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Antón Castro

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

El historiador y director de las PUZ, hoy en Diálogos en Cautividad

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/12/pedro-rujula-en-el-pasado-la-gente-vivia-la-epidemia-como-una-amenaza-cotidiana-y-ciclica-1369158.html

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD



PEDRO BOSQUED. Farmacéutico y escritor



La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado”



 Pedro Bosqued (Zaragoza, 1970) es farmacéutico y escritor y crítico literario. Es autor de ‘Pieles de Italia’ (Confuencias). Vive la pandemia con serenidad y dolor desde su farmacia.

-¿Cómo está viviendo estos días, cada vez más largos, de coronavirus?

-Por decirlo con suavidad, como una de esas épocas de junio llenas de exámenes y ninguna certeza. Con franqueza, como un algodón que absorbe tantas reacciones humanas a un solo hecho nunca visto antes por nosotros.

-Así, de entrada, como farmacéutico y como escritor, ¿qué reflexiones ha hecho? ¿Vivimos un castigo bíblico o divino?

-Que nada es imposible, que lo que suceda es naturaleza, pase o pese lo que pese. Como dice mi amigo el catedrático de historia Enrique Solano, ahora es cuando habla la historia y cae con todo el peso que tiene. Implacable. A lo mejor por eso existe la historia divina o la bíblica o la sanitaria o…

¿Qué le conmueve, cómo cambia la actitud de la gente, cómo percibe la psicosis?

-Me conmueve que ahora haya tantas dudas fruto de la incertidumbre y que curiosamente son bien compensadas por la certeza de los profesionales sanitarios, en que lo que solo y siempre cabe, es la lucha por la salud. La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado, hasta la de los que se mueven por las estanterías de los supermercados. La psicosis consume mucha energía, y a la vez, hace que más personas, al llegar a la cama, de verdad necesiten reposar.

-¿Ha indagado en fenómenos semejantes del pasado a través de la literaria o la farmacia?

-Sí, en la literaria, hay muchas, nadie puede obviar ‘La peste’ de Albert Camus, un humanista por encima de lo exterior. En la farmacia, por lo que me toca, mi bisabuelo, Juan Ramón Bosqued, que fue hijo adoptivo de Aguarón y reconocido por la Diputación Provincial por su contribución en la epidemia del cólera en 1885. Hay muchos más e importantes, e invito a buscarlos a los lectores, les ampliará las miras, ahora que hay más tiempo.

-¿Le parece que, en algún momento de la historia, más allá de las grandes guerras, ha sido tan evidente la fragilidad, la vulnerabilidad humana?

-Quizá en cosas tan suaves como la venida de los Reyes Magos, puede sonar a inocentada; pero sabernos tan vulnerables, ayuda a ello, más que el mejor regalo de la noche de Reyes. Pero una vez pasados los Reyes, es evidente que la vulnerabilidad tiene un peso en nuestra mochila que tenemos que aprender a llevar. Y se puede. O por estar siete años en Segunda, no puede subir ya el Real Zaragoza.

-¿Qué significa para un escritor la reclusión forzosa?

-Darte cuenta una vez más que la realidad supera a la ficción, y por eso así nos va a los que creamos la ficción. También puede ser un deseo hecho realidad, la oportunidad única para dar aliento a los demás sin saberlo, y siempre, la capacidad de ir más allá, de comprender algo más y al ponerlo en líneas, ofrecer a los demás nuevas puertas que ayuden sin saber que estaban ahí esperando a ser franqueadas.

-¿Qué casos le conmueven más de escritor en cautividad: Cervantes, Shakespeare, por la peste, Genet, Oscar Wilde, González Ruano, Marcos Ana…?

-No es justo elegir, pero sin duda, si la gente conociese bien la vida de Cervantes, apreciaría no solo más el Quijote, sino la categoría y capacidad de trabajo del autor. Si nada es casual, en este caso, es aún más manifiesto.

-Cuando hay pandemias como ésta, también se produce la superstición, la búsqueda del medicamento fetiche o talismán. ¿Ve que la gente quiere algo insistentemente porque lo ha oído, lo ha leído? ¿Ha cambiado la actitud de sus clientes-pacientes?

- Sí, casi siempre ocurre, ante las inseguridades, se abren ventanas que no tienen fundamento pero que dan una tranquilidad de alquiler, una tranquilidad hipotecada a la que acaba venciendo la razón, es cuestión de tiempo. Y sí que cambia la actitud, porque ante algo nunca visto, se necesitan nuevas referencias, algo de conocimiento que ayude a comprender lo que hace unas semanas parecía imposible. Y esa labor de los farmacéuticos de oficina de farmacia es necesaria, agradecida y reconocida por las personas. Ahora y a lo largo de la historia. Y eso da sentido al quehacer, reconforta. Como decía estos días Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía, cómo se disfruta de esos minutejos de comentario antes de despedirse al llevarte la medicina si hablas con el profesional que te lo ha servido. No he parado de advertir a mis contactos desde hace un tiempo de que venía algo que no habíamos visto nunca y ojalá no volvamos a ver. Pero estamos obligados a atravesarlo. No queda otra.

-¿Se venden más ansiolíticos?

-Más que eso, se piensa más en la ansiedad, curiosamente. Y eso aunque parezca un contrasentido, hace que la mente se ejercite más en reducirla.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

-Eso decían las autoridades sanitarias europeas, ahora es fácil decirlo. La cuestión ahora es, se hará si las circunstancias se repitiesen. La respuesta, sea cuál sea, la tenemos todos en la mente.

-¿Cuál es su opinión acerca de la respuesta del Gobierno, de los diversos pasos, se equivoca, acierta?

-En una pandemia como esta, aunque parezca irónico, es inteligente que el Gobierno deje a la Sanidad que tome el gobierno de la situación. Y lo más rico de una sociedad, es tener profesionales cualificados y entregados conocedores de lo que tienen enfrente. Los profesionales sanitarios saben bien lo que tienen que hacer, nunca se cansan de hacer el bien, lo que no siempre un Gobierno conoce.

¿Era posible pensar que en tiempos de internet y de tanta realidad virtual podía pasar algo así?

-Por supuesto, y se pone de manifiesto que gracias a internet y los demás medios que hace veinte años, por poner una fecha, no estaban; posibilitan seguir sabiendo en todo momento del otro, en espera de saldar los besos y abrazos aplazados. Llevo anotados en el debe mental un montón de abrazos pendientes.

-¿Ha recuperado alguna de sus pasiones o hobbies del pasado durante el confinamiento?

-Sí, algunas que parecían olvidadas. Por ejemplo, gracias a un amigo también enamorado del arte italiano, que cada día nos manda un documental con un paseo por los rincones de Roma. Ver cada noche la luz plena de la ciudad abierta a la gente antes de la pandemia, hace que irremediablemente piense en que esos tiempos volverán.

