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Antón Castro

NOTA DE JOSÉ MARÍA ARIÑO SOBRE BORRADORES

NOTA DE JOSÉ MARÍA ARIÑO SOBRE BORRADORES

[José María Ariño es uno de los invitados al Borradores de esta noche. Cuando grabamos el programa, escribió esta nota en su blog: ]

 

En esta tarde calurosa de julio he tenido la oportunidad de visitar las instalaciones de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y de acercarme a uno de los platós de grabación de Aragón Televisión. El escritor y periodista Antón Castro me ha invitado al programa Borradores para presentar el libro Recuerdos y Bellezas de España: Ideología y Estética, que me publicó el mes pasado la Institución Fernando el Católico. Han sido diez minutos de charla amistosa con esta persona tan culta. El ambiente ha resultado más relajado de lo que yo pensaba y el programa se ha grabado con eficacia y seriedad.

     El productor Gaizka Urresti se encarga de que todo esté a punto. Ana Catalá es la responsable de redacción y Teresa Lázaro coordina la realización, con la ayuda de Yolanda Liesa. Me ha sorprendido gratamente el trabajo en equipo y la coordinación. Se advierte la experiencia de los que llevan adelante el programa, a pesar de su juventud. Una vez en el plató, uno se olvida de que lo están filmando y ni siquiera se percata de la intensidad de los focos o del minúsculo micrófono adosado al cuerpo.

    Espero con ilusión ver el programa - previsto, en principio para el jueves, 23 de agosto -. Es la primera vez que entro a un plató y no deja de ser una buena experiencia. Los nervios se han quedado afuera con la sesión de maquillaje y lo demás ha sido más natural de lo que yo esperaba. Borradores es un espacio abierto a la cultura y a los creadores. Ojalá hubiera más programas como éste en otras cadenas de televisión. Lástima la hora de emisión, - en torno a las doce de la noche - que no es la más adecuada para los que no solemos trasnochar. De todos modos, con del vídeo o el DVD se puede grabar el programa y contemplarlo con tranquilidad en otro momento.

 

*El ilustrador Josema Carrasco realizó este dibujo del programa.

EL PIANISTA RUBÉN LORENZO, MAÑANA EN BORRADORES

EL PIANISTA RUBÉN LORENZO, MAÑANA EN BORRADORES

ACTUACIÓN EN DIRECTO: El pianista Rubén Lorenzo

ENTREVISTAS EN PLATÓ: El historiador José María Ariño y el profesor Andrés Ferrer.

REPORTAJES: Premio Isabel de Portugal de Arte, el naturalista y poeta Ferrer Lerín, el poeta José María Milagro.

LIBROS: LOS  PORTADORES DE SUEÑOS

El pianista Rubén Lorenzo, que celebra su primer cuarto de siglo como intérprete musical y es el presidente de la Asociación Aragonesa de Intérpretes de Música, toca mañana tres piezas en el  programa Borradores. Son "Peces de oro" de Debussy, "La calle, el guitarrista y el viejo caballo" de Mompou y "La Crinolina o el vals en tiempos de la Montijo" de Ricardo Viñes. El músico, que está a punto de realizar una gira por distintos lugares del mundo y tocará el 31 en el Foro Romano, explica su trayectoria y glosa algunos de sus discos de Albéniz o de Beethoven. El programa, además, recibe en plató a José María Ariño, que glosa el proyecto “Bellezas y recuerdos de España”, que realizó el grabador y editor Parcerisa y varios escritores, del que acaba de publicar un extenso estudio, y a Andrés Ferrer, que habla de su proyecto fotográfico sobre la estación de Canfranc, “Relatos visuales”.

