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Antón Castro

AVENTURAS DE VERANO / 4: B. ORO

AVENTURAS DE VERANO / 4

BEGOÑAORO.  ESCRITORA Y EDITORA

“Sin vacaciones no hay nada que contar”

La foto de Begoña es del Archivo SM. Ayer os mandé dos muy simpáticas de niña

Begoña Oro es Premio Gran Angular con ‘Pomelo y limón’ (SM, 2012) y este año ha publicado ‘Croquetas y wasaps’ (SM, 2013). Es editora y lectora y una gran especialista en literatura infantil y juvenil. El humor es uno de sus registros.

-1. ¿Qué hace una escritora para jóvenes en verano?

¿Soy una escritora para jóvenes?

 

-2. ¿Dónde suele veranear?

¿Cuántos años hay que repetir un mismo destino para que se considere habitual?

 

-3. ¿Eres de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Uf. Cuando me preguntan si quiero flan, helado, pudin o fruta, tardo unos diez minutos en responder. Tardaría un verano entero en contestar a tu pregunta. Esta entrevista me está quedando un poco gallega, ¿no?


-4. Por ahora sí. ¿Qué hace diferente al resto del año?

A esto sí puedo responder: encerrarme a escribir. Lo que echo de más a mi hijo cuando pretendo escribir, lo echo de menos cuando estoy sin él un mes en verano. Es entonces cuando aprovecho para escribir por encima de mis posibilidades.


-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

Mi ciudad del verano podría ser Santander. Me he buscado miles de excusas para asistir allí a los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el Palacio de la Magdalena. Dedicar el verano a aprender, y en palacio, es un lujo difícilmente superable.

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Intensa. Recuerdo a mi pérfida prima Marta obligándome a caminar descalza por el rastrojo y a un perrazo enorme que me daba miedo y que se llamaba Whisky en una finca junto a Luna; recuerdo los veranos lluviosos en el País Vasco; recuerdo perderme en la playa en Torredembarra; recuerdo los campamentos en Boltaña en los que mi tío Lorenzo se transformaba en “don Lorenzo”; recuerdo los viajes familiares en coche, camino a algún congreso internacional de química, con el maletero abarrotado de maletas, la tienda de campaña y una bolsa entera llena de latas de atún y de sardinas; recuerdo la frustración de haber querido ser y no llegar a ser ‘majorette’ en Tabuenca; recuerdo ir a esquiar con mi familia varios veranos a Tignes y celebrar allí el 14 de julio como si nosotros sí quisiéramos ser franceses...


-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces, el que más le persigue?

Todos los veranos hacíamos un viaje familiar muy largo en coche por varios países europeos. Me recuerdo sentada durante horas al borde del asiento de en medio (no había sillitas ni cinturones), bebiéndome el paisaje, con las rodillas encajadas entre el hueco de los asientos de mis padres mientras mis hermanos dormitaban atrás, recostados en mi asiento. Eso sí, cuando llegábamos a una frontera (había fronteras), ya estábamos los tres incorporados estirando el brazo para ver quién era el primero en cruzarla.


-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Un día perfecto de verano no es un día de menú, es un día a la carta, con plena libertad para hacer algo, todo, o absolutamente nada. Un día perfecto de verano comienza abriendo el ojo a la hora que me dé la gana, encontrando algo interesante al lado, quedándome un ratito más en la cama… Y luego todo sigue así, en ese agradable tránsito entre la pereza y las ganas de hacer algo.


-9. ¿Cómo recuerdas la primera vez?

La primera vez que pasé hambre fue un verano en Inglaterra, en Sheffield, siendo niña. Pasé un mes con una familia comiendo exclusivamente patatas asadas con mantequilla y pan negro. Pasaba tanto frío y tanta hambre que una noche escribí una carta a mis padres y les dije, por primera vez también, que los quería. Al día siguiente, me compré una chocolatina y, con el estómago lleno, me avergoncé terriblemente de aquella carta lastimera. Pero ya estaba dentro del buzón.


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?

Fue una casa, la casa de mi familia materna en Miravalles, cerca de Bilbao. Era una casa con escaleras hechas a la medida de las chisteras, parqué de madera crujiente, pianos con pianola, pabellón de apicultura, anexo para los jardineros, cuartos para el servicio… Pero de toda esa opulencia no quedaban más que las estancias, algunos retratos, la arrogancia incombustible de un tío abuelo que se paseaba con canotier y traje de hilo por el jardín, y los árboles, incluida una maravillosa secuoya que partió un rayo una noche de tormenta. Era un escenario alucinante para hacer el salvaje, una especie de ‘okupación’ infantil que intentaba controlar en vano otra tía abuela, una monja medio francesa de exquisitos modales y escasa tolerancia al gamberrismo que, sin embargo, nos permitía referirnos a ella como “la tía Marimonja”.


11. ¿En qué han cambiado los veranos con el móvil, el Ipod, el ebook...? ¿Y con la crisis?

Me temo que el mayor cambio está en el relato. Antes nos guardábamos cosas para contar a la vuelta. Ahora esta conexión y difusión permanente de lo que hacemos nos priva de hermosos relatos y de la selección de qué olvidar y qué recordar. Ya está todo contado, todas las fotos subidas, los vídeos colgados… Respecto a la crisis, se produce el mismo drama pero en grado absoluto. Las vacaciones son la cara B del trabajo. Si no hay cara A, tampoco hay cara B. Si no hay vacaciones, no hay nada que contar, solo las míseras monedas que nos quedan. Tener que contar el dinero quita las ganas, y la posibilidad, de contar nada más.