-¿Tiene miedo, estrés, agobio, cómo lo definiría?

-Miedo como en ‘Edipo Rey’, a queriendo ser inocente, llevar el contagio inconsciente y convertirte en culpable. Es imposible no sentirlo, es imposible que seas plenamente culpable. Pero es lo que tiene la pandemia y el virus, la invisibilidad, como los valores que de verdad nos alimentan y constituyen.

-Decía Muñoz Molina que este es el momento de los profesionales… ¿Tiene esa sensación de que ahora ya no nos interesa nada ese discurso grotesco de los charlatanes que antes nos parecía intrascendente pero lo consumíamos?

- Ese artículo de Muñoz Molina es delicioso, no me cansé de reenviarlo, por obvio, por sencillo, por claro. El pecado es que no sea así más veces. El regalo, que ahora los discursos vacuos se han mitigado y eso hace que consciente o inconscientemente, muchas personas busquen el conocimiento, aunque solo sea el del virus y las medidas preventivas. Ya es un gran paso alejado de la acera de la vacuidad.

-¿Cómo debemos encarar un tiempo así? Aunque sea solo por la idea de la supervivencia, ¿debemos afrontarlo con grandes esperanzas?

-Aceptando lo que ha llegado, asumiendo que lo podemos modificar para controlar el impacto, y esa es una esperanza de verdad sólida. Porque vendrán muchas cosas que creíamos sólidas y a la vuelta, veremos que se han licuado, pero otras, estarán y tendrán el sabor del primer turrón de navidad, inconfundible. Estos días cuando voy a trabajar en con las calles vacías, a veces, en una acera, hay un par de metros de baldosas a las que le da el sol. Entonces me paro, cierro los ojos, miro al sol, escucho el silencio de los coches, de las pisadas, la ausencia de ruidos, es otra música. No todo es malo, es una barandilla para apoyarse cuando falte el resuello.

-¿Qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

-Muchas, los clásicos siempre nos iluminan aunque no cejemos en el empeño de generar vanguardias, y una novedad que será un clásico y que los lectores de Heraldo bien conocemos, ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo. Pero al margen de las escritas, como me dijo hace muchos años el escritor Manuel Vilas, el hombre si hace falta, vivirá en Marte, se aclimata a todo. Sea o no el humor lo que impere.

-¿Para qué sirve el humor en una época así?

-Para dejar atrás la hiperventilación, sin ir más lejos. Para ver el lado humano de lo inhumano, sin ir más cerca. Para saber que volveremos a reír porque lo necesitamos más que el comer, sin ir más bebidos.

-Eres crítico literario y un lector incansable. ¿Podría recomendarnos tres libros que pueden cambiarnos un poco la vida?

-Con sumo gusto. Para quien quiera tomarse un caramelo, ‘Helena o el mar del verano’ de Julián Ayesta, nunca me cansaré de recomendarlo, se lo debo al escritor Eloy Tizón; creo que si me pidiesen un último deseo antes de morir, pediría un nuevo lector de este libro joya, tomémonoslo con un poco de humor. Para quien necesite ayuda, ‘Viaje alrededor de mi habitación’ de Xavier de Maistre, o de cómo sin salir de cuatro paredes se puede estar en cualquier mundo sin acabar loco, como también recomienda el lúcido de Enrique Vila-Matas, lleve las zapatillas de deporte que lleve. Y el tercero, es muy difícil, pero quizá simple. Ver reírse en cada capítulo a una octogenaria con las andanzas de Alonso Quijano y Sancho Panza, hace que el Quijote siga siendo imprescindible. ¿Cómo de duras serían las pestes antes del Quijote?

 

EL PINTOR PEPE CERDÁ: DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD

EL PINTOR PEPE CERDÁ: DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD

 

Pepe Cerdá: “¡Esto no es nada! Lo excepcional

es el confort y la seguridad de los últimos decenios”

 

El pintor y escritor reflexiona sobre la reclusión, la importancia del arte, la economía y ‘el día después’

 

 

Pepe Cerdá (Buñales Huesca, 1961) es un pintor que piensa y escribe, y se ejercita al óleo y a la acuarela, muy especialmente. Ha expuesto en la Lonja y en el Paraninfo y, con su trazo realista, que beben los clásicos y en la gran pintura del siglo XIX y XX (Sorolla, Pradilla, Sargent, Muñoz Degrain, Moreno Carbonero o Marín Bagüés), despliega su talento en el paisaje y en el retrato. Julio José Ordovás le dedicó una espléndida monografía: ‘Pepe Cerdá. Entre dos luces’ (Eclipsados).

¿Cómo vive estos días de confinamiento?

Con absoluta serenidad. Recuerdo al Stefan Zweig de su libro de memorias, ‘El mundo de Ayer’, en especial el del prólogo, en el que cuenta cómo su mundo, su vida, su identidad, se destruyó súbitamente y en varias ocasiones. Recuerdo a Fernando Fernán Gómez en la película que David Trueba y Luis Alegre rodaron entrevistándole, titulada ‘La silla de Fernando’, sobre todo cuando Fernan Gómez, anciano, les hace saber, no porque lo suponga sino porque lo sabe, cómo hacen saber los ancianos los asuntos importantes a sus jóvenes amigos, cómo los privilegios de inquilina viuda no le sirvieron a su madre para no ser desahuciada de su casa para albergar a un cura tras la guerra civil, fue tan fácil como cambiar la norma que protegía a su madre por otra que protegía al cura. Recuerdo las ‘Memorias’ de Arthur Koestler en las que cuenta como la vida le dio mil tumbos…

¡Veo que está bien acompañado de referencias!

Podría seguir citando a escritores: a Pla, a Quevedo, a Galdós, incluso a Cervantes o a Montaigne; todos cuentan en esencia lo mismo: la desesperanza y la fragilidad del individuo con respecto a la fatalidad política. La inutilidad práctica y consecuencias criminales de todo pensamiento revolucionario. Podríamos convenir que la práctica totalidad de la literatura habla de la lucha, condenada a ser perdida, del individuo contra el todo. En las épocas en las que la realidad se impone sobre el pensamiento único socialdemócrata y la cultura del confort como derecho, se ve lo frágiles que somos. La realidad siempre exagera.

¿Qué es lo que más le incomoda?

En realidad muy pocas cosas. El no poder ir a Francia sobre todo.

¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podía surgir un ente invisible y maléfico, como de película de ciencia ficción, que paralizase el mundo?

Los que tenemos el vicio de leer, sabemos que esto ha ocurrido con frecuencia. En realidad, lo inaudito es los más de 80 años que llevamos en España sin sobresaltos graves. Por esto, por no tener problemas reales, teníamos un montón de problemas imaginarios.

En una circunstancia como ésta, ¿es el tiemplo de los científicos y sanitarios, de los creadores, de los gobernantes o de la sociedad civil?

