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Antón Castro

ALFABIA: LIBROS DE CASI TODO*

ALFABIA: LIBROS DE CASI TODO*

 

 Por Daniel GASCÓN. Traductor, para Alfabia, de Junot Díaz y William Faulkner

Hola, buenas tardes. Me hace ilusión estar aquí, en esta estupenda librería, presentando a la editorial Alfabia con Paco Goyanes y Diana Zaforteza. Es un motivo de alegría, porque creo que cada editorial que surge nos hace un poco más felices y un poco más libres a todos. Aunque, por otra parte, los que estáis aquí ya conocéis la editorial. Así que para mí es más bien una especie de fiesta, una forma de reconocer el trabajo bien hecho. Y tiene algo todavía más especial, porque Diana vivió en Zaragoza cuando era niña, y porque, aunque he hecho dos traducciones para Alfabia, yo aún no la conocía.

            Alfabia lleva poco más de un año en marcha, pero se ha hecho un hueco en las librerías y en los lectores. Si fuera un equipo de fútbol, tendría una alineación envidiable: Pierre Michon, Anna Banti, Lord Dunsany, Bulgákov, William Faulkner, Cristina Fernández Cubas (a la que esta librería concedió un premio el año pasado), Enrique Vila-Matas, José Carlos Llop, Villalonga, Szymborska... Tiene libros de autores de literaturas y países muy diferentes, que escriben de formas muy distintas, pero a los que emparenta su calidad. (Es decir, si fuera un equipo de fútbol, se echaría en falta a un fajador que recuperase balones: todos son jugadores más bien exquisitos.) Por una parte, hay autores clásicos, como Lord Dunsany, que admiraba Borges; o Traven, del que ha escrito el propio Vila-Matas. A veces, publica textos poco conocidos de esos autores: es el caso, por ejemplo, de Notas en los puños. Iván Vasilíevich de Mijaíl Bulgákov, que estaban inéditos en castellano y son un conjunto de relatos y una pieza teatral que constituyen un paseo por la Guerra Civil rusa (con conflictos que nos resultan muy cercanos, como las luchas en el Caúcaso), por la literatura de ese país (con homenajes y cameos de Tolstói, Chéjov o Pushkin), y una sátira mordaz y temprana de la estupidez burocrática del totalitarismo comunista.

Otros libros son de autores contemporáneos que ya son clásicos, como el de Pierre Michon: Mitologías de invierno. El emperador de occidente (que ha sido elegido por Babelia como uno de los libros del año) es un germen de muchas cosas que Michon ha hecho después. Si te gusta un autor, también te apetece leer esos libros menos conocidos que ofrecen claves de su obra. Eso pasa un poco con Lecturas no obligatorias, de Szymborska, donde hace reseñas de libros de jardinería o de vidas de científicos, y elabora interpretaciones muy personales: por ejemplo, estudia el Poema de Mio Cid pensando que quien lo escribió era un Balzac de su tiempo, al que lo que le preocupaba era el dinero que las guerras eran caras y debían ser rentables. Y, si por ejemplo no has leído a Michon, el libro de Alfabia es una forma ideal de entrar en su universo. Pero, además de esos autores consagrados, Alfabia publica a autores mucho más jóvenes, como Junot Díaz o Menéndez Salmón. Así que no solo apuesta por los consagrados y los clásicos modernos, sino también por los vivos, por los que escriben ahora. De forma parecida, me gusta que Alfabia haya apostado por la literatura digital, y que sus libros en papel estén bien hechos: tienen una letra agradable, y se pueden abrir mucho.

También me interesan las relaciones de Alfabia con el arte y con la música. Han publicado Popism de Andy Warhol y Pat Hacket, y Artemisia, la novela de Anna Banti sobre la vida de la pintora italiana Artemisia Gentileschi. Y me gustó mucho el libro de Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen que ha editado Alberto Manzano: Cohen habla de sus dibujos, de su relación con las pastillas y el alcohol, del amor y las mujeres, y se pasea por las Ramblas. Yo lo leí justo antes de ir al concierto que dio en el Príncipe Felipe. Diana también va a publicar The Raven, el texto que Lou Reed escribió inspirándose en el poema de Edgar Allan Poe El cuervo. Con esta mezcla, y a base de buenos libros, Alfabia ha conseguido construir un imaginario: ahora puedes ver un libro y pensar: este podría ser un libro de Alfabia. Está muy bien, además, que los medios hayan visto eso muy rápido, y que hayan prestado atención a la editorial.

