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Antón Castro

ARTE JOVEN Y FÚTBOL EN EL IV ESPACIO*

ARTE JOVEN Y FÚTBOL EN EL IV ESPACIO*

  [La exposición del Real Zaragoza, “Los años magníficos. 1932-2007.75 Aniversario del Real Zaragoza” encara sus dos últimas semanas. Hoy he pasado por la sala del IV Espacio, donde se expone la muestra “Avispero: picotazos de arte y fútbol”, a la que le tengo un enorme cariño. Han pasado cerca de 6.000 personas, algo que es una cifra muy superior a la que había pasado por allí, a pesar de que ha tenido magníficas propuestas como “Nudos”; por el Palacio de Sástago han pasado en torno a 40.000 personas.] 

AVISPERO: PICOTAZOS DE ARTE Y FÚTBOL 

Un ex zaragocista como Jorge Valdano escribió en su libro Apuntes de balón (Marca, 2001): “La materia prima es: un balón, un campo de juego, un estadio donde ruge la multitud. Pero el fútbol es un milagro hecho por hombres que juegan. Gloria a los artistas que, sin más academia que la calle, la miseria y la emulación, construyeron el espectáculo más grande del siglo”. Este espectáculo es tan grande, sobre todo, porque la gente lo siente muy suyo y, a la vez, como una herencia de sus antepasados. El Real Zaragoza, al acercarse a la conmemoración del 75 aniversario de su fundación, ha tenido en cuenta también este último detalle: el fútbol le pertenece a la afición, se prolonga en ella, y es un juego que transmite compañerismo, solidaridad, convivencia y un afán constante de superación. Suscita una inmensa alegría cuando se triunfa; abatimiento y desespero, en las tardes de derrota. El fútbol, además, es plasticidad, belleza, fuerza y furia, tensión, movimiento incesante. Por una o por otra razón, el fútbol es irrompible.        

La muestra Avispero es un acercamiento complementario al fútbol. Un conjunto de artistas ha querido interpretar o glosar este deporte y al Real Zaragoza. Para algunos de ellos, el fútbol es una pasión y forma parte de su forma de su existencia, como sucede con el fotógrafo Alfonso Reyes o con Alejandro Cortés, que es socio desde que era muy niño. O con Bernal, que recrea los partidos del Real Zaragoza, domingo a domingo, en una viñeta. Por su condición de fotógrafo profesional, José Miguel Marco ha realizado algunos miles de fotos de fútbol. Raúl Clemente tiene un Museo del Real Zaragoza en su propia casa porque el club es la obsesión de su padre y su tío. Otros no lo sienten de una manera tan especial, aunque sí lo han vivido aquí como algo más que un tema. En el fondo, el fútbol no es extraño a la vida de casi nadie. Guste o no, anda por ahí, a menudo como una segunda piel o como una melodía de fondo, más o menos ruidosa.
        

Alfonso Reyes lleva más de dos años dando la vuelta al mundo en viajes muy escogidos. Cuando regresa de alguno de ellos, siempre viene con la cámara repleta de aficiones del mundo. Las sigue, las encuentra, las seduce, conversa con ellas y finalmente las retrata. No es muy partidario de las fotos robadas. Y así, lentamente pero sin desmayo, está conformando su catálogo de las aficiones del mundo o de las variedades universales de este deporte, de las que aquí ofrece nueve fotos. Ninguna pasará inadvertida, pero merecen nuestra atención la del malogrado Antonio Puerta y la del bar La Romareda, que es todo un retrato de la pulsión colectiva que genera el Real Zaragoza. Las fotos están datadas entre  2005 y 2007, en lugares como Londres, Glasgow, Senegal, Sevilla, Argentina o Zaragoza.
Pilar Irala busca el lirismo y lo mágico en cada una de sus obras. Es la fotógrafa de la intimidad, de los espacios más secretos, de las luces que adquieren una luz de sueño. La penúltima jornada de la Liga 2006-2007, en la épica y lluviosa noche del Real Zaragoza 2- Madrid 2, fue al campo de La Romareda. Buscó materiales, visiones e inspiración, y ahí está su propuesta, que vuelve a ser una exploración de los lugares ocultos, de la identidad, una representación teatral del balompié, tocada de sutileza y hechizo, a la que agrega sus frases. Aránzazu Peyrotau y Antonio Sediles han captado dos instantes de euforia y tristeza de un aficionado, y vinculan su obra, poderosa como siempre, con personalidad y colorido, con la comedia y la tragedia de la antigua Grecia. Con esta propuesta, regresan a su territorio preferido: su obsesión por la identidad y por el retrato, que es la disciplina en la que se sienten más cómodos.José Miguel Marco crea un relato mudo: Fútbol. Ordena una sucesión de imágenes que apenas necesita subrayado. Las fotos lo dicen todo por la vía de  la contención y de la ausencia de énfasis. Se fija en las porterías de los descampados, en la soledad de los vestuarios con los equipajes, en los árbitros, en los álbumes, en las redes, en los arrabales, en el vestuario de los colegios, en la humilde línea de cal... Al abrir ese álbum negro recuperamos de inmediato la quintaesencia del juego. El fotógrafo, que también denomina “reportaje” su obra, dice que lo más le llama la atención del fútbol es la idea de la espera: siempre se espera el domingo, un gol, un destello, un remate, y esa espera se prolonga domingo a domingo como una esperanza renovada.        

