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Antón Castro

'LA CULTURA Y LA VIDA': UN NUEVO LIBRO DE SERGIO VILA-SANJUÁN

'LA CULTURA Y LA VIDA': UN NUEVO LIBRO DE SERGIO VILA-SANJUÁN

“En el invierno de 1933, Eliade se veía de nuevo atrapado entre dos amores. Por un lado, el que le ligaba a la voluptuosa y temperamental Sorana, una actriz de teatro con la que mantenía encuentros sexuales de ¡una decena de ‘performances’ seguidas! (“no me parecía extraño entonces”, afirma Eliade con sorprendente canddor, si es que es sincero). La otra relación la mantenía con Nina Mares, a la que había conocido a través de su amigo, el escritor judío Mihail Sebastian. Nina, divorciada y con una hija, espíritu equilibrado y doméstico que le pasaba a máquina sus manuscritos, fue la elegida, y con ella finalmente marchó a vivir a un apartamento en el que hoy es bulevar Dacia, 141. Este edificio sí se conserva, y en la casa hay otra placa evocadora”.

Fragmento del texto ‘Un paseo por el Bucarest de Mircea Eliade’ del sugerente libro ‘La cultura y la vida. Catorce crónicas de escritores, artistas, cambios de época y aventuras creativas’ que acaba de publicar Librosdevanguardia. En el libro se recogen artículos sobre José Donoso, la cocina de Ferran Adrià, el museo de bibliófilos Bodmer de Ginebra o de los hermanos Josep y Pere Santilari, a los que David Trueba les dedicó una película. Y en la segunda parte, centrada en ‘Barcelona ciudad abierta’ habla de Ferrer Guardia, de la activista cultural Isabel Llorach o de ese sabido de libros y de arte, aragonés, llamado Luis Monreal.

MUERE MARÍA ROSARIO DE PARADA

Adiós a María Rosario de Parada

 

La periodista y escritora, autora de ensayos y novelas, ha fallecido a los 92 años.

 

Antón Castro

Ayer por la mañana, hacia las ocho, fallecía en Zaragoza la periodista y escritora María Rosario de Parada, una mujer que se dedicó a la escritura por pura vocación. Por necesidad. Por deseo de comunicar. Nació en Zaragoza en 1921, fue madre de cinco hijos de su unión con su marido y cómplice Hernán Palacio. A principios de los años 50, cuando las cosas en España no eran demasiado esperanzadoras, con dos máquinas tricotosas, ella, su esposo y sus hijos se marcharon a Argentina. Vivieron allí, en Mar de Plata, dos largos años: María Rosario, Maruja para los amigos, hacía jerséis, atendía a su familia, contó con una asistenta de origen italiano y antecedentes españoles como Erminda Borghetti (a que le dedicaría una novela de amor y desesperación: ‘Erminda Borghetti’) y leía cuanto podía.

En 1959 logró uno de sus grandes sueños: empezó a trabajar en la prensa, trabajaría en ‘El Noticiero’, ‘Amanecer’, ‘Hoja del lunes’, fue corresponsal de ‘Diario de Barcelona’. En estos medios firmó de todo: reportajes, textos de opinión, entrevistas, crónicas políticas. Fue, con Gloria Arias, una de las pioneras de la mujer en la prensa. Más tarde, colaboró con el ‘Anuario de Aragón’, y sería reconocida por la Asociación de la Prensa de Aragón y presidiría la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro.

Los años 90 fueron especialmente estimulantes para ella: firmó varios libros como ‘Ferrocarril a Francia por Canfranc’, una de sus obsesiones, ‘El pueblo gitano en España y Aragón’ o un libro misceláneo como ‘El manifiesto de un jubilado’, e incluso una pequeña historia de Santa Cruz de la Serós, que era su paraíso en la tierra. Entre sus novelas destacan esencialmente tres: ‘Entre dos fuegos’, donde se cuenta una historia real, de amor, tensión y violencia, que sucedió en su finca de La Mezquita en el entorno de La Sotonera y la Hoya de Huesca, en vísperas de la Guerra Civil, la citada ‘Erminda Borghetti’, que conoció dos ediciones (la segunda, impecable,  a cargo de Gerardo Alquézar), y es un amargo retrato de mujer, vapuleada por el destino en tiempos de Eva Perón, y ‘El testamento de la reina’, su peculiar mirada hacia Isabel la Católica y la difícil relación que tuvo con su marido Fernando de Aragón.

María Rosario de Parada fue una mujer vitalista, que superó pruebas durísimas: la muerte de un hijo, arrollado por un tranvía en el Coso, la pérdida de otro posteriormente, y el adiós de Hernán, su esposo, apasionado de los libros y especialmente de la encuadernación. María Rosario, Maruja, trabajó hasta que perdió la vista hace algo más de dos años: entonces, de una vitalidad arrolladora, soñó las narraciones, las vidas que no había podido escribir. En 2011, Carmen Bandrés le dedicó una biografía: ‘María Rosario de Parada. El arte de vivir’ (Huerga & Fierro). Un elogio, una vindicación y un homenaje a una mujer esencialmente buena que encontró uno de sus mayores placeres intelectuales durante la redacción de su libro ‘Conversaciones con Pedro Laín Entralgo’ (1994). Hoy será enterrada en Santa Cruz de la Serós, adonde solía retirarse todos los veranos con una hermana y con un pelotón de nietos. Allí era inmensamente feliz.

MANUEL VILAS: VERANO, AMOR Y VIAJE

AVENTURAS DE VERANO / 11

 

Manuel Vilas. Escritor.

 

 

-“El sexo mueve el mundo y sabemos poco de él”

  

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es poeta y narrador. Entre otros títulos, como los poemarios ‘Gran Vilas’ o las novelas ‘Aire nuestro’ y ‘Los inmortales’, es autor de ‘El luminoso regalo’ (Alfaguara, 2013), donde aborda el erotismo y el sexo explícito.

 -1. ¿Qué hace un escritor como usted en verano? 

 

Leer y escribir. Nadar, me encanta nadar. Y escuchar a Sixto Rodríguez y Neil Diamond todos los días, tres o cuatro horas mínimo.

 

-2.¿Es de playa, ciudad, montaña o pueblo?

Me gusta todo. Me gusta mucho el mar, nadar en el mar. Nadar mucho en la playa y luego tomarme una cerveza muy fría y mirar la luz sobre el mar. Suelo ir a la playa. Me encanta que haya tantas variedades de cerveza. Me encanta descubrir nuevas cervezas.

 

-3. ¿Qué hace diferente en verano al resto del año? Leyéndole últimamente me ha dado la impresión de que el verano le produce una sensación no sé si de fatiga o algo así...