No me gusta el término ‘sociedad civil’. Da por supuesto que existe otra ‘sociedad’, la ‘no civil’. Es como en un rebaño en donde hay ovejas perro, pastor, burro y ganadero. La ‘sociedad civil’, en este símil, se supone que serían las ovejas. A mí ni me gusta ser oveja, ni perro, ni burro, ni pastor. Dicho esto, nuestras ‘élites políticas’, a mí me gusta más el término ‘élites extractivas’, muestran su verdadera cara cuando las cosas se complican. Es muy difícil estar en un partido político desde la independencia. A Picasso, cuando ingresó en el Partido Comunista, influido por Paul Éluard, le pusieron un comisario político en el estudio de la calle de les Grands Agustins, que, junto a su secretario Sabartés, velaba por el maestro. Lo cuenta de pasada Palau i Fabre en su libro ‘Querido Picasso’ (Ed. Galaxia Gutemberg, pag: 48, 49 y 50.). Este comisario preguntaba qué, quién, para qué, ideología, etc., de todo visitante.

¿A dónde quiere ir a parar?

Los partidos no aceptan mentes libres, tan solo intelectuales orgánicos. Basta tan solo ver cómo y qué pronto desaparecieron la mayoría los fundadores de partidos surgidos recientemente como Ciudadanos o Podemos.

¿Qué le conmueve de lo que ve, le cuentan o sigue por los medios? ¿Cómo percibe la psicosis?

Lo que más me preocupa es el afán delator de los ciudadanos que insultan a cualquiera que ven desde sus balcones sin saber por qué está en la calle.

¿Tiene la sensación de que su disciplina artística, la pintura, se había acercado a un fenómeno así o las múltiples enfermedades que ha tenido la historia del mundo?

Claro. Estoy pensando en Brueghel, en George Grosz, o en nuestro Goya. En realidad, casi todos los pintores importantes lo han hecho. Algunos más explícitamente que otros.

¿Qué respuestas da el arte a una situación como ésta?

El arte no da respuestas, se limita a constatar, a transmitir. Cualquier persona sensible se comunica con el autor y con la época de cualquier obra de arte del pasado con tan solo observarla sin prejuicios.

¿Le consuela algún artista especialmente, lo mira con más frecuencia, en caso de que lo necesitases o te apeteciese sin más?

Mas que artistas hay obras de arte. Cualquiera de las que me lo parece me vale. En mi caso, aguantarle la mirada al último autorretrato de Van Gogh o al retrato de ‘Inocencio X’ de Velazquez, o al escriba egipcio sentado del Louvre, me basta para entender íntimamente el oficio de pintor o escultor y la futilidad de la vida.

¿Cómo afecta el coronavirus al artista, de un modo particular?

Supongo que como a todo el mundo. A través de personas contagiadas de mi entorno de amistades, o la posibilidad de padecerlo yo mismo. La imposibilidad de viajar. Proyectos que se abortan. Lo dicho: como a todo el mundo.

¿Consume todos esos menús que ofrecen a diario los museos a través de la red?

No. Las obras han de verse en directo. Tengo una buena biblioteca sobre arte que consulto de vez en cuando para refrescar alguna pieza en mi memoria. También uso internet para lo mismo. Pero sabiendo que lo que veo es tan solo un vago recuerdo de lo que es.

¿Ha descubierto autores, líneas de trabajo, en alguna de esas búsquedas, desde esa contención que apunta?

Josep Pla decía que leyó vorazmente a los autores clásicos y a sus inmediatos predecesores, sobre todo franceses e ingleses, en su juventud. Después comenzó a leer a sus contemporáneos, y sobre éstos decía: “… siempre tenía la impresión de que ya lo había leído”. Algo parecido me pasa a mí. La novedad es tan vieja como el mundo. Cada vez estoy más convencido que la idea de progreso no es aplicable a las artes. Para mí todas las obras de arte, estén hechas en la época que estén hechas, son contemporáneas. Son como el uranio: emiten radiación durante milenios.

¿Considera que, en algún momento de la historia, más allá de las grandes guerras, ha sido tan evidente la fragilidad del ser humano?

¡Esto no es nada! Imagínese el gueto de Varsovia, o el cerco de Estalingrado, o los sitios medievales… Lo excepcional es el confort y la seguridad de los últimos decenios.

¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

En Facebook un pintor conocido, tan torpe como bienintencionado, me ha reprochado que es muy fácil hacer criticas “a posteriori”. Me ha recordado a aquél de un pueblo cercano al que nací que en los entierros exclamaba: “Este año se está muriendo gente que no se había muerto nunca”. Las dos afirmaciones son igualmente absurdas. Tan absurdo me pareció el 8M, como el mitin de Vistalegre. Absurdo, inoportuno y, desgraciadamente para alguno, letal. Una muestra de la disociación entre el sentido común, que aconsejaba precaución, y la mal llamada lógica política que aconsejaba la celebración. Me molesta más el empeño de culpar a los “expertos” de la decisión. Hasta el bazar chino de Villamayor ya había cerrado “por vacaciones” unos días antes. Que jamás hubiese cerrado un bazar chino ni por vacaciones ni por nada ya era una señal inequívoca para tomar en serio la cosa.

¿Qué piensa de las medidas económicas?

Las medidas económicas que vendrán serán de una dureza aún inimaginable. Similares a una posguerra sin plan Marshall. Parecida a la autárquica posguerra que vivimos aquí. Aún no se ha tomado ninguna de calado. Las medidas de calado se toman sin anunciar.

Insisto un poco más. ¿Son meditadas y coherentes o se intenta tranquilizar a la población con decisiones que se revelarán más bien imposibles?

Hoy hablaban de confinar contra su voluntad a centenares de miles de personas y unos cuantos expertos en derecho constitucional se mostraban a favor en los informativos.

¿Entiende las quejas de los autónomos, y cuál sería su queja o sus quejas?

A los autónomos se nos cobra por el hecho de existir, por respirar; además gozamos de la animadversión del estado. Tenemos que probar nuestra inocencia por adelantado y constantemente. Solo dos tribunales exigen que el reo pruebe su inocencia: el de la Agencia Tributaria y el de la Santa Inquisición. En las situaciones de crisis todo esto resulta más evidente.

¿Ha recuperado alguna de tus pasiones o ‘hobbies’ pasados durante el confinamiento?

Nunca he tenido ‘hobbies’, tan solo ocupaciones.

En un sentido puramente físico, ¿tiene miedo, está intranquilo?

Siempre he sido bastante pesimista. Es mi estado natural. “Sin esperanza, luego sin miedo”, decía Lucrecia Borgia. También se puede decir lo contrario y también es cierto: “Solo en el riesgo está la esperanza”

Usted tiene una mirada escéptica sobre la realidad. ¿Una situación así le la razón o se la quita?

