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Antón Castro

EL QUINTO PERRO VÍCTOR MIRA (1949-2003)

EL QUINTO PERRO VÍCTOR MIRA (1949-2003)

El quinto perro Víctor Mira

 

ANTÓN CASTRO

“Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel”. La frase no pertenece a Zurbarán ni a Caspar David Friedrich ni siquiera a San Juan de la Cruz, el hombre que levitaba con sus visiones poéticas, sino a Víctor Manuel Miragaya, nacido “accidentalmente” en Marruecos, aunque él siempre diría que había nacido en 1949 en la “Madre Zaragoza”. En su infancia y su juventud retendría varias imágenes: las afueras de Juslibol y sus celajes, muy especialmente, y la inmensa culebra del río Ebro. De ambas escribiría en sus poemas y en algunos de sus diarios como ‘Humus. Diario, 1994-1998’ (DPZ, 1999).

Víctor Mira, el nombre que eligió como artista, fue un creador por vocación. Sintió como pocos el drama de la insatisfacción más radical. Buscaba y buscaba, y trabajaba sin sosiego, con furia y alucinación. Así, con intuición y poseído por un don inefable, fue realizando su obra: sus óleos, sus dibujos, sus grabados, sus esculturas. Piezas que están impregnadas de pesadillas, de visiones inquietantes, de figuras poéticas que hallaba en el corazón de la noche y en los textos del Romanticismo, en la vida o en la historia del arte mismo. Víctor Mira pertenece a esa categoría de artistas que persiguen la trascendencia, el más allá, que se sienten “los elegidos” del destino y a la vez se perciben como un pájaro solitario que se adentra, de cabeza y quizá a ciegas, en el abismo. Él anhelaba “ser un artista capaz de sentir el espectro, la metáfora de la muerte” y a veces, tan paradójico y tan doliente, tan imprevisible, decía que no había vida en su interior.

En su juventud, realizó varios empleos pero pronto se trasladó a Madrid, a principios de los años 70. Algunos años después elegiría Barcelona para vivir: allí ahondó en sus temas, en sus sobresaltos y profundizó en el estudio de la historia del arte. Una mirada a su trayectoria de 35 años revela la complejidad de sus fuentes: el Barroco español, sin duda, la pintura holandesa, la huella de Friedrich, tan persistente, algunos surrealistas como Yves Tanguy, Miró o Salvador Dalí, los expresionistas alemanes, desde George  Baselitz a Otto Dix, por citar algunos, Antoni Tàpies y otros pintores quizá  más inclasificables como Vincent Van Gogh, Cézanne y Goya, claro. Fue uno de los artistas importantes de los años 80 con su paisano José Manuel Broto, José María Sicilia y Miquel Barceló. En esos años contactaría con uno de sus galeristas más constantes, Miguel Marcos, que lo presentó en Zaragoza, en Barcelona y Madrid, en ARCO y en diversas ferias europeas. Marcos dijo de él: “Mira era un animal pictórico, un hombre entregado a su trabajo, un monje en su taller que vivía por y para el arte”.

En la carrera de Víctor Mira se perciben una serie de obsesiones, de temas o de figuras claramente simbólicas.  Ahí están el ‘Caminante’ con su farol en la mano, las ‘Hilaturas’, los ‘Estilitas’, donde parece encontrarse con su pariente Luis Buñuel y su ‘Simón del desierto’, piezas como ‘Montserrat’, las crucifixiones, algunas grandiosas, que evocan por igual a Velázquez o a Dalí pero también a pintores más inquietantes como Brueghel, o los ‘Antihéroes’, otra creación suya que se inspiró en la ‘V Sinfonía’ de Beethoven y cuyo protagonista es un muerto que reposa en un somier y que tiene una herida en el centro del abdomen.

Mira también se sintió atraído por Bach a través de una serie muy depurada, presentaba bajo el formato de ‘variaciones sobre un tema’, donde predominan el negro y el azul. Toda su obra es un intento personalísimo para descifrar la complejidad del mundo, una complejidad que empezaba en él mismo: era provocador y airado, comprometido y pugnaz, satírico y rebelde, y a la vez era vulnerable, candoroso, incluso de una ternura desarbolada. En 2002 presentó en el Museo Pablo Serrano la exposición ‘Apología del éxtasis’ y en 2003 fue elegido el mejor artista español en ARCO.

Vaticinó su muerte tal, como había de ocurrir, en uno de sus dibujos. El 18 de noviembre de 2003, tras haber sufrido un incendio en su taller, Víctor Mira decidió despedirse de su última compañera Esther Romero y del mundo arrojándose a un tren en Breitbrunn. Desde hace una década descansa en el cementerio de Montjuic. En ‘Humus’ había escrito: “Sabía que no estaba loco, sabía que no era un santo, pero respiraba cada vez más con el respirar veloz de los suicidas”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El quinto perro. Una de las facetas de Víctor Mira es la de poeta y ensayista. En uno de sus mejores textos le escribe a Antonio Saura: “Goya, Buñuel y tú, y aún añadiría al primero de todos, a Gracián, perro agudísimo, cuyo ingenio fue ladrar en mudo para mejor dejarse entender. Sería yo, pues, quinto perro y sordo, y aún me querrían ver sin dientes por no ser de sitio alguno que no sea mi origen propio en la perrera de Zaragoza”.