Además, Borradores ofrece un amplio reportaje sobre el premio Isabel de Portugal que se exhibe en el IV Espacio, entrevista al  poeta turiasonense José María Milagro, autor de “Los cínifes versados”, y al poeta, narrador y botánico Francisco Ferrer Lerín, que habla de  sus tres últimos proyectos: el “Bestiario”, su novela “Níquel” y la publicación de sus poesías completas. La librería Los portadores de sueños recomienda libros para leer en verano

ANTONIO PÉREZ MORTE: UNA POSTAL DE VERANO

ANTONIO PÉREZ MORTE: UNA POSTAL DE VERANO

[El poeta y enamorado de la poesía Antonio Pérez Morte colgaba hace unos días éste poema, que tenía algo de postal de fiestas, dedicado a una gran amiga. Hace días que Antonio no asomaba a este blog, aunque siempre anda presente,  como un cómplice tutelar, como un vecino invisible que trae cariño, hermosas palabras, fantasía necesaria como el pan de cada día.]  

NIÑAS CON PARAGUAS
 

Para Amparo Escribano

Una avalancha
de adolescentes con paraguas
enciende la entristecida feria,
el rojizo color
de las caramelizadas manzanas.

Niñas
que ansían nubes de algodón,
dulce como sus labios,
sonrosadas como piel de sueño.

Hermosas,
blandas nubes, atravesadas,
no por el duro palo
de la realidad,
sino por el frágil asidero
del deseo más tierno.

Antonio Pérez Morte

*Un retrato de David Duncan Douglas.  

ALBERTO CALVO, UNA OBRA JUNTO AL MAR

ALBERTO CALVO, UNA OBRA JUNTO AL MAR

Ese maravilloso, divertido e irreductible artista que es Alberto Calvo me envía esta obra desde el mar. O desde el mar de Aragón, que con él, tan fantasioso y viajero, nunca se sabe. Color expresionista, arrebato, monstruos al acecho, luz de coral y fuego.

SOBRE LA NOVELA:JULIO RAMÓN RIBEYRO

SOBRE LA NOVELA:JULIO RAMÓN RIBEYRO

Leo esta cita de Julio Ramón Ribeyro: 

“... sólo se puede ser gran novelista cuando no se quiere escribir otra cosa que una novela, con todos los riesgos que esto implica, cuando se la respeta y se admite por anticipado la posibilidad del fracaso, sin excusa ni defensa posible, pues de lo contrario la novela termina bufándose de nosotros”.

*La foto es de Inge Morath.

FRANCISCO ALBIÑANA: UN PROFETA DE LA VIVIENDA PÚBLICA

FRANCISCO ALBIÑANA: UN PROFETA DE LA VIVIENDA PÚBLICA

[Leo un estupendo y erudito artículo de Sergio del Molino sobre la casa  del doctor Lozano Blesa, obra de Félix Navarro. Alguien elogia con toda la razón del mundo el texto (Sergio se está convirtiendo en uno de los periodistas más sólidos de la ciudad), y recuerda la figura de Albiñana, un personaje absolutamente fascinante. Hace algo más de dos años, le dediqué un artículo y un programa monográfico en “El Paseo” de Heraldo Televisión. Recupero este texto, que contiene algunas de las maravillosas y espeluznantes historias de Zaragoza. ]  

Francisco Albiñana, el arquitecto de los pobres

Zaragoza rendía homenaje a uno de los grandes arquitectos aragoneses del siglo XX: Francisco Albiñana (1882-1936). Lo hizo en la nueva sede de Cajalón, en antiguo Casino Mercantil cuya reforma total emprendió él en 1911.

José Antonio Lorente, comisario de la muestra “Francisco Albiñana. Arquitecto, político e intelectual. 1882-1936”, junto a Carlos Martín La Moneda y Teólfilo Martín Saenz, calificaba al arquitecto de relativamente “marginal” y lo vinculaba a un modernismo tardío, “bajo formas de ‘sezession’ o ‘novecentistas’; por otra parte, su adscripción racionalista se inscribe en un racionalismo epidérmico o ‘proto-racionalismo”. Afirma Lorente que su trabajo –desarrollado entre 1911 y 1936, y compuesto por 3350 proyectos: 3.150 de viviendas y parcelas, y 175 de viviendas plurifamiliares- puede agruparse bajo el término eclecticismo, “dentro del cual cabe distinguir distintos periodos, gustos o estilos, sumariamente: influencia vienesa o ‘sezzesion’, influencia clasicista, nacionalismo o regionalismo, arte-decó, cubismo…”.

