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Antón Castro

'REVISTA DE LIBROS' DICE HASTA LUEGO

  Amalia Iglesias, poeta, manda esta carta a sus amigos:

“De forma imprevista para nosotros, y por fuerza mayor, la Fundación ha decidido suspender su apoyo económico a ‘Revista de Libros’.  Esto significa que la revista, tal como hemos venido editándola,  aparece por última vez este mes de diciembre.  Han sido quince años de los que estamos profundamente satisfechos, y estimamos que la revista  no concluye tras un periodo de decadencia, sino en un momento de plena vitalidad, tanto por su difusión como por sus contenidos. La crisis profunda está produciendo víctimas,  entre quienes estamos nosotros.

    El camino ha valido la pena. Gracias por tu apoyo y tu colaboración en estos años. Esperamos que esto sea sólo una interrupción, no un final. La crisis pasará, pero la cultura y el debate de las ideas encontrarán otros caminos para expresarse”. Además de Amalia Iglesias, con quien tanto quería Félix Romeo y con quienes coincidí en Dublín hablando de los utensilios de barbero de nuestros padres (el de Amalia, el mío), firman esta nota: Álvaro Delgado-Gal  (Director de Revista de Libros),   Amalia Iglesias Serna  (Luis Gago (Editor)  y  Ada del Moral (Coordinadora Edición Digital y Promoción).

PRÓLOGO DE HITCHENS A SUS MEMORIAS EN BOLSILLO

 

El escritor y traductor aragonés Daniel Gascón ha traducido dos libros de Christopher Hitchens. Esta es la traducción del prólogo a la edición de bolsillo de sus memorias: ‘Hitch-22’, que publica Debate.

 

 

PREFACIO A ‘HITCH-22’: MEMORIAS DE CHRISTOPHER HITCHENS

Traducción de Daniel Gascón.

 

Hitchens y su amigo Martin Amis.

 

“No aspires a la vida inmortal, pero agota la extensión de lo posible”

Píndaro: Píticas iii

 

            Espero que no parezca presuntuoso asumir que quien haya llegado tan lejos como para adquirir esta reedición en rústica de mis memorias sabrá que fueron escritas por alguien que, sin saberlo en el momento, estaba grave y quizá mortalmente enfermo.

            En todo caso, creo que a algunos lectores les puede sorprender (como ahora le ocurre, muy poderosamente, al autor) que los tres primeros capítulos, así como muchos de los pasajes posteriores, muestren una fuerte preocupación por la muerte inminente, o por muertes en mi familia. Hasta cierto punto, eso es natural y adecuado en cualquier obra autobiográfica. Me puse a escribir cuando me acercaba y cruzaba la pequeña pero perceptible frontera de mi sexta década: un tiempo en el que uno ha empezado a ver los nombres de sus coetáneos en las páginas de obituarios. Cuando se publicó el libro, acababa de cumplir sesenta y un años. Escribo esto en un momento en el que, según mis médicos, no puedo estar seguro de celebrar otro cumpleaños.

            Por otra parte, por decirlo de algún modo, y gracias a la brillantez y habilidad de esos mismos doctores, podría esperar vivir varios años más e incluso encontrarlos disfrutables y provechosos. En el análisis final, ¿en qué se diferencia esto de la vida que llevaba antes? Uno siempre sabe que hay un límite para el tiempo de vida, al igual que uno siempre sabe que la enfermedad, los accidentes o la incapacidad, tanto física como mental, nunca están a más de un suspiro de distancia.

            Para dar una forma narrativa, y para retomar la historia a pesar de todo, me había vuelto consciente, a medida que el libro se acercaba al final, de que cada vez me cansaba más fácilmente. Una o dos veces, gente que me había visto en la televisión escribió para expresar su preocupación por mi aspecto. Pero invariablemente me recuperaba del agotamiento sin demasiados problemas, y todos mis reconocimientos médicos rutinarios me encontraban en un estado de salud excepcional para alguien de mi edad. En todo caso mi vida es mi trabajo, y viceversa, y siempre los he organizado para que se solaparan. Disfrutaba enormemente viajando para cumplir encargos de escritura o compromisos para hablar en público, generalmente una vez por semana. Y nunca me han faltado amigos o compañía, y los seguía buscando vorazmente. Como el hombre del viejo cuento, a veces me reía diciendo que, si hubiera sabido que iba a vivir tanto, me habría cuidado más. Se han exagerado las anécdotas sobre mi “estilo de vida” bohemio, como comentaré en estas páginas, pero quizá no tanto. Había desarrollado un régimen muy productivo y, para mí, satisfactorio. Si parte de él dependía un poco de cócteles y largas noches de lectura, debate o incluso (durante la escritura de este libro) recaídas en el hábito de fumar, pensaba que la apuesta lo merecía.

