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Antón Castro

EL CANTO DE COLOR DE TERESA RAMÓN

EL CANTO DE COLOR DE TERESA RAMÓN

TERESA RAMÓN PINTA UN IMPRESIONANTE MURAL DE 68 METROS

EN EL MUSEO DE HUESCA: ’LE JEU DE VIVRE’ (2017-2018)

 

 

El canto de color de Teresa

 

 

Teresa Ramón (Lupiñén, 1945) recibió el Premio Aragón-Goya en 2015. Fue un galardón a su trayectoria –pintura, obra mural, escultura, dibujos, libros de poemas, bestiarios- y a la vez fue un acto de justicia poética: acababa de volver de la muerte; había cruzado el túnel lóbrego que lleva a ninguna parte o, para algunos, a las regiones ignotas de la fe. Poco después apareció Alejandro Cortés para hacer el documental ‘Carrasca’: esta mujer, fatigada, desarmada quizá por el estupor y otros dolores que no tardaron en sumarse, fue capaz de rehacerse y de pintar para sí misma y para la película.

Hace más de un año, Rafael Doctor –comisario de exposiciones, novelista, director del Centro Andaluz de la Fotografía y animalista- le propuso otro de los desafíos de su vida: desarrollar un proyecto abstracto, un gran mural, que se exhibiría por vez primera en el Museo de Huesca. Le propuso, entre otras cosas, que se alejase de la figuración, de sus animales, de sus signos reconocibles, y que se zambullese en el mundo infinito del color, de la gestualidad, de la delicadeza. Durante varios meses, Teresa Ramón trabajó con auténtico afán o quizá frenesí, y el resultado es ‘Le jeu de vivre’. El juego de vivir. Por extensión, el juego de existir, el juego de crear. El juego de ser. Lo más impresionante es que la artista, y no es una broma, ha rejuvenecido en el intento: ha pintado cuatro piezas, con solución de continuidad, de 2.20 metros de alto, por 17 metros de largo, es decir, 68 metros de pintura.

‘Le jeu de vivre’ es, de entrada, un gran homenaje a la pintura. Con todo lo que tiene: intuición, técnica, color, profundidad, capacidad de sugerencia, libre albedrío y libertad intrínseca. Indomable libertad. Teresa Ramón, a lo largo de los años, en Aragón y en países latinoamericanos, se ha medido a sí misma: ha hecho grandes exposiciones, una de las más bellas, la vimos en la Lonja de Zaragoza, ha pintado murales (uno de los más conocidos es el del Palacio de Congresos de Huesca: un documento de amor y reconocimiento a la ciudad donde se ha formado), hemos visto sus monstruos, sus figuras, sus lacas, sus impresionantes dibujos, tras el retorno de ese fugaz más allá. Y, aunque pueda parece que se juega con ventaja, todo eso está en el mural, que encaja a la perfección en el patio del museo que dirige, con tanto gozo, Ana Armillas. Están su travesía en el tiempo, el manual diverso de las emociones, una idea de la musicalidad (la pintura como el silencio tiene música), esa facilidad o inclinación para encontrar nuevos colores: Teresa Ramón los redescubre, los interioriza y los despliega con osadía, con vitalidad, con exuberancia. Con borrachera de luz.

En torno al color, desde la emoción y la energía, organiza su mural. Y no engaña a nadie. ‘Le jeu de vivre’ es un canto a la vida, es una exaltación de la condición humana y es una indagación en los códigos y atributos de la pintura. Empieza con la sangre, con los tonos rojos, rosados, burdeos, bermellones, como si se afirmase en la pasión, y el único elemento figurativo, explícitamente sugerido, podría ser un feto, la semilla, un cuerpo que se pondrá en marcha: hacia la niñez y adolescencia, hacia la plenitud, hacia el otoño de la edad, hacia la experiencia y sabiduría que se expande en rugientes cromatismos.

Los rojos avanzan hacia los verdes. Es la selva de existir. Es la selva del mundo. La naturaleza voraginosa, paraíso y precipicio insondable, bosque de fábulas. Da la sensación de que entre los dos primeras partes camina un río. Un río, sí, y se deslíe entre la sangre y la fronda como un testigo del pensamiento, y el cántico incesante del paisaje. Luego, salimos a otros territorios: amarillos, fuegos, ocres, tierras. El llano de la Hoya, tal vez, los páramos extendidos como lagartos inmensos, el limo enceguecido por el sol, las huellas de un andar casi metafísico. Y más tarde, se cierra el ciclo con otro fulgor. Podrían ser las cuatro estaciones, los ciclos vitales, podría la desnudez de la espiritualidad, el poder avasallador de la mano en el estudio, como documentó la cámara de Javier Broto, y antes la del cineasta Alejandro Cortés.

Teresa Ramón ha dado lo mejor de sí misma: el esfuerzo y la inspiración y el sentimiento. La hermosura y el abandono. El dolor y el llanto. La memoria hecha viaje. Ha entrado tan adentro con su sensibilidad y su visceralidad que no ha vuelto la cara a la materia oscura y al miedo y ha burlado con pura vida a la misma muerte. Ha jugado a vivir con el misterioso escalofrío del arte.

