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Antón Castro

ABEL MURCIA Y JUAN ANTONIO TELLO

ABEL MURCIA Y JUAN ANTONIO TELLO

 

Abel Murcia y Juan Antonio Tello, protagonizan mañana un nuevo encuentro del ciclo "Este jueves, poesía"

 

La sesión será a las 19,30 horas en la Sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras y a las 22,30 se celebrará una velada poética en el Candy Warhol

 

Abel Murcia y Juan Antonio Tello protagonizarán mañana una nueva sesión de "Este jueves, poesía", un ciclo dirigido por Ignacio Escuín Borao y patrocinado por el Vicerrectorado de Proyección Cultural y Social de la Universidad de Zaragoza. El encuentro tendrá lugar a las 19,30 horas en la Sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras y posteriormente, a las 22,30, se celebrará una lectura con micrófono abierto y un concierto de Zowie en el Candy Warhol (c/ Bolonia, 28).

 

Abel Murcia dirige en la actualidad el Instituto Cervantes de Cracovia y miembro honorífico de la Asociación de Escritores Polacos. Es el traductor al español, junto al poeta mexicano Gerardo Beltrán, de la obra poética de diferentes autores polacos, como Wislawa Szymborska o Tadeusz Rózewicz y, entre otros títulos, es autor del libro de poemas "Kilómetro 43".

 

Juan Antonio Tello colabora con publicaciones periódicas como "Tropelías" y Turia" y está especializado en las obras de Félix de Azúa y de Boris Vian. Entre otros, ha publicado los poemarios "Páramo" y "Hombre con perro".

*Esta información está elaborada por el gabinete de comunicación de la Universidad. La foto es de Ellen Kooi.

'MUDÉJAR' LLEGARÁ EN OCTUBRE DE 2010

'MUDÉJAR' LLEGARÁ EN OCTUBRE DE 2010

 

El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza prepara una gran muestra sobre el legado cultural del mudéjar 

Gonzalo Borrás Gualis (Valdealgorfa, 1940) define la palabra mudéjar como “el que se queda, el que permanece, aquel al que se le autoriza a quedarse mediante un pacto, un vasallo tributario”. Los mudéjares eran, por lo regular, moros vencidos de origen aragonés, aunque también había árabes de diversas procedencias. “Básicamente, era una población autóctona la que se expulsó del país, cuya historia se remontaba al año 710, incrementada con población bereber y de otras etnias”. El período mudéjar, precisa Borrás, se iniciaría entre 1085, cuando se produjo en Toledo la capitulación islámica ante Alfonso VI, y concluiría en 1610, el año de la expulsión de los moriscos. Cinco siglos después del final de ese fenómeno cultural, la Universidad de Zaragoza, el Gobierno de Aragón y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el Centro de Estudios Mudéjares de Teruel, el Instituto de Estudios Islámicos y otras instituciones preparan, tal vez, el proyecto más ambicioso sobre el legado del Islam: ‘Mudéjar’, una gran exposición que se celebrará en el Paraninfo desde el ocho de octubre de 2010 al ocho de enero de 2011.

“Esa muestra en España solo se verá en Zaragoza y estamos intentando que viaje luego a otros territorios; de entrada, ya existen contactos con Rabat. Será algo más que una muestra: se ocuparán las salas de arriba y las de abajo del Paraninfo, se editará un libro-catálogo totalizador y pensado para el gran público, todo y cuanto se sabe sobre el universo mudéjar, redactado por más de una veintena de especialistas; se realizarán numerosas actividades complementarias: música en el Teatro Principal, proyección de cine de ficción y documental todos los días, y nos gustaría recuperar, en colaboración con Horeca, las tapas mudéjares. No es una exposición sobre el mudéjar en Aragón, sino sobre el mudéjar en España, y ahí Aragón, sí, tendrá una importancia decisiva”.

 

EL SER DE ESPAÑA

La exposición intenta responder a una cuestión: ¿cuál es el legado cultural del Islam en la Península Ibérica, “en qué medida eso que se ha dado en llamar ‘el ser de España’ está permeado e influido por la tradición islámica a lo largo del tiempo”? Y ahí aparece con toda su pujanza la cultura mudéjar, la convivencia de judíos, moros y cristianos. Borrás dice que se intentará contestar desde “todos los puntos de vista, incluidas las fuentes árabes y arabistas, porque hasta ahora la historia se había hecho desde las fuentes cristianas, desde las reminiscencias del romanismo y el visigotismo”. Uno de los grandes impactos es, sin duda, la arquitectura mudéjar y el sistema de cantería que ellos utilizaban. Borrás recuerda que la Sevilla cristiana solo pudo hacer la catedral y que todas las iglesias son mudéjares, igual que sucede en Granada con las iglesias del Albaicín o en Toledo. Ofrece algunos datos de esta eficacia: las torres gemelas de Teruel se levantaron en un año; la Torre Nueva de Zaragoza, en 18 meses.

