CALVOMOÑACO Y SUS MUJERES
Alberto Calvo prepara exposición para Madrid, para La boca del lobo. A modo de regalo sorpresa, me envía esta obra. Es todo un incendio de color y de cubismo.
Alberto Calvo prepara exposición para Madrid, para La boca del lobo. A modo de regalo sorpresa, me envía esta obra. Es todo un incendio de color y de cubismo.
Ava Gardner en España

Isaki Lacuesta le dedica el documental ‘La noche que no acaba’, basado en el libro ‘Beberse la vida’ de Marcos Ordóñez, una crónica sobre el esplendor y la decadencia de la actriz
Isaki Lacuesta (Girona, 1975) es uno de los cineastas más interesantes y trabajadores del cine español. Un apasionado de su oficio capaz de rodar en cualquier formato. En su trayectoria, se contemplan títulos como ‘Cravan versus Cravan’, sobre la vida del poeta y boxeador que se enfrentó con Jack Johnson en Barcelona y que desapareció en el Golfo de México, ‘La leyenda del tiempo’, donde seguía de manera oblicua la huella de Camarón de la Isla, o la película de ficción ‘Los condenados’, la historia de dos guerrilleros que buscan el cadáver de un amigo y hurgan en los fantasmas del pasado. Por encargo, Isaki Lacuesta ha dirigido una película muy especial: el documental ‘La noche que no acaba’ sobre la presencia de Ava Gardner en España, basado en el libro ‘Beberse la vida’ de Marcos Ordóñez.

Ava con Mario Cabré. El torero poeta.
Lacuesta intentó hacer desde el primer instante un documental de autor. En ‘La noche que no acaba’ hay buenas ideas: por ejemplo, habla de la Ava Gardner que llega a España en 1950 para rodar en Tossa de Mar ‘Pandora y el holandés errante’ y de la Ava Gardner en decadencia, víctima de todos los excesos, de los del momento y los acumulados, con el rostro trabajado por la vida y sus desórdenes. Crea dos voces: la de Ariadna Gil para la juventud y la de Charo López, para algunos nuestra Ava Gardner, en la madurez, y mediante la confrontación, la mezcla de los fotogramas de las películas –no solo las que rodó en España, sino las que rodó en Italia o en México, aunque sucedieran en España, las que rodó en el Hollywood clásico: ‘Forajidos’, ‘Mogambo’, ‘Las nieves del Kilimanjaro’, ‘La noche de la iguana’...- con el material de archivo (fotos, carteles, documentales, etc.), logra darle un importante dinamismo a la biografía de esta mujer de belleza extraordinaria, que enamoró a Mario Cabré y Luis Miguel Domínguez, que mantuvo una relación de amor y desamor oceánicos con Frank Sinatra y que acabaría mal: maltratada incluso por su último compañero George C. Scott.

Ava Gardner con Lola Flores.
En ese diálogo entre la Ava de las películas y la Ava real, logra Lacuesta un espléndido trabajo, que alcanza su mejor momento cuando vemos como Ava veía con espanto la cogida de su amor Dominguín. También está el universo de la leyenda: aparece esa mujer apasionada de la fiesta y de los ‘sanfermines’, de la noche, del sexo y del alcohol, casi todo el mundo decía que se había acostado con ella. Uno de los personajes que la recuerdan, un pianista, no muestra ningún interés en acostarse con ella, y Ava le pregunta por qué; él le dice: “A ti y a mí nos gusta el mismo hombre: Clark Gable”.
