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Antón Castro

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EL POETA VIOLA, EN SÁSTAGO

EL POETA VIOLA, EN SÁSTAGO

[Esta tarde, a las 19.30, en la sala de Música del Palacio de Sástago, en el contexto de un ciclo sobre Manuel Viola (Zaragoza, 1916-San Lorenzo, 1987) y de su exposición antológica que comisaria Javier Lacruz, hablaré de la condición de escritor, teórico de arte y de poeta del pintor aragonés. Entre otros textos leeremos (habrá algún invitado) alguna composición de Viola. La entrada es libro y estáis invitados en un día, de nuevo, donde hay mucha mucha actividad cultural en Zaragoza.]

Quizá sea este el primer poema que escribió bajo el influjo de Lorca y tal vez Rimbaud, a quien admiró mucho:

 

-EN LA ESCUPIDERA DEL SOL

 

En la escupidera del sol,

donde baila la Muerte

con cintas de color,

Y risas de persianas y tacones de charol.

El vino tinto del aire se riza

en un desnudo esqueleto de caballo.

Las cerezas estallan angustiadas

y los naranjos se abalanzan en el mar.

Entre níquel y cristal

tres gritos brotan de un clavel.

En la luna fría

derrama sangre un hocico.

 

*Este texto se publicó en ‘Art’ de Lérida en 1933. Tenía el autor 16-17 años.

 

Último poema, 1987

 

Sueño quieto, helado, vacío: muerte

Sandalias de hierro, bóveda, cráneo,

 

Granito negro

 

El silencio pone tensa la piel de la noche

Una sábana inmensa

Cubre toda la tierra

 

Espantapájaros que azotáis el horizonte

Coged el  arco iris como látigo

 

On meurt plusieurs fois dans la vie, mais on

Me sait jamais quand c’est la derniere

 

[se muere varias veces en la vida, pero

No se sabe cuál es la última]

 

**Este texto lo recoge Javier Lacruz en su libro imprescindible sobre Manuel Viola de 2014.

 

PALABRAS PARA EDUARDO SALAVERA

PALABRAS PARA EDUARDO SALAVERA

[Ayer, por la mañana a consecuencia de un infarto, fallecía un pintor y un ciudadano entrañable como Eduardo Salavera, ese amigo que siempre mejoraba el lugar y el ambiente donde estaba. Recupero este texto para su catálogo de la exposición en la Lonja de su retrospectiva ’Eduardo Salavera. Segunda mirada’, que se pudo ver de octubre de 2015 a enero de 2016. El texto nació de una larga conversación y la contemplación de su obra en su estudio Jusepe Martínez. Abrazos a Nieves, su mujer, y a su familia. ]

 

DIEZ PALABRAS PARA UN RETRATO

DE EDUARDO SALAVERA (ZARAGOZA 1944-2016)

 

Por Antón CASTRO

Se cumplen ahora 30 años de la muerte de uno de los personajes más fascinantes de la literatura del siglo XX: Italo Calvino (1923-1985). Lo fue casi todo: lector, corrector y editor, soñador de territorios, cronista de los ecos de la II Guerra Mundial, narrador realista y prosista de la fantasía. Y a la vez un aprendiz de profeta que se atrevió a formular, en el último año de su existencia, Seis propuestas para el próximo milenio. No se aspira en este texto a nada semejante, pero sí he buscado algunos términos que nos sirvan para ingresar –bajo las guirnaldas voraginosas, al abrigo de sus ramajes y extravíos de sombra- en el universo de Eduardo Salavera, un caballero del arte, el amanuense de la luz, el pintor exquisito, en el sentido más amplio de la palabra. Las palabras elegidas son: Ámbito, Armonía, Color, Denuncia, Desnudo, Mar, Orilla, Paisaje, Sutileza y Zaragoza; diez palabras sin voluntad de exhaustividad que intentan bosquejar un retrato impresionista.

 

Ámbito. La vida de un artista puede resumirse o redondearse de formas muy diferentes. Eduardo Salavera ha sido siempre un pintor de su tiempo: informado, inconformista dentro de su aparente lentitud o sus ademanes de suavidad, crítico, lúdico y reflexivo. Se ha pasado alrededor de medio siglo buscándose: en los otros, en la calle, en la naturaleza y, sobre todo, en sí mismo. Pensando y paseando, ante el cuadro, en mitad de la música que suena y extiende su arboleda en el silencio del estudio. A nadie le pasará inadvertido su diálogo con el jazz o la música clásica en ‘Quinteto de viento’, ‘Acorde de preludio’ y ‘Adagio’. La forja de su obra ha sido pertinaz: como la gota que horada la roca con el impacto de todos los segundos. Cuando se repasa su trayectoria se ve como ha creado un ámbito de belleza, de espiritualidad, de tensión expresiva, a veces con ecos del edén o de la arcadia, un ámbito ético y estético, vinculado a diversas tradiciones artísticas. Ha construido un territorio y un magma donde se ha sentido cómodo, con sus accidentes, con sus incidencias y con sus personajes: el bosque o las diversas formas de fronda, el río, el mar, el horizonte, la mujer ofrecida en claridad o esos espacios de convivencia donde las palabras van y vienen como pájaros sorprendidos, como conjuros que alumbran la vida. Su modo imbatible de felicidad es la contemplación. Eduardo Salavera es el pintor de la calma. Y de la mirada paciente. Absorbe una idea de conjunto, le confiere sustancia y equilibrio, funda un laberinto mental, un escenario físico, una orografía de emociones y de ensoñación. Pintar es elaborar un mundo, acotarlo en libertad, darle carta de naturaleza y fe de existencia en la mancha y el cromatismo (el suyo busca el incendio suave), y habitarlo como se habita una casa, una amistad o una pasión.