Otra de las cosas que me gustan de Alfabia son sus Cuadernos. Son sencillos y hermosos, tienen el tamaño de un Moleskine y también algo de picoteo de autores como Llop, Vila-Matas, Fernández Cubas o Menéndez Salmón. Ellos dicen que son como golosinas culturales, que me parece una buena definición: además, no solo pueden servir como aperitivo o picoteo, sino también como cata, para descubrir autores sabrosos o escritores indigestos. Y, por otra parte, me gusta que los autores escriban esos libros breves, como hacen muchas veces los franceses, se parece a los músicos que sacan unas pocas canciones.

Lo primero que traduje para Alfabia fue, precisamente, uno de esos cuadernos. Aunque yo no lo sabía. Primero me llamó Diana y me preguntó si me apetecía traducir Mosquitos, la segunda novela de William Faulkner, que yo había leído hacía tiempo. Inmediatamente le dije que sí, y luego estuve preocupado porque Faulkner es un autor bastante difícil. Entre otras, porque escribía borracho. Me preguntaba si uno también tiene que traducirlo borracho. Entonces Diana me preguntó si me apetecía traducir unos cuentos de Junot Díaz que habían aparecido en el New Yorker. Junot Díaz es un escritor estadounidense de origen dominicano, que ganó el Premio Pulitzer en 2008 por La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Lo que yo prefiero de su obra son sus cuentos. Algunos de ellos habían salido en inglés en un libro titulado Drown, que significa Ahogado, y que en español dos traductores diferentes han llamado Los boys. Leí los cuentos y me gustaron mucho y también le dije que sí, claro, y entonces empezaron a entrarme sudores fríos. Al leer en inglés la novela de Junot Díaz unos meses antes, el que más pena me había dado no era el desdichado Oscar Wao, que se pasaba cientos de páginas intentando echar un polvo, sino el traductor que tendría que enfrentarse a ese texto, porque Díaz escribe con muchas palabras de jerga en inglés y muchas palabras en español. Pero yo creo que, en buena parte por las sugerencias de Iván Barreto, que también trabaja en Alfabia, y por las de Pippi Tetley, que me soporta a mí, el libro quedó bien: Nilda. El sol, la luna, las estrellas y Otravida, Otra vez tiene tres relatos: en el primero, Junot habla de una chica que era, como él, una freak en el colegio. Los dos eran aficionados a los comics y marginados en la clase. Pero cuando empezó la adolescencia la chica empezó a estar buenísima y el hermano de Junot, que era guapo y fuerte, se dio cuenta. El planteamiento me parece bueno, pero después mejora, cuando el hermano enferma. Y además, es un texto muy autobiográfico, basado en la vida de Junot, que tenía un hermano que murió de leucemia. El segundo cuento, El sol, la luna, las estrellas (elegido entre los mejores relatos del año 99 en Estados Unidos) es la historia de un chico que espera arreglar su relación de pareja en unas vacaciones en Santo Domingo, y prefigura el mundo de La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Esos dos relatos tienen las virtudes que conocíamos de Díaz: el humor, la melancolía, la capacidad de contar la vida de la familia, la pareja y el barrio. Y el tercero, Otravida, otravez, tiene algo más, porque es un cuento inesperado: la protagonista es una mujer, una inmigrante que trabaja en la lavandería de un hospital, y, por una parte cuenta la experiencia de establecerse en Estados Unidos, y, por otra, una historia de amor contada de forma cotidiana, soterrada y hermosa.

Mosquitos va a salir dentro de muy poco. Es, como he dicho, la segunda novela de Faulkner, y un libro aparentemente muy poco faulkneriano. Habla de un grupo de bohemios de Nueva Orleáns, que van a pasar unos días en el yate de una rica. Los personajes pasan esos días emborrachándose, ligando, hablando del sentido de la vida y del arte. Es una novela divertida, con personajes adolescentes que a veces hacen pensar en los de Scott Figzgerald, y con mucha influencia de autores como Eliot. Faulkner estaba a solo dos años de escribir El ruido y la furia, y en Mosquitos se ve la ambición y esa transición hacia un gran escritor. Además, tiene un interés morboso: en su momento se leyó como una novela en clave, y uno de los que se ofendió fue el mentor de Faulkner, Sherwood Anderson, que se reconoció en uno de los personajes, un escritor que bebe mucho y hace bromas pesadas a sus compañeros de viaje. La traducción que va a publicar Alfabia será la versión completa, sin los cortes que habían eliminado algunas escenas subidas de tono.

En las dos traducciones he tenido una experiencia bastante infrecuente: la gente de la editorial ha estado muy pendiente del trabajo, han planteado dudas y propuesto soluciones: siempre con un entusiasmo contagioso.

