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Antón Castro

Artistas

PEDRO SANJURJO. RETRATO DE UN PINTOR DE MAR*

PEDRO SANJURJO. RETRATO DE UN PINTOR DE MAR*

Pedro Sanjurjo quiso ser un pintor de mar. Un pintor del mar. Quiso plantarse en los cantiles de Cantabria, en Santoña, en la Costa de la Muerte o en cualquier promontorio de la tierra, para absorber la luz del océano. La luz, el movimiento incesante, el amor de la luna y las mareas, ese instante inefable en que la quietud se adueña del oleaje y de la playa. Pedro Sanjurjo soñaba el mar, que era la gran metáfora de la vida: lo veía espectral y helado, con sus maderas de pecio y sus náufragos, lo veía con esos barcos que cruzaban la inmensidad en la soledad del plenilunio, lo veía con su admirado Friedrich como un vaivén metafísico: el confín del viaje, el punto y seguido de todas las travesías. Era un artista bohemio y desasosegado: iba de aquí para allá buscándose, llevaba los bolsillos repletos de libretas y de notas, de dibujos, de quimeras y de pesadillas. Moraba en el brutal desequilibrio de la realidad y el deseo: anhelaba una muestra definitiva (expuso en Pamplona, Madrid, Logroño, aquí, en la Escuela de Artes, en Ibercaja…), se imaginaba una casa para siempre al fin, apacible, vuelta hacia las estaciones del mar y sus olores de atardecida. El pintor aragonés leía a Borges, a Pessoa, residió cerca del Moncayo y quiso a muchas mujeres. Una de ellas le dio un hijo, que era su locura de amor, la razón fundamental de su retorno a Zaragoza. La última vez que lo vi parecía más a la deriva que nunca, sí, pero era el buscador, el marino en tierra que cuenta la utopía de su existencia hasta que se acaba la noche. Acaba de morir en Santoña, su refugio, su faro de esperanza: la costa que quiso pintar antes de partir.

*Este artículo sobre el pintor Pedro Sanjurjo se ha publicado hoy en Heraldo de Aragón, en la sección "Cuentos de domingo". La ilustración corresponde a uno de los cuadros más famosos de Caspar David Friedrich de sus mares helados. Esta obra influyó poderosamente en Pedro Sanjurjo.

 

CANO EN AINZÓN O ASÍ SERÁ PORQUE TÚ LO DICES

CANO EN AINZÓN O ASÍ SERÁ PORQUE TÚ LO DICES

Había estado en Ainzón, recientemente, en casa del pintor Pedro Sagasta, un hombre cercano y generoso que realizó una colección de retratos a un puñado de amigos y conocidos. Me llamó, vi su estudio y me regaló el cuadro que me había hecho. Y ayer, tras un viaje a Barbastro, fui a Bodegas Bordejé a la exposición de José Luis Cano, “Del agua al vino”, una muestra muy vinculada a la carpeta de serigrafías Ranillas, realizada con acrílico, donde el vino sustituye al agua en algunas piezas.

 

Cano me había llamado uno de estos días para decirme que dijera unas palabras sobre él. Dije, más o menos:

-1. Conocí a Cano en el bar Faustino hacia 1987. Quedamos para nuestra primera entrevista porque Cano acababa de ganar el premio de carteles del Pilar. Me dijo entonces que para él lo esencial de ese proyecto era “contar una historia”. Cano es, esencialmente, un contador de historias, y lo demuestra a diario en sus viñetas, en sus libros, en sus retratos, y especialmente en proyectos como las series de personajes aragoneses que ha publicado con Xordica y con Ibercaja: Sender, María Moliner, Servet, Odón de Buen, Goya o Buñuel, entre otros muchos otros. Ahí Cano se reivindica en la doble dirección del contador de historias literario y visual o gráfico.

-2. Cano es un pintor que piensa. Un pintor conceptual, un pintor a la manera de Gracián, un pintor que busca siempre lo esencial y lo atrapa mejor que nadie. Posee una erudición deslumbrante, una gran capacidad de trabajo, tiene oído y reflexiona con somardería, con humor, con ternura y con la lucidez de aquel que capta las contradicciones del poder de inmediato y se las arroja a la cara, como un escupitajo o una patada en la espinilla.