 

Armonía. Para Eduardo Salavera, la pintura es un goce para la vista. Una forma de placer inmediato, antes que un concepto, un pensamiento o un tratado de intenciones. Es un ejercicio luminoso de abstracción que surge de la búsqueda, de la experiencia y de la intuición. El cuadro nace de la luz y se conforma, con coherencia y estilo, a través de la armonía cromática: el uso de los tonos, la extensión de las manchas, la sutileza, la melancolía sin abatimiento. Para Eduardo Salavera el cuadro es una aventura del conocimiento, una travesía repleta de tránsitos y exploraciones, cuyo desembarco es la ordenación de la belleza, la conquista de un ritmo soñado y la plasticidad. Así trabaja, así se perfila, así resuelve la ecuación química de un estado de ánimo que aquilata con el oficio, con el sueño y con la emoción puramente pictórica. El lienzo entonces es, sería, tal como escribió la poeta Luisa Castro, ese lugar del bosque donde el amor hizo su hoguera. Pienso por un instante en un cuadro como ‘Oliveras’: ceñido a su asunto, preciso en su caligrafía y amoroso en su indisimulado homenaje a la madre. Y en esa maternidad, resuelta en naranjas y añoranzas, que es ‘Su hijo-entraña es poesía’. Pienso en el ya citado ‘Quinteto de viento’: suena la melodía en una metódica y feliz distribución de la partitura visual.

 

Color. Hay artistas de línea, de atmósfera, del arabesco; pintores del estupor, de la brutalidad, de la transgresión. Hay pintores de la rabia y de la dentellada. Cronistas del laberinto sombrío. Eduardo Salavera es un pintor del color y de color. En sus dibujos, en sus lienzos al óleo o al acrílico, en sus minuciosas acuarelas. El color, tamizado, centelleante o mordido por la elocuencia de la composición, es su mejor autorretrato: el fuego imprescindible. Del arsenal de los colores, la lumbre del observador, el deseo de todos los fuegos.   

 

Denuncia. En alguna ocasión, Eduardo Salavera dijo que el camino del pintor es un camino solitario. De aislamiento, entrega y meditación. La búsqueda de una coherencia. No hay en él precipitación ni vértigo. Al sosiego también se llega tras sortear emboscadas, desoír voces de sirena, rechazar llamadas en vano, desterrar la obviedad y lo fácil. Pero no siempre fue así: en esta muestra vemos que Salavera protestó, se encorajinó, abominó (como aún abomina) de los tópicos, de las formas de educación totalitaria. Si algo le duele es el fanatismo religioso, la hipocresía, las medias verdades que van más allá de las grandilocuentes mentiras. Hay un puñado de piezas que revelan su furia de ayer, su enojo, sus manos de combatiente y un acento corrosivo que ahora casi se nos antoja extraño, como de otro Eduardo Salavera, que sabía protestar con la vehemencia necesaria o de manera oblicua, a través del símbolo. A mucho de todo ello responden cuadros como ‘Concentración de tocas aladas’, ‘Grupo conciliar’, ‘Henos aquí’ o ‘Vescovo assente’. A veces la denuncia no tiene virulencia: es pura confesión de las raíces, revelación de la memoria, acumulación de instantes. Sucede, en buena parte, en cuadros como ‘Alfocea’ (que remite a la infancia y adolescencia del pintor, en una pieza constructivista), ‘Baturro en puros cueros’ o ‘Idealistas’.

 

Desnudo. No hay nada más desafiante para un artista que el desnudo de su musa, de su amada, de la modelo ocasional de una tarde infinita. Salavera tiene musas o ese objeto del deseo y de la complicidad que es la mujer: un continente de hermosura, un latifundio de enigmas, la piel del escalofrío. Hay muchos desnudos en la exposición y en su obra: siempre rezuman finura, sofisticación, serenidad. Antes que el desafuero carnal, se percibe la búsqueda extrema de las sensaciones, la identificación, la huella mitológica y la ebriedad del embeleso. El título de una obra, ‘Cálida voluptuosidad’, tiene algo de manifiesto general. En dos obras como ‘En el Spa’ o ‘Esperando el terapéutico masaje’ aún depura mucho más su trazo, la carne entrevista, nunca renuncia al asombro ante el cuerpo amado. Especial atención merecen dos desnudos de la serie ‘Haciendo tiempo’. ¿Quién hace tiempo, quién espera: la joven sentada, cerca del perro oscuro, o el artista que la contempla y la sueña en pleno arrebato? Aunque parezca extraño, hay otro lienzo muy particular: ‘Elegía a la chica de la bicicleta’. A pesar del título, que revela algún dramatismo inconfeso, la joven avanza con los senos al aire, confiada, por un paisaje tan agreste como onírico. El desnudo en Eduardo Salavera ni es un tema lateral ni una coartada: es la conciencia del éxtasis de quien mira y mira hasta perder la cabeza. Es un viaje exultante hasta la posesión de la luz.

 

Mar. No deja de ser curioso que un pintor de tierra adentro tenga la obstinación del mar. El mar se lo da todo: infinitos abiertos, oleaje, horizontes matizados y el desafío continuo del color. El atrevimiento de las masas y las manchas, el brillo denso de los pinceles. El espectador sale a navegar con la imaginación del artista; a veces, desde el acantilado, el monte o la montaña, Salavera abre una ventana y entran el salitre, el trallazo de la espuma, el berrido de las gaviotas y la mansedumbre del crepúsculo. Salavera se ha bañado en la poesía de todas las mareas. De ahí que haya podido pintar ‘El legado de las nubes’ o ‘El agua viene de Poniente’, que habrían hecho feliz a Goethe.

