***Coda:
esta historia tiene su día de la marmota. El 15 de julio volvieron a operarme para quitarme el resto del tiroides. Soy ahora, como dice Melero, un auténtico aragónes.
[Mañana domingo, a partir de las doce, en el Teatro de las Esquinas, se celebrará un encuentro-debate en torno a la autoría teatral en España. Participarán Paloma Pedrero, Ignacio del Moral, Alberto Conejero, Yolanda Dorado y Alfonso Plou. El acto se abrirá con una reflexión general de Esteban Villarrocha y moderará el acto Antón Castro, en el también intervendrán otros autores, actores, profesionales de la escena.]

Generando Dramaturgos
La autoría teatral en España en el período democrático
Del autodidactismo a la enseñanza reglada
Un autor de teatro ¿nace o se hace?
El dramaturgo como literato versus el dramaturgo como escritor de compañía.
Editar teatro, leer teatro.
Por Alfonso PLOU
Si el trabajo del poeta es el de ver una multitud de seres alados que vuelan a su alrededor, el trabajo del dramaturgo es además el de convertirse en ellos.
Nietzsche
En estas cuatro décadas de período democrático en España la dramaturgia ha pasado del autodidactismo a impartirse como una especialidad contemplada y reglada en la Escuelas Superiores de Arte Dramático. De tal forma que los incipientes dramaturgos han pasado de surgir de sus torres de marfil y los premios literarios a comenzar con un título oficial que les acredita como dramaturgos. En medio de ambas situaciones, como antes y como siempre, los dramaturgos han surgido de la propia actividad escénica, como actores, directores, productores… que acaban siendo también dramaturgos, en solitario o en colectivo, de sus propios espectáculos.
En los años 80 y 90 tuvieron mucha importancia los talleres de escritura teatral que importantes dramaturgos de la generación anterior (José Sanchis Sinisterra, Fermín Cabal, Marco Antonio de la Parra, Jesús Campos…) impartían a los recién llegados. También fueron importantes determinadas iniciativas como el premio Marqués de Bradomín y algunas becas de escritura. Ahora juegan un papel importante iniciativas de los centros dramáticos como Escritos desde la escena del Centro Dramático Nacional o el T6 del Teatro Nacional de Catalunya o el Fomento de la Literatura Dramática del extinto Centro Dramático de Aragón. Dichos programas propician facilitar la relación de los dramaturgos con un proceso de creación dramatúrgica más cercano a la escena.
En todo caso, a parte de estas propuestas institucionales más o menos logradas y bienintencionadas, la gran mayoría de la escritura teatral del país se sigue produciendo, como siempre, desde los márgenes; desde lo que antes se llamaba de otra manera y ahora se llama teatro emergente, microsalas o búscate-la-vida-para-sacar-adelante-tu-proyecto-como-sea.
De todo ello queremos hablar desde la realidad del teatro aragonés y nacional. Con dramaturgos de diferentes generaciones aragonesas y la presencia de cuatro figuras de la dramaturgia española de la generación de los ochenta y de la generación más reciente: Paloma Pedrero e Ignacio del Moral (por un lado) y Alberto Conejero y Yolanda Dorado (por el otro), que juntan unos cuantos importantes reconocimientos públicos.
Organizan y moderan el acto: Anton Castro, periodista cultural, Alfonso Plou, dramaturgo aragonés y Esteban Villarrocha, editor de la Editorial Arbolé, entre otras muchas cosas.
Colaboran:
- La Asociación de Autores de Teatro
- La Asociación Aragonesa de Escritores
- Y unos cuantos dramaturgos aragoneses:
El lugar: El Ambigú del Teatro de las Esquinas
El día: el domingo 17 de julio.
La hora: De 12 a 14 horas
Al terminar el encuentro se servirá un vermú.
*Este retrato de Paloma Pedrero lo tomo de aquí:
https://mujeresresenando.files.wordpress.com/2015/01/399-paloma-pedrero-590.jpg
HISTORIA DEL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA
Por Marta GRACIA BLANCO
Hasta los años 60, en pleno franquismo, si las ciudades pasaban penuria cultural, en los pueblos vivíamos, desde el punto de vista educativo y cultural, en el más terrible y absoluto de los abandonos. En el año 1965, supongo que en el marco de esa iglesia más social que surgió por entonces, la parroquia de La Almunia abrió las puertas de este Salón Blanco. Un proyecto que vino de la mano de lo que fue el instituto de Cabañas y el Focar, en esta misma plaza de la iglesia. Más o menos en la misma época y en el mismo contexto nacieron aquí la EUPLA y el Colegio Salesiano. El pueblo se llenó de estudiantes. El páramo cultural se llenó de vida. Creo que podemos decir sin sonrojarnos que la educación y la cultura cambiaron para siempre La Almunia y a los almunienses.
Pasaron los años. Cambiaron los tiempos. En el mes de diciembre de 2014 este cine proyectó por última vez una película con su proyector analógico. Las películas en celuloide, tal como siempre las habíamos conocido, se habían dejado de fabricar. Nos había venido encima, como una ola, la obsolescencia tecnológica.
