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Antón Castro

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

'CASI 40'. LA PELÍCULA DE DAVID TRUEBA

Tráiler de la nueva película de David Trueba: 'Casi 40'

https://www.youtube.com/watch?v=DslTferXQRM

http://www.davidtrueba.com/entrevista-a-david-trueba/

¿De dónde nace este proyecto? “Casi 40″ tiene un aroma personal e íntimo que escapa a casi todas las catalogaciones de género.

Es complicado explicar el origen de esta película. En 1996 busqué dos actores jóvenes y no profesionales para los papeles protagonistas de mi primera película como director, “La Buena Vida”. Encontré a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, entonces estudiantes en el instituto. Lucía cantaba en un grupo, Fernando dibujaba muy bien. Desde entonces, hace ya más de 20 años, no habíamos vuelto a trabajar juntos. Reunirlos para rodar “Casi 40″ fue por tanto un reencuentro que funcionaba casi como una trama paralela a la trama real de la película. El guión habla del primer amor, de lo que significa el primer amor.

¿Cómo fue ese reencuentro con Lucía y Fernando?

Los encontré más maduros, pero llenos de ganas de trabajar. Cuando los conocí no eran actores, ahora son actores con veinte años de experiencias profesionales a sus espaldas. Ellos son muy distintos y la vida les ha llevado por muy distintos lugares. Pero desde tiempo atrás quería reunirlos de nuevo y prolongar algunas ideas que estaban evocadas en mi última novela, “Tierra de Campos”. Al reencontrarlos en el momento en que están a punto de cumplir 40 años, mi intención era relatar una franja de vida que algunos definen como el segundo acto. No sé si las peripecias humanas pueden someterse a las estructuras del teatro clásico, pero para mí el paso del tiempo es el gran asunto de la ficción. Y esta película pretende contar eso, cómo el tiempo trata a las personas, en su caso, a quienes vivieron de manera distinta un inolvidable amor de adolescencia.

¿Te planteaste esta película en un diálogo con tu primera obra, “La Buena Vida”?

Nunca nos lo planteamos así. No la he vuelto a ver desde que la estrené en 1996, así que no la tengo muy presente. Lo que pretendíamos era hablar de algo difícil de retratar en el cine. Cómo la experiencia de vida, el avanzar profesional y personal, te obliga a enfrentarte con las ilusiones y vocaciones de adolescencia. Es inevitable enfrentarse al recuerdo y también salir tocado de él, porque no hay nadie, como dice Lucía en una de sus canciones, que haya sido capaz de cumplir todas sus promesas. Ni tan siquiera las promesas que uno se hizo a sí mismo. Los personajes nacieron para contar esta película, ellos mismo evocan un pasado para contrastarlo con el presente, que es lo que importa.

La música parece un motivo principal de la película, ¿hasta qué punto la narración se estructura en torno a las canciones que interpreta Lucía?

“Casi 40″ es una película que tiene estructura de musical, donde las canciones en este caso completan la visión del pasado, son alguno de los grandes éxitos de Lucía un tiempo atrás, cuando tenía un grupo de cierto nombre. Ella ha pasado de triunfadora en el mundo de la música a alguien que ha abandonado esa vocación juvenil. A su lado, el personaje masculino que interpreta Fernando Ramallo trata de rescatar otra ilusión igual de absorbente en los tiempos de la juventud: el amor. ¿Qué ha sido del primer amor? O como confiesa el protagonista en una escena de la película: acaso el primer amor sea como una figura inmarchitable y familiar, como el padre o la madre, así el primer amor se mantiene siempre vivo y firme en el recuerdo.

¿Entonces las canciones elegidas son también una visión del paso del tiempo?

Claro, las canciones se componen en un momento determinado y aunque se escuchen mucho tiempo después siguen hablando de quien las compuso en aquel día lejano. Por eso quería que fueran distintas, de distinto color emocional. Para ello utilizamos tres canciones que me gustan mucho, Miedo de Jorge Marazu, Despertarme contigo de Rebeca Jiménez y Todo me recuerda a ti de Señor Mostaza. Forman entre ellas una carrera ficticia de aquella cantante que fue la Lucía que muestra la película.

Pese a un cierto aire de desencanto, la película contiene momentos de humor, ¿cómo la definirías?

“Casi 40″ avanza como un martillo por las intimidades de los protagonistas y el desencanto es probablemente el desencanto de una generación, los que ahora cumplen cuarenta, que han visto cómo en España se han pulverizado sus ideales de vida y profesión. En la autonomía de las personas, en sus desencuentros cronológicos, en recordar cada cual los momentos estelares de su vida de una manera particular está la clave de la historia y los personajes. El viaje, en esta película de viaje, vuelve a ser algo más que un viaje geográfico, como ya pasaba en “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. Se trata de un viaje interior. A medida que uno avanza en la vida, el pasado cobra un peso cada vez mayor y hay que lidiar con eso, algo que de joven ni te planteas. He tratado siempre de retratar personas en mis películas y novelas, no me importan demasiado los géneros, sino la gente. Me apasiona la gente, creo que ellos son los que dan vida a cualquier ficción, ni las tramas ni los géneros, sino esos alientos de vida que uno percibe en los grandes personajes.

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

Nacido en Zaragoza en 1989, José María Albalad publica ‘Periodismo slow’ (Editorial Fragua) donde analiza tres proyectos de periodismo digital marcados por el rigor. la fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de Heraldo, donde se publicó una pequeña parte de la entrevista.

