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Antón Castro

PALMARÉS Y PREMIOS DEL FESTIVAL DE CINE DE ZARAGOZA

PALMARÉS Y PREMIOS DEL FESTIVAL DE CINE DE ZARAGOZA

Esta mañana, a las 12.15, se clausura el Festival de Cine de Zaragoza, en el Palacio de Congreso de la Expo. Se entregarán diversos premios a Mercedes Gaspar, Paula Ortiz y Fernando Trueba. Y este es el palmarés oficial del certamen:

 

Mejor Corto Nacional de Ficción:
 “LIBRE DIRECTO” de Bernabé Rico.

Mejor Corto Aragonés de Ficción:

“AMORES CIEGOS” de Marise Samitier

Mejor Corto Nacional de Animación:

“EL VIAJE DE MARIA” de Miguel Gallardo

Mejor Corto de un joven realizador:

“MI LUCHA” de Aitor Aspe y José Mª de la Puente

Mejor Video Clip:

“OCEANO DE CARNE” de Quentin Ozores

Mejor Cortometraje Serie Z:

“KILLERS POR EL MUNDO” de Ángel M. Salo

Mejor DOCUMENTAL:

“HOMBRE MÁQUINA” de Alfonso Moral y Roser Corella

Mejor Largometraje OPERA PRIMA:

“SIN COBERTURA” de Manu Fernández

Premio del Público:

“ESO TE PASA POR BARROCO” de Pablo Serrano

 

*La foto de Fernando Trueba es de Aloma Rodríguez.

PAULA ORTIZ, MERCEDES GASPAR, YOLANDA LIESA, SORIA & GUIRAO, EN BORRADORES

PAULA ORTIZ, MERCEDES GASPAR, YOLANDA LIESA, SORIA & GUIRAO, EN BORRADORES

A las doce de la mañana se redifunde ‘Borradores’ (Aragón Televisión), que rinde homenaje a ProyectAragón y al Festival de Cine de Realizadores con sus invitados. Acuden al plató Paula Ortiz, realizadora de ‘De tu ventana a la mía’, cuyo tráiler se remite; e Isabel Soria, cineasta y escritora, y David Guirao, ilustrador, que acaban de firmar el álbum en 3D ‘Cosmogonía de las estrellas’ (Comanegra). Además, se emiten diversos reportajes-entrevistas con la cineasta Mercedes Gaspar, que analiza su trayectoria; Yolanda Liesa, autora de un delicioso poema visual y poético, ‘Lo que creas tú’; Lucía Camón, que realiza videopoemas y firma el poemario ‘Siete veces sí’; y Tomás Studer y Samuel Gómez, realizador y montador de ‘Pepín Bello, inspirando a los genios’. Se visita la exposición ‘Colores de África’. Y la actuación musical corre a cargo de Carmen al Natural. Si vas a quedarte en casa en este día de niebla, es una buena propuesta. Es un programa muy completo con muchos puntos de vista.

 

*La foto de Leticia Dolera, una de las actrices de 'De tu ventana a la mía', es de Jorge Fuembuena.

 

 

'ZARABANDA', POR JULIO JOSÉ ORDOVÁS

[Hoy, en la página tres del suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón, Julio José Ordovás publica este artículo. Por un error mío de edición , el artículo aparece firmado por Julio José Delgado. Por supuesto que es de Ordovás. Lo lamento de veras por Julio, por Javier Delgado y por Miguel Sánchez-Ostiz.]

 

 

La foto de Miguel Sánchez-Ostiz pertenece al 'Diario de Navarra'.

 

 

   CUERPOS DE TEXTO

 

                                                                                               Julio José Ordovás

 

   Zarabanda

 

   La institución medular de la sociedad vasconavarra no es otra que la cuadrilla. La cuadrilla es sagrada, intocable, el tótem de la tribu, la caja de las esencias, el copón de la baraja. “Zarabanda” (Pamiela) es la novela de una cuadrilla que tropieza con el cadáver de un travesti en una vieja calera de la que pronto empiezan a salir toda clase de fantasmas en tétrica procesión. La cuadrilla ya no es aquella alegre, aunque sombría, panda felliniana de “I vitelloni”. Han pasado los años y el tiempo los ha dejado a todos para el arrastre. Los sueños se los comieron los gusanos. Hay demasiadas cruces en la agenda y demasiados agujeros en la memoria. Les queda el alcohol y la comida en el Jai-Alai y están dispuestos a tragar hasta reventar, como en “La grande bouffe”.