En ‘La noche que no acaba’ salen distintos personajes que la conocieron y que convivieron con la actriz: en los rodajes, en las noches madrileñas, en los tendidos, en un improvisado recital. Sale por ejemplo, con su edad y su cuerpo de ahora mismo, la mujer que la suplantó en un desnudo de época, y sale desnuda como entonces. Salen fotógrafos como Manel Fábregas, directores de fotografía como Jack Cardiff, músicos, biógrafos de Dominguín como Carlos Abella, cronistas de cine como Jesús García Dueñas o Jaime Arias, camareros y, entre otros, dos actrices: Lucía Bosé, que rivalizó con ella en su pasión por Dominguín (le diría luego Gardner: “El torero se ha quedado contigo porque en ti ha visto a la madre de sus hijos”) y la joven Silvia Marsó, que trabajó con ella en ‘Harem’ y le pidió un consejo para el futuro. Ava le dijo: “¡Huy niña! Ten paciencia, porque en esta profesión no se llega nunca”.

Lacuesta toca casi todos los asuntos capitales: la intensa y conflictiva relación con Sinatra (que detestaba a Franco: no podía verlo, y era quien más explicítamente lo odiaba), aborda el asunto de la maternidad, y recuerda cómo fue a Italia a rodar algunas películas como ‘La maja desnuda’ (1959), donde hacía de duquesa de Alba con Tony Franciosa como Goya. Aquí, entre otras, aún rodó ‘55 días de Pekín’ con Charlton Heston, con el que se llevó bastante mal, y con David Niven.
Como curiosidad más bien aragonesa, echamos a faltar la espléndida foto que le hizo Luis Mompel en la plaza de toros de Zaragoza, donde estuvo al menos en dos ocasiones con su amigo Ernest Hemingway. Es una foto luminosa, una foto para la historia, como lo es este documental que recoge parte del mito, de la belleza y del dolor de vivir de Ava Gardner, probablemente uno de las criaturas más fotogénicas del cine que enamoró, también, al poeta y novelista Robert Graves.

La noche que no acaba. Isaki Lacuesta. Basada en el libro ‘Beberse la vida’ de Marcos Ordóñez. Cines Renoir. Única sesión, a las 18.30 horas. (Este artículo apareció en la edición digital de Heraldo).
PROYECTO ZETA, EN EL CENTRO DE HISTORIAS

La zeta es una letra muy atractiva. Consonante toda ella, riza el rizo del alfabeto encerrándolo y dándole la vuelta. Curioso zigzagueo.
En eso estábamos en Zaragoza y se nos ocurrió esto que contamos. Proyecto Z lo llamamos. Fue esto y empezar a surgir zetas. Zetas por doquier y zetas al poder.
Las instrucciones consistían en desarrollar algo en que la letra Zeta propiciara algún tipo de impulso artístico, concebir una imagen, un texto, un sonido, un símbolo, lo que fuera. Poner a trabajar a ángeles y demonios, a cordura y locura para que con ese dígito, la última letra del abecedario, y procurando no “rizar el rizo”, fuéramos capaces de tirar de nuestra sensibilidad para ver si algún planteamiento novedoso daba pelos y señales.
Zoreando, zozobrando, zancochando, autores varios zetas nos fueron entregando. Grandes y chiquitas, sonoras o plásticas, literarias también.
La Casa de Zitas y Susana Vacas pensaron qué hacer con semejante abecedario de una letra. ¿Lo enseñamos? ¿Lo catalogamos? Y eso hicimos.
He aquí lo que salió.

La Casa de Zitas y Susana Vacas
Colección de “zetas” de autores que estuvieran en contacto con Zaragoza, residentes, naturales o relacionados con esta ciudad, la ciudad de las zetas, aunque el tema se ampliaba a cualquier referencia que partiera de la propia letra zeta, letra simbólica donde las haya, fin y conclusión de todo, resumen y sugerencia de lo que se quiera...
