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Antón Castro

CONCLUYE LA QUINCENA MUSICAL

CONCLUYE LA QUINCENA MUSICAL

La Quincena Musical cierra su 79 edición con 6 llenos absolutos y un 91% de ocupación del Auditorio Kursaal

  • El Auditorio Kursaal se ha llenado en 6 ocasiones: “La Creación” (2 y 3 de agosto), Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), Budapest Festival Orchestra y Orfeón Donostiarra (27 de agosto), “Amoria” (29 de agosto) y WDR Sinfonieorchester de Colonia y Orfeón Donostiarra (1 de septiembre).
  • Se refuerza la apuesta por la producción propia: la Quincena ha coproducido la ópera “La italiana en Argel” presentada en esta edición, ha promovido el espectáculo “Itsasotik eskolara” estrenado en la Jornada Infantil e impulsado “Adio”, el montaje de Kukai para Arantzazu, entre otros.
  • La Quincena se reafirma una vez más como un importante punto de encuentro en el que entidades culturales locales entablan relaciones con orquestas e intérpretes internacionales que derivan en nuevos proyectos: es el caso de la presencia de la Escolanía Easo en “Amoria”, de Katia y Marielle Labèque. 

La Quincena Musical de San Sebastián clausurará esta tarde su 79 edición con el último concierto sinfónico, el segundo protagonizado por la WDR Sinfonieorchester de Colonia en la presente edición. La Orquesta alemana interpretará hoy el “Réquiem” de Berlioz acompañada por el Orfeón Donostiarra y el tenor Maximilian Schmitt, bajo la dirección de Jukka-Pekka Saraste. Este concierto pondrá fin a una edición que un año más ha superado las 90 propuestas, entre conciertos y actividades paralelas. 

El Auditorio Kursaal ha sido, también en esta edición, uno de los espacios fundamentales de la Quincena Musical. El Auditorio ha registrado 6 llenos absolutos y se ha alcanzado un 91% de ocupación. La recaudación total de taquilla asciende a 952.000 euros brutos, En cuanto al número de espectadores, cerca de 37.000 asistentes disfrutaron de las distintas propuestas de esta 79 edición. 

De entre las propuestas programadas en el Auditorio, destacan los éxitos obtenidos por las dos representaciones de “La Creación” de la Fura dels Baus (2 y 3 de agosto) que inauguraron la edición del festival con todas las entradas agotadas. También registraron llenos absolutos el concierto de la Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), el ofrecido por la Budapest Festival Orchestra y el Orfeón Donostiarra (27 de agosto) y el estreno de “Amoria”, el proyecto más reciente de las pianistas Katia y Marielle Labèque, que repasa 500 años de música vasca y reúne en torno al dúo a un nutrido grupo de músicos vascos. También el concierto de hoy sábado de la WDR Sinfonieorchester de Colonia y el Orfeón Donostiarra con el que se clausura la 79 edición ha colgado el cartel de entradas agotadas. 

La segunda propuesta escénica de esta edición supuso la recuperación de un título de Rossini en el 150 aniversario de su muerte: los días 11 y 13 de agosto, la Quincena Musical presentó la ópera “La italiana en Argel” en una coproducción de la propia Quincena, el Teatro Colón de Buenos Aires y el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial. La nueva versión de Joan Anton Rechi trasladaba la acción a la década de los 40 y presentaba una especie de representación dentro de una representación con tintes de revista. 

El Auditorio Kursaal ha sido, asimismo, un lugar de reencuentros, celebraciones y momentos para el recuerdo. El sábado 18 de agosto la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Coral Andra Mari abrieron el ciclo sinfónico de esta edición bajo la dirección de Christian Zacharias, un asiduo de la Quincena que regresaba en su doble faceta de pianista y director. El 22 de agosto, la NDR Elbphilharmonie Orchester de Hamburgo volvía a San Sebastián treinta y cinco años después de su primera y única actuación en el festival; bajo la dirección de su principal director invitado, Krzysztof Urbanski, al final del concierto la NDR sorprendió al público con la interpretación del “Agur Jaunak”. La Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), junto a su titular Yannick Nezet-Seguin, que se despide ahora de la que ha sido su orquesta en los últimos diez años, se reencontró con el público de la Quincena en el contexto de la gira internacional con la que conmemora su centenario; la Quincena quiso sumarse a la celebración con la interpretación del “Zorionak zuri”, y su equivalente en neerlandés, por parte de la Escolanía Easo. También la Budapest Festival Orchestra, que ofreció sendos conciertos los días 27 y 29 de agosto, es una orquesta habitual en la Quincena, no en vano revisitaba el festival por quinta vez en la última década; en el primero de los dos conciertos, su director, Ivan Fischer, agradeció la acogida del público con la versión original de la “Danza húngara nº4” de Brahms, a la que pusieron voz los músicos de la orquesta. El espectáculo “Amoria” resultó una exitosa recopilación de música vasca que ha supuesto el encuentro sobre el escenario de las hermanas Labèque con músicos vascos como el contratenor Carlos Mena o el grupo Hegiak y la Escolanía Easo; este primer proyecto de las pianistas con esta agrupación coral parte de su colaboración de Sir John Eliot Gardiner en la Quincena de 2016: Katia Labèque narró en la presentación de “Amoria” que fue él quien les habló de la Escolanía Easo, “el mejor coro infantil del mundo”, en palabras del director británico. Esta anécdota viene a confirmar la relevancia de la Quincena como punto de encuentro entre coros locales y artistas internacionales. 

