ver el mundo.

-Uno de sus libros que tiene algo de hito es ‘Frida’. ¿Qué supuso para usted?

Frida fue mi primer álbum ilustrado, algo inesperado y que supuso el abrir las puertas hacia la ilustración infantil. No fue fácil, tuve que dar un largo rodeo hasta que encontré la clave que relacionase mi trabajo con el mundo infantil-juvenil pero el proceso fue gratificante y aprendí mucho durante la realización de este álbum.



-Vayamos con ‘Amantes’, que acaba de rescatar Edelvives. ¿Cómo nació, que buscaba?

En 1993 mientras vivía en París, recibí del editor japonés, de la editorial Kodansha, en Tokyo, la propuesta de realizar un libro que contuviese once historias de amor, narradas con solo ocho imágenes. El proceso fue largo, lleno de altibajos y duró hasta 1997. En ese momento la editorial Kodansha decidió no editarlo. Años después, Amantes se editó por primera vez en España con 1000Editions y se agotó la edición. Luego Logos lo reeditó en Italia. Mi vida y mis libros suelen transcurrir por caminos inusuales...


-¿Cómo veía el amor entonces, cómo lo ve ahora?
Mi forma de ver el amor sigue igual y, aunque más realista, sigo siendo la misma soñadora romántica de siempre. En el amor hay que arriesgarse por lo que en cada historia hay que lanzarse sin red. Es una maravillosa aventura de donde no se sale indemne, un camino difícil pero enriquecedor.

-¿Es ‘Amantes’ un libro especial, abierto, sobre la libertad de amar?

El amor no se puede medir por su duración si no por su intensidad, puede durar cinco minutos o cincuenta años, lo importante es como se viva y el recuerdo que deja. Cada historia de amor es única e irrepetible como toda creación artística.

-¿Qué le atrajo de ‘Otra vuelta de tuerca’ (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) de Henry James?

Esta pieza se conoce como una de las mejores historias de fantasmas y  las historias espectrales siempre están asociadas a la oscuridad y la noche, pero creo que esta historia se desarrolla entre las brumas, las nieblas que invaden la imaginación y nos hacen ver a nuestros propios espectros. De hecho las ilustraciones no son, como sería de suponer, en claroscuros, hay color, colores que se asocian a la campiña inglesa y sus nieblas donde todo es posible.


¿Se había acercado antes a un texto tan inquietante como ese, de terror claramente?

Sí, en varias ocasiones como en Deméter basado en un pasaje de ‘Drácula’ de Bram Stoker o en ‘Carmilla’ de Le Fanu, la que se supone es la primera historia de vampiros. Aquí el miedo es “gótico”, lleno de oscuridades, de claroscuros. En el libro de James es un miedo psicológico, hay color y no oscuridad. No se pueden abrir puertas, hay que mirar a través de las cerraduras. Nos preguntamos sobre el misterio que se esconderá detrás.


¿Le obsesiona la belleza, el libro objeto, el libro como algo único?

Un libro bien editado es una experiencia sensorial para los ojos que admiran las imágenes, la tipografía la caja incluso el cuerpo de letra. Para el tacto, un papel que nos produzca sensaciones en las yemas de nuestros dedos al pasar las páginas o pasar la mano por la cubierta. El olfato nos llega el olor del papel y la tinta...


¿Qué autores sigue, en qué se inspira?
Me inspira todo lo que me rodea y, como confesó Henry James, ‘Otro vuelta de tuerca’ fue inspirado por el dinero un gran estimulador de la creación. Vivimos de nuestro trabajo, no hay que olvidarlo.

 

 

ENTRADILLA

Ana Juan es una ilustradora de culto. Posee una amplia bibliografía y es tan conocida fuera de España como aquí. A modo de autorretrato de artista, resume sus claves de trabajo.

 

Un trabajo solitario de introspección

 

Poética. “Siempre intento que tanto texto como imágenes vayan de la mano complementándose y engrandeciéndose mutuamente”, dice.