            De ahí mi estado de relativa despreocupación hasta la primavera de 2010, cuando recibí el calendario previsto para la gira promocional de este libro. Era una cosa brillante y generosa, que se extendía desde Australia a Gran Bretaña, pasando por Estados Unidos y Canadá. No creo en los presentimientos (ahora me parece muy obvio que mi cuerpo intentaba decirme algo), y me limito a señalar el hecho de que leí el calendario y pensé con bastante calma: “No llegaré al final”. Mentalmente, me estaba preparando para tomarme varios meses “libres” (algo que nunca antes había deseado) y concertar una cita seria con un médico. La gira empezó bien pero mi sistema no tardó en imponerse: primero me derrumbé en Nueva York, donde me enteré de que debía pedir una biopsia para el cáncer, y después –tras haberme hecho la biopsia y decidir que mantendría todos los compromisos posibles mientras esperaba el resultado- en Boston. Mi querido amigo Cary Goldstein, que estaba conmigo en ambas ocasiones, es la razón por la que puedo escribir estos párrafos. Desde entonces, he vivido entre una dosis de quimioterapia y otra y, en algunos periodos, entre un analgésico y el siguiente, mientras espero la posibilidad de un tratamiento que sea específico para mis propios genes y mi propia enfermedad. (Sufro un cáncer de esófago en fase cuatro. No existe la fase cinco.)

            Un tema constante en Hitch-22 es el requisito, exigido por una vida de reiteradas contradicciones, de mantener una doble contabilidad. Mi actual condición lo intensifica, en vez de hacer lo contrario. Simultáneamente, me veo obligado a hacer preparaciones para morir y para seguir viviendo. Abogados por la mañana, como dije una vez, y médicos por la tarde. Una de las dimensiones más felices de mi vida, viajar, ha quedado prohibida: una gran tristeza. Pero he descubierto que todavía poseo la voluntad de escribir, así como algo indispensable para cualquier escritor: la ávida necesidad de leer. Incluso aunque esté atenuado por el tiempo más corto en el que estoy consciente cada día, y circunscrito por la idea de una final y completa pérdida de la conciencia, esto es solo un poco menos que aquello por lo que estaba silenciosamente agradecido: la capacidad de ganarme la vida haciendo las dos cosas que más me importan.

            Otro elemento de mis memorias –la gigantesca importancia del amor, la amistad y la solidaridad- se ha vuelto inmensamente más vívido para mí a través de la experiencia reciente. No puedo esperar trasladar el efecto total de los abrazos y las declaraciones. Si un conocido tuyo puede beneficiarse de una carta o una visita, bajo ningún concepto pospongas la escritura o el desplazamiento. Casi con toda seguridad, la diferencia que suponen será mayor de la que has calculado.

            La causa de mi vida ha sido combatir la superstición, lo que entre otras cosas significa combatir los temores de los que se alimenta. Por alguna razón inexplicable, nuestra cultura juzga normal, incluso encomiable, que los devotos aconsejen a quienes consideran que están expirando. Todo un edificio hortera –de inventadas “conversiones en el lecho de muerte” y húmeda literatura devocional- ha surgido a partir de esta asunción altamente discutible. Aunque podía haber elegido ofenderme (cuando me invitaban melifluamente a abandonar mis convicciones in extremis: qué insulto y qué non-sequitur, además), estaba realmente agradecido por la pesada atención que recibí de los fieles. Le dio a mi ateísmo, por así decirlo, nuevas ganas de vivir. También me ayudó a mantener abierto un debate al que estoy orgulloso de haber contribuido. Decir que este debate me sobrevivirá habría sido cierto en cualquier momento.