La obra de Alejandro Cortés también nace de la fotografía y de la citada noche de junio de 2007. En los últimos tiempos trabaja mucho sobre la superficie de los espejos, y aquí vuelve a hacerlo en un díptico, un tríptico y en un cuadro suelto. A Cortés, zaragocista invencible, le atraen los jugadores, el júbilo de los goles, el colorido y algunos elementos casi simbólicos: el estadio, las redes, los escudos, la luz de la fiesta. El espectador, al asomarse a sus obras, las  modifica  y pasa a ser un cómplice del equipo, un invitado especial al partido. Raúl Clemente alterna la música y el vídeo, y aquí se enfrenta con una cámara de fotos a un espacio que tenía muy a mano: el Museo del Real Zaragoza de Monzón, que pertenece a su familia. Elabora una pieza que presenta la cartelería, los banderines, las camisetas, las fotos, los balones. Y finalmente, como si hiciera una inmersión en el tiempo, repasa los recortes de prensa que acumula  y ordena su padre desde los años 60. Los balones van y vienen entre  las imágenes como un alegre contrapunto. Guzmán de Yarza realiza una especie de falso documental sobre un conjunto de fútbol sala. Equipo patrocinado con fines artísticos tiene mucho de ironía y de broma, pero también es una realización seria sobre un puñado de jugadores que se dedican a otra cosa y que encuentran en el fútbol relax, camaradería, divertimento  y una nueva forma de intensidad.
        

Javier Solchaga destaca por la imaginación de sus figuras. En su trayectoria conviven el escultor, el miniaturista, el amanuense y mago de los objetos, y el dibujante. Aquí ha realizado un campo de fútbol en un lance concreto: el saque de una falta, ese instante de peligro y delirio en que un jugador intenta superar la barrera para alojar el balón en la red. La pieza constituye su primer acercamiento al fútbol. Bernal, siguiendo la estética de sus viñetas y el gran conocimiento que tiene del Real Zaragoza, se imagina la Vida de un zaragocista con su peculiar estilo y su personalísimo sentido del humor, que se concentra aquí en un inesperado y delicioso final.
La ilustradora y pintora Ana Lóbez realiza una composición de nueve obras en acrílico sobre lienzo está muy emparentada con su trabajo, repleto de color, de aroma naïf, pero siempre vibrante y sugestivo. El negro y oro de los legendarios “avispas” del Iberia aparece una y otra vez  en estos acrílicos sobre lienzo. Bajo la dirección de Isabel Biscarri, cuatro estudiantes de la Escuela Superior de Diseño de Aragón han desarrollado un juego de cartas con sus comodines. Combinan diseño, caricatura, ilustración y fotografía, y se centran en cuatro conjuntos. David Mazagatos realiza “los Magníficos” de 1966; Ana Mestre homenajea a “los héroes de París”, a aquellos futbolistas que vencieron en la final de la Recopa con el golazo de Nayim; José Antonio Pérez usa las  figuras de futbolín para retratar a los campeones de la Copa del Rey en Montjuic, y Jorge López Chocarro opta por el equipo de 2006-2007 que se clasificó para la UEFA. Oscar Sanmartín Vargas, con su poética tan sugerente y compleja, construye un diorama que tiene forma de campo de fútbol y que se superpone al plano de una ciudad. Ahí, coloca a los jugadores, o las chapas con cuerpo de avispa, en una estrategia de figuras y de símbolos. El fútbol puede ser un avispero de sentimientos, un picotazo de emoción. El Real Zaragoza lleva el nombre de una ciudad y proyecta en el viento el eco de sus socios, de sus aficionados, el sueño de las victorias, la nobleza de un buen estilo.

