Blogia

Antón Castro

MIGUEL SEBASTIÁN VUELVE A MÉXICO

Miguel Sebastián: “Luis Buñuel es el cineasta mexicano con mayúsculas”

 

El fotógrafo turolense ha regresado a México, ha presentado su libro sobre el cineasta calandino y ha impartido talleres

 

Miguel Sebastián, premio Artes & Letras de fotografía de 201, se ha desplazado a México con varios objetivos: saludar a sus amigos vinculados con Luis Buñuel, como Gabriel Figueroa Jr., y a la vez presentar dos libros: ‘Buñuel, una maleta sin viaje’ y su primer libro de poemas, ‘El vuelo de la luz’, algo que hacía este mismo jueves. Ahora Miguel Sebastián, residente en Ojos Negros, ya trabaja en una nueva obra fotográfica y literaria centrada en Antoine de Saint-Exupéry.

¿Cómo ha sido el regreso a México?

 

Creo que nunca me voy de México; cada regreso guarda esas sensaciones de no haber estado ausente, esas que guardan siempre los lugares a los que perteneces.

¿Por qué tenía tantas ganas de volver?

Viajar es alejarse siempre para encontrar lo propio. Después de dos años de confinamientos ordenados o propios, la Ciudad de México era el lugar que necesitaba para recomponer la deriva personal de todos estos meses; y yo siempre encuentro en el viaje la razón misma de mi proceso creativo. La comunión entre escribir y viajar es casi tan antigua como la literatura. Y la fotografía no es sino escribir con imágenes; y ahora encuentro que fotografiar y escribir ya se hacen inseparables para mí.

Llevabas dos nuevos libros: el libro de ‘Buñuel, una maleta sin viaje’ (Instituto de Estudios Turolenses) y el poemario ‘El vuelo de la luz’ (Sonámbulos, 2021), impregnado del alma de México y de algunas de sus mujeres. ¿Qué ha pasado con ellos?

Buñuel es una primerísima referencia del acervo cultural de México. Y todas las propuestas entorno a su vida y obra cobran un extraordinario interés aquí. Como dije, he tenido la inmensa fortuna de estar acompañado para la presentación del libro ‘Buñuel, una maleta sin viaje’, por mi estimado y querido Gabriel Figueroa (hijo). Y me siento fascinado después de su intervención, (apenas sin palabras); no sólo por los emotivos recuerdos propios ligados a Luis Buñuel, a Jean Rucar, a su padre... y que han brotado en diferentes momentos de la plática, si no también, por su inmensa visión fotográfica, por la defensa a ultranza de la imaginación en el lenguaje visual. “Es algo inédito en la extensa bibliografía sobre Luis Buñuel, un libro sumergido en la magia de un espacio intemporal, en el que la memoria de su vida y obra es arrojada con emoción al imaginario del lector”. El poemario ‘El vuelo de la luz’ aún tiene que presentarse, es mi primera publicación en poesía y necesito algo más de tiempo para presentar en México. Se hará a partir de septiembre.

¿Cuál fue el impacto del libro de Luis Buñuel? Ahí lo sienten muy suyo.

Cualquier habitante de México, aún más si cabe en la Ciudad de México, lo siente como propio, como algo que pertenece de forma natural al acervo cultural de este país. Buñuel aquí no es un reducto para entendidos cinéfilos, es el director de cine mexicano con mayúsculas.

Después de esta primera invitación, espero ya en breve tratar la distribución y venta del libro en México, ampliar su promoción en varios actos y presentaciones ya comprometidos después del verano. ‘Buñuel, una maleta sin viaje’ tiene mucho que recorrer. Estoy muy feliz, esta inédita propuesta hacia Luis Buñuel ha sido muy bien acogida en México.

¿Cuántas veces ha presentado el libro?

En este último viaje, presenté el libro en el Museo Archivo de la Fotografía, en pleno centro de Ciudad de México; un edificio extraordinario, que guarda y cuida el acervo y la memoria del país. Para este acto tengo la inmensa fortuna de estar acompañado en la presentación por Gabriel Figueroa (hijo). Para el siguiente viaje, probablemente después de verano, ya está acordada otra presentación, tan especial como el lugar en el que Luis Buñuel gastó sus días y noches durante más de 30 años. El núm 27 de la Cerrada de Félix Cuevas. Su casa.

En México tienes muchos amigos. Entre ellos Gabriel Figueroa hijo. ¿Qué habéis recordado del vínculo Figueroa-Buñuel?

Decir Figueroa-Buñuel es aludir a la propia historia de la filmografía en México. Tengo una especial querencia y amistad con Gabriel Figueroa hijo. Obviamente nuestro primer encuentro fue durante la producción del libro, hace ya tres años. El siempre me muestra o comenta algo sobre rodajes, fotografías… en el primer encuentro desmitificaba la controversia creada entre director y camarógrafo, ambos eran extraordinarios en su oficio, se respetaban y apreciaban, y ambos se salían con la suya en cada plano... En este último encuentro en su estudio, me ha mostrado un positivo directo de un contacto, guardado con mimo, en el envase de un carrete; en ésta pequeñísima copia, su padre nos desvela a través de su Leica, un descanso en la película ‘Nazarín’: el enano Ujo es observado por la altura de Luis Buñuel, quien claramente lo intimida, y Gabriel observa que el larguísimo puro que gasta, lo dirige apuntando hacia la cabeza del diminuto, como si fuera un fusil. La escena está ‘cargada’ del espontáneo y creativo humor del aragonés. He conocido en los años a fotógrafos, y hay una ecuación en fotografía que nunca falla, los grandes fotógrafos son grandes personas; nunca he sabido el orden de esa ecuación, pero siempre se da en la misma proporción, y Gabriel Figueroa es un gran fotógrafo.

Ciudad de México es una ciudad peligrosa...¿Como se mueve en ella, qué le gusta?

Después de casi un año aquí, en diferentes estancias, no la considero tan peligrosa, obviamente hay que desprenderse de cualquier comparación pues todo es relativo y se debe a su propia naturaleza. Todo es imperiosamente relativo cuando viajas. Es difícil contestar a esta pregunta...Ciudad de México es casi un mural infinito. Puedes ser muchas cosas, puedes ser un turista en el Zócalo, un habitante provinciano en Tlalpan, un extranjero en La Condesa, un libertino en la Zona Rosa, un soñador a primera hora en las aguas y chinampas de Xochimilco… Yo encuentro mis lugares cotidianos en plazas, mercados, cafeterías, trayectos, en zonas de ambiente, librerías en las que puedes escribir todo un día… Vivir en ellas. Observarlo todo. Ciudad de México es una excéntrica y caótica armonía para mis sentidos.

Ha impartido varios talleres. ¿Qué sucede?

Ojalá tuviera más tiempo para ellos. No soy muy asiduo, pues mis libros y mis viajes me absorben de una forma muy completa; pero aquí se ha dado la oportunidad y he tenido tiempo y la inspiración de México, de su magia, que también es la mía. ‘La ensoñación y el imaginario como génesis del proceso creativo en la fotografía’ ha sido el tema. No sé muy bien cómo lo hago, pero siempre me sucede lo mismo, para el tema que proponga; escribo y desarrollo un guión, una estructura, unos tiempos… Llegado el día, nada atiende a lo previsto, no hay guión, no hay estructura, no hay tiempos…

O sea, que es un improvisador nato.

No sé qué decirle. Las ideas surgen escritas por la fascinación, por la propia experiencia que deshace todos los conceptos, por la necesidad irrenunciable de percibir la fotografía, como una forma de vida que escribe la biografía de nuestros días. No sé memorizar el orden de mis emociones. La fotografía no se puede enseñar.

