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Antón Castro

ALFREDO LONGARES: ADIÓS AL CANTO

Alfredo Longares: el jotero

que pudo ser el nuevo Oto

 

Ha sido esta una semana de demasiados muertos que muchos sentíamos cercanos: el historiador Robert Hughes, estudioso del arte y de la obra de Goya; la cantante Chavela Vargas; el escritor Francisco Carrasquer Launed y el cantante Alfredo Longares (1952-2012), que se fue demasiado joven y de manera inesperada. Alfredo Longares era esencialmente jotero, jotero de rasmia, de excelente voz, y era cantante lírico; cuando menos intentó serlo con pasión, estudió para ello y ese fue, durante años, uno de sus grandes sueños.

Aunque donde tiene un lugar, sin duda, es el universo de la jota. Como han recordado distintos expertos, Fernando Solsona, entre ellos, Longares empezó a dedicarse a la jota a los veintisiete años. Sus primeros profesores fueron Antonio Royo ‘el Platero’ y María Pilar Lasheras, una de las grandes maestras de la jota desde la Escuela Oficial de Folclore. Alfredo reclamó la atención de sus profesores y del universo de la música popular por la potencia de su voz, la confianza que tenía en sus registros y por su audacia: aprendió numerosos estilos, era capaz de resolver con absoluta maestría ‘La fiera’, como ha recordado el experto José Luis Melero, y se labró fama en la jota de ronda.

El éxito le llegó de inmediato: Jesús Gracia Tenas, el maestro de Lécera que buscaba siempre la perfección y la raíz, elogió sus virtudes y lo llamó para su grupo Ronda Aragonesa. Y no solo eso: lo mimó como se mima a un alumno especial. Y tan especial cabría decir porque en el Certamen Oficial de Jota consiguió, en 1981, el primer premio y en 1986 el premio extraordinario. Repetiría triunfos semejantes en el Concurso Demetrio Galán Bergua: fue primero en 1981 y primero de profesionales en 1983.

Sin dejar la jota nunca, le vino otra idea por la cabeza: alguien le aconsejó que con esa tesitura de voz quizá pudiera hacer una carrera de canto lírico, y lo intentó en Madrid merced a una beca de la Diputación Provincial de Zaragoza. En cierto modo, esa decisión amortiguó su dedicación a la jota, aunque jamás la dejó. En muchos lugares, en numerosos conciertos, alternó el canto lírico y la jota. Luis Felipe Alegre, director de El Silbo Vulnerado, recuerda que fue concejal de su pueblo, Calatorao, y define así sus inquietudes: “Desde el ayuntamiento, que presidía su compañero Eduardo Aguirre, trabajó por la creación de la escuela de música, la escuela de jota, la  banda de música... Compartíamos puntos de vista políticos y gustos musicales, pues Alfredo tenía un gran abanico de intereses, desde la música clásica a Carlos Cano. No regateaba las actuaciones en escenarios frágiles y en circunstancias difíciles, con sus colegas de pulso y púa o con el pianista Miguel Sesma”.

El gran estudioso de la jota José Luis Melero Rivas ha escrito de él que era “mi preferido” de los años 80 por “su voz portentosa”. Añade: “Fue quien más me ha recordado (...) la voz limpia, clara y poderosa del gran José Oto. Longares, que desgraciadamente abandonó pronto la jota para tratar de dar el salto a la lírica, habría podido ser sin lugar a dudas la figura indiscutible de nuestro canto durante muchos años y su liderazgo incuestionable hubiera sido respetado por todos, pues todos reconocen, desde luego en privado y muchos también en público, que no hubo cantador como él en aquellos años”. Es difícil encontrar mejor elogio, que ratifica para HERALDO desde sus vacaciones.

La vida, por distintas razones, no fue generosa del todo con Alfredo Longares, pero por ahí sigue, grabada en discos y en los sonidos de la memoria, su voz poderosa. Y queda, en el corazón de tantos y tantos que siguieron, la huella de su campechanía.

 

*Retrato de Raquel Arellano, fotógrafa durante años de El Silbo Vulnerado, que falleció de un ataque al corazón, igual que Alfredo. Este texto apareció en 'Heraldo de Aragón'.