El músico Gonzalo Arruego, uno de los promotores del proyecto poético, fotográfico y musical AnimAMusicae, ha creado la banda sonora de la muestra, en colaboración estrecha con Pilar Irala. El título de la pieza ya lo dice todo: “Once metros”. Una cifra mágica del fútbol, esa pasión perpetua que tanto se parece a la vida. El escritor Osvaldo Soriano probó que la convivencia entre fútbol y literatura era posible. Estos creadores también demuestran que el arte y el fútbol no están tan lejos.

FERNÁN GÓMEZ: ADIÓS A UN GIGANTE

FERNÁN GÓMEZ: ADIÓS A UN GIGANTE

Fernando Fernán Gómez es, era, una de las personalidades más complejas y completas de la cultura español. Lo ha hecho todo y lo ha hecho excepcionalmente bien: ha dirigido películas magistrales como “El viaje a ninguna parte”; ha sido memorialista esencial en “El tiempo amarillo”; ha escrito teatro y cine en abundancia, novela, artículos y libros misceláneos sobre la vejez, el cine o el teatro, y es un actor deslumbrante, tanto en el teatro –“por el cual he ido perdiendo el interés con el paso del tiempo”- como en el cine, donde ha interpretado papeles antológicos e imborrables. Recordemos su trabajo en “El anacoreta”, “Belle epoque”, “El espíritu de la colmena”, “El amor del capitán Brando”, “Maravillas” “La lengua de las mariposas” o “El viaje a ninguna parte”, esa película suya que casi es una autobiografía del actor y del cómico de la lengua.

La película está interpretada por José Sacristán, Agustín González, Laura del Sol y un zangolotino Gabino Diego, que las pasó canutas en el rodaje. Fernán Gómez, con esa severidad que se le supone, fue “duro conmigo, casi desabrido. Pero luego me di cuenta de que se había preocupado mucho del resultado final y que había sido muy protector conmigo. Me reprochaba que hablara demasiado. He visto lo que me aprecia”, dijo Diego. “El viaje a ninguna parte” fue una pieza que sufrió diversas metamorfosis creativas: primero fue un serial radiofónico, luego una novela y finalmente una cinta que gira alrededor del arte de la interpretación con sus tensiones, sus momentos vibrantes, la sugestiva atmósfera que se crea durante un montaje. Fernán Gómez dijo que durante el rodaje tuvo “una clara conciencia de que mi oficio era algo mágico”, algo que no le había ocurrido antes. 

Por ser, Fernando ha sido un  bohemio, un amante de la noche, un gran profesional y un gran seductor: sus grandes amores han sido María Dolores Pradera (la madre de sus hijos), Analía Gadé o Emma Cohen. Nada del mundo del espectáculo le es ajeno: tiene esa facilidad, esa fuerza, esa arrolladora fuerza del titán que puede hacerlo todo y fascinar en cada pieza. Fernando Fernán Gómez fue un libertario, era capaz de ser vehemente, crítico o dulce, pero siempre independiente, radical, imaginativo, feroz si se terciaba (siempre se recordará algún arrebato de mal genio, aireado y multiplicado por la televisión) y seguro de su oficio. Luis Alegre y David Trueba rodaron un espléndido documental, “La  silla de Fernando”, donde mostraba su inteligencia, sus opiniones a contracorriente, su extremada lucidez, su inteligencia arrolladora y, sobre toda, su desinhibición. El discurso inagotable de un hombre preñado de humor, sabiduría y sensibilidad. Luis Alegre lo califica hoy, y ya lo había hecho antes, de “un gigante de su tiempo”. Con toda razón.

Ha muerto un gigante de las artes y las letras. El maestro ideal: el cazador de las mariposas del sueño.

