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Antón Castro

MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

Vida, libros y exilo de María Dolores Arana

 

La escritora vasca, que vivió dos décadas con el escritor zaragozano José Ramón Arana, ha sido objeto de una tesis de Mar Trallero

 

Antón CASTRO

La profesora Mar Trallero (Barcelona, 1975), que reside actualmente en Pensilvania, Estados Unidos, leyó hace unos meses una tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la escritora María Dolores Arana (Zumaya, Guipúzcoa 1910-Hermosillo, México, 1999), que vivió durante dos décadas con el escritor aragonés José Ramón Arana (1905-1973), con quien tuvo dos hijos: Federico y Juan Ramón.

Cuenta Mar, que está vinculada con Samper de Calanda: “Fui a México DF a hacer la investigación para un trabajo sobre el exilio femenino de 1939 e hice muchas entrevistas a mujeres refugiadas. A María Dolores Arana no se la pude hacer porque ya hacía algunos años que había fallecido, pero me habló de ella James Valender, yerno de Paloma Altolaguirre, hija de los poetas Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, y gran estudioso de la poesía del exilio republicano español de 1939. Yo le comentaba lo que había encontrado en las entrevistas y él me habló de Arana como la persona que aglutinaba todas aquellas circunstancias que habían sufrido las distintas mujeres españolas en México, de manera esporádica o parcial”. Mar Tralleró pensó que a través de la autora de ‘Canciones en azul’ (Cierzo, Zaragoza, 1935), se podía explicar muy bien el caso diferenciado de la mujer refugiada de 1939 en México.

“El hecho también de tener unas conexiones tan intensas con algunos personajes de renombre la hacía más interesante. Luego, el extraordinario paralelismo con su amiga Concha Méndez terminó de fascinarme”. Además de Concha Méndez, poeta del 27, tuvo contacto con Luis Cernuda, al que admiraba mucho y fueron buenos amigos, con Manuel Altolaguirre, con Octavio Paz y con Camilo José Cela, con quien se carteó en los años 60 y le publicó textos en ‘Papeles de Son Armadáns’.

Fue clave su conexión zaragozana, especialmente antes de la Guerra Civil. Explica Mar Trallero: “El poeta, libreto y galerista Tomás Seral y Casas la introdujo, seguramente a iniciativa de otro colaborador, en ‘Noreste’, una revista literaria de calidad y reconocida. Por lo tanto, ello hizo posible que a Arana se la conociera y se la considerara en buena medida como promesa de la poesía, algo que la guerra truncó por completo”. Sería aquí, en Zaragoza, donde publicó su primer libro, con ecos de la poesía popular y Góngora, filtrado un poco por Gerardo Diego. El dibujante y arquitecto Federico Comps le hizo un retrato.

“No creo que María Dolores se estableciera nunca en Zaragoza, aunque cabe esa posibilidad porque los años de la República, en su vida, permanecen muy oscuros, desconocidos. Ella estudió para formar parte del cuerpo de aduanas, y consiguió entrar como funcionaria en el cuerpo auxiliar de aduanas, pero la plaza que tenía cuando estalló la guerra era la de Irún. A causa de la toma franquista del territorio, la trasladaron a Barcelona”. Parece más que probable que fuese allí donde conociera a José Ramón Arana, que entonces era sindicalista y usaba su auténtico nombre: José Ruiz Borau. El futuro autor de ‘El cura de Almuniaced’ era primo del escritor y cineasta José Luis Borau.

 “Podrían haber coincidido en Barcelona o Zaragoza, pero no creo que hubiera pasado de un encuentro más bien casual. Durante la guerra fue cuando se conocieron bien e iniciaron su relación, que tuvo que ser apasionada en un principio por lo menos”. Se fueron juntos de España porqué tenían muchas posibilidades de ser represaliados. “Ella, con una familia franquista que la pudiera avalar, quizás lo tenía más fácil para quedarse. María Dolores amaba profundamente su tierra, pero se fue con él y, pese a las extremas dificultades (embarazada, sin recursos monetarios, con el miedo a la detención, con el ingreso de Ruiz Borau en un campo de refugiados) desoyó los ruegos de su familia y se marchó a América. Él, casado con Mercedes Gracia y con cuatro hijos pequeños a los que dejó cerca de Barcelona, cambió su identidad para crear una nueva”. Pasó a ser José Ramón Arana, y decía que era periodista y nacido en San Sebastián.

La vida no fue nada fácil. José Ramón Arana fue recluido en un campo de concentración en Francia, y María Dolores hizo lo indecible para ayudarlo a salir. Al fin lograron instalarse en México. José Ramón creó diversas librerías (como contó Simón Otaola en ‘La librería de Arana’) y fundó varias revistas y mantuvo su actividad política. “Ella se dedicó a sacar las castañas del fuego de la familia. Hacía mil y un trabajos para poder subsistir (vender colonia, coser muñecas, dar clases de piano...) y aún así sacaba fuerzas para continuar escribiendo poesía, y colaborando gratuitamente en revistas del exilio, fundadas por su marido, para no perder aquel primer atisbo de compromiso literario que había adoptado en España”. En 1953 publicó, con prólogo de Concha Méndez, su segundo poemario: ‘Árbol de sueños’, de lírica intimista y un tanto pesimista.

En 1960 María Dolores y José Ramón se separaron. El escritor tuvo otro hijo, Veturián, con su nueva compañera: la profesora de música Elvira Godás. Con esta pudo hablar Mar Trallero y le contó su inmensa desolación tras la ruptura. En 1966 publicaría ‘Arrio y su querella’, una historia de la filosofía cristiana, y en 1987 una insólita novela: ‘Zombies. El misterio de los muertos vivientes’, que obedecía a su interés por el vudú y el recuerdo de unos meses en La Martinica.

“MDA era una mujer con una extraordinaria capacidad intelectual, pero pese a ello con muchas inseguridades que explicaban un carácter más bien tosco, muy introvertido, muy vasco según me han dicho varias personas vascas. Era una mujer muy exigente, con ella misma y con los demás, también enormemente honesta y generosa en la amistad”, resume Mar Trallero.  Era tan humilde que fue el bibliófilo José Luis Melero quien le mandó a su hijo Federico la fotocopia del primer libro: ‘Canciones en azul’, del que no sabía nada.

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón.