-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

 “Always Coca-Cola”. Es tu culpa, Antón, que después de la pregunta anterior, esta respuesta suene sarcástica.

 

13. Tiene razón. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Hace unos años fui ‘mayordoma’ de mi pueblo Aquarius, ese que uno se busca para decir que tiene pueblo: Egea, en el Valle de Lierp. Los mayordomos son los responsables de montar las fiestas. Entre otras cosas, organizamos un concurso literario al que se presentaron bajo pseudónimo los vecinos y lo ganó una oriunda del valle. Resultó ser... Luz Gabás; fue antes de que publicara ‘Palmeras en la nieve’. Yo tengo el honor de ser campeona absoluta de la carrera de sacos y la mujer de todo el Valle de Lierp con la cabeza más grande, medida por un psiquiatra experto en mediciones craneales. Palabra. Soy Premio Gran Angular y Premio Hache, pero dudo que llegue a ganar nada que supere a aquel premio estival a mi cabezudismo.

 

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3

 

ENTREVISTA. Luis Grañena. Artista

 

“Me río con los futurólogos”

 

Luis Grañena (Zaragoza, 1968) es uno de los grandes ilustradores y caricaturistas del país. Se forjó en HERALDO y ahora trabaja para diarios y revistas de Estados Unidos, Francia, Portugal y España, entre otros. Reside en Valderrobres, Teruel, y pertenece al colectivo que gestiona el Súper Espacio (calle María Montessori).

-1. ¿Qué hace un ilustrador en verano? 

Beber más cerveza evidentemente, en lo profesional, sigo el mismo ritmo que el resto del año, intento parar unos días en agosto.

 

-2. ¿Qué es lo que aún le hace reír?

Me río con muchas cosas, sobre todo con los futurólogos, últimamente también me río mucho al mirarme al espejo... pero el otro día estuve viendo por trigésima vez a los Monthy Pyton y me descoj.... 

 

-3. ¿Dónde suele veranear? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Me gusta la montaña más que la playa, si puedo, me escapo unos días o un fin de semana. Ahora tengo el mar más cerca y algún día de playa habrá seguro. También me gusta la ciudad en verano, sobre todo por las noches.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Hago prácticamente lo mismo, pero de otra manera, con más ganas de acabar la jornada y salir un rato. Y sobre todo hago planes que no suelo cumplir


-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad, de verano, de su vida?

Recuerdo con especial nostalgia Madrid en verano, amor a primera vista, estuve todo el año de la mili en Madrid y lo pateé casi todo. Aún cuando voy se me pone la piel de gallina, era un pimpollo y estaba fuera de mi casa, en una ciudad enorme y acogedora. Algún día seré madrileño. 

 

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Fue una época agradable, sin sobresaltos ni traumas, feliz... En los veranos iba con mi familia al Pirineo, y de campamentos al valle de Gistaín. También iba muchísimo a la piscina, al Stadium Casablanca, jamás se me hizo largo un verano. Eso sí, siempre odié el momento de la siesta, los ‘despueses’ de comer nunca me han gustado.

 

-7. ¿Qué le debe al arte, qué le da, qué quieres darle tú?

El arte me regala momentos de conexión, de sentido. Disfruto viendo el trabajo de los demás, pero no me veo a mí mismo como un artista que pueda aportar nada nuevo al mundo del arte. Tengo varias crisis al día, y me intento inspirar en todo lo que tengo a mano... También he aprendido a dejar pasar un tiempo prudencial, sé que al final las cosas acaban saliendo y los plazos se cumplen. Hay días que con eso es bastante.

 

-8. ¿Cuál sería su menú de un día perfecto?

Sin horarios, con amigos y juerga, lo que viene siendo una costillada en el campo, y mejor dos días seguidos, en plan gitano.


-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

Recuerdo la primera vez como si fuera ayer, iba al instituto aún. Lo hice un poco chapuceramente, era novato y un poco torpe, no fue de los mejores, pero aún guardo la hoja donde salió publicado el dibujo...

 


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?
No puedo decirte ninguno en especial...

 

11. ¿Cómo le afecta la crisis? ¿Cuál es la imagen que mejor la resume?

 La crisis me produce desánimo, es en lo que más me afecta, anímicamente. Siento impotencia frente a los mercaderes, y frustración ante los políticos torpes e inútiles. La imagen podría ser la de las filas de parados, o la de los comedores sociales...

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

Verano es salir de casa al punto de la mañana, ir al río, comer tomate y olivas negras y beber cerveza en una jarra helada, y volver por la tarde con la ventanilla abierta, en bañador, colorado y feliz.

 

13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Lo más parecido a una anécdota pudo darse durante un viaje a Nueva York, me habían pedido una ilustración en julio para un número de ‘New Yorker’. Normalmente te envían la revista a casa tras la publicación, pero esta vez me adelanté y llegué yo antes, así pude ver la ilustración en el quiosco allí mismo, el día de la publicación.

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2

 PACO CUENCA. CANTANTE, FOTÓGRAFO Y EMPRESARIO

 

 

“No he veraneado dos veces

en el mismo lugar”

 

 

 

Paco Cuenca  (Tarbes, Francia, 1961) es cantante, empresario y se está revelando como fotógrafo en el proyecto Sinestepolis. Acaba de rendir tributo a Jacques Brel, con Coco Balasch y Pedro Gan, y es autor de varios discos, entre ellos uno dedicado a la canción francesa.

