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Antón Castro

FRANCISCO CARRASQUER: POEMAS

[El escritor y editor Manuel Rico, responsable de las ediciones de poesía de Bartleby, ha tenido un elegante detalle: me envía, nos envía a todos, tres poemas del libro ‘Baladas del alba bala’ de Francisco Carrsquer, que publicó Bartleby, la editorial de Pepo Paz, en 2001 y que antes habían aparecido en La isla de los ratones. El grabado corresponde a Marcos, hijo de Francisco Carrasquer (1915-2012). Las foto, salvo el retrato de Carrasquer, son de Izis y las he tomado de la web viejas-fotos.blogspot.com]

 

TRES PRIMEROS POEMAS

DE “BALADAS DEL ALBA BALA”

DE FRANCISCO CARRASQUER

(Bartleby, 2001)

I

Frío puro del alba.

Entre el impuro frío de la noche

y el diurno calor del corazón

hay un filo de hora

que corta en dos la lente de razón:

medio disco de Dios, medio del hombre.

 

Medios discos no ruedan.

O son cálices, o lámparas, o barcas;

o son cuernos, o son hachas, o son balas.

 

Todo es posible en el alba:

esa hora del blanco frío,

en que el sonrojo aún no asalta

y se ha retirado el luto.

 

El fofo algodón del alba

embebe el cruento escándalo,

languidece el ojo horrible

y ensordece los disparos.

 

Parece hora de sonámbulos

y es la hora en que más despiertos

se crispan los sentenciados.

Luego, les llega el dormir

con los trigales por manta

y una amapola en los labios.

 

Los aullidos de Caín

los despiertan de alba en alba.

 

 

II

Millares de pies desbotados

se acercaban por los corredores

y se calzaban para dar el puntapié

a las pesadas puertas descorrido el cerrojo

 

millares de manos impacientes

por agarrar el manojo de alambres

tensados por el miedo

y galvanizados por la rabia

 

millares de alambres esperando el corte

de la tenaza que va a apretar el alba

 

no más voz ni temblores

la mano del alba y su tenaza

 

un insípido vaho en la bocaza

un olor nauseabundo en los calzones

una siniestra gota irónica de semen

un crujido de tablas

un chasquido de botas

un clic de algún resorte

un saco que se aplasta sordamente

y un choque seco de una calabaza

 

y con los alambres

sueltos van a hacer nido las garzas

 

y todos los pajarillos

se ponen a alborotar

contra las máscaras que andan

hacia el día hacia la luz

que les va a volver la cara.

 

 

III

Saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque habrá pasado ya

el cuarto de hora secante

que enjugará la tinta

y copiará la palabra del revés

y para leerla

habrá que echarse boca arriba

 

a menos que no se tenga un cuerpo

duro frío y bruñido

contra un alma de azogue

 

saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque la luna ya se habrá fundido

como un helado de nata en esa mano

del asesino que habrá ya blanqueado

el escenario la cruz y los sepulcros

 

saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque su heraldo pálido

lo habrá pasado ya a cuchillo

y en todo el horizonte chorreando

se habrán perdido ya sus huellas dactilares

 

y el inspector y el juez dormidos.

 

MARILYN POR LASZLO WILLINGER

Laszlo Willinger (Budapest, 1909-1989) fue ante todo un gran fotógrafo de las actrices de Hollywood. Algunos lo definen como el mejor fotógrafo de Vivien Leigh o uno de los mejores de Marilyn. Voy a colgar aquí una selección de sus retratos de la actriz de ‘Niágara’ o ‘Con faldas y a lo loco’.

 

 

CARRASQUER ELOGIA A RAMÓN ACÍN

[Francisco Carrasquer Launed fue un entusiasta de la obra y de la vida de Ramón Acín. Le dedicó varios artículos. Esta mañana, Emilio Casanova, que administra la interesantísima página web de la Fundación Katia y Ramón Acín, me ha enviado dos artículos de Carrasquer sobre Acín. Uno aparecido en el catálogo de la muestra de 1988; del otro aparecido en la revista ‘Trébede’, selecciono este fragmento.]

 

Ramón Acín por José Luis Cano, 1992.

 

Ramón Acín cree sobre todo en la educación, en la formación de la personalidad más que en el profesionalismo de «hacer carrera» y más que en la Información que puede ser mediatizada. Cree y se aplica a los métodos de la Escuela Nueva, cuya promoción impulsará con otros compañeros del joven magisterio oscense: Evaristo Viñuales, Francisco Ponzán..., con quienes se asoció para la difusión de la imprenta en la escuela, técnica del pedagogo francés Celestin Freinet, con la que los niños son capaces de investigar, estudiar y escribir e ilustrar juntos su propia revista, que intercambian con revistas de otras escuelas también confeccionadas por los alumnos. Con la imprenta en la escuela, no sólo aprenden los escolares a escribir, entre otras cosas, sino también a responsabilizarse de lo que hacen y, por trabajar en equipo, a contar con los demás, que es lo más importante que tienen que aprender y practicar los españoles.

Como artista, Ramón Acín no estuvo falto de talento e ingenio, aunque no me atrevería a calificar su arte de genial. Fue seguramente mejor maestro de dibujo que dibujante magistral, sin que por eso pueda llamársele un negado para la creación artística; al contrario, era un creador de arriba abajo, empezando desde su propia vida hasta sus ideas, pasando por sus aficiones manuales, sus hobbies y su labor en las artes plásticas. Quizá en lo que más destacó, como artista plástico, fue en la escultura. Sus estilizaciones de chapa metálica recortadas y sus famosas Pajaritas del parque, municipal de Huesca, atestiguan de sus aciertos en el arte escultórico, un arte más que simple y sencillo humilde, como lo califica Antonio Saura. No me resisto al impulso de transcribir aquí unas líneas de este gran pintor, también oscense, a propósito de esas Pajaritas:

«En realidad, he conocido a Ramón Acín por amor a una escultura. Esta escultura se convirtió en fetiche infantil, símbolo del perdido jardín de las delicias; icono fijado para siempre en la fervorosa nostalgia, resumidor, incluso, del sensual vuelco de la mirada. Desde mi infancia, este monumento ha permanecido en la memoria como un símbolo de mi ciudad natal, como un espacio feliz y central cuyo recuerdo se impregnó más tarde, en el conocimiento de la historia, de un contenido trágico.»[i]

 



[i] Antonio Saura, “Las Pajaritas de Ramón Acín”, pág. 63, en Ramón Acín 1888-1936, Manuel García Guatas (dir.), Huesca-Zaragoza, Diputaciones Provinciales, 1988.