GALDÓS EN ARAGÓN

GALDÓS EN ARAGÓN

Aragón y Zaragoza despertaron sinceras emociones en numerosos creadores, pero una de las más vívidas la sentía el escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). Escribiría: “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”. Si seguimos la huella de sus vínculos, desde 1868 a 1908, como lo hicieron Jesús Rubio y Brian Dendle en ‘Galdós y Aragón’ (Ibercaja, 1993), y otros especialistas como Luis Horno Liria, Javier Barreiro o Juan Domínguez Lasierra, entre otros, vemos que la frase podría ser muy exacta.

Galdós amó Aragón, vino muchas veces, le dedicó varios textos, dos capítulos de sus ‘Episodios nacionales’, como ‘Zaragoza’ y parte de ‘Napoleón en Chamartín’, estrenó en el Principal teatro y adaptó para la ópera su novela ‘Zaragoza’ con música de Arturo Lapuerta. Y ya puestos, podemos decir algo más: Galdós fue desde joven un más que correcto dibujante; a la luz de la realidad, de sus paseos y de los grabados de Gálvez y Brambila, se atrevió a retratar diversos lugares de Zaragoza como el Seminario de san Carlos, la Puerta del Carmen o una estampa sugestiva del Pilar desde la ribera y el Puente de Piedra.

Quizá sea Galdós uno de los escritores nacionales de fama, que fue propuesto para el Nobel, que más veces visitó Aragón, especialmente la capital del cierzo. La primera vez lo hizo en octubre de 1868 como joven periodista del diario madrileño ‘La Nación’. Formaba parte de la comitiva de los generales Serrano y Topete, y oyó discursos en calles y plazas, en balcones y en lo alto de un farol, en el pedestal de una estatua, tal como cuentan Jesús Rubio y Brian Dendle. En esa primera visita acudiría al Teatro Principal. Ya entonces como si fuese un agrimensor o un topógrafo descubrió muchas cosas de Zaragoza: estuvo en el Pilar y en la Seo, paseó por san Pablo y reparó en la Torre Nueva, que era uno de los monumentos más llamativos. Rccordaría que aprendió mucho en aquel viaje y conoció a Mariano Garcia, “el hombre más simpático, más ameno, que ha nacido a orillas del Ebro”. Años después, Mariahno Gracia publicó entre 1905 y 1907 unas ‘Memorias’ en Heraldo de Aragón en 70 entregas. De aquella visita parece más claro que nacería la novela ‘Zaragoza’ de los ‘Episodios Nacionales’ con sus tránsitos, acciones t aventureras de Gabriel Araceli, durante los Sitios. El libro apareció en 1874.

Casi 20 años después, Benito Pérez Galdós visitó el valle de Ansó, donde ubicó su drama ‘Los condenados’, que pasó con más pena que gloria. Se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, narra la historia de la pasión entre Salomé (que tenía un novio más formal) y el bandolero José, y las actrices principales, Elisa Méndez y Carmen Cobeña iban vestidas de ansotanas en la pieza. La pieza parece que salió de gira y llegó a Zaragoza en 1896. Galdós, más allá del éxito y de los discursos que le pedían, era feliz en Zaragoza. Solía acudir a la taberna y tienda La Reja, donde se reunía con muchos de sus amigos y por donde aparecían desde el cantante de jotas El Royo del Rabal, que era una de sus debilidades, al torero Lagartijo. Tuvo otros grandes amigos zaragozanos como Mariano Miguel de Val, que residía en Madrid y estaba muy vinculado con el Ateneo, y Mariano de Cavia. En un discurso de algunos años después, diría: “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”.

En 1903, el autor de ‘Fortunata y Jacinta’ estrenó en el Teatro Eldorado de Barcelona, el 16 de julio de 1903, una drama familia en cinto actos, ‘Mariucha’. La obra toma el nombre de la hija de una familia de clase alta venida a menos. Cuando todo se desmorona, ella decide ponerse a trabajar con el consiguiente escándalo. La obra se estrenó en el Teatro Principal el 1 de de diciembre.

Pocos años después, el ya autor de ‘Doña Perfecta’, ‘Marianela’ o ‘Nazarín’, empezará a trabajar en un nuevo proyecto: la preparación de la ópera Zaragoza, en el que se implicó en cuerpo y alma. Zaragoza formaba parte de su afectividad. Jesús rubio y Brian Dendle dicen que ya empezó a venir en 1907, aunque el estreno sería el 4 de junio de 1908. Antes, la banda del Hospicio interpretará el ‘Himno de Riego’ y ‘La marsellesa’. Finalmente, sefijó el estreno para el siete de junio, y Pérez Galdós regresó acompañado por Ortega Munilla, director de ‘El Imaparcial’ y con un joven José Ortega y Gasset. Galdós se hospedó en el hotel Europa, y la gente lo aclamó y le pidió que saliese al balcón. Lo hizo y vio la muchedumbre se agolpaba bajo la lluvia.

