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Antón Castro

ART-STUDIO FREUDENTHAL

[Mañana, a las 20.00 horas, se inaugurará la exposición Art-Studio Gustavo Freudenthal, cuyos comisarios son Julio Sánchez Millán y el profesor Javier Turrión, autor de un libro sobre el fotógrafo y cónsul alemán que recibió a Albert Einstein en 1923. Este es el texto que acompaña la presentación de la muestra, en la que no hay obras originales salvo en vitrina. Julio Sánchez Millán ha hecho copias de época de mediano formato.]

 

 

 

 

Gustavo Freudenthal (Hannover, 1869–Zaragoza, 1948) llegó en 1892 a España sin formación fotográfica conocida. Trabajó primero en el Estudio Fotográfico Napoleón de Barcelona, ciudad donde se casó en 1897, y desde el año siguiente en el gabinete madrileño de Christian Franzen, afamado fotógrafo de la aristocracia.

En 1905 consiguió el título de «Proveedor de la Real Casa», lo que le facultaba para exhibir en su sello la corona de la Casa Real, y en 1906 tenía ya instalado su estudio zaragozano en el número 31 del Coso, donde permaneció hasta marzo de 1917, momento en que lo trasladó al edificio del Banco de Aragón, en el número 54 (actual 42) de la misma vía, en cuyo ático hizo instalar unas cristaleras que le permitían trabajar con abundante luz natural. Para entonces era ya cónsul honorario de Alemania en Zaragoza.

En 1930, la familia Freudenthal-Portas se mudó a un chalet de su propiedad sito en la calle Orús y, por esas mismas fechas, Gustavo abandonó su actividad como fotógrafo y traspasó su estudio a Willy Koch, alemán afincado en San Sebastián. En 1932 cesó como cónsul, viviendo desde ese momento como un ciudadano particular hasta su muerte, en plenas fiestas del Pilar del año 1948.

Por su cámara desfilaron miles de personas de diferente posición social y centenares de situaciones ciudadanas que él supo reflejar con especial maestría y singular elegancia. Reportero gráfico y director artístico de Heraldo de Aragón, sus fotografías ilustraron también otras publicaciones periódicas como ABC o La Ilustración Española y Americana.

Al desconocerse el destino de su archivo, la paulatina recuperación de su legado es una tarea inacabada que esta exposición, la primera que se le dedica, ha pretendido impulsar gracias a la colaboración de numerosas instituciones y particulares.

 

JESÚS ESNAOLA: DOS CUENTOS

JESÚS ESNAOLA: DOS CUENTOS

 

El escritor Jesús Esnaola, cuyos microcuentos ya habían aparecido por el blog en otra ocasión, publica ahora ‘Los años de la lluvia’, una colección de su narrativa corta. Tiene la deferencias de enviarme dos piezas del libro del sello Paréntesis.

 

 

DESASIDAS

El convoy es un émbolo que empuja el aire por los túneles del metropolitano. Con frecuencia, las almas desasidas se mezclan con este aire, almas que abandonan sus cuerpos por desencanto, disgusto o por costumbre.

A veces coincide que hay en el andén algunas cáscaras, seres huérfanos que, engañados por la falsa sensación de placer del aire traído, abren sus bocas, sus oídos, los orificios de sus narices a las almas desasidas que los poseen.

Si por la noche se sienten extraños es por el trabajo, o la familia, o el viento sur que se ha levantado entrada la tarde.

 

 

 

ESPERANZA

      No sabría deciros por qué, de tantos recuerdos, justo me viene éste, de jugar a indios y vaqueros, de él haciendo de indio con mucho respeto y seriedad y muriendo abatido por mis tiros y los del primo Toni y del Babas, el compañero de pupitre. No sé por qué justo pienso en lo bien que se moría el condenado, doblándose sobre el estómago, cayendo de rodillas, retorcido, hasta quedar muerto y bien muerto sobre la hierba del parque, inmóvil hasta que nos acercábamos y lo sacudíamos de los hombros y resucitaba sonriente, borrándonos un poco la cara de susto.

