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Antón Castro

EL REAL ZARAGOZA REGRESA A PRIMERA DIVISIÓN

EL REAL ZARAGOZA REGRESA A PRIMERA DIVISIÓN

El Real Zaragoza hizo ayer lo que tenía que hacer: ganar con comodidad al Córdoba, por 3-1 con goles de Ewerthon, Ponzio y Arizmendi, tres jugadores muy decisivos en esa excepcional segunda vuelta de los aragoneses. Pasó un leve periodo de nerviosismo, ante un Córdoba que tocó bien en corte, pero sin peligro. En cuanto Jorge López inició su excelente tarde de pases en corto y profundidad, casi siempre al primer toque, el Zaragoza goleó con claridad y falló algunas ocasiones. Ewerthon pudo haber ampliado su cuenta de goleador y hacerse con el Pichichi, pero al final, en su haber personal, cometió un error de principiante ante Cristian Alvarez y fue enviado a la caseta. Fue el borrón a una tarde maravillosa, de felicidad, de alegría, de cánticos incesantes. Ayer los aficionados lo cantaron todo e hicieron la obra, dos o tres veces seguidas, en todo el campo. Ayer funcionó tan bien el equipo como la afición, o mejor aún: el equipo y la afición fuera una maravillosa unidad en el campo, en la ciudad y en la noche. Hubo momentos bonitos:

-1. Ver a Kevin Lacruz entrenar con los mayores. Es la perla de la cantera, y al final disfrutó como el que más. Lo conozco desde que era infantil y me alegro mucho por él, por sus padres, en especial por su papá Javier Lacruz, un gran amigo. Kevin es un fenómeno, y lo probará en breve.

-2. Marcelino retiró a Leo Ponzio: su participación ha sido muy importante, en la recuperación de balón y en la mejora de Gabi. Ambos han intentado formar una media de hierro.

-3. Se retiró Alberto Zapater, el hombre que siente los colores del equipo hasta el fondo de su sangre. Si el pasado año lloró más que nadie con el descenso, ayer lloró de felicidad y bañó de lágrimas el rostro de Roberto Fabián Ayala. La gente lo aplaudió a rabiar.

-4.Caffa se acercó al grupo de un lateral que le pedían “Caffa quédate”. Él quiere quedarse, claro. Ha sido decisivo en sus incursiones por la banda. Ayer jugó poco, pero mostró su verticalidad.

-5. Con el viento a favor ya (bueno, ayer solo hubo calor a favor, calor de bochorno), Agapito Iglesias no hacía más que entrar y salir de su asiento. Ayer, su teléfono echaba humo. Punto final a la pesadilla. Empieza la reconstrucción…

-6. Yordigol, casi 60 goles como zaragocista, decidió hacerse fotos con algunos seguidores del Real Zaragoza. Cuando se iba del campo solo, David Generelo tuvo un bonito detalle: salió del grupo de los blanquillos y acudió a abrazarlo. Quería que él también fuese feliz con todos.

-7. En la retransmisión de los compañeros de la Cadena SER, Eduardo Bandrés se mostró sereno y a la vez feliz. Dijo que no sabía hasta cuándo iba a estar y no quiso extenderse en si se irá o se quedará. “Ese no es el tema ahora”, insistió. Estuvo sensato, conciliador y con esa sensatez que usa siempre; defendió los valores más positivos del fútbol. Para él ha sido un gran alivio y una gran ilusión. El Zaragoza es un grande con sus nueve títulos y debe estar bien arriba.

-8. Marcelino, tan leve de blanco y tan sediento de agua, fue manteado por sus chicos. Él, sin aspavientos, ha apostado por la cantera. Ahí está la confirmación de Goñi (que lo estaba haciendo muy bien), la presencia de Ander Herrera, mejor en la segunda parte que en la primera ayer, o la de Vicente Pascual, entre otros.

-9. Ayer se vio porque Doblas es el portero titular. Quizá no sea mejor que López Vallejo, o no mucho mejor parando balones, pero es más dinámico, juega mejor con los pies y tiene ese punto de excentricidad y locura que siempre ha caracterizado a los buenos porteros. No es un arquero: es un sinvivir.

-10. Pepe Melero, el consejero de peñas, el zaragocista doliente por acérrimo y entusiasta hasta límites insospechados, el admirador de José Luis Violeta, presidente de honor del Real Zaragoza en breve, se quedó en el palco unos minutos después del triunfo y compartió la alegría con todos. Ayer, por una vez en su vida, se le descompuso un poco el traje.

