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Antón Castro

ÁLVARO CUNQUEIRO Y LAS SIRENAS DEL MAR, SEGÚN FERNANDO VALLS

Fernando Valls, en su espléndido e imprescindible blog ‘La nave de los locos’, rinde un primer homenaje a Álvaro Cunqueiro Mora con ‘Cunqueiriana 1’, dedicada en este caso a las sirenas. Fernando habla de un libro que marcó mi juventud: ‘Fábulas y leyendas de la mar’ (Tusquets. Edición de César Antonio Molina), es uno de los libros que más veces he leído con otros de Cunqueiro como ‘Merlín e familia’, ‘O incerto señor don Hamlet’, etc., algunos de Borges, Dieste o Miguel Torga. Traigo aquí este texto de Fernando, donde también habla de un recuerdo suyo emparentado con las sirenas. Yo siempre he pensado que los besos de sirena no saben ni a pescado ni a lamprea ni a manatí: saben a sueño, que tiene un sabor impreciso y deleitoso. Entre otros textos que he dedicado a las sirenas, hay uno que me gusta especialmente: ‘Jorge y las sirenas’ (Marboré), un álbum ilustrado dibujado por Alberto Aragón, donde ensayaba algo que me enseñó Cunqueiro: la literatura como curación, como placer, la literatura que emerge del mar y de la fantasía, la literatura como extravío y como isla de desembarco. Ese cuento estaba y está dedicado al joven Jorge Sanmartín, que creía fervorosamente en las sirenas y que creía que, algunas noches desapacibles, una sirena puede colarse en la bañera de tu casa…

 

Una de las sirenas de Waterhouse.

 

¿A QUÉ SABEN LOS BESOS DE SIRENA?

Cunqueiriana 1

 

Por Fernando VALLS. Tomado de su blog ‘La nave de los locos’

 

El próximo 22 de diciembre se cumplen 100 años del nacimiento en la lucense Mondoñedo del gran escritor Álvaro Cunqueiro, por lo que ya se anuncian congresos y homenajes en varias ciudades gallegas, pero también en Barcelona y Madrid. Como he tenido la fortuna de ser invitado a los de Santiago de Compostela y Barcelona, me he puesto a releer al gran escritor mindoniense.

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Pero no es eso lo que, en realidad, quería contaros. ¿Sabíais que Cunqueiro, como Mariño de Lobeira que era, descendía de sirenas? El caso es que Roldán, muerto en Roncesvalles, dejó preñada a una sirena, que fue a dar a luz a la playa de Arosa. Algunos pescadores, atraídos por su canto, recogieron al niño y le pusieron por nombre Palatinus, como hijo del paladín Roldán. Y sigue contando Cunqueiro que, por corrupción, Palatinus vino a Paadin, Padin. Así, los Padin son la otra familia gallega que también desciende de las sirenas. Lo que nunca se ha sabido es cómo se las arregló don Roldán para dejarla preñada, ni como logró dar a luz la sirena.

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En un artículo que Cunqueiro publicó en la revista Vida gallega, me he encontrado con una frase que ha logrado captar especialmente mi atención, pues me parece que haría las delicias de mi buen amigo mexicano, Javier Perucho, sirenólogo por vocación. Allí afirma Cunqueiro que a lo que más se parecen los besos de las sirenas es al sabor de la lamprea. Ahora falta saber si en México se conoce la lamprea y si la experiencia de un reputado sirenólogo, como es Javier, coincide con la de Cunqueiro.

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Lo que tampoco quizá sepáis todos es que las sirenas de estirpe griega son mitad mujer y mitad pájaro, con alas, claro; pero las que provienen de los países nórdicos tienen cola de pez. Eso sí, la parte femenina, la cabeza y el torso, en ambas especies es siempre muy hermosa, con larga caballera y pechos bien formados, turgentes. Respecto a sus cabellos, sabemos que siguen siendo muy apreciados porque impiden que salgan las canas y previenen la calvicie, tras frotar con ellos el pelo de los desdichados humanos. Es sabido, en cambio, que las sirenas encantaban a los marinos con sus siempre ininteligibles cantos, prometiéndoles la eterna juventud. Y Cunqueiro nos cuenta con todo lujo de detalles, en su artículo “Abundancia de sirenas” (Fábulas y leyendas de la mar, Tusquets), al que remito a los curiosos, cómo conquistaban a los marinos.