ERSI SAMARÁ: ARTE EN BECEITE

ERSI SAMARÁ: ARTE EN BECEITE

El pasado domingo estuve en Beceite viendo la exposición colectiva de un nuevo grupo de artistas del Matarraña. Entre ellos estaba la artista griega Ersi Samará con esta obra que cuelgo aquí. Así la explica Ersi, que cuida y dirige la Antigua Fábrica Noguera, donde se ven los cuadros y el mundo de creación de Gema Noguera: “Interpreté el tema de ‘Raíces’ pensando en mis raíces culturales, ya que soy griega pero he echado raíces en España desde hace muchos años. De ahí el texto que está impreso manualmente sobre los rollos de papel del panel principal: ‘a veces echamos raíces fuera’. Los rollos de papel, a su vez, son una alusión a las raíces de la escritura, a los rollos de pergamino que se usaban antiguamente. Hago libros de artista (todavía estoy aprendiendo) y la idea vino de allí.

Coherentes con la idea de ‘fuera’, las raíces que salen de la obra cuelgan fuera del panel y llegan al suelo, donde descansan sobre una tabla de madera. Estas raíces son bolitas de tela (algodón y seda japonesa) bordadas a mano con diferentes puntos, que pueden ser interpretados como hierbajos, bulbos, gusanos, etc. El papel que utilicé como fondo en el panel principal es de fibras de lino, hecho a mano en el sur de la India.

Esta obra es muy diferente a lo que hago últimamente pero el tema me sugería algo orgánico a la vez que conceptual. Madera, ramitas, papel y materiales naturales más que pintura. Me salió medio instalación”.

RAJOY O SU PEOR ENEMIGO

 

[El escritor y traductor Daniel Gascón publica hoy en el blog de ‘Letras Libres’ esta reflexión sobre el modo de proceder de Mariano Rajoy con la política, con la crisis, con la prensa y con RTVE. El artículo puede leerse aquí: http://letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/su-peor-enemigo]

 

SU PEOR ENEMIGO

 

DANIEL GASCÓN

Es habitual que en verano los gobernantes hablen de los libros que piensan leer. Lo hicieron algunos presidentes españoles, como José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, y seguramente Jonathan Franzen se acuerda de que también lo hizo el presidente de Estados Unidos. España vive una situación de emergencia y este verano el presidente del gobierno no tiene tiempo para frivolidades. En una nueva prueba de que la crisis no solo nos hace más pobres, sino también peores, el presidente del gobierno ha tenido que limitarse a cosas importantes, como cumbres europeas y partidos de la selección de fútbol. En algunas áreas parece más cómodo que otras: cuando explica sus políticas, da la sensación evidente de que preferiría estar en otro sitio, y por otra parte es un político que ha declarado que su periódico es el Marca.

Esa filiación intelectual le habría alejado para siempre de la vida pública en un hipotético país serio, pero tampoco se le puede echar toda la culpa. Quizá tenga razón y ese antiintelectualismo (que se extiende a su forma de explicar los problemas de deuda con el símil de la economía familiar) le beneficie. Zapatero también se reservó la celebración de los triunfos deportivos. Como se cuenta que dijo Alexandre Ledru-Rollin, “Tengo que seguirlos, soy su líder”. Pero, aun así, su renuencia a explicar la situación es profundamente desalentadora y cobarde. Su relación con los periodistas es deprimente y uno tiene la sensación de que el único realizador que podría hacer justicia a sus ruedas de prensa es José Luis Garci. Mariano Rajoy tiene algo profundamente antiguo y, pese a su indiferencia hacia la literatura, comparte la querencia española por la figura del cesante que inmortalizó Benito Pérez Galdós. Ese aire decimonónico se combina con un nuevo estilo político: ha anunciado que romperá sus promesas las veces que sea necesario. Rajoy ha dado cierto carácter metafísico al tópico del gallego en la escalera, y ha hecho que todos entendamos que la frase “No he tomado ninguna decisión” sobre el rescate significa que el rescate es solo cuestión de tiempo. Apenas ha concedido entrevistas a los medios de comunicación. Huyó de los reporteros por una puerta lateral. Mientras hacía paripés patrióticos sobre Gibraltar, su gobierno presentaba nuevas medidas a la prensa extranjera antes que a la española y mostraba que en España soberano solo es una marca de brandy. En su discurso de evaluación de sus primeros meses en el gobierno, se le pasó mencionar un recorte de 100.000 millones de euros. Un despiste lo tiene cualquiera, pero el conjunto parece indicar ciertos problemas de comunicación.

Esos fallos han resultado más graves en el tratamiento de RTVE. El PSOE había iniciado una reforma que postulaba que el director de la corporación sería elegido en el congreso por una mayoría de dos tercios. El gobierno cambió la normativa; ahora basta con mayoría absoluta. Sin duda, la reforma anterior era insuficiente: la radiotelevisión pública debería ser mucho más independiente. Debería regirse por un criterio profesional y producir miedo al partido en el gobierno y a los partidos de la oposición. Esas formaciones deberían sentir que el medio los ataca injustamente. Pero esa reforma insuficiente había proporcionado la mayor independencia editorial de la historia de la radiotelevisión española. No se puede atribuir únicamente a la nueva estructura: gran parte del mérito se debía a profesionales como Fran Llorente, recientemente destituido de su cargo de director de informativos. Estos días de agosto en que hasta los columnistas de televisión están de vacaciones también han sido cesados los periodistas Xabier Fortes y Ana Pastor.

