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Antón Castro

CALVOMOÑACOS / 8. AL MODO EXPRESIONISTA

CALVOMOÑACOS / 8. AL MODO EXPRESIONISTA

Mormeneo lleva varias noches desvelado. Por eso sale a pasear por las afueras de la ciudad bajo un manto de niebla. Lleva su cuaderno de notas, sus lápices de colores y un libro de citas. Se sienta bajo una farola, cerca de un mirador con vistas hacia la ciudad, y mancha sus papeles. Ensaya en una página y en las dos o tres siguientes; vuelve a insistir en la primera, manchurrea en la segunda, escribe “pintar es volver a borrar, pintar es soñar y amar hasta el fin de la noche” en la tercera. Poco a poco, como si la mente le navegase en el vacío, le aparecen los rostros del recuerdo: Irene, la muchacha de seda que le enseñó la dulzura de las borracheras y los besos con lengua; Sara, la casada que dejaba todas las noches su lecho conyugal y lo esperaba bajo un puente del Huerva con su perro lobo; Eloísa, la arquitecta que le desordenaba la cama al mediodía mientras la estercolaba de planos y de dorados cabellos… Se le aparecen en el cuaderno, espantados de color y de vértigo. Y alguien rabiosamente parece haber escrito: “¡Ay, Mormeneo, Mormeneo!”.

*La ilustración, al modo del expresionismo abstracta, es de Alberto Calvo, 'Supermaño'.

CUENTO DE NORBERTO LUIS ROMERO

CUENTO DE NORBERTO LUIS ROMERO

EL SUBMARINISTA

 

El submarinista se topa con una sirena. Incrédulos, ambos se quedan quietos observándose con curiosidad. Para ella se trata de un ser que nunca ha visto en su vida, no logra precisar si se trata de un pez u otro animal. El submarinista también la observa sobrecogido ante la realidad de una leyenda. Al cabo de un largo rato, a ella se le agota el interés y huye a su refugio; a él se le agota el oxígeno y muere.

 

Norberto Luis Romero.

Llucmajor, noviembre, 2008

KAFKA, POR MARCHAMALO & FLORES

KAFKA, POR MARCHAMALO & FLORES

Kafka, el oficinista

 

Por Jesús MARCHAMALO

Una vez, asomado a la ventana de la casa de sus padres, fue señalando los lugares de la ciudad que, a modo de puntos cardinales –norte, sur, este y oeste-, delimitaban su mundo, minúsculo y pequeño como el de los relojes. La casa en la que había nacido; detrás, el instituto; un poco más allá, la universidad en la que se licenció en Derecho, y al lado de la plaza, la oficina. Un edificio de aspecto vagamente austrohúngaro que era la sede del Instituto de Seguros contra Accidentes de Trabajo, donde empezó como pasante y donde, con los años, fue ascendiendo hasta ser vicesecretario y secretario. Todo accesible, cercano, próximo. Tanto que a veces tenía la impresión de no haberse movido nunca.  

Porque de aquellas callejas empedradas de su odiada Praga, imperial, imposible, que recorría a diario –tiqui, tiqui- con paso apresurado y unos zapatos negros, sólo salió un par de veces, tres como mucho: alguna excursión, algún viaje corto, además de sus escapadas en tranvía. Solía cogerlo hasta la última parada, donde terminaba la ciudad, vestido siempre de negro -como un enterrador-, camisa blanca y lazo o pajarita, y un extraño, simpático bombín en la cabeza. Alto como un pararrayos.

Allí se lo cruzaba, a menudo, Vera Nabokov. Y de él recordó toda la vida su palidez extrema, la tirantez de su piel en la cara, y los ojos brillantes, azules y brumosos, afilados como los de un hipnotizador, un mago.

Trabajó durante años, de ocho a dos, en un despacho al que se llegaba por un pasillo umbrío lleno de archivadores, donde olía a tabaco rancio, y a goma de pegar. Un opresivo universo de bandejas de baquelita, plumas fuente, sellos de caucho, informes -a veces un plato de peras-, y un reloj que marcaba la frontera entre el mundo real, por las mañanas, y la literatura, por la noche, en su casa, con luz artificial. Folios y folios que destruía a menudo, o que escondía en el piano.   

