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Antón Castro

JUAN VILLALBA HABLA DE SU LIBRO SOBRE ELVIRA DE HIDALGO

JUAN VILLALBA HABLA DE SU LIBRO SOBRE ELVIRA DE HIDALGO

¿Cuántos años lleva siguiendo a Elvira de Hidalgo?

Recopilando información aproximadamente unos 10 años, si bien, la escritura propiamente dicha me ha llevado unos dos años, trabajando con especial intensidad durante el encierro obligado por la pandemia.

De partida, ¿qué le atrajo de ella?

Siempre me llamó la atención que su importantísima trayectoria profesional como cantante -fue una de las más grandes de la época dorada de la ópera- pasara prácticamente desapercibida y quedara ensombrecida por ser la maestra de Maria Callas, cuando lo cierto es que para entender su forma de enseñar hay que partir precisamente de su forma de cantar, lo hacía empíricamente, desde sus propias habilidades interiorizadas desde niña cuando fue educada en la técnica del ‘bel canto’, de la que ella sería una de las últimas representantes de verdadero nivel. 

Explíquenos esas dos partes tan clara del libro: Elvira, una, y Elvira con Maria Callas, la otra. ¿Siempre lo has concebido así’ 

Siempre pensé estructurar el libro en dos partes, una primera dedicada a la trayectoria profesional de Elvira, de la que se conocían tan solo algunas de sus actuaciones principales, y una segunda que mostrara cómo esa vida le sirvió para modelar desde su experiencia personal el físico, la voz y la personalidad de la Callas, este mito no se puede entender si no se conocen las bases sobre las que se construye y estas, en gran parte, están en la vida de su maestra.

Elvira de Hidalgo ha sido, esencialmente Rosina de ‘El barbero de Sevilla’, pero ha hecho muchas cosas: desde 1908, tuvo una carrera intensa, viajera. ¿Cuál fue su lugar, cuál es su importancia en el mundo de la ópera? 

Ella fue una verdadera prima donna que triunfó en papeles de soprano ligera (Reina de la Noche, en La flauta mágica, o Filina, en Mignon) o lírico-ligera (Amina, en La Sonnambula, o Norina, en Don Pasquale, Marie, en La hija del regimiento o Lucia, en la ópera de homónimo título), pero en su papel de Rosina, a mi juicio, fue la mejor de la historia de la ópera 

La vemos con muchos grandes artistas. Quizá ninguno sea tan extravagante como Chaliapin. ¿Cómo fueron sus relaciones con los músicos, con los compañeros? ¿De quiénes se sintió cerca? 

De Chaliapin fue íntima, quizá muy íntima, pasó temporadas de vacaciones en sus propiedades de Londrés y París, lo acompañó en una agotadora gira americana que partió desde Canada y llegó hasta Cuba, logró que cantará en el Liceo de Barcelona… Fue buena amiga del egocéntrico Hipólito Lázaro, también de Fleta, Ruffo, Gigli, Volpi… como rival tuvo a la soprano Ada Sari… Fue amiga de la Paulova, la soprano Lina Cavalieri, en su momento considerada la mujer más bella del mundo, le pidió que le enseñara a tocar las castañuelas, enamoró a un Romanov, el Aga Kahn le pidió relaciones, se casó con un marqués y luego con un gran político y empresario…Pero cerca, cerca, tal vez solo lo estuviera de su hermano Luis y de Maria Callas.

Exhumas muchas críticas y notas sobre ella. Por lo regular, todo es muy positivo.