El Teatro Victoria Eugenia ha acogido en esta edición tres citas muy diferentes entre sí: un recital a cargo del pianista francés Alexandre Tharaud, con obras de Couperin, Debussy y Satie (6 de agosto); el concierto “Diálogos célticos” en el que Jordi Savall y Carlos Núñez profundizaron en las raíces célticas de música tradicional de Escocia, Irlanda, Euskadi y Galicia (20 de agosto); y el espectáculo de danza “Les nuits barbares” de la Compañía de Danza de Hervé Koubi, un ejercicio de fusión de las diferentes culturas que han poblado la zona del Mediterráneo a lo largo de los siglos (28 de agosto). Tanto “Diálogos Célticos” como “Les nuits barbares” merecieron una gran acogida por parte del público, que agotó las entradas para ambos espectáculos. 

Avance de la programación de la 80 edición de la Quincena Musical de San Sebastián

En 2019 la Quincena Musical de San Sebastián alcanza su edición número 80. Para celebrarlo, se viene trabajando ya en el diseño de una programación que incluirá, entre otros, los conciertos de la London Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Juanjo Mena y con el pianista Javier Perianes, y la Orquesta de París y el Orfeón Donostiarra, dirigidos por Daniel Harding. La ópera elegida para su representación en la próxima edición de Quincena es “Madama Butterfly”, de Puccini, en una nueva coproducción con el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial.

VIDEO 79º Quincena Musical
https://www.youtube.com/watch?v=f_2asfkb-3A (descarga en https://we.tl/t-t5JbIIfJuo )
FOTOS 79º Quincena Musical
https://www.flickr.com/photos/quincenamusical/albums (copyright: Quincena Musical) 
*Nota de prensa de Vera Zatopkova. 
*Las hermanas Labèque, en un retrato de Brigitte Lacombe, para Figaro.

PUX PUBLICA 'LOS RESTOS DEL DISFRAZ'

Alfonso Vicente-Gella: "En los 80 a veces Zaragoza hacía pensar en Woodstock"

Su nombre artístico es Pux y a la vez da nombre a una banda que publica ‘Los restos del disfraz’, un álbum pop de 8 canciones de amor y desamor.

Antón Castro Zaragoza Actualizada 31/08/2018 a las 16:30
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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/30/alfonso-vicente-gella-los-veces-zaragoza-hacia-pensar-woodstock-1264291-1361024.html
  
  
  
 
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'.
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'. illermo Mestre

¿Desde cuándo le interesa la música?

Desde toda la vida.

¡Hombre!

Sí, sí. En los años 80, en Marianistas, estudiaba con Enrique Bunbury y con Juan Aguirre, de Amaral, y ya escribía canciones. Toqué en un grupo que se llamaba Buenos Modales, y viví el esplendor del rock de los años 80. Toda aquella movida de Zaragoza a veces hacía pensar en Woodstock. Me decía que componía para mí mismo, que era una cosa privada. Era como un autoengaño.

Disculpe. ¿Estudió con Bunbury?

Sí. Recuerdo que parecía un chico tímido, y quizá lo fuera, pero lo elegíamos delegado de clase. Se enfrentaba a los profesores cuando hacía falta y defendía a los compañeros. Entonces ya era un líder, le gustaba el rock duro y tocaba la batería.

¿Cómo era Juan Aguirre?

Igualmente tímido. Iba siempre de negro y participaba menos de la vida estudiantil.

Hablaba usted del autoengaño.

Sí. Durante muchos años me negué la pasión por la música, el gusto por escribir canciones y componerlas. Estudié Derecho, y ahora trabajo en una oficina hasta las tres. Me quedaba tiempo; a partir de los 40 decidí recuperar algo que amo. Ya no quiero dejar la música nunca más.

¿Qué hizo?

Entre otras cosas, grabé, con distintos músicos, mi primer disco: ‘Ya no tiene remedio’ en 2014. Y ahora, sale el segundo.

Perdón. Estoy un poco confundido. ¿Cómo se titula el álbum: ‘Pux’ o ‘Los restos del disfraz’?

Ja, ja, ja. Pux es como me llaman a mí desde hace muchos años. Me puso ese nombre la novia de un amigo, y desde entonces soy Pux, un apodo que incluso me gusta. El disco se titula ‘Los restos del disfraz’ y lo hemos trabajado Ricardo Pérez y yo. Yo he compuesto las canciones, y toco la guitarra y el bajo, como él, pero es un disco de los dos, con Fernando Font, Nacho Flores, Mariano García, David Molinero y Belén Estaje. Creo que Ricardo asume generosamente el proyecto Pux.

De acuerdo. Usted es sobrino de la poeta, ya fallecida, Pilar Vicente-Gella. ¿Qué le debe, cómo le marcó?

No lo sabría decir muy bien, pero es de mis familiares el único con inquietudes artísticas. Ha sido importante.

Hace algún tiempo usted hizo una canción y un vídeo: ‘Marcela en su barra de bar’; era sobre la tolerancia, la convivencia, la libertad. ¿Va por ahí el álbum?

No, no. Esa canción, de ecos latinos, fue un verso suelto. Algo especial que hicimos con mucho entusiasmo. El vídeo agradó y se divulgó. Al principio yo no sabía nada de esto, pero he aprendido. Y me gusta mucho todo el mundo de las redes sociales. Tengo un espíritu de colaboración amateur, de convivencia, de llamada. Ahora acabamos de hacer otro vídeo.

¿De qué tema?

‘Tres minutos más’. Es un homenaje al vinilo y a la fuerza del rock y de la música. Cuenta la historia de un joven abatido, desesperado, al que una canción de un roquero amado le salva la vida. Creo que con nuestra generación se mueren un poco los discos y los CD. Todo está en internet, y ¿a quién le interesa un disco?