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En Almería, la ciudad donde nací, en el Cabo de Gata, existe un lugar llamado el Arrecife de las sirenas, que he visitado en numerosas ocasiones. Cuando éramos jóvenes y disfrutábamos de los primeros amores, solíamos bañarnos cerca, en la playa que hay delante de las salinas. El sol nos achicharraba pero entre los pocos años, que todo lo soportan, la correspondiente sombrilla, y una gran sandía que enterrábamos en la orilla, y que nos comíamos cuando estaba fresquita, lográbamos sobrevivir. Pero, la verdad, es que nunca tuve trato alguno con sirenas; ni carnal, ni de ningún otro tipo, por lo que no sé si tienen ombligo o no, o si su carne es comestible. En estas cuestiones, que tanto inquietaban a Cunqueiro, siento no poder ayudarlo.

Otra sirena de John Williams Waterhouse. 

'MARES DE MAÍZ': UN POEMA PROPIO

El poeta y traductor Juan Manuel Macías coordina una página digital de publicación poética en el sello DVD ediciones, de Sergio Gaspar. Hace unos días me pidió un poema de 'El paseo en bicicleta' (Olifante, 2011), que se presenta en el Teatro Principal el día 25 (amigos, lectores, curiosos, compañeros de viaje, etc., estáis invitados). Esta es la nota afectuosa de Juan Manuel Macías y el poema 'Mares de maíz'.

Antón Castro publica El paseo en bicicleta

 

Acaba de salir publicado en la editorial aragonesa Olifante El paseo en bicicleta, el nuevo libro de poemas del escritor, poeta y periodista Antón Castro, con prólogo de Miguel Mena y solada de Manuel Pereira Valcárcel. El autor define su libro como "una colección de 26 poemas en verso y prosa de alguien que sale en bicicleta todas los días, casi todas las mañanas en realidad, y habla de lo que ve (de un pescador y su hijo a orillas del Canal, de las torres solitarias y de las higueras de Garrapinillos, de los mares de maíz, de la experiencia misma de pedalear…), habla de lo que sueña, de sus obsesiones (por ejemplo, aquel Paco el Pecas que fue siempre, para mí, ‘el ciclista del mar’) y de un montón de personajes vinculados al mundo de la bicicleta: desde Laurent Fignon a Horacio Quiroga, desde la cantante y modelo y actriz Nico hasta el matrimonio Curie, que realizaron su luna de miel en bicicleta paseando por los caminos de Francia. Y hay varios homenajes muy explícitos a Zaragoza. El libro, de hecho, se cierra con el poema ‘La ciudad nueva’."

Reproducimos a continuación un poema de El paseo en bicicleta, por cortesía de Antón Castro y Olifante.

