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Antón Castro

PRÓLOGO PARA ELÍAS MORO CUÉLLAR

PRÓLOGO PARA ELÍAS MORO CUÉLLAR

[Elías Moro Cuéllar, madrileño del Rayo en Mérida, es un estupendo escritor, en diversas direcciones, un fabulador constante, un observador. Hace algún tiempo me pidió un prólogo para su libro ’Manga por hombro’ (Isla de Siltolá, 2013), una selección de las entradas de su blog. Aquí está el texto y un retrato curioso de este señor que es, entre otras cosas, apasionado del baloncesto. En Aragón, se diría que Elías Moro es alto como un mallo.]

 

FOTOGRAFÍA DE UN ESCRITOR EN LIBERTAD

 

Elías Moro es uno de esos escritores que tiene parentescos por doquier: es hijo y nieto de Pla y Cunqueiro, ahijado de Georges Perec y Ramón Gómez de la Serna, bebe los vientos por Kafka y Monterroso, se estremece con Cortázar y con Arreola, se ha educado con las historias de Juan Rulfo, Miguel Torga y Jean Giono, y con los artículos de Julio Camba, y se reconoce en un sinfín de autores contemporáneos suyos: desde Cristina Grande a Fernando Aramburu o Fernando Sanmartín. Y no solo eso: se ha formado con la poesía de todas las latitudes; con Pessoa, con la generación del 27 y con los japoneses, es tan versátil y curioso que lo mismo redacta un poema en verso blanco y un diccionario sobre el mundo del pastoreo que se atreve con un haiku. Es un escritor desconcertante porque le interesa el mundo ancho y ajeno.

No es fácil clasificarlo ni reducirlo a un corsé de estéticas: Elías Moro es un escritor en libertad, un paseante que se alimenta de curiosidad, un soñador y a la vez alguien que medita. Pasa un insecto, cruza el aire un pájaro, ve una mujer sentada en un café o contempla el espejo de los charcos, y él escribe una pieza magistral. El texto de un diletante, de un ingeniero de nubes, de un mago de las causas felices. Tiene una rara virtud: ama tanto la vida y sus secretos, ama tanto la vida y sus afluentes que se cita con ella a través de las cosas menudas, de lo superfluo, de lo invisible, de lo que aletea en un suspiro con fulgor de ave celeste.

Elías Moro Cuéllar es una de esas criaturas que se alimentan de afecto y que engrandecen su entorno con la amistad. Se engrandece él y engrandece a los demás. Y esparce el talento como se esparce la nieve en copos: con pasmosa naturalidad. Todos sus libros, y sus proyectos, nacen como si nada: tal como vienen, con la caricia de la lluvia, con el viento que golpea y no daña. Como quien no quiere la cosa. Eso sucede con sus poemas, con sus relatos, con libros como ‘El juego de la taba’, que es un cajón de sastre donde cabe de todo, un cajón de sastre que tiene un elixir imprescindible: la imaginación y sus usos.

‘Manga por hombro’ es un poco lo mismo. Es y no es lo mismo. Elías Moro ha seleccionado aquí un conjunto de entradas de su blog y las ha organizado de manera que el libro funciona como una continua caja de sorpresas y hallazgos, y como el puzzle de un autorretrato. Elías Moro se acuerda –y este es uno de sus verbos favoritos: a él le gusta acordarse de casi todo, como a su amado Georges Perec- de la salamanquesa llamada Pepita, de aquella matrícula de honor que logró en Ciencias Naturales, de las bibliotecas que ha visitado, de las librerías de viejo que conforman su existencia con su pozo sin fondo de tesoros constantes, le gusta referir en clave humorística las visitas al ginecólogo con su mujer o recrear la maquinilla de Benito, el de la barbería. Sin darse cuenta casi, a través de las nueces o de los citados charcos, se disfraza de Marcel Proust y describe sensaciones inefables. Sensaciones, pálpitos, la onda expansiva de la memoria a partir de objetos, de olores, de estados de ánimo. Cinéfilo empedernido como es, evoca a Jacques Tati y a su Monsieur Hulot o todo lo que le ha dado cine a través de los besos y las imágenes de ‘Cinema paradiso’.

A Elías Moro, conocida su devoción por Ramón Gómez de la Serna, le fascinan las greguerías, los juegos de palabras, las listas de vocablos e incluso esas piezas que parecen metaficción en torno a la identidad, como verán en ‘Mi otro yo. También le fascinan los bestiarios, y el punto de vista a contrapelo, como sucede con ‘Elogio del rinoceronte’ e incluso con ese texto inicial que te deja un raro sabor de boca: ese cuento del padre-gallo al que otro gallo mayor e igualmente insolente lo deja seco.

