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Antón Castro

MATURÉN: UN PINTOR PARA SIEMPRE

MATURÉN: UN PINTOR PARA SIEMPRE

 

Ángel Esteban Maturén (Zaragoza, 1949- Tarazona, 2005) fue un artista irreductible. Conoció el panorama de las antigüedades y del arte en su propia casa, por influjo de su padre, y luego dio todos los pasos precisos para aplicar un talento innato, un don: dibujaba muy bien, tenía imaginación, capacidad de encerrar en trazos y colores su percepción del mundo. Esos pasos lo llevarían, tras haber debutado con Bilbao con la energía de un niño prodigio, al Estudio Goya, a la Escuela de Artes, a la Escuela Superior de San Fernando y a la realización de trabajos de restauración.

Si se repasa su biografía, se observa de inmediato cuántas cosas ha hecho Maturén, cuántas huellas ha dejado, en cuántas empresas ha participado: ha sido siempre un hombre en el arte, un artista del hambre (al modo kafkiano) y de la pintura. Ángel Maturén era esencialmente un pintor: poseía un código genético de artista, de artesano del óleo y del acrílico, de soñador incansable ante el lienzo. Para él pintar era un modo de revelarse: de abrir su corazón, de soltar amarres y sombras, de vaciarse en sensibilidad y belleza. Para él pintar era una forma de rebelarse. Estaba en el mundo y contra el mundo, estaba contra los tópicos y contra la dictadura, contra los lugares comunes, y poseía una rara entereza, espíritu de aventura, capacidad de asombro y de conmoción. Y eso, la pasión por la pintura como forma de vida, lo llevaba a París y a Londres, a Madrid (intentó hacer carrera desde muy joven en la capital y allí contó con la ayuda de Millares y fortaleció la amistad con Manolo Quejido), a Logroño, a Sierra de Luna, a Zaragoza (que ha sido el lugar donde se forjó su leyenda de hombre noctámbulo, de trasnochador con una copa en la mano y toda la tertulia por delante. Colaboró en ‘El lobby contra el cordero’, la fragmentaria película del rarísimo Maenza), a Lanzarote, que se reducía para él a dos sustantivos definitivos: monte y mar. Finalmente recaló en Tarazona, esa localidad que mira el Moncayo y que había frecuentado de niño.

Ángel Maturén se retiró a la ciudad del Queiles, montó su morada en los aledaños de San Atilano, o en San Atilano mismo, y allí creó su Fundación. Vivió como lo que era: un galanteador de emociones, un diletante, un pintor que al fin había encontrado el último refugio. Allí, en su taller, en su casa, paseando arriba y abajo, Maturén era como un eremita o un falso misántropo: pintaba a cualquier hora, amontaba series, desarrollaba ejercicios, intentaba darle coherencia a sus cuadros, soñaba con divulgar la obra de los demás. Algunos han dicho que Ángel Maturén tenía algo de “bestia pictórica”: es cierto. Disfrutaba ante el lienzo, atesoraba sagacidad y osadía, conciencia del oficio, artesanía de la luz y de la indagación. Cuando se situaba ante el bastidor se transformaba por completo. Era otro y él mismo. Era el extranjero y el augur que había bajado de las montañas de nieve. Qué energía, qué voracidad, qué desinhibición, qué modo de ir quemando etapas, de encontrar temas, de entregarse a sus símbolos, a sus alegorías, a la textura pastosa del lienzo. Hay muchas referencias en Ángel Maturén: fue pintor informalista en cierto modo, mezcló abstracción y figuración, se sumó a la transvanguardia, en la línea de Enzo Cucchi quizá, y dicen que quiso conocer a un joven artista como Miquel Barceló, con quien parece tener puntos de conexión. Luego, en su estancia en Lanzarote, conectaría con César Manrique o con José Saramago, dos de los grandes creadores de la isla.

Hace muy poco tiempo, en el Palacio de Sástago pudo contemplarse la mejor retrospectiva del artista, ‘Pintura como materia de vida’, una muestra comisariada por Pablo Pérez Azpeitia y Víctor Maturén que no dejaba duda alguna a propósito de la calidad del artista. Maturén ha sido un estupendo pintor: trabajador, consciente y torrencial. Una criatura que anhelaba ser un creador en libertad. Pintor en el sentido más amplio del término. Pintor pintor por encima de todo.