            En lugar de asistir a “desayunos de oración en mi honor” en lo que realmente se llamó en internet “el Día de Oración por Hitchens”, he pasado gran parte de este último año registrándome como paciente experimental para varios exámenes y “protocolos” clínicos, principalmente basados en el genoma y destinados a ampliar el conocimiento humano y a reducir el área de oscuridad y terror que domina el cáncer. Obviamente, mi objetivo no es por completo desinteresado, pero muchos de los experimentos se encuentran en una fase en la que cualquier resultado está demasiado alejado en el futuro como para servirme de ayuda. En este libro cito la admonición de Horace Mann: “Mientras no hayas hecho algo por la humanidad, debería darte vergüenza morir”. Así que esta es una respuesta modesta y pequeña a su reto, sin duda, pero es la mía. La irrupción de la muerte en mi vida me ha permitido expresar un poco más concretamente mi desprecio hacia el falso consuelo de la religión y la creencia en la centralidad de la ciencia y la razón.

            No todas mis opiniones se han revelado acertadas, ni siquiera para mí. Veo que escribo que: “Personalmente, quiero ‘hacer’ la muerte en voz activa y no pasiva, y estar allí para mirarla a los ojos y estar haciendo algo cuando venga a buscarme”. No puedo mantener esa gallardía a la luz de lo que sé ahora. Si los mejores esfuerzos de mis amigos médicos fueran inútiles, poseo una idea bastante clara de cómo cosecha a sus víctimas el cáncer de esófago en fase cuatro. El proceso terminal no permite mucho en forma de “actividad”, ni siquiera de despedidas serenas, por no hablar de partidas estoicas o socráticas. Por eso estoy tan agradecido por haber tenido, ya, un intervalo lúcido de cierta duración, y por haberlo llenado de los mismos elementos, de amistad y amor, de literatura y dialéctica, con los que espero que esté animado este libro. No nací para hacer ninguna de las cosas que escribo aquí, pero nací para morir y esta coda debe ser mi intento de llevar el relato a su conclusión.

 

Christopher Hitchens

Washington, D.C.,

20 de enero, 2011

           

MAURO ARMIÑO TRADUCE LOS 'CUENTOS COMPLETOS' DE MAUPASSANT

PÁGINAS DE ESPUMA PUBLICA

LOS ‘CUENTOS COMPLETOS’ DE MAUPASSANT

 

En dos volúmenes traducidos por Mauro Armiño.

 

En la historia de la narrativa breve hay un nombre que destaca por encima del resto: Guy de Maupassant (1850-1893), autor considerado el gran maestro del cuento europeo y autor de títulos universalmente conocidos como «Bola de sebo» o «El Horla».

Esta edición en dos volúmenes, preparada y traducida por Mauro Armiño, Premio Nacional de Traducción y el más reputado especialista en la obra de Maupassant, recoge los 301 relatos que forman los Cuentos completos del autor francés. Una edición definitiva que incluye una primera parte donde el lector podrá encontrar lo siguiente:

Introducción. Mauro Armiño dedica un estudio profundo a la vida y a la obra del autor, y nos introduce en los ambientes de fi nales del siglo XIX francés, donde encontraremos personajes como Flaubert, los hermanos Goncourt, Zola...

Clasificación temática. Aquí destacan los siguientes: Adulterio, Amor, Arte de amar, Asesinato, Celos, Cementerio, Diablo, Dinero, Dios, Divorcio, Enfermedad, Familia, Fantástico, Guerra, Herencia, Hijos, Joven seducida, Libertinaje, Matrimonio, Mujer, Muerte, Paternidad, Prostitución, Religión, Suicidio, Vejez, Viaje, Violación...

 

Resumen de las tramas. Valioso instrumento para acercarse a los cuentos y para recordar lo que se ha leído, dispuesto en orden alfabético.

Adaptaciones. Todas los cuentos que han tenido adaptaciones teatrales y cinematográficas.

Cuadro cronológico. La biografía de Maupassant y el marco histórico en el que se produjo.

Bibliografía. Cuándo publicó, y dónde, Maupassant sus cuentos, además de ediciones españolas y estudios sobre el autor y su obra.

Esta edición de los cuentos incluye un aparato crítico en el que siempre se da la fecha de publicación original del cuento, además de referencias a cuestiones culturales, políticas, y de la vida cotidiana de la Francia de finales del siglo XIX.

Apéndice. Después de los 301 cuentos, al fi nal del volumen II se incluyen seis inclasificables textos, que van de la fantasía sin límites hasta un semiensayo sobre la literatura fantástica.

Índice alfabético de títulos en español y en francés, para una fácil localización de los cuentos.