Creo que es evidente que me da la razón. Por tener una edad recuerdo a una muchedumbre de jóvenes gritándole a José Luis Rodríguez Zapatero en la noche de su triunfo electoral: “¡No nos falles!”. Recuerdo a una muchedumbre rodeando el congreso al grito de: “¡No nos representan!”. Lo que me parece inaudito que alguien conserve aún la fe. Exceptuando, claro está, los que cobran por mantenerla.

¿Para qué sirve el humor en este momento?

El humor vale para todo. Qué hubiese sido de la España franquista sin ‘La Codorniz’, sin Gila y sin Tip y Coll. Por cierto, este fenómeno humorístico nunca se da en las dictaduras comunistas. Saben que la risa es muy peligrosa.

¿En qué es distinta la percepción del coronavirus desde Aragón y Zaragoza que la de otros lugares?

Creo que ahora es igual. Las cosas cambian cuando se les pone cara y nombre a las cifras de fallecidos.

Le gusta mucho pensar el tiempo que vive, acompañarse de filósofos y teóricos. ¿Nos recomendaría algo para este tiempo de crisis?

Las ‘Memorias’ de Arthur Koestler.

 

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA
https://www.xlsemanal.com/conocer/cultura/20200331/gratis-novela-lorenzo-silva-te-iras-de-aqui-pdf-mobi-descarga.html

FRAGMENTODE 'Y TE IRÁS DE AQUÍ'
Ha sido Milena, era de esperar, quien me ha llamado a mí. No ha querido aguardar a que yo me decidiese, a que mi deseo se impusiera a la frágil barrera
que podían oponerle mi edad y mis conveniencias.
Ella es joven y le conviene todo: quizá ha creído,
no sin cierta generosidad, que era su obligación. Me
ha exigido más que propuesto una cita a solas en la
que podamos continuar, camino del abismo, que es
nuestra única meta concebible, lo que empezó la otra
noche entre nosotras. No tenía preparada una manera de desengañarla, y no por no haber intentado dar
con una, sino porque todas las que ensayé fui yo misma quien las echó abajo a hachazos antes de que ella
marcara mi número. Así las cosas, me he limitado a
discutir sobre la hora y el lugar. Ella, comprensiva, o
acaso velando también por su propia comodidad, que
le aconseja alguna discreción, me ha dejado elegir en
función de mis limitaciones. He preferido un día la-
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borable, a media mañana, porque por suerte no estoy
uncida a una mesa de oficina: mi trabajo me permite
entrar y salir sin que las explicaciones sean pormenorizadas. Le he propuesto un lugar recóndito, poco
conocido incluso para los madrileños: el jardín del
Príncipe de Anglona, en La Latina, que a esas horas
estará vacío, salvo por algún jubilado. Todo le ha venido bien, como si quisiera hacerme sentir que nada
va a privarme de mi regalo, este regalo extraño y tan
bien envuelto que la vida me pone en las manos para
descomponerme. Antes de colgar ha creído necesario
tener un detalle más. Con esa voz aterciopelada y serena que gasta me ha asegurado, toda zalamera:
—No puedo esperar a tenerte otra vez delante.
En ese momento, o quizá un minuto después,
mirando su número en la memoria de mi teléfono,
he pensado que debía desconfiar de ella y de lo que
me invita a hacer; no porque ella pueda ser una embaucadora a sueldo con el encargo de destruir mi reputación o algo por el estilo, ni porque tenga alguna
voluntad oscura de estafarme o servirse de mí, sino
porque nuestra conversación se parecía demasiado a
las que suelen tener las personas que en coyunturas
diversas, a conciencia o sin ella, se conciertan para
embaucarse, estafarse y destruirse a sí mismas.

AUTE, EL CREADOR TOTAL DE LA BELLEZA

Aute, el creador total de la belleza

 

 

La cantautora María José Hernández le envió en una ocasión a Luis Eduardo Aute sus primeras canciones en una primitiva casete. Dos o tres años después, recibió una carta suya donde le pedía disculpas por la demora y le comentaba cada uno de los temas con generosidad e inmenso respeto. Un detalle así define a Aute, que acaba de irse a su Albanta (ese lugar de la imaginación y los sueños que inventó su hijo Pablo de niño). Era elegante, refinado, buen compañero y no dudaba en apadrinar con suavidad, sin suficiencia y con inmenso afecto, a quien se lo pedía. Ángel Petisme, con quien cantó en varias ocasiones, lo percibía como un maestro y un talentoso hermano mayor. Petisme escribía hoy en su Facebook: El mejor, el más grande, el más generoso, el más guapo, el más humilde de todos nosotros, se nos ha ido. ¡Padrino, qué dolor, otra vez el vacío, el hachazo de la vida que es la muerte, qué huérfanos nos dejas!”.

Aute, que ha muerto a los 76 años, ha sido uno de los artistas españoles más complejos y fascinantes de los últimos tiempos. Empezó en la pintura, debutó en 1960 en Barcelona, pero pronto demostró que podía llegar a otros registros. Pintaba y dibujaba muy bien, con su tormento a cuestas, como se ve en esa película de animación de 4.000 dibujos que es ‘Un perro llamado Dolor’ (2001), con ecos expresionistas de Goya y Buñuel y Bacon; pero no tardó en descubrir que tenía vena de cantautor y de poeta, y empezó a componer sus primeros temas. Vivió, entre idas y venidas a España, el mayo del 68 y allí se acostumbró a las melodías de Brel, Moustaki, Ferre y Brassens, de quien herederá cierta gravedad, y a la poesía de los simbolistas y de Paul Éluard, al que conoció; el autor de ‘Libertad, yo te nombró’ le dedicó afectuosos elogios que él usó en su álbum ‘Espuma’, donde también había elogios del futuro Nobel Vicente Aleixandre.

En su apuesta por la música, enlazó con los nuevos aires de Norteamérica, con Bob Dylan, Joan Baez, Joni Mitchell, e iría forjándose en solitario, con un estilo personal, acariciante y lento. Concebía canciones que cantaron otros: ahí están temas como ‘Rosas en el mar’ o ‘Al alba’, sus primeros éxitos. Aute escribió para Massiel, Mar Trini, Rosa León, Marisol y a principios de los 70 iniciaría su despegue –por ahí andan ‘Espuma’, ‘Albanta’, ‘Canciones de amor y muerte’, ‘Sarcófago’, ‘Alma’...–, donde se veía al gran letrista y a un cantautor enamoradizo y voluptuoso, existencialista (“qué terriblemente absurdo es estar vivo”, dirá) y creativo, melancólico y sombrío, volcado hacia el embrujo de la mujer y el arte de meditar sobre los enigmas de la vida. El álbum en directo, ‘Entre amigos’ (1983), en el que también cantaban Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Serrat, marcó un momento de plenitud. Sonó muchísimo en todas partes, y allí estaban muchos de sus mejores: ‘A por el mar’, ‘Queda la música’, ‘Libertad’, ‘La cuatro y diez’, ‘No te desnudes todavía’, ‘Pasaba por aquí’, y maravillas absolutas como ‘Siento que te estoy perdiendo’ o ‘De alguna manera’, dos himnos de amor. Entonces parecía nacer su afición a los recopilatorios, publicaría cuatro álbumes en directo y ocho antologías, tres de ellas se titulan ‘Autorretratos’, 1, 2 y 3.

