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Antón Castro

GALARDON PARA PERIFÉRICA, ASTEROIDE, NÓRDICA...

GALARDON PARA PERIFÉRICA, ASTEROIDE, NÓRDICA...

[Julián Rodríguez, escritor y editor de Periférica escribe esta nota a sus amigos: Periférica recibe un premio importante con un consorcio de editoras, entre ellas tres de las que soy muy amigo: Libros del Asteroide de Luis Solano, mi paisano en Barcelona, Impedimenta de Enrique Redel y Nórdica de Diego Moreno. Dice Julián:]

 

Te escribo para compartir una buena noticia, querido amigo, querida amiga:

 

Periférica ha sido galardonada hoy por el Ministerio de Cultura con el premio más importante que se concede en España a una editorial: el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2008.

 

La nota del ministerio dice que el premio se concede a Periférica y las otras 6 nuevas y pequeñas editoriales con las que en la primavera pasada formamos la Asociación de editores Contexto (con presencia conjunta en ferias, lanzamiento de una revista de la asociación con más de 30.000 ejemplares -precisamente la semana que viene publicamos el número 2-, seminarios y encuentros grupales, difusión y misiones comerciales en el extranjero...)  “por su irrupción innovadora en el panorama editorial, que desde la iniciativa individual y desde distintos puntos de España, han sabido vincular edición, distribución y librería en torno al proyecto Contexto”.

 

Las editoriales amigas premiadas junto a Periférica son Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica y Sexto Piso.

 

Queremos celebrar contigo este premio y darte las gracias por tu apoyo.

*Esta obra es de Dino Valls.

 

EL INESPERADO DESPLANTE DE LIZZ WRIGHT

EL INESPERADO DESPLANTE DE LIZZ WRIGHT

Me llamó hoy Javier Burbano, viajero y fotógrafo, y me dice que ya ha comprado mi nuevo libro Fotografías veladas (Xordica, 2008) en Los Portadores de Sueños y que ha sido uno de los primeros en comprarlo. Cuando se inauguró el sello de Chusé Raúl Usón, el primer título fue un libro mío de entrevistas: Veneno en la boca, con diálogos de 18 escritores. Catorce años después, vuelvo a publicar en una editorial donde han publicado multitud de amigos, mucha gente a la que admiro (Tavares, Ondjaki, Manuel Moyano…),  y mis hijos Daniel y Aloma. Me hace mucha ilusión, sinceramente.

 

Ismael Grasa me escribió hace unos días y me dijo que le había gustado mucho la foto de la solapa de José Antonio Melendo. Es un retrato que me hizo en Albarracín en el VII Encuentro Literario. Ismael acaba de publicar una extraordinaria y dura novela, Brindis, también en Xordica, con una portada inolvidable de Elisa Arguilé, una mujer y una ilustradora de un infinito talento. Hace unos días, en la comida de los 25 años de Cálamo, Manuel Vilas me dijo que le había encantado el libro, y también dijo lo mismo Enric Cucurella, editor de Alpha Deccay.

 

Josema Carrasco me escribe por varias razones. Él es un generador de imágenes y de belleza incesante. Ahí está su página para verlo, su blog http://josemitadinamita.blogspot.com para comprobarlo. En el último número de Rolde, 126, en dos páginas, se ofrece una amplia selección de sus dibujos, luminosos, coloristas, figurativos. Josema, gran aficionado al jazz, ha felicitado a Miguel Ángel Tapia Jr. en este blog por el excelente programa de este año. Miguel Ángel Tapia Jr. presentaba cada sesión brevemente. También lo hizo con Lizz Wright.

 

