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Antón Castro

ADIÓS A SOL ALAMEDA, CONVERSADORA

ADIÓS A SOL ALAMEDA, CONVERSADORA

Desde hace más de veinte año colecciono todos los suplementos de 'El País Semanal'. Me han acompañado de mudanza en mudanza, como un viejo ajuar, como ese fondo de armario donde siempre encuentras lecturas, temas, personajes y fotografías que quieres volver a ver. Entre esos suplementos hay algo que amo especialmente: las entrevistas en profundidad. Las entrevistas de Rosa Montero, que luego recogió en varios libros, las entrevistas de Sol Alameda, una periodista a la que siempre he admirado por su discreción, por su humanidad, por su intensidad sigilosa y por su elegancia. A diferencia de Rosa Montero, que parecía formar parte de la entrevista, juzgar con severidad en ocasiones, con idolatría en otras, y conste que eso también me gusta (vean la entrevista, amasada con antipatía inmediata, que le hizo a Montserrat Caballé), Sol Alameda preguntaba y preguntaba y preguntaba, con la certeza de que el mejor retrato psicológico nacía de las propias palabras del entrevistado: de lo que decía, de lo que callaba, de lo que ocultaba, aunque sus entrevistas también solían tener un retrato inicial de contexto, casi una etopeya. Fallecía hace unos días Sol Alameda. Leo la necrológica de Nuria Escur en 'La Vanguardia', leí otras, leí la de Fernando Trueba, la de Juan Cruz, de la Gabriela Cañas, la de Carmen Pérez-Lanzac, que contaba una anécdota que me pareció muy divertida. Le dijo que le gustaría acompañarla a una de sus entrevistas; Sol contestó: “No. De ninguna manera. No se lo permito ni a mi hija”. Nuria Escur también reproduce esta anécdota, aunque no cita a Carmen Pérez-Lanzac. Dice, por cierto: “Para Alameda la entrevista no fue nunca un mero trámite o un intercambio de información a la búsqueda de un titular. Era un verdadero ritual, una puesta en escena que merecía, al menos, la garantía de la privacidad”. Conozco a Emilio Martínez Lázaro, coincidí con él en algunos de sus rodajes (siempre recordaré el de 'La buena vida' de David Trueba), visitó 'Borradores' con Ignacio Martínez de Pisón. Desde aquí a él y sus amigos, a los amigos de Sol Alameda, que nos daba sencillas e intensas lecciones de periodismo, les envío un abrazo. Hay seres maravillosos que te esclarecen la vida aunque nunca llegues a conocerlo. Con Sol Alameda siempre tuve la sensación de que era esa maestra cálida que enseñaba a diario y a la que nunca llegarías a conocer. En el bajo de mi casa, están casi sus 'Obras completas'.

 

*Encuentro esta puesta de sol sobre el mar, y aquí queda como homenaje a Sol Alamedad, la maestra de la conversación.

Estoy en  Barcelona con Aloma  en el hotel Ciutat Vella en la calle Tallers. Andaremos por aquí  hasta el viernes. Me ha escrito Roberto Abizanda y me dice que ya se ha reparado parte del fallo del servidor. Ha cambiado la configuración de la página, pero pronto recuperaré la normalidad.

Anoche, el Paseo de Gracia me pareció precioso y lleno de vida. Estuvimos en la casa Batlló, ante la Pedrera, dejándonos ir por el placer de caminar por esta ciudad tan hermosa.

*La espectacular Casa Batllo de noche. La visión, la beldad y el ingenio poético de Antoni Gaudi.

LAS OTRAS MUJERES DE FERNANDO VALLS

LAS OTRAS MUJERES DE FERNANDO VALLS

Ayer recibí una cariñosa nota de Fernando Valls, el profesor y editor que se ha especializado en narrativa española, especialmente en el cuento. Es un gran apasionado a las fotos, y me invitó a que visitase su blog para contemplar unas espléndidas instantáneas de Natalia Vodionova, a la que retrató tiempo atrás la gran Annie Leibovitz. Copio aquí una de las fotos de Fernando, un gran enamorado de la belleza femenina, un gran enamorado de la belleza sin más.