 

 

 

HISTORIA DE FERMÍN ARRUDI

Fermín Arrudi Urieta (Sallent de Gállego, Huesca, 1870-1913) ha pasado a la historia como ‘El gigante aragonés’ y ‘El coloso de las montañas’. Fue objeto de biografías, investigaciones, testimonios y homenajes, y su existencia y sus fortaleza, y su habilidad con la música, han hecho correr ríos de tinta desde su debut en el las fiestas del Pilar de Zaragoza en octubre de 1891, donde exhibió, además de su descomunal altura, su refinamiento instrumental.

Dos de sus descendientes, el sobrino nieto Pedro Alamañac Arrudi (Salletn de Gállego, 1947) y su hijo Pedro José Alamañac Muzas (1977), publica en Círculo Rojo el volumen ‘Mis memorias contadas’, donde le dan la voz al gigante, que les relataría su vida a sus sobrinas-nietas Carmen y Julia, el mismo año de su muerte, tras su viaje por Argentina (llegó a adquirir una casa en Rosario), Puerto Rico, la isla de Cu ba,m donde su hermanano Valero había servido en el ejército, y Nueva York, ciudad que le deslumbró como deslumbraría años después a Federico García Lorca y donde se le llegó a presentar como una nueva “esperanza blanca” del boxeo: quisieron enfrentarlo al campeón de los pesos pesados Jack Johnson.

A Fermín Arrudí la pasó un poco de todo. Siempre llamó la atención por su estatura, incluso en sus correrías por los montes y los campos. Tenía capacidad de aprendizaje en la escuela: aprendió a tocar varios instrumentos (laúd, requinto, órgano y guitarra) y se sentía muy atraído por la jota aragonesa y las rondas. Tuvo varios maestros, entre ellos Francisco, cura de Sallent y sintió una gran complicidad con su hermano Valero.

Antes de darse a conocer, trabajó en varios empleos. Fue porteador en el balneario de Panticosa, mostró su capacidad para la defensa personal y también colaboró en el intercambio de ganado con Francia, un país qu esería clave en su vida. Fermín les cuenta a sus sobrinas que aprendió desde muy joven un poco de francés. Más tarde, trabajaría en el ferrocarril de Canfranc y en la construcción de putnes del Pirineo, el de Aurín, entre ellos. Tenía tal fortaleza que el capataz le decía: “Pero Fermín, ¡ya me has vuelto a partir otro pico y, además, el mango de la almadena. ¡No sé qué voy a hacer contigo, zagal!”. Logró ser excluido de servicio militar y en la feria de Escarrilla tendría su primera actuación no oficial. “Quedé profundamente sorprendido cuando me di cuenta de que todos me miraban extrañados, porque les pasaba ¡casi medio metro! Mi primera reacción fue la de esconderme de vergüenza, muy lejana a la que tendría años después cuando viajaba con mi propio espectáculo”.

Iba por Casa Sorda de Sallent, donde había nacido y donde vivía el joven, el comerciante vinatero Sebastián Fuentes con sus carromatos. Y un año le propuso - “me propuso salir al mundo y exhibir mi extraordinaria figura para que todo el mundo pudiera conocerme, cuanta más gente, mejo. Mi primera reacción fue negativa” - que se dedicase al espectáculo, que él se responsabilizaba. Fermín cuenta: “Fue a partir de los quince años, y tras periodos en lo que me sentía realmente mal, con fiebre alta y, en ocasiones, fuertes dolores de cabeza, que se me extendían a brazos y piernas, cuando iba descubriendo, cada vez que conseguía levantarme de la cama y mirarme en el espejo, lo que iba creciendo”.

La familia lo pensó casi un año. Cuando regresó Fuentes, le explican que aceptan su propuesta y le ponen algunas condiciones. Tras pernoctar en la posada de las Almas, Fermín Arrudi se presentó en Zaragoza en una barraca. “Mi exhibición consistía en presentarme con mi traje de calzón, medirme con todos los asistentes y tocar mi ‘guitarrico’, entere otras cosas que recuerde”. El gigante también evoca la impresión en el rostro de los asistentes, la afluencia de público, y dice: “Con mi presencia revolucioné aquella ciudad”. Conoció a grandes joteros como El Royo del Rabal y El Tuerto de las Tenerías. Salió en periódicos aragoneses, nacionales e incluso internacionales, y le reclamaron de Huesca, y se exhibió en la Feria de San Andrés.

Después de cada gira, actuación o espectáculo, regredsaba a sus cuarteles de invierno en Sallent. Al año siguiente hizo su primera gira por casi todo el país. En 1892, es recibido por la reina regente, Cristiha de Habsburgo en el Palacio Real,y ella y los infantes le surten de regalos. Arrudí dice que “le perdonó que ‘le escuchimizara’ un par de sillas” y que una de las infantas le dijo: “Aragonés, si con esa manaza me dieras un puñetazo, ¡me matabas!”. Los autores cuentan que, tras la visita, la reina regente le dio “unas 500 pesetas, y las infantas, 250, una, y 100 pesetas, la otra. Aquello me supuso ‘una pequeña fortuna’ por entonces, además diligenciaron los trámites para que me entregasen un fusil Mauser que le había pedido a la reina para cazar osos en el Pirineo (…) Antes de abandonar el Palacio Real, dejamos allí empleado a mi primero Salvador Urieta, ya que siempre había sido su sueño servir en el Palacio Real”. En esa gira, empezó a colaborar con el Circo Parish (antes Pryce), donde tenía que hacer de “espía mudo en una zarzuela, ‘Los Madgyares’

Al año siguiente, realiza su gran gira nacional por Toledo, Córdoba, Barcelona, Valencia, Murcia, Santander ( años más tarde estuvo a punto de sucumbir a unas mujeronas cántabras), Galicia, Teruel, Calatayud, etc. No tardaría dar el salto internacional a Lisboa, y luego a Berlín, París, Viena (“cuyas montañas me recordaban mi querido Pirineo”), o Colonia… Allí, lo esperaba un famoso médico, Pöllinger, y sería examinado por él y por otros. “Las medidas oficiales me dijeron que eran: estatura de 2 metros y 29 centímetros, pie de 48 centímetros y calzado de 58 centímetros, mano extendida de 33 centímetros, contorno de pecho de un metro y 35 centímetros, y peso de unos 170 kilos aproximadamente”. Le hicieron estudio anatómico de su figura, estdiaron sus hábitos alimenticios, analizaron su voz, etc. Todo ello y mucho más es recordado por los autores a través de las cosas que les han ido contando.

Desempolvan reportajes, cartas, diversos documentos, explica su historia de amor con Carle-Luis Dupuis (se casarían el 19 de junio de 1897), que iba verlo todos los días al Cirque Fernande; recuerdan sus diversos espectáculos, entre ellos el exitos ‘El gigante y los enanos’, el impacto de sus actuaciones y de sus gestas, el eco de su sensibilidad artística, y siempre, siempre, su regreso a Sallent, su refugido, donde seguía experimentando la pasión por las montañas. Y allí repasaba una y otra vez su vida y se la contaba a sus familiares como si fuera un cuento fantástico.

 

ALICIA VELA EN EL PARANINFO

ARTES PLÁSTICAS. OCIO Y CULTURA

Alicia Vela: "El arte es mi vida, y es importante porque transforma mentes"

La artista inaugura una retrospectiva de pintura, dibujo y grabado en el Paraninfo, con textos literarios, bajo el título de 'Rastros'

PRESENTACION DE LA EXPOSICION DE ALICIA VELA / PARANINFO DE LA UNIVERSIDAD ( ZARAGOZA ) / 20/01/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]Alicia Vela posa entre dos cuadros: al fondo su homenaje a Alicia Liddell y sus dibujos en la pared.Oliver Duch.

