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Antón Castro

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MORENO CARBONERO: HISTORIA DEL LIENZO DEL PRÍNCIPE DE VIANA

MORENO CARBONERO: HISTORIA DEL LIENZO DEL PRÍNCIPE DE VIANA

LETRAS ESTIVALES. DOMINGO*

 

Un cuadro magistral que se llevó El Prado

 

‘El príncipe don Carlos de Viana’, el gran retrato de Moreno Carbonero, estuvo en el Museo de Zaragoza desde 1919 hasta 1992

 

MUSEO DEL PRADO

‘El príncipe don Carlos de Viana’ (1881) de José Moreno Carbonero, uno de los cuadros de pintura histórica española del siglo XIX

 

Antón CASTRO

“La pintura se me manifestó, hace ahora 35 años, en el Museo Provincial de Zaragoza a través del cuadro ‘El príncipe don Carlos de Viana’, pintado por José Moreno Carbonero. Recuerdo la vivísima impresión que me causaba el modo en que está pintado el polvo de los libros y la estantería del fondo. Iba a menudo a verlo. Me gustaba mucho”, escribe el pintor Pepe Cerdá. El también artista y escritor Eduardo Laborda acudía a visitar a menudo aquel cuadro insólito, de un único personaje, con el perro a sus pies y la biblioteca detrás, porque le encantaba aquella obra academicista y magistral, del solitario resignado y melancólico. “En los años 70, hasta su transformación, el Museo de Bellas Artes de Zaragoza era de los mejores de España. Y su colección de pintura del siglo XIX era extraordinaria. Ese lienzo estaba en la primera planta y era toda una lección pintura, de técnica y de emoción. José Moreno Carbonero lo había pintado con 21 años. Impresionante”, dice.

‘El príncipe don Carlos de Viana’ es un óleo de 1881, realizado en Roma, donde el pintor malagueño estaba pensionado, de 3.10 metros de largo por 2.10 de ancho. Lo adquirió el Museo del Prado ese mismo por 5.000 pesetas (30 euros) porque recibió la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes. En 1919 se cedió en depósito al Museo de Zaragoza, que lo registró en varios de sus catálogos desde 1933 y lo exhibió hasta los años 70, instante en que fue retirado a los almacenes cuando se hizo la remodelación para instalar los fondos de arqueología. En 1992, cuando José Luis Díez organizó una gran exposición sobre ‘La Pintura del siglo XIX en España’ en el Museo de Arte Moderno, fue reclamado y ya no volvió a Zaragoza, algo que también ocurrió con otra obra fantástica aún de mayores proporciones: ‘Últimos momentos del rey don Jaime I el conquistador en el acto de entregar su espada a su hijo don de Pedro’ (1881) de Ignacio de Pinazo.

Ahora ‘El príncipe don Carlos de Viana’ está expuesto en las espectaculares salas del Museo del Prado dedicadas al siglo XIX, muy cerca de ‘Doña Juana la Loca’ (1877) de Francisco Pradilla y de ‘Los amantes de Teruel’ (1884) de Muñoz Degrain. Es un cuadro que impresiona, distinto a todos: la anécdota narrativa se ciñe a un único personaje, inscrito en una decoración infrecuente, casi mística o metafísica. Don Carlos fue uno de los personajes más infaustos e historiados por la literatura y la pintura: inspiró a Zorrilla en ‘La lealtad de una mujer y aventuras de una noche’ (1840) y a Gertrudis Gómez de Avellaneda su drama ‘El Príncipe de Viana’ (1844), pero también a artistas como Emilio Sala, Vicente Poveda, Julio Cebrián y Mezquita y Ramón Tusquets, entre otros.

Era el primogénito de Juan II de Aragón y de Blanca de Navarra, a la que también pintó José Moreno Carbonero (Málaga, 1860-Madrid, 1942), y era por tanto el legítimo heredero de ambos tronos. Juan II se casó en segundas nupcias con Juana Enríquez, madre de quien sería Fernando el Católico. Comenzaron las intrigas, de tal modo que Carlos cayó en desgracia y el rey hizo una maniobra extraña, sobre todo ante la popularidad y el cariño que suscitaba en Cataluña: encerró a su propio hijo y lo desposeyó de sus honores. El joven intentó recuperar sus derechos, pero le fue imposible y entonces se vio abocado casi a una existencia de fugitivo, centrado en el retiro, en la soledad y en la reflexión. Se marchó a Francia, fue amigo y confidente de Ausías March, que solía leerle sus poemas o trovas, y finalmente halló refugio en Nápoles, al amparo de su tío Alfonso V. Decidió recluirse en un monasterio próximo a Mesina, donde lo imaginó Moreno Carbonero. Se casó a los 18 años, guerreó, intrigó, conoció la prisión; pero aparece siempre envuelto en la fatalidad.

Algunos historiadores y críticos de arte han escrito que el joven artista “pintó la biblioteca de un alquimista, no la de un príncipe”, según recogió ‘La Época’. El propio José Luis Díez matizaba: “Así, tanto libros y mobiliario como la propia figura del noble están concebidos con el mismo sentido general de decrepitud que indica su destino sombrío, subrayado además por la austeridad cromática de la composición, tan solo rota por la riqueza del terciopelo encarnado del almohadón”. El cuadro destaca por su dibujo impecable y por la calidad de su pintura, por la riqueza de detalles, que acentúan el desaliño y el olvido, por la exactitud del sitial gótico y por esa atmósfera de desamparo absoluto. Había sido abandonado por casi todos, salvo por su perro.

Su destino fue aciago y enmarañado. Regresó a Barcelona en loor de multitud, pero las adversidades y conjuras siempre se multiplicaban a su alrededor. Murió en 1461, a los 40  años, en el Palacio Real de de Barcelona; quizá fuese envenenado. En cualquier caso, el retrato de Moreno Carbonero luce espléndido en el Museo del Prado y verlo allí, y pensar que estuvo en Zaragoza durante más de 70 años, produce una melancolía pareja a la que siente ese personaje flaco, de mediana estatura, que halló consuelo en la meditación, en la lectura y la escritura, y que parece el perfecto Segismundo de ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca.

 

 

 

*Serie diaria de ’Heraldo de Aragón’.

 

 

EL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA

EL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA

HISTORIA DEL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA

 

Por Marta GRACIA BLANCO

 

Hasta los años 60, en pleno franquismo, si las ciudades pasaban penuria cultural, en los pueblos vivíamos, desde el punto de vista educativo y cultural, en el más terrible y absoluto de los abandonos. En el año 1965, supongo que en el marco de esa iglesia más social que surgió por entonces, la parroquia de La Almunia abrió las puertas de este Salón Blanco. Un proyecto que vino de la mano de lo que fue el instituto de Cabañas y el Focar, en esta misma plaza de la iglesia. Más o menos en la misma época y en el mismo contexto nacieron aquí la EUPLA y el Colegio Salesiano. El pueblo se llenó de estudiantes. El páramo cultural se llenó de vida. Creo que podemos decir sin sonrojarnos que la educación y la cultura cambiaron para siempre La Almunia y a los almunienses.