Presencia. En esta década no puede decirse que Mira haya caído en el olvido. Pepe Navarro, desde Zaragoza Gráfica, ha rescatado periódicamente su obra, con importantes novedades, y ha creado un espacio específico. La galería A del Arte ha mostrado una colección de grabados que donó Mariano Santander al Museo del Grabado de Fuendetodos. Y en el IAACC Pablo Serrano, que trabaja en un ambicioso proyecto sobre el artista, pueden verse algunas de sus mejores piezas. En el panorama nacional sí podría decirse que Víctor Mira ha pasado un tanto inadvertido.

Poética. Escribió: “No hay más verdad que el negro y el azul purísimo de Zaragoza”.

 

*Este impresionante retrato es de Rogelio Allepuz, del año 1993. 

RECUERDOS DEL RODAJE DE 'EL AIRE DE UN CRIMEN' EN CALATAYUD

RECUERDOS DEL RODAJE DE 'EL AIRE DE UN CRIMEN' EN CALATAYUD

EPÍSTOLA DE UN ÁNGEL

RECUERDOS DEL RODAJE DE ’EL AIRE DE UN CRIMEN’

 

Nunca había asistido al rodaje de una película. Y era algo que tenía completamente mitificado. Hubo una época de mi vida, a principios de los 80, cuando era camarero de bingo, que consideré que podía dirigir películas y redactar guiones. Apenas tenía dinero, pero iba tres o cuatro veces por semana a las matinales de los Multicines Buñuel. Aquel era un festín para mí: abrí un cuaderno, y dos y tres, y lo fui llenando de notas sobre la película, los actores, la historia del guión, el propósito del director y mis propias teorías. Por todo ello, en aquel verano de 1987 en que me convertí en periodista de El Día de Aragón, encaré el rodaje de El aire de un crimen con absoluto entusiasmo. En realidad, con una idéntica porción de ilusión y pánico.

 

 

Llegué a Calatayud en autobús, y busqué los puntos de rodaje: la plaza central, el hotel donde pernoctaban los equipos, la plaza de toros. Y pronto, muy pronto, me topé con los actores y todos los cachivaches de producción, entre ellos algunos negros coches de la posguerra inicial. La plaza era realmente espectacular: como un gran teatro de comedia que aguarda a que los actores declamen a Cervantes, a Lope de Vega y a Calderón. Asistí a diversas tomas con auténtica delectación: no podía creérmelo. Antonio Isasi dirigía la película y todo el mundo recordaba su éxito internacional con El perro. El capitán Medina era un actor local que empezaba entonces su proyección: Chema Mazo. María José Moreno era la Tacones. Maribel Chueca encarnaba la fragilidad y la extremada delgadez. Había muchos intérpretes importantes y no tan importantes. Me invitaron a cenar con ellos.

 

Me puse pesado: quería saberlo todo. Preguntaba y preguntaba, y Germán Cobos me contestaba primero con cariño y gracia y luego, a medida que descubría que mi inagotable insistencia o curiosidad, conteniendo el fastidio. Uno de sus amigos, uno de esos animadores de los actores que tienen buena conversación e instinto teatral aunque no lo practican, uno de ésos que siempre hablan de gastronomía y de viajes, me dijo: “Chaval. Olvídate por una hora del trabajo”. Lo intentaba. Lo intentaba, pero se me hacía difícil. Me volvió a advertir el amigo que “dejase de hacer el pelma”. Al final lo logré. O lo lograron ellos. Me emborracharon con cerveza, con vino, con orujo.

 

Al otro día, entrevisté a casi todo el equipo, tomé fotos, eso sí: tenía un insoportable dolor de cabeza. Al domingo siguiente publiqué el artículo en doble página, y dije que la joven actriz de catorce años no era una chiquilla, era un ángel vestido de amarillo. “O la diosa de hermosura inefable que enloqueció a Paris”, eso escribí sin temor al ridículo. Algunos días más tarde recibí un sobre con algunas fotos: estaba completamente borracho en todas. Una de ellas ponía en el reverso: “Bailas fatal, aunque eres muy simpático. Maribel Verdú”. A ella, precisamente a ella, la había confundido con un ángel. Creo que era lo único en lo que no había exagerado.

 

*Hace algunos años, EN 2009, publiqué este texto que recuerda mis inicios en el periodismo, en concreto en el diario ‘El Día de Aragón’ en el verano de 1987. Empecé a colaborar gracias a la librería Muriel y a la buena acogida de Plácido Díez Bella y Lola Ester Uruén. En la foto, Maribel y María José.

CRISTINA GRANDE: 'NIEBLAS ALTAS'

Cristina Grande escribe, columna a columna, la novela de la vida

La escritora recoge sus textos de prensa que publica los martes en HERALDO en ‘Nieblas altas’ (Olifante)

  
   
 
La escritora Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO.
Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO. Guillermo Mestre

Cristina Grande Marcellán firma todos los martes en HERALDO una columna de culto. Esta mujer, que querría ser de mayor como la cineasta Jane Campion, “con su melena blanca recogida en una coleta ladeada”, escribe de las pequeñas cosas, de lo invisible, que lo que por pura obviedad da la impresión de que ni esté. Dice en la primera frase de su nuevo libro ‘Nieblas altas’ (Olifante. La Casa del Poeta): “Lo bueno de tener un pasado es que puedes olvidarlo casi a voluntad, por trozos”.

