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Antón Castro

DÍA DE LAS ESCRITORAS. 15 DE OCTUBRE. TEXTO DE JOANNA BONET

DÍA DE LAS ESCRITORAS. 15 DE OCTUBRE. TEXTO DE JOANNA BONET

Día de las Escritoras 2018

 

Rebeldes y transgresoras

 

Por Joanna Bonet

 

Lunes 15 de octubre de 2018

 

 

Hace ciento sesenta y cuatro años, en 1854, la escritora argentina Juana Manso planteaba, no exenta de ironía, los padecimientos a los que estaba sometida la vida de una mujer “educada con un tutor perpetuo que a veces está lleno de vicios y estupidez”. Y añadía: “¡Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre”. Manso tocaba el nudo gordiano de la emancipación femenina: la anulación de la conciencia de las mujeres y su sometimiento a una existencia de segunda. No solo se les arrebataba la libertad, sino que se las consideraba negadas para el conocimiento y el ejercicio de la razón. Pero las hubo que no callaron y mostraron su desacuerdo negro sobre blanco. Historiar la rebelión de las mujeres, rendir homenaje a sus protestas escritas, es un modo de recordar que la libertad actual, el lugar que hoy ocupamos en la sociedad, es el resultado de sucesivas rupturas. Por ello hemos querido dedicar el Día de las Escritoras de 2018 a la insumisión intelectual de aquellas autoras rebeldes y transgresoras que remaron a contracorriente, y en diferentes épocas y circunstancias cuestionaron el orden que les era impuesto desde la ficción, la poesía o el ensayo. Su aportación fue tremendamente valiosa: hallaron palabras nunca dichas y vertebraron una senda donde la libertad ondeaba y transcendía cualquier bandera.  

Hasta el Romanticismo, las mujeres sólo podían escribir si eran monjas o nobles. Únicamente desde la virtud o el poder se contrarrestaba dicha anomalía de su conducta. Las primeras corrientes de emancipación hicieron posible que algunas féminas de clase media iniciaran una carrera literaria y que incluso aspirasen a premios. “¿Cómo creer que ellas pudieran escribir tales cosas?”, se pregunta Rosalía de Castro en un artículo de 1856, Las literatas, que recogemos en esta antología; mujeres a quien, asegura, “los hombres miran peor que mirarían al diablo”.   Su techo, entonces, no era de cristal, sino de durísima roca silícea. Algunas buscaban ocultarse tras un pseudónimo masculino, la mayoría trataba de no llamar la atención, vigilando no publicar de seguido en la misma provincia. Escribir significaba arriesgarse, pero la suya era vocación indómita, casi religiosa. A la poeta gallega Teresa Juana Juego, su novio le disparó cuatro tiros por haberse atrevido a publicar. Creyéndola muerta, él se suicidó. Juego sobrevivió, pero quemaría casi toda su obra y no volvería a escribir.    Ángela Figuera Aymerich resumía la inseguridad inoculada a las mujeres durante siglos en unos versos que se leen cual diagnóstico:

 

“¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve una mujer viviendo en puro grito? ¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres y van desmoronándose las frentes alzadas como diques orgullosos cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla rodando las provincias del pecado, trepando por las dunas, resbalándome por todos los problemas sin remedio?”.

 

  Eran pocas, pero muchas más de las que han transcendido. La tinta de su escritura iba dibujando otra verdad: no solo los hombres eran los hacedores del mundo, ellas sostenían numerosas estructuras, a pesar de ser privadas de voz y voto. La periodista Magda Donato escribía a comienzos del siglo XX: “Deseamos el sufragio para realizar estos ideales, lo mismo que la gente desea el dinero para satisfacer sus necesidades. ¿Le parece a usted que la correlación entre el sufragio y ‘todo eso’ es poca, siendo el sufragio la condición sine qua non para la obtención de ‘todo eso’?”.   No solo su intelecto estaba cuestionado, también su ‘yo’ público se recortaba mediante un constructo social que las asfixiaba. Aurora Bertrana se lamentaba de la ociosidad impuesta que les era asignada por su sexo: “Una vida de pereza, de inutilidad, lujo, sensualismo e ignorancia”. La condescendencia con la que muchas autoras eran tratadas merecía ser contestada con indiferencia. Así lo afirmaba – mucho antes de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo– Carmen de Burgos, la célebre Colombine, que vivió y escribió con solvencia y humildad, pero a la vez con transgresión y desafío: “No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas inquebrantables”, asegura en su autorretrato.   Mientras, Rosario de Acuña escribía al político, periodista y escritor Ramón Chíes: “Tal vez no venzamos, pero habremos sostenido, una generación tras otra, los ideales de la humanidad a través del tiempo y del espacio”, evidenciando, por encima de todo, sus ideales humanistas. Hoy, cuando el feminismo ha sido incorporado en las agendas de gobiernos e instituciones, se entiende con mayor profundidad, si cabe, el pensamiento de María Zambrano, comprometida avant la lettre, cuando una filósofa formaba parte de una anomia, ya que a las mujeres se las ubicaba en la periferia del saber: “Mas mi cabeza en tanto que tal ni es de mujer ni de hombre, es Mente. Albergue del Logos, movida por el nous poetikós”, le escribió a su amigo.    Igualdad de derechos y de oportunidades, pero también libertad individual, libertad sexual, la constatación de las contradicciones entre el ser y el parecer, emergen de los textos de estas autoras que abordaron su condición de mujeres con poética e ironía, así como una gran solvencia creativa. La toma de conciencia del traje que las constriñe y asfixia, del escaso catálogo de roles impuestos, supone un punto de inflexión que tan bien expresara Josefina Aldecoa: “Todo lo que vino después me había llevado hasta esta Gabriela que yo era sin remedio, buena esposa, buena madre, buena ciudadana. La trampa se cerraba sobre mí”. La trampa de la sumisión, de la que había que escapar. Por mucho que abriese una lucha dubitativa y dolorosa, como de la que deja constancia poética Ángela Figuera: “¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, / con sólo esta canción, esta porfía / limando y escociéndome la boca?”.   Claro que, como reflexionó con eficaz prosa Victoria Ocampo, las mujeres estaban educadas para callar: “Toda conversación entre el hombre y la mujer, apenas entra en cierto terreno, empieza por un: ‘No me interrumpas”. Reducidas casi a siluetas sin dimensión intelectual, y apenas sentimental, a pesar de que históricamente les fuera cedido el patrimonio afectivo y el manejo de las relaciones, debían de bregar contra el aislamiento. “Nunca se preocupó nadie de mi corazón. Mi corazón y yo crecimos extrañamente, dentro de un mundo frío y distante”, en palabras de Ana María Matute.   También se rebelaron contra el amor, empezando por Idea Vilariño en su muy célebre poema “Ya no”. Contra el ideal romántico que heredaron y que les exigía sumisión y paciencia, adoración e intendencia. “El amor es este viaje inútil, pero muy suave”, como lo definió Alejandra Pizarnik. Lo importante era despertar, reconocer la propia identidad sexual, vivirla, gozarla. Escribir desde la diferencia con un calor cotidiano, como Maria Mercè Marçal: “T’estimo quan et sé nua com la navalla, com una fulla viva i oferta, com un llamp que la calcina, cec. Com l’herba, com la pluja”.   O bien liberar al amor de sus ataduras terrenales para sublimarlo hasta el arrobamiento, como Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, santa Teresa de Jesús: “Muchas veces me parecía me dejaba el cuerpo tan ligero, que toda la pesadumbre de él me quitaba, y algunas era tanto, que casi no entendía poner los pies en el suelo”.   Durante siglos fueron silenciadas, desdeñadas, subestimadas, eclipsadas, pero hoy, desde la Biblioteca Nacional y desde muchas ciudades españolas y latinoamericanas que secundan la iniciativa, leemos fragmentos de sus obras, pronunciamos alto su nombre y grabamos su memoria en la nuestra, pioneras en tiempos borrosos que abrieron claros de luz. En estas palabras de Filomena Dato hay una oda a la fortaleza, al ingenio y a la sabiduría que han detentado generaciones y generaciones de mujeres escritoras, a pesar de todo, gracias a todo:

