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Antón Castro

RICARDO DÍEZ PELLEJERO: INGENIERÍA, PANDEMIA Y CRISIS

RICARDO DÍEZ PELLEJERO: INGENIERÍA, PANDEMIA Y CRISIS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/01/ingenieria-y-crisis-vidas-paralelas-a-lo-largo-de-los-siglos-1372524.html

Ingeniería, crisis y pandemia. Vidas pararelas a lo largo de los siglos

Sinopsis: Las crisis y los retos de cada tiempo son producto de su momento histórico y la forma de abordarlos depende de las tecnologías y el ingenio al alcance.


Por Ricardo Díez Pellejero

En el pasado también ha habido momentos difíciles en los que la ingeniería ha tenido un papel relevante. Ya en La Guerra de las Galias Julio César nos describe a unos helvecios languidecientes viendo cómo, tras haber diezmado una cuarta parte de las tropas que quedaron atrás al cruzar en barcazas el río Arar, construía un puente en un solo día para atacar al resto de los celtas, que se sentían seguros en la orilla contraria.

El desembarco de Normandía, por ejemplo, no hubiera sido posible sin el desarrollo rápido de soluciones como las lanchas de desembarco Assault para las tropas, sin el tanque anfibio DD Tank para darles cobertura, sin el Airspeed Horsa -un planeador gigante que podía transportar a 25 hombres y que fue clave para tomar posiciones previas al ataque- o sin la inmensa planificación de ingeniería logística que precisaron las operaciones del día D.

La ingeniería también ha sido decisiva en la guerra fría y su carrera espacial, donde Serguéi Koroliov pasó del gulag siberiano a ser el diseñador principal del programa espacial ruso y un objetivo prioritario del espionaje norteamericano, que nunca consiguió descubrir su identidad. Y es que, desde Nikola Tesla -que lo imaginó casi todo- a Alan Turing, inventor del ordenador, hay una cantidad ingente de ingenieros que han modelado un futuro nuevo y nuestra forma de entender la vida, mientas otros miles de ellos compiten hoy por llegar más lejos en el universo del Big Data, de la Inteligencia Artificial, de los vehículos autónomos, de la movilidad eléctrica, de la computación cuánticaque dentro de cincuenta años más nos situarían ante una pandemia y un confinamiento muy diferentes.

Sin duda, esta es una crisis del nuevo siglo tanto por los avances en el transporte, que han permitido su rápida expansión, como por los tecnológicos, inexistentes en pandemias anteriores, que han revolucionado el equipamiento médico, las aplicaciones de control de propagación vírica o por la capacidad de desarrollo tanto de soluciones técnicas a los problemas sobrevenidos como la obtención de test y de fármacos, usando instrumentos que formarían parte de la ciencia ficción del pasado inmediato.

Pero también nuestra cuarentena es una cuarentena cibernética, y es que mientras que hace solo cincuenta años la emisión VHF no llegaba a todos los hogares, hoy se extienden por casi todo el territorio las redes de comunicación que nos permiten teletrabajar, comprar, acortar las distancias del aislamiento con videoconferencias, así como entretenernos con las redes sociales o consumiendo contenidos de webs y plataformas online.

Pero la ingeniería aporta más a esta crisis, no solo desde el punto de vista logístico -que ya es mucho- desde el que hemos vistomo los espacios más diversos se han convertido en hospitales o en arcas, con aparente facilidad y en el transcurso de unos pocos días. Y es que la ingeniería es un dique de contención que mantiene estable y estanca la realizad inmediata frente al caos emergente. Tanto es así que el NHS británico lanzó un llamamiento para incorporar ingenieros a las plantillas de sus hospitales en las horas más duras y a las puertas del colapso, buscando ayuda de estos especialistas.

Por otra parte, además de la carrera por encontrar una vacuna fiable, hemos sido testigos del esfuerzo contrarreloj para conseguir construir respiradores económicos, funcionales y en el menor tiempo posible con los que aliviar su creciente déficit, a medida que los hospitales se desbordaban. Todos los países se han volcado en conseguir autoabastecerse al comprobar que los envíos eran incautados o recomprados a pie de aeronave, dejando las nuevas UCIs inútiles sin los esenciales respiradores.

En nuestro país, en un plazo récord, la planta de Seat en Martorell fue la primera en convertir una línea de producción de parabrisas en una cadena de ensamblaje de respiradores y, el que hasta el otro día era la única fabricante nacional de estos equipos, la empresa familiar Hersill, se alió con la armamentística Escribano M&E para multiplicar su producción de equipos de ventilación.

Hay que tener en cuenta que estos dos proyectos fueron los primeros homologados por el Ministerio de Sanidad, pero en un tiempo extremadamente corto y crítico se presentaron al rededor de 40 proyectos más, incluidos el de BSH, que transformó la producción de lavavajillas en una cadena de fabricación de respiradores, lo que nos puede dar una idea del compromiso y de la cantidad de ingenieros, médicos, anestesistas y otros profesionales implicados y de la cuantiosa dedicación invertida.

Tal vez sea esta la mayor tarea de la ingeniería en tiempos de crisis: simplificar el problema, buscar una forma rápida y viable de afrontar el reto que el momento nos pone delante y disponer los medios al alcance de forma creativa, más pragmática y que resulte más provechosa bajo el peso apremiante de la crisis.

Pero también hay una ingeniería que desestabiliza el equilibrio del poder en un momento histórico, y no me refiero solo al diseño armamentístico sino, por ejemplo, a los nuevos canales de comunicación. Hemos visto cómo Estados Unidos declaraba la guerra a Huawei, la empresa china que amenazaba con quedarse el pastel del 5G en todo el globo, vetándola internacionalmente.

A estas alturas ya sabemos que todo tiene una puerta de atrás o una ventana desde la que observar la información que genera el mundo desde el hardware, el software del sistema o las aplicaciones y, merced a ese valor incalculable que otorga saberlo todo y saberlo el primero, en las últimas décadas hemos visto ascender al Olimpo del poder y la riqueza a Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Bezos, Jack Ma, Jack Dorsey, Mark Zuckerberg o Elon Musk.

Estos dos últimos han librado una suerte de carrera por dominar el mundo de las comunicaciones en el futuro inmediato. Así, el creador de Facebook, con su proyecto ‘Aquila’, pretendó proveer de internet al planeta mediante una enorme flota de drones (y a través de internet.org) apuesta a la que hubo de renunciar en 2018 (aunque en 2019 buscó el apoyo de Airbus para continuar con el desarrollo).

Sin embargo el ambicioso Elon Musk ya dispone de casi 500 satélites privados orbitando en el espacio, lo que supone una pequeña parte del total de 40.000 que pretende conecten el mundo entero bajo su proyecto Starlink. Con un planeta en red, megaconectado, geolocalizado y absolutamente digitalizado por medio de las tecnologías que sacan partido a cada bit, el control de una pandemia futura -y de cualquier otra cosa- parecen un juego de niños.

Estas tecnologías facilitarán otras crisis, al tiempo que servirán para combatirlas e Igual que hoy observamos con candor e ingenuidad a aquellos que no sabían de qué pecados les venía la peste, puede que en pocos años seamos objeto de compasión cuando, comparando tiempos y medios pasados con los modernos, observen de qué poca tecnología se contaba a principios del siglo XXI, cuando se afrontó la amenaza del SARS-CoV-2 en un tiempo en el que aún no se sabía por dónde caminaba cada persona, ni siquiera su disposición genética al nuevo patógeno.

 

*En la foto Alan Turing.

 

CEES NOOTEBOOM, PREMIO FORMENTOR

CEES NOOTEBOOM, PREMIO FORMENTOR

EL HOLANDÉS CEES NOOTEBOOM GALARDONADO CON EL PREMIO FORMENTOR 2020
Mallorca, Barcelona, Edimburgo, Nueva York29 de abril 2020.- El jurado del Premio Formentor de las Letras, ha decidido conceder el galardón de este año 2020 al escritor holandés Cees Nooteboom que como poeta, novelista, ensayista y crítico de arte “ha desbordado con su incesante creatividad el límite que proponen los géneros literarios”.
 