“Se trata de un legado de calado y amplitud. Hasta ahora se había despreciado lo más importante: la decoración. El arte mudéjar es decoración. En el arte mudéjar todo está revestido, sobre cualquier material y a cualquier escala, con inscripciones (el árabe es la forma de la palabra divina), con decoración geométrica, y ahí abundan los lazos, las estrellas, las formas vegetales, siempre estilizadas. El ciudadano, ante esta representación, no tiene que pensar ni discurrir: disfruta, se emociona”. La primera sala de arriba está dedicada a este apartado. Y en la segunda sala, se instalarán las Estructuras Arquitectónicas, donde aparecerán las torres con estructura de alminar, a los que se les añade un cuerpo de campana, aparecerán tipologías de iglesias, las armaduras de las techumbres, que se han hecho tanto en Castilla, se presentará “la arquitectura mudéjar desaparecida y restaurada, como la Torre Nueva, y también contaremos con los cuadros del siglo XIX de Pablo Gonzalvo, lo cual es una primicia. Ahí habrá maquetas, secciones, alzados y plantas, planos...”

 

LA FASCINACIÓN DE LOS OBJETOS

En las salas de abajo, mediante un montaje en expansión con celosías, se instalará “el mundo de las artes decorativas, el de las grandes fascinaciones –agrega Borrás-, el de los objetos. Habrá alfombras, telas, cerámica vidriada, loza dorada, muebles, arquetas, objetos, libros bellamente encuadernados…. Y no solo eso: habrá siempre que sea posible algunas piezas islámicas anteriores porque la cerámica mudéjar, por ejemplo, es una continuación de la cerámica islámica”. ‘Mudéjar’ presentará de más de 300 piezas que proceden de distintos lugares de Aragón, de Extremadura, Castilla-León, Madrid, Valencia, etc., que ya han sido pedidas o se está en ello. Gonzalo Borrás, catedrático e historiador del arte, es el comisario general y artístico del proyecto, cuenta con un equipo de siete personas en distintas comunidades que trabaja desde hace un año (Pilar Mogollón en Cáceres; Rafael López Guzmán en Granada; Alfredo Morales en Sevilla; Teresa Pérez Higuera en Madrid; Pedro Lavado en el Ministerio de Cultura, Manuel Valdés en León y María Isabel Álvaro en Zaragoza), y la vicerrectora Concha Lomba será la coordinadora de presupuestos y organización. El presupuesto no está confirmado todavía. Resume Gonzalo Borrás: “Queremos ofrecer un producto cultural completo e inolvidable”.

*Me ha gustado mucho esta foto de RAF del palacio de la Aljafería, la he tomado de este dominio: http://www.canonistas.com/galerias/data/504/medium/Palacio_de_la_Aljaferia_Zaragoza.jpg. Este texto aparecía el lunes en la sección de Cultura de 'Heraldo de Aragón'.

 

 

VÍCTOR PARDO, HOY EN LA FNAC

VÍCTOR PARDO, HOY EN LA FNAC

Esta tarde, a las 20.00 horas en la FNAC, se presenta el libro ‘Tiempo destruido’ de Víctor Pardo Lancina. El historiador y periodista oscense estará acompañado de dos grandes amigos, la historiadora Ángela Cenarro, que acaba de publicar ‘Los niños del Auxilio Social’ (Espasa) y José Giménez Corbatón, narrador, traductor de francés y especialista en el universo de la Guerra Civil. Hace unos días publicaba un avance del libro de Víctor, que ya va por la segunda edición. Repito ese fragmento por si es del interés del visitante del blog, al que se le haya pasado inadvertido, y por si hoy quiere y puede asistir a la presentación. La pasada semana José Domingo Dueñas hacía la reseña del volumen en ‘Artes & Letras’, y el jueves anterior la había hecho en ‘El Periódico de Aragón’ ese estupendo lector y cronista cultural que es Roberto Miranda.