 

“Las mujeres fueron sin duda de clarísimo talento, que divinizaría la admiración y el tiempo. Y  éste, una innegable señal de que las mujeres tuvieron siempre voluntad de saber y demostraron ingenio. Cientos de mujeres sabias pueden ponerse de ejemplo”.

 

 

 

Joana Bonet

 

Comisaria del Día de las Escritoras 2018

 

*En la foto, Rosalía de Castro.

 

HA MUERTO MONTSERRAT CABALLÉ. UN DIÁLOGO EXTENSO

HA MUERTO MONTSERRAT CABALLÉ. UN DIÁLOGO EXTENSO

En 2009 conversé, con un equipo de 'Borradores' durante 45 minutos con Montserrat Caballé. Estuvo amable, simpática, reidora. La soprano, esposa del tenor de Villarroya de la Sierra (Zaragoza) Bernabé Martí, acaba de fallecer a los 85 años. La foto es del diario 'El Mundo' y la realizó José Cuéllar. La he tomado de internet.

 

UN DIÁLOGO CON MONTSERRAT CABALLÉ

 

La historia musical de Montserrat Caballé empieza con su abuela, abandonada en un hospicio. Allí, las monjas le enseñaron francés, música y a tocar el piano. Ella enseñaría a su hija a tocar ese instrumento. Y ésta, a su vez, a partir de los ocho años, le enseñaría piano y solfeo a su hija Montserrat. “Me hizo entrar en el Conservatorio del Liceo de Barcelona –evoca-. Con doce años, el profesor de solfeo le dijo a mi madre: ‘Esta chica tiene que estudiar voz”. Montserrat Caballé se inclinaba por el piano y el violín. De cuando en cuando escuchaba cantar a las voces más jóvenes y se emocionaba. A los quince o dieciséis años ya le gustaba la ópera y albergaba un sueño inicial: pensó que podía hacer del canto una profesión para “ayudar a la familia porque éramos muy pobres”.

¿Recuerda el día que fue a ver y a oír a al Liceo a Kirsten Flagstad?

¡Cómo no! Los jóvenes que estudiábamos en el Conservatorio del Liceo teníamos la posibilidad de unos “pases de favor” para acceder al quinto piso y poder escuchar los cantantes que había en el teatro. Yo recuerdo que Kirsten Flagstad cantó en el Liceo. A mí me impresionó porque es la voz más grande que he escuchado a lo largo de toda mi carrera. Era una columna de voz de abajo arriba: era impresionante, una voz muy bonita, muy wagneriana.

-¿Quién más le iluminó el camino del canto?

-En el conservatorio tuve una profesora, Eugenia Kemeny, que era húngara y se había casado con un español. Me enseñó la técnica de la respiración y del canto. Aparte de ser atleta y de haber ganado medallas de carreras de fondo en su país por la gran respiración que poseía, era una cantante wagneriana; había cantado “La Valquiria”, “Tristán e Isolde”, etc.

-¿Le debe a ella la atracción que siempre ha tenido por Wagner?

        Me enseñó a amar a Wagner, es cierto, tal vez porque ella lo amaba mucho. Aunque yo no lo he cantado excesivamente, sí lo he cantado en todas partes del mundo. Al principio de mi carrera fui una mozartiana y una cantante de lieder, porque también tuve de profesora a una cantante de Cataluña, Conchita Badía, alumna de Granados y Falla,  que era espléndida para el líeder español y conocía los secretos de estos maestros que habían sido los suyos. Lógicamente, me enseñó mucho el lieder. Ella amaba también a Richard Strauss y Mozart. Bajo el influjo de las dos, Kemeny y Badía, me dirigí más hacia un repertorio germano. Empecé Fue años más tarde cuando empecé a cantar Puccini, Verdi, Bellini.

-O sea que tardó en optar por el bel canto…

Empecé como principiante en la Ópera de Basilea con ‘Salomé’, hace cincuenta y tres años, y después ya empecé a cantar otros compositores, pero el bel canto, por lo que dicen que soy famosa, no lo empecé hasta el año 64 o 65.  Pensaba que no sabría hacerlo. Las cantantes de bel canto a mí me parecían inalcanzables en aquella época. Estaban, justo cuando empezaba, las grandes lumbreras: María Callas, Renata Tebaldi, Renata Scotto, Marilyn Horne... Entonces también empezaba Mirella Freni, y me decía: “Tienes que cantar bel canto. Posees la voz adecuada”. Yo le decía: “Mirella, esto no lo sé hacer”. Ella añadía: “Si es lo mismo: es cantar bien”. Primero me especialicé en todo el repertorio alemán y más tarde entré en el verismo y en el romántico, que cuentan con compositores (Puccini, Verdi, Bellini, Donizetti…) que enamoran a la gente cuando los cantantes funcionan.