Esta exposición de Carlos Gil de la Parra ahonda, desde los formatos medios, en su diáfana lección de la creatividad: aquí se compendia, temáticamente, su trayectoria. Una buena parte de los cuadros están pintados en Lanzarote y acabados, por lo regular, en la falda del Moncayo. Y pueden verse como una nueva síntesis de los distintos asuntos y tramas en los que trabajó. Una y otra vez, en los 90 o en el último lustro de su existencia reaparecían las obsesiones de los 70 o de los 80.

Aquí están sus naturalezas muertas, impregnadas de sutileza y de una cierta inclinación hacia el azul y el ocre; y las series de velas y candelabros, donde convive la claridad lechosa de oro y el barniz humoso. Y esos cuadros matéricos detrás de los cuales se adivina el mar con sus peces y sus estrépitos, con sus caracolas o con esas flores marinas que parecen nenúfares o fósiles. Aquí están esas obras que tienen algo de volcánicas y que parecen aludir al desierto. Y están sus experimentos con los plomos, o con el plomo, que le otorgaron una nueva dimensión a su faceta de investigador permanente, aunque pusiera a prueba su vida; a muchas de esas tentativas las tituló sencillamente, o desesperadamente, ‘Osadía’. Y están, sobre todo, varios cuadros de una de las series que más le gustaban: los gatos y las sillas. Gatos que parecen más de Matisse, luminosos y alegres, que del umbrío poeta Baudelaire que amaba los gatos y las mujeres en penumbra. También en eso Maturén se parecía al poeta sobre el alambre que fue el autor de ‘Las flores del mal’. Maturén amaba la vida y algunos de sus excesos, amaba el amor, a las mujeres y a los misteriosos felinos de compañía.

No voy a decir aquí que Ángel Esteban Maturén fuese un incomprendido. Quizá podría afirmar que fue un solitario rodeado de amigos. Autores como Curro Fatás, Manuel Pérez-Lizano (su biógrafo), Ángel y Pedro Pablo Azpeitia, Miguel Torrubia o Ricardo García-Prats, por citar algunos nombres, han intentado darle la dimensión adecuada. No voy a decir que fuera un artista menor: todo lo contrario. Ángel Maturén ha sido un artista mayor, de un individualismo feroz, irónico y sarcástico en ocasiones, proclive a la repetición o a la seriación, que creía que la pintura era el vehículo fundamental para situarse en el mundo. Su primer vínculo: el territorio de la afirmación y del conocimiento. La pintura era su instrumento, su bisturí, para conocerse y para darse a los demás. Y la medida de las cosas para atrapar lo que tanto amaba: la tierra y sus seres, el mar y su misterio insondable, el corazón y sus dolencias. La naturaleza y el océano: esos lugares donde vive, fértil, su mejor recuerdo entreverado con la pintura.

 

Maturén. Un pintor para siempre. Galería Carlos Gil de la Parra. Paseo de la Constitución 28. Inauguración: mañana jueves, a las 20 horas. Permanecerá hasta el 2 de abril. [Este texto mío forma parte del catálogo que se ha editado con motivo de la muestra.]

FALLECE ANTONIO RUIZ ASENSIO

Retrato de septiembre de 2010 de Antonio Ruiz Asensio, por Esther Casas.

 

[El pasado mes de septiembre, gracias a la iniciativa del pintor y escritor Eduardo Laborda y la colaboración de Rafael Ordóñez Fernández, se recuperaba la obra de Antonio Ruiz Asensio y sus compañeros de la empresa de diseño industrial e interiorismo Maruvik. Hace un instante, entrecortado por las lágrimas y la pena, me ha llamado Eduardo para decirme que Antonio acababa de fallecer a los 89 años. Felizmente disfrutó de una recuperación de su obra. Cuelgo aquí el artículo que le dediqué: conversé con él en su casa la víspera de la inauguración en el palacio de Montemuzo]

 

ADIÓS A UN PIONERO DEL INTERIORISMO

 

Antonio Ruiz Asensio (Zaragoza, 1922) está viviendo un auténtico sueño: el palacio de Montemuzo acoge desde esta tarde una exposición de sus trabajos de decoración integral que realizó desde los años 40-50 hasta que se retiró. "En esta exposición, que se la debo a la generosidad del pintor y escritor Eduardo Laborda y del Ayuntamiento de Zaragoza, solo recoge una parte mínima de mi trabajo: he trabajado mucho en esta vida, primero como mecánico y luego como dibujante". La trayectoria de Ruiz Asensio está ligada a su gran amigo y socio Julio Martínez Palacín: juntos coincidieron en varias empresas; durante quince años como dibujantes de muebles y de interiorismo para Loscertales y, a partir de los años 60, en Maruvik, proyecto al que se sumaron otros dos socios: Victoriano Poblador Lozano y Carlos Martínez.