¿De qué escribe usted?

Como el 80% de las canciones, escribo de amor y desamor, de relaciones humanas. Cuido los textos, pero no soy un cantautor ni un poeta. He aprendido que a veces con menos se da más. Huyo de la afectación y el barroquismo.

¿Tiene maestros?

Este es un disco de pop y de tonos medios. De entrada, sin duda, mis maestros son Los Beatles. Y luego The Kinks y The Who. Mi canción preferida es ‘Waterloo Sunset’, por decirle una. Y de los nuestros me impresiona Cuti Vericad: es un musicazo, talentoso, con carisma, un auténtico animal escénico capaz de cantar 41 canciones de Elvis Presley como acaba de hacer en Las Armas. Interpreta de manera genial y sabe presentar muy bien las canciones. No conozco nada igual.

¿Y usted?

Ahí voy, a mi ritmo. Con ganas de contar historias. El álbum lo hemos grabado en el estudio Séptimo Cielo de Chechu Martínez, sin prisa, a lo largo de 2017 y lo presentaremos el 7 de septiembre. Ese sosiego fue muy estimulante para mí y para todos.

 

'AMORIA', HOY, 29, EN EL KURSAAL

'AMORIA', HOY, 29, EN EL KURSAAL

 

KATIA Y MARIELLE LABÈQUE PRESENTAN HOY, 29,

EL KURSAAL, ’AMORIA’, MEMORIA SONORA DE EUSKADI

Acompañadas por un nutrido grupo de intérpretes vascos, las pianistas labortanas repasarán 500 años de música vasca

El Auditorio Kursaal acogerá mañana miércoles 29 de agosto (20:00 horas) la presentación del último proyecto de las hermanas Katia y Marielle Labèque, “Amoria”, que recoge 500 años de música vasca y al que han dado forma y grabado en disco junto a conocidos intérpretes del País Vasco. “Amoria” se presentará en directo en la Quincena Musical de San Sebastián, que quiere así otorgar un renovado protagonismo a la música vasca en su escenario principal. Junto a las pianistas labortanas estarán el contratenor Carlos Mena, la violagambista Elena Martínez de Murguía, el quinteto Hegia, formado por el cantante y percusionista Thierry Biscary, los txalapartaris Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte (Oreka TX), el cantante Eñaut Elorrieta (Ken Zazpi) y el percusionista Ander Zulaika; así como los coros infantiles Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que dirige Gorka Miranda.

Las hermanas labortanas Katia y Marielle Labèque, el dúo pianístico más famoso del mundo, se presentan a sí mismas como “dos pianistas inconformistas imposibles de encasillar”, con un repertorio que “esconde ciertas contradicciones y hasta sorpresas”. Sus interpretaciones abarcan una amalgama de los más diversos estilos musicales y tienden a saltar de clásicos como Bach, Brahms, Liszt y Mozart a “clásicos” del siglo XX como Stravinsky, Bernstein o Takemitsu, dando cabida también a compositores contemporáneos como Thomas Adès o Philip Glass. Grabaron su primer disco para dos pianos en 1970, pero dieron su salto a la palestra internacional hace casi treinta años con un repertorio inesperado: una grabación de la “Rapshody in Blue” y otras piezas de Gershwin que vendió medio millón de discos y que la revista Gramophone saludó con verdadero entusiasmo, alabando “el ritmo embriagador de las interpretaciones”.

Tras sus sonadas colaboraciones con artistas como Madonna o Sting, Katia y Marielle Labèque han llevado a cabo diversas iniciativas en el campo de la creación contemporánea. En esa línea crearon su propia casa discográfica, KML Recordings, y en el año 2005 fundaron la Fundación KML, destinada a la investigación y el desarrollo del repertorio para dos pianos a través de encuentros de artistas de diferentes ámbitos de la creación. En esa filosofía se ubica, precisamente, “Amoria”, con el que quieren rendir tributo a sus raíces repasando 500 años de música vasca, abarcando desde figuras renacentistas como Joanes Antxieta al compositor donostiarra contemporáneo Alberto Iglesias, que ha escrito una pieza específicamente para ellas. Entre estos dos extremos, las Labèque han seleccionado a autores de todas las épocas como Bernardo Zala Galdeano, Pablo Sarasate, Aita Donostia, Jesús Guridi o Gabriel Olaizola, así como piezas populares como ‘Haika mutil’, que cantará Eñaut Elorrieta. La pieza central del programa, sin embargo, será la transcripción para dos pianos y percusiones vascas del “Bolero” de Ravel, que ya grabaron en 2007 en su disco dedicado al compositor de Ziburu y que en esta nueva versión ve reforzada la presencia de la txalaparta. 

Para el estreno en directo de “Amoria” de este miércoles 29 en la Quincena han querido reunirse con los artistas que lo han hecho posible. Entre los intérpretes de música antigua destacan Carlos Mena, al que las hermanas Labèque definen como “el mejor contratenor del mundo”, y la violagambista Elena Martínez de Murguía, a la que conocieron por su trabajo el frente del Ensemble Diatessaron. La raigambre popular la aportarán los componentes del quinteto Hegiak, el nuevo proyecto del antíguo miembro de Kalakan, Thierry Biscary. Biscary es colaborador de las Labèque desde 2006, cuando participó en aquella primera versión del “Bolero” de  Ravel con txalaparta. Desde entonces, ha tocado con ellas en múltiples ocasiones y ha sido uno de los agentes clave en que el proyecto de “Amoria” haya sido posible. Junto a Biscary, forman Hegiak el cantate de Ken Zazpi, Eñaut Elorrieta; los dos componentes del grupo Oreka TX, Harkaitz Martinez de San Vicente y Mikel Ugarte, que también han actuado con las Labèque con anterioridad; y el percusionista Ander Zulaika, colaborador de artistas como Lou Topet o Rafa Rueda. A todos estos destacados solistas se les sumarán las voces de la Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que ya fueron protagonistas de la Jornada Infantil de la Quincena Musical el pasado 21 de agosto con el espectáculo “Itsasotik eskolara”.