Unos meses más tarde no sólo nos quedamos sin cine: nos quedamos también sin Salón. Hubo que cerrar la sala a cualquier uso porque presentaba deficiencias técnicas que afectaban incluso a la seguridad de las personas.
Creo que fue precisamente en ese momento cuando muchos vecinos y vecinas comenzamos a comprender en toda su profundidad la importancia que tiene para nuestro pueblo este salón. Lo entendimos cuando experimentamos todas esas cosas que, de pronto, ya no podíamos tener. Si no abríamos el Salón Blanco no podíamos tener cine. No podíamos tener teatro. No podíamos celebrar los fines de curso de la escuela de jota, de la asociación de mujeres, de las AMPAS. No podíamos organizar el Teatro de Madres. No podíamos organizar el Festival de Cine.
A los amigos que hoy han venido a acompañarnos me gustaría explicarles algo que los almunienses entendemos bien: el Salón Blanco es mucho más que un salón de cine. Es parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Todos los almunienses, de cualquier edad, podríamos contaros con cariño cientos de historias vividas aquí. Aquí han nacido amores y han crecido amistades eternas. Os podríamos hablar del Lobo, de Vitorián, de Alfredo el proyeccionista, de Fernando. Del ruido de las monedas golpeadas sobre la barra del bar para que nos atendieran pronto, antes de que terminara el intermedio. Os podríamos contar cómo nació el Festival de la Canción Blanca, como eran los festivales de Don Luis de Los Ríos, y cómo tomaron su relevo los festivales navideños de la asociación La Peña. Os podríamos contar cómo una vez al año, las madres se organizan y preparan un espectáculo precioso para disfrute exclusivo de los niños y niñas de los colegios. Os podríamos explicar que aquí han actuado grandes figuras del teatro, la danza o la canción pero también muchísimos almunienses que cantan jotas, que bailan, que tocan en la banda, en la rondalla, que hacen teatro, monólogos. Y por supuesto, el cine. Siempre el cine. Este Salón está lleno de historias en torno a las películas. Podríamos pasar horas, se nos pondría un nudo en la garganta, se nos arrasarían los ojos de emoción.
Pero más allá de la emoción, de los sentimientos y de los gustos personales está también la razón. Defender este Salón, comprender su importancia y apostar por él es la decisión más racional que el Ayuntamiento podía tomar.
Unas instalaciones deportivas municipales son imprescindibles para fomentar el deporte de base y para generar deportistas profesionales. Así lo vimos aquí y durante años hemos invertido dinero, esfuerzo, personal y energías en dotarnos de equipamientos, oferta, cursos, infraestructuras. Por eso hoy la sociedad almuniense tiene un enorme músculo deportivo. De la misma forma, en La Almunia necesitamos unas instalaciones culturales municipales de calidad. Necesitamos un escenario, unos camerinos, un patio grande de butacas. Necesitamos un proyector digital. Necesitamos este gran espacio. Invertir dinero, esfuerzo, personal y energía en cultura, en infraestucturas culturales nos garantiza, si me permitís el palabrejo, “culturistas” de base y fomenta que nazcan “culturistas” de élite.
Una de las tareas más hermosas de un Ayuntamiento es ésta. Invertir en cultura. Ayudar a que sus habitantes se doten de herramientas para ser ciudadanos informados, con criterio, y, sobre todo felices. Porque antes que nada, el cine, el teatro, la literatura, la música... son fuente de felicidad. De felicidad y de autoestima.
Pero como os digo, esta es una tarea de un Ayuntamiento. Es responsabilidad del Ayuntamiento, y no de la Parroquia. Somos los almunienses quienes tenemos que asumir ese trabajo. Como decía aquel, y nunca mejor dicho, “A Dios lo que es de dios y al césar lo que es del César”. Durante muchos años este Salón ha recaído sobre las espaldas de la parroquia y ya era hora de que desde el Ayuntamiento les releváramos de esta tarea y de esta responsabilidad.
Por eso no quería dejar pasar la ocasión para dar las gracias públicamente. Gracias a Juanjo Moreno, mi socio de gobierno, porque se ha volcado en este tema. Creo que hemos hecho un buen tándem en un asunto jurídicamente complicado y seguiremos en ello, porque falta mucho por hacer.
Y gracias enormes, gracias también en nombre del Ayuntamiento y en nombre de todos los almunienses a los dos párrocos, Antonio y Juan Luis. Es un agradecimiento doble. En primer lugar, gracias porque vuestra disposición en todo lo relativo a la cesión o venta del Salón Blanco ha sido inmejorable y muy generosa. Sé que sobre todo para Antonio desprenderse del Salón Blanco ha sido una decisión dura y sin embargo en todo momento antepuso el interés del pueblo a su propio deseo. Y gracias, también y sobre todo, porque tanto vosotros como vuestros antecesores hicisteis al pueblo el mejor de los regalos: abrir y mantener este Salón durante todos estos años.