3.-Cano es un artesano de su oficio. Un artista que disfruta con todas las cualidades de la pintura: la mancha, el trazo, la parodia, la glosa, el homenaje, la caligrafía de las emociones, la quietud del taller, el dinamismo del oficio, la atmósfera del taller. Es un pintor que se mancha las manos. Se acomoda a cualquier disciplina y lo hace con brillantez. Con documentación, con un punto de vista nuevo, con hallazgos propios Y con ese sentido del humor que el cielo le ha dado.

 

La muestra está muy bien. Y Cano, en Ainzón, estuvo rodeado de amigos: pintores de Zaragoza y del Moncayo, actrices, familiares, amigos de Fernando Bordejé y su familia, la cantante Marta Almajano, etc. Fue una estupenda noche de amistad, de risas y afecto en torno a la pintura.

 

Cano fue breve y estuvo genial. Dio las gracias a todos y dijo que no quería explicar su pintura por si alguien le decía lo que le dijo un alcalde del Altoaragón, tras ver una selección de su obra y oír la descripción de sus intenciones y de sus logros: “Eso será así porque tú lo dices…”

CANO EXPONE HOY SUS PAPELES EN AINZÓN, EN BORDEJÉ

CANO EXPONE HOY SUS PAPELES EN AINZÓN, EN BORDEJÉ

José Luis Cano inaugura esta tarde, a las 19.30, en Ainzón, en Bodegas Bordejé, una muestra titulada “Del agua al vino”. Cano, que posee una formidable página web con todas sus sereies (http://joseluiscano.blogia.com) y que es un trabajador incansable, me escribe y me cuenta lo siguiente:

 

“Los papeles son pruebas de serigrafía de la carpeta ‘Ranillas’, trabajadas encima con acrílico. Los trazos de serigrafía me han servido de estructura sobre la que improvisar con las manchas de acrílico. En algunas, en lugar de diluir la pintura con agua, lo he hecho con vino. De ahí el título. Del agua al vino. Nada más”.

EL PINTOR QUE GANÓ LA GRACIA DEL MAR. CUENTO

EL PINTOR QUE GANÓ LA GRACIA DEL MAR. CUENTO

A Pedro Sanjurjo

 

Nunca supo muy bien por qué amaba tanto el mar y sus ecos. Lo amaba y lo deseaba mucho antes de verlo. Casi desde niño. Su padre, licenciado en sedas y tejidos con comercio propio, decidió alimentarle esa pasión. Acomodó, en la trastienda, que también era taller, una pequeña estancia, alejada de los tres empleados de sastrería, con un biombo de tela que reproducía paisajes marinos de Turner. Y en el interior, le instaló una pequeña mesa y una estantería, que fue llenando de libros de navegación y de aventuras marinas. Así, a medida que crecía y pasaba de la infancia a la adolescencia y a la primera juventud, veía como los estantes se llenaban con monografías sobre faros, barcos, piratas y naufragios, y se acrecentaban los libros con un fondo de agua marina de Edgar Allan Poe, Jonathan Swift, Robert Louis Stevenson, Julio Verne, Herman Melville, Joseph Conrad, un raro poeta gallego, Manuel Antonio, Fernando Pessoa, Samuel Taylor Coleridge e incluso Luis Cernuda, que tenía un prodigioso poema dedicado a un joven marino. Por la noche, antes de la cena, José Lareo, que también le dio ese nombre a su hijo, reclamaba al muchacho, y se quedaban un par de horas en la estancia. Leían juntos, repasaban las aventuras marítimas; al padre lo que más le emocionaba era cuando el muchacho, como si fuese un rapsoda antiguo, declamaba en voz alta los textos con aquella terminología tan específica, con aquellos héroes que vivían envueltos en el peligro y en la búsqueda de amores imposibles mientras la sombra de los corsarios avanzaba por la proa o por la popa. Algún tiempo después, el padre decidió ensanchar aquel mundo íntimo, todavía no corroborado con la realidad, con libros de arte y con las obras, en cómic, de Hugo Pratt. Y un día, tal vez cuando el joven cumplió 19 años, el padre plantó por sorpresa un caballete y cajas de óleos, colores, carboncillos y acuarelas. Le dijo: “Haz lo que sepas”.