La televisión pública española ha sido menos sectaria que nunca estos últimos años. Ha recibido numerosos reconocimientos, sus debates aspiraban a cierta pluralidad y no tenía el sesgo evidente que existía bajo los gobiernos de Felipe González y José María Aznar (en el segundo caso, con una condena incluida). Tiene grandes profesionales y es posible que siga siendo así. Sin embargo, es asombroso que el gobierno haya vuelto a un modelo anterior, y que como director de informativos de TVE el PP no haya encontrado a nadie mejor que Julio Somoano, que anteriormente trabajó en la corporación pública y hasta hace poco trabajaba en Telemadrid. Somoano escribió una tesina donde explicaba qué debía hacer el PP para ganar unas elecciones. Algunas de sus recomendaciones (dejar de alimentar las teorías de la conspiración sobre el 11-M o de combatir el matrimonio homosexual) parecen bastante sensatas y casi son un alivio, aunque la postura general no da una sensación de ecuanimidad. En otros lugares, Somoano se mostró algo más creativo y encontró cierto carácter transversal en el anterior presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. No quiero empacharme, pero Somoano ha escrito, por ejemplo:

1)Si Stalin despilfarró en mármol hasta convertir las estaciones de metro de Moscú en Palacios del Pueblo, ZP derrocha en pinganillos de oro para rebautizar el Senado como el Palacio del nacionalismo.

            2)Goebbels era un aficionadillo al lado del Maquiavelo de León.

RTVE debe ser, como decía el anuncio, la de todos. Para ello es necesario un nuevo diseño institucional. Es una pena que el PP haya dado marcha atrás a los avances del gobierno anterior, y que algunos miembros del partido piensen que, en un medio de comunicación público, un periodista es peor que un perro de presa.

SANCHO GRACIA HA MUERTO: MEMORIA DE UNA VIDA APASIONADA

SANCHO GRACIA HA MUERTO: MEMORIA DE UNA VIDA APASIONADA

Hace algunos años, tras el estreno de ‘800 balas’ en Zaragoza, en compañía de Luis Alegre y de Alex de la Iglesia, entrevisté a  Sancho Gracia para ‘Heraldo domingo’. Fue una doble página: me pareció un personaje arrollador, con mucho bagaje, mucha pasión por la vida, entereza y sentido del humor. Anoche fallecía en Madrid, a los 75 años, el actor. Recupero la entrevista que tiene algo de memoria sentimental de nuestra infancia y adolescencia. Veíamos a Sancho Gracia en series como 'Los camioneros', 'Los tres mosqueteros' o 'Curro Jiménez'. En los últimos tiempos, entre otras películas, hizo 'El crimen del padre Amaro'.

 

 

Entrevista con Sancho Gracia (Madrid, 1936)

 


-Usted nació en Madrid pero pasó su infancia en Uruguay.
-Sí, allí viví mi infancia y fui a la Escuela Municipal de Arte Dramático que lo dirigía la gran actriz española, republicana, Margarita Xirgu. La conocí, claro, y trabajé con ella. Hice el convidado sexto o séptimo del novio en ‘Bordas de sangre’, y trabajé también en “Sueño de una noche de verano”, donde hacía el alabardero 48, pero bueno, de alguna manera hay que empezar, y sí estudié con ella.

-¿Por qué se dedicó al teatro?
-Tenía vocación: siempre tuve vocación de actor. Permanecí en Montevideo quince años seguidos, luego iba y venía bastante. A mi padre se lo llevaron de aquí para trabajar en la embajada; mejor dicho, mi padre fue emigrante, primero a Brasil, y luego a Uruguay, y allí trabajó y murió enseguida.



-Entonces regresó a España, supongo. Y casi le pasa lo que cuenta en “800 balas” de Alex de la Iglesia.
-No, no. Eso será luego. Le cuento: volví a España en el año 1962; en realidad me iba para Estados Unidos, porque mi madre y mi hermana vivían a Nueva York. Y un día acompañé a un amigo mío uruguayo que estaba ensayando con don José Tamayo una obra de teatro, “Calígula” de Albert Camus. Y entonces, fíjate, le faltaba, el Escipión. José María Rodero hacía Calígula. Me presentaron a Tamayo; tuvo gracia lo que me dijo porque yo hablaba con la ese, con acento criollo puro, no, y me dijo: “¿Usted puede hablar en español?”. “Hombre, ¿en que hablo yo? Creo que sí”. En definitiva, que me contrataron para hacer Escipión y debuté en el Teatro Romano de Mérida haciendo “Calígula”, y no sólo “Calígula” sino que ya a partir de ahí me dio una serie de personajes maravillosos.

-¿Cuáles?
-Yo hacía un personaje de “Divinas palabras” de Valle-Inclán, Don Fernando en “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega, y el Leandro de “Los intereses creados” de Jacinto Benavente, que siempre lo hacía una mujer o un actor de características sutiles, delicadas, débil. Y me hice una gira por toda España.

-Según algunos datos suyos, creo que su primera película fue del año 65.
-No, no. Fue del 1962. Había hecho algunas cosillas con Jesús Franco, con el cual hice una película en la que trabajaba yo de “negra”, digo bien de negra porque era una orquesta de negras, pintadas, y vestidas de mujer. Se llamaba “Vampiresas 1930”, con Micaela, una actriz famosa que ya murió. La realidad del asunto es que yo empecé a trabajar con un papel bueno en una película francesa, “La otra mujer”, en la que las actrices y los actores principales eran Annie Girardot, una actriz excepcional, Alida Valli, Francisco Rabal, un actor estupendo como era Antonio Casas, Richard Johnson y yo. Bueno, bueno, también trabajaba Ana Mariscal, Cándida Losada; y yo tenía un papel muy importante. La película se rodó en Almería. Ya ve que el cásting era magnífico: no funcionó.

