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Antón Castro

LINA VILA: ÁLBUM DE AUSENCIA

LINA VILA: ÁLBUM DE AUSENCIA

LINA VILA: UN ÁLBUM DE AUSENCIA*

 

Lina Vila conoce la oscura noche del lobo. Lina Vila habita, desde hace años, un universo inquietante de visiones, de fragilidad y de colores. De pájaros que van y vienen, de animales, de árboles frondosos, de misterio. Hace unos años se trasladó a vivir a San Mateo de Gállego: allí tiene su vivienda, su biblioteca copiosa, dominada por muchas figuras y por la vindicación del mundo femenino, lleno de heridas y de energía, y allí tiene su precioso taller, lleno de mil cosas. Dibujos, óleos, grabados, carpetas, notas, cartas. Más libros, más documentos. Notas de viajes. Manuales de pintura. Apuntes para vivir.

Todo ello, la casa y el estudio, está en una finca que es un paraíso íntimo, que se ha construido poco a poco, al arrimo de sus padres, Pedro y María, con la sinfonía de las estaciones y en compañía de Félix Romeo. Y, en compañía, muy especialmente de su intimidad, de sus viajes por un pasadizo de la imaginación y el sueño, convulso y luminoso a la vez. Ese mundo es una de sus obsesiones. Y es también una forma de redención, de comunión con las cosas del campo. Con la exaltación de la vida y de su envés: el dolor, la pérdida, la ausencia, el llanto. En todos estos años, Lina Vila se ha curtido en experiencias fuertes: ha perdido a su padre, un cómplice constante desde el jardín y desde la casa de la enfrente. Y ha perdido a Félix, el copiloto más apasionado de sus días. Su guía, su amigo, el torbellino que no dejaba de amasar experiencias para compartirlas segundo a segundo. El amor imprescindible.

A Lina le costó mucho volver a pintar. Recobrar un poco de serenidad. La seguridad del trazo. Le costó volver  a ser ella misma: fantasmas inesperados y dolientes se sumaron a los que ya tenía, tan inextricables. La fiebre de la creación. La furia de vivir. Primero expuso dibujos y grabados y acuarelas en el Espacio Valverde, y luego en el Espacio en Blanco de la Universidad San Jorge. Una exposición algo más pequeña pero igual de intensa. La crónica de una vida con la naturaleza. El álbum de ausencias y desgarros y de pesadillas indecibles. Las tintas de una búsqueda.

Había muchas cosas en ese ‘Diario de invierno’, donde rendía homenaje al blanco: puro, entre frío y auroral, sutil y elegíaco; abordaba algunas de sus visiones o premoniciones más incómodas, en de formas gigantescos casi siempre que perturbaban su sueño y su expedición cotidiana al recogimiento y a la paz. O de corazones rotos. Y también había una serie de belleza más directa: ese mundo feliz y caprichoso de las mariposas, de los insectos, de las flores y los arbustos que aletean como si fueran pájaros o los arabescos del aire. ‘Diario de invierno’ tituló Lina Vila este proyecto deliberadamente. Era un diario de la soledad inesperada, del dolor, del deseo aplacado, del adiós brusco. Y era, por otro lado, el hallazgo de un refugio. Al fin y al cabo, incluso en los momentos más duros, solo nuestra fortaleza y la energía de nuestros sueños y de nuestros recuerdos nos salvan, nos alivian, nos impulsan a seguir. Lina Vila sigue: pintando, buscándose. Buscándole en el color, en las figuras, en la materia, en la noche del lobo.

 

*Este texto es para el catálogo de la exposición colectiva del Museo Pablo Serrano, que organiza el IAACC y la Universidad de San Jorge.

BASILIO BALTASAR: DE CABRERA INFANTE Y DE 'EL ESPÍA DE SÍ MISMO'

BASILIO BALTASAR: DE CABRERA INFANTE Y DE 'EL ESPÍA DE SÍ MISMO'

EL ESPÍA DE SÍ MISMO

Por Basilio Baltasar. Tomado del blog elboomeran

 

http://www.elboomeran.com/blog/3/blog-de-basilio-baltasar/

 

Ojalá pudiera preguntarle ahora a Guillermo cuál fue el modelo narrativo elegido para su crónica autobiográfica. Miriam Gómez, su viuda, la encontró entre sus papeles póstumos, junto a La ninfa inconstante y Cuerpos divinos, y se la entregó a Toni Munné, que la ha editado con rigor para Galaxia Gutenberg.

Es tan diferente el Mapa dibujado por un espía a lo que escribía Guillermo en aquellas fechas que uno debe leer con asombro este ejercicio de prosa sobria y exacta, en donde ninguna concesión se hace al lenguaje barroco, coloquial y musical que el malabarista Cabrera consagró con tanta pericia y acrobacia.

Quizá quiso evitar -pienso- que la imaginación literaria perturbara el recuerdo de su infausto viaje a Cuba, y por eso se ciñó a lo que su viva memoria retuvo con precisión fotográfica y pausado ritmo cinematográfico.

Cabrera Infante vuelve a la isla después de tres años de ausencia creyendo que podrá despedirse de su madre enferma. Después de los funerales se dispone a incorporarse a su destino diplomático en la Embajada de Cuba en Bruselas -en dónde lo espera Miriam Gómez y, en Barcelona, Carlos Barral para presentar la primera edición de Tres tristes tigres, novela que acaba de recibir el Premio Biblioteca Breve- pero una extraña orden del ministerio le impide subir al avión.

Desde ese momento Cabrera Infante, mientras devanea por una ciudad cuyos encantos no se parecen a nada de lo que hubo tres años antes en el mismo lugar, se siente vigilado por un ojo insomne y por la mente inquisitiva de unos amigos que podrían dejar de serlo en cualquier momento. Ignora por qué no puede salir de la isla, ni quién ha ordenado su retención o qué podría hacer mientras tanto -salvo esperar lo peor.

Cabrera alude con pudor a sus temores, y al corrosivo pánico del que en ningún caso puede defenderse. No habrá acusaciones tangibles, ni reproches directos, ni amonestaciones que puedan ser refutadas. El silencio de los jefes y la huidiza ausencia de los gerifaltes se prolongan durante semanas y meses, y generan una expectación cada vez más perturbada. Los motivos factibles y las causas imposibles, las razones desconocidas y los propósitos indescifrables se trenzan en una simulación poblada por enemigos emboscados. ¿Quién es el delator? ¿Quién habrá sido el autor de la denuncia? ¿Qué hice yo -dónde y cuándo- para merecerla?