“El arte ha sido mi vida. He compartido todo porque la facultad de Bellas Artes de Barcelona, donde he dado clases hasta mi jubilación, ha sido para mí un intercambio. Creo que la potencia de un profesor es que, de alguna manera, tiene que estar activo en el campo de la creación, si no qué vas a enseñar. Para mí el arte es algo importantísimo para la sociedad, el arte transforma mentes, te hace pensar. No es una cosa baladí”, dice Alicia Vela (Villalengua, Zaragoza, 1950) en la presentación de su retrospectiva de un cuarto de siglo, de 1982 a 2007, ‘Rastros’, en las salas Goya y Saura del Paraninfo.

La artista confiesa que el arte le interesa desde la niñez. Desde que cogió un modesto caballete, con diez u once años, y se puso a pintar en mitad de un camino de Villalengua. El creador hace su camino al pintar y deja por aquí y por allá sus manchas, sus papeles, sus sueños. Ella siempre ha asumido cuánto le marcó su infancia en el mundo rural. Años más tarde, tras estudiar en la Escuela de Artes y Oficios, y luego en la Facultad de Bellas Artes en Barcelona, su obra se desplegaría en muchas direcciones, gracias sobre todo al galerista René Metras, que la presentó en Arco.

Por eso ‘Rastros’ contiene los ecos de su trayectoria plástica y vital -con resonancias literarias tanto ‘Alicia en el País de las Maravillas’ como ‘Las Mil y una noches’- con las técnicas y los temas que le han interesado: la pintura, que no ha dejado nunca pero que desarrolló de manera especial en los 80 y 90, los grabados (xilografía y litografía, especialmente; “la piedra es deliciosa”, confirma) y los dibujos. Confiesa: “He hecho muchos dibujos. De noche sobre todo, a veces uno por día. Eran como el contrapunto a mis estudios teóricos cuando preparaba mi tesis doctoral sobre ‘La velocidad y la red’, que alude a una metáfora. En aquella época me interesaba mucho María Zambrano y le rendí homenaje con la serie ‘Dos polos de silencio’”.

Para Alicia Vela esta exposición es muy importante. Aquí, en el Paraninfo, había participado en tres exposiciones comisariadas por Cristina Giménez (‘Identidades’) y Chus Tudelilla (‘Relatos’ y ‘Círculo de tiza’), se siente especialmente feliz. Así lo expresa: “Para mí esta exposición es un auténtico honor. Este lugar tiene unas connotaciones importantes y entrañables para mí. Mi vida, desde que estudié Bellas Artes en Barcelona, ha estado ligada a Barcelona y a Zaragoza, y más adelante, fui profesora de la Facultad y bueno el hecho de que sea el Paraninfo, me gusta y me emociona. Yo he combinado la docencia con la praxis artística”. Hay más razones, claro: admira mucho a Santiago Ramón y Cajal, y el Paraninfo está muy vinculado con sus inicios, y también con sus dibujos, que están depositados en parte aquí. Y a la artista, de manera especial, le han interesado las células, las neuronas, el cerebro (su madre padeció alzhéimer, y ese mal de la memoria que se borra también está en sus obras), las amebas, pero también las libélulas, las hormigas y los insectos.

‘Rastros’ tiene un hilo argumental de obsesiones y de memoria, de trazos y de color. Y tiene una conexión inequívoca: las dos caras del espejo, vinculado también a la Alicia soñada por Lewis Carroll. Dicho sea de paso, la producción de Alicia Vela reivindica la condición femenina, como expresó Victoria Bordonaba, directora del Área de Cultura de la Universidad de Zaragoza, y otra cosa más: el arte de volar, mediante las alas y el sueño. “Mi obra tiene muchas cosas, muchas series, y tiene una dimensión simbólica, está llena de símbolos. Pero, casi siempre, más allá de lo diga o explique el artista, importa mucho la mirada y la percepción del espectador”.

PRESENTACION DE LA EXPOSICION DE ALICIA VELA / PARANINFO DE LA UNIVERSIDAD ( ZARAGOZA ) / 20/01/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
El cuadro que ocupa la pared central del Paraninfo de la Universidad en la sala Antonio Saura.Oliver Duch.

La comisaria de la muestra Carmen Abad Zardoya reconoció que la muestra refleja “los ecos del pasado, del presente y del futuro de Alicia Vela”, una artista con gran personalidad y sutileza poética que ha expuesto en nueve países de tres continentes. “Hacer la selección de las obras ha sido algo muy doloroso. El trabajo de Alicia Vela está muy ligado a la ciencia y hemos querido crear una imagen especular que una a las dos salas”. Esa simetría se percibe con claridad: si uno se coloca en el centro y mira hacia la sala Goya y mira luego hacia la sala Saura ve un montaje simétrico con dos potentes obras y cuatro dibujos que dialogan entre sí.

De sus trabajos sobre ‘Alicia en el país de las maravillas’, Alicia Vela ha hecho un montaje: expone una pieza y pinta toda la superficie. Con humor: “El artista, como el asesino, siempre vuelve al lugar del crimen. Y he vuelto a pintar esta pared”. Carmen Abad ha trabajado mucho en el proyecto con Joan Morey y todo el equipo del Paraninfo, comandado por Yolanda Polo, y entiende que la exposición ofrece dos líneas de trabajo: en la sala Goya, la pintura, con algunos grabados y dibujos, resulta más densa y que está inscrita en el arte de los 80 y 90 -como recuerda Alejandro Ratia en el catálogo, que la vincula con aragoneses como Menchu Lamas y Miguel Galanda-, y en la sala Saura la atmósfera es más evanescente; “vaporosa”, dijo Joan Morey. Ahí, la artista de Villalengua rinde homenaje a Joseph Beuys, al que vio y oyó en 1982 en la Documenta de Kassel.

La exposición, variada y sutil, incorpora una selección de textos de la propia Alicia Vela, poéticos, narrativos y aforísticos, que van en mayor número en el catálogo, donde también escriben la comisaria Carmen Abad, profesora de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza, y Alejandro Ratia, comisario y crítico de arte de HERALDO.

PRESENTACION DE LA EXPOSICION DE ALICIA VELA / PARANINFO DE LA UNIVERSIDAD ( ZARAGOZA ) / 20/01/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
El esplendor del color y del dibujo de Alicia Vela, con vinculaciones al cerebro y la sangre.Oliver Duch.

UN DOCUMENTAL SOBRE ODÓN DE BUEN

UN DOCUMENTAL SOBRE ODÓN DE BUEN

 

Odón de Buen y del Cos representa a toda una generación de intelectuales y científicos de un país que fueron olvidados. Creo que es muy bonito que sea Zuera, el lugar donde nació, el que se esté encargando de recuperar su memoria y que haya recuperado sus restos y los de su esposa Rafaela Lozano”, dice la realizadora Mirella R. Abrisqueta, que ya ha iniciado el rodaje de un documental sobre el científico, catedrático y escritor zufariense. “Es un personaje más interesante y más profundo y que aportó más a este país de lo que a veces, en un primera vista, parece. Es más que el padre de la Oceanografía Española, cuyo instituto fundó en 1914. Ahí están sus aportaciones a al ecología, el darwinismo, del que fue un gran defensor, la forma de enseñar ciencias en la Universidad”, agrega la director de Andres Casamayor.