En mi literatura siempre ha habido una exaltación del verano, porque en España el verano es la gran estación, la gran fiesta de los sentidos y de la corporalidad. España es calor. Sí que es cierto es que este verano, en concreto, quiero descansar, dormir mucho. También quiero leer un montón de libros que me han quedado pendientes. Un verano tranquilo, eso quiero.

 

-4. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad a la que has viajado?

Creo que la primera vez que estuve en Nueva York. Mis dos ciudades favoritas (y he estado en muchas) son La Habana y Nueva York. En las dos he sido muy feliz y en las dos he estado en verano. A La Habana he ido más. Me fundo con las ciudades a las que viajo. Y la ciudad de mi alma es Barbastro, donde nací y de donde soy y siempre seré. Barbastro es, en realidad, más hermosa que Nueva York. Creo que me gusta el mundo entero.

 

-5. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Le persigue algún recuerdo especial?

 

Mis vacaciones familiares, cuando era un niño, ocurrían en Cambrils. Mi padre nos llevaba, mientras se pudo económicamente, hasta la crisis del 73, un par de semanas a la playa, a veces casi tres semanas. Me gusta mucho Cambrils. Me persiguen miles de recuerdos de cuando era un adolescente. En Cambrils, a principios de los setenta, veías cómo eran los europeos, y por muy crío que fueses enseguida te dabas cuenta de que España tenía un problema social, político, estético.

 

-6. ¿Cuáles han sido los libros de algunos veranos inolvidables?

Recuerdo una noche de verano en Barbastro, tenía diecisiete años, me quedé hasta las seis de la mañana hasta que acabé ‘Rojo y Negro’ de Sthendal. No podía dejar de leer. Hoy no lo haría ni loco.

 

-7. Habla mucho de rocanrol. ¿Qué le ha dado el rock y cuáles serían las canciones y los discos que más le han marcado?

A los treces años escuché el ‘Rock´n´Roll Animal’ de Lou Reed y mi vida cambió. ‘Sweet Jane’ me fascinó desde el primer minuto. Me quedé atónito, perplejo ante esa canción que abre el disco. Vi una forma de vida diferente en esa canción. Luego vino mi pasión por Lou Reed, por Dylan, por la Velvet, por los Stones, por Bowie, por Joy Division, por Johnny Cash, etc, etc. Y ahora por Sixto Rodríguez.

 

-7. ¿Qué lugar ocupa el sexo en su vida y en nuestras vidas?

Creo que el erotismo es nuestra asignatura pendiente y en él reside lo que somos como especie. “El luminoso regalo” (Alfaguara, 2013), mi última novela, aborda ese tema desde el sexo explícito. El sexo mueve el mundo. Y sabemos poco de él. Freud murió en 1939 y desde Freud no ha habido novedades significativas. Lacan, Bataille, Zizek son hijos de Freud. Hemos llamado civilización a la cauterización del erotismo. Hemos reprimido el sexo a través del culto al trabajo. Luis Cernuda dijo “El Amor, única luz del mundo”.

 

 

-9. ¿Cuál sería el menú de un día perfecto?

Me gusta mucho la comida japonesa. Un buen restaurante japonés con un buen vino blanco, muy frío, del Somontano. Soy de Barbastro, y por muy japonés que me ponga el vino ha de ser de Barbastro.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o de ficción, de sus vacaciones?

He tenido varios. Soy mitómano. Ahora me gusta mucho Jay Gatsby. La novela de Fitzgerald, ‘El gran Gatsby’, ocurre en un verano neoyorquino sofocante.

 

11. ¿Cómo fue tu primera vez?

De mi primera vez recuerdo el deslumbramiento táctil ante la humedad del sexo femenino, ante esa agua almibarada, había alegría y euforia en esa humedad extensa y tibia.

 

-12. ¿Cuál es su relación con las nuevas tecnologías? Es muy activo en Facebook. ¿Es un campo de pruebas, el borrador de un libro futuro?

Utilizo Facebook como un formato literario. Para mi Facebook es literatura y todo lo que escribo allí es literatura. En noviembre sale un libro con mis estados de Facebook. Me hace mucha ilusión ese libro. Fue una idea de la poeta y editora Elena Medel. Creo que ese libro va a ser un bombazo.

 

13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a tu profesión?

Cuando España ganó el mundial de fútbol, me inventé una entrevista ficticia a Sara Carbonero, tras el beso de Iker Casillas. Mucha gente creyó que esa entrevista era real. Se llegó a reproducir en medios de comunicación. No sigo porque aún tiemblo de pánico.

 

 

ISABEL GONZÁLEZ: UN DIÁLOGO

ISABEL GONZÁLEZ: UN DIÁLOGO

AVENTURAS DE VERANO / 40

Isabel González. Trabaja en infografía en 'El Mundo'. Escritora. 

-“El ser humano es el campo de batalla del caos y el orden”

 

-“Soy una chabacana musical”

Isabel González (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1972) es autora del libro de cuentos ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma), marcado por las relaciones humanas, la inquietud, el amor y el desamor y los paisajes de las afueras de Ejea, en buena parte. Trabaja en la sección de diseño y maquetación del diario ‘El Mundo’ y reside en Madrid.

-¿Qué te sientes más una escritora que diseña o una diseñadora que escribe?

-En mi casa suelen contar una anécdota. Mi bisabuelo era un hombre humilde, un pastor al que preguntaban: “¿Ambrosio, tú que eres pastor o persona?”. Mi bisabuelo respondía: “Pastor, ¿no lo ves o qué?”. Supongo que intentaban mofarse de él. Pero yo digo lo mismo. Depende de quien me vea.

 

-¿Cómo se ve el planeta desde la sección de maquetación y diseño e infografía de un periódico como ‘El Mundo’, donde trabaja?

-Como un zoo con especies de toda calaña. Lo curioso, ahora que caigo en la cuenta, es que yo también estoy dentro. Así que a lo mejor no soy más que otro bicho, un hipopótamo o un pingüino con pretensiones.

 

-¿Qué suele hacer en verano? ¿Es de playa, ciudad, montaña o pueblo?

-Lo que diferencia al verano del resto del año es que veo más a mis hijos, hago más deporte, leo menos, escribo menos y llevo menos ropa. Me encanta vestirme en un segundo. En verano soy de Menorca.

 

-¿Cuáles han sido el viaje y la ciudad de verano de su vida?

