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Antón Castro

TRES POEMAS AMOROSOS DE ÁNGEL GONZÁLEZ

TRES POEMAS AMOROSOS DE ÁNGEL GONZÁLEZ

CANCIÓN, GLOSA Y CUESTIONES

Ese lugar que tienes,
cielito lindo,
entre las piernas,
ese lugar tan íntimo
y querido,
es un lugar común.

Por lo citado y por lo concurrido.

Al fin, nada me importa:
me gusta en cualquier caso.

Pero hay algo que me intriga.

¿Cómo
solar tan diminuto
puede ser compartido
por una población tan numerosa?

¿Qué estatutos regulan el prodigio?

TODO AMOR ES EFÍMERO

Ninguna era tan bella como tú

durante aquel fugaz momento en que te amaba:

                                                                         mi vida

entera.

 ¿SABES QUE UN PAPEL PUEDE...?

¿Sabes que un papel puede cortar como una navaja?

Simple papel en blanco,

una carta  no escrita

me hace hoy sangrar.

[Aunque siempre me resultó muy simpático, no he sido un buen lector de Ángel González, que acaba de morir a los 82 años. Lo he leído poco y mal. Tengo varios libros suyos y la antología "Lecciones de cosas y otros poemas".  Me  gustaba su sentido del humor, su ironía, la capacidad que tenía para contar la vida cotidiana desde la poesía, su facilidad, la fluidez. Cuelgo estos poemas de amor, tan simpáticos e ingeniosos, tan graves también.]



 

PASEO POR LA CIUDAD, EL AMOR Y EL ARTE

PASEO POR LA CIUDAD, EL AMOR Y EL ARTE

La realizadora Teresa Lázaro vivió más de una década en Huesca. Allí, en la productora de Eugenio Monesma, aprendió a mirar y a contar en imágenes. El pasado sábado, cuando una leve lluvia de oro caía sobre la ciudad, dijo: “Me encanta esta ciudad. Es un lugar chulo para vivir”. Y evocó, ante la entrada al parque, los hermosos años del aprendizaje, la calma, la sensación de familiaridad, la transparencia de un sol que se alza cosido al cielo y a la montaña como un guardián tutelar y luminoso, una bañera y una terraza. El viernes fue un día de rutas artísticas: la tarde empezó en el Casino, que parece varado en una atmósfera ideal, de juegos y tertulias y resignación inexorable ante el tiempo que fluye. Y luego ya vino la exposición de Alberto Carrera Blecua, ese artista oscense que retorna 20 años después de “El viaje”, donde jugó con las estaciones, con las plazas, con la imaginación del pasajero hacia el monte o el llano. Su exposición es, de entrada, el manifiesto rotundo de alguien que cree en la pintura. Que cree en el lienzo o en la tabla como lugar donde se manufacturan los sentimientos, las tentativas, la búsqueda y el dolor. El enredo de la creación.

Carrera Blecua es un artista hondo, intuitivo y laborioso, es el pintor abstracto que disfruta con la materia (óleo, acrílico, ceras, arenas, resinas, pigmentos...) y que se embadurna las manos y el alma hasta obtener un cuadro. Sus obras en la Diputación de Huesca son de gran formato, por lo regular, y en ellas logra tensión, una dimensión telúrica, realiza un homenaje explícito a la tierra, obtiene pastosidades y texturas que sustentan el arte de pintar. Carrera Blecua es un artista impetuoso, apasionado del color, informalista. Pieza a pieza, con desgarro y delectación, logra crear una partitura de tonos y relieves, un volcán en llamas que a veces recuerda a Barceló, a José María Sicilia o a Tàpies, en esa paleta de afinidades azarosas que es la creación.

La ruta sigue ante la exposición de José Niebla en el Palacio de Villahermosa. El artista nacido en Tetuán es un buen profesional: domina el oficio, el color, posee un mundo y tiene a fragmentar los cuadros en dos partes complementarias o acaso antagónicas: una más expresionista y suelta, y otra más minuciosa y ordenada. En ambas late el caliente corazón de África, en ambas fluye la luz terrosa de la tierra, el diálogo del desierto y la selva.

