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Antón Castro

ROBERT CAPA EN BILBAO

Leyenda de amor y guerra de un fotógrafo

 

Mikel Begoña e Iñaket publican ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ que recrea, también, la apasionada historia del fotorreportero con Gerda Taro, aplastada por una tanqueta en Brunete

 

 

 

Robert Capa (Hungría, 1913-Indochina, 1954) es el fotógrafo más famoso de todos los tiempos. Fue un aventurero comprometido y vitalista que estuvo en algunos de los lugares donde se jugaba el partido de la libertad: en la Guerra Civil española, en la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el Desembarco de Normandía, y en otros muchos lugares donde hervían los conflictos, hasta tal punto que fue víctima de una mina antipersonal en Indochina. Siempre fue un hombre especial: carismático, seductor e inagotable que fundaría la agencia Magnum en 1947 con Henri Cartier-Bresson, George Rodgers y David Seymour ‘Chim’, entre otros.

A Ernest Endré Friedmann lo transformó en “el famoso fotógrafo norteamericano Robert Capa” una mujer, Gerda Taro, el amor de su vida, a la que perdería en Brunete, en 1937, aplastada por una tanqueta. Acababan de separarse en sus misiones: ella partió a Barcelona y acabó en Madrid; él se trasladó a Bilbao, luego estaría en Belchite y más tarde, en aquel invierno inolvidable de nevadas inmemoriales, captaría la batalla de Teruel. Como detalles que redondean su mito, Capa antes de ser Capa trabajó con Eva Besnyo, con André Kertész, conoció a Kati Horna, con la que coincidió en la guerra española, y tuvo una historia de amor con Ingrid Bergman que duró casi tres años. Y otra, más fugaz, con Hedy Lamarr.

Cuando Mikel Begoña empezó a fijarse en él para escribir el guión del cómic ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ (Norma, 2011), recuerda, con ironía y gracia, que “se nos puso un poco terco (…) por los muchos compromisos y compromisos que últimamente le avasallaban. Que si más memorias, que si una película, que si algún romantiquísimo best-seller, más alguna acusación de falsificación de fotografías. Los compromisos sociales persiguen a Capa a perpetuidad”. Pese a ello, Mikel Begoña se atrevió a investigar la vida del fotógrafo durante su estancia en Bilbao durante la batalla de Sollube en mayo de 1937.

El azar y los datos acudieron en la ayuda de Mikel Begoña y del dibujante Iñaket porque descubrieron otros personajes claves. Además de Capa, por supuesto Gerda Taro, cuya ausencia había sumido al fotógrafo en una crisis o cuando menos en un estado de melancolía. Las diversas biografías de Capa y Gerda revelan que ambos tenían otros escarceos amorosos, sobre todo Gerda que quería ser una mujer libre y rechazó en varias ocasiones la propuesta de matrimonio. Pero también se encontraron con la ya citada fotógrafa Kati Horna, que se casó con el dibujante español José Horna y que captó la desolada plaza del Torico tomada por tanquetas tras una secuencia de la batalla; se encontraron con Esther Zibelberg, que trabajó de enfermera en el Batallón Perezagua, fue herida y luego colaboró con la revista ‘Mujeres’ con el seudónimo Juanita Lefévre.

Se encontraron con el combatiente Francisco Artasánchez que, tras la derrota del bando republicano en Sollube, huyó a Gibraltar y luego a Uruguay. Y también descubrieron la figura de Luis Lezama, que pertenecía a la burguesía antifascista vasca: combatió, perdió, fue atrapado, condenado a muerte y finalmente logró huir por el monte.

Estos serían los personajes del drama, así como otros soldados anónimos de los dos bandos. Con todo ello, y con las distintas crónicas de los hechos (el ejército republicano estuvo aquí muy desasistido y dio por perdido el combate antes de tiempo: sería cruelmente vapuleado), Mikel Begoña e Iñaket componen una nueva mirada sobre la Guerra Civil, poco después del bombardeo de Guernica, y sobre un personaje como Robert Capa, que tenía mucho cariño a España: aquí alcanzó renombre, captó todas las trifulcas –Bilbao, Barcelona, Belchite, Teruel, Frente de Aragón y batalla del Ebro…-, aquí perdió a su gran amor (hecho del que derivó un cierto complejo de culpa), aquí coincidió con Ernest Hemingway, que también aparece contando historias e historias sin parar (entre ellas, una en la que ataca a José Robles Pazos, el traductor de John dos Passos, que protagonizó el recomendable libro ‘Enterrar a los muertos’ (Seix Barral, 2005) de Ignacio Martínez de Pisón).