-Recuérdeme a uno de los seres más hermosos y enigmáticos del cine: Alida Valli. Es imposible olvidar la última escena de “El tercer hombre”, cuando pasa, indiferente y bella, ante Joseph Cotten y no se para...
-Era guapa, guapa. ¡Guapa! Tenía una belleza en los ojos, eran violetas, yo que sé... Y Annie Girardot, una gran actriz.

-Demos un pequeño salto. Algunos años después empezó a hacer spaghetti western...
-Sí, sí. Hicimos “El oro maldito” con Giulio Questi, buen director, “La furia de los siete magníficos”, “Marco Antonio y Cleopatra” con Charlton Heston también. El asunto de especialista, que hago también en la película de Alex de la Iglesia, ¿sabe de dónde viene? Viene de que yo en casi la totalidad de películas de acción, casi todas las cosas de acción las hacía yo. Las sé hacer y me gustan. Realizaba cosas de especialista, no trabajé nunca, pero sabía hacerlas.

-Sé que estos días se ha vuelto a hablar de su romance con Raquel Welch durante la película “Cien rifles”.

-Sale en la película. No le voy a contar nada más. Sale. Ella vino aquí a hacer esa película y luego hizo otra en otra en Canarias. Era una chica encantadora, bellísima, ahora está haciendo teatro. Tengo un recuerdo estupendo de ella.

-Todos le recordamos por “Los tres mosqueteros”. Pertenezco a esa generación de niños que salían de colegio con el entusiasmo de ver aquella serie. ¿Qué le queda de D’Artagnan?
-Eso ya fue hacia 1970. Tengo recuerdos muy bonitos. Lo único que ocurría era que el trabajo era agotador. Al mismo tiempo estaba en Barcelona haciendo una función de teatro que se llamaba “La mamma”, que está sacada de una novela de un francés André Roussin, actuaba con Mary Carrillo. Al mismo tiempo, me levantaba a las cinco o a las seis de la mañana para hacer “Los tres mosqueteros”. Y el recuerdo es bonito: fue, tal vez, la primera serie de acción real que se hizo en Televisión Española. Y todo lo hacía yo. Nunca he tenido suplantador. Tiraba, y tiro, me peleaba, montaba, saltaba, y de ahí viene en cierto modo el rollo del “especialista”.

-Le seguíamos por la prensa del corazón: “Hola”, “Semana”, creo recordar que se casó usted por entonces por una periodista.
-¿Cree usted, sí, que salía mucho en la prensa del corazón? Me casé con una periodista y sigo casada con la misma, uruguaya.

-Ya entonces daba una sensación aplastante de seguridad, de que se comía el mundo, rozando casi la altanería. ¿O no?
-¿Sensación de seguridad, en cuánto a qué, a la vida o a la interpretación?

-A ambas cosas, me temo.
-Yo creo que había una especie de defensa. Pero el ser humano tiene momentos de seguridad y de fragilidad como cualquier vecino. Lo que pasa es que muchas veces la apariencia física, al espectador o al personaje que te ve, le da la impresión de que eres un tipo seguro, y yo tengo mis ratos de dudas. No soy ni una máquina ni un tío hecho en un laboratorio. He tenido, y tengo, mis momentos de inseguridad.

-Luego hizo “Los camioneros”.
-Sí. Era una serie preciosa y estaba dirigida por Mario Camus. Fue la primera serie que se hizo en televisión, que se filmó en 35 mm. Y a partir de ahí yo no hice nunca una serie que no fuese filmada, por eso yo no extrañaba mucho el cine. Y yo además era el productor. Y después de ésa, creo que ya hice “Curro Jiménez”. Empezamos el día de la República, el catorce de abril de 1975, aún no se había muerto Franco.

-Le hemos identificado mucho con ese personaje. Le venía que ni anillo al dedo. Era un personaje con un pasado borrascoso, decidido y con un sentido moral de la justicia tremendo...
-Tenía un sentido moral porque no había más remedio que ponerle una moralidad, pero era un perdedor total. Curro era un hombre al que se le muere el padre, le quitaban la barca, habían violado a su novia y le echan de los pueblos. No le quedaba más camino que matar a los hijos del alcalde y echarse al monte. El tipo se convierte en bandolero, pero sí tenía sentido de justicia. No hubo más remedio que poner a los franceses, porque en aquel momento no nos dejaban poner a los alcaldes. Vivía “el santo” todavía y existía la censura. Este personaje había vivido cien años antes de la Guerra de la Independencia.



-He leído que fue una idea suya hacer una serie sobre este personaje real conocido como “El barquero de Cantillana”.
-Sí. Había una biografía de Fernández y González, y otra de Bernaldo de Quirós. Pero fue una serie que me inventé yo: me leí los personajes, elegí al guionista Taco Larreta, escribimos juntos el primer guión, y yo lo presenté a televisión. Y luego ya, aparte de eso, los primeros trece episodios los produjo TVE y el resto los produje con TVE. Hombre, creo que puedo sentir un poco de orgullo. Creo que la serie estaba bien hecha. Estaban los mejores directores: Mario Camus, Pilar Miró, Antonio Drove, Giménez Rico, Romero Marchén, Emilio Martínez Lázaro...

-Lo que le envidiábamos casi todos es que se llevaba a las chicas más bonitas que había en España: Blanca Estrada, Teresa Rabal, Pilar Velázquez... Usted era casi un fauno o un sátiro.
-Total, total. Ja, ja, ja. Es cierto. Trabajaron en la serie las chicas más guapas y buenas actrices todas del momento. No faltó casi ninguna ni tampoco ilustres veteranas como Irene Gutiérrez Caba, Lola Lemos, Cándida Losada, y actores importantes.