EXCURSIÓN A PIRINEOS SUR EN LANUZA Y SALLENT

EXCURSIÓN A PIRINEOS SUR EN LANUZA Y SALLENT

Ayer por la mañana, tras hablar con Ainhoa Camino, me fui a Formigal. Tenía una comida y una entrevista con el director de Pirineos Sur, Luis Calvo. Me gusta mucho salir hacia el corazón de las montañas con tranquilidad, con tiempo: habíamos quedado a las tres y salí de Zaragoza hacia las doce y cuarto. En el coche, además de la voz de David Marqueta y de Mónica Farré, llevaba ‘La piel de Sara’ de Javier Ruibal y el último disco de Marianne Faifhfull, entre otros. Ruibal me dedicó ese álbum poco después del nacimiento de mi hija Sara. Me dijo: “La canción que da título al disco cuenta la historia de una prostituta pero es una historia tierna”. Narra la vida de un mujer, con ojos de color candela y esas cinturas que hacen enloquecer a su paso (como suele ocurrir con las mujeres de las canciones de Ruibal: pienso en ‘La reina de África’), que recibe a los maduros y a los escolares, y tiene una historia de amor con el joven hijo del comisario. Eso sonaba aquí y allá, camino de Almudévar, y de nuevo al pasar por el Monrepós, donde sucedió eso que nunca deseas: un camión de muchas toneladas te sigue los pasos y parece que de un momento a otro se te va a empotrar en los descensos vertiginosos o incluso en el túnel donde te piden ir a 40 y eres incapaz con esa sombra detrás. Sospecho que recibiré alguna multa y habré perdido algún punto.

Cuando dejas atrás Sabiñánigo y tomas la dirección de Biescas ya se impone, por completo, la grandiosidad pirenaica: ese país de montañas y de celajes. Me encanta Formigal: creo que nunca lo había visto así, como ahora, despojado de nieve. Los montes parecían praderas tamizadas de luz, praderas peinadas por una suave brisa de cumbres, abismos y roquedales que pugnan en un arduo tránsito entre el llano y el cielo. Por allí andaba José Luis Cortés, que esperaba a Omara Portuondo, la gran y menuda dama cubana, esa mujer de cristal y rabia a la que oí cantar en el Teatro Nacional de La Habana en el verano de 1997: dedicaba sus temas a los amigos de Matanzas, de Trinidad, de Camagüey, de Cienfuegos, de Santiago o de Cumanayagua, un lugar con castillo y perpetua luna que certifica la existencia del realismo mágico. Entonó ‘La Era está pariendo un corazón’, y el mundo pareció desplomarse en el corazón del teatro. Qué garganta de luz y de bambú. José Luis estaba muy contento, y me dijo algo bonito: “Luis Calvo siempre cuenta con nosotros para trabajar. Es de los pocos que cuenta con los managers de la tierra, y eso hay que agradecérselo”.

Por Formigal, en esa mar de músicos de distintos lugares del mundo (vi a un senegalés que aún llevaba el ritmo en el cuerpo tras la parranda de la noche anterior), estaba Gonzalo de la Figuera, que elogió el proyecto de Biella Nuey y un grupo de músicos de Casablanca, “para mí ha sido la gran apuesta del festival, algo maravilloso, que ha funcionado espléndidamente, y tengo la sensación de que lo han valorado más fuera que dentro”. Gonzalo es un asiduo de Pirineos: vive allí su pasión por los sones de la tierra, por la convivencia de músicas y de músicos. Gonzalo es letrista, músico y crítico musical de 'Heraldo de Aragón'. Conoce como nadie las mágicas noches de Sallent de Gállego y las del pantano de Lanuza, que es un lugar realmente espectacular. Uno de los músicos calificó ese escenario como el mejor al aire libre de la tierra. En la comida, se habló de todo. Estuvimos Luis Calvo, el director del festival, el viajero incansable, el buscador de músicas, líneas de investigación y de compromisos con otros certámenes; Ainhoa Camino, una donostiarra que ha convertido a Jaca en su casa, desde la que imparte lecciones de cariño y de periodismo en compañía de Juan Gavasa; Montse, la compañera de Luis, traductora, free lance del universo de la música y del cine (está muy vinculada al Festival de Huesca desde hace años), y lectora apasionada de Jesús Moncada, que es su escritor favorito y del que dice que posee un hermoso y complejo y fascinante catalán, Gonzalo y yo. Hablamos de todo: de los grandes conciertos, de Aragón, de música, radio y televisión, de política, de numerosos intérpretes, de amigos como Isidro Ferrer, Pepe Escriche y Alberto Sánchez, e incluso de fútbol. O de los lugares del mundo donde Luis y Montse habían visto, en el canal satélite, programas como ‘El reservado’ o ‘Borradores’, entre otros.