La técnica. “La técnica que suelo utilizar es sencilla y sin secretos, colores acrílicos sobre papel o carbón también sobre papel para las imágenes en blanco y negro. Cada técnica se adapta a lo que quieras decir. Hay libros que necesitan un trabajo en color otros a los que el blanco y negro les da el tono justo”.

 

El álbum ilustrado. “A un álbum ilustrado le pido una calidad de impresión inmejorable, una edición que cuide todos y cada unos de los detalles y además que vaya en concordancia con la obra. Además, no debemos de olvidar que, sin una promoción y difusión por parte de la editorial, todo el esfuerzo del ilustrador se queda en nada al no ser difundido su trabajo”.

 

Arte digital y libro ilustrado. “En este mundo digital el libro ilustrado tiene poca cabida. Esto hace que el editor apueste por un libro cuidado hasta el último detalle donde lo sensorial sea la gran ventaja frente al libro digital. Este es el verdadero reino del libro ilustrado”.


Autorretrato. “El trabajo de un ilustrador es solitario en su mayor medida, un trabajo de introspección. No creo ser misteriosa, ni pretendo serlo. Siempre se me pregunta por qué no me prodigo más en eventos relacionados con la ilustración, pero si no doy conferencias, máster-class o talleres, no es por timidez, es porque no me considero capacitada para ello”.

 

*La primera foto es de

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*La segunda la tomo de aquí

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*La tercera foto la tomo de aquí

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LUIS POUSA Y SU VIAJES LITERARIOS

LUIS POUSA Y SU VIAJES LITERARIOS

QUÉ BELLO ES VIVIR

Medio mundo se pone en marcha. Es recomendable viajar con ‘Breviario del bus’ (Rey Lear, 2013) de Luis Pousa

 

El lector de reojo en bus, trole y tranvía

 

ANTÓN CASTRO

En los autobuses, tranvías, troles y buses urbanos han pasado muchas cosas. Al poeta Miguel Labordeta le encantaba desplazarse en el lento sestear de los tranvías de los domingos; Luis del Val celebró parte de su boda en una tranvía con jardinera; Fermín Otín Traid le dedicó un volumen a los trayectos del bus 38. Javier Tomeo escribió un ‘Cuento del autobús’.

Estas son fechas de continuos viajes. De idas y retornos. Quizá para aquellos que viven aventuras en el bus, ya sea urbano o interurbano, redactó Luis Pousa un delicioso libro, ‘Breviario del bus’ (Rey Lear, Madrid, 2013), ilustrado por Miguel Ángel Martín. Lo  prologa Enrique Vila-Matas, autor de un libro que se titula ‘El viajero más lento’; Vila-Matas posee un finísimo oído y es capaz de captar lo mágico, lo inquietante y lo inverosímil en un autobús que recorre el barrio de Gracia.

Pousa afirma que “el mejor vehículo para ver el largometraje de lo cotidiano es el autobús”. En ese recorrido más o menos ilusorio, a través de la literatura y los libros, aborda una figura curiosa como el lector de reojo, al que define como “un gorrón incansable de la tinta ajena”. En el autobús, como han demostrado Calvino, Cortázar o el citado Vil-Matas, se oye de todo: a veces música dodecafónica, a la manera de Arnold Schöenberg, o poesía ultraísta. En los trolebuses de la infancia se perdían las carteras amarillas, que había que había que recuperar en las cocheras lejanas, situadas en el quinto infierno. A veces las carteras se quedaban ahí, deambulando como aquel “muerto al que le pegó un infarto y dicen que viaja dando vueltas sin parar del metro de Nueva York”.