Mientras Cabrera intenta adivinar quién está detrás de su probable desgracia, los servicios de inteligencia y espionaje van perfeccionando su pérfida herramienta: han dejado en manos del resentimiento la persecución de los disidentes. En lugar de fatigar a la policía con inciertas pesquisas, los agentes dejan que los enemistados vayan recogiendo las pruebas del delito cometido: quizá una reservada sonrisa, un comentario irónico, una opinión literaria destemplada, un desinterés desmedido por el cine soviético... Y orquestan las razones que brotan por doquier: alguna vieja rivalidad, los celos de una amante despechada, la venganza larvada de un antiguo pleito... ¡Quién sabe!

La cooperación entusiasta de compañeros, vecinos, subalternos, conductores, conyugues, peatones y camareros contribuirá a identificar a los indeseables: escritores, poetas, burgueses indolentes, creyentes, homosexuales, hedonistas, o cualquier otro ciudadano dispuesto a impedir que Cuba sea feliz.

Cabrera Infante, que va dibujando la topografía moral de su isla aturdida con suma tristeza, y con el inconfundible y ahora amargo sentido del humor, recuerda la profecía que pronuncia Nicolás Guillén bajo las frondosas ramas de un mango: "Castro nos enterrará a todos. ¡A todos!"

Ha muerto Nicolás Guillén, ha muerto Alejo Carpentier, Lezama Lima, Carlos Franqui, Heberto Padilla, Virgilio Piñera, ha muerto Guillermo Cabrera Infante, Miriam Acevedo, Olga Andreu, Juan Arcocha, Humberto Arenal, Frank Emilio, y gran parte de los que dentro y fuera de esta novela, intentaron sobrevivir a la epidemia de delaciones maquinalmente incitada por el régimen e infernalmente celebrada por sus agentes.

No sabemos qué quedará de la gesta cubana, del oprobio de sus derrotados y exiliados, pero mientras tanto podemos leer con deleite estético y terrible melancolía esta obra maestra de la literatura.

[Publicado el 25/11/2013 a las 23:02. La foto es de Daniel Mordzinski.]

ANTÓN CHÉJOV: 'CUENTOS COMPLETOS'

[Juan Casamayor, con su gentileza habitual, me envía estas notas acerca de la edición del primer volumen de los 'Cuentos completos' de Antón Chéjov, en una edición de Paul Viejo.]

Antón P. Chéjov

Cuentos completos

[1880-1885]

Edición de Paul Viejo

  

Después de nuestras ediciones de los Cuentos completos de Edgar Allan Poe (traducción y prólogo de Julio Cortázar, con presentaciones de Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes y edición comentada llevada a cabo por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi) y de Guy de Maupassant (edición y traducción en dos volúmenes de Mauro Armiño), era el momento para nuestra editorial de abordar el tercer vértice de un triángulo indispensable para entender el cuento contemporáneo. Nos referimos al maestro universal, Antón Chéjov.

 

Pese a la abundancia de traducciones y antologías de los cuentos de Antón Chéjov, que en demasiadas ocasiones repiten títulos y selecciones similares, el lector español no tiene la opción de acudir a su narrativa breve completa, perdiendo así la oportunidad de leer un gran número de cuentos que permanecen inéditos y, sobre todo, de considerar el desarrollo de toda la obra del escritor, sus diferentes periodos, la progresión de su escritura, dando de este modo una visión completa y ceñida a la realidad de su figura.

El proyecto Cuentos completos reunirá los siescientos cuentos que componen la totalidad del corpus, muchísimos de ellos sin editar en español, junto a aquellos relatos no publicados o inconclusos en vida del autor. La publicación se llevará a cabo en cuatro tomos de 1200 páginas cada uno, publicados a razón de uno al año (de 2013 a 2016), en una edición dirigida por Paul Viejo, especialista en literatura rusa y escritor. Además de numerosas notas, tablas, índices y apéndices bibliográficos, reunirá en sus páginas a los traductores de diferentes generaciones que más y mejor se han ocupado de Chéjov en español, y aspira a ser, por tanto, la edición completa y definitiva de los cuentos de Chéjov en una exquisita presentación y cargada de material adicional.

 Partiendo de las ediciones definitivas rusas, se ha establecido la nómina de los cuentos completos de Chéjov, rigurosa clasificación que se ha hecho teniendo en cuenta, por un lado, la autoría. Chéjov firmó muchos de sus cuentos bajo seudónimo y eso creo un umbral de textos de dudosa autoría. Por otro, siguiendo un criterio de género, ya que Chéjov es autor de piezas breves que no son estrictamente cuentos. Así, se ha podido dar por primera vez en castellano la que será la edición definitiva de los cuentos completos de Antón Chéjov.

 

Este primer tomo de la serie, 1880-1885, incluye la producción inicial de un total de 239 cuentos, presentados en orden cronológico, desde el primero que publicó por el autor “Carta a un vecino erudito” hasta “Un drama de caza”, que abrirá el siguiente. Alrededor de un 20% de los cuentos ven la luz por primera vez en nuestra lengua.

EL MAR DE MARISA LÓPEZ MOSQUERA

EL MAR DE MARISA LÓPEZ MOSQUERA

MAR NUESTRO QUE ESTÁS EN NUESTRA SANGRE

 

Por Marisa López MOSQUERA

 

Eufórico, impetuoso, vehemente, fogoso. No faltarán palabras para definirte mar nuestro, amado, llevas siglos robándonos el aliento. Y todavía hay quien confía en sí mismo frente a ti, en poder cabalgarte como quien somete a una voluntad quebradiza. Acaso para terminar sucumbiendo, si no a tu poder al menos a la fascinación de tu fuerza, pasando a engrosar las filas de la eterna hilera humana que te contempla extasiada cada vez que estallas desbocado, furioso, desatado, colérico. Tu inmensidad nos redime, envuelve el dolor de corazón con el que nos acercamos a tu costa buscando alivio, baña nuestro llanto interno girando en una danza majestuosa sobre el horizonte, atrapa nuestra mirada perdida mientras nos rompemos por dentro. Arrebatador. Incendiario. Exaltado. Agotador. Cuantos te escuchan, cautivos, llevarán en su sangre tu sonido y como esclavos te seguirán al infinito. Aplacas en tus olas, mar nuestro, su martirio. Para hacerlos a tu imagen, más libres y más dignos.

