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Antón Castro

GOYA Y MARÍN BAGUËS EN EL PILAR. Por BARBOZA & GRASA

GOYA Y MARÍN BAGÜÉS EN EL PILAR            

 

Dos pinturas sobre tabla inéditas

Francisco Marín Bagüés, importante pintor aragonés de finales del siglo XIX y principios del XX, nació en Leciñena en 1879. El profesor García Guatas, en su estudio sobre el pintor, describe su trayectoria artística y su producción pictórica.

En estas dos pinturas inéditas que presentamos sobre la cúpula Regina Martyrum, pintura al fresco de Goya en El Pilar, Marín Bagüés observa perfectamente al pintor, y lo estudia con atención, ya que él también quiere pintar en El Pilar, y ¡ qué mejor maestro que el propio Goya para inspirar su moderna pintura ¡.

Hacia 1934, con el progreso de la consolidación y restauración de la Basílica de Pilar, parece ser que le encargan a Marín Bagüés la realización de bocetos con idea de completar el panorama iconográfico de las bóvedas. El pintor realiza una serie de seis bocetos para pechinas con un carácter cubista muy interesante y futurista. En 1939 pinta dos bocetos, con forma semicircular por su parte superior, con un carácter más acabado y menos cubista que las anteriores, con vistas a la decoración de la Basílica, pero por fin Marín Bagüés no pintó nada en El Pilar. Quizás, estaban destinados estos dos bocetos al espacio que ocupan los dos cuadros que pintó luego el valenciano Ramón Stolz en la zona central del Pilar.

Estas dos preciosas pinturas inéditas de Francisco Marín Bagüés realizadas en base a las pinturas de Goya en la cúpula Regina Martyrum del Pilar tienen una categoría pictórica excepcional, presentan un equilibrio cromático que ha tenido muy en cuenta la técnica goyesca, a la que añade su peculiar concepción cubista de la composición, pudiendo enclavarse en la época de búsqueda de la materia pictórica y de la evolución de la pincelada en la que el cubismo y el futurismo llamaban su atención, entre 1926 y 1934. Son dos pinturas atentas al momento histórico y artístico, con el colorido y la armonía goyesca.

Actualmente, para nosotros, estas dos pinturas inéditas de Marín Bagüés, de colección particular, tienen un gran interés documental, ya que fueron realizadas antes de la restauración efectuada por Stolz entre 1941 y 1942 y la de Ballester en 1967, y podemos estudiar en ellas el sentido del color que transmitía la cúpula goyesca, lo que nos demuestra que el trabajo que realizamos en la limpieza y consolidación de la pintura de Goya era la correcta (ver reportaje fotográfico comparativo en picasa). Y no como quieren hacer creer en el informe de la última y costosa restauración sufragada por Caja Madrid, en el que publican reiteradamente fotos antiguas de antes de nuestra intervención, para justificar ésta, creándose una confusión cronológica, ya que no aparece en el informe la cúpula en el estado en que la encontraron antes de la intervención actual, sino que remiten a fotos de los años anteriores.  Es el caso de la figura de Santa Engracia que volvieron a repintar, imitando las figuras antiguas de Ballester. Por otra parte, la agresiva limpieza con agua caliente, como describen en el informe, ha debilitado la capa carbonatada original de la pintura al fresco.

                          Carlos Barboza Vargas                Eloísa Teresa Grasa Jordán

Restauradores Facultad de Bellas Artes de San Fernando UNESCO Roma. Miembros de ICOM Ver toda la restauración de Goya en Aragón en www.goyarestauracion.com

y la cúpula   Regina Martyrum   en picasa

 

RECUERDO Y HOMENAJE A JUAN JOSÉ CARRERAS

RECUERDO Y HOMENAJE A JUAN JOSÉ CARRERAS

Recupero aquí este texto que publiqué en ‘Heraldo’, donde daba noticia del último ciclo de conferencias que impartía Juan José Carreras Ares en el Paraninfo de la Universidad. Ahora acaba de aparecer el libro de homenaje ‘Razones de historiador. Magisterio y presencia de Juan José Carreras’, en edición de Carlos Forcadell Álvarez, uno de sus grandes discípulos con Julián Casanova, Ignacio Peiró, Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Carmelo Romero.