Aquellos fueron días muy intensos: un día comió con Basilio Paraíso, otro día asistió a un banquete en la Quinta Julieta y asistió al apoteósico estreno del drama lírico en cuatro actos, donde sonaba la ‘Jota de los Sitios’. Él dio las gracias con un discurso, que se publicó en estas páginas y dijo, entre otras muchas cosas, que tenía la sensación de hallarse en “el país de la verdad”.

 

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

[Daniel Gascón firmará mañana en el Día del Libro su nueva publicación: 'El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia'' (Debate). Por la mañana lo hará en la librería Antígona, y por la tarde en Los Portadores de Sueños.]
Del lenguaje a la política de la identidad, pasando por los mitos fundacionales del independentismo, sus utopías contradictorias o la dureza del encontronazo con la realidad, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981. Escritor y traductor, responsable de la edición española de 'Letras Libres') analiza un fenómeno que ha traído de regreso amenazas que creíamos superadas -la discusión por las fronteras, el conflicto étnico, la posibilidad de la violencia-, y que muestra las fragilidades y fortalezas de nuestra democracia.

SINOPSIS DEL LIBRO. CONTRAPORTADA
La deriva ilegal del independentismo catalán es el mayor desafío al que se ha enfrentado la democracia española contemporánea. Un fenómeno local pero también global: puso en cuestión nuestra forma de convivencia, mostró una tentativa de repliegue en un mundo cada vez más interconectado, explotó la confusión entre hechos y opiniones, y empleó sin escrúpulos la mentira y la manipulación.

Un proceso inédito que podría considerarse incluso un curso de política en tiempo real, un experimento donde se enfrentan dos concepciones de la democracia: una liberal pluralista, la otra iliberal y plebiscitaria. 'El procés' combina el énfasis en una identidad única con la percepción de que España es un proyecto agotado, el imaginario 'kitsch' del nacionalismo con una apuesta aparentemente hiperdemocrática, la sentimentalización de la política con las nuevas formas de comunicación, la reivindicación de la condición de víctima con la sensación de superioridad.
EL TEXTO DEL QUE ARRANCA EL LIBRO, PUBLICADO EN LETRAS LIBRES

Un golpe posmoderno

El gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende.
21 Septiembre 2017

En el número de septiembre de Letras Libres, Miguel Aguilar explica un malentendido de la cuestión catalana. Por un lado, argumenta, está la cuestión de la financiación y del encaje de Cataluña en España. Por otro, la aventura ilegal en la que se ha embarcado el gobierno catalán.

Esa deriva ilegal es la que ha provocado la actuación de la justicia. Se puede discutir el momento o la habilidad del gobierno estos años, pero no parece que el error haya sido el exceso o la pirotecnia. La mejor manera de conservar la autoridad es no tener que imponerla. Y habla bien de nuestras sociedades la prevención ante el uso de la coerción por parte del Estado. Pero, con el respeto más escrupuloso a la ley, prudencia y firmeza, el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos y la legalidad democrática.

La aventura ilegal, que no se reduce al referéndum suspendido, es un golpe posmoderno. Revestido con una pátina entre kitsch y cool, ha surgido un movimiento nacionalpopulista, que se ha servido con eficacia de algunos conceptos. Entre ellos están el sintagma del derecho a decidir como eufemismo de autodeterminación, la confusión entre el voto y la democracia, el prestigio de la rebelión contra el establishment (Por supuesto, como en el Brexit, quien orquesta la rebelión contra el establishment es otro establishment, pero eso no es importante), la extraña idea de que una democracia se convierte en una autocracia cuando no ganan los tuyos. Y, como ha escrito Fernando Vallespín, se ha generado la posibilidad de que cada uno proyectara en la independencia su utopía particular, seleccionando la parcela de la realidad que menos le gustara, impulsando la causa que más le importase.

Era, para algunos, una protesta contra las políticas de austeridad, aunque los impulsores del procés fueran los primeros en implementar políticas de austeridad; era un movimiento de izquierdas aunque se presentara en forma de una alianza entre la derecha, los comunistas y una formación asamblearia, y aunque fuera un movimiento contra la redistribución, donde los ricos se pretenden liberar de los pobres; una manera de estar más integrados en Europa, aunque la UE dijera que una hipotética Cataluña independiente estaría fuera de la Unión; una protesta contra la corrupción, aunque el nacionalismo en Cataluña había creado tramas clientelares corruptas; la única salida ante la incapacidad de reformarse de España, aunque las fuerzas políticas catalanas habían sido corresponsables; un movimiento de derechos civiles, aunque el único derecho que se reclamaba era privar a los demás de su ciudadanía; una ilusionante apuesta democrática, aunque se asaltaran sedes de partidos contrarios a la independencia, cargos de la Generalitat atacaran a periodistas, la ley de transitoriedad rompiera la separación de poderes, en el Parlament se arrollara a la oposición y fuerzas políticas independentistas dijeran que hay que señalar a quien tenga las ideas equivocadas.