[La vida en la Ría de Vigo. Fotografía de Xaime de Sousa Guedes Pacheco. c1927. Fuente: Archivo Pacheco] 

 

 

 

NOTAS SOBRE MI VISION DE FACEBOOK

LA VIDA, SEGÚN FACEBOOK

 

He sucumbido a la fascinación, a la variedad y a la inmediatez de Facebook. Es otra forma de plaza universal, de enciclopedia entre vertiginosa, impresionista y arbitraria de las pequeñas y grandes cosas de la vida. El muro tiene algo de palimpsesto o de borrador de mucha gente que escribe y se confiesa, que se desnuda, que declara sus obsesiones, siempre hay sorpresas, manías, ‘boutades’, frivolidades a mansalva y a la vez es fácil detectar un trabajo de fondo, que también los hay. Trabajos con voluntad de permanecer, sólidos, metódicos incluso en la secuencia temporal en que se presentan. Facebook es el registro de numerosos estados de ánimo: por ahí pululan el enamorado permanente, el amante del amor, el escritor compulsivo, el exhibicionista, el viajero, el buscador de incitaciones y excitaciones, el curioso, el que utiliza Facebook como un pequeño periódico o un pasquín donde denuncia los males del mundo o los excesos de la política. El columnista. El dominguero, el turista accidental, el que se asoma llamado por la curiosidad y que acaba cansándose. Y también están el que saluda al día, el que se da ánimos a sí mismo colgando una canción, poniendo un fragmento de una película o seleccionando una cita o un poema. El habitante de Facebook cree en las variadas formas de contagio más o menos cultural y suele buscar esa manera de aprobación de los otros que es el Me gusta. Si no hay ningún ‘Me gusta’ podría parecer que algo no va del todo bien.

Facebook es una casa de amigos. Amigos superficiales, a vista de pájaro, amigos que desearías tener, amigos que recuperas, amigos que vuelven de los rincones oscuros del tiempo. La amistad es otra cosa desde que existe Facebook. Vas a un sitio y alguien te dice: “¿No me conoces? Somos amigos en Facebook”. Otro te reprocha: “Te he pedido amistad hace seis meses. Y no hay manera... ¡Qué selectivo eres!”. También está aquel, elogioso, que te recuerda “Qué fotos tan maravillosas pones. ¡Esas chavalas me encienden!”.

El amor es uno de los temas fundamentales del medio. Siempre hay un sinfín de poetas que escriben, casi monotemáticamente, de amor. Amor, sexo, mujeres, hombres, cuerpos, la ternura y la sentimentalidad. El deseo, el encuentro con la amada... Eso sí: el amor ajeno, en sobreabundancia, nos resulta empalagoso. Hay mucha gente que tiene el amor como a su gran dios. Un dios que merece hasta seis o siete poemas al día, con foto más bien tórrida. También hay quienes hablan de amor a las ciudades (Carmela Fernández López: “Pontevedra gloriosa, sublime, grandiosa... Te echo tanto de menos que, en este momento, moriría por ti”); otros narran que acaban de tener un coito estupendo y hay noticias que parecen escritas por hombres: “Poco sexo puede provocar la muerte súbita en las mujeres. ¿Estás teniendo sexo con frecuencia? Si no es así, mujeres, a preocuparse!!!”. Facebook también es el lugar de amor a la palabra, a los libros, a los escritores, a la pintura, a los viajes y a la gastronomía... Es un maremágnum donde cabe todo con su haz de sorpresas: te asomas, ves un torbellino, un acento, una flecha en el aire, la frase que andabas buscando y la compartes o te la quedas en el fondo de tu escritorio. Te asomas y a veces hasta te quedas patidifuso: alguien anuncia que ha muerto Ronaldinho. Miras, y era mentira. En Facebook también existe el reino de la impostura. Miras y alguien anuncia que ha muerto Concha García Campoy; lo compruebas y era cierto: se ha ido la voz cálida, la periodista luminosa, la mirada limpia de una mujer que amaba su oficio y la poesía de la comunicación: te hablo a ti con lo mejor de mí misma.

 

Facebook no sería nada sin el azar. No se pueden seguir todo el rato a los 5.000 amigos que podrías tener. Y que algunos tienen. En Facebook se tejen campos muy peculiares de afinidades. A veces entras y encuentras cosas triviales o conmovedoras, fogonazos, impulsos, estímulos, efemérides. El mundo es ancho y ajeno y la gente está muy viva. Lo recuerda todo. El muro puede deslumbrarte en cualquier momento. Lo fundamental es no caer en la ansiedad. Lo mejor es decir aquello de ‘Pasaba por aquí’ (que es el lema de uno de mis fotógrafos favoritos: Vicente Almazán, diseñador y publicista toda su vida al que un día recomendaron la fotografía como actividad y como terapia). Y a la vez en Facebook es importante tu propio azar: a veces alimentas el muro, tu página, de cosas que guardas, de cosas que lees, de la cita que hallas en el periódico durante el café o en el tablet, de una llamada de teléfono. No busco, encuentro, decía Picasso. A veces, en Facebook, el azar es como un río de afluentes incesantes, una ventana que se abre a todos los horizontes y a todos los paisajes. ¿Por qué ibas a hablar hoy de Albert Camus, de Louise Bourgeois, de Romy Schneider, de Picasso y sus mujeres o de Wislawa Szymborska? ¿Por qué ibas a recordar a un familiar, mi cuñado José Antonio Ortuño, que está en la Fe de Valencia esperando un pulmón? ¿Cuándo pensaste que ibas a hacer un álbum de fotos de Marilyn Monroe o de Truman Capote? No estaba previsto. A mí me gusta mucho ese aluvión de nombres, de imágenes, de causas y azares. Me gusta la vida tal como viene sin premeditación y alevosía. Y por lo regular, el Facebook, como la red en general, es tan adictivo, que querrías tener más vidas, más horas, más ojos, para llegar a todo. Con el periodismo me ocurre lo mismo.

 

No me gustan mucho los blogs narcisistas, esos en que parece que más allá de uno mismo no haya nada. Solo el apocalipsis y el silencio. Por eso, con Facebook me gusta mucho otra cosa: mi condición de editor amateur pero persistente. Edito textos de otros, de mayor o menor extensión, y edito sobre todo a fotógrafos.