Pasaron los años. Cambiaron los tiempos. En el mes de diciembre de 2014 este cine proyectó por última vez una película con su proyector analógico. Las películas en celuloide, tal como siempre las habíamos conocido, se habían dejado de fabricar. Nos había venido encima, como una ola, la obsolescencia tecnológica.

Unos meses más tarde no sólo nos quedamos sin cine: nos quedamos también sin Salón. Hubo que cerrar la sala a cualquier uso porque presentaba deficiencias técnicas que afectaban incluso a la seguridad de las personas.

Creo que fue precisamente en ese momento cuando muchos vecinos y vecinas comenzamos a comprender en toda su profundidad la importancia que tiene para nuestro pueblo este salón. Lo entendimos cuando experimentamos todas esas cosas que, de pronto, ya no podíamos tener. Si no abríamos el Salón Blanco no podíamos tener cine. No podíamos tener teatro. No podíamos celebrar los fines de curso de la escuela de jota, de la asociación de mujeres, de las AMPAS. No podíamos organizar el Teatro de Madres. No podíamos organizar el Festival de Cine.

A los amigos que hoy han venido a acompañarnos me gustaría explicarles algo que los almunienses entendemos bien: el Salón Blanco es mucho más que un salón de cine. Es parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Todos los almunienses, de cualquier edad, podríamos contaros con cariño cientos de historias vividas aquí. Aquí han nacido amores y han crecido amistades eternas. Os podríamos hablar del Lobo, de Vitorián, de Alfredo el proyeccionista, de Fernando. Del ruido de las monedas golpeadas sobre la barra del bar para que nos atendieran pronto, antes de que terminara el intermedio. Os podríamos contar cómo nació el Festival de la Canción Blanca, como eran los festivales de Don Luis de Los Ríos, y cómo tomaron su relevo los festivales navideños de la asociación La Peña. Os podríamos contar cómo una vez al año, las madres se organizan y preparan un espectáculo precioso para disfrute exclusivo de los niños y niñas de los colegios. Os podríamos explicar que aquí han actuado grandes figuras del teatro, la danza o la canción pero también muchísimos almunienses que cantan jotas, que bailan, que tocan en la banda, en la rondalla, que hacen teatro, monólogos. Y por supuesto, el cine. Siempre el cine. Este Salón está lleno de historias en torno a las películas. Podríamos pasar horas, se nos pondría un nudo en la garganta, se nos arrasarían los ojos de emoción.

Pero más allá de la emoción, de los sentimientos y de los gustos personales está también la razón. Defender este Salón, comprender su importancia y apostar por él es la decisión más racional que el Ayuntamiento podía tomar. 

Unas instalaciones deportivas municipales son imprescindibles para fomentar el deporte de base y para generar deportistas profesionales. Así lo vimos aquí y durante años hemos invertido dinero, esfuerzo, personal y energías en dotarnos de equipamientos, oferta, cursos, infraestructuras. Por eso hoy la sociedad almuniense tiene un enorme músculo deportivo. De la misma forma, en La Almunia necesitamos unas instalaciones culturales municipales de calidad. Necesitamos un escenario, unos camerinos, un patio grande de butacas. Necesitamos un proyector digital. Necesitamos este gran espacio. Invertir dinero, esfuerzo, personal y energía en cultura, en infraestucturas culturales nos garantiza, si me permitís el palabrejo, “culturistas” de base y fomenta que nazcan “culturistas” de élite.

Una de las tareas más hermosas de un Ayuntamiento es ésta. Invertir en cultura. Ayudar a que sus habitantes se doten de herramientas para ser ciudadanos informados, con criterio, y, sobre todo felices. Porque antes que nada, el cine, el teatro, la literatura, la música... son fuente de felicidad. De felicidad y de autoestima.

Pero como os digo, esta es una tarea de un Ayuntamiento. Es responsabilidad del Ayuntamiento, y no de la Parroquia. Somos los almunienses quienes tenemos que asumir ese trabajo. Como decía aquel, y nunca mejor dicho, “A Dios lo que es de dios y al césar lo que es del César”. Durante muchos años este Salón ha recaído sobre las espaldas de la parroquia y ya era hora de que desde el Ayuntamiento les releváramos de esta tarea y de esta responsabilidad.

Por eso no quería dejar pasar la ocasión para dar las gracias públicamente. Gracias a Juanjo Moreno, mi socio de gobierno, porque se ha volcado en este tema. Creo que hemos hecho un buen tándem en un asunto jurídicamente complicado y seguiremos en ello, porque falta mucho por hacer. 

Y gracias enormes, gracias también en nombre del Ayuntamiento y en nombre de todos los almunienses a los dos párrocos, Antonio y Juan Luis. Es un agradecimiento doble. En primer lugar, gracias porque vuestra disposición en todo lo relativo a la cesión o venta del Salón Blanco ha sido inmejorable y muy generosa. Sé que sobre todo para Antonio desprenderse del Salón Blanco ha sido una decisión dura y sin embargo en todo momento antepuso el interés del pueblo a su propio deseo. Y gracias, también y sobre todo, porque tanto vosotros como vuestros antecesores hicisteis al pueblo el mejor de los regalos: abrir y mantener este Salón durante todos estos años.

Este Salón es lo que es porque los almunienses siempre lo vivimos y lo sentimos como “el Salón de todos”. Se construyó entre todos. Se ha disfrutado entre todos. Lo hemos defendido con uñas y dientes. Nos lo hemos creído. Y ahora por fin, es público. Es, legalmente y no sólo sentimentalmente, de todos los almunienses. Tendremos que trabajarlo, reformarlo, remodelarlo. Ponerlo a punto nos costará un poco menos o un poco más. Pero aquí está, vivo otro vez. Vivo como siempre.

Larga vida  al Salón Blanco. Larga vida, amigo mío. 

CUENTO PARA BELIEVE IN ART

CUENTO PARA BELIEVE IN ART

'BELIEVE IN ART': JAVIER HERNÁNDEZ ILUSTRA AL NIÑO DIEGO
Hace algún tiempo, María Luisa Grau Tello, que trabaja en el IAACC Pablo Serrano y que es una apasionada del arte mural, nos pidió a Javier Hernández y a mí participar en el proyecto de Believe in Art que coordina con otras personas, entre ellas Beatriz Lucea. Yo escribí un pequeño cuento y Javier le ha dado toda esta vida para mejorar las sensaciones de los niños, para emocionar con sus colores...
Como suele suceder, el cuento está basado en escrupulosos hechos reales.

 

 

UN PASEO A CABALLO

Me llamo Diego y vivo en el campo. Entre mi casa y la carretera, había un descampado. Siempre lo veía vacío, hasta que un día aparecieron unos hombres y con ellos unas máquinas. Lo cerraron con una alambrada y al día siguiente ya había dos perros grandes como leones, un pavo real y un caballo pequeñito.