 

Orilla. Salavera, como su admirado Francisco Marín Bagüés en ‘Los placeres del Ebro’ (1934-1938)’, es un pintor de la ribera, un pintor del Ebro, un rastreador de espacios donde la vibración de la claridad exalta lo puramente pictórico. Es un pintor del Huerva y del Gállego, del soto de Cantalobos, de humedales y arboledas, de los galachos. Le ha dedicado a los ríos de Zaragoza muchos cuadros y paseos, apuntes, acuarelas, las confidencias de un artista solitario y solidario. Una de sus exposiciones más importantes se tituló ‘Encuentro con la mejana’, en la Casa de los Morlanes, en 2008. La mejana es una isla en la mitad del río. O una tierra inundada por el agua que luego es propicia para la agricultura. El ‘Padre Ebro’ –que da título a un cuadro- también está asociado a su infancia, a la que definió una vez, en diálogo con Mariano García, periodista cultural de Heraldo, como “una luz que nos ilumina toda la vida”. Añadía: “Se habla mucho del Mediterráneo, pero en un día despejado la luz convierte las huertas de Zaragoza en un espectáculo inolvidable”.

 

Paisaje. La pintura tiene grandes pintores de paisaje. Existe toda una escuela y una saga, si puede decirse así, que aún no ha finalizado. A él le han llamado la atención los impresionistas, que se atrevieron a salir lejos del centro urbano para enfrentarse a la soledad metafísica de las afueras. Eduardo es un observador de nubes, de árboles, de la espesura tumultuosa. Luego, con su pincel y su afán, interioriza el caos, lo gobierna sobre el lienzo y nos lo devuelve trascendido en óleos como ‘Junto al atajo’ o ‘Luz del bosque’. En ese proceso casi alquímico nos ha enseñado a ver. Salavera tiene una certeza: “Todo está en la naturaleza”. Incluso esa mitológica ‘Plática de náyades’.

 

Sutileza. Cada pintor tiene sus rasgos. A menudo exacerbados, a veces inadvertidos. Eduardo posee la aristocracia del soñador, el sosiego del paseante que desprecia el  vértigo y la prisa, la hondura del pensador a la intemperie. Quizá su atributo más perceptible, e insondable a la vez, sea el de la sutileza. En todo cuanto pinta hay un refinamiento esencial y una manufactura del alma que es una afirmación de la inteligencia y una apología de la sensibilidad. Fíjense en cualquier cuadro: respira la bondad intrínseca, vocacional y misteriosa, de un creador que tiene claro que el arte, la obra, es la mejor metáfora de su propia vida. La sutileza es un gesto, una virtud, una atmósfera, una forma de resistencia contra la belleza blanda y, sin duda, un emblema de intemporalidad.

 

Zaragoza. Eduardo Salavera es, como diría el maestro serígrafo Pepe Bofarull, un ciudadano. Vean su autorretrato real e idealizado con la precisión cristalina de Morandi y la libertad de Giacometti. Es un ciudadano que se siente feliz y realizado en Zaragoza: tanto en su taller en Jusepe Martínez, en pleno Casco Histórico, como en su barrio de las Fuentes. Lo cual no quiere decir que no haya viajado y que no siga viajando. Ahí está, con algo de ironía (al pintor le gustan los juegos de palabras, la paradoja y la ironía) en el título, ‘Supuesto paseo por Menfis’. Zaragoza es la ciudad de los tres ríos. Y de un puñado de museos, de calles con sabor, de escenarios para esos músicos que atacan un adagio o un preludio, de amigos imprescindibles. La ciudad, bimilenaria y volcada hacia el futuro, más acogedora y habitable de lo que suele decirse, es su casa. Su paraíso. Su refugio. El núcleo de un mundo posible. Zaragoza habita en los cuadros de Eduardo Salavera y desde allí se expande con todas sus riquezas, con sus arbustos de ribera. Uno de los cuadros más emocionantes de la muestra, tan zaragozano y tan universal, es sin duda ‘En memoria de mi padre’. Él, con su bastón y sus recuerdos borrosos, avanza por Zaragoza contra las puñaladas del tiempo y del cierzo. Quizá haya salido a encontrarse, en las esquinas del cierzo, con su hijo, el pintor Eduardo Salavera.

JAVIER LACRUZ: UN DIÁLOGO EN TORNO A LA VIDA Y OBRA DE VIOLA

JAVIER LACRUZ: UN DIÁLOGO EN TORNO A LA VIDA Y OBRA DE VIOLA

Javier Lacruz (Zaragoza, 1956) es psiquiatra y coleccionista de arte, especialista en Manuel Viola (Zaragoza, 1916- Madrid, 1987) y comisario de la muestra ’En recuerdo del porvenir’ del artista aragonés en el Palacio de Sástago. El pasado miércoles, en la sala de música, ofreció una charla sobre el artista dentro de un ciclo de tres conferencias dedicadas al artista.


-¿Si tuviéramos que hacer un retrato inicial de Manuel Viola de presentación, casi un señuelo para el lector, cuál sería? ¿Cómo lo definiría?

-El mejor retrato de Viola lo dibujó el gran artista Francis Picabia: “Si un día Viola tiene a la vez una cita con la vida y con un cuadro, se irá siempre con la vida”. El crítico de arte Aguilera Cerni apuntó: “Viola: un hombre, un artista y una leyenda”. Y el poeta Juan Eduardo Cirlot dijo que el gesto de su pintura era “afilado como garfio de carnicero”. Yo añadiría que se llamaba José, no Manuel; que quiso ser poeta, no pintor; que se situó en la confluencia entre lo vivido y lo soñado, y entre lo abstracto y lo figurativo. 

-¿Qué le dio su infancia zaragozana, qué aprendió aquí a orillas del Ebro? 

-A su madre, Pilar Gamón, una mujer tierna, simpática y muy atractiva. Y una afonía jugando a orillas del Ebro, un día de fuerte cierzo, que le dejó la voz de cazalla, lo que tiempo después sus paisanos interpretaron de forma maledicente como por exceso de tragos. Con todo, aprendió a ser fuerte, a superar la adversidad: el cierzo, la ventolera, el Moncayo, son recurrentes en sus cuadros.

-Lérida parece clave en su vida. ¿Por qué? ¿A qué es debido que le atrajeran tanto los gitanos?