(En la foto de José Antonio Melendo, Ewerthon está a punto de marcar de nuevo; el remate se le fue al palo).

JOSÉ MARÍA CONGET: UN DIÁLOGO SOBRE LA MEMORIA

JOSÉ MARÍA CONGET: UN DIÁLOGO SOBRE LA MEMORIA

 

"Para mí, la gloria sería que un cine

de barrio llevase mi nombre"

 

 

José María Conget (Zaragoza, 1948), premio de las Letras Aragonesas 2007 y premio Cálamo 2005, reedita su novela 'Todas las mujeres' (Paréntesis) y evoca "la Zaragoza de la memoria", una ciudad inolvidable de películas, de música, de libros y tebeos

 

Tiene una memoria prodigiosa. Recuerda el aroma y el tacto de los tebeos, las melodías, los cines de barrio y sus olores. Ha pasado casi 40 años fuera de su ciudad, pero José María Conget (Zaragoza, 1948) siempre ha tenido una relación particular con ella. Fue Premio de las Letras Aragonesas en 2007. Reedita su novela 'Todas las mujeres' (Paréntesis) y se jubila de la enseñanza. Ha sido abuelo.

¿Qué significa Zaragoza en su vida y en su memoria?

Zaragoza es mi infancia, mi adolescencia y mis años de universitario. Terminé la carrera en el año 1970 del siglo pasado, y en 1970 me fui de aquí. Y he vuelto ya solo en verano, en vacaciones, para ver a la familia. Lo que pasa es que yo viví en Zaragoza hasta los 22 años, apenas sin salir de ella más que para ir a casa de mis padres, en verano. Los primeros años iba a Borja, y después iba a Pamplona. Eso marca mucho.

¿Se parece algo esta Zaragoza a la que conoció?

Yo estoy marcado por una Zaragoza que ya no existe, realmente. Esto ha cambiado poco, estamos en la Ciudad Universitaria, y esto ha cambiado poco. Pero la Zaragoza que yo recuerdo, aquellos bares un poco casposos donde tomábamos unas croquetas horrendas y unos pimientos rellenos que nos sabían a gloria. Todo eso ha ido despareciendo, los cines. Mi Zaragoza es una Zaragoza de la memoria ya.

Hablemos un poco de aquellos cines que tanto le embrujaban.

Zaragoza era una ciudad con muchísimos cines de barrio, que eran estupendos, primero, porque eran muy baratos y porque podías pescar no ya las películas de estreno al cabo de unas pocas semanas del estreno que estaban más baratas en algunos cines, sino películas olvidadas, perdidas, muy cortadas en los barrios: el cine Torrero, el Delicias, el Venecia, el Rialto.

¿Qué ocurría en esas salas?

Algunas estaban en el centro. El cine Latino, que estaba un poco maldito entre los estudiantes porque te pedían el carné a la entrada, con lo que si aún no tenías los 18 años -yo aún no los tenía cuando ponían ciertas películas-, no podías pasar. Había ahí un portero que era un Caronte durísimo. Por ejemplo, el cine Coso era un cine guay, porque pasabas a las de mayores y no te pedían el carné. En el Latino ponían siempre reposiciones estupendas. Mi aspiración a la gloria, sería que volvieran a poner un cine de barrio y que uno llevara mi nombre. Me parecería que habría alcanzado realmente la posteridad a la que más puedo aspirar.

También ha escrito mucho de los quioscos y los tebeos, de las librerías de viejo…