Sí, en general la crítica especializada la reconoció como una de las voces privilegiadas a nivel mundial dentro de su tesitura, de hecho la calificaron como una segunda Adelina Patti, pero por encima de su voz destacaron siempre su capacidad interpretativa, mostrándose unánimes en reconocerla como la mejor Rosina de su época. Una de las descripciones más poéticas y acertadas sobre su figura artística es la del escritor, pintor y compositor italiano Bruno Barilli, quien la dibujaba con los siguientes trazos: “Ante el inocente sonido de su voz, que tiene un timbre pálido y tierno como la plata, las manos amenazadoras del crítico caen impotentes y las caras más molestas se suavizan; notas humildes y risueñas salen volando de su garganta y flotan por la sala como palomas blancas con la rama de olivo en el pico [...]Ella arrulla y amortigua el sonido al silencio con una melancolía quejumbrosa que parece un eco de asombro o el final de una conversación infantil sostenida con la luna. El gesto de sus dedos de azúcar está lleno de sinceridad y ternura y en su canción está la indulgencia, modestia, capricho y ansiedad de la niña más casta y voluble…”

¿Cómo fue su encuentro con Miguel Fleta? 

Intuyo que debieron ser buenos amigos, sus carreras artísticas confluyen por primera vez en la gira sudamericana del año 1922, caracterizada por la rivalidad en los escenarios de Hipólito Lázaro y Fleta, que alcanzaría su máxima expresión al año siguiente en el Teatro Real de Madrid, donde Elvira debió compartir el mismo corral con dos gallos de pelea en sendos Rigolettos y navegar entre dos aguas, o mejor fuegos, pues también era buena amiga del tenor catalán. 

¿Cuál sería para ti el balance de su carrera? 

Sin duda, Elvira de Hidalgo fue una excelente soprano y una gran maestra de canto cuyo magisterio se extiende más allá de la Callas, con ella también se formaron otras muchas grandes voces de la lírica como Constantino Ego, Giorgio Kokolios-Bardy, Silvana Bocchino, Zoe Vlachopoulos, Akiko Kawano, Ana María Iriarte, María Dolores Ripollés, Luís Andreu, María Uriz… por citar algunos. 

Toda la segunda parte está centrada en Maria Callas y su relación con Maria. ¿Qué le debe de veras Callas a la turolense? 

Educó su voz y consiguió recuperar para el mundo de la ópera la voz perdida de la soprano ‘sfogato’, “ilimitada”, pero también le enseñó la importancia de la puesta en escena, el sentido artístico y dramático de los personajes… fue, como alguien la definió, su Pigmalión en lo artístico, pero también fue su amiga, consejera y, casi, o sin casi, una segunda madre en su vida personal.  

¿Qué valor tiene para la historia ese rico epistolario de la Callas a Elvira? Le dice en una carta: “Mi afecto por ti no tiene límites”. 

Muestra la evolución del trato de Maria con respecto a Elvira, que pasa del respeto de la alumna por su maestra a la complicidad y la confidencia de la amiga con problemas sentimentales o a la petición de ayuda desesperada ante situaciones difíciles de la vida. 

Elvira fue una mujer que quiso vivir bien, que le gustaba el lujo, la moda, se casó dos veces y enviudó pronto, pero parece que lo que más le dolió fue el abandono de Lakis Vassilakis. ¿Es así? 

Elvira antepuso la diva a la mujer, su carrera profesional a su vida personal, pero en su etapa de maestra en Atenas se enamoró de Vassilakis, un alumno dieciséis años más joven, que le robó dinero y el corazón. Su traslado a Ankara seguramente fue un intento de buscar en la distancia el olvido de ese amor. 

Recuperas a otro personaje clave: Luis de Hidalgo, experto en moda y hermano suyo. ¿Qué importancia tuvo en su vida y en la de Maria?

Luis Rodríguez Hidalgo, hermano pequeño de Elvira, junto con Biki Milán, fueron sus asesores de moda preferidos, la vistieron y la instruyeron en cuestiones básicas de elegancia -caminar con tacones, maquillarse correctamente, combinar prendas y accesorios…-   y convirtieron el “patito feo” que era en la diva de la ópera y del papel cuché que fue proclamada la mujer más elegante del mundo en 1957.

