Blogia

Antón Castro

PLÁCIDO DÍEZ RECUERDA A TOMÁS POLLÁN

[Plácido Díez Bella fue director de 'El día de Aragón'. Siempre recuerdo como, mientras yo hacía una entrevista con Néstor Luján, la transcribía, entró en uno de los cuartos de reuniones y me dijo si me gustaría hacer prácticas de verano. Había iniciado la colaboración gracias a Lola Ester. Plácido ha sido una referencia desde entonces. Alguna vez me habló y me presentó, de modo fugaz, a Tomás Pollán, que falleció demasiado pronto. No tuve relación alguna con él, y la verdad al descubrirlo ahora me apena un poco. Un puñado de amigos, le rinden homenaje en el libro 'Acordes para sentir la vida. Pensando en Tomás'. Prosas, poemas, recuerdos: mucho cariño y un tono elegíaco. Plácido Díez le ha puesto un prólogo. Aquí está.]

 

Tomás y Amelia, Amelia y Tomás

 

Y me nacen recuerdos a mansalva

y  me brotan en las húmedas mejillas

tus besos de acogida

y la sal de tus ojos disuelta en la verdad,

el amor, el respeto, el gusto por la vida,

tu alegría brutal ante el paisaje

y tu brutal tristeza ante el dolor del mal

(Casimiro Prada)

 

Y añado, y ante la injusticia. Llevo casi cuatro meses buscando qué decirle a Tomás. Me he bloqueado como se bloquea el alumno ante el maestro, ante la referencia ética con ojos de niño, sonrisa abierta y energía de “tsunami” creativo y tenaz.

 

Tomás fue como un hermano mayor al que descubrí a través de Amelia, mi prima hermana. Dos seres humanos, Tomás y Amelia, Amelia y Tomás, con una asombrosa capacidad de amarse, y de amar a los demás, y de hacer camino juntos: el de la utopía a través del amor desinteresado, el compromiso, el altruismo compasivo y la generosidad cotidiana.

 

Al recibir el mazazo de su muerte, lloré desconsoladamente por las calles de Bolonia donde me encontraba. Siempre creí que, por sus ganas de vivir, ganaría la batalla a la legionella pero esta ya había avanzado irremediablemente.

 

Noqueado por la noticia, busqué el alivio del caminante y el silencio de las iglesias de la ciudad universitaria y roja para encontrarme, una y otra vez, con la desprendida sonrisa del sabio humanista, con la sencillez del que sabe escuchar y abstraerse a cada momento buscando respuestas, y con el ejemplo del luchador que no rebla hasta alcanzar la cima, el objetivo, el Gran Paradiso o lo que se le ponía por delante.

Tomás y Amelia. Amelia y Tomás. Fugaces recuerdos. Un viaje nocturno en tren a Alicante con Amelia para convivir unos días con el ermitaño que se había retirado a estudiar intensivamente inglés junto a la playa de San Juan. Principios de los setenta. El adolescente descubre el compromiso y los riesgos de la lucha por la libertad en ese viaje iniciático.

 

Y aún antes, el vago recuerdo de un universitario de La Bañeza que convivió durante unas semanas con los agricultores de un pueblo del Jiloca turolense en aquella revolución cultural que impulsó un ministro de Educación de la última etapa del franquismo.

 

La playa de San Juan, el Jiloca, siempre Amelia, y el piso de la calle Lorenzo Pardo. Los sonidos del “Wish you were here” de Pink Floyd, citado por Julián Casanova, pero también los del “Give a Little bit” de Supertramp a toda pastilla que te insuflaban  ganas de comerte el mundo. Aquel piso abierto a todo el mundo de paz, a las tertulias, al amor y a la vida en comunidad que se planificaba vía papelitos en la nevera. Un islote de libertad al final de la dictadura. Todavía circulaba el tranvía de San José, el tranvía, quién sabe Tomás, de ida y vuelta.

 

La dignidad del profesor no numerario, la fe que movía montañas del cristiano de base, todavía recuerdo como si fuese ayer la boda con Amelia en una iglesia del barrio de San José con un ritual y un simbolismo rompedor que recordaba a los primeros cristianos, con guitarras, canciones y esperanza, mucha esperanza.

 

Pasó el tiempo, el adolescente se hizo joven y periodista, y vivió desde la distancia, pero sin perderle de vista con el inquebrantable vínculo hacia las personas que te han dejado huella, la etapa del investigador que, junto a Armando Roy, sacaron adelante la cocina de inducción, uno de los inventos que más patentes ha exportado desde Aragón, la etapa del vicerrector comprometido con el equipo del rector Camarena en una transformación de la Universidad de Zaragoza que tuvo sus detractores.

 

Para entonces, Tomás y Amelia ya vivían junto a la arboleda de Macanaz. Otra casa abierta a familiares y amigos desde la que se contempla una de las mejores vistas de Zaragoza.

 

Me viene a la cabeza el Tomás ensimismado que escuchaba las reflexiones del periodista con respetuosa atención. Sabía escuchar y sabía crear atmósferas propicias para la reflexión y el debate.

 

No puedo olvidarme de Miguel y Rubén, los hijos de la vida. Esto también lo aprendí con Tomás y Amelia, que los hijos son hijos de la vida, que no son propiedad de los padres.

 

Y así fueron pasando los años con el hilo conductor del amor a los demás, a la montaña y a la naturaleza virgen, a las sorpresas, a los versos que escribía para Amelia desnudando sus sentimientos. Con el hilo conductor de una pareja única, Tomás y Amelia, Amelia y Tomás, que se querían, que se quieren, con locura.

 

Y digo que se quieren porque Tomás vive en el corazón del discípulo de vida y de valores que escribe estas líneas pero vive sobre todo en el amor de Amelia, que lo alimenta cada día con su indesmayable voluntad, y de amigos como Casimiro Prada, Carmen Magallón, Ricardo Berdié, Julián Casanova, Antonio Colinas, Alberto Pagnussat, Martín Rodríguez Rojo, Emilio Pedro Gómez…….y tantos otros.

 

Termino con unos versos de Emilio: Te has convertido en un lugar para partir de nuevo a la utopía.

 

Tomás, maestro, amigo, referencia ética y de firmes convicciones, nunca te olvidaremos. Seguiremos caminando, como lo hubieras hecho tú, plantándole cara a la devastadora tormenta.

 

Plácido Díez

 

 

MANUEL HIDALGO, CON BUÑUEL Y OTROS, EN 'LA BUENA ESTRELLA'

MANUEL HIDALGO PRESENTA ’EL BANQUETE DE LOS GENIOS’


[Nota de Luis Alegre] Hoy, viernes 24 de mayo, el ciclo de coloquios ‘La buena estrella’, organizado por el Vicerrectorado de Cultura y Política Social de la Universidad de Zaragoza, tendrá como invitado al escritor, guionista, crítico de cine y periodista Manuel Hidalgo. 

Durante la sesión se presentará su libro “El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel”, editado por Península. 