NACE EL ESPACIO HUECHA EN ALBERITE: LO ABRE MIGUEL ÁNGEL DOMÍNGUEZ

[El artista Miguel Ángel Domínguez inaugura mañana, en Alberite de San Juan, una nueva sala de exposiciones que quiere ser, ante todo, un espacio alternativo y plural: Huecha. Se abre con una muestra suya, de la que escribe aquí Marta Domínguez, profesora y escritora con residencia en Sevilla.]

 

 

RITUAL Y MAGIA. 15 de agosto de 2012.

 
Marta Domínguez Alonso


Al entrar en el espacio Huecha, la visión de la muestra que ofrece su fundador, el artista Miguel Ángel Domínguez (1955) nos conmociona. La obra allí presente continúa la línea de trabajo  del artista.
Domínguez como una suerte de hechicero establece un diálogo con objetos que son reliquias, desposeídos de su función primigenia, y con nosotros como espectadores en una suerte de ritual que ahonda en el sentido último de las cosas en su relación con lo absoluto que el artista pretende asir como una labor siempre perpetua e inaprehensible.
Ritual que otorga nuevos significados a objetos manidos por  el tiempo, inusuales o en desuso.  Naturalezas muertas, esqueletos, utensilios de labranza que sirvieron un día en un entorno agreste y que hoy son renombrados en un proceso creacional, que dejan de tener por tanto un valor de realidad cotidiana para sugerir oscuras relaciones de signficados. Así una bombilla vislumbrada en la distancia, una vela que conforma un claroscuro, una parrilla que encarcela el esqueleto de una rata, elementos naturales vedados que apuntan directamente a nuestra conciencia y nos invitan a una reflexión intimista con nosotros mismos mientras traslucen la fuerza del genio creador.
La música que envuelve la sala solo puede ser minimalista porque de este modo establece un pulso acompasado con los materiales precarios, naturales que emplea Domínguez.
El artista aragonés pretende con esta exposición arrojar un halo de luz hacia las concepciones artísticas de los años 70, la corriente Arte Povera, arte “precario” cuyo marbete acuñó el crítico Germano Celant, en tanto en cuanto sus materiales son humildes y cercanos: haces de leña, hojarascas, tierra, entre otros.  Jannis Kounellis, Mario Merzo o Bruce Nauman representantes de  esta corriente son fuentes necesarias de Miguel Ángel Domínguez, sin olvidar las huellas de Joseph Beuys, sus evocaciones maníacas, su identidad chamánica. Este autor es referente indiscutible en el sombolismo moderno e incluso “mágico” que hunde sus raíces en el “arte informal” variante del expresionismo abstracto, tal y como nos recuerda Sandro Bocola. Trayendo a  colación a Beuys no podemos obviar el sentido simbólico de los animales muertos, y de los materiales acumulados que poseen “un sentido profundo” e inquietan “terapéuticamente al espectador”, mediante un proceso de sanación a través del arte.
Las cruces, separadas de su codificación religiosa e integradas en el canon artístico, recuerdan que “todo arte abarca símbolos propiamente dichos, colectivamente vinculantes y establecidos por la tradición” pero su configuración “va más allá y no se agotan conceptualmente”. La cruz, como decimos, trasciende su sentido sacro y establece un eje de coordenadas, una escisión simbólica también empleada reiteradamente por Antoni Tàpies, artista no figurativo de posguerra, del mismo modo que reiterada es en Miguel Ángel Domínguez, quien se ha empapado de todos estos artistas.
Objetos, ritual, música, sacrificio en última instancia en consonancia con un último elemento más, el enclave que recibe el embrujo del Moncayo y sus pueblos, donde siempre permanecerán probablemente estas obras impregnadas de las almas de los muertos.

LA SIRENA DE ALEJANDRO ALAGÓN

LA SIRENA DE ALEJANDRO ALAGÓN

‘LA SIRENA DE DOS COLAS’: ALEJANDRO ALAGÓN

[Esta sirena la hizo el poeta, pintor y grabador y músico Juan Carlos Mestre]

 

El poeta oscense Alejandro Alagón publicará en breve su poemario épico ‘El viejo lamento de la Campana de Huesca’, donde incluye esta composición, inspirada en la sirena que apareció en el artesonado del Palacio de Villahermosa. Alejandro ha ganado recientemente dos premios literarios: el Mario Ángel Marrodán de Portugalete con ‘Conversaciones con Ibrahim’ y el premio Acordes, de Espiel, Córdoba, con ‘Horas serias’.