Con ella me ha ocurrido algo que hacía mucho tiempo que no me pasaba con nadie. Gracias a las gestiones de Miguel Ángel, habíamos quedado en grabarle una entrevista para Borradores tras la prueba de sonido. Esperamos: mi hijo Daniel, la operadora Susi, una simpática gallega de Vigo que cuenta mil y una historias de Karpin y Mostovoi, y yo. Hacia las siete nos dijeron que Lizz se había ido al hotel a cambiarse y que haríamos la entrevista después del concierto, hacia las 21.30. Ya me quedé con la mosca detrás de la oreja. A Miguel Ángel Tapia Jr. -lo sé, estoy seguro porque se ha desvivido con nosotros-, le aseguraron que haríamos la entrevista en el camerino 1. Dejamos allí algunas piezas, la iluminación, etc., y oímos gustosos el concierto. Excelente, aunque un tanto frío, como falto de algo más de chispa, aunque eso sí: la voz de Lizz es maravillosa, parece que en su sonoridad en expansión llevase dos o tres o cuatro instrumentos ocultos en su interior. Impresionante. Es una voz orquesta, una voz que acaricia, una voz que llena. Hacia las 21.30 montamos de nuevo la cámara, repasamos las preguntas, y de repente nos dicen que Lizz se ha quedado sin voz y que no puede darnos la entrevista. Se había quedado sin voz la misma mujer que acababa de cantar hacía cinco minutos y que cantaba al día siguiente en Madrid. Lo sentimos claro. Miguel Ángel insistió en su promesa, en nuestra casi cuatro horas de espera, etc. Ella repitió que se había quedado sin voz.  No era fácil creer eso. Nada que ver con Hiromi Uehara: la pianista japonesa estuvo encantadora, simpatiquísima, elegante, alegre (a pesar de que la había picado un mosca bajo el labio), nos concedió casi media hora, tocó el piano y nos recordó cuanto amaba España y la música española.

Tardaré en comprar los discos de Lizz, creo que me ya me gusta un poco menos. ¡Si supiera la cantidad de veces que ha sonado en mi ordenador la pasada semana! Lo más probable es que le hubiese dado igual.

*Esta maravillosa ilustración corresponde al blog de Josema Carrasco, que está vendiendo estos días sus ilustraciones en la galería de Kike Calvo, en el Pasaje de los Giles.

DIÁLOGO CON MARIO MUCHNIK SOBRE FOTOGRAFÍA

DIÁLOGO CON MARIO MUCHNIK SOBRE FOTOGRAFÍA

“CONOZCO MEJOR EL MUNDO

GRACIAS A LA FOTOGRAFÍA”

 

“La foto ha sido un método de conocimiento”

 

“Sin la foto, me habría sentido incompleto”

 

[Mario Muchnik inauguró el pasado lunes en la Biblioteca de Aragón la muestra “Retratos literarios”, donde recopila 58 fotos de escritores realizadas a lo largo de casi medio siglo detrás de una Leica]

 

“Descubrí la fotografía cuando tenía siete años. Mi padre me regaló una cámara Kodak de cajón. Era como un cubo más alto que ancho que tenía el visor por arriba. Y así empecé a realizar instantáneas”, dice Mario Muchnik (Buenos Aires, 1931), el físico, editor, escritor y fotógrafo. Ayer inauguraba la muestra ‘Retratos literarios’ en la Biblioteca de Aragón.

-¿Cuándo sintió la llamada de la fotografía?

-Cuando estudiaba Física en Nueva York. Allí había pequeños clubes de casi todo, y vi que anunciaban un club de fotografía. Me apunté. Tenían un laboratorio inmenso con una cámara oscura de cien metros cuadros. Disfrutaba  con el positivado. Me encantaba salir con mi cámara: tomé fotos del puente de Brooklyn, que luego fue una y mil veces retratado y se convirtió en un clásico, y de la universidad de noche. Allí había estudiado Lorca hacia 1929, y alguien me dijo que me había tocado en suerte la habitación que él había utilizado más de veinte atrás. Nunca lo tuve claro.

-¿Qué pasó luego?

-Me trasladé a Europa, donde continué mis estudios y donde sería profesor. Adquirí una Rollei Flex y alquilé una casa grande con dos baños. Como vivía solo, convertí uno de ellos en mi habitación oscura. Ya hacía mis propios experimentos: buscaba una fotografía con grano muy fino. En aquellos tiempos tomé muchas fotos que permanecen en secreto: en particular, una colección de desnudos de Nicole, que ella no quiere que enseñe. Realizaba fotos en las que el blanco no tenía ese tono lechoso ni el negro tenía el color tinto, parecían huecograbados, en la línea de las fotos que había hecho años atrás la revista ‘Camera Work’, con Alfred Stieglitz y Edward Steichen.

-¿Cuándo empezó a fotografiar escritores?

-Nunca he fotografiado escritores.

-Viendo sus ‘retratos literarios’, una selección de 58 fotos entre algunos miles, nadie lo diría…

-Quiero decir que no he fotografía escritores específicamente. Fotografiaba todo tipo de cosas, sin un objetivo concreto claro. Una de las primeras fotos que hay en la muestra es la del poeta Marcos Ana, al que conocí en Roma gracias a Rafael Alberti, al que también retraté y edité. Alberti me dijo que había ido a verlo, tras haber permanecido 23 años en la cárcel.