Fue una estupenda tertulia. Luego hicimos la entrevista, muy cerca del periodista musical que es Rubén Caravaca, el hombre que lo  sabe casi todo del festival y de la música. Y bajamos a hacer fotos, que tomaría Marta Marco, en Sallent de Gállego, en el puente, y luego en el escenario de Lanuza. Me encantó el escenario y el montaje de Sallent, los puestos del mercadillo, los restaurantes de casi todos los lugares, la alegría de la gente, la camaradería, el clima de convivencia y de trasvase de emociones, la solidaridad y la atmósfera multirracial. Me gustó ese ámbito: la proximidad de las colinas, las casas, me gustó mucho estar en la tierra de Fermín Arrudi, uno de mis personajes más queridos del Aragón del siglo XX.

Mientras esperaba las fotos de Marta Marco, me encontré con la fotógrafa Pilar Hurtado, el crítico musical y escritor Javier Losilla, y su nena Alba, rubia y preciosa, completamente empadrada. Javier está muy bien, cariñoso como siempre, es un estupendo amigo desde hace casi veinticinco años: coincidimos en ‘El día’ y ‘El Periódico de Aragón’; es un asiduo de Pirineos Sur y uno de los habituales de sus espléndidos catálogos, cuyo motivo diseñó Isidro Ferrer y luego él y otros artistas han ido realizado variaciones a lo largo de las 18 ediciones.

Amenazaba tormenta de verano. El tiempo no ha favorecido las actuaciones. Hablamos de Compay Segundo, de Manu Dibango, de Youssou N’Dour, de Ismael Lema, de formaciones de mil y un lugares, de Marianne Faithfull, que ofreció un espléndido concierto, de la ilustradora Sonia Pulido, que hizo el cartel del Festival de Cine de Huesca de 2009. Poco antes de la despedida, volvieron a asomar a la conversación escritores catalanes y aragoneses: Jesús Moncada de nuevo, y sus traducciones en el mundo, Mercè Rodoreda, Pere Calders, Manuel de Pedrolo, etc.

Salí a las nueve de la noche. Tuve un viaje tranquilo. Con Marianne Faithfull, con muchos otros. De repente, me enteré de que España era transformada grotescamente, hacia los insoportables tonos del humo y del negro en verano, por el fuego. Mi suegra y mis cuñados y mis sobrinos habían tenido que marchar de Ejulve, el incendio avanzaba por Majalinos y por La Zoma y por Aliaga, y obligó a desalojar las viviendas. Llegué a las doce de la noche y aquí estaban todos, en casa, cerca de la piscina, bajo el cielo constelado, contando su inesperada fuga. Mi cuñado José Antonio fue el único que tuvo tiempo de preparar su ropa interior. Él, que sueña que vuela y no aterriza nunca y que se acompaña de una máquina ruidosa de oxígeno. José Antonio Ortuño, mi concuñado de Orihuela (Alicante), como a él le gusta decir. “Tú eres mi concuñado”.

*Instantánea del concierto de Biella Nuei y Azawan, con Luis Miguel Bajén en primer término (no conozco el nombre de vocalista marroquí). La foto es de Marta Marco, fotógrafa del Festival con Pilar Hurtado.

NOTAS DE LECTURA: NÉSPOLO, FERRERO, BARBA, MIÑANA

NOTAS DE LECTURA: NÉSPOLO, FERRERO, BARBA, MIÑANA

Siete maneras de matar a un gato

Matías Néspolo. Los libros del lince. Barcelona, 2009. 218 páginas.