En Zaragoza había una librería de viejo que era la de Inocencio Ruiz, era la librería a la que empecé a ir al final del Bachillerato y a lo largo de la carrera. Era un librero que sabía mucho, un librero realmente profesional, de los que casi ya no quedan, aunque Zaragoza creo que ha tenido suerte, siempre ha tenido buenas librerías de librero; en otras ciudades ya no existen. Vivo en Sevilla y en Sevilla ya no existe una verdadera librería. En Zaragoza estaba esta librería de viejo y luego estaban -cuando yo era niño mi pasión eran los tebeos y los libros -, los patios de las casas donde había, no se puede decir quioscos de tebeos, porque no eran quioscos, se ajustaban a antiguas porterías y alrededor de todo el patio, estaba el patio forrado de tebeos, las novedades y algunas montañas de tebeos un poco viejos, antiguos que se vendían a peseta, y junto a los sobres sorpresa, que costaban también una peseta, y yo me encandilaba. Yo era muy aficionado a otra librería donde me llevaba mi abuela, que no era una librería de viejo, la librería Pons, que estaba en el pasaje, en la parte de atrás del cine Dorado. Y en esta librería, a la que iba con mi abuela y mi tía, me compraba las novelas de Salgari, porque Pons tenía un surtido enorme de novelas viejas de Salgari, algunas de antes de la guerra. Aquella era mi imagen ideal de librería que esconde tesoros, un poco la librería platónica, la imagen de todas las otras librerías que me ha quedado es aquella.

¿Qué lugar ocupaba la música en esa Zaragoza? Se lo pregunto por su evocador libro 'Ahora vamos a contar canciones' (Xordica)…

La música es muy importante para mí, primero, porque creo que es el arte más emocionante de todos; a mí me parece que la emoción mayor que cualquier arte me ha podido producir me ha llegado muchas veces a través de las notas musicales, a través de las canciones que oía desde niño. Hubo una vez que, estando con Paco Ibáñez y un grupo de amigos, él pidió que cada uno cantara la primera canción que recordaba y fue estupendo, aunque la gente cantaba muy mal. Yo la primera canción que recuerdo es 'Doce cascabeles', me la cantaba mi padre cuando íbamos de Maleján, donde era secretario del ayuntamiento. No voy a muchos conciertos, pero sí escucho música en casa.

Como todos, ¿no?

En casa el que plancha soy yo y antes de ponerme a planchar prefiero que haya una gran colada porque me preparo varios discos y me preparo verdaderos programas de música, hasta tal punto que mi mujer me ha grabado discos especiales en los que pone 'Música para planchar' y ha hecho selecciones de canciones, de fragmentos, de óperas o de sinfonías que sabe que me gustan mucho y que yo ya sé que cuando llegue a la camisa beige me va a tocar la VII de Beethoven.

¿Cómo fue su vida universitaria?

Bueno, yo no iba mucho a la Universidad; al principio, yo entré con una vocación, quería ser una especie de gran humanista, menos mal que se me fue pronto la vocación, y creía que una carrera como Filosofía y Letras te proporcionaba los medios para ser un humanista. En seguida, la verdad, tuve la lucidez suficiente, a pesar de que era bastante lelo, inexperto, etc., pero tuve la lucidez suficiente como para darme cuenta de que un gran humanista de aquí no iba a salir. Mis recuerdos son malos. Tuve algún profesor que recuerdo como absolutamente extraordinario, a mí me tocó ser alumno uno de los primero años en que daba clase José-Carlos Mainer y Mainer realmente valía la pena como profesor; pero la mayoría era terrible.

¡Pero, hombre! Si usted ha sido profesor tantos años…

Algunos eran ideológicamente nefastos y dictatoriales; me acuerdo de uno, y no voy a decir el nombre, que en primero de carrera nos diezmó; creía que hablábamos mucho en clase y decidió que todos los alumnos cuyo número de matrícula terminaba en uno estaban suspendidos de antemano. Luego, en un acto de amnistía imperial, que era casi tan lamentable como el castigo, nos perdonó. Pero bueno, ¿alguien se puede imaginar a un profesor de ahora diezmando a una clase? En fin, no, no tengo buen recuerdo de la Universidad. Todos éramos al final un poco autodidactas.

¿Y la política?

En mi novela 'Gaudeamus' se y cuenta el curso 68-69, o 67-68, no me acuerdo bien. Pero, en fin, yo quería que la novela contara el 68 de la Universidad de Zaragoza, el mayo del 68 que no existió, aquí nadie se enteraba de nada. La principal muestra que hubo en esta facultad de Filosofía y Letras, que tengo ahí enfrente, de protesta estudiantil fue una pintada, que alguien puso ahí, que ponía "los exámenes son la leche". Y a eso se redujo el mayo del 68 zaragozano. Seguramente habría gente implicada clandestinamente en otro tipo de actividades más interesantes que poner la pintada "los exámenes son la leche", pero yo que estaba en la babia política en esa época. No me enteré.

Se reedita ahora, en Paréntesis, su novela 'Todas las mujeres'...