 

1. ¿Cuál ha sido tu idea de partida, qué querías averiguar o probar?

 

En la corta historia de internet, la información de los medios digitales se ha asociado con cantidad más que con calidad. Una tendencia que ha llevado a vincular el mundo online con textos breves, apresurados y, en definitiva, poco cuidados. Sin embargo, pese a la existencia de lo que podríamos llamar un “McDonald’s de la información”, también hay sitio para proyectos prémium en los que no caben las informaciones elaboradas para ser consumidas como la comida chatarra. El libro se centra, precisamente, en mostrar la existencia de un revitalizado periodismo de producciones lentas y consumo reposado que contrarresta la fugacidad de la última hora y demuestra falsa la ecuación que equiparaba periodismo en internet con instantaneidad. Frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva, encontramos medios –poco ruidosos pero sensatos– que luchan por llevar a las autopistas digitales el mejor periodismo de siempre.

 

2. ¿Qué sería el periodismo lento?

 

Se trata de una nueva etiqueta que designa una vieja práctica: la del periodismo que investiga en profundidad y narra con intencionalidad estilística, y que se le conoce de distinta manera según las manifestaciones culturales de cada país. En general, los proyectos de periodismo lento priorizan el rigor frente a la cantidad, desafían la superficialidad de la inmediatez con análisis, datos e investigación sobre el terreno, configuran sus calendarios editoriales fuera de la esclavitud de la agenda diaria y apuestan por relatos de largo aliento. El slow journalism invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad.  

 

3. ¿En qué ha cambiado el periodismo con internet y con la edición digital?

 

En qué no ha cambiado, podríamos decir (risas). Por un lado, la tendencia periodística en el ciberespacio va unida a la novedad permanente, lo que provoca una competición extrema por la primicia. Esto ha puesto en jaque géneros y formatos tradicionales como la propia noticia, en pos de un periodismo social, de redes al alcance de cualquiera, cuya obligada concisión tiende a fragmentar realidades complejas. Por otro lado, internet ha transformado las cuatro variables clásicas del marketing mix (precio, producto, distribución y promoción). Cuando los consumidores se vuelven autores y se repiensan procesos tan básicos como la lectura y la escritura, existe un nuevo paradigma. Hoy, el lector-usuario ya no es un sujeto pasivo, sino un actor de primer orden con capacidad de influir en el discurso público desde el rincón más inhóspito del mundo.

 

4. Hay una cierta obsesión por la narratividad, por llevar las técnicas literarias y cinematográficas al periodismo. ¿Por qué? ¿No será por qué el periodista, en el fondo, quiere ser escritor?

 

Literatura y periodismo han mantenido una estrecha relación desde el nacimiento de los periódicos en el siglo XVIII. La prensa dio refugio a muchos literatos, a quienes proporcionaba nombre, fama y dinero, mientras que los periódicos se beneficiaron del incremento de ventas que suponía la firma de escritores consagrados. No seré yo quien te niegue esa mística de algunos periodistas, que a lo largo de la historia han utilizado las redacciones de periódico como una escuela de paso, porque, en el fondo, la novela encerraba sus aspiraciones más hondas. Pero el incremento actual de la narración en las piezas periodísticas, encumbrada bajo el término storytelling, pienso que es una respuesta natural a la “enfermedad del algoritmo” que provoca la obsesión por las métricas. Frente a la réplica de contenidos, el corta-pega al que conduce la trituradora de la inmediatez, la rehumanización del periodismo se presenta como un verdadero reclamo. Salir de las redacciones y gastar suela de zapato en busca de historias ordinarias parece una propuesta razonable para dar respuesta al “hambre de realidad” que existe en esta cultura de pantallas, en la que lo real obsesiona porque, como indica David Shields, apenas se experimenta. Ya en 2012, el filósofo japonés Uchida Tatsuru advirtió que los medios “necesitan volver a convertirse en seres vivos” si quieren sobrevivir. Es una receta inteligente, porque la narración activa numerosos registros cerebrales y atrapa. ¿A quién no le gusta una historia bien contada?

 

5. ¿Es la crónica la panacea de algo, es una forma contrastada e incuestionable de llegar antes al lector? Recuerdas que la crónica “supera la capacidad de cualquier ávido lector”.

 

La crónica no es la panacea de nada, sino un género más que sufre una profunda inflación. Yo defiendo sus múltiples posibilidades, sobre todo narrativas, pero, tras este estudio, me veo obligado a denunciar esa especie de vanidad que se está imponiendo en torno al género, tanto en el ámbito profesional como académico. No todos los temas, personajes y situaciones requieren textos de 5.000 palabras ni una inmersión de meses. Algo que obvian quienes elevan la crónica a una liga superior y buscan situarse en una especie de Champions League periodística en la que poco o nada importa el espíritu de servicio. Olvidemos, como asegura el chileno Cristian Alarcón, que cualquier cosa con un adjetivo al lado de un sustantivo es una crónica. Salirse de la pirámide invertida no es garantía de nada. De hecho, reivindico a aquellos periodistas de agencia y de diario que fabrican cada día, en la sombra, toneladas de buena prensa. Con crónicas, perfiles, noticias, entrevistas… A la postre, con buen periodismo. Es ahí donde debe focalizarse el debate. ¿Cómo podemos servir mejor a la sociedad desde nuestro oficio?