Fernando Alvira Banzo ha estudiado muy bien la figura de León Abadías, el pintor oscense que realizó los techos del establecimiento La Confianza. Me encanta ese lugar: entrar un instante, oler el bacalao seco, el chocolate con avellana o almendra, las especias que esparcen una perfume de tentación. Bajamos al sótano, a la gran bodega de más de un centenar de vinos oscenses. Todo un festín de aromas, de botellas, de nombres y de diseño gráfico. Allí se concentra, en perfecto recogimiento, la modernidad, un antiguo ritual y la enología.

Conozco tanto a Pepe Cerdá que no es fácil que me deslumbre ya. En La Carbonería de María Jesús Buil contemplo su exposición de acuarelas. Son las mejores que le he visto nunca. Las más refinadas de color, las más límpidas de ejecución, las más sugerentes en la forma y en el paisaje, las más novedosas en suavidad y poema. Pepe rinde homenaje a sus paisajes de Villamayor y de los Pirineos, sale al encuentro de Hopper y de David Hockney, se traslada a un ámbito oriental, casi a la manera de Hokusai, y logra atardeceres de puro fuego, de crepúsculo desvanecido. Cerdá, ese narrador que pinta y ese pintor que practica el escepticismo y el humor, es mejor aún cuando es más lírico.

Ya en la calle de nuevo, Fernando Alvira señala una casa y recuerda que desde su terraza el pintor Félix Lafuente pintó una extraordinaria visión de Huesca, con manchas de nieve en los montes. Acaba el viernes en la librería Anónima. Luis Lles, el sabio de músicas, busca un libro para su padre. Ricardo García Prats parece encontrar el suyo: “La voz y el olvido” de José María Azpíroz.

*He tomado esta foto del blog paisajes viajados de Fernando Alvira.

EL AUTOR E ILUSTRADOR JAVIER SÁEZ CASTÁN

EL AUTOR E ILUSTRADOR JAVIER SÁEZ CASTÁN

  De Javier Sáez Castán (Huesca, 1964) sabemos un poco menos de lo necesario: estudió Bellas Artes en Valencia, escribía y dibujaba cuentos desde muy pequeño, y suele inspirarse en sus propios  sueños y en los de sus tres hijos, puro ingenio y fantasía, para crear sus álbumes o sus relatos ilustrados. Reside en un pueblo del Mediterráneo, en Alicante. Discretamente, sin reclamar demasiada atención ni hacer correr ríos de tinta, Sáez Castán se están convirtiendo en un autor de referencia: en él se combinan la versatilidad y la imaginación del contador de historias y la habilidad del dibujante capaz de crear mundos de color, llenos de sutileza, de segundas lecturas y de referencias culturales. Las obras de Sáez Castán no eluden ni el uso de lenguas ni otros detalles históricos de contexto: en sus cuentos aparece el chino, el francés, el inglés, el alemán o el latín, se explica que la acción transcurre en la campiña francesa, por ejemplo, e incluso se atreve a subtitular uno de sus relatos, “Los tres erizos” (Ediciones Ekaré, 2003 y 2006), como una “Pantomima en dos actos con colofón”. Y arma el libro como si se tratase de una pieza teatral que se enriquece con un glosario final, dotado de un vívido sentido del humor, donde leemos: “La ponme sur tout: Expresión que en francés coloca a la manzana por encima de todas las cosas”.        

No fue éste, “Los tres erizos”, el primer libro de Sáez Castán, pero sí el que nos puso tras la pista de un autor importante, personal, de estirpe borgeana o pariente de Lewis Carroll. En ese mismo año aparecía también su “Animalario Universal del profesor Revillod” (Fondo de Cultura Económica, 2003 y 2007), con ilustraciones suyas y comentario de Miguel Murugarren. Se trata de un libro que proponía un curioso juego: arrancando de una serie de animales reales, se podían crear hasta 4079 animales más o menos fantásticos. Cada hoja del libro está dividido en tres partes: por el anverso están los animales, y por el reverso una frase. Así salía el Garfante, que es un “espécimen caprichoso de majestuoso porte de las selvas de la India”. Y la Cesuaca, un “primitivo branquiado de impetuosa carrera del mundo civilizado”. Lo más curioso es que la  joya, que tiene mucho de pasatiempo y de coartada feliz de la literatura y la ciencia, partía de la labor de naturalistas como Plinio el Vieno, Linneo o Bufffon, y entraba en los territorios del bestiario y del espejismo.