 

RETRATO DE CONCHA MÉNDEZ

RETRATO DE CONCHA MÉNDEZ

Concha Méndez, siete años de amor con Buñuel

 

Se publica una nueva edición de las ‘Memorias habladas, memorias armadas’ de la poeta de la generación del 27 que fue novia del cineasta

 

Concha Méndez Cuesta (1898-1986) es una de las poetas del 27 y una mujer que vivió intensamente una existencia tumultuosa y rica: nació en Madrid, fue la mayor de once hermanos, se educó con una institutriz francesa (escribió poemas en francés antes que en castellano), veraneaba en Santander y San Sebastián, fue campeona de natación, aunque era una fumadora compulsiva, viajó desde pequeña a París con una de sus hermanas, estudió en el Liceo Club Femenino y, poco a poco, se convirtió en una de las voces de la Generación del 27. Fue amiga entrañable de Vicente Aleixandre, de Pablo Neruda y de Federico García Lorca, tuvo un sueño premonitorio de su asesinato en la presentación del libro ‘La realidad y el deseo’ del raro Luis Cernuda, y de algunos nombres más: Maruja Mallo y Rafael Alberti, que eran pareja, Manuel Altolaguirre, que sería su marido, y Luis Buñuel, que fue su novio a lo largo de casi siete años. Un amigo aragonés, cuyo nombre no recordaba, se lo presentó en San Sebastián y no tardaron en formalizar su noviazgo.

Así se lo contó ella a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre (Ciudad de México, 1957), que le grabó sus recuerdos durante varios sábados, octogenaria ya y víctima de los desaires del exilio, donde “permaneció aislada”. Esas impresiones se recogieron en el libro ‘Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas’ (Renacimiento. Biblioteca del Exilio, 2018). Paloma escribe: “Después de la guerra se quedó al margen, desilusionada de todo. Al reflexionar sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido víctimas de una trampa impuesta desde el exterior, que bajo pretexto de defender ideales se habían asesinado entre hermanos, amigos y vecinos. Sumada a esta desesperanza, a esa tristeza por haber visto tanta muerte, estaba la misoginia de sus compañeros”, con el poeta y antólogo Gerardo Diego a la cabeza.

En este libro, breve pero enjundioso, sincero y descarnado en ocasiones, Concha Méndez habla de todo sin rencor en una narración elegante que explica la importancia de la cultura española anterior a la Guerra Civil, de las angustias de la contienda (el miedo, las fugas, las bombardeos, el éxodo definitivo) y de una vida errante, que la llevó a Buenos Aires, Londres (allí dio una conferencia sobre la relación entre Goya y su maestro y suegro Bayeu), Cuba, donde coincidió con la pensadora María Zambrano, autora de un cariñoso prólogo, y finalmente a México, período último en el que mantuvo una amistad muy especial con los Arana, los aragoneses José Ramón Arana, nacido en Garrapinillos, y su segunda esposa María Dolores, que le guardó sus animales mientras construían su casa de Coyoacán. Concha Méndez quiso ser, sin aspavientos, una mujer emancipada, una ‘sinsombrero’ en aquel Madrid de la Residencia de Estudiantes, y acabó siendo en España y en México, hasta su separación en 1944, la compañera del poeta, impresor y tipógrafo Manuel Aguirre, que un día, cuando ya asomaba otra mujer a su vida, le dijo que “sería mejor que estuvieras sola, porque él me daba sombra”. “Ni eres sombra, ni eres largo”, le contesté”.

Así cuenta su relación con Buñuel, “el director de cine”. “En aquel tiempo éste se interesaba solo por los insectos. Nos pusimos en relaciones, teníamos la misma edad [Buñuel era dos años más joven], estuvimos juntos durante siete años. Nos veíamos todos los días, pero no podíamos salir solos (…) Buñuel vivía en la Residencia de Estudiantes, junto con García Lorca, Dalí, Moreno Villa y otros. Vivía y asimilaba, porque era un chico inteligente. Y yo, en el inconsciente, seguramente me iba enterando de la posibilidad de otro mundo, que no fuera la familia, los hermanos: cada dos años nacía uno”.

Recuerda que Luis empezó a estudiar entomología. “Me regalaba insectos y ratones blancos. Yo misma leía los libros de Faber. Curiosamente, he visto que en algunas de sus películas aparece como detalle de gracia un insecto. En nuestra juventud estaba de moda ir a bailar y a tomar el té por las tardes a los grandes hoteles: el Ritz y el Palace. (…) Cuatro veces por semana íbmos a bailar y los demás días al cine y al Retiro”. Dice que Buñuel llevaba doble vida. “Nunca nos reunimos juntos con los chicos de la Residencia de Estudiantes. La vida dividida entre los amigos y la novia era una costumbre de la época; me hablaba de ellos, pero nunca me los presentó. Me pregunto cómo podía conciliar ambos mundos: uno más frívolo, nuestra vida en común, y el otro artístico, en el que se filtraban rasgos surrealistas”. Cuenta que tenía la misma caligrafía, que en San Sebastián iban a las carreras de coches y a la playa. A Buñuel le gustaba mucho la música, “sabía leerla y al asistir llevaba las partituras”. Él le regaló una radio, “era emocionante escucharlo, pero tenía que disfrutarlo a solas. Al novio se le hablaba por teléfono o se le veía en la calle, para que entrara en la casa, tenía que pasar el tiempo. Me regalaba muchas cosas, era espléndido”.

A Luis Buñuel le ofrecieron un puesto en la Sociedad de Naciones de París. “Lo quería para que pudiéramos casarnos”, dice, pero eso marcaría el fin. “No volvió y yo tampoco volví: no volví, aunque todavía no me había ido. Aquella relación la comparo ahora con un vicio”. Se encontrarían algunos años después, en Madrid y San Sebastián. “Con Buñuel había quedado como amiga; cada verano que él volvía a San Sebastián nos encontrábamos. Recuerdo que una de las veces se hospedó en un hotel elegante, al que me invitó a tomar el té”. Más tarde, convertida ya en poeta, Concha Méndez Cuesta viajó a París, se enteró Luis Buñuel, la citó. “Me llevó a ver sus películas, ‘El perro andaluz’ y ‘La edad de oro’, que llevaban tiempo exhibiéndose en una cine-club; después comimos juntos y caminamos por la ciudad hasta despedirnos”. En esos días, oyó hablar del que iba a ser su marido, Manuel Altolaguirre, poeta e impresor de revistas como ‘Lola’, ‘Litoral’, ‘Héroe’ o ‘Caballo verde para la poesía’.