 

-1. ¿Qué hace un cantante en verano?

Por regla general, cantar, si se puede. Es, para la mayoría de los artistas, temporada alta. De modo que el verano es tiempo de final de trayecto, de recapitulación y de planificación. Pero también es tiempo de calma, diversión, lecturas, viajes y aventura. Todo esto agitado, no batido.

 

-2. ¿Ser músico significa ser un poco canalla, noctámbulo, bohemio? ¿Cuál sería la canción de su vida? 

No me gustan los canallas y pretendo no serlo. Los artistas que más admiro son personas responsables, respetables y de moral ordenada. Los prefiero revolucionarios, sin duda, es decir gentes responsables, respetables y de moral ordenada. Los bohemios no van a las barricadas, los noctámbulos no llegan a tiempo y los canallas están del otro lado. La canción de mi vida es ‘Ámsterdam’, de Jacques Brel. Tengo la suerte de cantarla y vivirla desde adentro.

 

-3. ¿Dónde suele veranear?

No recuerdo haber veraneado dos veces en el mismo lugar. No tengo pueblo, ni gran casa familiar, ni paraje que me reclame. Es la parte dolorosa y ciega del desarraigo, pero también tiene su parte dulce y luminosa. El apátrida va donde quiere. Y yo siempre he querido ir lejos, lo más lejos posible. Me recuerdo, niño y no tanto, mirando al horizonte, deseoso de emprender viaje, de partir. Aunque en Francia tuve una infancia de bosques, ovejas, montaña, aire puro y bicicleta soy urbanita.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Tomarme el tiempo de perderlo. La rutina tiene mala prensa pero a mí, la mía, me gusta y me sienta bien. Aún así aprovecho el verano para invertir los términos dejando que lo extraordinario sea lo ordinario y viceversa.

 

-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

-No hay ciudad o hay muchas, demasiadas para ser preciso. Hice la ruta 66 conduciendo de Chicago hasta la playa de Santa Mónica y planeo recorrer la panamericana, los 25.000 km que tratan de unir Alaska con Tierra de fuego y vuelta a Buenos Aires. Aventura y emociones aseguradas. Soy feliz yendo siempre un poco más allá.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Feliz, modesta y siempre combativa. Yo me encargaba sobre todo de la felicidad. Al combate se entregaban con generosidad mis padres, sucediendo a mis abuelos. Recuerdo haber venido cuatro veces de vacaciones a España. Era toda una aventura, un mundo nuevo, embriagador: los olores, el calor multicolor, las voces, el negro veneno, el bullicio, los pueblos sin agua corriente, los vendedores de barras de hielo... Pero quizá mi mejor verano fue el del año del traslado de mi familia desde el sur de Francia a París. Dos meses muy vividos, intensos, desbordantes de risas y exuberantes de descubrimientos que pasé con mi hermano Alain y mi primo (mi otro hermano) Patrick.

 

-7. ¿Qué le ha dado Francia, qué le debes en realidad?

 El azar y el destierro, las guerras y sus desastres me han hecho nacer en un lugar que es, al tiempo, mi patria chica y el exilio. No es poca cosa. A esa circunstancia accidental debo, en primer lugar, el idioma, mi lengua materna, esa que edifica, traza, esculpe. Y el idioma trae consigo las costumbres, la manera de relacionarse, los estudios o, en su defecto, los aprendizajes y la cultura, ese todo inacabable que, a esa edad, va desde Napoleón triunfal, la desconfianza hacia el teutón, la envidia al británico, Poulidor, Ocaña y el tour de Francia, Molière gimiendo moribundo, Fernandel, Boris Vian, la República, Asterix, el rugby, Dumas, Hugo, Zola... Todo eso me ata, además de que mis abuelos y mi bisabuela estén enterrados allí.

 

-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Despertar, muy de madrugada, junto a mi maravillosa compañera María, el olor temprano a pan tostado, ver amanecer, disfrutar de mi familia, de mi hijo Léo, ser útil en cualquier actividad, aprender, hacer fotos, cantar, escribir, crear, invitar a comer, dejarme aconsejar, homenajear a mis amigos, trasnochar hasta verme forzado a dormir, exhausto. Todos mis días son perfectos. Hago lo que quiero, estoy con quien quiero. Soy el hombre más feliz del mundo.

 

-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

La primera vez que canté delante de alguien fue en Bruselas. Suena algo exótico pero fue sin gloria, ante cinco o quizá seis adolescentes y nadie, ni siquiera mi hermano que estaba cerca, lo recuerda. Pero así fue. Tenía catorce años.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

 Puesto a elegir sólo uno, escojo a mi abuela, dulce, encorvada, analfabeta, valiente y generosa preparando para sus tres nietos, en aquella cocina minúscula con olor a ganado del sur de Francia, aquellas «gachillas» inolvidables que, para evocar aquellos años felices, preparo ahora yo para los mismos comensales. Su historia de derrota y viles padecimientos no es la de mi abuela, es universal y merecería un libro. Quién sabe, quizá un día...

 

11. ¿Por qué lleva una especie de diario fotográfico?

La fotografía es una pasión, una necesidad. Fotografío las gentes que me rodean, que me cruzo, con las que convivo sin conocerlas. Para satisfacer mi otra necesidad, la de escribir, pensé un día que complementar una cosa con la otra tenía sentido. Así fundé Sinestepolis, una ciudad imaginaria que voy poblando con los ciudadanos de mis fotos y cuyos nombres e historias son pura fábula. El proyecto constará de unos 5000 personajes, con sus micro-historias-guiones.