 

Me encanta la fotografía. Me apasiona desde hace muchos años. Habría querido ser un buen fotógrafo y ahora me conformo con ser un modestísimo lector y buscador de imágenes. Me gustan muchos fotógrafos. Muchísimos. Es raro el día que no descubro uno, dos, tres. Españoles, polacos, norteamericanos, italianos, japoneses, chinos. El año pasado en Santander descubrí a un cursillista: Carles Domenèc. Siempre ando a la caza de un buen retrato, de una foto de reportaje o de fotos de bicicletas. Siempre encuentro. Y ahí están: a veces pido permiso y otras veces hago una glosa, digo de quien son las fotos y cuelgo una imagen o una pequeña serie. Facebook me gusta también por esto: porque es rápido, las fotos se ven muy bien, puedes poner cualquier tamaño. A veces me imagino que soy editor de fotografía como lo fueron Luis Magán en el País o lo es Chema Conesa en ‘El Mundo’. Publico series. De mucha gente poco conocida y descubro fotógrafos para mucha gente y para mí. Fotos de todo: de reportaje, retratos, interiores, retratos de escritores y artistas, fotos camp y vamp, desnudos, fotos de bellas mujeres (soy mujerista, esteta y mitómano).

 

Les cuento brevemente. Publico a muchos fotógrafos: a Gustaff Choos, a Vicente Almazán, al Colectivo Anguila, a Ana Moreno, a Luis Rabanaque, a Paco Cuenca... Este señor era un cantante, que acaba de ofrecer un concierto donde hacía tres recitales de Jacques Brel en el Olympia; un día me dijo que su pasión era la fotografía y lleva ya una treintena de entregas de fotocuentos. Me gustan las fotografías y me gustan las historias.

 

Lori Needleman. Una de las historias más bellas es la de Lori Needleman. Una joven norteamericana que trabajaba en las producciones de Hollywood. Un día, durante un viaje a Italia, vio que en Teruel se celebraban las ‘Bodas de Isabel’, toda una representación teatral en la que participa todo el pueblo. Se cuenta la historia de Isabel de Segura y de Diego Marsilla, que son como ‘Romeo y Julieta’ pero en Teruel. Ella vino a la pequeña capital, contempló lo que pasaba, el color, el cariño, el entusiasmo. Volvió y se hizo amiga de la coordinadora de los actos: Esther Esteban. Esta le puso un asistente, alguien que le enseñase cuánto ocurría, las claves, etc... Y justo el día que iba a marcharse para Estados Unidos, quizá para siempre, ocurrió algo especial, magnético: Lori y su anfitrión se miraron de otro modo. Y luego, gracias a la red, al teléfono, al Facebook, forjaron su amor. Él se fue a Estados Unidos; y al cabo de un par de años o así regresaron a Teruel. Ella hace fotos, da clases de inglés y este año ha sido la pregonera de Las Fiestas de los Amantes. Ella se llama Lori, ya lo he dicho, pero él se llama Diego. Son los amantes contemporáneos de Teruel. En Facebook siempre encuentras historias de este tipo.

 

Las historias están vinculadas a la escritura. A los sueños, a mi condición de contador de historias y de oyente de fábulas. Facebook es un laboratorio de pruebas, y también es mi propio almacén: ahí están muchos reportajes, entrevistas y artículos que voy publicando en periódicos, revistas, catálogos de arte... Y también es un puerto de llegada: a veces dejas ahí los poemas, los cuentos, los fragmentos de novelas, las cartas que me envían. No soy un pensador, pero sí me gusta contagiar pasión por las cosas, compartir lo que conozco, lo que descubro...

 

Le pregunto a una escritora, Olga Bernad, blogera compulsiva, que me explique cómo ve el blog y el facebook. Me dice: “El blog me entristece. Al Facebook nunca lo amaré lo suficiente como para que me ponga triste, pero el blog se acabó. Y era perfecto. El Facebook es como saludarte por la calle, el blog era prepararte para una cita e ir con tu mejor versión, lo mejor de ti. Y siempre temblaba un poco”. Manuel Vilas, en cambio, va a publicar un libro sobre sus entradas de facebook. Dice: “Utilizo Facebook como un formato literario. Para mi Facebook es literatura y todo lo que escribo allí es literatura”.

 

 

Quizá el Facebook tenga algo de superficial. De poco elaborado y de caótico. No cabe duda. Sé que ya pertenece al pasado porque todo va que vuela, pero a mí me sigue pareciendo una magnífica lección de sociología. Nos dice un poco cómo somos, cómo podemos comprometernos, qué nos obsesiona, cómo nos sumamos a líneas de pensamiento un tanto inconsistente, con qué nos comprometemos, contra quien o contra qué nos rebelamos. Nos precipitamos, caemos en la descalificación espontánea, desde luego. Y a la vez es una fuente permanente de información, de avisos, de cuánto ocurre, de la riqueza de opciones. Existe la censura o la posibilidad de denuncia, pero con todo es un territorio de mucha libertad. Y tiene otra condición: puede convivir con el diario, con el blog y moverse a la perfección en ese territorio tan híbrido e inagotable de los links.

 

*Esta foto de Rodney Smith la he tomado de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e98407265dacca5df2ca5226aba379a6.jpg

DANIEL GASCÓN PRESENTA HOY SU NOVELA 'ENTRESUELO'

Esta  tarde, a las 20.00 horas, en el bar 7 de Copas, antes El Angel Azul, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), escritor y traductor, presenta su novela ‘Entresuelo’, la crónica de una familia y de una cada desde mediados los años 50 hasta ahora. La historia de su abuelo Leoncio Gascón, carbonero y listero de mina, al principio, masovero y un hombre ilustrado que terminó de cajero en SPAR. Hacía poemas, escribía bellas cartas de amor, le apasionaba la comida y era un formidable contador de historias. Daniel aprendió con él a viajar por los diccionarios y el aroma de las palabras. ‘Entresuelo’ también es la historia de varias generaciones, de gente que iba y venía por la casa, de los ruidos del tren, de una ventana casi milagrosa... Acompañarán a Daniel, Ignacio Martínez de Pisón y Fernando Sanmartín. El acto lo organizado la librería Los Portadores de Sueños.

 

*Esta foto pertenece a 'El País'. Es de Javier Morán.

 

BLOGS, CULTURA E INTERNET

BLOGS, CULTURA E INTERNET

[Hace algo más de un año, fui invitado por Basilio Baltasar a un encuentro de periodismo cultural en Santander. Allí leí este texto sobre el blog y la pasión por la cultura. El viernes participó en una mesa redonda sobre blogs. Dejo aquí este texto...]