-En cualquier caso, para usted, en caso de todavía lo necesitase, era una formidable escuela de actor.
-Para mí esa serie fue definitiva en todos los sentidos, pero aún lo es hoy porque después de 27 años usted me la recuerda, la gente me la recuerda y me dice al pasar: “Curro”. Y eso quiere decir que ha funcionado en el público y también entre los profesionales. Voy por los pueblos y aún me dicen: “Sancho, éste caballo negro es el caballo de Curro Jiménez”. Todo el mundo tiene el orgullo de tener el caballo que yo montaba, y se puede suponer que Curro no podía tener 40 caballos. Además, después de 27 años, el pobre demonio de caballo, ¿dónde demonios estará?

-Creo recordar que usted apoyó públicamente no sé si a UCD o Adolfo Suárez.
-A Adolfo Suárez. Lo hice sobre todo por amistad. Era amigo mío, es amigo mío, nos habíamos conocido cuando él trabajaba en televisión. Y aparte de eso, cuando no estaba en televisión, fue padrino de un hijo mío, de Rodolfo. Y apoyé a Adolfo Suárez.

-¿Se ha arrepentido alguna vez?
-Para nada. Pero yo siempre estuve a la izquierda, no de ahora. Adolfo lo sabía, yo no tenía ningún empacho en decirlo. Lo único es que son cosas que, a mi entender, en ese momento no se pegaban de tortas. Lo que está claro es que yo no he sido nunca del PCE, nunca, no por nada, sino porque no lo era. Era un hombre de izquierdas, socialista, pero apoyé a Adolfo Suárez porque me parecía que era la mejor opción. Y de hecho se ha demostrado que ha sido un hombre válido.

-Hay otra faceta de su vida por la que es famoso también: la bohemia, la noche, el exceso, las tertulias.
-Siempre me han gustado sí, pero ahora ya no. Ahora salgo muy poco, pero me ha gustado la tertulia por el hecho de la tal tertulia, por cambiar ideas y hablar, y mantengo una tertulia a la que voy poco ahora a la que acude el productor Elías Querejeta, el guionista Manuel Matji, filósofos, periodista, pintores.

-Usted, se lo he leído, se mira en los espejos de Paco Rabal o Fernando Fernán Gómez.
-Siempre. Son grandes amigos míos y una representación fuerte y válida de lo que es la profesión de actor en España. Ha habido otros, que ahora están muertos; he trabajado con José María Rodero, José Bódalo, con Carlos Lemos... Hice una obra de teatro para televisión, “Doce hombres sin piedad”, en la que había actores maravillosos, Jesús Puente, Ismael Merlo, y yo creo que una de las cosas básicas que los actores deben hacer es fijarse, no tanto para copiar como para tener una referencia de las cosas que se pueden hacer o no. ¿Me permite una vuelta atrás?

-Desde luego.
-Yo creo que el reflejo de mi forma de ser, llamémosle política, está muy claro en las cosas que yo he hecho y he producido. Ahí están “Los camioneros”, que es una serie sobre el trabajo, “Curro Jiménez”, que es un tipo contra el bando establecido, un bandolero; luego he hecho la película “Gallego”, basada en la novela de Miguel Barnet, que se basa en la historia de un emigrante; después he sido el productor de “Huidos”, una historia de maquis. Es decir, que mi trayectoria ha sido bastante clara. He trabajado aquí en Zaragoza con los chicos de El Temple, donde hice Goya.

-¿Qué recuerdo tiene de eso?
-Estupendo. Muy bueno. Son unos chicos estupendos. De verdad.

-Acabemos con “800 balas”...
-Para mí esta película ha sido renacer un poco, en mi carrera y de ilusión. Para mí trabajar con Alex de la Iglesia ha sido un renacimiento, no por el cariño y el amor que le profeso, no sólo por eso, sino como director. Es una persona entrañable; no entrañable, sino serio en el trabajo, sabe lo que quiere, y te transmite confianza. Ha sido muy importante para mí este papel, que además por fortuna escribió para mí. Por eso mi agradecimiento es total.

-Sancho, usted ha padecido un cáncer, le han quitado un pulmón. Creo que ha dicho que Alex de la Iglesia le ha devuelto la vida.
-Quizá haya exagerado un poco. Je, je, je. La verdad es que ahora estoy bien, pero tengo un pulmón menos y hay ciertas cosas de acción que ya no las puedo hacer ni me las dejan hacer los directores por si acaso. Pues, bueno, aquí estamos.

'LICANTROPIA' DE CARLES TERÈS

 

[Así arranca, en catalán, claro, la novela ‘Licantropia’ de Carles Terès, que se presentó el domingo en Valderrobres, de la mano del poeta Jose Miguel Gracia, antes de la mesa redonda sobre Moncada. La novela ha sido galardonada con el premio Guillem Nicolau de 2011. En el Serret Bloc se recogen estas declaraciones de Carles:

“La meua passió sempre ha estat escriure. Però venint d’una família molt humil d’emigrant, sempre m’he hagut de buscar la vida treballant i l’escriptura ha quedat sempre en segon pla. En aquest cas tot va començar quan escrivíem historietes de terror amb la meua filla durant els molts viatges que fèiem a Barcelona quan el meu pare estava malat. Però allí es van quedar. I quan l’Artur em va proposar escriure vaig pensar en una d’aquestes històries que tractava el tema de la licantropia. Si bé, jo sóc de Barcelona, i fa 20 anys que vaig tornar al poble i vaig sofrir el xoc d’una persona que ha viscut 30 anys en una ciutat i de cop torna al poble. Molts dels que han donat aquest pas diuen que veus moltes coses que no entens fins que ho vius i això es reflecteix al llibre. D’aquesta forma, escriure va ser apassionant perquè quan ho feia em transfigurava. La novel·la em portava allí on volia, era com si portés una vida triple. Quan la vaig acabar, va ser com si tot tornés a ser pla perquè ja no m’acompanyen els personatges.