‘Tristísima ceniza’ es, sobre todo, una historia coral de desgarros y enfrentamientos, resuelta en tonos blancos y azules, una historia con muchos matices –temáticos, de estructura narrativa y visual, de aventuras casi imposibles por tierra, por mar y por aire, temporales y de personajes- que ofrece otra mirada sobre los ecos del golpe de Estado de 1936, que aún sigue alimentando corrientes de tinta, de debate y de confrontación. El libro contiene varios apéndices, uno con los personajes y otro dedicado a las tres misteriosas cajas de bombones con los negativos perdidos del Capa.

NUEVO DISCO DE ROBERTO CIRIA

NUEVO DISCO DE ROBERTO CIRIA

LA JOTA ADELANTA UN PASO

 

Roberto Ciria publica ‘A ritmo de jota’, un álbum de veintitrés temas donde mezcla lo tradicional y el magisterio de los antepasados con el mestizaje del género hacia el tango, el jazz, el flamenco o la música klezmer

 

No soy un experto en jota, aunque algo he escrito sobre la vida y la obra de José Oto, Jesús Gracia Tenas y Piedad Gil, Pascuala Perié, Alfonso Zapater y sus padres, o José Iranzo, ‘El pastor de Andorra’. He disfrutado en distintos grados con los trabajos de Carmen París, de Begoña García Gracia y José Luis Muñoz, con la serie de Beatriz Bernad y Nacho del Río para Prames, o con el ‘Caminico a casa’ de Yolanda Larpa. Y, tal como recuerda Mariano García, tampoco querría olvidar ese proyecto fresco y simpático que fue ‘Menuda jota’ de los niños Ánchel Pablo, David Aparicio y Olga Navarro, secundados por Sergio Aso. También me he emocionado con las constantes apuestas de ese trabajador de fondo, audaz y pugnaz, que es Miguel Ángel Berna. He observado el ‘revival’ de la jota con alguna estupefacción: hubo un momento en que pensé que la jota se había convertido en una epidemia y que estaba a punto de convertirse en uno de esos fenómenos que alejan al público por puro hartazgo. O que lo devuelven al lugar del tópico.

Sin embargo, en medio de este clima, que tiende a aniquilar el buen momento de otras músicas, he escuchado hasta cuatro veces el disco ‘A ritmo de jota’ de Roberto Ciria. Es algo más que un disco: es un homenaje valiente a la gente que marca una senda hacia la evolución: en estos tiempos de géneros imprecisos, donde la pureza ya es solo añoranza anacrónica o arqueología, este trabajo de veintitrés temas supone un paso adelante. Respaldado por muchos expertos en la jota y en otras músicas como Mariano García, José Luis Melero, Toño Julve, Evaristo Solsona, Alberto Turón, María Ángel Buesa y Luis Lles, entre otros, Roberto Ciria ha confeccionado un catálogo-libro que da la medida de su ambición y de su trabajo previo, tan meticuloso como preciso y anclado en otro disco más que meritorio: ‘Raíces de antepasados’ (2006). Esos textos compendian la historia de la jota en toda su vastedad (cantas, estilos, rondallas, joteros de leyenda...), y luego Roberto Ciria explica por qué ha elegido cada tema y qué ha querido hacer.

José Luis Melero exalta su generosidad y su talento; Luis Lles su valentía y su voz de tenor. El jotero, arropado por Juanjo Almarza Carrasco, canta veintitrés temas que se asientan en la tradición, en la variedad de los estilos y registros, en el encuentro con los grandes maestros –desde Cecilio Navarro a José Oto, desde Jesús Gracia e Iranzo a Nacho del Río o Beatriz Bernad-, y que le permiten explorar nuevas vías. En el primer tema conmueven el violín de María Carrasco y las castañuelas de Miguel Ángel: ya anuncian que estamos en un disco diferente.