El disco que recoge el proyecto “Amoria”, que ha sido grabado entre los estudios de Elkar (Donostia), el Convento de Santa Cruz de Azkoitia y la casa de las Labèque en Roma, salió al mercado el pasado viernes 24 de agosto, publicado por el prestigioso sello Deutsche Grammophon. 

Entradas.
 Las entradas para el concierto se pueden adquirir en la Web y en las taquillas del Kursaal y Teatro Victoria Eugenia.  

“Amoria”
Miércoles 29 de agosto, 20:00h. Auditorio Kursaal

Katia y Marielle Labèque, pianoforte y piano
Carlos Mena, contratenor 
Elena Martínez de Murguía, viola da gamba 
Hegiak (Thierry Biscary, Harkaitz Martínez de San Vicente, Mikel Ugarte, Eñaut Elorrieta, Ander Zulaika, voces y percusión)
Escolanía Easo / Araoz Gazte Abesbatza (Gorka Miranda, director de los coros)

Programa: 
Bernardo Zala Galdeano (1675-?): CON AMORES LA MI MADRE 
Balere Artxu Idiart (1780-?) (Arreglos: Francisco Ibáñez): SARABANDA 
José Gonzalo Zulaika “Aita Donostia” (1886-1956): AGOTA OÑAZEZ 
Jesús Guridi (1886-1961): DESKALABRATUA NAIZ (ELEGIACA)
Maurice Ravel (1875-1937): DEUX MÉLODIES HEBRAÏQUES (Kaddish, L’enigme eternelle)
Alberto Iglesias (1955): DISCRET CHARME AUX ARBRES
TONO AL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (anónimo)
Gabriel Olaizola (1891-1973): HAURTXOA SEASKAN
Jesús Guridi: AVE MARIA
II
HAIKA MUTIL (anónimo)
Pablo Sarasate (1844-1908): PRIÈRE OP. 17
Pierre Borcadarre «Etxahun iruri» (1908-1979): DE TREVILLEN AZKEN HITZAK
Harkaitz Martínez de San Vicente (1975) / Mikel Ugarte (1973): BATERAN
Thierry Biscary (1976): ELURRA IRUÑAN, 100 ALARGUNEN DANTZA
ARGIZAZI EDERRA (anónimo)
Maurice Ravel: BOLERO

 

http://www.labeque.com/press/4/amoria-bolero

'LA ITALIANA DE ARGEL' EN LOS 150 AÑOS DE LA MUERTE DE ROSSINI

'LA ITALIANA DE ARGEL' EN LOS 150 AÑOS DE LA MUERTE DE ROSSINI

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/22/gioachino-rossini-compositor-que-ganas-vivir-ahuyenta-tristeza-1263024-1361024.html

 

Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

“La música de Rossini me da ganas de vivir,

es fresca, divertida y ahuyenta la tristeza”

 

Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

El director de escena Joan Anton Rechi monta ‘La italiana de Argel’, compuesta en 18 días de 1813, en la Quincena Musical Donostiarra.

 

 

 

Antón CASTRO 

SAN SEBASTIÁN. Gioachino Antonio Rossini (Pésaro 1792-PassyParís1868) es uno de los grandes compositores de ópera de todos los tiempos. Ocupó la cima a principios del siglo XIX, en la estética del ‘bel canto’, con Verdi y Puccini, entre otros; de extrema dificultad vocal, cayó luego en el olvido y sería recuperado años después por la barcelonesa Conchita Supervía y por Maria Callas. Se cumplen ahora 150 años de su muerte, y su obra sigue recuperándose: ahí está ‘La italiana de Argel’ (1813), que acaba de representarse en el Kursaal de San Sebastián, dentro de la Quincena Musical Donostiarra, con dirección de escena de Joan Anton Rechi (Andorra la Vieja, 1968), que ya había montado, en 2011, ‘El barbero de Sevilla’, la obra maestra un músico que estaba fascinado por España sin haber estado nunca en nuestro país. La dirección musical es de Paolo Arrivabeni; el reparto lo encabezan Mariana Pizzolato, Nahuel di Pierro, Santiago Ballerini, Joan Marín Royo, Sebastià Peris, Arantza Ezenarro y Alejandro Acuña. Colaboran la Orquesta Sinfónica de Euskadi, dirigida por Oriol Rolch, y el coro Easo.  

“A mí me gusta hacer Rossini de manera trepidante y fresca, divertida. La música de Rossini me da ganas de vivir, te sube la energía, ahuyenta la tristeza. Me gusta darle un punto de locura, que ya tiene el original, con ecos de la comedia del arte. Escribió ‘La italiana de Argel’ en 18 días para Venecia porque se frustró otra representación. La noche del estreno el público se reía a carcajadas. Rossini lo comentó luego en una de sus cartas. ‘Yo estaba pensando que estos venecianos estaban más locos que yo’. Cuando vamos a la ópera pensamos que solo puede ser solemne, y nos olvidamos de que algunas de las piezas han sido concebidas como divertimento para entretener al público”, dice Rechi, que pasó de ser actor a director de escena de ópera, donde se siente absolutamente feliz.