Elías Moro ha metido muchas cosas en ‘Manga por hombro’. Es casi imposible hallar un texto que nos deje indiferente: todos tienen aliento, humor, sentido de la evocación, latido, todos han sido escritos con el ingenio y el corazón, con la gracia y la hondura. El autor también habla del acto de escribir, de sus poéticas (“Antes del poema lo sé, al terminarlo lo dudo”, dice) y del paso del tiempo; me ha conmovido especialmente la pieza ‘El tiempo pasa’, donde se dice: “Ya guardo fotografías donde soy más viejo que las que tengo de mis padres”.

He aquí un libro libre. Libre en la forma, libre en el contenido: el autor divaga, redacta poemas y soleares, declara su veneración por las mujeres y su desnudo, usa el microcuento, la crítica literaria, el retrato y la elegía (por ejemplo, la que le dedica a José Antonio Labordeta), cuenta relatos y leyendas, y juega con el campo semántico de muchos términos: por ejemplo el vocablo ‘decentes’ o las posibilidades y ramificaciones de las sombras. Es tan imaginativo y observador que redacta un texto como ‘Hablando en plata’: existen seres, o podrían existir, que escriben y hablan únicamente con frases hechas. Se retrata magistralmente a la manera impresionista así, en 49 palabras: “La teta materna. Mis hermanos. Escarcha y bochorno. Arroz y sandía. Operación pulmonar. Baloncesto. Amor y amistad. Literatura. Viajes. Mérida. Lali, Sara y Alba. Los Marx, Woody Allen, El Padrino. Lisboa. Vidal. Copla, fado y tango. Música y poesía. La muerte. Un beso inolvidable. Y su mirada marrón. Stop”.

Eso sí, y me gustaría dejarlo claro: este señor no es perfecto. No le gustan ni Popeye ni las espinacas. Es tan raro, tan original, tan atrabiliario que es capaz de escribir de la tristeza de los trenes. Si Elías Moro Cuéllar no es un poeta...

EN LA FILMOTECA, EMILIO CASANOVA

EN LA FILMOTECA, EMILIO CASANOVA

 

*Emilio Casanova participará esta tarde en el ciclo que la Filmoteca de
Zaragoza dedica a su obra ** *

*El realizador y productor aragonés, con más de treinta años de
trayectoria, presentará su obra “El Pirineo revelado” (2011), así como
otros montajes audiovisuales, algunos de ellos todavía en fase de
producción *

*Zaragoza, viernes, 29 de noviembre de 2013.-* El realizador y
*productor aragonés Emilio Casanova (Zaragoza, 1955) tomará parte esta
tarde (20:00 horas) en la penúltima de las sesiones que la Filmoteca de
Zaragoza ha programado dentro del ciclo que está dedicando a su obra
desde el pasado 8 de noviembre. La sesión consistirá en la presentación
por el propio autor de su obra de 2011 “El Pirineo revelado”, una
coproducción con Aragón Televisión que trata de la visión pirineísta
tras el objetivo de la cámara fotográfica de cuatro personajes: Lucien
Briet, el barón Bertrand de Lassus (sus fotógrafos Juan de Parada y
Maurice Meys), Juli Soler i Santaló y Ricardo Compairé. Cuatro formas
distintas de pirineísmo unidas por la calidad fotográfica y, sobre todo,
por el amor a las montañas pirenaicas. *

 

*La nota es de Alberto Gascón; la foto es de Lara Albuixech, de nuevo.



*El resto de la sesión estará formado por diferentes producciones de
pequeño formato, varias de ellas en proceso de producción, sobre poesía
visual con piezas de Marcel Duchamp, haikus japoneses (Bashoo, Sogui,
Sokan, Issa.), Octavio Paz, Benedetti, Tablada, Ramón Gómez de la Serna;
pinturas de Velázquez, Vermeer, etc.*


*Mañana sábado concluirá el ciclo con la proyección de los mismos
contenidos que se exhibirán hoy.*


*“**/Este ciclo ha supuesto un más que merecido homenaje a uno de los
personajes claves del ámbito audiovisual aragonés, poco conocido por el
gran público, pero de una calidad y una trayectoria digna de todo
elogio, merecedora desde luego cuando menos de un esfuerzo de difusión
como el que ha hecho la Filmoteca de su ciudad/**”, ha subrayado el
consejero de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Jerónimo Blasco.*


**Emilio Casanova**


*A punto de cumplir treinta años de profesión, Casanova es productor y
realizador de programas y montajes audiovisuales desde 1984. En 1988,
una beca de Diputación de Zaragoza le permitió estudiar documentalismo y
postproducción en Nueva York. *Ha realizado múltiples trabajos de
carácter cultural en el campo de la plástica, la música, la literatura y
el teatro como productor independiente o trabajando con o para diversas
instituciones públicas y privadas.