Este Salón es lo que es porque los almunienses siempre lo vivimos y lo sentimos como “el Salón de todos”. Se construyó entre todos. Se ha disfrutado entre todos. Lo hemos defendido con uñas y dientes. Nos lo hemos creído. Y ahora por fin, es público. Es, legalmente y no sólo sentimentalmente, de todos los almunienses. Tendremos que trabajarlo, reformarlo, remodelarlo. Ponerlo a punto nos costará un poco menos o un poco más. Pero aquí está, vivo otro vez. Vivo como siempre.
Larga vida al Salón Blanco. Larga vida, amigo mío.
[Una pequeña selección de textos del libro ’La sombra erecta’ del joven poeta turolense Lamberto Alpuente Torres, por cortesía del autor.]
Pescando furtivos (pag.23)
Nadie sabe de dónde viene la batería de magnetismo, pero los temporales eléctricos aconsejan cerrar parques, jardines y moradas si se adora a los trofeos de plástico.
Una cruz de casi dos metros es quizás el mejor ejemplo de mecanismo revelador.
Una fuente de ilusión comprometida con los salones clandestinos y las limosnas.
Se alimenta una vez al día y no hace ascos a la quincuagésima cerveza.
Nutre al uniforme de vómitos, saliva, y dedos acusadores.
Habla claro y extenso, con gorrito, o con el morado en el pincel.
Aunque viniera de largo, disfrutar provocando al cizañero, al señorito, al cobardica, y a la foto de perfil mal follada, manteniendo maniqueas conversaciones por lo callado e infame cuando la bestia ronca, reconozco mi casamiento con la diferencia, para en los buffets, fornicar a los hijos de las verdades absolutas, y sé que, en ocasiones, no veía muertos, pero tampoco merecía el perdón, mi perdón, ajeno o propio.
Desde luego me esperaban en el corredor, por vidas de plomo, pescando furtivos.
SolEdad (pag.30)
La soledad es un armario de abrigos apolillados.
Recordatorio de la versatilidad del bastón en batalla.
Un péndulo que fluctúa progresivamente maniatando al equilibrio nonato.
La soledad es la viuda negra que, sin pestañear, ama y odia oscilando entre la adulación al pesebre y los conocimientos anatómicos que declinan en la antropofagia.
La soledad es la quimera del Dorado.
El descendimiento del explorador hacia cromáticas bragas salvajes, y la descarnada huida sin brújula, víveres ni cantimplora.
La soledad consume aberración en gramos de alto standing, practicando populismo con la aristocracia de bote, los duendecillos en goce, y las traviesas alimañas del túnel de perpetuo alimento.
La soledad es una ducha de agua fría esperando el roce del ilusorio cuerpo amado que nunca llega.
Sabe de tretas pero no vaticina soluciones, lucha con la mente hasta agotar existencias.
La soledad es el solsticio arado que esclarece a los amantes y pensadores.
La soledad tiene tu número...Y el mío...
El espía con notas (pag.54)
1 -El sol descansa-
Los ojos fotografían lo que nuestro interior desea ver...
Aviones de papel errando en el balcón de infancia.
Planetas girando en trance alrededor del chiquillo de nebuloso tejido cósmico y lengua salvaje, manos de aventura, café con leche y galletas.
Anaranjados mares ondulándose al cerrar los párpados.
Invisibles invasores dejando el poso del paraíso sanador de poniente.
“Yo sabía quién era”
2 -La luna crea-
“Todo está permitido” susurra el abstracto garabato de tinta china nocturna para la calle de mandolinas y escuela.
El espía protege sugestivas notas contra la pared en llamas, por la creencia de la coincidencia un día en su conciencia.
Sus pequeños pies en punta clavan dardos del perfume de agua fresca.
(El jurado de jaqueca y migraña no podrá con su marfil de paciencia).
De mi aprensión, las caricias de seda sorprenden al muerto de arrugas de lastres en pena.
Labios de unicornio que secuestran miradas desnudas penetrando en la casa de ceniza.
¿Tendrás un segundo antes que la sombra erecta desaparezca?
“Yo sabía quién eras”
3 -Lamberto escribe-
Nunca seré como los demás, y por eso escribo a tu sonrisa con mis lágrimas de miedo, para que recuerdes hasta el fin del tiempo, que nunca nos equivocamos al soñar despiertos.
Te esperaré.
El libro del Chamán (pag.62)
Entre las hojas sueltas de un libro muy deteriorado, coexisten el traficante de armas y esclavos, perdido en la duna sin pierna, y el superhombre que abraza y solloza a los pies del caballo, en plazas ansiosas de paseo moderno.
Biografía de la castración.
Áspera, receptiva y estucada.
Mostrar un dibujo del hipódromo, y también del tanatorio, a la incultura.
Espirales de peta-zeta para la tubería del desagüe.
Terma iconoclasta
Olvido, y después…Rebaño…
La polisemia no ha conocido antros de comida rápida.
Admira los manjares que esconden la verdad oculta: Conocimiento.
Saborea la magia que aborrece dogmas para aprender los nombres.