 

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

El frufrú de las faldas/el cricrí de los grillos/el runrún de las olas/el cliclín de las copas/el muamuá de los besos/el sabor del verano.

 

-13. ¿Cuál es su mejor anécdota veraniega?

Por mi apego al pasado y a las tradiciones decidí buscar y juntar toda mi familia, los descendientes de mi abuelo Francisco Cuenca y de sus seis hermanos en ocasión de la «fiesta del emigrante », en pleno agosto, en Piñar, Granada, el pueblo de nuestros antepasados. Con la ayuda necesaria e insustituible de mi padre logramos encontrar y reunir 150 familiares que la diáspora de la pobreza y las guerras habían separado. Aquella convivencia y reencuentro es el acontecimiento más memorable y extraordinario de todos mis veranos. Aunque no está relacionado con mis actividades. O quizá sí.

 

*Paco Cuenca, retratado por Antón Castro en el Gran Café Zaragoza.

 

AVENTURAS DE VERANO / 1: PISÓN

AVENTURAS DE VERANO / 1

 

ENTREVISTA. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

 

“El Zaragoza es mi equipo

para lo bueno y para lo malo”

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es escritor. Ganó el Premio Nacional de la Crítica y Premio Ciudad de Barcelona, de 2011, con ‘El día de mañana’ (Seix Barral, 2011). Y es Premio de Las Letras Aragonesas de 2010. Adora Zaragoza y al Real Zaragoza. Reside en Barcelona desde principios de los años 80. Trabaja en su nueva novela, que transcurre en Melilla.

-1. ¿Qué hace un escritor como usted en verano?
La verdad es que el verano es una buena época para escribir. Este
verano espero darle un buen empujón a mi novela.

 -2. ¿Dónde suele veranear? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?
Soy muy de ciudad. Con mi mujer, María José Belló, y mi hijo pequeño, Diego, suelo hacer algún viaje a alguna ciudad europea. Luego, en agosto, cuando ya el calor se vuelve insoportable en Barcelona, nos vamos diez o quince días a la playa.

 -3. A usted le gusta mucho la música. ¿Cuáles son sus canciones preferidas del verano?
Me estoy haciendo mayor. Cada vez me gustan más las canciones viejas. Últimamente me ha dado por escuchar ‘Downtown’, de Petula Clark.

 -4. ¿Qué hace diferente al resto del año? ¿Cuál es el menú de un día perfecto?
En verano es cuando tengo más tiempo para leer. El verano invita
también a la ingesta desmedida de cerveza, lo que luego obliga, como una penitencia, a hacer unos cuantos kilómetros de footing.

 -5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?
En 1988 vivía en Edimburgo y aproveché el verano para conocer las
Highlands: kilómetros y kilómetros de maravillosos paisajes y
carreteras estrechas en las que casi nunca te cruzabas con nadie.

 -6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. Al
amor y a los ritos de paso. ¿Cómo fue esa época?

Mis mejores recuerdos veraniegos me devuelven, en efecto, a la
infancia: a un chalet que tenían mis padres cerca de Logroño. Había
unos pocos árboles frutales, y las peras limoneras y las cerezas
estaban en sazón. Cuando tenías hambre, sólo tenías que acercarte al
árbol y coger la fruta que te apeteciera.

 -7. ¿Cómo fue la primera vez?
¿La primera vez de qué? Si te refieres a la primera vez que viajé por
mi cuenta, fue un verano que pasé en Londres hace muchos, muchos años. Lo único malo de ese verano fue descubrir que el inglés que había estudiado en el colegio no me servía ni para entender ni para hacerme entender.

 -8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza estos días?
Suelo dejarme para el mes de agosto novelas bastante largas. Hace poco releí ‘Ana Karenina’ de Tólstoi. Tal vez este verano relea ‘Guerra y paz’.

 -9. ¿Cuál es la película que le marcó especialmente uno de sus veranos?
‘Tiburón’. Después de ver esa película, lo normal cuando te metías en el mar era pensar que iba a aparecer un tiburón gigante para
arrancarte la pierna de un mordisco.

 -10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o imaginario, de tus veranos?
Tintín. Me recuerdo a mí mismo de niño en el chalet de Logroño leyendo una y otra vez los libros de Tintín.

-11. Acaba de publicar 'El siglo del pensamiento mágico' (Libros del K. O.) ¿Qué ha significado, qué significa el Real Zaragoza en su vida?
El Zaragoza es mi equipo para lo bueno y para lo malo.

 -12. Si tuvieras que resumir el verano en un 'tuit', ¿qué diría? ¿Cuál sería su microcuento del verano?
Como en ‘El nadador’, el famoso cuento del escritor norteamericano John Cheever, no me importaría viajar por el mundo yendo de piscina en piscina.

 -13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?
Un verano viajé a La Habana para hacer un reportaje. Entre otras
personas, tenía que hablar con un diplomático español que vivía en una urbanización de chalés. Me citó para la noche, aprovechando que organizaba una fiesta en honor de no sé quién. El taxi me dejó a la entrada de un chalet del que salía sonido de música y risas. La gente de la fiesta era tan simpática que no quería disgustarme diciéndome que allí no vivía ningún diplomático español, así que tardé casi una hora en darme cuenta de que me había equivocado de fiesta y de chalet.