-No tardaría en adquirir una cámara Leica, ¿no?

-Una tarde, en una reunión multitudinaria en Nápoles, estuve con un físico norteamericano que llevaba colgada una cámara. ‘¿Qué llevas ahí?’, le pregunté. Era una cámara Leica, probablemente una M-3 que no tenía fotómetro, como la que usaba Henri Cartier-Bresson. Me dejó probar, me enseñó a manejarla. Disparé un rollo completo, y el físico me dijo: ‘Te lo llevas’. Lo revelé: me salieron unas fotos espléndidas.

-Creo que colaboró usted en la revista ‘Life’.

-Después de vivir en Roma y en Nápoles, donde estuve doce años, dejó la Física hacia 1966. Me trasladé a París, donde cubrí como fotógrafo el mayo del 68. Ahora tengo una exposición de esa época en la Diputación de Córdoba. Conocí a Enrico Sarsini, un fotógrafo profesional de ‘Life’. Me invitó a su apartamento, y al cabo de un rato volvió cargado de cámaras Leica y de objetivos. Cogió dos M-3. ‘Necesitas un objetivo de 35 mm., uno de 50 y otro de 80. Creo que eso te bastará’, dijo. Eran auténticas virguerías de profesional. ‘¿Así que me los prestas?’. ‘Es tuyo, es tuyo’. Me quedé estupefacto. Pero además falsificó de inmediato un carné antiguo suyo y pasé a tener mi propio carné de ‘Life’. ‘Cuando te vean con las Leicas al cuello nadie pondrá en duda que perteneces a la revista’, aventuró. Hice todo el mayo francés, le mandaba a los rollos a la revista ‘Life’, cientos de fotos, pero solo me publicaron una. Estuve en reuniones de los comunistas y los socialistas, capté a un joven François Miterrand, en las barricadas…

¿La foto de André Malraux es de entonces?

-Es posterior, la tomé en 1969 en la campaña de De Gaulle. No llegué a hablar con Malraux. También retrataría a Simone de Beauvoir y a Jean Paul Sastre en La Sorbona.

¿Y el retrato de Jorge Luis Borges?

Esa foto está datada hacia 1971, en tiempos del general Lanusse, cuando le devolvieron a su puesto en al Biblioteca de Buenos Aires. Lo había conocido con mi padre y mis tíos, a los 19 años, en el restaurante Mogador. Entró, parecía apoyarse en las sillas, saludó a todo el mundo. Entonces aún veía. Mi tío le dijo: “Es mi sobrino Mario y estudia Física en Nueva York”.  Borges comentó: “Qué bien”.

La nómina de sus amigos escritores es interminable…

Mi gran amigo español ha sido Isaac Montero. A Elias Canetti le hice un carrete completo cuando recibió el Nobel en Estocolmo, pero estaba mal colocado en la cámara y no salió nada. El editor y escritor Roberto Calasso y su esposa de entonces Fleur Jaeggy, también escritora, me dijeron, entre carcajadas: ‘Oh, oh, Mario. Esas son las mejores fotos de Elias Canetti”. De Italo Calvino fui vecino y le propuse editar ‘El barón rampante’ con una colección mía de fotos de árboles, de hojas y de flores. Cada una de mis fotos, como cada uno de los objetos que tengo en mi casa, tiene una historia.

-¿Qué ha significado la fotografía para usted?

Me habría sentido como un impotente e incompleto sin ella. La fotografía es un instrumento de vida, es un método de conocimiento. Creo que es la disciplina a la que le he dedicado más tiempo. A lo largo de mi vida me ha interesado la ciencia, la música, los libros y la fotografía. Me recuerdo toda la vida haciendo fotos. Conozco mejor el mundo gracias a la fotografía, y he llorado en muchas ocasiones ante la belleza ajena. La belleza me conmueve y Cartier-Bresson atrapa mejor que nadie la belleza de un momento único.

-Por cierto, David Duncan Douglas, el gran fotógrafo de Picasso, dijo que usted era “el exacto igual de Cartier-Breson”.

Tenemos algunas semejanzas: la preocupación por el encuadre, la obsesión por la composición y el contenido humano. Y también el significado irónico de muchas fotos. Creo que aún hay otro rasgo común: no nos gustan ni la violencia ni el sufrimiento ajeno.

Usted es y ha sido editor. ¿Cuál es el balance que hace de más d 40 años en esa profesión?

No tengo quejas. Solo le encuentro el defecto de que me ha alejado más de lo que yo quisiera de la fotografía. Y ahí sigo aún: reedito estos días la monumental ‘Guerra y paz’ de Leon Tolstoi, que es la mejor novela de todos los tiempos.