PROYECTO:
La idea surgía de la artista Susana Vacas, bajo el auspicio del colectivo cultural y de creación artística La Casa de Zitas. Consistía en el encargo, la elaboración y la reunión de una serie de letras zeta por parte de los más variados autores que de alguna manera tuvieran relación con la ciudad de Zaragoza. Se podía entender la Z de Zaragoza, Z de zitas, Z de ziudad, zombis, peta-zetas, zipizapes, zurullos y zoquetes, zorros y zopilotes, zarzas y zarzales, zoreos y zumbidos… referencias con o sin sentido, literal, gramatical o poético… el resultado es amplísimo además de en su temática en sus técnicas, soportes, tamaños…
COLABORADORES:
La idea fue difundida por las comisarías Susana Vacas, artista, y Sagrario Manrique, escritora, sin requisito alguno, abarcando autores plásticos, en dos o tres dimensiones, literarios, críticos… Solo así fueron surgiendo zetas dibujadas, en collage, esculpidas o filmadas, descritas o narradas, zetas hechas un poema con y sin rima, casas con zetas o piernas en zeta, zetas de colores…
La propuesta acabó con casi cien zetas de muchos autores, en buena medida escritores, en prosa, en poesía, en acción y en teatro, y pintores, en todos sus colores de la A a la Z. Pero también los hay diseñadores gráficos, fotógrafos, escultores, activistas culturales, gastrónomos, diseñadores de moda, incluso algún músico, videoartista, investigador, artista performático.
Contamos incluso con una zeta en grafiti, varias comestibles, otras bailadas y otras sumergidas en agua… por qué no alguna entre fluidos y otras entre cristales, conformando un zoo, un burka, una caja de maripozetas o un lindo parazetas. ¡Ah!, y cómo olvidarnos de la que fue nuestra última incorporación… la perrica Zeta.
Como se verá, cada creador ha jugado con las letras y las palabras, con lo físico y lo intuido, con el título y la elaboración… incluso con su colocación…
EMPLAZAMIENTO:
Para dar cabida a esta amplia colección de zetas desde el principio se contó con el emplazamiento y el apoyo del Centro de Historias, con un montaje que incorporaría una rotulación y unas presentaciones adecuadas para cada una de las piezas, incluyendo tanto las instalaciones como los audiovisuales, incluso alguna creada in situ.
La exposición ocupará toda una planta del centro desde el 25 de agosto hasta el 6 de noviembre de 2011.
*Este texto lo han elaborado los coordinadores de la muestra, Susana Vacas (en la foto de Vicente Almazán, que también participa) y Sagrario Manrique y su equipo. En la primera foto, además del cartel, una de las obras, en este caso de Antonio Vázquez.
El misticismo lírico de Ouka Leele
La fotógrafa y pintora, que realizaba días atrás del cartel del Festival de Cine de Calanda, publica un nuevo libro de poesía, de trasfondo religioso e íntimo: ‘Pan de verbo’ (Huerga & Fierro)
Barbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 1957), Ouka Leele, es conocida, sobre todo, como fotógrafa, aunque ella ha dicho que no se identifica con ese término. También es pintora y dibujante, sueña con hacer cine (un largometraje, en concreto) y es poeta: entre otros títulos ha publicado ‘Poesía en carne viva’ (2005), ‘Este libro arde entre mis manos’ (2009), que Jesús Ferrero definió como una colección de nanas, y ‘Pan de verbo’ (Huerga & Fierro, 2011), un poemario que acaba de aparecer y que parece muy oportuno ahora que España recibe al Papa y se desmelena en lo que algunos han denominado ya “la Iglesia espectáculo”. Días atrás realizaba el cartel del Festival de Cine de Calanda.
‘Pan de verbo’ es un libro místico. El libro de alguien que se reconoce en Dios y en la religión, la Fe (dice Ouka Leele: “No voy a perder la Fe, yo, / que sabía mover las montañas”) y en algunos de sus símbolos: la noche oscura, la palabra y el verbo, la castidad, un nuevo concepto de amor y la búsqueda de sensaciones amables, sencillas, directas, como un beso, un abrazo, un árbol o un poema. El libro tiene algo de diario: se inicia en abril de 2009 y concluye dos años después, también en abril. En ese itinerario de sensaciones y confesiones, Ouka Leele habla de su intimidad y de su aspiración a la trascendencia.