Es un libro al que yo le he tenido siempre una manía extraña. Es un libro que no se titulaba 'Todas las mujeres', se titulaba 'Anoche soñé con el juicio final' y mis editores de Alfaguara, Manolo Rodríguez Rivero y Luis Suñén, de los que luego me hice amigo y a los que tengo mucho afecto, decidieron que el título mío era siniestro, que en la novela había humor, que no era comercial, no se iba a vender, y me dijeron que lo tenía que cambiar, sino no se publicaba. Y sacaron el título de la dedicatoria; la novela está dedicada a mi mujer, a Maribel Cruzado, que es todas las mujeres y pusieron 'Todas las mujeres'. Lo he tenido que leer otra vez, con un poco de aprehensión, la verdad, no me gusta nada leer lo que yo he escrito hace años. Sin embargo la publicación del libro sí que tiene para mí buenos recuerdos porque la presentación de Zaragoza sirvió para que yo conociera a mucha gente que ahora mismo forma parte de mi círculo de amigos.

¿No ha sido el cine un compañero constante como la literatura?

Bueno, yo en esa época creía que era verdad la frase de François Truffaut de que el cine es más hermoso que la vida, yo ahora no lo creo. Creo que la vida no siempre es hermosa, esa es la verdad, pero creo que mucha gente de mi generación, desde luego a mí me pasaba, se fijaba en el cine y en los libros porque la vida fuera era demasiado fea, dura, o no estábamos preparados, no teníamos el suficiente aprendizaje como para enfrentarnos a muchas cosas y entonces vivías la vida de forma vicaria a través de algunas películas y de algunas novelas.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Ahora el cine para mí un entretenimiento como leer, no he dicho ni siquiera un arte. El cine me gusta mucho, sigo yendo al cine, no lo veo en vídeo ni en televisión porque me duermo, yo soy espectador de sala y voy bastante. Me sigue estimulando y me divierte.

Usted era un escritor de culto, minoritario, asentado en un sello como Pre-textos. ¿Qué trajo a su calma y a su casa el Premio de las Letras Aragonesas de 2007?

Estoy muy agradecido a este premio, pero es sobre todo una cuestión afectiva porque yo tuve la sensación de que me lo daba -no me lo daba Aragón, que es una abstracción-, de que me lo daban los amigos. Conforme me hago mayor, valoro menos el cine y la literatura y valoro más la vida y los afectos. La amistad me parece que es algo extraordinariamente valioso. A mí no me pasa como eso que decía Baroja que no le entusiasmaba la amistad. A mí, sí.

 

 

‘VIENTO DE CINE’, LECTURAS, EL PROFESOR

 

Si algo caracteriza a José María Conget, más que la cinefilia (editó una estupenda antología de poesía y cine en 'Viento de cine' en Hiperión, 2002), es su pasión por la lectura. Ha sido un gran lector de Dostoievski, de Borges, de Chesterton, de Kipling, de la literatura latinoamericana. Es un rastreador, un curioso. Suele decir: "Fascinados por las tres primeras novelas de Mario Vargas Llosa y la primera de Bryce Echenique, 'Un mundo para Julius', mi mujer y yo nos fuimos a Perú: sin dinero, sin trabajo, sin conocer a nadie. Allí tuvimos a nuestra hija. El grado de libertad era mayor que en España. Allí podías ver 'El acorazado Potemkin' o cine erótico sueco sin ningún problema".

Conget es autor, además, de tres magníficos libros de narrativa en Pre-textos: 'Palabras de familia', 'Hasta el fin de los tiempos' y 'Bar de anarquistas', volumen de relatos que le supuso el premio Cálamo de 2005. En la hora del adiós de la enseñanza, dice: "Cuando empecé suspendí a algún alumno, luego no porque yo daba clase de literatura y pensaba que la literatura se relaciona con el placer. Me decía: '¿Cómo vas a suspender a alguien?'. Creo que la literatura debería enseñarse como un juego, que es lo que es, como un placer  y no como una obligación".  (Esta foto de José María Conget pertenece al Centro del Libro de Aragón).