Etnia, antropología, ficción, y el humor de un corazón, no uno más, quizás como el tuyo, siendo maestros y neófitos, y mandrágora, inhibidora de los prejuicios.
¿Conoces la realidad?
Etílico III (pag.68)
En Melilla, agarrado con dientes y uñas a una valla, un inmigrante cae y es apaleado por la policía.
Las pateras son un macabro negocio de mentiras, desenfrenado y criminal trasiego.
¿Quieres llevar algo al gaznate? Aprende a nadar.
La procesión dispara su crecimiento en busca de la aguja en el pajar.
El estado nos envenena de vicios “menores” pero no hipoteca sus impuestos para mejorar en sanidad y cultura.
El pez grande no se muerde la cola.
Sin plantas, árboles, ríos, abejas…No hay futuro…
Los vampiros, como los insectos, han empezado a beber sangre de jóvenes vírgenes cada noche.
Muertes rápidas, muertes lentas, muertes silenciosas…
Vivo en una ciudad tan pequeña, que es peligroso procurar un grito.
Vivo en un país donde nadie entiende nada.
¿Cuánto de lo que nos han contado es cierto? ¿Acaso nos llenamos el paladar de ilusorias prometidas?
Podrás llamarlo “el próximo cementerio” o, quizás, “matadero del siglo 21”
Estimulan la educación de los perros para después deshacerse de ellos.
Un día cualquiera, elige de los 365, nadie puede convencerse de haber apostado correctamente.
Desgracia llamada “utopía”. Brega sin importar su nombre.
Sobresaltado ante un espejo, extraño, ridículo y enfermo.
Enciendo la televisión, abro el periódico, siento las distancias.
Sostener con vida mi proyecto de las responsabilidades creadas para ser cadenas, presiones internas para mitigar la represión.
Saltar al ruedo sin blancas banderas.
Éste, este es un país corrupto, injusto y odioso, salpicado por ladrones, embaucadores y holgazanes, sentados en sus retretes neoliberales defecando democracias violadas, manejando el silencio de la manzana agusanada.
Mordaza y grillete, y laureles para los dictadores pasados.
Suyos son los triunfos de la pandilla basura.
Transformación de mariposa en larva.
Educación medieval para neandertales. Tecnología para gilipollas inhumanos.
Puestos de trabajo en barcos de esclavistas. Materialismo para no ser un don nadie en esta tierra de zafios.
Control de masas.
Cocerán habas. Partirán nueces. Lloverán palos.
Pero saldremos a la calle por nuestra dignidad y libertad, pese a los que lían el prospecto aún durmiendo en el convento. Pese a los juerguistas que terminan volviendo a su madre, y a sus pañales. Pese a hablar a las paredes de la revolución de las flores.
Pese a estar adormilados por los golpes del estado, y sus amigos, siempre confundiendo los ideales con el peligro.
Y no puedo mentir. No tengo un móvil. Más que un espíritu que se acelera con cada asesinato diario.
El pueblo habla. No puedo mentir. Me siento un extraterrestre pronunciando un testamento subido a un andamio. Con lecciones muy pesadas que hablan de un tipo experimentado que sigue buscando un abrazo en los polos, o en la desmemoria por no saber expresar las incontables razones que nos pierden en lodazales, ultrajes, e innumerables pérdidas.
Ten cuidado y preocúpate al verme callado.
Antes, tomaremos la penúltima. Parece que las luces no se han apagado.
-Del libro ’La sombra erecta’ de Lamberto Alpuente Torres. Edición de autor, ilustrada por varios artistas. Lleva un prólogo de Javier Sabe, músico de hip hop. Lamberto dice: "Una persona, antes de marchar,me confío un secreto, no dejar de luchar y soñar hasta que marchemos a otr4o reino".
Francisco J. Uriz:
«La cultura siempre está en crisis»
Francisco J. Uriz (Zaragoza, 1932) es escritor y traductor, tarea por la que ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción: en 1996, por su antología de ‘Poesía Nórica’, y en 2012 por toda su trayectoria. Ha traducido a Gunnar Ekëloff, Ingmar Bergman, Artur Lundkvist y August Strindberg, entre otros muchos, en solitario o con su mujer Marina Torres. Entre sus méritos figura el de ser el fundador de la Casa del Traductor de Tarazona, en 1989, y de haber acompañado en varias ocasiones a Olof Palme, empeño que le regaló una bella nominación: «el poeta de Olof Palme». Alterna su residencia en Zaragoza y en Suecia. Ahora, en Libros del Innombrable, el sello zaragozano donde ha publicado varios poemarios y su lírica completa, presenta un volumen de teatro, compuesto por tres piezas - ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ y ‘Decidme cómo es un árbol’, que da título al conjunto-, y a la vez traduce a la poeta Lina Ekdahl (Gotemburgo, Suecia, 1964), su libro 'En estos tiempos'.
Siempre le ha preocupado Vietnam -cuya guerra comenzó hacia 1960 y concluyó quince años después-, no solo en el teatro, sino también en la poesía.