Personajes como Goya, Buñuel, Saura, Ramón Acín, Julio Alejandro, Rafael
Alberti, Octavio Paz, Pedro Laín Entralgo, Camilo José Cela, Carmen
Martín Gaite, Antonio Mingote, Gonzalo Torrente Ballester, etc., han
sido objeto de trabajos suyos.

Realiza también desde hace tiempo charlas y talleres sobre animación
(stop-motion).

Desde la creación de la *Fundación Ramón y Katia Acín* en 2008,
desarrolla y administra su página web que reúne unos 6.000 documentos.

LINA VILA: ÁLBUM DE AUSENCIA

LINA VILA: ÁLBUM DE AUSENCIA

LINA VILA: UN ÁLBUM DE AUSENCIA*

 

Lina Vila conoce la oscura noche del lobo. Lina Vila habita, desde hace años, un universo inquietante de visiones, de fragilidad y de colores. De pájaros que van y vienen, de animales, de árboles frondosos, de misterio. Hace unos años se trasladó a vivir a San Mateo de Gállego: allí tiene su vivienda, su biblioteca copiosa, dominada por muchas figuras y por la vindicación del mundo femenino, lleno de heridas y de energía, y allí tiene su precioso taller, lleno de mil cosas. Dibujos, óleos, grabados, carpetas, notas, cartas. Más libros, más documentos. Notas de viajes. Manuales de pintura. Apuntes para vivir.

Todo ello, la casa y el estudio, está en una finca que es un paraíso íntimo, que se ha construido poco a poco, al arrimo de sus padres, Pedro y María, con la sinfonía de las estaciones y en compañía de Félix Romeo. Y, en compañía, muy especialmente de su intimidad, de sus viajes por un pasadizo de la imaginación y el sueño, convulso y luminoso a la vez. Ese mundo es una de sus obsesiones. Y es también una forma de redención, de comunión con las cosas del campo. Con la exaltación de la vida y de su envés: el dolor, la pérdida, la ausencia, el llanto. En todos estos años, Lina Vila se ha curtido en experiencias fuertes: ha perdido a su padre, un cómplice constante desde el jardín y desde la casa de la enfrente. Y ha perdido a Félix, el copiloto más apasionado de sus días. Su guía, su amigo, el torbellino que no dejaba de amasar experiencias para compartirlas segundo a segundo. El amor imprescindible.

A Lina le costó mucho volver a pintar. Recobrar un poco de serenidad. La seguridad del trazo. Le costó volver  a ser ella misma: fantasmas inesperados y dolientes se sumaron a los que ya tenía, tan inextricables. La fiebre de la creación. La furia de vivir. Primero expuso dibujos y grabados y acuarelas en el Espacio Valverde, y luego en el Espacio en Blanco de la Universidad San Jorge. Una exposición algo más pequeña pero igual de intensa. La crónica de una vida con la naturaleza. El álbum de ausencias y desgarros y de pesadillas indecibles. Las tintas de una búsqueda.

Había muchas cosas en ese ‘Diario de invierno’, donde rendía homenaje al blanco: puro, entre frío y auroral, sutil y elegíaco; abordaba algunas de sus visiones o premoniciones más incómodas, en de formas gigantescos casi siempre que perturbaban su sueño y su expedición cotidiana al recogimiento y a la paz. O de corazones rotos. Y también había una serie de belleza más directa: ese mundo feliz y caprichoso de las mariposas, de los insectos, de las flores y los arbustos que aletean como si fueran pájaros o los arabescos del aire. ‘Diario de invierno’ tituló Lina Vila este proyecto deliberadamente. Era un diario de la soledad inesperada, del dolor, del deseo aplacado, del adiós brusco. Y era, por otro lado, el hallazgo de un refugio. Al fin y al cabo, incluso en los momentos más duros, solo nuestra fortaleza y la energía de nuestros sueños y de nuestros recuerdos nos salvan, nos alivian, nos impulsan a seguir. Lina Vila sigue: pintando, buscándose. Buscándole en el color, en las figuras, en la materia, en la noche del lobo.