 

 

“El mundo es como un texto”

 

 

Juan José Carreras es, esencialmente, profesor y estudioso de la Historiografía, maestro de alumnos. Su discreción e irónica visión de la vida le ha llevado a escribir poco, pero su don de lenguas, el gusto por la erudición y la reflexión han hecho de él un punto de referencia inexcusable, un diletante útil, un conversador infatigable. Su despachos –tanto el de su casa como el de la Facultad- tienen color, aroma y fascinación. Conviven los 39 volúmenes de “El Capital”, azules y en alemán, con Rosa Luxemburgo y las interminables piernas de Madonna o Marlene Dietrich. También están Lenin o Walter Benjamín, al que nos traducirá directamente de su lengua original, y sus notas en tinta negra: esquemas, apuntes para organizar un discurso. Con ese folio pespunteado entre las manos se sienta ante el público y usa su memoria y su gusto por la interpretación, y larga a sus anchas.

Carreras tiene una biografía apasionante: su padre, militante de izquierda galleguista, fue fusilado por la espalda cuando intentaba huir de la cárcel. En casa vivía un tío melancólico que gritó de entusiasmo: “Teruel republicano”. Carreras se trasladó a Madrid y fue un adolescente de Ateneo, contestatario, que frecuentaba a los escritores de los 50: Fernández Santos, Aldecoa, Sánchez Ferlosio. E incluso participó oblicuamente en la fuga de Cuelgamuros; unos días antes del suceso, conversó con uno de sus organizadores, Paco Benet, hermano del escritor; juntos visitaron el terreno. La escapada la perpetraron Nicolás Sánchez Albornoz y Manuel Lamana con dos bellas señoritas americanas: Barbara Mailer y Barbara Probst-Solomon. Se había decantado por la Historia Medieval y marchó a ampliar estudios a Heidelberg. Vivió en el cuarto en que había vivido Karl Jasspers y coincidió con Emilio Lledó. Estuvo allí once años y al cabo de unos años ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Mañana, a las 20 horas, inicia un novedoso ciclo de conferencias en el Paraninfo con el título “Seis lecciones de Historia”.

         “No es un ciclo sobre la historia que ha pasado, sino sobre cómo se ha escrito la historia de la historia que ha pasado”. Dice que su interés por la disciplina se entiende a la luz de su propia biografía intelectual: la de un español que debía familiarizarse con el pensamiento alemán, con la República de Weimar o con la historia del nazismo. “Forzosamente estaba un poco de espectador de privilegio, intentando juzgar los contenidos y los comportamientos”. Desde entonces, se decantó por el estudio de Mommsen, Ranke o Marx. Sus trabajos han cuajado en un volumen antológico: “Razón de Historia. Estudios de historiografía” (Marcial Pons / PUZ, 2000).

         Con ese bagaje y una extensa travesía de fondo, acudirá Carreras para inaugurar las “Lecciones del Paraninfo 2002”. Abrirá el fuego con “La sombra de Aristóteles y el espíritu de San Agustín”. “Nosotros, como los latinos, somos herederos de los griegos. Siempre se había hablado del fantasma de Aristóteles, y la Poética y la Retórica. La suya es una sombra, más que un fantasma, que se proyecta hasta nuestros días. El consideraba la historia como ‘la relación veraz de cosas que han pasado’. Decía que a Heródoto se le ponía en verso y seguía siendo historia. En una segunda definición, sostenía que la historia no tiene la dimensión filosófica de la tragedia, que trabaja con hechos e individualidades, y con categorías universales, por lo cual la Historia tampoco es ciencia”. No obstante, la historia tiene siempre una dimensión de generalidad y de ejemplaridad para el porvenir. Los historiadores griegos escribían del presente, no del pasado, y la jerarquía de sus fuentes era lo que habían visto o lo que había oído de alguien que había visto los hechos. En ese periodo ya existía una dicotomía que iba a mantenerse hasta el siglo XIX prácticamente: el historiador era el que escribía y confeccionaba un relato, y había el erudito, el gramático o el arqueólogo que buscaban en las fuentes, que investigaban. “Los grandes eruditos morían en el anonimato, y los historiadores a veces tenían grandes funerales”. La visión de San Agustín, tan sometida a la Verdad de Dios, no excluía “una historia mundana abandonada a su propia inercia”.