También han tenido mucha importancia las estaciones -que “mantienen un eco clandestino en el que se mezclan los personajes equívocos de una fauna nocturna”-, los buses nocturnos y los desaparecidos. Luis Pousa se interroga, como sugería Cortázar: ¿volverán a casa toda la gente que va al fútbol? La pregunta parece oportuna. Es frecuente el ladrón de autobuses, pero no solo el caco ocasional de pequeños objetos o carteras, sino los del propio automóvil. Pousa recuerda a un carterista gallego, esposado, que se justificó así: “Coño, solo quería ver si el mar de Asturias era igual que el nuestro”. Ante la incredulidad del policía, agregó: “Pues yo diría que el mar tiene aquí un gris diferente”.

El autobús ha fascinado a muchos escritores. Gómez de la Serna les dedicó algunas páginas en ‘Automoribundia’ y algunas greguerías; Martin Amis confesó que la primera palabra que aprendió a decir fue “bus” y que “solía montarme en ellos y viajar sin rumbo fijo durante horas, y un día tras otro”. Mario Benedetti se subía a lomos de su infancia para recuperar aquel “tranvía 36 colorado de la Comercial”… Kafka era partidario de los tranvías y escribió hace ahora un siglo en sus cuadernos: “Sentarse en el rincón del tranvía eléctrico, envolviéndose en el abrigo”. Walt Whitman y Paul Bowles fueron partidarios de viajar, y Georges Perec, autor de ‘La vida instrucciones de uso’, fue “un viajero intrépido del transporte urbano”.

Una de las anécdotas más divertidas la vivió otro enamorado del autobús: el gallego Julio Camba, que trabajó de corresponsal en Francia, intentó entrevistar a Anatole France acerca de su pasión por el ómnibus. Como no estaba en casa, le hizo la entrevista a su asistenta. Ella le confirmó que “también eso de los ómnibus es una manía. [Anatole France es] Un señor que dispone de un automóvil magnífico”. El transgresor Bukowski escribió en ‘Nirvana’ la historia de un bus que se pierde en la nieve quizá para siempre y al ritmo de la voz de Tom Waits.

Se puede viajar desde casa con la imaginación: Fernando Pessoa solía hacerlo. Luis Pousa parece, como Cela, más partidario del coche de línea, quizá por aquello de que “cuando el autobús se echa a andar, la gente se va acoplando”. Las paradas son importantes, y el autor nos recuerda que “hay paradas de la nada en Wasco (California), en los Monegros, en Arteixo o Chantada (...) Con una parada de la nada se puede levantar el mundo”.

 

*Este texto aparecía en Heraldo, en la sección 'Qué bello es vivir' que coordina Christian Peribáñez.

 

RETRATO SIN BARBA DE FIN DE 2013

RETRATO SIN BARBA DE FIN DE 2013

Hacía muchos años que no me había afeitado la barba, quizá desde 1997. Acabo de hacerlo y este es el resultado, nada alentador. Mi hija Sara me dice que parezco más gallego que nunca. Y mi hijo Jorge me ha dicho que me va a retirar el saludo si no me vuelvo a dejar la barba.

Javier Delgado me vio así ante el VIPS y disparó la foto. No fue la primera; antes lo hicieron Pedro Etura y Vicente Almazán.

POEMA DE ALMUDENA VIDORRETA

Almudena Vidorreta (Zaragoza, 1986) acaba de publicar el poemario ‘Días animales’ (La Gruta de las palabras. PUZ), un libro de amor y desamor, de pasión y ausencia, de las heridas del adiós, de la obsesión de los recuerdos. Un libro intenso que insiste en algunos logros de ‘Lengua de mapa’. Uno de los poemas más impresionantes se titula ‘Adorno’ y aquí está el que da título al libro. La fotografía es de China Hamilton.

 

 

DÍAS ANIMALES

 

Días animales,

ácido en los párpados,

pintarte las uñas

con la sangre que me sobra

y dejar que la vida pase,

con su alegría y sus luces,

hasta el fondo de la habitación.

Maúllan cucarachas

en los rincones del baño

pero su música en la noche

me parece clásica.

Días animales:

una bestia a oscuras

y a la mañana siguiente,

un insecto en la lámpara.