“La ópera es un inmenso trabajo de equipo, un empeño coral. La ópera se acerca al arte total. Lo tiene todo: música, canto, danza, teatro, escenografía, estilismo, vestuario. Y poner todo eso en marcha es complejo y apasionante. A veces oyendo un aria te emocionas hasta las lágrimas. Cada vez más la gente agradece que los cantantes hagan bien su canto, desde luego, y que actúen también. Y aquí sucede”, agrega Rechi.

De reminiscencias cervantinas, de entrada, ‘La italiana de Argel’ es una producción en la que han intervenido el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se han hecho seis funciones, el Festival de verano de San Lorenzo del Escorial y la Quincena Donostiarra. Patrick Alfaya, su director, dice que un montaje así puede rondar los 250.000 euros; logró el lleno absoluto en sus dos representaciones.

“Cuando te hacen el encargo te pones a trabajar. Lo primero es documentarse bien. Conocer al compositor, su época y las circunstancias de la pieza. Para mí fueron claves dos elementos: Argelia era para Rossini un territorio exótico, como algo muy mítico que no estaba muy lejos, pero que era como el lejano Oriente. Él tampoco estuvo allí como tampoco Bizet estuvo en España. Y otro aspecto fue la composición misma de la pieza: es una de sus primeras obras cumbres, tenía 21 años y la compuso como un mecanismo de relojería. Fue probando cosas, cambiando y probando números, y afinando en los ensayos. Cuando empezaron a ensayar, la pieza no estaba acabada”. A Rechi le daba la sensación de ‘La italiana de Argel’, con sus mudanzas y su aspecto bufo, que tenía “el aire de esas películas musicales de los años 40 y 50 de Broadway y de las compañías itinerantes que estrenaban en provincias o en diversas giras. Y a la vez tiene un punto de la película ‘Casablanca’ y de ese período de entreguerras en que casi todo el norte de África se convirtió en un paraíso de expatriados, de gente que hacía negocios oscuros; había casinos, historias de amor románticas. Entonces había una serie de teatros y algunos de ellos pertenecían al estado español, como el Teatro Cervantes de Tánger”.

Con todo ello, con la idea de la revista española también en la cabeza, la evocación de los pintores Delacroix y Klimt, Rechi se dijo: “¿Y si fuéramos una compañía de revista que representa ‘La italiana de Argel’, con un vestuario que recuerda esa época de ‘Casablanca’, donde los hombres van con esmoquin y creamos una función de teatro dentro del teatro, con muchas cortinas?”, dice. Así creó una escenografía que fuera fácil de llevar, que se doblara, se metiera en un baúl de mimbre. “Y de ahí esta idea del decorado que sube y baja, el telón de lana dorado, con mucho brillo, con elementos evocadores y que tuviera ese aire árabe falso?”, matiza.

El espíritu de Rossini, burlesco a menudo, está muy presente incluso en los anacronismos. Suena la música de Vangelis de ‘Carros de fuego’. “Es una pequeña gamberrada. Él también hacía referencia a otros compositores: a ‘La flauta mágica’ de Mozart o a ‘El viaje de Reims’ de Beethoven’. Esos guiños son un modo de acercamiento a su poética”, insiste Rechi, que montó hace poco ‘El trovador’ de Verdi, que sucede en la Aljafería de Zaragoza, con los ‘Desastres de la Guerra’ de Goya como elemento escenográfico; estableció un paralelismo entre la historia cruel del poeta Manrique y la terrible atmósfera de la Guerra de la Independencia captada por el pintor.

“Yo creo que existe una conexión entre Rossini, Puccini y Verdi. Hacían la música contemporánea de su tiempo. Eran italianos, fueran más o menos exóticos, hablaban de la sociedad de su momento. Y los tenemos muy presentes, y a Rossini muy especialmente por su efemérides”, dice Joan Anton Rechi, que montará en breve una nueva ‘Madame Butterfly’ de Giacomo Puccini.

LA QUINCENA MUSICAL DE SAN SEBASTIÁN ATRAVIESA EL ECUADOR

LA QUINCENA MUSICAL DE SAN SEBASTIÁN ATRAVIESA EL ECUADOR

La 79 Quincena Musical atraviesa el ecuador y prepara un desembarco sinfónico de lujo 

§  Grandes orquestas internacionales
Las agrupaciones  NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, Filarmónica de Róterdam, Orquesta del Festival de Budapest y la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia pasarán por el Auditorio del Kursaal. El ciclo sinfónico del festival arranca con el concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi dirigida desde el piano por Christian Zacharias.

§  Estreno mundial de Amoria
Llega el debut de Amoria, el nuevo proyecto de las pianistas de Baiona  Katia y Marielle Labèque, que reúne obras de compositores vascos desde el Renacimiento hasta nuestros días.

§  Teatro Victoria Eugenia 
El violagambista Jordi Savall y el gaitero y flautista Carlos Núñez presentan Diálogos célticos. La Compañía de Danza Hervé Koubi cerrará la programación en esta sede del festival.

Cinco grandes orquestas, el estreno de Amoria, el proyecto conjunto de Carlos Núñez y Jordi Savall y el estreno en España del espectáculo de la compañía Hervé Koubi se podrán disfrutar durante los próximos días de la 79ª Quincena Musical de San Sebastián. El sábado 18 de agosto, la Orquesta Sinfónica de Euskadi, dirigida por el pianista Christian Zacharias, da inicio a este final sinfónico en el Auditorio Kursaal, seguida de la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo (22 de agosto), la Orquesta Filarmónica de Róterdam (24 de agosto), las doble cita con la Orquestas del Festival de Budapest (26 y 27 de agosto), Amoria (29 de agosto) y las dos fechas reservadas para la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia (31 de agosto y 1 de septiembre). En la otra gran sede del festival, el Teatro Victoria Eugenia, tendrán lugar la presentación de Diálogos célticos y la actuación de la Compañía de Danza Hervé Koubi.