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MARES DE MAÍZ

El maíz siempre está ahí: absorbe la luz del mundo. Posee una espada filosa y verde en sus hojas que, al batirse en duelo con el aire, enciende una letanía de acordeón, un rasgueo imperceptible de metal finísimo como si el paisaje esgrimiese sus puñales. El maíz, casi altanero, se eleva sobre el resto de las plantas con sus crestas rubias. El maíz, con su tallo bamboleante, agita la espiga que se abre de súbito y muestra sus barbas, frágiles y oscuras. El maíz, a cualquier hora del día, parece un mar y su oleaje: ahora está calmo, se desmaya y se agosta bajo el sol; ahora se estremece violentamente como si se rompieran sus espumas, como si sus corrientes marinas chocasen con un promontorio. Pasas a su lado, tan arriba, con esa panorámica tan definitiva del paseante que pedalea, y el maíz resulta embriagador: por su movimiento, por sus fragancias, por su armazón de bosque que pugna y pugna entre fulgores. ¡Hay tantas fincas de maíz al alcance de la vista! Siempre me pregunto: ¿habrá alguien ahí? ¿Será cierto que, en su interior, entre sus armoniosas hileras, se esconden los niños ociosos, los zorros, una mujer con mochila que huye de su casa y busca un refugio para su desamor? ¿Será verdad que una diosa de antaño, o quizá una amazona, canta a la luna, protegida por siete serpientes? ¡Qué tropel de sensaciones! El maíz se eleva, tiembla, se enrosca sobre sí mismo, se encharca y se copia en las acequias. Evoca otro tiempo, quizá otra vida, una felicidad lejana, la ausencia de prisa: la arcadia sencilla del labrador que desaparece. Yo fui un niño perdido en la soledad del maizal: allí, a recaudo de todo, soñaba, jugaba con las piedras y con las judías, construía laberintos en penumbra. Había un instante en que mi madre pronunciaba mi nombre: gritaba, refunfuñaba, maldecía: “¡Neno, nenooo!”. Jamás hubiera dado conmigo. Era la hora de volver, y al salir fuera tenía la sensación de que abandonaba el océano y su estrépito, sus grutas y sus galerías de agua, la cueva de todos los tesoros y de todos los demonios. Ahora también percibo que es la hora de andar y desandar este incesante mar de maíz: me detengo un instante y me acerco como si quisiera mojarme los pies en una ola, como si quisiera llamar a una puerta misteriosa. ¡Abridme, fantasmas, dioses antiguos, sierpes aztecas, abridme, que quiero apacentar en un claro de fronda todos mis miedos!

(De El paseo en bicicleta, Olifante, 2011)

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Antón Castro (Santa Mariña de Lañas-Arteixo, La Coruña, 1959) es escritor y periodista, y reside en Zaragoza. Ha publicado más de una veintena de libros de narrativa y poesía, de entrevistas, biografías, ensayos, de miscelánea. Uno de sus favoritos es Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados (Gobierno de Aragón, 1992). Es autor de siete libros de relatos: Mitologías. Los pasajeros del estío (Olifante, 1990), El testamento de amor de Patricio Julve (Destino, 1995, 2000), Vida e morte das baleas (Espiral Maior, 1997), Los seres imposibles (Destino 1998), Golpes de mar (Destino, 2006) y Fotografías veladas (Xordica, 2008). Y de una novela: El álbum del solitario (Destino, 1999). En 2010 publicó el libro de poemas Vivir del aire (Olifante). Desde mayo del 2006 dirige y presenta el programa cultural "Borradores", en Aragón Televisión. Coordina el suplemento Artes & Letras, de Heraldo de Aragón.

 

Publicado el 9/3/2011

 

Todas las fotos de aquí son de Virxilio Vieitez, un fotógrafo excepcional.

ÓSCAR SIPÁN: UN CUENTO BREVE

ÓSCAR SIPÁN: UN CUENTO  BREVE

Esta mañana de lloviznas y de fríos, recibo un correo del escritor y editor Óscar Sipán, un hombre de acción cultural en toda la dimensión del término. Me manda este cuento, estupendo y sorprendente, y esta foto.

 

LOS AMORES POSIBLES

 

Por Óscar SIPÁN

 

 “Cuando se es virgen se piensa que

todos los amores son posibles”

ERRI DE LUCA

 

 

TERMINÓ LA GUERRA y continué enviándoles cartas de amor a los pilotos. Me despertaba con las primeras luces del alba, les sonreía a las fotos colgadas del espejo y me sentaba a escribir. Dorian dejaba demasiada carne en la corteza del melón y se dormía pronunciado mi nombre, con esa respiración de perro trufero sin suerte. A Marcelo nunca podrían derribarlo: tenía el cuerpo musculado de un fauno y había nacido para que yo le contemplase desnudo en una cama del Hotel Tannhäuser. La tristeza de Holden, aleación de cuatro partes de derrota y una de futuro, era el mayor de los animales terrestres. A veces mis caricias o la oscuridad luminosa de un cine conseguían diluir la ausencia de otra mujer. Y el dolor daba paso a algo parecido a la esperanza.