 

'MUJERES EN LÁGRIMAS' DE TERESA ARBEX

'MUJERES EN LÁGRIMAS' DE TERESA ARBEX

 

Teresa Arbex debuta en la poesía con Mujeres en lágrimas, un libro dedicado a las mujeres que aman y sufren, que intentan escapar de la sinrazón de la opresión hacia la libertad. Teresa Arbex posee un inmenso caudal de lecturas en varias lenguas, cada uno de sus poemas está encabezado por una cita de grandes maestros: desde Ungaretti a Tristan Tzara, desde Shakespeare, Ponge y Victor Hugo hasta José Ángel Valente. Teresa Arbex, a quien no conozco aún aunque he hablado con ella por teléfono, presenta su libro el próximo viernes, a las 20.00 en la Casa de la Mujer, donde mañana, en el taller de Escrituras de Mujer, hablaremos de poesía. Presentará el acto, Mujeres en lágrimas, el profesor Mariano Ibeas, cantarán canciones Rafael Castillejo y Manuel Quelle (guitarra), y recitarán María Otal, Montse Grao, Inmaculada Marqueta y Belén López. La ilustración es la Ofelia de Millais, motivo de portada del volumen.

 

Copio algunos poemas de Teresa Arbex:

 

Quien se asoma

al atardecer de los sueños

nunca despierta

 

 

He perdido todo lo de mi infancia, ya nunca podré

Desmemoriarme en un grito

Giuseppe Ungaretti

 

 

Empieza a amanecer;

todo lo que escribo

se rompe en tu silencio

¿oyes?

 

El autillo canta a lo lejos por ti,

me dice que tu noche no fue fácil,

que la lluvia borró tus pasos,

y más tarde la memoria.

 

Galana del olvido nadie te nombra,

sino los silbos en la mañana

que aún recuerdan tu belleza.

 

 

Nunca sabré

por qué la luz y la oscuridad

ciegan por igual.

 

 

Nunca sabrá la justa medida

de los besos que cabían en su boca,

ni qué fue de la luz proyectada

sobre su sombra,

 

se viste de tiempo perdido

y las esquinas las pinta de negro,

es el luto silencioso por sus golpes.

E. LABORDA: MEMORIA DE LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA

E. LABORDA: MEMORIA DE LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA

 

Memoria de la ciudad de la alegría

 

 

El pintor, realizador e investigador Eduardo Laborda publica ‘Zaragoza. La ciudad sumergida’ (Onagro, 2008), un inventario íntimo de su colección de cuadros, fotos, carteles, postales y juguetes

 

Eduardo Laborda (Zaragoza, 1952), pintor, realizador de cine y coleccionista de mil y un objetos, quiere dejar las cosas claras desde el principio. “No hay amor sin dolor –señala-. He sufrido Zaragoza, que es una ciudad destructiva con los que estamos aquí, y a la vez siento una atracción especial, un inmenso cariño por ella, por eso la pinto tanto. En mi relación con Zaragoza hay una porción de dolor y placer, pero es mi ciudad. Vivo aquí. Es más: cuando empiezas en la pintura sueñas con ser famoso, alcanzar un prestigio nacional, rebasar fronteras con tu obra, pero ahora solo deseo pasar a la historia como un pintor local, como un pintor de Zaragoza. Sería mi mayor triunfo”. Eduardo Laborda acaba de publicar ‘Zaragoza. La ciudad sumergida’ (Onagro ediciones, 2008) que es un homenaje personalísimo a la ciudad a través de los objetos, las fotografías, los juguetes, los carteles, las postales y los cuadros que ha ido acumulando a lo largo del tiempo.

“Siempre me ha preocupado la destrucción y la desaparición de edificios, elementos, calles y personas que han conformado tu vida, el universo de tus afectos. La ciudad a menudo se transforma vertiginosamente y quieres retener lo que desaparece, lo que se vuelve efímero, lo que cae en el olvido. Con ‘Zaragoza. La ciudad sumergida’ yo quise hacer como un guión cinematográfico, un tebeo, cuyo ‘story board’ son las fotos, las ilustraciones, todo el universo visual que se ve aquí”. El pintor aún matiza más sus intenciones: ha querido rescatar un conjunto de figuras de primer orden, como el pintor Francisco Marín Bagüés, los ilustradores Guillermo y Bayo Marín, a los cuales dedica capítulos completos, pero también a personajes “necesarios, que han trabajado mucho sin darse importancia alguna, y que forman parte de la historia no escrita de esa segunda línea decisiva para todo. Pienso, entre otros, en artistas como los dibujantes Luis Germán o Marcial Buj ‘Chas’, el pintor Ángel Rael, los escenógrafos Codín o el escultor Armando Ruiz Lorda”.