Tuvo dos o tres novias a las que mandaba cartas, con las se prometía y nunca se casaba, y un padre omnipresente y burocrático. Un hombre de aspecto decimonónico, con bigote, esclavina y anillo, con pinta de intendente o potentado, al que una vez llevó uno de sus libros, recién salido de la imprenta. “Déjalo ahí, en la mesa”, le dijo con desgana -la mano regordeta, indolente y exangüe-, incómodo porque le había interrumpido.  

Antes de morir dejó dicho que destruyeran todo cuanto había escrito. Que hicieran un montón de cuartillas y folios, y holjas sueltas de notas, y lo prendieran fuego. O eso entendió Max Brod, su amigo, que no le hizo ni caso. Así podemos leerlo ahora; lo desasosegante, lo indecible, esa obsesión tan suya, tan… kafkiana.  

Un día escupió sangre. Tiempo después murió. Y fue su última novia, Dora Diamant, una actriz, quien, teatral como correspondía, se acercó hasta la cabecera de la cama, y le cerró los ojos.

 

*El viernes me llegó el libro ’44 escritores de la literatura universal’ (Siruela), de Jesús Marchamalo, con ilustraciones de Damián Flores. Se trata de un libro precioso, una auténtica maravilla del daguerrtotipo literario corto. Cuelgo aquí el retrato de Kafka, por cortesía de Jesús Marchamalo, de Damián Flores y de Siruela.

PEPE MELERO: 'LA VIDA DE LOS LIBROS' 2

PEPE MELERO: 'LA VIDA DE LOS LIBROS' 2

En el artículo anterior, se me ha colado Pepe Meletro. Por supuesto que es Pepe Melero, José Luis Melero Rivas.

 

No puedo rectificar. El sistema me dice siempre:

No existe el artículo con id:

 

Lo dicho: es Pepe Melero el autor de ‘La vida de los libros’. La foto es de Gerald Bloncourt y está tomada en 1978.

PEPE MELETRO: 'LA VIDA DE LOS LIBROS'

PEPE MELETRO: 'LA VIDA DE LOS LIBROS'


Anoche, en la gran fiesta de Los Portadores de Sueños –Félix y Eva, Eva y Félix, que celebraban sus primeros cinco años rodeados de amigos de todo el país-, un poco antes de que comenzase el diálogo de Luis Alegre, David Trueba e Ignacio Martínez de Pisón en torno a ‘¡Viva Berlanga!’ (Cátedra), apareció Pepe Melero con una bolsa llena de libros, de ejemplares de su último libro: ‘La vida de los libros’, una selección de sus artículos de los jueves en ‘Artes & Letras’, por los que recibe ese mismo una docena, como mínimo, de felicitaciones, desde Miguel Mena hasta Eduardo Bandrés, pasando por otra montaña de ‘letraheridos’, de aquí y de allá. Pepe Melero, como Luis Alegre, es un coleccionista espontáneo de amigos. El libro lleva una cuidada portada de Jorge Gay, autor también de uno de los exlibris de Pepe. El conjunto es una joya: son textos de 1800-1900 caracteres, repletos de información, de curiosidades, de historias secretas, escritos con un pulso seguro: con elegancia, precisión, sentido de la belleza y la plasticidad, y esa pizca de hermoso humor, ese amasijo de complicidad y compasión, que el bibliófilo usa en todo cuanto todo: en la vida, en la amistad, en el amor, en las tertulias.

Este libro hará felices a los lectores. Es erudito, cercano, divertido, un excelente libro, sin duda. Abajo, tomo –como el gran Víctor Juan en su página diaria- el espléndido fragmento de promoción de Xordica para ‘La vida de los libros’. Un fragmento que define muy bien el contenido y al autor.