 

Escribía a diario a mis pilotos porque afuera todo era gris. Calentaba el café de puchero, cerraba los sobres, dejando un rastro velado de carmín, me ponía el abrigo que perteneció a mamá y salía al encuentro del buzón de correos agujereado por la metralla.

 Al regresar a casa y cambiar las flores de las tumbas, me sentía en paz.

En el vecindario decían que estaba loca, que no era más que una solterona amargada, pero ahora que ha estallado de nuevo la guerra, la única casa que no han bombardeado, la única que sigue en pie, es la mía.

 

A LAS DOCE, REDIFUSIÓN DE BORRADORES

A LAS DOCE, REDIFUSIÓN DE BORRADORES

BORRADORES CELEBRA EL DÍA INTERNACIONAL

DE LA MUJER TRABAJADORA

 

 Las profesoras y escritoras Carmen Romeo y Cristina Baselga son dos de las invitadas al plató de Borradores, que se redifunde hoy a las doce de la mañana por Aragón Televisión. Ambas, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (que fue el pasado martes), hablan del libro ‘Callejero. La Zaragoza de las mujeres’ (Casa de la Mujer), en cuya redacción también han participado Gloria Álvarez y Concha Gaudó. La primera parte del programa está dedicada a la mujer, y ofrece dos reportajes: uno sobre la pianista y directora de orquesta Laura Pérez Soria, una zaragozana que dirige la Orquesta de Cámara Femenina de Viena y otro sobre la actriz y cantante Raquel Meller, a través del montaje que realiza el grupo Tribueñe, con dirección de Hugo Pérez e interpretación de Maribel Per.

También acude al estudio el escritor Juan Herranz, que habla de su nueva novela ‘Esperando a los ángeles’ (Brosquil), y del libro ‘Los luchadores de Ejea’ (DPZ), un volumen que narra la historia cuatro grandes campeones de lucha libre. Además, Borradores visita dos exposiciones: la de Luis Díez, en el Cuarto Espacio, ‘El frío y el Gran Pez’, un homenaje y un diálogo con ‘Moby Dick’ y Herman Melville, y la de José Luis Balagueró: el artista cuenta distintas experiencias, como el fusilamiento de su padre, su visita a Picasso y su travesía a través del arte en Francia, en Estados Unidos y ahora en El Escorial. La actuación corre a cargo del joven grupo Almas Mudas, que tocó en los Premios de la Música Aragonesa en el Teatro Principal. Tocan dos temas: ‘Estilo Bowie’ y ‘Boxeo para dos’.

*Este programa tuvo un 8.3 % de audiencia el pasado martes.

 

LA BITÁCORA DE LUZ CAVIRIA

LA BITÁCORA DE LUZ CAVIRIA

Anoche estuve en Huesca en la librería Anónima, donde presenté ‘Familias como la mía’ de Francisco Ferrer Lerín, que estuvo realmente inspirado y simpático,y se fue pronto, temeroso de la tormenta, de la lluvia y de la nieve. Había muchos amigos. Muchos. Y una bonita exposición de ilustración infantil de Vicky de Sus. Entre los asistentes –José Domingo Dueñas, Víctor Pardo, Alicia Rey, Elizabeth Hernández, Luis Lles, Paco Grasa, su hija Estela…, y más, muchos más amigos del autor, de la librería, lectores, jóvenes poetas...- estaba la poeta Luz Rodríguez, que ha abierto un blog hace poco: ‘Los días de Caviria’, donde escribe de todo: impresiones, poemas, recuerdos, miradas sobre el mundo y sobre el arte. Copio aquí uno de sus últimos textos de una bitácora muy cuidada y personal.

http://losdiasdecaviria.blogspot.com/

 

 

ABSTRACTA

Por Luz RODRÍGUEZ (Luz CAVIRIA)