Los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras 2020 formado por Judith Thurman, Alberto Manguel, José Enrique Ruiz Doménec, Alexis Grohmann y su presidente Basilio Baltasar, tenían previsto reunirse en la sede de la Fundación Saramago de Lisboa. Ante la imposibilidad de desplazarse han deliberado desde sus respectivos lugares de residencia: Manhattan, Barcelona, Edimburgo y Mallorca.

Para el jurado, el galardonado con el Premio Formentor 2020 es un escritor viajero que ha hecho del nomadismo una actitud filosófica, estética y espiritual que trasciende las fronteras y revela la naturaleza expansiva de los horizontes humanos.

Nooteboom es un escritor universal que escribe con la conciencia de pertenecer a la gran tradición cultural europea. Ha vivido de cerca los espectaculares momentos de la historia de nuestro continente y lo ha contemplado desde lejos: conoce muy bien los dilemas que Europa debe resolver. Su obra es el resultado de una indagación penetrante en ese espíritu que nunca nos ha hecho tanta falta como hoy.

Una fértil trayectoria literaria
En el acta de la reunión el jurado destaca que su mirada minuciosa revela el sentido de un mundo en perpetúa transformación y su curiosidad no deja lugar alguno libre de la inquietud creativa que lo ha llevado de un lugar a otro desde los comienzos de su fértil trayectoria literaria.

En su opinión Nooteboom ha dado a la ficción la certeza de una presencia personal y al relato existencial de sus viajes la delicadeza narrativa de la gran literatura. Nooteboom es uno de los más grandes cronistas de nuestro tiempo, capaz de convertir las experiencias de sus viajes en una sabia percepción de los elementos latentes del cosmopolitismo estoico.

A lo largo de un prolongado empeño creativo Cees Nooteboom ha sabido evitar las convenciones que aceleran el envejecimiento del mundo, ha podido renovar la inspiración que lo vivifica y con la formidable energía narrativa de sus libros ha conseguido restaurar la intensidad del gran viaje de la vida. Su obra alienta con una límpida mirada de escritor nómada la belleza de un mundo inabarcable.

Cees Nooteboom
Cees Nooteboom (La Haya, 1933) es uno de los mayores y más originales escritores holandeses contemporáneos: traductor de poesía española, catalana, francesa, alemana y de teatro americano; autor de novelas, poesía, ensayos y libros de viaje. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Europeo Aristeon de Literatura (1993) por La historia siguiente, el Premio Bordewijk (1981), el Premio Pegasus de Literatura (1982), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2003), el Premio Europeo de Poesía (2008), el Premio de Literatura Neerlandesa (2009) y el mayor premio que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010). En Francia ha sido nombrado Caballero de la Legión de Honor y es Doctor Honoris Causa por la Freie Universität de Berlín. Vive en constante nomadismo entre Holanda, España y Alemania. Cabe destacar en su bibliografía el importante papel que ha jugado Menorca (Islas Baleares) en algunos de sus libros.

Premio Formentor
El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.
El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…).
En Formentor fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu.y Annie Ernaux.

Las Conversaciones Literarias de Formentor
Las Conversaciones Literarias de Formentor, se organizaron por primera vez en la década de los años treinta auspiciadas por Adan Diehl, creador del Hotel Formentor.
Continuaron en la década de los sesenta con el patrocinio de Tomeu Buadas.
Desde el año 2008 las Conversaciones Literarias cuentan con el mecenazgo de Simón Pedro Barceló, actual propietario del hotel.

La Fundación Formentor
La Fundación Formentor ha sido creada para organizar el Premio Formentor de las Letras y las Conversaciones Literarias que se celebran cada año en Formentor. La entidad, auspiciada con el mecenazgo de la familia Barceló, da continuidad a los encuentros culturales iniciados en 1930 y al premio literario convocado por los editores europeos desde 1961.

DIÁLOGO CARMEN MAINER MARTÍN, FAGOT.

DIÁLOGO CARMEN MAINER MARTÍN, FAGOT.

- Creo que, en realidad, querías ser violinista. ¿Cómo se produjo el cambio, qué te llevó al fagot?

Tenía once años y mi mejor amiga tocaba el violín y en ese momento lo que quería era tocar lo mismo que ella, ir juntas al conservatorio, etc. Recuerdo que el Conservatorio Profesional de Huesca organizó unas jornadas de puertas abiertas a lo largo de las cuales pude probar todos los instrumentos que se enseñaban. El fagot me llamó mucho la atención el día que lo toqué por primera vez, pero lo cierto es que seguía queriendo tocar el violín. Realmente estoy aquí por una (afortunada) casualidad, porque mi madre se quedó con la copla de que el instrumento me había resultado muy atractivo y pensó que había cambiado de idea. Los primeros años no me gustaba mucho, pero cuando empecé el Grado Medio ya se convirtió en mi instrumento. Realmente ahí se produjo un cambio, gracias a los conciertos de Vivaldi. Descubrí un repertorio que desconocía y me enamoré completamente del instrumento y de su sonido.

 

-¿Podrías definir su sonido, qué lo hace especial, qué dificultad tiene el instrumento?

Es muy difícil definir un sonido… El del fagot podría decirse que es aterciopelado, dulce, melancólico… Pero también de una gran presencia, desgarrador en el registro sobreagudo. Para mí, lo que lo hace tan especial es la madera, esa densidad cálida y envolvente.

En cuanto a la dificultad del instrumento, yo diría que las cañas son un desafío constante. Para aquellas personas que no sepan de qué se trata, la caña del fagot está compuesta por dos láminas de madera muy fina (caña) y la vibración que se produce al soplar en ella genera el sonido del instrumento. De este elemento tan pequeño depende la comodidad del intérprete al tocar, la calidad y el color del sonido… Y las combinaciones de materiales y de formas de hacerlas son infinitas. Por no hablar de los cambios de tiempo que les afectan mucho y que pueden hacerlas cambiar de un día para otro.

-En contra de lo que se suele decir, siempre reivindicas el lugar del fagot en la Historia de la Música. Aludes a Vivaldi de manera especial.

Vivaldi ha sido fundamental en mi carrera, realmente un antes y un después, porque al escuchar sus conciertos para fagot pasé de plantearme la música como un hobby a empezar a imaginar un posible futuro profesional. Sus conciertos son de una imaginación desbordante, de una gran riqueza y audacia en el tratamiento del instrumento y en su lenguaje musical y armónico. Vivaldi escribió treinta y nueve conciertos para las huérfanas del Ospedale Della Pietà en Venecia, que eran fagotistas, y en ellos exploró los límites expresivos del instrumento, que además en aquella época era mucho menos sofisticado que ahora. Para mí, la referencia en la interpretación de los conciertos para fagot es Sergio Azzolini, quien de alguna manera ha sabido conectar con la sensibilidad tan particular y subyugante del cura rojo.

¿Quién fue Isang Yun y qué vínculo tiene con el fagot?

Isang Yun fue un compositor coreano que desarrolló su carrera a lo largo del siglo XX en Europa, fundamentalmente en Alemania. Como otros compositores de su procedencia y de su generación, su lenguaje musical se caracterizó por aunar, grosso modo, la sonoridad de los instrumentos tradicionales orientales y las nuevas formas de componer occidentales que se desarrollaron a partir de la segunda mitad del siglo pasado. A principios de los años 80, Yun compuso su Monolog für Fagott, una obra magnífica para fagot solo en la que explora los recursos expresivos y técnicos del instrumento. Se trata de una pieza de unos diez minutos, fascinante por las atmósferas que consigue crear. La he tocado en varias ocasiones y lo cierto es que siempre que la recupero después de un tiempo ofrece nuevas dimensiones que antes no había percibido. No se termina nunca.