Bayo Marín y Marín Bagüés son dos mitos de Eduardo Laborda: de Bayo Marín, cuya obra ha recuperado en buena parte, le encanta su vitalidad, la convicción de que “la vida es para vivirla y para quemarla, era un cachondo que cerró una sala de fiestas completa para todos sus amigos”, y dejó una gran cantidad de obra. De Marín Bagüés dice que “es un personaje que nos fascina a casi todos los pintores. Era auténtico, no quiso vender su obra, era un fundamentalista del arte que llegó a sacrificar por ello su prestigio y sus estatus económico, y eso me parece admirable. Lo admiro por su propia obra y por esa honestidad de radical de la pintura”. En el libro, se exhibe un autorretrato de Marín Bagüés, fechado en 1927, un año en el que apenas pintó debido a sus depresiones, una obra que tiene un paralelismo rotundo con el último autorretrato del creador.

         La pasión por el coleccionismo de Eduardo Laborda se remonta a la niñez: empezó con las cajas de cerillas con caricaturas de futbolistas, luego se pasó a los ciclistas de las chapas de las botellas de gaseosa y de ahí a los cromos de animales. Ese afán por atesorar cosas sufrió un parón cuando se dedicó al deporte, fue corredor de medio fondo y de velocidad, hasta que descubrió la pintura y las casas y los estudios de los pintores (entre ellos el del olvidado Alfonso Ribero), “que trabajaban rodeados de fetiches, de piezas, de objetos para montar sus bodegones. Me gustaban mucho los estudios de artistas, rodeados de la belleza de su tiempo y de la del pasado, y de la que ellos mismos podían generar”. Al poco tiempo, empezó a buscar en almonedas, rastros y rastrillos, chalamerías, librerías de viejo y anticuarios. De todo ese rastreo de casi treinta años ha nacido este libro repleto de imágenes inéditas, de sorpresas y de novedades. Cada pieza tiene una historia detrás, un copioso anecdotario.

Una de las aportaciones más singulares es la de la fotografía. Eduardo posee formidables colecciones de los pioneros de la fotografía en la ciudad, entre ellos la espléndida obra de estudio de Gustavo Freudenthal, el cónsul alemán que recibió a Albert Einstein, o instantáneas de Lucas Escolá, autor de un delicado retrato de María Portolés, la madre de Luis Buñuel, que encontraron Eduardo y su mujer Iris Lázaro, también pintora, en la basura en la calle Costa. En Sagasta hallaron un formidable y completo álbum militar. También hay piezas de Juan Mora Insa, Mariano Carrato, Justo Kortés, Skogler, Mariano Pescador, los Coyne, Júdez o Jalón Ángel, que retrató impecablemente a Irene López de Heredia. Una de las series más curiosas corresponde a artistas de las variedades todas ellas dedicadas. Entre las colecciones más insólitas figuran dos grupos de postales, uno de Berlín y otro con proyectos y edificios del arquitecto de Hitler Albert Speer. Junto a ese lote, Laborda adquirió “varios muñequitos de proporciones clásicas de diferentes tqamaño, con el sello del fabricante: la imagen de una tortuga y la inscripción ‘Shutz Marque Germany’. A Zaragoza vinieron muchos alemanes, a consecuencia de las dos guerras, y yo creo que pertenecían a alguien que pasó la niñez en Alemania”.

‘Zaragoza. La ciudad sumergida’ está repleto de curiosidades, de secretos, de historias menudas, de pasión por la vida. Se recuerdan cafés como el Ambos Mundos, el Salduba, el Alaska, y las aventuras de la bohemia artística de los 70, en la que tanto Eduardo Laborda como Iris Lázaro tuvieron gran importancia; se evoca la llegada de los gramolas y la música enlatada con los americanos; se recuerdan grupos como Los Napoli y su vocalista Lola Laborda, hermana del pintor y fallecida demasiado pronto, cuando ya la consideraban una versión aragonesa de Gloria Lasso; se recrean los gloriosos días del Casino Mercantil. Todo ese pasado reciente le lleva a decir a Eduardo Laborda: “Zaragoza ha sido una ciudad de ocio, una ciudad de alegría, una ciudad de creación, y el libro lo reivindica”.