Aute es un letrista inspirado en los vaivenes del amor, en los placeres cotidianos, en la mitomanía, y un defensor indomable de la hermosura y del erotismo. Encarna la sensualidad, un punto de ironía y descreimiento, y parece tener claro que la felicidad es la mejor venganza contra las adversidades de la vida. Compuso bandas sonoras y fue meritorio de dirección, hizo carteles y diseñó sintonias para programas de radio y televisión, y cultivó una obra literaria copiosa e interesante, con poemas, canciones, sus ‘poemigas’ o textos cortos. Hizo versos sobre todo (recopiló su poesía en Sial primero, el pasado año en Espasa), juegos de palabras, aforismos, homenajes (a Neruda, tituló uno de su s álbumes ‘20 canciones de amor y poema desesperado’, a Pessoa, a Carlos Oroza, aún inédito), que hay que tomar muy en serio. Conocía el oficio, tenía facilidad, y sabía mezclar la emoción, el viaje, el sueño y la profundidad. Ahí están títulos como ‘La matemática del espejo’, ‘Cuerpo del delito’, esa serie que tanto le gustaba como ‘AnimaLuno’ y ‘AnimaLdos’, y proyectos poéticos y un tanto filosóficos, imaginativos e híbridos, como ‘AnimaLtresD’, ‘AnimaLhada’ y ‘AnimaLhito’, que publicó Siruela. En ocasiones, hay en Aute una veta entre divertida y humorística que lo vincula con Lewis Carroll, Georges Perec o Julio Cortázar

Jaime Chávarri, con quien colaboró mucho, le dedicó en 1997 un documental: ‘Ad libidum’. Y el pasado año, Gaizka Urresti estrenaba en el Teatro Principal su espléndido documental ‘Auterretrato’, que es la crónica emocionada del creador total. Ese galanteador incesante que se atrevía a todo sin dejar de fumar. Por eso escribió y cantó: “Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo, / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la belleza”. La belleza, otra palabra que definió el tamaño de su emoción incontenible.

 

NUEVAS CONVERSACIONES DE FORMENTOR

A la atención de los lectores asiduos a Formentor, a los autores que intervienen, a los editores y críticos que participan en las Conversaciones Literarias.

Os hacemos llegar la convocatoria de las jornadas que se celebrarán el próximo otoño. Podéis reservar en vuestra agenda la fecha anunciada: 18, 19 y 20 de septiembre.
El rótulo que preside nuestro encuentro -Bagaudas, goliardos y estilitas. Acróbatas del mundo antiguo y moderno- os permitirá, como cada año desde hace doce, seguir el rastro que las obras de estos personajes han dejado en la biblioteca universal.
Recordareis que en enero anunciamos la presencia del Premio Nobel J.M. Coetzee y la conmemoración de su aniversario. También tendremos ocasión de acoger un encuentro de editores independientes y de asistir al acto de entrega de la X edición del Premio Formentor de las Letras.

Basilio Baltasar
Director
Fundación Formentor


Converses Literàries a Formentor

18, 19 y 20 de septiembre de 2020

***

Bagaudas, goliardos y estilitas
Acróbatas del mundo antiguo y moderno

 
Revolotean por la superficie del mundo personajes de los que todo el mundo ha oído hablar. Su presencia ameniza la conciencia del tiempo presente o fomenta el tedio de un feroz aburrimiento. Aunque más allá de esta celebridad podemos vislumbrar a lo lejos el fugaz destello de unas formidables personalidades.
Los bagaudas de la antigüedad permanecen agazapados en la bruma de una leyenda maltratada por los cronistas y descuidada por la epopeya europea. Los escurridizos personajes, irritables y levantiscos, han sido frecuentemente omitidos, pero de su difuso recuerdo emanan aquellas cualidades místicas iluminadas por la intuición de las grandes corazonadas.
Los goliardos, cofradía de poetas ambulantes, llevaron su ironía y jactancia a todos los rincones de la Europa de las catedrales. A menudo actuaban como estudiantes pobres que mendigan conocimiento de ciudad en ciudad. A veces, como herederos medievales de los sátiros o figuras pícaras salidas del tinglado teatral. Lo cierto es que cultivaron el arte de versificar con sarcasmo y supieron elevar la lírica amorosa de las tabernas a las altas estancias de la gran literatura. 
Los estilitas son la metáfora filosófica del funambulismo. Conciben la existencia del hombre como una ocasión para instruirse en la sobriedad, entrenar el equilibrio y adiestrar el vértigo que resistirá la visión de todos los abismos. El estilita fue el maestro de la acrobacia interior y el profeta que alertó contra la glotonería bulímica de la sociedad contemporánea.
Bagaudas, goliardos y estilitas se contorsionan bajo la carpa del circo errante, subidos al columpio y colgados del trapecio. Con el disfraz de su vestimenta artística, festejados por su encanto, entretienen a un público que no sabe de dónde vienen ni a dónde van. 
 

Con motivo del 80 aniversario del autor, las Conversaciones Literarias de Formentor organizan el homenaje a
J. M. Coetzee
 
El escritor sudafricano, Premio Nobel de Literatura 2003, intervendrá en las Conversaciones de Formentor y departirá sobre una de sus fructíferas ocupaciones: la autobiografía como género literario.
Escritores, críticos y profesores especializados en la obra de J.M. Coetzee participarán en la mesa dedicada a la trayectoria del Premio Nobel y comentarán los aspectos de su extensa obra narrativa y ensayística.

Encuentro de editores independientes
 
La crónica cultural habla con respeto de los editores “independientes”. La designación suele ser elogiosa, pero ha llegado a encubrir una cierta condescendencia… Como si fueran un apéndice, un lugar marginal en la periferia de las editoriales verdaderamente notorias en la industria cultural.
¿Qué dimensión debe poseer una editorial para ser considerada independiente?
¿Se medirá su rango por el volumen de su facturación?
¿Por el número de ejemplares que coloca en el mercado?
¿Por el número de empleados que contrata?
Los criterios economicistas permiten evaluar la estructura de las empresas de la industria cultural, pero no dan cuenta de la verdadera personalidad de las editoriales… independientes.
Las editoriales de las que estamos hablando tienen clara conciencia de una dependencia muy especial: 
del talento de sus autores, de la inteligencia de sus lectores, de la atención de los críticos, de la delicadeza de los libreros.  
Dejando de lado la cuestión del tamaño (que no siempre importa) 
¿Cómo identificar a estas editoriales? 
¿No se trata más bien de reconocer su personalidad? 
Por el estilo y carácter de sus ediciones, por la manera de pensar los libros, de sostener la conversación creativa con los autores, por el modo en que se dirigen a los lectores.
Por el cuidado puesto en todo ello.
¿Cómo podemos nombrar entonces a las editoriales llamadas independientes?
¿Convendrá buscar un adjetivo más adecuado, encontrar un nombre que aluda a su verdadera naturaleza y al papel que ocupan en la vitalidad de la cultura? 
¿Un nombre que las identifique por la solvencia de su compromiso intelectual y estético?