Javier Sáez Castán acude este año a las librerías con dos cuentos de trasfondo pictórico. “La memoria del señor Verde” (Ediciones Ekaré, 2007) cuenta la peripecia de una serie de  señores que un día se atreven a encontrarse y a abrir una puerta: dentro hay otra propuesta, otra luz, otro paraíso. El volumen, de gran formato, se completa con otro inteligente glosario que parece subrayar algo presente en la obra de Castán: la importancia de los idiomas, del conocimiento, del arte, de la vida, y esa invitación suya a vencer la pereza y los prejuicios. El aroma visual del conjunto parece inspirarse en René Magritte: hay obras que parecen refutaciones o aproximaciones a varios de sus cuadros. Castán logra una pieza extraordinaria, llena de cromatismo, minuciosidad, belleza y juegos visuales. Y el otro libro es “Dos bobas mariposas”, que nos transporta a China y a la relación entre dos pintores muy bobos. Así empieza la obra: “Un día, un pintor muy lelo, fue a mostrar el libro que estaba haciendo a otro pintor, viejo y con fama de sabio”. Lo que ocurre luego es mejor leerlo: les anticipo que Sáez Castán nos propone un relato libresco, lleno de aristas y de parodia. Por cierto, la parodia y la ironía son dos de las armas de este extraordinario y sigiloso ilustrador que advierte a los niños sobre la mermelada de este modo: “Otros de sus usos son extenderse sobre una tostada para servir de alimento y manchar las camisas limpias de los niños”.


*Un dibujo de Javier Castán, de su "Animalario".

FOTOS INOLVIDABLES.10 / CECIL BEATON

FOTOS INOLVIDABLES.10 / CECIL BEATON

[Cecil Beaton es uno de  los grandes fotógrafos del siglo  XX, elmaestro del  glamour y de  la puesta en  escena.Una de mis fotos predilectas de él es ésta  de  Marlene Dietrich, que cuelgoaquí acompañada de un perfil de la actriz alemana.]

Marlene Dietrich fue una mujer indómita e independiente que protagonizó fotogramas inolvidables en la historia del cine: como actriz, como cantante, como símbolo de diosa carnal y andrógina. Ella ocupa un sitial de honor entre las grandes figuras: Greta Garbo, Marilyn Monroe, Rita Hayworth y Ava Gardner. Las cinco son las diosas mayores de un reino de glamour, de deseo, de exultante y abrasadora belleza.        

Ella, como las otras, también se vio favorecida por un golpe de suerte cuando asomaba al fracaso. De repente, el hombre que al verla había dicho: “Hermoso culo, pero necesito un rostro”, la miró mejor, de cerca, y vio que en su cuerpo cimbreante, en su mirada penetrante, en su cabellera rubia y en sus pómulos un tanto rollizos todavía, había un incendio de la carne: una mujer salvaje, la Venus de fuego y de hielo. En ese momento, en 1930, cuando la joven Marie Magdelene Dietrich había pasado un modesto calvario de 17 películas sin demasiado éxito, se produjo el nacimiento de una actriz distinta que, más que una intérprete asombrosa, era un amasijo de tentación y fotogenia, de perversidad y beldad.

         Marlene Dietrich se había preparado para ese salto durante mucho tiempo. Su padre era un rígido oficial prusiano que amaba los libros y las artes, y que quiso hacer de ella una muchacha de provecho. La apuntó a clases de violín y la obligaba a leer a Hölderlin o Goethe y a comentarlos con sus institutrices y profesoras. Parecía claro que la joven Marie Magdalene iba a ser concertista, pero un accidente doméstico le desvió de su destino. También soñó con ser rapsoda, declamaba en alta voz con su voz ronca, y ése, a la postre, iba a ser su camino. Se presentó a las clases del conocido dramaturgo Max Reinhardt, pero éste desconfió de sus facciones y de su cabello rubio. Dos años después volvió a verla y se quedó fascinado. Marlene, pese a ese célebre admirador, debería realizar un meticuloso trabajo de fondo como actriz de reparto y de modestas funciones teatrales. En esa travesía del desierto, en 1924, contrajo matrimonio con el ayudante de producción Rudolf Sieber, con el cual tendría una hija, María, que escribió un libro sobre su madre. Un libro donde le reprocha su escasa atención: le recrimina que, mientras ella se iba por ahí en busca de amores lésbicos, “la arrojase” en mano de institutrices lesbianas.