 

*Este artículo aparecía ayer en Heraldo de Aragón. El libro de Eduardo Laborda Zaragoza. La ciudad sumergida (Onagro, 2008) ya está distribuido en librerías. El otro día le oí decir a Pepe Fernández Moreno de Antígona que la gente ya lo pide mucho ya. El libro se presenta en El Cortes Inglés el 10 de diciembre; Eduardo Laborda estará acompañado de su editor Fernando Jiménez Ocaña y del profesor y poeta Alfredo Saldaña. Una de las fotos de Lola Laborda y Los Nápoli que incorpora a su libro Eduardo Laborda.

WHYNDHAM LEWIS: UNAS APOSTILLAS REVELADORAS

WHYNDHAM LEWIS: UNAS APOSTILLAS REVELADORAS

[El pasado 20 de septiembre, en La Opinión de Tenerife, la traductora Yolanda Morató y Enrique Redel hablaban de Estallidos y bombardeos. Recojo aquí ese artículo, realmente interesante, que confeccionó la agencia EFE, no sé quién es el redactor, cuyo nombre estaría encantado de poner aquí.]

 

La joven traductora onubense Yolanda Morató, de 31 años, que ha vertido al español las hasta ahora inéditas en este idioma memorias del británico Wyndham Lewis (1882-1957), "Estallidos y bombardeos" (Impedimenta), ha dicho a Efe que el idealismo de este pintor y escritor "no conoció límites".

AGENCIA EFE

Según Morató, Wyndham Lewis "no se parece a nadie y lo que escribe tampoco tiene nada que ver con lo que se ha hecho antes ni durante; con sus obras innovó en gran variedad de géneros, creó un estilo pictórico e incluso se inventó cosas como el complejo de Peter Pan", además de ser autor de más de mil obras pictóricas y de cuarenta volúmenes de ficción, ensayo, filosofía, poesía y teatro.

"McLuhan reconoce que se inspiró en un concepto de Wyndham Lewis para su célebre 'aldea global' y el propio Martin Amis explica que el título de su último libro, 'El infierno imbécil', procede de Wyndham Lewis", añadió Morató, para asegurar que este autor "destacó entre sus contemporáneos por la audacia con la que diseccionó a la sociedad de su época, se atrevió con los más poderosos y fue tajante en sus ideas sobre la cultura moderna." Wyndham Lewis atacó a personalidades de la época como James Joyce, Marinetti, Gertrude Stein, Virginia Woolf, y su propio mecenas y amigo Ezra Pound, mientras que sus obras abordaron sin pudor y muy arriesgadamente temas políticos y sociológicos demasiado delicados para esos años.

 

Morató explicó el hecho de que en España se haya tardado tanto en traducir y publicar su obra: "basta con mirar las apuestas editoriales y observar los programas de las carreras de Filología, donde siempre se estudia el consabido canon: Woolf, Joyce y Eliot, o lo que es lo mismo, sota, caballo y rey".


El desconocimiento sobre este autor en España ha sido tal que su traductora ha detectado cómo una universidad madrileña que lo incluía en sus programas se equivocaba, sin embargo, en la bibliografía, incluyendo libros que no eran de Wyndham Lewis Lewis, sino de un contemporáneo casi homónimo, el periodista D.B. Wyndham Lewis.

Pese a lo cual, Wyndham Lewis fue considerado por Eliot como "el mejor prosista de su generación" y mereció alabanzas de Joyce, Pound, Orwell y Burguess, mientras que el editor de Impedimenta, Enrique Redel, lo tilda del "quinto Beatle" de los cuatro "abanderados" que fueron Joyce, Pound, Eliot y Woolf.

Sobre las páginas de "Estallidos y bombardeos", Morató señaló que "quizás la anécdota más famosa sea el viaje de Wyndham Lewis en compañía de Eliot, cuando pasaron por París durante unas vacaciones para llevarle a Joyce un regalo de Pound, un par de viejos zapatos marrones."
Esta obra, buena parte de la cual transcurre en la Primera Guerra Mundial, "no es un libro sobre la guerra, sino sobre la inutilidad de cualquier conflicto armado", según su traductora, mientras que el escritor Juan Bonilla, en su introducción a esta edición, afirma que la guerra "convierte a Wyndham Lewis en animal político, no en el político consumado que será luego, pero sí en alguien con una conciencia que le ha ido brotando mientras esquivaba balas."
Morató señaló que Wyndham Lewis también muestra "otras batallas, las que se declaran en el terreno del arte y de la literatura; nos habla de su experiencia como editor de la revista vanguardista 'Blast' y como autor de 'Tarr', una de las pocas novelas de la vanguardia histórica escritas en inglés."