   Miguel Sánchez-Ostiz ha vuelto a Humberri, la frontera del país de la niebla, para hacer sonar la flauta shakesperiana del Rumor, donde soplan las sospechas, los recelos y las conjeturas. La zarabanda del título es una melopea de voces cínicas, oscuras, amordazadas, cobardes, lúcidas, derrotadas. Voces que se pisan y se escupen y no pueden parar de ladrar, cotorras de guiñol que se aclaran la garganta apurando la cerveza agria de Flann O’Brien, esa que hace hablar por los codos a los muertos.  

   La calera, la sima, la ciénaga, el pozo negro al que van a parar los sin nombre, los sin papeles, los que sobran porque alguien decide que sobran, los que nunca disfrutaron de la protección de la cuadrilla. La leyenda fúnebre de la sima se remonta al menos a la Tercera Guerra Carlista. Desde entonces ha sido la tapadera de demasiados crímenes, “el aliviadero de la mala memoria de Humberri”, un agujero en el que la mayoría prefiere no meter las narices, por si acaso.   

SÓCRATES O EL TALÓN DE DIOS

 

SÓCRATES

Hay futbolistas raros que flotan sobre el césped. Se mueven, zigzaguean aquí, amagan allá, bajan el balón y reptan con elegancia animal; hay un instante en que diríamos que parecen levitar. Que fundan un orden nuevo, una placidez, un deslumbramiento. Y eso ocurría con Sócrates, el centrocampista de cuerpo casi gigante, 1.92, y de pie breve, apenas un 37, que acaba de fallecer a los 57 años. El futbolista que se parecía un poco a su ídolo Che Guevara y que se reunió en el desierto con el atrabiliario Gadafi, cuando el tirano parecía un rebelde antisistema. Si lo veías, con sus pasos grandes de zancuda, sospechabas que era lento. Era tan esbelto  que pensabas que iba a ser quebradizo, vulnerable a cualquier patada o empujón. Incluso tenía algo de hippie extraviado en un estadio: con aquel pelo ensortijado, con aquella cinta que reclamaba libertad y justicia como si fuera un Mesías de los pobres.

En sus días de gloria, los futbolistas llevaban un pantalón minúsculo y ajustado: hasta por eso reclamaba la atención el jugador del Corinthians. El doctor Sócrates poseía buen porte y nada hacía pensar que fuera un gladiador. Sócrates se buscaba a sí mismo y se encontraba en los demás. En el juego colectivo, en la arrancada, en el contragolpe, en el pase preciso, en aquella elegancia que empezaba por su actitud: siempre tenía la cabeza erguida. Se encontraba con los otros, con aquella media inolvidable que formaba con Falçao, Toninho Cerezo y Zico, empujados desde atrás por Junior; arriba los esperaba a todos el cañonero Eder. Sócrates era, con Zico, el líder del Brasil de 1982, que perdió ante Italia por 3-2: aquel equipo estaba llamado a hacer historia, pero le venció su excesiva facilidad, una cierta indolencia y la soberbia, y la pegada trasalpina, por supuesto. Rossi, con tres goles, lo mandó a casa y destrozó la leyenda futura de aquel conjunto, donde brillaba Sócrates.

Brillaban los demás, y brillaban mucho, pero Sócrates era especial: era un mago, un malabarista, un jugador táctico si era necesario, buen cabeceador y, ante todo, un centrocampista imprevisible. Desconcertante. De seda y de hierro, delicado y fajador. Siempre sabía lo que había que hacer. En 1986, en el Mundial de Maradona en México, Sócrates volvía a ser el mariscal del ‘jogo bonito’ de Brasil, pero también cayó cuando empezaba a librarse la batalla del título ante Francia en los penaltis.