         La segunda charla abordará “La historia de la razón, razón de la historia en la modernidad” se centra en que “la evolución natural de la historia es el progreso”, aunque está contaminada de obstáculos, y desarrolla en parte la convicción de que “el siglo XVIII fue un siglo de historia; de historia filosófica, razonada”, que tenía un inequívoco parentesco con la Ilustración. “La ilusión del método” (III lección) parte del siglo XIX y de esa visión romántica que se opone a la Revolución Francesa y a la Ilustración y recupera “el pasado por el pasado mismo”. Desentierra la Edad Media, que para Voltaire había sido “un erial de lobos y señores feudales”, algo que también hará más tarde el pensamiento liberal. “En este momento, el historiador se profesionaliza y surge en Alemania el seminario, donde los profesores que son funcionarios del Estado deben formar alumnos en seminarios especializados”. Desde entonces, el historiador es el hombre que trabaja sus propias fuentes, la erudición y la exposición.

         “La historia: triunfante, acosada, seducida” (IV) registra el triunfo de la historia después de la II Guerra Mundial, bajo el prisma de que “los hechos son sagrados, las opiniones son libres” (algo que ya habían insinuado los positivistas). “La historia desde abajo, la historia desde dentro” (V) retoma postulados de los historiadores sociales ingleses, franceses y marxistas, que habían hecho historia desde abajo pero desde afuera., y alude a la mirada atónita de Walter Benjamín, quien sostenía que “la historia debe aceptar el hecho del fracaso”. Y en su última comparecencia abordará “El Ángel de la historia”, que incluirá un repaso a las nuevas direcciones de la historia. “La tendencia dominante es la hermenéutica: es decir, la interpretación del sentido de los textos, y el mundo también se ve como un texto”.

         En este viaje, complejo, elevado, salpimentado siempre de un rico anecdotario, también abordará temas como el nacionalismo. “Nunca ha existido una nación vasca ni un Euskadi independiente, pero en el momento en que un montón de personas cree en eso es un factor operante. Lo que encuentro absurdo es combatir esa postura con razones de tipo histórico. Hay que preguntarse si es factible, operativo, si existen argumentos racionales. Y eso es una decisión política”.

ZAPA, DOBLAS Y ANDER EN LA NOCHE DE 'EL LARGUERO'

ZAPA, DOBLAS Y ANDER EN LA NOCHE DE 'EL LARGUERO'

Anohe volví a casa hacia las 12.30 de la madrugaba. ‘El Larguero’ se transmitía desde Zaragoza. Oí, con un poco de ironía y buen rollo, a Marcelino García Toral. Dijo que él no había dicho a nadie que se necesitaban doce o trece jugadores para la próxima temporada. ¡Vaya alivio! Estuvo simpático, próximo y apuntó algunos enigmas: dijo que había bastantes cosas que cambiar en el club y reconoció que no tiene tiempo para seguir a todas las categorías inferiores. Para eso ya está el gallego Ernesto Bello, a quien no conozco aún. Dijo también que cuando tiene un problema habla con Agapito, aunque no menospreció en ningún instante a Eduardo Bandrés.

 

Oí, y me reí mucho, con Zapater –Zapa para los amigos por lo que se ve-, con el simpatiquísimo Toni Doblas, que debe ser el circo del vestuario, y con Ander Herrera, que estuvo sembrado. Zapater es un enfermo del fútbol, ya se sabía, y un enamorado de su preciosa novia, a la que ha hecho dormir en un camping en Alemania por aquello del fútbol, y no se olvida ni de Ejea ni de sus amigos de infancia. Esa forma de hablar, tan aragonesa y espontánea, ahora que se ha quitado de un plumazo la inseguridad, le confiere mucha gracia. De la Morena le testimonió su inmenso afecto. Y lo mismo hizo con Doblas, que tuvo dos gestos buenos, muy buenos: lloró cuando el Betis bajó a Segunda y reconoció que entró en el equipo seis meses después, cuando empezaba a desesperarse, entre otras cosas porque Javi (López Vallejo) lo estaba haciendo muy bien. Y con el benjamín Ander. Ander hizo algunas concesiones sobre la relación con su padre: si suspendía, éste le amenazaba con sacarlo del fútbol, y eso daba resultado; y dijo con sinceridad que no sabía que Marcelino y Herrera se llevaban mal. Demostró tener los pies en la tierra, se vio que se sentía muy integrado en la plantilla y dijo que le habían hecho un corte de pelo horrible, algo menos horrible que el de Goni. Eso sí recordaba que había iniciado estudios de periodismo, su gran pasión después del fútbol, y si no me he confundido de voz, después de alguna chica…

 

Los tres, como antes Marcelino, dieron una sensación de buen rollo, de compañerismo, de complicidad de equipo. Di dos o tres vueltas en el coche, bajo la tormenta, entre los canales de riego y las calzadas secundarias de Garrapinillos, y entré en casa. ¡Qué haría yo en mis desvelos sin la radio! Habíamos grabado dos programas de ‘Borradores’ y había estado un rato con el gran Jesús Berdún, uno de mis seres predilectos de ‘Heraldo’, ese hombre bueno y sigiloso que lo dice todo con sus silencios iluminados…

 

Abrazos, más allá de las estrellas, al gran Feito, el único que sabía leer la endemoniada caligrafía de De la Morena. (La foto es de un cuadro de Van Gogh.)