-De niña, mi familia solía veranear en Laredo. El Cantábrico es precioso, pero el tiempo resultaba frustrante. Recuerdo cómo disfrutaba mi padre cuando el parte metereológico anunciaba cuarenta grados en toda España… salvo en Laredo. Mientras, mi madre, mi hermana y yo, perfectamente equipadas para ir a la playa, mirábamos desesperadas la lluvia fina que volvía a caer en el exterior.

 

-El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia, al amor, a los ritos de paso ¿Le persigue algún recuerdo especial?

-Me persiguen unas fiestas que pasé en Orés con mis amigas. Tuvimos que volver en la furgoneta del correo. Hasta ahí puedo contar.

 

-¿Qué le debe su imaginario de escritora a Ejea y sus afueras?

-Todo. Ahora está de moda llamar ‘no lugares’ a las afueras de los pueblos y de las ciudades. Eso es una tontería. Es como si los libros inclasificables los colocaran en una estantería de ‘no libros’. No conozco lugares más auténticos, lugares con más fuerza que esos extrarradios donde se mezcla civilización y naturaleza. Los pueblos también son algo así. Este pasado mes de julio sin ir más lejos, estaba en un parque de Ejea cuando el aire se levantó formando remolinos de basura y de polvo. Se acercaba una tormenta. Olía a humedad, y entonces, zas, apareció un corzo ante nuestros ojos. Sus zancadas resultaban extraordinarias fuera del bosque. Superaba sin esfuerzo bancos, columpios y arriates. Cualquier escollo. Parecía aterrorizado. Cruzó el río en un par de brincos y desapareció en el barrio alto. ¿De dónde salió, qué fue de él? Ni idea.

 

-¿Qué es lo que tiene la vida de salvaje? ¿Y el amor?

-Los colmillos y las cadenas; los corzos. Los colmillos y las cadenas; los corzos.

 

-¿Cuáles son sus canciones y sus conciertos del verano? ¿Y los libros que más le han marcado?

-Los corridos mexicanos del coche familiar de la niñez y los conciertos de la Orquesta Mondragón de la adolescencia. Soy una chabacana musical. Aunque para no quedar tan mal voy a decir que este verano estoy escuchando mucho a Mano Solo, un cantautor francés. En cuanto a los libros, me hace gracia esta pregunta. Yo siempre creí que era ‘Trópico de Cáncer’ de Henry Miller, pero el otro día encontré mi viejo y manoseado libro y resulta que era ‘Trópico de Capricornio’. No me extraña. Solo me leía las escenas interesantes.

 

-¿De qué se alimenta una escritora como usted? ¿De dónde surge esa escritura suya, tan próxima a la inquietud, a un misterio que tiene algo de terrible,  casi insoportable a veces? Aludo claro a su libro de cuentos ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma).

-La poca —pero sabia por supuesto— gente que ha leído mi libro suele hablarme de eso, del terror, pero yo nunca he tenido conciencia de hablar de algo terrorífico sino de las cosas de la vida sin más pretensiones. Pienso que el ser humano es el campo de batalla del caos y el orden. Es una lucha fratricida, una guerra civil del alma. En ningún otro ser se da esta lucha.

 

-¿Cuál sería el menú de un día perfecto?

-Un día perfecto de verano es Menorca. He dormido en silencio absoluto, me he levantado muy temprano y me he ido a nadar a la playa desierta. Aún no hay nadie. El agua está en completa calma. Nado a crol. Veo algunas pastinacas en el fondo. El sol que comienza a salir me deslumbra cuando saco la cabeza para respirar. Acabo. Me seco tumbada en la arena, sin toalla. A partir de ahí, cualquier cosa es perfecta.

 

-¿Cuál ha sido el gran personaje, real o de ficción, de sus vacaciones?

-De pequeña mi gran personaje era yo conmigo misma y mi aburrimiento soberano. Me aburría muchísimo, pasaba horas columpiándome o lanzando la pelota contra una pared.

 

-¿Cómo fue su primera vez?

-La primera vez siempre es estupenda. El truco es llamarlo primera vez solo cuando sale bien. Lo demás, como en el fútbol o en el baloncesto. Encuentros preparatorios.

 

-¿Cuál es su vinculación con Aragón, con Zaragoza?

-Soy la primera aragonesa de una familia de origen riojano, una cosmopolita, así que me veo en la obligación de ser constantemente la más terca para demostrarlo. En cuanto a Zaragoza, recuerdo con muchísimo cariño los veranos que pasé haciendo prácticas de maquetación aquí, en HERALDO. Nos quisimos mucho. Creo. Ahora no paso mucho por Zaragoza, la verdad.

 

-¿Cuál es la mejor o la más extraña anécdota veraniega vinculada a su profesión?

-Si admitimos septiembre como verano —y yo lo hago porque aún llevaba manga corta—, el diez de septiembre de 1998 fue uno de los días más absurdos de mi profesión. Yo era una pipiola. Acababa de entrar a trabajar en ‘El Mundo’ cuando me enviaron a cubrir el ingreso de Vera y Barrionuevo en la cárcel de Guadalajara. Mi surrealista misión consistía en dibujar el centro penitenciario para hacer un gráfico. Que el color del ladrillo, la disposición arquitectónica y el recorrido de los susodichos hasta la puerta quedara lo más bello y preciso posible. Yo iba concentrada en eso, pero la gente que se arremolinaba frente a la cárcel estaba furibunda como es lógico. Empujaba, gritaba, me rompieron la camiseta de un tirón. Por eso me acuerdo de que llevaba manga corta. Además saqué fotos y las pegué en mi álbum de modo que ahora, cuando lo abro, aparecen mis padres, mis tíos, mis hermanos y Vera y Barrionuevo.

CHEMA RODRÍGUEZ MORAIS DIALOGA CON JULIO IGLESIAS

UN DIÁLOGO CON JULIO IGLESIAS

 

[Chema Rodríguez Morais, Chaco Morais, es un estupendo periodista. Hace a diario, salvo en verano, la entrevista de contraportada. Elige un personaje, lo estudia, se documenta, piensa la entrevista y conversa con él; luego la compone con ingenio, gracia, hondura, con amenidad. Como una auténtica pieza periodística. Ayer sábado publicaba en el suplemento que actualidad y moda y sociedad que coordina Ana Usieto esta entrevista con Julio Iglesias. Una muy buena entrevista. Julio fue bastante sincero con él y no eludió un personal sentido del humor.]

