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Antón Castro

CARIÑO Y AMIGOS PARA SERGIO GASPAR

[Sergio Gaspar ha cerrado su editorial DVD. Una auténtica lástima. Uno de sus últimos éxitos había sido ‘El ciclista de Chernóbil’ de Javier Sebastián. Va a ser objeto de un gran homenaje en Madrid el día 18. Uno de sus grandes amigos y compañeros de viaje, el traductor y poeta Eduardo Moga, manda esta carta a sus amigos, a sud cómplices, a sus lectores y amigos. ]

 

La foto de Sergio la he tomado de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-15c2ca0af895a1deb3b7a4eb76ee0992.jpg

HOMENAJE A SERGIO GASPAR

 

Por Eduardo MOGA

 

Queridos amigos:
 
Como sin duda sabréis, la editorial DVD ha dejado de funcionar el año pasado. Una crisis inclemente -que está afectando a todos, pero con especial saña al mundo editorial y cultural, tan frágil siempre en este país- y algunas razones de índole personal llevaron a su editor, Sergio Gaspar, a decidir su cierre, tras diecisiete años de compromiso con la literatura española. Creo que estaréis de acuerdo conmigo en que DVD ha sido una de las editoriales que con más fuerza ha apostado por la poesía y la narrativa de calidad en España -sobre todo, por la escrita por los más jóvenes-, sin distinción de escuelas, estilos o banderías. Ha sido un proyecto integrador, inspirado, fundamentalmente, por la defensa de la buena literatura.
 
Tras todos estos años de esfuerzo, y siendo un hecho ya, por desgracia, el cierre de la editorial, algunos colaboradores y amigos de DVD y de Sergio hemos pensado en rendirle una suerte de homenaje. Pero la palabra es excesiva, y excesivamente institucional. En realidad, nos gustaría simplemente reunirnos con él, celebrar con él un encuentro de eso, de amigos, para reconocer -y agradecerle- su trabajo y la destacada aportación de su empresa a las letras españolas recientes.
 
Así pues, Javier Lostalé y yo hemos organizado un acto en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid (c/ Alcalá, 42), el próximo 18 de enero, a las 20.00 h., al que estáis todos invitados, en vuestra calidad de autores de la editorial, amigos de Sergio Gaspar, simpatizantes del proyecto o, simplemente, amantes de la cultura. En la mesa estaremos el propio Javier, como promotor principal de la idea y coordinador del acto; Juan Manuel Macías, autor y traductor de DVD, y responsable de la página web de la editorial desde, prácticamente, su inicio; Manuel Rico y Jordi Doce, poetas, críticos y amigos; yo mismo, codirector de la colección de poesía de DVD desde 2004; y, naturalmente, Sergio Gaspar. 

 
El protagonismo de un acto así corresponde, como es lógico, al homenajeado. Pero nos gustaría subrayar que también os corresponde a vosotros: sin vuestra colaboración, DVD no habría existido. Se nos ha ocurrido, por lo tanto, que, con independencia de lo vuestras intervenciones en el encuentro, si también queréis leer algún poema, podáis hacerlo; es más, os animamos a hacerlo: así celebraremos la esencia del proyecto de DVD, que es la poesía, y daremos el mejor homenaje posible a su promotor. Solo os rogamos que, si os apetece leer versos, nos los indiquéis previamente a Javier o a mí, para que podamos organizar el orden de lectura.
 
Confío en que podáis acompañarnos en lo que pretende ser una fiesta de la palabra y una celebración de la amistad. Un fuerte abrazo.

 

UN SIGLO DE JOSÉ MANUEL BLECUA

CENTENARIO DE UN SABIO DE LETRAS

 

 

 

José Manuel Blecua

un siglo de pasión por la palabra

 

 

José Manuel Blecua Teijeiro (Alcolea de Cinca, Huesca, 1913-2003) fue un sabio infinito de letras que dejó, a su paso, una huella indeleble: entre sus alumnos (que son muchos y famosos: casi una escuela de filología), entre sus amigos, entre sus lectores y en el corazón de papel de los libros. José-Carlos Mainer escribió: “Intentó enseñarnos que la literatura no era cosa distinta de la vida. O, mejor aún, que la literatura era expresión cabal del vivir. Y que el mejor homenaje del estudioso de las letras al objeto de su trabajo era tomar su oficio como una parte gozosa de su vida: volver a gozar lo que nació como goce”.

Blecua Teijeiro fue siempre un hombre con ideales. Dijo poco antes de morir que “Vivir en una biblioteca es un sueño que he tenido desde niño”, y acabó viviendo, en su casa de Santa Teresa, en Zaragoza, y en la de Folgueroles, en Barcelona entre tomos, entre libros dedicados, Baroja o la Generación del 27 a sus contemporáneos, en medio de ese laberinto de olores, de lomos y de evocación de una de las más perfectas formas de la belleza. Blecua fue editor y crítico de Juan de Mena, Fernando Herrera, Don Juan Manuel, Lope, Quevedo, los hermanos Argensola, de la lírica tradicional española o Jorge Guillén.