El coloquio se celebrará a las 20 horas en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Plaza Basilio Paraíso, 4) y será presentado por el coordinador del ciclo, Luis Alegre, escritor, periodista y profesor de la Universidad de Zaragoza. 

La inspiración de ‘El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel’ arranca de una fotografía mítica que ha dejado testimonio de una reunión legendaria. En noviembre de 1972, el cineasta George Cukor quiso reconocer el talento de Luis Buñuel y le invitó a una comida en su fabulosa mansión de Beverly Hills. A la cita acudieron John Ford, Alfred Hitchcock, Rouben Mamoulian, Robert Mulligan, George Stevens, Billy Wilder, Robert Wise y William Wyler, una pléyade de maestros de Hollywood jamás congregada y retratada en un acto privado. Fritz Lang no pudo acudir por estar indispuesto, pero fue visitado al día siguiente en su casa por el director español, quien cuatro meses después ganaría el Oscar con “El discreto encanto de la burguesía”. 

Cuarenta años más tarde, y cuando se cumplen treinta de la muerte del más universal director español de todos los tiempos, Manuel Hidalgo narra los detalles de aquel banquete y del extraordinario escenario en el que se celebró, al tiempo que, con técnicas narrativas y con multitud de anécdotas, pone en pie un espectacular y apasionante artefacto cinéfilo recreando las vidas y las filmografías de Luis Buñuel y de todos los grandes e inolvidables genios que participaron en aquel histórico almuerzo y esclareciendo sus afinidades y sus diferencias, sus luces y sus sombras, sus peripecias novelescas y su legado personal y cinematográfico.

Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) es un gran periodista y escritor, autor de las novelas “Olé”, “Azucena que juega al tenis”, “La infanta baila”, “Lo que el aire mueve”, “Días de agosto” y “El pecador impecable” (llevada al cine por Augusto Martínez Torres en 1987 con guión de Rafael Azcona). Ha escrito guiones de películas dirigidas por Felipe Vega o Gonzalo Suárez. Escribe en el diario “El mundo” desde su fundación. El cine ha sido siempre una de sus grandes pasiones. Ha publicado multitud de textos y libros, algunos de ellos dedicados a grandes figuras del cine español (Berlanga, Saura, Fernán-Gómez, Paco Rabal). En “El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel” indaga de una forma muy original y poderosa en el mundo y la personalidad de uno de los mayores genios que España ha aportado a la cultura universal.

 

RADIOTEATRO EN TEA FM

RADIOTEATRO EN TEA FM

LOS HERMANOS MARX VUELVEN A LAS ONDAS

CON EL RADIOTEATRO EN VIVO DE TEA FM

[Nota de Chuse Fernández] El próximo jueves 23 de Mayo, mañana, a las ocho de la tarde, se levantará el telón sonoro del Salón de Actos del Centro de Tecnologías Avanzadas de Zaragoza (Avda. Alcalde Sainz de Varanda, 15) para poner en escena un guión histórico del radioteatro, el primer capítulo del serial "Groucho y Chico, Abogados", de los Hermanos Marx.

Para la puesta en escena de esta pieza de radioteatro, basada en la exitosa serie de los años 30 original de Groucho y Chico Marx titulada “FLYWHEEL, SHYSTER & FLYWHEEL”, el Radioteatro de TEA FM contará con la colaboración de Jaime Ocaña y Pepín Banzo, que pondrán sus voces en los papeles del Sr. Beagle (Groucho Marx) y Emmanuelle Ravelli (Chico Marx) respectivamente.

También tendremos oportunidad de escuchar en escena dos piezas de ficción sonora originales del maestro Federico Volpini: "El monstruo marino" y "Perry Mason".

En esta ocasión, el público asistente actuará como sonidista para añadir los efectos sonoros de algunas de las escenas más importantes de esta triple sesión.

La entrada es libre hasta completar aforo y se entregarán a los asistentes las “gafas 3D para oir la radio” para una óptima escucha.

"Los jueves, radioteatro" acerca al público asistente, obras adaptadas especialmente para radio por el Radioteatro de TEA FM, en las que las voces de los personajes se harán presentes gracias a la desinteresada labor de los miembros del equipo de radioteatro de la Escuela de Radio. El programa "los jueves, radioteatro", que arrancó el pasado 18 de Abril, pretende mostrar en vivo y en directo la magia de este género radiofónico con pequeñas obras que posteriormente serán emitidas por TEA FM.

El próximo 27 de Junio se presentarán nuevas obras de ficción sonora en vivo y en directo.

El programa "Los jueves, radioteatro" se enmarca en un proyecto más amplio y sirve para dar a conocer de una manera práctica las virtudes de este género radiofónico, que tendrá su colofón en el mes de Octubre de este año 2013 con la celebración del 2º Congreso Internacional de Radioteatro y Ficción Sonora.

Pueden ampliar información sobre este evento en www.teafm.net/jueves_radioteatro.html

Se adjunta cartel anunciador de esta segunda sesión de “los jueves, radioteatro” e imágenes del Radioteatro de TEA FM correspondientes a la sesión del pasado mes de Abril.

 

JORGE GONZALVO, SOBRE 'TROPECISTA'

JORGE GONZALVO, SOBRE 'TROPECISTA'

[Jorge Gonzalvo (Zaragoza, 1972) presentó ayer en Los Portadores de Sueños su nuevo libro ilustrado: 'Tropecista', con dibujos de Elena Odriozola (San Sebastián, 1967). He aquí una extensa entrevista con el escritor y uno de los dinamizadores del proyecto Atrapavientos, vinculado a CMA Las Armas y La Casa del Lector]

 

¿Qué le pides a un cuento, qué elementos debe tener?

Un buen cuento tiene que atrapar desde el principio. Bien porque plantea una situación interesante que invita al lector a no dejar la lectura, bien porque hay un elemento de extrañamiento en el texto que consigue el mismo efecto. Yo le pido a un cuento que sea inolvidable, que se quede instalado en la memoria del lector.

¿De dónde le vienen los cuentos a Jorge Gonzalvo?

De cualquier situación, de mi libreta de notas, de la vida real, de una noticia en un medio de comunicación, de un recuerdo o de una situación inesperada. A veces los cuentos reposan mucho tiempo en la cabeza del escritor a la espera de ser escritos. Incluso muchos de mis textos vienen del fondo del cajón. Me gusta que reposen durante varios meses y retomarlos después a ver qué tienen que decir en ese momento.

Rastreo en tu blog y encuentro que este texto es de 2009. ¿Cómo surge, qué lo inspira? ¿Por qué ha tardado tanto en pasar al papel?

En realidad, el texto original es de finales del 2006. Está inspirado en una ilustración de la argentina Isol. Le pedí permiso para subir su imagen con ese texto en mi blog, que por cierto tengo completamente abandonado, y en 2009 colgué la segunda versión de Tropecista. El texto definitivo que se ha publicado ahora es una revisión posterior. Siempre reescribo. Es un ejercicio que me resulta muy útil y constructivo.

 

¿Qué sucede cuando le cambias una letra a una palabra?