Sócrates trajo al fútbol algo nuevo: el compromiso social, la defensa del paria, la exaltación de la libertad y de la república. Y dejó, y para ser centrocampista no es nada desdeñable, más de 200 goles. Nadie en la historia del fútbol ha golpeado de tacón como él: marcaba hasta penaltis. Si Maradona fue “la mano de Dios” y mucho más en el altiplano mexicano en 1986, Sócrates, el doctor Sócrates de balones, estrategias y almas de espectadores a la deriva, deberá pasar a la historia como ‘El tacón de Dios’. O, simplemente, ‘Talón de Dios’.

 

*Este texto, con leves cambios, apareció el martes en heraldo.es.

MIGUEL ÁNGEL BERNA: AUTORRETRATO CON OTROS Y UN PAÍS DE JOTA

MIGUEL ÁNGEL BERNA: AUTORRETRATO CON OTROS Y UN PAÍS DE JOTA

He estado esta pasada noche en la función de Miguel Angel Berna, ‘Bailando mi tierra’, en la Sala Mozart. El público estaba entregado: Miguel Ángel ha planteado un espectáculo compendio de una década, cruzando algunas de sus obsesiones: el mudéjar, Aragón o la tierra del dragón y la sabina, y la jota. La función, de algo menos de dos horas, cuenta con maravillosos músicos en directo, que permiten explorar distintos estilos: la música árabe, el flamenco, el jazz, incluso los ecos de la música klezmer, la música contemporánea pautada por las percusiones y algunos sonidos turbadores (están muy bien, en este apartado, otra vez, Fletes y Josué Barrés; está espléndido en realidad el grupo musical liderado por Alberto Artigas y Joaquín Pardinilla), y la jota.

En este sentido, me ha parecido mucho más apasionante la primera parte del espectáculo: ahí, Berna y sus músicos exploran nuevos caminos, se atreven. Renuevan. Siguen haciéndolo con la jota,  sin duda, pero todo es un poco más previsible, y para mí menos emocionante, a pesar del trallazo de intensidad de los tambores y bombos de Albalate del Arzobispo. Al público, en cambio, le gusta mucho más la segunda parte. Ahí se producen los grandes aplausos en un montaje de muchos aplausos y de identificación absoluta con Berna, palpita la emoción, o incluso se oye una voz femenina que grita, ante un solo de Berna: “¡Tío bueno!”

Miguel Ángel tiene muchas virtudes: ha creado equipos, y pienso en los músicos, en intérpretes como María José Hernández y Lorena Palacio, en las jotas, ha creado equipo de diseño y artístico, incorpora a los jóvenes bailarines y una escenografía de Martínez Tendero. Miguel Ángel asume cada vez menor protagonismo: cree en sus bailarines y en sus coreografías. Está y hace estar a los demás. Y sobre todo, insisto en ello, si alguna vez se ha sentido el malquerido, el incomprendido, nada más lejos: Miguel Ángel Berna es querido, es aplaudido y ensalzado. Emociona a la gente. Es jotero clásico y jotero que renueva desde el baile y la música. Y suscita admiración y muchos, muchos minutos de aplausos.

NUEVO POEMARIO DE KEPA MURUA

 

Kepa Murua (1962) acaba de publicar un poemario de amor y dolor, la crónica y el recuerdo de una separación, los vaivenes del desamor. Un gato, simbólico y elegante, el movimiento desvelado e incesante, es la imagen alegórica de su dolor, de su resistencia y de su esperanza. María José de Acuña, siempre tan gentil, me manda una selección de textos y una nota portical, algo más que una confesión.

  

CONFESIONES SOBRE EL GATO NEGRO DEL AMOR

 Por Kepa Murua

 

El gato negro del amor es un libro íntimo. Hoy puedo sonreír al verlo, pero cómo escoció al escribirlo, pues son poemas que responden a una separación donde se plasman los juegos del amor o del desamor, el encuentro y el desencuentro entre las personas, la tristeza o la vaga esperanza de los amantes. No obstante, para que no fuera totalmente biográfico escribí un cuento poético con gatos, un juego sentimental con sus maneras de comportarse, como una realidad paralela en clara alusión a nuestras necesidades y anhelos.