 

CONCLUYE LA QUINCENA MUSICAL

CONCLUYE LA QUINCENA MUSICAL

La Quincena Musical cierra su 79 edición con 6 llenos absolutos y un 91% de ocupación del Auditorio Kursaal

  • El Auditorio Kursaal se ha llenado en 6 ocasiones: “La Creación” (2 y 3 de agosto), Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), Budapest Festival Orchestra y Orfeón Donostiarra (27 de agosto), “Amoria” (29 de agosto) y WDR Sinfonieorchester de Colonia y Orfeón Donostiarra (1 de septiembre).
  • Se refuerza la apuesta por la producción propia: la Quincena ha coproducido la ópera “La italiana en Argel” presentada en esta edición, ha promovido el espectáculo “Itsasotik eskolara” estrenado en la Jornada Infantil e impulsado “Adio”, el montaje de Kukai para Arantzazu, entre otros.
  • La Quincena se reafirma una vez más como un importante punto de encuentro en el que entidades culturales locales entablan relaciones con orquestas e intérpretes internacionales que derivan en nuevos proyectos: es el caso de la presencia de la Escolanía Easo en “Amoria”, de Katia y Marielle Labèque. 

La Quincena Musical de San Sebastián clausurará esta tarde su 79 edición con el último concierto sinfónico, el segundo protagonizado por la WDR Sinfonieorchester de Colonia en la presente edición. La Orquesta alemana interpretará hoy el “Réquiem” de Berlioz acompañada por el Orfeón Donostiarra y el tenor Maximilian Schmitt, bajo la dirección de Jukka-Pekka Saraste. Este concierto pondrá fin a una edición que un año más ha superado las 90 propuestas, entre conciertos y actividades paralelas. 

El Auditorio Kursaal ha sido, también en esta edición, uno de los espacios fundamentales de la Quincena Musical. El Auditorio ha registrado 6 llenos absolutos y se ha alcanzado un 91% de ocupación. La recaudación total de taquilla asciende a 952.000 euros brutos, En cuanto al número de espectadores, cerca de 37.000 asistentes disfrutaron de las distintas propuestas de esta 79 edición. 

De entre las propuestas programadas en el Auditorio, destacan los éxitos obtenidos por las dos representaciones de “La Creación” de la Fura dels Baus (2 y 3 de agosto) que inauguraron la edición del festival con todas las entradas agotadas. También registraron llenos absolutos el concierto de la Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), el ofrecido por la Budapest Festival Orchestra y el Orfeón Donostiarra (27 de agosto) y el estreno de “Amoria”, el proyecto más reciente de las pianistas Katia y Marielle Labèque, que repasa 500 años de música vasca y reúne en torno al dúo a un nutrido grupo de músicos vascos. También el concierto de hoy sábado de la WDR Sinfonieorchester de Colonia y el Orfeón Donostiarra con el que se clausura la 79 edición ha colgado el cartel de entradas agotadas. 

La segunda propuesta escénica de esta edición supuso la recuperación de un título de Rossini en el 150 aniversario de su muerte: los días 11 y 13 de agosto, la Quincena Musical presentó la ópera “La italiana en Argel” en una coproducción de la propia Quincena, el Teatro Colón de Buenos Aires y el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial. La nueva versión de Joan Anton Rechi trasladaba la acción a la década de los 40 y presentaba una especie de representación dentro de una representación con tintes de revista. 

El Auditorio Kursaal ha sido, asimismo, un lugar de reencuentros, celebraciones y momentos para el recuerdo. El sábado 18 de agosto la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Coral Andra Mari abrieron el ciclo sinfónico de esta edición bajo la dirección de Christian Zacharias, un asiduo de la Quincena que regresaba en su doble faceta de pianista y director. El 22 de agosto, la NDR Elbphilharmonie Orchester de Hamburgo volvía a San Sebastián treinta y cinco años después de su primera y única actuación en el festival; bajo la dirección de su principal director invitado, Krzysztof Urbanski, al final del concierto la NDR sorprendió al público con la interpretación del “Agur Jaunak”. La Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), junto a su titular Yannick Nezet-Seguin, que se despide ahora de la que ha sido su orquesta en los últimos diez años, se reencontró con el público de la Quincena en el contexto de la gira internacional con la que conmemora su centenario; la Quincena quiso sumarse a la celebración con la interpretación del “Zorionak zuri”, y su equivalente en neerlandés, por parte de la Escolanía Easo. También la Budapest Festival Orchestra, que ofreció sendos conciertos los días 27 y 29 de agosto, es una orquesta habitual en la Quincena, no en vano revisitaba el festival por quinta vez en la última década; en el primero de los dos conciertos, su director, Ivan Fischer, agradeció la acogida del público con la versión original de la “Danza húngara nº4” de Brahms, a la que pusieron voz los músicos de la orquesta. El espectáculo “Amoria” resultó una exitosa recopilación de música vasca que ha supuesto el encuentro sobre el escenario de las hermanas Labèque con músicos vascos como el contratenor Carlos Mena o el grupo Hegiak y la Escolanía Easo; este primer proyecto de las pianistas con esta agrupación coral parte de su colaboración de Sir John Eliot Gardiner en la Quincena de 2016: Katia Labèque narró en la presentación de “Amoria” que fue él quien les habló de la Escolanía Easo, “el mejor coro infantil del mundo”, en palabras del director británico. Esta anécdota viene a confirmar la relevancia de la Quincena como punto de encuentro entre coros locales y artistas internacionales. 

El Teatro Victoria Eugenia ha acogido en esta edición tres citas muy diferentes entre sí: un recital a cargo del pianista francés Alexandre Tharaud, con obras de Couperin, Debussy y Satie (6 de agosto); el concierto “Diálogos célticos” en el que Jordi Savall y Carlos Núñez profundizaron en las raíces célticas de música tradicional de Escocia, Irlanda, Euskadi y Galicia (20 de agosto); y el espectáculo de danza “Les nuits barbares” de la Compañía de Danza de Hervé Koubi, un ejercicio de fusión de las diferentes culturas que han poblado la zona del Mediterráneo a lo largo de los siglos (28 de agosto). Tanto “Diálogos Célticos” como “Les nuits barbares” merecieron una gran acogida por parte del público, que agotó las entradas para ambos espectáculos. 

Avance de la programación de la 80 edición de la Quincena Musical de San Sebastián

En 2019 la Quincena Musical de San Sebastián alcanza su edición número 80. Para celebrarlo, se viene trabajando ya en el diseño de una programación que incluirá, entre otros, los conciertos de la London Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Juanjo Mena y con el pianista Javier Perianes, y la Orquesta de París y el Orfeón Donostiarra, dirigidos por Daniel Harding. La ópera elegida para su representación en la próxima edición de Quincena es “Madama Butterfly”, de Puccini, en una nueva coproducción con el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial.