Sobre su traducción añadió que "quien lea a Wyndham Lewis debe saber que la experiencia es similar a pasear por Roma o por Sevilla, ya en su superficie son magníficas ciudades pero, si se excava un poco, nos encontramos con otras civilizaciones no menos atractivas."
Del idealismo del autor añadió que le acarreó "numerosos desengaños que lo sumieron en una situación económica difícil; vivió gran parte de su vida pidiendo dinero a las personalidades que lo rodeaban pero, a pesar de todo, y con unos poderosos enemigos a las espaldas, nunca perdió el aliento crítico."

 

PREMIO DE TRADUCCIÓN A 'ESTALLIDOS Y BOMBARDEOS'

PREMIO DE TRADUCCIÓN A 'ESTALLIDOS Y BOMBARDEOS'

[El editor Enrique Redel fue uno de los invitados a la comida, entre amigos, organizada el pasado viernes en la Rinconada de Lorenzo por Paco Goyanes para celebrar los 25 años de Cálamo. Un cuarto de siglo entre libros y viajes y proyectos culturales. Enrique Redel está muy contento con la línea editorial y el creciente reconocimiento a su sello Impedimenta. Me envía esta nota, se la envía a un montón de amigos y cómplice en esa extraña y gozosa travesía de los libros, que lleva implícita una gran dosis de orgullo. Enhorabuena a Enrique y a Yolanda Morató.]

 

La Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos (AEDEAN), en su cena anual celebrada el pasado día 14 de noviembre en Palma de Mallorca, proclamó a Estallidos y bombardeos, de Wyndham Lewis, publicada recientemente por la editorial Impedimenta, y con traducción anotada de Yolanda Morató, ganadora del Premio AEDEAN, que se concede cada año a la traducción de una obra de envergadura, caracterizada por su seriedad, rigor científico y calidad literaria.

 
Estallidos y bombardeos es la autobiografía del escritor inglés Wyndham Lewis durante sus años más creativos: el período que precedió y que siguió inmediatamente a la Primera Guerra Mundial. Individualista insobornable, narrador de sorprendente talento, polemista de genio, testigo privilegiado de la escena artística inglesa de las primeras décadas del XX, íntimo de James Joyce, T. S. Eliot o Ezra Pound, archienemigo de Noël Coward y de los artistas del grupo de Bloomsbury, Wyndham Lewis es una de las figuras más apasionantes y desconocidas del panorama literario de las vanguardias.
 
Cabe señalar que el proceso de selección del Premio de la AEDEAN se lleva a cabo con la más absoluta discreción y nunca se hace pública la relación de personas que forman parte del jurado. El resultado se da a conocer en la cena del congreso anual de la asociación, que cada año tiene lugar en una sede diferente.
 
En otras ediciones, este premio ha distinguido las traducciones de obras como “Persuasión”, de Jane Austen (traducida por Juan Jesús Zaro Vera, Cátedra, 2003) o “La feria de las vanidades”, de W.M. Thackeray (traducida por Marcos Rodríguez Espinosa, Cátedra, 2000).
 
Yolanda Morató (Huelva, 1976) es licenciada en Filología Hispánica e Inglesa, tiene un máster en Literatura del Modernismo (Universidad de Londres) y escribe en estos momentos su tesis doctoral sobre Wyndham Lewis. En los dos últimos años ha traducido al español Me acuerdo, de Georges Perec, El Greco o el Secreto de Toledo, de Maurice Barrès y Primavera de España, de Francis Carco. En la actualidad prepara Más que palabras. El cuaderno del traductor, una colección de ensayos en torno a la traducción, y 1914. Las voces de la Gran Guerra, una antología de poetas ingleses de la Primera Guerra Mundial.

*Wyndham Lewis también es pintor. Y este retrato de Ezra Pound es la mejor prueba de su calidad.


 

MARIZA CANTA EN ZARAGOZA Y AGOTA LAS ENTRADAS

MARIZA CANTA EN ZARAGOZA Y AGOTA LAS ENTRADAS

[Amaia, del gabinete de prensa de Syntorama, anuncia que Mariza arrasa allá por donde va, que vende todas las entradas, y traza esta trayectoria de la gran cantante de fados: una mujer, de espléndida voz, de una inusitada fuerza y dulzura en escena, que sigue el camino trazado por Amalia Rodrigues, Misia o tantas otras. La nota corresponde a Syntorama. Mariza actúa el jueves 20 en Zaragoza, el mismo día en que presentan libros Miguel Mena (FNAC), Ángel Guinda (Olifante), José Damián Dieste y Ángel Delgado (Ámbito Cultural).]