 

6. De manera sencilla, ¿por qué has elegido estos tres medios digitales, qué novedades crees que aportan? 

 

Las revistas emblemáticas del literary journalism anglosajón surgidas en el siglo XX –The New Yorker (1925), Esquire (1933), Rolling Stone (1967), Mother Jones (1976), etc.– inspiraron la creación de los medios de referencia latinoamericanos de periodismo narrativo: El Malpensante (1996); The Clinic (1999); Letras Libres (1999); Gatopardo (1999); o Etiqueta Negra (2002). A su vez, estas publicaciones impresas, de una y otra tradición, constituyeron ejemplos a imitar –por su calidad periodística– para los medios digitales surgidos en América Latina y Estados Unidos en el siglo XXI. Pero, además, los proyectos del continente americano tienen una influencia directa en España, un país en el que el periodismo literario se ha practicado históricamente en el articulismo/columnismo y no han existido antecedentes de calado como los señalados en las otras dos áreas geográficas. De ahí que los nuevos medios digitales españoles, a la hora de plantear una cabecera centrada en narración periodística, pongan sus ojos en las apuestas editoriales del otro lado del Atlántico. En este contexto global, de influencias mutuas y evolución permanente, el libro ahonda en los modelos editoriales y de negocio de tres medios nativos digitales que ilustran la tendencia mencionada: uno de España, FronteraD, por el florecimiento del periodismo narrativo al albur de internet, y dos de América Latina y Estados Unidos –Anfibia y Narratively, respectivamente– porque es en estos territorios, por la influencia de la crónica latinoamericana y del New Journalism anglosajón, donde se inspiran las nuevas cabeceras españolas. La selección encarna, pues, diferentes prácticas culturales, lingüísticas y periodísticas, al tiempo que facilita un diálogo entre tradiciones.

 

7. ¿En que es diferente ‘Anfibia’, la publicación argentina? ¿Cuáles serían sus grandes aportaciones?

 

Anfibia sorprendió en mayo de 2012 con un proyecto que lleva a internet la rica tradición latinoamericana de periodismo narrativo y aporta un sello propio: la anfibiedad, término utilizado para referirse a las piezas elaboradas –a cuatro manos– entre periodistas y académicos. Esta característica implica la creación de duplas, parejas de narradores e investigadores, académicos o expertos que generan piezas periodísticas atractivas –con gancho narrativo– sin descuidar el sustento teórico. El objetivo, como indica su director, es que la crónica sea el resultado de un proceso de investigación que emerja no con el lenguaje árido de los papers y códigos académicos, sino de una manera más accesible, más universal, más viralizable en el mundo digital. Por otro lado, y esto no es habitual en internet, Anfibia sigue el estilo de las revistas emblemáticas de papel (como Etiqueta Negra, en Latinoamérica, o The New Yorker, en Estados Unidos) y cuenta con exigentes editores online que aseguran la calidad de los contenidos mientras despliegan una labor formativa –de investigación y escritura– entre sus autores.

 

8. ¿Qué le debe esta publicación a figuras como Gabriel García Márquez?

 

La influencia es tal, sobre el equipo y los colaboradores, que no me atrevería a cuantificarla. ¿A qué periodista o escritor latinoamericano no influye la magia y el legado de Gabo? Desde su creación, Anfibia cuenta con el respaldo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez en 1994. Siguiendo su estela, la FNPI ofrece un programa de seminarios y talleres que enseña a contar historias a las nuevas generaciones de periodistas: fomenta la excelencia narrativa, el riguroso reporterismo, el ejercicio ético y la innovación. No es casual que el director del proyecto argentino, Cristian Alarcón, se encuentre entre la amplia nómina de maestros de la FNPI, porque los objetivos son compartidos. De algún modo, Anfibia se ha convertido en una escuela, en un laboratorio de periodismo, que forma y proyecta a los jóvenes valores con la única misión de elevar la calidad del periodismo en habla hispana.    

 

9. ¿Es sostenible algo así? ¿Tiene sentido regalar un trabajo tan minucioso y elaborado?

 

Anfibia no es una empresa periodística al uso, ya que incardina su modelo en una universidad pública que respalda la iniciativa del mismo modo que financia investigaciones experimentales en laboratorios. De esta manera, a diferencia de los proyectos emergentes que nacen sin auspicios o de los grandes conglomerados mediáticos que trabajan con la presión de la cuenta de resultados, el medio tiene garantizados los recursos económicos necesarios para desempeñar su actividad. Sus lógicas trascienden lo monetario y ello permite cultivar un periodismo extraordinario con cierto halo romántico, porque la realidad es que las revistas de periodismo narrativo o literario siguen siendo un producto de lujo y marginal. Luchan por convertirse en un modelo de negocio rentable, pero aún no lo logran. En casi todos proyectos de este tipo, la calidad no es sinónimo de ingresos y los periodistas, fotógrafos e ilustradores se ganan la vida gracias a los malabares del autoempleo. Enfocan sus colaboraciones como un pasatiempo en el que desarrollan su vocación, acumulan experiencia y, en el mejor de los casos, consiguen ingresos adicionales.

 

10. ¿Qué es lo que tiene de particular o excepcional ‘Narratively’? ¿Por qué has elegido esta publicación?