-Viola es tan zaragozano como ’lleidatan’. A los seis años lo acogieron su abuela y sus tías paternas, lo cuidaron y lo formaron escolar e intelectualmente. Los gitanos de la calle fueron sus amigos: eran “las vacaciones del espíritu”, gente no normativa. Se hizo ’lorquista’, tras leer el “Romancero gitano”. Luego, cuando volvió a España, en la posguerra, los únicos que lo acogieron fueron los gitanos. El cante y el baile flamenco fueron su vida. Su hija Encarna, es de la familia de los Heredia… 


-¿Qué supusieron en su vida García Lamolla y Leandre Cristòfol? ¿Y Crous?

-Dos amigos íntimos, uno pintor y otro escultor, ambos claves en su formación artística. Con Crous –¡con 17 años!– hizo la revista ART (en puridad, Anti-Art), en el año 1933, una revista radical y rupturista de cuidado diseño, surrealista. Allí escribió como poeta, crítico de arte; también escribió textos para sus amigos artistas. Como poeta y dibujante estuvo en la estela de Lorca y Dalí.

Viola, Remedio Varo y Esteban Frances.

-¿Cómo le marcó su estancia en Barcelona, quiénes fueron sus amigos, cómo se integró en el arte del momento?
-En el 36 marchó a Barcelona a estudiar Filosofía y Letras y fue el benjamín del grupo ADLAN. Con Cassanyes escribió en el catálogo de la exposición Logicofobista (fobia a la lógica) de las Galeries Catàlonia. Fue el puente entre los surrealistas leridanos, los ADLAN y la dupla Esteban Francés y Remedios Varo. Solo por esto ya está en la Historia del Arte.


-Se alista en el POUM. Cuéntenos cómo fue esa militancia y dónde combatió en la Guerra Civil.

-Fue un surrealista y un revolucionario de izquierdas. “Queridas tías: no me busquéis, me voy a defender la República”, dejó escrito sobre su mesa. Estuvo en Mallorca, Lérida y en el frente del Ebro. Intimó con el poeta Benjamin Péret. ¡Al que salvó de los anarquistas, que lo querían fusilar porque tenía cara de cura! En el exilio estuvo en dos campos de concentración: Argelès-sur-Mer y Valbone. De uno escapó, del otro salió vestido de legionario y estuvo en Dunkerque, donde pasó a llamarse Manuel. Y luego en el maquis. Estuvo perseguido por Franco, por el gobierno de Vichy y por los alemanes: diez años pegando tiros. Para que luego, los rojos de salón, le nieguen el pan y la sal.


-¿Cuál es la importancia de Picasso en su vida? ¿Qué relación real tuvieron?

-Al llegar a París de manera clandestina, estuvo refugiado por la Resistencia. Entró en el grupo surrealista ‘La Main à Plume’ y escribió en su revistas. El único español del grupo. Trabajó de mozo en el taller de Picasso y le ayudó la maîtresse en titre del malagueño, Dora Maar. Viola reprodujo por primera vez la cabeza de toro de Picasso en una de sus revistas. Lo admiró como artista, pero no le influyó en su pintura. Y nunca falsificó “picassos”.


-Francia fue el escenario de dos de sus grandes pasiones: Edita y Lorenza Iché. ¿Qué nos puedes contar de ellas?

-En París tuvo una novia judía, Tita (Edita Hirschová), con la que se iba a casar, que era muy bella y sordomuda. En una redada fue detenida y deportada a Auschwitz, donde murió. Laurence Iché, estaba casada con el poeta Robert Rius, que fue fusilado con otros miembros del grupo. Tras perder a sus parejas se juntaron Manuel e Iché.

-De manera breve y sencilla, ¿cabría decir que el artista Viola nació en Francia, tras ver la obra de Cézanne y entrar en contacto con Picabia y otros?

-El primer Viola, como pintor, es francés. Desde sus inicios cézannianos hasta su etapa tachista en la ’abstraction lyrique’, cuando expuso en Claude Bernard de París, en el 57. De Picabia fue íntimo, le influyó su gran personalidad y su apuesta por un “arte sin jerarquías”. Viola le hacía las paellas los domingos…

-¿Es cierto que hacia 1949 regresó a Zaragoza y visitó a Lagunas, el líder de Pórtico? ¿Barajó quedarse aquí?

-Del exilio vino a Zaragoza a reencontrarse con su madre y casarse con Lorenza. Como hombre inquieto duró poco tiempo en la cuidad. Conoció a los Pórtico, pero vio en ellos un poscubismo muy francés, muy ‘déjà vu’, que no le interesó demasiado.


-Después de Torremolinos, Madrid. ¿Cómo construyó su carrera?
-Estuvo en la playa de La Carihuela, con sus amigos gitanos, haciendo cestos y tocando palmas. Y luego en Madrid, donde deslumbró a los del café Gijón. Apoyado por Cela, d’Ors y Ruano expuso en la galería Estilo y cimentó su éxito. Luego se fue a vivir a San Lorenzo de El Escorial con su vecino Felipe II.

-¿Le aportó algo El Paso a él, o viceversa?
-El Paso fue decisivo para su despegue, gracias al cuadro ’La saeta’ (1958), que pintó tras visitar el Museo del Prado y a su paisano Goya. Se hizo un pintor español. El blanco y negro eran los colores de El Paso, y los de Viola. Aportó su vena ácrata. Canogar me dijo que era llegar Viola y desbarajustar todo. Saura se irritaba, pero lo quería y lo respetaba mucho. Sabía que Tàpies, Millares y él mismo pintaron de manera surrealista, pero que Viola era surrealista. A Viola el Paso le dio un lugar en la pintura, fama y prestigio. Pero no se lo creyó mucho, él venía de muchos grupos, de muchas historias…

-Estuvo en varias ocasiones en Latinoamérica… Explíquenos un poco la aventura.

-En dos ocasiones. En el 67 y en el 69. Primero en Perú y Ecuador, y luego Chile y Argentina. Fue a buscar la luz del nuevo continente. El “continente de la esperanza” que dijera Malraux. Para iluminar sus cuadros. Antes de ir pintó el homenaje al Che Guevara.