JOAQUÍN BERGES: 'EL CLUB DE LOS ESTRELLADOS' HOY

JOAQUÍN BERGES: 'EL CLUB DE LOS ESTRELLADOS' HOY

Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC el escritor zaragiozano Joaquín Berges, de 44 años y algunos otros libros secretos, presenta su primera novela: ‘El club de los estrellados’, que ha publicado Tusquets. Cuenta la historia del cartero Francho, que pertenece a una asociación de amigos que contemplan las estrellas y que vive una historia muy particular. Hijo de una mujer que tenía una mercería, se ha quedado atrapado en ese universo: es un tipo irremediablemente feo aunque esbelto que ejercita el fetichismo y los placeres solitarios ante el espejo: se pone bragas y sujetadores y otras prendas íntimas que querría ver en mujeres delgadas y luego se masturba y se vierte en el interior de un preservativo. Y por otra parte está la figura de un innominado barman que está enamorado de Hortensia, compañera de trabajo de Francho. Un día, tras haber golpeado a un policía, Francho da con sus huesos en la cárcel y alguien le entrega un sobre que debe entregar a un tal Koyak. A partir de ahí cambia la vida de los tres amigos: Francho conoce a Chelo (ella le demuestra o le revela que también puede disfrutar con una mujer), conoce a su hija Irene, conoce al turbulento Koyak; el barman, enamorado y observador nato, acompaña a Hortensia en una complicada operación. Y ella, como si fuera Scherezade, le contará, día a día, noche a noche, la historia de su vida, que contiene una dolorosa historia de amor y un regreso inesperado, el de Armando, su padrastro, el cantante de antaño con el traicionó a su propia madre…

 

El libro está muy bien escrito y funciona estupendamente. Tiene diversos niveles de lectura y rinde homenaje, entre otras cosas, a Johan Sebastian Bach. Joaquín reconoce el influjo, en su escritura, de Luis Landero, de David Trueba, de David Logde, con quien se cartea desde hace una década. ‘El club de los estrellados’ es un libro sobre los temas eternos, y las torpezas del amor (¿Por qué no sabemos decirle a alguien que lo queremos?), sobre los submundos y también aborda algo curioso: cómo un pequeño detalle puede cambiarnos la vida. Un sobre, una prenda íntima, un nombre de mujer o nuestra afición al espionaje…

 

En ‘El club de los estrellados’ hay una película. Seguro.

 

El club de los estrellados. Joaquín Berges. Tusquets: colección Andanzas. Presentación esta tarde, a las 19.30, en la FNAC, en compañía del editor Juan Cerezo y del escritor y traductor Daniel Gascón. Esta foto de Jeanloup Sief es una alusión al fetichismo sexual de la obra de Joaquín Berges.