Estas últimas semanas he tendido a verme etérea, volátil, errante. Me miro en el espejo y me pregunto cómo y cuándo me he vuelto semivisible a mis propios ojos. Me pregunto si es por haber estado rehuyendo el mundo buena parte del tiempo y recuerdo lo que dijo Santiago Arranz en Castejón de Sos. Expresó la idea de que los seres se van volviendo abstractos a medida que se retraen del mundo. Era una teoría traída a la pintura y a la escultura. Pero veo la analogía en la dimensión humana. Cada vez me siento más abstracta, menos identificable, como una figura ahumada cuyos contornos no remiten a lo conocido sino al misterio de una identidad localizada en otro plano que requiere códigos de interpretación nuevos que no poseo. Más abstracta, sin capacidad de asertos, dubitativa, esquiva a mi conocimiento, vacilante sobre lo que quiero y necesito.

Pensé que esta casa podía ser mi morada, el espéculo material de mi morada interior. Me asustaba algo el aislamiento, pero menos de lo que me atraía y creí que aquí trabajaría mucho y en paz. Pero demasiados días a la semana el aislamiento es radical, completamente sola en las habitaciones y rellanos, en la balsa de mi cama que flota sobre tempestades nocturnas de las que me despierto sudando y entumecida y, al caer la tarde, toda esa negrura precoz en torno a la casa es la única criatura que fisgonea en mis ventanas. Entonces, hay días que opto por reclinarme y dejarme mecer e ir progresivamente desfigurándome, deshilachándome como una Ofelia lánguida en una mecedora de agua que el fuego de la chimenea entibia. Me rindo a una ensoñación que engañosamente tiñe el dolor inicial en algo amigable. Agotada de intentar dilucidar si ese estado me es propio, si iré acostumbrándome, si lograré trabajar bajo los efectos de ese silencio sólo momentáneamente narcótico, acabo por pasar de la entrega a la extrañeza, de la extrañeza a la sensación de que algo se ha dislocado y no puedo moverme, recolocar los huesos, emprender actos sencillos y concretos, abandonar el embrujo de la soledad, la oscuridad y la contemplación para afilar los gestos que me empujen afuera, a dejar de estar en modo abstracto para pasar al modo figurativo que requiere salir hacia el trato con los otros.

 

Las fotos de 'Ofelia' y del proceso fotográfico son de Andrea Jösch.

 

TRES POEMAS DE XOÁN ABELEIRA

'TORRE DEL ABEJAR', UN POEMA DE MI LIBRO 'EL PASEO EN BICICLETA'

Eduardo Laborda, en un retrato en su estudio de Oliver Duch.

 

El cordobés Fernando Sabido Sánchez es uno de los grandes divulgadores de la poesía en la red. El pasado febrero colgó una colección de mis poemas, dos de ‘Vivir del aire’ (Olifante. La Casa del Poeta: Papeles de Trasmoz, 2010), y tres de ‘El paseo en bicicleta’, con una foto mía tomada por Manuel Arribas. [Muy agradecido, Fernando. Un abrazo]

http://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2011/02/3006-anton-castro.html#comment-form

Traigo ahora aquí este poema que él cuelga, ‘Torre del Abejar’, que está inspirado en el padre de Eduardo Laborda, Rosalío, y es un homenaje a su familia y al mundo de las torres de campo y sus torreros. La Zaragoza que se desplegaba hacia la Avenida de Cataluña estaba llena de torres, de quintas o casares de campo, y en la zona de Garrapinillos, donde vive desde hace más de diez años, sucede lo mismo. De ahí este poema, basado como suele de decirse en hechos reales. Expreso aquí mi gratitud al pintor Eduardo Laborda.

‘El paseo en bicicleta’ se presenta el viernes 25 de marzo, a las ocho de la tarde, en el Teatro Principal de Zaragoza, con la presencia de Miguel Mena (el ciclista de la radio firma el prólogo; la solapa es del poeta y narrador Manuel Pereira Valcárcel, que pasó su adolescencia en Zaragoza) y del escritor y poeta y profesor José Luis Rodríguez García, un leonés que pasó algunos veranos en mi segunda ciudad: A Coruña.