Antes he empezado hablando de la alineación de un equipo de fútbol, y Alfabia se llama así por los jardines de Alfabia en Mallorca. Creo que una editorial también se parece a una casa, como se dice en inglés y en francés. Es una casa que se va llenando de habitaciones diferentes. En una habitación de la casa de Alfabia se ve Szymborska, leyendo libros sobre animales domésticos. En otra, Leonard Cohen dice que lo que de verdad le gusta es dibujar a mujeres desnudas y Enrique Vila-Matas está en el baño, mirándose al espejo y gritando una y otra vez que no es Auster. En un salón algo decadente está Llorenç Villalonga. En la bodega, Pierre Michon acompaña al inventor de la espeleología. Son cuartos muy distintos, que comparten el aire de familia de las buenas historias, y que invitan y emocionan a los curiosos que de vez en cuando paseamos por la casa. Muchas gracias.

 

*Ayer, en la librería Cálamo, el escritor y traductor Daniel Gascón presentó el sello Alfabia. Su editora, Diana Zaforteza, hija del José Zaforteza, que dirigió Eléctricas Reunidas de Zaragoza, vivió hasta los nueve años en Zaragoza. En la foto, un retrato de Lord Dunsany, cuyos derechos pertenecen a Morrall-Hoole Studios, 1919.

 

 

 

 

'O PARAUGAS' DE XOÁN ABELEIRA

'O PARAUGAS' DE XOÁN ABELEIRA

O PARAUGAS

 

Xoán ABELEIRA

 

Babuñaba. No medio desa mera-mexadeira propia dalgunhas mañás do outono coruñés. Il levaba aberto o paraugas vermello e negro, con choliña de parrulo, a xeito de mango, que mandara facer ex profeso nalgures… Catro Camiños, nunha tenda que xa pechara. De feito, viña lembrando cómo, unha media hora antes, en chegando á Rúa Nova,  Paulino exclamara: “Qué bo, iste paraugas!”. “Si”, retrucara il, “éche grande dabondo… pensado xustamente pra cubrir unha parella”.

Serían xa… contra as dúas? Ó cruzar a Praza da Leña oíu unha voz lene: “Perdoa, tes lume?” Il asentiu coa cabeza, sen levantar a ollada, coidando como ía tan só en chegar á casa, paparse outra pastilla e meterse na cama axiña, a fin de matar, tamén ise serán, outra parte do día. Sacou un dos tres chisqueiros que sempre carrexaba no peto do abrigo e decatouse, iso si, de que a chama era mínima, apenas quedaba gas… cando ocorreu aquilo. A muller debeu de fixarse nise anel de prata, adobiado cunha runa, que il aínda lucía no dedo medianiño mentres notaba… aquilo. Novamente aquilo: un arrepío que o estarreceu ó longo do espiñazo, ó notar o contacto dela, mentres esta lle acubillaba con dozura a mao, conformando unha paréntese, se cadra unha buguina, outra clase de paraugas, nas súas.

O xesto, abofé, non tiña a menor importancia, ninguén o apreciaría. Pero il… Aquela era a primeira vez en… cánto, cánto tempo?... catro, cinco anos que alguén… non xa unha muller senón alguén, unha persoa lle acariñaba a mao.

 

 

*NOTA DO AUTOR: Este texto apareceu onte ‘El País’, na sección "Inéditos con firma", suplemento Luzes, El País, 22 de xaneiro do 2010. A versión publicada aquí -a orixinal, en realidade- é, xa que logo, distinta da que apareceu no xornal. (A foto é do norteamericano Gjon Mili).

CEBRIÁN Y SALDAÑA, EN LA CAMPANA

CEBRIÁN Y SALDAÑA, EN LA CAMPANA

Esta noche, a las 22 horas y dentro del Ciclo Poesía para Perdidos, que programa La Campana de los Perdidos, leerán poemas Juan Luis Saldaña, músico, locutor y poeta, y el escritor Enrique Cebrián Zazurca, acompañados en la parte musical por Luis & Friends. Les he pedido a ambos que me manden un par de textos y aquí están. Esta foto es de Eric Mertens.


 
DOS POEMAS

DE JUAN LUIS SALDAÑA
 

Últimas voluntades

 

Los fotomatones de mi ciudad

están conectados entre sí

una foto en las Delicias

puede llevarte a Anselmo Clavé.

Los fotomatones de mi ciudad

te roban el alma

en cada disparo y

tienen cortinas azules que no tapan mucho.

Los fotomatones de mi ciudad

van desapareciendo. Un hombre

se los lleva a una nave

industrial de Cadrete.