Sucede que, a veces, tienes una historia. Tropecista es el resultado de cambiar una letra, establecer un juego de palabras; y la inspiración de esa imagen que mencionaba antes de Isol. Esa transformación se puede quedar en un simple ejercicio de escritura creativa o puedes tirar del hilo e ir más allá. Así nacen muchas ideas.  

Una vez que tienes los personajes y el ámbito onírico, ¿qué querías escribir una historia de amor, de viajes, de aventuras, de tropiezos?

Quería establecer la narración sobre dos personas que están condenadas a tropezar todo el tiempo. No puedo decir que sea una historia de amor, porque es un tema que no me interesa mucho como escritor; pero sí la historia de un encuentro entre dos personajes que se aceptan de manera incondicional, a pesar de sus tropiezos permanentes. Tropiezos físicos y tropiezos emocionales. Quería que el texto tuviese espacio para el sentido del humor y la ternura. Y que fuera muy “francés”.

¿Quiénes son tus maestros, tus estímulos? Parecen verse los autores del OULIPO, Perec, Queneau, Cortázar y ‘Rayuela’, alguien tan distinto como Gianni Rodari.

Adoro a Cortázar. Creo que es uno de esos autores que te cambia la vida. Quizás los personajes de Tropecista tienen algo de cronopios. Acudo con frecuencia a todos los autores que nombras. Trabajamos muchos de sus textos en los talleres de escritura, sobre todo los ejercicios de estilo de Queneau. Creo que es digno de estudio el trabajo que desarrolló en OULIPO. Y  luego está Perez, claro. Muchas de mis propuestas literarias tienen que ver con Perec y con sus “Me acuerdo”. Pero, sin duda alguna, Cortázar es el cuentista definitivo.

¿Qué diferencia tiene este texto con ‘Te regalo un cuento’ o ‘Despedida de tristeza’?

Te regalo un cuento es el primer libro y al que más cariño le tengo. No sólo porque ya camina por su tercera edición y me ha dado muchas alegrías, sino porque me permitió entablar una buena amistad con mis editores (Lóguez) y con la ilustradora Cecilia Varela. Despedida de Tristeza es un texto muy íntimo y del que me siento muy orgulloso. Era una suerte de continuación estética de Te regalo un cuento. Y Tropecista es un paso más allá en mi trayectoria como escritor: una propuesta de escritura más arriesgada pero con más calado estético. Yo diría que es un texto más complicado y más ambicioso.

¿Cuál es tu relación con la poesía?

Mantengo cierta distancia, pero respetuosa. Siempre he dicho que me parece muy complicado escribir buena poesía, y creo que no todos los escritores son capaces de abordar ese terreno con garantías. A mí se me daría terriblemente mal. Eso sí, disfruto mucho con la lectura de autores como Oliverio Girondo, Jaime Sabines y Juan Gelman.

 

¿Para qué tipo de niños escribe Jorge Gonzalvo? Diríase que para los más pequeños no...

Es que creo que no hay que escribir para edades concretas. Y sí, tienes razón, siempre se ha dicho que mis textos no son infantiles. Algunas editoriales han rechazado mis textos porque no eran infantiles. Y me parece bien y soy consciente de ello; y lo asumo.  Yo diría que el resultado final está indicado para niños de cero a cien años. Cada lector adecúa después la lectura a su vivencia personal.

¿Cómo fue el proceso de elaboración del libro?

Le mostré el texto a Elena Odriozola, y enseguida me contestó que sí, que le apetecía ilustrarlo. Lo cual fue una noticia estupenda. Eso fue en 2010 y hasta ahora. El trabajo de ilustración de Elena ha sido muy laborioso y exquisito. La técnica empleada ha requerido que el proceso de edición haya sido muy artesanal y que se alargara en el tiempo. Pero creo que el resultado final merece la pena con creces.

 

¿Cómo defines el trabajo de Elena Odriozola?

Sigo a Elena desde hace muchos años como lector. Y admiro su trabajo y su manera de enfrentarse a un texto. Tuve la suerte en 2008 de colaborar con ella como editor en un álbum que editamos para Expo. Precisamente un relato de Cortázar: Aplastamiento de las gotas. Creo que Elena es una maestra de la narración visual, plantea historias muy interesantes que transitan paralelas al texto. Siempre se ha dicho que en un álbum ilustrado, las imágenes tienen tanta importancia o más que las palabras. Pero Odriozola mejora y amplifica ese concepto. Es una ilustradora muy sutil, organizada y brillante. Me interesa especialmente su trabajo con las texturas y con su permanente búsqueda de nuevas técnicas. Tropecista es un buen ejemplo de ello. Estoy muy agradecido a Elena por haber querido trabajar conmigo en este proyecto.

 

¿Estás contento con la edición de Bárbara Fiore? ¿Queríais que fuera un libro-objeto?

Bárbara Fiore destaca por su exquisitez y por su estupendo catálogo. También por su línea gráfica y el cuidado de sus ediciones. Es genial compartir editorial con autores de la talla de Shaun Tan o Jimmy Liao.  Nosotros no hemos intervenido en el proceso de edición y hemos visto el libro una vez que estaba terminado. Pero, sin duda, la apuesta de la editorial con Tropecista ha sido la de crear un libro hermoso, casi de coleccionista. Una especie de delicatessen literaria.

 

¿Cómo va Atrapavientos y qué supone para vosotros la vinculación con el CMA Las Armas y con La Casa del Lector?

Atrapavientos es un proyecto joven y entusiasta. La plataforma online de cursos de literatura infantil y juvenil tiene cada vez más alumnos y eso nos permite trabajar con una gran motivación. El proyecto del Observatorio LIJ en CMA Las Armas uno de nuestros proyectos prioritarios y aunque hemos comenzado despacio, el interés generado es mucho. Estamos convencidos de que la colaboración entre CMA Las Armas y Atrapavientos aportará muchas iniciativas literarias interesantes en la ciudad. Y, por supuesto, poder seguir de cerca la estela de proyectos referentes como Casa del Lector nos impulsa a fijarnos en cómo mejorar y crecer. El respaldo de César Antonio Molina y su presencia en el Observatorio la semana pasada ha sido un estímulo más para trabajar en el proyecto.

 

MAGDALENA LASALA: UN DIÁLOGO

 

[Ayer, en el Patio de la Infanta, Magdalena Lasala presentaba su nueva novela, ‘La casa de los dioses de alabastro’ (Martínez Roca), en compañía de Encarna Samitier, María Teresa Fernández y Humberto Vadillo. Aquí explicas las claves del libro. Ayer se ofreció, en ‘Heraldo’, una versión resumida de la entrevista.]

 

 

Ya habías abordado el Renacimiento, pero ahora le toca a Zaragoza. ¿Qué es lo que te ha traído aquí, a tu ciudad y a esta época?