Una tarde, al volver del colegio, vi que habían levantado una casa de madera, enorme, con ventanas, chimenea y porche. Todos los días había algo nuevo. Al caballo pequeño, como un poni, se le sumaron otros dos: uno, elegante y oscuro, y otro, blanco y más flaco. Y después llegaron las gallinas, dos cerdos, uno rosado y otro negro, como un jabalí, y también trajeron patos. Los que más me impresionaban eran el pavo real y un gallo que apareció de repente.

Un día decidí llamar a la puerta. Salió una mujer rubia a recibirme. Como estaba muy ocupada, le pidió a su padre que me atendiese. Se llamaba Arcadio. Era simpático y cariñoso. Le dije:

-Quiero saberlo todo.

-¿Todo?

-Sí. ¿De dónde vienen los caballos, cómo se llaman los perros, por qué extiende su gran cola el pavo real? Todo.

Arcadio me llevó hasta un pequeño establo o cobertizo, y me sentó en una silla. Habló y habló sin parar. Era carpintero, mecánico y granjero. Me dijo tantas cosas que me dormí. Me cogió en brazos, creo, y me llevó a casa. ¡Con lo que yo peso! Entreabrí los ojos y, adormecido, le oí decir mientras me entregaba a mi padre:

-Mañana nos traen una vaca rubia, viene de lejos, de la orilla del mar y de los bosques, y se llama Ermelinda.

Esa noche no pude pegar ojo. En la cabeza me bailaban los animales y los nombres: los perros leonados eran Jack y Lord, el pavo real se llamaba Volador, el gallo Edmundo y el poni era Rojito… Eso sí, lo mejor de todo, sucedió en sueños: el caballo Edmundo venía a buscarme, relinchaba ante nuestra puerta y me decía: “Sube a mi grupa”. Y aquello sucedía en el tiempo en que los caballos hablaban.

A la mañana siguiente, Arcadio se paró ante mi puerta con el propio Edmundo. Me alzó del suelo, me puso delante y me dio las riendas. Cuando vuelva del paseo, os contaré todo lo que ha pasado. Esperadme.

'CANO, DE PROFESIÓN INCIERTA', EL MARTES EN ARAGÓN TV

'CANO, DE PROFESIÓN INCIERTA', EL MARTES EN ARAGÓN TV

Aragón TV estrena este martes (23:20 horas) el documental ‘Cano, de profesión incierta’, dirigido por Emilio Casanova y coproducido por esta cadena dentro de su línea de apoyo al audiovisual aragonés. 

 

Este audiovisual aborda el mundo creativo del pintor y dibujante José Luis Cano. Repasa su trayectoria desde sus inicios como miembros del Colectivo de Artistas Plásticos y su evolución como ilustrador, viñetista y pintor.

 

El proyecto pretende mostrar el mundo artístico y conceptual de Cano, cómo se comprenden sus personajes y sus guiños. ‘Cano, de profesión incierta’ toma el nombre del blog que mantiene José Luis Cano e incluye conversaciones con personajes que ayudan a desnudar su universo creativo.

 

Cano es muy conocido por el gran público por su aparición diaria en diversos medios de prensa con sus viñetas de un humor que, como el director Emilio Casanova señala “podría definirse como “la risa en los huesos”, término que hurtamos a don José Bergamín”. También es conocido por su extensa labor como ilustrador de textos ajenos y propios. Pero Casanova ha querido profundizar en la faceta en la que Cano es “menos conocido o comprendido” pese a constituir “su verdadera pasión, la pintura pura y dura, que no ha dejado de hacer durante toda su vida”.

 

Cano, de profesión incierta, este martes a las 23:20 horas, en Aragón TV. [Cano: nota de la CARTV]

 

UNA NOTA SOBRE LA PELÍCULA

El humorista, ilustrador y pintor Cano,

objeto de un documental de Emilio Casanova

 

 

El director presentó en ProyectAragón su trabajo de 68 minutos del artista que «escribe con imágenes y pinta con palabras”

 

 

A Emilio Casanova (Zaragoza, 1955) le gustan los retos. Ha hecho vídeos sobre Goya, Ramón Gómez de la Serna o Antonio Saura, ha realizado una espléndida colección de ‘Estampas aragonesas’ de tres minutos para Aragón Televisión o el documental ‘El Pirineo revelado’ y, desde hace un tiempo, prepara un ambicioso proyecto sobre Pablo Gargallo. Este próximo jueves, dentro de la programación de ProyectAragón, a las 19.30 en la sala Luzán, estrena una película sobre el humorista, ilustrador y pintor José Luis Cano (Zaragoza, 1948): ‘Cano, de profesión incierta’.

El artista, que fue colaborador diario durante dos décadas en las páginas de HERALDO, suele decir que su carrera es toda una disfunción: se ha pasado más de media vida «escribiendo con imágenes y pintando con palabras». Así arranca su autobiografía: «Nací dibujando. A los diez años escribí mi primer cuento de Guillermo Brown. A partir de los doce, redacté e ilustré las reseñas de mis excursiones con los boy‐scouts. A los quince, ilustré una biografía apócrifa y clandestina del director del colegio. Dibujaba en el libro de literatura y escribía bocadillos en las reproducciones de la historia del arte. Desde entonces, he seguido en esa confusión, dibujando en mis libros y escribiendo en mis cuadros». El director, guionista y productor Emilio Casanova recuerda que Cano se ríe inteligentemente de todo, en particular de sí mismo, pero que jamás se ríe de lo que hace. Y que si «la pintura es cosa mental», como decía Leonardo Da Vinci, Cano aplica sexo y seso a la materia.

Explica Casanova: «Conozco la obra de José Luis Cano desde hace años. Cuando expuso ‘Blancanieves’ en la Casa de los Morlanes me quedé fascinado e intrigado. Me gustó mucho su propuesta y pensé ya entonces, en 2013, en hacer una película sobre él –dice-. Siempre recuerdo lo que un día me dijo un político: “Lo primero que hago al leer el periódico es ver el chiste de Cano para saber si lo entiendo o si se mete conmigo”. Cano es un intelectual, un humorista, un pensador y un teórico de la pintura que lleva, como decía José Bergamín, el humor en los huesos».

Emilio Casanova ha hecho un documental de casi 68 minutos, poblado de viñetas, dibujos, libros y cuadros (que ha tratado Fernando Lasheras), dividido en cuatro bloques. En el primero, presenta al artista vocacional desde la niñez. El segundo aborda al Cano viñetista, humorista y cartelista, que trabajó en ‘El día de Aragón’, en ‘El Periódico de Aragón’, luego en HERALDO y ahora en su blog. «Quizá sea su faceta más conocida. Se analiza su humor negro, la somardería, el surrealismo», dice Casanova, y acepta sus semejanzas con El Roto. La tercera parte se centra en su inmensa labor como ilustrador, ya sea en la serie xordiqueta y en sus biografías ilustradas de Servet, Goya, Buñuel, Odón de Buen, María Moliner, o en otros trabajos de colaboración con otros como Irene Vallejo, Grassa Toro, etc. Y el cuarto bloque, «el más largo de todos”, aborda «la parte menos conocida y menos entendida de su trayectoria, la que constituye su verdadera pasión: la pintura pura y dura. A mí me interesa muchísimo esta faceta. Por su pincelada, por su libertad, por lo que piensa, por sus teorías acerca de la muerte de la pintura, por su capacidad de transgresión», señala el cineasta.