 

UN FRAGMENTO DE ‘TIEMPO DESTRUIDO’

DE VÍCTOR PARDO LANCINA

 

Por Víctor PARDO LANCINA

Pasaban algunos minutos de las doce de la noche cuando Manuel Vicente, de uniforme, entró en el café, donde, a pesar de que la puerta y las ventanas permanecían abiertas, el humo era todavía denso y el ambiente estaba cargado. La verbena, en la primera planta, había concluido y los parroquianos se iban retirando, puesto que la amanecida estaba próxima y los trabajos del campo, el ordeño de las vacas y la tiranía del horario marcado por el sol no perdonaban. En la primera mesa, en la entrada del local, a la derecha, charlando animadamente se encontraban el secretario del ayuntamiento, José Senz Buil, y Ezequiel Gazo. Sobre la raída madera, varias tazas con restos de café enmarcaban una botella de coñac recién empezada, y las copas, próximas a las manos, daban cuenta de una velada placentera que se podía prolongar un buen rato. Hacía calor y el cabo, instintivamente, se llevó la mano al duro cuello de la camisa y la desabotonó con cierta fatiga. Senz lo invitó a sentarse y él aceptó saludando con una especie de mueca de agradecimiento.

Encarnación Garanto, solícita, acudió al punto con un café humeante y una copa de grueso cristal que dejó sobre la mesa mientras sonreía con agrado al guardia, habitual del establecimiento. Las miradas de complicidad se cruzaron en ese momento, ya que Encarnación, joven viuda de 31 años, era una mujer resuelta, de buen carácter y muy atractiva. José Senz pidió una jarra de agua, quizá para hacer volver a la mujer hasta la mesa y verla nuevamente de cerca. Gazo sonrió y miró al cabo al tiempo que con un leve gesto subrayaba la picardía del secretario… «Es guapa Encarnación», dijo el médico. Pero el ruido apagó el murmullo de asentimiento con que respondió un punto circunspecto Manuel Vicente.

Hablaron sin prisas de muchas cosas y cada poco la charla se interrumpía para despedir o tener unas palabras con los que abandonaban el local y que indefectiblemente pasaban junto a esta tertulia de hombres principales próxima a la puerta. Hablaron del largo día de feria, del buen tiempo que disfrutaban, de los inescrutables negocios de los tratantes o de cómo animaba el pueblo la presencia de forasteros. El guardia lamentó que llegaran algunos gitanos a embarullar a los incautos vendiendo animales de dudosa calidad. Vicente no era muy amigo de los gitanos, y ellos, que lo conocían, procuraban evitarlo. Por el contrario, a Gazo los gitanos le parecían gente divertida y despreocupada. «Además —dijo mirando al guardia—, no hacen daño a nadie».

Se incorporó a la conversación Ambrosio Miranda, propietario del local que Encarnación regentaba en arriendo. La mujer, en aquel momento, aguantaba al fondo de la barra la pastosa conversación de dos vecinos algo más que achispados, aunque comedidos ante la presencia de la severa autoridad. Las copas se llenaban y se vaciaban con prontitud. El café, sobre la una de la madrugada, estaba casi vacío.

José Naval, noctámbulo sin prisas, despidió a un compadre con el que había pegado la hebra tras la verbena y se incorporó a la concurrida reunión que presidía una botella ya a punto de acabarse. Ezequiel Gazo, en ese momento, sin atenerse a ninguna prevención y ajeno al veneno de sus pensamientos, quiso hablar del curso de la guerra mundial, y lo hizo con parsimonia, como si hubiera ensayado la puesta en escena de su discurso con gestos suaves y un tono de voz apasionado pero sereno. Dijo que las cosas iban bien y que Túnez, al parecer, había sido liberado, que la marcha de los acontecimientos decantaba el final a favor de los aliados, que de eso no había duda y que era lo mejor que le podía pasar a España… Se hizo un silencio pesado, un silencio árido que nadie deseaba y en el que por ello parecieron resonar muy lejos los ecos de todas las conversaciones que habían rebotado en las paredes del Café del Centro a lo largo del día. El calor, los efectos del coñac, el cansancio del final de la jornada, la tensión sorda que comenzaba a golpear en las sienes, el miedo a escuchar aquello que estaba prohibido componían un decorado trágico que la mortecina luz resaltaba en las sombras de las caras.