Hace mucho que quería dedicarle una de mis novelas a Zaragoza, aunque por ser precisamente la ciudad donde nací y donde vivo, me resultaba más difícil.  Al final, utilicé para ello una de las cosas que más fascinación me han causado: el Patio de la Casa Zaporta, hoy llamado Patio de la Infanta, que he estudiado durante casi veinte años.  La casa de los dioses de alabastro es mi homenaje personal a Zaragoza  rescatando una época de esplendor histórico que parece relegada al olvido, como fue el siglo XVI. Cuando el Justicia Juan de Lanuza fue decapitado en 1591, parece que a esta tierra le fuese cortada la memoria.


-Dices que aquella Zaragoza era como Florencia, otra Florencia, y sin embargo lo que más parece percibirse es el odio, la intolerancia inquisitorial, la difícil convivencia con los judíos conversos... ¿Era así o lo has exagerado por coherencia narrativa?

Zaragoza era apodada “la Harta”, y conocida como “la Florencia de Occidente”; se contaban en más de doscientas las casas nobles y palacios que la embellecían, reflejo de su poderío económico. Aragón miraba al Mediterráneo y Zaragoza recibía las modas de Flandes, Francia e Italia gracias al próspero comercio de sus mercaderes judeoconversos, pero además acogía las novedades intelectuales de Europa y albergaba a los pensadores más importantes e innovadores del momento. La Inquisición fue muy dura con la Corona de Aragón y especialmente con Zaragoza, su capital y cabeza. No he exagerado el maltrato que la “nueva” Inquisición de 1560 infligió a este territorio, al contrario, tuve que seleccionar las referencias para no hacer un relato exclusivamente centrado en los casos inquisitoriales, pero queda mucho por decir de lo que fue un verdadero ensañamiento contra la riqueza económica e intelectual que representaba Zaragoza en aquel momento.


-¿Has querido hacer una novela sobre una ciudad, sobre un amor imposible, sobre el odio, una novela de mujeres, sabias, de nuevo?

Todo a un tiempo, y algo más. Es una novela sobre el amor que narra la historia de muchos amores, como caras de un diamante que visto en su conjunto es una pieza total, el amor como origen de la maravilla y motor de la existencia, que además habla del esplendor olvidado de una ciudad que también amaba la vida en la expresión de su belleza como ciudad. El odio, la traición, la envidia, son los aspectos sombríos inevitables en el trayecto de lo humano, que acechan al amor como trabajos o escalones que han de superarse con valor, y que convierten en sabio a quien realiza su travesía. Las protagonistas de esta novela son sabias porque han aceptado el reto de amar y alcanzar el conocimiento a través del amor.


-Vayamos con los personajes... ¿Por qué las mujeres de los Santángel arrastran una maldición?

Los judeoconversos tuvieron que demostrar la sinceridad de su fe constantemente, y aun así fueron siempre objeto de sospecha y de recelo, como los miembros de la familia Santángel. En la novela se añade a esta desconfianza sobre su apellido la propia historia pasada de las muchas mujeres Santángel ajusticiadas por la Inquisición, por motivos que parecen más relacionados con su condición femenina que otra cosa.


-Una de las cosas que más llaman la atención del libro es la multiplicidad de voces e incluso la presentación del texto, en redonda y en cursiva... ¿Querías crear una polifonía de voces, de puntos de vista, de visiones femeninas?

Son tres voces narrativas las que cuentan una historia total, donde están entretejidas sus propias historias personales, que avanzan desde lo interior a lo exterior hasta completar todo lo que debe ser contado. La tercera voz se descubre al final. Las dos voces principales son Brianda de Santángel y la morisca Perla. He querido hacer un juego de tres voces como tres son las caras de las columnas del Patio de Venus, el patio de la Casa de la familia Zaporta, alrededor del cual transcurre la novela y he construido sus claves desveladas.


-Brianda de Santángel llega a Zaragoza en 1559 y morirá en 1570. De manera sencilla, y sin desvelar, cómo dirías que es, cómo la has querido retratar.


Brianda  es una joven de gran sensibilidad, sobrina de Sabina de Santángel, y viene desde Valencia como institutriz de la hija pequeña de su tía, la niña Leonor.  Brianda vivirá una intensa pasión con Luis Zaporta, el primogénito de su tío, que sirve de hilo conductor para desentrañar los misterios que envuelven la construcción del Patio de Venus, parte central de la mansión de los Zaporta,  y comprenderlo como un templo dedicado al amor y  los amantes. Brianda se parece mucho a la hermana de Sabina, muerta de adolescente, y eso hace que entre ellas se entable una relación especial de memoria restaurada y segundas oportunidades que nos va descubriendo el verdadero motivo de la presencia de Brianda en Zaragoza, relacionado con el destino de todas ellas.


-Es muy importante la complicidad entre las mujeres. ¿Es especial la amistad femenina?

La Casa de los Dioses de Alabastro recrea el universo femenino de las mujeres que conviven en la Casa Zaporta, Sabina, Perla, Brianda, la niña Leonor, Blanca, la pariente de Gabriel…, pero también de las otras mujeres que habitan su memoria.  No se habla de amistad femenina, sino de algo más profundo e intangible: ellas comparten un destino que las obliga a reconocerse, cada cual en su misión insoslayable en relación a lo que tiene que ocurrir.


-El amor está muy presente, al menos en tres historias. ¿Sabría Magdalena Lasala hacer una novela sin amor? ¿Qué significa para ti el amor?

Esta es una novela que parte del amor como elemento primordial para explicar la construcción de la Casa Zaporta, espejo del esplendor de la Zaragoza renacentista, y que utiliza el amor como vehículo para recrear todas las historias de amantes que giran alrededor de una trama muy intensa  que sólo al final se desvela, y que implica a la historia más íntima y primordial del simbolismo zaragozano.  Hay muchas historias de amor en La Casa de los Dioses de Alabastro, porque es una novela de amantes, esencialmente. Amantes que guardan y entienden el amor como un secreto que alumbra desde la oscuridad.  El amor es inacabable como camino de conocimiento y de experimentación,  así lo vivo y lo entiendo.


-Vayamos por partes: una de las historias  sugeridas, es la de Gabriel Zaporta y su segunda esposa Sabina: él decide hacerle un regalo maravilloso como el Patio de la Infanta.
Gabriel Zaporta  mandó construir como regalo de bodas para Sabina de Santángel una casa palaciega a la moda italiana siguiendo los cánones de la época, pero a la que añadió claves que sólo se han descubierto con el paso del tiempo: las ocho columnas de alabastro del maravilloso patio es una carta astral del día de su boda: 3 de junio de 1549.  Hay muchos otros secretos esculpidos en esa maravilla que hoy podemos admirar, rescatada de la demolición en 1903 del resto de la casa, y que se conoce como Patio de la Infanta.  Zaporta se ayudó de eruditos como Miguel Violante para contratar a artistas e inspirarse en motivos librescos de la época, demostrando su gran cultura intelectual y su osadía económica. Pero Sabina fue la gran inspiradora. Gabriel estaba profundamente enamorado de ella.


-Otra determinante y enigmática historia de amor es la de Perla y Jabir, el escultor y sabio... ¿Sería como la segunda novela del libro, capital, la más libresca también, la clave del misterio?