Existía la percepción de que todo eso era una especie de declaración de intenciones, una cosa expresiva. La táctica era que esa transgresión en cierto momento fuera para el Estado evidentemente en serio, y provocara una respuesta. La respuesta, pensaban los independentistas, siempre se presentaría como algo desproporcionado: algo que permitiera a quienes habían asaltado el Estado de derecho presentarse como mártires democráticos. (La foto de un arresto es más comprensible y reproducible que algo abstracto como el atropello de los derechos políticos de los ciudadanos.)

El secesionismo ha luchado contra un enemigo imaginario: una España autoritaria, no democrática, una país donde Cataluña no tendría un gran nivel de autonomía, una España que no es una democracia avanzada, comparable a los países de su entorno. En un momento que habría hecho sonreír a los guionistas del Saturday Night Live de los setenta, Gabriel Rufián ha dicho que el 1 de octubre sería el día de la muerte de Franco. Ese país imaginario es una España (un "Madrid", básicamente, con Castilla y algún descampado parar a echar gasolina y mear) tosca y subdesarrollada, pero al mismo tiempo maquiavélica e implacable. La imagen folclórica de España encaja con una concepción que todavía muestra parte de la prensa extranjera: una idea pintoresca de país atrasado que hace pensar que algunos editorialistas y corresponsales se han quedado en la época de Hemingway, pero que no sería tan fácil vender si nosotros mismos no la hubiéramos creído y promocionado.

Esa es la imagen de España que querían activar. Esa imagen es falsa y debemos luchar contra ella. Es un marco heredado de la guerra civil, pero el paralelismo que presenta al Estado heredero del franquismo aplastando la democracia está mal hecho. En este caso, y pese a enormes diferencias, el gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende. Al hacerlo defiende en primer lugar los derechos de los catalanes.

Como los defensores del Brexit, los promotores de la secesión han recurrido sistemáticamente a la mentira y han hecho promesas que saben falsas. El País desmonta hoy el relato falaz que hizo Puigdemont de la actuación de la guardia civil. Artur Mas se jactó de una estrategia que consistía en engañar al Estado. Pero eso lleva aparejado engañar a los catalanes no independentistas, y también a los partidarios de la secesión. Se les engaña ahora cuando se habla de Estado autoritario, de presos políticos, de movimiento democrático, de supresión de la libertad de expresión. Es posible que, como los mejores mentirosos, algunos de los que propagan esas falsedades las crean ciertas. En ocasiones han conseguido imponer su lenguaje a quienes opinan de forma distinta: hablamos de “catalanes” como si los catalanes no independentistas no fueran catalanes, y de “unionistas” como si fueran opciones simétricas. La distorsión del lenguaje indica que, cuando llegue el momento de buscar una solución, no solo necesitaremos sentido común, respeto a la ley y las minorías, buena fe e inteligencia política. También harán falta diccionarios que nos recuerden lo que significan las palabras.

HOY, CITA CON 'LETRAS LIBRES', A LAS 19.00, EN EL PABLO SERRANO

    CITA CON 'LETRAS LIBRES' Y KARL MARX EN EL PABLO SERRANO
    [Esta tarde, en el museo Pablo Serrano, dentro de la programación de la exposición sobre publicaciones periódicos españolas, se presenta la revista 'Letras Libres', cuya edición española dirige el escritor y traductor zaragozano Daniel Gascón (1981; que dialogó ayer con Miguel Mena en 'A vivir Aragón'); el último número está dedicado a Marx., pero contiene además entrevistas, artículos literarios, de política y pensamiento y cine, poemas. Con Daniel, estarán Ricardo Dudda, ensayista y colaborador habitual de 'El País', y la escritora y bibliotecaria Eva Puyo.
    El acto será a las 19.00.]

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    Antón Castro

    LOS 200 AÑOS DE MARX EN 'LETRAS LIBRES'
    Marx en el siglo XXI, en el número de abril de 'Letras Libres'.
    Letras Libres celebra el 200 aniversario de Karl Marx. E...l número se presenta este viernes, a las 20 horas, en La Forja de las Letras de Madrid.
    La revista 'Letras Libres' dedica a Karl Marx su número de abril. Este año se cumplen dos siglos del nacimiento del pensador. Filósofo, economista, sociólogo, revolucionario y acaso profeta, era un hombre de su tiempo, marcó profundamente el siglo XX y algunas de sus ideas son relevantes en nuestra época. Marx produjo un análisis del capitalismo que todavía resulta clarividente, combinó la filosofía de Hegel con la economía política y la investigación social, y creó conceptos y teorías que han sido completadas, discutidas o refutadas. Fue un autor complejo, sería un error reducir su pensamiento a una sola interpretación: hay un Marx joven y un Marx maduro, un escritor de periódicos y un crítico de la religión, un heredero de la Ilustración y un activista, un defensor de la capacidad revolucionaria de la burguesía y un campeón del proletariado, un Marx que escribía y agitaba, y un Marx que recrearon sus herederos. Daniel Gascón entrevista a Gareth Stedman Jones, autor de una de sus más recientes biografías, 'Ilusión y grandeza'. Mercedes Cabrera, Joaquín Estefanía, Aurora Nacarino-Brabo y Félix Ovejero charlan sobre lo que queda de Marx hoy; Terell Carver traza un recorrido por cómo han sido interpretadas sus ideas en el siglo XX y lo que llevamos del XXI, y Jorge San Miguel escribe sobre la filosofía de la historia y la democracia contemporánea, a partir de las ideas de Hegel, Marx y Fukyama.
    También este año se cumplen 50 de las revoluciones de 1968. Carlos Granés escribe de '1968. El nacimiento de un mundo nuevo', el libro de Ramón González Férriz en el que cuenta lo que pasó ese año en el mundo. Antonio Elorza, traductor al español de Marcuse, recuerda sus experiencias de la época en “Vivencias del 68”, en un adelanto de su libro Utopías del 68. De París y Praga a China y México. Aloma Rodríguez repasa cómo el cine y la literatura han contado el mayo francés, desde Godard a Eustache, pasando por Wiazemsky y Assayas.
    Sara Mesa escribe de 'El cuaderno dorado', la novela más reconocida de Doris Lessing, que desborda la interpretación simplista de novela feminista: es un libro complejo, con personajes bien construidos y que trata diversos asuntos. Gabriel Zaid busca el origen de “alipuz”, nombre genérico de cualquier bebida alcohólica en México, y descubre que es un pueblo de Teruel y también un apellido.