Ella, en realidad, olvida pocas cosas. Esta cronista del presente asume muy bien una frase de la escritora Nélida Piñón: “Lo que da trascendencia al arte es la maravillosa banalidad de lo cotidiano”. Lo cotidiano de hoy, de anteayer, de ayer o de hace años. Cristina tiene un especial radar de percepción, y en ese don para captar sutilezas, hechos inaprensibles, emociones sigilosas o los pequeños detalles que agigantan el arte de vivir, se parece a Alice Munro, Mercè Rodoreda, Natalia Ginzburg y Soledad Puértolas. Pertenece a ese estirpe innominada y emparentada por enigmáticos vínculos y una prosa limpia y luminosa, suave y sin gritos.

¿Qué es ‘Nieblas altas’ y que hace ese libro en una colección de poesía, más bien? Son 49 de sus columnas de los últimos años, que complementan las que ya había publicado en ‘Flores de calabaza’ (Anorak). Y aquí, también aquí, está esta escritora extraña, inquietante y familiar con sus temas. Y con esas frases que te dejan temblando o escribiendo mentalmente una novela: “Mi hermana soñaba con una piscina de mercurio”. También a ella le encantan las piscinas.

Cristina Grande es autora de libros de cuentos como ‘La novia parapente’, ‘Dirección noche’ y ‘Tejidos y novedades’ y de una novela, ‘Naturaleza infiel’, que dio mucho que hablar. Son bastantes los lectores que esperan, desde hace años, su segunda novela. Cristina la escribe sin escribirla: con sus columnas, martes tras martes, enhebra una narración frondosa, veteada de afluentes y personalísima, donde la protagonista es ella, ella y su mirada y su sensibilidad, y ese modo magistral de no darse ninguna importancia. Escribe como camina, escribe como sueña, escribe como bebe un vino o como pasea en moto, abrazada a su amor Antoine y desafiando el cierzo en Lanaja, en Calatayud, en Paracuellos de la Ribera o si hiciera falta en el Himalaya, ante sus fantásticos cedros.

Cristina escribe de sí misma y escribe de todo: de Sol Acín y de sus versos, le conmueve ese que dice: “Miedo me da la estría del aire que adivino en su infinito”. Escribe del lenguaje y visita el ‘Tesoro de la lengua castellana’ de Covarrubias para saber que significa exactamente el vocablo ‘musarañas’, que le responde: “Vulgarmente solemos llamar musarañas a unas nubecillas que imaginamos en el aire”. Puede explicar la atmósfera de una chopera en Aranda de Moncayo o recordar la película de ‘Rocky II’, contempla el descenso del Ebro, glosa un paseo en el autobús 39 y rinde homenaje a la gente que le ayuda a sobrevivir y la empuja a ser más feliz: Luis Alegre, Pepe Melero, Fernando Sanmartín, José María ‘Cuchi’ Gómez, su primo Alfredo, que la lleva en coche a un funeral, etc., y su propia madre, claro, que ella ha convertido en una misteriosa e inagotable criatura de novela.

Cristina escribe de aromas, de blusas (en concreto de la blusa roja de la actriz Luisa Gavasa), de las estrellas o de la última nieve que queda en el Moncayo. En el texto que da título al conjunto, escribe Cristina Grande Marcellán (Lanaja, 1962): “Mi madrina no quiere ver que las cosas son más complicadas. También ella, como mi madre, ve nieblas altas aun cuando se esté generando una gran tormenta”.

Esa madre, por cierto, es la misma que se pregunta o que comenta: “¿Cuándo pasarán las perdices?”. Cristina, que tiene los cinco sentidos en alerta, parece saberlo.

 

 

LA FICHA

‘Nieblas altas’. Cristina Grande Marcellán. Olifante: Papeles de Trasmoz. Zaragoza, 2018. 109 páginas.

CARMELA TRUJILLO LEE 'LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA'