         Josef von Sternberg, barroco y exquisito, le ayudó escapar del anonimato con una cinta legendaria: “El ángel azul” (1930) y ensancharía su mito de devoradora de hombres con seis películas más, algunas de títulos tan emblemáticos como “La Venus rubia” (1932), que es un sintagma que la define. Sternberg fue algo más que un director: fue su amante, su “Pigmalión”, su inventor. Supo captar como nadie su fotogenia, sus ángulos; supo cultivar su androginia, y como hombre decidió abandonarla un tanto harto de sus escaramuzas sentimentales. Marlene Dietrich era irreductible en la vida y en el cine: era una seductora indesmayable que imponía con su belleza y con su vasta cultura. Sabía buscar los hombres idóneos en el momento justo: así buscó la amistad y la complicidad de Ernest Hemingway, con quien mantuvo una relación de igual sin el fastidio del sexo, con Noel Coward, con Erich Maria Remarque, célebre por su novela “Sin novedad en el frente” o, años después, con el escultor Alberto Giacometti.

         Famosa ya en el mundo entero, Goebbels la instó a retornar a su patria para “retomar su papel histórico de icono de la industria cinematográfica alemana”, pero ella no se anduvo por las ramas. Solicitó la nacionalidad norteamericana y quizá contestase lo que volvería a repetir cuando Alemania caía en el pozo total de la sinrazón: “Soldados alemanes: no os sacrifiquéis. ¡La guerra es una mierda! ¡Hitler es un idiota!”. Cantaría para ellos en varias ocasiones. Su carrera en Estados Unidos atravesó un periodo de incertidumbre, que se aliviaba con sus numerosas conquistas (entre ellas Mercedes de Acosta, pero también John Gilbert, Maurice Chevalier, John Wayne, etc.), pero pronto se encauzó e inició su colaboración con los grandes realizadores de Hollywood, un lugar donde nunca se sintió cómoda. Por entonces, usó y abusó la moda de hombre: usaba trajes de corte y pantalones. A su nieta y a su propia hija les diría después que no quería romper con nada, sino que así se sentía más cómoda.

         Era una cazadora de amantes con enigmática suficiencia. Y ya una institución en cualquier película. Sus interpretaciones no parecían servirle para ganar un Óscar pero sí ser portadas de las más importantes revistas y recibir grandes elogios de la crítica. Por su trabajo en “Berlín Occidente” cosechó alabanzas por doquier, alguien dijo que era mejor trabajo, y logró el respeto de Wilder. Alternaba su residencia en París con su estancia en Estados Unidos. Los años 50 fueron importantes para ella: trabajó con Wilder de nuevo, Hitchcock, Fritz Lang o su gran amigo Orson Welles, ahora se ponía lengüetas de carne para estirar su piel y seguía exhibiendo sus alargadas piernas y su mirada magnética. Continuaba cantando, y no se retiró del todo hasta 1979. Vivió reconcentrada en sí misma en los últimos años, repasando sus lecturas de Goethe, de Hemingway y de Hölderlin, y se encargaba de responder de su puño y letra las 200 cartas que recibía diariamente. Abusaba en exceso del alcohol y de los medicamentos, y podría ser que tras haberse observado ante un espejo, a los 90 años, decidiese poner fin a sus días un día de mayo de 1992, tal como conjeturó una de sus últimas cuidadoras. Para entonces ya era inmortal e, igual que hoy, seguía dividiendo a su país.