-Eres oscense, Enrique Escartín Ara también, y creo que has seguido los pasos de tu hermana menor Ana, flautista. ¿Por qué? ¿Qué te da Francia que no te hubiera dado España’

Cuando terminé la carrera en el CSMA, aún me quedaba un año para finalizar Historia del Arte en la Universidad. Mientras acababa la Licenciatura, mi hermana pasaba su primer año en París y me animó a irme con ella. Lo cierto es que en el momento no lo pensé demasiado y me fui, fundamentalmente porque en España en ese momento (2013) no tenía trabajo. A lo largo de este tiempo, París me ha dado muchas cosas. Ha sido un camino muy duro, he tenido que trabajar mucho y hay que seguir en ello para mantenerlo, pero hago balance y ha merecido la pena. En este momento soy artista freelance (intermittente du spectacle), trabajo en la Philharmonie de París y doy clases en los conservatorios de los distritos 13 y 20. No puedo saber qué hubiera pasado de haberme quedado en España hace cinco años, pero las oportunidades que intuía que podía encontrar fuera en ese momento ni las imaginaba en mi país.

-Has fundado varios grupos como Gavarnie Ensemble y tocas a veces en varias orquestas. Y creo que das clases. ¿Cómo vive un músico, o mejor como sobrevive, incluso en Francia?

Realmente, los músicos sobrevivimos, más que vivimos, pero en Francia existe un estatus especial para artistas (la llamada “intermitencia”), que nos hace la vida más fácil. De forma resumida, se trata de una ayuda que otorga el Estado a las personas que se dedican al mundo del espectáculo (actrices, bailarines, directoras, tramoyistas, técnicos de luces, y obviamente músicos) cuando se justifican una serie de conciertos/espectáculos declarados (con contrato, no pagados “en negro”) al año. Si se reúne ese mínimo anual, se puede optar a esta ayuda, que consiste en que el Estado paga un salario los días en los que no se trabaja. Por ejemplo, yo como intermitente puedo tener un mes dos conciertos; esos dos conciertos me los paga la sala en la que toco, pero los 28 días del mes cobro esa ayuda del Estado. Si un mes no tengo ningún concierto, el Estado me paga todo el mes. Está francamente bien pensado, porque se paga todo el trabajo (¡que no es poco, más bien al contrario!) que hay detrás de un concierto (horas de ensayo, de estudio, de crear proyectos, de hacer contactos, de mandar propuestas a salas, etc., etc.).

-¿Cómo te has planteado el disco de fagot y piano, con Enrique Escartín Ara y con tu hermana Ana?

Este disco es un gran orgullo para mí. Principalmente, porque es el primer CD que grabo como solista y además gracias a un premio otorgado por el Colegio de España en París que vino en un momento bastante delicado de mi carrera. Lo quise plantear con mucho rigor y seriedad, sobre todo en la elección de las obras que quería grabar, pero también quería disfrutar del proceso de creación, de las sesiones de ensayo y de grabación. Por eso no podía pensar en mejor compañía que la de Enrique y Ana. Enrique fue mi pianista durante los cuatro años de la carrera en el CSMA, y con él he vivido momentos muy importantes en mi vida musical. Que él fuese mi pianista una vez más en mi primer CD me daba una seguridad absoluta, la música de cámara con él siempre ha sido un disfrute. Con Ana hago música desde que somos niñas y aún no tocábamos ningún instrumento. Hemos cantado, improvisado ritmos, creado códigos musicales propios, desde pequeñas hasta ahora. Que Ana me haya acompañado en esta aventura es la continuación lógica de este camino.

-¿Qué sonidos, partituras y emociones buscabas? Lo digo porque aludes a un criterio muy personal en la elección de temas… Se ve que te interesa mucho la música contemporánea...

Cuando pensé en el repertorio que quería grabar, mi idea principal era la coherencia. Quería que todo el repertorio fuese original, que no hubiese ningún arreglo. Otro requisito de gran importancia era que quería grabar repertorio de cámara en el que el fagot pudiese “mostrar” su riqueza expresiva y sonora. Y, por supuesto, que se tratasen de obras con un significado especial para mí, de ahí el criterio personal…

-¿Cómo nace un disco así: hay una documentación previa, interviene el azar, intentas fijarte en un repertorio concreto, aquí del arco de un siglo?

El repertorio que a mi modo de ver podía aunar mejor las condiciones que me había “fijado” de alguna manera se encuentra fundamentalmente en la música escrita durante el siglo XX, que me resulta fascinante. Al final el CD es una muestra de la música para fagot que se ha escrito desde 1921 (fecha de la Sonata de Saint-Saëns) a 2017 (fecha en que estrenamos las Variaciones de Alex Nante).

 

-Hay piezas que son muy bellas y raras, por ejemplo la de Saint Saens. Dices que es como el canto del cisne del compositor…

La Sonata de Saint-Saëns es una obra maestra de nuestro repertorio. La compuso en su último año de vida, de ahí que la considere como su canto de cisne, y, a pesar de su deuda con el romanticismo (pienso fundamentalmente en el primer movimiento), anuncia un tratamiento muy audaz del instrumento, ya que abarca la totalidad del registro del fagot, yendo aún más allá que Stravinsky en La Consagración de la Primavera.

-Está Paul Hindemit, que es uno de los grandes músicos de hpy…

La sonata de Paul Hindemith para fagot y piano se suele considerar una obra menor, pero lo cierto es que es una pequeña gran joya de nuestro repertorio, muy interesante y en absoluto anodina. A mí misma me llevó tiempo aprender a valorarla como merece, y en este proceso de “apropiarme” de la música ha tenido también un papel muy importante Enrique en el transcurso de los ensayos, trabajando parte por parte, escuchando las armonías, la forma en que está escrita la parte de piano. La Sonata de Hindemith es un poco como el Monolog de Isang Yun, no se termina nunca.

-¿Quién es Alex Nante, el más joven de todos?

A Alex le conocí en París, durante el primer año que pasé en el Colegio de España en la Cité Universitaire. Él estaba viviendo en la Casa de Argentina y acababa de crear el Ensemble Écoute, dedicado a la música contemporánea, junto al director y pianista Fernando Palomeque. Alex está terminando su Master de Composición en el Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris y en estos momentos desarrolla su carrera fundamentalmente en Europa, pero también en Argentina. En 2017 nos compuso sus Variaciones, que tuvimos el placer de poder estrenar y de grabar en este disco y que para mí eran, por muchas y diferentes razones, una manera estupenda de cerrar el CD.

-¿Cómo te defines como intérprete? ¿Eres científica, apasionada, serena?

Si me tengo que definir como músico, diría que soy intuitiva, aunque luego tenga la necesidad de justificar el porqué de lo que hago. Mi forma de aproximarme a la música no es racional en un primer momento, sino que me dejo llevar por lo que me sugiere la partitura a la hora de tomar una decisión interpretativa. En un segundo nivel, razono el porqué de la forma de interpretar y rectifico o no en función de criterios más “científicos” (estilísticos, camelísticos, etc.). No me considero especialmente “científica” ni “serena”, salvo cuando trabajo el repertorio contemporáneo, cuando mi forma de trabajar es mucho menos intuitiva y más racional desde el primer momento.

-¿Cómo has trabajado con Enrique Escartín Ara y con tu hermana, podrías definirlos un poco?