 

EL PINTOR Y EL SILENCIO: EVOCACIÓN DE VICENTE

EL PINTOR Y EL SILENCIO: EVOCACIÓN DE VICENTE

EL PINTOR Y EL SILENCIO

 

Vicente ha recorrido medio mundo. Él es el caminante apacible de casi todos países: se ha bañado en cien ríos, ha copiado cielos inolvidables, ha oído las lenguas del planeta, se ha asomado a los monasterios donde el silencio es perfecto con su voz de atardecida. Es el pasajero interior que ha explorado el alma de los hombres y, sobre todo, su propio corazón alanceado de plenitud. Ha pintado lo que veía, lo que soñaba, lo que brotaba de su intuición de poeta zen o de amanuense sufí. Desde hace bastantes meses vive cerca de la torre mudéjar de Utebo: pugna con la enfermedad y el olvido, se abandona al dulce amor de Ana, sonríe, alimenta sus poemas y sus delirios. Conversa. Cuando se alza la mañana o se desvanece el último sol de la tarde se asoma a la terraza y observa. Mira los pájaros de fuego, el cauce del Ebro, encañonado entre peñascos, mira los juncos y los cañaverales. Y lentamente, como quien esboza una sonrisa cómplice con el mundo, acumula imágenes, palabras, aforismos: se empapa de vida, de sensaciones, de olores. Luego, se reclina en un sofá, a la sombra de sus cuadros, y sueña que pinta, sueña que sueña, sueña que vuelve a recorrer todos los pasos del camino. Y entorna levemente los ojos, protegido por el austero paraíso de recogimiento que se concentra en sus lienzos. Cuando los abre, se encuentra ante el ordenador, ante esa pantalla que llena de signos, de sustantivos, de corrientes de agua y de espejos de luz que le devuelven su rostro y la memoria de su infinita odisea en medio de la tempestad.

 

*El próximo mes de julio, en los últimos días del mes, se inaugurará en el Palacio de Sástago una exposición retrospectiva del pintor Vicente Pascual Rodrigo de su obra realizada entre 1989 y su fallecimiento en 2008. Por puro azar, en una carpeta donde conservo un proyecto de poemario en prosa, encuentro este texto. Las coordinadoras de la muestra son su hija Cira Pascual Marquina y Marisa Cancela, directora del Museo Pablo Serrano. (Esta foto es de Bernard Plossu).

 

JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO: UNA CITA HOY EN LA FNAC

JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO: UNA CITA HOY EN LA FNAC

Esta tarde, a las 20.00 horas, en la FNAC, José Luis Gracia Mosteo presenta dos nuevos libros: el poemario erótico ‘Blues de los bajos fondos’, con el que ganó el I Premio Internacional de Poesía José Verón, y la reedición de su novela ‘La saga de los Pirineos’, editada por vez primera en 1999. El primer libro está dedicado a José Luis Melero Rivas y es un viaje en 24 poemas, a ritmo de blues, sobre el mundo de las putas y los proxenetas, y nace de los viajes y visitas del escritor de Calatorao a lupanares, garitos, clubs de alterne. El libro tiene algo de reportaje muy narrativo y tiene algo de volumen de la épica del desgarro cotidiano y de la supervivencia. ‘La saga de los Pirineos’ está dedicada a Luis Alberto de Cuenca y cuenta la historia de un éxodo del campo a la ciudad y la historia de un hombre: Martín Abarca, que será juzgado por asesinato.

Éste es uno de los poemas de ‘Blues de los bajos fondos’, un poemario que tiene un precio inusual, tres euros. El volumen se inspira en la realidad, en personajes que ha conocido Gracia Mosteo y alterna la miseria, la desesperación, la ironía, una cierta ternura y la sátira. También hay un diálogo con la poesía erótica de otros autores: desde Kavafis, Gil de Biedma, César Vallejo u Oscar Wilde, entre otros. la foto es de Sam Haskins.

 

 

POR QUÉ NANCY TASIGUANO APALEÓ

 A UN CLIENTE

 

Su culo caribeño causaba sensación

entre los camioneros: un culo con tres hijos

y un negro en Costa Rica; así que diez o doce

clientes cada día en aquel club de la 2,

ya sabe, la Autovía de Madrid-Barcelona,

no era exactamente un sacrificio para ella

sino una carga digna: mantener a los suyos.

Cuando desayunaba, se comía dos huevos

con bacon y un café, además de un cubata

y un porro de maría que le ponía el chichi

como una pera de agua, los de la GCT

 lo habían comprobado, ellos ya conocían

la piel de esa mulata que cantaba boleros

en las mañanas frescas y saludaba riendo,

por eso no aceptaban que hubiera apiolado

a aquel plumilla incauto haciendo un reportaje

sobre los bares esos de carretera y putas.