Cano tiene voz, pero también algunos actores como María José Moreno y Pedro Rebollo asumen su discurso en off. En ‘Cano, de profesión incierta’ hay tres conversaciones: con el artista Isidro Ferrer, centrada en su faceta de ilustrador, con el pintor Enrique Larroy, «más extensa y verdaderamente enjundiosa, divertida y delirante», y otra con la librera y editora Julia Millán, especializada en literatura infantil y juvenil y prologuista del proyecto ‘Blancanieves’. La nieta del artista, Constanza Cano Hem, da vida al personaje de Blancanieves.

Entre las curiosidades, hay un escena festiva con amigos del pintor realizada en los montes de Cuarte donde José Luis Cano, durante muchos años, realizó diversas intervenciones artísticas. La banda sonora corre a cargo de Joaquín Pardinilla e incorpora a Richard Strauss y a Jordi Sabatés. La obra cuenta con el patrocinio del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza.

 

*Escribí este texto con motivo de su presencia en ProyectAragón.

CRISTINA IGLESIAS: "EL ARTE ES ABRIRSE A LAS EMOCIONES"

CRISTINA IGLESIAS: "EL ARTE ES ABRIRSE A LAS EMOCIONES"

Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) es una de las artistas españolas más internacionales. Expone en la sala Zuloaga de Fuendetodos hasta este domingo y ha realizado un disparate para el Museo del Grabado. Viajamos por su obra y su poética a través de palabras específicas.
¿Qué le dice la voz cerámica?
Es la posibilidad de trabajar el color en el propio material. Y, además, después, es poder corregir y añadir. Es también la tierra. He hecho celosías en barro en las que he pensado más en la tierra como material de construcción.
Esto me lleva a preguntarle por la tierra, con una ramificación hacia el paisaje. ¿Qué le dice?
Es el paisaje y es también una idea más genérica de la naturaleza que aparece en todo mi trabajo de alguna manera, aquí y allá. Y creo que el paisaje en mi obra es obvio –he hecho escultura, sí, pero he aprendido mucho mirando la pintura–; miraba una pintura renacentista y miraba más al paisaje que a las figuras. Siempre me ha interesado, como la arquitectura. Esa es la idea de la cultura y la naturaleza: me interesa trabajar y jugar con ellas. Y lo he hecho a lo largo de toda mi obra.
¿Qué es para usted Euskadi?
Euskadi es mi madre. Euskadi es el lugar donde he crecido y, además, me une a la familia, aunque luego con mis hermanos siempre hemos tenido una relación íntima y cómplice, en otros lugares. Euskadi es el núcleo, el principio de todo, el paisaje… Me encanta caminar, incluso hago obras que implican caminar o que el camino es parte de ellas. Euskadi también es el mar… En Madrid lo que más echo de menos es el mar.
¿Qué le ofrece el mar?
Me ha gustado el mar como una masa viva en la que uno puede perderse con los ojos y mirar y mirar. He paseado muchísimo, volviendo a San Sebastián, al lado del mar. He escuchado el mar y sus músicas. He corrido por la playa, me gusta correr descalza por el mar, y he buceado, porque he hecho una pieza al cabo de los años en el fondo del mar, en México, que es además un símbolo de preservación de los mares, con la complicidad de los biólogos marinos. El mar es un lugar al que te escapas en muchos momentos, cuando necesitas estar solo. Allí, en medio la inmensidad del cielo, lo que haces es mirar el mar. Interiorizarlo y fundirte con él.
 