La Orquesta Sinfónica de Euskadi actúa por vez primera bajo las órdenes de Zacharias. El pianista regresa al festival seis años de su última visita en su doble condición de pianista y director. El programa, de corte clásico, agrupa dos obras tan dispares como la Sinfonía nº 49 La Passione, de Joseph Haydn, y el rara vez escuchado Réquiem en do menor, compuesto por su hermano menor Michael Haydn. Para la ejecución de esta obra, la orquesta estará acompañada por Andra Mari Abesbatza y un elenco de solistas entre los que destaca la donostiarra Clara Mouriz. En medio, entre Haydn y Haydn, el Mozart más intenso representado por su Concierto para piano nº24, en el que se podrá disfrutar, una vez más, del hondo y siempre personal arte pianístico de Zacharias. Para este programa la soprano donostiarra Elena Sancho-Pereg ha sido sustituida por la soprano Alicia Amo.
 
La siguiente formación que este año recala en el ciclo sinfónico del Auditorio Kursaal es la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, que desde 1986 no había vuelto a San Sebastián. El programa diseñado para la ocasión contempla la bucólica Sinfonía nº2 de Johannes Brahms, y una selección de los cantos populares alemanes a los que puso música Gustav Mahler que se podrán escuchar en la voz del barítono Christian Gerhaher, uno de los mayores intérpretes de este repertorio. En el podio, un director cada vez más solicitado, Krzysztof Urbanski, actual director titular de la Orquesta Sinfónica de Indianápolis, Estados Unidos, principal director invitado de la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, y que ya ha dirigido orquestas como Filarmónica de Berlín, Sinfónica de Londres, o Filarmónica de Munich.

Otra destacada batuta, Yannick Nézet-Séguin, que en apenas unos años se ha situado entre los directores de orquesta más valorados y reconocidos del siglo XXI, dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Róterdam dentro de su gira de despedida como director titular de la formación holandesa, a la vez que se celebra el 100 aniversario de esta orquesta. Presentará un programa que arranca con los aires clasicistas de Mozart, representado por su bien conocida Sinfonía nº 35, Haffner; se adentrará en el universo romántico de Franz Liszt y su Concierto para piano nº2; y concluirá con la siempre comprometida Sinfonía nº 4, de Piotr Ilich Tchaikovsky. Al teclado, como solista del concierto de Liszt, uno de los más relevantes pianistas americanos, Yefim Bronfman, poco habitual en los escenarios españoles, pese a su destacada carrera internacional.

Las dos siguientes citas sinfónicas programadas para el Kursaal están protagonizadas por la Orquesta del Festival de Budapest que, al igual que en sus anteriores visitas a la Quincena, actuará bajo las órdenes del maestro Ivan Fischer. En la primera de las dos citas la orquesta ofrecerá un original programa vinculado a la música de su país, Hungría, y en el que incluye una obra del navarro Sarasate. En su segunda intervención, la formación húngara contará con el apoyo del Orfeón Donostiarra para interpretar las Vísperas Solemnes del Confesor, de Mozart, además de la Sinfonía nº4 de Gustav Mahler.

Otra formación que ofrecerá un doble programa es la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia, que será dirigida por su titular Jukka-Pekka Saraste. El programa del primer día abordará una de las obras capitales del siglo XX y una de las más innovadoras de toda la historia de la música: La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky. En la primera parte del concierto se escuchará el romántico y temprano Concierto para piano nº1, de Brahms, que interpretarán junto al pianista Igor Levit. El segundo día, la orquesta alemana ofrecerá el sobrecogedor Réquiem, de Hector Berlioz, dramáticamente subtitulado por el propio compositor francés como “Gran misa de muertos”. Se trata de una de las composiciones más impactantes del compositor y en su interpretación en el festival se sumarán las voces del tenor solista Andrew Staples y el Orfeón Donostiarra.

La oferta del Auditorio Kursaal se completará con el estreno del nuevo proyecto de Katia y Marielle Labèque, “Amoria”, con el que el dúo de pianistas de Baiona rinde homenaje a la música vasca en sintonía con el hilo conductor de esta edición: el mito y la tradición. El repertorio seleccionado para tal efecto recoge obras de compositores vascos que van desde Juan de Antxieta (1462-1523) hasta Alberto Iglesias. Para llevar a cabo esas versiones, Katia y Marielle Labèque contarán con la participación del contratenor Carlos Mena, el grupo Hegiak, compuesto por el percusionista Ander Zulaika, los virtuosos de la txalaparta Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte o el cantante de la banda Ken Zazpi, Eñaut Elorrieta, entre otros.

Tras el primer concierto ofrecido por el pianista Alaxandre Tharaud, llegan al Teatro Victoria Eugenia dos pesos pesados de la música: el violagambista Jordi Savall y el gaitero y flautista Carlos Núñez, que presentan su proyecto Diálogos célticos. La tercera y última cita en esta sede del festival será ofrecido por la Compañía de Danza Hervé Koubi. El coreógrafo francés de raíces argelinas y su compañía presentarán en España el espectáculo Les Nuits Barbares, un tributo a los pueblos bárbaros olvidados a través de réquiems de Mozart y Fauré, música tradicional africana, cultura hip-hop y capoerística.