         José Lareo se convirtió en pintor del mar. Inventaba lo que no había visto, pero sí lo que había soñado. Lo que sus autores preferidos le habían arrojado en la cabeza y en la piel como un temporal de incitaciones y de incertidumbres. Así empezó: derramándose en afanes y en colores. Pero sus mares eran distintos: desapacibles, inquietantes, helados, rotos por la espuma, truncados en su oleaje por un barco a la deriva, un iceberg que se desparrama de súbito en añicos, por piedras que asoman de súbito con un triángulo de última resistencia. El joven, que seguía leyendo, y había descubierto a Jorge Luis Borges, los llamó “Mares metafísicos”, mares que, de alguna forma, resumían el desorden, la vacuidad y el olvido del mundo. José Lareo vivía para su pintura y vivía para el mar. Los cuadros empezaron a multiplicarse y con ellos los hielos, los fragmentos de madera, los resquicios de metal, los cordajes, los mástiles quebrados, que se elevaban siempre sobre una superficie casi agónica y espectral, bellísima en su desamparo o en sus rigores, como almas muertas. Para José Lareo la pintura era sustancia y mito, artesanía de la mancha y del color sobre un piélago de sensaciones que era el lienzo.

         Su padre lo vio partir, buscar un nuevo estudio, exponer sus inquietantes sueños en público. Lo vio titular sus cuadros y descubría, siempre, el eco de un poema más o menos conocido, la entrada de un diccionario de Náutica, la reminiscencia de una conversación en el minúsculo taller de sastrería. El hijo, pintor cada vez más complejo y atormentado, nadaba en el desasosiego y decidió titular una de sus muestras “Maderas de pecio”, y otra “Los restos del naufragio”, y una tercera, quizá las más bella de todas, “Pintar el mar cansa”.

         Por fin, José Lareo decidió ver el océano. Lo vio en Cantabria, en Asturias, en el Mediterráneo, en Costa da Morte. Lo vio y lo fotografió. Lo observó días, meses enteros y lo interiorizó sin poder siquiera hacer un dibujo, una acuarela súbita. Acumuló conchas y caracolas, ordenó sus archivos, escribió algunos diarios sobre su experiencia. Una mañana cualquiera, el padre recibió una carta, no una llamada de teléfono ni un e-mail, donde José Lareo, su hijo, le decía: “Acabo de embarcar. Llevo mis pinturas y mi caballete. Algún día volveré”.

         Regresó sí: enjuto, con gorra de marino y tres baúles con lienzos enrollados. El mar, un gran pez blanco sin apenas horizonte, era como un ser vivo o una tumba voraz de despojos y de soledades.

 

[Este es el texto que le escribí a Pedro Sanjurjo, y que le dediqué luego en Golpes de mar (Destino, 2006). Le pongo una de mis fotos favoritas: esta de José Suárez, con ese barco de juguete cuyo nombre, con geada incluida, es Javiota.]

 

 

PEDRO SANJURJO: ADIÓS AL PINTOR DEL MAR

PEDRO SANJURJO: ADIÓS AL PINTOR DEL MAR

[Me acaba de llamar Ana Alcolea, que publicará su primera novela para adultos en Algaida para febrero o marzo. Lo hace para darme una mala noticia: acaba de morir en Santoña el pintor, viajero y poeta más o menos secreto Pedro Sanjurjo. Lo vi hace poco: siempre que venía a Zaragoza me llamaba y tomábamos algo en el restaurante Las Palomas de la calle San Clemente. En esta última época lo encontré en un momento delicado, aunque siempre anduvo un poco así, pugnando con la realidad y el deseo, pugnando con su doble destino de pintor y de soñador incesante. Venía a ver a su hijo, a algunos amigos, aquí contó siempre con el cariño y la complicidad de algunos artistas (el que más me nombraba siempre era Sergio Abraín, que le cedía un rincón de su estudio), y llevaba los bolsillos llenos de notas, de pequeños poemas, de fragmentos de diarios, de dibujos. Tiempo atrás había iniciado una especie de libro infantil sobre su fascinación por el mar: era un enamorado absoluto de Caspar David Friedrich. Le encantaban Borges, Pessoa, multitud de poetas, y sobre todo le gustaban los mares: los mares helados, el eco de los naufragios, los cascotes de barco, la costa cántabra, Santoña y el temblor de las olas en invierno. En Santoña siempre se refugiaba. Tuvo un galerista en Logroño, que le vendió algunos cuadros; vivió un tiempo en Tarazona, embrujado por el Moncayo y amparado, creo, por Vicente Sánchez, pero allí se terminó abruptamente una relación amorosa y empezó su naufragio en vida. Yo le escribí un catálogo para una muestra que hizo en Ibercaja, y ese texto integró luego mi libro Golpes de mar (Destino, 2006); es el relato más breve, de apenas tres páginas. Ana Alcolea, que lo conocía desde hacía algunos años, le dedica en su estupendo blog este poema, que lo sugiere todo.]