 

 

NOTA DE XORDICA

Los libros de José Luis Melero son vitrinas donde se preservan con mimo las literaturas perdidas, una suerte de muestrarios de antiguas telas con los que disfrutar de libros y autores olvidados como si fueran paños o sedas de otros tiempos, y también una invitación a dejarnos seducir por la atracción irresistible de aquellos escritores que hicieron del fracaso el eje de sus vidas. En La vida de los libros encontraremos muchos autores apenas recordados: Mariano Sebastián, que firmaba como "autor de lo peor que se ha publicado hasta el día", José Soler Casabón, el amigo de Picasso, Apollinaire y Reverdy, que sólo imprimió 34 ejemplares de su único libro de versos publicado al salir del campo de concentración de Argelès, Julio Angulo, el hombre que le colocaba a Jarnés sus novelas sicalípticas en las colecciones galantes, o José Ayala Lorda, que con sólo 17 años fue condenado a más de dos años de presidio por escribir un artículo insultante contra Alfonso XIII. Por fin todos ellos van a leerse en el mismo cuerpo de letra que algunos de las más grandes como Clarín, Juan Ramón Jiménez o Jaime Gil de Biedma, de los que en este libro se cuentan esas historias menudas por las que casi nunca se interesan los manuales. La vida de los libros es un libro imprescindible para acercarse a la literatura más suburbial y arrabalera.

 

La vida de los libros. José Luis Melero Rivas. Xordica. Zaragoza, 2009. Presentación el día cuatro de diciembre en Los Portadores de Sueños, con la presencia de Luis Alegre y de Félix Romeo. A las 20.00 horas. Arriba se ve la preciosa portada de Jorge Gay.

TONI MARI Y CHANTAL MAILLARD

TONI MARI Y CHANTAL MAILLARD

El pasado viernes estuve en Calaceite. Llegué tarde, me confié en exceso y me perdí cerca de Monroyo, a un homenaje entre amigos a Teresa Jassà: ceramista, poeta, narradora, memoria vida del Matarraña, conversadora amenísima, ya fallecida. Después de la intervención –junto a José Ignacio Micolau, Darío Vidal, Fidel Ferrando, Carme Portolés y la alcaldesa Rosa-, fuimos  a ver en e l Museo Juan Cabré la gran exposición de homenaje a Goya que realizó, en cerámica, Teresa Jassà. Me pareció espléndida, llena de matices, de talento, de fuerza, de soluciones estéticas en cerámica, vidrio, manufactura del alma. Por allí andaba, junto a su esposa, uno de mis editores más queridos: Antoni Mari, que tiene casa en Calaceite. Toni Mari es el editor de la colección de poesía ‘Nuevos Textos sagrados’ (del sello Tusquets), una de las más hermosas creo que del mundo. Me encanta su clasicismo, su elegancia, su tipografía, incluso cierto aire místico que tiene. No sé explicar del todo porque me gusta tanto. Desde siempre.

Hablamos un rato de las pequeñas cosas de la vida, alguien interrumpió un segundo esa conversación y luego nos perdimos de vista; ni alcanzamos a despedirnos. Me dio mucha pena. Le tengo un inmenso aprecio al poeta y narrador, editor y filósofo. Toni Mari es un escritor elegante, un colega, se interesa por su interlocutor: qué escribe, cómo ha ido tal o cual libro, cómo andan los hijos. Uno de los libros que más me gustan es ‘El vaso de plata’, editado por Pre-Textos y hace poco por Luis Solano en Libros del Asteroide. A Luis Solano lo vi un instante anoche en la gran fiesta de Los Portadores de Sueños, y hablamos de un común amigo Domingo Villar; bueno, amigo suyo desde la niñez. Y conocido mío de este verano.

 Ayer me llegó un nuevo título de una poeta y memorialista a la que admiro: Chantal Maillard. El libro, que ya había sido publicado al menos en parte, se titula ‘Hainuwelle y otros poemas’. Leo: “’Hainuwelle’ siempre ha sido, para mí, el libro más querido y el único que nunca me arrepentí de haber escrito. Es esta la razón por la que aparece aquí completo y sin retoques”.