-¿Qué te atrae del Viola de los 50 y 60, el de sus grandes cuadros, cuál es la clave, su verdadera aportación?

-La vida de Viola supera a mucha ficción, es un gran relato, una gran novela. Su espíritu combativo, su aventura, su nomadismo, sus amistades… Su humanidad y camaradería. En pintura, además de ser un pionero de la abstracción en España, es uno de los informalistas fundamentales. Maneja el color, tiene discurso propio, identidad. Es un “poeta plástico”. No quiso hacer carrera artística. Pero es uno de los grandes, sin duda.


-¿Estamos valorando adecuadamente la exposición ’Esperando el porvenir’ del palacio de Sástago? ¿Está contento, es la más ambiciosa? ¿Puede decirse ya que el pintor ha vencido al personaje?

-Lo interesante es que el visitante entra con una idea de Viola y sale con otra. Luego, misión cumplida. En el palacio de Sástago se pueden ver muchas novedades: los cuadros que nunca quiso vender, su etapa literaria en ’La Main à Plume’, la ’femme bandée’ del mural del psiquiátrico de Saint-Anne de París, documentos, fotografías, cuadros inéditos, todas sus etapas representadas… Ya van 25.000 visitantes. Viola es uno de los nuestros y, sin embargo, en ninguna institución aragonesa había un cuadro decente para exponer en esta muestra, y muchos aragoneses siguen despreciando al artista que, como suelo decir, sigue pintando “violines” aún después de muerto. La derechona actual lo boicoteó. Dalí dijo que, aún siendo ateo, Viola era un pintor de iglesias. Por eterno.

 

*Esta entrevista apareció en heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2016/05/17/vida-viola-una-gran-novela-861415-1361024.html

 

*La foto de Javier Lacruz es de José Miguel marco.

POEMAS DE MANUEL VIOLA, EL MIÉRCOLES, SALA DE MÚSICA

POEMAS DE MANUEL VIOLA, EL MIÉRCOLES, SALA DE MÚSICA

Este miércoles 25, en el contexto de la celebración del centenario de José Viola Gamón, Manuel Viola (1916-1987) y de la exposición ‘Esperando el porvenir’ (que ha comisariado Javier Lacruz, biógrafo y coleccionista del artista) daré una pequeña charla su condición de escritor y muy especialmente de poeta. Viola, antes que artista, fue crítico de arte y sobre todo poeta, influenciado por Federico García Lorca. La charla, que incluirá la lectura de algunos textos del autor, es la tercera de un ciclo organizado por la Diputación de Zaragoza, en la sala de música; las dos primeras fueron a cargo de Jesús Navarro y de Javier Lacruz. Será a partir de las 19.30.

 

BRÚJULAS DEL SILENCIO

 

Las brújulas ocultas del silencio

conducen a las plazas desiertas

conducen a las calles cubiertas de ceniza

conducen hasta el secreto de la Esfinge

con ojos de andén solitario

con labios de arena incandescente

con cabellos de mineral soterrado

de diamante ardiendo

en la palma de mi mano de yeso

 

*Este texto, que no llevaba puntuación en el original, se lo mandó Manuel Viola desde Barcelona a su amigo Leandre Cristófol.

 

LOS POROS DEL VIENTO

 

Los pechos se sueldan en las barricadas del alba

en medio del aire

que pasa las páginas de ventanas ciegas

 

Atrás

las lámparas se alumbran por dentro

 

Urna óvalo de las fermentaciones rigurosas

 

Los labios de corcho han agotado las fuentes de los errantes

que olvidan sus rostros en el parapeto de los puentes

Las piedras que lastran sus corazones

son más ligeras que el aire caliente

de vuestras bocas palideciendo como un yugo

enganchado a la moldura de abismos anudándose en cámara lenta

 

Aquí las lágrimas se estiran como raíles de plomo

sobre la palma de los desiertos

Aquí los latidos del cielo caen sobre el techo de la mesa

Aquí las ruinas instantáneas

los ojos incultos labran la realidad invisible

a la manera de arados de oro

Aquí la llanura ondea como una bandera negra

Aquí el horizonte vertical mástil del silencio

Aquí la rueda distraída cava sus carriles

en todas direcciones

Aquí el cielo deshuesado.

 

*Poema ‘Les pores du verre’, de 1943, que tradujo Lorenza Viola, su primera esposa.

 

**Estos dos textos figuran en el libro ‘Escritos surrealistas’ (1933-1944) de Manuel Viola, que publicó el Museo de Teruel en 1996 con edición e introducción de Emmanuel Guigon. Retrato de 1946.

JESÚS MARCO, PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE CINE ARAGONÉS

JESÚS MARCO, PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE CINE ARAGONÉS

La Academia del Cine Aragonés renueva su Junta Directiva 

Este viernes, en una Asamblea General, se formalizó por unanimidad la nueva configuración tras la baja de cuatro miembros

 

Zaragoza, 21 de mayo de 2016. Tras los nuevos cambios, y manteniendo a dos personas que integraban el equipo anterior, la nueva Junta Directiva de la Academia del Cine Aragonés ha quedado formada por Jesús Marco Murillo como presidente, José Ángel Guimera, vicepresidente, Leonor Bruna, secretaria, Manuel Aparicio como Tesorero, y Jaime García Machín, Patricia Roda, Toño L’Hotellerie, Ana Bruned y Jacobo Atienza como vocales.

 

Seguir trabajando en el mantenimiento de los Premios Simón, conseguir una sede para la Academia, aumentar el número de socios y realizar un mayor número de actividades formativas y culturales en distintos puntos de la Comunidad Autónoma son algunas de las novedades propuestas por el nuevo equipo.