ZTV: UNA ENTREVISTA DIVERTIDA CON JOSÉ LUIS MELERO RIVAS

ZTV: UNA ENTREVISTA DIVERTIDA CON JOSÉ LUIS MELERO RIVAS

José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956) es escritor, bibliófilo y un apasionado de la poesía, la historia, los libros de viejo, el Real Zaragoza y la jota, entre otras muchas cosas. Hace unos días, en ZTV, en el programa ’Los aragoneses’ que conduce y dirige Victoria Martínez, conversó largó y tendido de lo divino y lo humano, y de otras de sus pasiones: Aragón. Como territorio de fondo, como espejo, con refugio, como paisaje y escenario de sus amistades. En la foto, José Luis Melero pintado por Pepe Cerdá. He aquí el link.
http://www.youtube.com/watch?v=n11Oh12vPlo&list=PLB435A71384A5FC47&index=1

JAVIER RUBIO HABLA DE BUÑUEL

Javier Rubio (Zaragoza, 1952) es el autor de ‘La otra vida de Luis Buñuel’, que ha publicado en edición digital. Está disponible en Amazon. Ese proyecto, como anuncié hace unos días en mi facebook, está acompañado de un interesantísimo blog. ‘Retratos de la otra vida de Luis Buñuel’. Acaba de aparecer esta estupenda entrevista sobre el proyecto. Este es el enlace...

http://www.vozpopuli.com/actualidad/27435-el-periodista-javier-rubio-cuenta-la-otra-vida-de-luis-bunuel

El artículo lo firma Karina Sainz Borgo. Para Vox Populi.

 

“Esta es una visión agnóstica de Luis Buñuel”, dice el periodista y escritor Javier Rubio para referirse al libro que acaba de publicar: La otra vida de Luis Buñuel, un ensayo biográfico asentado en el estudio del archivo personal del cineasta y que arroja visiones más agrias, aunque quizás más reales, del director de Un perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930). El libro, disponible en Amazon, está acompañado además de un blog: Retratos de la otra vida de Luis Buñuel.

Un Buñuel miedoso; hijo de una familia burguesa y terrateniente de cuyas propiedades debía él hacerse cargo; un hombre no especialmente brillante; alguien que tuvo el buen tino de unirse a Dalí y que buscó un medio con poca historia, el cine, para hacerse notar… Esos son sólo algunos de los rasgos que aporta periodista Javier Rubio en La otra vida de Luis Buñuel. “Las biografías de los artistas a veces parecen vidas de santos medievales. Yo sólo quiero estudiar a Buñuel como un hombre normal”, dice.

A Javier Rubio, que nació en Zaragoza en enero de 1952, le une con Buñuel algo más que la tierra. Se trata de un interés que vuelca con minuciosidad en una biografía que corrige tópicos asociados al director de Viridiana. Por ejemplo: nunca llegó a ser ingeniero agrónomo; su paso por Estados Unidos no está revestido de la gloria que aparenta; sus inquietudes espirituales e intelectuales son tardías…

Periodista cultural de larga trayectoria, Rubio comenzó en los años setenta, en Barcelona, con colaboraciones para el diario El País. Ya en Madrid, fue director de la sección cultural de Diario 16; trabajó durante cuatro años en TVE2; fue redactor jefe del suplemento Blanco y Negro, en el ABC. En el año 2000 participó en la fundación de Libertad Digital, medio del que fue director hasta 2010, año en que él mismo decidió abandonar su puesto por diferencias editoriales.

["La vida de Buñuel que desconocemos es la que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio".]

-¿Cuál es esa otra vida de Buñuel que desconocemos?

-La que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio. Por ejemplo, la del malísimo estudiante que suspendió durante cuatro años seguidos el examen de ingreso en la escuela de ingenieros y que no dejó ninguna huella de vida espiritual hasta los 22 años, cuando hacía la mili en Madrid, recomendado para no ir a la guerra de África, y publicó en una revista su primer poema en prosa, muy poca cosa, como el resto de sus primeras obras. Aunque le parezca mentira, él conservó su historial académico en su archivo, pero, al parecer nadie había tenido suficiente interés todavía en publicarlo.

-¿Cuál archivo, exactamente?

-El que conserva en la Filmoteca. En ese mismo archivo hay muchos otros papeles poco estudiados, como las cartas que le escribió su mujer desde que se quedó embarazada hasta que su hijo tuvo tres meses, cuando lo vio por primera vez. Entre abril de 1934 y marzo de 1935 se vieron un día en París en junio, el de su boda, ni siquiera pasaron la noche juntos, y dos semanas en julio, cuando ella estuvo de visita en Madrid. También conservó varias cartas de su madre que contienen informaciones valiosas, como la disminución de la fortuna familiar en 1935. Lo extraño es que nadie hubiera sentido la curiosidad hasta ahora. Para ser sincero, lo que más me intrigaba era qué había hecho durante la guerra civil. Y creo que doy una respuesta mejor que las que había hasta ahora. 

-Ian Gibson tiene cinco años preparando su biografía de Buñuel, podemos decir que usted se le adelantó…

- Si lo que me han contado es cierto, el señor Gibson publicará su biografía el próximo otoño, más limitada de lo previsto. Posiblemente se detenga en 1936. Mi libro es algo más modesto y parcial, un ensayo biográfico, sin función académica ni ánimo de totalidad. Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida, pero ha sido la base de todas sus biografías. No me interesan todos los datos, sino los que ocultó o embrolló.

["Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida"]

-¿De dónde proviene su interés por Buñuel?