Tengo, además, una buena noticia, muy estimulante para nosotros: este pasado lunes me reunía en Madrid con el actor Carmelo Gómez, que se ha sumado al proyecto. El dará vida a Odón de Buen en las dramatizaciones que haremos: le ha interesado mucho el personaje, el guión, y está entusiasmado. Carmelo Gómez es un actor que ofrece además ideas propias”, matiza Abrisqueta, que asume que los documentales tienen vida propia. “Nunca lo sabes todo y a veces vas modificando sutilmente la obra en función de lo que aportan los especialistas y los propios hallazgos de grabación”. El director de fotografía será Juan Plaza. “Carmelo Gómez dará vida a Odón y recordará sus cartas, sus conferencias, sus teorías, algunos de sus libros como ‘De Kristianía a Tuggurt’, donde narra su viaje en la fragata Blanca. Eso es capital para nosotros, que hable también el científico y marino”.

El rodaje ya se ha iniciado en distintos lugares como Mónaco y Banyuls-sur-Mer, Mallorca y, por supuesto Zuera, donde se cuenta con un Centro de Estudios Odón de Buen, que dirige Javier Puyuelo.

Hemos comprobado que en Francia Odón de Buen es muy conocido y hemos entrevistado a varias personas ya. No diría que es más conocido allí que en España, pero sí hemos es admirado y querido y que ha dejado una visible huella”, dice Mirella R. Abrisqueta, y recuerda algunos detalles: Odón de Buen, que pasó por diversas dificultades por sus métodos de enseñanza, era amigo de grandes personajes: contertulio asiduo de Ramón y Cajal, también fue amigo de reyes y príncipes. Uno de ellos fue el príncipe Alberto I de Mónaco, padre de Rainiero y abuelo de Alberto II de Mónaco, al que llamaban ‘el príncipe navegante’. Se formó en España. “Hemos descubierto a todo un personaje. Fue un auténtico mecenas, navegó mucho, era experto en Paleontología y él fue determinante para que Alfonso XIII apoyase a Odón de Buen en la creación del Instituto Español de Oceanografía. La verdad es que llegamos a Francia para rodar y entrevistar a especialistas y nos recibieron con los brazos abiertos”, dice Mirella. Tanto debió ser así que la realizadora ha pensado hacer una versión del documental el francés.

Mallorca es otro lugar clave. “Hemos rodado en varios lugares. En el Instituto Oceanográfico y en Museo Marítimo. Se ve que Odón es un personaje con carisma”. A veces aparece envuelto en seriedad, era catedrático y durante casi 45 años impartió clases a 25.000 alumnos en Barcelona y Madrid, sobre todo, pero la directora y productora ha comprobado que Odón de Buen era un hombre profundamente “simpático y afable”. “Mallorca fue clave en su biografía. Cuando vio que en Madrid se agitaba en 1936, Odón de Buen decidió irse a Mallorca. A los dos o tres días de su llegada estalló la Guerra Civil y fue detenido. Estuvo preso un año completo y fue intercambiado por una hija y una hermana de Miguel Primo de Rivera. Y luego ya acabó sus días en el exilio mexicano donde murió en 1945. A su hijo Sadí le ocurrió tanto en Córdoba, con tan mala suerte que a él lo ejecutaron muy pronto”. En Zuera, ya han grabado diversos lugares y los testimonios de la bibliotecaria Chus Juste, “la mujer que mima su legado”, entre otros.

 

DIÁLOGO CON DAVID GUIRAO SOBRE 'SAN JUAN DE LA PEÑA'

DIÁLOGO CON DAVID GUIRAO SOBRE 'SAN JUAN DE LA PEÑA'

San Juan de la Peña, con sus dos monasterios, es uno de los lugares más impresionantes de Aragón, cuna de historias, de leyendas, solanar y solar de reyes. En el antiguo monasterio, que se quemó tres veces, impresionan las tumbas, las reliquias y los restos, «los capiteles de cómic», el hipotético Santo Grial, los vestidos del Conde de Aranda, el claustro, el edificio en sí mismo, que parece excavado en la roca. El ilustrador David Guirao, con el escritor y profesor Pepe Serrano, acaba de firmar un curioso tebeo: ‘San Juan de la Peña’, que publica Mira editores y la Real Hermandad de San Juan de la Peña. El nuevo se fundó en 1714. Los autores han resuelto su acercamiento con sencillez y originalidad: van a los dos recintos para hacer un tebeo donde se «localiza parte de nuestra historia».

¿Cómo define este volumen?

Es una nueva colaboración con Pepe Serrano. Teníamos muchísimas ganas de volver a crear algo juntos, y esto es algo que para los dos ha sido totalmente diferente a lo que nunca hemos hecho: se trata de un cómic.

Parecía que lo andaban buscando, en cierto modo, ¿no?

En el fondo tanto para Pepe como para mí el haber creado un tebeo es como cumplir una aspiración porque a ambos nos enamora el medio. En la obra hay escenas que funcionan de manera simétrica.

¿Cómo se ha sentido en el cómic el ilustrador que es usted?

Muy extraño. Tanto Pepe como yo somos apasionados lectores de tebeos, insisto, y nunca habíamos realizado uno. Yo tenía claro que si lo hacía era con él, aporta muchos matices a la historia, a la narración.

¿Por qué lo dice?

Pepe Serrano, con quien hemos hecho entre otros proyectos como ‘El libro de la narices’ (en la desaparecida editorial Nalvay), es capaz de dar muchísima profundidad a los personajes con muy pocas líneas (algo tremendamente difícil) y el humor que aporta es fundamental para que tengas ganas de seguir pasando páginas.

¿Cómo definiría entonces su propia metamorfosis o su esfuerzo?

Ja, ja, ja. Yo he tenido que reamueblar mi cabeza y dibujar de manera muy diferente, ser consciente de que el medio es distinto al que acostumbro y procurar aprovechar todos los recursos que nos permite el lenguaje gráfico. Pero nos lo hemos pasado muy bien haciéndolo.

¿Cómo define Juan de la Peña, una de las cunas de Aragón? ¿Qué tiene de especial, de mágico, de legendario...?

Es un edificio espectacular. Nos impactó cuando lo visitamos, cómo se funde el monasterio con la roca. La capilla de san Victorián o el claustro son para sentirse muy orgullosos de tener tanta calidad artística tan cerca de casa.

Cuentan que van a tomar notas para un tebeo y acaban haciendo un metatebeo, ¿no?

Eso es: quisimos huir de una publicación donde solo se dieran datos, fechas... Sabíamos que tendría una voz didáctica, pero decidimos que hubiese otra voz más, la costumbrista, que es la de los creadores que buscan un lugar donde desarrollar esa aventura de ficción y, claro, no podíamos evitar meter esa ficción para que el lector se implicase en nuestra historia.

¿Sería muy distinto el tebeo que harían tras la aventura que narran, si hubiesen optado por ese camino?

Nos gusta mucho dejar espacio para que el lector imagine. La aventura del protagonista es un ‘macguffin’ clarísimo, es como la maleta de ‘Pulp Fiction’ que la ves pero no sabes lo que hay dentro, porque eso corre a cuenta de la imaginación de cada uno.

 

RECUERDO DE CLARA DEL CAMPO

RECUERDO DE CLARA DEL CAMPO

Se ha ido una estupenda amiga: Clara del Campo. La conocí a finales de los 70 y principios de los 80. Era la mejor amiga de Lola, una coruñesa que se había instalado en Zaragoza y creo recordar que trabajaba en Telefónica. Coincidíamos a menudo: en casa de Lola, hermana de Mamen, otra gallega que se asentaría en Sabiñánigo y luego en Artosilla con su compañero Jesús García Mainar. Estuvimos un tiempo sin vernos, y años después nos encontramos en la Casa de la Mujer. Morena, simpática, sensible, era una gran lectora, un poco mitómana diría yo, se había casado con su compañero de siempre, Fernando (creo recordar que, por entonces, ella y Fernando vivían en Zumalacárregui) y tendrían una hija. Siempre me pareció una mujer alegre, vitalista, ávida de vivir más, de leer, de charlar, de disfrutar de las pequeñas cosas. Un cáncer de esos rápidos, tan malignos como fulminantes, ensombreció sus últimos años. O quizá fue tan letal que no le dio tregua y no fueron ni años sino meses devastadores.