 

El gato negro del amor contiene poemas muy personales que cambian el registro de mi escritura para volcarse en la confesión personal. Es un libro con poemas sentidos, pero si cuando los escribí, sufrí en la escritura, también sufrí en el corazón. Menos mal que mis gritos y preocupaciones no se escucharon más que dentro de las cuatro paredes de mi despacho y detrás de los frágiles tabiques de mi casa. Entre medio, en la corrección última del libro, especialmente en la lectura en voz alta de los poemas, he gozado por lo que he sido capaz de escribir y he saltado de alegría, como un niño, ante la sorpresa de una confesión o ante el dibujo logrado de un paisaje descriptivo y, como un hombre sin complejos, he sido consciente de cómo mi vida cerraba sus círculos con una naturalidad pasmosa.

 

Puede que nadie entienda esta confesión, pero, ahora que soy capaz de echar la vista atrás, me río de un Kepa Murua tan serio y al que le preocupaba todo de una manera exagerada. Está bien tener cierta sensibilidad, pero, de la misma manera que no hay que dejar de sorprenderse por lo que se hace, se siente o se escribe, uno no puede ser el mismo ingenuo de siempre, a todas las horas del día y delante de todo el mundo. Podría rematar este apunte diciendo que todo estaba escrito para que así fuera. Podría, además, colocar las razones que envuelven a este tipo de confesiones o análisis –apenas me costaría un segundo–, pero no quiero parecer pretencioso, aunque es así como lo creo. Toda una vida pensando en los libros que voy a escribir en un tiempo futuro y ahora que echo un vistazo atrás, que me paro como nunca antes, veo que todo estaba ahí hasta que pudiera darle forma a mi vida y a la de la gente que me rodea. El presente está para vivirlo, no hay más remedio.

 

Es un libro de amor, autobiográfico, que comenzó a escribirse en Londres, en 2005, y que, tras su paso por Toronto y Nueva York, fue acabado en Vitoria en 2006. Hay un cambio de voz con respecto a mi obra anterior. Creo que aún existe un eco que desvela la escritura íntima que se vislumbra en No es nada, pero, más allá de la referencia filosófica de este poemario, la voz poética de El gato negro del amor se fija en las embestidas del corazón, “a pelo”, como suele decirse. No obstante, para que la pendiente del desamor no me llevara a la tristeza absoluta y arrastrara a los lectores al desconcierto, como equilibrio, coloco el amor de mis padres, su concepción del amor, por lo menos su duración. Lo diré de nuevo: para contraponer el dolor del amor, para que el libro no fuera una caída sin frenos al abismo, coloco, como una parte sustancial de mi biografía, el matrimonio duro y eficaz, tierno y amoroso, a su vez, de los padres, que si bien no nos enseñaron a amar, nos mostraron en cambio su cariño.

 

También he adoptado otros riesgos. En algunos poemas, especialmente en aquellos que habla la amada, por ejemplo, he buscado una voz ingenua y clara, un tanto naif, para sentir la pureza de ese amor o ese deseo trastocado en el mundo de los sentimientos más comunes: el de los celos o la vergüenza, el de la duda o el enfado, el del rechazo o la indiferencia. En otras palabras, el de las tonterías que hacen los amantes. Y he optado por esa voz natural porque no me servían los registros a los que, por lo general, recurre la literatura en estos casos, como los de la locura o el vacío dolientes. Aquí no hay nada de eso, pues aunque se hable de lo que se hable, hay mucho color y, a veces, todo parece una fiesta, un tanto especial, de los sentidos y del cuerpo.