Seguí con atención y entusiasmo la guerra de liberación de los vietnamitas contra los restos del imperialismo francés y su victoria tras la batalla de Dien Bien Phu, el David que derrotó al orgulloso Goliat. Tal vez venga de ahí mi inclinación por los más débiles (también en el fútbol), seguí las negociaciones de paz, la violación de los acuerdos por parte de Vietnam del sur y el inicio de la salvaje intervención norteamericana y su derrota.
¿Qué vio en ese conflicto, qué le perturbó tanto?
Me perturbó porque creo que nunca se ha utilizado tanta violencia y crueldad contra un pueblo que no les amenazaba por nada. Fue la batalla del país más industrializado y rico del mundo, Estados Unidos, contra un pequeño país campesino.
La obra se titula ‘Vietnam no está en la Edad Media’. ¿Cuál es su mirada dramática en esa obra, qué había y qué no había de Edad Media en ese conflicto?
El título de mi pieza surge de la frase de aquel humanista norteamericano que proponía bombardear a Vietnam «hasta la Edad de Piedra». Yo coloqué la acción en la Edad Media, por razones teatrales. Era la dejación y traición de las «patrióticas» clases dominantes para defender su país y la voluntad y astucia del pueblo para suplir a las clases dominantes en la noble misión de defensa de la independencia.
La segunda pieza del libro, ‘Mear contra el viento’, está redactada en colaboración con el cubano Jorge Díaz. ¿Es un grito, una forma de rebeldía? ¿En qué contexto fue escrita?
La pieza, subtitulada ‘Teatro infantil para adultos’, obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas y unas generosas palabras de Max Aub, el escritor español en el exilio. En esta obra también el imperialismo norteamericano, esta vez el de las grandes corporaciones, era el objeto de nuestra crítica. Nos basábamos en los documentos secretos que se acababan de publicar de la ITT (empresa que fue fundada en 1920 bajo el nombre International Telephone & Telegraph). La filmó la televisión sueca y obtuvo un premio en Bulgaria.
En la tercera pieza hace una interpretación de las memorias del poeta Marcos Ana: ‘Decidme cómo es un árbol’. ¿Qué le interesó de él? El cineasta Pedro Almodóvar compró ese libro.
La pieza de Marcos Ana la escribí mucho antes de que se publicasen sus memorias. Utilicé una excelente entrevista publicada en la revista ‘Por Favor’ y lo que me había contado él en Estocolmo, en una de sus visitas a Suecia. Y también me basé en algunos libros de experiencias carcelarias durante el franquismo.
¿Qué quería hacer en su acercamiento a ese personaje que había conocido la cárcel?
¿Salvar algo de memoria histórica, tal vez? Podría ser la respuesta. Para que no se borre todo.
Acaba de traducir a la poeta sueca Lina Ekdahl, en Libros del Innombrable, en la antología poética ‘En estos tiempos’. De entrada, da la sensación de que es una poeta social, de denuncia, marcada por su compromiso y su beligerancia.
La mayor parte de poetas que traduzco son sociales. Ella es una sucesora en la línea del feminismo combativo: Sonja Åkesson, en los 60-70; Kristina Lugn, en los 70-90; y Lina Ekdahl, de los 90 a nuestros días.
Usted ha defendido una lírica no sé si panfletaria o inmediata, pero desde luego crítica. ¿Cuál es la misión de la poesía?
Soy partidario de una poesía impura, como decía Pablo Neruda, y de su verso: «Quien huye del mal gusto cae en el hielo».
¿Está la cultura en crisis, ha perdido su impacto social? Vive entre España y Suecia. ¿Ha sucedido ahí algo semejante?
Me da la impresión de que la cultura siempre está en crisis y en la revista ‘Crisis’, de Zaragoza, porque siempre hay en todo el mundo entusiastas impenitentes.
LAS FICHAS
Decidme cómo es un árbol. Tres piezas de teatro de Francisco J. Uriz . ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ (con Jorge Díaz) y ‘Decidme cómo es un árbol’. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 242 páginas.
En estos tiempos. Antología poética. Lina Ekdhal. traducción de Francisco J. Uriz . Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 113 páginas.
*La foto de Paco Uriz, en su casa de la Avenida de Valencia de Zaragoza, la tomó para Heraldo Esther Casas.
Víctor del Árbol se confiesa admirador de Camus, Dostoievski y Miguel Delibes. El escritor barcelonés, todo un acontecimiento en Francia, presentó hace unos días en la librería Central de Zaragoza su libro ‘La víspera de casi todo’ (Destino), galardonada con el Premio Nadal 2016
Víctor del Árbol «Mis personajes buscan
la reconciliación consigo mismos y el perdón»
«He sido policía hasta hace cinco años y he hecho un poco de todo. He trabajado con menores, he ayudado en mil cosas, he trabajado en prisiones. Esa sí que es una experiencia intensa y fundamental para entender la psicología del monstruo. Los reclusos, dentro, están controlados; algunos, por instinto de supervivencia, se convierten en seres normales, pero en cuanto rebasan la barrera de la prisión se les despierta de nuevo el monstruo. Y de eso va un poco ‘La víspera de casi todo’: hablo de personajes con un pasado traumático que, a veces, esconden a un asesino», dice Víctor del Árbol (Barcelona, 1968), ganador del premio Nadal de 2016.