 

Narratively, lanzada en septiembre de 2012, consiguió reunir más de 50.000 dólares en una campaña de crowdfunding para contar historias de la ciudad de Nueva York. Desde marzo de 2013 funciona con una mirada internacional, pero mantiene el espíritu primigenio: abordar un tema a la semana a través de cinco piezas (una por día, de lunes a viernes, en diferentes formatos). Con esta filosofía, ocupó en 2013 la sexta posición del ranquin que la revista TIME elabora cada año con las mejores webs del mundo. Asimismo, aporta un punto novedoso en cuanto a la financiación. En Estados Unidos, el literary journalism lleva consolidado más de 50 años, por lo que allí no se discute la vigencia del género, como en el ámbito hispanoamericano: su batalla está en hacer rentable el modelo. Para ello, este medio ha creado Narratively Creative Group, una vía de negocio paralela –con auspiciosos resultados– que presta servicios de comunicación a medios, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs; y que pretende dar el salto a industrias como la del libro, el cine y la televisión adaptando los contenidos de la revista. 

11. ¿Qué podríamos trasladar de ella a España, qué elementos prácticos podemos aprender?

 

Sin duda, la visión empresarial. No podemos quedarnos con la idea romántica de muchos emprendedores. El buen periodismo cuesta dinero y los periodistas también tienen que pagar las facturas a final de mes. Urge encontrar modelos de negocio sostenibles para garantizar un trabajo decente, que humanice y realice a la persona. A veces sucede todo lo contrario. En este sentido, Narratively habla sin complejos de una clara visión de negocio. Lejos de improvisaciones, la plataforma digital neoyorkina nació en el New York’s Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism, un centro de la Universidad de Nueva York que ayuda a diseñar medios de comunicación sostenibles. El contenido es el rey y la estrategia editorial es fundamental, pero hace falta una estrategia empresarial avanzada para no nacer con la tumba cavada. Narratively ha encontrado en su grupo creativo la inyección económica que no le reporta el periodismo, aunque no todo pasa por prestar servicios de comunicación a empresas e instituciones. En Estados Unidos está funcionando muy bien el “periodismo filantrópico”: mecenas anónimos o grandes magnates dispuestos a financiar proyectos periodísticos con un espíritu de servicio social. Quizá el caso más sonado, a pesar de su singularidad, sea el de Jeff Bezos con The Washington Post.   

 

12. FronteraD es un proyecto de Alfonso Armada, que es un periodista de medios poderoso como ‘El País’, durante años, o ‘ABC’ ahora… ¿Cómo valoras tú que un hombre como él, bien situado, con una gran voz y una gran personalidad, cree un formato así? ¿Revela un fracaso de los medios tradicionales clásicos?

 

La revolución tecnológica ha puesto en crisis a la industria tradicional. El modelo de negocio clásico (publicidad y venta al número) ya no funciona, porque la información fluye por las redes pero no da el rédito económico que hasta hace unos pocos años brindaban los periódicos en papel. Sin embargo, no todo es negativo. El carácter multimedia e interactivo del nuevo formato ofrece la oportunidad de hacer un mejor periodismo. Además, las bajas barreras de entrada de internet, que elimina los costes de papel, tinta y distribución, favorecen la puesta en marcha de nuevos modelos. Alfonso Armada, un periodista tenaz y apasionado, ejemplo de integridad periodística, ha decido aprovechar este contexto para experimentar con su propio medio. Esa valentía le ha permitido ejercer el oficio de un modo paralelo, casi soñado, sin las presiones políticas, económicas e ideológicas que suelen rodear a los grandes medios. A cambio, le ha tocado sufrir lo que es no disponer de una mínima solidez financiera para pagar dignamente el trabajo periodístico. Su modelo, como admite con resignación, se sustenta en la autoexplotación y el entusiasmo.

 

13. ¿Qué aporta esta publicación, tan variada, versátil, pero profunda e intensa?

 

FronteraD busca explicar el mundo lejos del ruido y nos recuerda la importancia de escapar del alfilerazo fácil de las redes sociales. Huye de la actualidad instantánea, lo que le permite centrarse en la práctica de un periodismo de verdad, riguroso y apasionado. No siempre se tiene material para gritar, ni tan siquiera para hablar. Hace falta tiempo para leer, para reportear, para pensar y meditar. Eso hoy, en una época de expresión continua y visceral, es una gran enseñanza. De hecho, el lema de la cabecera, “una revista para estimular la inteligencia”, lleva consigo una coletilla reveladora: “de las inmensas minorías”. Es el precio a pagar por dirigirse a quien se hace preguntas, intuye el director, que anima constantemente a sus periodistas a sumergirse en los hechos desde perspectivas inexploradas y luego escribir sin limitaciones de espacio. De este modo, la revista intenta parar, escuchar y combatir la contaminación que hay en internet.  

 

14. FronteraD está en seis dominios de redes sociales. ¿Hay que estar en todas partes para sobrevivir?

 

Quien mucho abarca poco aprieta, dice el refrán. Mejor pocos mensajes, muy bien escritos y encajados al medio. La investigación advierte la necesidad de aportar valor a audiencias de nicho. Ante la sobreabundancia informativa, conviene hacerse imprescindible ofreciendo unos contenidos que el público no encuentre en otro lugar. La receta no es copiar y pegar lo mismo en distintas plataformas. Para ello, es fundamental confeccionar estructuras ligeras pero profesionales, con al menos un profesional de alto nivel en cada una de las cuatro parcelas clave: periodismo, empresa, márquetin y tecnología. Se trata de mejorar la experiencia y comprensión de los usuarios utilizando los recursos hipertextuales, multimedia e interactivos que más se adapten al canal y soporte de consumo.    