REGATES DEL DESTINO: NICOLÁS MELINI

REGATES DEL DESTINO: NICOLÁS MELINI

Vuelvo deslumbrado por la luz de Casablanca y por esa maravillosa arquitectura que combina el arte oriental con una estética francesa y modernista. Allí coincidí con un escritor y realizador canario, Nicolás Melini, que se mueve a sus anchas en las distancias cortas: en el relato y la novela, en  la poesía o en  los cortometrajes, como “Mirar es un pecado” e “Hijo”. Lo que no podía imaginarme es que Melini tuviera un parentesco con Zaragoza: jugó un par de temporadas en el Real Zaragoza juvenil con un fútbol de escuela canaria y las habilidades del zurdo. Lo  veía y no dejaba de pensar en Germán Dévora, en Pepe Juan, en el delicado Carmelín. De repente, empezó a recordar la ciudad, los paseos, a una protectora que tuvo en la ciudad y que no ha vuelto a ver, los profesionales del primer equipo que ganaron en 1986 la Copa del Rey al Barcelona; recordó algún partido de entrenamiento con ellos en la Ciudad Deportiva. Y en ese instante, sin asomo de vanidad, Nicolás Melini confesó que uno de los momentos más inolvidables de aquellos días fue cuando le hizo un “túnel” al capitán Juan Señor. Un lance fortuito del juego que a él le dio para mucho. El internacional cada vez que se cruzaba con él le decía: “Eh, rubio”. O “¡ah, esa zurda!”. Paseábamos por la ciudad cuando recibí desde Zaragoza una llamada de Juan Señor. Melini no se lo podía creer. Habían pasado veinte años. No se atrevió a coger mi móvil. Entre sus libros figura la novela “El futbolista asesino”, sobre un jugador que se convierte en un peligroso y nihilista personaje de psicothriller, a pesar de que tiene una novia, Silvia, que es “tan hermosa que besarla es como usar algo nuevo”. La historia es tan dura que no creo que tenga nada que ver con él ni con Señor.

*Éste no es el Real Zaragoza, sino el Las Palmas de  la temporada 77-78 que perdió una final de Copa del Rey ante el Barcelona. A Pepe Melero, que antes frecuentaba el blog con su estrepitoso sentido del humor, le habría gustado saber la alineación: Páez, Carnevalli, Gerardo, Felipe, Hernández, Roque, Félix, Miguel Muñoz (entrenador) y Pérez. Parte inferior; Aparicio (masajista), Maciel, Brindisi, Morete, Jorge, Noly, Pepe Juan y Rivero. [No es el mejor Las Palmas de todos los tiempos, ya se habían ido clásicos como Martín Marrero, Estévez, Castellano, León, Gilberto I y Gilberto II, Germán Dévora, Verdes (habían muerto Juan Guedes y Tonono), se habían marchado Soto al Real Zaragoza y Quique Wolff al Real Madrid...]

NUEVA TERTULIA CULTURAL EN ESCÚCHATE DE ARAGÓN RADIO

NUEVA TERTULIA CULTURAL EN ESCÚCHATE DE ARAGÓN RADIO

El programa de Aragón Radio “Escúchate” estrena tertulia cultural

  Escúchate, el programa que cada tarde conducen Javier Vázquez y Rafa Moyano en la Radio Autonómica de Aragón estrena este viernes una nueva sección dedicada a las tertulias culturales.  Cada viernes, en torno a las 17:00 horas, distintos invitados aportarán su particular punto de vista a distintos temas de la actualidad cultural aragonesa.  Esta semana se sentarán alrededor de la mesa del programa el pintor Pepe Cerdá, el escritor y musicólogo Javier Barreiro y el librero y crítico literario Paco Goyanes.  

Por otra parte, en el programa de este viernes, Javier Vázquez y Rafa Moyano saludarán al escultor Iñaki, autor del busto de Francisco de Goya que hasta el próximo 15 de septiembre se exhibe en la avenida zaragozana que lleva el nombre del pintor de Fuendetodos; recibirán también a la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Huesca, Teresa Sas, que adelantará algunas de las actuaciones que ya se están concretando para este año en la agenda festiva oscense - destaca la presencia de Miguel Bosé con su “Papito Tour”-.