Nació tal día como en hoy, en Alcolea de Cinca, Huesca, hace cien años. Era el mediano de tres hermanos y en su localidad siempre fue el “hijo de Manolito”. Fue un niño feliz y obediente que jugaba al fútbol, a las canicas, a pitos y al aro. Le gustaba buscar nidos y nadar en el lavadero; la natación siempre iba a ser una de sus aficiones. Confesó: “También jugué a decir misas, como Federico García Lorca, pero sin predicar. Uno de mis sueños infantiles era crecer de prisa”.  Recordó que a veces pasaba un profesor de violín para enseñarles música, pero nunca tuvo afición; en cambio, en vacaciones, su padre le enviaba a recibir clases de caligrafía con una señora que “tenía las manos desfiguradas por la artrosis. Llené muchos cuadernos y me gustó siempre escribir con pluma y letra clara”. Blecua siempre se acompañó de cuadernos, como ha recordado otra de sus discípulas más queridas, Aurora Egido, y poseía una letra redondeada y magistral. Ildefonso-Manuel Gil –que lo definió una vez “como amigo del alma y un auténtico hermano”- conservaba como oro en paño, o en caja de lata, su colección de cartas; José-Carlos Mainer editó su correspondencia con Ramón José Sender.

En 1923, la familia de los Blecua se trasladó a Zaragoza, a la calle Mayor 48, “a un caserón grande en una placita minúscula”, y estudiaría en San Agustín (abandonaría el colegio porque suspendió matemáticas, su cruz), y en el Santo Tomás de la familia Labordeta, “porque allí daban clases durante el verano, y se podía adelantar curso. Lo dirigía sin blandura don Miguel Labordeta, que nos enseñaba latín acompañado de ‘doña Eugenia’, que era una correa que castigaba equivocaciones en la declinación y en la traducción”. Poco a poco iría definiendo su campo de intereses: primero fueron los tebeos, luego las novelas de Julio Verne y Salgari, y casi a la vez las visitas a la librería Pastor.

Más tarde ingresaría en la Universidad de Zaragoza, a la que definió como “pequeña y noble”. Cursó dos carreras, Derecho y Filosofía y Letras, en un tiempo en que por el campus menudeaban José Gaos, Rafael Sánchez Ventura, Andrés Giménez Soler o Juan Moneva. Se inclinaría por completo por las letras, en las que desarrollaría una oceánica labor pedagógica y de investigación. Fue casi todo: un lector sensible e imaginativo, apasionado de los textos, un filólogo y un científico de la lengua, un editor y un profesor de varias generaciones: desde Fernando Lázaro Carreter o Manuel Alvar hasta Antonio Pérez Lasheras, pasando por los citados Mainer o Egido, Juan Manuel Cacho, Antonio Armisén, Francisco Rico, Guillermo Carnero, Andrés Sánchez Robayna, etc.

Dice Pérez Lasheras, a quien contagió su pasión por Luis de Góngora: “Blecua fue más un editor que crítico. Le costaba escribir, por eso sus prólogos suelen ser muy breves. La edición de Quevedo en Castalia es, todavía, hoy canónica. Como pedagogo, en sus conferencias hacía alusión a lo que habría que trabajar, a lo que quedaba por estudiar, y repetía que él aprendía cada día de sus alumnos”. Se casó con Irene Perdices –“una mujer muy elegante”- en la iglesia de San Cayetano, y tendrían dos hijos: José Manuel, director de la RAE, y Alberto, filólogo también.

Cuando finalizaba la Guerra Civil, en alianza con Teodoro de Miguel, fundó Clásicos Ebro, donde publicaría y editaría a un sinfín de autores. Y en concreto, entre otros títulos, en 1942 publicó un libro de referencia: su ‘Historia de la Literatura española’. Guillermo Fatás, catedrático de Historia y ex director de HERALDO, ha recordado: “Qué bueno, qué inteligente, qué sencillo, qué difícil de escribir. Parece mentira, pero allí me prendió Fray Luis de León sin que me diera cuenta, con aquello de: “Del monte en la ladera...” y un puñado de cosas más que ya no me han abandonado nunca. Bendito librico, sin ambiciones. Dejó Zaragoza el mismo año que yo ingresé en el Instituto Goya, así que por poco no fui alumno suyo un curso ordinario. Luego lo oí cuantas veces pude, era un placer redondo, acabado, incluso por el tono de su voz, que con la edad y la sordera se fue haciendo un poco temblona y lenta, pero sin merma de su atractivo. Era elegantísimo, sin afectación alguna”.