Una de las últimas veces que la vi fue en una charla con Lita Cabellut en Ibercaja, creo que fue el 24 de abril de 2019. Hablamos luego, lo había pasado muy bien, recordamos viejos tiempos, y siempre tenía ganas de hablar de su hija, que estudiaba lejos, de su marido Fernando (que la define y la definía con más razón que nadie “como una persona única y adorable”), de Almudena Grandes, de Fernando Aramburu, de los descubrimientos literarios que hacía, de libros dedicados, de amigos comunes como Gervasio Sánchez y su familia, como Pilar Maldonado y Luis Germán, etc. Se fue el pasado 29 de noviembre. Y lo hizo casi en secreto: con el pudor y la delicadeza que siempre mostraba, rodeada de su familia y de un círculo de íntimos. No tengo una foto suya, quizá no le habría gustado que la pusiera, pero sí le habría gustado saber que muchos la recordamos y la hemos querido y admirado muy sinceramente. El adjetivo “adorable”, que le dedicó su marido Fernando, me parece el más idóneo. Y uno de los más hermosos. O al menos uno de ellos. Buscó la felicidad para ella y para los otros.

 

*La foto que elijo aquí es de Brooke Shaden. Para el alma soñadora de Clara, que ya anda por ahí, en otras latitudes, en otras tierras ignotas, como un ave errante en pleno vuelo. [Con todo mi cariño para Fernando y su familia.]

UN DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR

UN DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR

DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR.

Con motivo del libro 'Lucía y las estrellas'

 

 

¿Qué eres tú, en realidad, poeta, narrador, cineasta, fotógrafo?

 

Buena pregunta. E imposible de contestar a día de hoy. Todavía no lo tengo claro, sabiéndome partícipe de todas esas artes más bien como un observador dispuesto a dar un paso atrás, como «intentólogo practicante» que nuca va a llegar a jefe de obra. Con el cine me he arruinado, con la poesía me he salvado, con la narrativa se me ha abierto un nuevo horizonte y la fotografía (incluyo el vídeo) me da de comer, además de alimentar mi alma abocada al Síndrome de Stendhal.

No podría vivir sin todas estas artes, aunque sea desde mi puesto en el burladero, tomado notas de los que saben, aprendiendo a esperar, a encontrar mi propia voz, que se resiste a llegar.

 

¿Cómo se da el salto del cementerio a un algo «Lucía y las estrellas»?

 

Una de las cosas que he aprendido últimamente es a centrarte en los encargos, por pequeños que éstos sean, como el concurso de EPITAFIOS O RELATOS ÁNGEL SANZ-BRIZ del Cementerio de Torrero, de los que me siento muy orgulloso (sin haber participado en ellos sino como coordinador). Y me parece un paso importante, puesto que uno es uno mismo sin importar el contexto ni el escenario donde tengas que «actuar». Tus propias herramientas intelectuales (por limitadas que sean) siempre son las mismas y se hacen indispensables para enfrentarte a cualquier faceta de la vida y, si es posible, salir airoso. Pero siempre detrás de tu propia verdad. Es el eterno dilema, caer bien o ser tú mismo. Pero no nos queda otra. No podemos ser lo que no somos, aunque aspiremos a ello. Nuestra visión es única y es lo más valioso de cada uno.

Tener llenos de notas los cajones de mi escritorio, cientos de poemas desperdigados por servilletas y algún que otro apunte sin sentido facilita la tarea de recolección de viejas promesas que crecen como racimos de uva y te miran directamente a los ojos cada vez que caen en tus manos. De ahí salió LUCÍA Y LAS ESTRELLAS. De cientos de notas desperdigadas durante años por aciagos escondites de mi escritorio y mis discos duros; puesto que el proyecto ya nació en mí como idea (y no como libro) hace ya mucho, mucho tiempo…

 

¿Cuándo surge como tal este libro, desde el nacimiento de la niña o mucho después?

 

La idea primigenia ya existía como un proyecto imposible de realizar. Y como todas mis ideas (con vida propia), intentan hacerse hueco en mi mente caótica y desfragmentada pisoteándose unas a otras, con violencia y subterfugios. Un buen día vio la luz como tarea imprescindible y no tuve más que obedecer a mi instinto, que me obligó a llevarla a cabo. Una especie de reconocimiento a mi existencia junto al ser que más quiero en este mundo (aunque alguna vez tengamos discusiones sin sentido sin llegar a solucionar nada en concreto).

Cuando reuní el material desperdigado le di un título provisional y el trabajo de su ejecución pasó a ser una necesidad vital. Desde entonces hasta hoy me obligué a mirar al pasado, a recordar las cosas buenas y más graciosas de nuestras vidas y cómo no, dilucidar un poemario de amor eterno hacia mi hija que ahora puede no llegar a entender (y que creo puede llegar a molestarle) hasta que ella tenga el privilegio de ser madre dentro de unos años.

 

De modo genérico, ¿qué has querido contar?

 

Todos sabemos, o hemos oído a los mayores, que nadie muere de pena (excepto algunas raras situaciones que se dan, sobre todo, en animales enjaulados). Todo el mundo suele salir de ese pozo de soledad, depresión y falta de seres queridos olvidando poco a poco los malos recuerdos y todo aquello que produce un gran dolor. Por eso mismo encaminé el libro hacia aquellos momentos intrascendentes que germinaron como recuerdo en nuestras vidas, quizá demasiado normales, vulgares en algunos casos, pero que nos hicieron crecer juntos y descubrir que formábamos parte de un mundo compartido y complejo al que no hay que darle demasiadas vueltas si de verdad queremos ser felices.

Estos recuerdos, aderezados como no podía ser de otra forma, con unos poemas que he personificado en mi hija Lucía (aunque cualquier padre podría recitárselos a sus propias hijas haciéndolos suyos). Cuando un poema sale a la luz editado ya deja de ser del autor y pasa a pertenecer a todo aquel que lo lee y lo particulariza.

 

¿Cómo se ha ido gestando el libro, cómo es ese equilibrio entre el verso y la prosa, cómo se elude la cursilería o lo excesivamente sentimental?

 

Ahí has dado en el clavo. No lo he eludido, aun a sabiendas de que era peligroso desde el punto de vista crítico-literario. Me he desnudado por completo en lo sentimental, aunque he evitado por todos los medios la cursilería (no sé si lo he conseguido). No he utilizado demasiados artificios ni figuras retóricas, ni nada que pudiera entorpecer lo que significaba para mí este libro: una especie de epistolario, un poemario vital, una necesidad de decirle a mi hija que la quiero (aunque insisto, discutimos mucho). Dejar constancia de un recordatorio de lo que fuimos en otros tiempos para reencontrarnos en un futuro próximo. Sin ínfulas de grandeza. La unión filial de un padre y su hija, sus momentos, sus incursiones en la vida, sus chascarrillos de familia. El verso da consistencia al relato de carta de amor, lo materializa en algo que está por encima de lo simplemente narrativo. Un poema de amor nunca es vergonzante, y menos si va dirigido a la persona que amas. Es el sello de oro que adorna y da valor a cualquier misiva dirigida al ser amado. Lo que hace posible imaginarnos a la persona a quien va dirigida, aunque no sepamos nada de ella.