(...)
Evidentment, el paisatge és del Matarranya. Vaig canviar els topònims perquè t’has de prendre llicències com fer una carretera més roïna de lo que és o que un bosc sigue molt més espès. Encara així, la gent reconeixerà que Capsades és un poble de la zona, la Pobla de Llobosa n’és un altre… Los veïns del Matarranya sabran fàcilment, o al menys aproximament, a què em refereixo. A més, també m’agradaria intentar transmetre a la gent de fora l’aire de misteri que es respira per estes serres nostres”.]

LICANTROPIA

 

Por Carles TERÈS

 

-1. Un llobater foraster

Mossèn Magí Camprubí i Selma va arribar a la Pobla de Llobosa en plena nit d’hivern de l’any 1759. Davant els murs de les primeres cases li donaren la benvinguda tres llops morts penjats d’unes estaques. El cerç glaçat gronxava els cossos rígids, que mostraven les dents en una darrera ganyota amenaçadora. Eren temps en què els llops campaven a pler per aquelles muntanyes poc poblades. Quan el fred era massa rigorós i escassejaven les preses, escamots afamats s’aventuraven per viles i masos a la recerca de qualsevol cosa viva o morta que els servís d’aliment. La creença popular els atorgava atributs humans com la maldat, la revenja o la por, així com una memòria indeleble que els permetia recordar les persones i els seus noms. Per això, a mode d’advertiment, es penjaven els animals abatuts a l’entrada de les poblacions.

Com sempre feia, mossèn Magí va demanar aixopluc per a ell i la somereta que l’acompanyava a la casa parroquial. La majordoma, una dona magra i pansida, li comunicà que s’havien endut mossèn Bernat, el rector, a Morella perquè havia agafat una sobtada i virulenta malaltia. S’havia despertat de la migdiada amarat de suor i delirant coses incomprensibles. En vistes que el metge del poble no es veia en cor d’aplicar-li cap remei, van decidir de portar-lo al convent de sant Francesc, on estaria millor atès que en aquella rectoria miserable.

El missioner va acomodar-se en un minúscul recambró que hi havia entre la sala del foc i el corral que la seva fidel burreta compartiria amb l’ase del prevere. Estava acostumat a dormir en llocs precaris, i va agrair aquell racó arrecerat. La majordoma havia tingut la consideració de deixar-li l’escalfallits del rector. Entre això i la lentor provinent de la llar i l’estable, s’adormí com un infant.

Ja corrien les hores menudes quan van despertar-lo uns clapits estranys, com si hi hagués una canilla de gossos al carrer. Entre mig s’hi barrejava alguna veu que cridava, reia, o potser plorava. Es llevà i mirà a través del finestró, però no pogué veure gran cosa. Al defora l’única llum que hi havia era la de la lluna velada pels núvols, reverberada sobre la neu que cobria la plaça. Li semblà que unes ombres s’esmunyien pel carrer Major, però no pogué determinar si es tractava de persones o de bèsties.

Després d’unes hores de mal dormir es llevà, com era el seu costum, abans de l’alba.

Oficià missa en la foscor glaçada i solitària de la parròquia. Quan tornà a la rectoria, la majordoma li havia preparat un modestíssim refrigeri a base de sopes de farigola amb poc pa, sal escassa i sense rastre d’oli, però amb un nutritiu ou escaldat que alegrava l’aigualida menja. Mentre escurava l’escudella, preguntà a la majordoma per l’enrenou nocturn, però ella li va contestar amb evasives i vaguetats. Li demanà també informació sobre l’objectiu del seu viatge, una família de bosquerols que habitaven a les muntanyes del terme. La pobra dona s’esverà una mica més, i començà a mussitar que ella no en sabia res, d’aquella gent. No calia ser una llumenera per veure que mentia. Mossèn Camprubí insinuà que entrebancar la sagrada missió que l’havia dut fins allà podia esdevenir una greu ofensa a Nostre Senyor.

—Tan greu com un pecat mortal —va dir-li abaixant la veu.

Davant d’aquesta perspectiva, la serventa li revelà els detalls que necessitava.

—S’estan per la serra del Cepell, i viuen de fer carbó, de vendre pells... i de tot lo

que’ls manen los Torrent de Prats —en pronunciar aquest nom, se senyà amb aprensió.

Li explicà que eren dos homes, segurament germans, amb una dona i cinc criatures

de diverses edats. Els pobletans solien atribuir-los qualsevol incident o  contratemps amb

el bestiar, tot i que mai no n’havien aconseguit cap prova.

—Són llobaters, com los seus senyors —afegí. I es tornà a persignar.

Llobaters. Feia temps que no sentia a parlar d’aital ofici. En aquell any convuls, qualificat per alguns com l’«any sense rei», es rumorejava que l’home fort de Ferran VI, Ricard Wall, s’havia entestat a esborrar totes les pràctiques obscurantistes heretades de la dinastia dels Àustries. Fos com fos, pel que explicava la dona, els bosquerols mai no assistien a missa, ni se sabia que la canalla hagués estat batejada ni combregada.

Tampoc quedava clar si la unió entre la dona i un dels germans havia estat beneïda pel sagrament del matrimoni. De fet, ni tan sols sabia si es tractava d’una parella o si la dona era compartida pels dos homes. Qualsevol dels supòsits representava un pecat gravíssim que calia esmenar sense dilació.

—Al temps que estem, los trobarà pel fum de les carboneres —li indicà.

Per a continuar el seu camí, havia de fer provisió de queviures. Normalment l’abastien del poc que necessitava a les parròquies per on passava. A casa el vicari de la Pobla, però, no hi havia res de sobrer, per tant l’assistenta el va adreçar a cal batlle, que tenia un magatzem on s’hi podia comprar o baratar menjar, teles i atuells diversos. Les visites dels botiguers ambulants eren molt espaiades, sobretot a l’hivern, i era convenient —segons l’alcalde, que en treia el seu benefici— que el poble no estigués desproveït.