 

 

Esta foto de Manuel Ferrol, del padre y su hijo, sobre la emigración, siempre me ha conmovido.

 

 

TORRE DEL ABEJAR

A Eduardo Laborda

Mi padre siempre ha sido una criatura irreductible.
Aparecía y desaparecía como el viento y la lluvia.
Era como si tuviera una segunda vida, o una tercera,
era como si estuviese incomodado consigo mismo
y con todo el mundo. Vivía de arrebato en arrebato:
de maldición en maldición, de fuga en fuga,
de rutinas casi insondables, de silencios, de gritos.
Mi madre, ante nuestra perplejidad, solía decir:
“Antes no era así. Era un hombre normal, suave,
que se contentaba con su suerte y con sus paisajes.
La guerra lo cambió: le destrozó el ánimo y la templanza,
y le volcó un arsenal de pesadillas y tigres en el sueño”.
Así lo dijo: tigres en el sueño. Mi madre, cuando quería,
era un completo misterio: leía, se apasionaba con el arte
y buscaba la belleza en las pequeñas cosas de cada día.
Nos regalaba cuadernos y lápices, nos hablaba del Quijote,
de la luz invisible de Velázquez y del cine de su niñez.
Y era capaz de definir así el estado inestable de su marido.
Ambos procedían de Trasobares: allí habían sido labradores.
Mi padre no dominaba los oficios de la huerta;
en cambio conocía todos los secretos de la fruta.
Yo lo veía injertar con mimo y creía que hacía magia.
Le gustaban los albaricoques, las pavías y los melocotones,
tenía diversas clases de uvas, de higos y de brevas,
y trampeaba entre los surcos con los tomates y los melones.
Nos habían dejado una torre familiar: Torre del Abejar,
y ese era el refugio de mi padre. Cuando llegaba marzo,
se encolerizaba, discutía con todos y se volvía insoportable:
era su forma de anunciar que iba a marcharse a las tierras.
Entonces solo lo veíamos de vez en cuando. Ni nos echaba
en falta ni nosotros teníamos ganas de aguantar su genio.
En noviembre, cuando regresaban el cierzo y el frío
reaparecía como un fantasma, desharrapado y débil.
Si quería, tenía un poderoso instinto de supervivencia.
Durante esos casi seis meses, o más, iba a verlo a la torre.
Era un espacio inquietante y tal vez inconmensurable.
La casa imponía pavor. Como las eras y los cobertizos.
Cerca de allí, años atrás, se había cometido un crimen.
Cerca de allí pasaban los canales de riego y las cascadas.
Mi padre iba y venía a su antojo con la libertad del solitario
que espera el milagro constante de las noches y los días:
brisas, resplandores, cielos encapotados, plenilunios de verano.
Casi a diario, a partir de mayo, llevaba la fruta
al Mercado Central de Zaragoza: colocaba su remolque
en la bicicleta y lo llenaba de fruta. Siempre hacía lo mismo:
lo colmaba con lentitud, colocando las piezas en canastos.
Me conmovía su obstinación de agricultor en paz.
Me miraba y decía: “La fruta no soporta bien el traqueteo”.
Me hacía gracia. Yo lo observaba como a un extraño.
O a un poseído. Me gustaba verlo pedalear por los caminos,
entre los maizales, entre los árboles, levantando polvo,
un polvo pegajoso y dorado que le manchaba las sienes.
Era como si solo allí, en la Torre del Abejar, fuera
auténticamente afable: el padre que había soñado para mí.
Un día me llevó al mercado en su remolque. Tendría seis años.
Era su pasajero, su colaborador, el hijo inesperado.
Insistía: “Recuerda que la fruta no soporta bien el traqueteo”.