En ‘L’Arbesa’, el cuarto corte, cantan en aragonés Ciria y Alicia Cortés. En ‘Bolhatanjo’ se ofrece otra renovación: la jota se funde con el tango con la ayuda de este espléndido trío que es Trivium Klezmer, que cierran el disco apoteósicamente con la ‘Ronda Klezmer’, uno de los cortes más luminosos del conjunto. Hay otras piezas espléndidas, familiares, nostálgicas, reivindicativas, de exaltación de San Lorenzo (‘Canto a mi gente’) y otros rincones oscenses como Guara.

Me he fijado especialmente en algunos temas más: ‘Dos tierras que se miran’, donde la jota se abraza en música y canto y en espíritu con el flamenco; en ‘Palomicazz’, que es un ejercicio de estilo a partir de ‘La palomica’ que integra el jazz con acierto (cuando más se escucha, más gusta), y el penúltimo corte: ‘Mi fiera’, donde Roberto Ciria revisita, a su modo, con intensidad y cariño, a José Oto. Para los más románticos hay una pieza más intemporal, aunque de reciente creación, que es ‘Rosa de invierno’, que cantan a dúo Toño Julve y Ciria. Si uno no se anda con alguna prevención, puede echarse a llorar.

No quería olvidar otro detalle muy gustoso: el sonido del chicotén de Salvador Cored en ‘No me mandes más, mañica’, que es una variación sobre un tema de José Oto. Vuelvo un instante con el ilustrado de jota Pepe Melero: él define a Roberto Ciria como “un aragonés de cuerpo entero que ha decidido dedicar su vida a algo tan hermoso, delicado y romántico como es el canto de la jota aragonesa”. El siempre moderno Luis Lles concluye así su texto: “Roberto Ciria demuestra con este disco que la jota, además de una letra del abecedario, es vida. Pura vida”. Roberto Ciria ya no necesita más elogios: solo la curiosidad del público.

 

A ritmo de jota. Roberto Ciria. Dirección musical: Juanjo Almarza. Textos: Roberto Ciria, Mariano García, José Luis Melero, Evaristo Solsona, Toñó Julve, Alberto Turrón, María Ángel Buesa y Luis Lles. Grabación, mezclas y masterización: Estudios Kikos. Colaboran DPH / DGA. Huesca, 2011. [La foto es de Javier Blasco de Heraldo de Aragón]

 

'SEÑALES DE HUMO': EL NUEVO ÁLBUM DE AMOR DE MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ

'SEÑALES DE HUMO': EL NUEVO ÁLBUM DE AMOR DE MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ

Del amor y del mar del deseo

 

María José Hernández publica un nuevo álbum, con letra, música y producción suyas: ‘Señales de humo’, que consta de diez temas sobre los vaivenes de la pasión

 

María José Hernández es una cantante de una voz muy personal, fiel a sí misma, parsimoniosa, que trabaja con rigor y con un inequívoco sentido plástico. Se siente afín a cantantes como Joni Mitchell o Suzanne Vega, pero también a Jorge Drexler y, aunque ya no lo diga demasiado, también a Silvio Rodríguez, como se percibe en el tema ‘Nunca aprendiste a sumar’ de su nuevo disco: ‘Señales de humo’, que ella ha producido, con la colaboración, en grabación y mezclas, de Carlos Estella y de Rafael Domínguez.

Se trata de un álbum de diez canciones cuyo tema sería el mar del deseo. El mar del deseo es, por otra parte, el título de un álbum anterior de María José. ¿Por qué el mar del deseo? ‘Señales de humo’, que toma el nombre de la primera canción, quizá la más pegadiza y la más brillante del conjunto, es un disco intimista de amor. De amor y desamor, de los estados anímicos que viven los amantes o las parejas, de los encuentros y de los encuentros, de la ceniza y la llama, y es un disco también sobre el paso del tiempo y sus agrias asechanzas: el paso del tiempo a menudo es como una demolición o un anestésico contra la pasión. Y es un disco sereno que está lleno de mares y mareas, de olas y caracolas, de naufragios o zozobras, de viajes marinos, de barcos de nuez y de barquitos de vela; dice el último tema –que a veces puede escucharse como una nana-: “Solo soy / un barquito vela, / hundido en el fondo del mar / la ficción de un tesoro escondido en tus brazos / me hizo naufragar”. El penúltimo tema, ‘Ciudad del olvido’, es una travesía por las rutas del desamor, del abandono, de la pérdida y de la esperanza, algo que también podríamos decir de otra estupenda canción: ‘Amor residual’.