El mar tiene un relación especial con ‘El peine de los vientos’.
Eduardo Chillida me ha enseñado mucho con esa pieza; además, nos enseña una actitud como artista que nos pareció extraordinaria: nos dice que puedes atreverte a hacer una pieza que peina el viento y que está enclavada en unas rocas inaccesibles. Y, por otro lado, colabora con un arquitecto para hacer una plaza. De todo he aprendido. Chillida y Oteiza son maestros de referencia.
Del mar y del ‘peine de los viento’, vayamos al agua.
He trabajado con el agua y a la vez hago muchas piezas que no tienen nada que ver con el agua. Es uno de los materiales que me atraen porque me parece evocador y vital, moldeable. Pienso en Toledo, en la pieza ‘Tres aguas’ (2014), o pienso en ‘La fuente profunda’ de Amberes, que es más antigua, es la primera vez que hago una pieza en la que lo profundo, el ir hacia abajo, es tratado o considerado como algo espectacular, como algo que te hace pensar. Y después he seguido trabajando con el agua porque te hace pensar en Bernini y en las fuentes del Renacimiento. Puedes pensar también, en momentos más primitivos, cómo el agua se ha utilizado en las diferentes culturas… Y en Toledo he querido reflexionar sobre el agua como transmisora de conocimiento, de diálogo. ‘Tres aguas’ está basada en el entendimiento de las tres culturas que convivieron durante siglos allá y el agua, en cada una de ellas, era importante para rituales, para la higiene, para beber, para estar vivo. El agua es fuente de vida. El hacer pozos significa que puedes verte en ellos, ver un fondo que es un comienzo de la vida, un espejo o sentir un vértigo porque puede llevarte a lugares oscuros. Mi última exposición en Londres,  ‘Zonas freáticas’, aborda aquello que corre por debajo de lo más superficial, el sueño que pisamos.
¿Qué corre por abajo?
Corre la vida y corre la conexión. Hablo en su sentido metafórico  y político: de la necesidad del agua, de que cuidemos lo que tenemos, de toda esa cantidad de vida que está reprimida, pero que está ahí… Y lo que me parece interesante también es hablar de que la escultura puede hacerte ver que algo está conectado por el interior con otros lugares.
Esto nos lleva a la palabra compromiso. ¿Qué significa, lo vive?
Yo estoy comprometida con el arte. Creo que el arte puede manifestarse de algunas maneras que abren los puntos de percepción de la gente que tienen que ver con la educación, con la libertad, con que se te quiten los velos y te atrevas incluso a mirar y a querer saber. Estoy comprometida con el mundo en el que vivo…
¿Cómo se revela su actitud?
Creo que no tengo que hablar explícitamente de lo que está pasando pero sí implícitamente de lo que está debajo de las cosas, de lo subterráneo, de las capas de cultura y conocimiento que están debajo de la superficie de lo que miramos. Y también desde el proyecto ‘Estancias sumergidas’ (2010) en el Mar de Cortés (Baja California y México), donde me comprometo con los biólogos marinos y con un movimiento de preservación de la naturaleza, he hecho una obra que recuerde eso y que a la vez funcione como una especie de jardín-ruina que la naturaleza va haciendo y que está al lado de un manglar… Hay un compromiso ecológico, pero a la vez dices, «¿puede el arte ser más que un monumento, un símbolo de algo que te compromete?» Toledo encarna el entendimiento de las tres culturas. Que desde el arte pueda referirme a ello es una manera de estar comprometida con mi tiempo. Desde mi pequeña voz, la voz que yo voy construyendo, puedo hablar del mundo.
¿Para qué sirve el arte?
Provoca y puede hacerte pensar en aquello que estás mirando. La contemplación te lleva a lugares muy profundos, a reflexiones contigo mismo. El arte puede ser refugio, y es importante que lo sea; el arte te enseña a mirar, cada cual como haya aprendido. Me interesa mucho la mirada perdida de alguien que no sabe «nada» de arte, porque no lo ha estudiado, y sin embargo tiene un acercamiento, inocente o no, muy crítico con aquello que ve, pero me gusta esa mirada perdida que, de pronto, hacen algo que se fije en ello. Es también trabajar en términos casi musicales. Además de eso, el arte es abrir puertas al conocimiento, a la mirada, a la emoción. El arte es abrirte a las emociones. Y es una pena que vivimos una época tan dura, azotada por la crisis y la falta de dinero.
Otra palabra: escultura. ¿Es el arte final de Cristina Iglesias?
Es una pregunta difícil para mí porque al final cuando comencé casi me escapaba de la escultura. La pintura me encanta, me encantaba, y me parece que tiene una capacidad muy peculiar de creación. Como ves mis obras tienen bidimensionalidad que trabajo ese lado del ilusionismo más puro  o más ciego, por decirlo de una manera más divertida. Pero la escultura es una construcción compleja que puede crear lugares. Es una elección, eliges caminos donde tu expresión puede manifestarse mejor. Creas un lenguaje expresivo, lo que te conmueve a ti primero para tratar de que conmueva a los otros. Y en ese sentido he encontrado la escultura más dinámica, más flexible, hoy en día la escultura son muchas cosas. He hecho mucha escultura mirando a la pintura y, sin embargo, lo que quería yo hacer era escultura porque la encontraba más libre.
¿ Y la manufactura, su pasión por los materiales, el afán de mancharse las manos?
Lo vivo absolutamente con un sentido artesanal. A veces los nuevos materiales te llevan a ejecuciones que te alejan de lo artesanal, del estar encima, con tus manos, pero soy una artista que estoy siempre cerca: en la fundición, me gusta trabajar las telas con la gente que me ayuda. Somos un equipo en el estudio en Madrid, somos un equipo en la fundición en Eibar. Somos ocho personas.
¿Cuál es su relación con los arquitectos y con la arquitectura?
La arquitectura te exige y te obliga. Te pone límites, no solo la arquitectura, también la ciudad. El peligro, la seguridad que tiene que tener una obra, te va dibujando límites que, a veces, de lo que se trata es de darles la vuelta y que se conviertan en algo constructivo, que esa limitación no me lleve a condescender y terminar haciendo algo que no quería o que me aleja de mí, que puede pasar. A ciertas escalas es difícil conservar la pureza que puedes tener en algo que está hecho para un museo, para una galería o para una habitación cualquiera. Es otra manera de pensar y el reto es que la obra siga siendo autónoma aunque esté integrada en una espacio. Estoy haciendo una obra que tiene que ser funcional en la ciudad y a la vez formar un lugar de encuentro que la gente se sienta allí y pueda disfrutar de ese lugar. Y yo a mi vez juego con esa mirada, si consigues que pare la vorágine de la ciudad… Las puertas de los Jerónimos del Prado hablan de la textura, de los relieves, se mueven seis veces al día. A veces me dicen: «Vi las puertas del Prado». Les digo: «¿Estaban abiertas o cerradas?». «Estaban entreabiertas». Es una de las posiciones. Cuando trabajé con Rafael Moneo, él fue generoso y me dijo: «quiero que diseñes una puerta» Y yo fui más allá, y le pedí que me permitiera que se pudiese ocupar el lugar donde has pensado que se recojan las puertas. Le dije, «¿puedo trabajar con los umbrales, puedo hacer algo que sea una escultura, que tenga movimiento, que haya una secuencia…?» Él me dejó hacer.
Hablemos de Juan Muñoz…
Nos conocimos en Londres. Hemos sido grandes amigos. Vivíamos los dos juntos y compartíamos los amigos y la mesa de la cocina, donde discutíamos y hablábamos de arte y de literatura y de música; por allí aparecía mi hermano Alberto Iglesias. Tengo una memoria compartida con su existencia y con su obra, vivimos juntos 22 años, yo desde los 22 hasta los 44, va hacer quince años que se murió, en 2001… Ha sido mi compañero en el arte, en la vida y en el amor, pero le insisto que hemos compartido lecturas, visitas a museos, a ciudades. Juan era extrovertido y yo introvertida. Me encantaba lo que me hacía. Estuvimos muy cerca, tuvimos dos hijos, Lucía (26) y Diego (21 años). Ella está en el cine, y vive en Londres, y Diego estudia ingeniería medioambiental en California. A Juan Muñoz le han hecho muchas exposiciones. A veces tengo la sensación de que está más vivo que nunca. Su discurso está muy vivo, es actual, y lo cuido todo lo que he puedo.
Estamos en la casa de Goya y le ha dedicado un disparate.
Me encanta Fuendetodos. He pasado unas horas maravillosas con la gente de la Diputación y el pueblo. Este viaje ha sido una hermosa experiencia. De verdad. Goya me interesa y me ha interesado mucho. Y además me interesan mucho sus grabados. La obra gráfica. Usaba diferentes técnicas y he podido tener estampas suyas en mis manos y he estudiado como trabajaba. Luego me ha interesado mucho su valentía, cómo supo hablar de su tiempo y de qué manera lo hizo siendo valiente porque habló de cosas terribles y con una mirada que casi ha terminado definiendo una manera de ser española: lo goyesco, que es como una personalidad o un rasgo que asumimos y reconocemos en nuestra vida cotidiana.
*Esta entrevista aparecía ayer en el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón. La foto está realizada por Oliver Duch.

ADOLFO AYUSO COORDINA 'MAESTROS DEL SIGLO XX. TÍTERES EN ESPAÑA'

ADOLFO AYUSO COORDINA 'MAESTROS DEL SIGLO XX. TÍTERES EN ESPAÑA'

Dentro del marco de Donostia / San Sebastián 2016 Capital Cultural Europea, este lunes 30 de mayo se ha inaugurado oficialmente la exposición Maestros del siglo XX. Títeres en España, que ha comisariado el escritor y especialista en marionetas Adolfo Ayuso Roy.