 

VEGAS & ROSENVINGE, LO QUE YO TE DIGA: BORRADORES

VEGAS & ROSENVINGE, LO QUE YO TE DIGA: BORRADORES

Cristina Rosenvinge y Nacho Vegas actúan esta noche, a las 23.30, en Borradores. Presentan dos temas del álbum que acaban de realizar en colaboración: “Verano fatal”, siete canciones de amor, de intimismo y de atmósferas neorrománticas. Se trata de “Ayer te seguí” y “Humo”. El dúo inicia esta misma semana una gira por todo el país; el sábado, a las 22 horas, Cristina Rosenvinge y Nacho Vegas actúan en la sala Oasis.

Borradores recibe en el plató al escritor y sacerdote Jesús Sánchez Adalid, que ha ganado el premio Fernando Lara con su novela “El alma de la ciudad” (Planeta), una narración que gira en torno a la fundación de la ciudad de Ambrosía, la actual Plasencia, en el siglo XII. Y también acude el equipo de Lo que yo te diga, Elio Castro, Juan Zavala y Antonio C. Martínez, que participaron esta semana en el ciclo de “La buena estrella”, donde presentaron su último libro: “El cine español contado con sencillez” (Maeva). El trío, que conduce un programa de cine en la cadena Ser, habla de Segundo de Chomón, de Luis Buñuel, de Carlos Saura, de Fernando Fernán Gómez y de algunas de sus películas favoritas.  

Borradores emite distintos reportajes y entrevistas: una con Pep Blay, autor del libro “Enrique Bunbury. Lo demás es silencio” (Plaza & Janés), que ofrece un perfil diferente del cantante aragonés; otra con Noah Gordon, a propósito de su libro “La bodega” (Roca editorial), una narración que sucede en la España del siglo XIX, en tiempos del general Prim, y que gira en torno a la fabricación del vino. Y una tercera con el escritor riojano Andrés Pascual, autor de la novela de aventura, de viaje y de confrontación entre Occidente y Oriente: “El guardián de la flor de loto” (Plaza & Janés).

*Retrato de Cristina Rosenvinge.

TERTULIA SOBRE EL REAL ZARAGOZA: HOY, A LAS SIETE

TERTULIA SOBRE EL REAL ZARAGOZA: HOY, A LAS SIETE

Esta tarde, en la sala de música del Palacio de Sástago, se celebra una nueva tertulia: “Historia e historiadores del Real Zaragoza”, en la que participarán Javier Lafuente, de “Equipo”, Pedro Luis Ferrer, de “As”, Ángel Aznar, historiador del club y ex presidente, y Ricardo Gil, periodista durante años de “Heraldo de Aragón”. Coordina: Mario Ornat. 

No ha salido mucha promoción en los medios, pero creo que va a ser una ponencia muy interesante. No os olvidéis: a las 19 horas, en la Sala de Música.

ÁNGEL GUINDA. UN RETRATO DE PEPE MELERO

ÁNGEL GUINDA. UN RETRATO DE PEPE MELERO

PRESENTACION DE CLARO INTERIOR
DE ÁNGEL GUINDA
 

 José Luis Melero Rivas

¿Por qué un directivo y consejero del Zaragoza, zaragocista recalcitrante y exaltado como yo, presenta hoy un libro de Ángel Guinda, que es un hincha declarado del Atlético de Madrid?Primero, porque uno siempre ha sido condescendiente con los defectos ajenos y comprende que no todos saben elegir el camino verdadero, aquel que indica, querido Ángel, que un aragonés sólo debería ser del Real Zaragoza.

Segundo, porque sé y recuerdo que Ángel fue muchos años mientras vivió aquí socio del Zaragoza y eso le hace perdonar en cierto modo ese otro pecadillo de ser hoy seguidor del Atlético de Madrid.

Tercero, porque le gusta el fútbol desde siempre: ya en la contraportada de su segundo libro, “Las imploxiones”, de 1973, decía que le apasionaba el fútbol. Y decir eso en aquellos años, en los que los progres sólo hablábamos del cine de Bergman y Antonioni, de poetas como Paul Celan, Gregory Corso o William Carlos Williams, y de filósofos como Cioran o Julia Kristeva, aunque nos aburriéramos mortalmente con muchos de ellos, era sólo para los muy atrevidos y provocadores.Y cuarto porque a los amigos entrañables, a los amigos del alma, se les perdona todo. Hasta traicionar al equipo de Aragón.  