    Ricardo Dudda escribe de 'Hotel Abismo', el libro que Stuart Jeffries dedica a los miembros de la Escuela de Frankfurt. Mercedes Cebrián lee El tiempo regalado, el ensayo de Andrea Köhler. Martín Schifino se pregunta si la identidad desvelada de Elena Ferrante cambia la manera en que hemos de La Frantumaglia. Sergio Galarza escribe de Otras tardes, un libro de relatos del escritor peruano Luis Loayza, fallecido el pasado 12 de marzo. Alejandro Higashi lee Mil palabras, el libro más reciente de Gabriel Zaid, y Pablo Sol Mora, La utilidad del deseo, de Juan Villoro.

    Rodrigo Fresán escribe una carta abierta a Guillermo del Toro. Sònia Hernández entrevista a la narradora mexicana Bárbara Jacobs. Vicente Molina-Foix escribe sobre cómo escribe cómo refleja el cine contemporáneo la homosexualidad, a partir de tres películas recientes. Aloma Rodríguez escribe de 'El arte mecánico', la exposición que acoge el CaixaForum Madrid sobre Andy Warhol y Fernanda Solórzano escribe de El hilo invisible y la persecución a los creadores por su vida personal. Lisa Bortolotti explica cómo fabulamos para explicar nuestras decisiones: es decir, por qué inventamos relatos que justifiquen lo que hemos elegido. Mariano Gistaín escribe sobre cómo serían las cosas si pudiéramos ver el pensamiento de los demás a través de una app.

 

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

La nueva censura cultural

Con la intención de proteger sensibilidades, sectores de todo el espectro ideológico piden la retirada o prohibición de obras de arte. Estamos ante una nueva censura cultural.
01 Febrero 2018

Los niños ya no pueden leer Matar a un ruiseñor, el bestseller de Harper Lee publicado en 1960. Palabras como nigger son demasiado insultantes y ofensivas, según varios padres que obligaron a un colegio del estado de Misisipi (Estados Unidos) a quitar esta novela de las lecturas escolares. Los visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York tampoco deberían admirar el cuadro Thérèse dreaming, pintado por Balthus en 1938. Para once mil personas, aquellas que firmaron un manifiesto exigiendo su retirada, es “sexualmente sugerente” y arroja una mirada ¿sucia? sobre el cuerpo de los menores. Tampoco es lícita la pintura que realizó la artista blanca Dana Schutz sobre la fotografía de Emmett Till, un adolescente linchado por dos hombres blancos en Misisipi en 1955. Varios artistas y comisarios de exposiciones pidieron incluso su destrucción cuando fue expuesta en la Biennial del Museo Whitney de Washington.

Todas estas manifestaciones ocurrieron en 2017 y son muestra de una nueva censura cultural. Si bien los impulsos censores siempre han estado presentes, en los últimos tiempos han tomado una mayor relevancia, en parte debido al gran altavoz que suponen las redes sociales, que consiguen agrupar a un mayor número de personas en torno a una protesta, y también al rumbo político y social que han tomado algunos de los países más desarrollados en los últimos meses. No obstante, son muchos los interrogantes que se abren en torno a estas nuevas posturas que no pueden limitarse al análisis fácil de las redes o a triunfos de políticos reaccionarios. ¿Por qué hay voces que hoy persiguen libros, cuadros, fotografías de hace más de medio siglo? ¿Qué ha cambiado para que entonces no supusieran ningún problema y hoy sean pasto de linchamientos y prohibiciones?