Se cumplen ahora 50 años de su debú en la Ópera de Viena.

       Es cierto Hace cincuenta años que debuté en la ópera de Viena con el ‘Don Giovanni’ de Mozart, la temporada 59-60. Después canté ‘Salomé’, canté ‘La Traviatta’, cnté ‘Pagliacci’ en la Ópera de  Viena…

Luego cantó una ópera como ‘Madame Butterfly’, vinculada al amor y a la leyenda de un beso. ¿Qué pasó?

        Esa sí que es una obra romántica. Además, en ella conocí a Bernabé Martí, mi esposo. Coincidimos primero en La Coruña y después en Barcelona, el ocho de diciembre de 1963. Me enamoré perdidamente de él; él dice que también de mí y yo creo que menos, pero, bueno, como dicen vulgarmente lo cacé. Me parecía un hombre tímido y lo comenté en el teatro, con el peluquero y con otros, y se ve que se lo dijeron. En la siguiente función me dio un beso al final del primer acto, un beso de verdad, y me dijo tonta. Esto fue el ocho de diciembre, nos separamos –en enero y febrero nos vimos muy poco- y el 24 de febrero vino a verme a Marsella, donde yo cantaba, desde París, donde cantaba él, y me pidió en matrimonio.

¿No fue todo deprisa deprisa?

El 28 de febrero nos prometimos, con el anillo que me pudo ofrecer en aquel momento, que lo he llevado siempre desde entonces, y nos casamos el 14 de agosto. Fue bastante rápido. Yo creo que nuestro matrimonio, que ya lleva 45 años, está muy consolidado por dos cosas: primero porque nos queremos mucho y después porque me ha dado toda la felicidad que un hombre puede dar a una mujer, creo, como esposa, como madre, como compañera... Ha sido mi columna y yo he procurado ser la suya. Tuvimos la inmensa suerte de tener dos hijos. Primero un chico y después una chica. A mí me habían diagnosticado imposibilidad de tener hijos porque decían que tenía matriz infantil y, como dice mi marido, “mira, tu matriz es infantil pero funciona muy bien, mira los niños qué guapos han salido”. Después ya no pude tener más. Hay que reconocer que el primero lo perdí en Buenos Aires. Quedé embarazada y fui a Buenos Aires.  Estábamos juntos, hacíamos la Manon Lescaut y en plena función en el Colón de Buenos Aires, sufrí unos dolores y el médico me hizo interrumpir la obra. Luego hice una doble sesión y me fui primero al hospital y después al hotel. Perdí el bebé que esperaba, estaba de dos meses y pico. Los médicos dijeron que ya nunca más…

Veo que no les hizo caso.

Me dijeron que esto había sido un aviso. La naturaleza tiene una fuerza increíble para algunos momentos y esto es lo que nos pasó. Verdaderamente, se lo aseguro, yo no cambiaría ni un minuto de mi vida con Bernabé Martí.

 Si tuviera que hacer un balance de estos 50 años.  ¿Cómo ve su carrera? Ha sido algo así como la heroína de las heroínas de la de la ópera con más de ochenta personajes.

        Sorprendente. Sorprendente la carrera de los dos. Hemos cogido todos los trenes que teníamos que coger cuando pasaban y tampoco entrábamos en batallas. Cuando hice por primera vez la ‘Aída’, me decía todo el mundo que no la hiciera porque era muy dramática. Y no digamos cuando canté ‘Norma’. ¡Cómo si aquello fuera un escándalo! Me preguntaban que cómo me atrevía a hacer ‘Norma’ Quien me dijo que tenía que hacer esa pieza fue Joan Sutherland. Me regaló su partitura con sus notas y me dijo: “Tienes que cantar Norma. Tienes que cantar lo que Bellini ha escrito, que es como un hilo de voz y tienes la voz ideal”. Eso era el año 68. En el 69 yo hice un concierto en París y María Callas, a la que ya conocía, me dijo lo mismo. Incluso me hizo cantar, recuerdo, en su casa de París unos pasajes. Estaba Bernabé conmigo y le dijo: “Cuida a tu mujer y que cante ‘Norma’, porque después de mí ella será Norma”.  Lo decía con sinceridad, convencida.

María Callas la nombró su sucesora, ¿no?

Pues, sí, lo hizo en entrevistas, en televisión, en sus grabaciones y en su libro. Sufrió mucho. Primero con su familia, después con su carrera y después con su vida personal. Su gran pena y tristeza fue perder el hijo que esperaba porque eso para ella era la gran ilusión: ser madre. Teníamos las dos un grave problema dental e íbamos al mismo dentista en Londres, Alexander.  En una de las llamadas me dijo: “Me voy a Grecia a descansar; necesito descansar todo el mes”. Yo le dije que me habían ofrecido el Nabucco con la Deustche Gramophon y que no me sentía con fuerzas para cantarla. “No lo cantes. Ni se te ocurra. Esto no es para tu voz. Eso es para voces rotas. Tú no tienes la voz rota y no te la quieres romper ¿verdad?”. ¡Los consejos eran de una amabilidad, de un cariño, de un afecto…! Además hay una cosa muy importante: tengo muchas fotos hechas con ella en momentos privados. La admiraba y la quería mucho porque me dio muy buenos consejos.    

¿Qué relación tiene usted con Zaragoza y con este Auditorio?

La relación que tengo con Zaragoza es de muchos años. Mi marido es aragonés, de Villarroya de la Sierra y se formó aquí en un principio. Hemos venido mucho y estoy muy agradecida a Zaragoza. Considero al Auditorio de Zaragoza como uno de los mejores. Conozco los auditorios del mundo entero y puedo juzgar plenamente. Este es un Auditorio donde el sonido no rebota: el sonido fluye, fluye y redondea, y eso es algo que no se fabrica, nace o no nace. Esto es lo mejor que hay para piano, para orquesta, para instrumentos, para voces, para todo. Aquí las grabaciones tienen que salir perfectas porque no hay una estridencia en ningún ángulo. El hecho de poder hacer aquí los ‘Master Class’ y el Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé me da una gran satisfacción. Me encanta enseñar y aprender a la vez. Ojalá podamos hacerlo muchos años porque es un auténtico honor. Cantar aquí es muy bello. Tengo que agradecer profundamente la ayuda que nos da desde el ayuntamiento y el director Miguel Ángel Tapia. Es como un sueño convertido en realidad, ¿me permite que diga esto?