https://libroscarmelatrujillo.blogspot.com/2015/10/para-tener-en-cuenta.html

La leyenda de la ciudad sumergida, 

de Antón Castro
Ilustraciones de Javi Hernández
Si se hiciera una encuesta sobre por qué leemos o qué buscamos en los libros, creo que un alto porcentaje de nosotros diríamos que es para encontrar tesoros. Y por tesoros me refiero a descubrir una obra que nos llena por completo, que nos hace creer en mundos paralelos y que nos transforma en compulsivos (desesperados que buscan cualquier momento para seguir leyendo la historia).
Pues de un tesoro recién descubierto quiero hablar hoy. Se trata de La leyenda de la ciudad sumergida, publicado por Ediciones Nalvay(pequeña editorial aragonesa que solo edita “aquello que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en las librerías”). Un libro escrito por Antón Castro e ilustrado por Javi Hernández. Una novela (¿juvenil?) que comienza así:
Sabela Camelle estaba a punto de dar a luz el día en que Cidre Oután, el ciego de Baladouro, se detuvo ante ella frente al lavadero, le cogió el vientre y se lo palpó amorosamente para comprobar hacia qué lado le abultaba más. La mujer, que conocía su fama de adivino, se dejó tocar por aquí y por allá como si nada.
-Parirás mañana al amanecer un muchacho que, a medida que pasen los días, se volverá un poco brujo- le dijo el ciego.
Y ya es imposible detener la lectura. Una lectura que, para mí, ha sido como un estadillo de sabores. Ha sido algo así como cuando te comes un bombón relleno, que explota en la boca, y todos los sabores se mezclan. El sabor del mundo rural de Rosalía de Castro, por ejemplo, o esa reminiscencia de libros clásicos como “Lazarillo de Tormes” o “Don Quijote de la Mancha”. ¿Recordáis que encabezaban sus capítulos con largas frases que explicaban lo que iba a acontecer? Pues aquí, igual. Un ejemplo:
III
DE CÓMO EN BALADOURO LLOVÍA SIN PARAR
O EL INICIO DE LA AVENTURA
Después del primer domingo de otoño se había desatado una inmensa tormenta y ya hacía más de tres días que llovía sin cesar. El río Bolaño se salió de su cauce e inundaba los prados y las vegas de frutales. Illó Oscuro amenazaba también con salirse de sus límites y extenderse por las fincas de siembra, la propiedad inmensa de Ferreño, y por los huertos protegidos por muros de laja a lo largo del río. En los caminos nacían riachuelos que bajaban enloquecidos desde las cumbres y desembocaban en la era del tío Xosé do Nacho, donde formaban barrizales, lagunas de lodo y un mar de agua con residuos, espantapájaros y aparejos de labor.”
Las aventuras, en este libro, ocurren una tras otra, con todo tipo de personajes (muchos, propios de la mitología gallega). Y nosotros, como lectores envueltos en la magia de Antón Castro, nos lo creeremos todo. Todo. Incluso que los animales hablen. O que existan seres como los nuberios. También las meigas, por supuesto, que las hay. Y seguiremos leyendo para conocer qué le ocurre a Esteban, un chaval que posee ciertos dones únicos desde que fue obsequiado con un libro escrito a tres tintas y que le iba a proporcionar la capacidad de“arreglar las mayores catástrofes, de curar las más punzantes y dolorosas heridas y de vivir las aventuras más increíbles”. El amor por la lectura, por los libros, por las historias que cuentan esos libros o los relatos que se narran en voz alta, todo eso, tiene cabida en La leyenda de la ciudad sumergida.
¿Y qué decir de las ilustraciones? Pues que forman una perfecta simbiosis con el texto, acompañándolo de una manera sutil, delicada.Javi Hernández, el ilustrador, me cuenta que se siente muy cómodo realizando este tipo de dibujos, con el lápiz “porque me permite de un modo sencillo expresar mucho, construyendo atmósferas y a la vez conseguir  precisión en los detalles”. Me cuenta que no le atraen las técnicas digitales porque necesita “tener un contacto táctil con los materiales sobre el papel”. Las imágenes que acompañan esta reseña, repletas de detalles y de color, son un ejemplo del buen hacer de este artista argentino afincado en Huesca.
El autor, Antón Castro, nació en La Coruña y reside en Zaragoza. Es escritor, periodista (ganó en 2013 el Premio Nacional de Periodismo Cultural) y traductor. Y nos habla a continuación de La leyenda de la ciudad sumergida. Preguntas y respuestas para conocerle mejor.
…….
¿Qué supuso, para ti, que este libro tuviera una segunda oportunidad? Me refiero a que, casi diez años después de su publicación en gallego, la editorial aragonesa Nalvay te dijera que se había enamorado de la historia.
Tras publicar ‘El niño, el viento y el miedo’ en la editorial Nalvay, le di a David González, el editor, el ejemplar en gallego de ‘A lenda da cidade asolagada’, sin ninguna intención oculta. Él sabe poco gallego, me confesó, pero se zambulló en el libro, le interesó la historia y me dijo: “Antón, esta novela me ha encantado. Me gustaría que la tradujeses”. Y ahí empezó todo: la reescribí un poco, la “desbarroquicé”, la hice algo más fluida y mantuve sus constantes: la fantasía, el enigma, el bestiario, etc.
Hay un personaje, un animal, que me ha gustado mucho: la yegua Pindusa (quizá porque cuando yo era niña tuve un caballo imaginario que también hablaba). Y tú, ¿con qué personaje te sientes más identificado o cuál te resulta más atrayente? ¿Tal vez el bibliotecario don Darío Barrerio, por eso de que en los años 80 buscabas un empleo de bibliotecario en Arteixo?

El libro nació en una época en que yo trabajaba en un bingo y fui a La Coruña a realizar un curso de tres meses de biblioteconomía. A mí me gustan mucho Pindusa, la yegua, que tiene la propiedad del habla y que es como la protectora del héroe, y por supuesto Don Darío Barreiro, que es el bibliotecario ideal, implicado, que entiende que los libros son seres vivos y que deben ayudar a vivir. O incluso a solucionar un conflicto tan urgente como una inundación por tormenta incesante.  
Me han impresionado los dibujos de Javi Hernández. Puesto que ya habíais trabajado juntos en “El niño, el viento y el miedo”, saber que él te acompañaría en “La leyenda de la ciudad sumergida” ¿te dio cierta seguridad respecto a los resultados?
Sin duda. Con Javier Hernández, desde ese primer proyecto, surgió una corriente de cariño y de afinidad. Tiene un trazo personalísimo, sutil, lírico e imaginativo, y aquí, de nuevo, lo resuelve muy bien. Con él siempre estoy en buenas manos y en mejores trazos. Me encanta trabajar con él y creo que no será nuestro último trabajo; tenemos por ahí dos sueños en marcha: uno sobre el tango y otro sobre el jazz. Le apasiona la música y a mí también.
  