Hace años que murió. A menudo pienso en él
y recuerdo lo que siempre nos contaba mi madre:
“La guerra lo cambió: acabó con sus sueños felices”.
Ella lo recibía en casa, en las dos o tres casas que hemos
tenido, con infinita compasión. No le preguntaba nada.
No podía, ni quería, acceder al fondo de sus tinieblas.
No quería excitar el tigre sonámbulo de su dolor antiguo.
A menudo pienso en mi padre y recuerdo aquel viaje,
de ida y vuelta, en bicicleta al Mercado Central.
A veces se giraba para verme. “Agárrate fuerte”, decía.
En aquella mirada me pareció adivinar ternura y miedo,
y creí entender algo de su extraña forma de vida.

De ’El paseo en bicicleta’ de Antón Castro. (Olifante. Ediciones de Poesía. Serie mayor)

Eduardo Laborda visto por Vicente Almazán.

 

TAKO, ESTE SÁBADO EN EL OASIS

 

Tako pone el broche de oro a su gira de presentación de nuevo disco en Zaragoza

 

La banda aragonesa actuará este sábado en la sala Oasis

para presentar su último trabajo “El Taller de los caprichos”

 

La banda ejeana Tako vuelve a Zaragoza para presentar su último trabajo “El Taller de los caprichos” del que llevan vendidas más de tres mil copias. De esta forma, quiere poner el broche de oro a la gira de presentación que le ha llevado durante los tres últimos meses por toda España con su público más fiel. La cita será este sábado, 12 de marzo, en la sala Oasis a las 22 horas. Temas como “Ruedas de ratón”, “Bastos y espadas” o “Buenas intenciones” así como el resto de repertorio resonarán en el mítico club teatro zaragozano.

         Zaragoza va a cerrar la gira española de presentación de “El Taller de los caprichos” que, durante dos meses, les ha llevado por todos los rincones de la geografía nacional como Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Logroño, Guadalajara, Lérida, entre otras ciudades. Por eso, han escogido un lugar emblemático como es la sala Oasis para que este sábado, 12 de marzo, todos los amantes del rock and roll puedan disfrutar del espectacular directo que ofrecen los ejeanos.

         Además, Tako sigue con los preparativos para cerrar una apretada agenda de conciertos durante este año 2011 que, gracias a la gran acogida de su último trabajo, les va a llevar por muchas localidades aragonesas, españolas e incluso europeas. Para empezar, ha confirmado ya su participación en varios festivales nacionales como el Leyendas del Rock en tierras murcianas con grupos tan reconocidos como Obús, Barón Rojo o  Warcry. También han cerrado el festival Aupa Lumbreiras en la localidad albaceteña de Tobarra en el que compartirán cartel con las bandas más destacadas del panorama nacional junto a muchos más conciertos que llevarán a la banda ejeana por todos los rincones de nuestro país.

 

Primera gira europea

Tako también iniciará aventura musical con su primera gira por Europa tras tres periplos por Sudamérica. Por ello, durante la segunda quincena de mayo, van a ofrecer varios conciertos en países como Polonia,  como cabecera de cartel en uno de los festivales mas importantes del pais, "Juwenalia 2011" en la ciudad de Cracovia el próximo 17 de mayo. Además, visitarán Varsovia  -dia 19-, para seguir sus actuaciones en la ciudad checa de Brno - día 20- y, posiblemente, Alemania en la ciudad de Dresden -día 21-. De nuevo, volverían a Polonia para otra actuación en Wroclaw.

         Por último, les recordamos que la banda ejeana está incluida dentro de la Red Aragonesa de Espacios Escénicos (RAEE) del gobierno de Aragón para poder actuar en las principales localidades de nuestra Comunidad Autónoma con un nuevo y exclusivo formato que ofrecen por primera vez: Un acústico. En ella, pretenden acercar al público un nuevo estilo fresco, diferente y, sobre todo, sorprendente para disfrute de los presentes.

 Les recordamos la cita:

Presentación de “El Taller de los caprichos”

Fecha: Sábado, 12 de marzo.

Hora: 22 horas.

Lugar: Sala Oasis de Zaragoza.

*Pablo Arrufat me envía esta nota.