Siempre es un placer trabajar con ellos. Enrique es un estupendo compañero de cámara, con el que toco muy a gusto y en quien tengo una confianza absoluta. Nuestra forma de trabajar es diferente en algunos aspectos, pero lo que uno aporta el otro no, de manera que nos complementamos muy bien en los ensayos. Con Ana tocamos juntas desde hace muchísimo tiempo y cada vez que hacemos un concierto aprendemos algo nuevo, es un camino que no se acaba nunca, porque las dos buscamos una perfección, un ideal, que se aleja conforme nos acercamos a él. Lo mejor de haber trabajado con los dos en este disco han sido los ensayos en los que hemos jugado, en el sentido inglés o alemán del término (play, spielen), literalmente, con la música. Ana y Enrique tienen una forma muy similar de entender la música, más racional que yo, y resulta muy enriquecedor poder trabajar con ellos.

-¿Cuál va a ser el recorrido del disco, lo vas a presentar en España, lo vas a tocar en Aragón?

El disco se ha publicado en un momento difícil para darlo a conocer, ya que salió a la luz en pleno verano. No obstante, la idea es darlo a conocer tanto en España como en Francia a partir de este otoño, aunque de momento la presentación se circunscriba a la prensa. Mi idea sería hacer uno o varios conciertos de presentación, aunque el disco ya lleve unos meses en el mercado, y por supuesto en ese sentido sería muy importante para mí poder darlo a conocer en Aragón.

-Tocas en el Foro Romano, en Uncastillo. ¿Sigues teniendo a Aragón en el corazón?

Sin duda. No creo en las naciones como construcción política, pero me siento profundamente ligada a la tierra en la que he nacido y crecido. A pesar de vivir fuera, de lo mucho que esté viajando en este momento de mi carrera, siempre es un placer poder volver y tocar “en casa”. Este verano tocamos con Gavarnie Ensemble por segunda vez en el Foro Romano y nos estrenamos en el ámbito del cine en el Festival de Uncastillo. Ambos proyectos eran muy distintos, pero nos hacía especial ilusión poder hacerlos primero por el reto musical que suponían, y segundo, pero no menos importante, por poder compartir nuestra música con un público que nos quiere mucho. Es indudable que tocar en una sala como la de la Philharmonie de Paris es un lujo, pero también lo es finalizar un concierto en el Foro Romano y que el público se acerque a ti para decirte lo mucho que les ha gustado.

-¿Le reprochas algo a la política cultural español o al Gobierno de Aragón?

En el ámbito cultural y, más concretamente, en el musical, les reprocharía la situación de toda una generación de grandes músicos que se ha visto obligada a salir de España para poder ganarse la vida. Nuestro sistema de educación musical, con los Conservatorios Profesionales que imparten las Enseñanzas Elementales y Profesionales, es uno de los mejores de Europa. Los músicos formados en España tienen un nivel de base muy sólido al terminar lo que antes era el Grado Medio y antes de iniciar estudios superiores. Mejor que en Francia, donde el sistema de Conservatorios es mucho más elitista y la formación básica mucho menos exigente. Lo mismo sucede en otros países europeos. Y, sin embargo, hay una generación de grandes intérpertes, compositoras, directoras… que ha tenido que salir de España para poder ejercer su trabajo. Europa está llena de músicos formados principalmente en España, con un nivel muy alto. Lamento profundamente que esta generación, formada en uno de los mejores sistemas de educación musical de Europa, no pueda ejercer en su país y “devolver”, de alguna manera, la inversión que el Estado ha hecho en su formación, y por supuesto el esfuerzo de las familias, que es fundamental para desarrollar una carrera profesional en la música. Si esta generación de músicos tuviese la oportunidad de estar trabajando en España en este momento, bien fuese impartiendo clases, dando conciertos, creando nuevos espacios para propuestas multidisciplinares… No me cabe duda de que contribuirían a generar una sensibilidad diferente hacia la cultura en general y hacia la música, clásica o no, en particular.

-Si te pones a soñar, ¿cómo y dónde querrías estar, qué desearías hacer como instrumentista?

En este momento de mi vida casi me parece estar viviendo ya ese sueño, porque compagino dos actividades que para mí son fundamentales como fagotista: la parte artística, con Gavarnie Ensemble, y los proyectos en los que me estoy embarcando con otros grupos, y la docente, con el proyecto DÉMOS en la Philharmonie de Paris. A medio/largo plazo me encantaría que Gavarnie Ensemble se desarrollase con nuevas propuestas que aúnen diferentes formas de expresión artística. No me veo tocando en una orquesta profesional, me interesa más el trabajo de cámara o de ensemble de cámara, donde hay una gran cantidad de repertorio interesantísimo para explorar. Y en cuanto a dónde, por el momento me veo viviendo en París, viajando mucho, pero sin dejar de mirar hacia el sur.

 

*Retrato de Carmen y Ana Mainer Martín.

 

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. ÁNGEL GUINDA

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. ÁNGEL GUINDA

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Ángel Guinda: “Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…”

Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños”

 “De aquí saldremos más recelosos del futuro, por la puerta de atrás o con los pies por delante”

¿Cómo está viviendo el coronavirus?

Con resignación y alevosía. Ronroneando constantemente lo que decía mi abuelo Guinda en Uncastillo: “¡Qué preparo! ¡Vaya panorama!”

¿Dónde le ha cogido y cuáles son sus rutinas?

En Madrid, en casa. Aunque llevo así desde hace muchos años, excepto en los buenos tiempos cuando iba al Moncayo, a Valladolid o a contemplar el mar (Cantábrico y Mediterráneo.) Ahora, claro, no salgo nada a la calle porque no me dejan. Estoy peripatético como aquellos filósofos aristotélicos: camino por la terraza y voy de punta a punta del piso mientras pienso. Leo biografías: ahora estoy enfrascado en la vida de la pintora Tamara de Lempicka. Escucho continuamente sonatas, sinfonías y minuetos de Beethoven.

¿Se ha reencontrado con algo, con alguien, qué pensamientos le han pasado por la cabeza?

Todas las noches me levanto dos veces y, a oscuras, por el pasillo, cada vez que rebaso una puerta entreabierta pienso que me va a tocar una mano. La mano de mi padre. Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños.

En cierto modo por su enfermedad y por la necesidad de descanso ha estado recluido bastante tiempo. Sabíamos poco de Ángel Guinda. ¿Qué ha pasado en su vida durante esto año en que apenas le hemos visto?

Ha sucedido lo que vaticiné hace más de tres décadas en un poema que comienza: “Me he fumado la vida /como el tiempo se me ha fumado a mí.” Ha pasado la vida. Mucha meditación. Constantes revisiones del proyecto poético en el que he trabajado a lo largo estos últimos seis años. Durante 2019 he visto mucho buen cine actual de distintos países. Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…

Estaba escribiendo el libro de su vida, o uno de ellos, jaja. ¿En qué momento estaría? ¿Cómo lo lleva? ¿Qué es exactamente?

He estado escribiendo el libro de la existencia de cualquier ser humano: vida, salud, felicidad, amor, enfermedad, vejez (“Envejecer es un catálogo de averías, un repertorio de reparaciones.”) El libro está en encuadernación. Trinidad Ruiz Marcellán, mi editora, me comunicó hace un mes que se presentaría en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza el 21 de abril. Ya ves, el coronavirus forzó la cancelación del acto. Recuerdo que el 23 de febrero de 1981, iba a presentar mi primer libro asumido (‘Vida ávida’), pero un teniente coronel intentó un Golpe de Estado y por orden gubernativa se prohibió el acto en el teatro Oasis. Cuando tengo que presentar nuevo libro me pongo a temblar.

Cuando mira al balcón o desde el balcón, ¿qué ve, qué le conmueve? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de los vecinos o, por extensión, de los españoles?

Desde el largo balcón de casa, en la Plaza Arturo Barea, veo a ambos lados de mí una legión de vecinos aplaudiendo y, a pie de calle, seis sanitarios del Centro de Salud que tenemos enfrente saludándonos cuando se retiran. Me ha sorprendido favorablemente la espontaneidad de su gesto, su fervor y constancia.