Blecua fue profesor en el Instituto Goya, desde 1939 hasta 1959, con alguna salida al extranjero (en Estados Unidos conoció a Pedro Salinas, que escribió: “Llorando de erudición/ nace Blecua en Aragón (...) Apenas andar se le ve/ y pone notas al pie”); en ese año se trasladó a la Universidad de Barcelona, como catedrático de Literatura Española, y allí compatibilizó sus clases con la Universidad de Verano de Jaca y con una obra ingente de estudios. Rosendo Tello, porfesor y poeta, compartió con él veinte años ininterrumpidos y salía a pasear y tomar fotos todos los días hacia  Bonagauás. Fernando Lázaro Carreter resumió, el día de su muerte en 2003, un sentir unánime: “Con él se muere un trozo de mi vida. Fue un gran filólogo, un estupendo editor de textos y un entusiasta completo de la literatura”. Años antes, Salvador Espriu había escrito: “Su trato personal es exquisito. Su gusto literario, infalible. Su comprensión, ilimitada. Su tolerancia, ejemplar”.

 

EL ERUDITO, EL LECTOR, EL LECTOR

Aurora Egido ha sido discípula, amiga y una gran admiradora de su obra. Lo ha retratado así: “Era un hombre presumido y sabio que dejó una huella de luminosidad y de alegría, de fina ironía, que entendía que en literatura fondo y forma son una misma cosa. Blecua fue uno de los primeros lectores en España que se preocupó del rigor de los textos. Poseía un excepcional sentido poético del ritmo, de la musicalidad, de la puntuación, y eso se también en sus aportaciones a la obra de Herrera, Lope de Vega o Fray Luis de León. Descubrió poesía inédita que nadie conocía. Era un lector muy fino. La erudición no pesaba en sus trabajos, atendía a elementos esenciales para la comprensión”.

 José-Carlos Mainer le ha dedicado muchas páginas y dos capítulos en su libro ‘La filología en el purgatorio. Los estudios literarios en torno a 1950’ (Critica, 2003), donde dice: “Los que hemos tenido la fortuna de ser alumnos de José Manuel Blecua nos acostumbramos a una retórica escolar muy suya que era reveladora: me refiero a aquellas frases como ‘fíjense ustedes’, ‘ojo’, ‘detrás hay toda una metafísica’, que esmaltaban todas sus explicaciones. Disfrutaba en el camino de la investigación y pretendía que sus alumnos lo hiciéramos también. Siempre repetía aquello que oyó a Pedro Salinas (...): ‘Trabajo en lo que me gusta y encima me pagan por ello’”. Mainer publica el epistolario entre Sender y Blecua, que está lleno de complicidad y de cariño, de respeto, de envíos e intercambios de libros y de búsquedas. Sender le busca aparatos modernos de la sordera y le manda un puñado de direcciones y de fábricas. Confiesa Blecua: “Yo también escribo versos de cuando en cuando pero no son muy buenos. ¡Qué le vamos a hacer! (...) Se acerca la Semana Santa. Por nuestro pueblo resonarán en el empedrado las cadenas que arrastraban los penitentes y que cuando yo era chico me infundían tanto pánico. ¿Y si le enviase un libro con fotos españolas, muy buenas?”.

José-Carlos Mainer le editaría en Guara, en 1986, ‘La poesía del Barroco’, y en el prólogo puede leerse: “El aragonés, sensato y realista, poco imaginativo, rara vez, deformará lo que entra por sus ojos; ama intensamente lo verdadero y ejemplar, de lo que procederá su afición a la Historia”. Antonio Pérez Lasheras lo conoció en los veranos de la Universidad de Jaca. Recuerda sus clases, “hablaba lentamente, pronunciando cada sílaba”, hacía bromas con intención sobre Quevedo o actuaba muy teatralmente: “Se paró y reflexionó en voz alta: “Pero no sé para qué les cuento esto, si no me entienden. Usted, señorita, ¿me entiende?” Y se dirigía a una chica sueca, rubísima, muy guapa (siempre elegía a las chicas más guapas, a las que también se empeñaba en enseñarles a nadar mejor). La chica, aturdida, no supo qué contestar”.

José Manuel Blecua, colaborador asiduo de HERALDO, había recibido el Premio Aragón en 1986, publicó en esta casa ‘La vida como discurso’, en edición de Juan Domínguez Lasierra. En el texto que da título al conjunto, dedicado a Gracián, escribió: “La vida del hombre es un discurso con sus gustos y disgustos, sus paréntesis y su punto final”.

 

*Estos textos los publiqué ayer, en el día del centenario de su nacimiento, en las páginas de Cultura, que dirige Santiago Paniagua, de HERALDO DE ARAGÓN

 

'AMORES FEOS' EN EL T. DEL MERCADO

'AMORES FEOS' EN EL T. DEL MERCADO

‘AMORES FEOS’, CON J. L. ESTEBAN Y J. J. GRACIA,

MAÑANA EN EL TEATRO DEL MERCADO

 

 Mañana viernes, 11 de Enero, José Luis Esteban, rapsoda, actor y escritor, presenta un nuevo espectáculo de poesía y música en el Teatro del Mercado, con José Javier Gracia. Dice José Luis: “La poesía forma parte esencial de los proyectos que hago de forma personal, al margen de los trabajos en teatro y tele con los que me gano la vida. Hacía tiempo que queríamos probar cómo resultaría fundir la guitarra de José Javier con el sonido de un cuarteto de cuerda, y con la palabra de un grupo de poetas españoles que nos gustan mucho, con Manolo Vilas a la cabeza. Y de ahí surgen estos ‘Amores feos’”. Añade José Luis: “Incluimos también unos audiovisuales en los que un grupo de ciudadanos, un grupo de saharauis y el propio Manolo Vilas recitan a cámara pequeños poemas. He presentado un proyecto al Centro Dramático Nacional para ver si tienen valor de abrir una ventana a la poesía en el teatro de producción pública”.