Sospecho que una novela con tantas historias extremadas, parte de la realidad.
Mis libros se alimentan de lo que ocurre. Supe de un joven que había quemado su casa. Y mientras leía ‘Lolita’ de Nabokov, me enteré de una historia parecida a la que cuento: una profesora se enamoró de un joven alumno de 17 años, se quedó embarazada, huyó con él y dejó a su marido. Poco después, cuando el joven creció, la dejó a ella.
Su historia es un poco distinta…
Sin duda. En mi novela una mujer, fotógrafa, que ha sufrido una experiencia terrible, se deja seducir por el muchacho. Aquí la inocencia conquista a la experiencia, y ella, la mujer, en la primera peripecia sexual que tienen, se pregunta cómo sabe él todo eso.
Ese joven es esquizofrénico…
La enfermedad le sobreviene, poco a poco, tras haber arrojado al vacío a una niña, Martina...
Sigamos con su reflexión sobre la realidad.
La realidad es inverosímil y la ficción tiene que ser verosímil. En la vida real las cosas no se resuelven del todo, no tienen coherencia, no tienen un nudo, un desarrollo y un desenlace. Eso es algo que tenemos que hacer los novelistas.
Sorprende un poco que un escritor de Barcelona ubique su narración en la Costa de la Muerte.
No se crea. He estado casado doce años con una mujer gallega, de Orense. Galicia forma parte de mi vida. Para mí la novela es, esencialmente, una puerta abierta al horizonte y también simbología. La Costa de la Muerte contiene muchos símbolos que son decisivos en el libro: el paisaje, el faro, los nombres, Ave del Paraíso, Ojos de Agua, Nicosia (que es un barco y un centro y una radio vinculados a las enfermedades mentales), y Punta Caliente, que es mi Macondo gallego. La Costa de la Muerte también alude a la idea del salto, del precipicio, del drama rural y, por supuesto, es un escenario de naufragios. Aquí todos los personajes son náufragos.
Son náufragos, pero también parecen perseguidos por el mal...
Los seres humanos tendemos a la negación del mal. A veces no queremos ver las evidencias, hacemos el relato que nos conviene y no queremos interferencias. Hablo de la gente normal que deja de serlo y comete aberraciones inesperadas, como el inspector Germinal Ibarra. No me interesan la bondad o la maldad como verdades absolutas. Nadie es bueno ni malo del todo.
En realidad, sus criaturas quizá sean supervivientes…
Sin duda. Mis personajes tienen un punto de partida oscuro, con fantasmas… Mis personajes son supervivientes, buscan la reconciliación consigo mismos, buscan la redención, el perdón.
¿La encuentran?
Bueno. Ahí entra la literatura, que cuestiona la realidad aparente y explora el alma humana: encuentra espejos que nos explican o nos reflejan en nuestras contradicciones, en la búsqueda de la felicidad; encuentra la luz y la oscuridad, el bien y el mal.
Hablemos de su estilo, tan cuidado. ¿Sabe para quién escribe?
Escribo por los personajes. Escribo para mí y deseo que en ese ejercicio, o tentativa, me encuentre con lectores cómplices que me interpelan a mí y a los personajes. Tengo clara una cosa: la literatura puede prescindir del escritor, pero jamás del lector.
*Esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón, en la sección de Cultura. La foto de Marcos Budiño la he tomado de ABC en la red. Víctor está en la Costa de la Muerte.
A Fernando Lalana (Zaragoza, 1958), Premio Cervantes Chico, le gusta experimentar con los géneros narrativos. Publica ‘Kansay city’ (Bambú / Casals), del oeste, y ‘A contraluz’ (Mira editores), de erotismo para jóvenes.
“El verano es un tiempo
de euforia y la estación
del amor y el ligue”
-En este primer semestre del año ha publicado tres libros.
-Sí. A veces se concentran en torno al Día del Libro, que resulta maravilloso, y la Feria del Libro, que fue decepcionante. Vender un libro ha sido más costoso que nunca y, además, había poca gente.
-Aparece en el volumen coral: ‘Diez miradas. Para quienes nos enseñan a leer’ (Loqueleo). ¿Quién le enseñó a leer?
- Mi padre, que era constructor, tenía un cuarto con biblioteca. Era socio de Aguilar, pagaba una cuota y cada cierto tiempo aparecía por casa un comercial para ofrecerle las novedades y era un buen cliente de la librería Universal. Mi pasión por la literatura, y por la lectura, se la debo a él.
-A sus padres les dedicó su primera novela del oeste, y acaba de publicar la segunda: ‘Kansas City’.
-Es cierto. Aparece en Bambú/ Casals, de nuevo. Y nació de una especie de proyecto al que llevaba dándole vueltas algún tiempo. Quería escribir subgéneros que no había abordado: el terror, la novela empalagosamente romántica, el western y la novela erótica para jóvenes.