 

15. Después de repasar el libro entero, y viendo cómo se trabaja en los periódicos, intentando rentabilizar los esfuerzos, ¿qué crees que se debe hacer? ¿Vamos con estas prisas a la muerte del periodismo?

 

El periodismo es más necesario que nunca. El auge de las fake news pone de manifiesto la necesidad de marcas periodísticas solventes. Cabeceras marcadas por su credibilidad y buen hacer. La libre publicación que permite la Red es una oportunidad para el oficio. Cuando un zaragozano recibe por WhatsApp una imagen del puente de Piedra partido en dos, acude a la versión digital de Heraldo de Aragón para conocer la última hora. Si no encuentra la noticia, no se la cree. Eso es muy positivo para el periodismo. Mucha gente se siente ahogada en el océano digital, lleno de ruido y contaminación. Sin medios capaces de seleccionar y jerarquizar con criterio, estamos muertos, pues nos resulta imposible procesar todos los datos que la tecnología pone a nuestro alcance. Fiel a su esencia y valores, el periodismo está llamado a ocupar un lugar destacado en la esfera pública, donde cada vez resulta más fácil aportar valor, fruto de la infoxicación. Pienso que el drama para la profesión es caer en las lógicas de cualquier usuario analfabeto. 

 

16. ¿Será el nuevo periodista un hombre multitarea: escritor, investigador, fotógrafo, editor, experto en redes sociales? ¿No avanzamos hacia el estrés desmesurado?

 

No creo en el periodista orquesta ni en el trabajador multitarea. Pese a la moda de estos sintagmas, varios estudios neurocientíficos advierten que el también conocido como multitasking compromete la eficiencia y la creatividad. Pensamos que podemos estar viendo la tele mientras hablamos con nuestros hijos y consultamos incesantemente el móvil, pero la realidad es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas. ¿De verdad somos buenos en hacer cinco cosas a la vez? Sin concentración, con fugas constantes de energía, perdemos eficiencia cognitiva. Así resulta difícil dar nuestra mejor versión en el periodismo y en la vida, por más que tranquilicemos nuestras conciencias pensando que somos superhombres o supermujeres. El buen periodista o comunicador, en palabras del profesor Paco Sánchez, “no es aquel que domina unas técnicas o destrezas más o menos mecánicas, sino quien es capaz de saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que ha mirado, escuchado y pensado”. Esto exige leer mucho y ahondar en la condición humana, para tener, como apunta el propio Sánchez, “un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea”. El estrés desmesurado no facilita la tarea, de ahí que el movimiento slow sea hoy un gran aliado. No se trata de defender lo lento en toda circunstancia, sino de reivindicar el control de la persona para que pueda elegir en cada situación el ritmo adecuado. Es contraproducente ir siempre a 200 por hora.

 

17. ¿Existe un lector lento que sostenga un periodismo lento?

 

La vida moderna es rápida por naturaleza, a veces por inercia y por miedo al silencio, a encontrarse con uno mismo. Vamos de un sitio para otro, sin parar, pegados a una pantalla. Miramos el móvil hasta en el cuarto de baño o en el ascensor. No hay tiempos muertos y así resulta difícil pensar. Nunca antes había proliferado tanta información, ni se había recibido con la simultaneidad actual. Hay tanta oferta que se ha instaurado la política del picoteo. Estamos en todo y en nada al mismo tiempo. Parece difícil hablar de la existencia de un consumo lento en este contexto. Sin embargo, quiero pensar que siempre va a haber un lector ávido de historias bien contadas, con necesidad de claves que le permitan comprender un mundo complejo, lleno de cambios abrumadores. El ciudadano necesita formarse e informarse para tomar decisiones prudenciales y encauzar su vida. Esa ha sido, es y será una función insustituible del periodismo: convertirnos en ciudadanos mejor informados, en personas cabales con capacidad de decisión y crítica. Quizá sea necesaria una nueva alfabetización mediática que permita a cada persona encontrar un equilibrio en su dieta informativa.

LA CONDICIÓN HUMANA DEL GOLEADOR QUINI

Enrique Castro González ‘Quini’ (1949-2018) ha sido uno de los grandes arietes de los 70 y de los 80 no solo de España, sino de Europa. Fue un especialista de la estirpe de los rematadores, tipo Gerd Müller, Joe Jordan, Pietro Anastasi, Ian Rush o Yazalde: un hombre del área, incesante, que podía parecer fondón e incluso torpe, pero era eficaz, versátil, imprevisible y pugnaz. De un brillo enmascarado. No se lo podían dar ni metros para correr ni espacio donde elevarse: incordiaba con sus buenos modales y su potencia, y tenía la facultad de convertir una piedra, o un mal pase, en un diamante. Encarnó al cazagoles, al artillero que no descansa y que se divierte.