 

CULTURA E INTERNET

 

ALBARRACÍN. Teruel existe como los de abajo, los indignados o los funcionarios. En Teruel está Albarracín y por allí paseó el fotógrafo surrealista norteamericano Rodney Smith y no hizo ninguna foto. Dijo: “Aquí la piedra rojiza es un enigma del tiempo, una foto insuperable”. Y allí, en los Encuentros Literarios del año 2004, un escritor pionero en las nuevas tecnologías, Mariano Gistaín, me abrió un blog. Un blog con mi nombre. Al principio fue como un cuaderno de apuntes y de crónicas, un dietario, un inventario de materiales sobrantes, un arcón de textos ajenos, un recuento de impresiones, una editorial, un cajón de sastre... Aquel blog, que sigue vivo, me cambió la vida y ha multiplicado mi ansiedad: pasé de la nota diaria a la actualización compulsiva, a veces cuatro, cinco y hasta seis veces. Habré publicado más de 7.000 posts y algunos miles de páginas y de fotos. Y aquí sigo.

 

ABIZANDA, Roberto. Podría ser un personaje inexistente, un heterónimo pessoano de Mariano Gistaín o uno de los seres imaginarios de Álvaro Cunqueiro o Joan Perucho. Hubo un tiempo en que se decía que Bioy Casares era un invento de Borges: un escritor tenista, un escritor enamorado de los coches y de las mujeres, un escritor pijo. Bioy existió, cenaba a diario con Borges, y Roberto Abizanda también existe y es el inventor de un dominio, blogia. Sobrio, sencillo, casi aburrido. Los cantos de sirena me dicen que me pase a otro: wordpress, blogspot, etcétera. Por ahora no les hago caso.

 

BELLEZA. Es una de las palabras clave de mi blog: siempre atendió a diversas formas de belleza, aunque estéticamente no sea bello como otros. Belleza literaria en verso y prosa, pictórica, fotográfica, escultórica, cinematográfica, arquitectónica, deportiva, aunque la belleza que se ha impuesto es la femenina. Un amigo me dice: “Visito tu blog de cuando en cuando para enamorarme o alegrarme la vista”. Quizá la frase sea un plagio de Fernando Trueba, quien escribió que también va al cine a enamorarse.

 

BICICLETA. Mi primer recuerdo, mucho antes de internet, de la muerte de Franco y de los triunfos apoteósicos de Induráin, La Roja o Nadal, es un viaje en bicicleta con mi padre: íbamos a la casa donde había servido desde los ocho hasta los veinte años, lejos de su familia, antes de partir al servicio militar a Melilla. Yo me abrazaba a él como el niño del fotógrafo Elliott Erwitt se abrazaba a su padre y a una barra de pan. Tendría tres años. La bicicleta ha sido fundamental en mi biografía y en mi blog: vivo en el campo y he hecho algunos miles de kilómetros en bicicleta, he escrito un libro ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante, 2011), que es una mirada sobre la presencia de la bicicleta en la música, la literatura, la pintura, la ciencia, y en mi propia vida. Y he llenado mi blog de bicicletas: Nico en bicicleta, Rita Hayworth, Bogart, Horacio Quiroga, Pablo Neruda, Amaral o Pierre y Marie Curie, que recorrieron Francia en bicicleta durante su luna de miel. Ahora, tengo muchos amigos que me envían fotos de bicicletas desde cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, siempre que veranea en Santander, Jesús Marchamalo me envía una bicicleta. El blog también es un muestrario de rarezas inadvertidas y de prácticas cotidianas que todos hacemos. ¿Quién no ha montado, quién no monta en bicicleta casi a diario? [Llego a casa del Seminario y otro escritor, Isaías Moro, me había mandado una nueva bicicleta]

 

CULTURA. La palabra clave. La cultura es una forma de estar en el mundo, una defensa de la curiosidad, del conocimiento y de la sensibilidad. Incluso aquellos que repudian la cultura, aquellos que utilizan el término cultureta como si fuésemos los ‘ultra’ del periodismo o de la vida, viven impregnados de arte, de música, de cine, de teatro, de danza, de libros. La cultura está en el aire. Es oxígeno, temblor, búsqueda, conocimiento, y es tan proclive a las metamorfosis que es imposible reducirla a una definición, a un objeto o a una filosofía. O a un incremento de IVA. La cultura es una forma de combate. Mi blog es esencialmente cultural incluso cuando es deportivo. He escrito notas de tenis, de boxeo, de ciclismo, de atletismo, mi deporte favorito, y de fútbol. He hecho diarios de los Mundiales de 2006 y 2010, y de la Eurocopa de 2008 y 2012, y pertenezco a esa estirpe de periodistas que definió la victoria de España ante Italia fue “una obra maestra para la eternidad”.

 

DIARIO. Siempre he querido escribir un ‘Diario’, como Andrés Trapiello, como Sánchez Ostiz, como Jordi Doce, como Virginia Woolf, Miguel Torga. Jules Renard, Josep Pla. O Iñaki Uriarte. El blog me ha permitido escribir un diario elíptico casi sin darme cuenta. El 9 de abril de 2006 conversaba con el ex futbolista Miguel Pardeza a propósito de César González Ruano. Decía Miguel: “César González Ruano tenía la intención de captar un clima y de dar una visión personal. Ruano tenía la certidumbre de que lo universal es lo personal; pensaba que para que un tema interese hay que partir de uno mismo. Los directores le decían una y otra vez que se dejase de literatura y de subjetividad, pero él parecía tenerlo claro: lo más general es lo subjetivo. Para él un artículo se parecía a un soneto. Sólo cabía una idea y a veces ninguna. El artículo era pura divagación”.

 

EDITOR. Admiro a los editores. Los admiro, los respeto, los necesito. Y en cuanto puedo los suplanto, modestamente, en la red: de ahí que gracias a mi blog, y a internet por lo regular, haya podido cumplir un sueño. He editado a poetas, ensayistas, narradores, periodistas. He dado algunas primicias; he reproducido poemas recién publicados. Y he convertido el blog en una defensa, errática o poco sistemática, de la poesía. Y durante mucho tiempo del microcuento, uno de los géneros por excelencia de los blogs.

 

ENTREVISTA. Como periodista, es uno de mis géneros preferidos. Al principio me convertí en admirador de los diálogos reportajeados de Manuel Vicent en ‘Inventario de otoño’, luego seguí con mucha atención las ‘Conversaciones españolas’ de Camilo José Cela. Y leí muchas entrevistas: de Rosa Montero, de González-Ruano, de Sol Alameda, de Elena Pita, de Manuel del Arco, de Nativel Preciado, de Antonio Lucas, de Juan Cruz, Xavi Ayén,... En mi blog hay algunos cientos de entrevistas de casi todo: artes plásticas, música, literatura, fotografía, teatro... Por ejemplo me gusta mucho esta entrevista con Francisco Cano, ‘Canito’, que captó la muerte de Manolete en Linares: “Murió Manolete, y yo estaba allí con mi cámara y muy cerca de él. Orson Welles era un tipo genial, se veía que era muy inteligente y que tenía una gran personalidad. ¡Qué le voy a decir de Ava Gardner! Era maravillosa, la mujer más bella del mundo. Como una diosa. Nunca he visto nada igual. Nos emborrachamos a menudo y también venía de cacería. Como era así, desprendida, también me besaba, pero nada más. Las que se escapan siempre son las mejores fotos. Es como si huyesen para que las soñaras luego”.