-Quedémonos un instante en el western.
- Un día mi editor Jordi Martín me dijo: “Empieza por el western. He soñado que se ponía de moda”. Y así nació ‘Una bala perdida’, que es una historia detectivesca que transcurre en Nebraska, protagonizada por George Macallan. Allí moría la mujer de su vida, Alicia Camarasa. ‘Kansas City’ es la continuación de su historia ocho años después. Es una novela más crepuscular, llena de aventuras y de acción, clásica, aunque también hay detectives a través de la agencia Pinkerton.
-¿Qué le interesa del oeste?
-Es un género que no había tocado. Me apasiona la tarea de documentarme: investigar para escribir de algo que no sabes me parece un privilegio. Y hay otro factor casi sentimental: yo soy muy admirador de Francisco González Ledesma, que empezó escribiendo novelas del oeste, bajo el seudónimo de Silver Kane. Decía que ahí había aprendido a escribir. Ya de mayor, recordó aquella época y publicó una novela deliciosa: ‘La dama y el recuerdo’. Cuando la leí, me entró el gusanillo.
-A la vez que ‘Kansas City’ también aparece en Mira editores ‘A Contraluz’, que es su novela de erotismo para jóvenes.
-No era fácil que les interesase a mis editores habituales. Poligone Education de Pamplona hizo una edición digital. Joaquín Casanova siempre me había pedido un libro y pensé que este podía ser el idóneo. Y aquí está.
-¿Qué dificultades ha tenido?
-Escribir erotismo para jóvenes entraña sus riesgos. No puedes ni irte por la tangente, ni ser blando o irreal, tienes que interesarle. Y a la vez los jóvenes son más bien románticos y les gustan que los libros acaben bien, que las historias de amor se cierren. Aquí he contado la historia de un joven, Eduardo, enamorado de una chica, Elisa, pero todo se complica un poco más.
-¿Se dan esas ‘nude partys’ de las que habla en el libro?
-Sé que existen, claro, aunque esta es inventada. Recuerdo perfectamente que en los años 70, poco antes de la muerte de Franco, en Zaragoza yo participé en una de ellas. Una o dos veces, en una de esas casas con piscina, rodeado de amigos y todos desnudos, de 16, 17, 18 años. Aunque allí no sucedían las cosas que pasan aquí, donde hay un muerto.
-¿Qué vínculo existe entre el verano y el amor?
-Yo creo que el verano es la estación del amor, del ligue. Mis primeros amores fueron en verano: es un período de euforia, de entusiasmo, de las salidas de casa y es el tiempo de la playa, que también es un buen escenario para el amor.
-Se ha encontrado, en sus visitas a colegios e institutos, en chicos tan leídos como los de ‘A contraluz’.
-La verdad es que no mucho. Eso sí, cuando alguien te pregunta por Stanley Kubrick, es maravilloso.
-¿Qué libros nos recomendaría para este verano?
-‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda, que me sigue pareciendo un libro deslumbrante y que contiene todo el amor. Recomendaría un autor, Pierre Lemaitre, del que recomiendo ‘Nos vemos allá arriba’, sensacional, y ‘Camille, y ‘La isla de Bowen’ de César Mallorquí, con quien me siento muy identificado.
*Este texto ha aparecido en la contraportada de HERALDO. La fotografía es de Oliver Duch.
[El pasado viernes, el narrador murciano Miguel Ángel Hernández presentaba su nueva novela, 'El instante de peligro' en la librería Antígona, en compañía del narrador Sergio del Molino. He aquí una entrevista a propósito de la novela que fue finalista del Premio Herralde de novela.]
«Escribir es una forma de frenar el tiempo»
-¿Qué le debes o cómo te marca Walter Benjamin?
Le debo un modo de relación con la historia. Sobre todo la intuición de que el pasado está aquí, es tangible y se nos aparece en imágenes que nos aluden y se nos clavan un momento antes de desaparecer para siempre.
-¿Qué tiene de particular este escritor que cada vez más parece un precursor de la modernidad o una figura que está muy presente?
Benjamin fue un cartógrafo de su tiempo, entendió como nadie la modernidad, pero también supo ver las transformaciones y los retos del mundo que se había abierto frente a él. Imaginó a qué nos íbamos a enfrentar en el futuro. Y esbozó modos de resistir y luchar frente a lo que no tardó demasiado en llegar (la dominación fascista y tecnológica, el capitalismo integrado, la estetización y espectacularización de la política…).
-¿Cómo te sientes bajo esa etiqueta de novelista de ideas?
Relativamente cómodo, aunque es cierto que todas las novelas están llenas de ideas. En mi caso la teoría tiene un peso central como una especie de reflexión crítica acerca de lo que mueve las historias. Novela de ideas, novela reflexiva, de pensamiento, intelectual… no me desagrada. Siempre, claro está, que eso no sea sinónimo de “novela aburrida o pestiño filosófico”.
-¿Cuáles son los asideros reales de la novela, cómo surgió: de una imagen específica, de un intento de explicar la memoria y el arte…, de una intuición, de la necesidad de regresar a un lugar?