 

Manuel Vilas, retratado por Vicente Almazán.

 

 ALGUNOS DATOS DEL ESPECTÁCULO

Es un espectáculo poético musical creado por José L. Esteban y José Javier Gracia sobre textos de poetas españoles contemporáneos: Manuel Vilas, Carlos Salem, Pepe Ramos, Luis García Montero, Roger Wolfe,  David González,  Karmelo Iribarren, César Manzanos Bilbao, Inma Luna, Nuria Mezquita y algunos más.

 Dicen los autores: “Hace tiempo que pudimos comprobar que la poesía también es un arte escénico.  Que la palabra y la música, hermanadas en un signo escénico integral, logran crear una temperatura óptima de cercanía con el espectador. Nos gusta entretener al espectador con poesía.  Divertirlo, emocionarlo, sorprenderlo.

Nos gusta la poesía urbana, reveladora, a veces caústica y a veces tierna; a veces violenta y a veces íntima; siempre reveladora, irónica y con su puntito desmitificador.  Una poesía que cuenta y que nos cuenta, que gusta hasta a los que no les gusta la poesía”.

 En este nuevo trabajo, la voz de José Luis Esteban y la guitarra eléctrica de José Javier Gracia se funden con el sonido arrebatador de un cuarteto de cuerda, en una mixtura  musical ecléctica  donde la tradición y la modernidad se dan la mano para llevar de viaje al espectador y devolverlo a su butaca; sano, sin duda, pero no del todo a salvo.

 

AMORES FEOS. FICHA  ARTÍSTICA.

ACTOR:                               José L. Esteban

 

MÚSICOS: 

 

GUITARRA ELÉCTRICA:             José Javier Gracia

VIOLINES:                                     Jaime Lapeña

                                                       Belén Estaje

VIOLONCELO:                             Zulaima Zboheto

VIOLA:                                           Miguel Zarazaga 

 

 

 

DRAMATURGIA.- José L. Esteban

COMPOSICIÓN Y DIRECCIÓN MUSICAL: José Javier Gracia.

SELECCIÓN  DE TEXTOS: José L. Esteban y Pilar Mayor.

AUDIOVISUALES: Javier Macipe

ILUMINACIÓN: Bucho Cariñena.

FOTOGRAFÍA: Víctor Jiménez.

 

EN LOS AUDIOVISUALES APARECEN:

 

Ahmed, Aminetu, Salka, Mohamed Yumani, Moemina , Paco, Brahim , Jesús, Jandro, Maribel, Angela Rubio, Susana, Pilar, Pedro, Karim, Rut, Angela Roche, Manuel Vilas.

 

AGRADECIMENTOS:

 

Elvira, Bar El Páramo, Teatro del Temple, Escuela Municipal de Música, Javier Vallejo.

 *En la foto superior, José Luis Esteban por Álvaro Hernández.

CUATRO VIDAS EXCESIVAS EN CÓMIC

Sexto Piso, 451 e Impedimenta publican la biografía gráfica de B. Traven, Hunter S. Thomson, Zelda Fitzgerald y Virginia Woolf

 

Algunos personajes nunca podrán vencer a su propio mito. Ni podrán huir de lo que se ha escrito de ellos, de lo que ellos han dicho, casi como un exabrupto, o de lo que han hecho.  Virginia Woolf (1882-1941) será siempre una gran escritora que creó la idea de un cuarto propio, pero también una mujer depresiva y bilateral, frígida, que nunca encontró su sitio en el mundo. Zelda Fitzgerald (1900-1948) encarna la ambición y la frívola manera de vivir de los años 20, que le condujo, entre otras cosas, a la autodestrucción. Hunter S. Thompson (1937-2005), ese gran maestro de periodistas que se opuso a las mentiras y al mismísimo Nixon, es el ‘Rey del Gonzo’, “un patán autodestructivo, profundamente deprimido, furioso y trastornado”, mucho antes que un “artista de la prosa innovadora y el periodismo de investigación”, su auténtica condición, tal como dice el editor Alan Rinzler. ¿Qué decir de B. Traven (1882 o 1890- 1969), que asumió hasta 30 identidades, fue ladrón y conoció la cárcel, y usó diversas nacionalidades? Los cuatro son objeto de recientes biografías en viñetas o de novelas gráficas que se leen y se ven con auténtica fascinación.

