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Antón Castro

GREGORIO VILLARIG: ARTE DE PINTAR

GREGORIO VILLARIG: ARTE DE PINTAR

GREGORIO VILLARIG: COLOR, FULGOR Y BODEGÓN

Gregorio Villarig es un inspirado pintor, apasionado por el color y sus fulgores. Sus brillos. Sus matices. Su capacidad de atracción. Ha pintado abstracción, se ha acercado al bestiario fabulosos, a los reflejos del agua, al mundo del Canal. Y por supuesto dos de sus predilecciones son el bodegón, en el arte, y la montaña, vinculada al alpinismo y a la escalada. He aquí un cuadro donde mezcla el bodegón, los colores, la sutileza absoluta y la fuerza majestuosa de la montaña.

LECHAGO CON FÉLIX ROMEO

LECHAGO CON FÉLIX ROMEO

[Ayer, en Heraldo.es, se publicó esta nota. Puede verse en

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2012/08/22/lechago_inauguro_con_emocion_biblioteca_felix_romeo_201047_308.html#.UDUnqmvEKnw.facebook

 

 

LECHAGO INAUGURÓ, CON EMOCIÓN,

LA BIBLIOTECA ‘FÉLIX ROMEO’

 

Antón CASTRO

Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) amaba los libros casi tanto como amaba la vida. Amaba las librerías, nuevas y de lance, amaba las bibliotecas, y convertía sus casas, ya fuera en las Fuentes, en Conde de Aranda, en Zaragoza, o en Madrid, en auténticas bibliotecas colmadas de libros, de papeles, de discos. El libro era para él un instrumento perfecto de compañía y de incitación, una de las maneras más perfectas de la felicidad. Hallaba un placer indecible en los libros de los autores que le gustaban: Wislawa Szymborska, Joan Didion, Albert Camus, Ramón José Sender, Simone Weil, Amos Oz, Orhan Pamuk, Paul Auster, Eloy Sánchez Rosillo, Miguel Labordeta, etc. Los libros fueron una de las razones de su existencia, como lo fueron el amor, la amistad, los viajes, la gastronomía, las ciudades, y muy especialmente Zaragoza.

El pasado martes 22 de agosto, uno de sus lugares predilectos, Lechago, inauguró la Biblioteca Félix Romeo y habilitó, además, un lugar especial, El Rincón de Félix, con libros, cuadros, manuscritos que le han dedicado muchos de sus amigos de Aragón y de todo el país. Miguel Mena le había firmado varios de sus libros y la pintura Jose Herrera mandó un retrato, enmarcado y a color, del escritor. El catedrático de Historia Económica Eloy Fernández Clemente regaló las estanterías de su biblioteca de Épila para el nuevo espacio. Félix había concebido, entre sus proyectos imaginarios, la Biblioteca Sumergida de Lechago, que se iría conformando con los libros arrojados al pantano.

La apertura del nuevo centro fue una auténtica fiesta. Y un homenaje cálido a Félix. Estaban sus padres Félix y Carmen, sus familiares, su compañera Lina Vila y su madre María García, muchos de sus mejores amigos: desde Luis Alegre y Pepe Melero -que dibujaron su compleja e inagotable personalidad y dijeron “que resultaba muy difícil vivir sin Félix. Ha sido recordado en Aragón, en Barcelona, en Madrid, en París, en Dublín”-, al profesor Antonio Pérez Lasheras, la activista sindical Marina Heredia, Chusé Rául y Esperanza, los editores de Xordica, donde saldrá de inmediato su libro ‘Todos los besos del mundo’, en una edición al cuidado de Eva Puyó; estuvieron la cineasta Paula Ortiz y los escritores Ismael Grasa y Rodolfo Notivol, el periodista de investigación de Antena 3 Teo Lozano, la pintora Mary Burges, los escultores Florencio de Pedro y José Azul, que han realizado piezas en su recuerdo, su entrañable amigo Bizán Ibarra, el productor televisivo José Luis Campos, el productor Raúl García Medrano, el periodista y cineasta José Antonio Vizárraga, los libreros Eva Cosculluela y Félix González, de Los Portadores de Sueños.

Estuvieron Agustín Martín, coordinador de los actos, la “decisiva” bibliotecaria de la localidad María Jesús Soriano Guallarte, que ha puesto en marcha el espacio, los alcaldes de Calamocha y de Lechago, y estuvo la población al completo en un día en que “Lechago era la capital de la cultura de Aragón y quizá del mundo”. Se presentó un nuevo título de la revista ‘El Pairón’ y Sheila Herrero recibió el premio ‘Pairón’. Fue una jornada especial, emotiva, llena de intensidad y de música. Un día para recordar.

Félix Romeo, que falleció de un ataque al corazón el siete de octubre de 2011, compareció en la memoria de todos y en la voz de su hermano Pedro, que recordó mediante un diccionario –una forma que solía utilizar el escritor a menudo en textos, presentaciones y conferencias- las cosas que le gustaron y recordó que, esencialmente, su hermano, el autor de ‘Noche de los enamorados’ o ‘Dibujos animados’, había sido un hombre de palabras. Un ciudadano de afectos que buscó en cuanto hizo la libertad y la alegría.