Coincide con la celebración del XXII Congreso Mundial de la UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta) y del World Puppet Festival que estos días se celebran en San Sebastián. 

En el diseño de la exposición ha intervenido el pintor aragonés Ignacio Fortún. La exposición estará abierta hasta el día 27 de junio en el Centro Cultural Okendo, en el barrio de Gros.

 

 

MAESTROS DEL SIGLO XX

 

Por Adolfo AYUSO ROY

 

Maestro no es solo aquel que construye algo bello, maestro es también quien difunde, explora, investiga y enseña.

 

Se pretende mostrar una porción de la historia social y artística de los títeres en el estado español durante el siglo XX. Está dedicada no tanto a los títeres construidos, sino a los titiriteros que los fabricaron y animaron.

 

Entre los años 1902 y 1939 España vivió una Edad de Plata de la Cultura que también afectó al arte de los títeres. Poetas, músicos, dramaturgos, pintores, escultores y filósofos, encontraron en las marionetas nuevas formas de expresión. Aquel renacimiento, fue aplastado por la Guerra Civil y la instauración del Régimen franquista.

 

Por ello no quedan marionetas de algunos de estos maestros. Simplemente desaparecieron por la acción de las bombas o de la ignominia. Pero sí nos queda su recuerdo.

 

Sobre las décadas de 1960-1970, surgieron nuevos marionetistas que supieron desprenderse de las telarañas de una larga dictadura y recuperar, quizá con pasos vacilantes, el camino perdido.

 

Su obra ha resultado fundamental para rescatar al títere de su función doctrinaria y alienante y volverlo a integrar en el planeta del arte, de la sensibilidad y de la cultura.

 

 

 

Los maestros seleccionados han sido:

 

JULI PI (1851 – 1920)

Y LOS TITELLAIRES DE GUANTE CATALÁN

 

Juli Pi fue el maestro reconocido de una técnica de la marioneta de guante única en el mundo: el guante catalán.

 

Alcanza la fama durante sus actuaciones en la cervecería Els Quatre Gats de Barcelona (1897-1903), centro de la modernidad catalana: pintores como Picasso, músicos como Enrique Granados, escritores y directores teatrales que abrían nuevos caminos a la cultura y al arte.

 

Desde mediados del XIX hasta 1936 los titellaires actuaron principalmente para adultos en cafés, ferias y centros sociales. Tras la Guerra Civil, se redujo notablemente su número y lo hicieron casi exclusivamente para niños. La importancia del actual movimiento catalán de teatro de títeres se basa en el arraigo de aquellos maestros.

 

 

HERMENEGILDO LANZ (1893 – 1949)

 

Siendo profesor de dibujo en Granada fue el constructor de marionetas y decorados para la primera sesión de títeres de Federico García Lorca.

 

Manuel de Falla le encargó las cabezas de las marionetas de guante y las figuras planas en cartón, así como el decorado del segundo cuadro, para el estreno mundial de su Retablo de maese Pedro en París (1923).

 

Tras un largo silencio ocasionado por la represión cultural durante el franquismo hoy se le considera un precursor europeo de las técnicas de teatro de papel, así como de un sistema de marionetas portables que ideó para la gira por España del Retablo de maese Pedro en 1925.

 

 

SALVADOR BARTOLOZZI (1882 – 1950)

 

De familia humilde se convirtió en dibujante de las principales revistas españolas no para ganarse un lugar en el arte sino para vivir sin agobios económicas. En 1912 entró en la tertulia literaria más importante de Madrid, fundada por su amigo y mentor, Ramón Gómez de la Serna.

 

Fue el dibujante español de la figura de Pinocho, creando posteriormente una serie de cuentos ilustrados que inundaban de un nuevo humor la vieja y rancia literatura infantil.

 

Su inicio en el mundo del teatro fue como brillante escenógrafo de Jacinto Grau y Valle-Inclán. En 1929 fundó el Teatro Pinocho, una compañía de marionetas de guante con más de diez manipuladores, provocando un radical cambio estético y argumental en los títeres españoles. Murió en el exilio, en México D.F.

 

 

MIGUEL PRIETO (1907 – 1956) con un recuerdo a RAFAEL DIESTE (1899-1901)

 

Dibujante y pintor, a partir de 1932 formó parte del teatro guiñol de la revista revolucionaria Octubre, fundada por Rafael Alberti, y del teatro guiñol de las Misiones Padagógicas, nueva experiencia republicana que intentaba llevar la cultura al retrasado medio rural, dirigida por el escritor Rafael Dieste.

 

En 1935, por impulso de Federico García Lorca y Pablo Neruda, funda el grupo La Tarumba con el que durante la Guerra Civil lleva los títeres a los frentes de batalla. En 1937 participa en la Exposición Internacional de París donde Picasso presenta su cuadro del Guernica. Fue miembro del Consejo Central del Teatro junto a Benavente y Antonio Machado.

 

Se exilió a México, donde se le considera uno de los padres del nuevo diseño gráfico de ese país. Murió sin poder regresar a España.

 

 

 

HARRY V. TOZER (1902 – 1999)

 

Desde 1925 vivió en Barcelona este inglés, trabajador de la principal empresa eléctrica de la ciudad, enamorado del Punch and Judy. En 1932 publicó en la norteamericana Puppetry Yearbook un sensacional artículo donde dio a conocer al mundo la técnica especial de la marioneta de guante catalana.

 

En los años siguientes y hasta el final de su vida se dedicó a la marioneta de hilos, diseñando y publicando en revistas británicas y estadounidenses sus fundamentales aportaciones al mando o control de la marioneta: el “mando vertical Tozer”.

 

Desde 1973 se dedicó a la enseñanza oficial del arte de la marioneta de hilos en el Instituto del Teatro de Barcelona, creando una escuela catalana de marionetistas de hilo de proyección internacional.

 

 

FRANCISCO PORRAS (1931 – 1998)

 

Vivió en su propia carne el costoso camino de la recuperación de los títeres para el arte y la cultura españoles ocasionado por el franquismo.

 

Su carácter difícil y vehemente le cerraron muchas puertas. Solo algunos reconocieron los miles de horas que dedicó a la investigación de la historia de los títeres españoles para rescatarlos del olvido cultural que padecieron.

 

Fundó asociaciones profesionales, creó la más fecunda de las revistas españolas del títere, batalló porque las marionetas se integraran en la Escuela. Se ganó el título de titiritero del Parque del Retiro de Madrid. Cuando unos años después intentaron sacar su teatrito a subasta pública amenazó con quemarse a lo bonzo.

 

PEPE OTAL (1946 – 2007)

 

No solo fue un marionetista. Pepe Otal fue un modo de ver y vivir la vida. Aprendió los rudimentos de la marioneta con el inglés Harry V. Tozer pero al conocer a Peter Schumann del Bread and Puppet supo que el camino que había emprendido era el acertado.