Albiñana se moverá bajo estas coordenadas estéticas, en una perfecta simbiosis de arquitectura y construcción, durante un periodo convulso donde son asesinados su amigo José de Yarza Echenique y los operarios municipales César Boente y Joaquín Álvarez, en agosto de 1920, mientras reparaban el alumbrado municipal, o el cardenal Juan Soldevila en junio de 1923 al regresar de la Escuela Asilo del Terminillo. Una época que supone el crecimiento y la expansión hacia los barrios de Zaragoza, y que conoce el entusiasmo civil ante la proclamación de la II República y la posterior y dramática decepción de la guerra civil.

Pero más allá de sus obras, que se inician con dos magníficos proyectos, apenas concluida su licenciatura en febrero de 1911, un edificio de viviendas en Costa 4 y la reforma total del Casino Mercantil (que acoge ahora su exposición), Francisco Albiñana fue un personaje complejo, de un temperamento visceral y refinado, capaz de aprender alemán en tres meses o de organizar una excelente biblioteca de libros extranjeros, presidida acaso por uno de sus autores favoritos: Leon Tosltoi.

Albiñana nació en la calle Palomar 4 en 1882. Su padre, Francisco de Paula Albiñana (Tarragona, 1841), era un buen dibujante y acuarelista, se había hecho maestro de obras en Barcelona y se convertiría en Zaragoza en ayudante de Ricardo Magdalena y en jefe de bomberos. Incluso, como le sucederá a su hijo, llegó a ser profesor en la Escuela de Bellas Artes. Por tanto, debió contagiarle la pasión por la arquitectura, y su madre, Anacleta Corralé, culta, más bien conservadora y aficionada a la ópera, le transmitió sus gustos. Francisco de Paula Mariano de Guadalupe José fue monaguillo y cantor del coro; poseía una voz de barítono que le llevó a cantar “Marina”. Este fervor religioso, que evolucionará hacia el agnosticismo y un buen conocimiento de otras religiones (sabía versículos del Corán y elogiaba el budismo y a los lamas), le llevó a marchar de casa a los quince años con la intención de alistarse con los carlistas. Pasaba los veranos en Tarragona y estudió en el Politécnico de Nuestra Señora del Pilar. Cuando se desplazó a Madrid para realizar la carrera de Arquitectura, ya había hecho sus primeros escarceos al dibujo y a la acuarela, con el Puente de Piedra y el Pilar como fuente de inspiración.
Allí, además de aprovechar su estudios, fue voluntario de bomberos y debió de entrar en contacto con la política y con la masonería, en la que “militó” desde 1916 –a través de las logias Constancia 16, bajo el nombre de “Fidias”, con los hermanos Alcrudo o Francisco Campos Pellegero, “Hermes”, y de la logia Moncayo- hasta su fusilamiento en Valdespartera, el dos de octubre de 1936. Recuerdan Martín Saenz y Lorenzo en un cuidado catálogo, en el que también participan Jesús Martínez Verón y Pedro Navascués, que le interesaban la fotografía, la ópera, el teatro, y que practicaba boxeo, esquí, natación y gimnasia sueca. También era muy aficionado a las máquinas, en especial a las locomotoras; al parecer llegó a manejar el tren de Tarragona a Mora de Ebro, y realizó las duras faenas del fogonero.