 “Cuatro costillas rotas y un moratón de Cristo

y Señor en el cóccix”, diagnosticó un cliente

 que resultó ser médico. ¡A la calle con ella!,

añadió el propietario, ¡que folle en otro sitio!

 Nancy no dejó escapar una maldita lágrima:

subió a la habitación, cogió las fotos mustias

de sus hijos y el lápiz de labios, y bajó

cuando estaba arrancando la ambulancia. ¿Seguro

 que no te ha hecho nada raro?, dijo el pitufo,

¿no te habrá amenazado, se obstinó, para que hagas

algo sucio? Fue cuando pensó en Carlitos, en James,

en su negro, en Édison bebito; cuando dijo:

¡El muy hijo de puta: me paga un especial

 y sólo quiere hablar! ¡Hijo de mala madre!

¡A una profesional! ¿Pero ustedes son hombres,

papafritas chingados? Causaba sensación

lejos de sus tres hijos y de su negro en paro.

 

EMILIO GASTÓN: POESÍA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

EMILIO GASTÓN: POESÍA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

El lunes 15 de junio, a las 19 horas, el abogado, escultor y poeta (entre otras muchas cosas), Emilio Gastón hará una lectura poética dentro del ciclo “Poetas en vivo”, organizado por la Obra Social Caja Madrid en colaboración con la Biblioteca Nacional, y coordinado y presentado por Enrique Gracia Trinidad.

Emilio Gastón es poeta en castellano y aragonés, perteneció al grupo Niké y ha sido el primer Justicia de Aragón. Es un estupendo rapsoda de sus versos, que mezclan el manifiesto social, el humanismo y un cierto surrealismo.

Salón de actos de la Biblioteca Nacional (Paseo Recoletos, 20, de Madrid). Entrada libre, aforo limitado. Esta foto de Emilio Gastón la tomó José Antonio Melendo.

PIRINEOS SUR. PROGRAMA DE ACTUACIONES

PIRINEOS SUR. PROGRAMA DE ACTUACIONES

Pirineos Sur se sumergirá en un Atlántico

con grandes nombres de la música

Marianne Faithfull, Maceo Parker, The Wailers, Taj Mahal, Pablo Milanés, Eli “Paperboy”, Omara Portuondo y Mariza desembarcarán en el XVIII Festival Internacional de las Culturas

Falta menos de un mes para que comience la 18ª edición de Pirineos Sur. El Festival Internacional de las Culturas, organizado por la Diputación Provincial de Huesca, llega a su mayoría de edad con un programa en el que amplía su mirada y explora nuevos lenguajes sonoros, hasta ahora menos habituales en la cita del valle de Tena, y que darán a conocer las músicas del Atlántico Negro. Un amplio y rico océano musical que llevará, del 9 al 26 de julio, a Lanuza y Sallent de Gállego a grandes nombres propios de la música como Marianne Faithfull, Maceo Parker, The Wailers, Taj Mahal, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Mariza o Cirkus Featuring Neneh Cherry.

Precisamente, la formación encabezada por Neneh Cherry es una de las últimas incorporaciones del programa de Pirineos Sur. Actuarán el 11 de julio en Lanuza, en una noche que compartirán con Disty Dozen Brass Band. Cirkus Featuring Neneh Cherry llegan de Suecia y está formado por la cantante de “7 Seconds”, Matt Karmil, Burt Ford y Lolita Moon. A parte de ellos, se suman a la programación de Pirineos Sur los ingleses The Rumble Strips, que serán la pareja de Marianne Faithfull el 10 de julio, y los madrileños The Right Ons, que llevarán su rock, lleno de influencias del Funk y el Soul, a Sallent de Gállego el 15 de julio.

Con estas últimas incorporaciones Pirineos Sur completa un programa que destaca por el elenco de “primeras figuras” que reunirá  y que además, en la mayoría de los casos, pisarán por primera vez los escenarios de Pirineos Sur. El Festival, así, se sumergirá en las músicas y ritmos surgidos en ambas orillas del Atlántico: Blues, soul, reggae, jazz, hip-hop, funk, rhythm’n’blues, fado, canción cubana o calipso, entre otros.