Lo hace a través de sus impresiones, de un bosque incesante de imágenes y de estados de ánimo: la suavidad y la ternura matizan un poema como ‘Obsidiana’: “Creo que sé, / creo que entiendo / cuál es tu piel, /cuáles tus cicatrices, / cuál tu suavidad, disfrazada de rudeza”. En uno de los mejores textos del libro, ‘Entrega’, conversa claramente con San Juan de la Cruz, y casi lo refuta: “Dónde estuviste amado / que tanto has olvidado, / cómo el azador (sic) te vestiste / sin darte cuenta de que eras ciervo / y grácil corrías entre la verdura”. Algo que también sucede en ‘Andaba perdida y en los caminos’. El ‘Cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz, así como algunos de sus poemas mayores, impregnan este libro donde la autora se acerca a otras tradiciones literarias en textos como ‘Barba Azul’ o ‘Dafnis y Cloe’, por citar dos ejemplos claros.
También canta a su propio perro –“viejo, cojo, sordo, / aúlla o llora de tristeza aguda”- y elabora un clima poético, en el que conviven el enigma, el plenilunio, el bálsamo, algunas veneraciones (como Santa Bárbara), y algunas construcciones alegóricas en torno a la “Unidad”, a la “Luz”, “el Verbo” y “el Alfabeto”, título de una de las composiciones más ambiciosas del volumen: “Qué ardiente fuera la palabra, / que descorchara el amor nuestro. / Qué fatuo puede ser un beso / qué fatuo y vano... / cuando se esparce en muchos cuerpos”.
Otro asunto reincidente es la pureza. La pureza del alma, de la noche y sus estrellas. La pureza del paisaje, la pureza del cuerpo, que deriva hacia la castidad. En ‘Triunfo de la castidad’, dice Ouka Leele, en afinidad con ‘El Cantar de los cantares’: “Bésame entonces sin pensarlo dos veces, / bésame con tu amor / más delicioso que el vino bajo las estrellas (...) / El triunfo de la castidad sobre el amor, / amor mío, nada tiene que ver con el celibato / sino con el triunfo de tus besos castos / acompasando los míos, / porque Dios está más presente cuando me miras / y por eso mismo Castidad estalla triunfante, / bella cara oculta de la lujuria”. Con todo, la poeta invita al Amado a practicar “la castidad bajo los cerezos” y añade: “Tú, que conoces todo mi cuerpo, bébeme, /que te sabré a cereza”.
No sabemos si el Papa habrá leído ya este libro. Él o la inmensidad de sus seguidores. Es un libro sobre la palabra, el nacimiento de la poesía, la senda mística, y una idea muy particular de Dios que, por lo que se ve y de forma distinta, cada vez está más presente en todas partes: en la vida, en las calles, en algunas mentes jóvenes, en la enseñanza y en el seno de los partidos políticos. Curiosamente, estos días dicen las encuestas –según RTVE o la Fundación SM, entre otros- que hay muchos jóvenes creyentes que son poco practicantes porque ven “una Iglesia demasiado rica, demasiado rígida y desfasada”, que se inmiscuye en la sexualidad ajena y rechaza el preservativo.

Pan de verbo. Ouka Leele. Huerga & Fierro. Madrid, 2011. 122 páginas. [Aquí vemos el cartel del Festival de cine de Calanda de la fotógrafa y dos autorretratos suyos.]
Le pido algunas nuevas imágenes de su trabajo a Mapi Rivera y me manda algunas con esta nota: “Te envío una selección de la última serie que estoy trabajando se llama ‘NUBE del no saber’. Son imágenes inspiradas en una guía espiritual anónima del s. XIV del mismo título, que a su vez se inspira en la ‘Teología mística’ de Dionisio Aeropagita que consideraba la “tiniebla de luz” como única forma de contemplación divina.” Junto a algunas imágenes, Mapi también me envía tres poemas de su libro ‘Poamario’, que está en ese momento de la búsqueda de un editor.