Michèle Gazier y Bernard Ciccolini retratan e ilustran la vida de Virginia Woolf, para el sello Impedimenta, que crea la colección ‘El chico amarillo’. Abordan su sensibilidad enfermiza, la temprana pérdida de su madre y la severidad de su padre, su formación, la relación con su hermana Nessie, el círculo de Bloomsbury, el encuentro con Leonard Woolf y la creación del sello Hogarth Press, su atracción hacia Katherine Mansfield y Vita Sackville-West, con quien hizo un viaje en coche por la campiña francesa. Y siempre, siempre, fue presa de sus fantasmas, de la incertidumbre, del dolor de existir, que culminó con su muerte en el río Ouse. El libro está lleno de sensibilidad y de detalles, y ofrece una interpretación, en tonos verdes, de su literatura y de sus terrores.

Zelda fue una inconformista y una mujer fatal. Segura de sí misma, seductora desde muy joven, halló en Scott Fitzgerald a su media naranja. Se amaron, se casaron, viajaron a París, a Italia, y juntos, tras el éxito, vivieron una espantosa decadencia. La derrota de los sueños, la esclavitud del alcohol y del desamor. Él falleció pronto y ella, que había querido ser bailarina, murió ocho años después víctima de un incendio. Tiziana lo Porto y Danielle Marotta le devuelven, en tonos claros y azules, la vida en ‘Superzelda’ (451. Traducción de Cuqui Weller) y la dibujan como una mujer fascinante, al borde del abismo y la locura. Dijo: “La muerte es la única verdadera elegancia”.

Golo (seudónimo de Guy Nadeau, Bayona, Francia, 1948) es el autor de la historia y los dibujos de ‘B. Traven. Retrato de un anónimo célebre’ (Sexto Piso. Traducción de Raquel Sevilla). Se trata de un personaje irreductible y moderno, que nació en Alemania en 1882 o en Chigago en 1890, no se sabe bien, y que murió en 1969. En ese instante empieza este tebeo, que es todo un ejercicio de colorido, de complejidad estructural e iconográfica, de técnicas mixtas y, sobre todo, es el compendio de una vida excesiva. Bruno Traven, enamoradizo y viajero, pareció estar en todas partes: en Berlín, en Estados Unidos, en México, con el arte maya o con el fotógrafo Edward Weston. A pesar de su accidentada vida, también trabajó para el cine, y firmó libros como ‘El tesoro de Sierra Madre’, ‘Macario’ y ‘El barco de la muerte’.

Wil Bingley y Anthony Hope-Smith firman ‘Gonzo. La historia gráfica de Hunter S. Thompson’ (451. Traducción de Santiago García), el autor de ‘Miedo y asco en las Vegas’ o ‘Los Ángeles del Infierno’, un tipo duro y maldito que defendió la libertad individual y que fue uno de los protagonistas de la contracultura y algo más que un compañero de viaje de la generación ‘beat’. Provocador, cínico y hedonista, este reportero que vivió peligrosamente también era frágil: entre otras cosas no pudo soportar el desamor.

 

*Este artículo se publicó el lunes en 'Heraldo de Aragón'.

  

ANTONIO URIEL EN SPECTRUM SOTOS

ANTONIO URIEL EN SPECTRUM SOTOS

Antonio Uriel se estrena en foto digital y en color

 

El artista inauguró ayer la muestra ‘El origen del invierno’ en la galería Spectrum Sotos


 

Antonio Uriel (Zaragoza, 1957) es fotógrafo y poeta, profesor y estudioso de la fotografía. Hace dos años, durante un curso sabático, tras regresar de París cayó enfermo “y estuve a un paso de la muerte”. Desde entonces, le han pasado muchas cosas: se ha restablecido felizmente, publicó el libro ‘Infierno XXXV’ en la colección Cuarto Oscuro de Prensas Universitarias, que dirigía Antonio Ansón, donde incorporó una selección de sus poemas, y el miércoles inauguraba una nueva exposición: ‘El origen del invierno’ en la galería Spectrum Sotos, con la que ha colaborado durante muchos años. Uriel, que ha sido un fotógrafo analógico y en blanco y negro, ha dado el paso a la fotografía digital y “la mitad de la muestra es en color”.

Dice Uriel: “Todas las fotografías son nuevas. En algunas retomo motivos que he utilizado antes. Son parte de mi imaginario y de mi repertorio simbólico: el viaje, la escalera, los pies desnudos, los textos ilegibles, las aves, las ventanas, el tren... Algunos de los temas también estaban antes, pero creo que eso es lo que da unidad a una obra. Por lo demás, para mí supone un cierto desafío”. Asegura que uno de los temas es la pertinencia de los modos de representación. “Las formas de simbolizar la experiencia cambian, pero estamos condicionados por las representaciones dominantes –dice-. Esto parece un poco abstracto, pero en las imágenes hay personas, situaciones que pueden articular una historia. El invierno es una metáfora, claro, pero también es un invierno real”, que alude a esa enfermedad inesperada.