Allí malviven junto a microondas

frigoríficos y viejos aspiradores

que ya no son útiles a nadie.

Los fotomatones de mi ciudad

son espejos de papel, cuevas

donde besarse, escondrijos para

momentos de fiesta. Son

salas de estar de aeropuertos,

soledad y nostalgia de nada.

Si muero en esta ciudad, por favor,

empujad al mar mi barca

y a mí dejadme muerto,

durante un fin de semana

dentro de un fotomatón.

 
 

Eternamente en pijama

 

“Árbol, piedra, viento, flor, son mis cuatro vecinos, nadie cruza mi puerta y mi calle está sola. Hoy vuelven las golondrinas del año anterior. No creo más que en su amistad”. Ting Yu. Siglo XVIII. Mi Casa

 

 

Son dos personas las que me lo han dicho,

los chinos se pasean en pijama por la calle

eso les da un estatus más alto

porque pueden permitirse un pijama.

Eternamente en pijama, como cantaba Pablo

Milanés a Yolanda, eternamente en pijama.

Ése es el destino de la humanidad

desinhibirse o, mejor aún, como en China,

no haber estado nunca inhibida.

 

 

DOS POEMAS MÍOS

ENRIQUE CEBRIÁN ZARZURCA
 
 

PERPLEJO

Quizás a estas alturas

debería

tener escrita ya alguna poética.

Detallar

y poner a la vista de todos

mis principios, mi estilo,

mi forma de entender la poesía.

Y sin embargo aquí, a las dos

de la mañana, bajo la luz de un flexo,

con un café con leche y en silencio,

interrogando al mundo y a su herida salada.

Con la sola certeza de tus ojos.

 
 
 

NOCHE DEL MES DE JULIO

 

 

Yo también estoy ahora sentado

frente a la ventana abierta.

Es julio por la noche

y el calor se derrama en las antenas

como una perra enferma, como el líquido

acre de las bisuterías.

La vida, ciertamente,

no es como la esperábamos.

O quizá sólo sea lo que siempre supimos:

la lucha del deseo frente al miedo.

Cruzar unas montañas, huir

–de madrugada y con lo puesto–

hasta un país de labios

con sabor a tus besos,

a la sombra del tiempo,

donde la noche enseña su cúpula dorada.

WOLE SOYINKA: DOS POEMAS

WOLE SOYINKA: DOS POEMAS

Esta mañana, ese editor incansable y siempre desvelado que es Pepo Paz me ha enviado esta nota sobre la publicación de la poesía de Wole Soyinka. Le pido que, además, me mande dos poemas del Premio Nobel y aquí está la invitación a leer a este escritor con este anticipo de dos poemas traducidos por Luis Ingelmo. Esta foto de Soyinka la he tomado de aquí:http://prodavinci.com.

 

 

 

Wole Soyinka
Lanzadera en una cripta
EDICIÓN BILINGÜE

Traducción y prólogo de Luis Ingelmo

Bartleby editores

 

En 1967, al comienzo de la guerra civil nigeriana, a Wole Soyinka se le acusó injustamente de ayudar a la facción rebelde de Biafra en la compra de aviones de combate, tras lo cual fue arrestado y, sin juicio previo ni sentencia formal, encarcelado durante veintisiete meses, veintidós de ellos incomunicado. A lo largo del cautiverio, y a espaldas de sus guardianes, Soyinka escribió en paquetes de cigarrillos, papel higiénico e incluso entre las líneas de algunos libros que pudo conseguir en secreto. Parte de ese material se convertiría más tarde en sus memorias The Man Died, mientras que otra parte tomaría la forma de Poems from Prison para, después, expandirse hasta el actual Lanzadera en una cripta. Son multitud las ocasiones en que el Premio Nobel ha manifestado que entonces logró mantener su cordura y, a la postre, sobrevivir como ser humano gracias a la escritura, con el espíritu intacto frente a la voluntad destructora de sus captores. Se trata éste, pues, de un intenso poemario –el primero de Soyinka que se publica en español- que se incluye entre la literatura escrita por intelectuales que resultan incómodos a algún régimen y son represaliados y perseguidos. Un género que durante los últimos decenios ha llegado a convertirse en demasiado habitual, aunque no por ello menos abominable. LUIS INGELMO

Wole Soyinka

Akinwande Oluwole, «Wole», Soyinka (Abeokuta, Nigeria, 1934), es dramaturgo, novelista, poeta y ensayista. Aparte de su ingente obra teatral (son más de veinte los dramas que se cuentan en su haber), ha escrito dos novelas, cinco volúmenes de memorias, cuatro de ensayos, así como los poemarios Idanre and Other Poems (1967), A Shuttle in the Crypt (1972), Ogun Abibiman (1976), Mandela’s Earth and Other Poems (1988) y Samarkand and Other Markets I Have Known (2002). En 1975 editó la colección Poems of Black Africa. Entre sus innumerables galardones, destaca el Premio Nobel de Literatura (1986), habiendo sido el primer escritor africano en recibirlo.