En tu historia se habla de la superación del miedo. ¿Crees que lo que mueve al mundo es esta sensación de angustia que provoca el peligro real o imaginario? ¿O tal vez es, “simplemente”, la clave para las novelas de aventuras?
El miedo está en nuestras vidas, en la convivencia diaria, todo el rato. Sí, esa es una parte importante: es una invitación al atrevimiento, a la confianza, al riesgo. La vida, incluso cuando te vienen muy torcidas, te da segundas y terceras oportunidades. Y por supuesto, la angustia, el pánico, la incertidumbre, la pasión, querer saber, todo ello es muy útil en el desarrollo de la intriga de las novelas. 
El bestiario que aparece al final del libro, ¿es real,  pertenece a la mitología gallega, o algunos de esos seres han sido creados expresamente para que se asomaran a tu historia?
Sustancialmente es imaginario, pero forma parte de la mitología gallega. Hay cosas inventadas que forman parte de ese fabulario de prodigios que te cuentan las abuelas, los ancianos o algunos libros en la niñez. Y he intentado usarlo todo. De niño me hablaban de ‘Los moros de Larín que salían del trasmundo para ayudar a la gente del campo en sus tareas con las vacas’. Me lo dijo un pariente de mi abuela Emilia, o quizá ella misma, y lo he utilizado. Así se trabaja: con lo que pasó, con lo que pudo pasar, con lo que te cuentan que ocurrió, desdibujado por la imprecisión de la leyenda, y lo que sueñas, lo que imaginas. Aquí hay varias figuras inventadas.
………

-La biblioteca-

Mientras leía La leyenda de la ciudad sumergida (Nalvay, 2014) me he sentido como el rey que se mantenía despierto sólo para seguir escuchando las historias que contaba, noche tras noche, Scheherezade. Y esta sensación me ha hecho recordar un pensamiento que Carmen Martín Gaite dejó escrito en su libro “Cuaderno de todo” y que habla de la importancia de contar bien las cosas. La escritora dijo: Así pasa en muchas narraciones que embriagan, las amorosas, de preferencia. Se pide, en definitiva, que le cuenten a uno las cosas bien. Y para contar bien hay que mirar fuera de sí, insertar lo propio en lo ajeno.
      
ENLACES DE INTERÉS:
Antón Castro: http://antoncastro.blogia.com/
Javi Hernández: http://javihernandez.jimdo.com/
Ediciones Nalvay: http://www.edicionesnalvay.es/

CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'.

 

COORDINA: José Luis MELERO RIVAS. Bibliófilo, académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Hijo Predilecto de Zaragoza y Premio Santa Isabel de Portugal.

 
El próximo martes, 18 de septiembre, se inaugura el gran ciclo de conferencias "Zaragoza en el corazón", organizado por la Universidad de Zaragoza y la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Serán ocho conferencias, todas a las 19,30 horas y con entrada libre para cuantos queráis asistir: cuatro en el Paraninfo de nuestra Universidad y cuatro en el Salón de Sesiones del Museo Provincial, sede de la Academia.

1. Zaragoza y la música. 18 de septiembre, martes. Luis Antonio González Marín. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

2. Zaragoza y la educación. 20 de septiembre, jueves. Víctor Juan Borroy. Universidad de Zaragoza. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

3. Zaragoza y el cine. 26 de septiembre, miércoles. Luis Alegre Saz. Universidad de Zaragoza. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

4. Zaragoza y la economía. 3 de octubre, miércoles. José María Serrano Sanz. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

5. Zaragoza y el urbanismo. 18 de octubre, jueves. Rafael de Miguel González. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

6. Zaragoza y la literatura. 22 de octubre, lunes. Antón Castro. Escritor y periodista. Premio Nacional de Periodismo Cultural. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

7. Zaragoza y la postguerra. 31 de octubre, miércoles. Jorge Sanz Barajas. Escritor y profesor. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

8. Zaragoza y las Bellas Artes. 22 de noviembre, jueves. Juan Carlos Lozano López. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

Comienza el próximo martes Luis Antonio González, que ilustrará su charla con ejemplos sonoros sobre la actividad musical histórica en Zaragoza. Yo que vosotros no me la perdería.

*Una entrevista de David Navarro con Luis Antonio González Marín (Zaragoza, 1962) en Heraldo.es. La foto es de José Miguel Marco.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/11/luis-antonio-gonzalez-marin-aragon-sido-pionero-recuperacion-musica-antigua-1261545-1361024.html

ISMAEL GRASA EXPLICA SU LIBRO 'LA HAZAÑA SECRETA' (TURNER)

Ismael Grasa: "No tenemos la respuesta de todo"

El escritor y profesor de Filosofía publica 'La hazaña secreta', un tratado sobre la felicidad, el amor, la belleza y la vida buena en Turner

 
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.José Miguel Marco.

¿Cuál es el origen del libro?

Unas cartas que no llegué a enviar, la intención de expresar cierto ideario de vida, o de reflexionar sobre él. También el deseo de transmitir que los valores que nos mueven no son más débiles que, por ejemplo, los de un integrista.

¿Qué le debe a ‘La flecha en el aire’? ¿En qué medida podría ser un conjunto de lecciones cortas de clase, casi un tratado de urbanidad, idóneas para los alumnos?

Aquel libro era un diario de profesor. Este es un libro que parte de los manuales de urbanidad, que es un género bastante desprestigiado, para conducir al lector a otros lugares y preguntas.

Una de las frases que más se usa es ‘la buena vida’. ¿Qué sería para usted la buena vida?

Aunque parezca una respuesta circular, la vida buena es aquella que la persona buena reconoce como tal. Y es una combinación de participación en lo público y, a un tiempo, una individualidad ganada, conquistada. Hay que pensar, por otra parte, que la idea de los derechos humanos fue abriéndose paso a la par que ciertos usos domésticos, de indumentaria o de mobiliario: los asientos individuales en los teatros, el mueble secreter, la lectura de novelas en silencio, etc. De todo esto hablan autores como Lynn Hunt, que es una de las referencias que aparecen en el libro.