 

De esta manera y tras la salida de José Angel Delgado y Antonio Tausiet de la presidencia y vicepresidencia respectivamente, así como de los otros miembros Ana Esteban (ex tesorera) y Ángel Martínez (ex vocal), se mantiene la representación de un miembro del Sindicato de Actores y Actrices de Aragón y se logra la representación de las tres provincias aragonesas gracias a la incorporación de Ana Bruned (Huesca) y J.A. Guimera (Teruel. Esta nueva junta tendrá validez hasta diciembre de 2017, manteniendo el periodo de dos años de mandato iniciados con la composición de junta anterior.

 

El pasado 29 de abril, el anterior presidente de la Academia–quién ha representado a la ACA durante los últimos 5 años, José Ángel Delgado y el ahora ex vicepresidente, Tausiet, anunciaban su baja voluntaria por motivos personales. “Ha llegado el momento de ceder los mandos a nuevos conductores”, aseguraban. Por su parte, la Junta saliente ha querido expresar su agradecimiento a todos los académicos por su participación y colaboración durante este tiempo, así como a quienes han conformado esta propuesta.

 

Como primer acto oficial de la nueva Junta Directiva, Jesús Marco Murillo visitará este martes 24 de mayo la capital oscense, con motivo de la presentación de una nueva edición del Festival de Cine de Huesca. 

*Esta información pertenece a Camino Ivars.

MARCHAMALO: UN DIÁLOGO

MARCHAMALO: UN DIÁLOGO

 

ENTREVISTA. Jesús Marchamalo. Presentaba el pasado jueves en Antígona, ’Tocar los libros’ (Fórcola), en una nueva edición revisada y ampliada.

“¿Manías? Leo mucho al sol”

“Las bibliotecas son cotillas y acaban
cometiendo alguna indiscreción”


Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) es periodista cultural y escritor aficionado a los secretos del libro y las bibliotecas. Esta tarde, a las 20.00, en la librería Antígona, acompañado por José Luis Melero, presentará una edición revisada y aumentada de uno de sus textos más elogiados: ’Tocar los los libros’ (Fórcola)

-¿Qué le dice la palabra libro?
La palabra libro me dice muchas cosas; me dice invierno, viaje, insomnio, manta, playa, isla remota, biblioteca, Tolstoi, poesía... No creo que haya otra palabra que tenga tantos significados.

-¿Recuerda cuáles fueron los dos o tres o cuatro primeros que compró o leyó?
No, y lo siento, porque me encantaría saber cuál fue el primer libro que leí o que me regalaron. Siempre he tenido mala memoria, pero sí recuerdo aquella colección de Bruguera, Clásicos selección, creo que se llamaba, que alternaba texto y dibujos y que nos regalaban por Reyes, en los cumpleaños, y cuando estábamos enfermos. Gran parte de mis lecturas infantiles -Verne, Salgari, Stevenson- me traen el recuerdo del sabor agrio de la aspirina y el olor penetrante, mentolado, del Vicks Vaporub.

-¿De qué modo te gustan los libros? ¿Qué le gusta de ellos?
Me gusta que sean bonitos, en el sentido más amplio de la palabra, amables. Me fijo -creo que todos lo hacemos, aunque no sea de una manera consciente- en el papel, el tipo de letra, los márgenes... Creo que la tecnología nos ha hecho cobrar conciencia de esa parte táctil, de relación física que también tiene la lectura y que la enriquece.

-¿Qué quiere decir en ’Tocar los libros’? ¿Cuál es su origen?
El origen es una conferencia que di, hace años, en un congreso de profesores. Y yo diría que es una reflexión, humorística, cómplice, sobre cómo convivimos con los libros. Hablo de cómo ocupan los estantes y cómo se extienden después por el resto de la casa, y sobre las mesillas y los sillones. Hablo de las manías que tenemos al leer. Hablo del orden y del desorden, y de la suerte incomparable de ser lector.

-¿Cuántas estanterías tiene ahora en su casa y cuántos metros lineales? ¿Cuántos exlibris le han hecho ya?
No tengo ni idea, pero las estanterías, como se sabe, son siempre un bien escaso. No sé cómo es posible porque es algo que contraviene las leyes de la física, pero es sabido que en una casa siempre falta un armario, y una estantería. Exlibris tengo seguramente una docena. Desde hace años lo cambio cada navidades. Siempre hay un amigo artista generoso que me lo dibuja, y tengo exlibris de Javier Zabala, Antonio Santos, Damián Flores, José María Merino, Emilio Urberuaga... El de este año me lo ha regalado el aragonés Isidro Ferrer.

-¿Cómo cuida o mima los libros: con amor de
coleccionista, de inversor o de enamorado?
De enamorado, por supuesto. Soy mal coleccionista y, desde luego, un fatal inversor.

-¿En qué medida es fetichista?
Mucho. Creo. Me encanta el mundo de los escritores, de la literatura. Guardo fotos de escritores, dedicatorias, manuscritos originales, cartas... Así que, sí. Sí diría que soy fetichista, modestamente.

-Díganos, con sus razones, cinco libros de su biblioteca que sean decisivos o especiales para usted.
Qué difícil es siempre elegir un libro, una ciudad, una película, o cinco. Tengo un ejemplar de ’Nuevas Canciones’, de Machado, que me regalaron los libreros de Madrid, y que está firmado por él. Es uno de los libros que me gusta ver, y tocar, de vez en cuando y es maravilloso saber que es un libro que Machado tuvo también en sus manos siquiera esos segundos en que lo firmó. Tengo también una vieja edición de ’Cien años de soledad’, de Argos Vergara, ligeramente fea y cochambrosa, que leí con diecisiete años y que me dejó, entonces, deslumbrado. El año pasado mi amigo José Noriega, exquisito editor, me hizo una especie de caja de madera y cartón para que lo guardara. Elegiría también un ejemplar de las ’Poesías Completas’ de Pedro Salinas, en Aguilar, que compré en una librería de viejo, lleno de anotaciones y subrayados. Siempre me gusta encontrar en los libros rastros de otros lectores, otras lecturas. Y otro que he comprado recientemente, en la feria del libro de Recoletos, un ejemplar de ’Canciones’ de Lorca, publicado en ’Revista de Occidente’, donde lees, por ejemplo, estos versos: “¡Ay que trabajo me cuesta / quererte como te quiero! / Por tu amor me duele el aire, / el corazón y el sombrero”. Lorca siempre es una lectura deslumbrante. Este año se cumple el 80 aniversario de su asesinato, y te hace cobrar conciencia de lo que podría haber seguido viviendo, escribiendo, si no hubiera sido asesinado. No sé si he elegido los cinco o me falta alguno. Pero sí le contaré que la semana pasada estuve fuera, y me llevé el libro de Lorca sólo para tenerlo conmigo.