En esta novela todo impone: empezando por esa imagen de los niños que conviven con el abismo en un alambre de un pilar de hormigón. El argentino Matías Néspolo (Buenos Aires, 1975) bien podría haberse inspirado en ‘Los olvidados’ de Buñuel o en ‘Ciudad de Dios’ de Meireles para trazar una vida en los suburbios. Narra la historia de dos muchachos, el Chueco y el Gringo, que aceleran su crecimiento matando gatos “por las buenas o a la brava” y viviendo sórdidas aventuras. En manos del Chueco cae una pistola, y eso le va a convertir en un cacique de la infamia, y el Gringo descubre el amor, el sexo y las aventuras de ‘Moby Dick’, y con ello quizá una forma de eludir la delincuencia.

 

El beso de la sirena negra

Siruela. Serie Policiaca. Madrid, 2009. 162 páginas.

Debuta el experimentado Jesús Ferrero, el mismo que deslumbró con ‘Belver Yin’ o ‘El efecto Doppler’, en la novela negra con una historia perturbadora, que participa del ángulo oscuro de la mente y de la sordidez. En cierto modo, podría decirse que ‘El beso de la sirena negra’ también es un ejercicio de literatura fantástica. La investigadora Ágata Blanc es contratada por una aristócrata para saber dónde está su hija Alize. Esa búsqueda la conducirá a París y a un territorio peligroso que tiene mucho que ver con los terribles secretos de familia, el crimen, la turbiedad e incluso la atracción lésbica. El relato no siempre sigue el cauce de lo real: a veces camina por una libresca inverosimilitud.

 

100 españoles y el sexo

David Barba. Plaza & Janés. Barcelona, 2009. 826 páginas.

David Barba ha realizado un centenar de entrevistas para conocer la revolución sexual que ha vivido España desde la posguerra hasta nuestros días. El libro está bien estructurado y abarca temas como las suecas, la represión, el destape, la homosexualidad, la pornografía, la prostitución o el cibersexo. Algunos diálogos con conmovedores: el de Manolo Escobar, a quien le pedían cinco segundos de amor para tener un hijo suyo; el de Alfredo Landa, que encarna la represión más feroz; las dos historias de iniciación con putas de Marcos Ana, nada más salir de la cárcel, y Luis García Berlanda, con “una puta coja”. También hay frivolidades: la sobrina de Rouco dice que su tío ha tenido relaciones sexuales.

 

Las esquinas de la Luna

Luisa Miñana. Eclipsados. Zaragoza, 2009. 56 páginas.

De Luisa Miñana conocíamos la novela ‘Pan de oro’ y un libro misceláneo de relatos, poemas, ensayos y fotos que apareció en la red: ‘La arquitectura de tus huesos’. Publica ‘Las esquinas de la luna’, poemas que hablan de la soledad, del amor, de la convivencia, de los sueños que no acaban de cumplirse pero que resulta bonito soñarlos. Habla, en verso libre, de una mujer varada en sí misma y en el desamor, que oye la radio, que viaja, que contempla la luna, que sueña las caricias, que increpa al amado. Y no solo eso: en ese tránsito más bien intimista y un tanto doliente, también hay lugar para la evocación en Ibiza, junto al faro, y para disfrutar de la pintura de Leonardo Da Vinci.

 

 

SERGIO DEL MOLINO: LOS ALEMANES DEL CAMERÚN

SERGIO DEL MOLINO: LOS ALEMANES DEL CAMERÚN

Recibo esta carta de Sergio del Molino con la noticia de su nuevo, que es un trabajo de investigación sobre los alemanes del Camerún que recalaron en Zaragoza:

 

Hola, Antón:

Me acaban de mandar la portada del libro de los alemanes, que saldrá en septiembre y presentaremos en octubre. Ha quedado con un punto bizarro que me encanta. La foto es un retrato de grupo de unos alemanes del Camerún en Zaragoza en 1916. El segundo por la izquierda es Paul Bieger, uno de los protagonistas del libro, y el chaval negro al que obligan a estar de pie es su criado camerunés, Nsango. La foto me la ha cedido su nieto, Pablo Bieger.