Fue acusado de traición por el gobierno militar del dictador Sani Abacha en marzo de 1997 y se autoexilió de su país natal para residir en Estados Unidos, donde fue profesor en la Universidad Emory de Atlanta (Georgia). En 1999 Nigeria retornó a un gobierno civil y Soyinka fue rehabilitado. En la actualidad reparte su tiempo entre Nigeria y EE.UU. como profesor universitario.

 

 

 

De “Poemas del pan y la tierra”

(Lanzadera en una cripta, Wole soyinka)

Traducción de LUIS INGELMO

 

Ujamaa

(para Julius Nyerere)

 

 

El sudor es levadura para la tierra

no su tributo. La tierra henchida

no desea homenaje por sus labores.

El sudor es levadura para la tierra

no un homenaje para un dios en su fortaleza.

Tu manos de tierra negra desencadenan

la esperanza de mensajeros de la muerte, de

caninomanoides endogámicos que resultan

más macabros que La Parca, insaciables

predadores de la humanidad, su carne.

El sudor es levadura, pan, Ujamaa

pan de la tierra, por la tierra

para la tierra. La tierra es la gente.

 

 

Après la guerre

 

 

No ocultes las cicatrices

en la rápida destilería de la sangre

he olido

efluvios de narcóticos conocidos

no ocultes las cicatrices

 

El tubérculo de nuestra carne común

pisoteado hasta lo hondo de la tierra combate

la muerte, recién cinchado arremete contra el sol

mas temiendo que resulte ser una concha hueca

o que los pies de las vidas recién nacidas

se hundan en el vacío de la falsedad

no hinches la piel ajada de la tierra

para glasear las grietas del tambor

 

No te cubras de costras

ni hagas del dolor el lamento

de un farsante con mala lengua

su rostro una máscara de velos pintada

el aliento reseco por su propia bilis

un corazón de retazos y una sonrisa de calavera

para burlar los rigores del

exorcismo.

 

Grietas en la pintura. Legad

los solos latidos del duramen

a los seguidores del velatorio

recién nacidos.

 

ALFABIA EN LA LIBRERÍA CÁLAMO

ALFABIA EN LA LIBRERÍA CÁLAMO

El viernes 22 de enero se presenta en la Librería Cálamo a las 20.00 la editorial Alfabia. En el acto intervendrá la editora Diana Zaforteza, que estará acompañada por Paco Goyanes y Daniel Gascón.

Alfabia ha publicado libros como Algas rojas, de Lourdes Iglesias, Popism de Andy Warhol y Pat Hackett, Notas en los puños. Iván Vasiliévich de Mijaíl Bulgákov, Mitologías de invierno. El emperador de Occidente de Pierre Michon, Artemisia de Anna Banti, Bearn o la sala de muñecas, de Llorenç Villalonga, Lecturas no obligatorias de Wislawa Szymborska, o Ella era Hemingway. No soy Auster de Enrique Vila-Matas.

En la imagen, Diana Zaforteza. La he tomado de El País.

GÓMEZ DE LA SERNA Y EL INGLÉS

GÓMEZ DE LA SERNA Y EL INGLÉS

No me ha dado tiempo a escribir hoy en el blog. He estado preparando una extensa entrevista con el escultor Steve Gibson para el dominical de ‘Heraldo’. Esta mañana, en la lectura que hacemos todos los días en dirección a la parada del autobús, he llevado ‘Greguerías’ de Ramón Gómez de la Serna y le he contado a mi hija Sara quién era este señor maravilloso, imaginativo, un artista del microcuento, por cierto, antes de que se hablase tanto de él. Y de repente, me encontré con esto:

 

Era tan inglés que guardaba un poco de niebla de Londres en una cajita.

 

Y he pensado que más que Steve Gibson, que es de Liverpool y seguidor del Everton, esta ‘greguería’ se le adecuaba muy bien a un maravilloso fotógrafo, Cecil Beaton, y acaso a esta foto del enamorado de Greta Garbo con Carole Lombard en 1931.

JORNADA A FAVOR DE HAITÍ

JORNADA A FAVOR DE HAITÍ

 

Recibo esta carta de José Luis Corral:

 

Querido Antón:

La Asociación Aragonesa de Escritores (AAE) organiza una Jornada Literaria a favor de los damnificados por el terremoto de Haití.