 

LUCES

 

A Pedro Sanjurjo, in memoriam

 

Cuando muere un pintor, no sólo se apaga su voz.

También se apagan los colores.

También se apagan las luces.

Incluso las sombras se apagan.

 

Es difícil mirar los cuadros del pintor cuando acaba de morir.

Ves su mirada recién apagada.

Junto al mar.

*Algunas veces hablábamos con Pedro de sus musas. Una de ellas era Romy Schneider, fotografiada aquí para Mirkine / Sygma / Corbis, en Cannes, en 1963, junto al realizador Clouzot.

 

 

 

 

CON EDUARDO LABORDA, Y SYLVIA PLATH Y SUS LECTORAS

CON EDUARDO LABORDA, Y SYLVIA PLATH Y SUS LECTORAS

Tenía ayer la segunda sesión del Taller Escrituras de Mujer que imparto, mejor dicho, que comparto con una veintena de asistentes en la Casa de la Mujer. Volvió a ser una experiencia espléndida: hablamos de poesía y nos centramos, sobre todo, en la figura de Sylvia Plath, con motivo de la aparición de su “Poesía completa” en Bartleby. Algunas compañeras, a partir del cuento “Amor” de Mercè Rodoreda, redactaron algunas notas. Había de todo: piezas estupendas, sentidas, llenas de ironía y de paradojas más o menos brutales, como la de la mujer que contó la historia de la pluma Waterman que le regaló su marido y que pensaba que no era para ella. O la de la mujerque consideraba que el mejor regalo era un ramo de flores silvestres recogidas en el campo y un beso en el cuello. O la de la compañera que escribió un diálogo entre un hada y un gnomo en una atmósfera paradisiada. Leímos varios poemas de Plath, los comentamos, impresionó “Papi”, claro, y otra compañera anunció que está leyendo las “Cartas a la madre”, y que las encuentra mucho más optimistas y entusiastas que sus poemas. Se nos pasaron las dos horas volando, y el próximo miércoles veremos quién se ha atrevido a meter en un poema, en un retrato o en un cuento la figura del padre.

 

Antes de ir a esa clase, tomé café con Eduardo Laborda, que me enseñó las pruebas casi definitivas de su libro: “Zaragoza: la ciudad sumergida”, que creo que va a ser el libro de Navidades. O uno de ellos, al menos, porque también publica Miguel Mena “Piedad”, e Ismael Grasa ya tiene en la calle su novela “Brindis”, espléndidamente editada por Xordica con una elegantísima portada de Elisa Arguilé. El libro de Eduardo Laborda es el libro de un enamorado de Zaragoza: es el libro de un coleccionista, de un artista, de un bohemio, de un paseante, de un merodeador del rastro, de un historiador de peripecias menudas y de un pintor que disfruta con la ciudad, con los retratos, con el diseño gráfico, con la cartelería, con las fotos de época, hasta con las orlas. El libro de Eduardo es toda una maravilla: vamos a ver alguna iconografía que no recordábamos o que no se había visto apenas, hay músicos como su hermana Lola, hay pintores bohemios y un acercamiento a la historia del arte de la ciudad en los 70, hay cine, hay dibujantes e ilustradores como Manuel Bayo María, Marcial Buj, Luis Germán y tantos otros. Tiene una presencia muy importante Francisco Marín Bagüés, Armando Ruiz, y tantos otros. El libro, ya lo verán, ofrece tesoros permanentes, instantáneas nuevas o eternas, pero vistas en su original. Eduardo lleva la cabeza como un bombo. Ha trabajado mucho, ha corregido, ha hurgado en sus archivos, ha contado una historia de amor a su Zaragoza en ocho tiempos o tramos. Y el resultado se verá en breve a lo largo de 200 páginas y algún centenar también de ilustraciones y de objetos.

 

Tras el café con Eduardo (vi fugamente a Ana Bendicho, fotógrafa y diseñadora gráfica, que acaba de montar un estudio nuevo) y las dos horas con Sylvia Plath y su mundo, y la poesía en general, vi un instante la exposición Chatarra de David  Barreiros. La había visto en el ordenador, y me sorprendieron gratamente las piezas en ese formato grande. Y me fui a entrenar con los chicos del Garrapinillos juvenil.