La exposición ’Zaragoza años sesenta’, sin embargo, solo recoge obras suyas, las que su esposa Carmen Garrido guardó como oro en paño en un armario de su casa. Ruiz Asensio se define como "dibujante e inventor" porque el dibujo ha sido la razón de su vida y la invención una constante: con Julio Martínez, inventó en 1957 y 1958 dos coches a partir de una vespa y de una lambretta. Su hija Celia conserva, enmarcado, el reportaje que les hizo en HERALDO el periodista Marcial Buj.

La cartulina negra

"En Zaragoza había muchos decoradores, y yo sentí que no podía ser menos. El dibujo era mi mundo. Me había gustado desde pequeño. Tras trabajar en Talleres Garín y Talleres Alonso, vi que había plazas en Loscertales y entré en la fábrica de muebles. Allí, con Julio, hicimos proyectos muy interesantes, entre ellos, la decoración integral de la Cafetería Las Vegas, en Independencia. Yo diseñé los mostradores de la cafetería y de la marisquería".

Antonio Ruiz Asensio se siente orgulloso de una intuición que iba a marcar su carrera: la utilización de la cartulina negra. "En eso fuimos pioneros. Había muy buenos dibujantes sobre papel blanco, pero se nos ocurrió usar el papel negro y eso asombró. Fue determinante en nuestro éxito y en nuestra independencia posterior -señala-. Julio trabajaba los espacios interiores y yo las fachadas y los diseños de muebles. El secreto de una fachada es la elección de una buena perspectiva y un buen contraste de luz".

Con todo este bagaje, el equipo de Maruvik realizó el ’zócalo urbano’ (como dice la historiadora del arte María Luisa Grau) de establecimientos como el Banco Agrícola de Aragón, la tienda Escolá, Sastrería Gazo, Bombonera Loto, Tintorería Los Alemanes o un proyecto tan fascinante, en su límpido acabado, como el Restaurante el Parador de Ágreda (Soria), por citar obras cuyos dibujos se exponen en la muestra.

Una de las características de las acuarelas y los gouaches sobre cartulina negra es la minuciosidad de detalles, la sutileza del trazo y de la tipografía, la elegancia, el sentido de modernidad, cierta atmósfera norteamericana y una leve inspiración racionalista e incluso art decó. Maruvik "determinaba desde la organización espacial, hasta la colocación de los puntos de luz, el diseño de las escayolas decorativas, el color de las pinturas, el cortinaje y tapicería, los elementos decorativos y la distribución del mobiliario, diseñado por ellos mismos", señala María Luisa Grau en el catálogo.

"A mí me encanta Velázquez y el Goya retratista, pero nosotros fuimos autodidactas. Julio y yo hablábamos mucho: éramos socios, buenos amigos y nos compenetrábamos", dice Antonio, con un leve hilo de voz. Eduardo Laborda -que ha recuperado su obra, como antes recuperó la de Luis Germán, Manuel Bayo Marín o Pedro García Aznar- afirma: "El trabajo de Antonio Ruiz Asensio por su carácter anónimo o marginal tiene las características del arte de vanguardia. Había pasado inadvertido y ahora está de moda el diseño de los 60-70 de nuevo por su carácter ultramoderno, en muchos aspectos. Antonio Ruiz Asensio es un pionero de la decoración moderna, y esta muestra es una prueba de ello".

HOY BORRADORES: GUERRA CIVIL, LABORDETA, PREMIOS DE LA MÚSICA, EL SIGLO XVIII, JESÚS GIL VILDA...

Labordeta visto, al modo cubista, por Cano.

La fotógrafa Vicky Méndiz y el cineasta Víctor Forniés acuden al programa Borradores para hablar de una emocionante publicación: ‘Silencio enterrado’ (DGA: Amarga Memoria), la investigación en torno a unos 80 asesinados en la Guerra Civil en 19 pueblos de la comarca de Borja y el Moncayo cuyos restos estaban en la fosa común del cementerio de Magallón. Méndiz y Forniés, entre otros, han hablado con familiares de las víctimas y reconstruyen sus biografías. Además, Forniés, autor de ‘La voz del viento’, explica cómo se hizo ese documental sobre el cierzo, del que se proyecta un fragmento. El otro invitado al plató es el escritor, guionista de cine y químico Jesús Gil Vilda, nacido en Zaragoza y residente en Barcelona, que acaba de publicar su primer libro: ‘Crisis de gran mal’ (El Aleph), donde cuenta la historia de un hombre que debe cerrar una empresa, trasladarse a Nueva York para empezar de nuevo y a la vez arreglar sus problemas personales y aliviar la enfermedad que le azota: la epilepsia.