 

Es de aquellos que sueñan con la libertad. Quijote de un tiempo que no tiene edad. Igual que sus canciones, que no tienen horario ni fecha en el calendario. De ellas habla en una entrevista que el cantante español más internacional envía por correo electrónico, pocas horas después de haber sido enviada. Una charla sobre música, sí, pero también sobre familia, política o deporte. El artista contesta por escrito, pero es fácil adivinarlo respondiendo de viva voz, porque la conversación está jalonada de expresiones 100% Julio. En ella intercala sus opiniones con expresiones dedicadas al entrevistador, al que llama a menudo «flaco», le interpela por su nombre o le hace comentarios sobre las preguntas. O, directamente, escribe un «jaja» más sonoro que si el encuentro se hubiera producido frente a frente. Es Julio Iglesias. Y actúa mañana domingo en el Festival d’Estiu de Tarragona. Para los que vayan, hey, no vayan presumiendo por ahí...

 

Julio en agosto ¿es más Julio que nunca?

Normalmente me gusta regresar a mi país en verano. Aquí tengo casa y amigos y, cómo no, gira. Quizás por ello se me asocia más al verano.

Carlos Gardel decía que 20 años no es nada. ¿Cuántos son 45 sobre el escenario?

Nada. Y toda una vida. He vivido mucho en estos 45 años. He aprendido mucho también.

¿La vida sigue igual que en 1968, Julio?

En algunas cosas no… y en otras sí. En pasión y entusiasmo por las cosas sigo inalterable. En cuanto el cuerpo, ya no soy el flaco de 25 años que cantaba con las manos en los bolsillos.

Sigue en la carretera. ¿Porque le va el ‘Bamboleo’ o porque sigue siendo un ‘Quijote’?

Porque me va la gente de aquí y de allá. Soy un viajero del mundo. Un quijote al que le gustan las gentes de verdad.

¿Qué piensa cuando va a salir a escena? ¿Que no se rompa la noche, por favor, que no se rompa?

Cuando salgo al escenario, tengo muchos pensamientos que me invaden. Para mí, el escenario es un bálsamo que me alegra el alma. Me incrementa el flujo sanguíneo, me pone alerta… Los artistas somos pura emoción, y ese momento es mágico.

Con tanta gira y tanto disco, ¿se olvidó de vivir?

Supongo que a todos nos ha pasado un poco, al que más o al que menos. Durante muchos años, estuve totalmente entregado a la música.

Los años ¿le han hecho más truhán o más señor?

Sin duda alguna, mas señor… jaja.

Hoy, los temas de más éxito son la música para discoteca, el pop y el R&B.
¿Cuál es la competencia de Julio Iglesias en la actualidad?

La verdad, flaco, es que ya se me ha pasado el tiempo de esas competencias. Ya me he ganado un puesto en los clásicos, aunque suene un poco inmodesto, jaja. Chema, al llegar a los 50 años como yo, ya pasas de algunas cosas. La competencia eres tú mismo. El hecho de superarte cada día es una disciplina, un reto, un desafío estimulante.

Por contra, siguen apareciendo ‘crooners’ como Michael Bublé. ¿Hay sitio para la canción melódica?

Yo creo que los clásicos son siempre clásicos, y me gusta saber que gentes jóvenes se acercan a la música de siempre, y encima con talento, como lo hace Bublé.

¿Cuál es su perfecta banda sonora? ¿Qué escucha Julio?

Me gusta el repertorio iberoamericano, que es inmenso. Podría uno escuchar música latina durante toda una vida sin repetir canciones. Me gusta la copla y la canción española, el flamenco, me gusta el pop… pero me gusta escuchar a los clásicos: Sinatra, Nat King Cole, Elvis...

Usted tiene más éxitos que el Real Madrid, pero ¿por qué no graba ya nuevos temas? ¿Es porque cada día se venden menos discos?

Cada vez me cuesta más enamorarme de proyectos o canciones. Ya he grabado muchísimos discos en mi vida. No quiero grabar por grabar si no es un proyecto que me llame. Últimamente, he redescubierto México, que es un país al que quiero mucho. Pero también tengo propuestas para cantar artistas norteamericanos… Ya veremos.

Por cierto, que usted se preparó como portero en el Real Madrid. ¿Un consejo para Casillas?

Yo no puedo dar un consejo a Iker porque es un hombre centrado, humilde, perseverante… Casillas es un campeón, un porterazo.

Raphael grabó varios discos de dúos con estrellas actuales. ¿A quién elegiría usted? ¿Haría ‘duet’ con Enrique?

No lo sé… La verdad es que he cantado con tantísima gente a lo largo de mi carrera… Si hago memoria, por ejemplo de los franceses, ¡he cantado con todos! Desde Aznavour a Johnny Hallyday. De los americanos, desde Willie Nelson a Frank Sinatra, Dolly Parton o Diana Ross. He cantado con Stevie Wonder, Art Garfunkel, Beach Boys… En Asia, desde Wei Wei hasta Anggun… Madre mía, ¡he cantado con todo el mundo!

¿Por qué está hoy el panorama en España, como decía su padre, «raro, raro, raro»?

España es un país moderno, con unas infraestructuras impresionantes. Nos tiene que ir mejor. Tenemos que ser capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos y, mira, ahí tenemos a Nadal, a Gasol, a Fernando Alonso… Campeones. Españoles de raza al más alto nivel. Yo confío en el potencial de mi país y siempre hablo en positivo de España.

Hoy las encuestas revelan que la gente no confía en los políticos. Usted, que apoyó a un candidato, ¿se fía?

La mayoría de los españoles hemos apoyado a unos y otros. Desde luego, la gente está muy desencantada. Y tenemos razón para estarlo. El 15-M tiene unos mensajes bien justos y contundentes. Aunque los países los hacen también los ciudadanos, no solo el gobierno de turno.

Según el Instituto Cervantes, los tres artistas españoles más buscados en internet son Dalí, Picasso y Julio Iglesias. ¿Qué pinta usted en esta terna?

Para mí, es un honor estar con semejantes monstruos. Y debería haber más. Hay muchísimos españoles de renombre, campeones en su área.

Usted ¿tiene mitos? ¿Cuáles son los mitos de un mito?

¡Muchos!_Tengo actores, cantantes, deportistas… Me encanta escuchar a Sinatra, ver jugar a Pelé… o a Rafa Nadal. Para mí, Rafa ya (escribe ‘ya’ con mayúsculas) es un mito.

¿Qué es lo que más le va, le va, le va, le va, le va?

Yo soy de la gente. Me gusta hablar con la gente. Tomarme un vino bueno con amigos es superior.

Hoy en internet se comparten miles de fotos suyas con mensajes jocosos. ¿Se ríe con las imitaciones o a veces son para soltar un ‘¡Hey!’?

Jaja, ¡vaya cachondeo con el WhatsApp este verano! ¡Que no se piense la gente, que no es para tanto! Jajaja.

¿Qué le hace exclamar uno de sus famosos «¡weah!»