El gran juego de la imaginación literaria
Desde el año 2008 Formentor nos invita a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.
Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.
El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.
El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas. 
Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones. 
Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.
La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos. 
Durante tres días de otoño, en Formentor, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.

HISTORIA DE MANUEL MARÍN SANCHO

Fuente: Heraldo de Aragón  (http://antoncastro.blogia.com/2006/032701-historia-tragica-de-manuel-marin-sanc-ho-1899-1936-.php )

 

Manuel Marín Sancho (Zaragoza, 1899-1936) fue uno de los intelectuales más activos de su tiempo: periodista, profesor, archivero, documentalista, paleógrafo, dinamizador cultural de la Zaragoza de preguerra. Fue ejecutado en Torrero por su militancia masónica.

 

La historia de Manuel Marín Sancho (1899-1936) resulta conmovedora. Su primogénita María Luisa, nacida en 1927, dice: “Su muerte fue una canallada. Sigo queriendo a mi padre con locura. Nos llevaba a todas partes: al boxeo al Monumental, al teatro, yo conocí muy bien el mundo de las tablas entre bastidores. A veces nos contaba cuentos, y nos traía juguetes, incluso pupitres plegables”. Su hijo Basilio (Zaragoza, 1929), que conserva muchos de los cuadros y esculturas que le regalaron los más importantes artistas aragoneses de la preguerra a su progenitor, revela: “Yo tengo recuerdos más bien difusos. En 1933, nos trasladamos a Barcelona porque mi padre empezó a dar clases en el Instituto Salmerón. Recuerdo que era un apasionado de la música clásica: tocaba la viola y solíamos ir con mi madre a los conciertos que daba con la orquesta sinfónica. Vivimos allí hasta el inicio del verano de 1936. Nosotros, mi madre, mi tía Vicenta, mis hermanas María Luisa y Teresa y yo regresamos a Zaragoza a principios de julio, y mi padre lo hizo en vísperas de la Guerra Civil”. Tras el estallido de la contienda, Manuel Marín Sancho, que pertenecía a la logia Constancia 16, no tardó en ser detenido.

 

Lo soltaron poco después, aunque debía pasar prácticamente a diario “por las dos checas que había en el Coso, una era de requetés y otra de la Falange. A finales de septiembre, lo encerraron en Torrero y, finalmente, la noche del uno de diciembre fue ejecutado por su condición de masón. Mi padre era republicano, creía que la forma ideal de gobierno era la República, pero tampoco era un hombre que se hubiera significado de manera radical”. José Antonio Ferrer Benimelli en su libro “La masonería en Aragón” narra la detención y la ejecución de Manuel Marín Sancho, que era periodista, dramaturgo, crítico de arte y de literatura, archivero, paleógrafo, y exhuma algunas de sus últimas y emotivas cartas. Las razones de la muerte eran tan lacónicas como falsas: “Fractura de cráneo y hemorragia interna”. Con él, en aquellos meses, fueron abatidos, entre otros muchos, Moisés y José Miguel Alcrudo, Andrés Cobo San Emeterio, Francisco Albiñana, Venancio Sarría...  

 

Archivero, periodista, poeta

 

Los dos hermanos aseguran que se “enteraron de todo”. María Luisa recuerda que le escribían y le mandaban dibujos de casitas a la cárcel, “algunas eran copiadas. El dibujo se me daba muy bien”. La familia entonces no tenía casa propia; vivía en un gran caserón de la plaza de Sas que era de la tía María, hermana del periodista, y del tío Gregorio, un agricultor con muchas tierras. “Ambos fueron nuestros padrinos. Mi madre se quedó con una exigua pensión por la condición de mi padre de archivero del Ayuntamiento de Zaragoza, donde trabajó con Manuel Abizanda Broto. Y nada fue fácil. La casa tenía más de veinte habitaciones. Salimos adelante gracias a mis padrinos”.

 

Basilio inicia un auténtico viaje en el tiempo. Su padre nació en Zaragoza en 1899, en el seno de una familia de clase media que se dedicaba a la construcción de instrumentos musicales: guitarras, laúdes, bandurrias; su abuelo le regaló una guitarra a Alfonso XIII, que lo recibió en palacio, y además presentó magníficas piezas en uno de los pabellones de la Exposición Hispano-Francesa.

 

Manuel Marín Sancho era el menor de cinco hermanos. Siempre sintió inquietudes intelectuales y con el paso de los años, tras licenciarse en Filosofía y Letras y haber estado episódicamente en la guerra de África, “mi padre    veía fatal, y en cuanto se dieron cuenta lo devolvieron a España”, entró a trabajar en “El Noticiero”, que dirigía José Mª Sánchez Ventura, se vincularía con el Centro Naturista Helios, llegó a ser su segundo presidente, y desplegó una actividad increíble: fue director de revistas como “Aragón” del SIPA, en 1929 coordinó un número donde publicó a los más importantes artistas plásticos, de todos los números de “Amanecer” y varios de “Relieves”, e incluso llegó a fundar el efímero diario “Independencia”.

 

Una carta a destiempo

 

Uno de sus amigos de entonces era el periodista y escritor Andrés Ruiz Castillo, que lo definió como “una auténtica revolución que llegó a fundar Prensa Ebro, una agencia de publicidad”. “Mi padre poseía un gran sentido del humor, siempre sonreía. Era alegre y confiado”, señala Basilio. Redactó algunas piezas teatrales, entre ellas “El tapiz” (1928), basado en las pinturas de Goya, y sobre todo escribió el libreto de la ópera “Igual que hermanicos. Estampas aragonesas. Zarzuela en tres actos”, que se estrenó el cuatro de enero de 1934 en el Teatro Principal con música de Luis Aula, que también dirigió la Orquesta Sinfónica de Zaragoza.

 

El crítico Pablo Cistué de Castro dijo que “Manuel Sancho Marín ha hecho un libro de zarzuela tan documentado y de tal honradez que se aleja del tipo a que la generalidad de los libretistas nos han acostumbrado”. Decía que la obra aborda “los amores de dos mozos a una misma moza”, y elogiaba al tenor Faustino Arregui, a la actriz y cantante Sélica Pérez Carpio y al “formidable actor cómico” Eduardo Marcén. 