Pero Ezequiel continuó desgranando sus impresiones sobre la gran guerra, las poderosas razones que asistían a los aliados frente a las potencias del Eje, la necesidad de acabar con el nazismo y la posibilidad de que finalmente ingleses, franceses y americanos ayudaran a la República y se reinstaurara la legalidad, de que los presos pudieran abandonar las cárceles y se acabara el terror, los fusilamientos…

«¿Qué es esto…?», acertó a señalar el guardia, sin poder evitar un temblor de ira en sus labios. Pero Ezequiel, ausente, proseguía con su monólogo, «… y con el triunfo de los aliados también en España, podrán regresar los exiliados, mis antiguos compañeros con los que viví momentos tan difíciles…».

Manuel Vicente, congestionado, con los ojos desorbitados, fuera de sí, golpeó con furia la mesa haciendo saltar tazas y copas, que a punto estuvieron de derramar la menguada cantidad de coñac que acunaban en el fondo. ¿Cómo es posible?, debía de preguntarse el guardia, incrédulo a pesar de todo. ¿Cómo era posible que alguien se atreviera a hablar así, y en su presencia? Había que cortar con aquello de inmediato. «Usted, Gazo, no está en sus cabales» dijo iracundo, desafiante.

Manuel Vicente sudaba a pesar de tener la guerrera abierta y la camisa medio desabotonada. «Tendrá que responder por lo que está diciendo», dijo señalándole con el dedo, marcando un compás amenazante que infundía algo más que respeto. «Ustedes no deben tener cuidado —prosiguió Gazo con un aplomo inaudito en medio de la situación que se estaba desarrollando, como si no hubiera escuchado al colérico guardia civil—, ustedes son mis amigos y no tienen nada que temer. Cuando retorne el Gobierno legítimo yo responderé por todos».

El secretario municipal, Ambrosio Miranda, José Naval, los escasos rezagados que apuraban la última copa en el Café del Centro, todos contenían la respiración sin mover un músculo, como electrizados. Encarnación, que conocía el temperamento del guardia y la insolencia agresiva con que se había empleado en resolver en otros momentos algún conato de gresca en el bar, prefirió mantenerse al margen y dejar que los hombres arreglaran sus asuntos. Pero nadie se atrevía a decir una sola palabra.

Finalmente, Vicente sentenció: «Se lo advierto, Gazo, por mucho que usted sea el médico yo no tengo ningún inconveniente en llevarlo detenido al cuartel». «No hay motivo alguno para detenerme —soltó al fin el médico como volviendo a la realidad, en un tono que no ocultaba determinación y sonaba a desafío—, pero si lo quiere hacer, aquí estoy, no voy a escapar. Además, no tengo ningún miedo; bastante tengo ya vivido con ustedes…». La tensión se hacía insoportable.

«Mire, Gazo, arreglemos esto, porque aquí no hay ingleses, ni americanos, aquí solo hay España y vamos a terminar brindando por España». El guardia, que elevaba enfático el tono de voz a medida que sus sentimientos desatados venían a subrayar las palabras, poniéndose en pie cogió la copa con un gesto rápido que provocó que parte del líquido se desparramara por la mano manchando la bocamanga y el raído puño de la camisa. Dio un paso atrás para hacer partícipes de la irrenunciable invitación al brindis a los atónitos espectadores de la discusión. «¿Aún quiere usted brindar más por España? ¿No ha brindado ya bastante?…». El médico no se arredraba, a pesar del feo cariz que añadía a la situación su actitud nada contemporizadora. «Usted brindará por España, y quiero oírle decir ¡Viva España! —gritó el guardia, desaforado—, tiene que brindar por España o le juro que le pego un tiro». Manuel Vicente escenificó la amenaza sin vacilar, echando mano a la pistola.

Ezequiel Gazo se puso en pie mirando a los ojos al decidido agente de la autoridad, se llevó las manos al pecho, agarró las solapas de su americana y, mostrando el blanco inmaculado de su camisa, apremió con gesto grave, altivo: «¡Aquí me tiene! ¡Tire!».

En una milésima de segundo, en medio de una agitación trágica, se sustanció el crimen intuido. El secretario, José Senz, quiso intervenir para evitar lo que ya no podía pararse, al igual que Ambrosio Miranda, quien al ponerse en pie hizo que la silla cayera al suelo con estrépito. Gazo volvía a sentarse cuando el guardia, al otro lado de la mesa, desenfundó su pistola y disparó un solo tiro.

Ezequiel quedó sentado, los brazos yertos colgando a ambos lados de la silla, la cabeza ladeada sobre el pecho, hacia el lado derecho. Una mancha de sangre teñía progresivamente la camisa que había ofrecido al guardia como blanco. La bala había entrado por la cara, a la altura del pómulo derecho. Sus ojos permanecían definitivamente cerrados.

