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Antón Castro

ERSI SAMARÁ: FOTÓGRAFA EN BECEITE

ERSI SAMARÁ: FOTÓGRAFA EN BECEITE

En la Antigua Fábrica Noguera, el espacio que creó Gema Noguera en los sótanos de la antigua casa familiar, trabaja ahora una artista griega instalada en el Matarraña: Ersi Samará. Es fotógrafa y cuida la obra de Gema: explica sus cuadros, su personalidad, su alegría. Así es Ersi: dulce, trabajadora, delicada. Oye a cada instante el murmullo del río Matarraña y sus cascadas, oye el gorjeo de los pájaros y, de cuando en cuando, cuida a una gata.

EMILIO PEDRO GÓMEZ: OTRO POEMA

El poeta, científico, viajero y enamorado de la fotografía Emilio Pedro Gómez estuvo el pasado domingo en Torre del Compte y en Valderrobres en la presentación de ‘Poesia a la frontera’ (Gara d’Edizions). Durmió en La Parada de Torre del Compte y participó en los activos debates de la última hora de la tarde. Me escribe y me dice: “Alentado por los debates surgidos después del encuentro en el Matarraña, escribí el poema que te adjunto, Antón. Refleja en su esencia lo que pienso al respecto. Tal vez te interese conocerlo o recogerlo en tu blog. Un abrazo. Emilio”. Aquí está.

 

DESPEJAD LAS PALABRAS

Por Pedro Emilio GÓMEZ

 

 

Despejad las palabras.

Como un puente

                          o un río

el idioma es de paso.

 

Despejad las palabras

hasta que todas clamen

con sus patrias en blanco

los huecos de su voz.

 

*Esta foto es de Jesús Celma, un fotógrafo y albañil del Bajo Aragón que expone ahora en La Parada de Torre del Compte.

A JULIO ANTONIO GÓMEZ

A JULIO ANTONIO GÓMEZ

LAS HERIDAS DEL ÚLTIMO DESNUDO

 

[Para Julio Antonio Gómez, 1935-1988]

Antes que nada, inolvidable Julio Antonio Gómez,

fuiste para mí un sombrero: un rostro grande, redondo,

cubierto con un sombrero negro, casi desvaído: así te retrató,

entre la acequia y los cañaverales, Joaquín Alcón.

Fue lo primero que me intrigó de ti: bajo el ala breve

se te veía con los ojos de aventurero y de burlador

del mundo y de sus estaciones de paso.

Poco después, alguien me dijo que tu poemario

Acerca de las trampas era un libro de amor y de furia,

el cántico y la sed de un hombre que ama

y se incendia, noche a noche, en los volcanes del deseo

y en los porches de su ciudad de tres ríos.

Hablaban de ti y decían que habías sido un loco,

un esteta, un galanteador de las noches prohibidas,

un perseguidor de púgiles sin gloria en los billares sombríos.

Hablaban de ti y decían que un día estuviste en París

y en las cárceles de los placeres prohibidos.

Ibas al cine, ibas al Sena. Oías a Leo Ferré:

eras un sonámbulo que se escondía lejos de casa.

Me dijeron que lo habías sido casi todo: editor, fotógrafo,

que habías visto el sol de Tánger y las culebras del desierto.

Cuando llegó la noticia de tu muerte –“Julio Antonio

se murió esta madrugada: con el agobio se le paró

para siempre su gigantesco corazón de enamorado”-,

fui a tu casa: María Crespo, tu dama de llaves, tu otra madre,

me mostró todos tus papeles, tus libros, tus cartas.

La caligrafía de un erotismo tan urgente como aplazado.

Todo tu mundo se alzó ante mis ojos: tu suavidad de centauro,

tu aridez de nardo caliente. Tu alma a la intemperie.

Tu mole de rinoceronte de ternuras suicidas.

¿Quién eras, en realidad, Julio Antonio Gómez,

Papageno de las islas de luto y de las palabras de olvido?

Me gustó comprobar que habías sido retratista.

Que habías querido sobreponerte a los perros del deseo.

Letra a letra, palabra a palabra, libro a libro.

María Crespo lo mantenía casi todo intacto, como si esperase

que un día volvieras a casa para siempre

a completar tus mejores poesías y a contarle

el poema de tus pasos, las heridas de tu último desnudo.