VIDEO 79º Quincena Musical
https://www.youtube.com/watch?v=f_2asfkb-3A (descarga en https://we.tl/t-t5JbIIfJuo )
FOTOS 79º Quincena Musical
https://www.flickr.com/photos/quincenamusical/albums (copyright: Quincena Musical) 
*Nota de prensa de Vera Zatopkova. 
*Las hermanas Labèque, en un retrato de Brigitte Lacombe, para Figaro.

PUX PUBLICA 'LOS RESTOS DEL DISFRAZ'

Alfonso Vicente-Gella: "En los 80 a veces Zaragoza hacía pensar en Woodstock"

Su nombre artístico es Pux y a la vez da nombre a una banda que publica ‘Los restos del disfraz’, un álbum pop de 8 canciones de amor y desamor.

Antón Castro Zaragoza Actualizada 31/08/2018 a las 16:30
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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/30/alfonso-vicente-gella-los-veces-zaragoza-hacia-pensar-woodstock-1264291-1361024.html
  
  
  
 
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'.
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'. illermo Mestre

¿Desde cuándo le interesa la música?

Desde toda la vida.

¡Hombre!

Sí, sí. En los años 80, en Marianistas, estudiaba con Enrique Bunbury y con Juan Aguirre, de Amaral, y ya escribía canciones. Toqué en un grupo que se llamaba Buenos Modales, y viví el esplendor del rock de los años 80. Toda aquella movida de Zaragoza a veces hacía pensar en Woodstock. Me decía que componía para mí mismo, que era una cosa privada. Era como un autoengaño.

Disculpe. ¿Estudió con Bunbury?

Sí. Recuerdo que parecía un chico tímido, y quizá lo fuera, pero lo elegíamos delegado de clase. Se enfrentaba a los profesores cuando hacía falta y defendía a los compañeros. Entonces ya era un líder, le gustaba el rock duro y tocaba la batería.

¿Cómo era Juan Aguirre?

Igualmente tímido. Iba siempre de negro y participaba menos de la vida estudiantil.

Hablaba usted del autoengaño.

Sí. Durante muchos años me negué la pasión por la música, el gusto por escribir canciones y componerlas. Estudié Derecho, y ahora trabajo en una oficina hasta las tres. Me quedaba tiempo; a partir de los 40 decidí recuperar algo que amo. Ya no quiero dejar la música nunca más.

¿Qué hizo?

Entre otras cosas, grabé, con distintos músicos, mi primer disco: ‘Ya no tiene remedio’ en 2014. Y ahora, sale el segundo.

Perdón. Estoy un poco confundido. ¿Cómo se titula el álbum: ‘Pux’ o ‘Los restos del disfraz’?

Ja, ja, ja. Pux es como me llaman a mí desde hace muchos años. Me puso ese nombre la novia de un amigo, y desde entonces soy Pux, un apodo que incluso me gusta. El disco se titula ‘Los restos del disfraz’ y lo hemos trabajado Ricardo Pérez y yo. Yo he compuesto las canciones, y toco la guitarra y el bajo, como él, pero es un disco de los dos, con Fernando Font, Nacho Flores, Mariano García, David Molinero y Belén Estaje. Creo que Ricardo asume generosamente el proyecto Pux.

De acuerdo. Usted es sobrino de la poeta, ya fallecida, Pilar Vicente-Gella. ¿Qué le debe, cómo le marcó?

No lo sabría decir muy bien, pero es de mis familiares el único con inquietudes artísticas. Ha sido importante.

Hace algún tiempo usted hizo una canción y un vídeo: ‘Marcela en su barra de bar’; era sobre la tolerancia, la convivencia, la libertad. ¿Va por ahí el álbum?

No, no. Esa canción, de ecos latinos, fue un verso suelto. Algo especial que hicimos con mucho entusiasmo. El vídeo agradó y se divulgó. Al principio yo no sabía nada de esto, pero he aprendido. Y me gusta mucho todo el mundo de las redes sociales. Tengo un espíritu de colaboración amateur, de convivencia, de llamada. Ahora acabamos de hacer otro vídeo.

¿De qué tema?

‘Tres minutos más’. Es un homenaje al vinilo y a la fuerza del rock y de la música. Cuenta la historia de un joven abatido, desesperado, al que una canción de un roquero amado le salva la vida. Creo que con nuestra generación se mueren un poco los discos y los CD. Todo está en internet, y ¿a quién le interesa un disco?

¿De qué escribe usted?

Como el 80% de las canciones, escribo de amor y desamor, de relaciones humanas. Cuido los textos, pero no soy un cantautor ni un poeta. He aprendido que a veces con menos se da más. Huyo de la afectación y el barroquismo.

¿Tiene maestros?

Este es un disco de pop y de tonos medios. De entrada, sin duda, mis maestros son Los Beatles. Y luego The Kinks y The Who. Mi canción preferida es ‘Waterloo Sunset’, por decirle una. Y de los nuestros me impresiona Cuti Vericad: es un musicazo, talentoso, con carisma, un auténtico animal escénico capaz de cantar 41 canciones de Elvis Presley como acaba de hacer en Las Armas. Interpreta de manera genial y sabe presentar muy bien las canciones. No conozco nada igual.

¿Y usted?

Ahí voy, a mi ritmo. Con ganas de contar historias. El álbum lo hemos grabado en el estudio Séptimo Cielo de Chechu Martínez, sin prisa, a lo largo de 2017 y lo presentaremos el 7 de septiembre. Ese sosiego fue muy estimulante para mí y para todos.

 

'AMORIA', HOY, 29, EN EL KURSAAL

'AMORIA', HOY, 29, EN EL KURSAAL

 

KATIA Y MARIELLE LABÈQUE PRESENTAN HOY, 29,

EL KURSAAL, ’AMORIA’, MEMORIA SONORA DE EUSKADI

Acompañadas por un nutrido grupo de intérpretes vascos, las pianistas labortanas repasarán 500 años de música vasca

El Auditorio Kursaal acogerá mañana miércoles 29 de agosto (20:00 horas) la presentación del último proyecto de las hermanas Katia y Marielle Labèque, “Amoria”, que recoge 500 años de música vasca y al que han dado forma y grabado en disco junto a conocidos intérpretes del País Vasco. “Amoria” se presentará en directo en la Quincena Musical de San Sebastián, que quiere así otorgar un renovado protagonismo a la música vasca en su escenario principal. Junto a las pianistas labortanas estarán el contratenor Carlos Mena, la violagambista Elena Martínez de Murguía, el quinteto Hegia, formado por el cantante y percusionista Thierry Biscary, los txalapartaris Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte (Oreka TX), el cantante Eñaut Elorrieta (Ken Zazpi) y el percusionista Ander Zulaika; así como los coros infantiles Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que dirige Gorka Miranda.