MARIANISTAS, 0-GARRAPINILLOS, 1 (DIEGO)

MARIANISTAS, 0-GARRAPINILLOS, 1 (DIEGO)

EL GARRAPINILLOS GANA A MARIANISTAS Y PIERDE A ÓSCAR CAMBRA

La derrota del pasado domingo ante el Picasso nos hizo mucho daño: Javier Lacabe y Jorge Blasco, los dos capitanes, estaban lesionados. David Mateo y Eloy Mateo fueron castigados con un partido de suspensión, Jesús Ángel arrastraba dos tras el choque con El Salvador y Fran Moreno ha sido penalizado con cuatro partidos por agresión a un contrario. Y por si fuera poco, el goleador Óscar Cambra también estaba tocado. De entrada, Óscar, Lacabe y Rafa, que volvía, se quedaron fuera para una urgencia. A esas bajas se le sumaban otras: Alberto Rubio, enfermo y tocado en la rodilla, Néstor, que quizá se haya perdido toda la temporada, Alberto Sancho, que ha estrenado su nueva ficha con una estancia en Miami, etc. Y con un equipo diezmado fuimos a jugar al campo del Marianistas, un campo que rara vez se le da bien al Garrapinillos. Formamos con otra alineación nueva: Luis; Quique Romero, Jorge Beltrán, Eduardo ‘Pirri’, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Alberto Luna; Jorge Rodríguez, Óscar Ortiz y José Antonio ‘Pitu’. De reservas, Sergio Calvo, arquero, y Jorge de Miguel, juvenil, Rafa, Lacabe y Óscar Cambra.

El campo de Marianistas es uno de los peores de la Liga. Es irregular, tiene baches y pozas, y en algunos sitios está muy blando. Recordamos a Laszi Kubala antes del choque, y salimos a jugar con pasión e intensidad. Tanta que a los 30 segundos Jorge Rodríguez falló un gol cantado ante el marco; seguimos dominando y penetrando por las bandas con vivacidad en una tarde de domingo melancólica y muy fría. Fallamos mucho en la primera media hora: arriba, Pitu hizo su mejor partido con el Garrapinillos, y los bajitos Jorge y Óscar Ortiz, aún juvenil, creaban ocasiones: de jugada elaborada, al contragolpe o en los córners. A medida que avanzaba el choque, el Garrapinillos pareció desfondarse un poco tras tantas oportunidades falladas, y el Marianistas se vino arriba, aunque no generó demasiado peligro. Tiene un equipo homogéneo y luchador, donde destaca su menudo número once: dinámico, listo y con muchos recursos. Dani Pequerul tenía que sobreponerse una y otra vez a sus internadas; en la media, perdimos un poco el control, aunque el balance total de los medios no sería malo.

En la segunda, seguimos trabajando. Ellos salieron algo más agresivos. Dominaron sin verticalidad incontrolable: en los balones altos, tanto Pirri como el arquero Luis resolvieron bien. Decidimos que entrase Óscar Cambra, nuestro goleador con Eloy Mateo. Y pronto le dio un impulso mayor a nuestro ataque: en una de sus internadas, centró y apareció Diego para marcar. Diego trabajó mucho pero no estuvo tan fino como otros días, pero esta vez no falló en el área pequeña. El equipo siguió trabajando, buscando ampliar el marcador, y en una de las internadas de Oscar por la izquierda, pisó mal y notó un dolor insoportable en la rodilla. Tuvo que abandonar el choque entre lágrimas. Entre lágrimas sí y con esa pesadumbre indefinible de quien se acaba de dar cuenta de que algo grave ha pasado.

El Garrapinillos dio entrada a Lacabe, que jugó arriba y estuvo a punto de marcar (también notó un tirón), a Rafa, a Jorge de Miguel, y peleando peleando, trabajando en todas las líneas, logró la victoria: 0-1. El equipo se había conjurado para dedicarle el triunfo a nuestro exterior. Seguimos ahí arriba, con tres puntos de ventaja sobre otro equipo muy fuerte: el Anento A Mesa Puesta, que venció a El Salvador por 2-4. Nosotros nos alejamos de los demás: el Salvador queda a ocho puntos y el Movera también ha perdido en casa.