 

Construía sus marionetas con materiales que encontraba en la calle. Participó en la eclosión de una Barcelona abierta y libertaria que ya no volveremos a ver. Sus obras, de técnicas muy variadas, siempre planteaban una estética rompedora y unos argumentos que hacían temblar las estructuras comerciales. Amaba la ópera y la cerveza. Tuvo muchas amantes. Viajó por toda Europa, murió en Cerdeña mientras interpretaba La divina comedia. Sus alumnos han conseguido que su Taller siga abierto a todo el mundo.

 

 

 

 

GUILLERMO BUSUTIL: 'DALTON'

GUILLERMO BUSUTIL: 'DALTON'

El escritor fantasma

guillermo busutil* 29.05.2016 | 01:31

Artículo publicado hoy en 'La Opinión de Málaga'.

Un negro en una bañera de espuma. Insomne con tabaco y bourbon para cazar y picotear 93 ppm frente a la pantalla en blanco de un guión y convertirse en un héroe de cine. Un escritor con un loro sobre el hombro, trece nombres falsos y uno solo prohibido. Dalton Trumbo, el hombre que se enfrentó a la Caza de Brujas de Hollywood y a la Comisión de Actividades Antiamericanas, al defender la libertad de las palabras amenazadas por el fanatismo ideológico. La misma batalla de siempre. No aprende el hombre que no se puede amordazar la conciencia ni acallar la libertad con el miedo o la fuerza. Ni siquiera el dinero las convierte en cenizas en la boca de quienes están convencidos de que la vida es su corazón y sus ideas. No saben lo mismo el champagne ni los besos sin ninguna de ellas. Y a pesar de la Historia y sus revoluciones, de la memoria de la sangre cicatrizada y de las mazmorras morales de casi todos los sistemas, el poder de la política y la ambición de riqueza nos siguen convirtiendo en lobos depredadores del prójimo. En víctimas de las ideologías que sólo piensan alrededor de sí mismas, y de paso de dos de los peores pecados del ser humano: la denuncia y la traición. Los dos golpes bajos que derribaron al guionista de más éxito del cine norteamericano de la década de los años cuarenta. Su gran enemigo fue el odio fomentado, al terminar la Segunda Guerra Mundial, contra la URRS, China, Corea y todos aquellos países con gobiernos socialistas acusados de conspirar contra Estados Unidos a través de los sindicatos, de los trabajadores y de la gente de la cultura.

Su historia es un antiguo mito de la resistencia de la dignidad. La de un hombre al que su hija Mitzi recuerda como un pensador independiente, honesto y que sabía qué tenía que decidir y hacer. Escribir era su pasión y su mejor manera de luchar por el principio de la democracia, la justicia y los derechos civiles. Nos lo muestra Trumbo: la lista negra de Hollywood de Jay Roach, la película en cartelera que cuenta su pelea desde su escritorio y su bañera, con el apoyo de su familia gestionada como empresa anónima y mensajería secreta, contra la intolerancia política y profesional que le impedían pisar un estudio, una fiesta o un rodaje, y lo empujaron a trabajar a destajo, sin derecho a recoger su Óscar por Vacaciones en Roma ni por , firmado con el seudónimo de Robert Rich. Dos éxitos cuya autoría le reconocieron un año antes de su muerte y diecisiete después.

Se lo dije antes. El pasado es un fantasma que sólo cambia de traje y de presidente. Nada inquieta más a los que manejan el poder o lo anhelan que los ciudadanos que construyen a sudor y a pie la economía. Y aquellos que desde el pensamiento reflexionan y comunican. A estos últimos se les intenta domesticar con una chequera o manchándolos con una culpa que los condene. Le sucedió a Trumbo que, sin miedo a perder un sueldo de 4.000 dólares a la semana y fiel a sus principios, se negó a delatar a ningún actor, guionista o director sospechoso de ser comunista. El delito que el senador McCarthy persiguió entre 1947 y 1956 desencadenando un vergonzoso proceso de denuncias, interrogatorios, juicios irregulares y listas negras. Un episodio aleccionador de cómo el extremismo del poder, con el apoyo de cierta prensa amarillista (Hedda Hopper señalando sin piedad desde su columna a los inculpados o a los que les daban trabajo) y el de la masa manipulada, puede destrozar carreras profesionales y vidas como la de Carl Foreman, el guionista de Solo ante el peligro, expulsado de la industria del cine y abandonado por su mujer por negarse a declarar. Una víctima más entre los célebres Diez de Hollywood como Alvah Bessie (guionista de Objetivo Birmania) Albert Maltz (responsable de Flecha rota y La ciudad prohibida) y Dalton Trumbo (autor de Qué bello es vivir, Treinta segundos sobre Tokio o El demonio de las armas), traicionados por compañeros y amigos como Elia Kazan, Edward G. Robinson o Walt Disney quienes eligieron, como años más tarde diría Orson Welles, su piscina antes que su honor.

La odisea del escritor, cuyo abuelo fue uno de los últimos sheriffs de un Oeste que se moría irremisiblemente acosado por las explotaciones petrolíferas y el desarrollo industrial (Gigante de George Stevens), pueden admirarla en la excelente película protagonizada por un perfecto y camaleónico Bryan Craston, por la siempre extraordinariamente atractiva Diane Lane, el inconmensurable John Gooddman –uno de los mejores secundarios del cine- y la siempre shakesperiana Helen Mirren. Cada uno y todos transmiten credibilidad a la sensación humana de no encontrar salida cuando se padece la tragedia de ser perseguidos y vilipendiados por sus ideas, gustos y personalidad. Y también la importancia de luchar contra la adversidad y de ser solidario. Igual que hizo él con sus amigos proscritos a los que les consiguió trabajos. Lo mismo que mi amigo Javier Álvarez que ha unido, junto con Cruz Roja, a Pilates Center y a otros centros de Málaga en un maratón recaudatorio el próximo sábado en favor de los refugiados, con una cuenta corriente en las redes. A él también le gusta Espartaco. La película con la que Kirk Douglas rescató a Trumbo porque encontró, en su talento y en su defensa de la dignidad, el espíritu de su personaje. Su guión llevó a Otto Preminger a contratarle también para Éxodo. Ambos directores hicieron público que su crédito se llamaba Dalton Trumbo, y su maldición se deshizo.

Al cine le pasa hoy lo mismo que a la literatura. La gente prefiere evadirse. Los niños y los jóvenes ya no buscan en los libros ni en las películas un héroe con el que soñarse adultos. Los futbolistas, los ironman de gimnasio y los youtubers han desplazado a los mitos y al pensamiento Los jóvenes son indiferentes ante aquel Espartaco y frente al arquitecto Howard Roark de El Manantial de King Vidor, ejemplo del talento independiente y del valor de los principios contra la mediocridad y las modas del dinero. Actitudes que admirar y en las que mirarse. Personajes que en otra piel real existieron como Dalton Trumbo, conciliador con su drama cuando al recibir en 1970 el Laurel de oro del sindicato de guionistas dijo que en la Caza de Brujas sólo hubo víctimas y, aunque unas sufrieron más que otras, cada una de ellas se vio obligada a decir cosas que no quería decir, a hacer cosas que no quería hacer. No creo que se pueda catalogar igualmente como víctimas a los que continuaron con sus vidas y sus triunfos, y a las que aquellas denuncias a la ruina y al suicidio. Menos aún cuando continúa sucediendo. A diario se delata a los otros, al amigo, al compañero, por dinero, por envidia, por política, por un papel inmerecido. La traición nunca deja de besar una mejilla.