Todo se le daba bien: se desmarcaba, poseía sentido de la adivinación, un regate utilitario de pícaro, y era un futbolista de certezas: un partido duraba al menos 90 minutos y con el balón en juego todo era posible. Burlaba al portero y a los defensas sin un mal gesto y siempre, siempre, hallaba un resquicio para el gol, quizá por eso el Molinón, donde jugó en dos etapas más de tres lustros, le susurraba o le cantaba: “Ahora ahora Quini, ahora”. Era el ritual. Luego el Brujo hacía de las suyas. Marcaba, sembraba el temor o, sencillamente, recordaba que él, codicioso de dianas, andaba por allí, dispuesto a todo. Con Quini en el campo, no había sosiego, quizá por ello, también, Miguel Mena tituló la novela que centró en su secuestro ‘Días sin tregua’ (Destino, 2006).

Enrique Castro González ha encarnado al futbolista bondadoso. Al deportista en su esencia más pura. Representó una idea de la competición más honesta y de la condición humana. Como Michael Laudrup, Mauro Silva o Andrés Iniesta, era de esa pasta. Esforzados, artistas, ingenieros de la imaginación y la sorpresa, pero ante todo seres humanos. Gente feliz sobre el campo, despojados de violencia, solidarios con los suyos y el rival, defensores de la cofradía universal del juego.

Quini, que alguna vez jugó de extremo en el Gijón y en la selección española, perteneció a dos grandes conjuntos del Sporting: al que formaba, en vanguardia, con Megido, Fanjul, Quini, Valdés y Churruca, con su hermano Jesús, Castro para el fútbol, en el marco. Jesús fallecería en la playa de Amio, en Pechón, tras salvar a unos niños: otro que tal, solidaridad dramática, corazón jabonado de delfín. Y luego Quini también jugó con Morán, Joaquín, Mesa, Abel o Enzo Ferrero, aquel exterior argentino, estiloso, menudo y hondo que le sirvió centros inolvidables. Estuvo cuatro años en Barcelona y, por primera vez tras una década aciaga, los culés iban a ser campeones de Liga, pero en esas, un 1 de marzo de 1981 lo secuestraron unos desdichados e ilusos, y lo encerraron en el Arrabal, muy cerca del Ebro, durante 25 días en deplorables condiciones. Quini tuvo los esperados gestos de humanidad para quienes lo habían tratado como una alimaña. Regresó al Camp Nou, pero el equipo ya era otro. Jamás logró coronarse campeón de Liga, aunque sí de la Copa del Rey, en dos ocasiones, y de una Recopa, en la despedida del pequeño duende Allan Simonsen, ante el Standard de Lieja un 12 de mayo de 1982; Quini, cómo no, marcó el gol de la victoria con la astucia y el descaro del joven que debutó en el campo de La Carbonilla.

Luego volvió a casa y siguió haciendo de las suyas: marcar goles. Henchir los estadios de felicidad y de talento. Siempre era un peligro. El desvelado del área. Sus cifran confirman su grandeza: fue cinco veces Pichichi en Primera División, jugó 448 partidos y marcó 219 tantosparticipó en 35 choques con la selección y jugó en dos Mundiales, con más pena que gloria. Aquellos no fueron buenos tiempos para la selección ni para él con la camisola roja.

En Gijón lo ha sido todo. Superó un cáncer de garganta y la pérdida de su hermano, e incluso la separación de aquella costilla de Adán que fue su esposa María Nieves, la mujer serena que sufrió en su cautividad. En el Molinón se sentía en el paraíso en la tierra. Le gustaba el olor del césped, la música del balón, el trote de los jóvenes, el sueño colectivo de los gijoneses, el corazón marino de Asturias. Le enorgullecía sentirse de la tribu de Mareo.

Hace algunos años, cuando HERALDO cambió de formato, se hizo una serie acerca de cómo nos veían a los aragoneses desde las distintas comunidades autónomas de España. El fotógrafo Oliver Duch y yo organizamos una cita en Oviedo con sus paisanos. Quini acudió a fotografiarse con escritores, pensadores, científicos, etc. Jamás había estado en el Teatro Campoamor de Oviedo, donde acababan de entregarse los Premios Príncipe de Asturias. Le pedimos que se acuclillase como si estuviera en la delantera del Sporting. Le recitamos varias para que se sintiese a sus anchas. Quini, con su inmensa sonrisa, miró al fotógrafo Oliver Duch y dijo: “Ojalá pudiera. Tengo algunas heridas de guerra y una de ellas es esa, no poder arrodillarme”. Había rematado demasiado a gol a las mil maravillas, en las posturas más acrobáticas, como si fuera el auténtico asturiano volador. Fue el ángel perfecto del área.

 

 

DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Uno de los proyectos poéticos más fascinantes y trabajados de la lírica española en los últimos años en España lo lleva a cabo el editor y poeta Javier Sánchez Menéndez con su libro ‘Fábula’, que son, serán, diez entregas. Contienen un poco de todo: una meditación general sobre la vida, la escritura y la poesía misma, el viaje al pasado y el presente, la belleza, y también –por decirlo de algún modo- una crítica general al mundo en que vivimos. En sus poemas hay crónica, apunte de trayectos, alusiones a los otros (los poetas, los libros, los pensadores…), aforismos, intuiciones. Aparece ahora la sexta entrega, ‘De cuna y sepultura’ (El Gallo de Oro). Y de ahí copio este texto.

 

EN VENECIA

 

La armonía nunca engaña, es como esa fortuna que todos poseemos y a ninguno convence. La armonía equilibra, disipa nuestras dudas, majestuosamente hace que nos amemos. La armonía nos recorre.