Un gol de mi Real Madrid, un punto de partido de Rafa Nadal, una victoria de la selección, un buen vino, ver a un viejo amigo, estar con mi familia, ver cómo triunfan las gentes que lo merecen, una historia de sacrificio con buen final. En esta vida hay que celebrar las cosas, carajo.

Sus grandes éxitos ¿son musicales? ¿Qué es ‘Lo mejor de tu vida’?

Buena pregunta, flaco. Mi mayor éxito es poder volver, volver a actuar en mi país. Ver a mis paisanos, hablar contigo en esta entrevista después de 45 años. El mayor éxito y privilegio de un artista es siempre volver (y recalca el ‘volver’ también en mayúsculas).

¿Cómo se hace para que la prensa del corazón le trate a uno con corazón?

Yo, personalmente, he ido un poco a mi aire, y hago las cosas a mi manera. No me detengo mucho en esa área.

¿Es de los que llora en las bodas?

La verdad es que no, porque cuando uno se casa es la confirmación de algo ya sólido, algo que ya se sabe. Aunque sí que uno se enorgullece cuando un hijo se casa, por supuesto que sí. Es un motivo de alegría.

Y en la de Julio José, ¿se emocionó?

Siempre me emociono con mis hijos, como cualquier padre.

¿Por qué había tanto interés en ver juntos a Julio e Isabel Preysler?

Pues no sé por qué. Tenemos una buena relación a lo largo de los años.

Aún le quedan seis hijos por casar. Y tiene hijos, hermanos y nietos menores de 10 años....

Es verdad… ¡Tengo una familia extensa!

¿Qué hace Julio por el amor de una mujer?

«Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber… que era yo quien me quemaba. Bebí en las fuentes del placer, hasta llegar a comprender… que no era a mí a quien amaba. Por el amor de una mujer, he dado todo cuanto fui… lo más hermoso de mi vida. Mas ese tiempo que perdí, ha de servirme alguna vez… cuando se cure bien mi herida». Flaco, esta canción es universal. Te puede golpear el corazón con 16… o con 61.

Y Miranda, ¿se lo pone fácil?

Miranda es la mujer que más amo en este mundo. Es mi apoyo, mi amor incondicional. Tengo una mujer maravillosa.

¿Qué quiere ser de mayor?

Me gustaría ser cantante.

 

 

ANTONIO CARDIEL: UN DIÁLOGO

ANTONIO CARDIEL: UN DIÁLOGO

Ayer en la serie de 'Aventuras de Verano', en la entrega número 26, que estoy publicando en Heraldo de Aragón aparecía el escritor y guionista de cine (ha colaborado con Lorenzo Castañer en 'Cenizas', entre otros proyectos) Antonio Cardiel (Zaragoza, 1962), un autor muy especial, enamorado de los rastros, de la fotografía, de la naturaleza y de las buenas ficciones. Aquí está la entrevista al completo.

 

-1. ¿Qué hace un escritor como tú en verano?

Soy un amante irredento del verano. Para mí, es la mejor estación del año. Ansío la llegada de la noche de San Juan, una fiesta que además, en Cataluña, donde vivo, se celebra a lo grande. Disfruto del calor, de los baños de sol y de mar, de los paseos por la montaña y los chapuzones en un río helado, de las noches de charla a la fresca con amigos, de la cerveza fría y los aperitivos que uno se puede permitir con mayor frecuencia… Así que me dedico a disfrutar de mi estación favorita, eso sí, sufriendo ante la perspectiva de la llegada del otoño. Aunque, claro, el otoño y los bosques dorados llenos de setas no están tan mal…



-2. ¿Dónde suele veranear?

Desde hace unos años, en el Pirineo de Huesca, cerca de Bielsa, en el valle de Pineta, un territorio extraordinario cubierto de bosques, a la orilla del Cinca y rodeado por alturas de más de tres mil metros. Allí, puedo compaginar mi afición por el senderismo con el descanso, la lectura, las comidas y cenas con amigos, y las noches frescas del valle. Por las mañanas, cuando me acerco a por las magdalenas a la carretera, donde para el panadero de Labuerda, la temperatura es de 9 grados. Luego, los 30 grados del mediodía me permiten darme un chapuzón en una helada poza del Cinca. Y la casa siempre está a unos 19 ó 20 grados. Un lujazo, vamos…


-3. ¿Cuáles son sus canciones preferidas del verano? ¿Y los libros qué más te han marcado?

Ya hace unos años que me chifla Radiohead, aunque no sé si es un grupo veraniego. Yo, al menos, veo la música de este grupo en la noche, a todo volumen, incitando al baile, y estos tres elementos imagino que sí son veraniegos. Hay canciones que nadie debería perderse, como Let down y No surprises, del álbum Ok computer, o Stop whispering y Thinking about you, del álbum Pablo Honey, por citar algunas. En cuanto a los libros, y quizá porque el verano es la época ideal para hacer grandes planes de lectura, recuerdo que en 2001 leí “En busca del tiempo perdido” entero, los siete volúmenes, día tras día, hipnotizado por la prosa de Proust. Algunos pasajes de “A la sombra de las muchachas en flor” son especialmente apropiados para el estío. Y luego el vértigo que me produjeron, en especial, “La prisionera” y “La fugitiva”, dos cumbres de la literatura universal. Esta experiencia la volví a repetir años después, en 2009, en otro verano en el Pirineo aragonés. Y el año pasado, en 2012, se me ocurrió releer, y no recuerdo cuántas veces lo he hecho, “Madame Bovary”. Tardé solo día y medio. Estoy convencido de que este libro es la cumbre de la novela, no creo que haya sido superado como perfecto artefacto narrativo que es.


-4. ¿Qué hace diferente al resto del año?

El calor, desde luego, y las ganas de despojarme de la ropa o, al menos, de reducirla a su mínima expresión. Me encante vestir con camisetas y pantalones cortos, con sandalias, luego llega el otoño y siento que la ropa me aprisiona. Y también las vacaciones, para qué ocultarlo, ese largo y jugoso mes que sirve para olvidarse de la rutina y dedicarse a la pura holganza, el estado natural del hombre.


-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?

Combinando ambas cosas, el viaje que hice en 1991 con mi mujer, Ester, y mis amigos Carmen y Javier, a Venecia. Estuvimos dos semanas y en verdad puedo decir que lo vimos todo. Además, sirvió para escribir mi libro “Insectos en el Véneto”, una especie de diario de viaje. Por primera vez, escribí al aire libre, en directo, plasmando impresiones, estampas ciudadanas, descripciones, estados de ánimo. Desde entonces, la escritura de gabinete me interesa menos. Prefiero salir a la calle en busca de historias.