     No sabría deciros, pero seguramente por el recuerdo venido, me acerco al ataúd donde descansa sereno, con las manos cruzadas un poquito por debajo del pecho y me inclino sobre él, me acerco a su oído y le digo, ya está bien de hacer el indio, y lo sacudo de los hombros hasta que me detiene su hijo, ¿pero estás loco viejo chocho?, y después me siento a esperar, aunque creo que no quieren que me quede, para ver la cara que ponen, los demás, cuando se levante.

 

*Todas las fotos son de Dora Kallmus, Madame d’Ora.

ÁLVARO VALVERDE: CUATRO POEMAS

El poeta Álvaro Valverde (Plasencia, Cáceres, 1959) acaba de publicar  ‘Un centro fugitivo. Antología poética (1985-2010)’ publicado por La Isla de Siltolá en su colección Arrecifes. La edición es de Jordi Doce. Álvaro, que es un lector compulsivo y sensible, me envía a petición mía una selección de cuatro poemas de la antología, que corresponden a la selección de inéditos. En una entrevista confesaba, casi a modo de poética: “En los últimos tiempos, he estado cada vez más persuadido de que personal es lo único que en literatura, en poesía, te salva del plagio. O de la traición. Es decir, si hablas de ti, o de lo que aproximadamente conoces de ti, evitas decir lo que dicen otros. Por otra parte, he necesitado cada vez más ese consuelo que proporciona la poesía, implicándome en ella. Sin llegar a lo puramente confesional, como en la más rancia poesía de posguerra, sí, opto abiertamente por lo personal. A lo que, como dices, de verdad importa”.

 

 

 

UN VIAJ E A LISBOA

 

Huíamos en vano de la ciudad cerrada

y acabamos perdidos en la ciudad perfecta.

El piso luminoso, el suelo blanco,

los cuartos despojados y en penumbra,

los pocos pero doctos libros juntos,

acogieron serenos el cansancio.

Luego llegaron días de paseos y calma

donde todo se hizo tan lento como suele

ser todo en un lugar acompasado a un río.

Tranvías y avenidas y barcos y comercios

fueron haciendo el resto.

Ya no éramos los mismos

que piensan desde el puente lo que cualquier suicida.

Los que ven desde el puerto parecidos naufragios.

Ni los que entre las ruinas de nobles edificios

se dan a ese discurso del fracaso y la muerte.

En la decrepitud, entre la suciedad, bajo la herrumbre,

lo que vimos fue el fuego de una vida distinta.

Todavía nos quema cuando hacemos recuento

y evocamos las tardes sosegadas de junio

en la casa de Ángel, y aquel sol de poniente

hundiéndose, muy rojo, sobre el Tajo.

Volvemos a menudo al sitio donde fuimos

si no felices siquiera afortunados.

Con la melancolía viaja una mirada

que nos devuelve aquello que ensayamos vencido.

 

 

 

EL CUARTO DEL SIROCO

 

Cuenta Leonardo Sciascia

que en las casas aristocráticas

de la vieja Sicilia

había, desde el siglo XVIII,

un «cuarto del siroco».

En él se refugiaban de ese viento

los días que soplaba con más fuerza.

Uno quisiera

que en las horas peores de la vida,

cuando todo se torna vendaval

y las cosas se ocultan tras un velo de polvo,

existiera una estancia semejante.

Suponiendo, eso sí, que no se diese

lo que el de Racalmuto revelara:

que antes de que se le note en el aire,

el siroco se ha clavado en las sienes;

que antes de que se anuncie

ya se le siente, sin remedio,

en las rodillas.

 

LA ENCINA SOLITARIA

 

Está en una colina, la rodean

rocas, retamas, tierra

donde el árbol arraiga

y parece que apenas se sostiene.

Me la mostró mi padre cuando, niño,

paseaba con él entre los canchos.

Desde entonces retengo su presencia

con la necesidad de lo que dura.

Desde lo alto, observa la ciudad.