Todos habían salido despavoridos del café. Manuel Vicente Vicente estaba solo frente a su víctima, el médico Ezequiel Gazo Borruel, de 42 años. Tomó conciencia inmediata de la situación, guardó la pistola —una Star de 9 milímetros— en la cartuchera y se abrochó la camisa y la guerrera para después calarse el tricornio y salir a la calle, donde una suave brisa le hizo saber cómo el sudor empapaba su cuerpo. Dos perros famélicos acudieron al olor de la sangre y lamían con fruición el suelo del Café del Centro. Gazo ya era solo un problema administrativo, quizá de justicia militar, aunque ganaran los aliados la maldita guerra europea.

 

 

 

 

NOTA DEL EDITOR

*Tiempo destruido, de Víctor Pardo Lancina, recrea siete historias reales ocurridas entre julio de 1936 y el mes de marzo de 1958. Historias trágicas en las que la Guerra Civil y sus consecuencias impregnan la vida y la muerte de sus protagonistas, dejando además una huella indeleble en la memoria colectiva de los lugares donde se desarrollan los distintos dramas.

El golpe de Estado del 18 de julio y el terror desatado en la ciudad de Huesca en las primeras semanas de la contienda por los militares sublevados constituye el argumento de «Huesca, verano de 1936», relato que abre el libro. Los fusilamientos de republicanos en Santa Eulalia de Gállego —o Santolaria, como también se conoce este lugar de la Galliguera— o la muerte alevosa del cura de Loscorrales son reconstruidos con precisión por el autor, que no ahorra detalles de las biografías de los más caracterizados ejecutores al servicio del nuevo régimen. El linchamiento en Abiego de un ex preso anarquista o las circunstancias que rodearon en 1943 la muerte del médico Ezequiel Gazo a manos del jefe de puesto de la Guardia Civil de La Puebla de Roda abundan en el interés de la crónica negra recogida en las páginas de Tiempo destruido. Cierran el volumen dos sucesos ocurridos en Tardienta: el asesinato múltiple consumado por el aparejador José Espada Royo y la misteriosa muerte en el cuartel de la Guardia Civil de un minero asturiano que interrumpió su viaje a Barcelona en la estación de esta localidad.

Entrevistas, diarios personales, correspondencia, documentos guardados en archivos públicos o privados, prensa y una ingente bibliografía, así como obras inéditas, conforman el soporte documental de este enorme trabajo de investigación que participa tanto del género periodístico del reportaje como del ensayo histórico y la narración literaria. Esta foto está tomada por Agustí Centelles.

 

UN CUENTO DE PATRICIA ESTEBAN

UN CUENTO DE PATRICIA ESTEBAN

Color fin del mundo

 

Tuvieron la última discusión exactamente cinco minutos antes del fin del mundo. Cinco, ni uno más, ni uno menos. Ella acababa de estrellar contra la pared un jarrón azul que nunca le había gustado mucho y permanecía parada en medio de la sala, con el rostro enrojecido y los puños cerrados, conteniéndose para no echar a andar hacia la cocina en busca del cepillo y el recogedor. No soportaba el desorden y esos fragmentos de vidrio desperdigados le dolían en las puntas de los dedos, pero tampoco se decidía abandonar aquella postura, como si temiera que andar o pestañear fueran decisiones irrevocables. Él preparaba un equipaje de urgencia para marcharse al hotel, moviéndose frenético de un lado a otro del dormitorio abriendo cajones, eligiendo camisas, intentando pensar contrarreloj qué cosas son verdaderamente necesarias cuando uno se marcha con intención de no volver.

 

Entonces ocurrió. Hubo un bramido de animal marino que atravesó el aire y dentro del piso temblaron los cuadros y los relojes. Hubo gritos en otras casas, hubo sollozos. Y luego aquel olor lo inundó todo. De pronto la ciudad olía a quemado, a cielo en llamas. Ella giró la cara hacia el cristal de la galería y le horrorizó descubrir un color indescriptible extendiéndose sobre los tejados. A él se le resbaló de entre las manos una camisa blanca cuando a través del ventanal vio desmoronarse el edificio de enfrente, justo un segundo antes de que se hiciera la oscuridad en toda la casa.

 

Los cristales azules del búcaro quedaron esparcidos por el suelo. La maleta, a medio hacer sobre la cama, como una garganta abierta. Ella miró la puerta del salón. Él, la puerta entornada del cuarto en el que ya no pensaba dormir aquella noche. Los dos se sobresaltaron cuando escucharon cómo se hundía un tabique en la habitación  del hijo que no llegaron a tener. Después permanecieron quietos mucho rato, hasta que comprendieron que lo que había pasado entre los dos no tenía nada que ver con aquella inesperada fractura del universo.