 -6. ¿Eres un gran aficionado a los rastros. ¿Qué encuentras allí, qué buscas??

Historias reales, el pasado de la gente sin importancia, la memoria de los hombres y mujeres que pasan por la vida de puntillas, sin hacer ruido. Los rastros están llenos de cosas así, ropa vieja que alguien se puso una vez, zapatos con los pasos marcados por decenas de kilómetros recorridos, fotografías de rostros cuya memoria se desintegra poco a poco y que ya nadie recuerda, documentos que hablan de los eternos problemas que a todos nos hermanan, cartas de amor como ecos de un tiempo irrecuperable… Me siento reflejado en todo esto, como en un adelanto de mi propia desaparición. Y me gusta escribir sobre esos seres olvidados, los antihéroes, los aburridos humanos sin rostro… Y es que, en verdad, con esos objetos entre las manos, siento que la vida de ellos es mía y que la mía, en presente, les pertenece a ellos.


-7. ¿Cómo fue la primera vez? [En el sentido que tú quieras, claro..]

¿Mi primer tres mil? Caramba, esa sí fue una experiencia al límite… Hace unos años subí, con mi mujer, al pico de La Munia, de 3150 metros, una cima tenida por complicada debido al llamado “paso del gato” y a los precipicios que lo jalonan. Un tropiezo puede costarte la vida si te despeñas por un cortado de más de 500 metros. Después de mucho esfuerzo, de una emoción extraña, después de más de un jadeo, llegamos a la cumbre cubiertos de sudor. Arriba, la sensación fue magnífica, un gran relax después del esfuerzo, daban ganas de compartir un cigarrillo. Y luego dicen, con razón, que hacer el amor equivale a una buena sesión de footing. Yo diría que equivale a subir un tres mil, sí…


-8. En los últimos tiempos te has apasionado con el boxeo. ¿Por qué?

Por azar, desde luego. Me encanta el azar. Él quiso que encontrara un álbum de fotografías de un viejo boxeador en el rastro de Barcelona. Allí estaba mi boxeador, Lenda se llamaba, posando junto a las grandes estrellas del boxeo español de los años 30 a 60, Paulino Uzcudun, Hilario Martínez, Ricardo Alís, Luis Romero, Mimoun Ben Ali, el aragonés Ignacio Ara… Quise buscar a Lenda por la ciudad a la vez que investigaba la historia del boxeo en nuestro país, tan rica como desgraciada. Y de todo eso me salió un libro, “El boxeador”, que espero vea pronto la luz.

-9-¿Cuál es para ti el menú ideal de un día de verano?

Hablaría de dos menús bien distintos pero complementarios. El Menú Tradición, que consiste en levantarme más bien tarde y satisfecho, en desayunar en el jardín esas magníficas y proustianas magdalenas de Labuerda que ya he mencionado, leer un buen rato, bajar al río a darme un baño con mi mujer y mis hijas, comer una verdura, una longaniza de Graus a la plancha, un melocotón y una onza de chocolate, la siesta, más lectura, un paseo por el bosque y, para terminar el día, una buena cena con amigos, vino y la consiguiente tertulia. Luego está el Menú Ligero, que consiste en levantarme a las 5 de la madrugada para iniciar, a las 6, una buena excursión, también con buenos amigos, que durará entre 10 y 12 horas, si hace falta incluso se sube un tres mil. Un bocadillo de chorizo a 2500 metros, en un collado, es una experiencia gastronómica mucho más intensa que las que proponen los hermanos Roca en su famoso celler. Luego, la ducha tonificante y vuelta a empezar, esas charlas bien regadas con los amigos por la noche…


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o imaginario, de sus veranos?

Últimamente, el oso. Sí, es verdad, desde que un ganadero vecino mío me dijo que el oso había sido visto rebuscando entre los cubos de la basura del mismísimo Parador de Turismo de Bielsa, o en los collados de la Puntas Verdes, frente a mi casa, incluso vagando cerca de Salinas, un pueblo río abajo, a unos 10 kilómetros de Bielsa. ¿El oso deambulando por allí? Desde ese día, mis paseos por el monte se tiñeron de una extraña inquietud. No dejé de salir, de perderme por los bosques, de subir a los collados, muchas veces solo. No es exactamente miedo, ya que las probabilidades de encontrármelo de bruces son escasas y sus visitas al valle muy ocasionales, pero todo se tiñe de una inquietud especial. A veces canto, para avisarle de mi presencia, a veces me asusto, si otros animales hacen algún ruido. El otro día, recogiendo setas de verano, el rico rebozuelo, pasaron a unos diez metros de donde estaba dos sarrios, corriendo como poseídos. El susto duró, ya digo, unas décimas de segundo…


-11. Has escrito varios diarios. Uno de ellos relativo a la naturaleza. ¿Por qué?

Por pura impregnación. Contagiado por la Naturaleza del valle de Pineta, comencé a escribir “En el bosque” durante el verano de 2001. Luego, entre 2005 y 2006, seguí describiendo las demás estaciones, otoño, invierno y primavera en el valle, hasta darle su forma definitiva. Rechacé hablar del folklore del valle, de la ocupación humana, de la antropología relacionada con Pineta, para afrontar la obra desde los postulados de la llamada ecología profunda, aquella que da el mismo valor a todas las formas de vida. Creo que es mi obra más contradictoria, más impersonal y personal, traté de borrarme del texto a la vez que todo lo tamizaba mi forma de ser. Un ejercicio delirante, pero que dio sus frutos en el libro, hasta ahora, que más me interesa entre los que he escrito…


-12. Llevas Muchos años fuera de casa, ¿sientes nostalgia de Aragón? ¿Cómo se ve Aragón desde fuera, desde Cataluña?

Nostalgia quizá no sea la palabra, porque mi vinculación con mi tierra es plena. Viajo constantemente a Zaragoza, donde está mi familia y donde todavía conservo buenas amistades. Y luego las escapadas a Pineta, donde mis amistades, en su mayoría, también son aragonesas. Aragón es una realidad que vivo día tras día. Visto desde Cataluña, Aragón es una realidad viva. Y puede que al vivir en Barcelona las cosas de Aragón se valoren más. Yo siempre digo, y no es ninguna broma, que el casco antiguo de Zaragoza es uno de los más importantes de España, y si no fíjate en el Mudéjar, en la Aljafería, en las ruinas romanas, en los palacios renacentistas y las casonas del XVII al XIX. Tiene una extensión considerable, que coincide con la vieja ciudad romana. Y luego todo el tema del nacionalismo catalán, que me hace valorar mejor el saber ser y saber estar de las gentes aragonesas…

-13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Para seguir con el tema del Pirineo, que tanto refresca también cuando se lee su mismo nombre, te contaré una anécdota a la inversa, que tiene que ver con la frustrada presentación de mi libro “En el bosque”, en Bielsa. Yo esperaba que a la gente le interesaría saber de un libro que habla, exclusivamente, de las montañas y bosques de Pineta, el valle más emblemático de los que forman el término municipal de Bielsa. Pues bien, yo creo que del pueblo no asistió nadie, lo juro. Apenas se acercaron media docena de amigos. Pero luego, en compañía de Joaquín, mi editor, y de dos buenos amigos, Antonio y Enrique, montamos una partida de guiñote que resultó memorable.