Mariposa muerta.

LUCAS CEPERO: EL AMOR Y LA BALA

QUÉ BELLO ES VIVIR. La increíble historia del fotógrafo de HERALDO, asesinado en 1924 por “un amante despechado”

 

Lucas Cepero, una bala a contraluz

 

PIE DE FOTO. DPZ/ CORTESÍA DE HDEZ. LATAS

Autorretrato de Lucas Cepero, a los 31 años, en ‘El Prineo nevado’.  

 

La vida es impredecible. A veces suceden cosas que abonan la idea de que vivir es habitar un cuento que tiene diversas ramificaciones. Hace un par de días, en el café Octavus de Utebo, me encontré con una colección de siete fotografías de Lucas Cepero, al que en varias ocasiones calificaron como “el intrépido Cepero”. Eran copias de gran formato de estampas que había tomado en Utebo en 1922: paisajes donde se veían los campos, las vías del tren, la impresionante torre mudéjar y una especie de almacén o de nave donde se podía leer: “Compro alfalfa”.

Esa misma tarde, gracias al pedagogo y escritor Víctor Juan, coordinador de la revista ‘Rolde’ cuyo sumario me mostró, volví a encontrarme con ese nombre: uno de los grandes historiadores de los orígenes de la fotografía en Aragón, José Antonio Hernández Latas, publicará en la revista dos artículos sobre este espléndido profesional que combinó la foto de reportaje con el retrato y la foto aérea. Dicen que fue el primero en tomar vistas desde una avioneta de la ciudad de Zaragoza, en concreto en 1920. Hernández Latas ha seguido sus pasos y ha fijado su fecha de nacimiento en Monegrillo en 1881.

¿Quién fue Lucas Cepero? Podría decirse que es, en cierto modo, un fotógrafo de leyenda: por el eco de su trabajo, por sus años en HERALDO (fue el sucesor de Gustavo Freudenthal y de Aurelio Grasa), y por su muerte: fue abatido por un balazo en la plaza de Sas, el 12 de noviembre de 1924 por “un marido despechado”. Los periódicos de la época, ‘ABC’ y ‘La Vanguardia’ entre ellos, se hicieron eco de su muerte: decían que Cepero y su adversario venían discutiendo y pegándose desde la calle San Gil. Allí tenía su estudio el artista pero parece que Cepero salía de una fiesta a beneficio de la Asociación de la Prensa, en el Teatro Principal. Algunas crónicas de prensa afirman que Cepero y Pablo Calvo Lezcano “tenían resentimientos mutuos”; se cruzaron golpes en la calle Estébanes y todo concluyó con un disparo en la contigua calle del Pez.

Cepero intentó encontrar un médico o alivio al impacto de la bala, entró en la farmacia Zatorre y allí se murió. Para entonces Pilar Larpa Maluenda, esposa del chófer, hacía ya cuatro meses que se había recluido en el convento de las Oblatas. A Pablo Calvo le pidieron seis años y un día de prisión y 6.000 pesetas para la viuda de Cepero, pero finalmente, algunos meses más tarde, fue absuelto. Al parecer se consideró un atenuante decisivo que Lucas Cepero había ofendido muy gravemente al chófer y a su esposa.

No he podido leer los artículos de Hernández Latas, pero me han dicho Víctor Juan y el bibliófilo José Luis Melero que ha hecho “otro de sus grandes trabajos”: ha visitado la tumba de Cepero, ha seguido el proceso judicial contra su agresor Calvo Lezcano, que era conductor, y ha encontrado espléndidos materiales. De la revista ‘El Pirineo nevado’ (1915), José Antonio Hernández Latas ha rescatado este autorretrato del artista. Esa publicación alude a otro momento especial de su carrera, que cuenta así José Luis Vázquez en su libro ‘25+8 años (1977-2010)’: “Muy comentada fue su gesta en la que, aislado en el balneario de Panticosa, experimentó y sufrió el frío intenso de copiosas nevadas para obtener imágenes del crudo invierno de 1915”.