No me ha dado tiempo a leerlo completo. Es un libro extenso y hermoso. Me han gustado textos como estos, que ilustro con esta sugerente foto de Ted Preuss, tomada en 2008.

 

Hoy he mirado a un hombre y él

no pudo desprenderse de mis ojos.

Corrió como una llama por el bosque

y algo se puso a arder entre mis pechos.

Quise apagarlo con la lengua

y reíste, Señor,

te reíste de mí

y borraste la luna con un gesto de nube

precipitada.

 

 

Tú eres el fuego y mis manos que no arden
y el haya ennegrecida y seca
y la tizne que mancha la piel de los reptiles

pero ya no, ya no, ahora

 

(unas palabras se agitan como semillas en una calabaza)

eres la lengua de la víbora

cuando intercepta el rayo en su caída.

 

BUÑUEL, M. HERNÁNDEZ, CHENOA, IBARZ, FRESÁN, B. PITARCH: HOY EN 'BORRADORES'

BUÑUEL, M. HERNÁNDEZ, CHENOA, IBARZ, FRESÁN, B. PITARCH: HOY EN 'BORRADORES'

Actuación: Luis Felipe Alegre recita y recuerda a Miguel Hernández

Entrevistas en plató: Román Gubern (historiador de cine), Beatriz Pitarch (escritora y locutora de radio) y Javier Sangrós (bailarín)

Reportajes: Mercè Ibarz (escritora en catalán, de origen aragonés), Rodrigo Fresán (escritor argentino) y Chenoa (cantante)

 

El rapsoda y director teatral Luis Felipe Alegre recitará tres sonetos de Miguel Hernández (1910-1942), entre ellos el que inspiró el nombre de su grupo, El Silbo Vulnerado, y hablará de un nuevo montaje inspirado en el poeta alicantino, del que se inicia ahora la celebración de su centenario, que se representará en el Teatro Arbolé y con el que realizará algunas actuaciones por España.

 

Visitan el plató de ‘Borradores’ el historiador del cine Román Gubern, la escritora y periodista Beatriz Pitarch y el bailarín Javier Sangrós. Román Gubern es coautor, con Paul Hammond, del libro ‘Los años rojos de Luis Buñuel’ (Cátedra), donde aborda el período de 1930 a 1938 en la vida del cineasta de Calanda: su militancia surrealista que cambiaría por el comunismo, el rodaje de ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’ o sus años de montador para el cine comercial así como dos películas sobre España. Beatriz Pitarch acaba de publicar ‘El chador azul’ (Laertes), basado en el viaje que realizó con su madre Asun a Irán. El libro es como un diario de viaje o una especie de crónica de un país marcado por la hospitalidad, la ausencia de libertad y la hipocresía. Javier Sangrós es un bailarín zaragozano, formado en el Estudio de María de Ávila, que va a participar en el montaje ‘Sin Dios’ de la compañía Provisional Danza de Madrid, que se estrena en el Teatro Principal el próximo jueves, bajo la dirección de Carmen Werner.

 

Además, ‘Borradores’ ofrece un reportaje con la escritora Mercè Ibarz, autora de ‘La tierra retirada’, un texto que antes publicó en catalán, en el que narra su infancia, su adolescencia y la dolorosa destrucción del campo en su localidad natal: Zaidín. Ibarz, que hizo su tesis doctoral sobre el escritor, artista y pedagogo Ramón Acín, dice que Zaidín es su laboratorio y observatorio de creación. Rodrigo Fresán, uno de los escritores jóvenes argentinos con mayor repercusión en el mundo, habla de dos libros: su novela ‘El fondo del cielo’ (Mondadori), una historia de amor entre extraterrestres que se desarrolla a partir del 11-S, e ‘Historia argentina’ (Anagrama), un volumen de relatos que aborda los asuntos capitales y también tópicos de un país tan contradictorio como el suyo.

El programa se completa con una entrevista con la cantante Chenoa, que acaba de publicar su quinto álbum: ‘Desafiando la gravedad’. María Laura Corradini, que es el verdadero nombre de esta intérprete de origen argentino que se dio a conocer en ‘Operación Triunfo’, habla de sus pasiones literarias: Stephanie Meyers, Stieg Larsson o Danielle Steele, entre otras.