-Me interesé hace más o menos diez años, cuando en mis ratos de ocio buscaba datos para otra biografía, la de Gustavo Durán, un personaje coetáneo de vida novelesca y que coincidió con Buñuel en varias ocasiones. Sale muy mal parado en las Conversaciones con Buñuel de Max Aub, pero también en ese libro aparecen otras cosas que Carrière, el autor de Mi último suspiro, calló. Como, por otra parte, era lógico, ya que es un libro ligerito, para amantes del cine poco exigentes. Cuando en 2010, al quedarme sin trabajo, me puse a escribir, se acababa de publicar una biografía muy correcta de Gustavo Durán y dos libros eruditos sobre Buñuel de difícil lectura, así que, me propuse poner en claro el estado de la cuestión. He leído todo lo que he encontrado, he estado en el archivo Aub de Segorbe y en el de la Filmoteca, donde se custodia su legado. Hace un año, terminé una primera versión, la ofrecí a varias editoriales, no interesó y, al acercarse el 30º aniversario de su muerte, el 29 de julio próximo, me decidí a publicarlo en Amazon y montar un blog con lo que era un apéndice del libro.

-Ingeniero agrónomo, filósofo, cineasta, director de teatro, agitador cultural… ¿Qué clase de personaje fue realmente Buñuel?

-Vea cómo, sin darnos cuenta, inflamos el currículo de quien nos cae bien. Buñuel no pisó la Escuela de Agrónomos más que para matricularse y realizar el examen de ingreso en tres ocasiones. La cuarta lo intentó en Industriales. Luego, en tres años, y posiblemente con alguna ayuda, aprobó las 13 asignaturas de Filosofía y Letras en la rama de Historia, una parcela sobre la que no volvió a insistir. Hizo poquísimo teatro, algún Tenorio en la Residencia y colaboró en la representación en Amsterdam del Retablo de maese Pedro de Falla. Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso que se dosificó mucho.

-En sus palabras, Buñuel parece un individuo gris, pero muy insistente.

-Como la mayoría de los grandes artistas, Buñuel fue un tipo muy ambicioso, con una autoestima blindada y una notable perseverancia. Acertó a concentrarse en una sola cosa y sacarle un partido extraordinario a un talento con muchas limitaciones y que por vagancia había dejado de cultivar durante la adolescencia. Se olvida siempre que su primera obra de madurez de la que se sintió responsable al ciento por ciento, Los Olvidados, la hizo a los 50 años y que hasta ese momento con mucha frecuencia, precisó de la ayuda económica de su madre para sobrevivir.

["Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso"]

-¿Cuál es la etapa más opaca, biográficamente?

- Los años menos conocidos de Buñuel son los 20 que transcurren desde La Edad de Oro hasta Los Olvidados. Las dos primeras películas, las surrealistas célebres, las hizo en régimen mutualista con Dalí. Hasta que su amigo no se lo contó en Figueras en enero de 1929, Buñuel no sabía de qué iba eso del surrealismo y difícilmente lo hubiera descubierto por su cuenta. Dalí le impartió un cursillo acelerado a su medida. Necesitaba hacer una película con el dinero que le había prestado su madre ante notario y encontró la solución. Tuvo la suerte de conocer en el estreno de su película al marqués de Noailles, que les encargó una nueva cinta, con mayor presupuesto

-Sobre el comunismo de Buñuel, ¿es cierto que nunca sacó pecho de su afiliación al PC? ¿qué encontró?

-Esa es una de las mayores incógnitas que sobrevivían hasta hace poco, si había sido del Partido Comunista Francés o del Español. A día de hoy estará más cerca de la verdad quien crea que no se afilió ni a uno ni a otro. Los españoles pensaban que se había afiliado al francés y los franceses, al español. Román Gubern y Paul Hammnond escribieron un libro de 400 páginas sobre “los años rojos”, donde es el asunto omnipresente. Sólo hay un documento en el que admite su vinculación con el partido español, la carta de despedida del surrealismo que le envió a Breton en mayo de 1932, pero no es probatoria de que hubiera dado el paso, rellenado una ficha de inscripción, pagado las cuotas, asistido a reuniones de célula, etcétera, de que hubiera hecho vida de afiliado.

["A Buñuel le dolió mucho que Dalí no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia"]

-Lo que sí es cierto es que Buñuel tenía muchas contradicciones entre su supuesta izquierda y su forma de vida

-Mientras vivió en Madrid, entre 1934 y 1936, fue simpatizante, amigo de sus amigos. Ayudó al partido yendo al notario para hacer un trámite relacionado con Mundo Obrero, que estaba suspendido. Hasta 1936, poca cosa más. La guerra le pilló en Madrid y recurrió a sus amigos de la Alianza de Intelectuales para protegerse. Pasó mucho miedo en el mes y medio que estuvo en Madrid, antes de lograr marcharse a París, donde pasó los dos años siguientes protegido por sus amigos franceses, algunos del partido y otros no. En los Estados Unidos, negó haber sido del Partido. En México, estuvo muy próximo de un amigo de la juventud, José Ignacio Mantecón, un archivero erudito que fue el gobernador de Aragón que acabó con los anarquistas y que en 1948 se hizo del Partido en una especie de arrebato de nobleza baturra ideológica. En los años setenta seguía siendo muy estalinista, sobre todo en política internacional, pero, hay que repetirlo, nunca fue muy fino en asuntos de ideas, era un intuitivo sentimental.