 

[Este poema dedicado al poeta Julio Antonio Gómez, editor de Javalambre, se ha publicado en la revista ‘El Alambique’ por invitación de Ángel Guinda y de Agustín Porras. A ambos muchas gracias. Es probable que integre un poemario nuevo al que le doy algunas vueltas. Hace algunos días, José Antonio Duce, un estupendo fotógrafo y un estupendo amigo, que ha aparecido aquí muchas veces, me mandó esta foto de Julio Antonio Gómez; la fecha en 1958: Julio tendría entonces unos 25 años.]

LAIA VAQUER: EL CUERPO Y EL PAISAJE

LAIA VAQUER: EL CUERPO Y EL PAISAJE

Laia Vaquer estudió escultura en Barcelona y poco a poco pasó a realizar fotografía e instalaciones. El tema central de su obra es su propio cuerpo, como sucede con artistas como Marina Abramovich, Francesca Woodman, Miss Aniela, Ana Mendieta, a la que admira mucho. Otra de sus referencias es Louise Bourgeois. Laia Vaquer, que reside en Valderrobres, trabaja con su cuerpo como si fuera un paisaje o un elemento fundamental de posesión e identidad integrado en la naturaleza. En los últimos meses ha realizado unas series muy sugerentes de desnudos en el paisaje o de desnudos entre harina; sugerentes es aquí una palabra equívoca: desnudos de una gran belleza y plasticidad, y  a la par de una gran pureza. Laia Vaquer ha expuesto en el Museo Juan Cabré o en la galería Finestra, entre otros lugares. En noviembre expondrá en Valencia. Y suele trabajar con su compañero Hugo: ella hace la puesta en escena, se sitúa entre los árboles, sobre las piedras, en pozas o en pequeñas cubículos de tierra, y Hugo dispara. Así sucedió en esta foto que pertenece a su última exposición. Ayer grabamos una entrevista para ‘Borradores’ (con el operador de cámara Alberto Gimeno) a Laia Vaquer y a su compañero Hugo, que maneja una cámara Canon 5 D. También suelen trabajar el vídeo y han realizado varios que acompañan las exposiciones de Laia.

EL FOTÓGRAFO ANTONIO TUROK, VISTO POR PABLO J. RICO

EL FOTÓGRAFO ANTONIO TUROK, VISTO POR PABLO J. RICO

[Desde hace algún tiempo he recuperado la correspondencia con Pablo J. Rico, escritor, comisario de proyectos artísticos, soñador del arte, que reside desde hace unos años en México. Pablo trabaja con muchos artistas: publica catálogos, colabora en carpetas de arte y bibliografía, coordina y dirige exposiciones, y como casi siempre busca historias, poemas, imágenes. Me envía este texto sobre uno de los retratos más conocidos del fotógrafo Antonio Turok: “Con Antonio Turok llevo algo entre manos. Antonio es uno de los fotógrafos más ‘decisivos’ de la fotografía mexicana contemporánea. Presenté su última exposición en el Centro Nacional de la Imagen aquí en México”].

  

EL RETRATO DE MARÍA CARTONES:

 

VISIONES Y VIDENCIAS EN UN ROSTRO ENLODADO…

 

Por Pablo J. RICO

 

 

En su magnífico libro monográfico Chiapas. El fin del silencio (1998), Antonio Turok presentaba una cuidada selección de sus fotografías de entre las miles realizadas aquellos años en Chiapas (1973-1995). Confieso que una en especial me cautivó nada más verla por primera vez: el retrato de María Cartones… Antonio Turok escribía allí sobre la dramática historia de esta mujer:

 

María era una mujer indígena de San Juan Chamula que ostentaba un alto cargo religioso en su comunidad: era la esposa del pasión del carnaval, una épica celebración que conmemora la creación del mundo. El marido murió antes de cumplir su encargo y, por costumbre y tradición, María Cartones fue nombrada Martoma Sacramento, “guardián del santo”, el más alto cargo religioso que se concede a una mujer. Significaba que tenía que cumplir con las obligaciones rituales que dejó incompletas su difunto marido. Para que pudiera cumplir con este cometido, la comunidad le otorgó el permiso de viajar a San Cristóbal a vender algunos productos en el mercado y de esa forma pagar sus deudas. En el camino María fue violada por un grupo de jóvenes coletos y resultó embarazada. Cuando nació la creatura, le fue arrebatada de los brazos por un grupo de religiosas. María se hundió en la locura. Se paseaba por las calles con el rostro untado de lodo, gritando en su pobre español y en su tzotzil entrecortado:

            ––¡Por eso uso mi máscara! Me embarro de mugre el rostro para ahuyentar a los hombres que me ofendieron cuando vendía naranjas, piñas y calabazas”…

 

La máscara de María Cartones no es un simulacro ni un disfraz tras el que se esconde esa mujer. No oculta sino manifiesta, es su identidad; como lo es también su mirada mística (que no mira ni ve este mundo ni de lejos ni de cerca), esa ceguera de su locura. La cara enlodada de María Cartones la identifica e individualiza… Rostro más que máscara, transfigurado, transubstanciado, espejo en negativo de su trágica biografía, de la misma materia de sus paisajes atormentados. Todo está fundido, es indesollable, en su rostro…“Un sujeto no elige rostros; son los rostros los que eligen sus sujetos” (…) “Más que poseer un rostro, nos introducimos en él”… ––afirmaba Gilles Deleuze en Mil Mesetas, donde dedica todo un capítulo al rostro y la “rostridad”, la producción social, política y cultural de rostros e identidades…

 

No me interesa la genealogía del “pecado” de locura de María Cartones ni los mares de lágrimas ni los estratos de violencia que moldearon su rostro embarrado. Me conmueve sobre todo su verdad original e inocente, el triunfo de lo orgánico y natural en su rostro. Parece como si Michel Foucault hubiera presentido a María Cartones y escrito para ella estas palabras: “Ahora toda locura y el todo de la locura deberá tener su equivalente externo o, para decirlo mejor, la esencia misma de la locura será objetivar al hombre, empujarlo al exterior de sí mismo, desplegarlo finalmente a nivel de la pura y simple naturaleza” (…) El hombre no se convierte en naturaleza por sí mismo, sino en la medida en que es capaz de locura”… La locura retratada de María Cartones es natural, se mimetiza con la naturaleza, forma parte de ella y la representa en su retrato; es la punta del iceberg de un mundo a la deriva ensimismado en su propia catástrofe.

 

El problema de la locura atraviesa toda la obra de Foucault. Su magna obra Historia de la Locura en la época clásica no fue sino uno de sus remedios homeopáticos. Foucault hizo de su locura un arte de vivir. “Sólo podemos evitar la muerte y la locura si hacemos de la existencia un “modo”, un arte” ––escribe Deleuze refiriéndose a Foucault… Por supuesto que la locura de María Cartones no es la locura del filósofo; su oficio no fue pensar sino sobrevivir tras su máscara de barro. Su rostro era una cuestión de vida o muerte… Así lo supo ver Antonio Turok que sin querer o aun queriendo dio vida a María Cartones más allá de su locura en la cordura de su retrato. ––cordura, soga visual trenzada que nos liga felizmente voluntarios a un rostro, una mirada perdida, su ceguera de este mundo…

 

El retrato de María Cartones es mucho más que su imagen exacta, especular; ha sido fijado y está impreso en su misma materia. Es una fotografía esencial… Como afirma Bergson en el primer capítulo de Materia y Memoria, “la fotografía, cuando la hay, está ya hecha, tomada en el propio interior de las cosas y en todos los puntos del espacio”… Deleuze reivindica esta revolucionaria concepción bergsoniana de la fotografía: “El ojo está ya en las cosas, forma parte de la imagen, es su visibilidad. Bergson lo muestra: la imagen es luminosa o visible en sí misma, solamente necesita una “pantalla oscura” que la impida moverse en todos los sentidos con las demás imágenes, que impida que la luz se propague y se difunda en todas direcciones, que refleje y refracte la luz” (…) ”El ojo no es la cámara sino la pantalla. La cámara, con todas sus funciones preposicionales, es más bien un tercer ojo, un ojo mental”.

 

Me fascina la mirada del artista, cómo no, el hacer del fotógrafo, su ojo mental, cómo logra “presentir” el acontecimiento, suspender el tiempo y captar el instante haciéndolo eterno, recordarlo una vez más en su estudio cuando la producción definitiva de la fotografía… Al respecto Deleuze afirmaba que “no es que haya tiempos muertos antes o después del acontecimiento, sino que el tiempo muerto ––yo diría “ciego”–– está en el acontecimiento”… El retrato de María Cartones es un retrato de artista. Las imágenes indiferenciadas de los media nos convierten en miradas pasivas, a lo peor en mirones ociosos. Pero “no son los media sino el arte quien puede alcanzar el acontecimiento” (…) “el acontecimiento más común nos convierte en videntes”… Ese “acontecimiento” que el artista prevé y presiente en un instante, esa unidad de tiempos, espacios y formas que recompone en su estudio, sus videncias, son entre otros atributos diferenciados del artista, entre sus destrezas, sus principales señas de identidad…