Lo terrible ha sido la noticia que nos llegó a las 18.30 o algo después: Óscar Cambra sufre una lesión de ligamento cruzado. Tendrán que operarlo, claro, creo, y lo más seguro es que se pierda toda la temporada. Una auténtica pena por él, sobre todo, por nosotros y por el Garrapinillos: Óscar quiere mucho al equipo, es un futbolista determinante y hace piña. Uno de los secretos de nuestras diez victorias y dos empates es la unión del equipo y, entre otros factores, el olfato goleador y el talento de Óscar. Uno de los jugadores que marca la diferencia.

 *En la foto de Josean Melendo, Oscar Cambra.

ROMÁN ESCOLANO HA MUERTO

Acaba de fallecer Román Escolano (Zaragoza, 1933), un apasionado del arte y, en particular, del grabado. En 1996 donó al Gobierno de Aragón la colección que había ido acumulando con su mujer Carmen Olivares. Se expuso, en diversos períodos (eran alrededor de 700 piezas), en el Museo Pablo Serrano, en Albarracín, en diversas itinerancias. Le hice varias entrevistas a Román Escolano: una, extensa, que apareció en la sección ‘Los raros’ de ‘El Periódico de Aragón’, y otra en la contraportada de ‘Heraldo’, más reciente, de 2002. Román se definió así: “Prefiero dar que pedir, soy amable y a lo mejor un poco oscuro”. Lo encontrabas en exposiciones, de aquí para allá, y siempre tenía una sonrisa en los labios. Para los artistas, los escritores, los críticos; estaba muy orgulloso de su hijo y de su nieto que se llamaban como él: Román Escolano. José Luis Lasala siempre me dijo que Román había sido determinante en su vida y en su manera de concebir el arte. Ayer Pepe Melero (cumplía 55 años bellamente llevados, todo hay que decirlo) me anunció su muerte; y poco después me llamó José Luis Lasala, que se recupera a pasos agigantados, para elogiar y recordar al gran amigo, al gran hombre. Reproduzco la entrevista que se publicó en diciembre de 2002.

DIÁLOGO CON ROMÁN ESCOLANO (ZARAGOZA, 1933-2011)

“El arte me ha dado felicidad y amplitud de miras”

 

¿Desde cuándo le interesa el arte? 

Desde mucho antes de contar con algún medio económico. Coincidí con José Luis Borau, en Madrid, en una “república de estudiantes”, que coordinaba Cruz Martínez Esteruelas, muy autoritario él. Nos traía a escritores, y vino Antonio Gala, que estudiaba para abogado del Estado y tenía problemas personales muy fuertes. Al cabo de un tiempo se trasladó a una cartuja.

¿Cómo vivía el fulgor cultural de la ciudad? 

Yo preparaba mis oposiciones, claro, y fue fundamental José Luis Borau. Hay hombres buenos, malos y regulares, pero él es óptimo en todos los sentidos. Yo iba a Clan, la librería-galería de Tomás Seral y Casas, a Bucholz, donde expuso “El Paso”, y por supuesto a El Prado, a Biosca, etc.

¿Recuerda cuál fue la primera obra de arte que compró?

Le compré a un compañero de Ibercaja su colección de pinturas de “La Escuela de Vallecas”, piezas de Martínez Novillo, Redondela, etc., pero pronto me di cuenta de que había un desenfoque entre mis gustos modernos y aquella pintura del paisaje. En cuanto pude, me quité aquellos cuadros a precio de saldo casi. De veras.

¿Y qué le llevó a hacerse coleccionista de obra gráfica?

Podías tener en casa cosas pequeñas que no te exigían un gran derroche económico. Recuerdo que me hice con unas carpetas estupendas, una maravilla, cerradas, en las que no entraba el polvo, y allí iba guardando mis obras. La obra gráfica me exigió mucha documentación, estudio, búsqueda. Fue una aventura fascinante.

Eso lo vimos todos cuando en 1995 donó la “Colección Román Escolano” al Gobierno de Aragón.

Lo hice tras haber hablado con mi mujer, Carmen, y con mi hijo. Comprendí que una colección es algo muy personal, que es muy difícil de continuar...

¿Es necesario tener dinero para ser coleccionista?

Más que dinero, es imprescindible la curiosidad, el espíritu de libertad, la buena fe, porque al principio, mientras aprendes, debes fiarte de los galeristas y los artistas. Jamás debes creerte eso de “esto lo hace mi hijo”. Creo que siempre he sido una de las personas mejor informadas de arte de la ciudad.

¿No fue traumática la cesión?