Sergio Vinadé.

Esta también es la noche de José Antonio Labordeta: el cantautor y su tema ‘El canto a la libertad’ son objeto de un gran homenaje en el Paraninfo, 94 artistas aragoneses han pintado diversas letras de la canción como forma de apoyo para que se convierta en el himno de Aragón. Y Labordeta también fue un premiado, con carácter póstumo, de la noche de los Premios de la Música Aragonesa: distintos protagonistas –Antílope de Volador, Chelis, David Chapin o Servio Vinadé, de Tachenko, entre otros, o la presentadora Virginia Martínez- hablan de los galardones. Además Borradores ofrece un reportaje Aurora Egido y José Enrique Laplana, que son los coordinadores del libro ‘La luz de la razón. Literatura y cultura del Siglo XVIII. En la memoria de Ernest Lluch’, que ha publicado la Institución Fernando el Católico, un volumen que analiza las claves de la Ilustración española y aragonesa, y que ofrece, entre otros textos y estudios, la recuperación de poemas de Luzán o de la biografía de Josefa Amar y Borbón. Borradores se completa con un reportaje sobre la exposición itinerante ‘Entre los sueños y los recuerdos’ de la pintora Ana Maorad, que se trasladará del Patio de Infanta, en Ibercaja, a Logroño.

Aurora Egido, retratada por Víctor Lax.

La actuación musical corre a cargo del grupo Inaceptable, una formación jovencísima de rock clásico, fundada en el verano de 2009, que toca dos temas: ‘De vuelta a la ciudad’ y ‘Mi chica favorita’.

Borradores. Aragón Televisión. A las 0.30 de la noche. Equipo: Realización: Yolanda Liesa y Mar Marqueta (Teresa Lázaro está al frente estos días de 'Unidad móvil'). Redacción: Ana Catalá. Producción: Arantxa Melero. Dirección y presentación: Antón Castro. Productora: CHIP.

JAVIER SIERRA: EL DON SECRETO

Javier Sierra era, para un sector editorial, el esperado. En su sello anterior recibió presiones para que se aprovechase de la onda expansiva del éxito de ‘La cena secreta’, donde revelaba algunos secretos del enigmático Leonardo da Vinci. A Javier le costó hallar el tono, el argumento y la acción de ‘El ángel perdido’ (Planeta), donde mezcla dos personajes distintos, dos piedras preciosas (dos adamantas, que servirían para comunicarse con los ángeles), dos antagonistas un tanto apocalípticos, dentro de una ficción que integra la historia del ocultismo, los evangelios apócrifos, el poema de Gilgamesh, el Pórtico de la Gloria, el monte Ararat y una hilera de muertos. La intriga es tan pertinaz que hasta por ahí anda, obsesionado, el propio presidente de los Estados Unidos. Javier vive en la espiral del éxito: ha sido traducido en el último lustro a 43 lenguas y sus lectores se cuentan por millones. Su mundo, en el fondo, es el mismo de cuando era un adolescente apasionado por la radio y el esoterismo, los ovnis y las historias extrañas de Erich von Däniken en ‘Recuerdos del futuro’. Y su forma de comportarse es un la de comunicador nato que posee encanto, carisma y una sencillez que rara vez se resiente. Es feliz y triunfa, pero no necesita dar lecciones a nadie ni menospreciar a sus lectores. No quiere arreglar el mundo aunque se traslade en un autobús promocional. Se siente afortunado, intenta huir de la responsabilidad de pensar que lo leen algunos millones de lectores y sigue afirmándose en sus raíces: Teruel, el mudéjar, los amigos y la familia, ahora que es padre por partida doble. Teruel viaja siempre con él aunque ahora se haya trasladado a Compostela, a la Costa de la Muerte o a Noia, donde murió el cineasta Claudio Guerín. Teruel viaja tanto con él que su hijo varón se llama Martín en honor a la torre de San Martín.