 

Ella se dijo entonces que seguía viva, mientras los techos se venían abajo y una familia entera se tomaba de la mano  en el alféizar de una ventana antes de lanzarse al vacío, ella seguía viva. Él pensó en la sonrisa cómplice y en el cuerpo desnudo de la mujer que amaba, en esa fotografía clandestina, oculta en el compartimento más secreto de su billetera. No volvería a verla. No iba a poder llamarla según lo convenido para decirle que todo el tiempo que quedaba era suyo, de los dos, y lo supo justo entonces.

 

Los gatos callejeros permanecieron quietos debajo de los coches, mirando con ojos perezosos los cuerpos destrozados tendidos en la acera, sin espantarse de los sonidos y el aire cargado de llamas. En la oscuridad, ella se sintió espiada por todos los muebles redondeados y aparentemente amables de la sala donde él le confesó una verdad que hacía tiempo se deslizaba como una sombra en los espejos, pasando de largo si ella levantaba la cabeza, sobresaltada por una sospecha repentina. Él cerró los ojos con la esperanza de que al abrirlos aparecería sentado en la parte trasera un taxi, mirando caer una lluvia desganada en el cristal delantero y sin necesidad de cruzar media palabra con el conductor, vagando sin más de noche, al compás de metrónomo de los limpiaparabrisas y con un murmullo de jazz casi inaudible latiendo en la emisora de radio.

 

Murieron todos. Sólo quedaron ellos dos en aquel octavo piso que compraron después de su boda y que ambos estaban a punto de abandonar cuando el universo se partió por la mitad. Pasadas unas horas la luz del sol se desplomó con alegría de mujer borracha en el salón intacto y tropezó con ella, que seguía tumbada en el sofá, esperando el día siguiente con los ojos abiertos. Él también había pasado la noche en vela, sentado en la orilla de la cama, pero de pronto sintió un nudo de hambre en la boca del estómago. Se puso en pie, dio unos pasos cautelosos en dirección a la puerta, sin dejar de temer que alguno de ellos pudiera ocasionar el fin de aquella calma precaria. Salió al pasillo. A través del hueco que dejó el cuarto de los trastos al hundirse pudo ver que ella caminaba en dirección a la cocina,  y sintió un enorme alivio.

*En breve, Patricia Esteban publicará en Páginas de Espuma su libro 'Azul ruso'. Patricia me envía este relato y me dice: "Los cuentos de 'Azul ruso' son más largos y este que te adjunto es el más breve, una variación de un tema que me interesa mucho, el declive de una relación como metáfora del fin del mundo".

VERMEER EN LABERINTO DE LAS ARTES

VERMEER EN LABERINTO DE LAS ARTES

Me escribe el escritor y editor Jorge Gonzalvo, de Laberinto de las Artes:

 

Hemos comenzado una nueva colección en Laberinto de las Artes. Se llama "Aprendiendo a" y son libros de arte para niños. Cada libro está dedicado a un pintor conocido y contiene un relato original escrito por Cati Waijs de manera que la historia se construye a través de las imágenes más conocidas del artista. Es un proyecto que nos ilusiona mucho y que está pensado para que los niños conozcan la obra de diferentes pintores usando como plataforma un cuento. El diseño es muy atractivo.

 

La colección arranca con el libro de "Aprendiendo a Vermeer" (recién salido de imprenta) y continua con Picasso, Klee, Klimt y Renoir. Además, se va a crear un portal en internet que sirva como apoyo a los contenidos de la colección.

 

*En la foto, uno de los cuadros más sugerentes de Vermeer, que aparece en portada del volumen: ‘La joven de la perla’.

ALTARRIBA & KIM, TAI Y VILAS, CÁLAMO-2009

ALTARRIBA & KIM, TAI Y VILAS, CÁLAMO-2009

IX PREMIOS CÁLAMO

 

 

Antonio Altarriba & Kim, Abdelá Taia y Manuel Vilas, Premios Cálamo 2009.

 

 

Los Premios Cálamo son organizados por Librería Cálamo de Zaragoza y cuentan con la colaboración de las siguientes instituciones públicas y privadas: Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, Fundación CAI-ASC, Corporación Aragonesa de Radio y Televisión,  Institut Français de Saragosse, Sansueña Industrias Gráficas, Restaurante Garden y Bodegas y Viñedos Care.