NOTAS SOBRE 'MALABROCCA' Y RAFA BLANCA

NOTAS SOBRE 'MALABROCCA' Y RAFA BLANCA

Este fin de semana, con el Teatro del Mercado lleno, se hizo la representación de ‘Malabrocca’, por el Teatro Negro, y un actor en estado de gracia: Rafa Blanca, dirigido por el actor y dramaturgo Alberto Castrillo-Ferrer, que es un profesional de una pieza que entiende el teatro como un acto de comunicación donde no se aburra ni el aire. La pieza es una adaptación libre y humorística de una novela, ‘Maglia negra’ de Mateo Caccia, que recrea la vida de un ciclista que siempre quedaba el último y que hizo de ello el motivo de su fama y de su leyenda en un tiempo en que los grandes corredores del Giro, y del Tour (ambos ganaron dos), eran Fausto Coppi (que estuvo en Zaragoza y corrió en el Parque Grande) y Gino Bartali. Bartalia en 1938 y 1948; Coppi en 1949 y 1952. La obra, dicho sea de paso, se centra sobre todo en 1946.

La pieza se introduce con un relato que parece autoficción: en un viaje a Italia, Rafa Blanca ve una tienda de bicicletas, se queda anonado ante el escaparate e invita a su mujer a entrar. Allí ve fotos de ciclismo (la famosa y ambigua de Coppi, Bartali y el botellín de agua) y también una ‘maglia nera’. El dueño, que tiene un humor que parece somarda y aragonés, le ayuda a reconstruir la historia de Malabrocca, al que Rafa Blanca, divertido, versátil, le da vida… A él y a otros muchos personajes: a periodistas, corredores, técnicos, a Ninfa, la propia esposa de Malabrocca, reconstruye el diálogo con el anciano en varios instantes e incluso con su mujer Silvia en el interior de la casa de bicicletas, y realiza un trabajo actoral asombroso, pleno de humor, de ironía, de matices, y de esos pequeños gestos que bien medidos resultan perfectos y dicen mucho del ciclismo, de la memoria, de los oficios de la escena y de este tránsito que conduce la función desde la risa hasta el llanto.

Rafa Blanca ofrece una lección de interpretación en apenas 80 minutos, agiliza el discurso, lo lleva y lo trae por donde quiere, es reflexivo y narrativo, psicológico y épico, además interactúa con el público sin perder el hilo y sin dejarle que interfiera en exceso, y utiliza una pantalla blanca que le permite realizar proyecciones evocadoras que juegan con la gesta y el esfuerzo de la bicicleta. El personaje se convierte en un pícaro, nada que ver con la grandeza de Bartali, que salvó a 800 judíos pasando salvoconductos en el interior de su manillar y en los tubos de su bicicleta ni tampoco con la clase y los éxitos de Coppi.

El público aplaude a rabiar en este espectáculo sobre un perdedor, un pícaro, un hombre que quizá encontrase un punto de redención y que ayuda a entender qué significa para los italianos el Giro y el ciclismo. Si quedasen entradas, no se lo pierdan. Rafa Blanca, con todo el equipo que lo apoya y con un sencillo manillar y un ágil cambio de maillots y pantalones, está soberbio. Ha encontrado a su antihéroe, lleno de humanidad, y su tono. Luigi Malabrocca nació en 1920, hace 101 años, y murió en 2006.

REPARTO

Rafa Blanca



EQUIPO ARTÍSTICO

Escenografía.  Manuel Pellicer

Vestuario.  Arantxa Ezquerro

Iluminación.  Alejandro Gallo

Espacio sonoro.  David Angulo

Diseño gráfico.  Manuel Vicente

Fotografía.  Silvia Belloc

 

DIRECCIÓN

Alberto Castrillo-Ferrer

 

 

OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN: UNA LECTURA DE ALOMA RODRÍGUEZ

https://blogs.20minutos.es/motel-margot/2021/10/23/siempre-quiero-ser-lo-que-no-soy-de-aloma-rodriguez-editorial-milenio-2021/

 

Octavio Gómez Milián escribe de 'Siempre soy lo que no quiero ser' de Aloma Rodríguez, que acaba de publicar el sello Milenio de Lérida.

 

La escritora presenta el sábado 23, a las 12.30, en Alcañiz.