Las hermanas labortanas Katia y Marielle Labèque, el dúo pianístico más famoso del mundo, se presentan a sí mismas como “dos pianistas inconformistas imposibles de encasillar”, con un repertorio que “esconde ciertas contradicciones y hasta sorpresas”. Sus interpretaciones abarcan una amalgama de los más diversos estilos musicales y tienden a saltar de clásicos como Bach, Brahms, Liszt y Mozart a “clásicos” del siglo XX como Stravinsky, Bernstein o Takemitsu, dando cabida también a compositores contemporáneos como Thomas Adès o Philip Glass. Grabaron su primer disco para dos pianos en 1970, pero dieron su salto a la palestra internacional hace casi treinta años con un repertorio inesperado: una grabación de la “Rapshody in Blue” y otras piezas de Gershwin que vendió medio millón de discos y que la revista Gramophone saludó con verdadero entusiasmo, alabando “el ritmo embriagador de las interpretaciones”.

Tras sus sonadas colaboraciones con artistas como Madonna o Sting, Katia y Marielle Labèque han llevado a cabo diversas iniciativas en el campo de la creación contemporánea. En esa línea crearon su propia casa discográfica, KML Recordings, y en el año 2005 fundaron la Fundación KML, destinada a la investigación y el desarrollo del repertorio para dos pianos a través de encuentros de artistas de diferentes ámbitos de la creación. En esa filosofía se ubica, precisamente, “Amoria”, con el que quieren rendir tributo a sus raíces repasando 500 años de música vasca, abarcando desde figuras renacentistas como Joanes Antxieta al compositor donostiarra contemporáneo Alberto Iglesias, que ha escrito una pieza específicamente para ellas. Entre estos dos extremos, las Labèque han seleccionado a autores de todas las épocas como Bernardo Zala Galdeano, Pablo Sarasate, Aita Donostia, Jesús Guridi o Gabriel Olaizola, así como piezas populares como ‘Haika mutil’, que cantará Eñaut Elorrieta. La pieza central del programa, sin embargo, será la transcripción para dos pianos y percusiones vascas del “Bolero” de Ravel, que ya grabaron en 2007 en su disco dedicado al compositor de Ziburu y que en esta nueva versión ve reforzada la presencia de la txalaparta. 

Para el estreno en directo de “Amoria” de este miércoles 29 en la Quincena han querido reunirse con los artistas que lo han hecho posible. Entre los intérpretes de música antigua destacan Carlos Mena, al que las hermanas Labèque definen como “el mejor contratenor del mundo”, y la violagambista Elena Martínez de Murguía, a la que conocieron por su trabajo el frente del Ensemble Diatessaron. La raigambre popular la aportarán los componentes del quinteto Hegiak, el nuevo proyecto del antíguo miembro de Kalakan, Thierry Biscary. Biscary es colaborador de las Labèque desde 2006, cuando participó en aquella primera versión del “Bolero” de  Ravel con txalaparta. Desde entonces, ha tocado con ellas en múltiples ocasiones y ha sido uno de los agentes clave en que el proyecto de “Amoria” haya sido posible. Junto a Biscary, forman Hegiak el cantate de Ken Zazpi, Eñaut Elorrieta; los dos componentes del grupo Oreka TX, Harkaitz Martinez de San Vicente y Mikel Ugarte, que también han actuado con las Labèque con anterioridad; y el percusionista Ander Zulaika, colaborador de artistas como Lou Topet o Rafa Rueda. A todos estos destacados solistas se les sumarán las voces de la Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que ya fueron protagonistas de la Jornada Infantil de la Quincena Musical el pasado 21 de agosto con el espectáculo “Itsasotik eskolara”.

El disco que recoge el proyecto “Amoria”, que ha sido grabado entre los estudios de Elkar (Donostia), el Convento de Santa Cruz de Azkoitia y la casa de las Labèque en Roma, salió al mercado el pasado viernes 24 de agosto, publicado por el prestigioso sello Deutsche Grammophon. 

Entradas.
 Las entradas para el concierto se pueden adquirir en la Web y en las taquillas del Kursaal y Teatro Victoria Eugenia.  

“Amoria”
Miércoles 29 de agosto, 20:00h. Auditorio Kursaal

Katia y Marielle Labèque, pianoforte y piano
Carlos Mena, contratenor 
Elena Martínez de Murguía, viola da gamba 
Hegiak (Thierry Biscary, Harkaitz Martínez de San Vicente, Mikel Ugarte, Eñaut Elorrieta, Ander Zulaika, voces y percusión)
Escolanía Easo / Araoz Gazte Abesbatza (Gorka Miranda, director de los coros)

Programa: 
Bernardo Zala Galdeano (1675-?): CON AMORES LA MI MADRE 
Balere Artxu Idiart (1780-?) (Arreglos: Francisco Ibáñez): SARABANDA 
José Gonzalo Zulaika “Aita Donostia” (1886-1956): AGOTA OÑAZEZ 
Jesús Guridi (1886-1961): DESKALABRATUA NAIZ (ELEGIACA)
Maurice Ravel (1875-1937): DEUX MÉLODIES HEBRAÏQUES (Kaddish, L’enigme eternelle)
Alberto Iglesias (1955): DISCRET CHARME AUX ARBRES
TONO AL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (anónimo)
Gabriel Olaizola (1891-1973): HAURTXOA SEASKAN
Jesús Guridi: AVE MARIA
II
HAIKA MUTIL (anónimo)
Pablo Sarasate (1844-1908): PRIÈRE OP. 17
Pierre Borcadarre «Etxahun iruri» (1908-1979): DE TREVILLEN AZKEN HITZAK
Harkaitz Martínez de San Vicente (1975) / Mikel Ugarte (1973): BATERAN
Thierry Biscary (1976): ELURRA IRUÑAN, 100 ALARGUNEN DANTZA
ARGIZAZI EDERRA (anónimo)
Maurice Ravel: BOLERO

 

http://www.labeque.com/press/4/amoria-bolero

'LA ITALIANA DE ARGEL' EN LOS 150 AÑOS DE LA MUERTE DE ROSSINI

'LA ITALIANA DE ARGEL' EN LOS 150 AÑOS DE LA MUERTE DE ROSSINI

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/22/gioachino-rossini-compositor-que-ganas-vivir-ahuyenta-tristeza-1263024-1361024.html

 

Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

“La música de Rossini me da ganas de vivir,

es fresca, divertida y ahuyenta la tristeza”

 

Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

El director de escena Joan Anton Rechi monta ‘La italiana de Argel’, compuesta en 18 días de 1813, en la Quincena Musical Donostiarra.