 

¿Tenías claro que querías hacer una declaración de amor a tu hija?

 

Tuve momentos en los que quise incluir momentos negativos de nuestra relación (que también los hubo), dándoles un toque de humor, claro está. Las cosas de casa se quedan en casa. Pero esa idea tan descabellada y fugaz pronto despareció de mi cabeza. Cuando se quiere homenajear a alguien, y más a una hija que va a cumplir dieciocho años (con lo que eso conlleva para ella, al ser mayor de edad y todas esas disposiciones legales), supuso para mí un reto; siempre pensando en que ella podría leer el libro con otros ojos dentro de veinte o treinta años, cuando yo no esté a punto de abandonar este mundo.

Para hacer una declaración de amor, ésta tiene que ser sincera, desnuda, simple y concisa. No tiene que generar dudas al interlocutor a quien va dirigida. No hay otro camino. ¡Cuántas novias habrá perdido Góngora o Quevedo (tan amigos ellos) por no haber sabido expresar con especial claridad y sencillez sus deseos de amor!

 

¿Es un libro a contrapelo, en tiempos de feminismo?

 

Por definición racional y al ser padre de una sola hija me considero feminista de profesión. Defensor a ultranza de los derechos de la mujer y por supuesto de la igualdad de oportunidades. Es algo tan obvio como el no estigmatizar al hombre, al padre, al hijo (y al Espíritu Santo) por el mero hecho de ser lo que son, por ser lo que somos, guardianes de nuestras hijas hasta que vuelen del nido y mucho más allá.

No olvidemos que la sociedad se construye con amor y no con odio. Y dentro del amor entramos nosotros, los hombres (espero no molestar a nadie). Libre te quiero pero no mía… Grande te quiero pero no mía… Ni de Dios ni de nadie, ni tuya siquiera.

Decía mi querido y admirado poeta Agustín García Calvo.

 

En el fondo, también es un libro sobre la literatura, ¿no?

 

Qué menos que intentar ser parte del barrio de los escritores a los que alguien lee alguna vez. Puede sonar a sueño imposible pero el esfuerzo que dedicamos los «escribidores» a nuestras obras, por pequeñas que sean es, al menos, perturbador. Lo más difícil es intentar caernos bien a nosotros mismos. Y no siempre lo conseguimos.

Por supuesto que hay que revisar hasta la extenuación cualquier texto que se precie, pero el saber parar a tiempo evita muchos ictus innecesarios. Me viene a la mente el libro sobre Berna que Mi estimado Manuel M. Forega le escribiera también a su hija creo que en el noventa y seis del siglo pasado. Y todos sabemos que los escritores, al menos algunos, siempre se arrepienten de haber sacado a la luz según qué libro, casi siempre en sus comienzos. Pues bien, estoy seguro de que este libro dedicado a mi hija, así como el de Forega, siempre tendrá su pequeño rincón en nuestro maltrecho corazón de poetas desahuciados (y aquí sí que he querido ser algo cursi).

 

¿Para quién has pensado este libro, porque está claro que no es sólo un libro para ella, sino que quieres presentarlo y promocionarlo y todo eso?

 

Es una pequeñísima edición para la familia, amigos y conocidos. Un best-seller de pedanía. Claro que me enorgullece que forme parte de mi obra literaria, y por supuesto me encantaría que fuera leído por mucha gente. Pero sé a ciencia cierta que no va a poder ser posible por sus escasos ejemplares y nula distribución. Podríamos decir que va a convertirse en un libro «raro» e inaccesible incluso antes de nacer. Uno de esos libros de viejo que busca con fruición nuestro admirado José Luis Melero (quien por cierto ya tiene su ejemplar).

 

 

 

¿Cómo es Lucía, qué te conmueve de ella?

 

Qué decir de nuestras hijas, querido Antón. Pues que nos tienen rendidos, subyugados a sus deseos, por incomprensibles que sean. Siempre me he preguntado cómo de un ser vulgar y rudimentario como yo (así me define mi mujer muy de vez en cuando) ha salido tal maquinaria de precisión suiza, de tal belleza y tan llena de ternura que ha destruido en cierto modo la terrible adolescencia. Un punto y seguido a tener en cuenta después de este libro, dedicado a su infancia y crecimiento personal.

Lo que más me conmueve de ella es que a veces me escucha. Incluso piensa en las mamarrachadas que le digo, cuando hago de padre. Eso siempre me ha fascinado, puesto que nadie me ha escuchado nunca y nadie te enseña a ser padre, siendo la profesión más difícil y tediosa que he conocido. Sólo espero que mantenga un recuerdo grato del que intentó ser un buen progenitor sin tener idea de cómo hacerlo, bregando con cosas inentendibles de las que saldría corriendo sin mirar atrás si yo tuviera sus dieciocho años. Su virtud tocando el piano, su bagaje académico… Todo eso me fascina, pues yo siempre fui un bala perdida. La admiro sin decírselo, no sea que quiera imitarme y todo se vaya al garete.

 

¿Estás invitando a los demás padres a que hagan libros como el tuyo?

 

Qué bonito sería. Qué maravillosos recuerdos se guardarían con una especie de transmisión  genético-literaria en todas las familias. Conoceríamos cómo pensaban nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres, a veces auténticos desconocidos para nosotros. Desde luego podrían contar con algo muy importante: el recuerdo imperecedero de lo que fueron, su visión local del mundo, sus interacciones con la familia. En definitiva, literatura de andar por casa con algún exceso de verdad. Un viaje iniciático por los arrabales de nuestros seres queridos que sólo queda en eso, un simple paseo por nuestros recuerdos cotidianos, que son los que germinan.

 

CONGRESO 'MEMORIAS DE LA INTOLERANCIA'