***
BUSCO EL SILENCIO CUANDO HUYO,
busco el silencio cuando escarbo entre pensamientos,
cuando imagino, cuando creo,
busco el silencio.
Lo busco cuando me recuesto sobre tu pecho,
cuando te escucho y cuando hablo.
En nuestro abrazo, rebosante de ternura,
al sumergirme bajo el agua,
cuando me abstraigo y cuando leo,
busco el silencio.
Lo busco porque es la caricia que suaviza la piel,
lo busco porque es el recipiente imprescindible
para el amor.
Como una hoja en blanco,
como un cuerpo desnudo,
como un útero vacío,
así es el silencio.
Yo, en mi naturaleza íntima,
soy silenciosa.
Este silencio me conforma,
este silencio soy yo.
Me reconozco en el latir suspendido del pulso,
en la expansión luminosa del éxtasis,
en el grito que lo atraviesa,
descomponiéndolo.
El amor es la voz que lo hiere,
lo fecunda,
lo anima.
El amor es el silencio pronunciado.
me disuelvo en un río de vida
que asciende con la fuerza de la levedad.
Vacía de pensamientos graves,
giro hacia arriba
en remolino de luz.
***
VEN,
soy un cauce abierto para recibirte.
Ven,
el agua que discurre transparente y te refleja.
Ven,
insemíname con tu luz,
úngeme con tu esencia,
lléname de tu energía
para que pueda vibrar y renacer.
Conozco mi fuente y sin embargo te invoco,
porque lo que está dentro está fuera.
Eres luz solar lejana
y fuente íntima de amor.
Ven,
abrázame como tú haces,
en la vibración silenciosa
que impregna la naturaleza.
Te invoco,
porque sólo abriéndome a ti,
puedo recibirte,
porque sólo vaciándome de mí,
puedo acogerte.
Soy mujer, receptiva, valle, río, agua.
Mi vientre está vacío
para la concepción de la luz.
Mi corazón es el alambique que regenera mi ser.
Nazco, fluyo y vibro,
naturaleza y luz.
***
ABANDONAR LO CÓMODO
a su comodidad,
lo confortable
a su confortabilidad.
Atravesar el frío, el viento,
el espacio vacío.
Atravesar el hogar
para sumergirse en el bosque,
hacer una inmersión en lo salvaje.
Aullar para perder el habla,
balbucear como un niño,
para volver a nacer.
En la burbuja de la ensoñación
se vive sin despertar sospechas,
se vive sin perturbar las aguas,
el precio es el estancamiento.
El viaje es el desarraigo del hogar,
el viaje es la soledad y lo desconocido,
el viaje es una decisión de vida.
Mantener el amor en su inocencia,
preservarlo como un continuo recién nacido,
es la pulsión imprescindible para la vida.
El amor brota del corazón
y el corazón toma forma gracias al amor.
Bombear, palpitar amor
es su sentido vital,
es su función orgánica.
La emanación del amor
se hace visible en la ternura,
en su porosidad,
en el brillo de la mirada
y en la humedad de las palabras.
Para acceder a lo esencial,
hay que volver, continuamente,
a sumergirse en su fuente,
desprenderse de uno mismo
y atravesar el corazón
en un viaje hacia el misterio.
Lanzarse, a cada instante,
al precipicio,
sumergirse en las aguas matriciales,
retornar a su oscuridad para rasgarla
y darse a luz.
No hay frondosidad que no duela atravesar,
ni vacío en el que diluirse
que no revierta en la libertad
de volver a nacer.
Plató: MARÍA ZABAY Y AMÓS MILTON, novelistas
Reportajes: VÍCTOR ULLATE, coreógrafo, GONZALO GARCÍA PORTERO, bailarín en el New York City Ballet, MARCO MONCLOA Y HEVILA CARDEÑA, cantantes de ópera, y MUSEOS DEL MUNDO EN EL CDAN
Actuación musical: dúo THE JETTS, Alba Gorjón y Patricia Destoky.