NOTA DE CONTRAPORTADA

En mayo de 1916 llegaron a Zaragoza 347 internados alemanes procedentes de Camerún. No eran muchos, pero llamaban la atención una barbaridad. Esos germanos, civiles y soldados, pusieron la ciudad patas arriba durante un tiempo y, al terminar la Gran Guerra, muchos consiguieron esquivar la orden de repatriación y se quedaron en el país. Fueron el germen de una colonia alemana muy influyente y unida por lazos de sangre, amistad y dinero con las élites de Zaragoza. En Soldados en el jardín de la paz, Sergio del Molino rastrea parte de su historia por las calles de la capital aragonesa.

 

 

ENRIQUE DE HÉRIZ: DIÁLOGO SOBRE MAGIA Y CEGUERA

ENRIQUE DE HÉRIZ: DIÁLOGO SOBRE MAGIA Y CEGUERA

El escritor publica 'Manual de la oscuridad', la histoira de Víctor Losa, 'el mago más célebre del mundo que se quedó ciego', una historia que también revisa la historia de la magia en el siglo XIX

Enrique de Hériz (Barcelona, 1964) ha sido editor, es traductor de Noah Gordon y ha tenido un impresionante éxito con su novela ‘Mentira’ (Edhasa, 2004). Cuando la estaba acabando, pasaba con cierta frecuencia ante una tienda muy sugerente: El rey de la Magia, de Barcelona. Le atraía aquel espacio, su misterio, y pensó que había un inequívoco paralelismo entre el mago y el escritor, entre la magia y la ficción. Dice: “Tanto el espectador como el lector saben que hay truco, pero si se produce el milagro de la comunicación y del deslumbramiento, el uno como el otro se quedan boquiabiertos, fascinados, conmovidos”.

Otro día, al pasar por ese mismo lugar, vio que se iba a impartir, a lo largo de varios meses, un curso de magia o de ilusionismo. De Hériz se apuntó. Como solo se inscribió él y un joven de doce años, se modificó el plan, se realizó un curso acelerado y el escritor aprendió algunos secretos. “No puedo presumir. Soy un mago malísimo, pero el profesor me contagió el entusiasmo visceral, la pasión por la magia. Me orientó y me dijo qué momento de la magia es el más fascinante, qué movimientos había, etc.”. Así fue brotando la historia y los personajes de ‘Manual de la oscuridad’ (Edhasa, 2009), un libro de 560 páginas que ha presentado esta semana en Zaragoza. Narra la historia de Víctor Losa, que llega a ser el mejor mago del mundo, ayudado por su preceptor Mario Galván, y que luego entra en una profunda crisis derivada de su pérdida de visión. La novela recrea la magia del siglo XIX, a través de personajes como Hoffmann y su ‘Modern Magic’, Maskelyne, Harry Kellar y otros, que viven un período en que ilusionismo y ciencia avanzan de la mano.

“No soy un escritor que planifique los libros, que haga esquemas previos. Desde el primer momento tuve claro que el mago iba a quedarse ciego, y la documentación de esa parte sí que fue brutal. Contacté con una persona de la ONCE, y yo empecé a tomar notas y más notas. De repente, me dijo: ‘No, no. Vamos a la calle’. Me puso un antifaz y me mandó a la calle. Iba con ella, por supuesto, pero me obligaba a tomar contacto físico con las cosas, a superar dificultades, a captar sonidos y olores. Tuve muy claro desde el principio que mi mago iba a quedarse ciego”. Añade el escritor: “Yo escribo ‘a ciegas’ siempre. Quiero decir que parto de una situación conflictiva, y mis libros avanzan porque investigo e intento contestarme a cada paso ‘Y ahora qué’. Mi trabajo de novelista consiste en preguntarme las suficientes veces ‘y ahora qué’ y en responder con coherencia y eficacia”.