ADIÓS A ANNIE GIRARDOT

Con Renato Salvadori, su marido de 1962 a 1965 y padre de su hija Giulia.

Casi a la vez que Amparo Muñoz, moría en Francia una gran actriz: Annie Girardot, una mujer que deslumbró al mundo en ‘Rocco y sus hermanos’ de Luchino Visconti, donde encarnaba a Nadia y compartía papel con un apuesto Alain Delon. Ha trabajado con Mario Monicelli, con Claude Lelouch, Marcel Carné, Luigi Comencini o, entre otros muchos, con André Cayatte, que la hizo protagonista de uno de los grandes éxitos de principios de los años 70 en ‘Morir de amor’. En 1994 encarnó ‘Los miserables’, película que le dio una segunda vida. Tuvo también sus períodos oscuros, de desaparición y de rumores (se dijo que había estado prisionera de las drogas, en particular de la cocaína), y se recuperó su figura en los últimos años con mucha fuerza, como pudo verse en ‘La profesora de piano’ (2001), junto a Juliette Binoche, en la película de Haneke, y en 2005 en ‘Caché’, también de Haneke, con Daniel Auteil y la citada Binoche. En los últimos tiempos, contrajo la enfermedad de Alzheimer y fue objeto de un documental sobre esa misteriosa y devastadora dolencia. Es una de las grandes actrices franceses de posguerra, un mujer de inmenso carácter, exigente en los rodajes, con personalidad, y también fue uno de los rostros, maduros, fundamentales de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. De la estirpe, con todos los matices debidos, de María Casares, Simone Signoret o Jeanne Moreau, por citar algunos nombres imprescindibles. Uno de sus compañeros dijo que sus grandes pasiones fueron tres: las drogas, el dinero, y el amor y el sexo.

 

LA GRAN NOCHE DE NATALIE PORTMAN

En Hollywood anoche ganó ’El discurso del rey’: mejor película, mejor director, mejor actor y mejor guión adaptado.

 

Pero lo que me más me alegró fue el triunfo de Natalie Portman como mejor actriz por ’El cisne negro’. Ayer, durante la transmisión de los Oscar, Luis Alegre contó que una vez la invitó al estadio Bernabéu con Gael García Bernal y que se lo pasó pipa. Se portó como la mayor seguidora del mundo.

HA MUERTO AMPARO MUÑOZ

La actriz y Miss España en 1973, y Miss Universo 1974 (la única en la historia de España), Amparo Muñoz Quesada, fallecía anoche en su casa de Málaga a consecuencia de un cáncer a los 56 años. Después de ejercer durante seis meses de ‘Miss Universo’, Amparo Muñoz comenzó su carrera cinematográfica con la película ’Vida conyugal sana’, a la que siguieron ’Tocata’ y ’Fuga de Lolita’, ’Clara es el precio’ y ’La mujer del ministro’, películas inscritas en aquel cine tópico y más bien casposo del destape.

Algún tiempo más tarde, su carrera dio un cambio importante con títulos  como ’Mamá cumple cien años’, de Carlos Saura; ’Dedicatoria’, de Jaime Chávarri, o ’El balcón abierto’, película homenaje a Federico García Lorca. Y una de sus mejores apariciones, muchos años después, fue en ‘Familia’ (1996), la película de Fernando León de Aranoa, con Juan Luis Galiardo, Elena Anaya o Agatha Lys, entre otros. En esa película, desgastada por la vida y sus circunstancias sombrías, Amparo Muñoz conservaba una belleza serena, dolorida y trabajada, y estaba extraordinaria en su papel. Cuando saltó a la fama, Amparo Muñoz fue como una aparición: era una mujer rabiosamente hermosa, suave, dulce, de un encanto irresistible.

En ’Familia’ de Fernando León.

Con el actor Ramiro Oliveros.

Con Víctor Valverde, uno de sus compañeros.

 

LA BIEN QUERIDA: SOBRIEDAD, AMOR, EMBELESO Y SUSURROS

Discuto a menudo, muy teatralmente, claro, con mi hija Aloma por Russian Red, Anni B. Sweet, Aroah y otras muchas cantantes jóvenes, entre ellas también Mabü. Casi todas ellas me fascinan. Ella es más seguidora de La bien querida: la he llevado mucho en el coche y ahora la pongo en casa. Me gusta muchísimo. Me encuentro con esta foto, la cuelgo y os recomiendo su música: suave, de amor, casi un susurro, misteriosa.