 

*En la foto, en la Biblioteca 'Félix Romeo', Luis Alegre se dirige a los vecinos y amigos. Reproduzco aquí un artículo de Félix Romeo que era una respuesta a la escritora Laura Freixas en 'Letras Libres' y que Enrique Vila-Matas ha colgado en su página web. La foto de Félix pertenece a ABC

TODOS LOS ESCRITORES DEL MUNDO SON ARAGONESES

FÉLIX ROMEO




     Cosas recientes: Patxi Irurzun me dedicó una entrada de su blog, “Odio a Félix Romeo”. En el blog de Abdennur Prado, un comentarista me tachaba de islamófobo porque hablo bien en mis artículos de ABC (y no sólo allí, pero esa era la referencia) de escritores exiliados de países islámicos como Ayaan Hirsi Ali, Chahdortt Djavann o Abdela Taia que defienden la democracia y las libertades individuales... y hablo mal de algunos cínicos como Edward Said y Mohamed Darwish, ídolos del proislam en Occidente.
     Quiero decir, estoy acostumbrado a la crítica y también a lo que pasa de ser crítica a ser insulto: eso va en la libertad de expresión que defiendo. Me gusta leer las críticas y los insultos. No finjo no conocerlos, como la zorra que ve verdes las uvas maduras porque no las alcanza. Prefiero la crítica y el insulto publicado al chisme de café y a la intriga secreta. Mis diferencias con otros escritores también prefiero publicarlas.
     Por eso, la crítica de Laura Freixas a mi selección de libros [ver “España en 100 libros”, Letras Libres 100, y “Las que faltan”, Letras Libres 101] me gusta. O, mejor, me parece estupendo que la haga, y en la misma revista que me pidió la lista.
     Aunque, claro, no la comparto y me parece delirante que basándose en ella me incluya en el club de los machistas, de los odiadores de las mujeres, de quienes marginan a las mujeres creadoras. No voy a entrar ahí. Ya he chupado mucha monserga que me hacía culpable de crímenes inimaginables: los católicos dicen que nacemos ya con el pecado original dentro.
     Pero sí me gustaría rebatirle uno de sus argumentos: no sólo tres autores de mi lista eran aragoneses, sino que lo eran todos.
     Buñuel, Sender, Tomeo y Martínez de Pisón nacieron en Aragón.
     La madre de Berlanga era aragonesa, como la abuela de Ray Loriga y como la familia de Dolores Franco, la madre de Javier Marías, así que ahí ya tenemos tres aragoneses más: en el derecho aragonés el lugar de nacimiento no es determinante para conseguir la nacionalidad.
     Homenaje a Cataluña, de Orwell, sucede casi en su integridad en Aragón, el único frente que pisó el británico. Hemingway afirmaba que vino a la guerra civil a defender “Zaragoza y la noche sobre el puente, mirando el Ebro”... y a su barca la bautizó con el nombre de Pilar, como una de sus amantes zaragozanas. Ya llevamos nueve aragoneses.
     El padre de Andrés Trapiello hizo la guerra en el frente de Teruel, que le marcó para siempre, y varios de los poemas de su hijo, algunos de los mejores, hablan de ese asunto. Uno de los pintores preferidos de Thomas Bernhard, y del que escribió muy a menudo, es Goya, que también tuvo la ocurrencia de nacer en Fuendetodos, aunque murió en el exilio, en Burdeos, y su cabeza se ha perdido. Juan Ramón Jiménez estuvo varias veces en Aragón, en sus balnearios y sanatorios, y se conocen muy bien las aventuras que tuvo con las monjas que le asistían... lo cuenta largamente Ignacio Prat en su ensayo El muchacho despatriado. Gómez de la Serna escribió una biografía sobre Goya, dio una conferencia en Huesca (invitado por el escultor Ramón Acín, que produjo Las Hurdes, el documental de Buñuel, y a quien fusilaron en la guerra los sublevados junto a su mujer, la pianista Concha Monrás), y prologó un libro de Tomás Seral y Casas. El principal propagandista de Menéndez Pelayo fue Miguel Artigas, turolense: director de su biblioteca en Santander, creador de la Sociedad Menéndez Pelayo y de los cursos de verano para extranjeros, exégeta y biógrafo.
     Tenemos ya en el saco a catorce aragoneses, que harían un soneto.
     Roberto Bolaño ambientó algunos relatos en Zaragoza... incluso en la cárcel de Zaragoza, donde yo pasé un año y medio.
     (Y sin quererlo, y paradójicamente, he llegado a una cuestión de género. Por ser varón tenía la obligación, que no tenían las mujeres, de cumplir el servicio militar. Por negarme a cumplirlo y defender mi libertad, estuve encarcelado.)
     Chaves Nogales tenía una hija que se llamaba Pilar, nombre por excelencia de las mujeres aragonesas de antaño, y ganó el premio Mariano de Cavia, que había nacido en Zaragoza, muy cerca del Pilar, por cierto.
     Carmen Martín Gaite, Fernando Savater, Enrique Vila-Matas y Javier Cercas son indudablemente aragoneses, porque con ella y ellos he estado varias veces en Zaragoza, capital de Aragón desde hace un año y pico (y esto es cierto: el Estatuto de Autonomía ha reconocido la capitalidad de Zaragoza sólo en su última reforma). Como lo era Ignacio Aldecoa, amigo de Miguel Labordeta y al que visitó en más de una ocasión... Por cierto, Miguel Labordeta vivía muy cerca de donde había vivido el escritor cubano José Martí, que perdió su virginidad en Zaragoza, como escribe en un poema de Versos sencillos.
     Si no me equivoco contando ya voy por los veintiún aragoneses.
     José Ortega y Gasset escribió un ensayo entero sobre Goya, que escribió en una carta que Zaragoza era su patria. Valle Inclán escribió largo sobre el carlista Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, y en Luces de Bohemia tuvo la ocurrencia de poner un camarero de Huesca... También hizo un prólogo a un libro de Sender, pero se trata de un apócrifo. Josep Pla tenía a Goya, como declaró a Joaquín Soler Serrano en su entrevista televisiva, entre sus cuatro pintores preferidos.
     Y Vargas Llosa tuvo una casa en Calaceite, Teruel. ~

LÁZARO VELA EN ALCALÁ DEL MONCAYO

LÁZARO VELA EN ALCALÁ DEL MONCAYO

 