Esta noche, a las 0.05 en Borradores, se ofrece un programa centrado en la danza, la música clásica y la literatura. Víctor Ullate, desde el Teatro Principal, habla de toda su carrera, de sus años con María de Ávila y con Maurice Béjart, de su trayectoria como bailarín y coreógrafo, y de su último espectáculo, ‘Wonderland’, que es un homenaje a su hermana con música de Philip Glass y que transcurre en el interior de un psiquiátrico. Desde el Museo Pablo Serrano, el bailarín Gonzalo García Portero analiza su biografía: sus clases en Zaragoza con maría y Lola de Ávila, sus primeros éxitos, su estancia en el Ballet de San Francisco y en el New York City Ballet, donde está ahora, e incluso explica, y ejecuta, alguno de sus montajes más recientes en el propio museo, como un ‘Apolo’ de George Balanchine, que presenta en México. Marco Moncloa y Hevila Cardeña, dos cantantes de ópera y de zarzuela, actuaron recientemente en un recital de zarzuela en el Principal organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera ‘Miguel Fleta’: cantaron temas de piezas muy diferentes de Barbieri o Sorozábal, entre otros. Por otra parte, Borradores se traslada al CDAN para contemplar la muestra ‘Museo en el siglo XXI’, entre los que se incluye el propio edificio de Rafael Moneo.
Los invitados al plató son la escritora zaragozana María Zabay, autora de ‘El zapato de la lengua rota’ (Almuzara), el relato de un joven alemán que se convierte en espía judío en Polonia y que colabora con Hitler, Himmler y Göring en su ascenso al poder. Y Amós Milton, autor de ‘El abogado de Indias’ (Almuzara), una novela de amor, aventuras y educación sentimental en la Sevilla del siglo XVI que recrea el proceso de Elena de Céspedes (que no se sabía si era hombre o mujer), la presencia de la prostitución, algunas historias de amor apasionadas vinculadas al mito de Carmen y ‘La lozana andaluza’, y la prisión del autor del Quijote.
La actuación musical corre a cargo del dúo zaragozano The Jetts, compuesto por dos vocalistas y guitarristas como Alba Gorjón y Patricia Destoky, especializada en versiones en inglés y en castellano de rock, pop y música de autor.
GEMA NOGUERA: LA PINTORA INOLVIDABLE
QUE FECUNDA UN NOGAL DEL MATARRAÑA
La Antigua Fábrica Noguera de Beceite rinde homenaje permanente a su fundadora y expone una nueva muestra de sus collages
Gema Noguera se ha quedado para siempre en la Antigua Fábrica Noguera a orillas del río Matarraña y sus cascadas. La pintora y decoradora falleció en su estudio en noviembre de 2008 y ahí siguen su obra y su espíritu: en la atmósfera, en su lienzos, en los ecos de su sonrisa, en la memoria de las gentes, en un sinfín de espacios que decoró, y en la exposición que se exhibe desde hace unos días: ‘Collages II’, una treintena de piezas.