Causas de la “nueva censura”

Desde un punto de vista político, Manuel Arias Maldonado, profesor de ciencia política de la Universidad de Málaga y autor de libros como La democracia sentimental (Página Indómita, 2016), ofrece principalmente dos causas. La primera tiene que ver, precisamente, con su tesis sobre el nuevo sentimentalismo, es decir, “con un deseo de proteger a quien puede sentirse ofendido, que es una patología de las sociedades ricas, porque cuando hablamos de sentimentalización de los conflictos no deja de ser un lujo. Son preocupaciones no materialistas porque ya se habla menos de la distribución de los salarios, y se habla más de los códigos a partir de los cuales nos comunicamos”, argumenta. Dicho de otra manera: cuanto más ricos somos, más fina tenemos la piel. O aún más llano: cuando no hay una problemática muy grave hay que hacer un drama de cualquier cosa, a priori banal.

La segunda causa estriba en “la articulación identitaria de los grupos sociales. Uno se adscribe a un grupo y siente atacada su autoestima en la medida en la que es criticado ese grupo. Se establece un vínculo entre el sentido de nuestra autoestima y el grupo al que nos ligamos”, sostiene. Este razonamiento explicaría, por ejemplo, que, en el caso de los artistas que se manifestaban contra el cuadro de Schutz o en el caso de la novela Matar a un ruiseñor, por motivos de raza, estas personas se sintieran ofendidas por una imagen de un joven negro mutilado o unas palabras que consideran ofensivas.

En este sentido es donde cobran importancia las redes sociales como trampolín de los ofendidos y las enseñanzas de la psicología. Según Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains y autor del blog Evolución y neurociencias, en el que tiene colgados varios posts sobre la nueva indignación moral y el supuesto derecho a no ser ofendido, para explicar la relevancia que hoy cobran las “ofensas” también habría que acudir a dos motivaciones psicológicas que han tenido un enorme auge recientemente: el poder del cotilleo y la fuerza de la reputación. “El cotilleo no ha sido suficientemente estudiado y da para mucho. De hecho, los programas de cotilleo están ahí por algo. Entretienen a la gente, pero además tienen una función moral, ya que hacen que el individuo acepte la norma, transmiten unos límites y coartan la libertad individual para que el sujeto se someta a las reglas. No hay cultura que no tenga cotilleo. En la sociedad moderna nos habíamos hecho muy individualistas, habíamos perdido esa vigilancia del cotilleo. Pero con las redes nos vigilamos unos a otros. Gracias a esta posibilidad que han dado Twitter y Facebook nos hemos lanzado todos a ser los más buenos y a criticar a todo el mundo. Estamos haciendo tribu, en el fondo es un pegamento moral”, explica el psiquiatra. La reputación iría ligada a esta hipervigilancia, puesto que es el cotilleo el que destruye las reputaciones. “Si la pierdes estás muerto. Como ahora estamos todos en la famosa aldea global, tu reputación es muy importante”, añade Malo.

Los nuevos ofendidos

Ahora bien, ¿quiénes son los nuevos ofendidos? Porque ya no es (solo) un ultraconservador el que decide tapar el seno de una estatua sino que, paradójicamente, la mayoría de los nuevos ataques proceden de grupos que, en principio, han querido actuar desde la buena fe y de lo considerado “bueno” para la sociedad (no insultos a los negros, no imágenes que “sexualicen” a los menores). De hecho, este maremágnum de emociones, sentimentalismo, de preocupación por lo “políticamente correcto” que acaba llevando al lado oscuro de las libertades, a una especie de cara b –soy libre de exigir que se prohíba algo porque me ofende– y a la aparición del victimismo (otra fórmula para definir la nueva ofensa) es una copia mala de lo que ya hicieron los políticos estadounidenses conservadores en los ochenta. Así al menos lo entiende Daniel Gamper, profesor de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala que este fenómeno fue creado por los republicanos estadounidenses en las guerras culturales. “Era un proyecto de victimización, decían ser víctimas de una censura liberal (de izquierdas) que quería imponer un lenguaje. Si en una sociedad se llega a un consenso compartido para dejar de usar determinadas palabras, sería ético, y por tanto decir que eso es censura es una beatería de la libertad. Lo que se ha producido ahora es la perversión de la otra beatería, la de las minorías, con ese paternalismo excesivo”, sostiene.

Como explica Arias Maldonado, “la izquierda antaño era un movimiento ofensivo para acabar con los tabúes, garantizar derechos humanos, etc. Y eso ya está hecho, por lo que ahora hay que cambiar el pie: ser conservador para mantener el Estado del bienestar. Cuando centras el debate en que lo personal es lo político y piensas que los sujetos se forman a partir de las experiencias que tienen, y que están inermes a la hora de reaccionar a esas influencias, te conviertes en alguien extremadamente sensible. Es el asunto de la heterosubjetividad. Tienes el temor a que se produzca el daño psicológico y emocional. La izquierda posmoderna es un poco estudiantil y adolece de una sobrerreacción, ya que cuando tus valores son hegemónicos, se compite por la atención”. O lo que es lo mismo: tocar “Imagine” al piano después de un atentado terrorista.