Se casó con Pilar Gayán en 1913 y se instalaron en la que había de ser su residencia y su estudio en el Coso 135. Tuvieron dos hijos, Francisco y Ángela. Y ella recordó así el piso con amplios balcones: “… unas escaleras lúgubres; un despacho o salón para recibir, un comedor-cuarto de estar, y el dormitorio principal dando a la fachada; un cuarto inferior frente al de mis padres era mi dormitorio, una habitación con tableros para 2 ó 3 delineantes, y los servicios, cocina, etc. en la parte inferior…”.
Francisco Albiñana, que hubo de enfrentarse con calma a la contrariedad de que su hijo se hiciese falangista, adoptó al vástago de un amigo masón que falleció en 1917: le dio una completa educación hasta que obtuvo el título de aparejador. Era un defensor a ultranza de los métodos pedagógicos, se opuso a un intento de incendio de la Seo en medio de desórdenes callejeros con una arenga a los manifestantes y también era un tanto socarrón: propuso, medio en serio, medio en broma, que los masones firmasen no sobre “La Biblia”, como era lo habitual, sino sobre “El Quijote”.

En 1915 se presentó a las elecciones municipales por Izquierda Republicana y fue elegido, aunque no quedan demasiadas huellas de su paso por el consistorio. Se sentía próximo a la UGT –en cuyos salones pronunciaría en 1928 una famosa conferencia, donde dijo: “El trabajo es el único medio para hacer una patria grande y respetada”, o “Construcción, en su sentido elemental, quiere decir ordenación de elementos. (…) Para que una construcción sea arquitectónica, a la solidez debe unir la belleza”-, y siempre defendió al obrero, hasta el punto de que era conocido como “el arquitecto de los pobres”, porque no sólo fue el profesional que más viviendas hizo –“más de la mitad eran suyas”, se nos recuerda- en un periodo tan corto de tiempo, sino que incluso les regalaba los planos y los ayudaba hasta con sus propias manos.

En ese sentido, Albiñana fue uno de principales artífices de la expansión de la ciudad hacia los barrios del Arrabal, Venecia-Torrero, San José y Las Delicias. Realizó un viaje a Rusia y publicó en “La Voz de Aragón” sus cautelosas “Impresiones de un arquitecto zaragozano después de un viaje a Rusia”, que, a pesar de ser suaves y mostrar tan sólo la fascinación por el metro de Moscú, activarían la represión contra él, junto a su militancia masónica, que nunca disimuló. Poco después de iniciada la guerra civil, fue arrestado, desoyó los consejos para que se marchase en su veloz vehículo Avion Voissin,y ya en prisión recibió las visitas de su esposa y su hija. Fue interrogado y torturado, su mujer removió Roma con Santiago, y tal vez lo habría hecho de no haber llegado un nuevo gobernador a Zaragoza, y finalmente fue ejecutado. El parte médico anunció que había fallecido a causa del manido y eufemístico parte: “fractura de cráneo y hemorragia interna”. Dicen sus biógrafos que recibió una bala en la frente y que se despidió del mundo con una sonrisa en los labios.

RECUERDOS DE SU HIJA ANGELITA

La vida es una fuente constante de revelaciones. Angelita Albiñana ha recuperado de golpe, como en una película vertiginosa de la memoria, los mejores recuerdos de su padre, el arquitecto Francisco Albiñana (Zaragoza, 1882-1936). La doble exposición en el Centro Mercantil y en el Colegio de Arquitectos, que se prorroga hasta el cuatro de febrero, ha sido como un agasajo inefable y una victoria contra el olvido. Esa mujer, elegante y octogenaria, ha recuperado viejas emociones, recuerdos que había arrumbado en su estricta intimidad mientras repasaba el álbum de familia. Su padre la llevó alguna vez a reuniones de la UGT o en ese coche Avion Voissin, que pintó de verde; la adolescente le advirtió que cualquier día los animales del campo iban a pensar que era algo comestible. Y fue testigo de excepción de una experiencia familiar dolorosa, que sólo mitigó la bondad y el sentido liberal del arquitecto. Francisco Albiñana, socialista próximo a Indalecio Prieto y masón de la logia Constancia, vio como su hijo, tras hacer el servicio militar como voluntario en Madrid, se alistaba en Falange. Lejos de disuadirlo, le calzó las espuelas, lo abrazó efusivamente y le dijo: “Aunque es posible que nos encontremos frente a frente, cumple con tu deber en todo momento”. Más tarde, en la hora más amarga de su existencia tal vez, el 2 de octubre de 1936, Angelita fue a visitar a su padre a la cárcel de la calle Ponzano, sin sospechar que aquella era la despedida. Y supo que el hombre que iba a ser fusilado al día siguiente en Valdespartera (bromeó acerca de la falsa ejecución de “Tosca”), les dijo a sus verdugos: “No me disparéis a la cara que mi hija nunca ha visto un cadáver y no me gustaría que me recordase con la cara deformada”. Al día siguiente, o quizá el mismo del adiós inesperado, lo vio con un disparo en la frente y una tímida, “triste” sonrisa en la boca. 
 