No me arrepiento de haberla hecho. Le diré que yo llevaba por las tardes las obras al Museo Pablo Serrano, que pagaba los taxis como si fuera con salida de la estación. Si fuese ahora la donación, pondría condiciones. Yo no quería nada para mí, sólo quería divulgación pedagógica, y creo que eso no se ha hecho bien.

¿De qué se queja?

Aquí en materia de artes plásticas hay muchas cosas de que quejarse. La legislatura anterior fue totalmente negativa. Fueron cuatro años perdidos.

¿Y ahora?

Hemos mejorado algo. Existen proyectos que empiezan a fraguar: se está hablando de anexionar al Museo de Zaragoza el edificio de la Caridad, y a mí eso me parece el huevo de Colón. Hace años que debía estar hecho. Y está el Museo Beulas, que es mejor por el continente que por el contenido, por ahora. En Albarracín, Javier Callizo dijo que una parte de la “Colección Escolano ” podía ir allí.

¿Y qué le parece?

Bien. He donado más de 700 obras y están todos los artistas y movimientos desde la II República hasta hoy.

¿Es suficiente el Museo Beulas para Aragón, qué ocurre con Zaragoza?

Zaragoza lleva muchos años de retraso. Yo creo que podía ser el Pablo Serrano ese principio. Hay que aprovechar lo que ya se tiene.

¿Qué le ha dado el arte?

Me ha dado felicidad, amplitud de miras. Me atreví a abrir la ventana y a mirar por ella. Y entraron aires nuevos.

 

 

Román Escolano tenía grabados de casi todos los artistas, entre ellos Picasso. No tengo foto de Román ni de su colección: tomó aquí varios grabados de Picasso.

MARTÍNEZ DE PISÓN: ENTREVISTA Y LECTURA DE SU ÚLTIMA NOVELA

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) acaba de ganar el Premio de las Letras Aragonesas de 2011 por unanimidad. Autor de títulos fundamentales en la narrativa española como ‘Carreteras secundarias’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘El día de mañana’, en 2005, después de más de veinte años con el sello Anagrama, se pasó a Seix Barral con un libro que conmovió a mucha gente. El propio Mario Vargas Llosa, tras leerlo, quiso conocer al autor. Publiqué por entonces una entrevista extenso sobre este libro que ha supuesto un punto de inflexión en la trayectoria de Ignacio. La traigo aquí de nuevo. Y abajo, coloco la crítica de la novela ‘El día de mañana’, que publiqué este mismo año en ‘Heraldo de Aragón’. Quizá sea la novela más redonda y ambiciosa de Ignacio con ‘El tiempo de las mujeres’.

 

I

Enterrar a los muertos. Seix Barra. Barcelona, 2005

UNA ENTREVISTA

 

1.-¿Cómo ha llegado a ti esta historia y que te atrajo tanto de ella?
A finales de los setenta se publicó un libro de un argentino, Héctor Baggio, sobre John Dos Passos y la guerra civil. Fue ahí donde por primera vez supe de la existencia de Robles. Pero Baggio no desarrollaba el episodio de la muerte de Robles. Luego, casi siempre por casualidad, fui encontrando alusiones a Dos Passos y a Robles, y la historia iba tomando cuerpo en mi cabeza. Tomaba notas, pensaba en escribir algo pero todavía no sabía si un artículo o un libro... Más tarde descubrí que Miggie, la hija de Robles, vivía en Sevilla, donde se había instalado después de un largo exilio. La llamé, fui a hablar con ella, y entonces supe que el libro saldría adelante.



2--¿Quién fue José Robles Pazos, que es el gran protagonista del libro?
Robles era un hombre culto y progresista, amante de la buena literatura y escritor aficionado él mismo, buen dibujante, amigo de las tertulias de café... Un gallego nacido en Santiago. Robles era también un ferviente republicano, y eso acabó costándole la vida.

3.-Explícanos la trayectoria de Dos Passos, brevemente, y su vinculación española.
John Dos Passos llega por primera vez a España a finales de 1916, y su enamoramiento de nuestro país es inmediato. Le entusiasman las tradiciones y costumbres españolas, la pintura del Greco y de Velázquez, la literatura de la generación del 98. Sus viajes a España serán frecuentes a lo largo de las dos décadas siguientes, y en ellos encontrará inspiración para varios libros de tema español. Escribió por ejemplo un interesante reportaje sobre la II República. Tras la sublevación militar del 36 montó una productora cinematográfica que debía realizar películas de propaganda republicana. Sólo tras el viaje que realiza en abril de 1937 decae su interés por España y lo español, y de hecho pasarán veintitantos años antes de que vuelva a poner los pies en nuestro país.