 

 

 SIRENA DE DOS COLAS

(ARTESONADO MUDÉJAR DEL PALACIO

DE VILLAHERMOSA. HUESCA)

 

Una sirena vive en el artesonado

mudéjar, en la altura más honda. Allí esperó

escondida el deshielo de un techo de escayola,

que guardó su secreto durante varios siglos,

durante seis centurias, surcando los periodos

de caos, de saqueos, de un tiempo a la deriva.

 

Cuando los albañiles removían el viejo

costillar del palacio y la luz bautizó

de nuevo los colores, decenas de figuras

despertaron. Se oyeron galopes de caballos,

zureos y graznidos, cornetas, sacabuches,

liras, céfiros, musas, duendes, hadas, salterios.

 

La sirena de dos colas deslumbró a los presentes

con su cuerpo de escamas. Parecía entonar

un canto legendario, un himno que atrapaba

la atención de otros seres, por la belleza y gran

sencillez de su música. Pocos se percataban 

 

del riesgo, del peligro. Muchos cayeron víctimas

de su hechizo mortal, al igual que los nobles

sufrieron la atracción fatal por la campana

y dejaron sus almas perdidas en un pozo.

 

 

CARRASQUER Y LA BICICLETA

LA BICICLETA DE COSTA, ACÍN Y CARRASQUER

A lomos de la bicicleta, bajo la ola de calor, me he acordado de algunos oscenses ilustres en estos días de San Lorenzo. Primero de Joaquín Costa, que descubrió el velocípedo en la Exposición de París de 1867, lo dibujó en un papel de fumar y lo mandó a sus amigos de Huesca; los hermanos Mariano, José y Nicomedes Catalán hicieron el primer prototipo del que se tiene noticia en Aragón y se probó, a los pocos días, en un viaje de ida y vuelta entre Huesca y Zaragoza. Otro enamorado de los pedales fue Ramón Acín, el escultor, el profesor de dibujo, el pintor, el anarquista y la conciencia social del Alto Aragón. Acín se pintó a sí mismo en bici en 1906 una mañana en dirección al aula: avanza por un sendero del campo con un gesto de felicidad, como quien habla, de tú a tú, con el sol imponente que le sale al paso. Acín, al que algunos han llamado el ‘Lorca aragonés’ aunque no escribiese versos, mereció varios artículos de Francisco Carrasquer Launed (1915-2012), el ensayista, el poeta, el traductor, el novelista accidental que mereció en 2006 el Premio de las Letras Aragonesas. Carrasquer pasó más de treinta años en Holanda, pegado a la radio y pegado a la memoria de España: habló y escribió de Gracián, de Servet, de Acín, de Aláiz y de Sender. Y de poesía. Carrasquer se despedía del mundo el martes a los 97 años. Era un aragonés entusiasta y un ciudadano del mundo que había conocido todos los horrores del siglo XX: la Guerra Civil, los campos de concentración, el nazismo, la II Guerra Mundial, el éxodo, el exilio. Volvió a casa en 1985 para pegar la hebra con el fantasma inmortal de Sender. Hoy, al repasar su trayectoria, me he preguntado: “¿Sería Carrasquer partidario de la bicicleta?”.

 

*Este texto apareció ayer en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de ‘Heraldo de Aragón’.