 

Borradores. Aragón Televisión. Producción: Oscar Racero. Redacción: Ana Catalá Roca. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. Jefa de contenidos de CHIP: Ana Cermeño. Esta noche, a las 23.40 horas en Aragón Televisión (Canal Satélite, 97; Imagenio, 187). (La foto es de Michael Ezra de la serie 'Reflections').

PABLO GALLO ILUSTRA A NACHO VEGAS

PABLO GALLO ILUSTRA A NACHO VEGAS

El pintor Pablo Gallo ha ilustrado la reedición de «Política de hechos consumados», el primer libro del músico asturiano

 

 

 

Javier Becerra  / La Voz de Galicia

 

 

Cuando a finales de los noventa el asturiano Nacho Vegas se desligó de la que era su banda, Manta Ray, pocos podían prever que su trayectoria alcanzara las cotas de excelencia que ha demostrado durante esta década. El particular relato que guía su música ha ido enamorando, poco a poco y lentamente, a cientos de personas hasta convertirse en una referencia clave del rock contemporáneo. En A Coruña, por ejemplo, su primer concierto lo dio en el 2001 en la sala Mardi Gras ante medio centenar de personas. El último, la primavera pasada, tuvo lugar en un Teatro Colón que había agotado el papel con varios días de antelación.

Entre esos fans se encuentra el pintor coruñés Pablo Gallo. «Es uno de los músicos españoles que más me gustan y me encanta su directo», explica. Precisamente, a la vuelta de uno de sus conciertos, Gallo realizó un dibujo que enamoró a los responsables de Limbo Starr, la discográfica del cantautor asturiano. «Suelo hacer una especie de diario gráfico en Internet con dibujos y retraté a Vegas», comenta el pintor. Ese dibujo hoy luce en la portada de la reedición de Política de hechos consumados, un libro de relatos, monólogos y poemas que Vegas editó en el 2004. El sello del músico lo recupera en una lustrosa edición con dibujos de Gallo.

«Me gustan, son inquietantes», dijo Vegas tras verlos y pedir que todos fueran incluidos. Gallo, que previamente solo contaba con la ilustración de la portada, le dedicó tres días de trabajo y sumersión total en el descarnado mundo de Vegas. Un universo de renglones y metáforas que muestra el lado sombrío de la vida. «Estuve escuchando sus discos y leyendo los textos. Si te metes en ellos te impregnas. Es una parte que todos tenemos y la suya resulta muy atractiva. Su música y sus textos te sugieren muchas imágenes y piden que las ilustres».

En el proceso, Gallo creó con total libertad («ni el autor ni la editorial vieron ni me dijeron nada hasta que estuvo terminado») y trazó un universo iconográfico que se funde a la perfección con la literatura de Vegas. Ello empieza por la técnica elegida: «Empleé plumilla y tinta china, que da aspecto de grabado, algo muy duro que conecta con la crudeza de los textos». Y continúa con el contenido: «Hay muchos elementos marinos que salen en sus canciones. Luego, todos esos corazones, venas, etcétera son porque en su mundo existe mucha visceralidad y casa muy bien con ello».

El resultado es un libro coqueto e imprescindible para los seguidores del músico. ¿Habrá más experiencias similares en el futuro? «Por ahora no», comenta Gallo, que trabaja en un proyecto en el que Nacho Vegas le devuelve la intervención. Se llama El libro del voayeur y 65 personas escriben un relato erótico que Gallo interpreta. «Aún no hay fecha de salida», dice.

*Pablo Gallo me ha mandado esta noticia que se publicó en 'La Voz de Galicia' el pasado 27 de noviembre. Pablo es paisano mío, conoce mis parajes de Arteixo, Armentón, Campolongo y demás, aunque vive en Bilbao. Es pintor, dibujante y realizador de vídeos. Es un tipo muy dinámico e incansable que ha retratado a un sinfín de escritores españoles. Este texto pertenece al periodista del gran periódico gallego Javier  Becerra.