-Por supuesto. La verdad no ofende.

Yo recuerdo que el director del teatro Colón de Buenos Aires me escribió una carta preciosa diciendo que nunca había estado en un lugar como este. Lo mismo me dijo la responsable del Metropolitan de Nueva York. Yo espero que Zaragoza comprenda la importancia del Concurso Internacional de Canto que trae a esta ciudad a cientos y miles de personas de 57 países, como este año, y tiene un gran eco internacional.

Zaragoza es candidata a capital cultural europea 2016. ¿Colaboraría en el apoyo a la candidatura?

Sin duda. Estaría dispuesta para todo como hice con la Expo. La ciudad está bellísima. De repente entras y todo parece un paseo, todo parece bello, todo parece limpio; creo que sería estupendo que Zaragoza fuera capital cultural europea. Sería una gran noticia.

 

EL CAJÓN DE OLVIDOS Y OTRAS INTIMIDADES

En 1965, tras cantar ‘Lucrecia Borgia’ de Donizetti en Nueva York, los críticos resumieron la actuación con esta frase: "Callas + Tebaldi = Montserrat Caballé”. Su voz destaca por su pureza, por su energía y por el control. Montserrat Caballé (Barcelona, 1933) posee una técnica magistral y un espléndido y luminoso sentido del matiz. Es una mujer que siempre está en el camino: lo mismo puede encarnar a Norma, Salomé, Violeta, la Mariscala, Semiramide o Isolda, cantar con Freddy Mercury o pasarse horas y horas estudiando partituras polvorientas o perdidas, las rescata y las difunde, como sucede ahora con Bellini. “Es cierto que me gusta desempolvar obras del cajón del olvido. Eso ya me lo enseñó mi maestra Conchita Badía. Me siento recompensada de haber hecho algo por el compositor porque no hay que olvidar una cosa: por muy bien que se cante, por muy bien que se represente, por muy bien que se sepa, el protagonista de la noche es el compositor. Tú estás al servicio del compositor. Él es el creador de la obra. Tienes que transmitir su mensaje, su sentimiento, la forma en la que él hizo nacer aquello para ofrecerlo al público y el público tiene que conocer a este señor a través de ti, tal vez, pero a través de la música. Lo que no puedes es hacer exhibiciones personales”.

Siente una especial veneración por la enseñanza. Le gusta compartir lo que sabe, enseñar las técnicas de respiración y el contagio de las emociones. Es una mujer de una especial suavidad, aunque a veces tiene fama de seca o distante. “Hay mucha gente que lo dice, pero creo que es inexacto. Una cosa es hablar, dar clases, dar confianza a la gente para que no tenga reparo, para que se sienta libre, y otra cosa es que penetren en tu interior. Una cosa es poder explicar lo que siento y entrar en mis sentimientos, como acabo de hacerlo; otra cosa es cuando quieren hurgar morbosamente en cosas que a veces pueden hacer daño; por ejemplo, hurgar en enfermedades. Yo he padecido varias, algunas graves y estoy aquí de milagro. Mi madre falleció de cáncer, mi padre también. Parte de mi familia  también. Contesto lo más educadamente posible pero no me regodeo en ello. Quizá sea eso”. Está en contra del exhibicionismo personal en la ópera y en la vida.

*Esta entrevista se publicó el domingo en 'Heraldo de Aragón'. La foto la he tomado de internet de la página de 20 minutos.

 

LA VISIÓN DEL CÓMIC DE JUAN ROYO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/10/02/juan-royo-resume-vision-personal-del-comic-espanol-1269554-1361024.html

 

Juan Royo Abenia, economista, especialista en cómic y coleccionista, expone una selección de originales de tebeos en la Casa de los Morlanes. Piezas fechadas entre los años 50 y 2018. Detrás de cada una de ellas hay una historia.

MERCEDES CORRAL: "TRADUCIR ES UNA PASIÓN"

MERCEDES CORRAL: "TRADUCIR ES UNA PASIÓN"

Hoy se celebra el Día Internacional de la Traducción. Mercedes Corral, madrileña, es traductora del italiano y del francés. Dirigió varios años la Casa del Traductor de Tarazona. Con gentileza, responde a algunas preguntas sobre el oficio.

-¿Qué supone traducir?

Supone meterte en la piel del autor y desentrañar su universo para recrearlo en el idioma del lector con la máxima fidelidad posible al propósito del escritor.

-¿Cómo vive este oficio?

Para mí, como para la mayoría de los traductores literarios profesionales, es una pasión, por eso podemos dedicarle tantas horas de nuestra vida, la pasión de construir meticulosamente cada día un puente para que los lectores puedan transitar por él y contemplar otros mundos. Y, como toda pasión, tiene su precio, que en nuestro caso sigue siendo bajo. Somos muy pocos los que, mal que bien, podemos vivir de ello, aunque con dificultad.

-¿Ha cambiado en algo la consideración del profesional?

Menos mal que el panorama empieza a cambiar un poco a este respecto. Algunas editoriales de reciente creación llegan al mercado con esta conciencia de que hay que cuidar al máximo la traducción, lo que significa que hay que tratar al traductor en consonancia con el importante valor de su trabajo. De hecho, cuántas obras de éxito entre los lectores, deben este a una buena traducción.

-¿Qué celebramos y reivindicamos hoy?

Celebramos que siga habiendo un gran número de personas, los traductores, que consagran su vida a que los seres humanos se entiendan  sin que los idiomas no sean fronteras, sino puentes. Reivindicamos un mayor respeto social y laboral hacia nuestra figura.

-¿Dos o tres traducciones, propias, que la sigan haciendo feliz?

-Me sigue haciendo feliz mi traducción de ‘Léxico familiar’, de Natalia Ginzburg, mi primer trabajo como traductora. Un libro que sigue cosechando un gran éxito entre los lectores. Lo hice poniendo mi vida en ello, quería ser traductora y empezar con buen pie, y creo que lo conseguí. Como recompensa a ese esfuerzo, tuve el enorme privilegio de conocer a Natalia Guinzburg en su casa de Roma.