 

*Este texto es para el catálogo de la exposición colectiva del Museo Pablo Serrano, que organiza el IAACC y la Universidad de San Jorge.

BASILIO BALTASAR: DE CABRERA INFANTE Y DE 'EL ESPÍA DE SÍ MISMO'

BASILIO BALTASAR: DE CABRERA INFANTE Y DE 'EL ESPÍA DE SÍ MISMO'

EL ESPÍA DE SÍ MISMO

Por Basilio Baltasar. Tomado del blog elboomeran

 

http://www.elboomeran.com/blog/3/blog-de-basilio-baltasar/

 

Ojalá pudiera preguntarle ahora a Guillermo cuál fue el modelo narrativo elegido para su crónica autobiográfica. Miriam Gómez, su viuda, la encontró entre sus papeles póstumos, junto a La ninfa inconstante y Cuerpos divinos, y se la entregó a Toni Munné, que la ha editado con rigor para Galaxia Gutenberg.

Es tan diferente el Mapa dibujado por un espía a lo que escribía Guillermo en aquellas fechas que uno debe leer con asombro este ejercicio de prosa sobria y exacta, en donde ninguna concesión se hace al lenguaje barroco, coloquial y musical que el malabarista Cabrera consagró con tanta pericia y acrobacia.

Quizá quiso evitar -pienso- que la imaginación literaria perturbara el recuerdo de su infausto viaje a Cuba, y por eso se ciñó a lo que su viva memoria retuvo con precisión fotográfica y pausado ritmo cinematográfico.

Cabrera Infante vuelve a la isla después de tres años de ausencia creyendo que podrá despedirse de su madre enferma. Después de los funerales se dispone a incorporarse a su destino diplomático en la Embajada de Cuba en Bruselas -en dónde lo espera Miriam Gómez y, en Barcelona, Carlos Barral para presentar la primera edición de Tres tristes tigres, novela que acaba de recibir el Premio Biblioteca Breve- pero una extraña orden del ministerio le impide subir al avión.

Desde ese momento Cabrera Infante, mientras devanea por una ciudad cuyos encantos no se parecen a nada de lo que hubo tres años antes en el mismo lugar, se siente vigilado por un ojo insomne y por la mente inquisitiva de unos amigos que podrían dejar de serlo en cualquier momento. Ignora por qué no puede salir de la isla, ni quién ha ordenado su retención o qué podría hacer mientras tanto -salvo esperar lo peor.

Cabrera alude con pudor a sus temores, y al corrosivo pánico del que en ningún caso puede defenderse. No habrá acusaciones tangibles, ni reproches directos, ni amonestaciones que puedan ser refutadas. El silencio de los jefes y la huidiza ausencia de los gerifaltes se prolongan durante semanas y meses, y generan una expectación cada vez más perturbada. Los motivos factibles y las causas imposibles, las razones desconocidas y los propósitos indescifrables se trenzan en una simulación poblada por enemigos emboscados. ¿Quién es el delator? ¿Quién habrá sido el autor de la denuncia? ¿Qué hice yo -dónde y cuándo- para merecerla?

Mientras Cabrera intenta adivinar quién está detrás de su probable desgracia, los servicios de inteligencia y espionaje van perfeccionando su pérfida herramienta: han dejado en manos del resentimiento la persecución de los disidentes. En lugar de fatigar a la policía con inciertas pesquisas, los agentes dejan que los enemistados vayan recogiendo las pruebas del delito cometido: quizá una reservada sonrisa, un comentario irónico, una opinión literaria destemplada, un desinterés desmedido por el cine soviético... Y orquestan las razones que brotan por doquier: alguna vieja rivalidad, los celos de una amante despechada, la venganza larvada de un antiguo pleito... ¡Quién sabe!

La cooperación entusiasta de compañeros, vecinos, subalternos, conductores, conyugues, peatones y camareros contribuirá a identificar a los indeseables: escritores, poetas, burgueses indolentes, creyentes, homosexuales, hedonistas, o cualquier otro ciudadano dispuesto a impedir que Cuba sea feliz.

Cabrera Infante, que va dibujando la topografía moral de su isla aturdida con suma tristeza, y con el inconfundible y ahora amargo sentido del humor, recuerda la profecía que pronuncia Nicolás Guillén bajo las frondosas ramas de un mango: "Castro nos enterrará a todos. ¡A todos!"