 

En casa de Basilio Marín Ferrer hay obras de Honorio García Condoy, de Ansuátegui, de Bayo Marín, grandes amigos del periodista y escritor fusilado. Hace poco, el profesor madrileño Francisco Galera le mandó el expediente de su padre, y en medio había una copia que ha activado la memoria, el dolor y la impotencia: el Jefe Superior de Policía  mandó una carta a la cárcel de Torrero para que soltasen al meteorólogo Odón San Emeterio y a Manuel Marín Sancho. La carta estaba fechada el 30 de noviembre, pero no llegó a su destino. Esa misma noche ambos, con otros muchos, fueron ejecutados.

 

UN DIÁLOGO CON JOSÉ 'PEPÍN' PELLO

UN DIÁLOGO CON JOSÉ 'PEPÍN' PELLO

[He entrevistado tres veces a Pepín Bello (1904-2008), una en su casa, y puede leerse el diálogo en ’Vidas de cine’, otra en Huesca y una más por teléfono poco antes de su muerte. . La conservaba El Sueño Igualitario.]

 

 

José Bello Lasierra entrevistado por Antón Castro

 

 http://www.cazarabet.com/esi/numeros/5/index.htm#bello

 

Fuente: Heraldo de Aragón

 

- ¿Qué sintió cuando le anunciaron el Premio Aragón 2004?
- Gratitud, agradecimiento de corazón. He dado las gracias al Gobierno de Aragón. Es la máxima distinción, ¿no? Jamás había soñado con ella. Hablé con Marcelino Iglesias, al que apenas conozco. Nos hablamos de usted y me dio la enhorabuena. Me ha sorprendido el galardón, me ha halagado y estoy confuso.

- ¿Ya ha escrito el discurso?
- Ni lo voy a escribir, lo diré de viva voz. He pensado algo, pero no se lo voy a decir a usted.

- De acuerdo. Vayámonos a Huesca, a su niñez...
- Mi padre, Severino Bello, era ingeniero, un auténtico sabio, hizo obras muy importantes como el pantano de la Peña o los Riegos del Alto Aragón, la obra hidráulica más importante de Europa. Yo me he criado en el pantano de la Peña. Era un hombre muy completo, inteligente y muy culto. A su lado se aprendía mucho. Y además dibujaba extraordinariamente, quiso ser pintor.

- ¿Y su madre?
- Se llamaba Adelaida Lasierra. Era encantadora, la admiraban mucho, era el eje de las conversaciones por lo graciosa que era, por su buen hablar. Era inteligente, guapa, natural, pero no tenía la formación de mi padre.

- ¿Por qué lo llamaban Pepín?
- Me puso ese nombre mi hermano Severino, pero ya no me gusta que me llamen así. ¿Seguimos? De niño no había cines, pero sí había una carpa, la de Enrique Farrús "El Farrusini". En las sesiones había un pianista, Daniel Montorio, que tenía mi edad, luego triunfó mucho. Fue un niño prodigio, me acuerdo de él ya desde que teníamos diez años. También había una cupletista que cantaba y bailaba. El cine era un divertimento más, como el circo, que llegaba de higos a brevas. Me llevaban mis padres o las criadas.

- ¿Cómo recuerda su ambiente familiar?
- Era extraordinario. De verdad. Los hermanos nos queríamos mucho. Teníamos muchos amigos. El sitio de reunión casi siempre era mi casa, íbamos poco a las casas de los amigos, salvo a la de Salvador María de Ayerbe. Recuerdo que nos íbamos a bañar a la Santera, en la carretera de Huesca, al río Flumen, íbamos en bicicleta, y también al barranco de Alfóndiga, y allí veíamos los carnuzos y aquella columna de buitres que venía a comer los despojos. Por supuesto que también íbamos a pie o en bicicleta a Loarre y a Montearagón, dos castillos muy emocionantes para mí. Siempre me ha gustado el arte.

- ¿Fue amigo, en Huesca, de Ramón Acín?
- Hombre, claro que sí. Lo conocí muy pronto y éramos muy amigos. Iba a su casa o venía él a la nuestra, aunque era mayor que yo. También conocí a su mujer Conchita Monrás, nos queríamos mucho. Ramón Acín tenía una mano exquisita para el arte y era muy buena gente.

- Con once años, partió usted a la Residencia de Estudiantes.
- Sí, claro. Fui a hacer el Bachillerato a la Residencia de Estudiantes ya. Mi padre había sido nombrado director del Canal de Isabel II. Mis asignaturas favoritas eran la geografía, el arte y la historia. Por entonces, lo recuerdo perfectamente, yo iba mucho al Museo del Prado con mi padre. Soy el visitante más antiguo y el más constante del Prado. Me gustaban mucho Velázquez, Goya, Zurbarán o El Greco. Es el mejor museo del mundo. He ido cientos, miles de veces.

- En 1918, llegó a la Residencia de Estudiantes Luis Buñuel...
- Establecimos relación de inmediato. Recuerdo que no destacaba en nada. Quería ser escritor y escribió algo. Estudió Ciencias Naturales, Filosofía y Letras. No tenía una vocación específica.

- ¿Ya lo conocían como "El león de Calanda"?
- Luis Buñuel mentía como un bellaco. Era un gran fabulador. Sólo hizo un combate y yo fui su manager. Hizo tres o cuatro o cinco asaltos, pero le aseguro que ni él ni su contrincante se intercambiaron golpes. Pronto se convirtió en el novio de la poetisa Concha Méndez, tengo un libro de ella dedicado por entonces.

- Y algo más tarde, apareció Dalí.
- ¿Le digo una cosa? Fui yo quien lo descubrió. Llegó en 1922, acompañado de su padre el notario Salvador Dalí Cusí y de su hermana Ana María. Estuvieron allí tres o cuatro días. Era estrafalario, vestía de artista, con un traje de terciopelo negro, con cinturón, llevaba melena. Era raro. No tanto como Juan Ramón Jiménez, que venía a menudo a ver a García Lorca. Sabíamos que pintaba, pero un día vi su puerta entreabierta y empujé. Vi unos dibujos maravillosos, excelentes. Le pregunté: "¿Son tuyos?". "Claro", dijo. Me faltó tiempo para decírselo a los demás: Lorca, Vicéns, Buñuel. "Este tío catalán pinta muy bien", les dije. Así empezó todo. Muchos años después, hace más de 20 ó 30 años, ya no recuerdo la fecha, fui a verlo al hotel Palace. Entonces, conocí a Gala. Traté a Salvador Dalí hasta su muerte.