Para Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de autora de libros como El gobierno de las emociones (Herder, 2011), esta sobrerreacción de la izquierda se observa incluso en el lenguaje y en ejemplos como los cuentos infantiles, “que se han querido cambiar porque las historias son patriarcales o no son animalistas… Hay gente que se queja del uso metafórico de la palabra cáncer o del uso metafórico del término autismo. Con todos estos fenómenos solo empobrecemos el lenguaje y eso es negativo”, afirma. Para ella, esta discusión hace tiempo que está sobre la mesa y no siempre adquiere un carácter positivo. “Ya no decimos que alguien es subnormal. Pero al cambiarlo ocurre una paradoja: el nuevo nombre que damos a la causa acaba siendo tan despreciativo como el anterior, y tenemos que cambiarlo. Hoy ya no se acepta discapacitado sino diversidad disfuncional. El desprecio y el carácter despectivo dependen también del contexto”, alega.

Coincide con su colega Arias Maldonado en el rizo de los valores progresistas. “Hoy ningún partido deja de ser feminista o de hablar de políticas sociales. Y hacer cambios en temas sociales es mucho más complicado. Acabo de ver la serie The crown y en la segunda tempo- rada dicen que uno de los personajes es ‘marica’ porque entonces, en los años cincuenta, era la única palabra para designar a los gais. Hoy nadie la pronunciaría porque es despectivo y porque le hemos dado a la homosexualidad un reconocimiento que antes no existía. Y eso es lo importante y lo progresista. Insistir demasiado en un lenguaje correcto es falta de imaginación. Un ejemplo es el artículo neutro. En parte ha contribuido a visualizar a las mujeres, pero ahora roza el ridículo”, comenta.

España no es (todavía) país para censuras (pese a Twitter)

“Aquí no tenemos guerras culturales. Las tuvimos con el matrimonio gay, el aborto, etc., pero ahora mismo no. La sociedad española es muy tolerante con respecto a ese tipo de cosas. Con el tema de las razas, por ejemplo, no hay ningún partido que haya cogido la bandera de la xenofobia. No sé si porque somos católicos o porque nos hemos secularizado bastante. También se ha individualizado mucho la sociedad”, reconoce Gamper. “Puede que también porque en Estados Unidos son menos homogéneos. Es verdad que las redes sociales por su naturaleza polémica están contribuyendo a que esto se reproduzca aquí y hay determinadas fracturas culturales como las del animalismo con los toros y las ideológicas, el centro-periferia, izquierda-derecha. Pero hay otras que parece difícil que se reproduzcan: no creo que tengamos esa hipersensibilidad de los campus universitarios de Estados Unidos o la de los grupos étnicos. En todo caso no ha llegado a España”, añade Arias Maldonado.

Pero estos pequeños casos sí abren, al menos, el debate sobre la libertad de expresión, principalmente en las redes sociales. “Es que ahí se mezclan cosas. En las redes es una comunicación muy agresiva y una reacción hipersensible puede estar justificada. Aquí tenemos la Ley Mordaza, que es un error, porque no vamos a avalar que se pueda decir cualquier cosa, pero tampoco se puede prohibir. Hay determinadas mofas del sentimiento religioso que me parecen innecesarias porque el catolicismo ya ha perdido. Igual ofendes a mi abuela que va a mi misa, y qué necesidad. Pero esto no avala que solo un escritor negro pueda escribir sobre los negros”, dice Arias Maldonado. También Camps entiende que uno no puede decir todo lo que quiera. Existen los límites. “La autocensura es ideal en un mundo plural, abierto y libre, debe haberla antes de pronunciarse”, afirma.

Lo que viene a ser puro sentido común: pensárselo dos veces antes de ofender o sentirse ofendido. ~

*http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/la-nueva-censura-cultural

**oObra de Egon Schiele.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: 'ORDESA'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) publica quizá el mejor libro de su carrera: ‘Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, su identidad y el poder del amor y la memoria.

Antón Castro21/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Manuel Vilas:
Manuel Vilas presentará su novela el sábado próximo por la mañana en Cálamo. Asís G. Ayerbe

¿Sabía que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional?

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio.

¿Qué ha significado Ordesa en su vida? ¿Es una de sus magdalenas de Proust?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro.

En varios libros, sobre todo en los poemarios, venía avanzando este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se le ha impuesto?

Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado.

¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa?

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías 19. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión.

¿En qué medida ha visto, al escribir el libro, que tenía muchos vanos o vacíos sobre su propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarse a sí mismo?

Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

¿Sería este su libro más filosófico o reflexivo?

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad.

¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.

Tenía una curiosa complicidad con su padre, pero a la vez hay entre los dos una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

Su madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva.

Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

¿Qué le enseñan sus hijos? ¿Le ayudan ellos a usted a entender mejor su condición de hijo?

Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

¿De qué se arrepiente?

El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos?

Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde ‘El rey Lear’ hasta ‘Los hermanos Karamazov’. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puede meter en ella?

Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

¿Qué aportan los poemas del final, la mayoría ya publicados?

Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un ‘making-of’ de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

En la última entrevista decía que quizá le hubiesen faltado lectores. ¿Ha mejorado eso?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta.

Ha dicho que es un libro sobre España. ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron sus padres, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico.