Por curiosidad, ¿qué ha sido más determinante en la redacción del libro: su condición de escritor, su condición de profesor o la de padre?

Todas ellas, supongo, han pesado algo. Como escritor, he pretendido que esté bien escrito, que los capítulos sean lecturas limpias; como profesor, son cosas que trato habitualmente; como padre… lo cierto es que mi pareja estaba embarazada cuando lo escribí, y quizá haya influido en el deseo de transmitir algo.

Isamel Grasa: No tenemos la respuesta de todo

¿Cuál es el significado de las citas? ¿Qué buscaba ahí y cómo las ha organizado? ¿Cuánto hay en ellas de azar y de homenaje de cariño a autores y amigos que le marcan?

Decidí que todos los capítulos terminasen con una cita, de modo que el libro es, a su vez, una selección de textos, recogidos en la bibliografía final, y que el lector puede continuar por su cuenta. Contiene un compendio de reflexiones, de Montaigne a Camus, de Natalia Ginzburg a Savater, que apuntan hacia la dignidad de lo cotidiano.

He pensado que ‘La hazaña secreta’ tiene algo de meditaciones de un lector… ¿Qué son primero las reflexiones o los textos ajenos?

Primero fue la reflexión, no es un libro de citas en ese sentido. El primer término que se extiende en nuestro mundo cultural con la Transición es el del “desencanto”, como si la vida en paz, la democracia común, fuese algo insatisfactorio para nosotros. Herzen decía que a los latinos no nos gusta vivir en libertad, que lo que nos satisface es luchar por la libertad. El motor de la reflexión de mi libro es rebelarse contra esto.

El libro parece un inventario de la sensatez, pero también tiene sus extravíos o sus desafueros, su discurso contra la lógica. Pienso en la frase de Mariano Gistaín: “Escuchar equivale a buscar vida extraterrestre, pero en la cocina”.

A mí me parece que está muy en la lógica, en el sentido en que lo dice Gistaín. Buscar ciertas formas de iluminación y de sentido forma parte de lo humano. Lo que es ilógico es pensar que tenemos la respuesta de todo.

¿No hay algunos elementos de provocación, o de ironía, o de puro juego, como eso de tener un sastre propio?

Sí, hay algo de provocación anacrónica. El caso es que reivindico en el libro los oficios, y los locales donde se arreglen y restauren cosas, no sólo donde se vendan nuevas.

¿En qué consiste de verdad ser un héroe para usted, o cuáles son los heroísmos inadvertidos que nos pautan la vida y la engrandecen?

Para ver héroes no hay más que girarse y mirar entre quienes tenemos al lado. Albert Camus decía que los nazis nos habían obligado entonces a ser héroes para tener que sobrevivir, pero que el heroísmo así entendido es poca cosa, que lo difícil es la felicidad.

Ismael Grasa: No tenemos la respuesta de todo

Aristóteles pareció intuir el mundo contemporáneo mejor que nadie. Escribió: “que no cabe que la misma cosa sea y no sea simultáneamente”. ¿Es una lección también para la política?

Ese principio de no contradicción del que hablas me parecía apropiado como introducción a un libro que quiere ser moderno pero no posmoderno.

¿Por qué defiende cosas tan sencillas, en apariencia, como hacer la cama, coleccionar algo, fomentar la amistad, aprender idiomas…?

Porque son las cosas con las que nos desenvolvemos, y las que quizá más contribuyan al progreso. Estoy entre los que creen que se ha progresado más levantando el sombrero de nuestras cabezas para saludar con cortesía que cortando cabezas.

¿Qué hacemos mal, por lo regular y no todos, claro, en el afecto, en el amor, en el sexo, en la vida en pareja?

No lo sé, no soy terapeuta ni psicólogo. Mi campo es más filosófico, y la filosofía no cura, sino que enferma, por más que sea en un sentido bueno.

“La casa de uno debe estar dispuesta para tener invitados”. ¿También en estos tiempos?

Una casa que no esté abierta no puede contener la felicidad.

El otro día alguien tras leer su libro, me dijo: “Muy interesante y bonito, pero no estoy en esa época”. ¿Para quién ha pensado este trabajo?

Quizá aquel lector sea demasiado antiguo. En todo caso, hay cosas en el libro, referidas a la indumentaria o la distribución de la casa, que no tienen por qué ser compartidas literalmente. Entiendo que lo que importa en el libro es la reflexión cívica que está tras ello, con la que se puede discrepar, pero que afecta a todos.

¿Cuál es su relación con el pensamiento que se puede dar en España? Pienso en Esquirol, Marina Garcés, Amelia Valcárcel, Arias Maldonado, Javier Gomá… ¿Los sigue, le interesan?

Soy lector de ensayo, y lo cierto es que se está publicando mucho y de buen nivel. Incluso la narrativa parece inclinada hacia cierta forma de testimonio, investigación o reflexión autobiográfica. No hay que mirar más que a las obras recientes de autores aragoneses como Sergio del Molino, Daniel Gascón, Martínez de Pisón o Manuel Vilas.

Ramón Gómez de la Serna dijo: “No hay más que la hazaña secreta, la aventura del atardecido”. ¿Qué quiere decir, cómo asumes la frase que la conviertes en el título del libro?