 

El artista es un vidente… ––“evidentemente”. Al respecto no puedo por menos que señalar una de las últimas intuiciones de Jacques Derrida, cuando confiesa que a partir de un cierto momento se percató que el privilegio tradicional de lo visible estaba constantemente sostenido, fundado, incluso él mismo desbordado, por el privilegio del tacto… En Mémoires d’aveugle. L´autoportrait et autres ruines, Derrida reflexiona extensamente sobre todo esto. La convencional diferenciación entre ver y tocar, su especificidad sensorial, la cuestiona al referirse a un “tacto que ve”, esa exploración que suele hacer el ciego con los dedos o ese gesto tan típico de extender las manos para anticipar lo que se va a encontrar, un “prever sin ver”… El gesto del ciego es tender las manos hacia delante, explorar el vacío, anticiparse al peligro. Lo (im)previsible se busca y encuentra palpando. Es “la especulación que se aventura”, que diría Derrida…

 

Lo más sorprendente de esta reflexión de Derrida sobre la ceguera son sus analogías con respecto a la escritura y el dibujo ––¿por qué no también la fotografía?... La escritura va a través de la noche, más lejos que lo visible o lo previsible.” (…) “No (más) saber, no (más) poder: la escritura se entrega más bien a la anticipación”. Una anticipación que no sólo es previsión o predicción sino que va más allá del plan, de lo previsible y predecible; corre riesgos, es pura videncia apenas con la yema de los dedos. Así entiendo el arte, sobre todo las artes visuales, a los artistas, ciegos videntes, cuyo gesto “oscila en el vacío entre la prensión, la aprehensión, la plegaria y la imploración”…

 

El dibujante, en la medida en que dibuja es un ciego, su lápiz es un bastón de ciego, está “interesado por los ciegos”, está “comprometido entre ellos”… Una imagen que representa un ciego ––y María Cartones lo es, tanto por su locura ciega como por el éxtasis de sus visiones–– es algo más que un retrato hecho por un artista. En cualquier retrato artístico hay “una fatalidad del autorretrato”, es decir una necesidad, una especie de obligación, algo funesto, un tropismo inevitable… Al retratar un ciego, el artista retrata al ciego que él mismo es; es pues un autorretrato. El autorretratado se mira y nos mira; se mira a los ojos en los ojos de su modelo y en sus espectadores. Vidente del vidente y no de lo visible, no ve nada.… Todo retrato-autorretrato es de imaginación, pese a los espejos, los mecanismos ópticos y sus operaciones…

 

La palabra castellana “óptica” procede del griego “optikós” ––vista–– y se aplica a las cosas relacionadas con la luz, la visión o los aparatos, lentes, etc., destinados a perfeccionar la visión de las cosas, “ver más y mejor”, es decir sus prótesis… Una imagen artística en realidad  no es más que lo que se ve —como la imagen en un espejo. Sin embargo de algún modo extraordinario una pintura, una fotografía, actúan de prótesis de nuestras miradas, nos hacen ver más de lo que se ve, más lejos, más profundo, hasta ver lo que no se ve, lo invisible… Resulta sorprendente la contigüidad en los diccionarios de otra palabra que nada tiene que ver semánticamente con “óptica” y sin embargo parece que prolongara su significado esotérico. Me estoy refiriendo al término “optimismo”, que en filosofía sería la atribución al universo de la máxima perfección como obra que es de un ser infinitamente perfecto; también es una propensión a ver o esperar lo mejor de las cosas. Ensambladas “óptica” y “optimismo” parece como si nos quisieran revelar que “ver y reconocer” cosas tiene que ver con el optimismo del que mira y quiere ver más allá de lo que ve. Al igual que en el espejo cada uno ve según interpreta, aunque se trata de una imagen aparentemente unívoca, fiel a su objeto original. El espectador pesimista es el que no ve nada, apenas sombras, estrategias de ocultación, extravagancias… Benditos los mirones creativos, los espectadores optimistas conmovidos por su experiencia estética, hasta cierto punto también videntes cegados por el aura de la obra de arte, que no sólo recrean una obra, como diría Duchamp sino que crean su propia obra con fragmentos y despojos de lo que miran… Qué alquimia la de esta ceguera artística. Qué milagro el de estos mirones transformados en videntes… Qué maravilla la de este retrato de María Cartones ––el autorretrato de un fotógrafo vidente, ni más ni menos…