En el disco, hay canciones de exaltación del amor y sus felices sinrazones como ‘Levemente’ y ‘Besos de chocolate’, que tiene algo de golosa canción de sensualidad y gastronomía, y hay también días infaustos, escasos de besos, como sucede en el tema ‘Díaz avestruz’, que es una de las sorpresas del álbum. “Hoy tengo un día avestruz / de esos que no me salvas ni tú”. En realidad, ‘Señales de humo’ está lleno de dolor, de contrariedad, de ruptura y de añoranza, y de incomunicación: “... pero no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El mar del deseo se ha interrumpido porque los amantes se han vuelto un poco ciegos o insensibles al estímulo del otro.

Desde el punto de vista del corte de las canciones, las melodías, los arreglos y la instrumentación, se podría decir que ‘Señales de humo’ es un disco con guitarras eléctricas, sencillo, elaborado con buen gusto, sugerente, sin estridencias. Es de esos álbumes que apetece volver a oír para ir descubriéndole matices, suavidades, desgarros a esa voz envolvente y cálida de María José Hernández, que se atreve a nadar entre los vaivenes del afecto sin saber si alcanzará la orilla. Dice en otra balada de ausencias, adonde asoma el susurro: “Y si me siento sola no voy a parar / hasta que el deseo me vuelva a atrapar. / Si me siento sola no pienso escribir / cientos de canciones con sabor a ti. / Si me siento sola no hay más elección / que sacar del tiesto a este corazón”.

 

Señales de humo. María José Hernández. Letras, música y producción de María José Hernández. Grabación: Carlos Estella y Rafa Domínguez. Mezclas: Rafa Domínguez. Lunática Factoría Musical. Zaragoza, 2011. La foto de María José está realizada por Juan Miguel Morales.

ÁNGEL GUINDA: POEMA DE AMOR

ÁNGEL GUINDA: POEMA DE AMOR

El poeta Ángel Guinda cumple hoy 63 años, nació en Zaragoza en 1948. Ahora es un profesor jubilado y es un poeta más en activo que nunca. Hace unos días, en Veruela, Ángel leyó este poema. Aquí está: un poema de amor al amor, a la vida, a la luz, a la poesía. A la amada.

 

 

 

Por Ángel GUINDA

 

Lo imposible posible eres tú.

La furia que me calma eres tú.

La órbita en que giro eres tú.

La quietud que me exalta eres tú.

Lo que nombra el misterio eres tú.

La ausencia que acompaña eres tú.

El sol que me congela eres tú.

El aire que me envuelve eres tú.

La prez del terremoto eres tú.

La raíz que me eleva eres tú.

La luz de cada noche eres tú.

El imán que me atrapa eres tú.

El glaciar que me quema eres tú.

Lo que llena el vacío eres tú.

El silencio que me habla eres tú.

La brújula que embruja eres tú.

El hambre que me come eres tú.

La sed embriagadora eres tú.

La fuerza que me empuja eres tú.

El cielo en el infierno eres tú.

El rayo que me parte eres tú.

El dolor placentero eres tú.

Lo invisible visible eres tú.

La vida que me mata eres tú.

Lo que me resucita eres tú.

El eco del abismo eres tú.

Lo que queda de todo eres tú.

 

*La foto es de Jock Sturges.

 

LA MAGIA DE LAS LIBRERÍAS

[Paco Pons, un librero de Zaragoza enamorado de los libros, de las palabras y de la convivencia, me envía esta reflexión sobre la librería como espacio de convivencia, de encuentro, como una casa de citas de la cultura. Me gusta mucho, además, que me lo haya mandado en un día tan especial para mí.]

 

LAS  LIBRERIAS  COMO  PUNTO  DE  ENCUENTRO  

Y  QUIZAS  DE  ENAMORAMIENTO  ENTRE PERSONAS  AFINES…

Por PACO PONS. Librero 

Las librerías son esos lugares mágicos, en los que se producen “milagros” en miniatura. Sin pretender citar todos los posibles ejemplos, puedo recordar lo que sucede cuando nos encontramos con ese libro que creíamos olvidado y que nos encantó en nuestra infancia.  No lo guardamos porque el ejemplar se perdió en aquel traslado de la casa, que hubo que hacer con prisas…y años después lo reencontramos, para deleite de nuestra edad madura. Puede suceder que tras releer el libro que nos entusiasmó hace décadas ahora nos parezca que no era para tanto…sin darnos cuenta de que somos nosotros los que hemos cambiado, no el libro.