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO (1968-2011)

Tal día como hoy, 7 de octubre, entre las seis y las ocho de la mañana, en casa de la escritora Aloma Rodríguez, en Madrid, fallecía Félix Romeo Pescador. Cuando se dio la noticia, y el desfibrilador no llegó a tiempo, empezaron a llegar amigos: el escritor Marcos Giralt Torrente, la jefa de prensa Carlota del Amo, el actor Jorge Sanz, que quería a Félix como a un hermano, cómplices más jóvenes como Daniel Gascón y Jonás Trueba. Todos parecían habitar un alucinado despertar de tinieblas y un inesperado lago de lágrimas. Félix, uno de los intelectuales más completos y complejos que ha dado Aragón en el último cuarto de siglo, era ante todo un sabio curioso, querido, arrollador, deslumbrante en los detalles y a veces en la ira (que se esfumaba de súbito como los vapores de la gaseosa), y era el ciudadano dialéctico, aquejado de una oscura y casi secreta melancolía, al que nada le era ajeno. Leyó, desde joven, más de lo que parecía razonable e incluso verosímil; tuvo siempre un metrónomo propio para estirar el tiempo, una voracidad infinita por todo: por los libros, por el cine, por los viajes, por las relaciones humanas y por el amor, por la comida, por el arte, por la música y por las ciudades, y entre ellas, su amada y carnal Zaragoza, y de ella, su metafísico barrio de Las Fuentes.

La vida breve de Félix (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) compendia muchas existencias, muchos desvelos, quimeras y sueños: regalaba, como mínimo, una docena de ideas graciosas o atrabiliarias o centelleantes cada día. Se sentía cómodo con los niños (recuperaba su almario gigante de niño de barrio), adoraba a las mujeres (Carmen, su madre; Cristina, Lina, sus amores, y tantas y tantas amigas), era feliz en la charleta y escribió con lucidez, compromiso, búsqueda y un espíritu tumultuoso de verdad. De boquilla decía que tenía razón en todo; hacia dentro, pensaba y sentía que dudaba hasta de su sombra. Y se sentía profundamente inseguro de sus libros: ‘Dibujos animados’, ‘Discothèque’, ‘Amarillo’ y ‘Noche de los enamorados’, y su obsesión por la palabra y la creación dedicó uno de sus mejores textos: ‘Por qué escribo’, que daría título luego a un libro homónimo de artículos, muchos de ellos aparecidos en HERALDO, que publicó Xordica. Félix Romeo buscaba, a cualquier hora, todo el amor posible, todos los besos del mundo. Y a menudo, de misteriosa manera, los daba y los recibía. Todos los besos del mundo.

 

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) tiene alma de calígrafo y posee la tranquilidad del lanzador de cometas. Sus libros son como pequeños acontecimientos: vive mucho, interioriza emociones y lecturas, y publica. Sus novelas, sus poemas, sus viajes. El viaje, para él, es el principio de todo. También de ‘Días en Nueva York y otras noches’, que publica el editor Javier Castro Flórez en su sello Newcastle Ediciones. El libro lo presenta el viernes 1 de octubre, en el Paraninfo, en compañía del escritor y erudito José Luis Melero, a las 19.30.

Quiero escribir sobre lo que me ofrece la vida”, dice. ¿Qué le ofrece en esta larga travesía por Nueva York, Chicago, Jaca, Bruselas, Lovaina, París, Zaragoza y Jaca, de nuevo, una y otra vez? 

Viajar es conocer y conocer es comprender. Se lo escuché una vez a Javier Reverte. Me gustan las ciudades, son un gran invento. Y lo he pasado muy bien en Nueva York y París, lugares que nada tienen que ver con mi ciudad, sin duda, pero como dice José Luis Melero nos gusta tanto Zaragoza porque es aquí donde vive la mayor parte de la gente que queremos.

Anota que viajar es como tomar pastillas en un tratamiento. ¿De qué tiene que curarse o de qué debemos curarnos? 

    Tenemos que curarnos de la impostura, la pose y los disfraces. Viajar lo hace posible. Y a mí me sucede, como a mucha gente, que el viaje da una buena versión de quién soy.