-Si tuviera que decir algunas manías suyas, ¿cuáles serían?
Tengo muchas, y cambiantes. Es lo que tiene visitar bibliotecas ajenas, que siempre hay alguna manía de los demás que te gusta, y que asumes. Y soy muy caprichoso con las manías. Últimamente, por ejemplo, leo mucho al sol. Tengo un banco en una plaza, aquí al lado de casa, que prácticamente he hecho mío, y que utilizo para leer.

-¿Qué manías ajenas, de escritores célebres, le han conmovido?
No sé si es una manía, pero me conmovió la historia de un libro que me contó García Montero. Una vieja edición encuadernada en tela roja, gastada, de ’Las mil mejores poesías’, de Bergua, que era de su padre y que fue donde aprendió a leer. Me contó que es un libro que no saca de casa, nunca, por miedo a que se le pueda perder.

-Me impresiona la foto del poeta cubano Gastón Baquero, exiliado en Madrid y rodeado de libros que casi lo amenazan. ¿Qué nos dice de ella? ¿Qué prefiere, el orden minucioso o el desorden tan vital?
Es una foto fantástica; los libros como un ejército invasor, amontonados en torres, muchas de ellas inestables, ocupando las mesas y los sofás, tapando las contraventanas... Es, desde luego, muy literaria. No sé si algo angustiosa también. Yo, puestos a elegir entre el orden minucioso y ese desorden un poco desnortado, no sé qué haría. Pero lo cierto es que mis libros son de esa segunda opción, del desorden vital.

-¿Qué novedades ha incorporado en esta nueva edición?
Alguna historia nueva que he ido recopilando estos años. Hablo, por ejemplo, de las cajas de libros dedicados que extravió Vila-Matas en una mudanza, de los libros, ordenados por orden cronológico de Azúa, y de aquella historia que me contaron de Guillermo Cabrera Infante: un día llegó a su casa su amigo Andy García, el actor, y viendo sus estantes atiborrados le preguntó ¿Y esto, lo has leído todo?, que es algo que nos preguntan de vez en cuando, a lo que Cabrera Infante, muy serio, fumando, le contestó: “Sí, pero tranquilo, sólo una vez”.

-Si repasara toda su biblioteca, ¿qué me diría de Jesús Marchamalo?
No tengo ni idea. Las bibliotecas, ya sabes, son muy cotillas, les encanta hablar de sus propietarios, y más tarde o más temprano acaban cometiendo alguna indiscreción.

-¿Cómo se lleva con los libros digitales?
No me llevo ni bien ni mal. Me gusta leer en papel, pero no creo que eso signifique nada. Tengo móvil (inteligente), soy de Facebook, tengo Twitter, Instagram, tablet... Y me gusta también montar en bicicleta, tirar con arco, escribir con pluma y leer libros. Creo que todo es compatible, afortunadamente, felizmente.

 

HISTORIA DE ARTELIBRE. UN DIÁLOGO

HISTORIA DE ARTELIBRE. UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. José Enrique González, responsable de la galería virtual Artelibre

 

 

“Artelibre es arte y libertad, aunque

 nos hemos especializado en figuración”

 

 

 

El zaragozano José Enrique González es director de la galería virtual Artelibre que cumple 20 años y expone la tercera edición de ‘ModPortrait’ en Bantierra. La ganadora de este año ha sido la irlandesa Molly Judd con su obra 'Unplugged'.

 

¿Qué es la galería Artelibre? 

 Artelibre es una de las primeras galerías virtuales que existieron en Internet, llevamos ya unos 20 años trabajando por y para el arte.

 

¿Cómo se creó y con qué objetivos?

Artelibre era una idea que llevaba en mente desde hacía años antes de que existiera Internet. Solo hubo que esperar a que llegara el momento y de hecho fuimos de los primeros en subir una galería virtual. El objetivo principal era dar a conocer el mundo del arte en toda su extensión. Antes de este proyecto, o hacías como yo hice viajar mucho y recorrerte los principales museos del mundo, colecciones, etc. o prácticamente te limitabas a ver alguna exposición en concreto en tu ciudad o tu país. Activar una plataforma donde podías incluir toda la información que quisieras y que todo el mundo pudiera verla, abría un abanico muy amplio al arte y al mundo de la cultura.

 

¿Quién está detrás?

Detrás de Artelibre está principalmente una persona apasionada por la cultura, amante del arte y sobre todo del arte figurativo: José Enrique González, que yo soy, y no dejo al margen la cantidad de artistas y amigos que han colaborado y siguen colaborando desinteresadamente en este proyecto.

 

-¿Por qué solo arte figurativo?

No es cierto, Artelibre como su nombre indica es ARTE Y LIBERTAD, nosotros siempre hemos dado cabida a todo tipo de artistas que deseasen participar con nosotros, sean del estilo que sea. Sí es cierto que desde que se inició Artelibre tuvimos una idea muy clara: especializarnos, por eso creamos un apartado especial de arte figurativo y principalmente cuando hace 20 años era el arte más defenestrado que existía. El apostar por un estilo en su época más baja fue muy duro y tuvimos que remar demasiado contra corriente, pero fue nuestra apuesta y aquí estamos. Ahora parece que la figuración esta más en auge y sobre todo la calidad de artistas españoles que hay en este momento es sorprendente a nivel internacional.

 

¿Podría hacernos un breve resumen de dos o tres de sus actividades más importantes?