“Gema Noguera fue muy importante para el Matarraña: trabajó mucho, llevaba el arte a flor de piel. Era una artista de los pies a la cabeza. La echamos mucho de menos”, dice Carmen Portolés, directora del Museo Juan Cabré. Lola Pintado, del mismo museo, dice: “Era emprendedora, tenía una gran creatividad. Recuerdo que en los años 80 había decorado tres discotecas en Beceite, Valderrobres y Alcañiz: entrabas y de inmediato te dabas cuenta de que tenían algo especial. Tenían el espíritu y la invención de Gema”. El poeta Andreu Subirats, que frecuenta Los Puertos de Beceite desde muy joven, recupera una imagen de su adolescencia y juventud. “Conocí a Gema cuando era una joven de diecisiete o dieciocho años: se enamoró del Matarraña y del que iba a ser su marido, Alberto ‘Beto’ Celma, y ya se veía que era una mujer especial”
Gema Noguera convirtió el Matarraña en su paraíso de creación. Optó por dedicarse al arte y fue su padre Ernesto Noguera quien le dijo de debía formarse. Lo hizo y en 2001, con la ceramista Dominique Goffard, cumplió uno de los sueños de su vida: abrió en los bajos de la Antigua Fabrica Noguera una galería de arte. Expusieron a artistas de diversas disciplinas –pintores, escultores, fotógrafos, ceramistas, grabadores…- y ella colaboró con Rafols-Casamada, que elogió su obra pictórica: su lirismo, su sentido del color, la inclusión de tipografía en sus lienzos. A la vez que realizaba su pintura y exponía aquí y allá, decoraba restaurantes, hoteles con encanto y ensanchaba su colección de collages, que son esa parte de su labor donde mezclaba todo tipo de objetos, como puede verse en ‘Collages II’.
Gema Noguera utiliza sus famosas raspas de pez, los números del 0 al 9, un ticket de bus, una entrada de cine o de teatro, carteles antiguos, botones, imperdibles, fotos, folletos, dibujos suyos de cuando tenía tres o cuatro años, que le guardaba su madre, y rescataba los papeles antiguos, empalidecidos por el tiempo amarillo, que se fabricaban en la empresa familiar. “Los números eran una obsesión para ella –recuerda su madre Rosa María-. Gema siempre había tenido alma de artista, desde niña. Era impulsiva, nerviosa y a veces parecía enfadarse o volverse ansiosa. Le contaba a su padre por teléfono lo que le pasaba y él siempre le decía: ‘Cuenta hasta diez antes de enfadarte’. Estaban muy unidos”. Su hija Kenia Celma (que tiene una hermana: Mariona) escribe en el catálogo: “Una madre artista como ella ha sido un privilegio. Un aprendizaje, como un goteo incesante, de valores que a ella le sobraban: generosidad, respeto a los demás, tolerancia, humildad, creatividad, pero sobre todo ilusiones”.
Ersi Samará es una fotógrafa griega instalada en el Matarraña desde hace algunos años. Ahora está al frente de la Antigua Fábrica Noguera, que cuenta con el respaldo del Gobierno de Aragón, del Museo de Teruel y del ayuntamiento de Beceite. Dice: “Tenemos una exposición permanente con cuadros de Gema, y hemos dejado en el suelo sus manchas de pintura. La gente entra aquí y percibe algo especial. Aunque no les guste el arte contemporáneo o la pintura abstracta, se sienten atrapados por los colores de Gema: ese rojo tan personal, esos azules, sus letras que son un discurso puramente plástico. Se sienten atrapados por la pasión de pintar. Y eso se nota”. Rosa María, la madre de Gema, revela: “Gema era una mujer simpática, vitalista, muy alegre. Sus cenizas reposan, con las de su padre, en el jardín de la casa bajo una noguera”. Bajo un nogal que cree y crece cerca de un corazón inmenso y espontáneo de hiedra.
*Este artículo se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto principal de Gema Noguera me la envió, desde el Museo Juan Cabré de Calaceite, Lola Pintado; la imagen del collage la he tomado de Descongelarte.
[El fotógrafo y periodista zaragozano Diego Ibarra me ha escrito esta mañana con nuevas noticias. Es un trabajador incansable que denuncia la injusticia por doquier. Dice: “Acabo de regresar de Afganistán. Mucho curro. No he parado de trabajar. Poco a poco voy a subir unas historias al blog. De momento he subida esta sobre las mujeres:
http://diegoibarrasanchez.blogspot.com/”.
Aquí la cuelgo. No puedo poner todas las fotos, pero sí algunas. En su blog, todo se entiende mejor... Diego también ha hecho otros trabajos, entre ellos uno sobre prisiones mentales.]