 

FACEBOOK. Otra arma que crea adicción y que parece más inmediata. Ha traído casi un nuevo género literario: la foto comentada, el aforismo, la frase feliz, la instantánea evocadora. Es más inmediato que el blog. Yo tengo la sensación de que es más efímero, de consumo inmediato y de que el blog deja más poso: se sedimenta, se cuece a fuego lento, los bits se recalientan en un limbo virtual donde cabe todo. El blog te llama al cabo de los días, los meses o los años por conductos misteriosos.

 

FOTOGRAFÍA. Es una de mis artes favoritas. Y aparece constantemente en mi blog: fotógrafos históricos, pioneros, maestros de la puesta en escena, reporteros, contadores de historias, cronistas de la actualidad, retratistas, mujeres fotógrafas, que son otra debilidad. Algunos nombres: Julia Margaret Cameron, Berenice Abott, Lee Miller, Imogen Cuningham, Annie Leibovitz, Diane Arbus, Eva Besnyo, Ruth Orkin, Nina Leen, Dora Kallmus, Cristina García Rodero, Miss Aniela, Ouka Leele... Todas, y muchísimas más, andan por mis páginas.

 

INTERNET. Hace unos días, Andrés Rábago el Roto dijo aquí: “Un periódico es un documento, mientras que lo que lo está en internet es manipulable y no deja rastro”. No lo tengo tan claro. Si no estás en internet eres prácticamente invisible. En internet está casi todo, y no siempre con la claridad y la precisión que quisiéramos. Con sus imperfecciones y sus agujeros negros, es la plaza universal donde todos nos reunimos a cualquier hora aunque lleguemos de las procedencias más remotas. Internet es unas de las grandes revoluciones de todos los tiempos. Es como la velocidad de la luz, la materia oscura o el misterio del amor. Imparable y subyugante.

 

LITERATURA. Como diría la cantante Luz Casal, con Vainica Doble, la literatura lo es todo para mí, y uno de los fundamentos de mi blog, aunque mi propia literatura de creación no sea la que más aparezca en mi blog. Supongo que por pudor. Soy más condescendiente con la calidad y la inspiración ajenas que con mis limitaciones. Y eso me ayuda a dormir mejor.

 

MOÑACO. Me gustan mucho los pintores, los dibujantes, los ilustradores, los diseñadores... Y uno de mis favoritos, uno de los más raros, se llama Alberto Calvo, el hombre que creó Supermaño, amigo de los chicos de ‘El Víbora’, y de Faemino y Cansado. Le vuelven loco la música, la filosofía, los aforismos de Schopenhauer, las mujeres cubistas de la pintura y de la vida real, los cómics sobre Kiki de Montparnasse, los dibujos de Goya, de Picasso o de Leger, las viñetas de Crumb. Él, a su manera, lo mezcla todo y hace unos dibujos muy especiales y coloridos a los que llama ‘moñacos’. Ahora está trabajando en una serie de escritoras españolas contemporáneas. Aún no sé si las llamará ‘moñacas’...

 

PERFIL. Es uno de los géneros literarios y periodísticos que más me gusta. La viñeta literaria, el daguerrotipo, el apunte, el boceto de un personaje. Siempre que puedo aparece alguno en el blog. Lo que más me interesan son los seres humanos. Conocidos o desconocidos. En el fondo, soy un contador de historias e intento que el blog esté lleno de información, de homenajes, de avisos, de guiños, de rescates, de cariño, de cosas menudas y de historias. De pequeñas historias con corazón. El perfil no es un cuento: es una foto fija de palabras. Cuando era joven y trabajaba de camarero de bingo descubrí unos ‘Daguerrotipos’ de  Manuel Vicent que me gustaban mucho. Los subrayaba. Ahora soy seguidor de secciones como la ‘Galería de imprescindibles’ de Manuel Hidalgo en ‘El mundo’, los retratos de los lunes de ‘La Vanguardia’ con los creadores, y de las entrevistas de la contra de ‘La Vanguardia’ de Víctor Amela, Lluis Amiguet e Ima Sanchís: son entrevistas y retratos.

 

SUEÑO. El blog también me ha permitido vivir una segunda vida, tener segundas y terceras oportunidades, rescatar una entrevista o un reportaje que había amputado en el periódico. El blog me otorga continuidad y libertad. Hablo de mi madre, de mi suegra, de mis hijos escritores, de mis hijos futbolistas o del último libro de Daniel Pennac, ‘Diario de un cuerpo’, que me ha conmovido, como la antología de Nórdica de Pepe Hierro, ilustrada por él mismo.

 

SUPLEMENTO. Dirijo desde hace diez años el suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. En cada número hemos publicado una portada inédita. De jóvenes, conocidos, reconocidos o consagrados. No hay suplemento que no esté bajo sospecha: pero este, como otros muchos en todo el país, es un suplemento hecho con libertad, sin presiones, con pocos medios, con mucho entusiasmo y con el ánimo de mejorar cada día. No está todo: no puede estarlo. Nunca se ha escrito tanto; nunca se ha creado tanto como ahora. Y a mí eso me gusta, aunque reconozco que el exceso por lo general es agotador e inasumible, te exige un esfuerzo constante de selección, de búsqueda, de afinación y también de discriminación. Nuestra labor (y la de tantos espléndidos suplementos que seguimos: soy seguidor de casi todos, de ‘Culturas’ de Sergio Vila-Sanjuán, de ABC Cultural, donde trabajé dos inolvidables años..., de ‘Babelia’, claro, de ‘El Cultural’ de ‘El Mundo’, de ‘Territorios’, de todos los que caen en mis manos) es incitar, excitar, informar, conmover, ayudar a entender y a ser más críticos. Los periodistas no somos misioneros pero sí somos embajadores de la pasión y del conocimiento, del rigor y de la sensibilidad. Contar la cultura es un arte que aspira al contagio o al enamoramiento, y siempre estamos en ese camino, que es donde mejor se está. En el centro de una encrucijada que no se acaba nunca. El suplemento, por cosas difíciles de explicar, no está en la red. No aparece en internet. Estuvo, ya no está; seguramente volverá a salir.