 

Hay dos grandes poetas: el oscuro y el de la voluntad. En la edad inocente vuelve a nacer la vida.

 

Y le digo a la vida que venga, que me plazca, que le espero sentado como Pound y Mann en Venecia.

 

BUENOS DÍAS

 

He bajado corriendo por esas escaleras para buscar un nombre, pero tú ya no estabas. Me quedan la razón y la palabra. Esas que en las mañanas te despiertan con un beso en la frente y dicen ‘buenos días’.

 

MIEDO

 

El miedo es necesario, como lo es el silencio, la soledad, la atención y el alimento. Sin miedo no hay respeto, sin respeto no existe literatura y sin ella la poesía no tendría sentido.

 

Tiro al suelo del cuarto rojo el libro de Bloom. Llamo a Barrie y le pregunto. Responde que le complace el respeto, y le desagrada la soberbia.

ADIÓS A PACO CAMARASA

ADIÓS A PACO CAMARASA

HA MUERTO PACO CAMARASA, DE NEGRA Y CRIMINAL


[Hace algo más de un año, en diciembre de 2016, con Sergio Vila-Sanjuán de embajador de la amistad, visité a Paco Camarasa en su librería Negra y Criminal, que creó con su mujer Montse Clavé. Ya estaba enfermo, pero tenía entereza, serenidad y unas ganas inmensas de contar su vida y de explicar sus encuentros con muchísimos autores. Acaba de fallecer. Por ello recupero el texto que le dediqué en 'Artes & Letras' en diciembre de 2016. La foto es de Carles Ribas del diario 'El País'. En 2017 recibió un premio de Aragón Negro.]


Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).

Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco : «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».

De Dupin y Holmes a Carvalho

Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».

En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».

Para Camarasa, poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».

Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».

Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.

Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.

Autores que vienen y van

Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.

Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».

Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.

 

 

MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ, UN DIÁLOGO

 

María José Hernández: "La imaginación nos hace ser más poderosos"

La cantautora, que a veces se siente invisible, publica su séptimo disco: ‘Cartas sobre la mesa’, de once canciones, marcadas por el amor, la creación y la mirada de mujer. Editan Lunática y la DGA

 

¿Cómo se gestó su disco? ¿Qué nace primero un texto o la melodía, en ‘Cartas sobre la mesa’?

En mi caso nacen a la vez, los versos vienen a mi cabeza ya con una melodía concreta. De hecho a veces tengo la sensación de que las canciones existen flotando en algún universo paralelo y que ellas simplemente me utilizan para materializarse. ‘Siento’, la canción que abre el disco, habla precisamente de ese momento mágico en el que surge una canción.

¿Hay una idea básica, no sé si sinfónica, unitaria, previa al álbum?

Quería hacer algo diferente a ‘Las uvas dulces’, el disco de versiones de Labordeta, pero no he partido de un concepto previo a la hora de plantear el disco, de hecho la mayoría de las canciones ya estaban compuestas antes de ‘Las uvas dulces’. Nunca hago discos partiendo de un concepto; el proceso es al revés. Cada canción surge como una obra individual y simplemente a la hora de escogerlas para formar un disco busco sus lugares comunes, y es entonces cuando descubro cuál es el nexo entre todas que le da coherencia al disco.

¿Cuál sería aquí ese enlace?

En ‘Cartas sobre la mesa’ conviven canciones que termine prácticamente días antes de empezar a grabar, con otras que llevaban mas de 10 años compuestas pero para las que todavía no había llegado su momento.

El título parece una afirmación, un acto de desnudez, de sinceridad o de rebeldía. ¿Sería así?

Si tuviera que buscar una palabra que defina lo que para mí es este disco, esa sería, sin duda, sinceridad. Soy una mujer sincera, intento ir siempre de frente y no sé mentir, lo cual a veces resulta contraproducente en un tiempo en el que lo importante es lo que pareces, y no lo que eres. Tenemos pánico a llamar a las cosas por su nombre y creo que hay ocasiones en las que hay que poner las cartas sobre la mesa y no esconder la verdad en la manga.

Algunas de las mejores canciones son de amor: ‘Mirarte a los ojos’ y ‘Aniversario’. Si uno oye ‘Saltando sin red’ y ‘Fiesta en mi corazón’, podría pensarse que se ha vuelto más festiva.

Más bien diría que este es un disco muy vital y energético y en eso, además de las propias canciones en sí, tienen mucho que ver los músicos con los que he tenido la suerte de trabajar y cómo se planteó la grabación. Sergio Marqueta (piano) y Dani Escolano, (contrabajo), mis músicos habituales, son mis dos puntales en este proyecto y con ellos he planteado los arreglos iniciales. A ellos se han unido, las guitarras de Fernando Girón y la batería de Dani Blesa. Los cuatro, bajo la producción de Guigher, han conseguido darle al disco una fuerza y magia especiales, quizás porque se grabó en vivo como si de un directo se tratara.

¿Cómo crea, qué significa la imaginación para un artista?

La imaginación para mí es el motor de todo, como digo en ‘Poderosa imaginación’, todo es posible en mi imaginación. Es lo que nos hace soñar, creer en lo imposible. Es lo que hace que este mundo siga girando. La imaginación nos hace ser más poderosos.

¿Ha querido que algunos temas estén tocados de feminismo?