 

 

 

Antón CASTRO 

SAN SEBASTIÁN. Gioachino Antonio Rossini (Pésaro 1792-PassyParís1868) es uno de los grandes compositores de ópera de todos los tiempos. Ocupó la cima a principios del siglo XIX, en la estética del ‘bel canto’, con Verdi y Puccini, entre otros; de extrema dificultad vocal, cayó luego en el olvido y sería recuperado años después por la barcelonesa Conchita Supervía y por Maria Callas. Se cumplen ahora 150 años de su muerte, y su obra sigue recuperándose: ahí está ‘La italiana de Argel’ (1813), que acaba de representarse en el Kursaal de San Sebastián, dentro de la Quincena Musical Donostiarra, con dirección de escena de Joan Anton Rechi (Andorra la Vieja, 1968), que ya había montado, en 2011, ‘El barbero de Sevilla’, la obra maestra un músico que estaba fascinado por España sin haber estado nunca en nuestro país. La dirección musical es de Paolo Arrivabeni; el reparto lo encabezan Mariana Pizzolato, Nahuel di Pierro, Santiago Ballerini, Joan Marín Royo, Sebastià Peris, Arantza Ezenarro y Alejandro Acuña. Colaboran la Orquesta Sinfónica de Euskadi, dirigida por Oriol Rolch, y el coro Easo.  

“A mí me gusta hacer Rossini de manera trepidante y fresca, divertida. La música de Rossini me da ganas de vivir, te sube la energía, ahuyenta la tristeza. Me gusta darle un punto de locura, que ya tiene el original, con ecos de la comedia del arte. Escribió ‘La italiana de Argel’ en 18 días para Venecia porque se frustró otra representación. La noche del estreno el público se reía a carcajadas. Rossini lo comentó luego en una de sus cartas. ‘Yo estaba pensando que estos venecianos estaban más locos que yo’. Cuando vamos a la ópera pensamos que solo puede ser solemne, y nos olvidamos de que algunas de las piezas han sido concebidas como divertimento para entretener al público”, dice Rechi, que pasó de ser actor a director de escena de ópera, donde se siente absolutamente feliz.

“La ópera es un inmenso trabajo de equipo, un empeño coral. La ópera se acerca al arte total. Lo tiene todo: música, canto, danza, teatro, escenografía, estilismo, vestuario. Y poner todo eso en marcha es complejo y apasionante. A veces oyendo un aria te emocionas hasta las lágrimas. Cada vez más la gente agradece que los cantantes hagan bien su canto, desde luego, y que actúen también. Y aquí sucede”, agrega Rechi.

De reminiscencias cervantinas, de entrada, ‘La italiana de Argel’ es una producción en la que han intervenido el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se han hecho seis funciones, el Festival de verano de San Lorenzo del Escorial y la Quincena Donostiarra. Patrick Alfaya, su director, dice que un montaje así puede rondar los 250.000 euros; logró el lleno absoluto en sus dos representaciones.

“Cuando te hacen el encargo te pones a trabajar. Lo primero es documentarse bien. Conocer al compositor, su época y las circunstancias de la pieza. Para mí fueron claves dos elementos: Argelia era para Rossini un territorio exótico, como algo muy mítico que no estaba muy lejos, pero que era como el lejano Oriente. Él tampoco estuvo allí como tampoco Bizet estuvo en España. Y otro aspecto fue la composición misma de la pieza: es una de sus primeras obras cumbres, tenía 21 años y la compuso como un mecanismo de relojería. Fue probando cosas, cambiando y probando números, y afinando en los ensayos. Cuando empezaron a ensayar, la pieza no estaba acabada”. A Rechi le daba la sensación de ‘La italiana de Argel’, con sus mudanzas y su aspecto bufo, que tenía “el aire de esas películas musicales de los años 40 y 50 de Broadway y de las compañías itinerantes que estrenaban en provincias o en diversas giras. Y a la vez tiene un punto de la película ‘Casablanca’ y de ese período de entreguerras en que casi todo el norte de África se convirtió en un paraíso de expatriados, de gente que hacía negocios oscuros; había casinos, historias de amor románticas. Entonces había una serie de teatros y algunos de ellos pertenecían al estado español, como el Teatro Cervantes de Tánger”.

Con todo ello, con la idea de la revista española también en la cabeza, la evocación de los pintores Delacroix y Klimt, Rechi se dijo: “¿Y si fuéramos una compañía de revista que representa ‘La italiana de Argel’, con un vestuario que recuerda esa época de ‘Casablanca’, donde los hombres van con esmoquin y creamos una función de teatro dentro del teatro, con muchas cortinas?”, dice. Así creó una escenografía que fuera fácil de llevar, que se doblara, se metiera en un baúl de mimbre. “Y de ahí esta idea del decorado que sube y baja, el telón de lana dorado, con mucho brillo, con elementos evocadores y que tuviera ese aire árabe falso?”, matiza.

El espíritu de Rossini, burlesco a menudo, está muy presente incluso en los anacronismos. Suena la música de Vangelis de ‘Carros de fuego’. “Es una pequeña gamberrada. Él también hacía referencia a otros compositores: a ‘La flauta mágica’ de Mozart o a ‘El viaje de Reims’ de Beethoven’. Esos guiños son un modo de acercamiento a su poética”, insiste Rechi, que montó hace poco ‘El trovador’ de Verdi, que sucede en la Aljafería de Zaragoza, con los ‘Desastres de la Guerra’ de Goya como elemento escenográfico; estableció un paralelismo entre la historia cruel del poeta Manrique y la terrible atmósfera de la Guerra de la Independencia captada por el pintor.

“Yo creo que existe una conexión entre Rossini, Puccini y Verdi. Hacían la música contemporánea de su tiempo. Eran italianos, fueran más o menos exóticos, hablaban de la sociedad de su momento. Y los tenemos muy presentes, y a Rossini muy especialmente por su efemérides”, dice Joan Anton Rechi, que montará en breve una nueva ‘Madame Butterfly’ de Giacomo Puccini.