*El retrato de Ángel Rael que aparecerá en el libro "Zaragoza. La ciudad sumergida" de Eduardo Laborda.

ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA: PICASSO, EL BLOG...

ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA: PICASSO, EL BLOG...

[Esta mañana, el poeta, dibujante y editor Raúl Herrero (responsable de Libros del Innombrable) me escribía recordándome que Antonio Fernández Molina tiene una estupenda página web. Le mando una selección de artículos y entrevistas que he publicado a lo largo de los años. Una de ellas está recogida en “Veneno en la boca” (Xordica, 1994). Linko aquí la página de su completo y variado blog, http://antoniofernandezmolina.blogia.com, y copio esta entrevista de la crítica de arte Alicia Murria, creo que muy oportuna porque el sello Plataforma, que dirige el escritor y veterano en la edición pese a su juventud Jordi Nadal, acaba de publicar la “Poesía en prosa” de Pablo Picasso. Antonio Fernández Molina, corresponsal de Alejandra Pizarnik, Octavio Paz o Ramón Gómez de la Serna, entre otros muchos, ya se había anticipado. La poesia de Picasso creo recordar que se publicó por vez primera en 1989.]


El crítico de arte Antonio Fernández Molina imparte en la actualidad un ciclo de conferencias sobre la obra literaria del pintor Pablo Picasso en diferentes ciudades españolas, Fernández Molina afirma que el artista malagueño “no prescindió a lo largo de su vida de su trato con escritores y poetas cuyas relaciones eran más satisfactorias que con sus compañeros pintores”. El libro del crítico “Picasso escritor” se ha convertido en imprescindible en el mundo del arte.

ALICIA MURRIA /Zaragoza


El crítico de arte Antonio Fernández Molina está impartiendo un ciclo de conferencias sobre la obra literaria del pintor Pablo Picasso en diferentes ciudades españolas —los días 14, 21 y 28 de mayo en Alcalá de Henares—. Su libro “Picasso escritor” editado el pasado año se ha convertido en una obra imprescindible, valorada por la crítica nacional e internacional, para el conocimiento de una faceta menos tenida en cuenta del pintor malagueño, pero fundamental a la hora de comprender su dimensión creadora.

“A lo largo de su vida —anota Fernández Molina— Picasso no supo ni quiso prescindir de su trato con escritores y poetas con los que mantuvo relaciones mucho más satisfactorias que las que tuviera con sus compañeros artistas” y añade: “En España conoció pronto a importantes personajes como Baroja, Eugenio D’Ors y Sabartés, Max Jacob, Apollinaire, Cocteau, Reverdy, Aragon y Breton fueron habituales de su estudio del bateau-Lavoir parisino”.
“Creo —señaló el pintor en una ocasión— que mi obra como escritor es tan extensa como la de pintor. Materialmente dediqué el mismo tiempo a ambas. Quizá algún día cuando yo desaparezca apareceré descrito en los diccionarios de esta manera: Pablo Ruiz Picasso, poeta y autor dramático español. Se conservan de él algunas pinturas”.
Aunque único por su original modo de realizarlo, Picasso pertenece a ese grupo de artistas que desde el comienzo de su trabajo se siente atraído por la literatura. Poesía y teatro son dos géneros que cultivó preferentemente. Ambos se dan en la singular obra ”El entierro del Conde Orgaz”.

Sin duda la obra de Picasso es la que mayor cantidad de publicaciones ha generado durante nuestro siglo: ha sido el eje de artículos, críticas, comentarios, ensayos y textos en número incontable y creciente. Para Fernández Molina “Picasso tiene además con nombre propio o supuesto, un papel como personaje episódico o como protagonista en algunas destacadas obras literarias firmadas por autores del prestigio de Apollinaire, Aragon, Huidobro, Jean Arp, Max Aub o Picabia”.

Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1927) cuenta con una importante producción en diferentes campos, literatura, pintura y crítica de arte, no siempre valorada como se merece. En Berlín ha participado en una muestra colectiva de escritores-pintores al lado de Günter Grass, Ionesco y Lucebert. Interesado por los fenómenos marginales de la creación, se ha dedicado a estudiar las relaciones entre arte y literatura. Fruto de esas investigaciones es su libro “Picasso escritor” que ha venido a arrojar luz sobre esta faceta de una de una de las grandes figuras del arte universal.