Esta edición de la gran cita musical del verano donostiarra está dedicada al diálogo entre mito y tradición y su reflejo en la música. Compuesta por  93 las propuestas musicales incluidas en la programación de esta edición que arrancó el pasado 2 de agosto y finalizará el 1 de septiembre. La Quincena continúa asimismo desarrollando sus habituales ciclos paralelos: Música Antigua, Jueves de Música en San Telmo, Órgano, Jóvenes Intérpretes, Quincena Andante y Quincena Infantil.
* Las pianistas Katia y Marielle Labèque. 

HISTORIA DE JAVIER MORACHO

HISTORIA DE JAVIER MORACHO

Javier Moracho, nacido para volar

 

El atleta de Monzón, séptimo en las Olimpiadas de Moscú, fue un verdadero maestro de 60 y 100 metros vallas

 

Javier Moracho (Monzón, Huesca, 1957) es el mejor atleta aragonés de todos los tiempos. Y eso que por ahí andan deportistas de tanta enjundia como Luis María Garriga o Eliseo Martín, pongamos por caso. Posee un palmarés envidiable en dos pruebas tan exigentes, tan técnicas, como los 110 y 60 metros vallas, donde obtuvo numerosas medallas en España (diecisiete títulos nacionales), en Europa y en el mundo. Quizá el mayor hito de su trayectoria sea su séptimo puesto en la final de 110 metros vallas en las Olimpiadas de Moscú-1980, donde habría entrado en el medallero (ganó el alemán Thomas Munkett) de no haber tropezado en el último obstáculo; salió a trompicones, intentó remontar con su furia habitual, su poderosa zancada y una clase fuera de toda duda, pero no le dio tiempo. Javier Moracho suele decir que la suya era, y es, una prueba de relojería: exige concentración, dominio del salto, método y exactitud, ritmo y velocidad. Y él lo tenía todo, impulsado, además, por una explosiva salida, acaso su mayor virtud: era de los atletas que mejor iniciaban la carrera. Arrancaba vertiginoso como una centella con su bigote rubio, su melena al viento, su elegancia y un gran sentido de la competitividad.

Unas Olimpiadas (donde el atletismo es el deporte rey) o unos Campeonatos del Mundo, como ahora los de Pekín-2015, son los grandes escaparates de un corredor. Lo importante no está en los campeones más mediáticos (¿quién va a discutir la grandeza de los velocistas Usain Bolt, Carl Lewis, Shelly Ann Fraser Pryce o del mediofondista Coe?), sino en comprobar cómo trabaja un saltador de pértiga, de triple salto o de altura, o esos atletas especializados solo en una distancia a la que le dedican su sacrificio y horas incontables de perfeccionamiento.

Moracho, tras practicar fútbol, balonmano y cross, optó, en Monzón y con quince años, por una disciplina con escasa tradición como las vallas y deslumbró a lo largo de una década: desde 1978 hasta 1988 conquistó títulos, pugnó con los mejores (desde los norteamericanos Renaldo Nehemiah, tan fugaz, Roger Kingdom o Greg Foster, al británico Colin Jackson, el cubano Alejandro Casañas o el finlandés Arto Bryggare), aunque se retiraría dos años después, en 1990. Curiosamente, su mejor marca en los 110, 13.42 (récord nacional durante años hasta que lo batió Jackson Quiñonez), la logró en 1987. El día de su adiós, Santiago Segurola anunció que se iba “el mejor vallista español de todos los tiempos”.

Participó en 63 citas internacionales y fue capitán del combinado nacional, corrió en las Olimpiadas de Moscú-1980, Los Ángeles-1984 (no llegó a la final por una centésima) y Séul-1988, y vivió una rivalidad épica con Carlos Sala, otro formidable vallista. Eran amigos lejos de la competición y trabajaban a las órdenes del mismo entrenador, Jaime Enciso. Repetían el enfrentamiento, tan hispánico, que se había dado con Ocaña y Fuente en ciclismo, Carrasco y Velázquez en boxeo, Abascal y González en el medio fondo. El uno al otro se ayudaron a mejorar.

Si Moscú supone un momento inolvidable, hay otros muy meritorios: fue medalla de plata en los Campeonatos Mundiales de París en 1985, en 60 metros y en pista cubierta, y en 1986, en el Campeonato Europeo de Madrid, venció al finlandés Arto Bryggare, uno de sus grandes rivales europeos. Realizó una carrera impresionante: visto y no visto, aceleración, compás, fluidez absoluta y, ¡zas!, victoria. A principios de los años 80, Javier Moracho, que se trasladó a Estados Unidos, fue el primer blanco del mundo en su categoría.

Hombre de mundo, simpático y seductor, uno de los atletas más atractivos del circuito, se licenció en Educación Física, igual que su mujer Araceli, y nunca ha estado al margen del deporte. El ciclismo es otra de sus pasiones: trabaja en Unipublic y de comentarista para Eurosport. Conoce el atletismo como la palma de su mano. Él estuvo en la élite y fue temido y respetado. Todo un profesional que jamás se olvidó de sus orígenes, Monzón, esa factoría de ocho atletas olímpicos.

 

 LA ANÉCDOTA

 “La música, el baile y el deporte son de la raza negra. A mí me habría gustado ser negro para correr más rápido. En el año 1981 era el primer vallista blanco del ranquin mundial: me fui un año a entrenar con ellos a los Estados Unidos, a una Universidad, y me di cuenta de que son superiores. Regresé con mi entrenador Jaime Enciso a España a entrenar la técnica para poder estar con ellos en las grandes competiciones”, confesó Javier Moracho. En buena medida lo hizo. Y no solo eso: fue popular e hizo tres espots publicitarios, uno de ellos para el desodorante Rexona. El que no abandona...