REFLEJOS DE ARNO RAFAEL MINKKINEN

REFLEJOS DE ARNO RAFAEL MINKKINEN

[Hace años, cuando acumulaba libros sobre el mar (en prosa y en verso, en cuadros y en fotografías, y soñaba con volver a Galicia) escribí y publiqué este poema:]  

Si yo pudiera amarte: entregar flores
De atardecida en tus ojos rotos por un mar
De olivos, desandar la tersura de tus manos
Hasta la caricia más dulce, volver
A una claridad de playa silenciosa y sin olas.
No hay más afanes que agregar a mi corazón:
Te escabulles irremisiblemente como un disparo,
Como un letargo de ausencia y precipicio.
Contemplo esa senda que te engulle, la polvareda
De tu adiós sin despedida, el vaivén
De un cuerpo sombrío que he perdido entre nubes
O en noches de plenilunio con música de cigarras.
Si aún pudiera amarte: arrancar de tu boca
Jazmines  de sal, otro beso con sabor a sangre.
Otros labios, el deseo intacto, toda la transparencia
Del mar: otro beso con sabor a  sangre.

AURELIO GRASA: PINCELADAS SOBRE UN FOTÓGRAFO

AURELIO GRASA: PINCELADAS SOBRE UN FOTÓGRAFO

Con Santiago Ramón y Cajal, retratista constante y teórico de la fotografía en color,  Aurelio Grasa Sancho (1893-1972) es el fotógrafo aragonés, histórico, de mayor proyección internacional. Y no puede decirse que haya tenido la suerte que se merecen su trayectoria, su calidad de pionero del reporterismo y la excelente factura artística de sus fotos de los años 20 y 30 y de la posguerra. Estudiosos de alcance nacional como Joan Fontcuberta y Publio López Mondéjar (éste en el proyecto “Las fuentes de la memoria”) divulgaron su obra extramuros de Aragón, aunque su exposición más importante se le organizó en 1976 en la galería Costa 3, dirigida por su hija Teresa Grasa y su yerno Carlos Barboza, ambos investigadores, artistas y fotógrafos.

 

Más de un cuarto de siglo después, y tras algún intento fallido de organizar una antológica en el Palacio de Sástago, en la Sociedad Fotográfica de Zaragoza se presentó una importante y reveladora muestra del fotógrafo y médico: “Aurelio Grasa. Reportero gráfico, 1910-1917”, que recorría su carrera en la prensa –especialmente en HERALDO, “Abc” y su revista “Blanco y negro”-, desde que tenía 17 años hasta el año de licenciatura. En esos siete años, Aurelio Grasa trabajó sin cesar: con apasionamiento, con rapidez, con entusiasmo y con un sentido de la composición y de la noticia que prueban su olfato periodístico. Estamos ante un pionero de la fotografía documental en Aragón.