ABRAHAM CARIÑENA O EL ROSTRO DE UN VIDEOGRAMA

ABRAHAM CARIÑENA O EL ROSTRO DE UN VIDEOGRAMA

POCO después de su jubilación como director de la Escuela Municipal de Teatro y de evocar su biografía para un libro, el dramaturgo Mariano Cariñena (Zaragoza, 1932) padeció una grave enfermedad y vio las pálidas luces del más allá. En ese lapso en que una existencia se concentra en imágenes y sensaciones que emergen a la velocidad de la luz, Mariano debió recordarlo casi todo: su pasión por la arquitectura y la pintura, sus días de tenis y playa, su estancia en París; sus años en el TEU, en el Teatro de Cámara y en el Teatro Estable; su correspondencia con Arrabal y con los discípulos de Bertolt Brecht, su gusto por Shakespeare y la escenografía, su afán de transformar el mundo desde la escena a la vez que criaba perros, veía jugar a Nastase o John McEnroe, perfeccionaba su alemán con Benno Hübner y presumía de ser uno de los socios más antiguos del Real Zaragoza. Mariano, tras ese lance sombrío, volvió a la vida y recuperó la normalidad, hasta el punto de que reunió fuerzas para llevar a las tablas la comedia 'Tesorina' de Jaime de Huete y para publicar, en dos entregas del sello Arbolé, sus obras de teatro breve. Y no solo eso: esta misma semana se presentó, junto a una obra de Ángel Gonzalvo sobre el pedagogo Simeón Omella, el videograma 'Johannes' de Graciela de Torres Olson, en el que Mariano Cariñena encarna a un convincente Abraham, camino del sacrificio de su hijo Isaac. Cariñena siempre tuvo alguna reticencia con el cine, hecha la salvedad del cine mudo, pero aquí está espléndido: con su rostro patriarcal y alucinado, avanzando por un pedregal de Monegros, abatido por el cierzo. Mariano sospecha que algún dios oculto le ha dado la oportunidad de meditar sobre la creación, la literatura y la palabra, bajo la dirección de una mujer morena y hermosa que aspira a desvelar las metáforas de lo sagrado.

*Este artículo apareció ayer en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de ‘Heraldo de Aragón’

MANUEL PEREIRA: UNHA FELICITACIÓN PARA O ZARAGOZA

MANUEL PEREIRA: UNHA FELICITACIÓN PARA O ZARAGOZA

O poeta e narrador Manuel Pereira, con moitos amigos en Zaragoza, onde morou algúns anos, escríbeme esta nota nesta mañanciña de felicidade. Aí está: é unha felicitación para moitos zaragocistas e aragoneses e xente espallada polo mundo que ama as cores, a tradición, o xogo e os nomes dos herois de sempre do Real Zaragoza, moitos deles galegos, por certo: Rodolfo, Wilson, Cortizo, Reija, Marcelino ou Fontenla, con quen vin onte o partido. Parecía un director de xogo: colocaba aos xogadores todo o tempo. Di Manuel Pereira, seguidor do Pontevedra do “Hai que roelo”, aquel Irulegui, Batalla, Cholo, Plaza, Odriozola, Fuertes, Martín Esperanza, Neme…:

 

 

Felicidades polo ascenso do Zaragoza. Eu alégrome tamén porque teño un anaquiño zaragocista no meu corazón granate (daquel Pontevedra...). Cando vivía en Zaragoza, o colexio case estaba enfronte da Romareda e aínda resoan en mín as celebracións de cada gol polas gradas cheas de afeccionados.

 

Recordo o entrar a ver os derradeiros dez minutos algunhas tardes. E, quitando algunha ocasión na Estrada de pequeno, a única vez que fun a un partido de fútbol foi aí para ver un Zaragoza-Pontevedra, xa este en decadencia. Gañaran os locais por 4-3.

 

A miña felicidade os meus parabéns e unha aperta grande,

 

Manuel Pereira.

 

A foto é de José Antonio Melendo, que volveu vivir unha xeira inesquecible. Ewerthon acaba de marcar e corre ao fundo, onde celebraba os seus tantos Arrúa, para saludar a parroquia de aficionados.

 

 

CERUELO, CARDIEL, ARBOLÉ, RODRÍGUEZ, BORRADORES

CERUELO, CARDIEL, ARBOLÉ, RODRÍGUEZ, BORRADORES

El programa  Borradores de esta noche, a las 1.10, recibe en el plató al fotógrafo Antonio Ceruelo, que acaba de publicar una monografía de gran formato de más de 200 fotos de ‘La catedral de Teruel’ (CAI, 200), un proyecto ambicioso realizado a lo largo de un año que capta los exteriores y los interiores majestuosos de ese gran edificio mudéjar. El narrador Antonio Cardiel, un zaragozano afincado en Barcelona y un gran visitante de mercados y rastros, habla de su novela  ‘La crueldad del fotógrafo’ (Mira Editores), que se inspira en una foto hallada en una viejo álbum familiar, datada en 1969. A partir de ella, el protagonista Alfonso Vallejo inicia la búsqueda de un viejo amor. En ambos casos, se ofrecen sendos reportajes con las fotos de la catedral y de los álbumes secretos de Cardiel.