¿Hay algo en lo que no cree demasiado, que le suscita desconfianza o prevención?

En la realidad más real. En las promesas del poder y más aún de la oposición, hoy más ilusa, arisca y mentirosa que nunca. En la buena voluntad de algunos políticos, más inmaduros y menos preparados que el pueblo. Unos y otros olvidan que el problema del Poder es no poder.

 

Un tema de debate nacional que hace pensar otra vez en las dos Españas es la gestión de la crisis. ¿Qué le aplaude y le reprocha al Gobierno de Pedro Sánchez?

Soy demócrata republicano. Respeto y me alegra el gobierno de coalición que se formó tras las últimas elecciones. Le aplaudo más que le reprocho. No es fácil gestionar inmediatamente la eliminación de lo que llega de pronto, ataca por sorpresa y mata. Cuando la Dictadura que padecimos todos íbamos contra el enemigo común. Ahora vemos enemigos en los propios compañeros y amigos.

Hace años, Ángel Petisme cantaba: “Ahí vienen los bárbaros” ¿Ya han llegado y son invisibles?

Ha llegado, digamos, un dictador que advierte de nuestros excesos y no tenemos aún las armas ni estrategias para reducirlo. Me pregunto si ese dictador vírico se ha escapado de China o lo han soltado con malas intenciones antipoblacionales para Asia y para muchos países.

¿Cómo saldremos de esta?

Más recelosos del futuro. Saldremos por la puerta de atrás o con los pies por delante.

Ha sido durante 40 años profesor de literatura. ¿Qué les diría, qué les dice a los alumnos que nunca habían vivido nada parecido?

Que estudien mucho y se preparen más, que para ellos será. Cuanto más sepan menos podrán ser engañados ni manipulados y mejores posibilidades laborales tendrán.

¿Considera como dicen algunos que este es un tiempo apocalíptico, un castigo divino…?

Es una época opaca, un tiempo de siniestras competencias para conseguir hegemonías.

Se habla mucho de la fragilidad del hombre y de la sociedad. ¿Nunca hemos sido tan frágiles como grupo?

Nos creemos colosos. / ¡Somos insignificantes! / ¡Tenemos esta vida en alquiler!”



¿Cómo convive un poeta con la ciencia?

Son muchas las ciencias que conviven en los poemas. Por ejemplo las Matemáticas: por el número de sílabas de los versos que crean la musicalidad, la armonía, el ritmo. La geometría formal de esos versos. La Física, la Química (el aire, el agua…), las Ciencias Naturales (Geología, Botánica, que componen el paisaje), la Zoología, la Astronomía (“Es necesario visitar el cielo”, decía el poeta uruguayo Ricardo Paseyro…

Es traductor, biógrafo, en mayor o menos extensión, crítico literario… ¿Ha pensado en cómo las pandemias, las maldiciones, las pestes o las reclusiones han afectado a los poetas, a los escritores?

Bueno, esas adjudicaciones a mi trayectoria son excesivas. Llevo años dedicado en exclusiva al pensamiento y a la poesía. Fuerzas que han moldeado mi conocimiento, sensibilidad, comportamientos y emociones.

El poeta era como un profeta, una voz que tenía razones. ¿Ha perdido el poeta su condición de visionario? ¿Cuál es su lugar ahora?

Tal vez hoy el poeta está excesivamente ocupado en el conocimiento de lo inmediato, de lo no remoto. La invasión de la realidad enturbia su capacidad visionaria. Pero, en su interior más profundo, está muy interesado en el compromiso con la Belleza, la Verdad, la bondad, la soledad, la solidaridad…

En este tiempo habrá pensado mucho. Mirando hacia atrás, ¿qué cree que ha hecho bien? ¿Se arrepiente de algo?

Es cierto. He pensado y pienso mucho: pensar nos mueve y nos conmueve. El pensamiento y el aire son invisibles pero están ahí, necesarios para la vida. Y me he hecho muchas preguntas. He hecho bien haberme sensibilizado y comprometido ideológicamente con los más desfavorecidos. De joven milité en el PCE-Aragón cuando su Secretario General era Vicente Cazcarra. Y las Juventudes Comunistas de Aragón estaban lideradas por Violeta Ibáñez. Conservo dos carnets del Partido: uno firmado por Dolores Ibárruri y otro por Carrillo. Cuando el PCE se alineó con el eurocomunismo (Marchais, Berlinguer…), abandoné la militancia. Me arrepiento de mis viejos radicalismos. Mi primera suegra –Josefina Marcellán- me decía que “el que vive a todo llega”. Ya en la vejez regreso a lo sagrado, a la religiosidad por el enigma, incluso por el miedo.

¿La literatura, en estos tiempos de coronavirus, para qué nos puede servir?

La literatura, y todas las artes, nos ayudan a sobrevivir, a sacarnos de este mundo tan bello y a la vez tan miserable (como la condición humana) y transportarnos a la esfera de lo sagrado donde el misterio es suprarreal, inefable.

¿Podrías recomendarnos cuatro o cinco libros de poemas que le hayan marcado la vida?

Cántico espiritual’ y ‘Poesías, de San Juan de la Cruz; ‘Rimas’, de Bécquer; ‘La voz a ti debida’, de Pedro Salinas; ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, de Neruda; ‘Vida de un hombre’, de Ungaretti; y poemas concretos de Rosalía de Castro, Baudelaire, Salvatore Quasimodo, Dino Campana, Jacobo Fijman, Montale y de los aragoneses Rosendo Tello Aína, Miguel Labordeta, Pinillos, Julio Antonio Gómez y otros tantísimos genios poéticos.

 

*La ilustración de Ángel Guinda es de Josema Carrasco.

 

 

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. MANUEL VILAS

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. MANUEL VILAS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/19/manuel-vilas-la-politica-tiene-que-ser-el-lugar-de-la-palabra-y-de-la-razon-1370307.html

El coronavirus le cogió en un momento de promoción del premio Planeta. ¿Qué ha supuesto para usted, qué ha dejado de hacer?

Tenía un montón de actos programados, y tenía la promoción de mi novela “Alegría” en México, Colombia y Argentina. Un montón de viajes suspendidos. También se han retrasado las traducciones, ahora tenía que salir la traducción al portugués, italiano y alemán, que se han retrasado para después del verano.

-¿Cómo está viviendo la reclusión, cómo la enfrenta y la supera?

A mí me afecta mucho. Intento trabajar, pero cuesta escribir con un mundo cercado por la pandemia y por el sufrimiento de miles de muertos y por la desesperación de tanta gente que ha perdido a sus seres queridos.

-¿Le estimula para la escritura? ¿Piensa el escritor que aquí podría haber un gran metáfora de la vulnerabilidad universal o algo semejante?

Sí, de hecho estoy escribiendo sobre la pandemia. Porque la pandemia va a cambiar muchas cosas. Efectivamente, nos hemos dado cuenta de que somos de una vulnerabilidad terrible. Además, hay un tema oculto del que no se habla porque nos aterra: pensar que el Covid-19 es el comienzo de otras pandemias que vendrán. De modo que la vida puede llegar a convertirse en una convivencia perpetua con los virus. El virus además es invisible y exige un acto de fe. Creer que existe un virus es también un acto de fe. La ciencia dice que los ve, pero yo no los veo. La ciencia a veces se parece a la religión. La ciencia no puede sustituir a la filosofía. Quiero decir que la gente tiene que seguir pensando más allá de lo que diga la ciencia. El virus es una construcción científica, revalidada de acuerdo a unos protocolos de verificación que son también construcciones intelectuales, son modelos. Dentro de 50 años estos modelos se revelarán ingenuos y de época. La ciencia es también contexto cultural.

-¿En quién ha pensado más estos días, en Kafka, uno de tus dioses, el autor de la sinrazón, el absurdo y la imposibilidad, o en Javier Tomeo, el escritor de los espacios cerrados?