Jabir es un personaje que late a través de toda la novela desde el legado de sus profecías y desde su memoria proscrita, pero es el que conoce el secreto desde el principio, aunque sólo lo podemos descubrir al final.  Igual que Perla, su amante, la que es depositaria de su legado y,  a su pesar, tiene que sacarlo a la luz.  No se sabe quién fue el escultor de las maravillas que están talladas en el Patio  de Venus (o de la Infanta), por eso tuve que crear un personaje que diera explicación a esa incógnita, y es Jabir, mudéjar, nigromante y astrólogo, escultor de los símbolos de la casa Zaporta, que se negó a la conversión y fue asesinado por un complot.  Su amante, la morisca Perla, arrastra el peso de su recuerdo y vivirá su amor más allá de la muerte, descubriendo las profecías que afectan a Zaragoza, a la casa Zaporta y todos sus miembros.

 


-La parte central es la de Brianda y Luis. Una historia de amor imposible, pero no por ellos, sino por la envidia y la Inquisición ¿no?

El amor entre Luis y Brianda está marcado por el destino, igual que el fin de la estirpe de los Zaporta, e igual que la belleza de las mujeres del apellido Santángel. El amor entre Luis y Brianda  es inmortal, y para eso, a veces, tiene que ser imposible en lo terrenal.  Todo lo que ocurre alrededor de su amor, sin embargo, es intenso y muy hermoso, inevitable y motivo de la inmensa envidia de sus enemigos. Su historia es una promesa de eternidad.


En realidad, con esta novela ¿has querido hacer un gran homenaje al Patio de la Infanta y sus enigmas?

Comprendí que mi homenaje a Zaragoza tenía que ser a través de expresar los sentimientos que me produce el Patio de la Infanta. Hoy se llama así a lo que fue patio y parte central de la Casa Zaporta, construida por el mercader judeoconverso y noble de Aragón Gabriel  Zaporta, tesorero del emperador Carlos.  Se llama Patio de la Infanta porque Teresa de Vallabriga vivió en la Casa Zaporta desde 1793 hasta 1820; el pueblo zaragozano la quería mucho y ya para siempre identificó el patio con ella,  hoy lo vemos en la sede central de IberCaja.   Desde hace veinte años ese lugar ha ocupado una parte de mis obsesiones, he respirado sus misterios hasta comprender que necesitaba escribir sobre él, su origen, su memoria, su secreto recóndito…  Ese patio es llamado “espejo” del esplendor renacentista zaragozano.  Pero además lo siento algo mío, cada día me emociona más. Saturno, Apolo, Mercurio, la Luna, Venus, Marte, Júpiter, sus columnas de tres caras me susurran y yo las escucho.


Hay varios malos: Blanca Ramírez y el jurista Gaspar de Aliaga, próximo a la Inquisición. Parecen malos de película, antagonistas feroces de Brianda ella y de Luis Zaporta, él.

Sí, son muy poderosos, además. Representan a los enemigos de lo que todos desearíamos, que el amor sea el victorioso en la contienda entre la luz y la oscuridad.  Pero son muy humanos, encarnan capacidades humanas como la envidia, la ambición, la rabia o la maldad. En el Patio hay representados además de los planetas y los medallones de amantes, los vicios y virtudes que son connaturales a lo humano. El lado sombrío también forma parte de la vida, y los personajes antagónicos son necesarios para simbolizar esa lucha entre el bien y el mal.


También hay un enigma y un libro secreto... ¿Hay algo de verdad o es invención?

Lo tiene que descubrir el lector…


Por cierto, tal como se sugiere en uno de los capítulos más narrativos (el de la Inquisición con el cura y Gaspar y Gabriel), ¿podría ser el Patio de la Infanta un desafío a las convenciones de la iglesia o de la Inquisición?

Sí, sin duda. La belleza excesiva o suntuosidad se consideraba pecado de soberbia y había un edicto promulgado por el rey Felipe II contra los lujos de infanzones y mercaderes adinerados que pretendían imitar, según indicaba, lo que sólo a él le correspondía. Precisamente en Zaragoza, ese edicto fue desoído, lo que molestaba profundamente a los cargos eclesiásticos y emisarios reales. Ese capítulo al que alude tu pregunta es esencial en el desarrollo de la trama, porque plantea la relación de elementos decisivos para la conclusión final del enigma en torno al Patio de Venus y sus moradoras.  

 

*Las fotos son de Columna Villarroya y de Vicente Almazán.

 

LAURA FREIXAS: DEL DIARIO ÍNTIMO

LAURA FREIXAS: DEL DIARIO ÍNTIMO

[Laura Freixas (Barcelona, 1958) presentaba ayer en la librería Cálamo su nuevo libro, ‘Una vida subterránea. Diario 1991-1994’, que publica el sello Errata Naturae de Madrid. He aquí una entrevista sobre el libro y la concepción de su concepción de la escritura. Un amplio fragmento de este texto se publicó en Heraldo.es]

 

¿Por qué y para quién se escriben los diarios?

 El diario en un primer momento se escribe para una misma, para saber dónde está, quién es, para definirse, aunque en realidad ese definirse no es tanto descubrir cómo crear la propia identidad. Claro que quienes somos escritoras profesionales sabemos que es posible que ese diario salga a la luz alguna vez. Existe el riesgo de que eso falsee y limite la escritura. A mí ese riesgo me preocupa -he leído demasiados diarios obviamente escritos pensando en el público, y su falsedad, su composición de un "personaje", me irritan bastante-, y  mi manera de evitarlo es dejar un margen muy amplio entre la escritura y la publicación: un margen de tiempo (veinte años) y un margen de contenido, es decir, la posibilidad que me doy a mí misma y que uso de escribir primero con toda libertad, pero quitar luego, para la publicación, algunas cosas excesivavmente íntimas o que conciernen a terceros o juicios muy duros, etc.

 

Dices en el prólogo que “el diario es un género en la frontera, en el filo de la literatura: eso lo hace paradójico y, para mí fascinante”. En el texto mismo, también lo calificas de intimista. ¿Cuál es el ese misterio del diario? ¿Es o no es literatura?

 Precisamente uno de los atractivos, para mí, de la literatura, es que sus fronteras son fluctuantes, y que quienes escribimos podemos empujarlas. Los géneros establecidos -novela, cuento, ensayo, poesía...- tienen la ventaja de ofrecer una estructura bastante prefabricada, pero eso, que es una facilidad, les da también un punto previsible, impersonal. Yo intento hacer cosas diferentes: por ejemplo publicar mi diario, algo que hacen poquísimos escritores y casi ninguna escritora, al menos en nuestro país. Es un diario también diferente en la medida en que mezcla la materia tradicional de los diarios de escritores -que hablan de libros, de ideas, de la vida literaria...-, con temas raramente tratados en ellos, como la maternidad.

El diario está fechado entre 1991 y 1994, y responde a un periodo de incertidumbre, de búsqueda, de fragilidad. ¿Veías así tu vida?