Lázaro Vela Cardiel se pone su gorro pajizo o de tela y entra en el jardín. Contempla los olivos centenarios, los manzanos, los arbustos, las flores, y empieza a andar. Mira una rama y otra, contempla un nido y, de vez en cuando, como si estuviera solo en el universo con su perro parlotea con las flores o con los árboles. Todo le atrae, todo le divierte: es un jardinero, un soñador, un botánico y un hombre de acción. Le estimulan las zonas ajardinadas, los vergeles, los lagos, la espesura. Le atraen árboles muy particulares: el árbol del amor, que es uno de sus preferidos, el membrillo, la higuera, con sus olores tan densos, los melocotoneros, los cerezos. Es un artesano de lo necesario capaz de andar, con su amigo Ramón, entre doce o catorce kilómetros en el entorno del Ebro. De vez en cuando se dicen uno al otro: "Qué buena cosecha tiene este año esa higuera".

El sábado 25 de agosto, en Alcalá de Moncayo, en la IX Feria de Plantas Aromáticas y Medicinales, en la sala de exposiciones de la Ludoteca Municipal, a las 10.30 de la mañana, Lázaro presentará su exposición de hierbas y plantas, ‘Huellas del paisaje’, que hemos visto en Ibercaja Zentrum y en otros espacios: una colección de cuadros que ha ido elaborando con restos de aquí y de allá, auténticos cuadros pintados de la naturaleza. Habrá muchas más cosas: paseos en burro, otra exposición del herbario de plantas del Moncayo, visitas turísticas, charlas, cenas y queimadas populares. Lázaro Vela colgará la obra, con la ayuda del pintor Antonio Asensio, el mismo sábado.

Lázaro prepara un nuevo proyecto sobre las estaciones y las plantas.

LUIS ALEGRE: LOS AMANTES DEL JILOCA

[Este domingo, en la contra de ‘Heraldo Domingo’ Luis Alegre publicaba este artículo donde contaba la historia de la diputada María Dolores Serrano, que se fugó con el cura de Calamocha Jerónimo Carela, y abandonó a su esposo Dámaso Paricio. Ambos regentaban el restaurante Zeus. La historia, por múltiples razones, le tocó muy de cerca al cinéfilo, escritor y profesor de Lechago.]

  

LOS AMANTES DEL JILOCA

 

Por Luis ALEGRE

 

HACE 25 AÑOS LA FUGA DE DOS AMANTES MUY PARTICULARES

EN LA COMARCA DEL JILOCA SACUDIÓ A LA SOCIEDAD ARAGONESA

 

 

Esta madrugada han acabado las fiestas de Calamocha, el otro pueblo de mi vida. Los días siguientes a las fiestas siempre eran los más anodinos del año. Nunca pasaba nada. Pero un día pasó lo que no había pasado nunca.

 

Fue el domingo 23 de agosto de 1987. Lo que sucedió fue esto: María Dolores Serrano, vecina de Calamocha y diputada por el PSOE en las Cortes de Aragón, se fugó de su casa con Jerónimo Carela, párroco de Báguena, otro pueblo de la Comarca del Jiloca. Dolores, de algo más de 40 años, estaba casada con Dámaso Paricio, de algo más de 50, y ambos regentaban el Zeus, un restaurante de Calamocha. No tenían hijos. Dolores y Jerónimo, el cura, eran primos lejanos. Justo ese domingo 23, a las 12, se celebraba en Báguena la misa central de sus fiestas. Los feligreses llenaron la Iglesia pero el párroco no apareció. Uno de esos días se celebró una reunión del PSOE en Daroca y extrañó mucho que Dolores no hubiera avisado de su ausencia. Se tardó un tiempo en relacionar las dos desapariciones. El suceso fue una bomba. La exclusiva apareció en “El Día”, el diario que dirigía Plácido Díez, el gran periodista de Fuentes Claras, otro pueblo del Jiloca. Plácido conocía muy bien a Dolores.

 

La gente no daba crédito. La cosa tenía su aquel: un cura rural y una roja, amantes furtivos, se habían dado a la fuga. Y, encima, eran primos. Y, encima, la roja era una mujer casada. El que menos crédito daba de todos era Dámaso, el marido. Lola Campos le hizo en Calamocha una entrevista inolvidable. Dámaso pensaba que ella volvería: “20 años de matrimonio no se pueden tirar así por la borda”. Dámaso era de Villarquemado y Dolores de Huesa del Común. Habían llegado a Calamocha en los años 70.  Allí montaron una pequeña tienda y luego abrieron el Pub Calamocha. Ese verano del 87 habían reconvertido el bar El Chato en el restaurante Zeus. Dámaso conocía a Jerónimo porque allí, en el Zeus, los dos primos se habían reencontrado. Pero en ningún momento Dámaso barruntó que en esa relación había gato encerrado. Luego se supo que la atracción entre Dolores y Jerónimo se remontaba a la adolescencia. Eran dos primos que se gustaban desde siempre. Eso sí que no es tan raro.

 

La noche del sábado 22 de agosto Dámaso, Dolores y Jerónimo coincidieron en un festejo en Calamocha. Jerónimo cantaba jotas mientras le pasaba el brazo por el hombro a Dolores. Antes de huir Dolores escribió dos cartas, una a Dámaso y la otra a una amiga. Cuando Dámaso reparó en la fuga de su mujer fue a Báguena y, dentro del coche, aguardó un buen rato delante de la casa del cura. Pero hacía horas que Dolores y Jerónimo se habían marchado en un taxi. Dolores se había ido de casa con la caja del restaurante y dejando a su marido sobrado de deudas. Poco después de saltar la liebre, los proveedores del Zeus, al ver que no podrían cobrar, entraron en el local para llevarse lo que era suyo.