Uriel, que se licenció en Filología Hispánica y se doctoró en Bellas Artes con una tesis sobre Semiótica y Estética de la Fotografía, expone asiduamente desde 1987. Considera que la fotografía “siempre es un documento. Mis fotografías son fragmentos de lo real, establecen una selección sobre el mundo, y por medio de unos recursos que a menudo coinciden con los de la fotografía llamada documental construyen otra realidad. Todas las fotografías lo hacen, pero a veces nos cuesta más incorporar esas imágenes a nuestra experiencia”.

Esta muestra arrancó, en buena parte de una imagen que tiene algo de aparición surrealista o de símbolo de esta época de incertidumbre e indigencia. Escribe: “El verano pasado vi a Mefistófeles en la Hauptbanhof de Frankfurt. Lo reconocí de inmediato por su sombrero tirolés, descolorido ya y con la pluma inequívoca, y las piernas delgadas embutidas en una especie de malla. Por lo demás, parecía un mendigo. Rebuscaba envases en las papeleras selectivas para recuperar el depósito”. Su visión de la fotografía no es precisamente optimista. La disciplina pasa por una crisis: “Tengo la sensación de asistir al final de una etapa. Da la impresión de que lo que surge de las ruinas no es precisamente mejor; pero es difícil desligar una experiencia estética de lo social. Estamos viviendo la pérdida de referentes, el desconocimiento o el desinterés por la historia de la fotografía. Y por otra parte lo que en un determinado momento de la historia del medio pudo ser progresista es ahora reaccionario por la capacidad del sistema para asimilarlo todo y usarlo en su propio provecho”.

La muestra permanecerá abierta hasta el 17 de febrero y podrá visitarse de lunes a viernes, entre las 16.30 y las 20.30.

GERVASIO EVOCA A ENRIQUE MENESES

Gervasio Sánchez le dedica un hermoso y apasionado artículo a Enrique Meneses. Lo conoce también que no me atrevo a escribir otro. Yo solo lo admiré desde lejos: desde sus artículos, sus fotos, su leyenda y sus memorias. Hablé con él por teléfono.

Este artículo puede leerse en el blog de Heraldo de Gervasio Sánchez.

 

http://blogs.heraldo.es/gervasiosanchez/?p=2594

 

 

Enrique Meneses ha muerto

Posted on 7 enero 2013 by Gervasio Sánchez

Aunque sabía que la muerte perseguía a Enrique Meneses pensaba que la esquivaría una vez más como ha hecho tantas veces en los últimos años. Pero la fortaleza humana tiene un límite aunque este gran caballero del periodismo ha luchado hasta su último suspiro

Le visité en su casa hace dos semanas. Le abracé y le besé durante un largo minuto. Hablamos durante casi dos horas. De periodismo, de fotografía, de la vida. Me sorprendió su entereza porque sabía que tenía los días contados. Me enseñó la maqueta de su gran libro fotográfico que no ha podido ver publicado. Me despedí acariciándole la mano consciente de que seguramente sería la última vez que lo vería vivo.

En las conversaciones telefónicas recientes transmitía un gran cansancio como si todo dependiera de un hilillo, pero nunca se olvidaba de mandar besos para la familia. Me han contado que no dejó de hablar de periodismo hasta que cerró sus ojos para siempre.

Me gustaría contarles su historia. Ustedes mismos se darán cuenta por qué admiro a este gran hombre, por qué hay que admirarlo y seguir aprendiendo de sus escritos, de sus libros, de sus fotografías, de sus permanentes lecciones. Cuando se escriba la verdadera historia del periodismo español (en la que espero que no estén los escribas del poder), Enrique Meneses ocupará un lugar privilegiado.

Hace 83 años, su nacimiento coincidió con el crack de 1929. Hace más de 65 años, el 28 de agosto de 1947, cubrió la muerte de Manolete con apenas 17 años y cobró 150 pesetas por este primer reportaje aunque gastó tres veces más en la carrera del taxi que le llevó de Madrid hasta la ciudad andaluza.

Hace 60 años atravesó toda África de El Cairo a El Cabo en busca de una belleza nilótica que había visto en una revista. Hace 57 años cubrió magistralmente la guerra del Canal de Suez en la que murieron varios ilustres periodistas y fotógrafos como Jean Roy y David Seymour, uno de los fundadores de de la agencia Magnum. Hace 55 años, en diciembre de 1957, se encontró con Fidel Castro y Che Guevara en Sierra Maestra.

Sus reportajes en Paris Match sobre aquellos revolucionarios barbudos son parte de la historia del periodismo. Parece que hablamos de prehistoria y, sin embargo, qué reportajes más modernos y frescos que derriban la falacia actual de que la inmediatez es más importante que la reflexión.

Si yo fuera un prohombre dela Televisióniniciaría mi primera emisión con la mejor entrevista posible: Meneses y Castro, frente a frente en la actualidad, recordando aquellos años y pasando revista a más de cincuenta años de historia. Saltarían chispas, pero sería inolvidable.