PHELPS O EL TIBURÓN 22

 

 

 

¿De qué están hechos algunos deportistas? ¿De carne y de músculos, de algo invisible y abstracto que va más allá del cerebro, de la piel y de los tendones? ¿Estarán construidos de quimeras, de sacrificios, de una aleación especial que les hace ser más resistentes, de una energía casi oceánica? ¿Existirá una fuerza enigmática, un ciclón de sueños que se inyecta en el cuerpo y en él ánimo en algún instante de la infancia? ¿Cómo se explican la obstinación y la furia de Paavo Nurmi, capaz de correr montañas, desiertos y valles con varios kilos a la espalda durante horas? ¿Cuál era el secreto de la rabia y la agonía de Emil Zatópek, aquel extraterrestre de Kopřivnice que ganó los 5.000, los 10.000 y la maratón como si nada o como si estuviese a punto de morir? ¿Quién le concedió a Carl Lewis el don de volar, el atributo de acelerar más rápido que el viento en medio de la multitud? ¿Dónde se estudia la elasticidad que dibujaban en cada uno de sus movimientos Nadia Comaneci o Vitaly Scherbo o aquella Larisa Latynina que ha resucitado en la niebla del tiempo con la belleza de la garza y la acrobacia sonámbula de la culebra?

¿Cómo podríamos definir a Michael Phelps? Le han llamado “el tiburón de Baltimore”, pero también podría ser el tornado o el tritón de la piscina, o un animal del bestiario fantástico que es tiburón, sí, y pez espada y albatros y delfín a la vez. Y que es, ante todo, un prodigioso nadador. Fuerte, tenaz, un amasijo de talento, de clase y de determinación, la apología de la belleza hecha brazada, proeza continua y deslizamiento de músicas y espumas.

 Hijo de policía y de una maestra que se separaron en 1994, desde muy pronto se aficionó a la natación, apoyado por sus dos hermanas mayores. Era hiperactivo y presentaba falta de concentración; para no crear desbarajustes en la casa, lo ideal era que se agotase. Sus hermanas le aconsejaron que probase con el agua: lo hizo con siete años, y desde entonces no paró. Se convirtió en una auténtica máquina y pronto aprendió a marcarse metas. A desafiarse a sí mismo. Ya en Sidney 2000, recién cumplidos los quince años, iba a reclamar atención sobre él: obtuvo un quinto puesto. En Atenas 2004 se presentó dispuesto a superar el récord de Mark Spitz: las siete medallas de oro que logró en Múnich 1972. Estuvo a punto de lograrlo. En Phelps algo había sobrehumano. Cosechó seis oros y dos bronces.

Ese año tuvo uno de sus primeros disgustos: a finales de año, Michael fue arrestado por conducir ebrio. Se declaró culpable y lo condenaron a realizar una especie de servicio social durante año y medio, pagó una pequeña multa y hubo de efectuar una gira por colegios con la misión de disuadir a los jóvenes sobre los usos del alcohol, del tabaco y otras drogas. Volvería a pasarle algo semejante en 2009: se fotografiaría con una pipa de marihuana. Nueva polémica, pero entonces ya era rico y famoso, y un mito.

El gigante de la piscina resucitó el viejo afán: intentó superar a Mark Spitz. Ahora sí. Había madurado: tenía 23 años. Era su momento. Y en Pekín 2008 logró lo que parecía imposible: ocho medallas de oro. Algunas ‘in extremis’, desde luego, como su batalla ante Milorad Cavic (por cierto, le ha vuelto a ganar en Londres), y tras tomar una decisión insólita: se entintó las gafas de oscuro, algo que ha hecho en los últimos años y, por supuesto, en Londres, donde ha logrado lo que parecía imposible: empezó mal ante su odiado amigo Ryan Lochte, pero poco a poco ha ido recuperando su fuelle, su clase, su confianza.

Se ha despedido a la grande: con cuatro medallas de oro (4 x 100 y 4 x 200 libres; 100 mariposa y 200 estilos), dos de plata (4 x 100 libres y 200 mariposa) y una amplia sonrisa de felicidad mientras apoyaba la mano sobre el corazón. Ha superado el récord de Larisa Latinina (ella tenía dieciocho medallas, nueve de oro) y se ha convertido en el mejor atleta de las Olimpiadas de todos los tiempos. No es fácil definir a un nadador así: se enfrentó siempre a los mejores y sus victorias han tenido algo más que la tiranía de los campeones incontestables; han tenido una conexión mágica con el triunfo y con los dioses secretos del deporte, básicamente porque ha ganado lo posible y lo imposible. Siempre aspiró a la prueba perfecta. Quizá porque ya no se siente con fuerzas suficientes ha decidido irse: en su adiós le brillaban los ojos húmedos de emoción.