 

 

Fallo de los IX Premios Cálamo, Convocatoria año 2009.

 

 

El Premio Cálamo “Libro del año 2009”, elegido por votación de los lectores y amigos de Cálamo,  se concede a la novela Aire Nuestro, obra Manuel Vilas  publicada por la Editorial Alfaguara.

 

Arriesgada,  original y provocadora: así es la escritura de Manuel Vilas. Su  brillante ironía, y la sabia (y sabrosa) mixtura de cultura popular y erudita que impregnan sus textos,  no dejan al lector ni frío ni indiferente.

 

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) está empeñado en construir una obra literaria sólida y personal como narrador y poeta. En 2008 ya nos regaló una extraordinaria novela, España, y un gran libro de poemas, Calor. Aire Nuestro lo confirma como un escritor excepcional, diferente, y dotado de algo insólito por estos pagos: un finísimo sentido del humor.

 

 

 

El Premio Cálamo “Extraordinario 2009” se otorga a El arte de volar, obra de Antonio Altarriba y Kim, publicada por Edicions del Ponent.

 

El arte de volar rompe moldes y géneros. Por su temática y enorme calidad literaria y gráfica no dudamos en afirmar que nos encontramos ante uno de los libros más importantes publicados en la última década.

 

Antonio Altarriba (Peñafllor, Zaragoza, 1952). Profesor universitario apasionado de la historieta, la fotografía, la literatura erótica y el ensayo sesudo. Creador con mayúsculas que se mueve con comodidad por todos los géneros artísticos y, aún mejor, que los inventa.

 

Kim (Joaquim Aubert Puigarnau) (Barcelona, 1942) es un referente imprescindible de la historieta española. Todos conocemos sus trabajos en Por Favor, El Víbora, Vibraciones, Makoki, etc. Desde 1977 es autor fundador de la revista El Jueves donde realiza su serie Martínez el Facha (el más entrañable (único) de los fachas…). En 1995 fue galardonado con el Gran Premio del Salón del Comic de Barcelona. 

 

 

 

El Premio Cálamo “Otra Mirada 2009”  ha sido concedido al libro Mi Marruecos de Abdelá Taia publicado por la Editorial Cabaret Voltaire.

 

En Mi Marruecos Abdelá Taia nos guía por los paisajes de su infancia. Es la suya una mirada dulce, valiente y diferente: otra mirada.

 

Abdelá Taia nació en Salé, Marruecos, en 1973. Es autor de cuatro novelas. Colaborador habitual del diario parisino Le Monde, cuyas columnas podemos leer de vez en cuando en El País, Mantiene un fuerte compromiso con la defensa de los derechos humanos en Marruecos.

 

 

La gala de entrega de los IX Premios Cálamo se celebrará el viernes 19 de febrero de 2010 (información y reservas en Librería Cálamo 976557318).

 

Previamente los autores premiados realizarán una lectura pública de su obra a las 19 horas del mismo día en la Librería Cálamo (Plaza San Francisco, 4). (Esta información pertenece a la librería Cálamo. La foto es una página de 'El arte de volar' de Antonio Altarriba).

 

 

 

 

NACE EL BLOG WWW.ANDALAN.ES

NACE EL BLOG WWW.ANDALAN.ES

Queridos amigos:

 

Un grupo de personas vinculadas en su día al periódico “Andalán”, presididas por José Antonio Labordeta, nos hemos animado a utilizar las posibilidades que ofrece hoy la informática y la telemática para poner en marcha un blog colectivo (www.andalan.es) que pueda incluir artículos, documentos y opiniones sobre temas de interés general, con especial referencia a Aragón.

 

Queremos ofrecer un nuevo cauce de información y comunicación independiente que permita opinar, informar y debatir a todas aquellas personas que deseen hacerlo y que consideren que este lugar les resulta próximo a sus ideas e inquietudes. Las nuevas posibilidades técnicas permiten hacerlo con escaso coste y sin depender de ingresos externos.

 

El proyecto consiste en ofrecer periódicamente textos y artículos de diversos autores. Los interesados en publicar un artículo deberán dirigirse a andalan@andalan.es identificándose y adjuntando el contenido para que sea insertado en la página web.

 

También se pretende fomentar la participación mediante comentarios a los diversos temas que vayan apareciendo. Para ello bastará con solicitar una clave de acceso, que nos permita conocer la identidad del autor y facilitarle la escritura directa. Es obvio que nos reservamos el derecho de, incluso si se han insertado ya automáticamente, suprimir aquellos textos que atenten contra principios constitucionales o sean muy maleducados. Esos son nuestros únicos límites.