 

Un buen retrato me parece siempre la dramatización de una biografía, o, mejor dicho, el derecho natural inherente a todo hombre”… ––Baudelaire, 1859

 

 

Ciudad de México, mayo 2010

EL MATARRAÑA MÁS LITERARIO

EL MATARRAÑA MÁS LITERARIO

[Montse Castellá, Octavio Serret, Cisco Sánchez, Chusé Aragüés, el presidente de ASCUMA, Santi Borrell y Juli Micolau, en la Parada de Torre del Compte] 

 

Un río de literatura en las lenguas de Aragón

 

 

[El Matarraña y su comarca concentraron este fin de semana, en La Fresneda, Torre del Compte y Valderrobres, a más de un centenar de escritores en castellano, aragonés y catalán. Se presentaron dos libros: ‘Poesia a la frontera’ (Serret/March), con 95 poetas, y ‘Tren de Val de Zafán’ (Gara d’Edizions), de cuentos y poemas]

 

El Matarraña reivindica desde 1987, de manera sistemática, que es un territorio marcado por la historia, el paisaje y la cultural en general, muy especialmente la creación artística y la poesía. Dice el librero Octavi Serret, de Valderrobres: “¿Qué es la comarca del Matarraña? Es la gente y es este territorio agreste y duro que busca su lugar en el mundo de la cultura. Tengo un amigo que dice que aquí hasta los márgenes son duros. Nuestro éxito, si puede llamarse así, está en la gente que es abierta y hospitalaria. Somos muy nuestros, con una identidad muy marcada. Y el río es el nexo de todo. El poeta valenciano Francesc Mompó dice: ‘Tenéis un río tozudo: va tierra adentro como si huyese del mar.’ Es un río especial”.

El mundo mágico del Matarraña ya existía, ya había tenido sus apologistas –desde Néstor Luján y Juan Perucho a Giorgio della Roca, desde José Donoso y Luis Buñuel a Ángel Crespo, desde los artistas Romà Vallés y Teresa Jassá a Gema Noguera…-, pero Serret ha traído una inyección de actividades e inquietudes: en 2003 empezó publicando libros colectivos de “autores ebrencos” de cuentos, poemas, narraciones policíacas como ‘Un riu de crims’, y ha ido invitando a autores de toda España a conocer este espacio. En 2009 recibió el Premio Nacional por la Proyección Social de la Lengua Catalana.

El pasado fin de semana se realizaron dos actos complementarios: el sábado se organizó, en La Fresneda, la XXI edición de Trobada Cultural del Matarraña, y el domingo, en Valderrobres y Torre del Compte, se celebró la VI Jornada de autores ebrencos del Matarraña y se presentaron dos nuevos libros: ‘Tren de Val de Zafán’ (Gara d’Edizions), y ‘Poesia a la frontera. Antologia de poetes en llengua catalana, aragonesa i castellana’ (March /Serret), “dos libros redactados en las tres lenguas de Aragón donde participan autores de la Corona de Aragón”, matiza el librero y editor.

Entre los numerosos asistentes de las tres comunidades estaban autores, en castellano, como Francisco Javier Aguirre, Manuel Forega, José Antonio Gargallo, Alicia Estopiñá y Emilio Pedro Gómez; Juli Micolau, que reside en La Fresneda (igual que Andreu Subirats) y es uno de los principales autores aragoneses en lengua catalana, Merxe Llop, último premio Guillem Nicolau con su ‘Ressò en l’obscuritat’ (DGA, 2011), Ramón Mur y Artur Quintana, dos clásicos de la divulgación de la lengua y la cultura del Bajo Aragón y el Matarraña; estaban Francho Nagore y Chusé Inazio Nabarro, dos de los autores más conocidos en lengua aragonesa.

Javier Aguirre, autor de varios libros sobre el Matarraña y activo colaborador de las jornadas, señalaba: “Los dos volúmenes significan una contribución importante a la creatividad literaria y una demostración de la vitalidad que existe y de la fraternidad que vincula a las tres lenguas oficiales en Aragón. Es sintomático que los dos editores -uno aragonés como Chusé Aragüés, de Gara, y otro catalán como Cisco Sánchez de March- hayan coincidido en el mismo planteamiento artístico y simbólico, utilizando la poesía y la narración como vehículos para mostrar la unión entre territorios vecinos, respetando la idiosincrasia y la adscripción administrativa de cada uno de ellos”.