Tendrá lugar el viernes 5 de febrero de 19 a 21 horas en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Plaza Paraíso, 2, Zaragoza).


En el acto se leerán poema, relatos y fragmentos de obras literarias propias o ajenas. En la sala se dispondrá de una hucha para recoger los donativos de los asistentes que serán entregados a la Cruz Roja Española para ser empleados en ayuda humanitaria en ese país.


La AAE solicita tu apoyo para la celebración de este acto.
Un cordial saludo.



José Luis Corral

Presidente de la Asocación Aragonesa de Escritores

*He tomado la foto de agencias.

DIÁLOGOS: AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL

DIÁLOGOS: AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL

"La sociedad no respeta ni mima

ni admira a los profesores"

"En Internet hay que exigir las mismas responsabilidades que en la vida civil"

"Cuantas más historias te cuentan más quieres que te sigan contando"

"Mi próxima novela, 'Esclava de nadie', aborda la naturaleza profunda del sexo"

El catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, estudioso de Buñuel, Dalí y Miguel Hernández, deja la docencia a los 61 años para dedicarse a la narrativa

 

 

Texto ANTÓN CASTRO

“Podríamos decir que he impartido clases de literatura española y contemporánea durante 20 años y de cine otros 20 años. En realidad, han sido 38 años de dedicación exclusiva. No he tenido nunca descarga docente. Eso quiere decir que he dado todas las clases que me correspondían, aunque a veces he concentrado toda la docencia en un cuatrimestre. Hubo algunos años en que daba las dos cosas", confiesa Agustín Sánchez Vidal (Cilleros de la Bastida, Salamanca, 1948), catedrático de Historia del cine, que acaba de jubilarse a los 61 años.

¿Cuál es el balance de sus años en literatura en la universidad?

La asignatura tiene algo muy positivo: te obliga a leerte prácticamente toda la literatura española de una forma sistemática. Eso ha sido muy bueno como profesor y como escritor porque así conoces la tradición del idioma, ese sustrato, esa especie de humus. Ahora cuando escribo de una época concreta, sé cómo se hablaba, cómo se ha escrito, cómo se pensaba.

¿Cómo vivía la literatura en clase, cómo la enseñaba?

Lo que más di era literatura contemporánea. Y me encontraba con la mentalidad muy abierta de los alumnos. Recuerdo que terminé la carrera en septiembre de 1971 y empecé a dar clases como 'penene' en octubre. Tenía 23 años, pero parecía más joven de la edad que tenía. Iba a dar clases en el Aula Magna de Filosofía y Letras, me tocaba explicar las jarchas, y recuerdo que estaban los alumnos esperando. Entré en el aula y nadie entró detrás porque nadie se imaginó que yo fuera el profesor. Salí y dije: "Soy el profesor". Me contestaron: "Anda ya", ja, ja, ja. He estado aprendiendo siempre. En una conferencia que di en Burgos sobre Dalí, al final vinieron tres alumnos y me dijeron que de lo que se acordaban de mis clases era de las historias que les contaba. Me hizo muy feliz oír algo que me parece de lo más bonito de mi oficio.

¿Y en el cine le ha pasado igual?

Más todavía, porque yo ya era consciente de esto. El cine tiene una enorme ventaja respecto a la literatura. La atención, el interés, todo eso te venía dado. No necesitabas rodaje específico, por decirlo así. Cuesta mucho más leer 'La Regenta' de Clarín, que es una novela extraordinaria, que ver los capítulos de Méndez Leite o la versión de Gonzalo Suárez. Por otra parte, cuando dicen que los alumnos no están bien formados, que tienen una formación muy deficiente, yo no estoy en absoluto de acuerdo…

¿No es así, entonces?

Vamos a ver. Es cierto que tienen una redacción deficiente, que tienen problemas de comprensión de lectura, pero a mí lo que me deslumbraba en clase eran las destrezas que tenían en la lectura audiovisual. Eso era impresionante.

Pero, Agustín, ¿eso no es un mito, una vuelta de calcetín o el elogio fácil al alumnado?

Le aseguro que no. En absoluto. Piense que he tenido clases en las que ha habido 300 alumnos. ¡Cuántos cines quisieran tener 300 espectadores, y más de las películas que veíamos allí! Y ahí ves las reacciones, los sentimientos, los comentarios, el calado del cine. Le pongo un ejemplo: hubo claramente una 'Generación Tarantino', criada a los pechos del realizador, que tiene una actitud distinta ante la violencia, por ejemplo. Incluso en películas donde la violencia no estaba ironizada ni en definitiva era de risa, se reían mucho. Estos jóvenes reaccionaban así, estaban crecidos, tenían conciencia de ser un grupo especial. Y ahí tenías que demostrar un tipo de destrezas narrativas…

O sea que usted es optimista sobre los alumnos.