‘Manual de la oscuridad’ empieza con una imagen: un mago célebre en medio de la escalera que acaba de quedarse ciego. Y desde ahí, “el lector sabe lo mismo que el escritor, odio esas malas novelas con truco que se sacan de la manga un pretexto o un objeto determinante del que no se había hablado antes”. La novela consta de dos partes: la primera se centra en la construcción de un mago y su educación sentimental, que discurre a la par de varias historias vinculadas con la magia del siglo XIX, y el relato de la ceguera, ese momento en que Víctor Losa tendrá dos cómplices que le ayudan en su viaje entre tinieblas: la prostituta Irina y Alicia, la mujer que todo lo sabe sobre la oscuridad. “Yo creo que la novela aborda la muy humana facultad de ponerse en el lugar del otro. Alicia lo intenta una y otra vez, y le muestra a Víctor Losa el modo de reinventarse con sentido del humor e imaginación”.

Como el mago ciego, el novelista es alguien que indaga en la luz y en la sombra en su búsqueda de una senda para la ficción.

*Esta foto de Enrique de Hériz pertenece a los fondos de la Agencia Efe. Este texto aparecía ayer en 'Heraldo de Aragón'.

JUAN PERRO VUELVE: NOCHE DE FELICIDAD EN CASA

JUAN PERRO VUELVE: NOCHE DE FELICIDAD EN CASA

Noche de felicidad en casa

 

Ha regresado Juan Perro, el alter ego de Santiago Auserón (Zaragoza, 1954), ese músico ambulante que se alimenta de las músicas de Cuba y del Caribe, de los sonidos negros de Nueva Orleans, de la samba y de la salsa. Juan Perro cuenta historias, canta a las mujeres, evoca a Compay Segundo o a los soneros arcaicos, busca el swing y juega una y otra vez con su voz de trovador, de cantante urbano que vuelve sus ojos hacia el hontanar rítmico de las primeras melodías y los sones del mundo.

 Juan Perro es un heterónimo y un empeño personal que va más allá de cualquier impostura: con este personaje, Auserón busca ensanchar al roquero de Radio Futura, busca la complejidad en la composición, en las letras y en la actuación misma. En su regreso al Teatro Principal, Juan Perro volvió con fuerza y versatilidad, más divertido y lúdico que nunca, dispuesto a entregarse a sus paisanos, “a sus hermanos del Gancho”. Se acompañó de una banda de tres músicos cubanos, muy talentosos, de esos que saben hacer gozar al público, que entienden que un recital es una fiesta y un ritual, y que tienden un bosque de complicidades sonoras con el vocalista. Juan Perro aludió a Federico Nietzsche y recordó, en su retorno a la raíz, que “todo placer quiere la eternidad”.

En esa búsqueda se lanzó a tumba abierta, espléndido de voz, capaz de varios y sorprendentes registros, muchos de ellos humorísticos, dispuesto a bailar y contagiar su felicidad, dispuesto a soltar un manojo de propuestas, conocidas e inéditas, que encendieron la noche. El público le regaló su admiración de inmediato, y la música transcurrió como un río: apacible por instantes, mágica y alegre, turbulenta a veces, fastuosa, siempre con un ritmo envolvente. Juan Perro se sentía seguro, en la voz y en la guitarra, en sus clásicos, ‘El carro’, ‘Charla del pescado’, ‘No más lágrimas’, ‘El cigarrito’, y estuvo soberbio con los nuevos temas, que ajusta en sus directos, como ‘Río negro’, 'Poco talento', o ‘Dolores’, una de las piezas más celebradas.

Juan Perro realizó uno de esos conciertos donde todo funciona a las mil maravillas: el cantante se siente inspirado y a gusto con su propia exuberancia. Mostró ese arsenal de temas, de líneas de trabajo y de vibración que caracterizan su investigación y su pasión por la música. Y se extendió ampliamente en los ‘bises’. Creo que nunca lo he visto mejor: él, sospecho, se sintió más que nunca profeta en su tierra.

 

Vuelve Juan Perro. Banda: Juan Perro (guitarra y vocalista), Norberto Rodríguez (guitarra), Ronald Morán (contrabajo) y Moisés Porro (percusión). Sábado, 18. Teatro Principal. Casi lleno. [La foto pertenece a http://www.lahuellasonora.com]

 

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