Ha muerto Nicolás Guillén, ha muerto Alejo Carpentier, Lezama Lima, Carlos Franqui, Heberto Padilla, Virgilio Piñera, ha muerto Guillermo Cabrera Infante, Miriam Acevedo, Olga Andreu, Juan Arcocha, Humberto Arenal, Frank Emilio, y gran parte de los que dentro y fuera de esta novela, intentaron sobrevivir a la epidemia de delaciones maquinalmente incitada por el régimen e infernalmente celebrada por sus agentes.

No sabemos qué quedará de la gesta cubana, del oprobio de sus derrotados y exiliados, pero mientras tanto podemos leer con deleite estético y terrible melancolía esta obra maestra de la literatura.

[Publicado el 25/11/2013 a las 23:02. La foto es de Daniel Mordzinski.]

ANTÓN CHÉJOV: 'CUENTOS COMPLETOS'

[Juan Casamayor, con su gentileza habitual, me envía estas notas acerca de la edición del primer volumen de los 'Cuentos completos' de Antón Chéjov, en una edición de Paul Viejo.]

Antón P. Chéjov

Cuentos completos

[1880-1885]

Edición de Paul Viejo

  

Después de nuestras ediciones de los Cuentos completos de Edgar Allan Poe (traducción y prólogo de Julio Cortázar, con presentaciones de Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes y edición comentada llevada a cabo por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi) y de Guy de Maupassant (edición y traducción en dos volúmenes de Mauro Armiño), era el momento para nuestra editorial de abordar el tercer vértice de un triángulo indispensable para entender el cuento contemporáneo. Nos referimos al maestro universal, Antón Chéjov.

 

Pese a la abundancia de traducciones y antologías de los cuentos de Antón Chéjov, que en demasiadas ocasiones repiten títulos y selecciones similares, el lector español no tiene la opción de acudir a su narrativa breve completa, perdiendo así la oportunidad de leer un gran número de cuentos que permanecen inéditos y, sobre todo, de considerar el desarrollo de toda la obra del escritor, sus diferentes periodos, la progresión de su escritura, dando de este modo una visión completa y ceñida a la realidad de su figura.

El proyecto Cuentos completos reunirá los siescientos cuentos que componen la totalidad del corpus, muchísimos de ellos sin editar en español, junto a aquellos relatos no publicados o inconclusos en vida del autor. La publicación se llevará a cabo en cuatro tomos de 1200 páginas cada uno, publicados a razón de uno al año (de 2013 a 2016), en una edición dirigida por Paul Viejo, especialista en literatura rusa y escritor. Además de numerosas notas, tablas, índices y apéndices bibliográficos, reunirá en sus páginas a los traductores de diferentes generaciones que más y mejor se han ocupado de Chéjov en español, y aspira a ser, por tanto, la edición completa y definitiva de los cuentos de Chéjov en una exquisita presentación y cargada de material adicional.

 Partiendo de las ediciones definitivas rusas, se ha establecido la nómina de los cuentos completos de Chéjov, rigurosa clasificación que se ha hecho teniendo en cuenta, por un lado, la autoría. Chéjov firmó muchos de sus cuentos bajo seudónimo y eso creo un umbral de textos de dudosa autoría. Por otro, siguiendo un criterio de género, ya que Chéjov es autor de piezas breves que no son estrictamente cuentos. Así, se ha podido dar por primera vez en castellano la que será la edición definitiva de los cuentos completos de Antón Chéjov.

 

Este primer tomo de la serie, 1880-1885, incluye la producción inicial de un total de 239 cuentos, presentados en orden cronológico, desde el primero que publicó por el autor “Carta a un vecino erudito” hasta “Un drama de caza”, que abrirá el siguiente. Alrededor de un 20% de los cuentos ven la luz por primera vez en nuestra lengua.