 

Otros que andaban perplejos eran los compañeros socialistas de Dolores. Hipólito Gómez de las Roces acababa de relevar a Santiago Marraco en la presidencia de la DGA. Dolores era la única mujer en el Parlamento aragonés. El PSOE necesitaba su escaño pero el reglamento impedía disponer de él si la diputaba no renunciaba expresamente. Localizaron a Dolores por teléfono en Madrid, el primer lugar al que se dirigieron los amantes. Pero Dolores no renunció a su escaño. Luego, a Dolores y Jerónimo se les perdió la pista. El PSOE nacional indagó su paradero pero no hubo manera de dar con ellos. Formaban una pareja llamativa: Dolores, corpulenta; Jerónimo, casi todo lo contrario.

 

En 1989 Margarita Barbáchano dio una lección de periodismo de investigación y los encontró en Barcelona. Jerónimo trabajaba de conserje en un colegio de los Jesuitas. Dolores aceptó la entrevista de Margarita con un par de condiciones: no admitía preguntas personales y no se podía revelar su domicilio. La entrevista salió en el primer número de Diario 16 de Aragón y en ella Dolores se comprometía a devolver al PSOE el acta de diputada cuando saliera publicada. Así lo hizo. Margarita recuerda que aquel encuentro fue muy tenso: “Eran desconfiados, temerosos, reservados, estaban muy dolidos con el mundo”. En 1998 Margarita publicó “La dama rosa”, una novela que, en clave de ficción, recreaba la peripecia. A Juan Luis Galiardo le gustó tanto que proyectó una película escrita por Azcona y dirigida por García Sánchez. Fue una lástima que no saliera porque el argumento lo encerraba todo: aventura romántica, intriga, crónica de sucesos, culebrón, sainete, tragicomedia esperpéntica, thriller político, incesto, cuernos, morbazo, perdedores, las dos Españas, el clima moral de la España rural, un cura en pecado mortal y todo tipo de aristas de la condición humana.

 

Si hubo una familia impactada y desconcertada por este episodio esa fue la mía. Dámaso y Dolores eran muy amigos nuestros. Mi padre Alberto y mi hermano Salvador se emplearon en el pub Calamocha y mi prima Maribel y mi primo Raúl lo hicieron en el Zeus. La Nochebuena, la Navidad y la Nochevieja las celebrábamos con ellos. Una de las primeras cosas que hizo Dámaso al advertir la desaparición de Dolores fue ir a ver a Maribel y su marido Aurelio por si sabían algo. Dolores era culta, resuelta, emprendedora, arrolladora. Dámaso era un bendito. En nuestras reuniones, Dámaso tocaba el acordeón y nosotros cantábamos. Dámaso había sido el acordeonista de una orquesta que recorría las fiestas de los pueblos.

 

Dámaso se fue de Calamocha y, entre otros lugares, vivió en Luceni y Villanueva de Gállego. Solía trabajar de camarero. Venía a vernos de vez en cuando a Zaragoza y, cuando quería, las nochebuenas las pasaba con nosotros. Dámaso no conocía el rencor. Aún mantenía la esperanza de que Dolores volviera a su lado. Dámaso me parece, cómo no, el gran personaje de este relato.

 

El otro día supe que Dámaso murió hace unos años y que Dolores y Jerónimo han comprado una casa en un pueblo aragonés.

 

Nunca había escrito de esta historia que de forma tan intensa forma parte de mi vida. Y hoy, 25 años después, me ha apetecido brindar por Dolores y Dámaso. Como brindábamos en aquellas Navidades de Calamocha. Que fueron menos frías gracias a ellos.

 

 

TRECE AL SOL DE BLANCA RESANO 9

TRECE AL SOL DE  BLANCA RESANO 9

Blanca Resano (Zaragoza, 1971) es actriz, directora teatral y profesora de la Escuela de Teatro de Zaragoza. Es cofundadora del Laboratorio de Investigación Artística (LIA). Está llena de proyectos que anota en sus cuadernos.

 

 

“Una noche un hermoso caballo blanco cruzó  la carretera, mirándonos”

“El verano te saca pecho. Es libertad, sin horas de vuelta”

 

 

-1. ¿Qué hace una actriz en verano?

-Pensar. Es un tiempo bueno para formular ideas, proyectar sobre papel ingenierías artísticas. Hace unos años, era el tiempo en el que más se trabajaba, haciendo bolos; hoy la cosa es diferente. Mis últimos veranos han sido un tiempo de investigación, de estudio. Del verano surgieron proyectos teatrales, que se ensayaron incluso y se dieron a luz en otoño. Proyectos de formación, que se llevaron a cabo en verano incluso, como nuestros LIA (Laboratorio de Investigación Artística).

 

-2. ¿Dónde veranea?

-Afortunadamente he “veraneado” donde he tenido trabajo. Las vacaciones nos las brinda forzosamente nuestro oficio y casi nunca las planeas tú. Intento escaparme al mar, a algún sitio con playa, aunque solo sean dos o tres días.

-3.¿Qué le da la playa?

Soy mujer de sol, y me da mucha energía. Noto que me pone las pilas. La playa me vuelve loca. Me gusta muchísimo. Cojo mi pareo, mi cremita, mi libro y a la tumbona, jajaja. Soy muy feliz si tengo unos días junto al mar…

 

-4. ¿Qué hace que no haga el resto del año?

Tomar el sol, pasear, trasnochar... Suelo ir en moto, y sí, en verano cojo la bici, es verdad. Y beber tinto de verano. Me encanta.