 Sí, fue una época difícil, aunque vista desde fuera no lo parezca. Tenía una buena situación profesional, económica, personal... pero lo que para mí ha sido siempre lo más importante: mi identidad de escritora, estaba en entredicho. al releerlo me ha sorprendido cómo me hería entonces, a los 30 y tantos, el paso del tiempo, mientras que ahora, con 54, no me duele en absoluto.

¿En qué medida es un texto sobre la vocación literaria?

 Evidentemente es uno de los principales temas, si no el principal, del diario, porque lo es de mi vida. El otro gran tema son las relaciones personales, que en esa época se concretaban en el deseo de tener hijos.

Hay dos cosas curiosas: reflexionas mucho sobre la escritura de una novela y el embarazo, la necesidad de ser madre. ¿Se parece el acto de creación a la maternidad?

 Se parecen mucho, ambos son un deseo de crear algo que lleve la marca de una, aunque los libros son de una más que los hijos, que se hacen independientes y se pertenecen a sí mismos. Yo quería ser escritora más de lo que quería ser madre. De no ser madre me habría consolado; de fracasar como escritora, jamás, habría sido una tragedia. 

Dices: “Estoy desesperada con la novela”. ¿Era para tanto?

Hoy veo que un libro más o menos no es tan importante. Me obsesioné con ese porque ser escritora fue siempre el gran sueño, la mayor aspiración, de mi vida, y terminar esa novela y verla publicada era como el primer obstáculo con que me encontraba, si no lo saltaba no sabía si iba a poder seguir.

¿Es un libro, en cierto modo una novela, sobre la incertidumbre del creador? Por ejemplo, tras leer a José Donoso, constatas que “ni siquiera los escritores –los buenos, quiero decir- son invulnerables a la mediocridad y al fracaso, a la vez, a la vulgaridad, a la fealdad”...

Sí, está bien visto, es un libro sobre las dificultades de todo tipo -no sólo técnicas o de disciplina de trabajo, sino sobre todo, como tú dices, de incertidumbre- que comporta la creación. Supongo que una de las condiciones para conseguir algo en la vida es no idealizarlo demasiado (como intentaba hacerme entender mi psicoanalista), y esa lección de realismo de Donoso me vino muy bien.

En aquellos momentos la sociedad la literaria parecía no interesarte mucho...  dices, por ejemplo, que conocen las novelas de autores como Marías, Benet, Millás, Muñoz Molina..., pero “sus personas físicas me resultan, en comparación con ellas, prescindibles, irreales y hasta un poco irritantes; me estorban”. ¿Sigues pensando lo mismo?

Pues un poco sí, pero no es culpa de nadie, sino mía: me siento torpe en la vida social, o socioprofesional, supongo que por eso trabajo sola en mi casa y no formo parte de ningún cotarro, aunque con el tiempo me hecho algunas, pocas, amistades en el mundo de la literatura.

Por cierto, entre los escritores que salvas claramente figuran tres: Virginia Woolf, Carmen Martín Gaite y Mercè Rodoreda. ¿Qué les debes?

 Les debo dos cosas: una, un modelo personal de cómo ser escritora, algo que no es tan fácil ni obvio como algunos creen; dos: una literatura con personajes femeninos ricos, variados, creíbles. 

¿Qué queda de una colección como El espejo de tinta?

Dio a conocer a autoras y autores que nunca se habían publicado en España (Elfriede Jelinek, Amos Oz), difundió a otras que habían pasado desapercibidas (Clarice Lispector, Jean Rhys), puso de moda los libros de cuentos colectivos (con Cuentos eróticos, Cuentos de terror...) y fue, que yo sepa, la primera en tener una línea sostenida de memorias y autobiografías(Paul Bowles), epistolarios (SYlvia Plath, Marina Tsvietáieva con Rilke y PAsternak, Emily Dickinson...), diarios (Joe Orton). Y como se desprende de los ejemplos que he dado, fue una colección muy paritaria, con  muchas escritoras, aunque no lo hice deliberadamente: entonces no tenía la conciencia que tengo ahora de lo desigual que es la cultura reinante; simplemente publiqué a autoras que me gustaban.

 ¿Por qué en algunos casos dices los nombres de verdad y en otros lugares los enmascaras?

Pongo los nombres auténticos cuando se trata de personas públicas a las que muestro en su faceta pública. Si se trata de personas públicas en su faceta privada, o de personas privadas, he aplicado distintos criterios a la hora de poner o no sus nombres: o bien les he preguntado directamente, o he juzgado por mí misma si les gustaría o no  lo que digo de ellas o ellos.

¿Por qué escriben tan pocos diarios las mujeres?

Porque el sexismo sigue muy vivo aunque ya nadie lo defienda explícitamente, y una de las muchas normas sexistas tácitas es que una mujer se debe ante todo a sus relaciones personales, al ámbito privado; cuando expone su intimidad en una obra literaria, se la ataca, se la ridiculiza, se la rebaja... No hay más que ver lo que ha dicho la crítica, o cierto público, del diario de Susan Sontag o de las obras autobiográficas de Annie Ernaux o de las novelas y la persona de Lucía Etxebarría. 

Al releer el libro, al prepararlo para la edición, ¿cómo te has visto, en qué has cambiado?

Me ha sorprendido verme tan deprimida. Fue una época difícil, de soledad -tenía pareja, pero acababa de llegar a Madrid y no tenía amistades ni relaciones profesionales- y de doble esterilidad, literaria y en cuanto al intento de ser madre. Me siento mucho más alegre, vital, tranquila, y en definitiva feliz, hoy en día.

Tomo la portada de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-aeb7f8b251cb253d4407771a7249c929.png

Y la última foto de Laura Freixas de aquí:

colorpalabras.blogspot.com

LA MAZA: AUTOEDICIÓN EN ZARAGOZA

LA MAZA: AUTOEDICIÓN EN ZARAGOZA

La MAZA (I Muestra de Autoedición Zaragoza-Armas) 

24 al 26 de Mayo de 2013. Plaza Interior de Las Armas. 

[Información de El Calotipo y El Armadillo Ilustrado]La MAZA es la primera Muestra de Autoedición de Zaragoza, un escaparate para la difusión y el conocimiento del mundo del libro de pequeña tirada. Con ella pretendemos divulgar y profundizar en el trabajo que hay detrás de publicaciones independientes de libros, fanzines y obra gráfica. La MAZA consiste en una feria para la venta de originales y una amplia programación de charlas, talleres y exposiciones, dirigida tanto a público adulto como infantil y cuenta con la participación de profesionales en las materias. Durante los 3 días que tiene de duración esta muestra, se ofrecerá contacto directo con autores, ilustradores, editores y creadores de estas publicaciones, que normalmente surgen al margen del sector editorial tradicional. 

 

La MAZA se desarrollará durante 3 días (24,25 y 26 de mayo) en la Plaza Interior de Las Armas y su entorno. Esta propuesta cuenta con el apoyo del Plan Integral del Casco Histórico, la Galería de Arte San Cayetano 3 o el Albergue Juvenil Municipal de Zaragoza sito en calle Predicadores, entre otros. Además, esta primera edición de La MAZA cuenta con un patrocinador de lujo, la conocida marca de papel FEDRIGONI.