 

Borradores visita el nuevo espacio escénico y de trabajo del proyecto teatral Arbolé: sus montajes, sus exposiciones, sus títeres y sus colecciones de libros teatrales, e incluso se exhibe una muestra de Isabel Biscarri. El escritor y catedrático de Filosofía José Luis Rodríguez García haba de sus dos últimos proyectos: la novela ‘Parque de atracciones’ (Akal) y el poemario ‘Voces en el desierto’ (Eclipsados). Luis García Jambrina, premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, cuenta las claves de su libro ‘El manuscrito de piedra’ (Alfaguara), inspirado en la figura de un joven Fernando de Rojas, autor de ‘La Celestina’. Por otra parte, Borradores visita la exposición de retratos del artista gaditano Hernán Cortés, que se expone estos días en Ibercaja.

 

El cantautor David de Baró, acompañado por José Barragán y Luca Germini, presenta dos temas de nuevo disco. De Baró es un artista zaragozano que ha residido en Madrid, Málaga y Granada, y que desde hace tres años trabaja en su ciudad.

Borradores se emite la noche, del domingo al lunes, a la 1.10 de la mañana. Puede verse en 97 de Canal Satélite Digital y en el 182 de Imagenio. Equipo: Ana Catalá Roca y Carlota Muñoz, redacción; Yolanda Liesa, ayudante de realización; Camino Ivars, ayudante de producción; Mamen Delpón, producción; Teresa Lázaro, realización; Patricia Bertol, producción delegada de Chip. La foto es de Gerhardt.

 

CARMEN ARDUÑA: ALGUNOS POEMAS

CARMEN ARDUÑA: ALGUNOS POEMAS

Carmen Arduña es profesora y poeta. Ana Nos encontramos hace unos días en la presentación de ‘En ese cielo oscuro’ de Sol Acín. Había leído dos libros suyos y le pedí que me enviase algunos pomeas. Seleciono aquí estas piezas de ‘De tiempo de espera’ y de ‘Acariciando el sur’. La fotografía es de Weegee, 'el ojo público'.

 

 

 

De ‘Tiempo de espera’

 

Espejo de la vida

que reflejas un rostro ya surcado.

Reproduce, lejano pero próximo,

otro instante igual o quizá ya distinto

del que se alumbra ahora en esa imagen

como semilla de fruto prohibido.

Se alternan los papeles,

cambia el ritmo.

Lo que en la imagen son líneas de futuro

en el reflejo propio es ya sólo vacío de pasados.

 

 

Cabalga sobre el tiempo la existencia

sin que podamos jamás marcar su paso.

El galope de ayer se torna pronto

en trote fatigado y sin avance.

Cabalga el tiempo para sin darnos cuenta

negarle hasta su paso a la existencia.

Pasa el tiempo.

Y mientras va pasando,

se pierde en el camino la esperanza.

 

 

Rompió de sus cadenas la atadura.

Con cada paso que daba hacia adelante

ataba la del otro en su pasado.

Los ritmos que ensayamos nunca llevan

a  un punto de armonía en el encuentro.

La vida se construye sólo y siempre

de ilusión de vivir, de certeza de muerte.

 

 

En cada respirar huye la vida

como se escurre el agua que tocamos.

No deja casi rastro ni señales.

Sólo la sensación que se evapora

cuando las gotas del agua recogida

vuelven a ser del río que creímos

entre las manos tener por un momento.

 

 

De ‘Acariciando el sur’

 

Su vida era la historia de otras vidas.

Amalgama con forma y ya incolora

de vidas de colores ya apagados.

Silencio palpitar cuando, lejano,

el palpitar es grito que silencia

la vida que se muere tan cercana.

 

 

El silencio mataba las palabras.

Morían las caricias que antes eran

dulce lugar de encuentro en el abrazo.

El calor que antes unía aquellos cuerpos

se tornó fría estancia. Desencuentro.

Rendida por el llanto que ya sólo

mojaba un lecho yermo de caricias,

gritó que el tiempo al fin ya devorara

las presencias ajenas que se huían.

Mas no era nuevo engendrar aquella pena

en lo que fue para dejar de serlo.

 

 

Despertarse de un sueño hoy imposible

donde se hará posible el ya mañana.

Que el llanto silenciado sea grito

y la huida se alumbre en horizonte,

pues donde muere el Sur, nace la vida.

 

 

Y otra vez abrazar el compromiso

de saber que las derrotas propias

engendrarán ajenas las victorias.

Y que los girasoles que hoy son ciegos

 roja verán al fin la luz de amanecida.

 

 

Lo ausente era otra vez presencia que acercaba

en lejano y ausencia lo presente.

Y sólo el Sur se mostraba cobijo

donde poder dar vida a la presencia.