 

 

[Este artículo se publicó en Diario 16 el 19 de mayo de 1990]

*Esta ilustración corresponde al pintor Pascual Berniz, y se realizó durante las sesiones poéticas que coordinaba Antonio Losantos en Teruel.

 

"LA TÍA JUANA", UNA PIEZA TEATRAL EN EL AMAIA DE IRÚN

"LA TÍA JUANA", UNA PIEZA TEATRAL EN EL AMAIA DE IRÚN

[Conocí a Luisma Moreno y a Miren Etxeberria hace algunos años en un viaje inolvidable a Irún. Allí estuvimos con Ángel Petisme, Antonio Ibáñez y José Antonio Aguilar, entre otros. Recuerdo que por la mañana di una conferencia sobre Luis Buñuel, y por la tarde, antes del recital de Petisme, participamos en una charla sobre Miguel Labordeta. La amistad fue creciendo, y Luisma y Miren acudieron un par de veces a los Encuentros Literarios de Albarracín, que alcanzaron las siete ediciones, desde 2000 a 2006. Allí Luisma exhibio su porte de muchachote fornido vasco repleto de simpatía, y Miren su encanto, su simpatía, su constante complicidad, e incluso su pasión por el baile. Hoy recibo un correo colectivo de Miren, que acaba de ser mamá (ya tenía otro mozalbete de una relación anterior: Julen), donde anuncia el estreno en el Teatro Amaia de una pieza de teatro que dirigen ambos, Miren y Luisma, con Ana Pérez. Antes de la llegada a esa sala, habrá un preestreno en el Ateneo Kabigorri, donde trabajan y recogen amigos, creadores y bohemios Luisma y Miren y otros soñadores pacíficos del País Vasco. Ésta es la noticia que sale hoy en el Diario Vasco. Ayer este blog recibió 4517 visitas. Mil gracias a todos, y mil gracias a Miren, Luisma, Ana y a tantos otros que siguen creando y trabajando por un mundo mejor y más creativo.]

 

IRUN. DV. El grupo de teatro Ezezagunok-Los desconocidos, formado en su mayoría por actores con discapacidad intelectual, inaugura hoy (20.00 horas), en el Centro Cultural Amaia, la programación oficial de la XXIV Muestra de Teatro Joven de Irun. La tía Juana, una tragicomedia de Enrique Sáinz Rojas, es la obra que esta compañía bidasotarra pondrá en escena, después de ocho meses de ensayos y un preestreno en el ateneo Kabigorri. «La llevamos muy bien preparada», asegura la actriz Mª Ángeles Fernández.

La tía Juana cuenta la historia «de una familia de la posguerra, que vive con tristeza los largos días de frío y hambre. Pero esa rutina se ve rota por la ilusión con la que reciben las cartas y la ayuda que les envía la tía Juana desde la Argentina», explica Luisma Moreno, director de la obra, junto con Ana Pérez y Miren Etxeberria. «Sin embargo, no todo es lo que parece. La trama, al final, se complica y ya no puedo contar más». El desenlace, queda reservado al público que acuda hoy al Amaia.

La participación en la Muestra de Teatro Joven de Irun ha supuesto para los integrantes de Ezezagunok «una enorme alegría. Los actores están muy ilusionados. Nuestra aspiración era acceder a ciclos normalizados de programación y lo hemos conseguido con la Muestra de Teatro», añade Luisma Moreno. «Para el grupo, supone el cumplimiento de dos de nuestros objetivos. Por un lado, acceder al escenario más emblemático de la ciudad y por otro, actuar en un marco integrador».

La tía Juana es la segunda obra del repertorio de Ezezagunok. «y ya estamos pensando en la tercera». Sin embargo, la actuación de esta tarde supone el debut del grupo «en un teatro de verdad». El escenario del Amaia le ha parecido al actor Aritz García «enorme. Siempre estábamos diciendo: '¡a ver cuándo vamos al Amaia'. Y ya estamos».

Aritz Hernández, que representa el papel de un guardia civil, revelaba que en la obra «hay disparos, pero no matamos a nadie» y animaba al público a asistir a la función. «Se van a reír, pero también es triste. Esperamos que venga gente y que nos aplauda».  

*Dos de los actores de la obra: Rafa Benítez y Aritz Hernández.