- Ahora que citamos a Buñuel y Dalí, ¿cuál fue su responsabilidad real en la película de ambos, "Un perro andaluz", y también en "La edad de oro"?
- Yo creo que en algunas cosas. Por ejemplo, el ojo rasgado con la navaja barbera, el carnuzo sobre el piano, los curas marianistas cogidos a una pata del piano... Eran imágenes mías. Pero yo no intervine propiamente en las películas, no figuro para nada en "Un perro andaluz", eran cosas que nos decíamos en las charlas...

- ¿Y Federico García Lorca?
- Estaba fascinado con él como todos. Era realmente extraordinario, simpático, hablador, alegre, ingenioso, mentiroso. Era el hombre espectáculo. Recuerdo que Jorge Guillén decía: "Federico es irresistible". Y realmente lo era: tocando el piano, contando cosas, cantando, dibujando, hacía caricaturas musicales extraordinarias, perfectas, de Mozart, de Stravinski. Y tenía un talento poético inmenso.

- ¿Es cierto que usted llegó a dedicar algunos de sus libros?
- Algunos no, el "Libro de poemas". Como no le cabían todos los ejemplares en su cuarto, pasó unos cuantos al mío. Y a veces venía gente que me decía: "Bello, le hemos escrito a Lorca, no nos ha contestado, ya va a terminar el curso, ¿podría decirle que nos dedique su libro?". Y yo, con el consentimiento de Federico, acababa haciéndolo: dedicaba el libro.

- Entonces, ¿cuál era exactamente su papel en el grupo, el de incitador o azuzador de otros intelectuales?

No, no. Yo daba ideas, sugería temas, hablábamos, bromeaba. Supongo que cogerían algo de mí, pero yo no he pretendido pasar a la posteridad. Soy una persona muy modesta. No figuro en ninguna parte.

- Dijo usted alguna vez que hasta entonces sólo había leído a un autor, Bécquer, y que se lo sabía casi de memoria...
- Alguna cosa sabría de memoria. Lo había leído y releído desde los diez años. Más que su poesía, a mí me gustaban sus "Leyendas" y las "Cartas desde mi celda"...

- Escritas, por cierto, en Veruela.
- Me encanta Veruela. Es de una belleza verdaderamente evocadora y en la época de Bécquer debió serlo más aún, de un gran romanticismo. Es uno de mis lugares favoritos de Aragón, aunque yo conozco toda España.

- Sigamos. En 1927 se fue usted a Sevilla.
- ¿Y sabe por qué? Porque en 1929 iba a celebrarse la Exposición Iberoamericana, por eso había mucho trabajo y muchas iniciativas. Y yo me fui inicialmente con una compañía constructora de Zaragoza, Vías y Riegos, era un alto empleado de la empresa y trabajaba también en Relaciones Públicas. Me quedé hasta 1935 y me fue muy bien.

- ¿No fue allí donde conoció a la pianista Pilar Bayona?
- Sí, me la presentó Concha de la Torre Bayona, pero yo la vi en Sevilla, en Madrid, aquí en Zaragoza, en su casa. Conocí a su padre, a su hermano Julio, conozco a su sobrino Antonio. Físicamente no era gran cosa, pero obtuvo éxitos enormes y los Buñuel, tanto Luis como Alfonso, estaban locamente enamorados de ella.

- ¿Y usted?
- No, yo no. Yo la quería como amiga, la admiraba como pianista. Yo había estado enamorado de Araceli Durán y un día le pedí a Rafael Alberti que me escribiera algo para ella. Me escribió un soneto, que figura en "Cal y canto", y no desdice para nada de uno de Lope de Vega. Es magnífico.

- En 1935, regresó a Madrid...
- Sí, claro, con mi familia. Pero poco después empezó la Guerra Civil y ya no pudimos escapar. Bueno, mis padres se fueron a Francia desde Irún, y de ahí a Burgos, a Sevilla más tarde... En medio de la contienda mataron a mi hermano Manuel, había tenido un accidente de coche y se quedó como un niño. Salió a por tabaco y no lo volvimos a ver. Muchos años después apareció en la lista de los fusilados en Paracuellos.

- ¿No pensó en irse de España?
- La verdad es que no. Estábamos en Madrid, no se podía salir. No combatí pero pasar pasé hambre, frío y miedo. Estuve detenido por los republicanos cuatro días, y mi hermano Antonio nueve meses.

- ¿No le impresionó la muerte de García Lorca?
- Desde luego, pero piense en aquel contexto terrible, estábamos rodeados de muerte, y acababan de matar a mi hermano. Desaparecían muchos amigos.

- Y ¿qué paso luego?
- Tras la Guerra Civil, montamos en Burgos una empresa de peletería fina que nos fue muy bien durante unos años. Había en España 33 empresas, pero con la II Guerra Mundial empezó a ir mal. Y la dejamos. Trabajábamos mucho para Alemania y Estados Unidos. Y en 1954, montamos un autocine. Sólo había dos en Europa, uno en Roma, que fuimos a ver, y el nuestro. En Estados Unidos había 400. Funcionaba bien, pero cogimos un gerente norteamericano que nos llevó a la ruina. Luego, como era mayor, lo dejé todo y me recluí en casa, recuperé a muchos amigos, me entregué a leer. Yo he leído la intemerata.

- Y jamás se olvidó de Huesca.
- He ido siempre que he podido. Me gusta la ciudad en su conjunto, iba al parque. Huesca, ahora, esta bonita y cuidada, no es un pueblo, es una pequeña ciudad. Además, en casa de mi hermano, tenía una habitación con baño siempre dispuesta para mí.

- Usted ha escrito piezas teatrales con Alberti, Buñuel y con Benet, recogidas en "Teatro civil".
- He escrito poco, muy poco, ahora acaban de mandarme un drama recuperado que escribí yo con Luis Buñuel. Y también trabajé algo con Juan Benet, con Fernando Checa, pero no me he dedicado a eso, he hecho, sí, alguna cosa humorística de poca importancia.

- ¿Se arrepiente de algo?
- No he hecho mal a nadie, no he hecho nada punitivo. Quizá cuando mejor lo pasé fue cuando coincidí con tantos genios. Pero le digo una cosa: no siento nostalgia de la II República, la conocí muy bien, Azaña fue muy amigo mío, pero fue tan desastrosa como la primera de 1873. He tenido muchos amores. Eso es lo superior de la vida, lo más elevado: el amor es lo que te acerca al cielo.

- ¿Se enamoró de Ava Gardner?
- No, no. La conocí. Me quedé pasmado ante ella y se lo dije: "Te miro a ti". Era una criatura perfecta.

- ¿Cuál es el secreto de su longevidad?
- Hombre, mi padre tenía buena salud. Se murió a los 74 años; eran otros tiempos. No me he cuidado especialmente ni me he descuidado tampoco. No he sido nada aprensivo, he viajado lo justo y he sido curioso. He tenido una actividad grande.