EL MAR DE MARISA LÓPEZ MOSQUERA

EL MAR DE MARISA LÓPEZ MOSQUERA

MAR NUESTRO QUE ESTÁS EN NUESTRA SANGRE

 

Por Marisa López MOSQUERA

 

Eufórico, impetuoso, vehemente, fogoso. No faltarán palabras para definirte mar nuestro, amado, llevas siglos robándonos el aliento. Y todavía hay quien confía en sí mismo frente a ti, en poder cabalgarte como quien somete a una voluntad quebradiza. Acaso para terminar sucumbiendo, si no a tu poder al menos a la fascinación de tu fuerza, pasando a engrosar las filas de la eterna hilera humana que te contempla extasiada cada vez que estallas desbocado, furioso, desatado, colérico. Tu inmensidad nos redime, envuelve el dolor de corazón con el que nos acercamos a tu costa buscando alivio, baña nuestro llanto interno girando en una danza majestuosa sobre el horizonte, atrapa nuestra mirada perdida mientras nos rompemos por dentro. Arrebatador. Incendiario. Exaltado. Agotador. Cuantos te escuchan, cautivos, llevarán en su sangre tu sonido y como esclavos te seguirán al infinito. Aplacas en tus olas, mar nuestro, su martirio. Para hacerlos a tu imagen, más libres y más dignos.

[La vida en la Ría de Vigo. Fotografía de Xaime de Sousa Guedes Pacheco. c1927. Fuente: Archivo Pacheco] 

 

 

 

NOTAS SOBRE MI VISION DE FACEBOOK

LA VIDA, SEGÚN FACEBOOK

 

He sucumbido a la fascinación, a la variedad y a la inmediatez de Facebook. Es otra forma de plaza universal, de enciclopedia entre vertiginosa, impresionista y arbitraria de las pequeñas y grandes cosas de la vida. El muro tiene algo de palimpsesto o de borrador de mucha gente que escribe y se confiesa, que se desnuda, que declara sus obsesiones, siempre hay sorpresas, manías, ‘boutades’, frivolidades a mansalva y a la vez es fácil detectar un trabajo de fondo, que también los hay. Trabajos con voluntad de permanecer, sólidos, metódicos incluso en la secuencia temporal en que se presentan. Facebook es el registro de numerosos estados de ánimo: por ahí pululan el enamorado permanente, el amante del amor, el escritor compulsivo, el exhibicionista, el viajero, el buscador de incitaciones y excitaciones, el curioso, el que utiliza Facebook como un pequeño periódico o un pasquín donde denuncia los males del mundo o los excesos de la política. El columnista. El dominguero, el turista accidental, el que se asoma llamado por la curiosidad y que acaba cansándose. Y también están el que saluda al día, el que se da ánimos a sí mismo colgando una canción, poniendo un fragmento de una película o seleccionando una cita o un poema. El habitante de Facebook cree en las variadas formas de contagio más o menos cultural y suele buscar esa manera de aprobación de los otros que es el Me gusta. Si no hay ningún ‘Me gusta’ podría parecer que algo no va del todo bien.

Facebook es una casa de amigos. Amigos superficiales, a vista de pájaro, amigos que desearías tener, amigos que recuperas, amigos que vuelven de los rincones oscuros del tiempo. La amistad es otra cosa desde que existe Facebook. Vas a un sitio y alguien te dice: “¿No me conoces? Somos amigos en Facebook”. Otro te reprocha: “Te he pedido amistad hace seis meses. Y no hay manera... ¡Qué selectivo eres!”. También está aquel, elogioso, que te recuerda “Qué fotos tan maravillosas pones. ¡Esas chavalas me encienden!”.

El amor es uno de los temas fundamentales del medio. Siempre hay un sinfín de poetas que escriben, casi monotemáticamente, de amor. Amor, sexo, mujeres, hombres, cuerpos, la ternura y la sentimentalidad. El deseo, el encuentro con la amada... Eso sí: el amor ajeno, en sobreabundancia, nos resulta empalagoso. Hay mucha gente que tiene el amor como a su gran dios. Un dios que merece hasta seis o siete poemas al día, con foto más bien tórrida. También hay quienes hablan de amor a las ciudades (Carmela Fernández López: “Pontevedra gloriosa, sublime, grandiosa... Te echo tanto de menos que, en este momento, moriría por ti”); otros narran que acaban de tener un coito estupendo y hay noticias que parecen escritas por hombres: “Poco sexo puede provocar la muerte súbita en las mujeres. ¿Estás teniendo sexo con frecuencia? Si no es así, mujeres, a preocuparse!!!”. Facebook también es el lugar de amor a la palabra, a los libros, a los escritores, a la pintura, a los viajes y a la gastronomía... Es un maremágnum donde cabe todo con su haz de sorpresas: te asomas, ves un torbellino, un acento, una flecha en el aire, la frase que andabas buscando y la compartes o te la quedas en el fondo de tu escritorio. Te asomas y a veces hasta te quedas patidifuso: alguien anuncia que ha muerto Ronaldinho. Miras, y era mentira. En Facebook también existe el reino de la impostura. Miras y alguien anuncia que ha muerto Concha García Campoy; lo compruebas y era cierto: se ha ido la voz cálida, la periodista luminosa, la mirada limpia de una mujer que amaba su oficio y la poesía de la comunicación: te hablo a ti con lo mejor de mí misma.