Hace más de 50 años llegó a Nueva York coincidiendo con la crisis de los misiles en Cuba, fue testigo de la marcha dela Libertadque lideró Martin Luther King y fotografió el acto de inscripción de la primera estudiante negra en una universidad estadounidense.

Hace 46 años dirigió la revista Cosmópolis acompañado por las mejores plumas de la época. Hace 40 años formó parte del equipo de Los Reporteros, un  clásico de la historia de la televisión.

Hace casi 20 años llegó a Sarajevo en pleno cerco salvaje. Allí lo conocí. Tenía la edad de mi padre y seguía yendo a las guerras porque amaba el periodismo como el primer día. Me impresionó verle subir las escaleras del hotel Holiday Inn (el ascensor nunca funcionaba) a pesar de sus dificultades respiratorias. Me reí mucho cuando me contó que había engañado a su familia diciéndole que se había ido a un safari a Kenia.

Cuando hace 12 años empecé a dirigir anualmente un Seminario de Fotografía y Periodismo en Albarracín (Teruel) el primer ponente fue Enrique Meneses. Un sábado a primera hora se dirigió a 150 personas que no le conocían de nada. Estuvo una hora y media contando historias periodísticas  con esa majestuosa capacidad narrativa que sólo los privilegiados derrochan. Para muchos fue un inolvidable descubrimiento y se lo agradecieron con un aplauso eterno. Porque Enrique absorbía a los que lo escuchaban, tenía el don de la palabra y manejaba el lenguaje como pocos.

Sus reportajes en Paris Match ayudaron a salvar a Abu Simbel, los impresionantes templos del sur de Egipto. Entrevistó a Abdel Krim a quien su padre había combatido, a los reyes Faisal II de Arabia Saudita y Huseín de Jordania, al Dalai Lama en seis ocasiones, conoció a Piccaso, Dali y Luis Miguel Dominguín y fue testigo de la boda grecoespañola de los actuales Reyes.

Su libro de memorias “Hasta aquí hemos llegado” (publicado por Ediciones del Viento en  2006) es, sin duda, el mejor que he leído en muchos años y debería forma parte de los planes de estudios en la universidades y masters de Periodismo.

El texto, escrito con gran brillantez y un ritmo endiablado, penetra en un pozo de sabiduría sin fondo que te atrapa hasta su última línea.  Es un compendio de gran periodismo.

Pero si hacemos una encuesta entre los jóvenes estudiantes de periodismo será difícil encontrar a alguien que sepa quién es Enrique Meneses. Si nos acercamos a las redacciones, quizá algún veterano comentará: “¡Pero si se murió hace años!”. Pues no: ha estado vivo, coleando y haciendo gran periodismo, utilizando los últimos avances tecnológicos, hasta el final de su vida.

Sorprende que apenas haya recibido invitaciones para explicar su visión del periodismo puro cuando es difícil encontrar a alguien que trasmitiese mejor sus experiencias.

Enrique Meneses tampoco ha tenido suerte en el frecuente reparto de premios. Deberíamos preguntarnos por qué esta bendita profesión tantas veces exalta a los periodistas mediocres y a los trinchados en la rueda del poder mediático y olvida a los verdaderos pura sangre como Enrique Meneses.

Ojalá su muerte sirva para recuperar la figura de uno de los periodistas imprescindibles de nuestra historia. Querido Enrique, me alegro de que por fin descanses en paz.

 

PÉREZ LASHERAS: DE LA TRADUCCIÓN

PÉREZ LASHERAS: DE LA TRADUCCIÓN

ANTONIO PÉREZ LASHERAS SOBRE LA TRADUCCIÓN

[Texto de Antonio Pérez Lasheras. Profesor y editor] 214.º. La traducción es un ejercicio de imposible resolución. Para mis amigos traductores: José María Micó, Abel Murcia, Chusé Raúl Usón, Ánchel Conte, Antonio Ansón, Jean-François Carcelen, Anne Cayuela, Michel Moner, Jean Vila, Georges Tyras, Daniel Gascón y, aunque hace ya tantos años que casi ha olvidado esta labor, Ignacio Martínez de Pisón.

«Traduttore, tradidore», reza el viejo adagio repetido una y otra vez. Se trata, quizás, de uno de los ejercicios más complicados en el uso de una lengua. Si, además, lo traducido es literatura el problema se complica, pero si, para colmo, es poesía, estamos ante un asunto de imposible resolución, como la cuadratura del círculo o saber cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler.
Si la poesía es uno de esos mensajes en los que no puede alterarse la cadena fónica porque se modifica su contenido (es decir, en los que forma y fondo son, esencialmente, una misma cosa; recordemos, una vez más, el «No la toquéis, que así es la rosa», de Juan Ramón), la traducción es, en sí misma, un imposible.
He observado los esfuerzos por ser absolutamente fiel de tantos traductores que me asombra su contumaz trabajo (que debería incluirse entre los afamados trabajos de hércules): tratar de acomodar el ritmo de Petrarca, de Sannazaro o de Ausias March a la sonoridad del castellano, intentar que todos los dobles sentidos de Wislawa Szymborska para que aparezcan en la versión castellana que se está realizando es, en sí mismo; una auténtica misiön imposible. La traducción aúna la escritura con la creación y supone un ejercicio de doble conciencia lingüística de complicada comprensión.