4.-El libro es, sobre todo, la historia de una gran amistad. ¿Cómo fue esa relación, sostenida desde 1916 de manera definitiva en correspondencia, encuentros…? ¿Qué le sedujo tanto a Robles de Dos Passos y viceversa?

Tenían ambos muchas cosas en común, pero por encima de todo eran buenos amigos de sus amigos. Por eso el asesinato de Robles tuvo tantas consecuencias en la vida de Dos Passos: le enfrentó con el comunismo, provocó la ruptura de su amistad con Hemingway... A pesar de todo, Dos Passos siempre echaría de menos la antigua camaradería que le había unido a Hemingway.


5.-Es muy importante en tu trabajo y en esta historia el libro “Manhattan Transfer” de Dos Passos, cuyo traductor fue Robles Pazos.

“Manhattan Transfer” es probablemente el más importante de los libros de Dos Passos, al menos el más influyente. Incluso en España: “La colmena” de Camilo José Cela debe mucho a la novela de Dos Passos.


6.-De repente Robles, profesor en Estados Unidos, decide regresar a España durante la Guerra Civil y es nombrado traductor del Ministerio de la Guerra en Valencia.
En realidad, Robles estaba ya en España cuando se sublevan los militares, porque la familia tenía la costumbre de pasar en Madrid las largas vacaciones universitarias. Robles no dudó en ponerse al servicio de la República y su conocimiento de idiomas hizo que lo nombraran intérprete de uno de los principales consejeros militares soviéticos...

7.-Ahí aparece un personaje fascinante como Vladimir Gorev, que también será víctima de sus propios compañeros.

Gorev pasa por ser uno de los héroes de la defensa de Madrid. Su prestigio como militar ha sido reconocido por los principales militares republicanos. Pero mientras él y otros como él luchaban por defender la república española, en Moscú se estaba gestando una sangrienta purga dentro del ejército. Muchos, muchísimos de los militares destinados en España fueron poco después llamados a Moscú, condecorados por Stalin e inmediatamente ejecutados. Gorev fue uno de ellos.


8.-Robles Pazos desaparece en diciembre de 1936 y poco después es fusilado. ¿Por qué exactamente?

Las causas concretas son difíciles de precisar. En mi libro propongo varias hipótesis. Su asesinato es, en todo caso, una especie de prólogo a esa purga de los militares soviéticos.

9-Se llegó a decir que era un espía fascista y también que se le fusiló para que no hablara. ¿Qué cosas tan graves o tan inconvenientes para el poder comunista de la II República sabía?

Su condición de intérprete de Gorev le facilitaba el acceso a importantes informaciones secretas. Entre estas informaciones estaba por ejemplo el propósito de Stalin de acabar con los anarquistas españoles. Finalmente no conseguirían eliminar al sindicato anarquista, la CNT, pero sí al POUM, el partido de los comunistas disidentes. En cuanto a lo de que Robles era un espía, no es más que una calumnia con la que se quiso justificar su asesinato.

10. -¿Quiénes mataron en realidad a Robles Pazos? Ese es otro tema fundamental en la obra.

En mi libro doy algún nombre. Pero la cuestión de quién apretó finalmente el gatillo puede resultar secundaria. Lo fundamental es que la orden la dio la NKVD, la policía política soviética.

11. -El autor, tú, no interviene en la obra. Cuenta hechos, lee libros, extrae una reflexión tranquila y nada maniquea, pero es una feroz crítica de algunos comportamientos contra la moral totalitaria de la izquierda.

No quería ser yo quien contara la historia. Quería que la historia se contara a sí misma. Y la historia es por sí misma un alegato contra los totalitarismos: contra el totalitarismo estalinista, que asesinó a Robles, y contra el totalitarismo franquista, que condenó a muerte al hijo de Robles sólo porque se había alistado como soldado raso al ejército republicano.