 -¿Por qué no prosperó la segunda parte de Un perro andaluz que le propuso Dalí a Buñuel?

-Entre otras cosas, porque Dalí estaba muy contaminado por el franquismo. Cuando ocurrió, Buñuel ya era un director famoso, no le necesitaba ni le convenía. Además, le dolió mucho que no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia.

 

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

[Ayer, antes del entierro de Javier Tomeo en su tierra mítica de Quicena, escribí este texto en su recuerdo. Javier fallecía el pasado sábado en Barcelona, donde vivió desde la posguerra, aunque jamás se olvidó de Aragón, ni de Huesca ni de los pájaros, los grajos o ‘grallas’, que sobrevolaban La Cobertera, como le contó a Ismael Grasa. La foto de Javier es de Aloma Rodríguez.]

 

 

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

 

En mi principio está mi fin, dijo el poeta.

En mi final está mi origen: la luz de Quicena,

el castillo altivo y melancólico de Montearagón,

el majestuoso vuelo de los buitres insomnes,

 la tierra y sus fósiles de mi memoria,

podría haber dicho nuestro poeta en prosa.

Javier Tomeo era un misterio de la química,

la intuición que disparaba con bala,

la lucidez que desarma las contradicciones del mundo.

Javier Tomeo era obsesivo: le gustaba el silencio,

tener una vida oculta, convivir con los monstruos,

oír las voces cotidianas y su fogonazo de asombro.

Miraba como si nadie lo hubiera hecho antes,

miraba como si nadie lo volviese a hacer después.

Observaba. Caminaba con calma y a trompicones,

con una ansiedad furiosa, desde la lentitud

del que tiene una prisa definitiva.

Hablaba de la extravagancia, de la soledad,

del vacío, de las heridas del cuerpo y del alma,

de lo raros que somos sin darnos cuenta,

de lo lunáticos que seremos algún día.

Javier era un visionario desde la terraza de un bar.

Un ciclón varado en la penumbra de su mesilla de noche.

Javier amaba los paisajes, la raíz del canto,

el silbo de las fuentes, el eco de los niños con un mauser,

los paisajes peinados por el sol que veía desde La Cobertera.

Javier tenía miedo de perderse en un teatro.

Y a la vez no tenía miedo a nada. Ni a los aviones.

De golpe pasaba una mujer y recobraba una alegría

auroral: el desorden de los sentidos, el arrebato,

la promesa de felicidad. Toda la belleza del sueño

se concentra en los gestos de un cuerpo femenino.

Su inspiración esencial. “La mujer es para mí expresión

terrestre de la inmortalidad”, dijo una vez.

Javier Tomeo era así. Un loco de atar, un cuerdo

invencible, el amigo de los insensatos y los soñadores.

El escritor que regresa a casa para soñar la mejor siesta.

¡Cuidado! Buitres, grajos, insectos, paisanos del atardecer:

los aleteos, la caricia en el suelo, todo lo que digáis,

lo seguirá escribiendo y contando hasta el fin de los tiempos,

en silencio, sombra y limo, en Quicena. Su Quicena.

Su paraíso irreemplazable. El último refugio.

 

Zaragoza, 27.06.2013

JAVIER TOMEO: PENÚLTIMO DIÁLOGO

JAVIER TOMEO: PENÚLTIMO DIÁLOGO

 [Javier Tomeo será enterrado mañana en Quicena, su pueblo, a las 17.30. Esta entrevista fue la última que yo le hice, un sábado 20 de octubre de 2012, creo recordar. Dos días después presentaba su libro 'Cuentos completos', en el sello Páginas de Espuma, con edición y prólogo de Daniel Gascón. Esta foto, de 1989, es de uno de los grandes fotógrafos de Aragón: Rogelio Allepuz. Se la tomó para la primera entrevista que yo le hice para 'El día de Aragón' en 1989, coincidiendo con el estreno de 'Amado Monstruo' en el Teatro Principal, con dirección de Jacques Nichet. Rogelio Allepuz hemos trabajado muchos años juntos: alrededor de trece. Algunos cientos de entrevistas y reportajes juntos.]

 

 