LUIS BUÑUEL Y SUS AMORES

RITUALES DE SOL Se cumplen treinta años de la muerte del autor de ‘Viridiana’. Nos acercamos a una faceta más íntima: sus novias y sus amores platónicos. Desde Isabel Matutano y Pilar Bayona a Concha Méndez. (Serie veraniega de Heraldo de Aragón)

 

 

Los amores difíciles de Luis Buñuel

 

El amor y el deseo son dos de los temas capitales de Luis Buñuel (1900-1983). Solía decir en una de esas declaraciones, en la que parecía contradecirse con una inmediatamente anterior, que lo más le preocupaba en su cine eran “las relaciones humanas”. No ha sido Luis Buñuel, al menos a primera vista, un gran seductor, pero sí ha tenido sus veleidades. A Carmen Sampietro, hija del doctor Sampietro, la llama “mi inolvidable amiga de infancia”. Vivían sus familias en el Coso en un edificio que contó con el primer ascensor de Zaragoza. Una de las cocinas de las viviendas daba al Palacio de la Ilusión, el cine de la calle Estébanes, y juntos, a través de una verja veían las películas de cine mudo. Las veían “abrazados”. Una vez, como ha contado Isabel Comps en la revista ‘Pasarela’ y el propio Buñuel, se quedaron encerrados y se pusieron a gritar hasta que los oyeron y los sacaron de allí. Buñuel jamás olvidaría a Carmen: le mandó una fotografía dedicada (que posee el pintor y coleccionista Eduardo Laborda) y le recordaba que con ella había descubierto el cine y “las primeras emociones musicales” con las partituras de ‘Carmen’ o de ‘Fausto’.

Si Carmen fue la cómplice del despertar a los sueños, en Calanda se prendó de Isabel Matutano, que tendría diez años. Conchita le cuenta a Max Aub en ‘Conversaciones con Buñuel’ (Aguilar, 1984) que “nos quitaba los juguetes para regalárselos a una novia que tenía (...) Isabel era muy guapa y muy agradable”. Quizá su primer gran amor platónico fuese la pianista Pilar Bayona (1897-1979): se conocieron de jóvenes en Zaragoza y un día coincidieron en un mirador. El joven Buñuel confesaría: “Nos quedamos solos en un balcón. Yo estoy seguro de que ella sabía que yo la quería. Pero nunca nos dijimos nada”. Esa pasión secreta derivó hacia una gran amistad: muchos años después, cuando Luis Buñuel regresó a España, se tomó algunas fotos con ella y con Pepín Bello, y ambos recordaron una antigua complicidad. Eso sí, según Conchita Buñuel, luego también se enamoraría de ella su hermano Alfonso.

Luis Buñuel se trasladó a la Residencia de Estudiantes hacia 1917. Y allí se matriculó en Ingeniería Agrónoma y más tarde, con la ayuda del arabista Asín y Palacios, amigo de su padre, se pasó a Ciencias Naturales. En aquellos días frecuentó a Ramón y Cajal. Y también se enamoró de “una chica bien” mayor que él. Buñuel, que fundaría un club de atletismo y que practicaría boxeo (combatió sin demasiada convicción, a pesar de que algunos lo llamaron ‘el  bruto aragonés’), fingía tener más años de los que tenía. La relación parecía ir sobre ruedas y el padre de la joven quiso conocerlo, entre otras cosas porque pensaba que era de una familia rica, muy rica. Él le prometió que se casaría con ella. Pero antes, Luis Buñuel hizo un viaje a Calanda y, como no sabía cómo romper con ella, se le ocurrió una fabulosa mentira. Su hermana Conchita se lo contaba así a Max Aub: “Entonces le escribió una carta como si fuera otra persona, diciéndole que su amigo Luis la adoraba, pero que había muerto en un accidente de moto muy grave, y que murió nombrándola. Y luego, tres o cuatro meses después, lo encontró el padre y creo que lo persiguió con el bastón por aquí, por Madrid”.

La familia Buñuel veraneaba en San Sebastián, y allí hacia 1917 o 1918, Luis conoció a una joven moderna y audaz, campeona de natación y gimnasia: Concha Méndez Cuesta (1898-1968). Empezaron a salir y formalizaron el noviazgo en Madrid. Algunos dicen que fueron novios durante cinco años y otros siete. Ella era una de las chicas avanzadas de la ciudad, como su amiga Maruja Mallo, que fue pareja de Rafael Alberti y amante, entre otros, de Miguel Hernández y de Pablo Neruda. En 1919, Concha se había ido a Londres; diez años después viajaría a Buenos Aires y a Montevideo. La ruptura, en un día de aguacero, fue también en San Sebastián. Concha Mantecón, familiar de Buñuel, se lo contó así a Max Aub: “... nos encontramos a Luis Buñuel con Concha Méndez. Llovía muchísimo y se hallaban tan furiosos que estaban pegándose paraguazos el uno al otro. Bueno, enfadadísimos, enojadísimos. Luego supe que rompieron”. Las biografías de Concha Méndez dicen que lo abandonó por culpa del “muy machista carácter de Buñuel”. Gran amiga de Lorca y Cernuda y buena poeta, se casaría con el poeta e impresor Manuel Altolaguirre. Poco después, en 1925, el futuro cineasta Buñuel se fue a París, conoció a Jeanne Rucar, que también era deportista, había sido medalla olímpica de bronce en la Olimpiada en gimnasia, y se enamoró de ella. Tras casi una década de noviazgo, se casaron en 1934. Ella le enseñó a bailar el tango. Sería la mujer de su vida.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La gimnasta. Jeanne Rucar publicó, en 1990, tras la muerte de Luis Buñuel ‘Memorias de una mujer sin piano’, en colaboración con Marisol Martín del Campo. Revela a un Buñuel que padecía celos patológicos. Le montaba escenas constantemente. Según dice, no solo le hace desprenderse de su piano, sino que le prohíbe practicar gimnasia: “No es decente, Jeanne. Se te verían las piernas. Me desagrada que mi mujer se exhiba por ahí”, le dice.