 

Hay otro posible “fenómeno” que se puede producir en las librerías. Me refiero al encuentro casual de dos almas gemelas, que luego de charlar sobre los libros que han disfrutado descubren que comparten aficiones y emociones. De ese punto a sentir sentimientos y pasiones puede haber solamente un paso.  Esos encuentros se pueden producir entre la clientela y las personas de la librería o bien entre dos clientes que coinciden en la botiga de los bibliopola. Y ese puede ser el comienzo de una larga amistad…o de otros sentimientos de mayor entidad.

 

La literatura y el cine nos han ofrecido ejemplos de esas situaciones. ¿Quién no recuerda el encuentro epistolar – que sucedió realmente durante varios años – entre el librero británico Frank Doel (Marks & Co.) y la escritora de guiones residente en Nueva York  Helen Hanff?.  Su correspondencia dio lugar a un precioso libro (84, Charing Cross Road) que inspiró el guión de una obra de teatro en Broadway y de una película de título homónimo en inglés, aunque traducida en su versión española como La carta final, estrenada en el año 1978, si mi memoria no fallaEl actor británico Anthony Hopkins está mejor en el papel del librero londinense que incluso en el que haría años después en la película El silencio de los corderos, interpretando al asesino Hannibal Lecter.  No hay que olvidarse de la actriz Anne Bancroft con su singular forma de interpretar a la escritora judía, con un sentido del humor irónico y a veces desconcertante para el metódico librero inglés.

 

Otra película que sitúa el inicio de una relación amorosa en una librería se tituló Notting Hill, y fue estrenada en el año 1999. Estuvo interpretada por Julia Roberts y Hugh Grant y algunos  temas de su banda sonora fueron canciones escritas por el poeta y cantante francés – de origen Armenio – Charles Aznavour.  El comienzo de la acción de esta película se desarrolla en el interior de la librería londinense The Travel Bookshop, situada en el barrio de Notting Hill.  Esa librería existe realmente, como existió en su tiempo Marks & Co. El guión es sencillo: Un librero londinense especializado en la venta de libros de viajes – Hugh Grant - recibe la visita de una famosa actriz norteamericana – Julia Robertsquien se encuentra en Londres rondando una película y que colecciona libros sobre viajes.  Muchas cosas suceden después, dentro y fuera de la película - algunas muy divertidas – por lo que recomendamos que la busquen a quienes lean este artículo.

 

Pues bien, acabo de saber en este final de Agosto de 2011 que la librería The Travel Bookshop va a cerrar definitivamente sus puertas, tras 32 años de actividad comercial ininterrumpida. 

 

El cierre de toda librería me causa un gran disgusto, porque “cuando una librería se cierra…algo suyo se cierra”, parafraseando el chiste de humor ácido.  Supongo que la crisis económica – que trata por igual a las librerías que a otras empresas – tendrá mucho que ver, aunque he sabido que también motiva el cierre el hecho de que su propietario reside desde hace años en Francia y es un hombre mayor, con ganas de dedicarse a la “vida retirada”.

 

En el periódico británico The Guardian podemos leer un artículo de la encargada de The Travel Bookshop – Saara Marchadour - en el que explica lo sucedido.  Comenta que inician el saldo de las existencias, aunque ha surgido una iniciativa por parte de un grupo de escritores británicos, “Save The Travel Bookshop”.  Estas personas no quieren renunciar a sus visitas frecuentes a una librería con un encanto especial, en el que se han encontrado con otros escritores y de esos encuentros y charlas han salido ideas que se han convertido en libros y también pasiones esporádicas, que se han convertido en amor o en humo, pero un humo de grato recuerdo.  Conociendo el poder de las redes sociales, no me sorprendería que esa idea de salvación pudiera tener éxito.  Sobre todo si tenemos en cuenta que uno de los promotores del intento de salvación es uno de los actores que intervino en la película Notting Hill , el actor norteamericano Alec Baldwin, perteniente a una familia – casi una saga – de actores de Hollywood y esa gente tiene mucho poder.