Si no conocen la historia de Trumbo descubran su ética y su romanticismo, presentes en sus películas citadas, sin olvidarme de Johnny cogió su fusil ni de Papillon. Lo descubrí muy joven, y le deberé siempre la lección del hombre que se reivindicó como un hombre al que le importa la libertad de lo que hace. La certeza de que Los valientes andan solos.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*Bryan Cranston, como Dalton Trumbo / Foto: Hilary Bronwyn Gail/Bleecker Street.

SERGIO ARAGÓN: UN DIÁLOGO EN TORNO AL GRABADO Y LA DANZA MACABRA

SERGIO ARAGÓN: UN DIÁLOGO EN TORNO AL GRABADO Y LA DANZA MACABRA

ARTE. Sergio Aragón (Zaragoza, 1976). Primer Premio de Grabado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a proyectos educativos por ‘Una danza macabra’. [Dentro de dos o tres semana, Sergio ocupará la portada de 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.] 

 

“El grabado me apasiona, es un arte en 

el que hay que ser paciente y delicado”

 

Antón CASTRO

-Antes que artista dedicado al grabado, poseía una discográfica. Recuérdenos un poco esa historia…

El sello se llamaba Alter Ego Records. Junto a mi socio Dr. Loncho editamos discos de hip hop de artistas de la escena local de Zaragoza, de 2003 a 2010. La infraestructura del sello nos permitió diversificarnos y comenzamos a funcionar como productora de conciertos, trayendo artistas nacionales y norteamericanos como Sugar Hill Gang, Jeru the Damaja o MOP a Aragón… Comenzamos con un recopilatorio titulado ‘Zaragoza Realidad’, en el que apareció la casi totalidad de la escena de rap de Zaragoza en aquel momento y que tuvo una gran repercusión nacional.

¿Qué ha significado para usted ser editor y productor de discos?

Al ser dj y coleccionista, admiro el trabajo completo que hay detrás de un disco. En él convergen muchas personas además de los músicos, como diseñadores, fotógrafos, ilustradores, profesionales de la mezcla y masterización. Poder participar en el proceso de elaboración de un disco es algo muy especial, aunque también ha servido como aprendizaje de todo lo que rodea a la música. No todo es lírica, como en casi todo hay sobre todo negocio.

-¿Por qué dio el paso hacia un arte nuevo?

Dibujar ha sido una constante durante toda mi vida, he andado siempre con un cuaderno para dibujar en la mochila. En su momento la vida me llevo por otros derroteros y se me quedo la espina de pasar por una Escuela de Arte, así que con 36 años me matriculé. 

-¿Qué tiene de particular el grabado para usted?

El grabado me apasiona, es un arte en el que hay que ser paciente y delicado. Cada técnica tiene un encanto particular pero lo que es común a todas es la belleza alquímica de los procesos para crear una matriz. Me parece magnético el momento en el que levantas el papel de la matriz entintada después de haberlo pasado por el tórculo.

-¿Con quién se ha formado?

Con el dibujo he ido más bien por libre, aunque pasé una temporada en el espacio de Angel Laín y un verano en la Escuela Josso. Creo que mis maestros en este sentido han sido los gráficos que aparecían en las tablas de ‘skate’ y los comics que no paraba de leer. Respecto al grabado me he formado en la Escuela de Artes de Zaragoza, he realizado prácticas en el taller Manera Negra de Barcelona y mi proyecto de final de ciclo lo he realizado en Lab 43 de Venecia. El paso por cada taller te lleva a conocer nuevos maestros y te enseña cosas nuevas.

-¿Quiénes son sus referentes?

Bill Sienkiewicz, Joan Ponç, Otto Dix, Frans Masereel, Lynd Ward o Käthe kollwitz

-¿Ha seguido los trabajos de grabado en Aragón, le interesa alguien en particular?

Hasta que no he estado inmerso en este arte he podido apreciar como espectador los trabajos de Natalio Bayo, Pascual Blanco, Mariano Castillo…, aunque he empezado a valorarlos conociendo el proceso de trabajo que hay detrás de un grabado. Me interesa Nemesio Mata por su conocimiento del grabado no tóxico y su maestría en la estampación, y Noelia Marín por sus potentes imágenes y su afán investigador.

-Explíquenos qué era ‘Puzzle’, premiado con un accésit por la Calcografía Nacional en 2015, y sus trabajos que ganaron en Aragón.

‘Puzzle’ es una linografía con la que me concedieron el año pasado una Mención de Honor en el Certamen de jóvenes creadores de la Calcografía Nacional, además de la lógica alegría me empujó a seguir trabajando. Después ha venido el Premio Extraordinario de las Enseñanzas de Artes Plásticas y Diseño de Aragón, en la especialidad de Grabado y Técnicas de Estampación, que me ha permitido optar al Premio Nacional de Grabado.

-¿Qué le atrajo de la danza macabra?

El hecho de ser un género que ha acompañado al hombre desde el medievo en momentos convulsos como la epidemia de peste negra, diferentes crisis o guerras mundiales, y del cual se han servido los artistas para reflejar de manera incisiva la realidad de la humanidad, las diferencias entre estratos sociales o lo efímero de la existencia humana.

-La ha abordado desde el pintor Holbein hasta nuestros días…

Para mí Holbein supone el cenit del género, la primera vez que ves sus estampas quedas impactado, ya que siguen siendo actuales, tanto en su grafismo como en la sátira que esconden.

-¿En qué consiste exactamente el proyecto ganador, ‘Una danza macabra’?

Este proyecto trata de revisar un tema que ha sido recurrente dentro de la historia del grabado. Las nueve estampas son el resultado de la búsqueda de una expresión gráfica que mostrara una mirada al mundo que nos rodea actualmente, bajo el prisma de las danzas de la muerte.

  -¿Qué querría hacer y a dónde aspira a llegar en el grabado?

No miro demasiado al futuro e intento disfrutar de las buenas experiencias, aprovechando todas las oportunidades que el grabado me está brindando. Este verano tengo una residencia artística en Alfara Gráfica en Salamanca para realizar un proyecto conjunto con la artista María Urra y por otro lado Samuel Hereza está poniendo texto a las imágenes de ‘Una danza macabra’, con el que editaremos un libro. La música me ha enseñado que las claves son el esfuerzo y la constancia, así que los frutos que lleguen de ello serán bienvenidos, mientras tanto hay que seguir trabajando sin desánimo y con pasión.

 

*Esta entrevista aparecía el pasado domingo en Heraldo de Aragón.