 

Facebook no sería nada sin el azar. No se pueden seguir todo el rato a los 5.000 amigos que podrías tener. Y que algunos tienen. En Facebook se tejen campos muy peculiares de afinidades. A veces entras y encuentras cosas triviales o conmovedoras, fogonazos, impulsos, estímulos, efemérides. El mundo es ancho y ajeno y la gente está muy viva. Lo recuerda todo. El muro puede deslumbrarte en cualquier momento. Lo fundamental es no caer en la ansiedad. Lo mejor es decir aquello de ‘Pasaba por aquí’ (que es el lema de uno de mis fotógrafos favoritos: Vicente Almazán, diseñador y publicista toda su vida al que un día recomendaron la fotografía como actividad y como terapia). Y a la vez en Facebook es importante tu propio azar: a veces alimentas el muro, tu página, de cosas que guardas, de cosas que lees, de la cita que hallas en el periódico durante el café o en el tablet, de una llamada de teléfono. No busco, encuentro, decía Picasso. A veces, en Facebook, el azar es como un río de afluentes incesantes, una ventana que se abre a todos los horizontes y a todos los paisajes. ¿Por qué ibas a hablar hoy de Albert Camus, de Louise Bourgeois, de Romy Schneider, de Picasso y sus mujeres o de Wislawa Szymborska? ¿Por qué ibas a recordar a un familiar, mi cuñado José Antonio Ortuño, que está en la Fe de Valencia esperando un pulmón? ¿Cuándo pensaste que ibas a hacer un álbum de fotos de Marilyn Monroe o de Truman Capote? No estaba previsto. A mí me gusta mucho ese aluvión de nombres, de imágenes, de causas y azares. Me gusta la vida tal como viene sin premeditación y alevosía. Y por lo regular, el Facebook, como la red en general, es tan adictivo, que querrías tener más vidas, más horas, más ojos, para llegar a todo. Con el periodismo me ocurre lo mismo.

 

No me gustan mucho los blogs narcisistas, esos en que parece que más allá de uno mismo no haya nada. Solo el apocalipsis y el silencio. Por eso, con Facebook me gusta mucho otra cosa: mi condición de editor amateur pero persistente. Edito textos de otros, de mayor o menor extensión, y edito sobre todo a fotógrafos.

 

Me encanta la fotografía. Me apasiona desde hace muchos años. Habría querido ser un buen fotógrafo y ahora me conformo con ser un modestísimo lector y buscador de imágenes. Me gustan muchos fotógrafos. Muchísimos. Es raro el día que no descubro uno, dos, tres. Españoles, polacos, norteamericanos, italianos, japoneses, chinos. El año pasado en Santander descubrí a un cursillista: Carles Domenèc. Siempre ando a la caza de un buen retrato, de una foto de reportaje o de fotos de bicicletas. Siempre encuentro. Y ahí están: a veces pido permiso y otras veces hago una glosa, digo de quien son las fotos y cuelgo una imagen o una pequeña serie. Facebook me gusta también por esto: porque es rápido, las fotos se ven muy bien, puedes poner cualquier tamaño. A veces me imagino que soy editor de fotografía como lo fueron Luis Magán en el País o lo es Chema Conesa en ‘El Mundo’. Publico series. De mucha gente poco conocida y descubro fotógrafos para mucha gente y para mí. Fotos de todo: de reportaje, retratos, interiores, retratos de escritores y artistas, fotos camp y vamp, desnudos, fotos de bellas mujeres (soy mujerista, esteta y mitómano).

 

Les cuento brevemente. Publico a muchos fotógrafos: a Gustaff Choos, a Vicente Almazán, al Colectivo Anguila, a Ana Moreno, a Luis Rabanaque, a Paco Cuenca... Este señor era un cantante, que acaba de ofrecer un concierto donde hacía tres recitales de Jacques Brel en el Olympia; un día me dijo que su pasión era la fotografía y lleva ya una treintena de entregas de fotocuentos. Me gustan las fotografías y me gustan las historias.