         Juan Domínguez Lasierra, apoyándose en los testimonios familiares y en los trabajos del libro-catálogo de 1976, explica la ligazón de Grasa con este diario. Recuerda que el fotógrafo titular era el fotógrafo de estudio, Gustavo Freudenthal, el hombre que retrató a Einstein en su viaje a Zaragoza en 1923, pero que él realizaba una labor “meramente ilustrativa” desde su estudio del Coso 33 ó 35. No obstante, un momento especialmente fructífero para la fotografía de prensa fue la Exposición Hispano Francesca de 1908. Y fue el jovencísimo Aurelio Grasa, de 17 años, quien introduciría en un medio parco en imágenes un nuevo concepto de la fotografía. En el libro-catálogo de 1976, Emilio Grasa, hermano del fotógrafo, narraba un detalle tan importante como pintoresco: “Se compró una moto y con ella iba a todos los sitios. Cuando había toros iba con la moto y su caja de placas, y al día siguiente ya salía en el HERALDO y en el ‘Abc’. Si a las seis terminaba la corrida, a las ocho ya estaban reveladas y las llevaba a HERALDO por la noche”.


Otro periodista casi legendario en estas páginas, el bilbilitano Andrés Ruiz Castillo, “Calpe”, lo perfiló así: “Su afición a deambular por las calles zaragozanas en busca de lo sorprendente, le llevó insaciablemente a fotografiar toda clase de escenas y sucesos, a interesarse por los acontecimientos sociales”. Y apostilla: “Sin pretenderlo se convirtió en un gran repórter gráfico, con personalidad y estilo”. Otro compañero como Miguel Gay recuerda que era “simpático y tranquilo, parco en palabras, pero con una mirada honda que lo decía todo”. Líneas más adelante, anota: “Para Grasa la fotografía no era un oficio sino un hobby, que se dice ahora, una afición para la que poseía un fino sentido, un especial instinto, un modo personal de hallar en las cosas y en los hechos lo que tenía que ser noticia, pero que sólo él acertaba a captar y a retratar”.  En 1910, Grasa se matriculó en Medicina, se licenció en 1917 y se especializó en radiología y dermatología, y ese mismo año, concretamente, un trece de junio publicó sus dos primeras fotos en este periódico: “Los alcaldes de Borja, Agón y Bulbuente en el patio de la Diputación de Zaragoza” y “Exposición de flores en el umbráculo del Hospicio de Zaragoza”. No parece que haya estado nunca contratado en el diario, aunque fue un colaborador fijo, probablemente sin sueldo, que realizó cientos y cientos de fotos en esos años. A nada le hacía ascos: parecía darle lo mismo foto cotidiana, la de los trabajadores en cualquiera de sus apacibles faenas y en sus tumultos, o el documento social (ahí destaca la llegada del féretro de Costa a la estación de Zaragoza y su traslado al cementerio de Torrero) que la instantánea turística, paisajística, romántica o deportiva, donde brilló a alto nivel, hasta el punto que los coches, los aviones, las bicicletas, las motos o los deportes de nieve ocupan muchos negativos en su impresionante archivo de varios miles de tomas. Una de las más célebres fue la toma de Montblanc desde un avión que volaba a más de 6.000 metros de altura. Y otra modalidad en la que destacó en esa época fue la fotografía taurina: hizo reportajes a Bombita, a Manolete, a Florentino Ballesteros, al cual le dedicó un reportaje de cuatro fotos en 1915.

La carrera de Grasa no se acabó en 1917 ni abandonó sus colaboraciones en la prensa. Siguió cediendo fotos, pero en 1921 abrió una consulta en Zaragoza. Para entonces ya había estado en París y había mejorado sus conocimientos científicos y había conocido las vanguardias artísticas, con sus fotógrafos. A partir de ese momento, nacía otro fotógrafo: el fotógrafo del arte que captaba con tersura, con una composición arriesgada y original, con voluntad artística. Esa es la exposición que le debemos, o que nos debe, Aurelio Grasa, “uno de estos ingenios que produce esta tierra, incisivo a veces, de respuesta rápida y finalmente, hiriente en defensa propia, pero con una gracia espontánea sin igual”, según dijo el ex alcalde Luis Gómez Laguna.

 

*Retrato del Cardenal Soldevila pronunciando un discurso en 1915. Ocho años después, tras visitar el convento del Terminillo, sería asesinado por un grupo de anarquistas. La foto es de Aurelio Grasa. Lamento que sea tan poco veraniega.