JAVIER RAMÓN COORDINA 'MEMORIAS DE LA INTOLERANCIA'
[En la imagen, 'El martirio de San Pedro de Arbués' (1664), por Murillo (Museo del Hermitage, San Petersburgo).]
Congreso: Memorias de la Intolerancia. El encuentro se celebra el 24 y 25 de noviembre en la Universidad de Zaragoza y la Institución Fernando el Católico. La Biblioteca María Moliner de la Universidad de Zaragoza y y el aula de la Institución Fernando el Católico acogen los próximos días 24 y 25 de noviembre el congreso Memorias de la Intolerancia. Violencia y discursos del odio religioso en la Europa del siglo XIX. Durante estas dos jornadas, especialistas internacionales abordarán desde un punto de vista histórico la convivencia entre diversas religiones y culturas, lo cual constituye uno de los principales retos de las sociedades contemporáneas. A lo largo de la historia la violencia religiosa y los discursos del odio han lastrado la implementación de medidas de tolerancia y, más tarde, de libertad religiosa.
El objetivo de esta propuesta es analizar cómo las manifestaciones de intransigencia religiosa limitaron la efectividad de estas medidas de convivencia. Para ello, las distintas ponencias se centrarán en el papel que desempeñó la memoria de la intransigencia —víctimas, agentes y procesos— en los debates en torno al papel de la religión en la esfera pública en el siglo XIX. La discusión se producirá en torno a tres espacios geográficos —Europa, España y Aragón—, prestando una atención especial al controvertido recuerdo del primer inquisidor aragonés, Pedro Arbués, agente y víctima de la violencia religiosa.
El plazo de inscripción finaliza el próximo domingo, día 21 de noviembre, incluido.
Puede consultarse toda la información y el programa en la página web del Instituto de Patrimonio y Humanidades (IPH): https://iphunizar.com/.../memorias-de-la-intolerancia/
MIÉRCOLES 24 DE NOVIEMBRE / WEDNESDAY, NOVEMBER 24TH
Mañana / Morning
Aula de la Institución «Fernando el Católico»
09:00 h Bienvenida / Welcome
MESA / PANEL
MEMORIES OF INTRANSIGENCE AND RELIGIOUS VIOLENCE IN EUROPE
09:15 h Valentine Zuber (École pratique des hautes études) Servet’s memory as the symbol of Christian intolerance
10:00 h Eveline G. Bouwers (Leibniz-Institut für Europäische Geschichte) The long shadow of the Eighty Years’ War: memory, pluralism and conflict in the Modern Low Countries
10:45 h Debate / Discussion
11:00 h Descanso / Coffee Break
11:45 h Géraldine Vaughan (Université de Rouen) Catholic violence in anti-Catholic British discourse in the nineteenth century
12:30 h Ignazio Veca (Università di Pisa) The crusade between memorial activation and reenactment: sacrifice, war and the brutalization of enemy in the nineteenth century
13:15 h Debate / Discussion
Tarde / Afternoon
Salón de actos de la Biblioteca «María Moliner», Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Zaragoza
16:00 h Olaf Blaschke (WWU Münster) Memory in anti-Judaism and modern antisemitism: German catholic mentalities between 1870 and 1945
16:45 h Francisco Javier Ramón Solans (Universidad de Zaragoza) Remembering catholic martyrs. Religious intransigence and defense of the papacy in 1867
17:30 h Descanso/ Coffee Break
MESA / PANEL
ENTRE ACTOR Y VÍCTIMA: EL INQUISIDOR Y MÁRTIR PEDRO ARBUÉS
BETWEEN PERPETRATOR AND VICTIM: THE INQUISITOR AND MARTYR PEDRO ARBUES
17:45 h Eliseo Serrano (Universidad de Zaragoza) La beatificación de Pedro Arbués en la España moderna
18:30h Joseba Louzao (Universidad de Alcalá de Henares) Entre la santidad y la nación.
Imagen y memoria de Pedro Arbués en la España contemporánea
19:15h Debate/ Discussion
JUEVES 25 DE NOVIEMBRE / THURSDAY, NOVEMBER 25TH
Mañana / Morning
Salón de actos de la Biblioteca «María Moliner»,
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza
MESA / PANEL
VIOLENCIA RELIGIOSA Y NACIONALISMO INTRANSIGENTE EN ESPAÑA
RELIGIOUS VIOLENCE AND INTEGRALIST NATIONALISM IN SPAIN
09:00 h Xavier Andreu (Universidad de Valencia) The limits of tolerance. Remembering the religious policies of the Catholic monarchs in nineteenth-century Spain
09:45 h Juan Pablo Domínguez (Universidad de Navarra) La intolerancia española en el relato nacional decimonónico
10:30 h Debate / Discussion
10:45 h Pausa / Coffee Break
11:00 h Pablo Bornstein (Universidad Complutense de Madrid) Rethinking the semitic: the historiography on Jewish and Muslim Spain and its impact on the Restoration’s national debates
11:45 h Daniel Muñoz Sempere (Universidad de Cádiz) El feri de Benastepar, by Miguel Hué y Camacho, and the second life of the Moorish novel
12:30 h Debate / Discussion
13:00 h Conclusiones / Conclusions
INSCRIPCIÓN
La inscripción se realizará a través de la página:
https://ifc.dpz.es/actividades/cursos
El plazo de inscripción finaliza a las 14:00 h del día 22 de noviembre, lunes, salvo que se complete previamente el aforo.
DERECHOS DE INSCRIPCIÓN: 15 €
Los derechos de inscripción no serán reembolsados en ningún caso.
EVALUACIÓN DEL CURSO
Condiciones para la evaluación del Curso:
Presencia de la persona inscrita en, al menos, el 85% de todas las actividades que se programen, lo que dará derecho a un Diploma de Asistencia expedido por la Institución Fernando el Católico.
Coordinación / coordination: Francisco Javier Ramón Solans (Universidad de Zaragoza) fjramon@unizar.es
Secretaría técnica / technical secretariat: Zésar Arranz Conte (Universidad de Zaragoza)
Colaboran los proyectos de investigación: «La memoria de Pedro Arbués. Tolerancia y violencia religiosa en la España del siglo xix» JIUZ-2020-HUM-01; «La dimensión popular de la política en la Europa Meridional y América Latina, 1789-1889» PID2019-105071GB-I00 ; y el grupo de investigación «Politización Y Políticas Del Pasado En La España Contemporánea» H02_20R.
La sesión de la mañana del 24 de noviembre podrá ser seguida en directo a través del canal de youtube de la Institución «Fernando el Católico» / 24 November’s morning session will be streamed live on the youtube channel of the Institución «Fernando el Católico»:
https://www.youtube.com/channel/UCPhbeq0bTvLtffpHB3p74Kw
El resto de sesiones podrán ser seguidas en directo a través del enlace / The rest of the sessions will be streamed live through the link:
La memoria de la intolerancia
En 1936, en un mundo que se desmoronaba, el humanista vienés Stefan Zweig publicaba un ensayo, Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia. El recuerdo de la intolerancia religiosa se proyectaba siniestramente sobre un presente atribulado por el ascenso del nazismo. Zweig insistió en la necesidad de recordar a las víctimas de la intolerancia:
Pues la Historia no tiene tiempo para hacer justicia. Enumera, como los fríos cronistas, sólo los éxitos, rara vez en cambio los mide con criterios morales. Sólo se fija en los vencedores, dejando a los vencidos en la sombra. Sin el menor escrúpulo, estos «soldados desconocidos» son enterrados en la fosa común del olvido. Nulla crux, nulla corona —ninguna cruz, ninguna corona— celebra su olvidado, su estéril sacrificio. […] Y por eso es necesario recordar una y otra vez al mundo, un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores, que quienes construyen sus dominios sobre las tumbas y las existencias destrozadas de millones de seres no son los verdaderos héroes, sino aquellos otros que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder, como Castellio frente a Calvino en su lucha por la libertad de conciencia y por el definitivo advenimiento de la humanidad a la tierra.
Desafortunadamente, alegatos como el de Stefan Zweig no fueron frecuentes. En el siglo XIX, la memoria de la violencia religiosa no se transformó necesariamente en un alegato a favor de la tolerancia o la libertad de conciencia. Es más, con frecuencia, se convirtió en un argumento para el odio religioso. Cierto es que hubo quiénes recurrieron al pasado para superar las diferencias y defender la creación de un marco de convivencia. Eran estas lecturas herederas de tradiciones ilustradas y revolucionarias, que bebían de las reflexiones teológicas de un John Locke ante las tensiones entre anglicanos y católicos, de corte más filosófico de un Pierre Bayle tras la revocación del Edicto de Nantes o de carácter histórico-filosófico de un Voltaire tras la ejecución de Jean Callas. Esta idea de recordar y superar un pasado de intolerancia también se nutrí de experiencias cercanas más positivas como habían sido las patentes de tolerancia concedidas a diversas confesiones en la segunda mitad del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX así como de las dos primeras experiencias de libertad religiosa en 1791 con la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos y la Constitución francesa. Sin embargo, la búsqueda de referentes en el pasado se vería lastrada por discursos de odio interconfesionales, así como por la afirmación de un nacionalismo confesional primero y las guerras culturales después.