 La Asociación de Industrias Creativas y culturales de la calle las Armas y Entorno organiza esta actividad, impulsada por 2 de sus miembros, la librería El Armadillo Ilustrado y el taller de estampación artesanal El Calotipo.

El evento contará con varias actividades dentro de la programación (ver dossier de prensa):

· Feria para la venta de originales en la Plaza interior de Las Armas, a la que asistirán editoriales independientes de Zaragoza, Madrid, Valencia, Barcelona o Italia, entre otros.

· Charlas en el interior del CMA Las Armas, con participantes de lujo como el diseñador e ilustrador Isidro FerrerElisa Arguilé o la artista chilena Javiera Pinto Canales.

· Talleres en torno a las Artes del Libro enfocadas a público adulto e infantil.

· Exposiciones que podrán ser visitadas en los locales de Las Armas, la Galería de Arte San Cayetano 3 o la AA.VV. Lanuza-Casco Histórico.

 

 

Desde la Asociación de Industrias Creativas y culturales de la calle las Armas y Entorno queremos con esta actividad, fijar un encuentro anual que se afiance y haga de este entorno y de nuestra ciudad, un punto de encuentro para los mejores creativos en torno al mundo del libro.

 

Zaragoza, 20 de Mayo de 2013

 

Asociación de Industrias Creativas y culturales de la calle las Armas y Entorno.

hola@lasarmas.es

 

*La foto de Carla Nicolás, una de las promotoras del evento, es de Primo.

CARLOS MANZANO: UN CUENTO

CARLOS MANZANO: UN CUENTO

El narrador Carlos Manzano me manda esta nota: “Estos días voy a publicar un nuevo libro, en este caso de relatos, con Editorial Certeza. El libro se llama ‘Estrategias de supervivencia’ y será presentado en Madrid el próximo viernes 24 de mayo en el cibercafé-librería El dinosaurio todavía estaba allí (c/ Lavapiés, 8). También tenemos previsto presentar el libro en Zaragoza durante la celebración de la feria del libro, aunque a día de hoy todavía no conozco la fecha concreta".

 

La sinopsis del libro es la siguiente:

 

«La gente adapta su comportamiento a las condiciones externas para poder hacer factibles sus objetivos y ambiciones. En eso ni más ni menos consiste vivir», dice uno de los personajes del relato que da título a este libro. Esa es, quizás, una de las muchas maneras en que podemos describir la experiencia de la vida. Los cuentos que componen Estrategias de supervivencia presentan una serie de personajes que, si bien no se ajustarían al patrón de ciudadanos modélicos y responsables que todos podemos tener en mente (¿alguno de nosotros lo haría?), comparten muchos de los miedos y obsesiones que rodean nuestra existencia, a la que cada cual hace frente como puede. Desde esa perspectiva, vivir también podría entenderse como un continuo ejercicio de aprendizaje, algo así como la famosa estrategia de prueba y error puesta en práctica cada día. Pero vivir es también responder a diferentes estímulos y condicionantes: decidir, pensar, sentir, ser, incluso abandonarse. Y, en cualquier caso, vivir será siempre un ejercicio tan inexplicable como insoslayable.

 

Te hago llegar también un archivo con uno de los relatos que forman parte del libro, ‘Una historia del Japón’. En este relato se habla de uno de los fotógrafos japoneses contemporáneos más afamados, Nobuyoshi Araki. Aunque supongo que no es necesario, me permito señalarte una página donde aparecen algunas de las fotografías a las que se hace referencia en el relato: http://www.anothermag.com/current/view/2130/Nobuyoshi_Araki_Bondage

[A él pertenecen estas fotos]

 

UNA HISTORIA DEL JAPÓN

 

© Carlos Manzano

 

A Sasaki le gustaba la cerveza; de hecho, uno de sus mayores y más inocentes placeres era entrar en un bar a la salida del trabajo y tomarse una refrescante cerveza sin otra finalidad que disfrutar de su aroma y su sabor, libre de preocupaciones y a salvo de cualquier obligación. Su marca favorita era Asahi, una cerveza de producción nacional cuyas oficinas se encuentran, además, a un paso del pro­pio barrio donde vive, Asakusa. Precisamente una de las imágenes más típicas que pueden tomarse desde Asakusa es la que ofrece la silueta del edificio —con ese aire un tanto chabacano de escultura de Miró venida a menos— recortándose sobre el cielo al otro lado del río Sumida. A Sasaki le gus­taba esa ima­gen, y le gustaba mu­cho contemplarla cada vez que salía del metro, cuya pa­rada que­daba a poca dis­tancia de su casa. Sasaki se creía afortunado por vivir en Asakusa. La mayor parte de sus compañeros se veían obligados a realizar a diario largos y penosos desplazamientos de hasta más de una hora para acudir al trabajo. Él, no; él vivía cómodamente instalado en uno de los barrios más antiguos de Tokio. En ese sen­tido, podía considerarse un privilegiado.

Hoy había tenido un día bastante movido. Por la mañana, como casi siempre, había debido asistir a una reunión del Departamento de Ventas para tratar los mis­mos temas que ya fueron tratados el día anterior y que probable­mente lo serían también el siguiente. Era im­portante, en cualquier caso, no dejar nada a la improvisa­ción, aclarar con­cep­tos y unificar criterios para que el buen funciona­miento de la em­presa no se viera perjudi­cado por acciones incorrectas de los em­plea­dos y evitar las decisiones guiadas por el mero cálculo de proba­bili­dades o el pre­sentimiento, la mejor ma­nera de caer en el descon­cierto de la es­pontaneidad. Sasaki lo comprendía perfectamente, de modo que acu­día a aque­llas reuniones matutinas con la mejor dispo­sición, sin cues­tionarse ni por un se­gundo su validez.

Lo peor del día había sido sin duda alguna la co­mida con el señor Kinashita, uno de sus mejores clientes pero también un tipo tosco y rudo con el que no resul­taba nada fácil congeniar. Kinashita tenía la mala costum­bre de hablar demasiado alto a la vez que movía los bra­zos de un lado a otro, como si fuera un molinillo mal ajustado. Tampoco se privaba de expresar opiniones per­sonales so­bre aspectos que debían pertenecer a la intimi­dad de cada uno y le gustaba hacer bromas obvias y de mal gusto sobre casi todo, en especial sobre las mujeres, por las que, según había creído observar Sa­saki a lo largo de las muchas comidas celebradas, no parecía sentir de­masiado aprecio. En una oca­sión, incluso se había permi­tido aconsejarle al propio Sasaki los servicios de cierta jovencita bien dispuesta y muy complaciente que él mismo solía frecuentar a menudo.

—Se lo digo con absoluta sinceridad, Sasaki-san, uno debe también de vez en cuando darse una buena alegría, no todo van a ser obligaciones, hágame caso.