 

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

-Recuerdo muchos veranos trabajando, haciendo bolos de sitio en sitio. Si lo pienso han sido los veranos de mi vida los que me pusieron en el sitio profesionalmente en el que estoy. Trabajando mucho, muchos años, así que no te puedo hablar de un viaje maravilloso en verano. Mis viajes “bonitos” nunca han sido en verano. Algunos ejemplos: Venecia me robó el corazón, Londres me fascinó, Paris me dejó sin aliento, Grecia me presentó a mis ancestros en Epidauro y Estados Unidos tiene media vida mía, tengo a una hermana allí hace años y a mis sobrinos

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Inolvidable, la infancia lo mejor, en la calle todo el día, jugando, jugando todo el tiempo. Somos cuatro hermanos y mi madre suele decir que soy de sus hijos la que más ha jugado. El verano era una libertad absoluta. Una de las cosas más importantes de mi vida son mis amigos siempre lo han sido. Los conservo desde la infancia. Y en la adolescencia, el verano sí que fue una estación de amores, como dice la canción, “amores que se van marchando como las olas del mar”, amores que se fueron marchando, ja, ja. Menos mal: ¡no tendría hueco para todos ahora!

 

-7. ¿Cuál es el mejor recuerdo?

Recuerdo momentos felices con gente que quiero o he querido y que con el ciclorama veraniego resultaron perfectos, irrepetibles. Momentos que no volverán, porque vendrán otros supongo. El verano siempre tiene magia: las pulsiones son más poderosas.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas realiza estos días?

Leo mucho sobre teatro. Revistas especializadas, estudios, libros específicos de dirección escénica. Estudios concretos sobre la situación del sector teatral. Biografías de actrices y directoras de escena. Siempre ando buceando en la realidad de la mujer en las artes escénicas. Me gusta ver como lo hacen otras mujeres, cómo lo han hecho en otro tiempo. Y al estudiar una cosa me lleva a otra y me lío, y cuando me doy cuenta se me han pasado las horas sin enterarme. Y leo a los clásicos constantemente, especialmente a Shakespeare. Alguna novela también. Ahora leo ‘Los amores oscuros’ de Manuel Francisco Reina, sobre García Lorca y uno de sus enamorados, Juan Ramírez de Lucas...

 

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película, qué canción o qué álbum están asociados a un verano inolvidable?

Cuadernos unos cuantos, todos los veranos tienen su cuaderno, donde he anotado ideas, he escrito. Libros también hay unos cuantos; es el verano el tiempo que me ha permitido leerlos. Suelen ser espectáculos teatrales, los que asocio a veranos inolvidables, como por ejemplo ‘Medea’, en el Festival de Mérida, hace unos años con Blanca Portillo. Este año ‘La vida es sueño’ en Almagro, y ‘Hamlet’ en Madrid.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

Muchos, siempre ando de aquí para allá viendo teatro por todas partes. Muchos personajes, del teatro todos.

 

-11. ¿En qué han cambiado las vacaciones?

En que me hago mayor. En que no te vas con la maleta de bolos y regresas a finales de agosto o septiembre porque ya no se firman giras de compañías de teatro independiente de tanto tiempo como antes... En que estando ahora como están las cosas da miedo pensar en qué puede pasar en el otoño. La vida va cambiando y el verano es siempre distinto. ¿Qué pasará el próximo verano?

 

-12. ¿Cómo resumiría el espíritu del verano en un tuit de 140 caracteres?

Que siempre lo deseo. Que siempre espero que vuelva. Que es el mejor tiempo del año. El sol, la luz, el calor, todo me gusta. Me da energía, fuerza, positividad. Una noche de verano, como escribió Shakespeare, puede ser mágica, siempre puede ocurrir algo nuevo. Somos más divertidos todos en verano, más guapos y guapas. Es un tiempo maravilloso. Lloro cuando empieza a hacer frío y tengo que taparme los pies con los zapatos cerrados. El verano te hace hablar en la calle, llena los parques por la noche, huele a agua fresca que te moja y te da un gusto infinito. El verano te saca pecho, no te encoje de hombros y te encierra en casa. Es libertad, sin horas de vuelta. El verano es para vivirlo y disfrutar aunque sea trabajando.

 

-13. ¡Bueno, estos son cuatro o cinco tuits! ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a tu profesión?

Una vez en una gira con el Nuevo Teatro de Aragón por Andalucía, era muy tarde, habíamos terminado una función y debíamos marchar a otro sitio viajando de noche. Conducía la furgoneta Joaquín Murillo de Teatro Che y Moche y yo iba junto a él de copiloto. Los demás dormían. De repente, por una carretera secundaria perdida del sur, Joaquín frenó de repente, menos mal que íbamos despacio. Un hermoso caballo blanco cruzó  la carretera, mirándonos. Joaquín y yo nos quedamos como tontos, contemplando la elegancia de aquel caballo blanquísimo, en mitad de una noche oscura y tranquila de verano. Solo lo vimos él y yo; los compañeros estaban tan cansados y dormidos que no se enteraron. Fue inmenso el instante. ¿Quién puso aquel caballo tan bonito a nuestro paso? Pareció un sueño. Tras una pausa, quietos en mitad de aquella carretera de segunda, sin nadie, continuamos la marcha hacia otro sitio a llevar las comedias. Eso sólo te pasa si eres “cómico”, ¿no crees?

 

*La segunda foto de Blanca Resano es de Gabriel Latorre.

 

CON FÉLIX ROMEO, EN LECHAGO

 

Félix Romeo, visto por Ouka Leele.