 

TELEVISIÓN. Durante cinco años y medio conduje un programa cultural: ‘Borradores’. Nunca estuvo en programas a la carta ni fue promocionado por la cadena autonómica: casi siempre se promociona lo que ya tiene éxito. No lo digo con rencor. Trabajamos con libertad desde la vocación de servicio público. Sin embargo, está en internet, y muchos de sus programas, con su música en directo, se pueden seguir en el blog de Borradores (borradores.blogia.com) y en youtube. Acabo de leer una entrevista con Michael Robinson que decía que cuando le quitaron ‘El día después’ en Canal Plus fue un golpe terrible. Quería tanto ‘Borradores’, me gustaba tanto trabajar con mi equipo y con nuestros invitadores y con los creadores de España, de Aragón y del mundo, que suscribo por entero ese dolor.

 

TWITER. No lo tengo. No sabría que escribir en 140 caracteres.

 

VIAJE. El blog y el facebook te empujan a realizar viajes constantemente. Viajes reales, viajes simbólicos, excursiones hacia los otros y hacia uno mismo. Viajes hacia la creación. El blog es, en sí mismo, una travesía en mil direcciones. Si alguna vez vuelvo a ver lo que he ido haciendo a lo largo de casi una década hay veces que ni me reconozco. Ahí también está mi autorretrato, o mis autorretratos, y las cosas que me han interesado, que me han obsesionado y que he querido contar sin demasiados aspavientos, aunque a veces con cierta hinchazón o cierto énfasis en los adjetivos. Tengo un amigo fotógrafo, al que admiro y quiero mucho, Vicente Almazán. Él es como un observador invisible, tira sus fotos y luego dice: “Pasaba por aquí”. Esa frase también me retrata. Y retrata en buena parte a muchos blogueros. Pasaba por aquí.

 

ZARAGOZA. Soy gallego, un coruñés de Zaragoza. Mi padre quería que fuese técnico en electrónica o acordeonista.  En esa ciudad, a orillas del Ebro, he encontrado muchas cosas: amigos inolvidables (como Félix Romeo, el amigo imprescindible a cualquier hora, Javier Tomeo, que era un oscense en Barcelona y un aragonés universal que se sentía a recaudo en el hotel Palafox, José Antonio Labordeta, maestro en casi todo...), periódicos, libreros, músicos, un paisaje urbano, una sensibilidad, una familia e incluso una extraña forma de vida, que no otra cosa es el cultivo del periodismo. Soy un gallego de Zaragoza, pero en el fondo un blogger se mueve a sus anchas, de charco en charco, de paisaje en paisaje. En una región difusa abierta a todos los destinos. Vivo deprisa deprisa, con ansiedad, y estoy en peligro como otros de convertirme en un zoquete porque la sobreinformación crea una especie de sujeto esquizofrénico: ese que quiere saberlo todo y acaba no sabiendo nada. Y cada día que pasa noto más síndromes de esa enfermedad.

 

*La foto, de 1900, es de Robert Flynn Johnson.

DANIEL GASCÓN: SECRETOS DE FAMILIA

[El escritor y periodista Peio H. Riaño, jefe de cultura del diario digital ’El confidencial’ publicaba ayer un artículo sobre la nueva novela de Daniel Gascón, ’Entresuelo’ (Mondadori), el relato de la historia de sus abuelos Leoncio e Isabel, y a la vez hablaba de otros libros de la familia: Antón Castro (Lañas, Arteixo, La Coruña, 1959) y Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983). Daniel presenta su novela este viernes a las 20.00 en Trocito de Cielo, calle Blancas, en un acto organizado por la librería Los Portadores de Sueños. Le acompañarán el poeta, narrador y editor Fernando Sanmartín y el narrador Ignacio Martínez de Pisón.]

LOS RODRÍGUEZ, UNA FAMILIA SIN SECRETOS FAMILIARES

 

Por PEIO H. RIAÑO

La bisabuela no se había desnudado nunca delante de un hombre. La abuela no era abuela en su noche de bodas. Y si de su primer encuentro íntimo con un hombre hubiese dependido, el árbol genealógico de la familia no habría dado nuevas ramas. Nadie le había explicado casi nada a la abuela, ni siquiera su marido que la apretó contra él y la besó en la boca. “Después la empujó suavemente contra la cama e intentó eliminar obstáculos e íntimas prendas de algodón intacto a sus anhelos. Carmen no entendía nada. Se quedó consternada, muda de espanto. Al poco tiempo, berreó muerta de miedo: “¡Ay, madre, que me matan!”, y, como mal pulpo, escapó del peso de su esposo, casi desnuda, y consiguió huir escaleras abajo. Se echó a la calle y salió corriendo como una loca bajo la lluvia fría del mes de diciembre”.

Afortunadamente, el matrimonio pudo consumar sus calores y todos lo sabemos gracias al nieto de Francisco Gascón, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), que cuenta en Entresuelo (Mondadori) uno de los episodios eróticos más conocidos de su familia. No es el primero que escribe sobre la divertida fuga nocturna: antes ya lo hizo su padre, el yerno de Francisco, Antón Castro (La Coruña, 1959) -reciente Premio Nacional de Periodismo Cultural-, en el relato La boda, incluido en El testamento de amor de Patricio Julve (en Destino y Xordica). Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983), hermana de Daniel Gascón, hija de Antón Castro, también es escritora, también lo hace en primera persona, incluye su vida en las tramas narrativas y tampoco parece encontrar nada de interés más allá de la realidad, como bien se ve en Solo si te mueves (Xordica). Sólo le falta el capítulo de los abuelos.

 

Antón con Daniel, Aloma y su madre. Por supuesto, Daniel muestra a Aloma en Entresuelo, pero para citar al gran personaje de todos ellos: la madre. No es escritora, es testigo pasivo de las correrías literarias del insólito caso de una de las estirpes más exhibicionistas de todos los tiempos, y una de las familias que se recuerdan con menos trapos sucios. “Mi madre es el gran personaje literario que compartimos los tres”, dice Aloma a este periódico.

Asuntos personales

“Me gusta pensar que mi madre tiene el superpoder de convertir cualquier sitio en agradable, hasta una sala de espera de hospital o una estación de autobuses. Me gusta que los fines de semana que vuelvo a casa, después de comer, nos sentemos las dos en el sofá y fumemos, como las hermanas de Marge Simpson. Me gusta que en mi agenda el teléfono de la casa de mis padres esté guardado como ‘hogar’”. Es el fragmento que Daniel ha utilizado de su hermana para incluirlo en su libro.