Curiosamente surgió de una imagen: una sombra proyectada sobre un muro en mitad de un bosque. Un día me vino esa imagen a la cabeza. Y a partir de ahí comenzó a nacer la historia. Por alguna razón, quizá porque soy historiador del arte, el germen de mis historias siempre está en una imagen. La historia, las ideas, el tono, la justificación teórica… todo eso viene después. Lo esencial es la imagen.
-¿Podría leerse como una carta, una indagación, como un viaje que hace el protagonista alrededor de sí mismo?
Una carta o una confesión para intentar comprender el pasado y el presente. El protagonista escribe para poder explicarse cómo ha llegado hasta ahí y qué es lo que merece la pena salvar. Escribir, muchas veces, es necesario para poder situarnos en el mundo.
-Explícanos un poco a Martin y a la artista Anna. ¿Son tan raros y tan complejos los creadores?
Martín es un profesor y escritor que ha fracasado en lo que se proponía. Creo que su manera de enfrentarse al mundo es más cotidiana que la de Anna Morelli, que sí que responde al modelo de “artista genial”, obsesionada hasta el límite por el arte y la creación. Para ella el arte es una cuestión de vida y muerte. Para Martín, el arte o la escritura son de gran importancia, pero nunca deja de tener los pies en el suelo.
-¿Has querido, en realidad, escribir una novela de amor y de amores más o menos recordados, evocados, que siempre están ahí, desde el fondo del tiempo?
Creo que El instante de peligro es un historia de amor o, como dices, de amores; de diferentes tipos de amor. Para mí es eso por encima de cualquier otra cosa; por encima incluso de una reflexión sobre el arte y la memoria. El amor es lo que atraviesa la novela. Y es lo que está incluso en el origen de esa sombra proyectada sobre un muro.
-¿Qué significa para ti escribir una novela, cómo la vives? Da la sensación de que es un proceso lento, muy meditado, que no tienes prisa, que te importa más el trabajo riguroso que el éxito más o menos inmediato.
Nunca tengo prisa en escribir. Comenzar una novela es abrir un mundo –a veces un abismo– del que ya no puedo escapar hasta que pongo punto y final a la historia. Pocas cosas me producen más placer que habitar ese mundo propio durante años. Por eso intento demorarlo todo lo que puedo. Transitar cada frase, cada giro, cada imagen. Como si el mundo no existiera. Escribir es para mí una forma de frenar el tiempo.
-¿Cuál es tu percepción de la autoficción, cómo te mueves en ella?
Me resulta tremendamente productiva. Es una manera de conectar el espacio de la ficción con el espacio real y de producir algo que para mí es fundamental en la novela: incertidumbre. Ficcionalizar lo real e introducir realidad en la ficción es una manera de generar desconfianza. Ya nos creemos demasiadas cosas en este mundo y quizá sea necesario desconfiar de todo. La duda literaria como espacio de resistencia.
-El libro también es una reivindicación del arte contemporáneo y de sus pequeños gestos y quizá de la obsesión. ¿Cuál es tu actitud ante la creación más contemporánea, qué te conmueve y qué te disgusta?
Soy historiador del arte y mi relación con las prácticas artísticas contemporáneas es muy cercana. De hecho, gran parte de mi visión del mundo se ha configurado a través de las experiencias artísticas. Me interesa el arte y me parece fundamental. Lo que me cansa, sin embargo, es el mundo del arte, las exposiciones que siempre hablan de lo mismo, las prácticas institucionalizadas… Creo que al arte le falta vida. Y curiosamente las novelas muchas veces sirven como ensayos en los que el arte recupera ese nivel vital: los protagonistas se obsesionan con las obras, su vida se transforma… el arte funciona.
-¿Qué lugar ocupa en tu vida el cine?
Me gusta, por supuesto, pero siento que estoy algo más alejado de lo que debería. Las series de televisión y las novelas ocupan mucho más tiempo en mi vida que el cine. Fue una gran pasión en mi adolescencia. Ahora no lo tengo tan presente, aunque hay directores que me obsesionan, como Michael Haneke, Lars von Trier o David Lynch.
-¿De qué autores de tu tiempo y de cualquier instante te siente afín, próximo o sencillamente un admirador?
Me interesan los escritores que entienden la literatura como modo conocimiento y reflexión. De entre mis contemporáneos: Patricio Pron, Ricardo Menéndez Salmón, Sergio del Molino, Ben Lerner o Gonçalo Tavares. Entre los maestros, sin duda, Enrique Vila-Matas, y también Paul Auster, Javier Cercas, Don DeLillo, Michel Houellebecq o Siri Husvedt. Y entre los de otro tiempo: Thomas Bernhard, Samuel Beckett o Borges. Lo que escribo está en deuda con todos ellos.
*Tomo la foto de Miguel Ángel Hernández de aquí:
http://revistaparaleer.com/agenda-eventos/presentacion-en-madrid-de-el-instante-de-peligro-de-miguel-angel-hernandez/