Hay como todo el mundo sabe dos tipos de poetas: los poetas serenos y los poetas tormentosos (a los que también podríamos denominar transgresores, indómitos o turbulentos). Estos dos grupos se enfrentan en su forma de afrontar la vida. Los primeros suelen ser gente sensata y llevan una vida burguesa y ordenada. Son los menos, pues la propia condición de poeta es más proclive a la tempestad que a la calma. Los segundos, los tormentosos, suelen ser casi siempre los más divertidos, aunque también en ocasiones pueden convertirse en los más peligrosos (para ellos y para los que los rodean) si deciden recorrer hasta el final esas sendas que en no pocos casos conducen a la misantropía y en ocasiones al caos y la autodestrucción.

No supone su pertenencia a uno u otro grupo ninguna jerarquía en cuanto a calidad poética: hay grandes poetas en los dos grupos y hay también en ambos poetastros detestables e indigeribles. Pongamos algunos ejemplos: En la Generación del 27, todos estaríamos de acuerdo en que Aleixandre, Diego, Guillén, Salinas y Dámaso Alonso (esto es, más o menos, la facción de los catedráticos) serían poetas serenos, mientras que Prados, Cernuda, Alberti, Villalón y Altolaguirre serían tormentosos. Se pueden poner cientos de ejemplos en la poesía española que ejemplificarían estas categorías de forma concluyente: José García Nieto, Jaime Siles, Eloy Sánchez Rosillo o Luis Alberto de Cuenca serían poetas serenos, y Pedro Luis de Gálvez, Alfonso Costafreda, Eduardo Haro Ibars o Leopoldo María Panero, transgresores y tormentosos. En la poesía inglesa Eliot sería sereno y Dylan Thomas sería tormentoso. En la poesía francesa todos diríamos rápidamente que Rimbaud, Mallarmé o Baudelaire son poetas turbulentos y que Paul Valery, Claudel o Saint-John Perse pertenecerían más bien a la tipología de los serenos. En la poesía americana Ezra Pound o Allen Ginsberg serían tormentosos y Auden o Cummings serían más bien serenos. Jorge Luis Borges sería un poeta sereno y Alfonsina Storni o Delmira Agustini serían poetas tormentosas. Y así podíamos seguir con todas las literaturas. En Aragón, claro, ocurre lo mismo. Tomás Seral y Casas, Ildefonso Manuel Gil, Fernando Ferreró, Rosendo Tello o Fernando Sanmartín serían poetas serenos, lúcidamente serenos; y Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Julio Antonio Gómez o Víctor Mira serían poetas turbulentos, lúcidamente turbulentos.

¿Dónde situaríamos a nuestro Ángel Guinda? Pues ha tenido épocas: años de turbulencias y años de serenidad. Pero si me obligaran a clasificarlo yo lo colocaría entre los indómitos y tormentosos. Apasionadamente indómito y turbulento.De mis años adolescentes recuerdo a Ángel Guinda escribiendo “en los muros la sojuzgada potencia de los besos”, que diría el gran Labordeta, y rubricándola con una guinda o bomba explosiva. Lo recuerdo todo negro, como un nubarrón amenazante de poesía incendiaria. Luego decidió que iba a ser más feliz escribiendo versos en el corazón de sus innumerables amigos, cambió la seda de los poetas malditos destruidos en plena juventud por el percal de la serenidad reposada y amorosa, revisó toda su obra anterior con la exigencia agreste del demiurgo, y comenzó a escribir unos versos desgarrados, vitales, intuitivos, abrazados ferozmente a la existencia y enemigos irreconciliables de tanta palabrería costumbrista y banal como ha sufrido la poesía en los últimos años. Comenzó a escribir en definitiva una poesía moral. 

Nos conocimos en el Café Balmoral de la calle San Juan de la Cruz. Yo fui con Luciano y le llevé su primer libro para que me lo dedicara: era, claro, “La pasión o la duda", que el propio Luciano había publicado en la colección “Poemas” en 1972. La dedicatoria terminaba misteriosamente, como tantas cosas en Guinda: Guadaluven, guadaluguárdame, guadaluvámonos, guadalusolos. Poco después asistí a una especie de tertulia en la que Ángel oficiaba de vate incorruptible. En un momento, ante la estupefacción de algunos y el alboroto de todos, se quitó los calcetines y los fue pasando por delante de las narices de los presentes mientras exclamaba con entonación de rapsoda antiguo, a lo Pío Fernández Cueto: “Así huelen los pies del poeta Angel Guinda”. 