 

ISABEL Y LEONCIO: PRIMOS SEGUNDOS

ISABEL Y LEONCIO: PRIMOS SEGUNDOS

CUENTOS DE VERANO

 

Primos segundos

 

No sabía de dónde le venía aquella seguridad. Su hermana Paca –que podía ser campesina, panadera, modistilla o administrativa de las Hermandades del Campo- la protegía con sutileza y evitaba que la mandasen a la siega o a guardar a la serranía y al monte. Quizá a ella le contase su primer secreto: en las sesiones de teatro le había tocado en suerte compartir protagonismo con Leoncio. Era lo que más había deseado. Hacían de novios, o de jóvenes que despertaban al amor con las palabras justas, el silencio tímido y las miradas aún limpias. Él procedía de una masada y era por tanto habilidoso, inventor y quizá un soñador. Hacía carbón vegetal, injertos en los cerezos y los ciruelos, trazaba canales de riego, ordenaba las listas de la mina y era muy ágil con las cuentas. Más que rápido, vertiginoso. A la vez poseía otro don: era un contador de historias. Un romancero. Tenía una facilidad innata para encerrar a los vecinos de un barrio en un poema. Si le hubieran pedido que, en juna de esas noches de verano a la fresca, recitase sus versos, lo habría hecho. Los sabía de memoria, pero también llevaba un cuaderno con los poemas, redactado con una letra muy bonita. En las clases de caligrafía era el más avanzado.

La obra salió muy bien. Hubo aplausos y felicitaciones. A los dos se les veía muy felices, aunque ella era pudorosa y no quiso presumir del éxito. Eran tiempos difíciles, por otra parte. Los maquis andaban por los montes y a veces, desesperados por las soledades y el hambre, se convertían en salteadores de caminos. Algún vecino quería aprovecharse de la situación, y le mandó varios anónimos amenazantes a su padre. Ella y su hermana Paca podrían pasarlo muy mal, en las eras, en la fuente o en el plano de la iglesia, si no atendía a razones. En su casa, se guardó silencio. El drama y la felicidad iban de la mano, como una corriente subterránea de sensaciones contradictorias. Otra compañera se prendó de su novio, y le dijo: “Está por mí”. Meses más tarde, ante su suave indiferencia, añadió que era un picaflor, que se entendía en la umbría del cementerio o en los Santanales con Aurorita, Leonor y Josefa, la hija de los cabreros. Isabel no se inmutaba, y al final, sin perder su media sonrisa, exhibió sus certezas: “No pierdas el tiempo, ni te hagas mala sangre. Es para mí”. Hacía más de una semana que habían pedido dispensa papal a Roma para casarse porque eran primos segundos.

 

*Este texto se publicó en Heraldo, el domingo de julio en que Isabel Brumós Andrés cumplía 88 años.

 

VILLANUEVA DE JALÓN: FOTOGRAMA DEL OLVIDO

Fotograma del olvido

 

A veces uno está fuera del mundo o tan adentro del suyo que no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. Aunque había estado en Chodes y en Morata de Jalón, no se había enterado de la existencia de Villanueva de Jalón. Alguien le dijo que era el momento de ir. Lo hizo con diversos amigos y con Paco, que había sido el penúltimo en nacer allí, en 1955. Durante el viaje le contó algunas experiencias de su vida y fijó su obsesión en la torre, a la que el conde de Morata le añadió un último tramo que permitió instalar una campana. Paco dijo que tenía fama de ser la torre mudéjar más alta de Aragón porque se elevaba sobre un cerro con vistas sobre el río, que dejaba una vega estrecha a su paso. Cuando llegaron y vio Villanueva de Jalón, a unos pocos metros de la carretera, no daba crédito. El pueblo parecía un mini Belchite, decrépito e inclinado, sin una sola casa en pie, tomado por el desaliño azaroso de la naturaleza. Paco le había dicho que allí hubo dos familias hasta 1963; la suya se trasladó a Morata y él tardó muchos años en regresar. Ahora ese lugar, que fue expoliado, produce pavor y desconcierto. Cerca pasa el AVE y también los trenes regulares, que hacen temblar la tierra, tanto que hay un dicho que dice que “es el único pueblo de Aragón que tiene metro”. En la plaza está el edificio que fue escuela, que aún conserva sus pequeñas escaleras y quizá el eco espectral de los niños. Paco habla de las bodegas y trujales, de las atalayas defensivas y del cementerio, donde yacen sus antepasados. Y otro visitante, Antonio, explica que él vivió varios años en Barcelona y que un día decidió regresar a sus raíces. Ha vivido de múltiples oficios, pero siempre con una pasión: el arte, la cultura, la tierra, el peso de la memoria. Confiesa que la iglesia, adosada a la torre, con sus yeserías de inspiración mudéjar y su silencio, es su refugio, igual que los miradores que se abren al valle y a la antigua noria, que debió alimentar una fábrica de papel. Es el sitio habitado por fantasmas donde le gusta pensar. De repente, Paco dice: “En esta habitación fui engendrado. Me gustaría que enterrasen aquí mis cenizas”. Una columna de buitres rompió el cristal del aire y sobrevoló la zona con la insolente belleza de su vuelo. Todo parecía un espejismo de verano: un esqueleto de piedra, de recuerdos y de olvido.

 

*De la serie veraniega de Heraldo, 'Cuentos de Verano'.