 

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

'CASI 40'. LA PELÍCULA DE DAVID TRUEBA

Tráiler de la nueva película de David Trueba: 'Casi 40'

https://www.youtube.com/watch?v=DslTferXQRM

http://www.davidtrueba.com/entrevista-a-david-trueba/

¿De dónde nace este proyecto? “Casi 40″ tiene un aroma personal e íntimo que escapa a casi todas las catalogaciones de género.

Es complicado explicar el origen de esta película. En 1996 busqué dos actores jóvenes y no profesionales para los papeles protagonistas de mi primera película como director, “La Buena Vida”. Encontré a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, entonces estudiantes en el instituto. Lucía cantaba en un grupo, Fernando dibujaba muy bien. Desde entonces, hace ya más de 20 años, no habíamos vuelto a trabajar juntos. Reunirlos para rodar “Casi 40″ fue por tanto un reencuentro que funcionaba casi como una trama paralela a la trama real de la película. El guión habla del primer amor, de lo que significa el primer amor.

¿Cómo fue ese reencuentro con Lucía y Fernando?

Los encontré más maduros, pero llenos de ganas de trabajar. Cuando los conocí no eran actores, ahora son actores con veinte años de experiencias profesionales a sus espaldas. Ellos son muy distintos y la vida les ha llevado por muy distintos lugares. Pero desde tiempo atrás quería reunirlos de nuevo y prolongar algunas ideas que estaban evocadas en mi última novela, “Tierra de Campos”. Al reencontrarlos en el momento en que están a punto de cumplir 40 años, mi intención era relatar una franja de vida que algunos definen como el segundo acto. No sé si las peripecias humanas pueden someterse a las estructuras del teatro clásico, pero para mí el paso del tiempo es el gran asunto de la ficción. Y esta película pretende contar eso, cómo el tiempo trata a las personas, en su caso, a quienes vivieron de manera distinta un inolvidable amor de adolescencia.

¿Te planteaste esta película en un diálogo con tu primera obra, “La Buena Vida”?

Nunca nos lo planteamos así. No la he vuelto a ver desde que la estrené en 1996, así que no la tengo muy presente. Lo que pretendíamos era hablar de algo difícil de retratar en el cine. Cómo la experiencia de vida, el avanzar profesional y personal, te obliga a enfrentarte con las ilusiones y vocaciones de adolescencia. Es inevitable enfrentarse al recuerdo y también salir tocado de él, porque no hay nadie, como dice Lucía en una de sus canciones, que haya sido capaz de cumplir todas sus promesas. Ni tan siquiera las promesas que uno se hizo a sí mismo. Los personajes nacieron para contar esta película, ellos mismo evocan un pasado para contrastarlo con el presente, que es lo que importa.

La música parece un motivo principal de la película, ¿hasta qué punto la narración se estructura en torno a las canciones que interpreta Lucía?

“Casi 40″ es una película que tiene estructura de musical, donde las canciones en este caso completan la visión del pasado, son alguno de los grandes éxitos de Lucía un tiempo atrás, cuando tenía un grupo de cierto nombre. Ella ha pasado de triunfadora en el mundo de la música a alguien que ha abandonado esa vocación juvenil. A su lado, el personaje masculino que interpreta Fernando Ramallo trata de rescatar otra ilusión igual de absorbente en los tiempos de la juventud: el amor. ¿Qué ha sido del primer amor? O como confiesa el protagonista en una escena de la película: acaso el primer amor sea como una figura inmarchitable y familiar, como el padre o la madre, así el primer amor se mantiene siempre vivo y firme en el recuerdo.

¿Entonces las canciones elegidas son también una visión del paso del tiempo?

Claro, las canciones se componen en un momento determinado y aunque se escuchen mucho tiempo después siguen hablando de quien las compuso en aquel día lejano. Por eso quería que fueran distintas, de distinto color emocional. Para ello utilizamos tres canciones que me gustan mucho, Miedo de Jorge Marazu, Despertarme contigo de Rebeca Jiménez y Todo me recuerda a ti de Señor Mostaza. Forman entre ellas una carrera ficticia de aquella cantante que fue la Lucía que muestra la película.

Pese a un cierto aire de desencanto, la película contiene momentos de humor, ¿cómo la definirías?

“Casi 40″ avanza como un martillo por las intimidades de los protagonistas y el desencanto es probablemente el desencanto de una generación, los que ahora cumplen cuarenta, que han visto cómo en España se han pulverizado sus ideales de vida y profesión. En la autonomía de las personas, en sus desencuentros cronológicos, en recordar cada cual los momentos estelares de su vida de una manera particular está la clave de la historia y los personajes. El viaje, en esta película de viaje, vuelve a ser algo más que un viaje geográfico, como ya pasaba en “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. Se trata de un viaje interior. A medida que uno avanza en la vida, el pasado cobra un peso cada vez mayor y hay que lidiar con eso, algo que de joven ni te planteas. He tratado siempre de retratar personas en mis películas y novelas, no me importan demasiado los géneros, sino la gente. Me apasiona la gente, creo que ellos son los que dan vida a cualquier ficción, ni las tramas ni los géneros, sino esos alientos de vida que uno percibe en los grandes personajes.