Serret, que ha sido coeditor con Sánchez del volumen de poemas, explicaba: “Hemos creído que era la hora de la poesía. Y aquí está en un volumen que marcará un antes y después: 95 escritores que son aragoneses, valencianos, catalanes. ‘Poesia a la frontera’ aglutina a creadores de distintas tendencias, generaciones y procedencias. Su respuesta ha sido muy generosa”.

Francho Nagore estaba tan entusiasmado como perplejo: “Una cosa así casi resulta excesiva, casi inconcebible. Tantos escritores juntos es una fiesta. El Matarraña te atrapa por la cultura y el paisaje: entras en él y ya huele un poco a Mediterráneo”. Con todo, Nagore decía que el catalán de Aragón y el aragonés “se ignoran mutuamente. Estamos demasiado lejos. Y son buenos encuentros así para establecer relaciones”.

Chusé Inazio Nabarro dio clases durante casi una década en Valderrobres y parece conocer muy bien las afinidades entre el catalán y el aragonés. Participa en los dos volúmenes, con sonetos y canciones de estirpe tabernaria y con un cuento en el que rinde homenaje al tren de Gallur a Sádaba, en el que trabajaba su abuelo. “Aquí es donde el catalán más vivo, pero padece problemas semejantes al aragonés de los valles, que se habla menos: también va hacia atrás y pelea contra la amenaza de extinción”.

Merxe Llop, nacida en Nonaspe,  se acercó así a su universo de infancia: “El Matarraña es un paisaje insólito. Parece de secano y a la vez tiene mucho de mediterráneo. Tiene montañas y grandes historias de amor. Es una tierra potente y apasionada. Con rasmia. Es una tierra de paradojas: parece ocultarse y a la vez mostrarse; es una tierra abierta a las gentes. Y yo me siento muy integrada: la comarca del Matarraña llega desde Caspe hasta Fayón, hay mucha variedad dialectal, pero nos entendemos todos, y yo siento que ya he encontrado mi lenguaje”. Ella participa en el volumen de Val de Zafán, que contiene relatos, viajes y poemas.

Octavi Serret, que tiene algo de torbellino, anunció a HERALDO nuevos proyectos. “Vamos a seguir trabajando con el sello March y vamos a crear una editorial electrónica, centrada en la publicación de inéditos. Empezaremos en noviembre. Y además queremos ensanchar nuestra librería virtual: en este momento podemos ofrecer a los clientes un fondo de 40.000 volúmenes”. Chusé Aragués, de Gara d’Edicions, también seguirá apostando por la divulgación de creadores aragoneses en distintas lenguas: dentro de poco publicará ‘El fragor del agua’ de José Giménez Corbatón “en francés y en ruso” en la colección Viceversa.

En esta reunión, “que ha superado todas las expectativas”, se iba a debatir sobre el concepto de frontera, pero al final no se hizo. “A veces la frontera es ese lugar de la palabra y de la ficción del que ya no quieres regresar”, decía Francho Nagore. Otros señalaban: “Citas como esta facilitan la abolición de las fronteras. El tren de Val de Zafán, desaparecido en 1971, también era un tren de libertad y de intercambio: había eliminado barreras e iba de Aragón hasta el mar”. No hubo las mesas redondas previstas, pero sí un recital de la cantante tortosina Montse Castellá, que elogió el universo del Matarraña y del río Ebro, una exposición de paisajes de Jesús Celma en La parada de Torre del Compte, y se leyeron muchos poemas. Entre los vates en las tres lenguas destacó el show de Marta Almenara, que susurra sus poemas al oído y contó con un rapsoda y poeta como Joan Vinuesa para lanzarlos al viento que mece los olivos, los almendros y las viñas.  

 

Poesia a la frontera. Antologia de poetes en llengua catalana, aragonesa i castellana. Coordinación: Santi Borrell. March, en colaboración con Serret y ASCUMA. El Vendrell. 304 páginas.

 

Tren de Val de Zafán. Narrazions. Escritos. Relats. Coordinación: Juli Micolau y Chusé Aragüés. Gara d’Edizions. Colección ViceVersa. Zaragoza, 2011. 284 páginas.

 

*Este artículo apareció ayer en ‘Heraldo de Aragón’.