La actividad principal de Artelibre es promocionar artistas, darlos a conocer y reconocer su trabajo. Editamos desde hace 11 años un anuario de artistas, un libro de gran calidad, ‘Arte y Libertad’. Realizamos anualmente una de las mejores exposiciones de arte figurativo que se realiza en España, todos los años en nuestra ciudad Zaragoza: ‘Algo más que realismo…’ En 2016 cumpliremos nuestra décima edición, hemos traído a nuestra ciudad grandes artistas de la talla de Eduardo Naranjo, Richard Estes, Iman Maleki, Don Eddy, Doug Webb, Carlos Muro, tec. Y somos los organizadores del Concurso de Pintura en la Modalidad de Retrato ‘ModPortrait’.

 

¿Qué vínculo tienen ustedes como el Museo Europeo de Arte Moderno de Barcelona (MEAM)? ¿En qué les apoya? 

El vínculo que tenemos con el MEAM es un vínculo de profunda amistad y colaboración, somos entidades colaboradoras. Recuerdo nuestro primer encuentro donde el director del MEAM, José Manuel Infiesta, hijo de aragoneses, me dijo: “José Enrique llevo años disfrutando de Artelibre en la red. Dos personas que aman la figuración y coinciden en un 90% tenemos que conocernos”. Nos conocimos y, como vulgarmente se dice, no hubo más palabras. Desde ese día nuestro grado de afecto y colaboración es importante, honesto y desinteresado.

 

-¿Qué importancia tiene el premio ModPortrait, que exponen ahora en Bantierra?

ModPortrait, solo con tres ediciones, ha conseguido un reconocimiento internacional muy importante. Si algo hemos tenido siempre muy claro es la calidad. Hemos querido organizar un concurso de calidad que llegue, con una gran difusión y con unos apoyos importantes, es fundamental.
La pena es que como siempre no eres profeta en tu tierra.

 

-¿Cómo definiría ModPortrait?

Es un concurso Internacional de Pintura en la modalidad de retrato. Con unas medidas de 40x40 mínimo y 150x150 máximo, se invitan a los artistas a que realicen un retrato de una o varias figuras, donde se les tiene que ver el rostro tanto de frente o perfil. Se puede utilizar cualquier tipo de técnica y soporte. Las dos primeras ediciones fueron como una primera toma de contacto. Muchos artistas se rezagaron por aquello de mirar quién participaba y qué nivel de calidad podía haber. La calidad desde el primer día fue extraordinaria. En esta tercera edición ha habido más  artistas y más ánimo en la participación. Hay que concretar que al ser un concurso especializado marca mucho la participación. En esta tercera edición hemos tenido artistas de 37 países, por lo que hemos dado un impulso fuerte a la internacionalización.

 

¿Cuál es el tema dominante?

Al ser un concurso de retrato obviamente la figura,.

 

¿Qué relación existe entre la pintura y la fotografía?

En los últimos 10 años ha habido una explosión figurativa, sobre todo en el hiperrealismo, la entrada de la cámara digital ha revolucionado un poco el mundo del arte. Se podría ya hasta empezar a hablar del arte realista tecnológico y del realismo pictórico, como dos corrientes dentro del arte figurativo. Sí que es cierto que la fotografía está apoyando a la composición y realización de obras; de no ser así sería  prácticamente imposible su realización, pero, como todo en esta vida su uso y abuso, no es del todo adecuado. Por supuesto que estoy a favor de la fotografía en el mundo del arte, prácticamente ahora todo el mundo utiliza la fotografía en sus trabajos, hasta los que no lo reconocen la utilizan. Teniendo que los creadores son libres, mi reivindicación actual es: “Más oficio y menos tecnología, una artista tiene que expresar su alma en la obra y eso se consigue con mucho oficio”.

 

¿Qué pretende conseguir con este certamen? 

Pretendemos hacer cultura, promocionar el arte, impulsar el mundo de retrato y, sobre todo, trabajar por un certamen de calidad. Somos aragoneses y nuestro deseo es que el concurso crezca y se quede en nuestra ciudad, nuestro empeño es ese. Veremos si lo conseguimos.

 

¿Cuál es la participación aragonesa?

Todos los años hemos tenido participación aragonesa. En Aragón hay artistas de calidad y todos los años han sido seleccionados para la exposición final de las 30 mejores obras artistas aragoneses, entre ellos Pedro Antonio Perales, Carlos Carnicer, Juan Monzón y el ganador de la pasada edición, que fue Paco Lafarga. Parece anecdótico que un aragonés gane el concurso pero hay que decir que Paco Lafarga fue Mención de Honor en la primera edición y fue justo ganador de la segunda edición. Paco Lafarga está exponiendo su obra en Museo del Dibujo de Larrés y antes, por recordar algunas de sus muestras, expuso en Carolina Rojo y en Impulso Lateral, del Museo Pablo Serrano. Este año la ganadora ha sido la Irlandesa Molly Judd. Quiero destacar que el Jurado de ModPortrait lo componen 11 personas, nueve artistas de reconocido prestigio y los directores del MEAM y de Artelibre.

 

¿De qué artistas está hablando?

Artistas de la talla de Richar Estes (USA), Don Eddy (USA), Max Ferguson (Israel), Leight Behnke (USA), Zhaoming Wu (USA-China), y pintores tan conocidos entre nosotros como Golucho, Carlos Muro, Eduardo Laborda, Iris Lazaro, Luis García Mozos.

 

*En la foto, José Enrique González, fundador de Artelibre, con el pintor Antonio López.

 

 

INGRID BERGMAN EN 'STROMBOLI'

INGRID BERGMAN EN 'STROMBOLI'

Me gusta mucho esta fotografía de Ingrid Bergman. Corresponde al rodaje de 'Stromboli, tierra de Dios' de Roberto Rossellini, que se efectuó en 1949 y se estrenó al año siguiente. El fotógrafo norteamericano Gordon Parks estuvo allí.