LA QUINCENA MUSICAL DE SAN SEBASTIÁN ATRAVIESA EL ECUADOR

LA QUINCENA MUSICAL DE SAN SEBASTIÁN ATRAVIESA EL ECUADOR

La 79 Quincena Musical atraviesa el ecuador y prepara un desembarco sinfónico de lujo 

§  Grandes orquestas internacionales
Las agrupaciones  NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, Filarmónica de Róterdam, Orquesta del Festival de Budapest y la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia pasarán por el Auditorio del Kursaal. El ciclo sinfónico del festival arranca con el concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi dirigida desde el piano por Christian Zacharias.

§  Estreno mundial de Amoria
Llega el debut de Amoria, el nuevo proyecto de las pianistas de Baiona  Katia y Marielle Labèque, que reúne obras de compositores vascos desde el Renacimiento hasta nuestros días.

§  Teatro Victoria Eugenia 
El violagambista Jordi Savall y el gaitero y flautista Carlos Núñez presentan Diálogos célticos. La Compañía de Danza Hervé Koubi cerrará la programación en esta sede del festival.

Cinco grandes orquestas, el estreno de Amoria, el proyecto conjunto de Carlos Núñez y Jordi Savall y el estreno en España del espectáculo de la compañía Hervé Koubi se podrán disfrutar durante los próximos días de la 79ª Quincena Musical de San Sebastián. El sábado 18 de agosto, la Orquesta Sinfónica de Euskadi, dirigida por el pianista Christian Zacharias, da inicio a este final sinfónico en el Auditorio Kursaal, seguida de la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo (22 de agosto), la Orquesta Filarmónica de Róterdam (24 de agosto), las doble cita con la Orquestas del Festival de Budapest (26 y 27 de agosto), Amoria (29 de agosto) y las dos fechas reservadas para la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia (31 de agosto y 1 de septiembre). En la otra gran sede del festival, el Teatro Victoria Eugenia, tendrán lugar la presentación de Diálogos célticos y la actuación de la Compañía de Danza Hervé Koubi.

La Orquesta Sinfónica de Euskadi actúa por vez primera bajo las órdenes de Zacharias. El pianista regresa al festival seis años de su última visita en su doble condición de pianista y director. El programa, de corte clásico, agrupa dos obras tan dispares como la Sinfonía nº 49 La Passione, de Joseph Haydn, y el rara vez escuchado Réquiem en do menor, compuesto por su hermano menor Michael Haydn. Para la ejecución de esta obra, la orquesta estará acompañada por Andra Mari Abesbatza y un elenco de solistas entre los que destaca la donostiarra Clara Mouriz. En medio, entre Haydn y Haydn, el Mozart más intenso representado por su Concierto para piano nº24, en el que se podrá disfrutar, una vez más, del hondo y siempre personal arte pianístico de Zacharias. Para este programa la soprano donostiarra Elena Sancho-Pereg ha sido sustituida por la soprano Alicia Amo.
 
La siguiente formación que este año recala en el ciclo sinfónico del Auditorio Kursaal es la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, que desde 1986 no había vuelto a San Sebastián. El programa diseñado para la ocasión contempla la bucólica Sinfonía nº2 de Johannes Brahms, y una selección de los cantos populares alemanes a los que puso música Gustav Mahler que se podrán escuchar en la voz del barítono Christian Gerhaher, uno de los mayores intérpretes de este repertorio. En el podio, un director cada vez más solicitado, Krzysztof Urbanski, actual director titular de la Orquesta Sinfónica de Indianápolis, Estados Unidos, principal director invitado de la NDR Elbphilharmonie de Hamburgo, y que ya ha dirigido orquestas como Filarmónica de Berlín, Sinfónica de Londres, o Filarmónica de Munich.

Otra destacada batuta, Yannick Nézet-Séguin, que en apenas unos años se ha situado entre los directores de orquesta más valorados y reconocidos del siglo XXI, dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Róterdam dentro de su gira de despedida como director titular de la formación holandesa, a la vez que se celebra el 100 aniversario de esta orquesta. Presentará un programa que arranca con los aires clasicistas de Mozart, representado por su bien conocida Sinfonía nº 35, Haffner; se adentrará en el universo romántico de Franz Liszt y su Concierto para piano nº2; y concluirá con la siempre comprometida Sinfonía nº 4, de Piotr Ilich Tchaikovsky. Al teclado, como solista del concierto de Liszt, uno de los más relevantes pianistas americanos, Yefim Bronfman, poco habitual en los escenarios españoles, pese a su destacada carrera internacional.

Las dos siguientes citas sinfónicas programadas para el Kursaal están protagonizadas por la Orquesta del Festival de Budapest que, al igual que en sus anteriores visitas a la Quincena, actuará bajo las órdenes del maestro Ivan Fischer. En la primera de las dos citas la orquesta ofrecerá un original programa vinculado a la música de su país, Hungría, y en el que incluye una obra del navarro Sarasate. En su segunda intervención, la formación húngara contará con el apoyo del Orfeón Donostiarra para interpretar las Vísperas Solemnes del Confesor, de Mozart, además de la Sinfonía nº4 de Gustav Mahler.

Otra formación que ofrecerá un doble programa es la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia, que será dirigida por su titular Jukka-Pekka Saraste. El programa del primer día abordará una de las obras capitales del siglo XX y una de las más innovadoras de toda la historia de la música: La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky. En la primera parte del concierto se escuchará el romántico y temprano Concierto para piano nº1, de Brahms, que interpretarán junto al pianista Igor Levit. El segundo día, la orquesta alemana ofrecerá el sobrecogedor Réquiem, de Hector Berlioz, dramáticamente subtitulado por el propio compositor francés como “Gran misa de muertos”. Se trata de una de las composiciones más impactantes del compositor y en su interpretación en el festival se sumarán las voces del tenor solista Andrew Staples y el Orfeón Donostiarra.

La oferta del Auditorio Kursaal se completará con el estreno del nuevo proyecto de Katia y Marielle Labèque, “Amoria”, con el que el dúo de pianistas de Baiona rinde homenaje a la música vasca en sintonía con el hilo conductor de esta edición: el mito y la tradición. El repertorio seleccionado para tal efecto recoge obras de compositores vascos que van desde Juan de Antxieta (1462-1523) hasta Alberto Iglesias. Para llevar a cabo esas versiones, Katia y Marielle Labèque contarán con la participación del contratenor Carlos Mena, el grupo Hegiak, compuesto por el percusionista Ander Zulaika, los virtuosos de la txalaparta Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte o el cantante de la banda Ken Zazpi, Eñaut Elorrieta, entre otros.