Es lo primero que distingo al volver.

Lo último que miro cuando salgo

de las murallas de este microcosmos.

Es algo más que una vetusta encina.

Sola, en su altura, sosegada, es cifra

de la vida a que aspira quien resiste.

 

AQUÍ

 

Estás sentado solo frente al valle

con un libro en las manos

que abandonas a ratos

para poder mirar,

con la calma debida,

cuanto la vista alcanza.

Suena el silencio. A veces,

el rumor de las ramas

o el canto intermitente de algún pájaro.

Respiras hondo. Ves.

Aprecias uno a uno los momentos

que te concede este vivir al margen.

No haces tuya la queja

de los que quieren irse

pero que aplazan siempre

la ocasión de su huida.

Permaneces aquí

por propia voluntad:

es éste tu lugar.

Tú eres de él.

 

*Todas las fotos son de John Rawlings, un magnífico fotógrafo de moda que ha desplegado su talento en diversas revistas, especialmente en ’Vogue’. La foto de Álvaro Valverde la he tomado de www.jesusfelipe.es, pero pertenece a la Fundación March, según me informa el propio poeta y narrador.

ADIOS A LOS RENOIR CON RESNAIS

ADIOS A LOS RENOIR CON RESNAIS

[Ayer en mi sección 'Cuentos de Domingo' de Heraldo de Aragón publicaba este artículo dedicado a la despedida de los cine Renoir. Por la noche, tras haber perdido con el Garrapinillos, 0-2 en casa, ante Marianistas, y firmar un artículo sobre Ildefonso-Manuel Gil, fui con mi hijo Daniel a ver la última película de Alain Resnais, que es una película de amor, de obsesión, de humor, 'Las malas hierbas'. Hubo una época en que Resnais era uno de mis cineastas favoritos con 'Muriel', 'Providence', 'Mi tío de América'...]

ADIÓS A LOS RENOIR

 

Hay espacios que forman parte de nuestra vida. Como un jersei, algunos amigos, determinados libros o discos, un bar. Entre esos espacios decisivos están los cines: el primero para mí fue el Cine Real de Arteixo, allí vi las películas del Oeste, de amor y de guerra, allí iba a enamorarme de Elsa Martinelli, Anna Karina, Inma de Santis, Ingrid Bergman o Jean Seberg. Más tarde, desde 1979, mis salas fueron las de los Buñuel: acudía tres o cuatro veces a sus matinales por semana. En aquellos días intentaba redactar una biografía de Greta Garbo y anhelaba ser guionista y director de cine. Aún recuerdo la impresión que me produjo ‘El tambor de hojalata’ de Volker Schlöndorff o los títulos sutiles y modernos de Wim Wenders. Después vino el Elíseos, el cine clásico y elegante, casi familiar. A partir de 1997, tras el estreno de ‘Niño Nadie’ de José Luis Borau, con la presencia del realizador, mis cines fueron los Renoir. Esas cuatro salas donde he visto menos de lo que habría querido. Esos cines donde querrías acabar todas las noches, ante películas de todos los países, ante intérpretes más o menos exóticas como Zhang Ziyi o Elodie Bouchez, ante las mejores producciones españolas. Las veladas de los Renoir tenían el mimo y el embeleso de las grandes ocasiones: han sido una factoría de cine contra la pereza y la reiteración. Buscaban un público, creaban una atmósfera, ensanchaban el imaginario visual. Ahí tenías la sensación de que se establecía una complicidad sigilosa en la oscuridad: la pasión por descubrir, por conocer, por soñar y viajar más allá de lo obvio. El jueves cierran. Eso sí, hay espacios, películas, sueños y climas que se quedan con nosotros en la inviolable región de la memoria.

EVOCACIÓN DE LOS BUÑUEL

EVOCACIÓN DE LOS BUÑUEL

[Este jueves cierran los cines Renoir. Mañana publico una nota sobre algunas películas que vi allí. En 2007, José María Rodríguez, más conocido en Heraldo como Chaco Morais, el autor de las entrevistas de las contras seis días a la semana, publicó esta despedida de los multicines Buñuel.]