CONTRA LAS CUERDAS
Texto y fotos: Diego Ibarra
El sonido de unos puñetazos impactando en unos sacos de boxeo parece despertar del pequeño letargo a los pacientes kabulíes que esperan el final del ayuno del Ramadán. Una ráfaga de sonidos se entremezcla entre el gimnasio destartalado que albergan las antiguas gradas del Estadio Ghazi, testigo sin voz de las ejecuciones por lapidación durante el oscuro legado de la era talibán. Por unos instantes la rabia acumulada de la pérdida se torna en esperanza. Cada golpe se trasforma en un revés contra el horror, cada gota de sudor derramada reescribe las páginas de una historia reinventada.
Shabnam, de 18 años, lleva cuatro años enfundándose unos guantes de boxeo. Es una de las veinticinco chicas que acuden tres veces por semana al Estadio. El objetivo, convertirse en una boxeadora profesional en un país marcado por más de treinta años de guerra y el legado conservacionista y patriarcal que los talibans inocularon en la sociedad diez años atrás. La mirada de Shabnam refleja la llama de cambio que Afganistán necesita para despertar del letargo. Es una de las cuatro candidatas, junto con sus hermanas, Fátima, Sadaf y Shudufa, a participar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 representando a Afganistán.
“Con la ayuda de Dios traeré una medalla”, aspira la joven boxeadora mientras critica la situación que tiene que vivir como mujer a diario. “Todavía las niñas se ven presionadas a abandonar la escuela y las obligan a casarse muy jóvenes. La práctica del deporte todavía sigue siendo un “privilegio” reservado a unos pocos.
Una hilera de jóvenes mujeres se yerguen pacientes a la espera de las instrucciones del entrenador. El pitido del silbato rompe de facto la disciplina “castrense” que se respira en el gimnasio. El ruido de las zapatillas trotando por el lúgubre espacio deportivo se refleja en la luna de los espejos. Las más tímidas se echan las manos al velo. El continuo movimiento ha puesto al descubierto sus cabellos.
Los golpes se repiten una y otra vez. Los guantes azules impactan sin descanso cortando la respiración del “punch”. “Uno, dos, tres, respira, cúbrete y lanza un izquierdazo directo al ángulo vacío que se destapa” grita Mohammad Sabir Sharifi, ex boxeador profesional que entrena a las chicas. A pesar de las amenazas recibidas, Sabir tiene la misión de prepararlas para la cita olímpica.
“Tengo miedo de las represalias. Me han amenazado en un par de ocasiones, unos tipos que me reconocieron en la calle”, advierte el entrenador que denuncia “las escasas medidas de seguridad en el club” en un momento en el que el país vive una nueva oleada de violencia. “Sólo las familias de clase social alta apoyan y alientan a sus hijas a que hagan deporte. El resto, está en contra”, concluye Sabir.
Shahayla, de 14 años, es la más joven del grupo y gracias al apoyo de su familia puede venir al Estadio para entrenarse. El pañuelo blanco que cubre su rostro y los guantes no son suficientes para ocultar su tierna inocencia. “Aunque cuento con el apoyo de mis padres, jamás se me permitiría abandonar el país para ir a competir a los juegos olímpicos”, explica con resignación la joven.
Han pasado 15 años desde que el régimen del Mulá Omar extendiese su legado draconiano prohibiendo hacer deporte a la mujer y privándola del trabajo y de la vida pública amparándose en la ley islámica (ley Sharia).
No obstante, la situación de la mujer en Afganistán todavía sigue siendo la asignatura pendiente del gobierno pro occidental de Hamid Karzai, que ve como la sociedad afgana continua reinventado los fantasmas no tan olvidados del oscurantismo talibán que continua encerrando en jaulas de azul turquesa, de árida tierra y miradas perdidas las esperanzas de la mujer en Afganistán.