En el homenaje a Luciano Gracia en Cuarte de Huerva, el 8 de marzo de 1981, el día que le ponían su nombre a una plaza del pueblo, a todos llamaba la atención la ausencia de Ángel. Ahí estaba lo más representativo de la poesía aragonesa, pero Ángel, a pesar de la extraordinaria amistad que le unía con Luciano, andaba ausente. Tras la comida, en los postres, alguien entró repartiendo una misteriosa octavilla firmada por un tal Demonio Cereza. Quien las repartía iba, en efecto, disfrazado de demonio. Era nuestro Ángel Guinda, que le escribía a Luciano en su poema repartido por las mesas: “Quejido Luz y Ano en Gracia: me me haré en tu plaza”. Luciano, que no entendía nada, no sabía si reír o llorar. El espectáculo no tuvo precio. 

Otro día, alguien que visitó su casa de Luesia me contó que en la puerta de su dormitorio tenía un letrero que decía: “Aquí hace el amor el poeta Ángel Guinda".  Su manifiesto “Poesía y subversión" de 1978 terminaba así: “Nuestro lema: menos divos, más poetas subversivos". Me divertían sus juegos de palabras: cuando a Aragón le llamaba “Apagón”, a España “Extraña”, a las Cajas de Ahorros “Cajas de Amorros”, a las entidades de crédito “entidades de descrédito”... 

Todo eso me hacía verlo como un poeta indómito y turbulento, como lo que yo había imaginado que eran los poetas: iconoclastas, rebeldes, investidos de una autoridad moral que les convertía en los elegidos, en los demiurgos. Aunque Ángel lleva ya un buen montón de años viviendo fuera, me gustaría resaltar que su vinculación con Aragón y con la poesía aragonesa ha sido siempre absoluta: ya su primer libro se abre con una cita de Ildefonso y se lo dedica, además de a Trinidad, a Gúdel y a Luesma. En su segundo libro la cita con la que se abre es de Luciano y el libro se lo dedica a Julio Antonio Gómez. “Cantos en el exilio", que es también de 1973, lleva un prólogo de Luciano. “Ataire" de 1975 está dedicado a Manuel Pinillos, etc.

Como Miguel Labordeta se inventó la OPI, Ángel se inventa el DEIPA (Departamento de Expansión Internacional de la Poesía Aragonesa), que le subvenciona “El Pasillo" en 1974. Ha sido durante muchos años uno de los grandes dinamizadores de la poesía en Aragón: publicó la Colección Puyal, de la que fui suscriptor, y allí aparecieron libros de Pinillos, Gil, Luciano, Navales, Alegre Cudós, Francho Nagore, José Luis Rodríguez, Sánchez Vallés, Esquillor, Rey del Corral, José María Aguirre, Manuel Estevan, el propio Guinda...

Y luego sacó en Madrid la revista “Malvís”, con su colección de libros de poesía, llena de colaboraciones de aragoneses. Durante muchos años hizo crítica de poesía en la prensa aragonesa, y deberíamos recordar también que Olifante, la más veterana de las colecciones de poesía en Aragón, ha sido siempre su editorial de referencia.  

Termino ya. “El año pasado me casé por cuarta vez y soy muy feliz”, me escribía Ángel no hace mucho. Y es que Ángel Guinda ha conseguido cuadrar el círculo: la turbulencia y la calma a la vez, la tempestad y la felicidad juntas. Todo un ejemplo de lucidez. 

 

*Un retrato de mujer para Pepe y Angel, y los visitantes del blog.                                                     

VIDAS MINADAS DE GERVASIO SÁNCHEZ: DIEZ AÑOS DESPUÉS

VIDAS MINADAS DE GERVASIO SÁNCHEZ: DIEZ AÑOS DESPUÉS

[Gervasio Sánchez remite esta nota a sus amigos]

 

Queridos amigos y amigas:

Os envío la invitación electrónica de mi exposición Vidas Minadas, 10 años que se inaugura el próximo martes 27 de noviembre a las 20 horas en el Instituto Cervantes de MADRID (c/ Alcala, 49). Dos días después, el jueves 29 de noviembre a las 20 horas, presentaremos el libro del mismo título publicado por la editorial Blume en el mismo lugar. La mesa redonda estará compuesta por el filósofo José Antonio Marina, el juez Baltasar Garzón y la actriz Luisa Martín. Esta exposición es la continuación de un proyecto que se presentó por primera vez en 1997 y está organizado por Intemón Oxfam, Manos Unidas y Médicos sin Fronteras con la colaboración especial de DKV Seguros. Las imágenes actuales recogen las historias de los mismos protagonistas que comencen a fotografíar hace más de 10 años en los países más minados del mundo.