 

La idea de plasmar el amor bajo la influencia del mundo animal, de los gatos, aunque acertada, no es nueva. No tiene mucho mérito, pero he de reconocer que era cuestión de fijarse y dejarse llevar. Y sin embargo, mi fijación por los gatos –podría decir “por las gatas” perfectamente–, fue tan intensa que mientras paseaba observaba los detalles de la vida animal en la ciudad. Los parques, las vías del tren y las calles de los centros urbanos son su refugio. Me pasó en Toronto, donde un gato vivía oculto a los ojos de la gente en el pequeño jardín de la urbanización. Me pasó en Nueva York: estaba solo, abrí el cuaderno y una gata se cruzó en mi camino para que pudiera escribir “El gato desde las alturas”. El poema que da título al libro lo escribí en Carshalton (Londres), en una casa donde un gatazo negro saltaba la valla y me miraba fijamente todas las mañanas cuando a primera hora me acercaba a la ventana de la habitación para mirar qué tiempo hacía. Fue allí cuando comencé a escribir estos poemas autobiográficos en un cuaderno amarillo. Entonces, no sabía lo que me esperaba, pero me he emocionado al leer el libro.

 

 

Kepa Murua, 26 de octubre de 2011

 

 

 

 

EL NOMBRE DE MI VIDA

 

Lo que más me gusta de este mundo

es cómo la vida me llama

por mi nombre. Como si me buscara

o no supiera dónde encontrarme.

 

Mira que la vida se ríe del mundo.

Mira que el mundo no se fía de la vida.

Mira que es difícil que se lleven bien

la fría vida con el áspero mundo.

 

Pero lo que más me gusta es cómo

pese a todo pronuncia mi nombre.

Como si me preguntase sin preguntarme.

Como si me buscase como poeta y como hombre.

 

Así es el nombre de mi existencia.

Para algunos tierno, para otros con hambre.

Todos lo pronuncian diferente.

Pero ella es la única que me responde.

 

MI CORAZÓN DIMINUTO

 

Cuando mi corazón estuvo fuera de mí

yo nunca pude escribir un poema.

Lo intenté, pero no pude.

Tampoco pude escribir una carta

a mi madre por ejemplo

diciéndole que la quería.

Tampoco pude escribir una nota

a mi amigo más cercano

donde le decía que las llaves de la casa

estaban sobre la maceta roja

en la puerta de la entrada.

Cuando mi corazón estuvo perdido

en la inmensidad del tiempo

y la indiferencia eterna

no pude escribir nada.

A mi amor por ejemplo

diciéndole que la echaba de menos

y que esperaba su regreso

como lluvia que suena a diario.

Nada. Ni un poema, ni una carta.

Ni una nota, ni un recuerdo olvidado.

No pude hacer nada más que esperar

que volviera a casa

para escribir ahora este verso

donde digo que de verdad te quiero

aunque nunca te lo haya dicho antes

y sentir mi corazón diminuto

como nunca antes lo sentí

cuando estuvo dentro.

 

SUEÑOS DE LLUVIA

 

¿Dónde queda África mi amor

dónde Egipto?

En el primer continente

te esperaba el gato negro.

En el segundo viaje

el gato gris con ojos

de diamante.

Pero después de la confesión

te fuiste al sol cercano

a recorrer la fatiga

de la vida en el cuerpo

marchito del sueño roto.

¿Dónde las palabras

como promesas?

¿Dónde tu perseverancia?

Esa música que ahora

escuchan tus oídos.

Aquellas palabras

como sueños de lluvia

en medio del océano

taparon las huellas

del último viaje.

La perdición

a la vuelta de la esquina

y no lo sabíamos.

¿Dónde tu anhelo?

¿Dónde lo que siempre

perdura como prueba

irrefutable de una verdad

disuelta en agua marchita?

Desde entonces mis manos

sienten la lluvia

cuando no llueve.

Ven el mar

cuando despierta el día.

Pero no pueden creer

lo que se escucha tras la ventana

cuando no es el silencio

el que se pronuncia.

Cuando no es el tiempo

el que nos delata.

Como una sombra en el mapa

donde la ausencia

no llora su desamparo

que se anuncia

como inevitable.

Sueños de lluvia extraños

porque nunca se cumplen.

Sueños de vida

que nunca se realizan.

¿Llueve en África

ahora mi amor?

¿Llueven en tu corazón

los días de hastío?

 

UN 'BORRADORES' DE CINE, A LAS 23.55

MONOGRÁFICO DE CINE y LITERATURA EN BORRADORES

 

-Esta noche el programa de Aragón Televisión se emite a las 23.55, una hora antes de lo habitual-.