Gran parte de la historia del pop-rock británico llegará a Pirineos Sur de la mano de uno de sus grandes y míticos iconos, Marienne Faithfull. Cantante, compositora y actriz –fue nominada en 2006 como Mejor Actriz en los Premios del Cine Europeo, por su papel protagonista en Irina Palm, de Sam Garbarski-, la truculenta relación amorosa que mantuvo con Mick Jagger en la década de los 80 y su adicción a las drogas no han impedido que la Faithfull  y su dilata trayectoria sean un resume de buena parte de la música popular del país inglés.

El jazz y el funk en su estado más puro es lo que llevará el saxofonista Maceo Parker a Pirineos Sur (17 de julio). Es toda una institución de la música negra, en todas sus expresiones (soul, blues, rhythm’n’blues…). Durante 25 años formó parte de la banda de James Brown, grabando 12 de los discos más importantes de esa formación.

Otra institución, en este caso del blues y el folk norteamericano de los últimos 40 años es Henry Saint Clair Fredericks, más conocido como Taj Mahal (17 de julio). Ganador de dos Grammy, Señor Blues (1997) y Shoutin’ in key (2000), ha fusionado lo rural con el jazz, el blues, el reggae, el calipso y la música hawaiana, creando una melodía propia y única. Su último trabajo, “Celebrating 40 Years”, es su particular manera de celebrar los 40 años que lleva sobre el escenario.

En este recorrido por los sonidos del Atlántico Negro no podía faltar la mítica banda de The Wailers (16 de julio). Creada en la década de los 60 por Bob Marley ha sido la bandera de la música reggae y aunque de sus miembros originales sólo quede Aston “Family Man” Barrett, la formación sigue conservando la esencia musical que les convirtió en la mejor banda de reggae de todos los tiempos.

La voz y el sentimiento de Cuba es lo que traerán Pablo Milanés y Omara Portuondo, el 23 de julio. Pocas explicaciones hacen falta para presentar al que fuera uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana, y de la incansable “La novia del filin”. La dulzura del fado y de la música portuguesa llegará con Mariza (24 de julio). Nacida en Mozambique es heredera de las más grandes fadistas de la historia.

NOTAS DE LECTURAS / 32

NOTAS DE LECTURAS / 32

Bajo el león de San Marcos

Ana Alcolea. Algaida. Sevilla, 2009. 480 páginas.

 

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962) había publicado hasta ahora tres novelas juveniles. La segunda de ellas, ‘El retrato de Carlota’, transcurría en Venecia. En su primera y ambiciosa novela para adultos, vuelve a la ciudad de los canales. En realidad, quien vuelve es la escritora zaragozana Ángela Casanova, que jamás lleva cámara fotográfica, porque quiere escribir una novela sobre Caterina Contaro, una mujer que fue reina de Chipre y retratada por grandes artistas como Bellini, Tiziano o Hayez, entre otros. Alcolea propone una cuidadosa trama, vinculada a un cuadro, y a la vez redacta la novela de Caterina, protagonizada por la joven Angelica, que despierta al amor, al deseo y al espionaje. El libro, como suele ocurrir en las ficciones de Ana Alcolea, presenta un interesante tejido culto, artístico y literario, que incluye a cinco hombres: de algún modo, Ángela Casanova es una mujer seducida por cinco hombres: Luis, Pablo, Roberto, Alfredo Milos (un experto en arte, decisivo en la intriga de la historia, que incluye un muerto: una estudiosa rusa) y el comisario Moretti, que hace pensar en el Brunetti de Donna León.

 

 

El brumario de Emilio

Jorge Cortés Pellicer. Mira editores. Zaragoza, 2009. 381 páginas.

 

Jorge Cortés, el autor de ‘La savia de la literesa’, se ha inspirado en un título de Carlos Marx para ‘El brumario de Emilio’, novela y biografía del restaurador, actor y político Emilio Lacambra, propietario de Casa Emilio. El libro, de escritura impresionista, elaborado a lo largo de cuatro años, propone un viaje por la vida del protagonista, de la ciudad que vivió, del núcleo familiar, de los cines, de su actividad teatral (con personajes de la talla de Mariano Cariñena o Juan Antonio Hormigón, entre otros), de sus estudios en Madrid y de un importante núcleo de amigos zaragozanos, entre ellos José Antonio Rey del Corral, ‘Boris’, Adolfo Burriel, ‘el Lorcas’ o Vicente Cazcarra. También hay inesperadas revelaciones, relativas a historias de ‘topos’ o a una pasión juvenil de Miguel Labordeta.