¿Un libro de viajes es también un diario de pequeños y grandes accidentes y a la vez de la vida íntima? 

    Por supuesto que sí. Es un diario porque yo concibo la escritura como un espejo de la vida, y en ese concepto la intimidad, la observación y el autorretrato dan soporte a la escritura.

Escribir es una forma de mirar a los otros, añade. En su caso, ¿cuáles son las cosas, los personajes y los hechos que despiertan su interés? Pareces fijarse en lo extravagante o descubrir que vivir es una forma de extrañeza.  

    Me interesa lo cotidiano en los lugares a los que voy. Y las personas. Por eso tiene protagonismo en las páginas de mi libro la recepcionista de un hotel de Chicago, una muchacha de Jalisco que al ver mi pasaporte me contó que un día vino a Zaragoza para escuchar a Joaquín Sabina, que bebió vino y cogió un colocón. O el casero del estudio que alquilé en Nueva York, que me decía que cuando no trabaja hace músculo en el gimnasio y acude a clases de rumba.

¿En qué se parecen y se diferencian Chicago y Nueva York? 

    Son dos ciudades a las que el agua, el lago Míchigan en la primera, les da una personalidad singular. Son muy diferentes. Nueva York es la metrópolis por excelencia. Y su energía, su vitalidad, te desborda, no da respiro, como también te desborda la desigualdad social que hay en ella.

    ¿Qué puede hacer en Nueva York que no podría hacer en otro lugar del mundo? 

    Caminar por el puente de Brooklin y después tomarme una pizza en Grimaldi’s, que está debajo del puente, un restaurante al que iba Frank Sinatra, aquel cantante que decía “yo no vendo voz, sino que vendo estilo”.



¿Es el viajero, esencialmente, un solitario? Resulta conmovedora esa cita/frase de Dylan Thomas a su chica: “Te amo pero estoy solo”. 

Lo de Dylan Thomas es memorable. Su primera mujer, Caitlin MacNamara, dijo: “Lo nuestro no fue solo una historia de amor, fue también una historia de alcohol. Y a Liz Reitell, secretaria de un centro de poesía en la calle 92, le dijo esas cinco palabras que son descomunales: “Te amo pero estoy solo”. Ahora bien, tiene tela que sus últimas palabras fueron aquellas de “he bebido 18 whiskys seguidos y creo que es mi récord”.

Es un libro de breves autorretratos: “Soy un escritor que duda”. O “Soy frágil. Y no sigo a ningún telepredicador. Y me embarro con facilidad”. ¿Un viajero como usted también sale a buscarse? 

    Casi todos nos hemos perdido alguna vez. Y es entonces cuando pones más atención en orientarte. Eso es una búsqueda.

¿Qué le debes a Jaca y a París? 

    Son dos lugares en los que siempre he sido feliz. Pertenecen, para mí, al territorio de lo más valioso.

Una de las historias más impresionantes del libro es la de esa mujer que solo ansía estar bella, gustar en Instagram, y que muere pronto. Su marido dice una frase, no sé si terrible: “… en la vida es mejor que no haya misterios”. ¿Qué piensa el escritor? 

    Los misterios, como el agua de los balnearios, son recomendables. Y ese marido, aparte de la frase, no está a la altura de su mediocridad ni de su fracaso, ni a la altura de la mujer que tuvo a su lado.

Otro tema constante del libro es la conciencia de la escritura: las razones de la escritura, en qué consiste la literatura. “La literatura es, a veces, un balón al poste”. ¿Por qué se hace tantas veces esa pregunta, por qué ensaya tantas definiciones?¿Se queda con alguna? 

    Soy escritor y, a veces, soy un escritor pesado conmigo mismo, me repito preguntas y hasta llego a decirme: “Chico, ya está bien”. Escribir es igual que subir a un tren para que nos lleve lejos. Leer también es eso.