¿Qué supone para usted la edición de los ’Cuentos completos’, que se presenta mañana, a las 19.30, en el Teatro Principal?
Estoy muy contento. Creo que es una edición muy oportuna, se han recuperado textos que estaban en el baúl de los recuerdos y se ponen de nuevo al alcance de los lectores. Además, tengo otra satisfacción: el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, es aragonés, es entusiasta, dinámico y ambicioso, tiene ganas de triunfar, y le auguro un porvenir muy brillante.
¿Ha repasado todos los cuentos?
He tenido que hacerlo. Si no el editor y prologuista, Daniel Gascón, me habría matado. Apenas he cambiado nada, salvo algún que otro adjetivo poco afortunado por otro más preciso y contundente.
¿Se arrepiente de algo, percibe que ha evolucionado?
Muy poco. Me sigo reconociendo en todos los textos. Creo que no he cambiado apenas en los últimos veinticinco o treinta años. No he pretendido moralizar ni he pretendido perfeccionar a la gente. Ni he querido ser Pepito Grillo ni un francotirador. Invito a la gente a reflexionar sobre problemas pendientes como la soledad, el exceso de egoísmo, la incomunicación. La auténtica literatura plantea preguntas , pero no tiene respuestas. Las respuestas son del político, del teólogo, del científico.
¿Desde cuándo escribe cuentos?
Casi desde el principio. Empecé haciendo novela social, pero a las diez o quince páginas me cansaba. Me aburría. Me pasé a los relatos, de media distancia, aunque también he escrito microcuentos, y me pasé a la novela corta, que es el género donde me siento muy cómodo. Eso sí, siempre he escrito cuentos de anomalías, psicopáticos.
Usted estudió Criminología. ¿Viene de ahí el interés por las personalidades anómalas o psicopáticas?
Más bien al revés. Estudié Criminología para perfeccionar mi escritura, para zambullirme en la etiología de la condición humana. Lo digo siempre: a mí me interesó mucho Sigmund Freud, que distinguía tres partes en la conducta del hombre: el yo, el superyo y el ello. A mí me apasiona mucho investigar en el ello, que es la parte más atávica, rebelde, primaria, surrealista, esas reacciones instintivas que fluyen. No soy un gran lector de ficciones, pero en cambio me interesan mucho los libros-herramienta sobre animales, insectos o mitología.
Vayamos con el mito. Por ejemplo: siempre se le ha vinculado a usted con Kafka. ¿Qué le debe de veras?
Sinceramente poco. He leído ’La metamorfosis’ y poco más, y lo hice después de que me dijeran que me parecía a él. Es verdad: había una cierta afinidad, semejanzas, nos interesa a ambos el absurdo, lo irracional. Me fascinó, pero también me prohibí leerlo, sobre todo porque no quería que me contagiase ni quería volver a escribir lo que él ya había escrito. Kafka es uno de los grandes autores del siglo XX por su valor metafórico, por su conocimiento del alma humana... Pero somos distintos: yo creo que tengo mayor sentido del humor. Por cierto, en el libro le rindo un homenaje específico en el cuento ’Gregorio, el insecto’, que es mi favorito con ’El apartamento’.
¿Por qué le interesan tanto los animales?
Porque te permiten conocer mejor el instinto de los hombres. Los animales son metáforas vivientes, minúsculas; te ayudan a acceder al ser humano. En el fondo hay un gran paralelismo entre el hombre y el animal. Piense en el mimetismo de los insectos; piense en el camaleón. El hombre también es un maestro del camuflaje o de colocarse al sol que más calienta. Es rojo donde más hay que serlo, pongamos por caso.
¿Cómo pasó del animal a otra presencia recurrente de su obra: el monstruo, que tiene una dimensión simbólica y a la vez tiene mucho que ver con la identidad, con lo que somos?
Es mucho más fácil escribir sobre gente imperfecta, inquietante, con amputaciones psicológicas o físicas, con diversas anomalías. Dejemos a los hombres bellos en paz, tranquilos, felices con su suerte, no vayamos a descubrir que no eran tan perfectos. Otra cosa: escribiendo sobre monstruos uno se consuela y a veces puede decir: «Ese es peor que yo».
Del monstruo interior, casi inabordable, a un monstruo exterior e ilustrado: Goya. Dicen que usted es heredero de él...
Me llena de orgullo esa idea, pero no es fácil para mí entender en qué somos parecidos. Él es un genio universal. Quizá sea por nuestro origen aragonés, por un paisaje de fondo, por el carácter. Si de Goya me gusta todo, otro tanto me ocurre con Luis Buñuel. Siempre recordaré una frase de mi editor Jorge Herralde, de Anagrama. Dijo: «Javier Tomeo es una inesperada colisión entre Kafka y Buñuel». Ja, ja, ja. La idea es bonita. Luis Buñuel también es amigo de los monstruos y escarba como pocos en los abismos de la conciencia humana.
¿Ha conocido muchos monstruos reales?
Como todo el mundo, pero en realidad los monstruos no se exhiben. Mi amigo, y personaje de mis textos, Ramón o Ramoncito me decía siempre que había gente que sacaba a pasear a sus monstruos a las cuatro o cinco de la mañana. Decía que estaban ocultos durante el día y que salían de madrugada y por poco tiempo. Es probable.
Hablemos del humor y del absurdo...
No sabría cómo definir mi humor. Es muy aragonés. Y es muy espontáneo. Me sale así, sin buscarlo, como si fuera la constatación del contraste entre lo que puede suceder y lo que sucede. El mío es más bien un humor negro que intenta hacer reflexionar. No provoca la carcajada, no es una invitación a reírse; mi humor desata una risa leve, una mueca, y poco a poco se transforma en meditación. Tampoco me gusta que la gente se desternille con mis cuentos. Y de esa reacción en cortocircuito irrumpen el absurdo, el descontrol, la sorpresa. Aún así, soy muy meticuloso escribiendo, corrijo mucho. Me tomo mi oficio muy en serio.
Fue propuesto para el Nobel desde aquí hace más de una década. ¿Le gustaría recibir el Cervantes o el Príncipe de Asturias?
Me gustaría por el dinero que conllevan, que no sobra nada, pero yo no estoy en esa órbita ni en ese círculo. Soy un solitario. Voy a mi aire: hago lo que me da la gana.
¿Qué le queda por escribir?
No lo sé. Ahora estoy haciendo una cosa de vampiros, muy divertidos, que no se parecen para nada a los de ’Crepúsculo’.
Reside en Barcelona desde hace años. ¿Como vive el conflicto sobre la independencia de Cataluña?
No lo vivo. Lo sigo por televisión, pero me incomoda un poco Artur Mas. Lo veo como muy satisfecho de sí mismo, arrogante, como si fuese un «mesías», el ayatolá Mas. Pienso que todo volverá a su sitio. He vivido y vivo en Barcelona sin conflictos.