 

La playa de los ahogados

Domingo Villar. Siruela: Col. Policiaca. Madrid, 2009. 446 páginas.

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) es uno de los escritores españoles de novela negra más sorprendentes. Debutó con ‘Ojos de agua’ (Siruela, 2006), que cosechó un importante éxito. Allí, junto al sobrio inspector Leo Caldas, colaborador en un programa de radio, estaba su ayudante, el aragonés somarda Rafael Estévez. Ambos regresan ahora en un libro mucho más extenso y ambicioso: ‘La playa de los ahogados’, que narra la llegada de un cuerpo, con las manos atadas, hasta la orilla, empujado por la marea. Es Justo Castelo, un marinero. La investigación conduce a los lugares de lo inverosímil y del asombro. Caldas, por otra parte, vive numerosas tensiones y anda algo sombrío; los desencuentros con el aragonés Estévez también le afectan, no tanto desde luego como el extraño crimen, no tanto como su ánimo desasosegado.

 

Cuentos de la Disciplina Clericalis

Versión de Magdalena Lasala. Prólogo de María Jesús Lacarra. Ilustraciones de David Guirao. PUZ: Larumbe Chicos. Zaragoza, 2009, 128 páginas.

 

Este precioso libro aúna a cuatro autores: a Pedro Alfonso de Huesca, un pionero del relato corto, un judío converso del que se sospecha que nació en 1065 y falleció en 1121; a la mujer que más sabe de él, María Jesús Lacarra; a la escritora que se prendó de los cuentos de la ‘Disciplina clericalis’ y los adaptó para niños algo crecidos, Magdalena Lasala; y a uno de los estupendos ilustradores jóvenes de Aragón: David Guirao, que ha intentado realizar su propia interpretación y que los dibujos y su colorido también hablasen, también contasen historias de un sabio y un joven, historias de amor y misterio, de pozos misteriosos, de animales, cuentos sensuales, metafísicos, paradigmas. He aquí el resultado: este espléndido volumen en Larumbe chicos que ha quedado realmente bonito.

*La foto es de Sophie Pawlak.

 

 

 

 

FERNANDO LALANA: CIEN TÍTULOS DE FICCIÓN

FERNANDO LALANA: CIEN TÍTULOS DE FICCIÓN

Fernando Lalana (Zaragoza, 1958) es un caso insólito. Con ‘El círculo hermético’ (San Pablo, 2009), ha alcanzado una cifra redonda e increíble en su bibliografía: ha publicado cien libros a lo largo de poco más de 25 años. Empezó con ‘El secreto de la arboleda’ (1981), lo redactó durante el servicio militar, y uno de sus superiores, cuando se enteró, le dijo: “Ande, ande. Llévese esto de aquí, y no se lo cuente a nadie, no vaya a afectar la noticia a la moral de la tropa. ¡Un artista entre nosotros!”. Heredero de Jardiel Poncela y de Carlos Arniches, urde tramas todo el rato, solo o en compañía de José María Almárcegui, con quien ha colaborado en una veintena de volúmenes. Almárcegui es el encargado del trabajo de documentación y a veces de la ilustración. Tras el bombardeo de ideas entre ambos, Fernando le da sentido a la historia: le confiere coherencia, complejidad, misterio, amenidad e ironía. Es uno de los autores que ha convertido Zaragoza en un territorio de ficción con mayor intensidad y la puebla de sectas, de asesinos, de anticuarios, de bailarines, de fabricantes de cañones, de policías clásicos como Germán Bareta o de jóvenes curiosos como Nico Martín, que, en ‘El círculo hermético’, vive entre dos amores, Malva y Desdémona, en medio de un crimen ritual. El mundo del libro, como el del teatro, siempre está en crisis, a la caza de lectores. Fernando, coleccionista de plumas y paseante de su ciudad, se pasa media vida fuera de casa: contando historias, hablando del placer de la lectura y la escritura, y así, de aula en aula, de hotel en hotel, conoce a futuros protagonistas de sus libros y a lectores adolescentes e inconformistas. Es un asiduo de la Feria del Libro, y en esta edición que finaliza con más razón. Aúna la cantidad, la calidad y el humor con una inmensa pasión por la literatura.

*La foto es de Pascal Abadie.