    La frase la escribe en el libro, y es de las más inolvidable. El libro también es una cita con muchos escritores. Dylan Thomas, Charles Simic, Kirmen Uribe, Adam Zagajewski, José María Conget, Bruce Chatwin… ¿Qué han signficado en su vida? 

    Adam Zagajewski dice que el alma se cierra a veces como un museo en un día de huelga. Decir algo así no está al alcance de cualquiera. Simic, en los artículos que publica en ‘The New York Review of Books’, transmite con su talento el placer que le produce comer un plato de espaguetis o lo que significa escribir una postal, algo que ya parece un anacronismo. Y Conget, que vivió muchos años en Nueva York, te puede contar una historia del Bronx y a continuación una vieja vivencia de Maleján o Borja, lugares de los que yo guardo días estupendos.

Por cierto, ¿se pasa miedo viajando o solo se siente curiosidad? 



    Nunca he tenido miedo. Sí recuerdo un episodio desagradable en El Cairo, de noche, con un bandido, algo que nos puede suceder en cualquier lugar.

    Recuerda al escritor Félix Romeo y anota una de las frases del libro. Al inaugurar su biblioteca, “todos llevábamos un vacío dentro de los bolsillos”. ¿Cómo podemos recordarlo en el décimo aniversario de su muerte, que es en estos días?

    Félix Romeo es imborrable. Era tremendamente generoso y permanecerá siempre en nosotros. Le cuento una cosa: le gustaba mucho el regaliz de palo y yo, si encuentro ese regaliz en los mercadillos de cualquier ciudad, sigo comprándolo para él. Nunca dejaré de hacerlo.

 

HA MUERTO EL FOTÓGRAFO JOSÉ ANTONIO MELENDO

HA MUERTO EL FOTÓGRAFO JOSÉ ANTONIO MELENDO

El pasado 21 de septiembre, hace diez días, fallecía el fotógrafo José Antonio Melendo. Durante años, llevado por su gran afición, lo retrataba todo: presentaciones de libros, fiestas, conciertos, homenajes (a José Antonio Labordeta, por ejemplo), congresos, reuniones atléticas, fiestas populares en diversos lugares de Aragón. Allí, con su gran humanidad y su inmenso silencio, andaba él con la cámara en la mano, ensayando tomas, buscando sorpresas. Estuvo en Congresos de literatura en Albarracín, acudía a Cálamo, Antígona y Los Portadores de Sueños a las citas con distintos autores, se asomaba a los talleres de los artistas, y luego, una vez que había editado sus materiales, colgabas sus obras en su página web o en su Facebook y las mandaba por correo electrónico. 

En julio de 2011, tras hacer un gran reportaje en Casa Emilio en el que aparecía Félix Romeo (que fallecería un poco después, en Madrid, el 7 de octubre, hace ahora diez años), escribía: “Hace cinco años empecé este blog y comencé a mostrar las fotos que hacía a través de la red, que tantas satisfacciones me ha dado y que ha motivado un afán de aprender y superarme cada día”. En sus notas, ahondaba en su evolución y en sus descubrimientos. Le interesaba por igual Miguel Bosé que la Banda de Garrapinillos. Le interesaba casi todo: el Huerva y el Ebro (del que hizo varias series), pero también el Canal Imperial de Aragón, una prueba atlética, paseos y más paseos por la Exposición Internacional de Zaragoza; con el paso del tiempo se fue inclinando hacia la fotografía de moda, y halló ahí un espacio que le interesaba mucho. Realizó numerosos ‘books’ de jóvenes que empezaban o de profesionales que acudían a él. Una prueba de su labor puede verse aquí: https://www.fotoplatino.com/fp9442

También realizó otros trabajos vinculados al diseño. Impartió cursos de estilismo y fotografía gastronómica y colaboró con el Estudio Novo de Ana Bendicho durante dos años. El pasado 1 de febrero de 2021 falleció su madre, Concepción Puértolas, a la que siempre había estado muy unido. La diseñadora lo recuerda así: “Me dijo una vez que los dos años que pasó en Novo habían sido la mejor época de su vida. Su especialidad eran las chicas y trabajaba con una agencia de modelos; otra de sus especialidades era la gastronomía. Tímido, sensible, a veces torpe para relacionarse con la gente, era muy generoso con su trabajo. A pesar de su tamaño siempre quiso pasar inadvertido. Durante la expo hizo unas fotos preciosas del circo del sol”, dice. Y agrega: “De las últimas cosas que hizo fue la digitalización de todas las diapositivas antiguas de la obra del pintor José Manuel Broto. Con nosotros vino a fotografiar fábricas, productos, gente, eventos, obras de arte...”, resume Ana Bendicho.