Pues yo creía que volvería a Kafka o a Tomeo, pero lo que hago es releer el Quijote. Todavía no entiendo qué me ha llevado a releer el Quijote. Y lo recomiendo en estos días. Hay algo en Cervantes, puede que una infinita misericordia, que puede servirnos en esto días. También Cervantes es la duda permanente.

-Sorprendió cuando Le pidieron una palabra para definir el momento y elegió: ‘Alegría’. ¿Era autopromoción o un ejercicio de sinceridad? ¿Es de veras la palabra clave de una crisis como ésta?

Alegría era el sentimiento que yo tenía antes del confinamiento, y es el sentimiento que tendré después. También he dicho que durante el confinamiento lo que tengo es un sentimiento de alegría congelada. Siempre la alegría, es una obligación moral.

-Todo hemos mirado en la historia de la literatura y del cine donde se había anticipado un hecho semejante. ¿A usted qué le ha interesado? Me suena que hace años, era lector de ‘La peste’.

Pues he intentado en el cine que veo estos días alejarme de películas de pandemias y de distopías. Ayer vi ‘La Strada’ de Federico Fellini, y me quedé fascinado. Contra la pandemia, recomiendo a Federico Fellini. Además se cumplen los cien años de su nacimiento.

-¿Qué poetas que hayan escrito su obra en reclusión le conmueven y ha dialogado más que nunca con ellos?

Tal vez los místicos, que vivían en una reclusión filosófica. Por ejemplo, soy muy lector de Teresa de Jesús. También soy muy lector de Proust, que pasó sus últimos años recluido en su casa. Hay un dato biográfico en Proust que me fascina: su pasión por el silencio. Colocó corchos en las paredes de su apartamento parisino. Estoy leyendo estos días un ensayo magnífico de Alain Corbin titulado “Historia del silencio”.

-¿Qué diferencia hay entre una reclusión forzada, casi cósmica o apocalíptica, y la que decide un escritor para redactar ‘Ordesa’ y ‘Alegría’, por ejemplo?

La reclusión forzada tiene mucho de penal, de cárcel. La escritura de libros como “Ordesa” y “Alegría” fue una exploración de la memoria, hecho en soledad. El denominador común puede ser la soledad. Pero yo escribí ambas novelas en medio de un montón de viajes. Para mí viajar es un acto de conocimiento. Ahora el único viaje que hago es al supermercado una vez a la semana. Es curioso, porque aun cuando estoy en el supermercado, rodeado de gente con mascarilla, tengo la sensación de que estoy viajando. Pero no sé adónde estoy viajando, y me parece que no me gusta el destino final.

-¿Qué está suponiendo ‘Ordesa’ y ‘Alegría’ en su vida? ¿De qué modo le han afectado y le transforman?

Ordesa’ y ‘Alegría’ me han cambiado la vida. Muchas veces es abrumador. Yo llevo escribiendo toda la vida. Hay un azar en la literatura, y en la vida en general. Menos mal que el éxito me ha pillado en la edad madura. Te pasa de joven y puede idiotizarte.

-Hace un tiempo en una conversación, decía que le habían faltado lectores. ¿Tiene la sensación al fin de que tiene los suficientes y que eso le hace feliz, o la ambición del escritor de más y más no acaba nunca?

Concibo la literatura como comunicación. A mi amigo Javier Cercas le gusta decir que en las novelas un 50% lo pone el escritor y el otro 50% lo pone el lector. No puedo estar más de acuerdo. Estoy infinitamente agradecido a los lectores de mis libros. Sin lectores, ya no podría escribir. La literatura comienza cuando un lector abre un libro tuyo, lee una página y se emociona. Hasta ese momento, la literatura no existe. La literatura es un encuentro.

-‘Alegría’ es un libro que nace, dentro de su introspección en la memoria de sus padres, de sus viajes, de ese ir de hotel en hotel. ¿Qué supone para usted este parón, qué le roba?

Ayer estuve comprando comida en el supermercado. Lo de menos ya es el parón, pensé. Lo peor es el miedo. Gente con su mascarilla. Los dos metros de distancia. El miedo en los gestos. El miedo por todas partes. La compra a toda velocidad. Me dejé los limones y los tomates. Compras con sofoco. A mí siempre me ha gustado hacer la compra, sonreír a los dependientes, a las cajeras. Ahora hacer la compra es algo terrorífico. Para mí comprar en un supermercado siempre fue una fiesta, ahora es un horror. Me acuerdo de cuando compraba en los supermercados de Estados Unidos: me podía pasar dos horas mirando cosas. Luego compraba poco, me gustaba mirar los precios, las marcas. He vivido en Roma unos meses, y allí hacía lo mismo: iba a los supermercados a mirar precios y cosas. No le pido mucho a la vida. Con dar un paseo y entrar en una tienda a mirar y no comprar nada me conformo.

-¿Qué le emociona especialmente de la reacción de la gente?

La solidaridad. La gente que arriesga su vida por los demás. Especialmente los médicos, los enfermeros y enfermeras, todo el personal sanitario, y todos los trabajos esenciales, desde cajeros de supermercado a repartidores, limpiadores, etc.

-¿Qué le enoja y le desconcierta?

Enojo no, más bien perplejidad o desconcierto. Me desconcierta que hayamos renunciado a la libertad de una forma tan rápida. Me desconcierta que la vida de repente esté sucia, se haya ensuciado. Y el miedo.

-¿Percibe en este conflicto la vieja trifulca de las dos Españas? ¿Existirá en este país algo que nos lleve a todos a remar en la misma dirección o estamos condenados a la maldición de no entendernos?

Sí, eso es lamentable. Casi es una maldición bíblica. No obstante, veo que en otros países también hay desencuentros, como en Francia y Reino Unido. El problema es que nuestros desencuentros tienen un pasado sangriento, como fue la guerra civil. Las broncas políticas en otros países no tienen detrás una guerra civil. La política tiene que ser el lugar de la palabra y de la razón.

-¿Lo hace bien el Gobierno?

Creo que sí. Y hay que estar con el gobierno y apoyarlo en todo, eso es fundamental. Ya están bajando el número de muertos y de contagios. Las medidas están dando sus frutos. Todos los países están viviendo lo mismo. No obstante, hay un hecho que me preocupa: por qué España es el país, en proporción con el número de habitantes, más perjudicado de todo el mundo por la pandemia. Ese dato es terco, porque es un hecho y los hechos no son opinables. ¿Qué le ha pasado a España para que arroje las peores cifras del planeta?

A Manuel Vilas siempre le han interesado las lecturas simbólicas. ¿De qué sería sinónimo esta plaga?

Es símbolo de que los estados y las naciones y la civilización y la ciencia son frágiles, muy frágiles. Son creaciones humanas que ante los misterios de la naturaleza se revelan como inútiles. La naturaleza sigue conservando sus misterios letales. No la hemos dominado del todo. Ha irrumpido con una fuerza devastadora.

-El mundo cultural le ha reprochado al ministro Uribes el olvido del sector. ¿Qué le reprochas used?

Yo creo que si algo ha demostrado la pandemia es la utilidad de la cultura. Podríamos empezar por reconocer que la cultura es un bien absoluto, imprescindible. España necesita cultura, necesita ciudadanos cultos. Un ciudadano culto no se va de vacaciones en plena pandemia, como hemos visto. La cultura también produce bondad y compromiso cívico.

-¿Cuál es la importancia de la cultura siempre, claro, y más ahora en tiempo de confinamiento?

La cultura es civilización. Es un espejo de la vida. Sin ese espejo, la vida es pobre.

-Manuel Vilas un cronista de lo cotidiano, un observador. ¿Qué rescataría, qué cree que podrá pasar a sus ficciones de todo lo que estamos viviendo?