Esta constatación de una memoria intolerante pudiera resultarnos a primera vista chocante dado que, en el presente, asociamos la memoria de las víctimas con la reparación y el reconocimiento. Tras el holocausto y el fin de las utopías, las víctimas, como señala Enzo Traverso, “han invadido la escena y ahora dominan nuestra visión de la historia”. La Shoah se ha transformado “en paradigma de la memoria occidental, en torno a la cual se construye el recuerdo de otras violencias recientes o lejanas”.1 No obstante, tampoco estas memorias están exentas de confrontaciones, ni llevan siempre a un ejercicio de empatía hacia las víctimas de otras violencias, ni impiden, cuanto no sirven para fomentar, otros discursos de odio.
La memoria de las víctimas de la violencia religiosa en el siglo XIX también fue polisémica y se convirtió en un terreno en disputa por diferentes identidades confesionales y nacionales. Casos como el de las conmemoraciones de Miguel Servet, brillantemente analizado por la profesora Valentine Zuber, ilustran a la perfección cómo un mismo caso de intolerancia pudo ser interpretado de diferentes formas en función de los países y grupos que promovieran su conmemoración.
Tres elementos nos permitirán reflexionar en torno a los conflictos en torno a la memoria religiosa en el siglo XIX: la era de las conmemoraciones, las guerras culturales y la segunda era confesional.
Muchas de estas polémicas en torno a la memoria de la violencia religiosa alcanzaron su máximo desarrollo en lo que se ha venido a llamar la “era de las conmemoraciones” cuando en las décadas del cambio de siglo, políticos y asociaciones civiles se lanzaron a celebrar aquellos momentos que consideraban que habían desempeñado un papel clave en la forja de su identidad nacional, regional y/o local. El pasado se convirtió en campo de batalla por la definición del verdadero ser nacional, una pugna en la que el elemento religioso ocupó un papel central.
En el terreno de las conmemoraciones y centenarios, la religión ha sido analizada como un epígono de la pugna entre conservadores y liberales. Sin embargo, al analizar la propia práctica conmemorativa observamos cómo las políticas del pasado impulsadas desde las diversas confesiones tienen lógicas propias que convergen en ocasiones con otras lógicas nacionales y políticas, como sería la conmemoración de la Thesenanschlag, la colocación de las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517, y el nacimiento y muerto de Lutero que fueron progresivamente germanizados, celebrándolo no sólo como reformador religioso sino también como un héroe nacional en las luchas por la unificación alemana.2 Un símbolo todavía más complejo es el de Jean Calvin, cuya memoria era difícilmente articulable en términos nacionales ya que había nacido en Francia, pasó la mayor parte de su vida en Suiza y su pensamiento tenía una dimensión internacional. No obstante, los protestantes franceses trataron de convertirlo en un símbolo nacional con el objetivo de contrarrestar una Reforma protestante muy vinculada al espacio germánico. A pesar de que Calvino fuera vinculado con los valores centrales de la Revolución francesa, su polémico papel en la ejecución de Miguel Servet condicionó la celebración del centenario de su nacimiento en 1909.
En el terreno propiamente de la violencia religiosa, encontramos multitud de discursos que legitiman la violencia religiosa como es el caso de la cruzada en el marco del catolicismo o conmemoraciones de marcado carácter anticatólico y anglicano como The Twelfth en Ulster conmemorando la Batalla de Boyne en 1690 o la Bonfire Night en la que se quemaban efigies de Guy Fawkes y el papa. En el catolicismo decimonónico, buena parte de estas conmemoraciones del pasado están mediatizadas por la idea del martirio y por la conexión del sufrimiento del pasado con el presente. Lo veremos a través de la activa política de canonizaciones y las celebraciones del centenario de San Pedro y San Pablo en la década de 1860, rescatando ejemplos que iban desde la persecución romana hasta la lucha contra la reforma protestante y la evangelización.
Y es que la conocida como era de las conmemoraciones coincide prácticamente en el tiempo con las guerras culturales que sacudieron las sociedades europeas a finales del siglo XIX y en las que el conflicto entre Iglesia y Estado adquirió una nueva dimensión gracias a la “movilización de masas y la polarización social” así como a su extensión, abarcando “virtualmente cada esfera de la vida social: colegios, universidades, prensa, matrimonio y relaciones de género, lugares de entierro, cultura asociativa, el control del espacio público, la memoria folclórica y los símbolo nacionales”.
Además de por la era de las conmemoraciones y las guerras culturales, estas disputas en torno al recuerdo de la intolerancia están atravesadas por un tercer elemento, los conflictos interconfesionales que marcaron lo que Olaf Blaschke calificó como Second Confessional Age. Durante el siglo XIX, la pertenencia a una confesión constituyó un elemento definitorio de la identidad social y su espacio relacional. En aquel mundo liberal, los conflictos entre confesiones no sólo no habían decrecido, sino que se habían avivado, dotándose de nuevos significados en la pugna por la definición de conceptos claves del siglo XIX como civilización, progreso o raza. En este sentido, las memorias de la intolerancia cumplieron un papel muy variado. Por un lado, se trataba de un discurso de la otredad, la memoria de la intolerancia trataba de mostrar que el otro era el intolerante y, por tanto, incompatible con los valores modernos de tolerancia y respeto. Por el otro lado, se justificaba la violencia por razones tácticas o de supervivencia, señalando que era el otro el que amenazaba su propia existencia, sosteniendo que la coexistencia no sólo era imposible sino que hubiera acarreado todavía más violencia. Expulsiones y masacres colectivas o instituciones como la Inquisición quedaban pues justificadas como un mal menor. De esta forma, las memorias de la intolerancia lejos de inspirar la convivencia, se convertían simultáneamente en un discurso de la otredad –el otro era el intransigente– y en una necesidad, ante los discursos que subrayaban la amenaza o la violencia del otro.
Por último, la cuestión de la memoria de la intransigencia debe ser insertado en el marco general de la reflexión sobre los elementos que lastran la libertad religiosa y que beben todavía de las lógicas de la tolerancia. La aprobación de medidas de libertad de cultos no borró las diferencias que existían entre las religiones en la esfera pública, tanto por su capacidad de influir en las instituciones políticas y sociales como por su presencia simbólica. De hecho, en algunos casos se llegaba a combinar la libertad de cultos con la declaración de una religión estatal oficial. Con ello, en el fondo se perpetuaba la lógica de poder que subyacía a la tolerancia religiosa.
La tolerancia religiosa implica una relación de fuerza asimétrica entre el que tolera y aquel que es tolerado. El primero determina las reglas de juego, lo que es aceptable y lo que no, mientras que el segundo, a pesar de la mejora de su estatus debe acomodarse a una situación predefinida. La tolerancia es un instrumento del poder hegemónico que concede a una confesión un espacio para practicar su religión, a cambio de aceptar su condición de minoritaria. Los propios actores percibieron que esta relación de fuerza, Mirabeau decía que tolerancia era “tyrannical since the authority that tolerates can just as well not tolerate” (1789). Similares consideraciones se pueden encontrar en la famosa carta de George Washington a la congregación de los hebreos de Newport (1790) o de Thomas Paine en su Rights of Man (1791). Todos ellos coincidían en que la libertad de conciencia permitiría superar el “despotismo” de la tolerancia y garantizar la igualdad entre las personas.
En la novela alemana, Der Fall Mauritius, Jakob Wassermann pone en la boca de unos de sus personajes, el testigo clave Gregor Waremme,
My father was proud of being emancipated. Emancipation is a cunning device, it removes the pretext for complaint from the suppressed. Society excludes him; the State excludes him; the physical ghetto has become a mental and moral one; one sticks out one’s chest and calls it emancipation
La libertad religiosa eliminó algunas de las limitaciones civiles y políticas que sufrían los "tolerados", pero no consiguió borrar los desequilibrios anteriores, ni en términos de poder económico ni de presencia pública e influencia política y mediática. El pasado no fue una excepción.