 

 

La última vez

Por Chaco MORAIS

LA última vez fue la semana pasada. Me picaba la curiosidad de ver cómo sería el reencuentro entre Kristin Scott Thomas y Ralph Fiennes en "Alta sociedad", diez años después de "El paciente inglés". Una película, esta última, que había visto en los cines Mola, que desgraciadamente también cerraron sus puertas. Y esta semana le toca el turno a los Buñuel. Con ese nombre, para empezar, no se debería permitir cerrar unos cines. Una sala que se llama como el centro comercial en la que está ubicada es otra cosa. Pero, ¿Goya? ¿Buñuel? ¿Hacen falta más credenciales? Acogedoras y familiares, las salas del Buñuel ofrecían, en los últimos tiempos, superproducciones -aunque semanas después de su estreno oficial-, y un nutrido grupo de cintas de distintas partes del mundo, quizá menos comerciales, pero, sin duda, más apetecibles. Allí pasé el rato viendo las distintas entregas de "Scream", y también disfruté de lo lindo con las ocurrencias de autores como John Waters, inauditos en otras salas de la ciudad. Me gustó "Alta sociedad". Pero ahora, además, pasará a ser de culto. Porque fue la última película que vi en uno de los últimos cines "de los de siempre" de Zaragoza. Y mi particular "Cinema Paradiso".

 

*Ella es Kristin Scott Thomas.

 

 

CITA CON ROSENDO TELLO

ROSENDO TELLO Y SU POEMARIO INÉDITO

Ayer, con Pepe Melero, visité a Rosendo Tello. Pepe iba a llevarle tres ejemplares de la revista ‘Rolde’, “uno de los mejores números de los últimos tiempos tras el de Félix”, diría. En él, Teresa Garbí le dedica un artículo al poeta de ‘Meditaciones de medianoche’ en el que repasa su lírica; el texto está ilustrado con fotos de Vicente Almazán. Rosendo Tello ha rescatado un poemario que se le había ido quedando por ahí, cuyo título inicial era ‘El corazón de la luz’ o quizá ‘En el corazón de la luz’; ahora baraja otro título ‘Palimpsesto’, en homenaje a una cita de Antonio Machado. Es un libro que nació de una experiencia poética y colectiva en Morillo de Tou en 1996, donde trabajó con José Luis Romeo, Luis Felipe Alegre, Jesús Arbués y otros. El libro de Rosendo también tiene homenajes a Borges, a la fotografía, a José Antonio Labordeta (lo ha incorporado luego), a Juan Gil Albert. etc. Rosendo habla con mucha dificultad, pero sigue soñando y corrigiendo poemas, y de cuando en cuando los escribe –con su inefable sentido musical- con la mano izquierda.

 

*Este retrato es del pintor y acuarelista Pascual Berniz, residente en Teruel.

SANTIAGO GASCÓN, EN EL PARANINFO

(Santiago Gascón, retrato en el Museo

Pablo Serrano por Patricio Julve).

 

[Recibo esta nota de Mercedes Ventura. El viernes 11, a las 20.00, en el Paraninfo, sala Joaquín Costa, Santiago Gascón presenta su nueva novela: ‘Una familia normal’. Santiago tuvo una maravillosa acogida en el Día del Libro, tanto en Los Portadores de Sueños como en la caseta de Xordica. Es una novela divertida, desternillante, fragmentaria, llena de ingenio y humanidad.]

 

Queridos amigos:

Xordica editorial y Los portadores de sueños tenemos el gusto de invitaros a la presentación de UNA FAMILIA NORMAL, de SANTIAGO GASCÓN, el próximo viernes 11 de mayo a las 20h en la sala Joaquín Costa del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Pza. Paraíso, 4).

Acompañando al autor, contaremos con la presencia de la periodista ENCARNA SAMITIER y el escritor FERNANDO SANMARTÍN.