El fotógrafo Javier Burbano tenía una relación constante con él. Se intercambiaban fotos, sobre todo a través del ‘whatsapp’. Dice: “Me enseñaba trabajos suyos y me pedía opinión acerca de las fotos que hacía, sobre todo de chicas posando y de gastronomía. Con la pandemia encontró un filón laboral haciendo fotografías a las ofertas gastronómicas de restaurantes y bares que se apuntaron a la entrega de comida a domicilio. Se emocionaba como un chiquillo mandándome fotos de un modificador de luz, un difusor o un kit de iluminación”. Le gustaba explorar técnicas, realizar ensayos y seguir las novedades tecnológicas.
“El fallecimiento de su madre le debió de afectar. Creo que tuvo un fallo renal que no se diagnosticó a tiempo por la crisis del coronavirus y falleció a las 24 horas por una sepsis. Al día siguiente, a José Antonio le diagnosticaban coronavirus y fue ingresado. Este verano estuvo haciendo fotografías por el País Vasco, Cantabria y Pamplona para locales que enviaban comida a domicilio. Disfrutó de la costa y de la gastronomía”, recuerda Burbano, que conserva afectuoso recuerdo de él, de su humanidad y de su dedicación y de su incuestionable pasión por la imagen.

 

*Foto de Ana Bendicho y su equipo; a la derecha, José Antonio Melendo.

DOS PREMIOS MAX PARA 'CON LO BIEN QUE ESTÁBAMOS'

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2021/10/04/max-premios-teatro-bien-estabamos-1524044.html

ALEJANDRO SIMÓN PARTAL HABLA DE 'LA PARCELA' (CABALLO DE TROYA)

Usted era poeta. ¿Qué he ha llevado a escribir una novela como ‘La parcela’ (Caballo de Troya)?  

La necesidad de contar esta historia que me habitaba desde hace tiempo y que solo podía ser contada desde la novela.

-Desde el punto de vista técnico y narrativo, ¿cómo se la planteó?  

No lo pensé demasiado. Simplemente necesitaba escribirla y me entregué a ese impulso. Me he dejado llevar por lo que aquí se cuenta, por lo que los personajes reclamaban. Sólo me planteé trabajar muchas horas, cada día, en un piso vació que me dejaron en el centro de Estepona.

-Ha elegido un personaje que conoce bien, y que quizá por aproximación podría parecerse a usted. ¿Nace la novela de una experiencia, del conocimiento de una zona del país, de la necesidad de crear una aventura posible?  

Cualquier ficción nace de la experiencia propia más profunda, y casi toda autobiografía tiene más ficción que verosimilitud. La novela nace de todo eso, pero sobre todo quería contar una historia de amor y adentrarme en las limitaciones y abundancias del ser humano. Mejor sentir que definir.

-¿Qué puede suceder en clase y por qué es tan importante Montaigne?  

El aula es un espacio sagrado. Si hay entendimiento, generosidad y consideración, puede ser el lugar más decisivo de la vida. El problema es que los profesores, ensimismados con nuestra carrera, solemos enseñar a competir y no tanto a mirar. En el aula ampliamos nuestra intimidad, tanto los alumnos como los docentes. Y las lecciones de Montaigne nos ayudan a recordarlo. En sus ‘Ensayos’ están las nociones más elementales de libertad e igualdad, que siguen siendo más modernas que muchos tratados de nuestros días.

-El libro es una historia de amor, una historia de amor desigual y en condiciones difíciles. ¿Por qué ha querido que ambos protagonistas estuvieran en dificultades, en pleno desgarro?  