 

¿Me permiten que aproveche la ocasión para pedirles – por favor – que piensen en salvar las librerías de sus respectivas ciudades? No lo hagan solamente por ayudar a las personas que ejercemos este bello pero difícil oficio de las librerías…sino por seguir haciendo posible esos encuentros de personas con libros y con otras personas, que pueden derivar en bellas amistades e intensas pasiones, tengan o no un final feliz. 

 Salgan o no en las películas, las librerías son lugares con una magia especial, en cuyo interior se pueden producir bellas historias personales, además de las que nos cuentan los libros.

 Muchas gracias por pensar en esta propuesta de un librero ya veterano.

EL ARCHIVO BAYONA EN ZARAGOZA

Recibo esta nota de Antonio Bayona y de Julián Gómez, que organizan, administran y ordenan el Archivo Pilar Bayona, la gran pianista zaragozana de la Generación del 27, amiga de Buñuel, de Camón Aznar, de Ravel, de Pepín Bello y de Federico García Lorca, entre otros:

[Queridos amigos: Os notificamos que el Archivo Pilar Bayona (la documentación física) se ha trasladado a Zaragoza, y ya no está en Madrid. Quizá algunos ya sabéis lo que pasó, pero resumiendo os contaremos que en marzo se derrumbó parte del techo del local donde teníamos el archivo, que fue necesaria la intervención de bomberos y ayuntamiento, y que nos obligaron a desalojar, pues ha habido que apear y apuntalar todo. Se ha descubierto que todo el edificio -que es viejo y de estructura de madera- está bastante mal, y la obra de restauración no sabemos lo que durará (ni lo que costará), así que teniendo obligatoriamente que desalojar y ante la opción de tener que alquilar otro local o tenerlo todo “empaquetado” en un guardamuebles todo ese tiempo, hemos decidido alquilar algo en Zaragoza, donde vamos muy frecuentemente, además de ser la ciudad de Pilar Bayona. Ya está allí todo instalado, y a través de esta dirección de correo y de nuestro teléfono de siempre podemos concertar las citas o visitas que sean necesarias. Antonio y Julián]

 

*Las fotos de Pilar Bayona son de Aurelio Grasa y de Jalón Ángel.

HOY, A LAS 0.05, BORRADORES

ESTA MEDIANOCHE, ‘BORRADORES’ EN ARAGÓN TELEVISIÓN

Renée Perle. Retrato de Lartigue.

Actuación y entrevista: PEPÍN BANZO Y EUGENIO GRACIA, músicos

Entrevista en pláto: MARÍA DOLORES CALVO, experta en Raquel Meller

Reportajes: MARTA ASCHENBECHER, fotógrafa; LARTIGUE, fotógrafo; el montaje ‘Poeta en Nueva York’ de Teatro Imaginario; la muerte de Lorca, por Miguel Caballero, y RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ, director de ‘Letras Libres’

 

Pepín Banzo, el showman que ha tenido un gran éxito en Aragón Televisión y con distintos grupos musicales, entre ellos Lurte, es uno de los invitados de esta medianoche (a las 0.05) al plató de Borradores. Acompañado del gaitero Eugenio Gracia, tocará varios temas del folclore tradicional. Pepín, además, repasará su trayectoria y contará cómo le ha cambiado la vida en los últimos meses. Dolores Calvo, profesora de música, procuradora y presidenta de la Asociación Cultural Raquel Meller, explicará las actividades que se realizan en Tarazona en torno a la actriz y cantante, y habla de un cortometraje, ‘Cree usted que yo estoy loca’, sobre la artista turiasonense, que han dirigido Tomás Espeleta y ella, en el que han intervenido actores amateurs de la ciudad del Queiles.

Marta Aschenbecher. Retrato de Vicente Almazán.

 

Borradores ofrece otros reportajes: uno con la fotógrafa Marta Aschenbecher, que expone ahora en el Náutico y en Orienta y acaba de asistir a unos talleres con Eugenio Recuenco. También se ofrece una visita en la Lonja por la muestra ‘Un mundo flotante’ de Jacques Henri Lartigue, el gran fotógrafo francés de la alegría de vivir, del deporte, del ocio, del amor y de la comunión con la naturaleza. Y de la irresistible atracción hacia las mujeres: se casó tres veces y vivió un romance de dos años muy intensos con la modelo Renée Perle. Alfonso Desentre, director del Teatro Imaginario, explica con sus compañeros las claves del montaje ‘Poeta en Nueva York’, inspirado en el texto homónimo de García Lorca: el montaje se estrenó en el Teatro Arbolé y llegará en septiembre al Teatro del Mercado. Miguel Caballero habla de su libro ‘Las trece últimas horas en la vida de Lorca’ (Libros de la Esfera) y analiza las causas de la ejecución del poeta granadino hace ahora 75 años; Miguel Caballero contó con la colaboración del arqueólogo y pintor Javier Navarro en sus pesquisas sobre el lugar donde se hallan los restos del poeta.