Además de trabajar en HERALDO, Lucas Cepero colaboró con varios periódicos nacionales como ‘ABC’, publicó sus fotos en revistas como ‘La Esfera’ y ‘Blanco y negro’, realizó reproducciones de arte del Museo de Zaragoza y, entre otros temas, compuso colecciones sobre la Basílica del Pilar, las fiestas de Zaragoza o la serie ‘Zaragoza Monumental y Artística’.  Otra de sus aportaciones más valiosas fue un álbum de Zaragoza, donde ensayó “el contraluz polarizado con intención de conseguir efectos nocturnos”, como se escribió en un libro. Su viuda asumió la dirección del estudio tras su muerte e incorporó a Manuel Coyne como retocador y a César Gracia Cepero, su sobrino. De hecho, el nuevo taller se llamó Viuda de Cepero y Sobrino de Cepero e intentó hacer honor a un profesional que ha sido calificado como  “verdadero artista de la fotografía moderna”.

FERNANDO ANDÚ, HOY, EN CÁLAMO

FERNANDO ANDÚ, HOY, EN CÁLAMO

FERNANDO ANDÚ PRESENTA 'DIFERENCIAS', HOY EN CÁLAMO
Hoy viernes, a las 20 horas, en la librería Cálamo, se presenta el nuevo poemario de Fernando Andú: 'Diferencias', que ha publicado el sello Eclipsados de Nacho Escuín. Lo acompañarán los poetas Alfredo Saldaña y José Antonio Sáez. He aquí dos poemas que me envía Fernando Andú.

Fernando me ha escrito esta mañana y dice: “'Diferencias' es un homenaje a todas las personas que han desfilado por mi vida en los últimos veinticinco años, algunas de los cuales, como mi madre y mi padre, que en paz descanse, me han visto ir y venir por los vericuetos que traza el libro desde la distancia.  El poemario, como verás, es una especie de biotopografía: aparecen lugares -unos más secretos que otros- y vivencias asociados a ellos, el amor, el desamor, la desesperación, la esperanza, etc.”

CIMA


queda
la roca roja
y la herrumbre del día

y un desierto de lava
bajo el sol
descarnado

el sopor
en el vértigo

la cárcava del aire

un óxido
que horada
cuajos de sangre
y sueños

lo que se agosta
dentro de mí

(donde mi vida
minada


ADUAR


del país
del si Dios quiere
os traigo nuevas

la del odre picado
se planta
y llora

en sus manos
adobe
que insuave amasa
con recuerdo de río
y tamarices

donde nadie responde
moré
entre adives

prendí
mis torres

fui
pródigo en cenizas

en esta hora

sobre una rambla
abrazo
nubes

masco tuera
y aguardo
un fuego amigo

 

*He tomado la foto de Fernando Andú del blog de Fernando Sarría.

LOS MODLIN, POR PACO GÓMEZ

LOS MODLIN, POR PACO GÓMEZ

QUÉ BELLO ES VIVIR.

El escritor y periodista Paco Gómez siguió durante diez años la pista de una familia norteamericana

 

Los Modlin: arte, locura y Apocalipsis

 

Uno de los retratos de los Modlin: Margaret pinta uno de sus cuadros con modelo. ARCHIVO GÓMEZ /FRACASO BOOKS

 

“Diez años han pasado desde que los Modlin irrumpieron en mi vida por azar. Ha sido una experiencia intensa e irrepetible persiguiendo las sombras y los sueños de unas personas a las que nunca conocí”. Así abre Paco Gómez (Madrid, 1971), escritor y fotógrafo, la crónica de una búsqueda obsesiva: ‘Los Modlin’ (Fracaso Books). Todo comienza cuando su cuñado Marcos, en la primavera de 2003, le llama y le dice que vaya a “echarle una ojeada a una montaña de fotografías que alguien acaba de tirar al suelo” en la calle del Pez de Madrid. Paco Gómez, que fue asistente del fotógrafo y experto en revelado Juan Manuel Castro Prieto, es un enamorado de los objetos que se encuentran en las basuras e incluso llegó a trabajar de basurero.