Sasaki estaba casado pero no tenía hijos. Su mujer, Hitomi, tenía no sé qué problema de ovarios que le im­pedía quedarse embarazada. No es que eso a Sasaki le importase demasiado, pero tener un hijo es algo que siempre está bien visto, ayuda mucho a la hora de ocupar el espacio social co­rrespon­diente, sobre todo ahora que algunas empresas estaban promoviendo el estableci­mien­to del llamado «Día de la familia», es decir, la reduc­ción de la jornada laboral un día a la semana para que los em­plea­dos pue­dan pasar más tiempo con sus esposas y en­gendrar más vástagos. Él, Sasaki, si esa medida fuera im­plantada en su empresa, también se beneficiaría de ella, porque nunca había dicho a nadie que su mu­jer no era fértil. Era un asunto que pertenecía a la más absoluta in­timidad.

Tras la fastidiosa comida con señor Kinashita, al regresar a la oficina se había encontrado con una grata sorpresa. Un mensajero había traído un paquete para él. Sin necesidad de abrirlo, Sasaki supo lo que contenía: se trataba de un libro ilustrado del artista Nobuyoshi Araki, uno de los fotógrafos más reputados de Japón. Sasaki admiraba a Araki, le gustaban mucho sus fotografías, sobre todo las que giraban alrededor de uno de los temas predilectos del artista: las imágenes de jóvenes atadas y desnu­das en actitud de total indefensión. El libro llevaba por título Araki by Araki: The Photographer’s Per­sonal Selec­tion, y lo había adquirido a través de Internet en una im­portante libre­ría digital que sirve a todo el mundo. Nunca había tenido un libro de Araki en las manos, así que lo desenvolvió muy despa­cio, como si temiera dañar grave­mente su contenido, y después fue pasando las hojas una a una con extrema delicadeza, en busca de esas imágenes exquisitas y sugerentes que tanto le fascinaban.

Había mucha gente que se escandalizaba al ver las fotografías de Araki. Eran duras, de eso no había duda, y también explícitas, pero no por ello dejaban de ser her­mosas, equilibradas, producto de una mirada en absoluto perversa, sino más bien directa, sin intermediaciones mo­rales, pero siempre res­petuosa y honesta. En una ocasión había oído decir que algunas de las modelos que Araki utilizaba eran jovencitas a las que sus propios padres habían llevado al estudio del artista para que las foto­gra­fiara. A Sasaki, la verdad sea dicha, le extrañaba mucho que hubiera algo de verdad en esa le­yenda, pero nunca se sabe, a veces lo más inverosímil acaba descubriéndose real. Él, al menos, si hubiese te­nido una hija, nunca la hubiera llevado al estudio de Araki. Sobre todo porque no era des­cabellado pensar que alguien podría reconocerla.

Dejó el libro en un cajón de la mesa del despacho y con­tinuó con su trabajo. Todavía le quedaba una larga jor­nada laboral por delante. Ya tendría ocasión de hojear el libro con más tranquilidad cuando saliera de trabajar. Además, le hubiera resultado humillante que alguien en­trara en su despacho y lo viera mirando el libro. Era pro­bable que supiera quién era Araki y eso, seguramente, le haría pensar mal de él. Mejor ahorrarse complicaciones.

 

 

Unos días después, Sasaki está sentado a la barra de un bar mientras se toma tranquilamente una cerveza. Lo de tran­quilamente es un decir, porque está un poco nervioso. A estas horas debería estar trabajando, pero se ha inven­tado una falsa cita con un cliente para salir del despacho antes de hora. Sabe que se juega mucho, si se enteran de que es mentira, no se lo van a perdonar: la traición a la empresa es uno de los pecados más graves que puede co­meter un em­pleado. Y él ha traicionado la confianza de sus jefes, los ha engañado. En ese aspecto, está profunda­mente dolido: sabe que ha actuado mal. No en vano, han sido muchas horas de darle vueltas y más vueltas en la cabeza, de dudas y vacila­ciones, de miedos y recelos, de muchas preguntas y pocas respuestas. Pero después de todo aquí está, lo ha hecho; se ha dejado lle­var por el corazón, ha sucum­bido a lo que de verdad deseaba y no a lo que le dictaba su sentido del deber. Al final, se ha atrevido a marcar el número y, a partir de ese instante, todo ha sucedido casi sin querer, con una precipitación extraña, como si hubiera actuado movido por un impulso externo a él, por una fuerza extraordinaria ajena a su vo­luntad.

No sabía nada de ella salvo lo que le había con­tado Kinashita: que no era una profesional y que lo hacía para permitirse algunos caprichos. Y que se llamaba Ko­haru. Le había gustado mucho, eso sí, oír el tono dulce de su voz a través del móvil. Ya solo con eso se había exci­tado un poco. Fue a par­tir de entonces cuando se con­venció de que debía llegar hasta el final.

Sasaki paga la cerveza y sale en dirección al hotel, que está al otro lado de la calle. Es un típico hotel del amor, con ese decorado exterior excesivo e indiscreto que a casi nadie parece ofender. Pero a él eso le da lo mismo, lo importante es la discreción. Tras alguna pequeña duda, reserva la habita­ción por noventa minutos. Más que sufi­ciente. Además, tiene que regresar a la oficina para que na­die sospeche los motivos reales de su ausencia. Quizá para una segunda ocasión se permita reser­var por más tiempo. Antes de subir, informa de que en unos cinco minutos vendrán preguntando por él. El recep­cionista toma nota con la mayor naturalidad del mundo y le de­vuelve una sonrisa cordial.

La habitación que ha elegido no es de las más es­trambóticas. Predominan los tonos violetas y rosas, aun­que lo que le ha inclinado a escogerla son los motivos infantiles que la decoran. Eso, piensa un tanto ingenua­mente, tal vez ayude a crear una atmósfera amable y dis­tendida, menos tensa en cual­quier caso. Se olvida de que, aunque para él es la primera vez, ella ya ha hecho esto en más ocasio­nes. De todos modos, a Sasaki le gustan los ambientes infantiles, así que la elección no le parece inade­cuada. Nada más entrar en la habitación se quita la ropa de calle y se viste con uno de los yu­kata que hay ex­tendidos sobre la cama. Así, la espera se le hará más có­moda. Además, sentir sus órganos libres, emancipados, fuera de ataduras, le produce cierto alivio.

Cinco minutos después de la hora convenida lla­man a la puerta. Sasaki se incorpora y abre. Una her­mosa jovencita aparece al otro lado. Es más atractiva aún de lo que había imaginado. No obs­tante, le parece un poco tímida, lo cual le excita aún más. Ella pasa a la habitación y él cierra la puerta. La mira un poco por encima, aunque sabe que mirar directamente a una mujer es una des­corte­sía. No importa, es la prerrogativa del que paga: tiene derecho a mirar, puede mirar sin ningún impedimento, mirar hasta que se canse. Kinashita le aconsejó bien: Ko­haru es encantadora, lo más hermoso y delicado que ha visto nunca. Pero, sobre todo, Sasaki agradece el detalle de que haya venido vestida con su uni­forme de colegio.