Una semana más, “Escúchate” se acercará hasta el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca y buscará la personal sugerencia para el fin de semana, que en este caso la propondrá el músico y programador cultural Juanjo Javierre.  Asimismo, echará un vistazo a una de las tradiciones aragonesas más arraigadas en estas fechas y que se convierte en una previsión más o menos fiable para las cosechas venideras: la llegada de los langostos de San Victorián. Finalmente, y junto al director general de Tecnologías del Gobierno de Aragón, el programa dará a conocer las utilidades de la nueva Red Tetra de Emergencias que se ha puesto en marcha en la Comunidad Autónoma. 

Escúchate se emite de lunes a viernes a partir de las 16,00 horas.

*Una obra de Pepe Cerdá, ese pintor que piensa y cuenta como un personaje de "Las mil y una noches", ese escritor que pinta y practica el escepticismo con humor.

   

JAPON, EL JAZZ, PISÓN, GARI,.. HOY EN BORRADORES

JAPON, EL JAZZ, PISÓN, GARI,.. HOY EN BORRADORES

  Borradores recibe esta medianoche en el plató a la historiadora del arte japonés Elena Barlés, galardonada por el Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno japonés por la difusión del arte y la cultura del Japón. Elena Barlés habla del arte tradicional, de artistas como Hokusai, de los jardines, del manga, del cine de terror, de los grandes escritores japoneses como Kawabata, Matsuo Basho, Yukio Mishima, Murakami, y recuerda la importante figura de Federico Torralba Soriano como pionero del arte oriental en Aragón.

También visita el estudio la novelista Mónica Gutiérrez Sancho, que publica su primera novela “Y si vuelves te contaré el secreto” (Caballo de Troya), una narración que tiene mucho de partitura musical de jazz y de homenaje a sus antepasados músicos y a una intérprete como Billie Holiday. La acción transcurre en la calle Praga y en el local The Club, donde una serie de personajes oyen música, cantan, aman, tocan el piano.  

Además, Borradores ofrece un reportaje con Ángel Gari, que acaba de publicar “Inquisición y Brujería en Aragón” (Delsan) y “Aragón mítico-legendario” (Prames/ CAI). Gran experto en brujería, Gari habla de libros de exorcismos, de brujas del valle de Tena y Tramacastilla, de derechos de pernada, de inquisidores y de símbolos. Ignacio Martínez de Pisón explica las claves de su nueva novela: “Dientes de leche” (Seix Barral), que narra la historia de un miliciano fascista en la Guerra Civil, que se enamora de una enfermera y se queda a vivir en Zaragoza.

Borradores visita tres exposiciones: “La Vida privada”, la colección de arte de Josep María Civit que se exhibe en el CDAN; la muestra “Desde el eclipse” de Mimmo Palladino en el Palacio de Sástago, un artista fundamental de la transvanguardia italiana que igual trabaja la escultura, la pintura, la terracota o que rinde homenaje al Quijote. Y también se realiza una visita al Museo del Prado, y en concreto a la exposición de pintura española del siglo XIX. La actuación musical corre a cargo del grupo Slumber 9, integrado por Inés (vocalista y percusión), Richi y Javier (guitarras), que interpretan dos temas de Los Beatles: “Help” y “We can work it out”.

*El pasado sábado, en el Casino de Huesca, se entregaron los premios de la Asociación de Críticos de Arte de Aragón. (ACAA). Recibieron los galardones la galería Spectrum, como mejor espacio expositivo de 2007, Daniel Sahún, por su antológica en el Palacio de Sástago, y Borradores, como mejor programa de difusión de arte. Estuvieron en el acto  la realizadora Teresa Lázaro (y su hijo Malic), la ayudante de realización Yolanda Liesa (y su sobrina, jovencísima rapsoda) y un servidor. Luego, me fui de exposiciones: Alberto Carrera Blecua, José Niebla, León Abadías en "La Confianza" y Pepe Cerdá, en La Carbonería. Acabamos en la Librería Anónima. Llevaba como cicerones a Fernando Alvira Banzo y a Ricardo García Prats.

KAJSA BERGQVIST. 2

KAJSA BERGQVIST. 2