Acudió de inmediato y aún pudo rescatar un buen puñado de fotos. Gómez se pregunta: “¿A quién pertenecían aquellas imágenes? ¿Qué tipo de persona puede tirar unas fotografías tan íntimas?”. Tardó casi un año y medio en volver a ellas: entonces, se dio cuenta de que se repetían tres personajes. Una pareja adulta y un joven adolescente que “posaba teatralmente, clamaba al cielo en ropa interior con los brazos en alto, mirando al sol, como si esperase recibir el maná divino o sujetara objetos invisibles”. El hombre maduro hacía lo mismo. En una foto, Gómez descubrió que saludaba a actores tan conocidos como Antonio Ferrandis o José Sacristán y que ella aparecía en una fotografía con Ángela Molina.

Poco a poco, a este “detective de pacotilla”, como se define Paco Gómez, le sonríe el azar: un día le hace una foto a su amigo el fotógrafo Juan Millás y ve que en su estudio hay un marco con cuatro pequeños retratos de “una mujer de rasgos judíos, nariz grande y ojos almendrados. Tenía el pelo negro como el carbón y un aire a Maria Callas”. Su amigo le dice que se llama Margaret y que “fue una pintora famosa que murió”. Esa instantánea se la había regalado a Millás una amiga que la había encontrado en la calle del Pez la misma noche en que él había ido a recoger las fotos.

Gómez casi se puso histérico: puso en Google “Margaret, pintora y calle del Pez”, y apareció un reportaje de ‘El País’ donde se decía que se esperaba un mecenas para salvar la obra de la pintora americana Margaret Modley Modlin, que había fallecido en 1998. En el artículo se decía también que cuando Margaret falleció, “su marido Elmer se sumió en la desesperación y quiso que todo se dejase como su mujer lo había dejado”. Gómez logró entrar en aquella casa fantasmal y arrasada por el polvo.

Gómez siguió un auténtico sendero de pistas que se bifurcan y recompuso la biografía de esta familia enigmática. Elmer, el padre, había sido actor, testimonial o secundario, de muchas películas, entre ellas ‘La semilla del diablo’ de Roman Polanski. Era un amigo y admirador del escritor Henry Miller. Pacifista convencido, se había casado con la rica Margaret y creía sinceramente que ella era una grandísima pintora. Ambos pensaban que, en los años 60, Estados Unidos iba hacia una guerra segura y se vinieron a España. Él aquí continuó haciendo pequeños papeles y ella hacía cuadros más bien relamidos, parecidos a algunos de Dalí, que hablaban de la divinidad y del Apocalipsis. Tanto Elmer como su hijo Nelson solían ser sus modelos. Margaret trabajaba a partir de fotos e idolatraba a su hijo Nelson: lo consideraba algo así como un dios. El joven, muy inteligente y en apariencia pragmático, intentó alejarse de aquel ambiente enfermizo. Fue capaz de convertirse en un empresario solvente del mundo del cine, grabó anuncios y vivió varias historias de amor: la más famosa fue con la presentadora de TVE Olga Barrio (la única que no ha querido hablar), y finalmente, igual que le había pasado a su madre, falleció de un infarto de corazón en su último refugio: Brihuega.

Los cuadros se quedaron un tiempo en la casa de la calle del Pez; luego pasaron a los bajos de un colegio de Móstoles y al parecer ahí siguen. Las pesquisas de Paco Gómez han dado lugar a una novela y un documental de Sergio Oskman, que ganó el premio Goya de 2012. “Los Modlin lo habían sacrificado todo para alcanzar la fama”, dice. La realidad casi siempre dicta las historias más inverosímiles.