El bosnio Adis Smajic, la mozambiqueña Soifa Elface Fumo, el camboyano Sokheurm Man y el salvadoreño Manuel Orellana, víctimas de las minas y protagonistas de Vidas Minadas, nos acompañarán y participarán en todos los actos programados.

También os informo que el lunes 3 de diciembre se presentará el libro en el Centro de Cultura Contemporánea de BARCELONA a las 19,30 en un acto que contará con la presencia del periodista Carlos Nadal y el filósofo Rafael Argullol. Al día siguiente, martes 4 de diciembre,estaremos en la Casa de Cultura de GERONA. El martes 11 de diciembre visitaremos la Beneficiencia de VALENCIA, el miércoles 12 de diciembre estaremos en el Centro Pignatelli de ZARAGOZA con la participación de José Luis Cano, Angeles Irisarri, José Luis Rodriguez y Carmen Magallón, y el 13 de diciembre finalizaremos el recorrrido en el Ayuntamiento de San Sebastian.


Me gustaría que todos pudiéseis acompañarnos en todos actos cuyo objetivo es recordar que las minas siguen siendo un grave problema en 78 paises y que los países más avanzados tienen que hacer un mayor esfuerzo en la ayuda a las víctimas y en el desminado. Os doy las gracias por vuestra atención.

Un abrazo.

Gervasio Sánchez

Para más información podéis consultar: Vidas Minadas.com

  
 

NORMAN MAILER, POR DAVID TORRES

NORMAN  MAILER,  POR DAVID TORRES

[La muerte de Norman Mailer me cogió en Galicia. Amplié mi carpeta de recortes del novelista, y leí con sumo placer este artículo de David Torres, narrador y columnista, aparecido en “El Mundo”. Lo publico aquí. Se parece mucho al artículo que me habría gustado publicar sobre el autor de “Los desnudos y los muertos” y “La canción del verdugo”, que era mi libro favorito de él.]

Novelista, periodista, ensayista, cineasta a ratos, hombre de letras de la cabeza a los pies, Norman Mailer era el último vástago de una tradición genuinamente americana: el heredero directo de una estirpe que también dio a Jack London y a Hemingway. Ha muerto el 10 de noviembre de 2007 en Nueva York a los 84 años.

En su famoso libro sobre la pelea entre los boxeadores Ali y Frazier, 'El rey de la montaña', Mailer escribió que el ego era el gran sustantivo del siglo XX, la palabra más importante añadida a la potencia esencial del idioma. Pocos escritores del pasado siglo pueden vanagloriarse de un ego semejante al de Mailer, que se convirtió a sí mismo, a todo lo largo de su escritura, en el martillo, el yunque y el fuego.Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que reflejaría en 'Los desnudos y los muertos', probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. Publicada en 1948, la obra supuso para el joven debutante un clamoroso éxito de crítica y público y, desde entonces, su nombre pasó a formar parte de una brillante y múltiple constelación de escritores (Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth) que acabaría por formar la vanguardia de las letras estadounidenses.En 1951 publicó 'Costa bárbara' y en 1955 'El parque de los ciervos', novelas ambas que no alcanzaron ni de lejos la resonancia de su libro bélico.

Volcado hacia el periodismo, fundó el semanario neoyorquino 'The Village Voice', donde publicó en 1956 su celebérrimo reportaje 'El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster', un ensayo incendiario con una peculiar visión de los problemas raciales y una demoledora exaltación de la violencia. Al tiempo que apoyaba a Kennedy y tronaba contra la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando, si no en la conciencia fetal de EEUU, sí en el Pepito Grillo más vocinglero y meticón de toda la intelectualidad norteamericana, la voz más agria de la contracultura.Servidos en una prosa fastuosa, subversiva y delirante, sus trabajos de campo sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron, en palabras de Robert Lowell, en "el mejor periodista de América".