 

Mariza, una de las artistas portuguesas más emblemáticas de la actualidad y con mayor proyección internacional, ha comenzado su gira por nuestro país. Tras actuar en Andorra, donde se agotaron las localidades, actuó al día siguiente en Girona, donde el cartel de SOLD OUT llevaba colgado varias semanas. A estos dos conciertos les seguirán el Palau de la música de Barcelona (19 de noviembre), que está próximo a agotar, Zaragoza (20 de noviembre) y Baena en Córdoba (22 de noviembre) dentro de su impresionante gira mundial, en la que presentará su nuevo álbum Terra, poducido por Javier Limón.


La gira internacional de Mariza comenzó el 14 de agosto en Castelo Rodrigo (Portugal) y tras recorrer Rumanía, Francia, Bélgica, Suecia, Finlandia, Holanda, Luxemburgo, Bulgaria, Holanda, Suiza, Alemania, Reino Unido, Austria, Noruega, Andorra, España y Serbia, finalizará en Budapest (Hungría) el 12 de diciembre de 2008 tras 45 conciertos. Después, el 13 de febrero de 2009 comenzará su gira americana en Toronto (Canadá), que finalizará el 2 de mayo en San Francisco (Estados Unidos), después de 48 conciertos. En total, 93 conciertos en nueve meses marcan una de las giras más largas e importantes de un artista durante este periodo.


Producido por Javier Limón, en Terra a la guitarra portuguesa típica del fado se unen el guitarrista británico Dominic Miller (uno de los músicos de Sting durante los últimos 20 años), tres pianistas (el brasileño Ivan Lins y los cubanos Chucho Valdés e Ivan “Melon” Lewis), Javier Limón (que también toca la guitarra flamenca) y el percusionista español Piraña (el favorito de Paco de Lucía). La voz de Mariza se mezcla perfectamente con la de Tito Paris (de Cabo Verde) y con la de Concha Buika. Juntos, arropando la voz de Mariza, tejen una cosmopolita mezcla de flamenco y morna de Cabo Verde, de jazz y folk, siempre con el espíritu y el sonido portugués bien presente. Su puede llamar fado o, simplemente, Mariza.

Mariza, que ha vuelto a ser nominada este año una vez más por su nuevo disco TERRA al “MEJOR ÁLBUM DE FOLK” por la Academia de Grammy Latinos, lo resume todo con una palabra: “Verdad”. Y añade: “Durante siete años de giras internacionales tuve la oportunidad de descubrir otras gentes y otras culturas. Ví, escuché y aprendí. Éste es mi momento. Ésta es mi verdad. Siempre he sido honesta conmigo y con mis fans. Y quería que este álbum mostrase mi progreso como cantante y como ser humano. Mis dos discos anteriores, Transparente y Concerto Em Lisboa fueron para mí como el final de un ciclo. Decidí llamar Terra al nuevo álbum, quizá porque siempre he tenido los pies firmes en la tierra y porque la grabación fue como un viaje musical”.


Nacida en la antigua colonia portuguesa de Mozambique en 1973, Mariza se ha convertido desde entonces es una estrella internacional, con actuaciones en el Royal Albert Hall de Londres, en Carnegie Hall de Nueva York y en el Disney Concert Hall de Los Angeles, entre otros grandes auditorios. Renovadora del fado, Mariza ha publicado álbumes fundamentales como Fado em Mim (2001), Fado Curvo (2003), Transparente (2005) y Concerto Em Lisboa (2006), además del DVD Live In London (2004). A ellos se une ahora Terra, que presenta en concierto en Girona, Barcelona, Zaragoza y Baena.

 

Meu fado

 

Trago um fado no meu canto
Canto a noite até ser dia
Do meu povo trago pranto
No meu canto a Mouraria

Tenho saudades de mim
Do meu amor, mais amado
Eu canto um país sem fim
O mar, a terra, o meu fado
Meu fado, meu fado, meu fado, meu fado

De mim só me falto eu
Senhora da minha vida
Do sonho, digo que é meu
E dou por mim já nascida

Trago um fado no meu canto
Na minh'alma vem guardado
Vem por dentro do meu espanto
A procura do meu fado
Meu fado, meu fado, meu fado, meu fado