-¿Alguno más?

También ‘El secreto del bosque viejo’, de Dino Buzzati, escrita para los niños y para los adultos que siguen tratando de ver las cosas con ojos de niño, me sigue animando desde mi librería a vivir la vida de la forma más mágica posible. Me entusiasmó, entre otros muchos, el pasaje de la lucha entre los dos vientos. De hecho, cada vez que el viento sopla con fuerza, pienso que esos dos han vuelto a las andadas…

-¿Se reconoce en alguien, en algún maestro o modelo?

Todos los colegas comprometidos en este oficio son mis maestros y mis modelos. Los veo seguir con ilusión en el tajo, a pesar de todos los pesares, y eso me anima a continuar. A veces les pido que me ayuden con alguna frase que se me resiste y ellos lo hacen con mil amores, lo cual es muy de agradecer. Lo que demuestra una vez más que todos vivimos en este oficio con una verdadera vocación.

*La foto de Mercedes Corral es por cortesía de la traductora.

BERNA: LA MADUREZ Y LA JOTA EN 'HAMBRE'

BERNA: LA MADUREZ Y LA JOTA EN 'HAMBRE'

Este artículo puede verse aquí...

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/09/30/apoteosis-berna-jota-auditorio-1269108-1361024.html

CRÍTICA DE DANZA / Antón Castro

 

Apoteosis de Berna y la jota en el Auditorio

 

El bailarín redondea un espectáculo de madurez en ‘Hambre’, con la obra de grandes compositores, interpretada en directo por la ORA

 

Antón CASTRO

Miguel Ángel Berna (Zaragoza, 1968) lleva 28 años de profesión y 20 con compañía propia. La jota, sus bailes y sus sonidos, ha sido su gran apuesta. Le ha dado una y mil vueltas en un buen número de espectáculos. Casi por azar, se le metió entre ceja y ceja un concepto: el hambre. Como si hubiera leído el libro de Martín Caparrós: ‘El Hambre’ (Anagrama, 2016). Hambre que alude a la de los humildes, hambre del artista por llegar más arriba, por dar lo mejor de sí mismo y quizá por envolverse de humanidad, de fuerza y de belleza. Hambre de transmitir, afán artístico de comunicación.

Y así, por azar y por necesidad, fue creciendo en su interior un espectáculo que, como suele hacer siempre, le ha llevado a realizar un homenaje a compositores que, de diversas formas, se han sentido interesados o inspirados por la jota como Santiago de Murcia, Luigi Boccherini, enamorado de España, Franz Liszt, Mijail Glinka, Tomás Bretón y Alberto Artigas, compositor, arreglista e intérprete y uno de los colaboradores con Joaquín Pardinilla más constantes del propio Berna.

El bailarín, con sus castañuelas y con su ambición, con esa personalidad que a veces no se sabe si es furiosa o enérgica o inconformista, decidió de nuevo tender puentes: contactó con la Orquesta Reina de Aragón, que dirige Ricardo Casero, y poco a poco se fue redondeando una función que ya es esperada en Europa y que ha contado con una arreglista con gran sensibilidad como Amparo Edo Biol. Berna y Casero sumaron otros dos elementos: el Coro Amici Musicae, tan sólido siempre, y unas proyecciones, abstractas en ocasiones o realistas en otras (reflejos en el agua, el oleaje), de Ernesto Sarasa.

‘Hambre’ es Miguel Ángel Berna y su compañía en estado puro. ‘Hambre’ es una función que tiene los ingredientes de siempre, la tradición de la jota y el deseo de renovarla y de volverla más contemporánea. La función se organiza mediante secuencias de baile, con una coreografía muy vistosa y equilibrada, en la que hay homenajes a la tradición popular aragonesa, al universo  de Goya –a sus majas y creo que a los fusilamientos-, incluso hay una suerte de duelo entre Berna y uno de sus bailarines. Todo fluye con convicción y plasticidad, con un cuerpo de baile cada vez mejor, más sólido, y un hermoso regalo: los jóvenes alumnos de Miguel Ángel Berna, que salieron y bailaron sin complejos, con gracia y con sosiego.

El espectáculo funciona. No es fácil ver el hilo conductor, de escena a escena, que quizá sea leve. El auténtico hilo conductor es el de la música y el baile: la Orquesta Reino de Aragón, afinada y muy profesional, y por supuesto Berna y también Manuela Adamo, con quien se marca un sugerente y sensual paso a dos, y el grupo de bailarines.

La jota está ahí. Por todos los poros. Pero también hay fogonazos flamencos. El universo legendario y romántico de la España del XIX. La España de la Dolores y Agustina de Aragón. La España convulsa del siglo XX. La España herida que enamoraba a los músicos extranjeros. La idea misma del pueblo: ‘Hambre’ también es dolor, desgarro, miseria. ‘Hambre’ es el deseo de redención y de libertad. ‘Hambre’ es un diálogo con el patrimonio cultural. Miguel Ángel Berna vuelve a ser generoso y logra un espectáculo estupendo, maduro, compartido, laborioso, que a más de uno se le quedó corto. El coro entona: “Aquí se canta la jota”. Se canta, se baila, se protege y se hace tierra, retrato y rito.

La Sala Mozart del Auditorio estaba llena. Al final, el público se levantó y premió la entrega de todos, desde Miguel Ángel Berna, que se da una auténtica paliza, y sus bailarines hasta la Orquesta Reino de Aragón. Aunque parezca exagerado, en la función del sábado se produjo una auténtica apoteosis, con el público en pie con atronadores y largos aplausos.

 

LA FICHA

‘Hambre’. Compañía de Miguel Ángel Berna, Orquesta Reino de Aragón y Coro Amici Musicae. Dirección artística y coreografía: Miguel Ángel Berna. Dirección Musical: Ricardo Casero. Bailarines: Miguel Ángel Berna, Manuela Adamo, Estíbaliz Barroso, Sofía Berna, Mónica Gómez, Kenji Matsuyama, Pablo Pérez, Yasmina Sánchez y Álvaro Alaya. Con la participación de los alumnos de la Escuela Municipal de Música y Danza del Ayuntamiento de Zaragoza. De viernes a domingo 30 de septiembre. Auditorio de Zaragoza.