 

*De la serie 'Cantera de campeones' que ha aparecido en Heraldo durante las Olimpiadas.

ELEANOR HOLM: LA SIRENA EBRIA QUE ENAMORÓ A HITLER

Londres 2012 es especialmente suspicaz con los comentarios de los atletas. Por algunos de sus ‘tuits’ se han ido a casa el futbolista suizo Michel Morganella o la triplista griega Paraskevi Papahristou; otros, como la vallista Lolo Jones, han levantado alguna que otra polvareda. No han podido participar el maratoniano portugués Ornelas Helder o el húngaro Zoltan Kovago, entre otros, por doping. En distinto lugar está Ángel Mullera: España no quiere que corra en 3.000 vallas y las autoridades internacionales exigen que lo haga. No es la primera vez, mucho antes de la era twitter, que un atleta resulta expulsado de los Juegos Olímpicos. Una de los casos más famosos sucedió hace más de 75 años con la nadadora y campeona olímpica Eleanor Holm (1913-2004), de una belleza irresistible. Ricardo Márquez C. la define así en su libro ‘Olímpicos’ (Debate, 2012): “Sonríe la nadadora de labios carnosos y dorada cabellera. Sus ojos son hermosos y de mirada altiva. La tela suave y adherente de su largo vestido acentúa su figura estilizada y sensual”.

Su padre era el jefe de los bomberos de Nueva York, y cerca de su casa había una piscina. Allí empezó a practicar y pronto demostró su talento; en 1928 ya fue seleccionada para Amberes en la prueba de 100 metros espalda. Quedó en quinta posición. Cuatro años después fue a Los Ángeles 1932 y ganó la medalla de oro ante la británica Joyce Cooper y la austriaca Bonny Mealing; la que iba a ser su gran adversaria, María Braun, recibió una picadura de insecto durante las pruebas masculinas y quedó fuera de combate. ¡No es broma!

Una mujer así no pasaba inadvertida: era hermosa, poseía desparpajo, fotogenia y ganas de vivir. Y un punto de rebeldía y de insolencia. Los estudios de cine, a través de Warner Brothers, la tentaron y ella se dejó arrastrar: tomó lecciones de interpretación con mucha gente famosa, como Jacqueline Dillon, Carole Lombard, Edward G. Robinson o con el director Mervin Le Roy. Carecía de expresividad escénica y le ofrecieron encarnar papeles de nadadora, pero ella rehusó. No quería convertirse en profesional de la natación porque que tenía un anhelo: repetir medalla en Berlín 1936. En 1933 se casó con el músico Art Jarret, que tenía una banda propia que tocaba en los night club. Eleanor y Art cantaban a dúo, ella llevaba un bañador blanco y, con su aspecto y sus movimientos rítmicos y sensuales, provocaba suspiros en todas las mesas.

En 1936, como era de esperar, la seleccionan para defender su medalla olímpica. Llevaba siete años imbatida y ostentaba dos récords del mundo. Su belleza llamaba la atención. Subió con sus compañeros de expedición al buque Manhattan, y allí se encontró con un ambiente mundano: participó en las fiestas de la tripulación y de los periodistas. Dos noches al menos, acabó ebria, tan borracha que rozó el coma etílico. Su entrenadora advirtió a los médicos y estos, alarmados, a Avery Brungade, presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos. La expulsaron en medio del estupor general. Ella les recordó que “soy joven, blanca y tengo 22 años” y les advirtió que se lamentarían si perdían la medalla de oro. Los compañeros hicieron piña, firmaron un manifiesto, etc., pero no hubo nada que hacer. Años después, Eleanor diría que Avery Brundage, próximo al movimiento nazi norteamericano (el mismo que excluyó a un atleta judío de correr, en vez de Jesse Owens, el relevo 4x100), le había cerrado las puertas. La odiaba porque no había aceptado sus propuestas sexuales.

Estados Unidos no ganó. Pero Eleanor Holm tuvo algunas oportunidades para vengarse: un periódico la contrató para escribir una columna cada día y se sentaba muy cerca de las autoridades nazis. Fue requerida, según sus palabras, por Hermann Goering, por Joseph Goebbels y por Adolfo Hitler, que la invitó a pasar un fin de semana en su casa de campo. Avery Brundage la miraba con los ojos inyectados de odio.