 

*Esta foto es de uno de mis fotógrafos favoritos: Edouard Boubat, con su hijo.

EL NADAL PARA SERGIO VILA-SANJUÁN

EL NADAL PARA SERGIO VILA-SANJUÁN

SERGIO VILA-SANJUÁN GANA EL NADAL

CON ’ESTABA EN EL AIRE’

El escritor y periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) ha ganado hace un instante el premio Nadal de 2013 con ‘Estaba en el aire’. La novela de Vila-Sanjuán, muy coral, “trata el despertar de la sociedad española del consumo durante los años sesenta, de la mano del programa radiofónico ‘Rinomicine le busca’, encarnando uno de los primeros patrocinios radiofónicos. Es un programa de telerrealidad similar al televisivo ¿Quién sabe dónde?, presentado por Paco Lobatón en TVE entre 1992 y 1998.

Sergio Vila Sanjuán se dedica desde 1977 al periodismo cultural, habiendo trabajado en El Correo Catalán, El Noticiero Universal y desde 1997 en La Vanguardia, donde actualmente es coordinador del suplemento Cultura/s. Autor de la primera monografía dedicada a Miquel Barceló, fue comisario del Año del Libro y la Lectura de Barcelona 2005 y dirigió, con Sergi Doria, la obra ‘Paseos por la Barcelona literaria’ (Grup 62), además de publicar en 2010 la novela ‘Una heredera de Barcelona’ (Destino), basada en una historia familiar. Es un experto en novela negra y en el mundo del best-seller, al que le ha dedicado un libro reciente. También es un gran conocedor del mundo de Carlos Ruiz Zafón. Y es un espléndido amigo. Me alegro enormemente por él. La última vez que nos vimos fue en Santander este verano, aunque en vísperas de Navidad nos hemos escrito a menudo. Eso sí, nunca me insinuó esta posibilidad. Siempre es un caballero, un hombre cálido y cercano.

 

LA NOTICIA SEGÚN CARLES GELI PARA 'EL PAÍS'

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/06/actualidad/1357510157_381021.html

El periodismo siempre ha sido cantera literaria, por ser fragua de estilo depurado pero a la vez ágil y trabajado con historias que deben atrapar. Y en momentos de crisis eso es piedra filosofal para un libro. Así lo entendieron ayer en Barcelona los responsables de la velada literaria del 69º Premio Nadal y el 45º Premio Pla, convocados por Ediciones Destino, que fueron otorgados respectivamente a dos periodistas catalanes, Sergio Vila-Sanjuán y Genís Sinca. El primero, por Estaba en el aire, donde mezcla amor, dinero y periodismo en la Barcelona de los años 60. El segundo, por Una familia exemplar, de registro más irónico sobre la sociedad catalana a partir de dos familias pudientes que buscan ascender a partir de la boda de sus hijos.

La solvencia literaria de Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) ya estaba contrastada por la propia Destino, que no hace ni tres años publicó el debut en la narrativa del periodista cultural, Una heredera de Barcelona, retrato de la alta sociedad barcelonina en los tumultuosos años 20 a partir de la vida de una mujer. En la obra premiada con 18.000 euros, construida a partir de tres voces, también aparece una mujer joven de la alta burguesía con una vida rota que intenta rehacer, pero ahora en los años 60, en pleno desarrollo económico que generará una sociedad de consumo. En ese contexcto, aparece un periodista que hace sus pinitos también en el incipiente mundo de la publicidad a través del programa radiofónico Rinomicina le busca (que existió en realidad y que, patrocinado por esa marca farmacéutica, intentaba encontrar a gente desaparecida). A ese espacio acude un inmigrante para hallar a su familia.

Periodista de La Vanguardia, adonde llegó en 1997 tras pasar por El Correo Catalán y El Noticiero Universal, Vila-Sanjuán sabe de las entrañas del mundo del libro como pocos, pues es autor de libros como Pasando página (estudio sobre la edición en España desde 1975) y del más reciente Código best-seller. Además fue comisario del Año del Libro y de la Lectura en Cataluña en 2005.

Genís (Manresa, 1970) debuta en la ficción con la obra premiada (6.000 euros), donde describe el horror de un famoso pediatra de Tortosa al descubrir las intenciones últimas del heredero de los Mirabaix, familia bien de Manresa, que ha de casarse con su hija.

Genís, colaborador en diversos medios, es autor de biografías como las del escritor Paco Candel (La providència es diu Paco), la del doctor Joan Uriach (Memòries del doctor Biodramina) o la del político Heribert Barrera. Algunas fueron editadas por sellos del mismo grupo que Destino. Nadie entiende mejor las cosas que los de casa.

*La segunda foto la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-73a8e399a0c271899778ddfd54ae61a4.jpg