 

Plató: Paula Ortiz, realizadora; Isabel Soria, cineasta y escritora, y David Guirao, ilustrador.

Reportajes: Mercedes Gaspar, Yolanda Liesa, Lucía Camón, Tomás Studer y Samuel Gómez, realizadores

Exposiciones: ‘Colores de África’.

Actuación musical: Carmen al Natural

 

 

Borradores emite hoy un especial de cine y literatura infantil y juvenil.

Acude al plató Paula Ortiz, que ha recibido el premio Pilar Miró en la Seminci de Valladolid por su película ‘De tu ventana a la mía’, y ha sido objeto de diversas distinciones en Las Jornadas de La Almunia y esta misma semana en el Festival de Jóvenes Realizadores de Zaragoza. Habla de su primer largometraje, de esas historias de tres mujeres (Leticia Dolera, Luisa Gavasa y Maribel Verdú), de los escenarios aragoneses y de su concepción del cine y de la escritura de guiones. Por otra parte, la escritora y cineasta Isabel Soria y el ilustrador David Guirao comentan su libro ‘Cosmogonía de las estrellas’ (Comanegra, 2011), donde exploran las posibilidades del 3D en la literatura. Aquí cuentan una historia muy poética y espectacular, muy cinematográfica y panorámica, que transcurre entre las constelaciones y propone un deslumbrante bestiario y una representación que evoca el arte greco-latino.

Además, Borradores ofrece entrevistas y reportajes con varios realizadores y creadores de videopoemas. Tomás Studer y Samuel Gómez explican las claves del documental ‘Pepín Bello, inspirando a los genios’, que ofrece un retrato del oscense que formó aquel cuadrado de leyenda con Lorca, Buñuel y Dalí. La calandina Mercedes Gaspar repasa su trayectoria: sus trabajos sobre Buñuel y Cajal, sus cortos de animación, el largometraje en el que está trabajando y la exposición de fotos que exhibe en Spectrum. Yolanda Liesa es una cineasta oscense que acaba de estrenar ‘Lo que creas tú’, un corto donde una niña se acerca al mundo de los adultos y descubre que tal vez no siempre dicen la verdad, lo descubre, además, con una procedimiento muy cinematográfico: una cámara de vídeo. Lucía Camón es una artista valenciana, de origen aragonés que creció y vivió en Caspe, que combina la poesía y la creación de videopoemas. Participó en el ciclo ProyectAragón y habla de su triple condición de actriz, poeta y cineasta. El programa se completa con una visita a la exposición ‘Colores de África’, que se exhibe en el Centro de Historias.

La actuación musical corre a cargo de Carmen al Natural, que presenta dos canciones de amor.

 

 

*En las fotos, entre otros vemos: 'De tu ventana a la mía', Mercedes Gaspar, Lucía Camón y Yolanda Liesa.

PEDRO ANGUILA RETRATA A SAURA

PEDRO ANGUILA RETRATA A SAURA

RETRATO DE UN SEÑOR QUE MIRA: CARLOS SAURA

He escrito mucho, muchísimo, sobre Carlos Saura. He estado en su casa en Collado Mediano, y nos hemos encontrado en varias ciudades: Zaragoza, Huesca, Madrid, Barcelona. En el fondo, me gusta mucho más su fotografía que su cine, que ya es decir, y me gusta su vitalidad indesmayable, su pasión por crear. Escribe (novelas, guiones, recuerdos, reflexiones sobre su trabajo), pinta, hace fotos, hace cine, ópera, es un enamorado del amor y de las mujeres, fue un fotógrafo que retrató a los artistas flamencos, y hay en él algo de bailarín aplazado. Pedro Anguila le tomó esta foto; me parece que resume lo que es Saura: un mirón, un galanteador de la hermosura y la paradoja, un insaciable curioso de los colores de la alegría. La foto es de Pedro Anguila, antes Pedro Hernández, y antes y ahora un espléndido fotógrafo y una estupenda persona.

Recomiendo aquí su estupenda página web: www.pedroanguila.com