 

Lori Needleman. Una de las historias más bellas es la de Lori Needleman. Una joven norteamericana que trabajaba en las producciones de Hollywood. Un día, durante un viaje a Italia, vio que en Teruel se celebraban las ‘Bodas de Isabel’, toda una representación teatral en la que participa todo el pueblo. Se cuenta la historia de Isabel de Segura y de Diego Marsilla, que son como ‘Romeo y Julieta’ pero en Teruel. Ella vino a la pequeña capital, contempló lo que pasaba, el color, el cariño, el entusiasmo. Volvió y se hizo amiga de la coordinadora de los actos: Esther Esteban. Esta le puso un asistente, alguien que le enseñase cuánto ocurría, las claves, etc... Y justo el día que iba a marcharse para Estados Unidos, quizá para siempre, ocurrió algo especial, magnético: Lori y su anfitrión se miraron de otro modo. Y luego, gracias a la red, al teléfono, al Facebook, forjaron su amor. Él se fue a Estados Unidos; y al cabo de un par de años o así regresaron a Teruel. Ella hace fotos, da clases de inglés y este año ha sido la pregonera de Las Fiestas de los Amantes. Ella se llama Lori, ya lo he dicho, pero él se llama Diego. Son los amantes contemporáneos de Teruel. En Facebook siempre encuentras historias de este tipo.

 

Las historias están vinculadas a la escritura. A los sueños, a mi condición de contador de historias y de oyente de fábulas. Facebook es un laboratorio de pruebas, y también es mi propio almacén: ahí están muchos reportajes, entrevistas y artículos que voy publicando en periódicos, revistas, catálogos de arte... Y también es un puerto de llegada: a veces dejas ahí los poemas, los cuentos, los fragmentos de novelas, las cartas que me envían. No soy un pensador, pero sí me gusta contagiar pasión por las cosas, compartir lo que conozco, lo que descubro...

 

Le pregunto a una escritora, Olga Bernad, blogera compulsiva, que me explique cómo ve el blog y el facebook. Me dice: “El blog me entristece. Al Facebook nunca lo amaré lo suficiente como para que me ponga triste, pero el blog se acabó. Y era perfecto. El Facebook es como saludarte por la calle, el blog era prepararte para una cita e ir con tu mejor versión, lo mejor de ti. Y siempre temblaba un poco”. Manuel Vilas, en cambio, va a publicar un libro sobre sus entradas de facebook. Dice: “Utilizo Facebook como un formato literario. Para mi Facebook es literatura y todo lo que escribo allí es literatura”.

 

 

Quizá el Facebook tenga algo de superficial. De poco elaborado y de caótico. No cabe duda. Sé que ya pertenece al pasado porque todo va que vuela, pero a mí me sigue pareciendo una magnífica lección de sociología. Nos dice un poco cómo somos, cómo podemos comprometernos, qué nos obsesiona, cómo nos sumamos a líneas de pensamiento un tanto inconsistente, con qué nos comprometemos, contra quien o contra qué nos rebelamos. Nos precipitamos, caemos en la descalificación espontánea, desde luego. Y a la vez es una fuente permanente de información, de avisos, de cuánto ocurre, de la riqueza de opciones. Existe la censura o la posibilidad de denuncia, pero con todo es un territorio de mucha libertad. Y tiene otra condición: puede convivir con el diario, con el blog y moverse a la perfección en ese territorio tan híbrido e inagotable de los links.

 

*Esta foto de Rodney Smith la he tomado de aquí:

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DANIEL GASCÓN PRESENTA HOY SU NOVELA 'ENTRESUELO'

Esta  tarde, a las 20.00 horas, en el bar 7 de Copas, antes El Angel Azul, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), escritor y traductor, presenta su novela ‘Entresuelo’, la crónica de una familia y de una cada desde mediados los años 50 hasta ahora. La historia de su abuelo Leoncio Gascón, carbonero y listero de mina, al principio, masovero y un hombre ilustrado que terminó de cajero en SPAR. Hacía poemas, escribía bellas cartas de amor, le apasionaba la comida y era un formidable contador de historias. Daniel aprendió con él a viajar por los diccionarios y el aroma de las palabras. ‘Entresuelo’ también es la historia de varias generaciones, de gente que iba y venía por la casa, de los ruidos del tren, de una ventana casi milagrosa... Acompañarán a Daniel, Ignacio Martínez de Pisón y Fernando Sanmartín. El acto lo organizado la librería Los Portadores de Sueños.

 

*Esta foto pertenece a 'El País'. Es de Javier Morán.