En 1939 se separó de su marido y se comprometió con el empresario Billy Rose. Y no solo eso: volvería a cantar, volverían a llamarla del cine, grabaría cuatro películas o series sobre Tarzán, aunque al fin solo se estrenaría sin éxito ‘La venganza de Tarzán’ con el campeón olímpico de decathlon, Glenn Morris. Algunos años después, se separó de Billy Rose, y fue tan ajetreado el proceso que divorcio que fue bautizado como “la guerra de los Rose”. Murió en 2004, con noventa años.

 

*De la serie 'Cantera de campeones' que ha ido apareciendo durante las Olimpiadas en 'Heraldo de Aragón'.

ARRABAL CUMPLÍA AYER 80 AÑOS

ARRABAL CUMPLÍA AYER 80 AÑOS

FERNANDO ARRABAL CUMPLIÓ AYER 80

Raúl Herrero, que ha publicado una docena de textos del dramaturgo, le dedica un monográfico de 500 páginas con la participación de escritores como Kundera, Ionesco o Beckett, y numerosos artistas.

 

 

Tal día como hoy [ayer], el 11 de agosto de 1932, nacía en Melilla, hace 80 años, el escritor Fernando Arrabal. El editor Raúl Herrero, responsable del sello aragonés Libros del Innombrable, se cruzó con él en Zaragoza en 1994 con motivo de un especial que le dedicaba una modesta revista, ‘El pelo de la rana’, de la que uno de los grandes animadores era otro escritor y artista como Antonio Fernández Molina. Desde entonces Arrabal, AFM y Herrero coincidieron en Zaragoza en varias ocasiones y también en otras ciudades.

Pasados algunos años, Libros del Innombrable adoptaría a Arrabal como su autor fetiche: empezó publicándole en 2003 la novela ‘La matarife en el invernadero’, con prólogo de Milan Kundera, y a lo largo de una década ha dado a la imprenta una docena de textos del dramaturgo: alguno tan significativo como ‘Diccionario pánico’, relativo al movimiento dramático que formó con Alejandro Jodorowsky y Topor; su novela sobre la desaparición de su padre, ‘Baal Babilonia’, que dio lugar a la película ‘Viva la muerte’, con Nuria Espert, o ‘El cementario de los automóviles’, que recibió el Premio Nacional de Teatro.

Y ahora, coincidiendo con esta celebración, Raúl Herrero publica ‘Arrabal 80’. Dice: “En ese libro he reunido una serie de artículos y estudios en torno a la figura de Arrabal junto a poemas, piezas teatrales y diversos artefactos que pretenden rendir tributo al escritor melillense. Por un lado, incluye una pequeña antología de textos ya publicados en diversos medios, al tiempo que agrupa un abundante número de trabajos y creaciones inéditas. El volumen incluye cuarenta y cuatro páginas en color con obras de arte dedicadas a Arrabal, pero también hay una entrevista inédita con Arrabal y otra con su mujer Luce Moreau; además, se incorporan cuatro piezas teatrales completas o el artículo por el que Arrabal recibió el premio ‘Mariano de Cavia’ en 1998”.

Fernando Arrabal colabora con muchos artistas, les encarga obras, retratos, estampas vinculadas a su mundo. Durante años uno de sus pintores fue otro aragonés, de filiación surrealista: Fernando SM Félez (Zaragoza, 1930). El artista ha confesado: “He hecho quince o dieciséis cuadros de Arrabal. Son siempre cuadros de encargo que él me pide y protagoniza. Le gustaba mucho desafiarme. Lo he pintado en ‘la santa cena’ con personajes célebres del siglo XX, vinculado a ‘El gran teatro del mundo’ de Calderón, lo he pintado como director de cine,  con los simbolistas…”

La personalidad de Arrabal ha seducido a grandes escritores como Samuel Beckett, Milan Kundera, Eugene Ionesco, Juan Goytisolo, Camilo José Cela, Michel Houellebecq o Vicente Aleixandre. O al director Milos Forman, “fascinado con su película ‘Viva la muerte’”. Eso se recoge, en buena parte, en el volumen. Kundera dijo: “Arrabal no se parece a nadie y el grado de su singularidad alcanza el límite de lo concebible. Él es el último superviviente de lo que yo llamaría surrealismo hispanocéntrico, surgido de una muy vieja locura barroca, surrealismo cervantino, sombrío y cruel, surrealismo ritual empapado de liturgia que se presenta en él bajo una decena de rostros (liturgias pornográficas, metafísica, retórica, zoológica, etc)”.