UNA FAMILIA NORMAL "Papá se abrió una cerveza y dijo que éramos una familia de chiste. Yo le corregí. Somos una familia de teleserie americana barata. Papá se dejó caer en el sofá y se echó a reír. Pero aquella risa tenía algo de llanto".

Necesitamos tanto reírnos, dice el autor al principio de esta novela narrada a cuatro voces, en la que los hijos han recibido su formación directamente de Los Simpson o American Dad. Por eso uno de ellos plantea: "Por qué no podemos celebrar Halloween y Acción de Gracias como cualquier familia normal?", mientras el pequeño sueña con tener un perro y un coche.

Toda familia se aleja del concepto de familia normal, pero esta no podría ser utilizada como ejemplo por la Conferencia Episcopal. El hecho es intrascendente porque la familia, como la infancia, es un invento moderno y cada cual la construye como puede.

Una familia normal es un ejercicio para reírse de sí mismo. Es un pavo de Acción de Gracias en torno al cual cualquier familia puede soltar lo que lleve guardado, abrazarse y despedirse hasta el año próximo. Una terapia que debiera ser declarada de interés para la salud mental.

SANTIAGO GASCÓN es profesor en la Universidad de Zaragoza y colabora en diversas universidades europeas y americanas. Es también escritor y guionista: ha publicado las novelas Agnus Dei (2000), Una familia normal (Xordica, 2012) y el libro de relatos Manila (Xordica, 2003).

Viernes 11 de mayo a las 20h en la sala Joaquín Costa del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Pza. Paraíso, 4). Os esperamos.

Librería Los portadores de sueños
www.losportadoresdesuenos.com

JESÚS ORTEGA Y LOS ESCRITORIOS

JESÚS ORTEGA Y LOS ESCRITORIOS

Jesús Ortega mantiene un precioso proyecto sobre escritorios de escritos o de autor.

http://proyectoescritoriojesusortega.blogspot.com.es/

Por él han pasado numerosos escritores. Cada uno hace un retrato personal de su mundo más directo o más íntimo, con su orden, sus predilecciones y su caos. Cuelgo aquí uno de los últimos: el del narrador y profesor José María Pérez Zúñiga, cuya última novela acabo de leer en pruebas: ‘La tumba del Monfí’ (Almuzara). Es un texto contenido, casi un poema en prosa...

 

 

Escritorio

 

El hombre está sentado ante la mesa, leyendo concienzudamente. A veces demora su lectura, toma algunas notas, fragua un propósito; pero siempre hay algo que lo detiene. Piensa en un argumento rocambolesco, en una intriga que atrape al potencial lector, pero decide que es mejor intentar atrapar el instante. Entonces inicia un diario en el que va apuntando pequeñas certezas. Piensa en seguir un orden cronológico, pero pronto descubre que la medida y el ritmo de su escritura no se corresponden con una sucesión de días, sino que se parecen más a pequeñas revelaciones, a algunas palabras concretas. Los textos son novelas, cuentos, aforismos, poemas, algún ensayo y tentativa, alguna tentación. Le parecen llamas. Y sigue escribiendo. Y se transforma. Hasta que se consume en una llamarada.

 

 

© Texto y fotografía: José María Pérez Zúñiga

 José María Pérez Zúñiga (Madrid, 1973) se doctoró en Derecho por la Universidad de Granada, ciudad en la que reside. Ha publicado las novelas Lo que tú piensas (Kailas, 2008), Rompecabezas (Seix Barral, 2006) y Grimalrisk o bien El juego de los espejos (Dauro, 2002), el libro de relatos El círculo, Abraxas y otras ficciones (Dauro, 2001) y los aforismos y prosas breves de Breviario (Ayuntamiento de Granada, 2005). Algunos de sus cuentos han sido recogidos en antologías como Relatos para leer en el autobús (Cuadernos del Vigía, 2010), Macondo boca arriba (UNAM, México, 2006), Inmenso Estrecho II (Kailas, 2006) o Cuentos del Alambre (Traspiés, 2004). Es columnista de los diarios Ideal y El Mundo.