Tras el primer concierto ofrecido por el pianista Alaxandre Tharaud, llegan al Teatro Victoria Eugenia dos pesos pesados de la música: el violagambista Jordi Savall y el gaitero y flautista Carlos Núñez, que presentan su proyecto Diálogos célticos. La tercera y última cita en esta sede del festival será ofrecido por la Compañía de Danza Hervé Koubi. El coreógrafo francés de raíces argelinas y su compañía presentarán en España el espectáculo Les Nuits Barbares, un tributo a los pueblos bárbaros olvidados a través de réquiems de Mozart y Fauré, música tradicional africana, cultura hip-hop y capoerística.

Esta edición de la gran cita musical del verano donostiarra está dedicada al diálogo entre mito y tradición y su reflejo en la música. Compuesta por  93 las propuestas musicales incluidas en la programación de esta edición que arrancó el pasado 2 de agosto y finalizará el 1 de septiembre. La Quincena continúa asimismo desarrollando sus habituales ciclos paralelos: Música Antigua, Jueves de Música en San Telmo, Órgano, Jóvenes Intérpretes, Quincena Andante y Quincena Infantil.
* Las pianistas Katia y Marielle Labèque. 

HISTORIA DE JAVIER MORACHO

HISTORIA DE JAVIER MORACHO

Javier Moracho, nacido para volar

 

El atleta de Monzón, séptimo en las Olimpiadas de Moscú, fue un verdadero maestro de 60 y 100 metros vallas

 

Javier Moracho (Monzón, Huesca, 1957) es el mejor atleta aragonés de todos los tiempos. Y eso que por ahí andan deportistas de tanta enjundia como Luis María Garriga o Eliseo Martín, pongamos por caso. Posee un palmarés envidiable en dos pruebas tan exigentes, tan técnicas, como los 110 y 60 metros vallas, donde obtuvo numerosas medallas en España (diecisiete títulos nacionales), en Europa y en el mundo. Quizá el mayor hito de su trayectoria sea su séptimo puesto en la final de 110 metros vallas en las Olimpiadas de Moscú-1980, donde habría entrado en el medallero (ganó el alemán Thomas Munkett) de no haber tropezado en el último obstáculo; salió a trompicones, intentó remontar con su furia habitual, su poderosa zancada y una clase fuera de toda duda, pero no le dio tiempo. Javier Moracho suele decir que la suya era, y es, una prueba de relojería: exige concentración, dominio del salto, método y exactitud, ritmo y velocidad. Y él lo tenía todo, impulsado, además, por una explosiva salida, acaso su mayor virtud: era de los atletas que mejor iniciaban la carrera. Arrancaba vertiginoso como una centella con su bigote rubio, su melena al viento, su elegancia y un gran sentido de la competitividad.

Unas Olimpiadas (donde el atletismo es el deporte rey) o unos Campeonatos del Mundo, como ahora los de Pekín-2015, son los grandes escaparates de un corredor. Lo importante no está en los campeones más mediáticos (¿quién va a discutir la grandeza de los velocistas Usain Bolt, Carl Lewis, Shelly Ann Fraser Pryce o del mediofondista Coe?), sino en comprobar cómo trabaja un saltador de pértiga, de triple salto o de altura, o esos atletas especializados solo en una distancia a la que le dedican su sacrificio y horas incontables de perfeccionamiento.

Moracho, tras practicar fútbol, balonmano y cross, optó, en Monzón y con quince años, por una disciplina con escasa tradición como las vallas y deslumbró a lo largo de una década: desde 1978 hasta 1988 conquistó títulos, pugnó con los mejores (desde los norteamericanos Renaldo Nehemiah, tan fugaz, Roger Kingdom o Greg Foster, al británico Colin Jackson, el cubano Alejandro Casañas o el finlandés Arto Bryggare), aunque se retiraría dos años después, en 1990. Curiosamente, su mejor marca en los 110, 13.42 (récord nacional durante años hasta que lo batió Jackson Quiñonez), la logró en 1987. El día de su adiós, Santiago Segurola anunció que se iba “el mejor vallista español de todos los tiempos”.

Participó en 63 citas internacionales y fue capitán del combinado nacional, corrió en las Olimpiadas de Moscú-1980, Los Ángeles-1984 (no llegó a la final por una centésima) y Séul-1988, y vivió una rivalidad épica con Carlos Sala, otro formidable vallista. Eran amigos lejos de la competición y trabajaban a las órdenes del mismo entrenador, Jaime Enciso. Repetían el enfrentamiento, tan hispánico, que se había dado con Ocaña y Fuente en ciclismo, Carrasco y Velázquez en boxeo, Abascal y González en el medio fondo. El uno al otro se ayudaron a mejorar.

Si Moscú supone un momento inolvidable, hay otros muy meritorios: fue medalla de plata en los Campeonatos Mundiales de París en 1985, en 60 metros y en pista cubierta, y en 1986, en el Campeonato Europeo de Madrid, venció al finlandés Arto Bryggare, uno de sus grandes rivales europeos. Realizó una carrera impresionante: visto y no visto, aceleración, compás, fluidez absoluta y, ¡zas!, victoria. A principios de los años 80, Javier Moracho, que se trasladó a Estados Unidos, fue el primer blanco del mundo en su categoría.

Hombre de mundo, simpático y seductor, uno de los atletas más atractivos del circuito, se licenció en Educación Física, igual que su mujer Araceli, y nunca ha estado al margen del deporte. El ciclismo es otra de sus pasiones: trabaja en Unipublic y de comentarista para Eurosport. Conoce el atletismo como la palma de su mano. Él estuvo en la élite y fue temido y respetado. Todo un profesional que jamás se olvidó de sus orígenes, Monzón, esa factoría de ocho atletas olímpicos.

 

 LA ANÉCDOTA

 “La música, el baile y el deporte son de la raza negra. A mí me habría gustado ser negro para correr más rápido. En el año 1981 era el primer vallista blanco del ranquin mundial: me fui un año a entrenar con ellos a los Estados Unidos, a una Universidad, y me di cuenta de que son superiores. Regresé con mi entrenador Jaime Enciso a España a entrenar la técnica para poder estar con ellos en las grandes competiciones”, confesó Javier Moracho. En buena medida lo hizo. Y no solo eso: fue popular e hizo tres espots publicitarios, uno de ellos para el desodorante Rexona. El que no abandona...