Raúl Herrero explica las claves de la obra y la vida de Arrabal: “De entrada, su obra supone toda una aventura donde las matemáticas, las vanguardias, la física, la historia, los sueños, el teatro y los grandes temas clásicos, desde al amor a la muerte, se dan cita. Ha conseguido  transformar su vida en una obra de arte”, dice el compilador, y pone un ejemplo: “La desaparición y condena de su padre por no sumarse a la rebelión militar de 1936 en España la utiliza para referirse a todos los vencidos de guerras, para escribir sobre Cervantes o Tito Livio, y concluir que su padre fue un santo pagano, título al que él durante mucho tiempo dijo aspirar”. En Arrabal se da a menudo un coqueteo con el misticismo como se veía en su novela ‘La torre herida por el rayo’, que ganó el Premio Nadal en 1982.

Hay otros elementos que le atraen mucho al escritor y editor zaragozano que acaba de trasladarse a vivir a Valladolid: Arrabal ha sido beligerante con “todos los autoritarismos. No le importa si lo que dice y escribe se encuentra entre lo políticamente correcto sino que se mantiene fiel a su criterio”. La mujer del escritor, Luce Moreau, suele repetir que Arrabal nunca pretende “hacer leña del árbol caído y que suele atacar a los gigantes cuando todavía están en plenas facultades”. Apostilla Herrero: “Conviene no olvidar que fue el único escritor español que escribió una ‘Carta a Franco’ en vida del dictador”.

No todos reconocen la obra de Fernando Arrabal. Tiene algo de escritor-espectáculo, de showman, capaz de presentarse ebrio en un programa de Sánchez-Dragó, presente también en el volumen. “Su obra, constantemente reeditada y representada en todo el mundo, se encuentra en primera línea. Algunos le niegan esta importancia por cuestiones no literarias sino de otro tipo –agrega Herrero-. Creo que Arrabal es un poeta que se mueve en distintos géneros. Como dijo Camilo José Cela: ‘Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia’”. En Aragón fue uno de los autores más representados durante años por el Teatro Estable de Mariano Carineña.

 

FICHA

 

Arrabal 80. Coordinación y selección de Raúl Herrero. Autores: Fernando Arrabal, Milan Kundera, Samuel Beckett, Michel Houellebecq, Juan Goytisolo, etc. Contiene una entrevista inédita con Arrabal. Con ilustraciones a color. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2012. 536 páginas.

 

PRESENCIA ARAGONESA

 

Además de los nombres ya citados, el editor ha dado cabida a autores aragoneses que ofrecen su visión de Arrabal. Además de Fernández Molina, figuran poetas como Mariano Esquillor, Enrique Villagrasa, José Antonio Conde, Jesús Soria; escritores y profesores como Javier Barreiro y Pablo Lorente; el escritor y director de teatro Ángel Alonso; el crítico de arte Manuel Pérez-Lizano; y pensadores como Andrés Ortiz-Osés. Entre los artistas plásticos figuran Paco Rallo, Juan Luis Borra y Ángela Ibáñez.

 

*la foto es de Javier Blasco de Heraldo de Aragón.

RETRATO DE KASE-O

RETRATO DE KASE-O

BLASCO & MORENO: UN PROYECTO NARRATIVO

Miguel Ángel Blasco y Javier Moreno trabajan en Aragón Televisión y realizan un curioso proyecto fotográfico que pertenece a lo que podría llamarse narración fotográfica o reportaje narrativo. Eligen a músicos, sobre todo, y los sacan de contexto: los ponen en relación con jugadores de petanca, en el caso de Kase-O, o con peluqueros como Jesús, en caso de Rapsusklei. He aquí dos fotos de esta aventura... La obra se titula ‘6x4 Portrait’.