Jeanne Moreau. A Buñuel no se lo conocen amantes, pero Jeanne Moreau se enamoró de su inteligencia tras trabajar en ‘Diario de una camarera’ y habría querido tener algo con él. Así lo confesó.

La novia polizón. Pedro Christian García-Buñuel cuenta en ‘Recordando a Buñuel’ (Ayuntamiento de Zaragoza, 1985) que tras la ruptura con Buñuel, Concha Méndez se metió de polizón en un barco carbonero inglés que iba desde Pasajes a Cardiff. La descubren y la llevan ante el camarote del capitán. Hablan y hablan, ella le cuenta que ha tenido un novio aragonés, y de repente el capitán le cuenta que él “conoció a otro en uno de sus viajes a Cuba que solía cascar las nueces con la cabeza”. Concha Méndez le contestó: “Es el padre del que fue mi novio”.

 

 

*La foto de juventud de Pilar Bayona pertenece al Archivo Pilar Bayona. La de Luis Buñuel, de 1929, es de Man Ray.

 

COPI CORELLANO: UNA ENTREVISTA

COPI CORELLANO: UNA ENTREVISTA

AVENTURAS DE VERANO /16

 

“Para mí la música es la mejor droga”

 

“La música me acompaña

desde que tengo memoria”

 

 

Antón CASTRO

Copi Corellano es, en realidad, el seudónimo de Francisco Javier Corellano Martínez que nació en Borja en 1965. Se inició con Los Infanticos, algo que jamás olvida, y luego se ha dedicado a la música pop, rock y de jazz. Es compositor, instrumentista (el piano es su pasión) y cantante. Reside en La Plata desde hace varios años. Ha acompañado a muchos grupos, entre ellos a Héroes del Silencio, a Enrique Bunbury y Amaral. En solitario ha publicado el álbum ‘Desconocido’ (2008).

-1. ¿Qué hace un compositor y cantante en verano?

En mi caso, no distingo entre las estaciones, como tampoco me considero  cantante, compositor, artista, roquero, etc. Estoy aprendiendo a no utilizar títulos, adjetivos o adverbios que intentan definir mucho en poco. Para mí la música es la mejor droga. Digamos que soy un enfermo, que estoy “enganchado” a la música.

-2. ¿Dónde suele veranear?

Creo que no he veraneado en mi vida. Me gusta la playa cuando no hay gente. La ciudad para trabajar. La montaña para pasear, meditar, respirar pensando en respirar. Y me gusta el pueblo para vivir tranquilo, descansar…

-3. ¿Qué hace diferente al resto del año? ¿Cuáles serían sus pequeñas manías veraniegas?

Bañarme en la piscina. No tengo manías, o no me vienen a la cabeza. Me gustan los ríos arbolados y sombríos.

-4. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?

No hay “el viaje de verano de mi vida”, y por lo tanto, tampoco una ciudad que lo represente.

-5. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Fue también la época del descubrimiento de la música?

De chico recuerdo vivir con mi familia en lo que nosotros llamábamos “el huerto”. Era como la casa de verano. Un lugar al que toda mi familia le teníamos mucho cariño, y del que tengo recuerdos muy oníricos. Mi padre cavó un pozo hasta encontrar agua, y luego construyeron una casita muy linda con una piscina. Teníamos animales y una huerta con un poco de todo. La música me acompaña desde que tengo memoria. Oigo a mi madre cantando en casa constantemente.

-6. ¿Cuál sería el concierto de su vida: al que asistió y el que ofreció?

El de Héroes del Silencio en el Rincón de Goya, es un concierto muy especial en mi vida…, no sé si “el concierto de mi vida”, pero fue realmente emocionante para mí. ¿Y el concierto que di? Déjeme que cite dos. Uno, la primera vez que canté como solista el ‘Stabat Mater’ de Pergolesi en la catedral de La Seo, con los Infantes del Pilar y La Seo. Y el otro, uno con mi querido amigo Enrique Bunbury, el 12 de octubre de no sé en qué año en la Plaza del Pilar, con él como pregonero de las fiestas.

-7. ¿Cómo vive un músico de Borja en Argentina? ¿Qué tiene ese país que le ha atrapado?

Pienso que vivo igual que viviría en otro lugar. La Plata es una ciudad muy linda para vivir. La familia de Natalia Zanetto es encantadora, y tanto ellos, como los argentinos en general, me han acogido con mucho cariño y respeto. Estoy muy agradecido.

-8. ¿Cuál sería el menú de un día ideal?

Música, música, música, música, música y…

-9. ¿Cómo fue la primera vez?

En todas las opciones, fue algo muy inocente, cautivador, novedoso, extraño, agradable, hermoso, triste y duro…, con gran despliegue de energía, pasión, amor y algunas dosis de inconsciencia.

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o de ficción, de sus vacaciones?

Asocio a ellas, insisto, sin haber disfrutado nunca de unas vacaciones veraniegas, los libros de ‘Los Cinco’ de Enid Blyton. No me pregunte por qué…

11. ¿Cómo le golpea la crisis, qué ecos o noticias le llegan de España? ¿Cuál es su estado de ánimo?

Me da mucha rabia que la vida sea tan injusta, o más bien, que haya gente gobernando el mundo, tan jodidamente avara, usurera y sin escrúpulos. Me voy a remitir a la letra de una de las canciones de mi próximo disco. Le doy un fragmento: “Mentirosos hipotecados / siempre escucho la misma historia / y estoy cansado / siempre escucho la misma historia / y estoy agotado / de ver que el mundo no tiene memoria / y estoy abrumado / por tanta falta de misericordia / de pocos ricos llenos de tristeza/ de mucha miseria con alegría / de ver solo basura en el día a día”

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

Eva María se fue buscando el sol en la playa, con su maleta de piel y su bikini de rayas. ¿Qué voy hacer? ¿Qué voy hacer si Eva María se fue?

 -13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Volviendo de un tramo de gira en el que acompañaba a Héroes del Silencio como amigo, Enrique Bunbury y yo nos quedamos en el Escorial, para asistir como oyentes en uno de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid. El título del curso era ‘Contracultura, desobediencia civil y farmacia utópica’. Estaba organizado por Antonio Escohotado y Fernando Sánchez Dragó, con invitados de lujo como: Albert Hoffmann, Alexander Shulgin, Fernando Arrabal y otros. Bueno, tuvimos la fortuna de conocer a algunos de ellos, compartir charlas, comidas y otras cosas, así como de vivir algunos momentos realmente especiales, con anécdotas muy graciosas.