Como dice Montaigne, tanto valor requiere morir en la cama como en la gloria del campo de batalla.

 

RAMÓN SENDER BARAYÓN RECUERDA A SU MADRE AMPARO BARAYÓN

LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE

DE AMPARO BARAYÓN

 

El sello Postmetropolis reedita ‘Muerte en Zamora’ de Ramón Sender Barayón, la historia de su madre y primera esposa de Ramón J. Sender, apresada y fusilada en octubre de 1936

 
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.Archivo Concha Sender

El músico y artista Ramón Sender Barayón (Madrid, 1934), hijo del escritor Ramón José Sender (1901-1982) y de la pianista Amparo Barayón (1904-1936), siempre tuvo una sombra en su vida: el destino de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, después de haber sido arrestada dos veces, una de ellas bajo la acusación de espionaje. También fueron ejecutados sus hermanos Antonio y Saturnino, cuyos cuerpos no se encontraron jamás. Esa sombra lo llevó a escribir un libro, ‘Muerte en Zamora’, que se publicó en Plaza & Janés en 1990 y que ahora, con prólogo de Paul Preston, ha sido reeditado, ampliado y con nuevas aportaciones, por Postmetropolis editorial.

Ramón Sender Barayón, que acaba de ser objeto de un documental de Luis Olano en su faceta de gurú de la música electrónica, siempre había estado intrigado con el destino aciago de su madre. Cuando ella fue fusilada, él tenía dos y años y medio, y su hermana Andrea, meses. Luego ellos, con la ayuda del periodista Jay Allen, fueron recogidos por la Cruz Roja Internacional y acabarían viviendo con un matrimonio norteamericano; Julia Davis sería como su segunda madre.

Ramón hizo algunas pesquisas en su familia, pero todo se difuminaba. Al autor de ‘Contraataque’ y ‘Los libros de Ariadna’ el asunto lo incomodaba mucho, tanto que jamás quiso contárselo a su hijo más allá de lo que ya aparece en sus novelas. Poco antes de la muerte de su padre, con quien había vivido muy poco, lo llamó por teléfono y le pidió que le dijese qué había sucedido con su madre. El diálogo se convirtió en una discusión y Sender le dijo: “Lo único que quieres es sacar dinero a costa de los huesos de tu madre”. El tono se agrió más, el escritor llamó a su hijo “imbécil” e “idiota”, y acabó colgándole el teléfono. Ramón escribió al ‘El País’ pidiendo información sobre su madre. Y le mandó otra carta a su padre: “Me duele en el alma pelearme contigo. ¿Por qué tenemos que ser enemigos? ¿Por qué hemos de repetir el destino de tantas generaciones”. Jamás le respondió y aquella encendida y áspera conversación ya sería la última.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

Fue entonces cuando Ramón Sender Barayón, que había olvidado el castellano, vino a España. Fue en 1982. Se trasladó a Zamora, habló con familiares y registró algunas desagradables opiniones que se habían vertido sobre su madre. Todo eso lo aclara el texto de Francisco Espinosa Maestre y algunos de los interesantes apéndices.

Ramón reconstruye la vida su madre. Tenía seis hermanos, su padre fundó la cafetería Iberia, donde detrás de una suerte de terraza con balcón ella tenía piano, instrumento que solía tocar. Luego se trasladó a Madrid, frecuentaba cines de la Gran Vía y las salas del Ateneo, y allí oyó un día a Senderleyendo su novela ‘Imán’.

Finalmente entrarían en contacto, se enamorarían y tendrían dos hijos, sin estar casados. La Guerra Civil los cogió en la colonia veraniega de San Rafael, en El Espinar, en la Sierra de Guadarrama. Como la posición de Sender era comprometida, según Conchita Sender, su hermano le dijo a su mujer:“Recuerda, si las cosas se ponen mal, vete a Zamora. En Zamora nunca pasa nada. ¡Ojalá hubiera sido así!”.

Ramón Sender Barayón habló con mucha gente, con familiares, con amigos, con compañeras de su madre, con periodistas e historiadores. Reconstruye sus últimos momentos, su paso por la cárcel, las penalidades que pasó y el último instante, en el que el cura le negó la absolución, porque no estaba casada por la iglesia.

Dos de sus compañeras de celda cuentan su final. Dice Pilar: “A las seis de la tarde Justo, el secretario del administrador de la cárcel, le arrancó a la niña de los brazos, diciendo entre otras gracias, que ‘los rojos no tienen derecho a criar hijos’”.

Poco antes de la tragedia, Amparo le había escrito a su marido: “Mi querido Ramón: No perdones a mis asesinos que me han robado a Andreína, ni a Miguel Sevilla, que es culpable de haberme denunciado. No lo siento por mí, porque muero por ti. Pero, ¿qué será de los niños? Ahora son tuyos. Siempre te querré. Amparo”. Sender tuvo otras muchas virtudes, pero no fue un padre precisamente ejemplar. Con -Elisabete Altube tuvo un tercer hijo, Emmanuel.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

LA FICHA

’Muerte en Zamora’. Ramón Sender Barayón. Prólogo de Paul Preston. Introducción de Helen Graham y de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Apéndices: Francisco Espinosa Maestre. Traducción de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Postmetropolis Editorial.

Madrid. 296 páginas.

Iconografía. El libro aporta mucho material gráfico: cartas, fotografías, certificados de defunción, notas íntimas. Amparo le manda una foto y le dice: “A mi Ramón con la locura de las locuras, con mi entusiasmo todo y más. ¡¡Siempre más!! Tu Amparo”.