Las ciudades desérticas son un espectáculo que habrá que contar en las novelas que vengan. Bob Dylan ha elegido estos días para publicar su canción sobre Kennedy. No trata directamente del coronavirus, pero indirectamente sí. Es una canción bellísima. La belleza tiene que seguir allí, en lo más alto de la vida.

-¿Cómo le cuentas a sus hijos lo que está sucediendo y cómo se lo contaría a sus padres?

Mis hijos tienen ya su propia visión de lo que está pasando. Me gusta más escucharles a ellos, porque tienen una visión nueva del mundo que me deslumbra. Mi madre era una anarquista cósmica. No hubiera aceptado que nadie atentara contra su libertad de tomar el sol en medio del campo. Hubiéramos tenido que atarla para que no saliera a la calle. En realidad, llevo un montón de días intentando averiguar cómo se hubiera tomado esto mi madre, y no acabo de verlo. No acabo de visualizarlo, tal vez eso pasa porque ya le estoy diciendo un adiós completo. Ya no consigo verla allí donde está, entre los muertos. Ya no la veo. Los muertos se mueven dentro del tiempo de los vivos. Va a hacer seis años de la muerte de mi madre, ella ya está entrando en la muerte profunda. Cuando un ser amado entra en la muerte profunda, ya no puedes verlo.

-Vive con una escritora. Profesora, poeta y narradora como usted, Ana Merino. Mo en sus ficciones. Mo de Mozart. ¿Cómo se lleva eso en una situación tan insólita? ¿Cómo modifica o enriquece el virus la convivencia de las parejas?

Pues lo llevamos con un poco de pragmatismo y resignación. Comentamos lo que pasa, las noticias, los datos, la información diaria. Hablamos de libros, de películas. A ella esto le ha sorprendido en mitad de la promoción de su novela “El mapa de los afectos”, con la que ganó el último Nadal. Es una estupenda compañera de aislamiento.

-Recuérdenos dos o tres libros, dos o tres canciones, dos o tres circunstancias (viajes, conciertos, amistades) que le hayan cambiado un poco la vida.

Me parece que estoy en ese momento de las relecturas. Necesitaba releer el Quijote. Me gusta recomendar literatura en español. Por ejemplo, recomendaría ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo, o cualquier novela de Miguel Delibes, porque este abril se tenía que celebrar los 100 años del nacimiento del autor de ‘Los santos inocentes’ . Ahora estoy escuchando mucho a Vangelis, es música electrónica de una belleza extraordinaria. En cuanto a países, he de decir que vivir en Estados Unidos cambió mi manera de ver el mundo. Aunque lo más importante que me ha pasado en la vida se llama ‘Barbastro’, mi pueblo. Ahora en Barbastro reinará la primavera, que en el Somontano es la estación más hermosa.

-¿Qué nos pasará cuando pase todo?

La verdad es que no lo sé. No sé cuál es el tamaño histórico de esto. La cancillera alemana Merkel dijo el otro día que desde la Segunda Guerra Mundial no había habido nada comparable. Mucha gente está repitiendo eso como un mantra. Todo dependerá de la recuperación económica. Todo dependerá de que sepamos recuperar un sentimiento, el de la alegría.

 

 

 

RECUERDO DE LUIS SEPÚLVEDA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/17/luis-sepulveda-el-escritor-que-hallo-el-secreto-de-la-pasion-en-la-selva-amazonica-1370082.html

RECUERDO DE CARMEN OLIVARES

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/17/adios-a-carmen-olivares-catedratica-de-filologia-inglesa-y-apasionada-del-arte-1370105.html

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/16/almudena-vidorreta-estamos-todos-en-el-agujero-1369885.html

 

Almudena Vidorreta: “Estamos todos en el agujero”



La escritora y profesora, residente en Nueva York desde 2016, ha podido salir del pais y pasar la reclusión en Zaragoza



Almudena Vidorreta Torres (Zaragoza, 1986) es poeta y profesora y doctora en Filosofía Hispánica. Reside en Nueva York desde 2016 y da clases en Filadelfia. Por motivos familiares pudo regresar a Zaragoza cuando Estados Unidos empezó a sentir la pandemia, hace en torno a un mes. Es autora de los poemarios ‘Lengua de mapa’, ‘Días animales’ y ‘Nueva York sin querer’, entre otros. Estaba en Nueva York, donde vive, pero pudo venir a España, a Zaragoza. ¿Qué pasó, por qué ha vuelto?

En cuanto suspendieron las clases presenciales en varias universidades y colegios privados, se recomendó a las personas con riesgos de salud quedarse en casa, y así lo hice. Trabajo en Filadelfia, donde viajo dos veces por semana para dar clase en Haverford College, y en los trenes se veía cada vez más gente con mascarillas. Mientras, en Manhattan, como si nada: pocos practicaban distancia social…, era una tragedia anunciada. Desgraciadamente he visitado las urgencias de distintos hospitales varias veces por otras razones. Si un día cualquiera son caóticas, intuía que esto sería infernal.

-Sus padres estaban allí con usted. Creo que han vivido una odisea para poder volver. ¿Cómo la resumiría?

Mis padres estaban pasando una temporada con nosotros. Cuando la situación se puso peor, pensé que era una suerte que estuviéramos juntos. Pero su seguro allí no cubre pandemias (¿quién piensa en esa letra pequeña?) y la situación parecía ir para largo. Si sobrepasas los tres meses de turista allá, no puedes regresar al país durante años, y en la embajada me dijeron que no me molestara en pedir una prórroga de visados (que sirve un mes más) porque pronto iban a interrumpirse los vuelos indefinidamente. Que salieran cuanto antes. Así que el nuevo plan fue huir con ellos. Conseguí billetes diez horas antes de nuestro viaje a España. No sabía si mi esposo podría acompañarnos, no había autobuses, el tren se averió…, pero lo logramos.

-Estados Unidos ya tiene un buen puñado muertos. ¿Cuál era el estado de ánimo del país?

El país está muy dividido. Las diferencias sociales no hacen sino quedar más en evidencia debido a esta situación: hay gente muy pobre, desinformada, sin posibilidades de seguro médico. Por otra parte, mientras el resto del mundo alertaba de que era un virus muy contagioso y aparecían los primeros casos en Norteamérica, se estaban celebrando elecciones primarias en varios estados. Una locura. Al mismo tiempo, hay quienes aplauden la preocupación del presidente por los mercados y les parece que la economía sigue siendo lo más importante, cueste lo que cueste. A mí me duele Nueva York. Es mi casa.

-Estados Unidos no tiene una sanidad pública como la española o la europea… ¿Aumenta eso la psicosis general?

Absolutamente. Muchos no entrarán en las estadísticas porque no pueden permitirse poner un pie en urgencias o no quieren endeudarse de por vida. Nueva York es una excepción porque ofrece seguros a las personas de bajos recursos, pero normalmente es una pesadilla. Aunque es difícil explicarlo, incluso con una buena cobertura sanitaria, en caso de enfermedad, uno se convierte en supervisor y gestor de su propio tratamiento. Si no, las facturas te arruinan la vida. Es demencial.

- ¿Cómo vive estos días de confinamiento en Zaragoza?

Sufro, como todo el mundo. Es triste ver lo que está pasando, perder gente querida, temer la enfermedad. Mientras tanto, atiendo a mi hija y a mis estudiantes. Reprogramar el semestre a distancia de la noche a la mañana ha sido una tarea ímproba (sin contar con el desfase horario). Pero en ese esfuerzo, tengo el apoyo de mi familia, y me siento muy afortunada por su compañía.

-¿Qué piensa de la pandemia? ¿Es como un castigo apocalíptico?

Procuro no pensar en esos términos, ni sucumbir a la tentación de las teorías conspirativas.

-¿Qué es lo que más le perturba?

Lo que venga después. Pensar en qué clase de futuro le espera a mi hija. El deseo de vivir lo más posible para verla crecer.

-¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podía surgir un ente invisible y maléfico, como de película de ciencia ficción, que paralizase el mundo?

No. O, si se me pasó, al ver alguna película o leer algún libro, no quise creerlo, como la mayoría.

-Aunque parezca una pregunta frívola. Usted es poeta. ¿Qué lugar ocupa ahora la poesía, qué nos puede dar en un momento en que todo se viene abajo?

La poesía siempre ha sido un bálsamo para mí. No he tenido mucho tiempo estas semanas para buscar su consuelo, la verdad, con tanto ajetreo. Aun así, he compartido poesía en las redes sociales y he participado en las microlecturas de La Bella Varsovia, donde se publicó mi último libro, ‘Nueva york sin querer’. No caí en la cuenta de que volver a esos poemas en los que hablo de sus lugares y sus gentes iba a ser tan doloroso. Este es un punto de no retorno que nos hará leer y escribir de manera diferente, como decía Adorno.

-Por extensión, ¿qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

El arte es importante para distraernos, entretenernos, hacernos sentir mejor. Los libros siempre han sido una vía de escape fácil, objeto cómplice del intimismo y la soledad. Este puede ser su mejor momento. Espero que cuando todo pase, la gente acuda a las librerías independientes a seguir comprando.

-¿Cómo podemos seguir manteniendo los valores de la educación?

Como profesora, estoy dando todo lo mejor de mí para dar respuesta a las necesidades de mis estudiantes en estas circunstancias, que son extrañas y limitadoras para todos. Hay que tener en cuenta que muchos regresaron a su país de origen, desde Chile hasta India, se enfrentan a escenarios completamente distintos en los que el virus se manifiesta con la misma crudeza, pero se conectan sin falta para nuestras reuniones semanales. Comparecer con buena cara, animarles y ofrecerles flexibilidad es lo único que está en mi mano para ayudar a hacer la situación más soportable a la gente con la que me relaciono en mi trabajo. El esfuerzo de educadores, investigadores y sanitarios es un pilar esencial de cualquier sociedad que adquiere protagonismo estos días, pero que debería ser siempre la prioridad de cualquier gobierno, de cualquier país. Desgraciadamente, esta es una oportunidad de oro para darnos cuenta.

-Emilio Lledó se preguntaba hace unos días, ¿quién nos dice la verdad? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Alguien nos está diciendo la verdad?

Es difícil saberlo. Hay muchos periodistas haciendo un esfuerzo increíble por contarnos la verdad, trabajando sin descanso, y también merecen el aplauso. Pero las guerras económicas y tecnológicas se han organizado en bandos que los ciudadanos de a pie ni siquiera percibimos. A veces, ni los gobiernos: hemos estado haciendo cálculos y echando cuentas con modelos erróneos, con datos falsificados. La verdad y la mentira son armas de destrucción masiva, y hoy en día cualquiera puede jugar a la ruleta rusa con un teléfono en la mano.

-¿La consuelan algunos libros ahora, quién le ayuda, hay deseos de crear en esta cautividad forzadas?

Quiero crear, siento pulsiones a veces en estos días, pero no sé si seré capaz. Veremos si las ocupaciones familiares y académicas dejan espacio para la poesía. El mejor consuelo, ahora mismo, son los libros ilustrados que dejan a mi hija boquiabierta en medio de tanta incertidumbre.

-¿Ha rastreado, aunque sea por curiosidad profesional, la huella de la peste, la gripe y otras calamidades en la poesía?

Investigué el tratamiento burlesco de la sífilis en la literatura del siglo XVII, a partir del poeta aragonés José Navarro. Me pregunto si algún día, dentro de siglos, alguien estudiará de la misma forma nuestras ocurrencias sobre el coronavirus. Siempre vale la pena volver la vista atrás; ‘Historia, magistra vitae’, hoy más que nunca.

-¿Para qué sirven’ el humor, la ironía, los chistes en este momento?

Conocer de qué forma nuestros predecesores hicieron humor sobre las epidemias me ha hecho poner en perspectiva algunos memes que circulan por las redes. Me parece esencial hacer sonreír al personal sanitario que sale llorando cada día del trabajo, que recicla materiales con ingenio, o a quienes se están jugando la vida incomunicados en residencias u hospitales. Y no deprimirse: hay que intentar sonreír, aunque sea a la fuerza.

-¿Cree que este es uno de los mayores períodos de fragilidad del ser humano?

Es uno de los momentos en los que más claramente percibimos nuestra fragilidad, que siempre ha estado ahí. Yo tuve mi episodio personal hace unos meses, un toque de atención que me hizo poner las cosas en perspectiva. No somos infalibles, aunque se nos olvide la mayor parte del tiempo.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

Se tendrían que haber suspendido todos los eventos multitudinarios desde mucho antes. La ciudadanía no tenía los datos, pero los gobiernos y los inversores, sí (miren las sesiones confidenciales en enero tras las que varios senadores estadounidenses vendieron sus acciones en Bolsa). Nadie quiso creer que las advertencias que desde diciembre llegaban de China y, pronto, de la OMS, les afectaban.

-¿Cuál es tu opinión acerca de la política sanitaria y de comunicación del Gobierno?

Sinceramente, no me gustaría estar en el pellejo de ningún gobernante ahora mismo. Es muy fácil opinar desde el sofá, a posteriori. Creo que no es momento de desacreditar a quienes, además, se están apoyando en expertos sobre la materia. Estamos todos en el agujero, y es fácil adivinar que la frontera entre la información y la alarma social puede ser finísima. Pero también le diré que, hace unas semanas, una amiga anestesista me decía que se sentía como si viera a cámara lenta dos trenes que van a chocarse, y no se pudiera evitarlo. Me pareció una metáfora exquisita de la precariedad laboral que llevan años denunciando. Ojalá que esto haga que nos preparemos mejor para la próxima, que la habrá.

-No se habla mucho del lugar de los niños. Usted es madre. ¿Eso la hace sentir más responsable, más solidaria?

Es durísimo explicarle a un niño que no puede ir al parque junto a su casa, aunque brille un sol espléndido. Tengo una niña de año y medio que habla por los codos y cada día suelta una retahíla de elementos de la calle y se prepara en la puerta para ir a pasear, a ver si alguien la saca. En Harlem conozco a muchas familias con hijos de su edad en situaciones muy desfavorecidas, y ahora no puedo quitármelos de la cabeza.

-En su vida cotidiana de confinada, ¿se ha reencontrado con hábitos u objetos?

Con el balcón de mi adolescencia en casa de mis padres. Salimos dos veces al día, a cantar y bailar con mis vecinos por la mañana, y a aplaudir por la tarde.

-¿Qué le dicen esas manifestaciones improvisadas de ventana a ventana, esas canciones, esos aplausos…?

Ese sentido de comunidad es muy de nuestra cultura, no existe en EEUU. Se siente una unidad que está por encima de doctrinas y credos.

-¿Seremos, somos, capaces en momentos como estos de olvidar nuestras diferencias políticas y aceptar que estamos todos en un único barco a la deriva?

Parece que no. Es curioso; si se piensa bien, la mayoría le echa la culpa a los mismos políticos a los que ya culpaba antes del virus, algo querrá decir. Pero, aunque aceptemos que esto está por encima de leyes e ideologías, somos seres sociales y nuestros cuerpos son materia política. Solamente deseo que esto provoque mayor empatía y solidaridad en el mundo.

-En un sentido puramente físico, ¿tiene miedo?

Sí. Muy físico. Real y patológico. Lamentablemente, la salud no me ha acompañado en los últimos meses, así que el miedo y las hormonas me paralizaban justo antes de montar en el avión que me trajo a Madrid. A pesar de la situación, aquí me siento más segura. Y, físicamente, también lo noto; estoy mucho mejor desde hace una semana.