Borradores se completa con una entrevista con Ramón González Férriz, el director de la edición española de ‘Letras libres’, que acaba de publicar  el especial ‘Veranos de infancia’, en el que participan 16 autores españoles de diversas generaciones, entre ellos cuatro aragoneses: Ismael Grasa, Eva Puyó, Félix Romeo y Daniel Gascón.

LA GUERRA CIVIL EN LECHAGO

LA GUERRA CIVIL EN LECHAGO

[El pasado sábado estuve en Lechago en la presentación de ‘El Pairón’. Comí en una peña, volví a jugar al guiñote quince años después y dormí en casa de Luis Alegre. El domingo por la mañana me llamó la atención un detalle: la madre de Luis, Felicitas Saz, escribe todo los días una cara o dos con sus recuerdos (a veces le escribe a su marido Alberto Alegre, fallecido hace cinco años), con notas de lo que pasa, con el recuerdo de algunas conversaciones. Hace algún tiempo, Felicitas escribió este artículo sobre la Guerra Civil y Lechago. Abajo, una instantánea de soldados italianos en el conflicto español.]

 

 

Algunos recuerdos

 

de la Guerra Civil en Lechago

 

Por FELICITAS SAZ

 

Cuando yo tenía once años comenzó la Guerra Civil aquí, en España. Una guerra en la que se pelearon hermanos con hermanos. Eso es una cosa que por muchos años que pasen no se olvida.

 

De esa guerra tengo muchos recuerdos. Murieron algunos familiares y amigos. Mis padres tenían un hijo en el frente (mi hermano Cristóbal) pero, gracias a Dios, no le pasó nada.

 

Ya mi edad era para sufrir. Cuando venían los aviones –nos decían que venían los rojos- pasábamos mucho miedo. Mi padre en aquella época fue alcalde de Lechago. Era una época muy mala. Mi padre era un gran hombre: le pidieron que denunciara a los rojos del pueblo pero él no quiso de ninguna manera. Mi padre dijo que, para él, no había nadie malo en el pueblo como para que le encerraran. Eso no les gustó nada a algunos de las derechas del pueblo.

 

A Lechago los rojos no llegaron pero estaban muy cerca.

 

Por nuestra casa pasaron algunos italianos y gallegos que descansaban allí hasta que tenían que ir al frente.

 

Mi madre, que no por decirlo pero tenía un gran corazón, les hacía la comida a los soldados. Hasta hace poco aún teníamos la sartén con la que les hacía patatas con carne.

 

Uno de los italianos era zapatero y no iba al frente. Dormía en el granero que teníamos al lado de nuestra casa. Era muy buen chico y lo teníamos como uno más de la familia. Estaba casado y todos los días le escribía a su señora. Era muy cantador. Arreglaba los zapatos no sólo de los italianos sino de todos los demás soldados.

 

En el pajar que teníamos detrás de la casa dormían otros italianos. El motivo por el que dormían allí es que conocían al zapatero.

 

Hasta la guerra me parece que en Lechago pocas veces habíamos comido macarrones. Pero los italianos los hacían muy a menudo. Aún recuerdo la mesa de nuestra casa en la que los amasaban. También hacían café. Desde entonces, nos acostumbramos a tomar café y macarrones con frecuencia.

 

En una paridera del barrio bajo había una cocina donde hacían la comida los mismos soldados para los otros soldados que venían de paso.

 

De los gallegos puedo decir que les tocó pasar en el pueblo el invierno que más frío hizo. Los soldados eran frioleros pero también es verdad que fue un invierno malísimo. La calle estaba tan helada que los burros que llevaban se caían.

 

En fin, que una guerra como fue en nuestra España no se la deseo a nadie.

 

*En la foto, la segunda por la izquierda es Felicitas Saz Gil; a su lado está su hijo Salvador; los flanquean dos amigas. Están en la puerta de la iglesia de Navarrete.