PRIMER DISCO DE ROBERTO MIRANDA RIVARÉS Y ELENA GARCÍA

PRIMER DISCO DE ROBERTO MIRANDA RIVARÉS Y ELENA GARCÍA

El violonchelista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

En ‘White Album’, adapta temas de música actual con la violinista Elena García, con quien forma el dúo CaboStrings, que trabaja en México

 

 

A los 7 años, cuando iba a empezar a estudiar guitarra en el conservatorio (la rasgaba desde los 5), Roberto Miranda Rivarés (Zaragoza, 1987) oyó en televisión una pieza de Bach interpretada por Mstislav Rostropovich. Le impresionó, y le dijo a sus padres, Maribel y Roberto, que quizá fuese mejor elegir el violoncello. Acabó los estudios superiores en Zaragoza, con los maestros Ángel Luis Quintana y con David Apellániz, y partió a Manchester a realizar un máster de cuatro años. Al concluir se halló en una encrucijada: ¿se dedicaría a la enseñanza, opositaría para ser instrumentista en una orquesta o se haría concertista?

Nada era fácil. Y el azar casi decidió por él. Un día, en Internet, vio un anuncio donde pedían ocho profesores para crear en Baja California Sur, en La Paz (México), una orquesta de niños. Era un proyecto social, promovido por la Fundación Azteca, cuya idea era "cambiar el arma por un instrumento musical".

Los ‘hits’ en versión clásica

Allá se fue y coincidió con siete profesores españoles, entre ellos la violinista Elena García (Madrid, 1988). "Teníamos alumnos de 7 a 18 años y los niños, hasta entonces, no habían estudiado música. Ese plan duró dos años, de 2013 a 2015, y cobrábamos unos 400 euros", recuerda.

"A Elena y a mí nos apasiona tocar. A través de diversos contactos empezamos a hacerlo en eventos privados, en bodas, en hoteles de lujo, donde podíamos. Con dos instrumentos como los nuestros, no es fácil hacerlo en acústico. Tuvimos que aprender a amplificar el sonido, a ecualizarlo, a mezclarlo. Con la orquesta, dentro de nuestra labor tutorial, habíamos desarrollado algunas actitudes que nos vinieron muy bien, entre ellas la paciencia". Elena y Roberto formaron el dúo CaboStrings y decidieron trasladarse a Los Cabos. "Esa zona, que está en esa punta donde el Mar de Cortés se une con el Pacífico, es la que les gusta a los norteamericanos para veranear. Mientras los europeos eligen casi siempre Cancún, los vecinos de Estados Unidos prefieren estas costas un tanto vírgenes y desérticas, con muchos kilómetros de largo", dice. Allí vive ahora.

El violoncellista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

Roberto y Elena tenían clara una cosa: ofrecerían conciertos de música clásica para violín y piano, pero su apuesta iba a ser otra también: coger canciones conocidas y adaptarlas para sus instrumentos. Así nació su primer álbum: ‘White Album’ (2018), que consta de doce temas, algunos tan conocidos como ‘Havana’, que ha popularizado Camila Cabello, ‘Perfect’ de Ed Sheeran y Beyoncé, ‘Échame la culpa’, el tema de Luis Fonsi y Demi Lovato. O ‘Feels’, al que ha puesto su voz Kate Perry.

"Nuestro proceso es laborioso. Elijo el tema, lo oigo, selecciono la melodía principal, compruebo las diversas melodías secundarias, las escribo… Esa tarea suele llevarme unas diez horas". Una vez verificado si el tema se puede adaptar y funciona bien, "nos equivocamos muchas veces", empiezan a grabar en diversas pistas los instrumentos. Y luego se mezcla. Por ello quien oye el álbum puede tener la sensación de que está escuchando una orquesta, instruida en la música contemporánea. "A nosotros nos interesa mucho la música clásica, y lo que hacemos es adaptar canciones o temas que forman parte del imaginario moderno de la gente, y lo transcribimos a nuestra línea de trabajo". A veces, dada la complejidad de la versión, la presencia de las diversas melodías, no es fácil reconocer la pieza. "Yo creo que hacemos una labor de difusión de lo clásico pero a la inversa. Elegimos un tema popular y lo trasvasamos con nuestros ritmos. Tenemos muchos seguidores. Actualizamos el repertorio cada semana, a partir de listas internacionales como Bilboard List EE. UU. y los BBB Chart del Reino Unido".

El violoncellista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

Pequeña película de la canción

CaboStrings tiene unos 10.000 seguidores en Facebook. Con cada canción graban un vídeo, que dirige y monta Gustavo Jasso. Ahora tienen doce en la red con más de 100.000 descargas cada uno. "Nosotros escuchamos sus sugerencias y todo lo que dice Gustavo, pero el guión es nuestro. En ocasiones pueden ser como pequeñas películas, donde Elena se baña desnuda, como en una película de Alfred Hitchcock, y yo incluso muero. Nos importa mucho otra cosa: estamos instalados en Los Cabos, y hacemos promoción de sus paisajes, algo que los mexicanos agradecen mucho. Son muy patriotas", matiza.

Roberto Miranda Rivarés asume que lo que hacen, desde el prisma de la música clásica, no puede no estar bien visto. "A mí me apasiona la música clásica y mi instrumento. La interacción entre Elena y yo es constante; está viva. Hay diálogo. Buscamos el sonido más puro y elegante, y las nuevas posibilidades instrumentales de vanguardia", añade.