La vila semblava deserta, però la neu de la plaça de l’església estava plena de petjades. El va atendre l’alcaldessa, una dona malcarada que, a més, no va voler donar-li res si no ho pagava trinco-trinco. Mossèn Magí va haver de desprendre’s, a contracor, d’alguna de les monedes que duia.

Mentre travessava el poble no es trobà ningú; només presències intuïdes rere els porticons. La neu enfangada, en canvi, denotava un gran trànsit de persones i animals.

De fet, l’únic carrer rebregat semblava ser el que ell seguia. Els altres apareixien coberts d’un immaculat llençol blanc. En arribar al portal d’entrada es fixà que de les estaques hi penjaven només tres cordes esfilagarsades. Ni rastre dels llops.

Prengué el camí que baixava cap al barranc, entre corrals i les cases del pobletans més pobres. Travessà el pont de pedra que encetava la calçada de les Balmes del Miracle. El dia era rúfol, i un vent molest aixecava remolins de neu que li punxaven el rostre. Els núvols passaven a gran velocitat, sense temps de descarregar, i el sol feia brevíssimes aparicions. Al cap d’una hora de caminar, arribà al trencall que s’internava a la serra del Cepell.

Des que havia deixat la vila, els camins que havia seguit estaven estranyament fressats. En canvi, els que anaven quedant a banda i banda es mantenien sense petjades.

Fins i tot quan va agafar la desviació que s’endinsava per la serra, la via principal en direcció a les Balmes era encara sense trepitjar. Seguí muntanya amunt a la recerca de les fumeroles que li havien d’indicar la posició dels bosquerols. La sendera progressava entre arbres silenciosos, roures de troncs negres i capçades despullades. La fidel somereta el seguia amb pas calmós i entenimentat. El missioner, en tants anys de trescar per indrets desolats, havia agafat el costum de resar mentre marxava. Res millor per a foragitar la solitud. Algú que l’observés diria que les oracions anaven dirigides a l’animal, que bellugava la testa amunt i avall com assentint a les pregàries.

Va transcórrer una hora, i després una altra, i ni rastre dels carboners. Abatut, s’assegué per fer un mos. Mentre llescava una de les fogasses, va adonar-se que el bosc estava en silenci. El seu instint esmolat el previngué d’una presència amenaçadora.

Deixà el pa a la sàrria i, sense soltar el ganivet, empunyà la llarga vara amb la mà lliure.

La ruqueta seguia tranquil·la, furgant entre la neu per una mica de pastura. Aleshores el veié: era un llop que el sotjava arraulit sobre una roca, a contravent —per això la somera no l’havia percebut. Li agafà por. Si anava sol, no hi havia perill, però era probable que els seus companys estiguessin envoltant-lo. O que els avisés per a què vinguessin. Se sentí un xiulet molt prim, imperceptible en altres circumstàncies, i el llop s’esvaní. La burra aixecà el cap, les orelles dreçades en direcció al davant. Un home cobert amb una pellissa aparegué al revolt del camí. Era baixet i renegrit, i duia un bastó amb una mena de falçó a l’extrem.

—Déu vos guard —saludà el mossèn.

L’estrany va fer un gruny amigable, però inintel·ligible. El capellà es presentà i exposà les seves intencions. L’homenet assentia sense deixar de somriure, com si li fes gràcia tot el que escoltava. Va balbejar unes paraules, entre les que va poder destriar «Genís» i, tot agafant el ramal de la burreta, tirà camí endavant. Com que mossèn Camprubí es quedà clavat, li fa fer un gest per a què el seguís.

Després de tres quarts caminant a bon pas, feren cap a una gran esplanada, al fons de la qual es dreçava un casalici com no n’hi havia d’altre en tota la vila. El mas, a banda de la pallissa i uns grans corrals, tenia adossada una petita capella. La porta principal estava custodiada per una alzina de dimensions considerables. En Genís (si és que aquest era el seu nom) li allargà la corretja de l’animal i assenyalant-li l’edifici articulà alguna cosa semblant a «parleu amb los senyors». Remarcà la frase amb un gest imperatiu de la mà i, sense esperar resposta, se’n tornà per on havien vingut.

La casa, vista de prop, no semblava gaire antiga. Possiblement era l’engrandiment d’un mas anterior, perquè un terç de la façana estava feta de maçoneria, amb pedres irregulars i enfosquides, mentre que la resta era de carreus d’angles poc desgastats.

Va sortir a rebre’l un home ja gran, de cabells grisos i expressió fatigada. El va fer esperar a l’entrada, vora una escalinata també mai vista a un llogaret com la Pobla. Al cap d’una estona que se li féu molt llarga, baixà un cavaller d’aspecte distingit i mirada glacial. Es presentà com a Martí Torrent, propietari «de totes les terres per les què heu passat des que heu abandonat la Pobla de Llobosa». El convidà a seguir-lo fins a un gabinet que estava al fons del vestíbul. La cambra, comparada amb l’espai que havien travessat, semblava minúscula. Potser a causa de la prestatgeria que cobria tres de les parets del terra fins al sostre o de la llar de foc que cremava en el mur sense llibres.

Martí Torrent s’assegué darrera un escriptori de roure tallat que ocupava gran part de l’estança.

 

tomo la primera imagen de

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-86d3c5c196708f55d3ea8f923c415c18.jpg

y la otra del Serret bloc.