ELOY FDEZ., IRENE VALLEJO, SYLVIA DE BÉJAR, FDEZ. MALLO, EL SILBADOR... EN BORRADORES

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE E IRENE VALLEJO VISITAN EL PLATÓ DE BORRADORES

 

REPORTAJES: Igor Paskual, guitarrista; Sylvia de Béjar, divulgadora de sexo; Agustín Fernández Mallo, escritor.

ACTUACIÓN MUSICAL: El Silbador

 

Esta noche, en Aragón Televisión, a las 0.05 horas. Si vive fuera de Aragón puede ver el programa en directo por internet: http://www.aragontelevision.es  

 

Eloy Fernández Clemente, catedrático de Historia Económica y cofundador de ‘Andalán’ con José Antonio Labordeta, es uno de los invitados mañana a ‘Borradores’. Eloy Fernández hablará del primer tomo de sus memorias: ‘El recuerdo que somos’ (Rolde de Estudios Aragoneses), un volumen de 600 páginas que abarca desde su nacimiento en 1942 hasta la fundación de ‘Andalán’ en 1972. El profesor y escritor recorre sus años en Alloza y Andorra, el clima familiar, sus inicios en la radio y la revista ‘Pilar’, el traslado a Madrid y el período turolense, tan decisivo en su trayectoria. Y la escritora, profesora y experta en el mundo latino Irene Vallejo hablará de su primera novela: ‘La luz sepultada’ (Paréntesis), que aborda los primeros meses de la Guerra Civil en Zaragoza a través de una familia que, de golpe, se ve azotada por el desconcierto, el miedo y la tragedia; el relato está contado desde la percepción de una adolescente que le escribe cartas a algunos líderes de la II República.

Borradores ofrecerá tres reportajes más: Sylvia de Béjar acaba de publicar su libro ‘Deseo’ (´Planeta) y explica las claves de la sexualidad y cómo mantener la pasión; afirma que el sexo es el territorio de la libertad y ofrece un inventario de aventuras amatorias para cada día del año. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, acaba de publicar su primer disco en solitario: ‘Equilibrio inestable’; un disco de pop y rock centrado en la necesidad de contar historias sencillas, tamizadas por la sinceridad y la emoción. Y Agustín Fernández Mallo, uno de los escritores que lideró el movimiento ‘nocilla’, acaba de rendirle un homenaje a Jorge Luis Borges con su libro ‘El hacedor’ (Alfaguara): es un homenaje, un diálogo, una confrontación, un nuevo camino y quizá una broma literaria.

La actuación musical corre a cargo del grupo zaragozano El Silbador, que presenta su nuevo disco: ‘El desconcierto no es cósmico’: Marcos Valenzuela y Fernando Muñoz interpretan, con desparpajo, dos temas: ‘Continuo nada’ y ‘Se borró el mundo’.

JULIO ANTONIO GÓMEZ EN 'ALAMBIQUE'

Julio Antonio Gómez: vida y destino

de un poeta y un editor con leyenda

 

La revista ‘Alambique’ recuerda al fundador de la editorial Javalambre y de la revista ‘Papageno’ que conoció la cárcel, el éxodo y el olvido

 

Julio Antonio Gómez (Zaragoza, 1933-Las Palmas, 1988) es uno de esos personajes con leyenda que ha dado Zaragoza. Fue poeta, editor de una colección de poesía como Javalambre y de una revista como ‘Papageno’, y tuvo algo de “escritor maldito e incomprendido”. Estableció un nexo de complicidad con los autores que frecuentaban el café Niké, al que llegó hacia 1954: Miguel y José Antonio Labordeta, Manuel Pinillos, Fernando Ferreró, Miguel Luesma Castán, Guillermo Gúdel, Luciano Gracia, Emilio Gastón, Ignacio Ciordia, Rosendo Tello…

La revista ‘El Alambique’, que patrocina la Fundación Alambique para la Poesía de Guadalajara y dirige Agustín Porras, acaba de dedicarle más de 50 páginas, en un homenaje que ha coordinado Ángel Guinda. En esa monografía, que incorpora más de una docena de ilustraciones de Ricardo Calero, se reconstruye su biografía, se analiza su poesía, se estudia su poética y el hilo de afinidades e influencias (desde San Juan de la Cruz hasta el Vicente Aleixandre de ‘La destrucción o el amor’), se incluye una amplia antología de su obra, y se ofrecen distintas visiones de su quehacer.