*La foto de Miguel Ángel Berna y Manuela Adamo, en ’Hambre’, es de Jaime Oriz.

SERGIO ABRAÍN, HACIA LA LONJA: "LA PINTURA ME CONECTA CON LA VIDA"

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/09/24/sergio-abrain-pintura-conecta-con-vida-1268219-1361024.html

 

"Soy una persona conectada a la vida y su sentido a través de la pintura. He sido, soy y seré pintor, y me reconozco esencialmente en la pintura, aunque vivamos en una época de tecnologías, que uso y asumo. El arte ha sido todo un viaje para mí, un viaje de conocimiento, de curiosidad, de aprendizaje”,dice Sergio Abraín (Zaragoza, 1952), que ultima la muestra que inaugurará el próximo 5 de octubre en la Lonja y que constará de 90 piezas de distintas técnicas y soportes.

Añade: “Es curioso. Soy un pintor muy zaragozano que ha mirado al mundo y los diversos movimientos de mi época. He vivido aquí, he trabajado aquí, me la jugado aquí, y seguramente soy más maño de lo que yo mismo había pensado. ‘Rompiendo el tiempo (1974-2018)’ es, en ese sentido, un homenaje a Zaragoza, un encuentro con mi ciudad, y un homenaje a varios amigos que ya se han ido y que quiero que estén presentes: artistas como Eduardo Salavera y Emilio Abanto, o diseñadores como Carlos Zaro, que me enseñó mucho y fue un maestro para mí”. A esos homenajes explícitos, Sergio Abraín suma los de aquellos -poetas, narradores, periodistas, filósofos, historiadores del arte, etc.- que han escrito de su obra a lo largo del tiempo.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Sergio Abraín el púlpito. Siempre ha cultivado el humor, la ironía y la transgresión. Archivo Abraín.

 

Dice Abraín que aquella exposición en el Palacio de Sástago de las salas Patagallo y Caligrama -de las que fue “catalizador o agitador cultural. Era un encargo de Alfredo Romero”- fue casi un ensayo para esta exposición en la Lonja bastantes años después. “Decidí hacer una retrospectiva que abarca 44 años. Desde mis orígenes hasta ahora mismo veo que hay una coherencia y un conjunto de obsesiones que se repiten -añade Sergio Abraín-. Me ha interesado el surrealismo siempre, y está en mi obra a lo largo del tiempo, y me han interesado asuntos y series como la vertiente social, el paisaje, el cuerpo humano, las máquinas y el maquinismo, los espejos y el agua. A todos ellos les he dedicado serie específicas, períodos de entre 10 y 12 años. Al preparar esta muestra me he dado cuenta que esas obsesiones aparecen, desaparecen y reaparecen con insistencia”.

Sergio Abraín declara, “a diferencia de lo que a veces pasa con otros artistas”, que él sí se reconoce en sus primeras obras, impregnadas de figuración y de denuncia social, y que ha querido mostrar la obra de un artista de su tiempo que se ha enriquecido con un sinfín de referencias: la obra literaria y plástica de los surrealistas franceses; la obra pictórica de Fernand Leger, Max Ernst, los expresionistas norteamericanos, con Willem de Kooning a la cabeza, pero también los futuristas italianos y la transvanguardia. Cita a ensayistas como Jacques Lacan, Gilles Deleuze, Roland Barthes, “que fue clave en mi inclinación hacia los signos”, y Gaston Bachelard. Y, por supuesto, Miguel Labordeta, que “fue revulsivo para mí. A él le debo el término ‘metalírico’ con el que ha bautizado algunos de mis cuadros. He sido un gran lector de su poesía, que no es nada fácil, pero yo me siento identificado con ella. He hecho dibujos y caricaturas basados en su poesía y en él mismo, pero al final no ha salido ese proyecto; sigue por ahí aparcado. Fue clave en mi conocimiento del poeta la colaboración con uno de sus grandes estudiosos como Antonio Pérez Lasheras”, explica el pintor.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Así captó Arturo Burgos  a Sergio Abraín. Arturo Burgos.

 

‘Rompiendo el tiempo (1974-2018)’ es el álbum de creación de un pintor que no ha dejado de experimentar, que siempre ha estado en el camino, que ha participado en grupos como el Colectivo Plástico, que colaboró con el movimiento vecinal y diversas asociaciones y que sigue trabajando en Arte y Terapia con diversos colectivos de enfermos mentales. “Sí, pero esta es una exposición más personal. He intentado proponer un recorrido pictórico entretenido y didáctico en ocasiones. Quiero que se vean los recursos técnicos, las técnicas y el juego”, señala.

Ese paseo en el tiempo que es la muestra se ha dividido en siete partes o períodos: la obra de intervención y denuncia y su evolución, la presencia del color, que pasa por épocas de acidez y de exaltación, la pintura de acción, con chorreo y gestualidad, el paso hacia un arte más total, más expresionista y de signos , el homenaje al cantante José Afonso, la aparición de las estructuras y la geometría, la presencia de los objetos, los desnudos, “casi siempre femeninos”, los tubulares y, finalmente, los dioramas, “algo que ya procedía de épocas anteriores mías. Me gustan mucho las cajas, esos escaparates, donde establezco vínculos con la arquitectura. En esta parte final también hay una obra curiosa: la visión a mi manera del éxtasis del caballero San Jorge ante la princesa”, concluye.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Sergio Abraín, en los año 70, cuando empezaba su carrera. Arturo Burgos, fotógrafo de HERALDO.

MANUEL VILAS EN CARIÑENA

MANUEL VILAS EN CARIÑENA

MANUEL VILAS: “OS INVITO A HACER DE CARIÑENA UNA DE LAS MEJORES, SINO LA MEJOR, DENOMINACIÓN DE ORIGEN DEL MUNDO”

[Nota de Santiago Martín y Maszoom.] 