Absolutamente. ¡Por Dios! Tampoco se trata de remitir todas las responsabilidades al maestro armero, decir que lo que falla es el sistema. En España la educación ha tenido un deterioro creciente y sistemático y es evidente que en la educación no es el lugar donde están ahora no solo los intereses de los gobernantes sino de la sociedad. La sociedad hoy no respeta, ni mucho menos admira, ni mima, a los profesionales de la enseñanza. Es una profesión con muchas deserciones, sobre todo en las enseñanzas medias. La enseñanza supone un desgaste tremendo pura y simplemente para hacerte oír, para que haya un clima de convivencia mínimo, es verdad, pero hay que tener en cuenta los cambios sociales que se han producido, y que los alumnos hoy tienen la posibilidad de obtener unas informaciones que antes eran imposibles, costosísimas de lograr, están al alcance de la yema de los dedos. Mis apuntes están colgados en Internet…

Hay gente que no quiere hacer eso…

Da lo mismo. Aunque ellos no quieran, los van a colgar los alumnos. Internet es un invento extraordinario. Va a ser un modelo de reescritura de todo nuestro modelo civilizador. Eso está claro. Lo único que hay que hacer es poner orden. Lo que no puede ser es que sea como el salvaje oeste.

¿Qué quiere decir poner orden?

Poner orden es que en Internet a la gente se le exijan las mismas responsabilidades que en la vida civil. Poner orden no es lo que hace China o lo que hacen determinados países que censuran todos los contenidos que les estorban. En el mundo virtual lo que no puede ser es que es la gente, amparándose en el anonimato, diga las barbaridades que dice en los comentarios de los artículos de los periódicos, por ejemplo. Que firme con los nombres y apellidos como lo hace quien firma el artículo. Creo que no hay que ir mucho más lejos.

A usted le apasionan las ciencias y las nuevas tecnologías. ¿Qué le ha dado Internet?

Todo. Para mí lo que no aparece en Internet es que no existe. O casi no existe. Durante dos años hice una columna en el portal Terra y recibía comentarios de los países más lejanos del mundo. Hoy ya no podemos estar fuera de Internet.

Cerremos el capítulo de la enseñanza. ¿Qué ha sido lo mejor?

Lo más importante es que tenías que conectar con una nueva generación todos los días, y hacerlo en serio. Eso te obliga a un esfuerzo de estar al día, no solo a la hora de elaborar la información, sino de sensibilidad, de tener las antenas puestas. Eso es impagable. En estos 40 años, solo un alumno pidió la revisión de un examen.

¿Por qué lo deja siendo tan joven?

Porque suscribo el espíritu de esta nueva normativa, que tiene dos preámbulos muy claros: uno, el rejuvenecimiento de plantilla, y creo que es un buen momento con los cambios que va a haber en el modelo universidad. Me puedo ir porque llevo más de 35 años y tengo más de 60. El otro preámbulo es que le ahorramos dinero a la Universidad, gracias a que nos hemos ido unos cuantos, nos hemos ido 40 de los 200 que estábamos en condiciones de hacerlo. Los que no se han ido no es por una razón de dinero. Te compensan para que lo hagas. También es verdad que yo quiero hacer otras cosas. Soy de una generación en la que hemos sido muy estrictos y hemos tenido mucho sentido de lo público. Me voy tranquilo: me sustituye una persona absolutamente solvente como Amparo Martínez Herranz.

Se va a dedicar a la narrativa, supongo...

Por supuesto. Pero la escritura no es algo unilateral. Pide respuesta del público. A mí lo que me gusta es contar historias. A mí siempre me ha preocupado el tema: "¿Para qué sirven las historia, por qué los humanos necesitamos que nos cuenten historias, por qué es una especie de hambre o sed nunca saciada?" Cuantas más historias te cuentan, más quieres que te sigan contando.

¿Cuál es su respuesta?

Creo que la respuesta es uno de los núcleos de 'Nudo de sangre' (Premio Primavera, 2008). Yo creo en las historias tramadas. Nosotros vivimos en un mundo físico que compartimos con las otras especies, y en un mundo virtual, un mundo simbólico al que solo tenemos acceso nosotros, y está hecho gracias a que por las historias tenemos capacidad a plantear alternativas a lo que nos viene dado. Yo creo que la capacidad de evolución y la libertad de elegir varias opciones se debe a la capacidad de imaginar lo que no existe y que bien podría existir. Creo que la necesidad de tener historias es ordenar esta realidad en bruto mediante una retícula o una trama, y luego el poder plantear alternativas a las vidas que vivimos.