 

 

HA MUERTO FRANCISCO CARRASQUER

HA MUERTO FRANCISCO CARRASQUER

ADIÓS A FRANCISCO CARRASQUER,

HOMBRE DE LETRAS Y DE ACCIÓN

El pasado martes, a las once de la noche, en Tárrega, falleció el escritor, profesor, periodista y agitador cultural Francisco Carrasquer Launed (1915-2012), de filiación anarquista. Combatió en la Guerra Civil –fue miliciano, jefe de centura, jefe de brigada-, conoció el campo de concentración en Francia, fue acosado por los nazis, regresó a España y estuvo varias veces en la cárcel, y finalmente partió a La Sorbona y más tarde a Holanda, donde haría el grueso de su carrera. Allí trabajó en la radio y dio clases en la Universidad de Groninga y de Leiden. Fue un hombre activo: editó poesía y narrativa propias, dirigió revistas, hizo muchos programas culturales, tradujo a autores holandeses al español, publicó poesía y se especializó, sobre todo, en la obra de su paisano y casi vecino Ramón José Sender, a quien le editó ensayos, le hizo ediciones críticas de ‘Imán’ y de ‘Réquiem por un campesino español’ y preparó una antología poética. Además publicó un libro sobre ‘Ascaso y Zaragoza’ y un libro de semblanzas: ‘Pondera que algo queda’, que publicó su gran amiga Marisancho Menjón. El funeral será el sábado en Tárrega. Francisco Carrasquer recibió el Premio de las Letras Aragonesas en 2006.

Uno de los libros que más le henchían de orgullo era su antología poética ‘Palabra bajo protesta’ (IEA, 1999). Amaba la poesía, la filosofía, la historia, y había tenido una historia tan intensa, tan dolorosa y tan apasionante, a la vez, como el mismo siglo XX.

 

RESCATE DE UN TEXTO

“Con Ascaso vivo habría cambiado

el curso de la Guerra Civil” 

 

Francisco Carrasquer publica en Alcaraván un libro de las vinculaciones entre el líder anarquista y Zaragoza

  

 

Como si de José Saramago se tratase –recuerden que en “Historia del cerco de Lisboa” un personaje cambiaba una palabra y con eso la historia-, el libertario, poeta y ensayista Francisco Carrasquer (Albalate de Cinca, Huesca, 1915) se ha zambullido en una especie de juego, o de reescritura de la historia, en su nuevo libro: “Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida” (Alcaraván / DPZ), donde se pregunta, y responde, qué hubiera pasado si en vez de Durruti, fuese Francisco Ascaso el responsable de la columna anarquista que se dirigió al frente de Aragón en los primeros días de 1936 y se quedó en Bujaraloz, “en vez de dirigirse sin dilaciones a Zaragoza, ciudad que fue decisiva porque desde ella maniobró el general Mola, donde residió. Durruti no tenía ni la inteligencia ni el dinamismo ni la personalidad de Francisco Ascaso. Y él lo sabía. Desde que este se murió, Ascaso fue alcanzado por un disparo en la frente en el cuartel de Atarazanas, se vieron sus incapacidades”.

Francisco Carrasquer conoció al líder anarquista de Almudévar, que ha retratado no hace mucho tiempo Pepe Cerdá en la muestra “Los últimos modernos”. “Fue el protagonista de actos fantásticos. Recuerdo en particular dos: en la plaza de san Jaume se subió a una farola como un simio y arengó a la gente y la hizo detenerse en su avance; y en un mitin de la FAI en Barcelona, en el último congreso de la FAI, hablaron García Oliver, Ricardo Sanz, Durruti y luego Ascaso, que hizo un resumen estremecedor”, señala el autor y dice que el libro también quiere ofrecer una visión crítica del anarquismo español. “La importancia de los anarquistas es absoluta. Total. Sin ellos no se hubiera controlado Barcelona. Estábamos preparados desde hacía una semana. Yo estaba en el Ateneo de Las Corts. Salimos a la calle armados y eso sorprendió al ejército nacional. Nosotros salimos a la calle zumbando, pegando tiros y les hicimos correr, justo lo que no pasó en Zaragoza porque Durruti, cosa que no hubiera hecho Ascaso, insisto, se detuvo en Bujaraloz en vez de partir hacia Zaragoza”.

¿Cuáles fueron, entonces, los errores del anarquismo? Francisco Carrasquer lo tiene claro. “En primer lugar, crearon un ejército regular en vez de un ejército guerrillero. Eso ya lo tenían los nacionales. Desde la órbita anarquista es incomprensible. En segundo lugar, la decepcionante participación de los anarquistas en el gobierno, López, García Oliver y Montseny, que se apartaron del comunismo libertario. Y en tercer lugar, los abusos de autoridad en algunos ayuntamientos, lo cual no quiere decir que las colectividades en Aragón no funcionasen ejemplarmente”, señala.

Se deshace en elogios para el político anarquista de Almudévar, Francisco Ascaso: “Lo conocí. Admiré su valor, su inteligencia y entereza. Durruti siguió a Ascaso simplemente. No había quien lo parase. Estoy convencido de que su presencia hubiese ayudado a cambiar el curso de la Guerra Civil”. A pesar de su admiración, Carrasquer es consciente de que Ascaso, con Durruti y Torres Escartín, entre otros, participó en el atentado contra el cardenal Soldevila en Zaragoza: “Estoy en contra de la revolución cruenta. Así no se gana nada. Ahora ya no soy anarcosindicalista. He expresado mi idea de una sociedad nueva en ‘El grito del sentido común’ (Libertarias), donde defiendo una nueva manera de pensar: la calidad de la vida debe estar fundada no en el poseer mucho, sino en poseer lo menos posible con la máxima eficacia, evitando ser esclavos de las cosas”.

El libro de Carrasquer sobre Ascaso –“no era solamente un rebelde, no; Ascaso era un auténtico revolucionario”- aborda otros asuntos de política ficción, lo que pudo ser y no fue, y habla del grupo “Nosotros” o “Los solidarios”, y resume pequeña parte de la historia de España, de la que él ha sido un importante protagonista.

 

*Texto de 2003. Coincidí en muchas ocasiones con Francisco Carrasquer, en Huesca, Zaragoza, le publiqué artículos en ‘El Periódico de Aragón’ en el suplemento ‘Rayuela’ y ‘La Cultura’.