Mientras tanto, en el terreno privado, su vida seguía los mismos derroteros contradictorios, virulentos y salvajes que su escritura. Enemigo declarado de cualquier método anticonceptivo, tuvo nueve hijos a lo largo de seis matrimonios, arrastrando una larga serie de pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera bastante subida de tono. La agresión se saldó con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, 'La última fiesta'.

Quizá no sea casualidad que dos de sus mejores novelas ('Los hombres duros no bailan' y 'Un sueño americano') alberguen fantasías sobre esposas asesinadas. Ambos libros también participan de la vertiente filosófica de Mailer: una visión sumamente personal del existencialismo que gira en torno a la idea de un demiurgo imperfecto, una especie de dios exhausto cuya creación se le ha ido de las manos como una alocada novela donde los personajes se desmandan, seducidos por un astuto diablo encarnado en el plástico y el cáncer. Dentro del volumen 'Caníbales y cristianos', los ensayos 'La metafísica de la barriga' y 'La economía política del tiempo' presentan algunas de sus ideas más excitantes, profundas y polémicas.A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es 'Maidstone'), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política: se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A'dvertisements for Myself') que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente "en la intimidad de mi mente". Milos Forman aprovechó su aspecto inconfundible (baja estatura, melena explosiva, ojos llameantes) para un breve papel en 'Ragtime' (1981). Pero Mailer daba mucho más juego en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas broncas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa, Adele Morales. En 1971 la sangre llegó al río con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson. Pero la más célebre y rocambolesca de sus trifulcas -mantenida a lo largo de décadas, como un tormentoso noviazgo- fue la relación de amor y odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba (llegó a decir que era "el escritor perfecto de mi generación") y con quien mantuvo agrias polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta 'La canción del verdugo' (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y escrita a la manera de un gran reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, 'A sangre fría'. Pero también supuso un triunfo personal de Mailer que, por una vez, abandonó su propio ego durante centenares de páginas para lanzarse a un exacto y descarnado ejercicio de objetivismo.

Obsesionado por la masculinidad, como London y Hemingway, Mailer también era un devoto del boxeo que siguió atentamente la carrera del mejor peso pesado de su época, Muhammad Ali. En 1973 viajó hasta Kinshasa (El Congo) para presenciar el fenomenal combate entre Ali y Foreman, y la crónica que escribió del mismo ha quedado como una de las leyendas imborrables de la profesión periodística y de la literatura deportiva. Otro tanto ocurre con el 'Homenaje a El Loco', amplio reportaje sobre un torero mexicano, donde su preciso y coloreado instrumental de escritor encuentra un terreno abonado para sus espléndidas metáforas. En cambio, a pesar de sus estudios de ingeniería aeronáutica en Harvard, 'Un fuego en la luna' (un ambicioso reportaje sobre la misión del Apolo XI), carece de ese inigualable toque de exaltación y maestría que posee Mailer cuando un tema le apasiona.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de bocazas y de provocador nato lo alejaron siempre de las quinielas de ganador. Machista acérrimo, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un incordio, un agitador de conciencias, la encarnación misma de lo políticamente incorrecto: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.Poseído de una curiosidad omnívora de la que da cuenta una amplísima bibliografía que incluye, además de docenas de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoievskiana de 'American Psycho' y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó 'Noches de la antigüedad', una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, 'El fantasma de Harlot', una novela, no menos voluminosa y ambiciosa, sobre el funcionamiento interno de la CIA.

Mailer nunca dejó el centro del cuadrilátero, ni siquiera en estos últimos años en que, viejo y enfermo, no dejaba de acudir a lecturas y encuentros con universitarios. El pasado octubre, fue sometido a una operación de pulmón de la que pocos confiaban en que pudiera recuperarse. Murió el 10 de noviembre, a los 84 años, en el hospital Monte Sinaí de Nueva York. En sus últimos libros se atrevió a sacar a la palestra a Cristo, a Hitler, y al mismísimo diablo, adversarios que él, quizá, consideraba a su altura.

*Norman Mailer con su segunda esposa Adele Morales.

RETRATO DE EZRA POUND

RETRATO DE EZRA POUND

El autor de los Cantos Pisanos.