El “Invitado de Honor” de la 52ª Fiesta de la Vendimia resaltó el “maravilloso trabajo” que realizan los vitivinicultores de la Denominación y ha reinvidicado el vino como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental”

 

El autor ha incidido durante su intervención en el acto central de la Fiesta en que en el vino, como en la literatura, “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida” y por eso “adorna la vida” y  es “sinónimo de civilización y de progreso”

 

El presidente de la D.O.P., Ignacio Casamitjana, ha anunciado en la celebración los dos grandes objetivos inmediatos del Consejo Regulador para impulsar la comercialización de sus vinos: la reforma del Museo del Vino y la promoción internacional de la uva Cariñena

 

La vendima de este año estará “por encima del 15 % o incluso del 20 % de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva

 

El acto de Exaltación del Vino ha incluido el tradicional pisado del primer mosto y su ofrenda al Santo Cristo de Santiago y ha culminado con el encendido de la Fuente de la Mora a cargo del “Invitado de Honor”, quien posteriormente ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas

 

(Domingo, 23 de septiembre de 2018).- El vino es como el arte porque celebra la vida y adorna la existencia. Este es el mensaje que ha transmitido el escritor Manuel Vilas en la 52ª Fiesta de la Vendimia de Cariñena, donde este año ha sido el “Invitado de Honor” y el encargado de hacer manar vino de la Fuente de la Mora, en el acto más característico de esta celebración.

 

El escritor aragonés, que este año ha logrado un gran éxito literario con su novela “Ordesa”, ha protagonizado así en el acto central de la emblemática Fiesta de la Vendimia de la Denominación de Origen Protegida Cariñena, reconocida desde 2016 como Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Por su parte, el presidente del Consejo Regulador la D.O.P. Cariñena, Ignacio Casamitjana, ha destacado la transformación del Museo del Vino y la promoción de la variedad de uva Cariñena, como principales apuestas en las que se trabaja actualmente.

 

Manuel Vilas ha comenzado su intervención agradeciendo su nombramiento como Invitado de Honor “porque celebrar la fiesta del vino de Cariñena es lo mismo que celebrar la vida, la amistad y la alegría” para luego destacar en su discurso cómo el oficio de escritor “tiene que ver mucho con el vino”. Así, ha realzado que el vino es “sinónimo de civilización y de progreso” y que en él, como en la literatura “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida”.

 

“HACER VINO ES AMAR LA VIDA Y LA LIBERTAD”

 

Repasando las virtudes del vino, Vilas lo ha relacionado con el nacimiento de la cultura cuando el hombre “vio en el vino un motivo de celebración y de exaltación de la naturaleza”. Ha destacado que los pueblos que se dedican a la viticultura, como los de la Denominación de Origen Protegida Cariñena “aman la vida y la libertad” y ha subrayado cómo el vino “está relacionado con la tolerancia, la amabilidad y la educación”; además de su papel en “realzar la gastronomía, una forma inteligente de entender la vida”.

 

Como ejemplo de todas estas virtudes, Manuel Vilas ha contado cómo recientemente en una comida con un amigo escritor famoso, este, saboreando su copa de vino, le explicó en qué se parecen el arte y el vino: “ni el vino ni el arte son necesarios. Precisamente por eso los amamos tanto, porque nos adornan la vida, y porque sin adornos y sin placeres y sin lujos la existencia sería un infierno y un enorme aburrimiento”.

 

Vilas ha resaltado que esta historia expresa la “radical humanidad” del vino, y su papel como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental que existen”, por lo que ha concluido sus palabras invitando a “la perfección en el trabajo de hacer vino” y a “difundir por el mundo entero y consolidar el maravilloso trabajo que hay detrás de la Denominación Cariñena”.

 

El reconocido escritor ha concluido así su intervención: “Os invito a la perfección en el trabajo de hacer vino. El vino exige conocimiento, ciencia, técnica, investigación, arte, entrega, sacrificio, trabajo constante. Os invito a hacer de Cariñena una de las mejores, sino la mejor, denominación de origen del mundo”.

 

“APOYAR LA COMERCIALIZACIÓN”

 

Por su parte, el presidente del Consejo Regulador, Ignacio Casamitjana, ha aprovechado la Fiesta de la Vendimia para repasar los objetivos y proyectos en un año en el que se calcula que la cosecha va a estar “por encima del 15 % o incluso del 20% de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva.

 

Casamitjana ha incidido en que este punto de partida “quedaría incompleto si no conseguimos que nuestros vinos alcancen un posicionamiento económico acorde con la calidad que estamos ofreciendo” para destacar el reto de “apoyar entre todos a la parte industrial, de producción y comercialización”, para lo que ha destacado dos grandes proyectos: el posicionamiento internacional de la variedad de uva Cariñena y la reforma del Museo del Vino.

 

Sobre el primer objetivo, el presidente ha destacado que se aspira a “convertir en un icono internacional” la uva cariñena, “que tiene el mismo nombre que nuestra ciudad, nuestra comarca y nuestra Denominación”, para que sea “una figura de exclusividad, un referente que nos distinga del resto de territorios vinícolas y nos coloque un escalón por encima”.

 

Sobre la transformación del Museo del Vino, el presidente de la D.O.P. ha resaltado que el Gobierno de Aragón ha financiado la redacción del proyecto y que se trabaja para que pronto sea una realidad “un Museo del Vino del siglo XXI, que manteniendo la esencia de la tradición esté también a la vanguardia"”. Además, también ha citado la Ruta enoturística del Campo de Cariñena – El Vino de las Piedras como un medio de promoción e imagen ya consolidado.

 

A la vez, Ignacio Casamitjana ha resaltado la importancia de “estar siempre innovando, porque la vid y el vino son un trabajo de 365 días al año” y ha recordado cómo la D.O.P. Cariñena fue pionera en técnicas como el uso de feromonas para combatir la polilla del racimo “y seguiremos implantando las novedades más vanguardistas para conseguir la excelencia en la producción” y seguir manteniéndose “en el top ten de los vinos de calidad”.

 

El presidente ha recordado finalmente que en la Denominación de Origen Protegida Cariñena trabajan más de 1.500 viticultores y 35 bodegas y sus 14.000 hectáreas de viñedos concentran el 50% de todo el vino que se elabora y comercializa en la Comunidad Autónoma de Aragón.

 

PISADO DE LAS UVAS, BENDICIÓN DEL MOSTO Y ENCENDIDO DE LA FUENTE

 

Los actos de la Fiesta de la Vendimia han comenzado con el tradicional pisado ante el público de las uvas para recoger el primer mosto del año, bendecirlo y ofrecérselo al patrón de Cariñena, el Santo Cristo de Santiago. En esta edición, han sido dos vecinos de la localidad de Alpartir, Ángela del Val y Francisco Pérez, los encargados de esta tarea. Como novedad, se ha recuperado este año la presencia de la imagen del Santo Cristo en el escenario de la plaza, donde se ha realizado la bendición del mosto por el párroco de la localidad, en lugar de en la ermita al finalizar el acto.