Por honestidad con el amor en sí, que provoca tanto entusiasmo como desgarro o frustración, y eso lo veo en la gente que me rodea y en mí. El error más común es no entender el desamor como parte del amor, así como no entender la muerte como parte de la vida. Hace falta mucho trabajo para asimilar esa evidencia. El amor es nuestra mayor ocupación vital, a la que inevitablemente sigue la preocupación. Creo que esos extremos están reconciliados en la novela.

¿Es una novela social, política o, ante todo, una novela de personajes?  

No me parece que sea social, aunque lógicamente la historia gira en torno a un conflicto social como la crisis humanitaria que vivimos en Europa a finales del año 2015. Tampoco me gustaría que se entendiera como una novela política. La política es una etiqueta muy recurrente cuando no hay nada que decir. Defendería el libro como un libro de vida, que recorre casi todas las catarsis humanas y físicas, pero que aspira a una luz apaciguadora, lejos del fogonazo.

¿En qué medida también ha querido hacer una exaltación de la tolerancia y de la comunicación?

Esa exaltación no ha sido premeditada. Sí que creo que hay una denuncia velada de un modo de vida, de unas rigidices morales, que nos llevan a la insatisfacción perpetua.

La novela también es una indagación en la memoria familiar y en la enfermedad.

La familia es un tema inagotable y precioso. Quizá sea el gran tema de la literatura sin necesidad de estar escrito en ningún libro. Y la enfermedad es un asunto que me toca en mi mismo centro y del que no he podido dejar de escribir en los últimos años. Los enfermos son los elegidos de Dios, y todos queremos ocupar esa verdad, por mucho que duela o por mucho que descreamos.

¿Qué importancia, en estos tiempos difíciles, tiene el humor?  

Es fundamental pero no puede ser una decisión. Me suele caer mal la gente que reivindica el humor, también algunos humoristas que lo defienden como forma de comunicación cuando muchas veces solo linda con la estupidez y el desprecio. Me llena el humor que provoca amparo y alegría, y no el que supone oportunidad.

La parcela’, el mismo título, alude a la Jungla, el campo de refugiados, el lugar del origen y también a esa parcela de los afectos, de la intimidad. ¿Cómo y por qué se impuso ese título?  

Por su precisión y por lo que representa para mí. El título es de las primeras cosas que tuve claras. La parcela representa todo eso que usted apunta, además de ese espacio de nuestro centro más hondo donde acumulamos secretos, y el secreto nos humaniza, nos impone humildad. El escritor John Updike, que ha sido un referente, dijo en una entrevista que las buenas novelas tienen que tener secretos. Entiendo que la vida también debe tenerlos, secretos que no conozcan perversidad, sino que labren cobijo, porque ahí reside el misterio del ser humano, y lo que hacemos al escribir en rondar a ese misterio para al final crear más misterio.

Me ha parecido que el libro tiene diversas impugnaciones a los estados y a la enseñanza. ¿Es un libro contra alguien, es a favor de alguien?  

Es un libro a favor del amor radical y en contra de las demás estafas.

¿Qué le debe esta novela a tu condición de poeta, diría?

Mucho. Entiendo la poesía como una forma de estar en el mundo y no tanto como literatura. De hecho Juan Ramón Jiménez, nuestro poeta de una vez, no la consideraba literatura. La poesía está más cercana a la geografía o a la música, por ejemplo. Y esa manera de estar en el mundo me ha posibilitado contar esta historia.

¿Se escribió alguna parte de la narración en Etopia, donde ha investigado y ha vivido?

 

No, pero sí la dejé reposar, la pensé en los paseos por la Almozara, por ejemplo, que es tan importante como escribirla. Durante mis meses como residente en Etopia trabajé mucho y, a la vez, viví la ciudad con toda la intensidad que merece. Fue un tiempo decisivo para mí que no olvidaré. Allí continúan mis mejores amigos con los que sigo colaborando y aprendiendo. Allí asoma el futuro.