Como vemos, airean asuntos personales, que se reproducen en las narraciones de todos y en las que todos participan como personajes de las novelas de cada uno, formando parte de la trama del pasado común reconstruido con voces particulares y miradas distintas. Tres escritores curiosos contra el pudor, que hacen de la primera persona una herramienta con la que vencer la vergüenza, la culpabilidad y la depresión. Con cuidado.

Me gusta que el personaje de mi padre en Cariñena y Entresuelo se parecen mucho. Claramente”, explica Aloma sobre el retrato del propio Antón Castro en su autobiografía y la aparición en el libro de su hijo. Seres que entran y salen de la realidad, saltan de una novela a otra, exhibicionismo sin espectáculo. “Es muy cómodo hablar de la vida de uno. Aunque no es un ejercicio narcisista, sino otra vía de indagación”, explica el cabeza de familia. “Gracias a la autobiografía no tengo que crear la impostura de ser otro. La primera persona es la más natural, porque es la voz del contador de historias. Tanto Daniel como Aloma se sienten muy cómodos en ese registro”.

El riesgo del pudor

Jonathan Franzen, en su volumen de pensamientos y conferencias Más afuera (Salamandra), exige que la literatura no sea un simple espectáculo: “A menos que el escritor corra un riesgo personal, no merece la pena leer su obra. Y en mi opinión, desde el punto de vista del autor, tampoco merece la pena escribirla”. Cuando habla de riesgo se refiere a la traición de la confianza en favor de la literatura. La autobiografía debe asumir los riesgos de la molestia, ser honesta y desvelar todos los detalles de un hermano, un hijo o una madre. “Mi abuelo, que engordó de mayor, tenía otra teoría con respecto a la gordura masculina. No era grave si uno se la veía para mear. Pasado ese punto de no retorno, todo estaba perdido: adelgazar era imposible”, escribe Gascón en Entresuelo.

El escritor de estos territorios se debe a la verdad y nada puede hacer por detenerla. Es el compromiso de la lealtad con uno mismo, dice el autor norteamericano. Daniel reconoce que no pasó la novela a ningún familiar antes de publicarla. Tomó la decisión de tirar para adelante sin preguntar qué podía molestar. “Cuando te enseñas siempre te pones guapo, pero en este caso quería fijarme en la gente que hay cerca de mí, aunque es mi vida y soy yo”. Ese cambio de orientación en su presencia le hace ser menos relevante y más revelador. “Quería contar la historia de mi familia a través de un piso”.

Eso es Entresuelo, la biografía de un piso por el que pasan tres generaciones de españoles en un país que cambia a la velocidad de la luz. Los abuelos, educados en escuela rural durante la posguerra, que emigran a la ciudad con el cierre de las minas y entran a trabajar para una gran empresa que les jubilan anticipadamente. No es un relato generalista, pero sí es representativo. “Es el paso de un mundo cerrado y asfixiante a otro demócrata y laico, de una manera veloz. Del campo a Europa”, añade. Es el retrato de la creación de la clase media baja. Gascón se sentía atraído por la transformación.

Primero, yo

Hurga en las tripas de este espacio, que funciona como otro personaje más de su recorrido y al que retrata con precisión. La importancia del decorado y su visión arqueológica de los objetos que van quedando, generación tras generación. “Mi punto de vista es el de un testigo curioso. La primera persona tiene la empatía, la intimidad, la credibilidad. Si este libro lo hubiera escrito en tercera persona parecería una saga. Mi padre siempre me decía que tenía que escribir algo sobre la familia”.

Pero su padre, dice que les reclama más ficción. “Siempre les digo: “Chicos inventad cosas, que tengo ganas de leer un libro vuestro donde no reconozca a nadie”. Me llama mucho la atención que mis hijos lo tengan tan claro. Yo rechazaba hablar de mí mimo hasta hace bien poco. Tanto Daniel como Aloma practican una literatura realista, porque les parece que es lo más difícil de contar de manera trascendente”.  

¿Por qué? “Porque es una cuestión de comodidad y de seguridad: lo que más conozco soy yo”, contesta Aloma. “Uso la primera persona como escudo y como observación, sin dejar ver lo que realmente soy o pienso. Mi padre siempre fue muy reacio a la cosa autobiográfica. Siempre me insistía que me alejara de mí, pero con Cariñena se quitó ese pudor”. Y ahora barrunta una nueva entrega autobiográfica sobre cinco años que trabajó en un bingo. “Todo lo que viví es tan inverosímil que será mucho más rico que la ficción. La realidad tiene tantas aristas y tan fascinantes, que nunca podrás inventar nada tan sorprendente como la realidad”, apunta Antón.

Sin revanchas

La primera persona es confidencial, es íntima y eficaz en la relación con el lector. Pero, ¿cuándo aparece la autocensura, el límite de lo biográfico y lo doloroso para la intimidad de los otros? “El límite es la sensatez”, asegura Antón. “No quieres molestar ni herir a nadie. No se trata de caer en el buenismo, pero desde luego no quiero molestar a nadie de manera gratuita, ni agredir”.

Entre ellos se ven muy distintos, actuando con primeras personas diferentes. Castro senior dice que su hijo cuenta con tensión narrativa, con material de sorpresa, como su hija. Los dos son más naturales en el manejo de la primera que él, que se describe más enfático. “Soy más ampuloso en adjetivos y ellos son más neutrales. No nos parecemos en nada”. “La primera persona de mi padre es más exuberante que la nuestra. Dani tiene una lucidez de pensamiento admirable. Y yo tengo un buen golpe de efecto”, resume Aloma.

Ninguno de los tres ha usado hasta el momento la primera para cobrarse deudas, ni encresparse en la crítica contra el mundo. De hecho, Daniel es muy lacónico en el relato de su familia, con un tono documental que celebra la vida de una familia alegre… a pesar de todo. Aloma destaca un punto común entre los tres: el camuflaje de los conflictos y los dramas. Intuirlos más que verlos.  

La familia que escribe unida en una primera persona sobre sus asuntos personales permanece unida. O casi. La estirpe no termina en ellos. Al parecer, el hermano pequeño, de 20 años, es el rebelde, el que no se entiende con sus padres, el encargado de dar en el futuro la cara B de la familia Rodríguez-Castro-Gascón. Ya ha advertido que él también quiere ser escritor. Continuará…