 

Ni que decir tiene que esta nueva andadura sólo será fructífera si muchos de los antiguos miembros, colaboradores y lectores amigos de “Andalán” se animan a acompañarnos de nuevo. Lo mismo, como ya ocurrió entonces, a cuantos, viven lejos, aunque ahora están mucho mejor comunicados: este medio ahora nos permitirá llegar y recibir mensajes desde cualquier lugar del planeta. Y si los que no tenían entonces (la edición de papel cesó hace justamente 23 años) edad para formar parte de aquella hornada, nos ven con simpatía y colaboran.

 

Un cordial saludo a todos,

 

El grupo promotor de andalan.es

*Este juego de imágenes lo firmó Edward Steichen.

 

ESTA MEDIANOCHE, 'BORRADORES'

ESTA MEDIANOCHE, 'BORRADORES'

Actuación musical: TATE’S EMOTIONS. Entrevista con Inma y Chiti Puicercús.

Entrevistas en plató: EDUARDO VIÑUALES, escritor naturalista, y ÓSCAR BRIBIÁN, narrador.

Reportajes: FERNANDO TRUEBA, cineasta, ENRIQUE FLORES, ilustrador y viajero, EVA ARMISÉN Y MARC PARROT, ilustradora y músico, y AL AYRE ESPAÑOL, orquesta

Eduardo Viñuales es uno de los invitados al plató esta semana en ‘Borradores’ para hablar del libro ‘Los bosques de Aragón’ (Prames) y de otro libro, repleto de fotografías, sobre el ‘Parque de Ordesa’ (Prames / DGA). Viñuales, naturalista y escritor, recuerda que en ese proyecto han participado una cincuentena de autores, más de treinta fotógrafos, y efectúa un recorrido por los bosques de montañas, los bosques de montes y sierra, los bosques de ribera y los bosques mixtos. Se proyecta un vídeo con espectaculares fotografías. Y el narrador Óscar Bribián habla del clima de terror de su primer libro: ‘Mentes perversas’ (Mira editores), compuesto por trece relatos de miedo, de locura, de criaturas espectrales y de sexo, que transcurren en regiones inhóspitas, en los Pirineos, en Huesca o en algunas noches de una desapacible Zaragoza de rondas policíacas y de bandas callejeras.

 

Fernando Trueba habla de su película ‘El baile de la Victoria’, inspirada en la novela homónima de Antonio Skármeta. Explica que es una película que contiene muchos géneros, la atracción que experimentó por la novela; habla de sus actores, Ricardo Darín y Abel Ayala especialmente, y comenta qué fácil ha sido trabajar con su hijo Jonás Trueba, con quien redactó el guión. De Chile, donde transcurre esta cinta que representa a España en los Oscars, ‘Borradores’ viaja a Cuba de la mano del pintor, viajero e ilustrador Enrique Flores, que acaba de publicar en Libros de Ponent ‘Cuba. Cuaderno de viaje’, la crónica gráfica y visual de varias visitas a la isla, marcada por la lentitud del dibujante y por el vértigo de la vida. Eva Armisén y Marc Parrot hablan de un libro infantil, ‘Que me está pasando’ (Lumen), donde analizan sentimientos como la vergüenza, el amor, la rabia, el egoísmo o la nostalgia. Marc Parrot ha compuesto los textos y los ha cantado, y Eva Armisén ha realizado sus dibujos característicos, que se mueven entre el deliberado trazo primitivo del niño, un gesto expresionista y una mirada naïf. Además, se ofrece un reportaje con la orquesta durante los preparativos del montaje de ‘Las siete palabras’ de Haydn, que se interpretó recientemente en el Auditorio de Zaragoza. Su director Eduardo López Banzo, el percusionista Marc Cross y la intérprete de viola Farranh James analizan las constantes de la compañía, que ha pasado de la Música Antigua y del Barroco al Clasicismo.

 

La actuación musical corre a cargo del grupo Tates Emotions, liderado por Inma y Chiti Puicercús. Acompañados de su banda, interpretan dos temas: ‘Rotos los zapatos’ y ‘Pon que pon’.

 

Borradores. Emisión: martes, a las 0.45. Aragón Televisión. Redifusión: sábado, a las 9.15. Redacción: Ana Catalá Roca. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. Producción: Óscar Racero. La foto, tan sugerente y veraniega, es de Al Fenn.