Julio Antonio Gómez tenía un sentido del humor peculiar, le gustaban los juegos de palabras y era muy mitómano. Rosendo Tello dice: “Su figura abierta y externa, jacarandosa y desmedida, parecía no soportar la soledad. En soledad, no obstante, rebajaba la guardia de su ser, más personal, tierno y vulnerable, apenas advertible, pues casi siempre se le veía acompañado”. Agrega algo más adelante: “Cargado de proyectos ambiciosos, daba la impresión de estar ensayando y acometiendo la obra trascendental de su vida que no acabaría de realizar”. La de Julio Antonio fue siempre una biografía de ensayos y de paradojas, de aventuras y fugas. “Amó como un eterno enamorado; como el gran amante que no ve nunca el peligro y, si lo ve, no lo teme –escribe Ángel Guinda-. Amó los hermosos cuerpos varoniles porque él tenía una de las más bellas almas femeninas que he conocido nunca”.

Recuerda Luis Felipe Dionis que ‘El Gordo’ Gómez, como también era conocido, estudió en La Salle Montemolín y los Agustinos, y que sufrió mucho por su “condición de adolescente homosexual”. En poco tiempo, escribió varios libros muy distintos: ‘Los negros’, “un canto colectivo de los desheredados del mundo”, ‘El cantar de los cantares’ (1959), inspirado en el texto bíblico y en ‘El cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz, y ‘Al oeste del lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas’ (1960), un libro de factura surrealista y fragmentaria. Algunos años después, en 1966, este poeta “dicharachero, ocurrente, alguna vez genial” (según Guinda), sería detenido y pasaría cinco meses en la cárcel de Torrero, donde gracias al dinero familiar “logró protección frente a los otros reclusos”.

Al salir se trasladó a París y vivió como pudo: trabajó en limpieza en un banco de Vietnam del Sur y luego, merced a la ayuda del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, ingresó de camarero en un restaurante del Barrio Latino. Pasó por momentos de apuro, pero también aprendió muchas cosas: descubrió una ciudad maravillosa, se aficionó a la música de Leo Ferré y al jazz, se interesó por la fotografía y mantuvo una activa correspondencia con sus amigos de “la Zaragoza amarilla”. Escribiría: “París que suavemente hieres mi corazón…”

Regresó hacia 1969 para fundar la editorial Javalambre, donde publicó espléndidos poemarios con mucho gusto de Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Blas de Otero, las obras completas de Miguel Labordeta, y su mejor poemario, de amor y desgarro y de acentos sociales: ‘Acerca de las trampas’ (1970). Anotó: “Enamorarse era morir, marcharse / por los hondos caminos de la escarcha”. Dice su estudioso Alfredo Saldaña que “es un libro repleto de aciertos expresivos y logros artísticos”. Su experiencia como editor ya había tenido un precedente: Gómez había publicado dos números de la revista ‘Papageno’ (que analiza Antonio Pérez Morte), y el segundo estuvo dedicado por completo a la edición de ‘Oficina de horizonte’ de Miguel Labordeta. Gómez era un editor pulcro y elegante que incorporó a sus libros los trabajos fotográficos de Joaquín Alcón, muy modernos para la época.

A principios de los 70, Julio Antonio Gómez volvió a la cárcel. Ahora por no haber denunciado un robo en su propia casa y por los presuntos favores sexuales de un menor. Al recuperar la libertad, partió a Tánger, donde conoció a los artistas y escritores que se habían instalado en la ciudad, entre ellos a Mohamed Choukri, el autor de ‘El pan desnudo’. Allí dilapidó su fortuna y malvendió su amplia biblioteca. Redactó un libro menor, ‘El fuego de la historia’. De Tánger pasó a Canarias, en concreto al club Flamingo, donde él asumió labores de administración.

Falleció en abril de 1988, durante el sueño. Autores como Guinda, Fernando Ferreró, Alfredo Saldaña, Adolfo Burriel, Antonio Pérez Morte, Miguel Ángel Longás, Manuel Martínez Forega, Miguel Luesma, Luis Felipe Dionis y Rosendo Tello, entre otros, analizan la vida y la obra de este ciudadano doliente, poeta del amor, del cuerpo, de la rebeldía y de la solidaridad, que proclamó: “No es la muerte, es la vida quien me llora”.

 

*La primera foto es de Joaquín Alcón; y el dibujo, como se indica, pertenece al pintor, fotógrafo y grabador Carlos Barboza y está realizado en 1977.