12. Resulta conmovedora la obsesión de Dos Passos por esclarecer el asesinato de su amigo, cueste lo que le cueste.

Curiosamente, cuando Dos Passos llega a España no tiene ni idea de lo que le ha ocurrido a su amigo Robles. Y quien le informa no es otro que Coco, el hijo de éste, que entonces trabaja en la Oficina de Prensa Extranjera, el despacho por el que todos los periodistas y escritores extranjeros tienen que pasar para acreditarse. La consternación que le provocó la noticia es fácil de imaginar. No sólo luchó entonces por esclarecer lo ocurrido y defender la memoria de su amigo muerto, sino que acabó convirtiéndose en una especie de protector de la viuda y los huérfanos. Un ejemplo: Robles tenía contratado un seguro de vida en los Estados Unidos pero, como su cadáver nunca apareció, la casa de seguros se negaba a pagar, y fue Dos Passos quien pagó las cuotas del seguro para que la viuda, que seguía en España, no perdiera sus derechos.


13. ¿Cuál sería la conclusión general del trabajo? Parece inevitable concluir que este es un libro sobre las víctimas republicanas del comunismo, de la visión estalinista del mundo.

A estas alturas no creo que nadie se sorprenda de los extremos criminales que Stalin llegó a alcanzar. Lo que algunos todavía se resisten a aceptar es que Stalin trató de exportar a la España republicana algo del terror que por esas mismas fechas imperaba en Moscú. Robles fue la primera víctima española de esa barbarie, y Andreu Nin la más conocida. Lo curioso es que, en el exilio mexicano y debido a los matrimonios de las hijas de ambos, Robles y Nin acabarían emparentando póstumamente.

 

 

II

EL DÍA DE MAÑANA. Seix Barral, 2011.

 

UNA LECTURA

 

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

PREMIO PARA MARTÍNEZ DE PISÓN

PREMIO PARA MARTÍNEZ DE PISÓN

MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS 2011

Ignacio Martínez de Pisón ha sido elegido nuevo Premio de las Letras Aragonesas de 2011. Pisón, que vive en Barcelona desde principios de los años 80, es guionista, traductor y narrador. Es autor de libros como ‘La ternura del dragón’, ‘Alguien te observa en secreto’, ‘El fin de los buenos tiempo’, ‘Enterrar a los muertos’, ‘El tiempo de las mujeres’, ‘Carreteras secundarias’, ‘Dientes de leche’ y ‘El día de mañana’, su última novela. Ha sido guionista de ‘Chico y Rita’ de Fernando Trueba y su novela ‘Carreteras secundarias’ ha sido llevada al cine en España y en Francia. Es un escritor de pulso seguro y de un estilo invisible. Ha sido traducido a muchas lenguas: le interesan los secretos de familia, los misterios de la pareja y el enigma de las mujeres, y de la memoria. Su última novela, ‘El día de mañana’, la historia de un delator en la Barcelona de los años 60 y 70 ha tenido un gran éxito.

LAS NOCHES ÁRABES DE PETISME

Antes de que amaneciese he leído ‘La noche 351’ de Ángel Petisme, libro galardonado con el premio Jaén de Poesía que acaba de publicar Hiperión. El volumen se presenta esta tarde, a las 20.00 en El Pequeño Teatro de los Libros: tendrá a Miguel Mena como presentador, que ha confeccionado uno de sus personales ‘Diccionarios’. Se trata de un poemario que tiene algo de diario de una semana: transcurre entre el 23 y el 28 de marzo de 2010 en Iraq, y por sus páginas desfilan los ecos de ‘Las Mil y una noches’, la poesía árabe, el monólogo de distintos personajes, numerosas historias de amor y una actitud del poeta: se trata de un libro comprometido, que habla del dolor y del asedio, que deja bien clara la dialéctica Iraq-Estados Unidos, y que también se acerca al poema ideológico e incluso panfletario en ‘Hijos de América’. Es uno de los libros donde Petisme más ha refrenado su inclinación al exceso, su inmensa facilidad, su imaginación verbal: es un libro emocionante y dolorido, lleno de hechizo y de muerte, lleno de amor y de esperanza. El libro de un trovador comprometido. Copio aquí un poema:

 

 

CASA VACÍA

La vida sólo es
una casa vacía.
Entras por una puerta
y sales por la otra.
No deseo nada.
Todo está oscuro,
todos tienen miedo.
Esto es Iraq,
una profunda herida.
Una herida vacía.

No deseo vivir
ni un día más
en la casa vacía.

 

*La foto de Petisme es de Maurilio de Miguel.