 

Tras los discursos del “Invitado de Honor” y del presidente del Consejo, se ha vivido uno de los momentos más esperados, cuando el primero ha puesto en marcha el interruptor que permite que durante todo el día manen miles de litros de vino de la Fuente de la Mora, la original seña de identidad de la Fiesta de la Vendimia de la Denominación.

 

A continuación, y una vez concluido el acto institucional, Manuel Vilas ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas, que desde 2014 luce las huellas de los personajes que han visitado la Denominación de Origen Protegida Cariñena. El escritor se ha sumado así a una ya larga lista de nombres como José Ramón de la Morena, Santiago Segura, David Trueba, Eduardo Noriega, Elvira Lindo, Paula Ortiz, Miguel Ángel Lamata, Gabino Diego y Luisa Gavasa.

 

El programa ha continuado con la apertura de la Feria del Vino, en la plaza Campo del Toro, donde se han podido degustar los Vinos de las Piedras de la Denominación Cariñena junto con sabrosas tapas y raciones, y actuaciones musicales. Además, se han realizado visitas gratuitas al Museo del Vino y, como novedad también de este año, el Tren del Vino  ha permitido a algunos zaragozanos viajar y regresar a la fiesta en vagones históricos, como se hacía en los años 90.

 

En el acto central de la Fiesta de la Vendimia 2018 han estado presentes, entre otras autoridades, el secretario general técnico del Departamento de Desarrollo Rural del Gobierno de Aragón, José Luis Castellano; el vicepresidente de la Diputación de Zaragoza, Martín Llanas, y el alcalde de Cariñena y presidente comarcal, Sergio Ortiz.

 

Castellano ha destacado el apoyo del Gobierno de Aragón y que “la producción diferenciada y de calidad se ha convertido en el eje central de la Denominación Cariñena”. En su opinión, “en esta Denominación hay una industria y unas bodegas que están en primera línea con sus poderosas campañas nacionales y de internacionalización en los principales mercados del vino”.

 

Por su parte Sergio Ortiz, invitó a todos, y de todos los lugares a disfrutar de “una fiesta que une pueblos y culturas y especialmente este año con el protagonismo del escritor Manuel Vilas, ya que la literatura es un lenguaje universal como es el del vino”.

 

LUIS ANTONIO GONZÁLEZ MARÍN ABRE EL CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

LUIS ANTONIO GONZÁLEZ MARÍN ABRE EL CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

Mañana martes, 18 de septiembre, se inaugura el gran ciclo de conferencias ‘Zaragoza en el corazón’, organizado por la Universidad de Zaragoza y la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Serán ocho conferencias, todas a las 19,30 horas y con entrada libre para cuantos deseanasistir: cuatro en el Paraninfo de nuestra Universidad y cuatro en el Salón de Sesiones del Museo Provincial, sede de la Academia. El ciclo está concebido y planificado por José Luis Melero Rivas, bibliófilo y escritor, a punto de publicar en Xordica un nuevo tomo de artículos: 'El lector incorregible'.

La primera sesión se titula ‘Zaragoza y la música’ y la imparte el musicólogo e intérprete Luis Antonio González Marín. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Será a las 19.30 en el Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

 

 

Luis Antonio González. BIOGRAFÍA Y TRAYECTORIA

La inquietud de Luis Antonio González por la interpretación de la música histórica y su interés por la investigación y recuperación del patrimonio musical lo condujeron de un lado a la musicología histórica y de otro a la práctica musical históricamente informada, como organista, clavecinista y director. Estudió en el Conservatorio de Zaragoza, las Universidades de Zaragoza y Bolonia (donde se doctoró becado por el Reale Collegio di Spagna) y numerosos cursos de especialización en varios países europeos. Especialmente influyentes en su formación han sido José V. González Valle, José L. González Uriol, Jan Willem Jansen, Lorenzo Bianconi y Salvador Mas.

Es Científico Titular del CSIC (Departamento de Ciencias Históricas-Musicología, IMF). Desde 2000 ha dirigido el Postgrado de Tecla del CSIC y entre 2006 y 2014 ha sido director de Anuario Musical, la más veterana y prestigiosa de las revistas de musicología españolas. Ha realizado más de 200 publicaciones, prestando especial atención a la práctica musical histórica y a la recuperación de la música española de los siglos XVII y XVIII. Destacan sus ediciones de la obra de Joseph Ruiz Samaniego (fl. 1653-1670) y José de Nebra (1702-1768). Es invitado regularmente como profesor y conferenciante en congresos, cursos y seminarios en Europa y América (Universität Mozarteum de Salzburgo, Centre de Musique Baroque de Versailles, Universität Leipzig, City University of New York, University of Arizona, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidades de Oviedo, Autónoma de Barcelona, Zaragoza, Extremadura, Cádiz, Politécnica de Valencia, Internacional de Andalucía, ESMuC, CSMA, Curso Internacional de Música Antigua de Daroca, Conservatorio de las Rosas de Morelia, Academia Internacional de Órgano de México, Laboratorio di Musica Antica di Quartu St.’Elena...).

Luis Antonio González coordina, mediante un Convenio entre el CSIC y el Arzobispado de Zaragoza, la investigación integral del Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza, uno de los más ricos archivos musicales históricos de España. También asesora las restauraciones de instrumentos históricos de la Diputación de Zaragoza.

En 1992 fundó Los Músicos de Su Alteza. Ha actuado en España, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Suiza, Gran Bretaña, Bulgaria, Rumania, Estados Unidos, México y Túnez. Su discografía comprende una decena de títulos para los sellos Arsis, Prames, Hortus, Dorian y Alpha (Outhere Music).

En su doble faceta de investigador e intérprete ha sido reconocido con numerosos galardones españoles e internacionales: Premio Nacional de Humanidades, de Musicología "Rafael Mitjana", "Fundación Uncastillo", "Defensor de Zaragoza", Diapason d’Or, La Clef, Muse d’Or, Prelude Classical Music Awards, etc. Es Académico de Número de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.