 

HOY SE INAUGURA LA BIBLIOTECA

FÉLIX ROMEO EN LECHAGO

Luis Alegre recuerda que hoy es el gran día: se inaugura la Biblioteca Félix Romeo en Lechago, Teruel. Hoy, martes, 21 de agosto a las 19 h. se inaugura en Lechago la Biblioteca Félix Romeo. Lechago es mi pueblo y el pueblo del padre de Félix. Se me ha ocurrido dedicar un espacio de la biblioteca a cosas de Félix y de gente cercana a Félix. En ese espacio –se puede llamar ‘El rincón de Félix’- se van a colocar los libros escritos por Félix, ejemplares de revistas y suplementos con artículos suyos etc. La idea es que en ese espacio se coloquen también las obras de sus amigos: libros, revistas, suplementos, discos, cuadros, dibujos, fotos, películas. etc. dedicados por sus autores (o editores o productores o prologuistas o colaboradores) a la ‘Biblioteca Félix Romeo de Lechago’.”

 

A Félix le encantaba el agua, las piscinas, el mar. En mi casa le tomé hace un par de veranos esta foto.

EVA HINOJOSA: UN CUENTO

 

 

[Recibo este envío / carta de la periodista y escritora Eva Hinojosa. Es un envío para Luis Alegre, Miguel Mena y yo, entre otros. Dice así: “os envío un cuento que seguro le gustaría a Félix Romeo, sobre todo por las rosquillas.  Fue el ganador del concurso Fernando Lalana del Casco Histórico, el año pasado. Como el Ayuntamiento no va a editarlo, por lo visto, os lo mando con el sueño de que alguna vez pueda estar en las estanterías de la Biblioteca Félix Romeo de Lechago. Un beso a los tres, y si no os veo el día 21 (mañana) en Lechago, un par de besos por adelantado que os lleváis y este pequeño cuento. Eva”. Mañana, a las 19 horas, se inaugura la Biblioteca Félix Romeo en Lechago. Entre otros, hablarán Luis Alegre y Agustín Martín, así como el alcalde pedáneo de Lechago, la villa turolense próxima a Calamocha.] He aquí el cuento premiado de Eva Hinojosa, para todos. 

 

 

La foto es de sobrezaragoza.com

 

EL MISTERIO DE LAS ROSQUILLAS

 

Por Eva HINOJOSA

 

 ¿Han visto alguna vez amanecer en el Barrio del Gancho? Pocos lugares de Zaragoza se desperezan con tanta belleza, se lo aseguro. De arriba abajo, como se viste una novia, el sol parpadea en cada azulejo de la Torre de San Pablo. Un juego de luces en Morse se desliza hacia el empedrado de la calle Predicadores y se posa en los collares de los primeros perros que sacan de paseo a sus dueños. Desde que me mudé al barrio, asisto cada mañana en primera fila a este espectáculo, casi mágico, que ilumina cada rincón de estas calles como si fuera su primer día en el mundo.

 

La mágica quietud se rompe también con la misma puntualidad, cada día, a la misma hora. La culpable no es otra que Doña Leonor, que levanta, no sin dificultades y unos cuantos juramentos, la persiana de su quiosco. Sin embargo, esta mañana el sol ya está en el centro del cielo y la quiosquera aún no ha aparecido. Los periódicos yacen apilados en un lateral, sin nadie que los lea. Cuando bajo a la calle poco después, descubro extrañada que el quiosco sigue cerrado; y no soy la única, otros vecinos se han acercado y comentan que nunca, en no sé cuantos años, habían madrugado más que Doña Leonor.

 

Uno dice saber dónde vive. Le acompaño, llegamos al portal y llamamos al timbre. Mientras esperamos, se presenta: soy el del taller de coches de la Plaza Santo Domingo, me dice. Yo, la trabajadora social, llevo solo unas semanas en el barrio, respondo. Una voz de ultratumba también responde al telefonillo. Sin duda es la señora del quiosco:

-Sí, ya voy, me he dormido, no sé que ha pasado, ya bajo, ya bajo... dice; eso y unos cuantos improperios que mejor no vamos a repetir… 

 

Ni siquiera se ha lavado la cara, pero una vez detrás del mostrador, dueña y señora de su mundo de papel, nos confiesa su preocupación. Comenta que siempre la despierta el ladrido de un perro, el del vendedor del cupón, y esta mañana, asegura, “no ha dicho ni guau”:

 

-Y eso, ¡no es normal!, nos cuenta. ¡En estos periódicos leo muchas desgracias que empiezan así y luego…!

 

Una de las mujeres que escucha intrigada la historia le pregunta si se refiere a Juan, el del puesto del principio de la calle.

 

-Sí, sí, ese es, dice Leonor, y relata que cada mañana, la silla de ruedas de Juan traquetea con la tapa de un desagüe bajo su ventana, su perro ladra para evitar que la silla vuelque y ella se pone en pie como un resorte.

 

-Tengo el sueño muy ligero, saben,..

 

Sin dejarla terminar su frase, un señor junto a la puerta anuncia que el puesto de los cupones está desierto: “ni rastro del perro ni del dueño” y sugiere ir a buscarles porque sabe dónde viven.

-¡Con la de premios que ha dejado en el barrio ese Juan!, apostilla, mientras abre la expedición.

 

Doña Leonor se excusa por no poder acompañarnos, pero queda encargada de avisarnos si sabe algo de Juan y su perro.

 

Así, en vecindad, una decena de personas nos dirigimos hasta la calle Boggiero, para buscar al vendedor del cupón, deseando que se le hayan pegado las sábanas y nada más. Y tal cual resulta ser. Juan, asombrado de tanta parroquia a las puertas de su casa, nos cuenta que siempre se despierta cuando oye el trajín del panadero, que es bastante ruidoso, pero que hoy, nada de nada.

-¡Algo le ha tenido que ocurrir, nos alerta!

 

Esperamos a que can y dueño se unan al grupo y todos a una decidimos ir a la panadería. Sí, yo también me uno pero antes telefoneo a mi jefa, para explicarle la situación y decirle que me encuentro ante un misterio por resolver en el barrio. No hay suerte, ¡salta su contestador!