Como creadora y como mujer, es imposible permanecer impermeable a lo que está sucediendo con la violencia machista, y eso se filtra sobre todo en ‘Saltando sin red’. El disco, en realidad, es la declaración de intenciones de una mujer que ya tiene un recorrido vital y va sabiendo lo que quiere y sobre todo lo que no quiere, una mujer que ya no tiene que pedir permiso ni perdón por nada... Son mis palabras, mis sensaciones, pero podrían ser las de cualquier otra mujer.

¿De qué se alimenta ahora? ¿Qué le pide a una canción, qué quiere que tengan las tuyas?

Intento alimentarme de forma variada y equilibrada. Me gusta escuchar estilos muy diferentes. Creo que no hay que tener prejuicios a la hora de escuchar porque por encima de las etiquetas y los prejuicios, prevalece la música y las buenas canciones: las que sorprenden, las que hacen que interrumpas lo que estás haciendo cuando las escuchas por primera vez o las que te emocionan aunque las escuches mil veces…

Ha hecho gira con ‘Las uvas dulces’ y con Vivere Memento. ¿Qué ha aprendido?

Con ‘Las uvas dulces’ he tenido la oportunidad de hacer mía la emoción de la poesía de Labordeta y con Vivere Memento, además de arroparme de la genialidad de Luis Delgado y Joaquín Pardinilla, a los que me unen muchas complicidades de tantos años, he disfrutado de un repertorio que me ha enseñado cómo una canción puede trascender a lo largo de los siglos y seguir cautivando con la misma intensidad.

¿Ha mejorado la música aquí, en Aragón?

Aragón siempre ha tenido mucho potencial creativo y musicalmente creo que está mejor que nunca. Tenemos artistas triunfando a nivel nacional e internacional, y a eso hay que añadir que hay mucha cantera, pero la industria musical no está aquí. No hay programaciones asentadas, ni muchos festivales, o los que hay no apuestan mucho por los artistas aragoneses. Es complicado trascender desde Aragón, hay que seguir emigrando.

Dos detalles

Inspiración. «Más que de discos o canciones tendría que hablar de artistas de los que he estado enganchada. A Francoize Breut, la descubrí en un concierto y me fascinó. La terna la completarían The Divine Domedy y Jorge Drexler, soy fan absoluta».

La ilusión. «En la música siempre estás empezando. Es necesario además tener esa sensación, no perder la pasión y no acomodarse, seguir aprendiendo y seguir arriesgando. Para mí, cada nueva canción es un regalo, cada nuevo disco una aventura».

 

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

De la serie ’Cuentos de domingo’. Día del Padre. Heraldo 

Padre e hijo

 

Mi primer recuerdo es un viaje en bicicleta hacia Larín, el pueblo de mi madre; allá, al fondo, divisé por primera vez el mar: Barrañán, luego Caión, el umbral de la Costa de la Muerte. Mi padre llevaba un pedalear tranquilo que no le impedía cantar, al son de la melodía de las retamas y la queja de los pinos: “A Santiago voy, ligerito…”. En casa de mi abuelo paterno tuve otras certezas: el embrujo del huerto, donde vi cerezos, ciruelos, manzanos y una parra trepadora. Otro día, algunos años después, antes de que partiese a la emigración, me veo por el monte, recogiendo leña. Mi padre, que podía ser muy silencioso, me indicaba ramas, troncos rotos, musgos y el vuelo de algunos pájaros. Yo me sentía seguro, pero de repente dijo: “Ahí está la cueva del tesoro, donde se ocultan los fantasmas. Nunca me he atrevido a entrar”. Llegamos a una cumbre agreste, alfombrada de pedruscos. “Aquí, cuando era chaval, jugué al fútbol. No quería ser como Zamora o Lerín. Yo era de Juanito Acuña”.

Volvíamos a casa y a veces me decía que, antes de entrar, me asomase a la fuente de las salamandras, donde recogíamos el agua para beber. Era el mejor espejo del mundo. “Que tu madre te vea bien peinado”. Otro día se marchó a trabajar a Suiza, y empezaron a llegar sus cartas. Preguntaba por todo: por las vacas y las fincas y las tormentas, por los mendigos Xosé y Lelo, por una tía minusválida, Pilar, a la que él llevaba en su espalda a las verbenas que tanto le gustaban, “adora a Pucho Boedo, el vocalista de Los Satélites”; al final cerraba con otro interrogante: “¿Cómo está el rey de la casa?”. Volvía en vísperas de navidades, con bolsas de naranjas, caramelos de menta y una armónica nueva. Contaba cosas de su vida allá lejos: en un año había sido barbero, jardinero, albañil, ebanista, y no sé cuántas cosas más.

Hay cientos de recuerdos pero el que más me impresiona es otro: su padre, Jesús, tratante de ganado, contrajo una enfermedad incurable y él, tras salir del trabajo, iba con su bicicleta a verlo. Se sentaba a su lado y le daba plátano, zumo de naranja, y le hablaba de los animales. Un día, no sé por qué, me impactó tanto la escena que quede al acecho, como si se me revelase un gran secreto. Aún hoy, medio siglo después, me sigue pareciendo una bella forma de ser padre e hijo a la vez y en perfecta reciprocidad.

*En la foto, mi madre Carmen Castro (1928-2014) y mi padre Benito Rodríguez (1925-2007).