¿Ese es el tema de la aventura de 'Nudo de sangre'?

Son las dos cuestiones básicas. Me parece muy notable que existiese una sociedad así, con su proceso de simbolización. Además se dio la revolución de las cuerdas, que no se considera tan importante como las pinturas rupestres, el fuego, la rueda. Y lo es. De ahí procede todo el sistema de tramas. De repente hay una civilización importantísima que puede hacer lo que nosotros hacemos con la escritura con las cuerdas. Y en el fondo ese tipo de tramas es lo que estamos haciendo en Internet.

Ha publicado dos novelas de largo aliento: 'La llave maestra' (Suma de Letras) y la citada 'Nudo de sangre' (Espasa Calpe) y ha valorado mucho el encuentro con los lectores. ¿Por qué?

Con 'La llave maestra', traducida a doce lenguas, me salió una obra demasiado ambiciosa sobre los sueños, la criptografía, el origen del universo y de la conciencia, etc. El encuentro con los lectores fue, y es, una experiencia interesantísima. Con 'Nudo de sangre', un día estabas en Málaga, otro Gijón, al siguiente en Castellón, Vigo o en Bilbao. Pedí que me llevasen al Club de Lectura de La Almunia. Es un grupo fantástico. Ahí me ocurrió una cosa preciosa. Durante la presentación, entraron diez o doce indios del altiplano del Perú, y se sentaron al fondo de la sala. Me empezó a dar un poco de apuro. Al final desaparecieron, habría querido hablar con ellos. La concejala me dijo con misterio: "Vamos a tomarnos algo aquí a la Casa de la Cultura". Entro y estaba toda la colonia de peruanos de La Almunia, y seis estaban vestidos con el traje típico e iban a tocar la 'Danza de las tijeras' a modo de homenaje. Yo pensé que se dedicaban a la recogida de frutas; en La Almunia qué vas a pensar. Pregunté. Y yo, que había hablado tanto de tramas, de tender redes, de cuerdas y todo eso y de sus antepasados incas, descubrí que se dedicaban al tendido digital telefónico… Increíble, ¿no?

Hablemos de su próxima novela.

'Esclava de nadie' saldrá a finales de febrero. Es una historia del tiempo de Felipe II, entre 1545 y 1578, la etapa de las guerra de las Alpujarras contra los moriscos, y narra la historia de un personaje hermafrodita. Le ocurre algo extraordinario: se casa como mujer, tiene un hijo, y luego se casa como hombre, y está tres años de soldado en las Alpujarras, y es cirujano. Es una novela sobre el sexo, sobre la naturaleza profunda del sexo.

 

 

HERNÁNDEZ, LA LUZ Y LA SOMBRA

Agustín Sánchez Vidal es uno de los grandes especialistas de la obra de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Miguel Hernández, de quien en 2010 se celebra el centenario de su nacimiento. A los tres los ha editado. ¿Qué, y cómo, debemos celebrar en un centenario de un escritor o de un intelectual? Dice: "Aquello que el protagonista tiene de específico e irrepetible, aquello que o se busca en él o no se encontrará en otros. Esas deberían ser sus bases, los cimientos, lo permanente. Y, a partir de ahí, establecer los elementos de actualización. Cada generación debería hacer sus lecturas y revisiones de lo consagrado por otras, ver en qué medida se han producido mermas patrimoniales o han dejado de interesar determinados aspectos, mientras que otros resultan vigentes o pueden cobrar una perspectiva renovada y pasar a primer plano desde las actuales coordenadas". En el caso de Miguel Hernández, "siguen muy vigentes su preocupación por el hambre, la explotación infantil que se ha agravado más que lo que él denunciaba con 'El niño yuntero', y otros asuntos como el compromiso político: él fue comunista pero no fue un estalinista como Alberti o Neruda, y estuvo en las trincheras. La vinculación más clara de Miguel Hernández con Aragón es que abandonó la batalla de Teruel para ir a ver a su primer hijo, el que se murió. Creo recordar que llevaba en un paquete los primeros ejemplares de 'Viento del pueblo". El proyecto que más le ilusiona a Agustín es el álbum de Serrat 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que ha colaborado mucho e incluso ha dirigido un corto sobre el poema 'Las abarcas desiertas', igual que han hecho cineastas como David Trueba, Garci, Coixet...

*La foto de Agustín Sánchez Vidal la realizó la fotógrafo de 'Heraldo' Esther Casas.