 

Chino, chano, chino, chano mis vecinos y yo, de los que por cierto a estas alturas ya sé nombre, calle, edad y profesión, llegamos a la panadería y ¿saben qué? Está cerrada a cal y canto, sin justificación alguna ni un cartel de esos que dicen “Este establecimiento permanecerá cerrado unos días, por fiesta familiar”.

 

-¡Tenemos que averiguar qué ha pasado!, exclama el mecánico.

- ¡Yo sin pan no me quedo!, le apoya una vecina enfundada en bata de guatiné y con rulos por toda la cabeza.

 

-¡Sin duda, el panadero es el quid de la cuestión!, informa una joven abogada de oficio.

 

Unos y otros llamamos con estruendo en la puerta y los escaparates de la panadería. Hasta Tomás se suma con sus ladridos. Se oye un ruido pero es en el segundo piso. Un vecino malcarado saca medio cuerpo, pero al saber la razón de nuestros golpes baja enseguida y nos acompaña a la vivienda del panadero y su familia. Por lo visto, allí solo está el obrador. Y allá que vamos casi una veintena ya de personas del barrio. Alguno bromea con qué ya podemos montar un equipo de fútbol del Gancho y entre risas y muy garbosos avanzamos por la calle de Las Armas, para saber si algo ha ocurrido con Fuencislo, que así se llama el dueño de la tahona. La señora de bata y rulos aprovecha para presentarse y me recomienda vivamente el pan de Fuencislo.

 

-¡El mejor de la ciudad, chica, el mejor!

 

Al tercer timbrazo, una voz asustada responde por la ventana del bajo derecha. Es Fuencislo en persona que al vernos y darse cuenta de lo alto que está el sol en el cielo está a punto derrumbarse en llanto:

 

- No me dormía así desde que era aprendiz, nos dice quejándose amargamente de su desgracia.

 

 Poco después, más tranquilo entre harina y masa, nos ofrece las primeras magdalenas del día y, junto al calor del horno, nos explica que desde joven, su único despertador es el sonido de las campanas de San Pablo que hoy, asegura, no han sonado. Y eso, dice, “es muy raro”:

 

-¿No está todo hoy demasiado tranquilo?, pregunta mientras sigue amasando a velocidad del rayo…

 

Y ya saben cómo son los niños. A la pregunta, Dani, el benjamín del grupo, contesta inocente con otra pregunta.

-¿Mami, por qué están las tiendas cerradas? ¿Es domingo otra vez?

 

Tras varios segundos de silencio total, los mayores del grupo hemos respondido con un asombrado,

 

-¿QUÉ? (alargando mucho la “e” y levantando la voz)

 

¿Cómo no nos hemos dado cuenta? A esa hora del día, aún no ha abierto el estanco, ni la oficina de Correos, ni la farmacia, ni los ultramarinos… Y no, no es domingo.

 

De repente, nos movilizamos y empezamos a llamar a los timbres. Persianas y voces de susto se oyen por doquier. El barrio entero parecía haber quedado hipnotizado. Todos se han dormido más de la cuenta. En unos minutos, la algarabía toma las calles. Nietos y abuelos a medio vestir camino del colegio, madres persiguiendo a hijos con el almuerzo en la mano, conductores que no recuerdan dónde aparcaron su coche ayer, padres con americana de rayas, camisa a cuadros y un calcetín desparejados a la carrera por las aceras…

 

El revuelo general queda pronto acallado por el repiqueteo de las campanas de la Torre de San Pablo. Con brío, con prisa, se suceden todos los toques que aún no habíamos echado.

 

-      Pero, ¿qué hora es?, pregunta la madre de Dani.

-      ¡Con tanto campanazo no sé en qué hora vivo! responde el zapatero jubilado que va a la Casa de Amparo.

-      Las 10 y 13 en punto, contesta una amable joven que muestra orgullosa su reloj rosa fosforito.

-       Yo he contado treinta y siete tañidos, añade Juan, mientras su perro aúlla al ritmo.

 

Y al tañer de las campanas, los casi cien vecinos que ya somos nos dirigimos hacia aquel sonido que parece provenir del mismísimo Hamelín. Al llegar a la puerta de la Iglesia de San Pablo encontramos a más vecinos que tampoco entienden por qué doblan tanto esas campanas. Muchos aún en pijama y zapatillas, otros a medio vestir. No es el caso del señor párroco que en ese momento y de impecable sotana llega al templo pidiendo paciencia para averiguar qué pasa en la Torre.

 

Poco después, las campanas callan y en el umbral reaparece el cura seguido de un joven monaguillo. Este, con cara de arrepentimiento, confiesa que esta mañana se ha dormido, que lo siente, que echa de menos a Doña Emilia, su vecina, que siempre le despierta con rosquillas recién hechas pero que hoy,…

 

 Y diciendo esto el chaval empieza a llorar a moco tendido, para continuar entrecortadamente pidiendo perdón por haber hecho sonar todas las campanadas de una vez… Sin resuello y hecho un mar de lágrimas, se excusa nuevamente ante el respetable y se brinda voluntario para seguir tocando las campanas y recuperar así el tiempo perdido. Ante tal ofrecimiento, el cura sale al quite para hablar:

 

-Hijo, creo que hablo en nombre de todos los presentes y que con los setenta y tres toques de campana ya es suficiente por hoy.

 

Sabemos que el desconsolado monaguillo responde al nombre de Marcos, porque así, a voz en grito, han empezado a llamarle desde un balcón cercano. El muchacho, como si oyera música celestial, ha salido a todo correr hacia esa llamada, que he de confesaros, parecía descender de un lugar muy por encima de las nubes.

 

En el edificio más alto de la cercana calle de San Blas, hemos visto como una dulce abuelita deslizaba desde el séptimo o el octavo piso un paquetito de tela, con unas cuerdas de tender anudadas varias veces. Ansioso, Marcos lo ha recogido a pie de acera. Una vez en sus manos, lo ha besado repetidamente y dirigiéndose a la venerable señora del balcón le ha dado las gracias a todo pulmón mientras saltaba como un poseso, jaleando:

 

-¡Es Doña Emilia! ¡Ya ha venido del hospital! ¡Doña Emilia está en casa! ¡Viva Doña Emilia!

 

Después, ha desaparecido en el portal del citado edificio para, suponemos, reunirse con la entrañable anciana sin más esperas y fundirse en un abrazo tamaño familiar.

 

A la mañana siguiente, las campanas sonaron a tiempo mientras Marcos se relamía con sus rosquillas. El panadero volvió a despertar al vendedor del cupón, cuyo perro, Tomás, ladró nuevamente bajo la ventana de Doña Leonor que, como todos los días levantó, no sin esfuerzo y algún que otro juramento, la persiana del quiosco y me vendió el periódico, en el que no aparecía noticia alguna sobre Doña Emilia y el misterio de las rosquillas.

 

Epílogo

No sé si les he hablado alguna vez de los atardeceres en el Barrio del Gancho. El sol se enreda en púrpuras y ocres para esconderse detrás de la Torre de San Pablo. Los pájaros vuelan bajo, adormilados, en busca de un nido cómodo, mientras los gatos lo observan todo tras lo cristales.  Si alguna vez quieren verlo, les recomiendo una visita al balcón de Doña Emilia. Sin duda, las mejores vistas de la ciudad. Rosquillas aparte.

ALFREDO LONGARES: ADIÓS AL CANTO

Alfredo Longares: el jotero

que pudo ser el nuevo Oto

 

Ha sido esta una semana de demasiados muertos que muchos sentíamos cercanos: el historiador Robert Hughes, estudioso del arte y de la obra de Goya; la cantante Chavela Vargas; el escritor Francisco Carrasquer Launed y el cantante Alfredo Longares (1952-2012), que se fue demasiado joven y de manera inesperada. Alfredo Longares era esencialmente jotero, jotero de rasmia, de excelente voz, y era cantante lírico; cuando menos intentó serlo con pasión, estudió para ello y ese fue, durante años, uno de sus grandes sueños.

Aunque donde tiene un lugar, sin duda, es el universo de la jota. Como han recordado distintos expertos, Fernando Solsona, entre ellos, Longares empezó a dedicarse a la jota a los veintisiete años. Sus primeros profesores fueron Antonio Royo ‘el Platero’ y María Pilar Lasheras, una de las grandes maestras de la jota desde la Escuela Oficial de Folclore. Alfredo reclamó la atención de sus profesores y del universo de la música popular por la potencia de su voz, la confianza que tenía en sus registros y por su audacia: aprendió numerosos estilos, era capaz de resolver con absoluta maestría ‘La fiera’, como ha recordado el experto José Luis Melero, y se labró fama en la jota de ronda.

El éxito le llegó de inmediato: Jesús Gracia Tenas, el maestro de Lécera que buscaba siempre la perfección y la raíz, elogió sus virtudes y lo llamó para su grupo Ronda Aragonesa. Y no solo eso: lo mimó como se mima a un alumno especial. Y tan especial cabría decir porque en el Certamen Oficial de Jota consiguió, en 1981, el primer premio y en 1986 el premio extraordinario. Repetiría triunfos semejantes en el Concurso Demetrio Galán Bergua: fue primero en 1981 y primero de profesionales en 1983.

Sin dejar la jota nunca, le vino otra idea por la cabeza: alguien le aconsejó que con esa tesitura de voz quizá pudiera hacer una carrera de canto lírico, y lo intentó en Madrid merced a una beca de la Diputación Provincial de Zaragoza. En cierto modo, esa decisión amortiguó su dedicación a la jota, aunque jamás la dejó. En muchos lugares, en numerosos conciertos, alternó el canto lírico y la jota. Luis Felipe Alegre, director de El Silbo Vulnerado, recuerda que fue concejal de su pueblo, Calatorao, y define así sus inquietudes: “Desde el ayuntamiento, que presidía su compañero Eduardo Aguirre, trabajó por la creación de la escuela de música, la escuela de jota, la  banda de música... Compartíamos puntos de vista políticos y gustos musicales, pues Alfredo tenía un gran abanico de intereses, desde la música clásica a Carlos Cano. No regateaba las actuaciones en escenarios frágiles y en circunstancias difíciles, con sus colegas de pulso y púa o con el pianista Miguel Sesma”.

El gran estudioso de la jota José Luis Melero Rivas ha escrito de él que era “mi preferido” de los años 80 por “su voz portentosa”. Añade: “Fue quien más me ha recordado (...) la voz limpia, clara y poderosa del gran José Oto. Longares, que desgraciadamente abandonó pronto la jota para tratar de dar el salto a la lírica, habría podido ser sin lugar a dudas la figura indiscutible de nuestro canto durante muchos años y su liderazgo incuestionable hubiera sido respetado por todos, pues todos reconocen, desde luego en privado y muchos también en público, que no hubo cantador como él en aquellos años”. Es difícil encontrar mejor elogio, que ratifica para HERALDO desde sus vacaciones.

La vida, por distintas razones, no fue generosa del todo con Alfredo Longares, pero por ahí sigue, grabada en discos y en los sonidos de la memoria, su voz poderosa. Y queda, en el corazón de tantos y tantos que siguieron, la huella de su campechanía.

 

*Retrato de Raquel Arellano, fotógrafa durante años de El Silbo Vulnerado, que falleció de un ataque al corazón, igual que Alfredo. Este texto apareció en 'Heraldo de Aragón'.